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Élite
— Shadowplay
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— Shadowplay
Shadowplay
Nadie pensó que se volverían a ver. Amigos de la infancia, vecinos, los mejores amigos desde siempre, ninguno de los dos esperaba que se comprendiesen de la manera en que lo hacían. Salazar siempre había sido el impulsivo, el astuto, y por encima de todo, había heredado poderes excepcionales por parte de su familia ¿Rowena? Ella era toda inteligencia y cerebro, algo que Salazar admiraba, pero luego de su cumpleaños numero 23, las cosas empezaron a cambiar. Una fiesta había sido suficiente para que ambos cometiesen un error, un pequeño error que, con el tiempo, se darían cuenta de las consecuencias. Demasiada cerveza de mantequilla y una tensión sexual palpable, ambos acabaron en la misma cama, aquello resultó en una mudanza por parte de la joven Ravenclaw, y en un embarazo del cual Salazar no estaba enterado.
Han pasado 10 años desde la última vez que se vieron, y ahora ambos tienen que convivir constantemente, pues forman parte del primer colegio de magia y hechicería creado en escocia. Salazar está enojado, ella nunca se despidió de él, nunca le dijo a donde iba, ni siquiera le respondía a sus lechuzas, pero cuando una niña de cabello oscuro y ojos claros le devuelve la mirada, sabe que nada de aquello va a resultar bien, porque los sentimientos una vez enterrados, no vuelven a resurgir ¿verdad?
Cronología
Coming soon...
Rowena Ravenclaw Emilia Clarke. — Phoenix | Salazar Slytherin. Michael Fassbender. — Wonderland |
Harry Potter Universe — 1x1 — Libros
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Re: — Shadowplay
we own the night
rowena ravenclaw — 22:49 pm — frío
Dibujó con su mirada el trazo recorrido por sus pies segundos antes en un camino que yacía inamovible tras su espalda en busca de algún sentido a aquel mutado sonido que había llegado a distorsionar su audición hasta tal punto de evocar un notorio fruncimiento de ceño.
Las sombras de la noche por su parte eran capaces de enfatizar rasgos con su agudiza mirada que ni la luz de la luna sería capaz de alcanzar en lo que escabullía sus pasos nuevamente a el ritmo habitual, pero de nuevo estaba ahí, aquel incesante repiqueteo de seguido a sus pasos que le encomendaba la señal de una probabilidad de seguimiento clara, tan clara como que para el momento que ignoró tal denotación, el ruido se incrementó acompañado de una casual e infantil risa, que delató ahí la causante del misterio, su pequeña.
Rowena, quien se destacaba por propiciar en su andar un rastro de astucia e inteligencia, no se permitía a si misma variadas cosas en la vida que se podrían considerar para todos a su alrededor como una connotación destacada de limitaciones, pero la consecuencia de su primogénita podía más con ella de lo que podría precisamente inculcar su orgullo, derivando en ella la inercia de su sentimentalismo al evocar aquel aire juguetón, airoso y melancólico en el que las travesuras eran constantes y escurridizas de la vista de los demás. Fue por eso precisamente que en ese instante una de las acaudaladas promotoras que incentivaban el inicio de aquella escuela en la que precisamente transitaba por esa oscura y fresca noche, se permitió reír en lo que volteaba su completa atención hacia la pequeña criatura que le seguía de cerca en lo que suponía, en su juego yacía la intención de asustar a su madre, esa que con su cabello naturalmente oscuro y sus brillantes azulados ocelos volteó su cuerpo hacia la muchacha, sosteniéndola a medias entre sus brazos con un cálido abrazo del cual ésta se espantó soltando un gracioso chillido. Tan grande estaba que apenas sentía habían pasado los años a su alrededor pero aun así su grandeza lo denotaba, esa de la cual la pelinegra aprovechó para musitar un panorama recargado de ilusión truncada — Ya que estás aquí intentando darme trepa, ¿por qué no vamos a beber un cálid...? — truncado era precisamente por aquella voz, esa mención de su nombre en una lejanía no muy distanciada de ellas que tensó de un instante a otro toda la delgada musculatura de la mujer en lo que la defensa de sus secretos parecía primordial en su guardia. — Ve a descansar cariño, ya es tarde. — recriminó a su hija con un divertido mohín en lo que fruncía su ceño, soltaba de la pequeña, le obligaba a dar media vuelta y le guitaba por fin un par de pasos hacia las escaleras que guiaban a las habitaciones en su costado.
