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De brujas, muggles y colaboraciones indeseables
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De brujas, muggles y colaboraciones indeseables
De brujas, muggles y colaboraciones indeseables
CS - Harry Potter - 1x1
Summary
La muerte de Voldemort produjo un gran cambio en la comunidad mágica, y aunque los muggles no lo sepan, también en la de ellos. Sin embargo, no todo el negro ha terminado de ser pincelado y oscuras manchas aún cubren los cielos de Gran Bretaña. Algunos de los mortífagos supervivientes han escapado y, todos y cada uno de ellos, representan grades amenazas a niveles insospechados. La Orden del Fénix aún sigue operativa, rastreando a susodichos magos y brujas de índole oscura, entre ellos la aurora Norah Bradbury que aparentemente ha localizado una pista interesante.
Lo que ella, y ninguno de los magos involucrados en realidad, esperaban es que semejante pista condujera a un muggle avenido a menos, el recientemente interferido agente de Scotlan Yard TJ Dawson. ¿Podrán trabajar juntos dos fuerzas del orden tan opuestas en todos y cada uno de los aspectos? ¿Morirán o se matarán entre sí en el intento? ¿O se volverán locos soportándose mutuamente? Esta y otras preguntas carecen de respuesta y solo el tiempo podrá darles forma.
Personajes
Norah Bradbury | 26 años | Aurora de la Orden del Fénix | Gemma Artenton | Perséfone | TJ Dawson | 30 años | Policía degradado, ex Capitán de la policía de NY | Collin Farrell | Captain_Z |
Cronología
la cronología aqui© RED FOR SS
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- ¡Yo mando y tú te jorobas, porque soy Algarroba! ~:
No os ofendáis, todos aquellos que habéis administrado habéis pensado lo mismo en alguna ocasión. ¡Admitidlo!
Re: De brujas, muggles y colaboraciones indeseables
When the normal world is mixed with the magical
Las profecías siempre han estado a la orden del día en el mundo mágico, al igual que la búsqueda de los implicados para encontrarla.Todos saben que las profecías se esconden en el departamento de misterios del ministerio, ocultas para todo el mundo y protegidas como los tesoros que son. Pero siempre existen personas a las que no les importa arriesgar su cuello por conseguir aquellas pequeñas bolas de cristal, puesto que su futuro depende de que sepan o escondan el contenido de la misma. Tras la caída de Voldemort, muchas profecías nuevas se predijeron y fueron escondidas para evitar que alguien se hiciera con ellas. El inconveniente apareció cuando uno de los mortífagos que habían seguido a Voldemort, junto con otros muchos más, escapó de la prisión de Azkaban y su primer destino fue el lugar donde se escondían las profecias.
Se rumoreaba que aquel mortífago, de nombre Alastor, podría convertirse en una nueva potencia oscura si no se le detenía y la Orden del Fénix no dudó en mandar a muchos aurores a por él. Pero todos fracasaron. La inmensa mayoría murió a manos del propio mortífago, pero algún otro murió a causa de las trampas que puso para cazarlos. Fue entonces cuando la Orden, sin intención de perder a ningún miembro más, ordenó a Norah que fuera ella quien diera caza al mago oscuro. Podríais pensar que la mandaron a ella porque no era valiosa, y tanto daba si vivía o moría, pero la verdad residía en que ella era una de las mejores y más veteranas auroras de la Orden y, como añadido, tenía una cuenta pendiente con Alastor. Lo que la convirtió en la candidata perfecta para el trabajo.
Aquella fría noche la Orden recibió un mensaje de que la profecía que vaticinaba la caída del mortífago había sido robada por el propio Alastor. Poco dispuesta a perder la única baza que tenían contra él, Norah no dudó en salir en su busca para cazarlo antes de que pudiera huir con la profecía. Rastreó su magia desde que salió del ministerio y dio con él en uno de los callejones de la zona muggle. A la morena no le hacía mucha gracia estar en aquel territorio -porque también tenía cosas por las que vengarse con los muggles- pero necesitaba aquella profecía. Alastor no tardó demasiado en percibir su presencia y, tras un intercambio de palabras mal sonantes que acabaron en gritos indignados, se enzarzaron en una pelea mágica. La primera regla de un mago era no exponerse en zonas donde los muggles podrían verles, pero a Norah no le quedaba otra alternativa.
Norah Bradbury | Con TJ Dawson
Callejón de Londres | 01:00 H.
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Re: De brujas, muggles y colaboraciones indeseables
When the normal world is mixed with the magical
Londres era muy diferente a lo que estaba acostumbrado, detestaba aquella ciudad. Detestaba su clima, sus rígidas normas, patriotismo hacía la Reina, el euro y, sobre todo, cometer errores estúpidos sobre el lado por el que debía de conducir. Llevaba aproximadamente tres meses en aquel gran islote y aún se equivocaba; la costumbre, se justificaba antes de sacar su placa policial como agente de Scotland Yard.
