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— Not a blank canvas.
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steve rogers {27} Chris Evans Mozart |
Nueva York, la capital del mundo y la ciudad cosmopolita más aclamada de todas ha visto nacer a un sinfín de artistas que, influenciados bajo la subsistencia de innumerables rubros, incluso hasta de los más extraordinarios, lograron posicionarse en lo más alto de la cima en cuanto al éxito se refiere. Steven Rogers no representa, bajo ninguna circunstancia, una excepción. Aclamado pintor contemporáneo cuya carrera ha ido in crescendo desde el lanzamiento de su primer obra titulada «Defender lo que creemos», Rogers siempre ha tenido presente que la clave de un mensaje conquistador radica en lo positivo y genuino de su representación. Hace hincapié en que, para lograr que el espectador se identifique con sus obras, es imperante hacerlo a través de modelos que carezcan de características farisaicas y personifiquen, exclusivamente, la verdadera belleza del hombre, incluyendo sus imperfecciones. Es su idealismo el que ha propiciado la continua pasarela de modelos cuyas profesiones son completamente ajenas a la referida. Uno tras otro han sido retratados, inspirando diversas sensaciones dentro del artista. En esta ocasión su cita de las ocho treinta parece resultar todo un enigma, ya que su agente se ha rehusado a detallar más de lo básico. |
crackship • 1x1 • Marvel • Painter AU
bucky barnes {29} Sebastian Stan Seuss |
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Última edición por Mozart el Jue 26 Mayo - 5:28, editado 3 veces
crime scene
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Re: — Not a blank canvas.
Not a black canvas
Se removía incómodo en el banquillo donde aguardaba. Esto era un error. Eso le quedaba claro. Sus años en Rumania le habían servido para llenar espacios que su pobre vida en Brooklyn jamás pudo brindarle, pero ¿a qué costo? Se había ido tan pronto cumplió los 19 años; sin terminar la universidad -que de cualquier forma no le interesaba- y con la promesa de un grupo de aventureros de que ahí podría encontrarle rumbo a su vida, que mágicamente le llovería el dinero y que el dichoso sueño americano se encontraba en realidad al otro lado del mundo. Pero estando ahí, se toparon con que no había un lugar para extranjeros como ellos. Mucho menos cuando ni siquiera hablaban el idioma. Y con tal de morirse de hambre o de frío, aceptó unirse a una banda compuesta por la misma clase de gente de su grupo: soñadores fracasados o repudiados.
Hydra, como se hacían llamar, le abrió las puertas al mundo criminal. Primero habían cosas sencillas. Pequeños robos para sobrevivir el día a día, quitar billeteras o bolsas sin llamar mucho la atención. Hasta que se involucraron con las drogas. Ahí las cosas se convirtieron en una espiral hacia el desastre. Si alguien preguntase, diría que no lo recuerda; que las drogas le tenían la mente sumida en una neblina espesa, que era todo como un sueño difuso. Pero de vez en cuando lo recuerda. Tiene episodios que regresan a su mente tan rápido como un torbellino y tan horribles como una pesadilla. Eso, claro. No lo dice a nadie. Un día, la policía llegó al edificio abandonado en donde todos se quedaban y él junto con otros tantos fueron deportados y enviados de vuelta a Estados Unidos. Su ciudad natal recibió a Bucky en un centro de ayuda para rehabilitarlo, pero entraba y salía todo el tiempo, hasta que un día, ya no regresó.
No estaba mal eso de ser invisible. Es fácil cuando buscas escapar de las cosas que hiciste y estaba convencido de no volver a inyectarse nada porque le daba sueño y las pesadillas volvían. Se limitaba a sobrevivir como podía, con empleos temporales y malpagados pero que le ayudaban a pagar un cuarto mugriento en el Bronx. Es por eso que, cuando aquel sujeto de traje y zapatos finos lo interrumpió mientras comía un kebab, lo primero que hizo fue asegurarse si realmente le estaba hablando a él. De pronto parecía haber dejado de ser invisible. Pero ¿dejar que lo pintaran? Él no era un modelo y no le gustaba la idea de verse exhibido en la pared de alguna galería o lo que fuera. Vaya que los ricos se habían vuelto más locos. Aunque lo que le habían ofrecido le ayudaría bastante a pagar sus gastos, sobre todo ahora que su trabajo como lavaplatos había terminado.
Así que ahora ahí estaba, en el estudio de un tal Steven Rogers, al que seguramente debiera conocer pero no lo hace. El sujeto de traje le explicó quién era y su fama y su estilo y bla bla bla. Detalles que a Bucky no le interesaban. Por lo que sólo se quedó sentado de brazos cruzados sobre el banquillo con una expresión incómoda mientras aguardaba, mirando por una de las grandes ventanas de aquel sitio, donde podía ver su antiguo barrio. Al menos había valido la pena por la vista que tenía de Brooklyn. Y claro, por el dinero.
Hydra, como se hacían llamar, le abrió las puertas al mundo criminal. Primero habían cosas sencillas. Pequeños robos para sobrevivir el día a día, quitar billeteras o bolsas sin llamar mucho la atención. Hasta que se involucraron con las drogas. Ahí las cosas se convirtieron en una espiral hacia el desastre. Si alguien preguntase, diría que no lo recuerda; que las drogas le tenían la mente sumida en una neblina espesa, que era todo como un sueño difuso. Pero de vez en cuando lo recuerda. Tiene episodios que regresan a su mente tan rápido como un torbellino y tan horribles como una pesadilla. Eso, claro. No lo dice a nadie. Un día, la policía llegó al edificio abandonado en donde todos se quedaban y él junto con otros tantos fueron deportados y enviados de vuelta a Estados Unidos. Su ciudad natal recibió a Bucky en un centro de ayuda para rehabilitarlo, pero entraba y salía todo el tiempo, hasta que un día, ya no regresó.
