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The dark side
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The dark side
Rey 18 - Daisy Ridley - Lyra | & | Kylo Ren 21- Adam Driver - Zoereth |
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The Dark Side
Kylo, habitual del local, es el "dueño" del barrio, con contactos en todos los estratos de los bajos fondos y más poder del que su edad y su apariencia muestran. La chica nueva, todo luz y optimismo, enseguida capta su atención y decide convertirla en su próximo juego. Sólo que no es una presa tan sencilla como parece.
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Re: The dark side
The Dark Side
– Si hay algo que odio, es que me tomen por estúpido. – Kylo había pasado algunos malos días en el negocio: clientes indispuestos a pagar, problemas con la policía... Pero aquello no iba a impedir que el joven desaliñado y desaseado Ren apartase el filo de metal que se encontraba a punto de atravesar el cuello de un chico de no más de 17 años.
El chico jamás había sido capaz de matar a nadie por un mal negocio, pero últimamente la suma de deudas y de defraudadores le habían hundido el negocio que llevaba años tratando de formar. La simple idea de arrebatarle la vida a alguien con un simple corte en la yugular hacía que cada centímetro de la piel del joven se estremeciese. ¿Pero qué más opciones le quedaban?
– Tienes de plazo hasta el domingo. Y en efectivo. – la voz cortante de Kylo se encargó de romper el breve silencio que se había formado entre él y el chico que tenía acorralado en una de las callejuelas de la ciudad. Finalmente, Kylo optó por dar un fuerte empujón al chico haciendo que éste se golpease con la pared de ladrillos contra la que estaba apoyado.
El chico no era un gran fanático de las amenazas, sino más bien del beneficio que obtenía con ellas. El joven prosiguió su camino y a sus espaldas el chicho que había amenazado salió corriendo en dirección contraria en cuanto tuvo la oportunidad.
Un par de metros más adelante, en esa misma callejuela, un local que hacía esquina en esa vía y con un cartel de luces con colores muy llamativos, lo invitaban a pasar. Durante unos segundos, el joven de cabello negro dudó si aquel lugar era un burdel o simplemente una sala de fiestas. Para su sorpresa y cuando dio unos pasos en su interior, simplemente se trataba de un bar nocturno que frecuentaba semanalmente y que no había logrado reconocer por el hecho de entrar por la puerta trasera.
– ¡Eh, tú! – a medida que se acomodaba en uno de los taburetes junto a la barra, Kylo distinguió una figura femenina que se encontraba de espaldas a él y que estaba terminando de preparar unas copas para los demás clientes y le gritó fuertemente para llamar su atención y tomase nota. – Oye, ¡te estoy hablando! – gritó nuevamente un cabreado Kylo y finalizó aquella frase con un brusco golpe en seco sobre la barra de madera del bar.
Quizá fuese por el malhumor que tenía el joven o por lo irritado que se sentía por la situación que acababa de tener en el callejón con el desconocido, pero sin duda, la actitud de Kylo parecía haber molestado a aquella fémina.
Callejuelas de la ciudad × Por la noche
Re: The dark side
The Dark Side
Bar Nocturno Mos Eisley - Noche
No tenía el mejor trabajo del mundo, pero no podía quejarse. Ganaba lo suficiente para poder vivir y concederse un capricho de vez en cuando, en parte gracias a las propinas que ganaba gracias a su sonrisa. Los habituales del local le habían cogido aprecio, a pesar de ser poco más que una recién llegada. No era difícil encariñarse con ella, en realidad. Era trabajadora, se esforzaba por hacer las cosas bien y no se dejaba achantar con facilidad. Incluso empezaba a recordar las bebidas favoritas de algunos clientes.