Aquella reacción tan rápida, tan minuciosa y escuálida solo se podía derivar de la presencia de una persona en concreto, una a la que Rowena entre los matices de la luna distinguió con desconcierto y a su vez, con un inherente temor, uno no meramente propio, sino que uno masificado alrededor de toda su vida. — Salazar. — masculló a modo de saludo en cuanto se aseguró que su hija había partido definitivamente a las habitaciones y el peligro ya no parecía tan latente.
Las sombras de la noche por su parte eran capaces de enfatizar rasgos con su agudiza mirada que ni la luz de la luna sería capaz de alcanzar en lo que escabullía sus pasos nuevamente a el ritmo habitual, pero de nuevo estaba ahí, aquel incesante repiqueteo de seguido a sus pasos que le encomendaba la señal de una probabilidad de seguimiento clara, tan clara como que para el momento que ignoró tal denotación, el ruido se incrementó acompañado de una casual e infantil risa, que delató ahí la causante del misterio, su pequeña.
Rowena, quien se destacaba por propiciar en su andar un rastro de astucia e inteligencia, no se permitía a si misma variadas cosas en la vida que se podrían considerar para todos a su alrededor como una connotación destacada de limitaciones, pero la consecuencia de su primogénita podía más con ella de lo que podría precisamente inculcar su orgullo, derivando en ella la inercia de su sentimentalismo al evocar aquel aire juguetón, airoso y melancólico en el que las travesuras eran constantes y escurridizas de la vista de los demás. Fue por eso precisamente que en ese instante una de las acaudaladas promotoras que incentivaban el inicio de aquella escuela en la que precisamente transitaba por esa oscura y fresca noche, se permitió reír en lo que volteaba su completa atención hacia la pequeña criatura que le seguía de cerca en lo que suponía, en su juego yacía la intención de asustar a su madre, esa que con su cabello naturalmente oscuro y sus brillantes azulados ocelos volteó su cuerpo hacia la muchacha, sosteniéndola a medias entre sus brazos con un cálido abrazo del cual ésta se espantó soltando un gracioso chillido. Tan grande estaba que apenas sentía habían pasado los años a su alrededor pero aun así su grandeza lo denotaba, esa de la cual la pelinegra aprovechó para musitar un panorama recargado de ilusión truncada — Ya que estás aquí intentando darme trepa, ¿por qué no vamos a beber un cálid...? — truncado era precisamente por aquella voz, esa mención de su nombre en una lejanía no muy distanciada de ellas que tensó de un instante a otro toda la delgada musculatura de la mujer en lo que la defensa de sus secretos parecía primordial en su guardia. — Ve a descansar cariño, ya es tarde. — recriminó a su hija con un divertido mohín en lo que fruncía su ceño, soltaba de la pequeña, le obligaba a dar media vuelta y le guitaba por fin un par de pasos hacia las escaleras que guiaban a las habitaciones en su costado.
Aquella reacción tan rápida, tan minuciosa y escuálida solo se podía derivar de la presencia de una persona en concreto, una a la que Rowena entre los matices de la luna distinguió con desconcierto y a su vez, con un inherente temor, uno no meramente propio, sino que uno masificado alrededor de toda su vida. — Salazar. — masculló a modo de saludo en cuanto se aseguró que su hija había partido definitivamente a las habitaciones y el peligro ya no parecía tan latente.
she's not my girlfriend, but i do love her hugs, her texts & just being with her.
I guess i'm not in love with her, i'm in love with us.
