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Welcome to hell
Skipping Stone :: Zona de rol :: Zona de Rol Libre :: Plots
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Welcome to hell
WELCOME TO HELL
Todos lo conocen como "el dragón" del mundo de la moda. Una palabra, una mirada de él es suficiente para decidir qué diseñador será la próxima gran estrella y cuál ha llegado a su fin. El editor en jefe de la revista Runway, Matthew Priestly, es un genio en su ámbito, pero no tiene ninguna tolerancia con los errores. Debido a esto, su puesto como asistente ha quedado vacío ya que él último se desmoronó y fue despedido.
Esta vez, un currículum en partícular ha llamado su atención. El chico parece tener talento y eso lo demostró con sus calificaciones y sus actividades extra. Al menos no parecía ser un cabeza hueca como todos los demás. Pero lo que Matthew no esperaba encontrar, era aquel flacucho desgarbado y con un gusto terrible para la ropa. Pero decidió darle una oportunidad. Anda, contrata al enclenque ése. Tal vez demuestre más aptitud que todo el desfile de inútiles que ha entrado por tu puerta.


Esta vez, un currículum en partícular ha llamado su atención. El chico parece tener talento y eso lo demostró con sus calificaciones y sus actividades extra. Al menos no parecía ser un cabeza hueca como todos los demás. Pero lo que Matthew no esperaba encontrar, era aquel flacucho desgarbado y con un gusto terrible para la ropa. Pero decidió darle una oportunidad. Anda, contrata al enclenque ése. Tal vez demuestre más aptitud que todo el desfile de inútiles que ha entrado por tu puerta.
Personajes

Matthew Priestly | Editor en jefe de Runway | David Gandy | Seuss
- Información:
- Una vida como la que lleva Matthew, le ha costado tres matrimonios. Todos sus eposos lo dejaron tras decidir que simplemente no podían sobrellevar aquel ritmo de vida que lo hacían pasar días enteros fuera de casa para acudir a las pasarelas de Milán o las de París. No ha tenido tiempo de tener hijos y supone que no lo tendrá jamás. Es un hombre dedicado a su trabajo, acostumbrado a los lujos y sin cavida para los errores. Perfeccionista y con un alto sentido de la moda, la palabra de Priestly es la que gobierna las pasarelas de Nueva York y no se diga más.

Andrew Sachs | Asistente del editor en jefe | Dylan O'Brien | Dornish sun
- Información:
- «Andy» para los amigos, se graduó recientemente de periodismo en la universidad Northwestern, con uno de los mejores expedientes de su clase. Sin embargo, el mercado laboral ha resultado ser mucho más duro de lo que creía. Sin experiencia laboral fuera de las prácticas universitarias, se ha visto obligado a echar currículums donde fuera, incluyendo en una empresa de moda. A él nunca le ha importado lo que llevaba puesto, y siempre ha considerado superficial a la gente que gasta gran parte de su salario en ropa. Sin embargo, conoce el nombre tras la revista, y sabe que un año de experiencia como su asistente podría abrirle el camino al periodismo que él considera «de verdad». Por supuesto, sabe que no es el mundo en el que más encaja, pero sus amigos, sus profesores... todos le han insistido siempre en que trabaja duro y aprende rápido, y eso debería bastar para una revista de «trapos», como él lo considera.
AU — Devil wears Prada —| 1x1
Re: Welcome to hell
Welcome to hell Oficinas de Runway — NY — Andrew |
Por los blancos pasillos de mármol, se escuchaba el ruido de tacones y zapatos corriendo a toda prisa. El editor en jefe iba a llegar en cualquier momento y todos sabían que había que cambiarse los flats por las zapatillas, los cómodos tenis por los zapatos de vestir; retocarse el maquillaje y acomodarse las corbatas. Hoy, en especial, tenía que ser perfecto. Extra perfecto. Porque esta mañana en primera plana y en portada de revistas de moda, espectáculos y periódicos, había salido la gran noticia: Otro señor Priestly que renuncia "al dragón". Así es. La noticia del más reciente divorcio de Matthew había salido a la luz.