Esa era la parte buena. La mala era que algunos tenían las manos largas y otros, las peores maneras. A los primeros tenía dos formas de espantarlos: con una mirada asesina acompañada de una sonrisa helada o con un par de movimientos de artes marciales. Hacía mucho que no las practicaba en serio, pero durante su estancia con la quinta familia de acogida (¿o fue la sexta?) había recibido algunas lecciones y recordaba lo necesario para saber defenderse. La primera vez que tiró a un tio con complejo de pulpo al suelo pensó que la despedirían (para colmo, era su segunda noche en el local) pero el dueño y casi toda la clientela estallaron en risas, divertidos por ver a una niña tan pequeña (era algo bajita y aún tenía cara de adolescente, más que de adulta) tumbando a alguien casi el doble de grande. De aquello hacía poco más de un mes, y en ese tiempo se había ido ganando el respeto de los parroquianos y el de su jefe, y había ahorrado lo suficiente para poder plantearse alquilar un piso. Un piso que sería pequeño y destartalado, pero mejor que el albergue en el que dormía.
Eh tú
Odiaba que hicieran eso, sobretodo empleando esas maneras tan despectivas. No era más que una camarera, pero merecía un mínimo de educación. Decidió ignorar la llamada mientras pudiera, sirviendo el quinto whiskey a un poli fuera de servicio
Oye, ¡te estoy hablando!
El golpe la hizo dar un saltito. No le apetecía nada, pero tendría que servir a ese capullo, no fuese a acabar liándola. De todas formas, ella no podía escoger clientes, sólo decidir si favorecía más a unos que a otros.
- Ya voy - medio gruñó, volviéndose - Lamento decir que no es el único cliente del local - se cruzó de brazos cuando estuvo ante un joven al que recordaba haber visto más veces por ahí - ¿Qué desea el señor? - esbozó una sonrisa, luminosa como todas las que hacía, pero había un deje de burla en su voz y sus ojos
Esa era la parte buena. La mala era que algunos tenían las manos largas y otros, las peores maneras. A los primeros tenía dos formas de espantarlos: con una mirada asesina acompañada de una sonrisa helada o con un par de movimientos de artes marciales. Hacía mucho que no las practicaba en serio, pero durante su estancia con la quinta familia de acogida (¿o fue la sexta?) había recibido algunas lecciones y recordaba lo necesario para saber defenderse. La primera vez que tiró a un tio con complejo de pulpo al suelo pensó que la despedirían (para colmo, era su segunda noche en el local) pero el dueño y casi toda la clientela estallaron en risas, divertidos por ver a una niña tan pequeña (era algo bajita y aún tenía cara de adolescente, más que de adulta) tumbando a alguien casi el doble de grande. De aquello hacía poco más de un mes, y en ese tiempo se había ido ganando el respeto de los parroquianos y el de su jefe, y había ahorrado lo suficiente para poder plantearse alquilar un piso. Un piso que sería pequeño y destartalado, pero mejor que el albergue en el que dormía.
Eh tú
Odiaba que hicieran eso, sobretodo empleando esas maneras tan despectivas. No era más que una camarera, pero merecía un mínimo de educación. Decidió ignorar la llamada mientras pudiera, sirviendo el quinto whiskey a un poli fuera de servicio
Oye, ¡te estoy hablando!
El golpe la hizo dar un saltito. No le apetecía nada, pero tendría que servir a ese capullo, no fuese a acabar liándola. De todas formas, ella no podía escoger clientes, sólo decidir si favorecía más a unos que a otros.
- Ya voy - medio gruñó, volviéndose - Lamento decir que no es el único cliente del local - se cruzó de brazos cuando estuvo ante un joven al que recordaba haber visto más veces por ahí - ¿Qué desea el señor? - esbozó una sonrisa, luminosa como todas las que hacía, pero había un deje de burla en su voz y sus ojos
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Re: The dark side
The Dark Side
Cuando la chica a la que había gritado dio media vuelta para responderle a la cara, Kylo cambió su expresión a una de sorpresa. Esperaba que la joven que llevaba trabajando en aquel local desde hacía un par de semanas, reaccionase de manera violenta o brusca, pero nada más lejos de la realidad.