La vida del hombre había dado un giro de ciento ochenta grados, pero lo que no cambiaba era su mal humor y sus cigarrillos de marca rancia. En el interior del vehículo de policía, empleado para la patrulla nocturna, se encontraba él y Sarah. ¿O era Isabel? Ya no lo recordaba. Era el medio de contacto por el cual se comunicaba con la centralita, por lo que más bien estaba él y la voz de susodicha mujer. El humo del cigarro inundaba el interior del coche, obligando a que, en un momento dado, tuviese que abrir las ventanillas para dejar que el aire ingresase. Fuera de servicio, temporalmente, pues el descanso llegaba en forma de cigarro y veinte minutos marcados con los imponentes sonidos del Big Ben. La excusa del despertador o de no llevar reloj, no eran aceptadas con semejante gigante coronando la parte centrar de la vieja ciudad.
“ Alerta de 249 en Corral Street
Aquí patrulla ehm. . . . no sé, lo que sea, agente Dawson al aparato. Ya voy yo”
Aquí patrulla ehm. . . . no sé, lo que sea, agente Dawson al aparato. Ya voy yo”
Prácticamente había obligado que era un código 249, si riña entre vecinos o prostitutas, en cualquiera de ambos casos algo de movimiento le proporcionarían en aquella rutinaria y fría noche. Con las sirenas en marcha y el GPS en movimiento, el coche apenas tardó cinco minutos en llegar hasta el destino final. Después de aparcarlo y descender del mismo, cerró la puerta dando un sonoro portazo. Anduvo por la calle, pero no encontró nada ante lo cual sentirse advertido. Luces, sin embargo, destellos más bien, se avecinaron por un callejón adyacente a la avenida recorrida. Sin extraer el arma, probablemente considerando que se trataban de dos o tres gamberros con bengalas o fuegos de artificio, se adentró en la oscuridad de las estrechas calles.
Gatos maullando, ratas corriendo y suciedad maloliente fueron sus primeras impresiones, poco después hallaría las siguientes. Dos sombras se cernían en el lugar, identificándolas finalmente (una de ellas al menos, la otra continuaba siendo una sombra debido a las mantas negras que llevaba encima) como una mujer y un . . . alguien, algo. Pronunciaban palabras que no llegaba a comprender, serían extranjeros supuso. Se hizo notar con un carraspeo, luego con su voz.
- ¡Eh, vosotros dos! No me hagáis el trabajo más complicado: soltad vuestros . . . ¿Bastones? Y las manos arriba, que yo las vea. Rapidito. -
TJ Dawson | Con Norah Bradbury
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Re: De brujas, muggles y colaboraciones indeseables
When the normal world is mixed with the magical
A medida que la pelea continuaba, los ojos oscuros de Norah alternaban entre la figura camuflada por las sombras de Alastor y la entrada del callejón. Los gritos de los muggles no habían tardado en empezar a darse y sabía que su policía no tardaría mucho en llegar por lo que tenían que acabar pronto o algún estúpido muggle acabaría herido, o incluso muerto. A la morena en verdad le importaba poco pero sabía que la Orden no vería con buenos ojos que hubiera muertos implicados que no fueran magos. Poca gente sabía de donde venía la repulsión que tenía por los muggles aunque la mayoría lo achacaban a que era de Slytherin. No era cierto, pero Norah no se caracterizaba por ser alguien demasiado hablador acerca de su vida privada.
Tras esquivar una maldición que le habría jodido bastante, la morena miró a Alastor con los ojos encendidos. Los magos tenían prohibido realizar alguna de las maldiciones imperdonables pero con los mortífagos no podías andarte con tonterías. Ellos jugaban sucio, pues ella también lo haría.-¡Crucio!- gritó mientras le apuntaba con la varita pero, debido a la oscuridad y a que Alastor estaba en constante movimiento, falló. Chasqueó la lengua con cierto enfado y continuó moviéndose y protegiéndose de los hechizos que le lanzaba hasta que escuchó una voz que les instaba a soltar las varitas -aunque las llamó bastones-. Aquello era lo que había estado intentando evitar...
La reacción de Alastor fue instantánea: se fue de cabeza a por el muggle. Norah maldijo entre dientes mientras iba tras él y llegó justo a tiempo para empujarle y hacer que la maldición que iba destinada al muggle se desviara hasta una pared, la cual quedó con un gran boquete. El problema empezó cuando, debido al empujón, la profecía que Alastor había robado salió volando en dirección al suelo. Norah, con los ojos muy abiertos y presa del pánico, miró al muggle.-¡Cógela!- esa dichosa bola era la única baza que tenían para acabar con Alastor. Como se rompiera, las consecuencias serían horribles.
Norah Bradbury | Con TJ Dawson
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Re: De brujas, muggles y colaboraciones indeseables
When the normal world is mixed with the magical
¿Acaso estaba aquel sujeto, tétrico y haciendo cosplay de la Muerte, estaba apuntándole con un bastón? Se habría echado a reír de no haber estado tan cabreado. En su soberbia, situó el dedo en el gatillo del arma y pareció estar a punto de disparar, sin embargo una imponente luz que casi le cegó apareció de la nada. De la nada, o más bien del otro extremo, llegó la mujer y lo empujó contra el suelo. El arma cayó a pocos metros por delante de él, resbalándose de entre sus dedos al ser impactado contra la acera de la calle, sin embargo el daño mayor fue evadido y solo proporcionado contra la pared de detrás. Los ladrillos del edificio cayeron uno a uno, pareciendo convertirse en polvo ante el mal producido y un enorme boquete quedó en el lugar dónde, hace relativamente un minuto, había una puerta que daba acceso a la vivienda de ocho pisos.