Así que para cuando las puertas del elevador se abrieron, ya todos estaban en sus puestos. - Dijeron que la entrevista con Lagerfeld sería exclusiva y ¿qué me encuentro en el número de Vogue? Nada menos que su nombre en un artículo aburrídismo de tres hojas completas sobre su nueva inspiración en Cuba. Llama a su representante y arregla este desastre inmediatamente. - A su lado, ya tenía a dos personas que tomaban notas sin parar mientras caminaban hacia su privado. - Y esas fotos que me envió Kate para la temporada de primavera de Banana Republic, ¿enserio? Pedí modelos exóticos, no playboys baratos que recogieron en Brooklyn. ¿Estoy pidiendo mucho, acaso? No, no lo creo. Comunícate con ella, ahora y dile que está despedida. - Arrojó su abrigo y su portafolio sobre el escritorio donde se sentaba Emmet, su antiguo asistente, sin querer fijarse de nuevo en ese horrible desastre andante que era el nuevo.
Al llegar a su propio escritorio de vidrio, se topó con lo peor. - ¡Emmet! - Llamó, mirando el horrendo, horrrendo desastre que había frente a él. A su lado, Jessica y Nigel, contuvieron la respiración. Normalmente, siempre pedía los números de las revistas que eran su competencia, así como los periódicos más importantes del país, además de el de Londres, París y Roma. Pero justamente, hoy, su asistente había decidido que era una buena idea poner los números de hoy, con las horribles fotografías de Charlie, su reciente ex esposo, abandonando su casa en el Upper East Side el día en que finalmente, se separaron. Para cuando el chico llegó, Matthew lo miraba con una ceja arqueada. - Emmet, ¿acaso te caíste y te golpeaste en esa cabecita tuya? - Preguntó con un tono controlado.
HellcatAsí que para cuando las puertas del elevador se abrieron, ya todos estaban en sus puestos. - Dijeron que la entrevista con Lagerfeld sería exclusiva y ¿qué me encuentro en el número de Vogue? Nada menos que su nombre en un artículo aburrídismo de tres hojas completas sobre su nueva inspiración en Cuba. Llama a su representante y arregla este desastre inmediatamente. - A su lado, ya tenía a dos personas que tomaban notas sin parar mientras caminaban hacia su privado. - Y esas fotos que me envió Kate para la temporada de primavera de Banana Republic, ¿enserio? Pedí modelos exóticos, no playboys baratos que recogieron en Brooklyn. ¿Estoy pidiendo mucho, acaso? No, no lo creo. Comunícate con ella, ahora y dile que está despedida. - Arrojó su abrigo y su portafolio sobre el escritorio donde se sentaba Emmet, su antiguo asistente, sin querer fijarse de nuevo en ese horrible desastre andante que era el nuevo.
Al llegar a su propio escritorio de vidrio, se topó con lo peor. - ¡Emmet! - Llamó, mirando el horrendo, horrrendo desastre que había frente a él. A su lado, Jessica y Nigel, contuvieron la respiración. Normalmente, siempre pedía los números de las revistas que eran su competencia, así como los periódicos más importantes del país, además de el de Londres, París y Roma. Pero justamente, hoy, su asistente había decidido que era una buena idea poner los números de hoy, con las horribles fotografías de Charlie, su reciente ex esposo, abandonando su casa en el Upper East Side el día en que finalmente, se separaron. Para cuando el chico llegó, Matthew lo miraba con una ceja arqueada. - Emmet, ¿acaso te caíste y te golpeaste en esa cabecita tuya? - Preguntó con un tono controlado.
Re: Welcome to hell
Welcome to hell Oficinas de Runway — NY — Matthew |
Se estaba haciendo al trabajo, ¿verdad? Eso quería pensar. Pero el ritmo era agotador: cuando no estaba atendiendo llamadas o corriendo por Nueva York para algún extraño recado que no terminaba de entender, estaba estudiando nombres italianos y franceses que salían en revistas y en la agenda del señor Priestly de forma constante. Su supervisor tampoco es que fuera un gran apoyo. Se lo agradecería siempre, por supuesto, porque por mínima que fuera su amabilidad, sus comentarios le permitían saber en qué dirección moverse. Matthew Priestly era un nombre que había ignorado mucho tiempo, pero en los pocos días que llevaba en esa oficina se había dado cuenta de que no era un jefe especialmente benigno.