En ese momento, el chico bajó levemente la cabeza y parecía arrepentido por las formas en las que le había gritado, pero cuando la joven desconocida le sonrió de manera irónica, casi como riéndose de él, Kylo bajó de las nubes y su mal humor volvió de repente.
– Déjame una Newcastle. – sentenció seriamente mientras miraba a la chica de una manera algo agresiva. – Y que sea rápido. – Kylo le devolvió aquella sonrisa irónica que ella le había regalado unos segundos atrás, pero esta vez de una forma sarcástica.
En aquel bar de noche, normalmente frecuentaban hombres fornidos, moteros, prostitutas... Por el día parecía un local normal, pero por la noche parecía más bien que se transformaba en un lugar de bienvenida para cualquier persona atormentada que necesitase ahogar sus penas en el fondo de una botella de alcohol. Y eso era probablemente lo que le pasaba al chico.
Entre los gritos y el ruido del local, pudo escuchar a un grupo de hombres piropeando de manera degradante a las camareras del lugar, casi como si fuesen prostitutas o alguna de las rameras con la que pasaban las noches. Estaba acostumbrado a escuchar aquel tipo de cosas en lugares como aquel bar, pero ese día el enfado de Kylo iba en aumento, y más cuando escuchaba cómo trataban a las chicas.
– ¿Es que no te cansas de estas cosas? – le preguntó a la chica que se encontraba de espaldas, esperando que entre tanto ruido pudiese escucharle. No era como si Kylo quisiese empezar una conversación con aquella desconocida, pero sabía que si no se calmaba, las cosas iban a acabar muy mal esa noche.
Bar × Por la noche
Re: The dark side
The Dark Side
Bar Nocturno Mos Eisley - Noche
Se volvió para servirle, aprovechando para pasear la mirada por el local. Ningún cliente en la barra esperando a ser atendido, y los que estaban en las mesas parecían más interesados en sus compañeras que en las bebidas. Lo que quizá no fuese del todo malo, ya que la mayoría iban al menos por la tercera copa.
Cuando se hizo con el trabajo, le advirtieron de que era posible que durase poco, y que se acostumbrara a ver al resto de empleados ir y venir. Al principio le sorprendió que, salvo el dueño, el portero-matón, los dos únicos camareros masculinos y un par de chicas, el personal fuese y viniese de forma inconstante. Había dos grandes grupos: las chicas que duraban poco y las que se iban y volvían cada cierto tiempo, pues fracasaban en el intento de conseguir algo mejor. Ella resistia porque sabía cuidarse y tenía el don de conseguir salir más o menos airosa de cualquier situación. Y también porque sus los trabajadores más veteranos y algunos clientes le habían cogido suficiente afecto como para cuidarla lo justo para evitar que saliera corriendo.
- Claro - respondió, volviéndose y sirviéndole el vaso, fingiendo que la situación del local no iba con ella - Pero es lo que hay en un sitio como este. Una aprende a sobrellevarlo - se encogió de hombros - Yo los manejo mejor que ellas.
Fingir que no oía era una defensa que había desarrollado cuando iba de una casa de acogida a otra. Siempre había un niño, en la nueva casa, en el nuevo colegio o en el centro de menores, que la señalaba y se refería a ella en términos poco halagadores. No es que ella tuviese nada especialmente malo, sencillamente era la nueva y en esos lugares era frecuente que los recién llegados fuesen machacados. Ella aprendió a no escuchar y no dejar que le afectase más de lo necesario. O al menos, a aparentar que no le afectaba.
- Si al señor le incomodan los otros caballeros, tiene una puerta a su espalda. O si le pesa la cartera, puede aligerarla en manos del portero y pedirle que escolte a alguien fuera - bromeó, aunque con tono de hablar medio en serio - O quizá prefiera escoltar a alguna de las agraviadas a un lugar más tranquilo - aparte de las mujeres que vendían su cuerpo de forma evidente, algunas de sus compañeras se dejaban querer de más por algunos clientes, a cambio de unos billetes. Si ese joven era del tipo que intentaba deslizar las manos bajo las faldas de las camareras o no, no era asunto suyo. Y lo que hicieran las demás con sus cuerpos tampoco. También podía ser que se sintiera atraído por alguna chica y estuviese celoso. No sería la primera vez que algo así pasaba en aquel lugar. Pero tampoco eso era cosa de ella.
