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You must be haunting me
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You must be haunting me
1x1 | Marvel AU | WinterWidow |
Ambientación
"Queda cordialmente invitado al baile de la familia Barnes con motivo de la vuelta del heredero, James Buchanan Barnes, que tras un tiempo en América aprendiendo todo lo que el nuevo continente podría enseñarle, ha vuelto a Inglaterra dispuesto a integrarse de nuevo en la sociedad Británica. ¿Y qué mejor forma que con un baile de bienvenida?
El baile se celebrará el sábado por la noche, esperamos la confirmación de asistencia al evento así como que no se lo pierdan.
Familia Barnes"
La sociedad inglesa deslumbra por sus bailes, vestidos, joyas, música... Sin embargo, no todo es tan bonito como parece. Hay múltiples secretos que se esconden detrás de la alta sociedad londinense que se ocultan por miedo a las repercusiones que puede tener en el nombre de su familia y en su fortuna. Estos piensan que están a salvo de miradas indiscretas, pero nada más lejos de la realidad pues si hay un secreto, alguien está detrás acechando para averiguarlo.
Hija del difunto criado del seños Pym, Natasha vivió su infancia con un padre que procesaba devoción al seññor para el que trabajaba, además de ser un hombre bastante dado a la bebida. La pequeña Natasha, sin embargo, era algo inquieta y terminó por coger varias cosas que le llamaban la atención de la casa del hombre para que su padre trabajaba. Una noche que su padre volvió ebrio a casa, se enteró de lo que su hija había hecho, entrando en cólera por haberle robado a Lord Pym, se enfadó con la niña llegando incluso a golpearla. La pequeña Natasha se zafó y huyó, el hombre, siguiendo a esta para atraparla de nuevo tropezó por unas escaleras, muriendo en el acto. Lord Pym se enteró de lo ocurrido y, en lugar de sentir pena por su criado fallecido, vio que la pequeña tenía talento, educándola para poder lograr lo más preciado de la sociedad londinense de la época: secretos y tesoros del resto de la clase alta. La joven, asustada y perdida por todo lo que había acabado, accedió a vivir bajo el amparo de Lord Pym, realizando todo cuanto le hacía, ya que este le dejó claro que estaba bajo su protección por haber matado a su padre. Y, con el paso del tiempo, cada encargo que realizaba no era más que otra palada sobre su tumba, porque era su palabra contra la de un Lord. NATASHA A. ROMANOV | SCARLETT JOHANSSON | STORM QUEEN | Primógeno de la familia Barnes, una familia que hizo su fortuna gracias a la industria y a los negocios, James recibió la educación que se esperaba de un hombre de su estatus. Sin embargo, el joven siempre fue bastante curioso e intrépido, lo que al final le llevó a que, recién adquirida su libertad, se embarcó con destino a América, esperando descubrir un nuevo mundo del que aprender y poder contárselo a su familia, especialmente a su hermana, pudiendo así ayudar al negocio familiar. Pero nada más lejos de la realidad, ya que el barco de James fue capturado por una banda de piratas, matando a prácticamente toda la tripulación. Si a James no le mataron únicamente fue por la riqueza de su familia, sin embargo, para no ponerles en peligro, no dijo nada que pudiesen usar en contra de los Barnes. Por eso mismo, le sometieron a una serie de torturas esperando que así soltase la lengua, pero no fue así. James se vio obligado a usar su ingenio para poder escapar de aquella situación, teniendo que valerse por sí mismo para poder escapar del lugar donde le tenían los piratas, una selva de Sudamérica, para poder volver a casa. Fue un largo tiempo en el que tuvo que aprender a sobrevivir como fuese, haciéndole mucho más introvertido, frío y distante de lo que este era cuando se marchó. Pero logró volver a casa, negándose a contar mucho de lo sucedido a nadie. Sus padres, sabiendo que pasaba algo, no quisieron airearlo mucho, sin embargo, tenían que aparentar normalidad, así que decidieron seguir el protocolo celebrando un baile; además, era tiempo de que James buscase esposa. JAMES B. BARNES | SEBASTIAN STAN | MAGIK |

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Re: You must be haunting me
1-Dance like no one is watching

Podría decir que odiaba los bailes, sin embargo, no era así. Lo más exacto habría sido decir lo mucho que odiaba a las personas que asistían a estos. Sin embargo, Natasha Romanov tenía una misión, como cada noche de la temporada. Noches llenas de música, vestidos y la flor y nata de la sociedad londinense. Todos se reunían para alardear, divertirse y cortejarse. Actividades bastante razonables y que, si bien tenían su atractivo, su constante repetición, sin duda, debía resultar cansado. Para ella, estar inmersa en aquella sociedad, cada noche, era un regalo y una tortura. Tan lejos de la alta sociedad, que casi podía deslumbrarse solo con el brillo de esta, en otro tiempo, habría considerado aquellas fiestas una oportunidad única, un sueño hecho realidad. Ahora, ni siquiera llegaban ya a pesadillas.
