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we bleed the same
"Lydia you have to wake up, you have to come back to us"
Si el destino lucía incierto, si la decadencia parecía precipitarse, si la vida misma lucía como una agonía es algo que en la dimensión trágica de sus ocelos no se pudo vislumbrar, porque no fue hasta ése entonces, en el que el timbre silencioso de su voz llamó su atención y estructuró en la señal de un pestañeo, el indicio de una conmoción, el despertar de un sentimiento que aferrado a la consonancia de su mención le volvió a la vida, perturbó su forzada serenidad hasta tal punto que la desesperación en medio de la calma se interrumpió por el reconocimiento de un amor que extendía su existencia.
'She hides away, like a ghost.'
Una vez que la tormenta pasó, el despertar le revitalizó y la calma parecía instalarse en Beacon Hills al menos por una temporada que la madre de Lydia logró aprovechar, encerrándola en un mundo anexo, alejada de todo aquel que perturbara su inminente destrucción interior. Stiles parecía lucir como el mayor enemigo, la cara distante que debía de mantenerse apartado de todo y fue así como la amistad, la esperanza de un romance se vio perturbado por la distancia y pese a que el intento de cercanía era constante, nada terminó del modo premeditado.
'Did she ran away, i don't know. If she ran away, come back home.'
Los esfuerzos sin embargo no fueron completamente en vano, al cabo de un par de semanas la amenaza volvía a aparecer en aquel pequeño pueblo que tan magullado se había visto por las desgracias pero... ¿qué era de Beacon Hills sin el pack en acción?, si no le protegían ellos, nadie lo haría y... ¿qué era del pack sin Lydia Martin?. Las dos mentes brillantes no podían ausentarse y pese a que la distancia parecía constante, Lydia volvió al grupo en compañía de Stiles, buscando explicaciones, razones, información, todo aquello del mismo modo que lo hacían día a día en un pasado no muy lejano pero ésta vez algo había cambiado... Lydia no era la misma, ni tampoco lo había sido Stiles. Las señales por parte del chico habían sido tan obvias y las palabras se mantuvieron intactas en la memoria de una muchacha que sufría en su interior. La cuestión era, ¿estaba sola en su sentimiento?.
'Does she know that we bleed the same?'
Un encuentro, una mirada, recuerdos en común. Lydia sufría pero también lo hacía Stiles. Si uno sangraba el otro igual lo hacía. Ambos, con pasados terribles, con memorias infames comparten una trágica historia como también un posible brillante destino.
Personajes
CS: Series — Teen Wolf — 1x1
Stiles Stilinski | Dylan O'Brien | Kerouac

Lydia Martin | Holland Roden | Phoenix
CRONOLOGÍA
I. She was carried up into the clouds, high above.II. Cold sheets, you warm me up.
III. One step closer, I'll be by your side.
© RED FOR SS
Última edición por Phoenix el Miér Feb 17, 2016 2:46 am, editado 1 vez
ah...those two. In a fight they're lethal but when they are around each other...they melt.
I. She was carried up into the clouds, high above
She was carried up into the clouds, high above
![]() | «Stiles, Lydia, vosotros iréis al Németon. Comprobad si la criatura está relacionada con él». Siltes palideció, observando fijamente a su mejor amigo en un absurdo intento de descifrar si lo había hecho porque realmente no tenía más opciones o porque quería que ambos volviesen a ser los de antes. Sin embargo, el alfa continuó dando instrucciones antes de poner a todos en marcha. Stiles aguardó a que Lydia se moviese para encaminarse con ella hacia Roscoe, su querido Jeep. |
El moreno ocupó el asiento del conductor y tras colocarse el cinturón se relamió los labios, con la vista fija al frente. El coche se inundó de silencio mientras salían de la ciudad para adentrarse en las colinas, un silencio apenas interrumpido por el rugido de su camioneta. La cosa entre ambos estaba “bien” de nuevo; cuando Scott volvió a reunir a su particular manada, ambos volvieron a hablar, dejando atrás el veto que la señora Martin había impuesto entre ellos. Stiles aún recordaba la forma en que le echó de la habitación del hospital así como del compartimento de Eichen House al que fue a visitar a Lydia. Y a pesar de que habían roto esa barrera, todo era distinto entre ambos. Stiles quería abrazarla y confesarse de una maldita vez, decirla que sabía cómo se sentía, compartir sus miedos con ella... pero sólo podía escucharla y consolarla como mejor podía. Al menos por ahora.
Stiles se sorbió la nariz, aunque no tenía mucosidad alguna, y luego tamborileó el volante con los dedos. Calquiera que le viese pensaría que era el Stiles de dos años atrás –y muchos más, en realidad–, nervioso por tener cerca a la chica de sus sueños. Lo que en realidad hacía era pensar en algo que decir. —Así que... al Németon. Otra vez —terminó por decir, sin dejar de tamborilear los dedos contra el volante. La verdad era que el Németon no era un buen recuerdo para ninguno de los dos.
Ninguno de la manda sabía qué era la nueva criatura a la que se enfrentaban, y cada vez que aparecía en una cámara de vigilancia su forma parecía ser distinta, lo que acababa creando más dudas que respuestas. —¿Cómo lo llevas? —. Lo preguntó de repente, girando el rostro hacia la pelirroja, antes de dejarla incluso decir nada de su estúpido comentario anterior. Claro que había contactado con ella por teléfono cuando la señora Martin les prohibió verse, pero ésta pareció darse cuenta y también controló sus llamadas.
En cuanto al cómo lo llevas no se refería a otra cosa más que a su recuperación tras la salida de Eichen House, una recuperación en la que Stiles, por desgracia, no pudo estar.
Stiles se sorbió la nariz, aunque no tenía mucosidad alguna, y luego tamborileó el volante con los dedos. Calquiera que le viese pensaría que era el Stiles de dos años atrás –y muchos más, en realidad–, nervioso por tener cerca a la chica de sus sueños. Lo que en realidad hacía era pensar en algo que decir. —Así que... al Németon. Otra vez —terminó por decir, sin dejar de tamborilear los dedos contra el volante. La verdad era que el Németon no era un buen recuerdo para ninguno de los dos.
Ninguno de la manda sabía qué era la nueva criatura a la que se enfrentaban, y cada vez que aparecía en una cámara de vigilancia su forma parecía ser distinta, lo que acababa creando más dudas que respuestas. —¿Cómo lo llevas? —. Lo preguntó de repente, girando el rostro hacia la pelirroja, antes de dejarla incluso decir nada de su estúpido comentario anterior. Claro que había contactado con ella por teléfono cuando la señora Martin les prohibió verse, pero ésta pareció darse cuenta y también controló sus llamadas.
En cuanto al cómo lo llevas no se refería a otra cosa más que a su recuperación tras la salida de Eichen House, una recuperación en la que Stiles, por desgracia, no pudo estar.
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![]() | El silencio era inescrutable, su mirada parecía extraviada en el pasar veloz del paisaje a su al rededor y sus labios temblaban ligeramente al oír aquellas palabras ajenas que le parecían tan propias. Él lo estaba intentando, él siempre lo había intentado. Ahogó un suspiro. ¿Debía responderle?, ¿debía siquiera mirarle del modo que realmente quería hacerlo?. Su consciencia se lo impedía pero sus ansias lo reclamaban casi como una necesidad que le resultaba imposible apaciguar. |
En el instante que Scott les había estipulado la misión del Nemetón, el rostro de Lydia adquirió una expresión distinta, al menos, así mismo lo percibió ella en su interior con aquel revoltijo de emociones que solo atraía a la desgracia que aquello había acarreado consigo, la relevancia de esas raíces que lograron calar hondo en la vida de cada uno que presenció sus consecuencias, el aura oscura que invadió las esperanzas de jóvenes con inquietudes particulares, la pérdida, la desolación y la agonía que ahora vivían, todo tenía directa relación con todo aquello y eso era lo que más le afligía. Ir a ése lugar removería todas las cenizas que parecían serenas y apagadas, botaría todas las bases que Lydia había forjado y que se veían ya desestabilizadas para cuando su siguiente pregunta inundó sus oídos, congelando así su tranquila consciencia porque nada estaba bien realmente, nada jamás lo había estado.