Cuando se hizo con el trabajo, le advirtieron de que era posible que durase poco, y que se acostumbrara a ver al resto de empleados ir y venir. Al principio le sorprendió que, salvo el dueño, el portero-matón, los dos únicos camareros masculinos y un par de chicas, el personal fuese y viniese de forma inconstante. Había dos grandes grupos: las chicas que duraban poco y las que se iban y volvían cada cierto tiempo, pues fracasaban en el intento de conseguir algo mejor. Ella resistia porque sabía cuidarse y tenía el don de conseguir salir más o menos airosa de cualquier situación. Y también porque sus los trabajadores más veteranos y algunos clientes le habían cogido suficiente afecto como para cuidarla lo justo para evitar que saliera corriendo.
- Claro - respondió, volviéndose y sirviéndole el vaso, fingiendo que la situación del local no iba con ella - Pero es lo que hay en un sitio como este. Una aprende a sobrellevarlo - se encogió de hombros - Yo los manejo mejor que ellas.
Fingir que no oía era una defensa que había desarrollado cuando iba de una casa de acogida a otra. Siempre había un niño, en la nueva casa, en el nuevo colegio o en el centro de menores, que la señalaba y se refería a ella en términos poco halagadores. No es que ella tuviese nada especialmente malo, sencillamente era la nueva y en esos lugares era frecuente que los recién llegados fuesen machacados. Ella aprendió a no escuchar y no dejar que le afectase más de lo necesario. O al menos, a aparentar que no le afectaba.
- Si al señor le incomodan los otros caballeros, tiene una puerta a su espalda. O si le pesa la cartera, puede aligerarla en manos del portero y pedirle que escolte a alguien fuera - bromeó, aunque con tono de hablar medio en serio - O quizá prefiera escoltar a alguna de las agraviadas a un lugar más tranquilo - aparte de las mujeres que vendían su cuerpo de forma evidente, algunas de sus compañeras se dejaban querer de más por algunos clientes, a cambio de unos billetes. Si ese joven era del tipo que intentaba deslizar las manos bajo las faldas de las camareras o no, no era asunto suyo. Y lo que hicieran las demás con sus cuerpos tampoco. También podía ser que se sintiera atraído por alguna chica y estuviese celoso. No sería la primera vez que algo así pasaba en aquel lugar. Pero tampoco eso era cosa de ella.
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Re: The dark side
The Dark Side
El joven estaba más que sorprendido por la tranquilidad y pasividad con la que la desconocida le hablaba sobre el asunto de los hombres del fondo. Se veía que era una chica fuerte, pero en un barrio como aquel y en ese tipo de trabajo, sabía que no duraría demasiado.
La chica continuó sirviendo un par de copas a los clientes, cuando Kylo reparó en una pequeña chapa de metal que la joven tenía colgado de su uniforme. Por alguna extraña razón ella no era como las chicas que solían trabajar en el bar, se la veía una chica independiente, aunque supuso desde un principio que su actitud no era más que una barrera que bien o ella misma se había impuesto, o alguien lo había hecho por ella.
– Rey... – pensó el chico para sí mismo mientras daba otro trago a la Newcastle que tenía delante. Últimamente las cosas no le iban muy bien y a pesar de las pérdidas que estaba teniendo, lo único que le importaba en ese momento era poder tener a alguien con quien conversar.
La actitud de la nueva camarera empezaba a incomodar al chico, quien a pesar de haber comenzado con mal pie la conversación, solo buscaba algo de calma. La morena había invitado a Kylo a largarse del lugar si le venía mejor, algo que le confundió en primera instancia.