No estaba mal eso de ser invisible. Es fácil cuando buscas escapar de las cosas que hiciste y estaba convencido de no volver a inyectarse nada porque le daba sueño y las pesadillas volvían. Se limitaba a sobrevivir como podía, con empleos temporales y malpagados pero que le ayudaban a pagar un cuarto mugriento en el Bronx. Es por eso que, cuando aquel sujeto de traje y zapatos finos lo interrumpió mientras comía un kebab, lo primero que hizo fue asegurarse si realmente le estaba hablando a él. De pronto parecía haber dejado de ser invisible. Pero ¿dejar que lo pintaran? Él no era un modelo y no le gustaba la idea de verse exhibido en la pared de alguna galería o lo que fuera. Vaya que los ricos se habían vuelto más locos. Aunque lo que le habían ofrecido le ayudaría bastante a pagar sus gastos, sobre todo ahora que su trabajo como lavaplatos había terminado.
Así que ahora ahí estaba, en el estudio de un tal Steven Rogers, al que seguramente debiera conocer pero no lo hace. El sujeto de traje le explicó quién era y su fama y su estilo y bla bla bla. Detalles que a Bucky no le interesaban. Por lo que sólo se quedó sentado de brazos cruzados sobre el banquillo con una expresión incómoda mientras aguardaba, mirando por una de las grandes ventanas de aquel sitio, donde podía ver su antiguo barrio. Al menos había valido la pena por la vista que tenía de Brooklyn. Y claro, por el dinero.
❄ thanks winter!
Re: — Not a blank canvas.
Not a blank canvas Estudio — NY — Bucky |
La vida es eso que ocurre cuando nos encontramos demasiado ocupados intentando descifrarla en lugar de vivirla. Es, también, un obsequio que debe atesorarse cual fenómeno perecedero..., sin perder el tiempo, sin malgastarlo en trivialidades ni en miedos; mucho menos en falsedades. Steve Rogers lo tiene sumamente presente, tan arraigado en su memoria como si se tratase de una epístola grabada en fuego. Su obstinado espíritu lucha cada día por combatir el inequívoco progreso de los años que violentan con destruir las oportunidades que le restan. Anhela, por sobre todas las cosas, disfrutar de las pasiones y de sus libertades; defender sus creencias sin importar a quién deba reiterar lo indispuesto que se encuentra a deformar su criterio.
Así pues, Steve Rogers es una persona de ideales establecidos, tan firmes que nada tienen que envidiarle a la firmeza longeva de una montaña. Todas y cada una de estas características suele plasmarlas en los trazos desenvueltos de sus obras. Son su rubrica personal, aquel indescifrable elemento que lo ha llevado a ser uno de los artistas contemporáneos más aclamados dentro del ámbito de la pintura. Quizás se deba a que está chapado a la antigua, como los jóvenes dirían. Pero siempre ha encontrado cierto deleite en extraviarse en la apariencia insospechada de quienes no son conscientes que, sin importar el número de capas que vistan como método de camuflaje, eventualmente terminan revelando, a través de un simple gesto o una breve mirada, un poco de sus complejas esencias.
Al caminar con un repique de prisa en contra de la marea de transeúntes que azotan contra su hombro al conducirse en dirección opuesta, Steve es asaltado por un pinchazo de melancolía cuya fuerza no parece querer dar tregua pese al paso de los días. Si tuviera que ser sincero, diría que añora los tiempos en los que era menos complejo salir a las calles de Brooklyn y sentarse en el parque a retratar a quienquiera que se cruzase por su camino. Verás, la fama a veces puede resultar un arma de doble filo, mas se repite a sí mismo con insistencia que, mientras pueda seguir pintando y respirando, no habrá recuerdo que no sirva como incentivo para mejorar.
Aprieta el paso con ímpetu a sabiendas de que la impuntualidad no es una cualidad que pretenda adoptar. Su reloj de mano indica que está atrasado por al menos cinco minutos, habiendo salido únicamente por un café para comenzar la mañana. Lo más probable es que el modelo en turno ya se encontrase esperándolo. Cuando por fin se detiene frente a la fachada del edificio, se apresura a subir las escaleras con agilidad. No hay un sólo rastro de fatiga en sus rasgos, su pecho no se infla desesperado por oxígeno cuando abre la puerta y cruza el umbral. Hay cierto silencio que ensordece y lo hace creer por un segundo que la habitación se encuentra vacía, que por un golpe de suerte tal vez no quedaría mal, pero al reparar en la figura imperturbable de un hombre alojado en medio del salón, decide que lo mejor es disculparse por su falta de profesionalidad.
— Buenos días —saludó dirigiéndose hacia la persona en cuestión, quien parecía estar más entretenido en el terreno circundante detrás de la ventana. Seguía manteniendo entre sus manos la bolsa de aza y el plato de cartón en donde reposaba su vaso de capuchino— Lamento el retraso, espero no haber importunado sus actividades —se disculpó de la forma más cortés que pudo, no importando que la cita hubiese sido establecida con anticipación. Sencillamente se sentía ligeramente culpable por la dilación que había propiciado. Además, a juzgar por el semblante ajeno (pero sin intención de caer en prematuras conjeturas) no se veía demasiado convencido de estar ahí; mucho menos cómodo. Parecía ser casi palpable— ¿Le he hecho aguardar demasiado? —añadió con la intención de inyectar calidez al momento.