Su mirada se desvió con rapidez hacia la ajena, analizando con un reparo de nostalgia las facciones ajenas, la pronunciación amena de sus palabras, el tono cálido con el que daba paso a esa dulzura tan particular que solo en Stiles Stilinski la pelirroja podía degustar sin sentirse completamente incómoda por ello. — ¿Llevo qué? — cuestionó, ansiando en sus palabras encontrar un rastro de antipatía y aversión, intentando con ello parecer aquella Lydia que nada la importaba, esa Lydia que ignoraba para no sufrir las consecuencias del conocimiento y aparentaba más de lo que demostraba, pero no podía. Esa Lydia Martin había desaparecido con la partida de Jackson, con la muerte de Allison, con la desesperanza de la soledad y con la frecuente disputa de un don que lucía más bien como una maldición. Un gesto de pesar se cargó por su entrecejo hasta sus labios que se fruncieron con congoja. Nadie merecía éso. Stiles no merecía eso, él menos que nadie. Su mención y actitud le pesaron en un tormento que su mirada anhelaba apartar pero que se veía de pronto cautivada por el acaramelado matiz de su mirada, el dulce desconcierto que su gesto expresaba y la preocupación que aquel muchacho, desde tercer grado le había prestado. ¿Podría algún día apartar su mirada de la de él tan fácil?. La respuesta predilecta se anunció como un no en su raciocinio, jamás podría, no con aquel chico que parecía mirar las estrellas cada vez que sus ocelos chocaban y del cual Lydia Martin no quería imaginar como reaccionaba su impulso ante tal grado de adoración.
Oía en sus recuerdos las constantes insinuaciones de los demás para con ellos, el modo gracioso en que su mejor amiga buscaba unirles, la expresión de su antiguo novio al darse cuenta de los verdaderos sentimientos que el pelinegro tenía para con Martin y que ella por su parte siempre había ignorado hasta aquel entonces en que sus ojos por fin podían apreciar aquello que tanto tiempo ausente había sentido. Su presencia, su voz, ésa atenta mirada que ya no le hacía sentir tan perdida en medio de esa angustiante soledad que por semanas tocaba la puerta de sus sueños y asaltaba sus esperanzas. No podía mentirle, no a él, no a la única persona que siempre había estado ahí para ella. — Mal. — admitió apenas en un susurro, prácticamente imperceptible para aquel que no pudiera visualizar la modulación predilecta de sus labios que esbozaron una triste expresión de magullada sonrisa. Sintió como el dolor ahondó su cuerpo y de pronto, la compungida mirada de Lydia Martin ya no era distante, sino que suplicaba por auxilio.
Su mirada se desvió con rapidez hacia la ajena, analizando con un reparo de nostalgia las facciones ajenas, la pronunciación amena de sus palabras, el tono cálido con el que daba paso a esa dulzura tan particular que solo en Stiles Stilinski la pelirroja podía degustar sin sentirse completamente incómoda por ello. — ¿Llevo qué? — cuestionó, ansiando en sus palabras encontrar un rastro de antipatía y aversión, intentando con ello parecer aquella Lydia que nada la importaba, esa Lydia que ignoraba para no sufrir las consecuencias del conocimiento y aparentaba más de lo que demostraba, pero no podía. Esa Lydia Martin había desaparecido con la partida de Jackson, con la muerte de Allison, con la desesperanza de la soledad y con la frecuente disputa de un don que lucía más bien como una maldición. Un gesto de pesar se cargó por su entrecejo hasta sus labios que se fruncieron con congoja. Nadie merecía éso. Stiles no merecía eso, él menos que nadie. Su mención y actitud le pesaron en un tormento que su mirada anhelaba apartar pero que se veía de pronto cautivada por el acaramelado matiz de su mirada, el dulce desconcierto que su gesto expresaba y la preocupación que aquel muchacho, desde tercer grado le había prestado. ¿Podría algún día apartar su mirada de la de él tan fácil?. La respuesta predilecta se anunció como un no en su raciocinio, jamás podría, no con aquel chico que parecía mirar las estrellas cada vez que sus ocelos chocaban y del cual Lydia Martin no quería imaginar como reaccionaba su impulso ante tal grado de adoración.
Oía en sus recuerdos las constantes insinuaciones de los demás para con ellos, el modo gracioso en que su mejor amiga buscaba unirles, la expresión de su antiguo novio al darse cuenta de los verdaderos sentimientos que el pelinegro tenía para con Martin y que ella por su parte siempre había ignorado hasta aquel entonces en que sus ojos por fin podían apreciar aquello que tanto tiempo ausente había sentido. Su presencia, su voz, ésa atenta mirada que ya no le hacía sentir tan perdida en medio de esa angustiante soledad que por semanas tocaba la puerta de sus sueños y asaltaba sus esperanzas. No podía mentirle, no a él, no a la única persona que siempre había estado ahí para ella. — Mal. — admitió apenas en un susurro, prácticamente imperceptible para aquel que no pudiera visualizar la modulación predilecta de sus labios que esbozaron una triste expresión de magullada sonrisa. Sintió como el dolor ahondó su cuerpo y de pronto, la compungida mirada de Lydia Martin ya no era distante, sino que suplicaba por auxilio.
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Re: — Where's my love? »
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![]() | ¿Llevo qué? Stiles asintió secamente con la cabeza y cerró los labios antes de mover la cabeza y volver la vista a la carretera. La decepción había invadido su rostro. ¿Acaso no era obvio? ¿Acaso no había otro tema de conversación por el que Stiles se interesase en los referente a Lydia? Tragó saliva; incluso había dejado de golpear rítmicamente el volante con los dedos. Lo único que quería era que Lydia entendiese que se preocupaba por ella; que no se había alejado de forma |
consciente de ella aquellas dos semanas. Y de nuevo, aquel estúpido y molesto silencio. Tal vez tenía que haber seguido con Malia, desarrollar y avanzar en aquello que empezaron. Tal vez siguiendo con ella el recuerdo de Lydia de su mente se iría. Tal vez ahora estarían hablando como dos amigos normales y corrientes. Pero no era tan fácil, y cuando entró en Eichen House... maldición, era la chica a la que amaba y estaba en un centro del que él sólo tenía malísimos recuerdos.
Ambos habían perdido demasiado y Stiles, muy de vez en cuando, seguía culpándose por lo de Allison. ¿Podría haberlo evitado? Aunque a veces pensaba en si Lydia podría haberlo predecido en lugar de haberlo notado tras su muerte; era ahí cuando se preguntaba si la pelirroja también sentía esa culpabilidad. Las últimas casas de la ciudad eran cada vez más escasas e iban dejando paso a los frondosos bosques que rodeaban Beacon Hills. Pronto llegarían al sendero del bosque, donde Stiles aparcaría el coche e irían andando hasta el Németon; ni loco metería a Roscoe en el bosque, con lo que le había costado que funcionase de nuevo. Además, desde el incidente en la biblioteca le era imposible coger una llave inglesa y no verla llena de sangre o en su lugar no recordar a Donovan siendo perforado por la barra de metal. Suspiró, y entonces volvió a escuchar la voz de Lydia.