– Deberías dejar de estar siempre tan a la defensiva, Rey. – pronunció su nombre con hincapié y algo de sarcasmo, pretendiendo molestar a la más joven. – Se supone que te pagan para mantener a los hombres pegados a esta barra, no para echarlos. – sentenció finalmente mientras daba un último trago al botellín de cerveza.
Era apenas medianoche y a pesar de que el joven tenía asuntos más importantes que atender, algo en aquella chica le había llamado la atención lo suficiente para dejarlos de lado por una noche.
Bar × Por la noche
Re: The dark side
The Dark Side
Bar Nocturno Mos Eisley - Noche
Se quedó en aquella zona de la barra todo el tiempo, apartándose del chico lo justo para servir a otros clientes cuando era necesario. Hablar con alguien era una forma de hacer que el trabajo fuese menos pesado, y aquel chico parecía inofensivo. Sólo buscaba conversación y no le lanzaba insinuaciones más o menos descaradas, como hacían otros clientes. Charlar con él no le haría ningún daño.
Rey llevaba demasiado poco en la ciudad (y no conocía a gente suficiente) como para saber con quién estaba tratando. De modo que tampoco era consciente de que la barra estaba más tranquila de lo habitual porque muchos no se atrevían a interrumpir la conversación.
- En realidad me pagan por servir copas con una sonrisa. En mi contrato no dice nada de dejarme meter mano. Y no estoy tan desesperada por aumentar mis propinas - apoyó los codos en la barra, acercándose a él - Si buscas alguien menos... a la defensiva... deberías probar con las otras chicas. Algunas son bastante abiertas cuando la propina es buena. Y no me refiero a las profesionales - se humedeció los labios de forma inconsciente. Tenía sed, pero no podía beber - ¿Te sirvo otra o prefieres que lo haga alguien menos defensivo?
Mantuvo en todo momento una actitud entre ingenua y juguetona. Confiaba en sí misma y estaba segura de controlar la situación. Se lo estaba pasando bien y no le había dado razones al cliente para molestarse. Su jefe no tendría queja. Aprovechó la cercanía para examinarle mejor. Por alguna razón, aquel chico le resultaba interesante. Quizá por una especie de brillo oscuro que había en sus ojos, que ella no supo a qué atribuir. Seguramente una historia personal lacrimógena. Había conocido a mucha gente así, marcada por una vida no muy agradable. Ella misma tenía uno de esos pasados que solían acompañar a los chicos malos de las películas, pero en su caso la luz no se había apagado.
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Re: The dark side
The Dark Side
La confusión del chico aumentaba a cada frase que escuchaba salir de la boca de la joven. No entendía del todo bien si su actitud realmente era tan defensiva o si simplemente trataba de reírse del chico con aquellas ironías y sonrisas sarcásticas.
Rey le había sugerido que debería probar suerte con alguna de las otras camareras y a Kylo empezaba a parecerle una mejor idea que hablar con la joven. Dio media vuelta en el taburete de madera para echar un vistazo al lugar. Era un bar bastante tétrico y oscuro. Las paredes estaban cubiertas con una capa de pintura ya bastante deteriorada y la poca luz que había en el local poco ayudaba a mejorar la imagen que daba aquel bar.
Las chicas que atendían a los clientes parecían más ocupadas en recibir piropos de los hombres borrachos que allí se encontraban que en otra cosa, así que pronto la idea de ir a hablar con ellas desapareció de la mente del chico.
– Creo que será mejor que me quede aquí... – con una postura cabizbaja Kylo agarró la cerveza y comenzó a moverla circularmente sobre la barra, haciendo que ésta diese vueltas sobre sí misma. La chica se había fijado que la Newcastle que le había servido apenas unos minutos atrás ya estaba más que vacía y con su habitual tono irónico le preguntó al chico si quería otra.
– No sé si acabar borracho en un lugar como este es el mejor plan para esta noche. – comentó el chico sin levantar la mirada de la barra. – Qué más da, ponme otra. – carraspeó levemente mientras le devolvía la cerveza vacía a la joven para que la retirase.
