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♦ And don't let the police know anything.
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♦ And don't let the police know anything.
Don't tell them anything
1x1 — Realista — Bronx, New York.
Phillip y Jacqueline se conocieron en sus años de instituto, él era el chico guapo y popular, con aquel que toda chica quería verse saliendo, pero también era aplicado -en ocasiones demasiado- y un buen muchacho; ella era un torbellino, miss problemas, siempre llegando tarde y aprobando por los pelos, la clase de chica con la que cada chico quería tener algo a pesar de que sabían que ellos terminarían mal. El cómo acabaron juntos estos dos, aún es todo un misterio. Simplemente, un día, de la noche a la mañana, entraron por el instituto de la mano y ella parecía mucho más calmada, él mucho menos centrado en sus estudios. Les envidiaban, por supuesto que lo hacían, podrían haber sido los reyes del baile, pero la historia tiende a repetirse y las personas a conservar su esencia. Acabaron mal, y fue culpa de ella.
Ahora los años han pasado, ellos no han vuelto a saber el uno del otro y rozan ya la treintena de edad. Phillip acabó entrando en el cuerpo de policía y poco tardó en ascender hasta la categoría de detective, sin casos que se le resistan y con una vida que parece casi perfecta, no sabe lo cerca que está de acabar con un dolor de cabeza en forma de mujer. Jacqueline, por su parte, mantuvo ese toque tan suyo y acabó trabajando como una especie de cazarrecompensas, no es buena y tampoco mala, alguna vez ha ayudado a la policía y más de dos les ha dado problemas, pero lo que no espera es que su chico 10 vaya a aparecer de nuevo.
Lejos de encontrarse en una sala de interrogatorio, cada uno de un lado, Grant y Lewis volverán a verse las caras cuando el capitán de la policía, y superior del detective, contacte con ambos para que colaboren en la identificación y detención de una banda que trafica con diamantes. Las habilidades justicieras de Phillip junto con el conocimiento del mundo criminal de Jacqueline, dos perspectivas tan enfrentadas como lo están sus propios dueños, que descubrirán que aún quedan asperezas y choques de tiempo pasados. Y, sobretodo, que la traición sigue estando a la orden del día.
Phillip Grant 34 años — Stephen Amell — Lucrezia La historia de Phillip es el ejemplo perfecto de que con esfuerzo y constancia se pueden lograr grandes cosas. Ingresó en el departamento de policía de la ciudad siendo muy joven y a partir de entonces dedicó su vida de lleno a erradicar la delincuencia de las calles, teniendo como prioridad el hacer del mundo un lugar mejor. Recientemente ascendido a Detective, se ha centrado en seguirle la pista a una banda internacional relacionada con el tráfico de diamantes, a quienes ha perseguido por todo el país, haciendo uso de recursos poco ortodoxos pero procurando siempre seguir dentro de la ley. Siendo un firme creyente de que la justicia está por encima de todo, encontrará desagradable el tener que colaborar con alguien que no respeta la ley. |
Jacqueline Lewis 33 años — Lauren Cohan — Kaleidoscope Si hay una palabra que describa a Jackie, esa posiblemente sea problemas, ya desde su tierna adolescencia la mujer se encargaba de dar grandes dolores de cabeza a todos cuantos se cruzaban en su camino e incluso a las autoridades. Ahora, siendo mayor, no ha cambiado casi en absoluto. Se rige por la ley del “yo, mí, me conmigo” y es que no existe nada mejor que el beneficio propio. Así es que, con su treintena alcanzada, se ha convertido en una conocida cazarrecompensas. Por eso, cuando la policía de Nueva York contacta con ella para ayudar en la detención de una banda de trafico de diamantes, ella ya tiene en su mente su propio plan para sacar la mayor tajada de ello, a pesar de que vaya tener que superar un obstáculo de su pasado. |
Última edición por Kaleidoscope el Mar 26 Abr - 16:13, editado 2 veces
One: 10-29
10-29.
— Grant, el jefe quiere verte. — El oficial Simmons dio una palmada al hombro de su compañero, quien tuvo que apartar la vista del montón de hojas que sostenía entre las manos, absorto como estaba en la lectura. — De acuerdo… — Frustrado, Grant tuvo que dejar los documentos sobre la mesa, poniéndose de pie para ir al encuentro de su superior. Que lo llamaran a esas horas de la mañana a la oficina del jefe solo podía significar una cosa: problemas. Y Philliph Grant estaba hasta el cuello de ellos, no en vano se había pasado las últimas noches yendo a casa para dormir solo lo necesario, bañarse o comer algo de lo poco con lo que aún contaba en el refrigerador. En ese momento lo menos que deseaba era enfrentarse al jefe porque una reunión con él no deparaba nada bueno, especialmente cuando la más reciente investigación del detective se hallaba estancada, con información que tan solo lo llevaba por callejones sin salida.
Dio un par de golpes en la puerta para anunciarse, entreabriendo la misma y asomando la cabeza para dar un rápido chequeo al interior. El aroma a rosquillas y café recién hecho le dio la bienvenida a un Philliph que no sabía qué esperar de aquel encuentro. — Adelante, Grant. Hay mucho de qué hablar. — Su jefe le abrió la puerta y el detective no tuvo más remedio que entrar a pesar de que habría deseado salir de ahí ni bien puso un pie dentro. — ¿Qué es lo que tiene para mí? ¿Un nuevo caso, nueva información de los traficantes o algo…? — Encogió los hombros y dirigió una fugaz mirada a su jefe, quien de pronto actuaba de forma extraña, sudando copiosamente y murmurando palabras que solo él podría comprender. — Es… sobre… sobre los traficantes. — Su jefe evitaba mirarlo, concentrándose en poner orden sobre una pila de documentos que a juzgar por el polvo o las manchas de café sobre las hojas, llevaban semanas ahí. — Estamos en un punto muerto con la investigación, Grant. Los superiores están pidiendo mi cabeza y la tuya también. — El tono de su interlocutor cambió drásticamente, igual que sus reflejos corporales.
— Podemos atraparlos, señor. Solo necesito más tiempo, más recursos. Nos acercamos, es solo que la investigación está en un punto muerto ahora pero sigo haciendo pesquisas, estoy seguro que encontraré algo pronto. — Apretó los puños con fuerza en un intento de serenarse. Saber que los “peces gordos” del departamento de policía estaban buscando cortar algunas cabezas no era bueno, sobre todo cuando podrían dar carpetazo a la investigación que le llevó meses montar. — Están preocupados porque esto supera nuestros recursos, Phil. Nuestros oficiales encubiertos no son lo suficientemente buenos como para que podamos infiltrarnos. — Su superior ocupó la silla detrás del escritorio, apartando carpetas y todo para despejar un poco el área mientras Philliph aún intentaba mentalizarse, prepararse para el duro golpe que recibiría. En el peor de los casos lo retirarían de la investigación pero esperaba no llegar a tanto, no cuando estaba tan cerca de desarticular aquella banda.