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Re: — Shadowplay
we own the night
rowena ravenclaw — 22:49 pm — frío
Incómodo, eso era lo que sentía en aquel momento. Incomodidad en estado puro y sencillo, porque no podía alcanzar a entender el porque estaba haciendo aquello. Allí abajo en su despacho, Salazar no hacía más que levantar el cigarrillo y llevarlo a sus labios, exprimiendo hasta el más pequeño gramo de nicotina que pudiese encontrar. Odiaba a los muggles tanto como si su vida propia dependiese de aquello, pero disfrutaba de aquel invento.
Paseó una vez más el cigarrillo sin encender por sus labios, cuando uno de sus alumnos entró en su despacho, preguntando por quien sabe cuantas cosas, pero su cabeza no estaba allí. Él miró al chico de su casa, a quien simplemente le dio un amago de sonrisa, una que no llegaba a colar completamente, porque su cabeza había volado lejos de aquella mazmorra, se encontraba de vuelta en su casa de la infancia, en la que había pasado tanto tiempo, y en la única cabellera castaña que había captado tanto su atención que había soñado con ella años después de que ella hubiese desaparecido de la faz de la tierra. Lechuzas, montones y montones de lechuzas enviadas, y ninguna respuesta. Se había enojado. No, no se había enojado, había estado furioso y el resto había sido historia.
Pasó una mano por su cabello, empezando a caminar por todo el castillo, encontrándose con Helga a mitad del camino, y luego a Godric. No tenían aun prefectos, pero él estaba dispuesto a obtener solo a los mejores para aquel puesto, por supuesto, aun no tenía ningún candidato, después de todo, el colegio había entrado en funcionamiento hacía 4 años, nada más y nada menos. Con renuencia, sus pasos empezaron a disminuir a medida que llegaba a la planta baja, cuando una voz familiar llamó su atención y sus pasos se detuvieron en seco. Rowena. Sus labios se apretaron, un gruñido escapó de sus labios, y sus cejas se alzaron ¿Con quién hablaba? — Rowena — Llamó él entonces. Ella dejo de decir lo que estuviese diciéndole a la persona a su lado y le miró. Sus ojos se clavaron en él, como si pudiese ver sus intenciones, sus palabras y su alma entera. Lo odiaba. — ¿Debo suponer que le conoces? — Preguntó, alzando las cejas — ¿Le has castigado? Es contra las reglas estar fuera de la cama a estas horas — Espetó con más brusquedad de la que debía. Sus ojos seguían llameando la inteligencia y la suspicacia que a él le había atraído hacía tantos años, pero él ya no era el mismo, y ella tampoco, por no mencionar que tampoco eran las mismas circunstancias que habían sido hacía diez años atrás. Todo había cambiado, para bien o para mal, solo que él no estaba seguro de cual era la situación entre ambos.
Que empezara la guerra.
Paseó una vez más el cigarrillo sin encender por sus labios, cuando uno de sus alumnos entró en su despacho, preguntando por quien sabe cuantas cosas, pero su cabeza no estaba allí. Él miró al chico de su casa, a quien simplemente le dio un amago de sonrisa, una que no llegaba a colar completamente, porque su cabeza había volado lejos de aquella mazmorra, se encontraba de vuelta en su casa de la infancia, en la que había pasado tanto tiempo, y en la única cabellera castaña que había captado tanto su atención que había soñado con ella años después de que ella hubiese desaparecido de la faz de la tierra. Lechuzas, montones y montones de lechuzas enviadas, y ninguna respuesta. Se había enojado. No, no se había enojado, había estado furioso y el resto había sido historia.
Pasó una mano por su cabello, empezando a caminar por todo el castillo, encontrándose con Helga a mitad del camino, y luego a Godric. No tenían aun prefectos, pero él estaba dispuesto a obtener solo a los mejores para aquel puesto, por supuesto, aun no tenía ningún candidato, después de todo, el colegio había entrado en funcionamiento hacía 4 años, nada más y nada menos. Con renuencia, sus pasos empezaron a disminuir a medida que llegaba a la planta baja, cuando una voz familiar llamó su atención y sus pasos se detuvieron en seco. Rowena. Sus labios se apretaron, un gruñido escapó de sus labios, y sus cejas se alzaron ¿Con quién hablaba? — Rowena — Llamó él entonces. Ella dejo de decir lo que estuviese diciéndole a la persona a su lado y le miró. Sus ojos se clavaron en él, como si pudiese ver sus intenciones, sus palabras y su alma entera. Lo odiaba. — ¿Debo suponer que le conoces? — Preguntó, alzando las cejas — ¿Le has castigado? Es contra las reglas estar fuera de la cama a estas horas — Espetó con más brusquedad de la que debía. Sus ojos seguían llameando la inteligencia y la suspicacia que a él le había atraído hacía tantos años, pero él ya no era el mismo, y ella tampoco, por no mencionar que tampoco eran las mismas circunstancias que habían sido hacía diez años atrás. Todo había cambiado, para bien o para mal, solo que él no estaba seguro de cual era la situación entre ambos.