Un desconcertado TJ tardó en reaccionar, atando cabos tan pronto retiraba el polvo de encima y miraba a la mujer con el amago de confusión.
- ¡Demonios! ¿Qué era eso? ¿Una bomba? -
Fue la única alternativa que se le ocurrió, quizás un poco de C4 y que aquel destello rojizo había sido algún láser para cegarlo. De cualquier modo, dedico palabras de agradecimiento a la chica en cuestión. Ello fue abructamente interrumpido por el grito de la misma. Dirigió la mirada, aún en su desconcierto, en dirección contraria, dónde una especie de esfera sobrevolaba el aire y caía poco a poco. Creyendo que se trataría de algún otro explosivo, algo peligroso en cualquier caso y mejor estaría en sus manos, se incorporó corriendo. Nueva York había sido su cuna y sede, ahí fueron muchos los ladrones y carteristas que atrapó en su juventud antes de ir ascendiendo escalafones, era un hombre veloz. Hizo amago de sus años anteriores y experiencia previa para poder alcanzar el objetivo, lanzándose una vez más contra el suelo, aunque esta vez para evitar que la esfera cayera. Rodó por el suelo, pasando por debajo de un vehículo aparcado, y salió por el otro extremo a fin de alejar dicho objeto del sujeto que hacía cosplay.
- ¡La tengo! ¡Tengo la bom---! -
Su voz se quebró entonces, absorto en sus pensamientos. Entre sus brazos se encontraba la esfera, a la cual tuvo que mirar al emitir está un importante destello de luz.
TJ Dawson | Con Norah Bradbury
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Re: De brujas, muggles y colaboraciones indeseables
When the normal world is mixed with the magical
En cuanto placó a Alastor para alejarlo del muggle, la atención de Norah hacia el hombre quedó apagada salvo para gritarle que cogiera la profecía. Después, se encargó de forcejear con el mortífago para evitar que volviera a recuperarla. Las varitas habían quedado abandonadas en el suelo por lo que tuvieron que enfrentarse cuerpo a cuerpo. La mayoría de los magos no sabían pelear puesto que ponían todas sus esperanzas en su magia, pero ella había sido entrenada por su padre para poder enfrentarse a alguien en una pelea sin varitas por si esta se rompía o se la robaban. Norah no tardó demasiado en inmovilizar a Alastor contra el suelo pero él era más corpulento y, a medida que se revolvía, le costaba más trabajo someterle.
Pero cuando estaba a punto de escaparsele de entre las manos, hubo un fogonazo de luz que los hizo parar de golpe mientras la morena soltaba varios improperios. ¿La había roto? Era la única opción posible porque su mente se negaba a albergar la posibilidad de que la profecía se hubiera activado por manos de un muggle. Estas sólo se activaban cuando las tocaban sus destinatarios, o quizás con los muggles tenían otro efecto. Estaba confusa y Alastor aprovechó esa distracción para escurrirse de entre sus brazos. Le vio acercarse al muggle pero, a los pocos segundos, se escuchó un ruido de cristal rompiéndose mientras la luz disminuía hasta que el callejón volvió a quedar entre las sombras. Lo último que vio del mortífago fue su amplia sonrisa antes de que desapareciera en la oscuridad.
Norah resopló, cabreada, y se agachó para recoger su varita mientras se acercaba al humano con cara de malas pulgas. Estaba muy enfadada, y eso no solía ser bueno para nadie.-¿En serio has tenido que romperla? ¿Acaso la gente como tú no pone cuidado?- masculló en un tono de voz alto mientras se agachaba a su lado para mirar los fragmentos de la profecía. Rota. Inservible. Su única posibilidad de acabar con Alastor se había escurrido de entre sus manos por culpa de aquel condenado muggle.
Norah Bradbury | Con TJ Dawson
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Re: De brujas, muggles y colaboraciones indeseables
When the normal world is mixed with the magical
El destello emitido por la esfera consiguió cegarlo durante unos momentos, tanto así que para cubrir sus ojos debió de taparlos con una mano y sujetar la bola con la otra. A lo lejos, se escuchaban los sonidos provenientes de la pelea, ante la cual el malogrado agente no podía hacer nada. La “bomba” jamás explotó, no como él creería que debía de ocurrir. Cuando el brillo se hizo más llevadero, apartó la misma mano con la que se hubo tapado y sus ojos se posaron en la esfera de cristal, abriéndose en gran medida ante la impresión causada. Nada de lo que veía poseía sentido, claro que lo desarrollado instantes atrás (la pelea) tampoco la tenía. Su mente tardaba en procesar lo que contemplaba, pues era incapaz de entender todo lo que significaba, pero lo que más llamó su atención fueron las tres figuras que más sobresalían, reconociéndolas e identificándolas como el sujeto de negro, la tipa dura de antes y . . . él mismo.