HellcatAsí pues, Steve Rogers es una persona de ideales establecidos, tan firmes que nada tienen que envidiarle a la firmeza longeva de una montaña. Todas y cada una de estas características suele plasmarlas en los trazos desenvueltos de sus obras. Son su rubrica personal, aquel indescifrable elemento que lo ha llevado a ser uno de los artistas contemporáneos más aclamados dentro del ámbito de la pintura. Quizás se deba a que está chapado a la antigua, como los jóvenes dirían. Pero siempre ha encontrado cierto deleite en extraviarse en la apariencia insospechada de quienes no son conscientes que, sin importar el número de capas que vistan como método de camuflaje, eventualmente terminan revelando, a través de un simple gesto o una breve mirada, un poco de sus complejas esencias.
Al caminar con un repique de prisa en contra de la marea de transeúntes que azotan contra su hombro al conducirse en dirección opuesta, Steve es asaltado por un pinchazo de melancolía cuya fuerza no parece querer dar tregua pese al paso de los días. Si tuviera que ser sincero, diría que añora los tiempos en los que era menos complejo salir a las calles de Brooklyn y sentarse en el parque a retratar a quienquiera que se cruzase por su camino. Verás, la fama a veces puede resultar un arma de doble filo, mas se repite a sí mismo con insistencia que, mientras pueda seguir pintando y respirando, no habrá recuerdo que no sirva como incentivo para mejorar.
Aprieta el paso con ímpetu a sabiendas de que la impuntualidad no es una cualidad que pretenda adoptar. Su reloj de mano indica que está atrasado por al menos cinco minutos, habiendo salido únicamente por un café para comenzar la mañana. Lo más probable es que el modelo en turno ya se encontrase esperándolo. Cuando por fin se detiene frente a la fachada del edificio, se apresura a subir las escaleras con agilidad. No hay un sólo rastro de fatiga en sus rasgos, su pecho no se infla desesperado por oxígeno cuando abre la puerta y cruza el umbral. Hay cierto silencio que ensordece y lo hace creer por un segundo que la habitación se encuentra vacía, que por un golpe de suerte tal vez no quedaría mal, pero al reparar en la figura imperturbable de un hombre alojado en medio del salón, decide que lo mejor es disculparse por su falta de profesionalidad.
— Buenos días —saludó dirigiéndose hacia la persona en cuestión, quien parecía estar más entretenido en el terreno circundante detrás de la ventana. Seguía manteniendo entre sus manos la bolsa de aza y el plato de cartón en donde reposaba su vaso de capuchino— Lamento el retraso, espero no haber importunado sus actividades —se disculpó de la forma más cortés que pudo, no importando que la cita hubiese sido establecida con anticipación. Sencillamente se sentía ligeramente culpable por la dilación que había propiciado. Además, a juzgar por el semblante ajeno (pero sin intención de caer en prematuras conjeturas) no se veía demasiado convencido de estar ahí; mucho menos cómodo. Parecía ser casi palpable— ¿Le he hecho aguardar demasiado? —añadió con la intención de inyectar calidez al momento.
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Re: — Not a blank canvas.
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Bucky no sabe exactamente qué clase de persona era la que esperaba encontrar. La imagen que tenía en su mente de los pintores o los dichosos artistas, era la que recordaba en las lecciones de la escuela. Sujetos de excéntricos perfiles, con barbas coloridas o bigotes largos que daban forma para lucir aún más excéntricos. El rubio que acaba de llegar, sin lugar a dudas, no es nada de eso. No lucía ni por cerca pintoresco y tampoco lleva una barba. Algo de eso le agrada. Que no quiera ser como esos tipos que ve paseándose por Central Park o llenando las calles de Brooklyn, creyéndose tan sofisticados y mejores que otros.
- No. - Respondió simplemente. Estaba tan acostumbrado a no hablar, a alejarse de las personas que sus compañeros de trabajo habían optado por dejarle tranquilo. De cualquier forma, Bucky se expresaba de la forma más sencilla que podía todo el tiempo. Aunque esta vez, sintió un poco de simpatía por el dichoso Rogers, por el simple hecho de haberse disculpado por su demora y haber demostrado algo de modales, cosa que todo el mundo había dejado de darle importancia. Así que añadió. - Hoy tengo el día libre. - Mintió. Bueno, en parte. Tenía el día libre, sí; y el resto de los días hasta que encontrara un nuevo trabajo otra vez. Barnes entonces se dispuso a mirar a su alrededor. Él era del tipo observador, en realidad y no charlaba tanto. O ya no lo hacía mucho. Había descubierto que si mantienes la boca cerrada, a veces las cosas son más fáciles.
Miró los pinceles dispuestos aquí y allá. Todos con cerdas limpias pero con manchas de diferentes tonos; las pinturas que estaban distribuidas en aquellos botecitos que a Bucky le recordaban a los de pasta de dientes. Y también había cuadros de lienzos blancos de distintos tamaños aguardando en una esquina hasta que se convirtieran en obras de arte, que, al juzgar por este lugar, le remuneraban bastante bien. Fue entonces cuando recordó que estaba aquí para ser plasmado en uno de esos cuadros y se sintió cohibido. Una extraña sensación se apoderó de él cuando pensó en el resultado final de la pintura. - Si es lo que quieres, puedes pintarme. - Tal y como le había dicho el agente. - Pero no quiero verlo. Ni cuando hayas terminado. - Creía que era una condición razonable. Podía quedarse quieto o posar como Rogers quisiese pero a cambio no quería verse en la pintura. Simple, ¿no?