Mal. La respuesta que se esperaba y no quería oír. Mantenía una mínima esperanza de que no fuese sincera con él. Que le dijese que estaba bien y ambos siguiesen con sus vidas que sólo el destino sabía si se cruzarían o no. Stiles tragó saliva y fue reduciendo la velocidad del coche mientras lo conducía hacia la derecha, hasta llegar al arcén. Una vez allí se detuvo del todo, aunque con el motor encendido. Bajó la vista a sus propios pies, sobre los pedales del coche, y tras sorber una vez más por la nariz miró a Lydia. —Yo... —miró los ojos de Lydia antes de apartar la mirada, nervioso. Se sentía como en segundo o tercer grado—, lo siento, ¿vale? Después de sacarte fui a tu casa, pero tu madre... no me dejó entrar. Tampoco me respondías cuando te llamaba por la ventana, supongo que no hablé lo suficientemente alto, y cuando conseguimos hablar por teléfono... bueno, ya sabes qué paso entonces.
En efecto, la señora Martin les descubrió y también controló sus llamadas, como ya se dijo. Stiles se frotó el rostro, algo cansado. Lo cierto es que no conseguía dormir demasiado. —También siento no haber hablado de esto desde que Scott nos reunió de nuevo. Me dije que estarías bien, que no haría falta sacar el tema... pero yo sigo igual de mal que hace año y medio, ¿sabes? Así que me planteé que tal vez no estabas bien. Por lo visto, he acertado.
Chasqueó la lengua. Sí, seguía teniendo pesadillas en las que seguía poseído por el Nogitsune; si de eso hacía casi dos años, ¿cómo se sentiría Lydia, que apenas hacía semanas de lo suyo? Tras hablar, tras soltar todo aquello, volvió a alzar la vista para encontrarse con el rostro que tanto deseaba incluso aunque hubiese perdido la vitalidad de hacía años.
Ambos habían perdido demasiado y Stiles, muy de vez en cuando, seguía culpándose por lo de Allison. ¿Podría haberlo evitado? Aunque a veces pensaba en si Lydia podría haberlo predecido en lugar de haberlo notado tras su muerte; era ahí cuando se preguntaba si la pelirroja también sentía esa culpabilidad. Las últimas casas de la ciudad eran cada vez más escasas e iban dejando paso a los frondosos bosques que rodeaban Beacon Hills. Pronto llegarían al sendero del bosque, donde Stiles aparcaría el coche e irían andando hasta el Németon; ni loco metería a Roscoe en el bosque, con lo que le había costado que funcionase de nuevo. Además, desde el incidente en la biblioteca le era imposible coger una llave inglesa y no verla llena de sangre o en su lugar no recordar a Donovan siendo perforado por la barra de metal. Suspiró, y entonces volvió a escuchar la voz de Lydia.
Mal. La respuesta que se esperaba y no quería oír. Mantenía una mínima esperanza de que no fuese sincera con él. Que le dijese que estaba bien y ambos siguiesen con sus vidas que sólo el destino sabía si se cruzarían o no. Stiles tragó saliva y fue reduciendo la velocidad del coche mientras lo conducía hacia la derecha, hasta llegar al arcén. Una vez allí se detuvo del todo, aunque con el motor encendido. Bajó la vista a sus propios pies, sobre los pedales del coche, y tras sorber una vez más por la nariz miró a Lydia. —Yo... —miró los ojos de Lydia antes de apartar la mirada, nervioso. Se sentía como en segundo o tercer grado—, lo siento, ¿vale? Después de sacarte fui a tu casa, pero tu madre... no me dejó entrar. Tampoco me respondías cuando te llamaba por la ventana, supongo que no hablé lo suficientemente alto, y cuando conseguimos hablar por teléfono... bueno, ya sabes qué paso entonces.
En efecto, la señora Martin les descubrió y también controló sus llamadas, como ya se dijo. Stiles se frotó el rostro, algo cansado. Lo cierto es que no conseguía dormir demasiado. —También siento no haber hablado de esto desde que Scott nos reunió de nuevo. Me dije que estarías bien, que no haría falta sacar el tema... pero yo sigo igual de mal que hace año y medio, ¿sabes? Así que me planteé que tal vez no estabas bien. Por lo visto, he acertado.
Chasqueó la lengua. Sí, seguía teniendo pesadillas en las que seguía poseído por el Nogitsune; si de eso hacía casi dos años, ¿cómo se sentiría Lydia, que apenas hacía semanas de lo suyo? Tras hablar, tras soltar todo aquello, volvió a alzar la vista para encontrarse con el rostro que tanto deseaba incluso aunque hubiese perdido la vitalidad de hacía años.
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Re: — Where's my love? »
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![]() | Había respondido sinceramente a su pregunta, sin embargo, no quería que le escuchara realmente, no quería que supiera lo que realmente le acontecía pese a que había depositado en su contestación una sinceridad que solo profería cuando de él se trataba. Stiles merecía saberlo porque había sido él precisamente quien había demostrado el interés suficiente, pero a Lydia lo de demostrar emociones jamás se le había dado bien, menos cuando de su sufrimiento se trataba. |
Su mirada se entrecerró a medida que el auto disminuía la celeridad y ya no podía retener entre sus ocelos la emoción de la velocidad que a esas alturas era lo único que llegaba a entusiasmar su ánimo tan decaído, ánimo que tan solo encontró resguardo y calma en los orbes ajenos, que se escondían, que se desviaban y precipitaban la tragedia que inundaba su criterio.
¿Por qué lo sentía cuando no debía hacerlo?, ¿por qué parecía culparse una y otra vez ante algo que él siempre evitó o hizo todo lo posible para obstaculizar?. Se sintió mal por ello y sus palabras no hicieron más que aumentarlo porque en el fondo de toda esa sensación que inundaba su anatomía él tenía razón. No por culparse, pero sí por lo hecho. Claro tenía que su madre se había comportado como una real bruja cuando de Stiles se trató, inclusive teniendo en cuenta que fue él quien precisamente se había encargado de salvar el pellejo de su hija, de sacarla de un lugar que infamaba destruyendo lo que le componía y que lo intentó una y otra vez, sin cansarse, sin meditar sobre un límite que Lydia había establecido en tercer grado y que ahora ansiaba derrumbar.
— Nada está bien. — admitió para cuando la voz ajena se vio pausada. Su mirada buscó refugio en el movimiento afín de sus dedos que buscaban concentrar su atención en algún tipo de tratamiento que ella misma se había predispuesto. La ansiedad parecía de a poco acaparar su raciocinio y el terror parecía no querer abandonar la sensación frecuente de su cuerpo que siempre se encontraba a la defensiva, que de todo veía un ataque, inclusive de él, cuando ella y todo el mundo sabía que Stiles Stilinski jamás haría algo para dañarle precisamente a ella y es precisamente por ello quizá que jamás asimiló al muchacho de orbes acaramelados con la mirada oscura y perdida del Nogitsune. Jamás pensó que tuviese algo de culpa, jamás pensó o llegó a imaginar que parte de Stiles se hubiese guarecido bajo el manto opaco del demonio que tanto sufrimiento había acarreado consigo. No, Stiles no había matado a su mejor amiga ni tampoco a su novio, ni mucho menos había dañado la calma de todos ahí porque en ese preciso instante que podía observar su rostro, admirar sus facciones y meditar sobre su vida, se daba cuenta de que cierto era que podías ver el alma de las personas a través de su mirada y la de Stiles, al igual que la de ella solo mostraba una infinita tristeza oculta bajo la culpabilidad que le vociferaba, mirada que jamás pudo percibir en Void. Cálido, calma, absoluta serenidad era lo que le inspiraba el muchacho, era por eso quizá que a sus brazos eran a los primeros que recurría casi como si un conector jalara al cuerpo ajeno en el momento que la angustia le sobrellevaba.