Tan absorto estuvo en sus pensamientos que no vio venir al friki hasta que fue demasiado tarde, su sombra se cernió sobre él como la lluvia en otoño. TJ no poseyó tiempo de reacción, más sus reflejos causaron más daños e infortunios que resultados favorables – sobretodo, porque se había pasado con la bebida horas atrás, lo cual empeoraba estos y el propio entendimiento de lo visto - : Al apartar la esfera del hombre, ésta rodó entre sus dedos y se deslizo sobre la mano, cayendo de forma inminente sobre el suelo bajo sus pies, impregnando el piso de innumerables fragmentos dispersos del cristal.
- ¡No! -
Gritaron ambos hombres, aunque uno más satisfecho que el otro no mucho tiempo después. Lo vio esfumarse en una niebla ocre, lo cual dejó patitifuso al agente en lo que la chica volvía a aproximarse a él. Agitó su cabeza, tratando de apartar aquellas imágenes de la mente y también a la susodicha loca.
- ¡Eh-Eh, baja el labio loca! -
No, nunca fue dado a las buenas costumbres ni relaciones con la gente de a pie, pero algo le decía que ella no era precisamente una amable ancianita o una víctima desconsolada. Casi lo hubiera preferido. O a una prostituta, al menos le distraían.
– No es mi culpa que tú y tu. . . “amigo” hayáis hecho el paripe en medio de la calle. ¿Y que narices ha pasado aquí con la fachada, esas porras que emiten destellos y la bola de cristal digna de la adivina tuerta? Eso si, los efectos eran muy cutres, porque no entendí una mierda de lo que vi en esa bola. -
TJ Dawson | Con Norah Bradbury
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Re: De brujas, muggles y colaboraciones indeseables
When the normal world is mixed with the magical
Nacida de una familia purista que no aceptaban el fracaso y cuyo único fin era convertir a sus hijos en soldados, Norah había crecido en un ambiente hostil que, casi de forma irremediable, había contaminado su alma. Algunos llegarían a pensar que sus años en Hogwarts pudieron haberla cambiado, pero caer en la casa Slytherin fue casi lo peor que le pudo haber pasado. Se endureció aún más y, aún a pesar de haber hecho amistades, su meta en la vida continuaba siendo convertirse en una poderosa bruja. Tras graduarse se esmeró en no fracasar en nada, tanto por sí misma como para no deshonrar la memoria y el legado de su familia, y al igual que no soportaba su propio fracaso, el de los demás la enfurecía.
Tuvo que hacer unos esfuerzos tremendos para no estrangular a aquel muggle o, aún a pesar de las consecuencias, lanzarle una de las Maldiciones Imperdonables. Por su estupidez habían perdido la única baza para poder derrotar a Alastor y Norah se negaba a plantearse el desastre que podría avecinarse a partir de aquel momento. Y que la llamara loca no ayudó a mejorar su ánimo. ¿Por qué los muggles tenían que ser tan cortos de mente? La bruja tuvo que respirar hondo varias veces y darse la vuelta para que sus ansias asesinas disminuyeran al menos un poco para poder pensar con claridad.
Con la mente ligeramente despejada, alzó su varita y enunció un conjuro para mandar un mensaje a la Orden. Necesitaban tener una reunión de inmediato para poder planificar su siguiente movimiento. Estaba tan enfrascada en sus pensamientos que casi se le pasaron por alto las palabras del muggle. En cuanto le escuchó decir que no había entendido nada de las imágenes que había visto, Norah se giró en el acto para enfrentarle, con la sorpresa pintada en sus ojos oscuros. ¿Cómo, en el nombre de Merlín, había conseguido aquel muggle ver el interior de la profecía? Sólo los destinatarios de las mismas podían, y pensar que aquel muggle podría estar implicado se le antojaba ridículo a la vez que imposible. Eran unos inútiles y, para el mundo mágico, simple carne de cañón.
Necesitaba sacarle aquella información pero no estaba dispuesta a dejarle conocer tan rápido cuál era el lugar que utilizaba la Orden como cuartel general, podría contárselo a algún mortífago. Se mordió el labio inferior, pensando de forma rápida qué hacer antes de que llegaran sus compañeros, y, en un arranque de impulsividad, alzó nuevamente su varita y le apuntó.-Desmaius.- conjuró, notando como la luz que salió de su varita dejaba inconsciente al muggle en apenas un segundo. Por suerte para él, aquel hechizo no lo mataría, sólo lo dejaría inconsciente un rato y luego despertaría con dolor de cabeza.
Esperó durante un rato hasta que escuchó pasos acercándose a su posición y, con la varita alzada por si se trataba de mortífagos, Norah resopló un poco al ver a varios de sus compañeros. No les dejó casi hablar.-Cargadlo, debemos llevarlo al cuartel antes de que se despierte. Consiguió ver la profecía antes de romperla.- indicó antes de agacharse para recoger los trozos de cristal y guardarlos en uno de sus bolsillos. A lo mejor podrían arreglarla o algo.