Hellcat- No. - Respondió simplemente. Estaba tan acostumbrado a no hablar, a alejarse de las personas que sus compañeros de trabajo habían optado por dejarle tranquilo. De cualquier forma, Bucky se expresaba de la forma más sencilla que podía todo el tiempo. Aunque esta vez, sintió un poco de simpatía por el dichoso Rogers, por el simple hecho de haberse disculpado por su demora y haber demostrado algo de modales, cosa que todo el mundo había dejado de darle importancia. Así que añadió. - Hoy tengo el día libre. - Mintió. Bueno, en parte. Tenía el día libre, sí; y el resto de los días hasta que encontrara un nuevo trabajo otra vez. Barnes entonces se dispuso a mirar a su alrededor. Él era del tipo observador, en realidad y no charlaba tanto. O ya no lo hacía mucho. Había descubierto que si mantienes la boca cerrada, a veces las cosas son más fáciles.
Miró los pinceles dispuestos aquí y allá. Todos con cerdas limpias pero con manchas de diferentes tonos; las pinturas que estaban distribuidas en aquellos botecitos que a Bucky le recordaban a los de pasta de dientes. Y también había cuadros de lienzos blancos de distintos tamaños aguardando en una esquina hasta que se convirtieran en obras de arte, que, al juzgar por este lugar, le remuneraban bastante bien. Fue entonces cuando recordó que estaba aquí para ser plasmado en uno de esos cuadros y se sintió cohibido. Una extraña sensación se apoderó de él cuando pensó en el resultado final de la pintura. - Si es lo que quieres, puedes pintarme. - Tal y como le había dicho el agente. - Pero no quiero verlo. Ni cuando hayas terminado. - Creía que era una condición razonable. Podía quedarse quieto o posar como Rogers quisiese pero a cambio no quería verse en la pintura. Simple, ¿no?
Re: — Not a blank canvas.
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Un disimulado suspiro abandonó sus labios. Asimilar la idea de someterse a limitados espacios de tiempo, hostigado en todo momento por una invisible persecución de compromisos y obligaciones, era, sin lugar a dudas, el único desencanto que encontraba al retratar individuos impropios de la profesión. Comúnmente las citas establecían el periodo necesario por día, ocupando una prolongación desmedida de semanas. Y aunque en la improbabilidad recaía la belleza del cuadro, nada se equiparaba a la amena espontaneidad que ninguna agenda podía otorgar. Todo el día. Steve asintió, agradeciendo la mostrada disposición. Sin temor a errar hubiese podido asegurar que, para hacer compañía a la gratitud, la simpatía también hizo mella en su conciencia. Le gustaba la gente comprometida— Bueno, es un alivio —sin añadir más, y siendo arrastrado por la siguiente enunciación, sus cejas se arquearon víctimas de la sorpresa.
No hizo nada por ocultar su desconcierto gracias al pleno conocimiento de lo poco ofensivo que resultaba un simple gesto torcido como ese, tan natural como la forma en que fue hecha la petición. Quizá fueron un par de segundos los que transcurrieron dentro de un ensordecedor silencio. Quizá fueron minutos. Lo cierto era que no se supo exteriorizando palabra alguna hasta que el eco de su voz lo devolvió a la realidad— Ya veo —sus piernas se movieron hacia uno de los extremos de la habitación, aquel en donde reposaban sus materiales de trabajo. Tras colocar sus compras sobre una silla desvencijada, la cual conservaba por cuestiones sentimentales, añadió:
— Honestamente estoy sorprendido. La mayoría de mis colaboradores son lo suficientemente vanidosos como para exigir, en cada oportunidad, ver el progreso de sus retratos.
Explicó mientras acomodaba sus pinturas en su sitio, dando unos pasos largos y otros más cortos en su afán por adecuar su espacio de trabajo— Yo, por supuesto, se los permito.
Había cierta gracia en todo aquello. Detección de indiferencia coloreando la situación en una pálida neblina grisácea. Steve Rogers dedujo por consiguiente: el amor al arte no es lo que lo trajo hasta aquí. El hecho de que le obsequiase todo su tiempo era también una clara señal de ansiedad por una pronta clausura. Habiendo dado los últimos toques a su entorno, volvió a centrarse del todo en su acompañante, tamborileando un par de ocasiones sus dedos sobre el bastidor— ¿Te gustaría decirme tu nombre, o prefieres mantener un bajo perfil?
Inquirió. No sería la primera vez que alguien prefiriese ser simplemente un rostro, un sentimiento, una sombra, un destello, una figura anónima.
HellcatNo hizo nada por ocultar su desconcierto gracias al pleno conocimiento de lo poco ofensivo que resultaba un simple gesto torcido como ese, tan natural como la forma en que fue hecha la petición. Quizá fueron un par de segundos los que transcurrieron dentro de un ensordecedor silencio. Quizá fueron minutos. Lo cierto era que no se supo exteriorizando palabra alguna hasta que el eco de su voz lo devolvió a la realidad— Ya veo —sus piernas se movieron hacia uno de los extremos de la habitación, aquel en donde reposaban sus materiales de trabajo. Tras colocar sus compras sobre una silla desvencijada, la cual conservaba por cuestiones sentimentales, añadió:
— Honestamente estoy sorprendido. La mayoría de mis colaboradores son lo suficientemente vanidosos como para exigir, en cada oportunidad, ver el progreso de sus retratos.