En ése momento, la angustia se le quedaba corta. — Sé que no he sido buena. — declaró en un suspiro ahogado casi como una ironía retrógrada. Él mejor que nadie lo sabía. Lydia Martin parecía haber concentrado toda esa inocente y divertida maldad en Stiles Stilinski cuando la adolescencia fue tocando sus puertas y el rechazo era sinónimo de popularidad, interés supremo para una chica que ahora lamentaba todo lo hecho porque sabía que en el fondo, inclusive si no lo quería admitir para si misma, había sido precisamente ese repudio lo que les había alejado y ahora les tenía así, cuando todo pudo ser tan distinto. La ironía cayó más fuerte sobre sus hombros al darse cuenta de que ya ni la popularidad le interesaba y que todos los que en algún momento habían dado algo por ella habían sufrido y por quienes ella había dado todo, le habían decepcionado. — Allison no merecía morir por mi, ninguno de ustedes merece arriesgar algo por mi y aún así lo hacen. — no podía mirarle, no mientras toda la careta del orgullo se desvanecía a su al rededor y socavaba con su calma. — Pero... — balbuceó tragando saliva — ... tampoco merezco el infierno que estoy viviendo. — todo ardía y quemaba. La sinceridad dolía. Quizá lo merecía pero quería creer que no era así, quería creer que ni ella ni Stiles merecían nada de lo que habían pasado.
¿Por qué lo sentía cuando no debía hacerlo?, ¿por qué parecía culparse una y otra vez ante algo que él siempre evitó o hizo todo lo posible para obstaculizar?. Se sintió mal por ello y sus palabras no hicieron más que aumentarlo porque en el fondo de toda esa sensación que inundaba su anatomía él tenía razón. No por culparse, pero sí por lo hecho. Claro tenía que su madre se había comportado como una real bruja cuando de Stiles se trató, inclusive teniendo en cuenta que fue él quien precisamente se había encargado de salvar el pellejo de su hija, de sacarla de un lugar que infamaba destruyendo lo que le componía y que lo intentó una y otra vez, sin cansarse, sin meditar sobre un límite que Lydia había establecido en tercer grado y que ahora ansiaba derrumbar.
— Nada está bien. — admitió para cuando la voz ajena se vio pausada. Su mirada buscó refugio en el movimiento afín de sus dedos que buscaban concentrar su atención en algún tipo de tratamiento que ella misma se había predispuesto. La ansiedad parecía de a poco acaparar su raciocinio y el terror parecía no querer abandonar la sensación frecuente de su cuerpo que siempre se encontraba a la defensiva, que de todo veía un ataque, inclusive de él, cuando ella y todo el mundo sabía que Stiles Stilinski jamás haría algo para dañarle precisamente a ella y es precisamente por ello quizá que jamás asimiló al muchacho de orbes acaramelados con la mirada oscura y perdida del Nogitsune. Jamás pensó que tuviese algo de culpa, jamás pensó o llegó a imaginar que parte de Stiles se hubiese guarecido bajo el manto opaco del demonio que tanto sufrimiento había acarreado consigo. No, Stiles no había matado a su mejor amiga ni tampoco a su novio, ni mucho menos había dañado la calma de todos ahí porque en ese preciso instante que podía observar su rostro, admirar sus facciones y meditar sobre su vida, se daba cuenta de que cierto era que podías ver el alma de las personas a través de su mirada y la de Stiles, al igual que la de ella solo mostraba una infinita tristeza oculta bajo la culpabilidad que le vociferaba, mirada que jamás pudo percibir en Void. Cálido, calma, absoluta serenidad era lo que le inspiraba el muchacho, era por eso quizá que a sus brazos eran a los primeros que recurría casi como si un conector jalara al cuerpo ajeno en el momento que la angustia le sobrellevaba.
En ése momento, la angustia se le quedaba corta. — Sé que no he sido buena. — declaró en un suspiro ahogado casi como una ironía retrógrada. Él mejor que nadie lo sabía. Lydia Martin parecía haber concentrado toda esa inocente y divertida maldad en Stiles Stilinski cuando la adolescencia fue tocando sus puertas y el rechazo era sinónimo de popularidad, interés supremo para una chica que ahora lamentaba todo lo hecho porque sabía que en el fondo, inclusive si no lo quería admitir para si misma, había sido precisamente ese repudio lo que les había alejado y ahora les tenía así, cuando todo pudo ser tan distinto. La ironía cayó más fuerte sobre sus hombros al darse cuenta de que ya ni la popularidad le interesaba y que todos los que en algún momento habían dado algo por ella habían sufrido y por quienes ella había dado todo, le habían decepcionado. — Allison no merecía morir por mi, ninguno de ustedes merece arriesgar algo por mi y aún así lo hacen. — no podía mirarle, no mientras toda la careta del orgullo se desvanecía a su al rededor y socavaba con su calma. — Pero... — balbuceó tragando saliva — ... tampoco merezco el infierno que estoy viviendo. — todo ardía y quemaba. La sinceridad dolía. Quizá lo merecía pero quería creer que no era así, quería creer que ni ella ni Stiles merecían nada de lo que habían pasado.
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Re: — Where's my love? »
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![]() | La lástima y la culpabilidad que sentía por no haber contactado con ella –a pesar de que no fue su culpa– dieron paso a la impotencia. Sentía que no podía hacer nada por ella, lo sentía incluso cuando removía cielo y tierra por la pelirroja. Era en realidad una sensación que ya había experimentado, aunque de forma distinta. Antaño sentía impotencia para con Lydia por lo inalcanzable que era para él. La chica popular. La chica para la que era invisible. —No, Lydia... no voy a permitir que pienses eso. |
Era más que normal que fueses así —se rascó el espacio entre la nariz y los labios, ladeando un poco el cuerpo y quitándose el cinturón para ello—. Es como una regla que las chicas guapas sean populares en el instituto —esbozó una ligera sonrisa antes de continuar; al instante la borró, como si estuviese cometiendo el pecado más grande del mundo al hacerlo—, pero tú me... quiero decir que yo me fijé... bueno, que antes de eso también me preocupaba por ti. Siempre lo hice.
No sabía a qué venía todo aquello. Ya se había confesado una vez, la había dicho todo lo que sentía por ello, ¿qué necesidad había de hacerlo de nuevo? Ninguna. Además, lo más seguro era que a la pelirroja no le apeteciese escuchar aquello ahora. —Tú no fuiste la culpable de su muerte, Lydia. Si yo hubiese aprendido a controlar el Nogitsune... o mejor dicho, si hubiese visto antes lo que me ocurría... no habría llegado a tanto. Además, aún no controlabas tu poder, no podías haberlo predicho. No es tu culpa, ¿vale? —quería alzar el brazo y acariciar una de sus mejillas para luego abrazarla, pero una fuerza mayor –la impotencia, en realidad– se lo impedía—. Y créeme cuando te digo que sé el infierno en el que estás ahora mismo. No lo mereces, tú menos que nadie, ¿pero sabes qué? Yo atravesaré ese infierno contigo. Y no me importa que tu madre o medio mundo se interponga en mi camino.