Que empezara la guerra.
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Re: — Shadowplay
we own the night
rowena ravenclaw — 22:49 pm — frío
Dio un largo, pronunciado e inclusive, podía alardear, sonoro trago que más que parecerle en una simetría de la monotonía le sabía como uno amargo, uno tan desabrido como el hecho de que sus frecuentes reencuentros no eran más que silenciosos y en compañía de los demás sin permitirles hasta recién ése entonces compartir una instancia en la que realmente pendían de su presente así como a la vez de su pasado para consternar la total realidad de los hechos, esos que con palabras pretendían olvidar pero que con sus miradas no lograban dejar escapar, porque nadie jamás podría negar que en el brillo particular de sus ocelos, descansaba la perpetua inmensidad de una memoria en conjunto que se habían decidido, desde el momento de su reencuentro, en un mutuo e inclusive silencioso acuerdo, olvidar en el fondo de un pozo aparentemente hondo, pero sumamente escurridizo a las obvias negaciones.
— No, no lo he hecho. — suspiró, con la naturalidad paciente que su docencia y disciplina le encargaba en tanto relamía la comisura de sus labios con un deje de particular monotonía ante la rigidez de sus palabras. Salazar no siempre había sido así y pocas veces de las otras mínimas que le había dirigido la palabra desde que instauraron Hogwarts dejaba escapar en el una brusquedad como tal, por lo tanto le dejó pasar en lo que mecía la mujer con su andar, el falso pronunciado de su vestido que se ondeaba a medida que sus pasos se acercaban más a él y por consiguiente, a las corrientes de vientos que propiciaban las abiertas ventanas en sus costados. Estaban en los primeros pisos del castillo, cercano a los jardines, la noche parecía plenitud absoluta en tanto el frío daba espacio a un respiro considerando las constantes calores que había traído consigo tal verano, uno que le traía recuerdos además de su pasado juntos, ese pasado que tanto intentaban enterrar, pero que una vez mas, en cuanto los pies de Rowena se plantaron delante de él, dejaron a la vista que era imposible, no cuando tanto guardaban en común en sumativa de aquel pequeño ser que segundos atrás había ascendido las escaleras en su orden y que si prestabas minuciosa atención, podías reconocer los similares rasgos con él precisamente, aquel que tanto había pretendido odiar pero que jamás había conseguido conciliar realmente. — No todo en ésta vida se soluciona con castigos, Salazar. La disciplina va mucho más allá de eso, ¿cuantas veces debo repetirlo?. — la escritura prolija de sus palabras podía sonar abusiva pero si considerabas la realidad de la astuta ave y la dulzura natural de sus palaras en la que mecía su cordura, poca ofensa te podías llevar con eso.
Rowena tenía un carácter fuerte y eso todos lo sabían, sin embargo, la humanidad era una parte fundamental de ella que endulzaba con sazón su voz y sus movimientos los convertía en una gracia natural que solo junto a él había logrado disfrutar a concho.