Por eso había aprendido la rutina de las mañanas. Era la más fácil, y aunque había tirado un par de cafés el primer día, y olvidado pedir la leche desnatada en los dos siguientes, parecía que lo tenía todo controlado. Por eso aquella mañana se había permitido estar incluso algo satisfecho con su trabajo. Notaba cierto ambiente de tensión entre sus compañeros, pero lo achacó a lo de siempre: pronto iba a aparecer el señor Priestly en la puerta del ascensor y todo tenía que estar perfecto. Además, si aprovechaba aquellos dos minutos de descanso sin prestar atención a su alrededor, tal vez podría aprender cómo se escribía Gabbana sin pedir que se lo deletreasen.
No duró mucho, por supuesto. El sonido de la gente al agitarse, y el de unos pasos que ya había aprendido a distinguir, hicieron que se levantase como un resorte. –Buenos días.– dijo, sin esperar ningún tipo de respuesta más allá de un abrigo y un portafolios arrojados sobre su mesa. Tuvo que apretar los labios para no perder la sonrisa, no que su jefe fuera a verla en cualquier caso. Se apresuró a tomar el abrigo para colgarlo, pero entonces la gélida voz de su jefe le hizo quedarse congelado en el sitio. ¿Se refería a él? Miró a su supervisor, al primer asistente, que le lanzó una mirada que parecía gritarle «¿Qué demonios has hecho ahora?», y Andy decidió que sería mejor entrar y dejar el abrigo para después.
El ambiente en el despacho era peor. Como si se hubiera internado en la boca del lobo, sentía que algo había hecho mal, ciertamente, aunque no estuviera seguro de qué podia haber sido. Se alisó el jersey verde que llevaba, aunque estaba bastante seguro de que no era su etiqueta lo que importaba. Al fin y al cabo, Matthew le había contratado viendo cómo iba vestido.–N-no, señor Priestly.– No fue capaz de mantener la mirada de su jefe mucho tiempo, pasando enseguida a Nigel y Jessica. Nigel pareció hacerle un gesto hacia la mesa, y no fue hasta que bajó la mirada al elemento en el que todos los demás parecían estar fijándose que se dio cuenta de su error. No porque identificase la foto de la casa, o siquiera la del hombre que parecía salir en todas las portadas, sino por un montaje algo sórdido en una, y un titular que de forma bastante clara exhibía el nombre de su jefe–Mis disculpas, ha sido un error. No consideré... Me desharé de ellas enseguida.– Al fin y al cabo no había considerado que el señor Priestly tuviese tiempo, o capacidad, para amar a alguien y casarse con él. Se apresuró a escurrirse entre Jessica y Nigel, tomando las revistas una a una de la mesa del señor Priestly. Tan pronto como levantaba una, la pegaba a su pecho, como si de aquella forma fuese a evitar que se viese nada más de la portada y fuesen a olvidar lo que había ocurrido.
HellcatPor eso había aprendido la rutina de las mañanas. Era la más fácil, y aunque había tirado un par de cafés el primer día, y olvidado pedir la leche desnatada en los dos siguientes, parecía que lo tenía todo controlado. Por eso aquella mañana se había permitido estar incluso algo satisfecho con su trabajo. Notaba cierto ambiente de tensión entre sus compañeros, pero lo achacó a lo de siempre: pronto iba a aparecer el señor Priestly en la puerta del ascensor y todo tenía que estar perfecto. Además, si aprovechaba aquellos dos minutos de descanso sin prestar atención a su alrededor, tal vez podría aprender cómo se escribía Gabbana sin pedir que se lo deletreasen.