La realidad y la práctica serían, claro, muy distintas. Stiles había madurado, algo evidente con todo lo que les había ocurrido, y gracias a ello podía hablar con Lydia con más confianza. No balbuceaba y decía las cosas con claridad, la gustasen o no. Nunca dejaría de ser Stiles, claro, pero el cambio había sido agigantado. Como un niño al que arrebatan de sus padres y se ve obligado a crecer antes que nadie. Stiles se había olvidado de la misión y en el fondo tenía que agradecer a Scott el reparto que había hecho, aunque la realidad no tardaría demasiado en traerles a ambos de vuelta a Beacon Hills.
—Lydia, mírame... —pidió, y no habló hasta que lo hizo; observó sus ojos verdes, aquellos con las que tantas veces había soñado en el pasado—, sabes que estoy disponible siempre que me necesites. Aunque sea para quejarte por la mala comida que ha hecho tu madre para cenar. Quiero que lo entiendas y que quede claro. He dejado de ser el chico gritón del que tanto huías. —. Se dio el lujo de bromear, esbozando una cansada sonrisa. Seguía siendo así, de hecho sus gritos de alegría llenaron los pasillos del instituto al ver que había aprobado sus exámenes a pesar de todo lo que había ocurrido, pero Stiles sabía que Lydia iba a saber a qué se refería.
No sabía a qué venía todo aquello. Ya se había confesado una vez, la había dicho todo lo que sentía por ello, ¿qué necesidad había de hacerlo de nuevo? Ninguna. Además, lo más seguro era que a la pelirroja no le apeteciese escuchar aquello ahora. —Tú no fuiste la culpable de su muerte, Lydia. Si yo hubiese aprendido a controlar el Nogitsune... o mejor dicho, si hubiese visto antes lo que me ocurría... no habría llegado a tanto. Además, aún no controlabas tu poder, no podías haberlo predicho. No es tu culpa, ¿vale? —quería alzar el brazo y acariciar una de sus mejillas para luego abrazarla, pero una fuerza mayor –la impotencia, en realidad– se lo impedía—. Y créeme cuando te digo que sé el infierno en el que estás ahora mismo. No lo mereces, tú menos que nadie, ¿pero sabes qué? Yo atravesaré ese infierno contigo. Y no me importa que tu madre o medio mundo se interponga en mi camino.
La realidad y la práctica serían, claro, muy distintas. Stiles había madurado, algo evidente con todo lo que les había ocurrido, y gracias a ello podía hablar con Lydia con más confianza. No balbuceaba y decía las cosas con claridad, la gustasen o no. Nunca dejaría de ser Stiles, claro, pero el cambio había sido agigantado. Como un niño al que arrebatan de sus padres y se ve obligado a crecer antes que nadie. Stiles se había olvidado de la misión y en el fondo tenía que agradecer a Scott el reparto que había hecho, aunque la realidad no tardaría demasiado en traerles a ambos de vuelta a Beacon Hills.
—Lydia, mírame... —pidió, y no habló hasta que lo hizo; observó sus ojos verdes, aquellos con las que tantas veces había soñado en el pasado—, sabes que estoy disponible siempre que me necesites. Aunque sea para quejarte por la mala comida que ha hecho tu madre para cenar. Quiero que lo entiendas y que quede claro. He dejado de ser el chico gritón del que tanto huías. —. Se dio el lujo de bromear, esbozando una cansada sonrisa. Seguía siendo así, de hecho sus gritos de alegría llenaron los pasillos del instituto al ver que había aprobado sus exámenes a pesar de todo lo que había ocurrido, pero Stiles sabía que Lydia iba a saber a qué se refería.
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![]() | No constaba como un incomodidad sino más bien como una lastimosa expectación el hecho de volver a oír a Stiles de aquel modo y es que cierto era que Lydia Martin jamás podría dejar pasar el hecho de los años que consiguieron a su relación como un intento desenfrenado por parte del chico para conseguir su atención, sin recibir de ella más que un gesto petulante y una figura que se perdía por el camino de los pasillos... ¿y ahora?, ¿quién estaba ahí?, él, el chico que siempre ignoró. |
Un amago de suspiro se escapó de sus labios con un gesto agotado. En esos momentos, pese a sus palabras, se detestaba a si misma más que nunca, por nunca haber sido plenamente consciente de lo que pasaba a su al rededor o directamente ignorarlo pretendiendo que todo sería mejor si conformaba su mundo de burbuja rosa que con el paso de los sucesos se fue desmoronando hasta no quedar más al descubierto que su fragilidad, ni las esperanzas de algo bueno parecía precipitarse a su agonía cuando en realidad, todo lo que siempre había querido lo tenía ahí, en frente de sus ojos pero había pasado su consciencia por encima de él porque su tendencia auto destructiva era estrecharse a todo aquello que le hacía daño.
A veces el silencio otorgaba más de lo que las palabras podrían llegar a pronunciar u expresar, sin embargo, en aquel entonces quería hablar, quería confiarle a Stiles lo que a nadie le había confiado, porque él tenía razón. Siempre se había preocupado por ella y al mismo tiempo, él había pasado por un infierno mucho peor que el propio. — Me siento una estúpida. — declaró apenas en un susurro que acalló frunciendo sus labios. Desvió su mirada de él, necesitaba despejar aquellas emociones que acarreaban sus palabras con la visualización fugaz de un paisaje que quedó pobre al oír lo que seguía. Una de sus manos, las cuales se había precipitado hasta su propio cabello para acomodarlo hacia un costado, se detuvo en seco para descenderla lentamente mientras volteaba su mirada a la de él. Oh, no de nuevo.
— Sigues siendo igual de gritón, Stiles. — balbuceó correspondiendo a aquella cansada sonrisa con un esbozo de la propia. ¿Cómo es que siempre conseguía hacerle sonreír con las cosas más pequeñas?. Inclusive pretendiendo que lo dicho había sonado como una estúpidez, lo cierto era que el trasfondo de sus palabras había terminado significando para ella mucho más de lo que le habría gustado llegar a admitir. No importaba cuanto sucediera, él siempre estaría ahí para ella. — Pero tampoco huiré de ti. — ésta vez si se permitió a si misma reír, después de tantos días sin apenas dirimir el esbozo de un sonido, ésta vez se había precipitado por sus labios casi como un impulso de autenticidad. No, no huiría de él... es más... — Jamás huí de ti en realidad... — declaró humedeciendo ligeramente sus labios. Sus manos que habían descendido de golpe en un intento de contacto con sus cabellos demostraron el intento furtivo de estrechar la ajena que reposaba en una lejanía prácticamente palpable. ¿Debía hacerlo?. No, no podía hacerlo. No podía hacer sufrir a Stiles más de lo que ya había hecho. Su puño se cerró, refugiándose sobre su propia pierna en la que le mantuvo tranquila antes de volver a mirar sus ojos. — ... solo intentaba alejarte de mi. Era lo mejor. — lo último no se lo creía ni ella misma, pero de algún modo creía que esa era la solución a todas sus disyuntivas que se mantenían en un silencioso misterio.