— Me han obligado a contactar con alguien que puede ayudarnos, una persona capaz de infiltrarse o de buscar en lugares a donde la policía no podría llegar. Ella debería estar aquí en cualquier momento. — ¿Ella? Aunque no se consideraba machista y mucho menos misógino, Philliph no estaba dispuesto a aceptar que una mujer asumiera la investigación, menos cuando no sabía cuán capacitada estaba ella para hacerse cargo o siquiera colaborar con él. Estaba dispuesto a pelear, a rebatir las órdenes de sus superiores e ir hasta las últimas instancias para impedir que alguien más se viera inmiscuido en ello. — ¡¿Pero qué demonios?! — Se giró de inmediato al escuchar cómo la puerta se abría, enmudeciendo al ver a la mujer parada en el umbral. Jacqueline Lewis o como todos en el instituto la llamaban: Miss problemas.
Dio un par de golpes en la puerta para anunciarse, entreabriendo la misma y asomando la cabeza para dar un rápido chequeo al interior. El aroma a rosquillas y café recién hecho le dio la bienvenida a un Philliph que no sabía qué esperar de aquel encuentro. — Adelante, Grant. Hay mucho de qué hablar. — Su jefe le abrió la puerta y el detective no tuvo más remedio que entrar a pesar de que habría deseado salir de ahí ni bien puso un pie dentro. — ¿Qué es lo que tiene para mí? ¿Un nuevo caso, nueva información de los traficantes o algo…? — Encogió los hombros y dirigió una fugaz mirada a su jefe, quien de pronto actuaba de forma extraña, sudando copiosamente y murmurando palabras que solo él podría comprender. — Es… sobre… sobre los traficantes. — Su jefe evitaba mirarlo, concentrándose en poner orden sobre una pila de documentos que a juzgar por el polvo o las manchas de café sobre las hojas, llevaban semanas ahí. — Estamos en un punto muerto con la investigación, Grant. Los superiores están pidiendo mi cabeza y la tuya también. — El tono de su interlocutor cambió drásticamente, igual que sus reflejos corporales.
— Podemos atraparlos, señor. Solo necesito más tiempo, más recursos. Nos acercamos, es solo que la investigación está en un punto muerto ahora pero sigo haciendo pesquisas, estoy seguro que encontraré algo pronto. — Apretó los puños con fuerza en un intento de serenarse. Saber que los “peces gordos” del departamento de policía estaban buscando cortar algunas cabezas no era bueno, sobre todo cuando podrían dar carpetazo a la investigación que le llevó meses montar. — Están preocupados porque esto supera nuestros recursos, Phil. Nuestros oficiales encubiertos no son lo suficientemente buenos como para que podamos infiltrarnos. — Su superior ocupó la silla detrás del escritorio, apartando carpetas y todo para despejar un poco el área mientras Philliph aún intentaba mentalizarse, prepararse para el duro golpe que recibiría. En el peor de los casos lo retirarían de la investigación pero esperaba no llegar a tanto, no cuando estaba tan cerca de desarticular aquella banda.
— Me han obligado a contactar con alguien que puede ayudarnos, una persona capaz de infiltrarse o de buscar en lugares a donde la policía no podría llegar. Ella debería estar aquí en cualquier momento. — ¿Ella? Aunque no se consideraba machista y mucho menos misógino, Philliph no estaba dispuesto a aceptar que una mujer asumiera la investigación, menos cuando no sabía cuán capacitada estaba ella para hacerse cargo o siquiera colaborar con él. Estaba dispuesto a pelear, a rebatir las órdenes de sus superiores e ir hasta las últimas instancias para impedir que alguien más se viera inmiscuido en ello. — ¡¿Pero qué demonios?! — Se giró de inmediato al escuchar cómo la puerta se abría, enmudeciendo al ver a la mujer parada en el umbral. Jacqueline Lewis o como todos en el instituto la llamaban: Miss problemas.
Philliph Grant, P.D. N.Y. , Con Jacqueline Lewis.
Última edición por Lucrezia el Mar 16 Feb - 23:23, editado 1 vez
Re: ♦ And don't let the police know anything.
10-29.
¿No es maravillosa la sensación de sentir que todo, absolutamente todo, está bajo control? Jacqueline Lewis habría jurado que sí. Amaba crear caos y confusión, que sólo a sus ojos hubiese un orden, un control intrínseco y que todo girase alrededor de sus pies, dueña, directora y artista principal de su propia orquesta, la cual iba moviéndose a su gusto entre distintos lugares de los distintos estados del país, pero que finalmente se había asentado en su hogar de la infancia, la Gran Manzana, la ciudad de las oportunidades, Nueva York. No le había sorprendido, o no demasiado, el día que había recibido en uno de sus teléfonos la llamada desde la oficina de policías de la ciudad, había oído hablar de un caso que se escapaba de las manos a los oficiales y, aunque fuese a regañadientes, alguna otra vez habían contactado con ella en otras zonas para diversos casos. Sólo era cuestión de tiempo que se la pidieran para éste, pensó.
Se había citado con el capitán de la policía por la mañana para conocer más detalles de la investigación, sabía desde un primer momento que no le concederían pleno acceso a detalles, pero confiaba en sus propias facultades para ir averiguándolos por su propia cuenta, para poder saber cuánto provecho podría sacar de todo aquello; ¿cuántos oficiales podían resistirse plenamente a una cara bonita, un poco de coqueteo y unas copas de más? Porque si algo no era Jacqueline era una buena samaritana, y no hacía nada por amor a la patria o por favor a las autoridades. No, la única persona que le importaba a Jacqueline Lewis era, precisamente, Jacqueline Lewis. Así lo había demostrado a lo largo de todas las etapas de su vida y así seguiría siendo hasta que, como muchas veces bromeaba, se retirase con una pequeña fortuna y su cara en carteles de “Se Busca” a una isla en las Bahamas.
Se tomó su tiempo para llegar hasta la oficina de la policía, lo hizo en taxi en vez de en su propio coche, pues no quería dejar algo tan personal cerca de la autoridad. Una vez entró en el edificio, notó con satisfacción la mirada de algún que otro agente masculino, interrogantes de que haría una mujer así en aquel lugar, tal vez, esperando poder tener su ocasión de ayudar a la dama en apuros, nada más lejos de la realidad, pues era la misma dama la que se los daría. El repiqueteó de sus tacones sobre el suelo sonaba seguro mientras enfilaba hacia las oficinas, uno de los agentes, bajito y con pinta de haber tenido mejores tiempos, intentó disuadirla —Señorita, no puede acceder a esa zona sin autorización.— pero ella simplemente se giró y giró levemente con las manos en los bolsillos de su americana, sonriente y tranquila hacia el oficial —Oh, pero es que la tengo.— Argumentó con su mejor sonrisa y la mirada directa a las pupilas del hombre, y antes de que pudiera responder, ella misma finalizó la conversación —tu jefe me espera, y no creo que esté contento si le haces esperar.— sin esperar una respuesta, aquel sonido de sus pisadas volvió a hacer eco.