Se había vestido de forma elegante, pero no llamativa. A fin de cuentas, la mujer no quería destacar, ni por demasiado, ni por demasiado poco. El vestido era sencillo, de un color crema, no demasiado favorecedor, aunque tampoco desmejoraba su apariencia. El problema, era su pelo. Una cascada de rizos rojos como rubíes que llamaban la atención, al enmarcar su rostro y sus ojos verdes esmeralda. Así que, habitualmente, utilizaba una peluca: rubia, en esta ocasión. Llevaba horas en la mansión Barnes. No había tenido el placer de conocer al heredero del título, no había asistido a ninguno de los eventos celebrados con anterioridad, sin embargo, estaba lejos de ser su objetivo aquella noche. Aunque sentía cierta curiosidad.
Sus ojos, seguían discretamente al barón Stark, el cual había hecho grandes negocios comerciales y del que su jefe quería una serie de documentos que, si bien no llevaría encima, siendo aficionado a las fiestas y a las mujeres, no sería difícil arrebatárselos de su propio hogar.
Mientras tomaba las primeras copas y reía, rodeado de las viudas más jóvenes, Natasha se dedicó a hacer algo de bote de para ella misma. Acaba de adueñarse de un precioso y elegante reloj, cuando su hombro chocó con el de otra persona. Por un instante se sintió desconcertada: nadie se acercaba a ella sin que le oyese o viese. No obstante, tardó apenas un segundo en componer su más educada sonrisa.
—Mis más sinceras disculpas.—Acompañó el gesto de una inclinación de cabeza. Sus modales estaban lejos de ser tan exquisitos y perfectos como los de una hija de la buena sociedad de Londres. Sin embargo, no eran nada deficientes.
Se había vestido de forma elegante, pero no llamativa. A fin de cuentas, la mujer no quería destacar, ni por demasiado, ni por demasiado poco. El vestido era sencillo, de un color crema, no demasiado favorecedor, aunque tampoco desmejoraba su apariencia. El problema, era su pelo. Una cascada de rizos rojos como rubíes que llamaban la atención, al enmarcar su rostro y sus ojos verdes esmeralda. Así que, habitualmente, utilizaba una peluca: rubia, en esta ocasión. Llevaba horas en la mansión Barnes. No había tenido el placer de conocer al heredero del título, no había asistido a ninguno de los eventos celebrados con anterioridad, sin embargo, estaba lejos de ser su objetivo aquella noche. Aunque sentía cierta curiosidad.
Sus ojos, seguían discretamente al barón Stark, el cual había hecho grandes negocios comerciales y del que su jefe quería una serie de documentos que, si bien no llevaría encima, siendo aficionado a las fiestas y a las mujeres, no sería difícil arrebatárselos de su propio hogar.
Mientras tomaba las primeras copas y reía, rodeado de las viudas más jóvenes, Natasha se dedicó a hacer algo de bote de para ella misma. Acaba de adueñarse de un precioso y elegante reloj, cuando su hombro chocó con el de otra persona. Por un instante se sintió desconcertada: nadie se acercaba a ella sin que le oyese o viese. No obstante, tardó apenas un segundo en componer su más educada sonrisa.
—Mis más sinceras disculpas.—Acompañó el gesto de una inclinación de cabeza. Sus modales estaban lejos de ser tan exquisitos y perfectos como los de una hija de la buena sociedad de Londres. Sin embargo, no eran nada deficientes.
Natasha—Mansión Barnes—Noche—Con lord Barnes
Angel of revenge
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Re: You must be haunting me
1-Dance like no one is watching

—¿James? ¿Estás escuchando?— La voz de Steve sonaba distorsionada, lejana, así como todo cuanto les rodeaba. Los ojos del moreno, fijos en aquellos que bailaban a pocos metros de él, pero sin prestar atención a estos. Él no quería un baile, no tenía nada que celebrar, sin embargo, ni siquiera sus más cercanos conocían el porqué. Si bien estaba claro que había cambiado desde la última vez que le vieron, únicamente su hermana y su mejor amigo habían caído en la cuenta de este detalle ya que sus padres estaban ocupados en planificar su futuro desde el momento en el que volvió a poner un pie en Londres.
Todo seguía igual, pero a la vez, era muy diferente.
No era la ciudad la que había cambiado sino él mismo. —Buck, ¿estás ahí?— Su acompañante le zarandeó, provocando que dejase a un lado sus pensamientos y recordar dónde estaba. James parpadeó unas cuantas veces, sacudiendo levemente la cabeza . —Sí, lo lamento, solo estaba...— En ese momento, cayó en la cuenta de que ante él se encontraba Stark hablando con su padre y el de Steve, pero no era eso lo que le llamó la atención, más bien, la joven rubia que estaba tras el primero y que acababa de sustraerle el reloj que llevaba en el bolsillo.
—¿Sabes? Creo que Becca quería bailar contigo.— El moreno le dio un par de palmaditas en el hombro de su amigo antes de marcharse, sin saber lo que este había dicho al respecto. La verdad es que se lo había sacado de la manga, pero de esa forma tendría a las dos únicas personas que no paraban de estar pendientes de él, ocupadas. Parecía un buen plan.