En los planes del chico no entraba para nada la idea de emborracharse y contarle sus penas a una desconocida, pero a fin de cuentas, no tenía un lugar al que volver, un hogar. En apenas unos segundos Rey había cambiado su botellín de cerveza por uno nuevo y tan pronto como llegó, el chico se apresuró a darle el primer sorbo.
– Y bueno, Rey, supongo que tú también tendrás una historia que contar. – levantó la mirada de la barra finalmente para posarla en los ojos de la chica. Con la preocupación del tono con el que le había hablado anteriormente, apenas había tenido tiempo de reparar en todos los detalles de la cara de la chica y lo que vio le pareció bastante agradable a la vista. Sí, era guapa y ella lo sabía. Quizá fuese por eso que Rey le parecía un poco arrogante de primeras, pero sabía que era una buena chica.
– ¿Cómo es que has acabado en este bar de mala muerte? – le preguntó a la chica mientras arqueaba las cejas en modo de interrogación. – No creo que estés aquí por gusto. – sentenció finalmente y esperó no haber ofendido a la chica con tanta intromisión.
Bar × Por la noche
Re: The dark side
The Dark Side
Bar Nocturno Mos Eisley - Noche
Cambió la botella vacía por una llena tan rápido que pareció que la había hecho aparecer, en lugar de cogerla de bajo la barra.
- Tranquilo, no te dejaré irte de aquí demasiado perjudicado. Puedo llamarte a un taxi o arroparte en uno de los sillones del fondo, lo que prefieras. Eso sí, a partir de la tercera me das las llaves, si llevas. Por si acaso.
Que un cliente acabara incapacitado para conducir era de lo más frecuente. De hecho, no había dia que no llamase al menos a tres taxis y empezaba a conocer a los conductores por sus nombres. Tampoco era raro que un cliente se quedara dormido en el local. En ese caso, normalmente era ella la encargada de darle los buenos dias. El piso en el que vivia estaba en la acera de enfrente, un par de portales más abajo, de modo que era la primera en llegar y casi la última en irse. Tampoco tenía mucho más que hacer. No conocía a nadie y nadie la esperaba, de modo que trabajar más o menos horas no le importaba demasiado.
Ladeó la cabeza cuando le preguntó por sus circunstancias. Se había acostumbrado a oir todo tipo de historias de los clientes, pero pocos preguntaban por la suya. Normalmente no hablaba de sí misma, pero en esa ocasión empezó a hacerlo casi sin darse cuenta.
- Me fui de casa en cuanto cumplí los 18 - respondió - Bueno, no era realmente mi casa... - vaciló antes de decidir que sería mejor no dar demasiados detalles - No es que estuviese mal, pero me sentía fuera de lugar, así que cuando pude me largué. No tengo gran cosa, este es uno de los pocos sitios donde podrían darme trabajo. No es el mejor curro del mundo, pero me da para vivir y a veces hasta me divierto - se encogió de hombros. Ella era el tipo de persona que conseguía acomodarse a cualquier situación. Siempre se podía estar peor, ¿no? Tenía un piso, pequeño, pero suyo, tenía el dinero que necesitaba y se lo ganaba honradamente. No podía quejarse - ¿Qué hay de ti? - preguntó - Todos tenemos una historia. ¿Cuál es la tuya?
Por alguna razón, esperaba que le contase una historia de abandono o abuso de alguna clase. Mucha gente que iba a parar allí tenía historias de ese estilo, incluida ella. La habían abandonado siendo muy pequeña, no sabía por qué. No recordaba a sus padres. Sólo recordaba el círculo de centros y casas de acogida en el que se había criado. Diferentes familias, algunas mejores que otras, en las que nunca había encajado. No porque no quisiera. Sencillamente se sentía siempre fuera de lugar. Aquel bar era el primer sitio donde se había sentido a gusto en mucho tiempo.
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