Explicó mientras acomodaba sus pinturas en su sitio, dando unos pasos largos y otros más cortos en su afán por adecuar su espacio de trabajo— Yo, por supuesto, se los permito.
Había cierta gracia en todo aquello. Detección de indiferencia coloreando la situación en una pálida neblina grisácea. Steve Rogers dedujo por consiguiente: el amor al arte no es lo que lo trajo hasta aquí. El hecho de que le obsequiase todo su tiempo era también una clara señal de ansiedad por una pronta clausura. Habiendo dado los últimos toques a su entorno, volvió a centrarse del todo en su acompañante, tamborileando un par de ocasiones sus dedos sobre el bastidor— ¿Te gustaría decirme tu nombre, o prefieres mantener un bajo perfil?
Inquirió. No sería la primera vez que alguien prefiriese ser simplemente un rostro, un sentimiento, una sombra, un destello, una figura anónima.
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Re: — Not a blank canvas.
Not a black canvas Estudio — NY — Steve |
- Yo no soy como el resto de tus colaboradores. - Ni siquiera estaba aquí porque quisiera ser plasmado en una pintura. Recordaba haber leído hace mucho un libro en la escuela, sobre un chico que no envejecía, pero su retrato sí. Y cada una de las cosas malvadas y despreciables que hacía, quedaba plasmada en el lienzo, hasta quedar algo irreconocible, algo que lo atormentaba y que mantenía oculto a los ojos de todos. No es que él se considerara feo. Hacía mucho en realidad que dejó de darle importancia a eso. Pero había cosas dentro de sí, de su mente, que prefería dejarlas enterradas. Esos recuerdos borrosos se quedarían como eso; nubes densas a la deriva. Y una parte de él temía que al mirarse reflejado en una pintura, en la visión de alguien más, terminaría sucumbiendo a los episodios oscuros de su pasado. Aquellos que quería olvidar.
Mientras Rogers se movía por el cuarto para preparar sus herramientas de trabajo, él lo miraba en silencio. No era el snob que esperaba que fuese. Uno de esos ricos criados en Manhattan y que se habían mudado a Brooklyn con la ola bohemia que había inundado el barrio; cargada de cabelleras de colores chillones y música en discos de vinil. Este tal Steve no era un reflejo del típico artista neoyorquino y eso despertaba en él un sentimiento que creía olvidado y que estaba confundiendo con desconfianza. Curiosidad.
Se tomó un momento para responder su pregunta. Una parte de él quería quedar en el anonimato, ¿qué caso tenía? Aunque deseaba decírselo al rubio. Los tormentosos ojos azules le miraron de arriba a abajo despacio, tratando de buscar alguna razón para desconfiar de él - y es que estaba tan acostumbrado a desconfiar de todos -; pero no vio nada. - Bucky. - Pensó en decirle su nombre completo. James Buchanan Barnes. Pero sonaría muy extraño escucharlo de boca de alguien más luego de todo este tiempo en que había usado su apodo. - Sólo Bucky está bien. - Hizo una pausa y sin saber exactamente por qué, agregó. - ¿Por qué dejas que alguien traiga extraños a tu casa? - No lo entendía. No le sonaba lógico. Mucho menos en una ciudad como Nueva York.
HellcatMientras Rogers se movía por el cuarto para preparar sus herramientas de trabajo, él lo miraba en silencio. No era el snob que esperaba que fuese. Uno de esos ricos criados en Manhattan y que se habían mudado a Brooklyn con la ola bohemia que había inundado el barrio; cargada de cabelleras de colores chillones y música en discos de vinil. Este tal Steve no era un reflejo del típico artista neoyorquino y eso despertaba en él un sentimiento que creía olvidado y que estaba confundiendo con desconfianza. Curiosidad.
Se tomó un momento para responder su pregunta. Una parte de él quería quedar en el anonimato, ¿qué caso tenía? Aunque deseaba decírselo al rubio. Los tormentosos ojos azules le miraron de arriba a abajo despacio, tratando de buscar alguna razón para desconfiar de él - y es que estaba tan acostumbrado a desconfiar de todos -; pero no vio nada. - Bucky. - Pensó en decirle su nombre completo. James Buchanan Barnes. Pero sonaría muy extraño escucharlo de boca de alguien más luego de todo este tiempo en que había usado su apodo. - Sólo Bucky está bien. - Hizo una pausa y sin saber exactamente por qué, agregó. - ¿Por qué dejas que alguien traiga extraños a tu casa? - No lo entendía. No le sonaba lógico. Mucho menos en una ciudad como Nueva York.
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Re: — Not a blank canvas.
Not a blank canvas Estudio — NY — Bucky |
Sorpresa, eso fue lo que provocó el terciopelo de su voz, aunado al aire perdido que su acompañante portaba. La comisura izquierda de sus labios se alzó en una sonrisa curiosa, reflectando lo mucho que su comentario lo conmovió. Steve, aunque lejos de consentirlo, estaba habituado a un sinfín de adulaciones y comentarios presuntosos que, siendo exclamados por todo aquel que lo reconocía, no dilataban en acordonarlo, haciéndole sentir una extraña pesadez en el pecho. Debido a los tiempos que corrían y a la irrebatible fama que lo precedía, difícilmente alguien podía verlo a la cara y conversar con la persona, no con el artista.