No duró mucho, por supuesto. El sonido de la gente al agitarse, y el de unos pasos que ya había aprendido a distinguir, hicieron que se levantase como un resorte. –Buenos días.– dijo, sin esperar ningún tipo de respuesta más allá de un abrigo y un portafolios arrojados sobre su mesa. Tuvo que apretar los labios para no perder la sonrisa, no que su jefe fuera a verla en cualquier caso. Se apresuró a tomar el abrigo para colgarlo, pero entonces la gélida voz de su jefe le hizo quedarse congelado en el sitio. ¿Se refería a él? Miró a su supervisor, al primer asistente, que le lanzó una mirada que parecía gritarle «¿Qué demonios has hecho ahora?», y Andy decidió que sería mejor entrar y dejar el abrigo para después.
El ambiente en el despacho era peor. Como si se hubiera internado en la boca del lobo, sentía que algo había hecho mal, ciertamente, aunque no estuviera seguro de qué podia haber sido. Se alisó el jersey verde que llevaba, aunque estaba bastante seguro de que no era su etiqueta lo que importaba. Al fin y al cabo, Matthew le había contratado viendo cómo iba vestido.–N-no, señor Priestly.– No fue capaz de mantener la mirada de su jefe mucho tiempo, pasando enseguida a Nigel y Jessica. Nigel pareció hacerle un gesto hacia la mesa, y no fue hasta que bajó la mirada al elemento en el que todos los demás parecían estar fijándose que se dio cuenta de su error. No porque identificase la foto de la casa, o siquiera la del hombre que parecía salir en todas las portadas, sino por un montaje algo sórdido en una, y un titular que de forma bastante clara exhibía el nombre de su jefe–Mis disculpas, ha sido un error. No consideré... Me desharé de ellas enseguida.– Al fin y al cabo no había considerado que el señor Priestly tuviese tiempo, o capacidad, para amar a alguien y casarse con él. Se apresuró a escurrirse entre Jessica y Nigel, tomando las revistas una a una de la mesa del señor Priestly. Tan pronto como levantaba una, la pegaba a su pecho, como si de aquella forma fuese a evitar que se viese nada más de la portada y fuesen a olvidar lo que había ocurrido.

- Spoiler:


Re: Welcome to hell
Welcome to hell Oficinas de Runway — NY — Andrew |
En cuanto empieza a balbucear, Matthew rueda los ojos. No. Es que en definitivo, no tenía tiempo para lidiar con esto precisamente hoy. - ¿De veras? Gracias por señalarme lo obvio. - Cortó, tan pronto escuchó eso de que "había sido un error". Y ni siquiera prestó atención al resto de su patética excusa. - Aburre a alguien más con los detalles de tu incompetencia, por favor. - Ironizó la última frase pero esperaba que la tomara enserio. A él no le interesaban los pretextos. Un error es un error, y debía asumir las consecuencias sin tratar de protegerse con alguna tontería. Justo cuando pensaba que no podía arruinarlo más, lo hizo. Enserio, este chico no dejaba de sorprenderle.
- ¿Vas a deshacerte de todo eso? - Detrás de él, Nigel hacía gestos con la cabeza para indicarle al pobre Andy que dijera que no, pero esto pasó desapercibido por el editor. - Supongo que entonces te sentarás aquí a leerme la última entrevista con Narciso Rodríguez o a decirme, desde tu conocedor punto de vista, las nuevas decisiones de Tom Ford sobre el futuro de su línea prêt-à-porter, ¿verdad? - Una de las peores costumbres de Priestly, era que, uno nunca podía saber qué preguntas eran retóricas y cuáles no. Habia que arriesgarse, pero en general, trabajar con él implicaba un gran riesgo. Excepto para Nigel, quien era como su mano derecha.
Hellcat- ¿Vas a deshacerte de todo eso? - Detrás de él, Nigel hacía gestos con la cabeza para indicarle al pobre Andy que dijera que no, pero esto pasó desapercibido por el editor. - Supongo que entonces te sentarás aquí a leerme la última entrevista con Narciso Rodríguez o a decirme, desde tu conocedor punto de vista, las nuevas decisiones de Tom Ford sobre el futuro de su línea prêt-à-porter, ¿verdad? - Una de las peores costumbres de Priestly, era que, uno nunca podía saber qué preguntas eran retóricas y cuáles no. Habia que arriesgarse, pero en general, trabajar con él implicaba un gran riesgo. Excepto para Nigel, quien era como su mano derecha.