Pero si había algo que no le gustaba a la mujer, era recibir sorpresas, si había algo con lo que no contaba, era con lo que se encontraría al abrir la puerta, sin llamar ni pedir permiso. La primera imagen que recibió fue la de los hombres, uno a cada lado de un escritorio, al que lograba verle la cara supuso sería el capitán, el que estaba de espaldas, algún agente o detective. Pero las dudas de a quién pertenecería la aparentemente trabajada espalda se disiparían en menos de un pestañeo, cuando el hombre se giró, relevando una cara más que conocida que, aunque más adulta y madura, no habría confundido en ningún lugar. —Señorita Lewis,— comenzó el capitán, aunque Jacqueline ni siquiera le miraba, —Me alegra que se haya podido reunir con nosotros, éste es el detective...— Y antes de que él pudiese terminar la presentación, ya la mujer se había adelantado —Phillip Grant.— nombró, con una sonrisa en sus labios. Aquello era sin duda algo que no esperaba, ¿cómo podía haber supuesto que iba a encontrarse con un fantasma de su pasado? —Cuánto tiempo.
Jacqueline Lewis, P.D. N.Y. , Con Phillip Grant.
Última edición por Kaleidoscope el Lun 7 Mar - 1:14, editado 1 vez
Re: ♦ And don't let the police know anything.
10-29.
— ¿Ustedes se conocen? — El capitán no daba muestras de salir de su asombro así que Philliph se dispuso a cortar de raíz toda indagación sobre su pasado. — Fuimos compañeros en el instituto pero no estamos aquí para hablar de eso ¿O sí? — Él no estaba dispuesto a hablar de nada más que no fuera lo relacionado con la banda de traficantes así que era mejor concentrarse en el caso. ¿Cuán desesperados debían estar como para buscar a Jcqueline Lewis? Como su apodo en el instituto, la chica — ahora mujer — era un problema andante. Si bien la investigación no estaba en su mejor momento, Grant no comprometería la integridad de nadie más y tampoco el trabajo que le había llevado meses armar. — Con todo respeto, señor, no veo cómo la señorita Lewis podría ayudarnos a resolver esto. Ella no es policía y dudo que conozca nuestros procedimientos. — Vaya si le habían jodido pero bien.
Apoyó ambas manos sobre el escritorio en un intento de calmarse, de enfocarse en la misión. — Me temo que esa no es tu decisión, Grant. Nuestros superiores han determinado que Lewis es perfectamente capaz de ayudarnos, puede ir a lugares a los que tú no. La mayoría de los criminales en las zonas conflictivas piden tu cabeza, Phil. Has desarticulado bandas y frustrado muchas operaciones ¿Crees que van a dejarte entrar a sus lugares de reunión si lo pides por favor? — El jefe estaba desesperado también por respuestas y eso se notaba, como también era evidente que encontraba atractiva a la mujer a quien a duras penas miraba a la cara porque cuando no lo hacía, se fijaba lascivamente en el escote o sus piernas. Por alguna razón que no lograba comprender, Philliph sintió deseos de romperle la cara en ese instante pero se contuvo. Agredir a un superior estaba entre las cosas que él jamás haría.
— De acuerdo. — Comprendiendo que la decisión no estaba en sus manos, era momento de ceder. Se apartó del escritorio para dejar espacio a la chica, a quien le ofreció la silla más cercana. — Dinos todo lo que sabes sobre esta banda. — Iba directo al grano, no se andaba con medias tintas y cuanto antes tuviera pistas nuevas, mejor. — Siempre están un paso por delante, ya no sabemos dónde buscar. — Contrario a Philliph, el jefe no estaba muy por la labor concentrándose en el caso, absorto ante la belleza de Jacqueline. — No debemos ser groseros con nuestra colaboradora, Phil ¿Por qué no tomamos un poco de café y nos relajamos? La señorita tiene mucho que contar. — Mientras su superior iba de un lado a otro buscando preparar tres tazas de café, Philliph se sentó junto a Jcqueline, mirándola atentamente. — Dime todo lo que sepas. — Repitió, con un tono mucho más severo que el anterior.
Apoyó ambas manos sobre el escritorio en un intento de calmarse, de enfocarse en la misión. — Me temo que esa no es tu decisión, Grant. Nuestros superiores han determinado que Lewis es perfectamente capaz de ayudarnos, puede ir a lugares a los que tú no. La mayoría de los criminales en las zonas conflictivas piden tu cabeza, Phil. Has desarticulado bandas y frustrado muchas operaciones ¿Crees que van a dejarte entrar a sus lugares de reunión si lo pides por favor? — El jefe estaba desesperado también por respuestas y eso se notaba, como también era evidente que encontraba atractiva a la mujer a quien a duras penas miraba a la cara porque cuando no lo hacía, se fijaba lascivamente en el escote o sus piernas. Por alguna razón que no lograba comprender, Philliph sintió deseos de romperle la cara en ese instante pero se contuvo. Agredir a un superior estaba entre las cosas que él jamás haría.
— De acuerdo. — Comprendiendo que la decisión no estaba en sus manos, era momento de ceder. Se apartó del escritorio para dejar espacio a la chica, a quien le ofreció la silla más cercana. — Dinos todo lo que sabes sobre esta banda. — Iba directo al grano, no se andaba con medias tintas y cuanto antes tuviera pistas nuevas, mejor. — Siempre están un paso por delante, ya no sabemos dónde buscar. — Contrario a Philliph, el jefe no estaba muy por la labor concentrándose en el caso, absorto ante la belleza de Jacqueline. — No debemos ser groseros con nuestra colaboradora, Phil ¿Por qué no tomamos un poco de café y nos relajamos? La señorita tiene mucho que contar. — Mientras su superior iba de un lado a otro buscando preparar tres tazas de café, Philliph se sentó junto a Jcqueline, mirándola atentamente. — Dime todo lo que sepas. — Repitió, con un tono mucho más severo que el anterior.
Philliph Grant, P.D. N.Y. , Con Jacqueline Lewis.
Re: ♦ And don't let the police know anything.
10-29.
La mujer no pudo evitar que sus ojos se pusieran en blanco al escuchar como el detective decidía cortar por lo sano y a la primera de cambio el tema de que ambos ya se conocían. En ese momento, pensó Jackie, supo que había dos cosas en el hombre que no habían cambiado: su atractivo y esa actitud tan repelente sobre la autoridad y la poca diversión. Sonrió casi de forma forzada hacia el capitán mientras Philliph explicaba su desacuerdo, la mujer no pensaba suplicar por audar, no; aquello se lo dejaba a la policía. A ella, ni le iba ni le venía aquello, y si no sacaba tajada con aquello, estaba segura de que una nueva oportunidad se le presentaría en cualquier momento.