A veces el silencio otorgaba más de lo que las palabras podrían llegar a pronunciar u expresar, sin embargo, en aquel entonces quería hablar, quería confiarle a Stiles lo que a nadie le había confiado, porque él tenía razón. Siempre se había preocupado por ella y al mismo tiempo, él había pasado por un infierno mucho peor que el propio. — Me siento una estúpida. — declaró apenas en un susurro que acalló frunciendo sus labios. Desvió su mirada de él, necesitaba despejar aquellas emociones que acarreaban sus palabras con la visualización fugaz de un paisaje que quedó pobre al oír lo que seguía. Una de sus manos, las cuales se había precipitado hasta su propio cabello para acomodarlo hacia un costado, se detuvo en seco para descenderla lentamente mientras volteaba su mirada a la de él. Oh, no de nuevo.
— Sigues siendo igual de gritón, Stiles. — balbuceó correspondiendo a aquella cansada sonrisa con un esbozo de la propia. ¿Cómo es que siempre conseguía hacerle sonreír con las cosas más pequeñas?. Inclusive pretendiendo que lo dicho había sonado como una estúpidez, lo cierto era que el trasfondo de sus palabras había terminado significando para ella mucho más de lo que le habría gustado llegar a admitir. No importaba cuanto sucediera, él siempre estaría ahí para ella. — Pero tampoco huiré de ti. — ésta vez si se permitió a si misma reír, después de tantos días sin apenas dirimir el esbozo de un sonido, ésta vez se había precipitado por sus labios casi como un impulso de autenticidad. No, no huiría de él... es más... — Jamás huí de ti en realidad... — declaró humedeciendo ligeramente sus labios. Sus manos que habían descendido de golpe en un intento de contacto con sus cabellos demostraron el intento furtivo de estrechar la ajena que reposaba en una lejanía prácticamente palpable. ¿Debía hacerlo?. No, no podía hacerlo. No podía hacer sufrir a Stiles más de lo que ya había hecho. Su puño se cerró, refugiándose sobre su propia pierna en la que le mantuvo tranquila antes de volver a mirar sus ojos. — ... solo intentaba alejarte de mi. Era lo mejor. — lo último no se lo creía ni ella misma, pero de algún modo creía que esa era la solución a todas sus disyuntivas que se mantenían en un silencioso misterio.
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![]() | Negó de forma efusiva con la cabeza. Lydia era de todo menos estúpida y cualquier adjetivo sinónimo de éste. Se relamió los labios, de nuevo cargado de impotencia, y movió la cabeza con algo de nervios. Miró a la carretera y a los oscuros bosques antes de volver la vista de nuevo a la pelirroja. Aquella frase que dejó a medias viajó hasta el estómago de Stiles para agarrarlo y voltearlo, no haciendo otra cosa que incrementar sus nervios aún más. Observó el movimiento de su mano y como siempre, |
se hizo ilusiones. Separó una de sus manos del volante sólo para volver a sujetarlo por debajo. Fingió, como si en lugar de ir a tomar su mano hubiese hecho aquello sólo para sujetar el volante de forma distinta. La forma en que terminó la frase fue como un cubo de agua fría sobre su cabeza; o mejor dicho, un rebaño lleno de hielos del tamaño de bolas de baloncesto.
Tragó saliva y asintió con el rostro. ¿Por qué le dolía, si al fin y al cabo había hablado en pasado? Tal vez era cierto que era mejor no saber la verdad, incluso aunque fuese una verdad que ya no le incumbía, que se había dado años atrás. Aún recordaba la forma en que Lydia ignoraba sus llamadas en susurros en clase y cómo se alejaba indiferente por los pasillos cuando el moreno intentaba conversar con ella. —¿Por qué? Y por favor... evita que esto es convierta en una película romántica. No era lo mejor, no al menos para mí. ¿Cómo te sentirías tú si Jackson hubiese huido de ti en los pasillos cuando sentías algo por él?
Se enfrentó con su mirada. Sabía que no había sido el ejemplo más claro, pero se había dado cuenta tarde. No sabía si la espina referente a Jackson seguía clavada en el corazón de Lydia o no. Y ahora se sentía demasiado estúpido como para disculparse.
Tampoco le hizo falta. Un aullido inundó el lugar, y seguramente la ciudad. Stiles dio un pequeño salto, asustado, y volvió a la realidad. Debían ir al Németon, incluso aunque no encontrasen nada. Independientemente de que aquel aullido hubiese sido de Scott o no, tenían que cumplir con su misión. Era, en el fondo, la excusa perfecta para aplazar ese tema tan doloroso para ambos para más tarde, o incluso para otro día. Volvió a abrocharse el cinturón.
—Será mejor que sigamos. Podemos... podemos hablar más tarde... —. Encogió los hombros antes de poner en marcha el coche. Tan rápido como el Jeep le permitía, llegó al sendero de tierra donde lo aparcó y se bajó. Tras coger un bate del maletero, que en tales misiones era una extensión más de su brazo, comenzó a caminar junto a Lydia quien parecía saber mejor el camino hacia el Németon.
Stiles desconocía si sus nervios eran por la misión o por las palabras que dirigió hacia Lydia. Tal reproche no había sido necesario y menos aún en la situación en la que estaba Lydia. Sus ojos se humedecieron, pero parpadeó varias veces mientras avanzaba junto a la pelirroja, bate en mano.
Tragó saliva y asintió con el rostro. ¿Por qué le dolía, si al fin y al cabo había hablado en pasado? Tal vez era cierto que era mejor no saber la verdad, incluso aunque fuese una verdad que ya no le incumbía, que se había dado años atrás. Aún recordaba la forma en que Lydia ignoraba sus llamadas en susurros en clase y cómo se alejaba indiferente por los pasillos cuando el moreno intentaba conversar con ella. —¿Por qué? Y por favor... evita que esto es convierta en una película romántica. No era lo mejor, no al menos para mí. ¿Cómo te sentirías tú si Jackson hubiese huido de ti en los pasillos cuando sentías algo por él?
Se enfrentó con su mirada. Sabía que no había sido el ejemplo más claro, pero se había dado cuenta tarde. No sabía si la espina referente a Jackson seguía clavada en el corazón de Lydia o no. Y ahora se sentía demasiado estúpido como para disculparse.
Tampoco le hizo falta. Un aullido inundó el lugar, y seguramente la ciudad. Stiles dio un pequeño salto, asustado, y volvió a la realidad. Debían ir al Németon, incluso aunque no encontrasen nada. Independientemente de que aquel aullido hubiese sido de Scott o no, tenían que cumplir con su misión. Era, en el fondo, la excusa perfecta para aplazar ese tema tan doloroso para ambos para más tarde, o incluso para otro día. Volvió a abrocharse el cinturón.
—Será mejor que sigamos. Podemos... podemos hablar más tarde... —. Encogió los hombros antes de poner en marcha el coche. Tan rápido como el Jeep le permitía, llegó al sendero de tierra donde lo aparcó y se bajó. Tras coger un bate del maletero, que en tales misiones era una extensión más de su brazo, comenzó a caminar junto a Lydia quien parecía saber mejor el camino hacia el Németon.
Stiles desconocía si sus nervios eran por la misión o por las palabras que dirigió hacia Lydia. Tal reproche no había sido necesario y menos aún en la situación en la que estaba Lydia. Sus ojos se humedecieron, pero parpadeó varias veces mientras avanzaba junto a la pelirroja, bate en mano.