— Bucky —saboreó su nombre, expresándolo en voz alta. Hubo un segundo en el que pareció familiarizarse con su textura, con la forma en que cada letra se encontraba adherida entre sí. Lo persiguió el silencio tras un eco quimérico. La amplitud del estudio de pronto le pareció difusa, encontrándose extraviado en la necesidad de encontrar las palabras idóneas para responder a su pregunta. En busca de respuestas viró hacia cada rincón, deslizando su mirada a través de los objetos regados aquí y allá; tropezó hasta con la más monótona de las piezas, las cuales en conjunto formaban una sola entidad, y entonces lo supo—: Quizás no sea mucho —comenzó—, pero es el lugar más íntimo de todos —así, junto a una pequeña sonrisa sobrevino una exhalación—. Por supuesto, la elección de personas no es una elección. Es... —pensativo y mirando hacia la ventana, introdujo sus manos en los bolsillos de su pantalón— ...una amena casualidad.
Pese a todo el dinero que poseía (y ante los ojos de cualquiera que tuviera la capacidad para observar, no sólo de ver), se podía apreciar un entorno humilde, ajeno a cualquier ostentación digna de quien gana lo suficiente como para permitírselas. Desde tapices viejos hasta cortinas deslucidas. Nada en él indicaba suntuosidad— Supongo que me agrada intimar con quienes robaré una pequeña parte de sí mismos. —encogió sutilmente los hombros, volviendo la vista hacia el hombre de pálida tez y hebras cocoa— Debes pensar que estoy loco —acusó, no sonando realmente serio.
Hellcat— Bucky —saboreó su nombre, expresándolo en voz alta. Hubo un segundo en el que pareció familiarizarse con su textura, con la forma en que cada letra se encontraba adherida entre sí. Lo persiguió el silencio tras un eco quimérico. La amplitud del estudio de pronto le pareció difusa, encontrándose extraviado en la necesidad de encontrar las palabras idóneas para responder a su pregunta. En busca de respuestas viró hacia cada rincón, deslizando su mirada a través de los objetos regados aquí y allá; tropezó hasta con la más monótona de las piezas, las cuales en conjunto formaban una sola entidad, y entonces lo supo—: Quizás no sea mucho —comenzó—, pero es el lugar más íntimo de todos —así, junto a una pequeña sonrisa sobrevino una exhalación—. Por supuesto, la elección de personas no es una elección. Es... —pensativo y mirando hacia la ventana, introdujo sus manos en los bolsillos de su pantalón— ...una amena casualidad.
Pese a todo el dinero que poseía (y ante los ojos de cualquiera que tuviera la capacidad para observar, no sólo de ver), se podía apreciar un entorno humilde, ajeno a cualquier ostentación digna de quien gana lo suficiente como para permitírselas. Desde tapices viejos hasta cortinas deslucidas. Nada en él indicaba suntuosidad— Supongo que me agrada intimar con quienes robaré una pequeña parte de sí mismos. —encogió sutilmente los hombros, volviendo la vista hacia el hombre de pálida tez y hebras cocoa— Debes pensar que estoy loco —acusó, no sonando realmente serio.
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Re: — Not a blank canvas.
Not a black canvas Estudio — NY — Steve |
"Bucky" había nacido en Rumania, en una forma de llamarle más fácilmente porque tenían problemas llamándole James y mucho menos Buchanan. Pero Bucky había sido fácil, breve y muy moldeable a la lengua. Estaba acostumbrado a escucharlo en gritos, entre risas, bajo la lluvia o por encima del ruido del tráfico. En ese momento, Bucky sonaba a algo mejor, algo extrañamente cálido que le hacía recordar los veranos en Brooklyn y los juegos de béisbol de su infancia. Se quedó disfrutando de aquella foránea sensación como embelesado, hasta que escuchó que esos encuentros habían sido producto de la casualidad.
Ir por allí, cazando casualidades y extraños... la sola idea le causaba algo de diversión. Steve era un tipo extraño pero agradable. Bajó la mirada, observando sus propios dedos; la piel estaba rasposa y marcada por una serie de trabajos infructuosos y con el único propósito de sobrevivir. Con sus boca curveada en una leve sonrisa, respondió. - Puedo tratar con la locura. - Podía ser modelo de Steve por un día. Quizá hasta por un rato, si lo requería. Al menos intercambiar un par de palabras con él había conseguido relajarlo e inclusive le había sacado una sonrisa. - Y está bien. - Se encogió de hombros. - Hay cosas de mí que no me importaría que fueran robadas. - Abriéndose a alguien que ni siquiera conocía, eso no era nada propio de él. E encluso le sorprendió descubrir que quería saber más sobre el rubio.
- ¿Siempre has echo esto? Es decir... pintar. - Lo bueno de Nueva York era que tenía espacio para los talentos. O solía hacerlo. Había otras veces en las que la selva de cemento podía ser cruel con quien viviera en ella, con quien buscara atreverse a soñar a lo grande.
HellcatIr por allí, cazando casualidades y extraños... la sola idea le causaba algo de diversión. Steve era un tipo extraño pero agradable. Bajó la mirada, observando sus propios dedos; la piel estaba rasposa y marcada por una serie de trabajos infructuosos y con el único propósito de sobrevivir. Con sus boca curveada en una leve sonrisa, respondió. - Puedo tratar con la locura. - Podía ser modelo de Steve por un día. Quizá hasta por un rato, si lo requería. Al menos intercambiar un par de palabras con él había conseguido relajarlo e inclusive le había sacado una sonrisa. - Y está bien. - Se encogió de hombros. - Hay cosas de mí que no me importaría que fueran robadas. - Abriéndose a alguien que ni siquiera conocía, eso no era nada propio de él. E encluso le sorprendió descubrir que quería saber más sobre el rubio.