Re: Welcome to hell
Welcome to hell Oficinas de Runway — NY — Matthew |
Se limitó a asentir a los comentarios cortantes de Matthew. No se había acostumbrado aún del todo a su carácter, pero era fácil aprender a no contestar en esas circunstancias. Emmett le había dicho que el último asistente había dimitido casi llorando, y aunque Andy no lloraría por algo así, podía entender que ese trabajo hiciera a más de uno derrumbarse. La clave estaba en que para él, todo eso de la moda, no significaba mucho... sólo tenía que no dejar que aquel trabajo, y aquel hombre, le absorbiesen.
Era fácil, por tanto, asentir ante esos comentarios. Sin embargo, cuando la voz de Matthew volvió a sonar, gélida, preguntándole acerca de lo que estaba haciendo, Andy se quedó petrificado. Su error había estado en dejar esas revistas allí, ¿no? ¿Qué debía hacer ahora? Alzó la mirada, con las revistas aún pegadas contra su pecho, y sólo el gesto de Nigel consiguió que pudiese reaccionar de alguna manera. Fijó su mirada en su jefe, y negó ligeramente con la cabeza.–No, por supuesto.– respondió, sin soltar las revistas de manera inmediata. ¿Debía dejarlas?¿Entonces qué había hecho mal al dejarlas en la mesa aquella mañana? Si las portadas eran tan ofensivas las querría fuera, y estaba seguro de que Matthew no pretendía que sacase unas tijeras y recortase los fragmentos de la revista que hablaban de él y aquel otro hombre.–Las dejaré para que usted mismo los lea.– Además, probablemente se equivocaría al pronunciar Louis Vuitton si tenía que leer uno de esos artículos en voz alta. Se giró y volvió a colocar el montón de revistas, esta vez sin extenderlas. ¿Qué podía hacer? Tomó el número de Vogue, que por lo que había visto era la revista que no había incluido nada, al menos en portada, del otro asunto, y lo colocó encima del montón. Así, al menos, no vería el resto. Se quedó mirando a Matthew, con las manos tras la espalda, esperando haber hecho algo, si bien no perfecto, al menos aceptable. El ambiente en esa habitación estaba empezando a ser agobiante, como cada vez que pasaba más de diez segundos en el despacho del editor.
HellcatEra fácil, por tanto, asentir ante esos comentarios. Sin embargo, cuando la voz de Matthew volvió a sonar, gélida, preguntándole acerca de lo que estaba haciendo, Andy se quedó petrificado. Su error había estado en dejar esas revistas allí, ¿no? ¿Qué debía hacer ahora? Alzó la mirada, con las revistas aún pegadas contra su pecho, y sólo el gesto de Nigel consiguió que pudiese reaccionar de alguna manera. Fijó su mirada en su jefe, y negó ligeramente con la cabeza.–No, por supuesto.– respondió, sin soltar las revistas de manera inmediata. ¿Debía dejarlas?¿Entonces qué había hecho mal al dejarlas en la mesa aquella mañana? Si las portadas eran tan ofensivas las querría fuera, y estaba seguro de que Matthew no pretendía que sacase unas tijeras y recortase los fragmentos de la revista que hablaban de él y aquel otro hombre.–Las dejaré para que usted mismo los lea.– Además, probablemente se equivocaría al pronunciar Louis Vuitton si tenía que leer uno de esos artículos en voz alta. Se giró y volvió a colocar el montón de revistas, esta vez sin extenderlas. ¿Qué podía hacer? Tomó el número de Vogue, que por lo que había visto era la revista que no había incluido nada, al menos en portada, del otro asunto, y lo colocó encima del montón. Así, al menos, no vería el resto. Se quedó mirando a Matthew, con las manos tras la espalda, esperando haber hecho algo, si bien no perfecto, al menos aceptable. El ambiente en esa habitación estaba empezando a ser agobiante, como cada vez que pasaba más de diez segundos en el despacho del editor.