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![]() | Su interrogante podía sonar suficiente, su desconcierto ante una posible respuesta precipitada a aquello podía resultar siendo errónea, sin embargo, no fue ello ni mucho menos la propia interrogante hacia lo que era correcto lo que le mantuvo en un momentáneo trance al oír la palabra romance y Jackson en una misma oración. Lydia Martin entrecerró sus ojos hasta el punto de notarse cegada por sus pensamientos, recuerdos que tocaban cruelmente su memoria. |
Frunció sus labios, intentando acallar con ello todas las emociones que de pronto se arropaban en la comisura de sus labios e intentaban vociferar su descontento, un triste descontento que terminó con la calma momentánea de su sonrisa, una expresión dulce que se había escapado de sus labios segundos antes y que en aquel entonces desaparecía con la brisa nocturna que azotaba su ventana. ¿Por qué había dicho eso?, ¿por qué había sacado a Jackson en un tema que no tenía nada que ver con ellos?... porque de eso estaban hablando, de ellos, de lo que les concernía tiempo atrás y del cual la mención del otro sujeto solo recaía en una dolorosa nostalgia que tanto tiempo había magullado hasta hacer desaparecer y que en ése entonces renacía de las cenizas. .
El aullido no desvió de ningún modo su atención a lo anteriormente mencionado por el muchacho que casi en un desliz momentáneo desvió su mirada y dio marcha a un viaje que ya no lucía tan eterno, pero si infinitamente doloroso una vez que ya cargaba todos esos recuerdos consigo.
Toda la simpatía que momentáneamente había cargado en aquel auto se despejó hacia una nueva indiferencia, esta vez más compungida hacia el dolor para cuando descendió de éste y sin aguardar más nada inició camino hacia el Nemetón, camino que conocía casi de memoria y que sus pies guiaban con una serenidad algo apresurada. Quizá si encontraban algo de valor ahí podrían marcharse de una buena vez de un lugar que solo traía desgracias y a su vez podía mantenerse lejos de toda la angustia que había renacido de su conversación con Stiles. Conversación que no había hecho más que in estabilizar su calma, la cual se vio aún más azotada al dar de frente y casi inesperadamente con aquel sitio en concreto, ese que le inspiraba solo intranquilidad y desesperanza. Todos tenían malas experiencias con él, todos habían perdido una parte de sí mismos en él.
Ahogó un suspiro y se debió regocijar en aquella desmesurada agonía para poder seguir avanzando débiles pasos hasta él. No era solo el Nemetón, era todo lo recién ocurrido, era todo lo dicho, era todo lo que había faltado por decir y hacer. Todo estaba haciendo a Lydia adoptar una posición defensiva cuando no debía hacerlo realmente, no con él, pero aún así, su orgullo lo reclamaba a gritos. — Solo para que lo tengas en cuenta... — musitó, interrumpiendo de pronto aquel silencio ensordecedor ante el cual aguardó por tenerle a su altura, mirándole apenas de reojo. No podía resguardar más aquello que resguardaba sus labios, se sentía casi como la insinuación de un grito que debía vociferar y que ocultarlo solo traería sus consecuencias. — ... Jackson siempre huyó de lo que yo sentía por él. — declaró sin atreverse siquiera a observar directamente sus ojos porque sabía que encontraría en ellos la misma emoción en una correspondencia clara a su sentimiento y el vería en ella el lagrimeo débil de un romance fallido.
Aún recordaba para ése entonces la vez que en el carro junto a su en ése entonces mejor amiga, ésta le preguntaba indirectamente la expectación de aguardar por Jackson en los pasillos, la sensación enamorada que podía adquirir cada vez que éste la sostenía para encontrar una respuesta triste en su interior, porque no, jamás había aguardado por él del modo que ella lo pronunciaba, jamás había estado tan enamorada de aquel chico que gran parte de su vida solo le tenía como un título, un premio, un trofeo que decayó cuando notaron en él no más que una simple y tortuosa obsesión. Lydia Martin jamás se había sentido plenamente adorada excepto de cuando Stiles se trataba y el hecho de que le ignoró gran parte de su vida le hacía cuestionarse si en verdad lo merecía.
El aullido no desvió de ningún modo su atención a lo anteriormente mencionado por el muchacho que casi en un desliz momentáneo desvió su mirada y dio marcha a un viaje que ya no lucía tan eterno, pero si infinitamente doloroso una vez que ya cargaba todos esos recuerdos consigo.
Toda la simpatía que momentáneamente había cargado en aquel auto se despejó hacia una nueva indiferencia, esta vez más compungida hacia el dolor para cuando descendió de éste y sin aguardar más nada inició camino hacia el Nemetón, camino que conocía casi de memoria y que sus pies guiaban con una serenidad algo apresurada. Quizá si encontraban algo de valor ahí podrían marcharse de una buena vez de un lugar que solo traía desgracias y a su vez podía mantenerse lejos de toda la angustia que había renacido de su conversación con Stiles. Conversación que no había hecho más que in estabilizar su calma, la cual se vio aún más azotada al dar de frente y casi inesperadamente con aquel sitio en concreto, ese que le inspiraba solo intranquilidad y desesperanza. Todos tenían malas experiencias con él, todos habían perdido una parte de sí mismos en él.
Ahogó un suspiro y se debió regocijar en aquella desmesurada agonía para poder seguir avanzando débiles pasos hasta él. No era solo el Nemetón, era todo lo recién ocurrido, era todo lo dicho, era todo lo que había faltado por decir y hacer. Todo estaba haciendo a Lydia adoptar una posición defensiva cuando no debía hacerlo realmente, no con él, pero aún así, su orgullo lo reclamaba a gritos. — Solo para que lo tengas en cuenta... — musitó, interrumpiendo de pronto aquel silencio ensordecedor ante el cual aguardó por tenerle a su altura, mirándole apenas de reojo. No podía resguardar más aquello que resguardaba sus labios, se sentía casi como la insinuación de un grito que debía vociferar y que ocultarlo solo traería sus consecuencias. — ... Jackson siempre huyó de lo que yo sentía por él. — declaró sin atreverse siquiera a observar directamente sus ojos porque sabía que encontraría en ellos la misma emoción en una correspondencia clara a su sentimiento y el vería en ella el lagrimeo débil de un romance fallido.
Aún recordaba para ése entonces la vez que en el carro junto a su en ése entonces mejor amiga, ésta le preguntaba indirectamente la expectación de aguardar por Jackson en los pasillos, la sensación enamorada que podía adquirir cada vez que éste la sostenía para encontrar una respuesta triste en su interior, porque no, jamás había aguardado por él del modo que ella lo pronunciaba, jamás había estado tan enamorada de aquel chico que gran parte de su vida solo le tenía como un título, un premio, un trofeo que decayó cuando notaron en él no más que una simple y tortuosa obsesión. Lydia Martin jamás se había sentido plenamente adorada excepto de cuando Stiles se trataba y el hecho de que le ignoró gran parte de su vida le hacía cuestionarse si en verdad lo merecía.
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![]() | Como siempre, la había cagado. ¿Por qué demonios había mencionado a Jackson en un momento como aquel, al chico del que a pesar de que terminó perteneciendo brevemente a su piño sentía tanta envidia? Caminaba algo alejado de Lydia, pero siempre siguiéndola, con los pasos de ambos acompasados mientras pisaban la tierra y alguna que otra rama caída. Había dicho que quería ayudarla y por el contrario había hurgado en una herida que ya estaba, o eso pensaba Stiles, cerrada. |
Fue entonces cuando volvió a oír su voz, y se acercó a ella. Aun así, mantuvo una distancia de prudencia; no sabía si las palabras que iba a decir le iban a doler o iban a dolerle a ella. Tragó saliva, y al oír lo que dijo no pudo evitar fruncir el ceño. Debería alegrarse, ¿no? El chico que tanto había presumido de tener a Lydia resultó no estar enamorado de ella. Pero no, alegrarse sería hacer más daño a Lydia.