- ¿Siempre has echo esto? Es decir... pintar. - Lo bueno de Nueva York era que tenía espacio para los talentos. O solía hacerlo. Había otras veces en las que la selva de cemento podía ser cruel con quien viviera en ella, con quien buscara atreverse a soñar a lo grande.
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Re: — Not a blank canvas.
Not a blank canvas Estudio — NY — Bucky |
Encontró un chispazo de diversión en las respuestas venideras, nutridas de una evidente franqueza que no supo pronosticar. Una vez más, y en menos de lo que un relámpago azota contra las ramas bamboleantes del roble, se sintió vapuleado por una sensación del más limpio asombro. A lo largo de todo su rostro relució cuán amena fue su impresión, y quiso preguntar qué parte de él era la que estaba dispuesto a perder en aras de enriquecer más al artista. En sentido figurado, por supuesto. ¿Qué era aquello que sin inconveniente alguno anhelaba desechar de su vida? ¿Por qué? Todos tenemos una historia; una historia que es más sencillo no verbalizar.
— Toda mi vida desde que puedo recordarlo —su mirada se entornó atravesando la ventana, engomándose sobre el azulado tapiz que revestía el cielo— Aunque no a muchos les agradó mi estilo en un principio. Después de todo, soy sólo un chico de Brooklyn.
Una fugaz sonrisa lo dotó de un cóctel de melancolía y orgullo. Brooklyn, desde siempre, su amada ciudad. No encontraba ningún reparo en mencionar cuáles eran sus raíces y cómo es que afectaban no sólo su estilo de vida, sino su arte en general. La idea de compartir con Bucky lo que era capaz de hacer, y que a cambio le diera no más que su opinión, lo puso increíblemente ansioso. Suponía que la retroalimentación era la culpable más lógica.
— ¿Qué me dices si juzgas por ti mismo? —ofreció al tiempo de que sostuvo una toalla mojada y humedeció sus manos con ella, dispuesto a emprender una aventura en terrenos desconocidos— Así podré hurtar un poco de ti —sugirió afable, dejando el paño sobre una de las mesas para señalar a su alrededor, donde una decente cantidad de muebles podrían servir como punto de descanso. Sostenía que una pose natural era cien veces mejor que una intencional— Acomódate donde gustes, no voy a limitarte.
Hellcat— Toda mi vida desde que puedo recordarlo —su mirada se entornó atravesando la ventana, engomándose sobre el azulado tapiz que revestía el cielo— Aunque no a muchos les agradó mi estilo en un principio. Después de todo, soy sólo un chico de Brooklyn.
Una fugaz sonrisa lo dotó de un cóctel de melancolía y orgullo. Brooklyn, desde siempre, su amada ciudad. No encontraba ningún reparo en mencionar cuáles eran sus raíces y cómo es que afectaban no sólo su estilo de vida, sino su arte en general. La idea de compartir con Bucky lo que era capaz de hacer, y que a cambio le diera no más que su opinión, lo puso increíblemente ansioso. Suponía que la retroalimentación era la culpable más lógica.
— ¿Qué me dices si juzgas por ti mismo? —ofreció al tiempo de que sostuvo una toalla mojada y humedeció sus manos con ella, dispuesto a emprender una aventura en terrenos desconocidos— Así podré hurtar un poco de ti —sugirió afable, dejando el paño sobre una de las mesas para señalar a su alrededor, donde una decente cantidad de muebles podrían servir como punto de descanso. Sostenía que una pose natural era cien veces mejor que una intencional— Acomódate donde gustes, no voy a limitarte.
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Re: — Not a blank canvas.
Not a black canvas Estudio — NY — Steve |
Visiblemente su cuerpo se relajó más cuando escuchó que Steve también era de Brooklyn. Ese peculiar sentimiento de pertenencia cuando encuentras a alguien que es de tu mismo lugar de origen pareciera acercar a los extraños. Entre más grande la ciudad, entre más casual el encuentro, el sentimiento se hacía más agradable. Bucky inclusive se sintió más cómodo sabiendo algo más del pintor y, aunque sobrara decirlo, estaba aún más complacido que fuera de la misma zona que le había traído tantos recuerdos. Aunque le hacía preguntarse, ¿cómo es que nunca se habrían encontrado? No parecían estar tan alejados en edad.
Asintió y decidió obedecer primero la invitación del rubio para ocupar un sitio más cómodo. No le apetecía estar acostado. Sentía que eso era tomar demasiada confianza a pesar de las circunstancias, así que al final terminó eligiendo un sillón cerca de la ventana, con un curioso cojín encima; uno que visiblemente no combinaba con el tapiz del mueble, pero ya que tenía cosida una estrella, se sintió atraído. Tenía una roja tatuada en el brazo después de todo. Bucky se acomodó, echándose mechón de cabello detrás de la oreja y miró por la ventana, conteniendo un suspiro de nostalgia por la visión del barrio y el cielo azul. - Yo también soy de Brooklyn. Crecí aquí. - Decidió conceder un poco más de su vida a Steve. Quizá encontrase ahí algo que pudiera robar para su pintura.
- Pese a todo, creo que sigue siendo un buen lugar para crecer. - No era tan peligroso como el Bronx y tampoco tan caro como Manhattan. - Es eso o Queens pero... Brooklyn es mejor. - En eso úlimo le había ganado de nuevo su sentimiento de pertenencia y un extraño orgullo por el barrio que lo vio madurar hasta que se marchó a Rumania. Cuando vuelve a mirar al dueño del estudio, sus ojos se notan más cálidos y su expresión menos dura. - ¿Cómo es que nunca te vi? Solía salir con varios chicos y jugábamos béisbol y americano. - Las salchichas con cebolla y mostaza del señor Warren acompañadas de una cerveza de raíz bien fría o una lata de Dr Pepper, eran la tradición verano tras verano, cuando el colegio se había terminado.