- Spoiler:


Re: Welcome to hell
Welcome to hell Oficinas de Runway — NY — Andrew |
El editor permaneció inmóvil, siguiendo caa movimiento de su nuevo asistente como si no acabara de dar crédito que pudiera haber una persona tan torpe y socialmente extraña. Todo en él le molestaba. Desde ese corte de cabello salido de una peluquería del Bronx, hasta esos horribles zapatos que seguramente encontró en Walmart o algo todavía peor. ¿En qué había estado pensando cuando le contrató? Claro, dale al chico inteligente una oportunidad, seguro que puede mostrar que al menos puede aprender algo. Lo que fuera.
- Matthew, tenemos a Donatella en la línea. - La voz de Nigel, le sacó de sus pensamientos.
Sus ojos pasaron de Andrew al café que ya lo esperaba en su escritorio y de vuelta al chico. - Hoy tengo antojo de té chai. Grande, hirviendo, con leche de soya. - Parecía ser que eso sería todo, pero entonces añadió. - Y necesito diez modelos masculinos en el estudio de fotos. No muy musculosos, no muy flacuchos; quiero algo exótico, pero no tropical. ¿Bronceado quizá? Hmm... algo australiano tal vez, nada de California ni de Grecia. Llama a Roger y ve qué tiene de nuevo. Tienes una hora, de lo contrario, estaré muy molesto, Emmet. - Dicho esto, tomó el celular que Nigel le ofrecía y su expresión cambió por completo a su usual mueca de deleite que utilizaba para sus clientes. - Cara mia! - Empezó con el saludo usual destinado específicamente para la heredera, dándole la espalda a Andrew y caminando hacia la ventana. La obvia señal que era momento para todos de que salieran de su oficina.
- Si quieres morir, sólo avísame y te daré de comer a las modelos. - Le susurró a Nigel una vez hubo cerrado la puerta y le hizo un gesto a Jessica para que pusiera sus delgadísimos tacones a correr. - Me debes una. Sólo conosco a una persona que odia más que yo hablar con esa mujer y es Matthew. Así que espero, por tu bien, que muevas tu flaquito trasero y le traigas lo que te pidió. - Ah, siempre se amparaba de sus asistentes... Había algo en ellos que le provocaba cierta lástima, pero Andrew era, sin lugar a dudas, el que más lo hacía.
Hellcat- Matthew, tenemos a Donatella en la línea. - La voz de Nigel, le sacó de sus pensamientos.
Sus ojos pasaron de Andrew al café que ya lo esperaba en su escritorio y de vuelta al chico. - Hoy tengo antojo de té chai. Grande, hirviendo, con leche de soya. - Parecía ser que eso sería todo, pero entonces añadió. - Y necesito diez modelos masculinos en el estudio de fotos. No muy musculosos, no muy flacuchos; quiero algo exótico, pero no tropical. ¿Bronceado quizá? Hmm... algo australiano tal vez, nada de California ni de Grecia. Llama a Roger y ve qué tiene de nuevo. Tienes una hora, de lo contrario, estaré muy molesto, Emmet. - Dicho esto, tomó el celular que Nigel le ofrecía y su expresión cambió por completo a su usual mueca de deleite que utilizaba para sus clientes. - Cara mia! - Empezó con el saludo usual destinado específicamente para la heredera, dándole la espalda a Andrew y caminando hacia la ventana. La obvia señal que era momento para todos de que salieran de su oficina.
- Si quieres morir, sólo avísame y te daré de comer a las modelos. - Le susurró a Nigel una vez hubo cerrado la puerta y le hizo un gesto a Jessica para que pusiera sus delgadísimos tacones a correr. - Me debes una. Sólo conosco a una persona que odia más que yo hablar con esa mujer y es Matthew. Así que espero, por tu bien, que muevas tu flaquito trasero y le traigas lo que te pidió. - Ah, siempre se amparaba de sus asistentes... Había algo en ellos que le provocaba cierta lástima, pero Andrew era, sin lugar a dudas, el que más lo hacía.
THE DREAM
is to keep surprising yourself, never mind the audience.
- That 70's rol:

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