Norah Bradbury | Con TJ Dawson
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Re: De brujas, muggles y colaboraciones indeseables
When the normal world is mixed with the magical
Nada. Aquella loca mujer no pareció soltar prenda tan fácilmente. TJ no era conocido precisamente por su paciencia, era impulsivo y en ocasiones hasta violento, ello justificaba su grado actual dónde hubo caído cual Ícaro al tratar de volar cerca del sol. Cuando pareció que ella por fin salía de en ensoñamiento, con ello inocentemente creyó que le proporcionaría información, fue de todo menos natural lo que se aconteció. Ella le apuntó con su ¿porra? Y lo último que sus ojos contemplaron antes de caer fue un as de luz roja que impactó contra su pecho. Poco a poco fue cayendo contra el suelo, más al caer a peso muerto sus orbes oscuros ya estaban cerrados. El cuerpo del inconsciente hombre yació en la acera muggle durante algunos minutos, a la merced de una bruja y los vientos nocturnos londinenses, que nunca perdonaban los descuidos de los transeúntes.
Y así, los segundos se transformaron en minutos, y estos a su vez en horas . . . Hasta que el amanecer amenazó con hacerse eco de los cielos y los primeros rayos bañaron la tez del agente. Los parpados pesaban, pero el astro rey no le permitió mayor descanso. Abrió los ojos, tardando algunos momentos en conseguir reaccionar. El dolor de cabeza poco ayudo a recordar lo ocurrido la noche anterior más, un vistazo a su alrededor, le bastó para darse cuenta de que no estaba en casa. Fue así cuando decidió levantarse, de golpe y porrazo, de sobre la cama dónde yacía tumbado. Una mano fue conducida hasta la cabeza, el dolor continuaba, y con la otra buscó el arma reglamentaria. Nuevamente nada.
— ¿Dónde cojones. . .? —
Incorporado de la cama, camino hasta la ventana de cuya luz atravesaban sus cristales. En la lejanía distanció el puente de Londres, por lo que determinó que continuaba en la ciudad. Algo era algo. Al descender, coches aparcados pero ni un alma recorriendo sus calles; era demasiado temprano aún. Un sonido a su espalda le advirtió de ponerse en guardia, así que agarró el primer objeto que encontró – una estatuilla bastante fea – y la sujetó con fuerza.
— ¿¡QUIÉN ANDA AHÍ!? —
TJ Dawson | Con Norah Bradbury
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Re: De brujas, muggles y colaboraciones indeseables
— Tell me the truth.
En contra de lo que muchos pensaran, Norah no era una mala persona o alguien que se caracterizara por ser excesivamente cruel. Ella consideraba que, para conseguir su objetivo, debía usar todas las posibilidades a su alcance -aunque algunas fueran catalogadas de extremas-. Se consideraba más práctica que otra cosa y, como bien dijo Maquiavelo, no importan los medios sino el resultado. Quizás esa fuera la razón principal por la que la mayoría de miembros de la Orden la tuvieran vigilada, por no saber cómo podría reaccionar ante una situación. al haber tenido un pasado turbio, conocido por casi todos ellos, la consideraban demasiado impredecible como para dejarla actuar sola. En el caso del enfrentamiento con Alastor, había podido encargarse por sí misma puesto que a ninguno le pesaría en la conciencia el mal final que pudiera tener este a manos de Norah. Pero la intervención del muggle y las medidas tomadas por la bruja fueron, como era casi obvio, bastante criticadas.
Después de que pusieran al muggle en una de las habitaciones -usando un encantamiento en la puerta para que no pudiera escaparse si despertaba- Norah fue sometida a un pequeño juicio acerca de su procedimiento. Era algo usual cuando algún mago o alguna bruja obraba de forma impulsiva, pero la morena tenía el récord. Se limitó a defenderse de las acusaciones alegando que, de no haberle lanzado un Desmaius, habría tenido la posibilidad de saber donde se encontraba el cuartel y, en un futuro, podría habérselo dicho a un mortífago. Nadie creía que un muggle fuera a cooperar con un mortífago dado el poco cariño que les tenían estos últimos, pero Norah seguía sin fiarse de ellos lo más mínimo. Al final, el hecho de que el muggle hubiera podido ver el interior de la profecía les llamaba mucho más la atención que la acción de Norah y pasaron gran parte del resto de la noche debatiendo acerca de ello. La teoría principal era que no se trataba de un muggle, sino de un squib, y que este hecho habría podido activar la profecía. Norah no lo creía pero, para ahorrarse más malas miradas se mantuvo en silencio y escuchando lo que decían. Pasadas unas horas decidió irse a dormir puesto que nadie sacaba nada en claro.
Era bien entrada la mañana cuando unos gritos enfadados alertaron a Norah, que se encontraba en la biblioteca buscando libros acerca de las profecías. Supuso que sería el muggle y, cuando uno de sus compañeros vino a avisarla, quedó más que claro. Norah observó al hombre con una ceja alzada cuando le dijo que el muggle quería ver a la mujer loca que le había apuntado con el palo y que se había negado a hablar con cualquier otro que había entrado en la habitación, y, tras un gruñido realmente molesto, se encaminó escaleras arriba. Tuvo casi que abrirse camino para llegar a la puerta de la habitación y, tras una mirada de advertencia por parte de la mitad de ellos que ignoró, entró en el cuarto cerrando la puerta tras de sí.
Los ojos claros de Norah observaron al muggle y, sin poderlo evitar, se echó a reír al ver cómo sujetaba aquella estatuilla como si fuera un arma mortal.