—He oído maravillas sobre ti, Phil— musitó, con aquella voz acaramelada y recalcando el diminutivo de su nombre —Claro que cuando las escuché no podía saber que se referían a ti, ¿sabes cuántas personas con el apellido Grant hay en New York?— continuó, como si aquella forma de irse por las ramas no estuviese programada en su diálogo, como si no hubiese una segunda intención de jugar con la paciencia del detective —Pero tu jefe tiene razón, puedes ser todo lo bueno que quieras, pero no durarías ni dos pasos en cualquiera de los bares populares— Para cuando acabó de hablar, su cercanía física con el detective era mayor y su voz había sido casi un murmuro sobre su hombro. Porque en ese momento, Lewis no bromeaba. Aunque ella no era una criminal de profesión, el poder de la bellea femenina y saber como moverse en cualquier situación abría muchas puertas, había escuchado a lo peor de la ciudad y el estado hablar de cómo se vengarían y vengarían a sus compañeros de los policías que les habían jodido algún trabajo o los habían encerrado. Y uno de los nombres que más se repetían era el de Grant, pero ¿cómo iba Jacqueline a saber que se referían a él, a su Grant?
Dejó escapar una sonrisilla de victoria cuando el detective accedió a su colaboración y de buena gana tomó el asiento que se le ofreció, acomodándose sobre la silla y cruzando las piernas mientras veía de reojo como aquel gesto no escapaba a la mirada del capitán. Le divertía, por supuesto que lo hacía, ver a aquel hombre, posiblemente casado y con hijos, buscando con esmero tazas para ofrecerle un café y hasta su comisaría a la mujer. Pero ella poco interés tenía en él, esperó a que Philliph tomase asiento antes de responder a sus peticiones, si es que así se les podía llamar. —Tranquilo, Phil. Lo sabrás todo en su debido momento, no querrás precipitarte y echarlo todo a perder, ¿verdad?— musitó, al tiempo que agradecía con una sonrisa la taza de café que ya se le había servido. Y no fue hasta que echó dos cucharadas de azúcar y dio el primer sorbo que dio una sola palabra sobre lo que le había llevado hasta allí. —Se hacen llamar Los Fantasmas, creía que era un mote que se habían ganado por la clase de objetivos que se marcaban, pero ahora que estoy aquí empiezo a pensar que hay otros motivos.— Comentó, dejando claro en la forma de hablar y sus gesto la poca eficacia de la policía. —No venden todos los robos en el mercado negro y no se dejan ver, pero no es muy difícil saber quienes pueden meter tantos diamantes sin problemas en el mercado.— No, ella jamás los había visto, pero sabía, o podía suponer, quienes sí. —Aunque necesitaría saber más detalles de la investigación para aportar conocimientos de utilidad.— Se permitió recalcar el más, pues lo cierto era que aún no habían dicho una sola palabra sobre aquello.
Jacqueline Lewis, P.D. N.Y. , Con Phillip Grant.
Re: ♦ And don't let the police know anything.
10-29.
Puso su mejor expresión mientras aguantaba los piques de la fémina que claramente solo buscaba herir el orgullo masculino. — Esto es un asunto de vital importancia para nosotros, por lo cual cada minuto es importante. — Ella no entendería el porqué de su obsesión con esa investigación pero cada segundo que desperdiciaba tratando de hacerle comprender la magnitud de dicha situación porque Jacqueline dependía bastante de su humor para estar dispuesta a participar. — Cualquier detalle que puedas aportar será de gran utilidad. — Él lo dudaba. Desconocía si en realidad tenía algo que aportar para seguir con el curso de la investigación pero a juzgar por cómo la miraba su jefe, nada podría hacer para evitar que ella se convirtiera en una activa participante. — ¿Los fantasmas? Es un nombre bastante acertado tomando en cuenta que la mayoría de sus registros son indetectables pues rebotan de un país a otro. — Los fantasmas, la organización que le había puesto precio a la cabeza de Grant pero sin que él supiera casi nada de ellos.
— En colaboración con las agencias de justicia del más alto nivel logramos interceptar una llamada en la que uno de sus miembros confirma la asistencia de varias personas a una fiesta exclusiva que se celebrará en Tribecca, en un penthouse de lujo. — Explicó el detective en jefe, mirándolos a ambos. — Claramente nosotros no podemos acceder a dicho inmueble sin una invitación o una orden de allanamiento pero eso demorará días, quizás semanas si no contamos con motivos sólidos para sustentar nuestra investigación. — Philliph se sintió engañado al descubrir que sus superiores continuaban sin confiar al cien por ciento en él para dirigir un operativo tan importante, pasándose por alto la cadena de mando y las jerarquías que ellos habían instaurado. — Pero la señorita Lewis seguramente encontrará una manera para ser admitida sin despertar sospechas. Por supuesto, toda la información que pueda obtener será bien pagada. — Pagar por información ¿Tan bajo había caído la policía? ¿Así de corrupto estaba el sistema en el que creía?
Resignado, tomó asiento al lado de la joven y se dedicó a mantener la mirada fija en algún punto, aunque fuera la mancha de café sobre el escritorio de su jefe. — Me ofrezco voluntario para vigilar a la señorita Lewis a prudente distancia. Si ella es nuestra mejor opción no podemos permitir que se pierda durante su primera misión de encubierto. — Se arrepintió de inmediato al haber pronunciado esas palabras que no eran más que su implícita condena. Volvía a sentirse como el chico tonto del instituto siguiendo a la chica problemática por los pasillos mientras ella hacía lo que deseaba con él, tratándolo de una manera tan extraña que a cualquiera enloquecía. — Espero que ella sepa estar a la altura de las circunstancias y que valga la pena el dinero que los contribuyentes desembolsarán. — Que era inteligente eso lo sabía pero había muchas variantes a considerar en su afán de tener una exitosa misión.
— En colaboración con las agencias de justicia del más alto nivel logramos interceptar una llamada en la que uno de sus miembros confirma la asistencia de varias personas a una fiesta exclusiva que se celebrará en Tribecca, en un penthouse de lujo. — Explicó el detective en jefe, mirándolos a ambos. — Claramente nosotros no podemos acceder a dicho inmueble sin una invitación o una orden de allanamiento pero eso demorará días, quizás semanas si no contamos con motivos sólidos para sustentar nuestra investigación. — Philliph se sintió engañado al descubrir que sus superiores continuaban sin confiar al cien por ciento en él para dirigir un operativo tan importante, pasándose por alto la cadena de mando y las jerarquías que ellos habían instaurado. — Pero la señorita Lewis seguramente encontrará una manera para ser admitida sin despertar sospechas. Por supuesto, toda la información que pueda obtener será bien pagada. — Pagar por información ¿Tan bajo había caído la policía? ¿Así de corrupto estaba el sistema en el que creía?