A paso rápido pero sigiloso, se fue acercando hacia la mujer. No tenía intención de entablar ningún tipo de conversación con ella, ni mucho menos, más bien su idea era el quitarle el reloj para devolvérselo a su dueño. Y a punto estuvo de conseguirlo, pero ella era buena, bastante buena y había notado su presencia cuando estaba a punto de hacerse con el objeto de Stark. Había estado cerca de lograrlo, pero no por ello pensaba rendirse.
—No se preocupe, no es a mí a quien debe pedirle disculpas.— La voz del joven Lord sonaba tranquila, como si el motivo por el que ambos habían comenzado a hablar no fuera más que una nimiedad. Aunque nada más lejos de la realidad, ya que si el dueño del reloj se enteraba, no dudaría en gritar por todo el salón que durante una fiesta de la familia Barnes, le habían sustraído su más preciado objeto y que estos tendrían que compensarlo por tal terrible pérdida. Por supuesto, a James poco le importaban las palabras de Stark, además de la segura exageración que le atribuiría tanto al suceso, como al reloj en sí, lo que no iba a permitir era que la reputación de su familia quedase en entredicho por algo que podía impedir.
Sin embargo, y a pesar de sus palabras, no pensaba dejar que aquella mujer hiciese nada más durante el baile, al menos, no bajo su supervisión. No podía hacer otras cosa, mandar que la echasen no haría sino dar más revuelo a algo que deseaba evitar. —¿Sería tan amable de concederme este baile?— Preguntó el moreno, tomándose la licencia de decirlo lo suficientemente alto como para que los que estaban alrededor lo escuchasen. Aunque seguramente lo harían incluso si se lo hubiese susurrado al oído; no por nada era el heredero del anfitrión de esa fiesta, además, estaba convencido (incluso su hermana se lo había dejado caer varias veces) que el plan de sus padres para esa fiesta era que encontrase a alguien con quien desposarse.
Le tendió la mano derecha, mirando a la mujer a la espera de que aceptase su petición.
Todo seguía igual, pero a la vez, era muy diferente.
No era la ciudad la que había cambiado sino él mismo. —Buck, ¿estás ahí?— Su acompañante le zarandeó, provocando que dejase a un lado sus pensamientos y recordar dónde estaba. James parpadeó unas cuantas veces, sacudiendo levemente la cabeza . —Sí, lo lamento, solo estaba...— En ese momento, cayó en la cuenta de que ante él se encontraba Stark hablando con su padre y el de Steve, pero no era eso lo que le llamó la atención, más bien, la joven rubia que estaba tras el primero y que acababa de sustraerle el reloj que llevaba en el bolsillo.
—¿Sabes? Creo que Becca quería bailar contigo.— El moreno le dio un par de palmaditas en el hombro de su amigo antes de marcharse, sin saber lo que este había dicho al respecto. La verdad es que se lo había sacado de la manga, pero de esa forma tendría a las dos únicas personas que no paraban de estar pendientes de él, ocupadas. Parecía un buen plan.
A paso rápido pero sigiloso, se fue acercando hacia la mujer. No tenía intención de entablar ningún tipo de conversación con ella, ni mucho menos, más bien su idea era el quitarle el reloj para devolvérselo a su dueño. Y a punto estuvo de conseguirlo, pero ella era buena, bastante buena y había notado su presencia cuando estaba a punto de hacerse con el objeto de Stark. Había estado cerca de lograrlo, pero no por ello pensaba rendirse.
—No se preocupe, no es a mí a quien debe pedirle disculpas.— La voz del joven Lord sonaba tranquila, como si el motivo por el que ambos habían comenzado a hablar no fuera más que una nimiedad. Aunque nada más lejos de la realidad, ya que si el dueño del reloj se enteraba, no dudaría en gritar por todo el salón que durante una fiesta de la familia Barnes, le habían sustraído su más preciado objeto y que estos tendrían que compensarlo por tal terrible pérdida. Por supuesto, a James poco le importaban las palabras de Stark, además de la segura exageración que le atribuiría tanto al suceso, como al reloj en sí, lo que no iba a permitir era que la reputación de su familia quedase en entredicho por algo que podía impedir.
Sin embargo, y a pesar de sus palabras, no pensaba dejar que aquella mujer hiciese nada más durante el baile, al menos, no bajo su supervisión. No podía hacer otras cosa, mandar que la echasen no haría sino dar más revuelo a algo que deseaba evitar. —¿Sería tan amable de concederme este baile?— Preguntó el moreno, tomándose la licencia de decirlo lo suficientemente alto como para que los que estaban alrededor lo escuchasen. Aunque seguramente lo harían incluso si se lo hubiese susurrado al oído; no por nada era el heredero del anfitrión de esa fiesta, además, estaba convencido (incluso su hermana se lo había dejado caer varias veces) que el plan de sus padres para esa fiesta era que encontrase a alguien con quien desposarse.
Le tendió la mano derecha, mirando a la mujer a la espera de que aceptase su petición.
James—Mansión Barnes—Noche—Con una Desconocida

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