Después de que pusieran al muggle en una de las habitaciones -usando un encantamiento en la puerta para que no pudiera escaparse si despertaba- Norah fue sometida a un pequeño juicio acerca de su procedimiento. Era algo usual cuando algún mago o alguna bruja obraba de forma impulsiva, pero la morena tenía el récord. Se limitó a defenderse de las acusaciones alegando que, de no haberle lanzado un Desmaius, habría tenido la posibilidad de saber donde se encontraba el cuartel y, en un futuro, podría habérselo dicho a un mortífago. Nadie creía que un muggle fuera a cooperar con un mortífago dado el poco cariño que les tenían estos últimos, pero Norah seguía sin fiarse de ellos lo más mínimo. Al final, el hecho de que el muggle hubiera podido ver el interior de la profecía les llamaba mucho más la atención que la acción de Norah y pasaron gran parte del resto de la noche debatiendo acerca de ello. La teoría principal era que no se trataba de un muggle, sino de un squib, y que este hecho habría podido activar la profecía. Norah no lo creía pero, para ahorrarse más malas miradas se mantuvo en silencio y escuchando lo que decían. Pasadas unas horas decidió irse a dormir puesto que nadie sacaba nada en claro.
Era bien entrada la mañana cuando unos gritos enfadados alertaron a Norah, que se encontraba en la biblioteca buscando libros acerca de las profecías. Supuso que sería el muggle y, cuando uno de sus compañeros vino a avisarla, quedó más que claro. Norah observó al hombre con una ceja alzada cuando le dijo que el muggle quería ver a la mujer loca que le había apuntado con el palo y que se había negado a hablar con cualquier otro que había entrado en la habitación, y, tras un gruñido realmente molesto, se encaminó escaleras arriba. Tuvo casi que abrirse camino para llegar a la puerta de la habitación y, tras una mirada de advertencia por parte de la mitad de ellos que ignoró, entró en el cuarto cerrando la puerta tras de sí.
Los ojos claros de Norah observaron al muggle y, sin poderlo evitar, se echó a reír al ver cómo sujetaba aquella estatuilla como si fuera un arma mortal.
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Re: De brujas, muggles y colaboraciones indeseables
— Tell me the truth.
Varios individuos extraños habían ingresado al poco tiempo a la habitación, no reconoció rostro alguno y como tal, tampoco autoridad. Poco los dejó hablar, pues él sólo quería ver cara a cara a la desquiciada que lo hubo “secuestrado”. Aún cuando trataron de disuadirlo, trayendo consigo incluso comida – que no probó, probablemente estaba envenenada o con algún tipo de droga / analgésico – los corrió a todos de la habitación. Ninguno empleó esos palos, pero pudo ver como los llevaban encima. Se alegro de que, cuanto menos, pudo jugar con una baza a su favor y es que no lo querían tan muerto como imaginó al principio. Al menos por ahora, solo Dios sabía para que le querían. Irónicamente, poca fe era la que poseía el agente, por lo que no oro ningún credo a pesar de las extraordinarias circunstancias en las que estaba metido. No se alejó de la ventana, único reducto del dormitorio que parecía poder controlar. Además, le proporcionaba algún tipo de vía de escape en caso de que todo se volviera más oscuro de lo que, de por si, ya estaba.
Fue entonces cuando la vio entrar, riendo no mucho tiempo después de haber puesto el pie en el habitáculo. La reacción del hombre, como era de esperar, se manifestó. Inicialmente la incredulidad, para luego dar paso a la furia y la frustración.
— ¿Te divierte, loca majareta? —
Trató de contener los gritos, como ya había soltado alguno anteriormente, pero no se contuvo en insultos. No tenia otra forma de llamarla, desconocía su nombre. Además, no mentía; estaba loca. Todos ellos lo estaban con sus palos.
Se aferró a la estatuilla un poco más, pues dependía de las acciones y respuestas de ella para ser lanzada en su contra. Poco le importaba que fuese una mujer. Inspiró una bocanada de aire, la faceta policial se manifestó entonces.
Necesitaba información.
— ¿Porque me has secuestrado? ¿Qué quieres? —
TJ Dawson | Cuartel de la Orden | con una demente con un palo
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Re: De brujas, muggles y colaboraciones indeseables
— Tell me the truth.
Para Norah, aquella situación era tanto divertida como algo surrealista. Mayormente divertida, así lo expresaba su amplia sonrisa ladina. No solía tener mucha relación con los muggles por razones obvias, pero aquel hombre le resultaba, cuanto menos, curioso. Cualquier otro en su situación reaccionaría de forma calmada para estudiar sus posibilidades y no arriesgarse a una muerte prematura en el caso de que ese fuera el objetivo de sus secuestradores. Al menos así es como reaccionaría ella, y cuando estuviera bien segura de poder ganar, atacaría con cualquier cosa que pillara. Eso le despertaba una incógnita: ¿todos los muggles eran así de temerarios o era una reacción exclusiva de este?