Resignado, tomó asiento al lado de la joven y se dedicó a mantener la mirada fija en algún punto, aunque fuera la mancha de café sobre el escritorio de su jefe. — Me ofrezco voluntario para vigilar a la señorita Lewis a prudente distancia. Si ella es nuestra mejor opción no podemos permitir que se pierda durante su primera misión de encubierto. — Se arrepintió de inmediato al haber pronunciado esas palabras que no eran más que su implícita condena. Volvía a sentirse como el chico tonto del instituto siguiendo a la chica problemática por los pasillos mientras ella hacía lo que deseaba con él, tratándolo de una manera tan extraña que a cualquiera enloquecía. — Espero que ella sepa estar a la altura de las circunstancias y que valga la pena el dinero que los contribuyentes desembolsarán. — Que era inteligente eso lo sabía pero había muchas variantes a considerar en su afán de tener una exitosa misión.
Philliph Grant, P.D. N.Y. , Con Jacqueline Lewis.
Re: ♦ And don't let the police know anything.
10-29.
Aquel había sido un error del policía, recalcar la importancia, la impaciencia por resolver el caso, por tener en su poder todo lo que Jacqueline pudiese aportar. Ahora, la mujer ya sabía donde presionar y aflojar, como actuar para sacar más tajada y, por qué no, los nervios de Philliph. Casi se había visto sorprendida por lo poco que se había parado a reflexionar en eso, y tentada estuvo de preguntarle si olvido sus años de estudiante como para estar tan despistado respecto a ella, pero aquello hubiese sido una declaración de intenciones, y de momento la única que le interesaba hacer era la de colaborar. —Estoy segura,— Afirmó, ladinamente mientras daba un nuevo sorbo al café —pero perder el tiempo con detalles que ya conocéis, ¿me equivoco?— dirigió entonces su mirada interrogante al capitán, que asintió, sentado tras su escritorio antes de empezar a hablar.
Una fiesta. A Jacqueline le encantaban las fiestas, y sabía que gente de esa calaña no se andaban con cutreces barrio-bajeras, no. Si eres un delincuente y eres lo mejor en lo tuyo, quieres que el resto vean lo grandioso de tu acto, quieres que todos sientan envidia. Encubierto todo, por supuesto, pues por motivos como el que tenía ella delante -una llamada interceptada- los asistentes nunca podían saber quien estaba delante de sus narices, preparado para escuchar alguna suculenta confesión que podría llevarle a la ruina. —Es posible que haya oído algo sobre la misma.— Afirmó, y era cierto, lo había escuchado de pasada gracias a alguno de sus contactos, pero no había llamado el evento su atención hasta ese momento. —Podría conseguir invitación, aunque podría tomarme un par de días. Ya sabe, toda la burocracia que hay para acudir a un lugar así.— en su voz podía entreverse un pequeño matiz de burla, como si, de alguna forma, comparase aquello con la propia ley y Estado que los hombres ahí presentes representaban y protegían. —Si es que al detective Grant no le importa tener que esperar un poco, claro.— Añadió, haciendo así una mención implícita a la poca paciencia que el hombre tenía con aquello.
Una sonrisilla de satisfacción se posó en los labios de Lewis al oír hablar al detective, y disfrutó, por supuesto que lo hizo, de la forma cordial de dirigirse a ella, de lo mucho que debería costarle tener que haber dicho aquello, trabajar con ella. —No creo necesitar ninguna niñera, pero si así te sientes más seguro...— musitó, antes de que el jefe volviese a tomar la palabra —De acuerdo entonces, Grant. Si a la señorita le parece bien, puede encargarse de dicho trabajo.— Aunque, posiblemente, el hombre creyese que con vigilarla se refería a cuidar por su bien, pero Jackie no tenía tan claro que lo realmente importante para el hombre en aquello no fuese controlar que ella estuviese jugándosela. Después de todo, el siempre había sido el chico listo. —Descuida, Phill.— remarcó, con pesadez en la voz, como si se hubiese ya cansado de que se refiriese a ella en tercera persona. —Prometo que valdrá cada centavo de sus bolsillos.— Aseguró, sonriendo de la forma más inocente y sincera que pudo y eso, en su caso, era más bien poco.
Jacqueline Lewis, P.D. N.Y. , Con Phillip Grant.
Re: ♦ And don't let the police know anything.
10-29.
— Me quitaré el sombrero ante ti si logras conseguir una de esas invitaciones. — Su mirada se clavó en la de ella, anteponiendo su orgullo y el implícito reto al que trataba de arrastrarla. — Si esta es una de tus tantas jugarretas te lo haré pagar muy caro. — Se inclinó hacia ella, apoyando los brazos a ambos extremos de la silla ajena para mirarla fijamente, demostrando una actitud amenazante con la cual buscaba intimidar a la chica para que desistiera de colaborar, que se alejara de todo lo que implicaba a los policías. — Asegúrate de buscar a un acompañante, lo necesitarás si es que deseas establecer una buena coartada. — Aquello iba a salir muy mal, se lo temía. En el infinito universo de posibilidades no había ninguna manera de que las cosas resultaran bien teniendo a Jacqueline cerca.
Ante la mirada inquisitiva de su superior, Philliph atinó tan solo a asentir, intentando calmarse mientras dejaba en paz a la chica; no quería pecar de machista ni mucho menos pero si había alguien capaz de utilizar sus atributos para sacar provecho de ellos en cualquier situación, esa era Jacqueline. — Ya que parece que ambos se han entendido tan bien, entonces no hay mucho más que decir. Grant tendrá a su cargo tu capacitación para misiones de campo y tendrá que ver que salgas bien librada de esa fiesta. — Al ver que el detective iba a protestar, el jefe se adelantó para evitar que sus decisiones fueran cuestionadas. —Será tu responsabilidad. Tenemos al director del departamento encima de nosotros y si algo llega a sucederle a ella ¿Cómo vamos a explicarle que era una civil sin entrenamiento mínimo? Nos enviaría a la cárcel. — Phil maldijo para sus adentros, frustrado al verse obligado a reconocer que los argumentos de su jefe estaban llenos de razón.
— Un día. — Terminó por ceder, no tenía otra opción. — Pero si intentas tomar esto como un juego o haces algo que me dé suficientes motivos para desconfiar de ti, te enviaré a una de las peores prisiones en nuestro sistema federal. — Ya no podía seguir ahí, su tolerancia había llegado al límite y prefería retirarse antes de cometer alguna estupidez. — Nos veremos mañana a las nueve aquí. Y más vale que aprendas. — Señaló de forma inquisitiva y con grandes zancadas, abandonó la oficina del jefe, dando un portazo al salir.