— No, no lo he hecho. — suspiró, con la naturalidad paciente que su docencia y disciplina le encargaba en tanto relamía la comisura de sus labios con un deje de particular monotonía ante la rigidez de sus palabras. Salazar no siempre había sido así y pocas veces de las otras mínimas que le había dirigido la palabra desde que instauraron Hogwarts dejaba escapar en el una brusquedad como tal, por lo tanto le dejó pasar en lo que mecía la mujer con su andar, el falso pronunciado de su vestido que se ondeaba a medida que sus pasos se acercaban más a él y por consiguiente, a las corrientes de vientos que propiciaban las abiertas ventanas en sus costados. Estaban en los primeros pisos del castillo, cercano a los jardines, la noche parecía plenitud absoluta en tanto el frío daba espacio a un respiro considerando las constantes calores que había traído consigo tal verano, uno que le traía recuerdos además de su pasado juntos, ese pasado que tanto intentaban enterrar, pero que una vez mas, en cuanto los pies de Rowena se plantaron delante de él, dejaron a la vista que era imposible, no cuando tanto guardaban en común en sumativa de aquel pequeño ser que segundos atrás había ascendido las escaleras en su orden y que si prestabas minuciosa atención, podías reconocer los similares rasgos con él precisamente, aquel que tanto había pretendido odiar pero que jamás había conseguido conciliar realmente. — No todo en ésta vida se soluciona con castigos, Salazar. La disciplina va mucho más allá de eso, ¿cuantas veces debo repetirlo?. — la escritura prolija de sus palabras podía sonar abusiva pero si considerabas la realidad de la astuta ave y la dulzura natural de sus palaras en la que mecía su cordura, poca ofensa te podías llevar con eso.
Rowena tenía un carácter fuerte y eso todos lo sabían, sin embargo, la humanidad era una parte fundamental de ella que endulzaba con sazón su voz y sus movimientos los convertía en una gracia natural que solo junto a él había logrado disfrutar a concho.
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Re: — Shadowplay
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rowena ravenclaw — 22:49 pm — frío
En algún momento de su vida, ella había sido todo para él. Su mejor amiga, aquella que le complementaba, quien le decía las cosas que no sabía, y por encima de todo, quien le sonreía, pese a lo idiota que estuviese siendo en el momento. Ya no más. Esa persona ya no existía, porque debajo de lo que ella había descubierto, solo existía amargura, un agujero negro que se comía todo a su paso, sus pensamientos, su sentido común, su alma, porque él estaba seguro de que su alma se había perdido para siempre en el momento que hubo tocado la puerta y no hubo nada más que un elfo doméstico para decirle que se habían ido, que todo había acabado.
Como el infierno que ha acabado.
— Te creía más inteligente — Porque para él, la disciplina lo era todo. Lo era más que el amor, más que el querer. La disciplina formaba parte de su obediencia, de alguien que mostraba ser digno de confianza, y ella le había demostrado una y otra vez lo equivocado que había estado al confiarle la única cosa que no sabía que poseía. Su corazón. Las palabras de ella eran hechizos cargados en su dirección, clavándose en su piel, arañándole y haciendo que se cuestionase todo lo que sabía – y lo que no. — Los castigos forman el carácter — Disparó de vuelta, porque era lo único que tenía en su cabeza en aquel momento. Las sombras se arremolinaban a su alrededor, el verde de su túnica brillaba contra la luz de la luna y se preguntó cuántas criaturas de la noches estarían allí, cuántas querrían entrar y cuantas de ellas darían su vida por volver a ser lo que eran.
— Claramente no lo has dicho lo suficiente — Ni lo dirás, no en mi presencia, no mientras te mantengas discutiendo conmigo, no mientras no me expliques porque me has dejado, no hasta que me digas que haces a esta hora fuera de tu torre. Se ajustó la túnica, alzando su mirada azulada hasta la de ella, notando que aquella muchacha de 23 años ya no estaba allí. Tragó, y tragó duro. Sus ojos se posaron en sus labios, rojos como una cereza. Su olor le envolvía, ella siempre olía a fresias y algo más, exótico, que le invitaban a acercarse más y perder la cordura, la poca que le quedaba sobre su cabeza. Necesitaba distancia. — No me has dicho que haces levantada a esta hora — Dijo suavemente, empezando a caminar en dirección a ella.
Mírame.
Dime porque lo hiciste, porque te fuiste.
Y si aún sientes lo mismo por mí, si sientes un poco de compasión, mátame, porque cada día sin ti, muero un poco más.
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