HellcatAsintió y decidió obedecer primero la invitación del rubio para ocupar un sitio más cómodo. No le apetecía estar acostado. Sentía que eso era tomar demasiada confianza a pesar de las circunstancias, así que al final terminó eligiendo un sillón cerca de la ventana, con un curioso cojín encima; uno que visiblemente no combinaba con el tapiz del mueble, pero ya que tenía cosida una estrella, se sintió atraído. Tenía una roja tatuada en el brazo después de todo. Bucky se acomodó, echándose mechón de cabello detrás de la oreja y miró por la ventana, conteniendo un suspiro de nostalgia por la visión del barrio y el cielo azul. - Yo también soy de Brooklyn. Crecí aquí. - Decidió conceder un poco más de su vida a Steve. Quizá encontrase ahí algo que pudiera robar para su pintura.
- Pese a todo, creo que sigue siendo un buen lugar para crecer. - No era tan peligroso como el Bronx y tampoco tan caro como Manhattan. - Es eso o Queens pero... Brooklyn es mejor. - En eso úlimo le había ganado de nuevo su sentimiento de pertenencia y un extraño orgullo por el barrio que lo vio madurar hasta que se marchó a Rumania. Cuando vuelve a mirar al dueño del estudio, sus ojos se notan más cálidos y su expresión menos dura. - ¿Cómo es que nunca te vi? Solía salir con varios chicos y jugábamos béisbol y americano. - Las salchichas con cebolla y mostaza del señor Warren acompañadas de una cerveza de raíz bien fría o una lata de Dr Pepper, eran la tradición verano tras verano, cuando el colegio se había terminado.
THE DREAM
is to keep surprising yourself, never mind the audience.
- That 70's rol:

Hecho por Efímera <3
Re: — Not a blank canvas.
Not a blank canvas Estudio — NY — Bucky |
Una vez que Bucky hubo tomado asiento en la zona más iluminada de la habitación, Steve se hace de sus materiales artísticos y comienza a preparar las mezclas de colores cálidos y luminiscencias. Una expresión de admiración humaniza su rostro mientras el toc toc de la paleta destaca entre la serenata matutina que las aves más cercanas a la ventana les confieren— Vaya, ¿de verdad? —enarca ambas cejas. En su exclamación no hay otra cosa que la curiosidad más honesta. Brooklyn..., ¿era posible semejante casualidad? Le permite, sin embargo, explayarse acerca de su lugar natal, reparando de forma irremediable en la suavidad que su tono de voz ha adquirido, así como en la desaparición del inconsciente ceño fruncido que en un principio delineó gran parte de su rostro.
Así, con la apasionada iluminación que sólo el astro rey puede proporcionar, y gracias al semblante distendido del hombre que posa para él, Steve puede apreciar cuán suaves y cordiales son sus rasgos, pese a la mandíbula afilada y los pómulos pronunciados. Parece como si, perdido en los recuerdos de su infancia, hubiese rejuvenecido diez años. Chasquea la lengua y ríe efímeramente, negando con la cabeza no sólo para espantar el estupor, sino también para enfatizar su próxima respuesta.
— Bueno, eso tiene una sencilla explicación —dice—. Jamás fui del tipo atlético. Era el debilucho de la clase, más adepto a dibujar y recibir golpizas de aquellos que jugaban americano en las calles —rememora con una impecable gracia, como si hubiera perdonado al tiempo. No aparta la vista de Bucky, quien es todavía alumbrado por un color azafranado. Durante lo que parecen unos segundos repletos del silencio más cansino, siente que su discurso no ha sido más que el relato de un joven merecedor de una innecesaria compasión.
— Pese a todo no fue tan malo. Podía disfrutar de los partidos sin cansarme —se apresura a compartir una sonrisa que expresa cordialidad y contento. No hay rastro alguno de pesadumbre—. ¿Solías ir al parque del puente, Bucky? Tal vez nos topamos por allí. Nadie fue capaz de alejarme de ese lugar.
HellcatAsí, con la apasionada iluminación que sólo el astro rey puede proporcionar, y gracias al semblante distendido del hombre que posa para él, Steve puede apreciar cuán suaves y cordiales son sus rasgos, pese a la mandíbula afilada y los pómulos pronunciados. Parece como si, perdido en los recuerdos de su infancia, hubiese rejuvenecido diez años. Chasquea la lengua y ríe efímeramente, negando con la cabeza no sólo para espantar el estupor, sino también para enfatizar su próxima respuesta.
— Bueno, eso tiene una sencilla explicación —dice—. Jamás fui del tipo atlético. Era el debilucho de la clase, más adepto a dibujar y recibir golpizas de aquellos que jugaban americano en las calles —rememora con una impecable gracia, como si hubiera perdonado al tiempo. No aparta la vista de Bucky, quien es todavía alumbrado por un color azafranado. Durante lo que parecen unos segundos repletos del silencio más cansino, siente que su discurso no ha sido más que el relato de un joven merecedor de una innecesaria compasión.
— Pese a todo no fue tan malo. Podía disfrutar de los partidos sin cansarme —se apresura a compartir una sonrisa que expresa cordialidad y contento. No hay rastro alguno de pesadumbre—. ¿Solías ir al parque del puente, Bucky? Tal vez nos topamos por allí. Nadie fue capaz de alejarme de ese lugar.
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