Ante la mirada inquisitiva de su superior, Philliph atinó tan solo a asentir, intentando calmarse mientras dejaba en paz a la chica; no quería pecar de machista ni mucho menos pero si había alguien capaz de utilizar sus atributos para sacar provecho de ellos en cualquier situación, esa era Jacqueline. — Ya que parece que ambos se han entendido tan bien, entonces no hay mucho más que decir. Grant tendrá a su cargo tu capacitación para misiones de campo y tendrá que ver que salgas bien librada de esa fiesta. — Al ver que el detective iba a protestar, el jefe se adelantó para evitar que sus decisiones fueran cuestionadas. —Será tu responsabilidad. Tenemos al director del departamento encima de nosotros y si algo llega a sucederle a ella ¿Cómo vamos a explicarle que era una civil sin entrenamiento mínimo? Nos enviaría a la cárcel. — Phil maldijo para sus adentros, frustrado al verse obligado a reconocer que los argumentos de su jefe estaban llenos de razón.
— Un día. — Terminó por ceder, no tenía otra opción. — Pero si intentas tomar esto como un juego o haces algo que me dé suficientes motivos para desconfiar de ti, te enviaré a una de las peores prisiones en nuestro sistema federal. — Ya no podía seguir ahí, su tolerancia había llegado al límite y prefería retirarse antes de cometer alguna estupidez. — Nos veremos mañana a las nueve aquí. Y más vale que aprendas. — Señaló de forma inquisitiva y con grandes zancadas, abandonó la oficina del jefe, dando un portazo al salir.
Philliph Grant, P.D. N.Y. , Con Jacqueline Lewis.
Re: ♦ And don't let the police know anything.
Undercover.
La mujer observaba con pasmosa atención la forma de sus uñas, lacadas y con el borde blanco, con la más perfecta manicura francesa, había llegado a la conclusión de que aquella era la mejor manera de sobrellevar las muchas explicaciones y direcciones que el detective a su lado se empeñaba en darle. Lo había entendido a la primera, tanto los consejos como las amenazas y advertencias camufladas -o no tanto- en su voz; y por un momento Jacqueline empezaba a recordar que era lo que menos le gustaba de él en el instituto, demasiadas formalidades. Después de todo, ¿qué podía ir mal? Ella no era una policía encubierta, ni siquiera llegaba a la categoría de espía; y sabía como moverse por esos ambientes ¡por favor, si llevaba haciéndolo años! Dejó escapar un pequeño suspiro cuando ya no le quedaron más porciones de uñas por mirar y enfocó hacia Philliph. Estaban a penas a un par de manzanas de donde se llevaría a cabo aquella fiesta y Jackie había convencido a su acompañante para que la esperase directamente allí. Un viejo amigo, el mismo que le había conseguido la invitación, pensando que tendría alguna oportunidad de llevarse a la mujer a su casa tras salir del lugar.
—¿Sabes? Esto es casi como si fuésemos a ir juntos al baile de promoción, salvo porque tú no vas a entrar conmigo y yo voy con otro.— que fue exactamente como fue nuestro baile de graduación añadió mentalmente, pero no estaba demasiado segura de que aquel apunte le fuese a hacer tanta gracia al detective como a ella. —Deja de preocuparte tanto, me ha quedado totalmente claro qué hacer y cómo hacerlo, y si me desvío siempre puedes darme una llamada.— Remarcó, con la expresión más seria que había mostrado desde que se habían reencontrado, en parte porque sabía que sería la única opción de dejar las cosas claras y por otra porque el jueguecito de sacar de quicio a Phill comenzaba a perder gracia cuando resultaba tan sencillo conseguirlo. Jacqueline sabía perfectamente que le molestaba su presencia y el trabajo que estaba haciendo para la policía y no era demasiado bueno ocultándolo -auqnue la mujer no estaba segura de que si quiera lo hubiese intentado-.
—Si seguimos repitiendo lo mismo una y otra vez terminaré por llegar tarde, lo cual hará que Jason sospeche y eso no será una buena manera de empezar, ¿verdad?— Inquirió, se habían encontrado en el coche del detective, porque aquella resultaba la forma más sencilla y rápida de hablar sin que ojos indeseados -u orejas- los notasen juntos, ¡en menudo problema se podía meter Jackie si alguien sabía que hablaba con el detective Grant! —Ya me resultó bastante costoso hacer que me esperase directamente en la casa.— Porque el hombre que la cogería del brazo aquella noche había insistido más de una vez en ir a buscarla a su casa y ser él quien la llevase, pero ella se había excusado diciendo que antes pasaría por casa de su hermana -inexistente- para recoger unas cosas, y no le había dado oportunidad a ofrecerse a recogerla allí, a pesar de que casi seguro había pasado por su mente. Colocó las manos sobre la tela negra del vestido que había elegido, elegante y adornando el espacio que dejaba en su cuello con un collar que a distancia parecía caro —¿Quieres añadir algo más?
Jacqueline Lewis, a 2 manzanas de la fiesta, Con Phillip Grant.
Re: ♦ And don't let the police know anything.
Undercover
Sin importar cuántas veces repitiera las instrucciones a seguir para el correcto desarrollo del operativo, Jacqueline no lo escucharía; frustrado, apretó el volante del vehículo con tanta fuerza que casi sentía ser capaz de arrancarlo. – Esto no es como el instituto. – Se sorprendió al ver que recordaba esa fiesta, esa donde habían hecho su entrada triunfal, como una pareja oficial. Esa misma noche todas las miradas se posaron sobre ellos y no fueron pocos los que vaticinaron una vida feliz fuera de los muros de esa escuela para el par más popular de toda la generación. – No vas a beber en vasos de plástico y no iremos en mi auto a pasear después de la fiesta. – Recordaba a la perfección ese día. Ella lucía preciosa, enfundada en un vestido que sacaba a relucir sus encantos y la hacía destacar más que de costumbre. Y él era el orgulloso acompañante, el afortunado novio de la chica a la que muchos pretendían pero recibían solo rechazos. – Si fallas, morirás y yo lo haré también ¿Entiendes por qué es tan importante hacer las cosas bien? – Aunque deseaba que las cosas fueran como en el instituto para no preocuparse de nada, simplemente disfrutar las fiestas o la llegada del verano.
Manteniendo la mirada fija en el frente, buscaba patrones de comportamiento o grupos extraños rondando la zona cercana al edificio en donde tendría lugar la fiesta para asegurarse de que las cosas estaban tranquilas a esa hora de la noche. – ¿Estás segura que tu amigo es de fiar? – Por fin había exteriorizado esa idea que rondaba con insistencia por su cabeza, inseguro y desconfiado de los métodos que ella pudiera utilizar para conseguir la información. – Tendrás que buscar una manera de escabullirte para que puedas realizar un recorrido de inspección. Creo recordar que tu sentido de la orientación es bueno así que úsalo a tu favor. – Él había hecho su parte y ya que tenía que pasar la noche ahí para asegurarse de que su compañera estuviera bien, tenía en el auto todo lo que podría llegar a necesitar para salir a ayudarla si es que lo necesitaba aunque confiaba en la capacidad de Jacqueline para arreglárselas sin recurrir a él. Tal vez no lo hiciera patente pero sí se preocupaba por ella, temiendo que su inexperiencia le jugara una mala pasada y terminara siendo descubierta.