— ¿Tu madre no te enseñó modales, TJ Dawson? No es de buena educación insultar a una dama. — inquirió de forma divertida, recostándose sobre la pared y cruzando los brazos. Pensaba divertirse de lo lindo viendo como se esmeraba en adivinar de qué sabía su nombre, aunque dudaba que fuera tan tonto como para no darse cuenta de que su cartera había desaparecido y, por ende, toda su documentación. Norah entornó los ojos al ver como seguía aferrado a aquella estatuilla y, como no estaba dispuesta a que su ira se soltara en el caso de que él decidiera lanzársela, sacó su varita para hacer volar el dichoso artefacto hasta su propia mano, dejándola sobre la mesa que tenía a su lado. Fue un acto tan natural en ella que apenas reparó en cómo podría afectar a la mente del muggle ver un objeto volando de repente. Tampoco le importaba, siendo francos.
Sus ojos observaron la habitación, tras que él hiciera otras dos preguntas, y, al ver la bandeja de comida sin tocar, se tomó la libertad de coger la manzana. La frotó contra la manga de su chaqueta para limpiarla un poco y le dio un mordisco de forma tranquila. Con ese gesto no sólo mataba su apetito sino que, además, le hacía ver al muggle que la comida era inofensiva. Lo último que necesitaban era que se muriera de hambre por ser demasiado cabezota al considerar que estaba envenenada. Masticó sin prisa y tragó antes de mirarle. — ¿Secuestrar? Esa es una palabra un poco fuerte. — respondió de forma socarrona. — Yo lo llamaría... — se llevó el dedo índice a su labio inferior mientras alzaba un poco la mirada al techo, pensativa. — Encierro temporal involuntario. — sonrió al volver a mirarle, dando otro mordisco a la manzana. Era consciente de que no estaba respondiendo a sus preguntas y eso podía provocar que el muggle se pusiera más nervioso, pero le resultaba enormemente entretenido.
— ¿Tu madre no te enseñó modales, TJ Dawson? No es de buena educación insultar a una dama. — inquirió de forma divertida, recostándose sobre la pared y cruzando los brazos. Pensaba divertirse de lo lindo viendo como se esmeraba en adivinar de qué sabía su nombre, aunque dudaba que fuera tan tonto como para no darse cuenta de que su cartera había desaparecido y, por ende, toda su documentación. Norah entornó los ojos al ver como seguía aferrado a aquella estatuilla y, como no estaba dispuesta a que su ira se soltara en el caso de que él decidiera lanzársela, sacó su varita para hacer volar el dichoso artefacto hasta su propia mano, dejándola sobre la mesa que tenía a su lado. Fue un acto tan natural en ella que apenas reparó en cómo podría afectar a la mente del muggle ver un objeto volando de repente. Tampoco le importaba, siendo francos.
Sus ojos observaron la habitación, tras que él hiciera otras dos preguntas, y, al ver la bandeja de comida sin tocar, se tomó la libertad de coger la manzana. La frotó contra la manga de su chaqueta para limpiarla un poco y le dio un mordisco de forma tranquila. Con ese gesto no sólo mataba su apetito sino que, además, le hacía ver al muggle que la comida era inofensiva. Lo último que necesitaban era que se muriera de hambre por ser demasiado cabezota al considerar que estaba envenenada. Masticó sin prisa y tragó antes de mirarle. — ¿Secuestrar? Esa es una palabra un poco fuerte. — respondió de forma socarrona. — Yo lo llamaría... — se llevó el dedo índice a su labio inferior mientras alzaba un poco la mirada al techo, pensativa. — Encierro temporal involuntario. — sonrió al volver a mirarle, dando otro mordisco a la manzana. Era consciente de que no estaba respondiendo a sus preguntas y eso podía provocar que el muggle se pusiera más nervioso, pero le resultaba enormemente entretenido.
Norah Bradbury | Cuartel de la Orden | con Tj Dawson
what's wrong
with a little chaos?
she had fire in her soul. it was easy to see how the devil himself could be pulled out of me. there were drums in the air as she started to dance. every soul in the room keeping time with their hands- Spoiler:


Re: De brujas, muggles y colaboraciones indeseables
— Tell me the truth.
— Cuando me encuentre con una dama lo tendré en cuenta. — Zanjó y dio como respuesta, como mulla que estaba casi convencido de que a ella poco le importaría recibir. Debía de estar acostumbrada, una mujer como esa no podía escuchar cosas agradables sobre si misma. El hombre permaneció en su posición, aferrado a la estatuilla que de forma improvisada quiso emplear como un arma defensiva. A pesar de todo, cuando aquella pequeña elaboración salió de sus manos y acabó en las garras de la bruja – literalmente, pero eso él no lo sabia – no pudo más que sorprenderse. La mente del inspector trataba por todos los medios de comprender lo ocurrido, una tarea tan ardua como complicada. La noche anterior había contemplado cosas imposibles, podría haberlas achacado a la oscuridad de aquellas horas y una o dos bebidas demás, pero ahora estaba bien despierto y la luz de sol le proporcionaba una visibilidad perfecta. No podía negar los hechos, pero trataba de buscar el truco.