– Cuídate ¿Sí? Y no mueras allá afuera. – Tal vez estaba mal que lo dijera porque sería desearle mala suerte pero se sentía responsable del destino que sufriera en esa fiesta. No sabía con exactitud qué intenciones tuviera el amigo de Jacqueline pero a juzgar por el atuendo que ella vestía, podría tener como objetivo seducirlo para obtener información o más bien para que sus atributos fueran un distractor. Sabiendo que se hacía tarde, dejó que marchara hacia la fiesta mientras él buscaba adecentar un poco el auto, prescindiendo de toda luz y de hacer que luciera abandonado para no despertar sospecha alguna. Pocas calles más allá, el bullicio del edificio sede del festejo no demeritaba en lo absoluto y era todo cuanto se podía esperar en una fiesta cuyos anfitriones podían darse el lujo de derrochar dinero en una reunión frívola en donde se congregaba lo mejor del mundo criminal.
– Su invitación, por favor. – De pie junto a la puerta, un hombre vestido de forma elegante con un frac hecho a medida, detuvo a Jacqueline para solicitar el sobre con la invitación, la cual tenía un código de acceso que debía pasar por un escáner y así confirmar su autenticidad. En cuanto el aparato electrónico detectó lo que buscaba, el guardia dio vía libre a la chica, mientras algunos meseros aparecían a su paso para ofrecerle todo tipo de aperitivos o tragos.
Manteniendo la mirada fija en el frente, buscaba patrones de comportamiento o grupos extraños rondando la zona cercana al edificio en donde tendría lugar la fiesta para asegurarse de que las cosas estaban tranquilas a esa hora de la noche. – ¿Estás segura que tu amigo es de fiar? – Por fin había exteriorizado esa idea que rondaba con insistencia por su cabeza, inseguro y desconfiado de los métodos que ella pudiera utilizar para conseguir la información. – Tendrás que buscar una manera de escabullirte para que puedas realizar un recorrido de inspección. Creo recordar que tu sentido de la orientación es bueno así que úsalo a tu favor. – Él había hecho su parte y ya que tenía que pasar la noche ahí para asegurarse de que su compañera estuviera bien, tenía en el auto todo lo que podría llegar a necesitar para salir a ayudarla si es que lo necesitaba aunque confiaba en la capacidad de Jacqueline para arreglárselas sin recurrir a él. Tal vez no lo hiciera patente pero sí se preocupaba por ella, temiendo que su inexperiencia le jugara una mala pasada y terminara siendo descubierta.
– Cuídate ¿Sí? Y no mueras allá afuera. – Tal vez estaba mal que lo dijera porque sería desearle mala suerte pero se sentía responsable del destino que sufriera en esa fiesta. No sabía con exactitud qué intenciones tuviera el amigo de Jacqueline pero a juzgar por el atuendo que ella vestía, podría tener como objetivo seducirlo para obtener información o más bien para que sus atributos fueran un distractor. Sabiendo que se hacía tarde, dejó que marchara hacia la fiesta mientras él buscaba adecentar un poco el auto, prescindiendo de toda luz y de hacer que luciera abandonado para no despertar sospecha alguna. Pocas calles más allá, el bullicio del edificio sede del festejo no demeritaba en lo absoluto y era todo cuanto se podía esperar en una fiesta cuyos anfitriones podían darse el lujo de derrochar dinero en una reunión frívola en donde se congregaba lo mejor del mundo criminal.
– Su invitación, por favor. – De pie junto a la puerta, un hombre vestido de forma elegante con un frac hecho a medida, detuvo a Jacqueline para solicitar el sobre con la invitación, la cual tenía un código de acceso que debía pasar por un escáner y así confirmar su autenticidad. En cuanto el aparato electrónico detectó lo que buscaba, el guardia dio vía libre a la chica, mientras algunos meseros aparecían a su paso para ofrecerle todo tipo de aperitivos o tragos.
Philliph Grant, P.D. N.Y. , Con Jacqueline Lewis.
Re: ♦ And don't let the police know anything.
Undercover.
Volvió a poner los ojos en blanco. ¿Es que Philliph no se cansaba jamás de tenerlo todo tan enfermiza y milimétricamente controlado? Decidió guardarse para sí misma las posibles respuestas a todas sus preguntas. Por supuesto que entendía la importancia de hacer las cosas bien y que las personas en el interior de aquella casa no eran para tomarse a la ligera y que, sin duda, más de una iría armada. Pero la diferencia entre ambos es que ella no era policía, y por mucho que ellos quisieran pasar desapercibido en misiones de aquel calibre, siempre actuaban igual, siempre había pequeños detalles que no escapaban a ojos expertos. Pero ella, ella tenía el plan de acudir de verdad a la fiesta, de hacer lo suyo. Claro que, si hubiese expresado eso en alto, posiblemente se habría ganado una nueva charla y aquella mirada responsable y estúpida en los ojos del contrario.
—No.— Respondió, sin embargo, cuando preguntó si su acompañante era de fiar. ¡Por supuesto que no lo era! Nadie que estuviese esa noche en esa fiesta podría serlo, incluida la propia Lewis. —Pero es la única forma de llegar al interior y conseguir el acceso que necesito a la casa.— Añadió. Sí, Jacqueline Lewis, siempre dispuesta a sacrificarse por un bien mayor. —No te preocupes, está todo bajo control. Volverás a verme en unas horas y, con suerte, tendré algún cotilleo jugoso para ti.— Guiñó un ojo al detective al acabar de hablar y esbozo una de esas sonrisas que parecían llevar su firma al final de la curva de los labios. —No puedo darte el placer de librarte de mi tan rápido.— Fue lo último que dijo antes de cerrar la puerta del coche y comenzar a caminar hacia el lugar indicado.
Mentiría si dijese que no había hecho algo parecido antes, ¿meterse en una fiesta y sacar información de provecho? sí, ¿hacerlo para la policía? no. Así pues, también mentiría si no dijese que estaba levemente nerviosa. Por suerte para ella, aquella sensación se queda como algo meramente interno y que nadie podría notar al mirarla o hablar con ella. Antes si quiera de poder darse cuenta, ya estaba frente a la entrada, con uno de aquellos “armarios trajeados” pidiéndole la invitación, la cual la mujer cedió con una sonrisa. Revisión finalizada, Jacqueline puso los pies en el lugar y a los pocos segundos ya descansaba entre sus dedos una aflautada copa de champán. —¡Jackie! Ahí estás, temía que te hubieses perdido.— Un hombre alto y de pelo oscuro se le acercó, dejando un beso sobre su mejilla, cordial y con segundas intenciones a partes iguales. —Ya sabes como son las hermanas, quería hacerme un tercer grado sobre cómo y con quién pasaría la noche.— Respondió ella, guiñándole de forma sutil un ojo. De momento, le convenía mantenerlo así.
Poco después, se acercaron a ellos una pareja que debía rondar los cincuenta y que todo el mundo allí conocía. No en vano, los señores Abruzzi eran los anfitriones de la fiesta y, aunque nadie hubiese sido aún capaz de demostrarlo, había demasiado que apuntaba a que él era parte de la mafia italiana. Jason se ocupó de las presentaciones, aquel era otro de los motivos por los cuales Lewis le había elegido; no estaba segura de por qué, pero su acompañante tenía cierta historia con ellos. Durante aquel corto intercambio, la mujer pudo ver con total detalle los diamantes que la señora Abruzzi llevaba; no creía que ellos tuviesen relación con los fantasmas, pero suponía, si alguien podía permitirse el lujo de comprarles, eran ellos. Y no había nada mejor que las joyas para que dos mujeres se hiciesen amigas —Tengo que admitirlo, Amanda, adoro esos pendientes.— Comentó, fingiendo un auténtico interés en los mismos. Poco después, la mujer ya había comenzado a numerarle las mejores tiendas y materiales, mientras los hombres -más interesados en otros temas- se alejaban.
Jacqueline Lewis, fiesta, Con Phillip Grant + invitados
Re: ♦ And don't let the police know anything.
Undercover
Al marcharse Jacqueline, Philliph pudo respirar con tranquilidad al fin. Trabajar codo a codo con esa mujer era todo un desafío porque sus personalidades tan incompatibles terminaban por enfrentarse en determinado momento, llegando a cuestionar cómo era posible que su relación en el instituto hubiera funcionado durante tanto tiempo. “Ya no son la pareja de chicos populares”. Fastidiado ante la situación, se decidió a encender el equipo de transmisiones, ajustando los parámetros de sonido para el micrófono que Jacqueline llevaba oculto, de tal forma que solo ella pudiera escuchar al oficial instruyéndola. – Concéntrate en la misión. – Una sensación extraña se apoderó de él al escuchar la voz de un hombre que se dirigía a Jacqueline con inusitada familiaridad, como si se conocieran de toda la vida ¿Sería así? No es que deseara saberlo o que tuviera un interés personal por la vida privada de su compañera pero el fraternizar demasiado con el misterioso contacto podía llegar a estropear la investigación, algo que seguramente a ella no le importaría. Él tenía muchas cosas que perder si todo salía mal: el trabajo de toda una vida, su carrera... había demasiado en juego y no podía darse el lujo de arriesgarlo todo por Jacqueline, no otra vez.
– Encuentra una manera de que la mujer con la que hablas te muestre su armario o sus joyas ahora que parece creer que realmente te interesas por su buen gusto al vestir. – Hasta ahora, Philliph le daba el beneficio de la duda a Jacqueline luego de comprobar la soltura con que la mujer se desenvolvía en esos ambientes peligrosos y sofisticados. – Si tienes oportunidad de fotografiar las piezas, hazlo. Tal vez alguna de ellas haya pertenecido a los fantasmas. – Lo más probable es que no tuvieran suerte en esa primera instancia pero comenzaba a darse una idea acerca del poder adquisitivo de esas personas y de la clase de lazos con los que contaban. En esa red de poderosos hombres y mujeres seguramente había políticos e incluso policías con rangos importantes y era prioridad ubicar a la mayor gente posible para establecer los nexos entre todos. [color=#000000] – Uno de los involucrados debería ser el fiscal Marshall. Últimamente ha desestimado todos los casos que involucran robos de joyas superiores a diez mil dólares, lo cual resulta sospechoso si tomas en cuenta que los establecimientos comerciales que se dedican a eso reportan grandes ganancias anualmente. – Luego de dar instrucciones dejó de hablar para no levantar sospecha alguna, dejando que ella disfrutara de la fiesta.
Desde su lado, observaba a distintas personas ir y venir, todos entrando o saliendo de aquella fiesta, en su gran mayoría gente alcoholizada que se despedía mientras aseguraba volver más tarde o bien parejas que se marchaban para ir a buscar un hotel. – Acabo de ver salir a la hija del alcalde. La muchacha está bajos los efectos del alcohol y creo que también de las drogas. – Había pasado media hora desde su última comunicación y Philliph estaba bastante más ansioso, interesado por lo que Jacqueline tenía para decir. Esperaba que estuviera haciendo el trabajo tal y como él se lo había indicado porque si las cosas salían mal la única culpable sería ella.
– Encuentra una manera de que la mujer con la que hablas te muestre su armario o sus joyas ahora que parece creer que realmente te interesas por su buen gusto al vestir. – Hasta ahora, Philliph le daba el beneficio de la duda a Jacqueline luego de comprobar la soltura con que la mujer se desenvolvía en esos ambientes peligrosos y sofisticados. – Si tienes oportunidad de fotografiar las piezas, hazlo. Tal vez alguna de ellas haya pertenecido a los fantasmas. – Lo más probable es que no tuvieran suerte en esa primera instancia pero comenzaba a darse una idea acerca del poder adquisitivo de esas personas y de la clase de lazos con los que contaban. En esa red de poderosos hombres y mujeres seguramente había políticos e incluso policías con rangos importantes y era prioridad ubicar a la mayor gente posible para establecer los nexos entre todos. [color=#000000] – Uno de los involucrados debería ser el fiscal Marshall. Últimamente ha desestimado todos los casos que involucran robos de joyas superiores a diez mil dólares, lo cual resulta sospechoso si tomas en cuenta que los establecimientos comerciales que se dedican a eso reportan grandes ganancias anualmente. – Luego de dar instrucciones dejó de hablar para no levantar sospecha alguna, dejando que ella disfrutara de la fiesta.
Desde su lado, observaba a distintas personas ir y venir, todos entrando o saliendo de aquella fiesta, en su gran mayoría gente alcoholizada que se despedía mientras aseguraba volver más tarde o bien parejas que se marchaban para ir a buscar un hotel. – Acabo de ver salir a la hija del alcalde. La muchacha está bajos los efectos del alcohol y creo que también de las drogas. – Había pasado media hora desde su última comunicación y Philliph estaba bastante más ansioso, interesado por lo que Jacqueline tenía para decir. Esperaba que estuviera haciendo el trabajo tal y como él se lo había indicado porque si las cosas salían mal la única culpable sería ella.
Philliph Grant, P.D. N.Y. , Con Jacqueline Lewis.
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