Debía de haberlo. La expresión del hombre variaba progresivamente entre la sorpresa y la furia contenida, ahora desprovisto de protección. Era como un ratón que era jugueteado por un gato, cosa que no le divertía; él nunca estuvo a merced de nadie y no comenzaría a estarlo ahora. — Lo llamó por lo que es, atentando así contra las leyes y libertades de las personas. — De la suya en aquel caso. Consiguió por fin medio esclarecer su mente, obviando los efectos y trucos que ella estuviera dando uso con el fin de ponerle nervioso. No podía caer en esas, era un hombre fuerte e independiente, adiestrado sobretodo. Procesó los hechos y gracias a las acciones de la mujer que se encontraba frente a sus ojos – pero a una distancia prudente – pudo percibir que al menos conocía su nombre - ¿Cómo? Al tactar sus bolsillos no localizó la cartera – y que la comida no estaba envenenada ni drogada – o quizás si, y ella se bebería luego el antídoto y todo aquello solo era una pantomima – sin embargo de ser así carecería de sentido el tercer factor;
Al igual que él, ella necesitaba información. De otro modo no lo hubiera mantenido con vida, algo debía de poseer Dawson para que le permitiera continuar respirando y alimentado. — No diré nada hasta que respondas mis preguntas, quid pro quo. —
TJ Dawson | Cuartel de la Orden | con una demente con un palo
- ¡Soy cool!:




- ¡Yo mando y tú te jorobas, porque soy Algarroba! ~:
No os ofendáis, todos aquellos que habéis administrado habéis pensado lo mismo en alguna ocasión. ¡Admitidlo!
Re: De brujas, muggles y colaboraciones indeseables
— Tell me the truth.
Una cosa era caracterizarse por ser alguien frío y al que la mayoría de la gente cataloga de sin sentimientos, y otra muy distinta era permitir que un asqueroso muggle le faltara al respeto. Tuvo que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para no golpearlo o, incluso, lanzarle algún hechizo nocivo. Norah se obligó a respirar hondo y a no entrarle al trapo, no le merecía la pena ganarse una reprimenda del resto de magos por aquel estúpido. Descubriría lo que sabía y luego, con gran satisfacción, lo echaría a patadas. Seguramente ya se ganaría una bronca por haber hecho magia ante él pero Norah consideraba que solucionar el problema era algo tan fácil como borrarle la memoria.
Estuvo observando sus cambios de expresión con una diversión maliciosa pintada en sus facciones. Suponía lo confuso que podía ser todo aquello y Norah no estaba poniéndoselo fácil, pero no por él en concreto. No estaba en su naturaleza actuar de forma distinta a como le salía sólo porque pudiera provocarle algún mal sentimiento a alguien. — Lo único que se te imposibilita ahora mismo es irte. Al menos temporalmente. — aclaró con un encogimiento de hombros. Si cooperaba y le decía lo que quería saber todo iría mucho más rápido pero el muggle no tenía pinta de hacer las cosas por las buenas y corría el riesgo de que Norah se enfadara y usara métodos poco ortodoxos.
Tras hacerse con la manzana, Norah se entretuvo comiéndosela mientras observaba al muggle. En realidad le resultaba bastante curioso. ¿Cómo eran capaces de sobrevivir sin magia? La sola idea de imaginarse su propia vida sin ningún ápice de magia le daba escalofríos. Resopló al escucharle y meneó la cabeza antes de darle el último mordisco a la manzana y volverla a dejar sobre el plato. — Tu pregunta va a ser qué haces aquí y mi respuesta es que necesito que me cuentes lo que viste ayer. — comentó mientras caminaba en su dirección con paso tranquilo, tomando asiento en uno de los sillones y cruzando las piernas. — Dame todos los detalles y podrás salir de aquí ileso. — añadió antes de mirarle fijamente. Si acaso se le ocurría mentirle u omitir detalles, bueno, la cosa no acabaría bien para él.
Estuvo observando sus cambios de expresión con una diversión maliciosa pintada en sus facciones. Suponía lo confuso que podía ser todo aquello y Norah no estaba poniéndoselo fácil, pero no por él en concreto. No estaba en su naturaleza actuar de forma distinta a como le salía sólo porque pudiera provocarle algún mal sentimiento a alguien. — Lo único que se te imposibilita ahora mismo es irte. Al menos temporalmente. — aclaró con un encogimiento de hombros. Si cooperaba y le decía lo que quería saber todo iría mucho más rápido pero el muggle no tenía pinta de hacer las cosas por las buenas y corría el riesgo de que Norah se enfadara y usara métodos poco ortodoxos.
Tras hacerse con la manzana, Norah se entretuvo comiéndosela mientras observaba al muggle. En realidad le resultaba bastante curioso. ¿Cómo eran capaces de sobrevivir sin magia? La sola idea de imaginarse su propia vida sin ningún ápice de magia le daba escalofríos. Resopló al escucharle y meneó la cabeza antes de darle el último mordisco a la manzana y volverla a dejar sobre el plato. — Tu pregunta va a ser qué haces aquí y mi respuesta es que necesito que me cuentes lo que viste ayer. — comentó mientras caminaba en su dirección con paso tranquilo, tomando asiento en uno de los sillones y cruzando las piernas. — Dame todos los detalles y podrás salir de aquí ileso. — añadió antes de mirarle fijamente. Si acaso se le ocurría mentirle u omitir detalles, bueno, la cosa no acabaría bien para él.
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