Bajó la vista y se relamió los labios antes de suspirar. —No lo parecía. A ojos de los demás érais la pareja perfecta, la pareja que todo el mundo quería ser o quería tener —encogió los hombros y sin añadir nada más siguió caminando. ¿Qué estaba haciendo? Si bien era cierto que Stiles habia madurado, esa frialdad se pasaba de la raya; él no era así. Nunca lo sería. Y menos aún con Lydia. Pero sus pies seguían avanzando hacia el claro en el que se encontraba el Németon. Una vez allí se giró y se enfrentó a Lydia.
Tiró el bate al suelo y se acercó a ella, sacando las fuerzas de donde no tenía. —Lydia, lo siento. No seas esquiva, no ahora —suspiró y subió las manos para colocarlas en sus brazos. Un cosquilleo nació en sus dedos en cuanto tocaron los brazos de la pelirroja y recorrieron todo su cuerpo. Siempre sentiría unos nervios así, aunque pasasen años—. No debí haber mencionado a Jackson, y menos aún haber seguido caminando como si nada. Eso no es muy propio de mí —frunció el ceño mientras negaba con la cabeza, dando así veracidad a sus palabras—. Lo último que debería hacer mientras recorremos el infierno es mencionarte más demonios.
Encogió los hombros y esbozó una sonrisa por la metáfora que había hecho. Desde luego, Stiles no había cambiado, y si podía contagiar la sonrisa a Lydia, aunque fuese un movimiento mínimo de sus músculos, lo intentaria. Aun así, sus labios no tardaron mucho en volver a su posición normal. Haría falta algo más que una sonrisa para animarla y algo más que una disculpa para que se diese cuenta de que él también se arrepentía de tal comportamiento. Dio dos pasos, acortando la distancia que había entre ambos, y movió sus brazos hacia atrás. Acabó por rodear sus hombros y su cuello, fundiéndose con ella un abrazo que hacía días, semanas que había deseado darla.
Bajó la vista y se relamió los labios antes de suspirar. —No lo parecía. A ojos de los demás érais la pareja perfecta, la pareja que todo el mundo quería ser o quería tener —encogió los hombros y sin añadir nada más siguió caminando. ¿Qué estaba haciendo? Si bien era cierto que Stiles habia madurado, esa frialdad se pasaba de la raya; él no era así. Nunca lo sería. Y menos aún con Lydia. Pero sus pies seguían avanzando hacia el claro en el que se encontraba el Németon. Una vez allí se giró y se enfrentó a Lydia.
Tiró el bate al suelo y se acercó a ella, sacando las fuerzas de donde no tenía. —Lydia, lo siento. No seas esquiva, no ahora —suspiró y subió las manos para colocarlas en sus brazos. Un cosquilleo nació en sus dedos en cuanto tocaron los brazos de la pelirroja y recorrieron todo su cuerpo. Siempre sentiría unos nervios así, aunque pasasen años—. No debí haber mencionado a Jackson, y menos aún haber seguido caminando como si nada. Eso no es muy propio de mí —frunció el ceño mientras negaba con la cabeza, dando así veracidad a sus palabras—. Lo último que debería hacer mientras recorremos el infierno es mencionarte más demonios.
Encogió los hombros y esbozó una sonrisa por la metáfora que había hecho. Desde luego, Stiles no había cambiado, y si podía contagiar la sonrisa a Lydia, aunque fuese un movimiento mínimo de sus músculos, lo intentaria. Aun así, sus labios no tardaron mucho en volver a su posición normal. Haría falta algo más que una sonrisa para animarla y algo más que una disculpa para que se diese cuenta de que él también se arrepentía de tal comportamiento. Dio dos pasos, acortando la distancia que había entre ambos, y movió sus brazos hacia atrás. Acabó por rodear sus hombros y su cuello, fundiéndose con ella un abrazo que hacía días, semanas que había deseado darla.
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![]() | Para el momento que le vio caminar, avanzando, dejando con ello atrás toda la inconclusa declaración de su respuesta, Lydia Martin sintió que al fin y al cabo, se lo merecía. Lo dicho en el carro perdía valor para ése entonces, toda esa idea redundante de que quizá había sido mala, pero a su parecer no tan mala perdía perdía consistencia, porque no importaba cuanto intentara convencerse de ello, Lydia si merecía su indiferencia, al fin y al cabo ella había hecho lo mismo con él innumerables veces. |
Un susto le estremeció para cuando Stiles tiró el bate al suelo, siendo inmediatamente recompensada con la calma de sus palabras y esa cercanía que siempre le inquietaba pues su simple tacto, su apenas suave caricia se sentía como un choque eléctrico que revitalizaba todo lo muerto en ella.
Sus últimas palabras por otro lado resultaron ser un bálsamo para sus oídos. Stiles si lo entendía, comprendía plenamente el concepto de infierno por el cual la mente podía hacerte pasar y por el cual las desgracias e inclusive demonios que invadían Beacon Hills proporcionaban a una serenidad asaltada, esa misma serenidad que de pronto se vio promovida por el recuerdo tácito de su pasado y que él acalló rodeándola en un abrazo, pero no cualquier abrazo. Stiles Stilinski tenía el don del conocimiento por excelencia y el muchacho que de pronto estrechó su cuerpo al propio sabía que con ello sanaba heridas o al menos hundía en ellas aquel ungüento aliviador que con las yemas de sus dedos profesaba la cura.
Lydia encontró en Stiles un consuelo invencible y ni cuenta se dio para cuando estaba correspondiendo completamente aquel agasajo, arrullándose tal como un felino en su cuerpo similar a como lo hacía alguien en busca de cariño, reconociéndose en el proceso el recuerdo constante de las múltiples veces que sus cuerpos obsequiaban aquella muestra de afecto, las incontables instancias en las que casi por inercia los brazos de Lydia Martin rodeaban el cuello ajeno buscando conforte o las infinitas ocasiones en las que moldeaban sus anatomías y prestaban ayuda mutua por situaciones que la vida les puso en el camino, pero no importaba cuantas veces sucediera, imperceptiblemente, siempre estarían ahí el uno para el otro y fue eso precisamente lo que le llevó e instó a depositar un suave beso en su hombro, en el punto exacto que dividía la camiseta con su cuello, permitiéndose a si misma sentir su aroma, percibir aquella cercanía que tanto había añorado días atrás.
Ya no quería llorar, ya no quería gritar ni vociferar su constante descontento. En aquel entonces la chica que corría con los demonios los dejaba atrás, muy atrás, lejos de su camino para pertenecer plenamente en la calma de sus brazos.
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Re: — Where's my love? »
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![]() | Tragó saliva y guardó silencio. No hacía falta hablar. Incluso antes de coger confianza, incluso en el primer abrazo que se dieron cuando Stiles dejó de ser el ignorado por Lydia, sobraban las palabras. Se fundían en un abrazo y estaban así todo el tiempo que hiciese falta: dos minutos, media hora, toda la tarde. Daba igual, porque se sentían bien, sus cuerpos encajaban y estaban cómodos. Encontraban el uno en el otro un confort poco habitual. Cuando sintió el beso en su hombro Stiles hizo lo mismo |
en la cabeza de Lydia, sobre su cabellos, y movió un poco los brazos para rodearla mejor. Estoy contigo, parecían decir sus movimientos, siempre lo estaré. Sin embargo, ambos estaban así gracias a ese infierno. Si Scott no hubiese recibido el mordisco, probablemente Stiles habría seguido persiguiendo a Lydia por los pasillos del instituto para recibir, casi gustoso, su fría indiferencia. ¿Era esa la meta, el estar con Lydia, el disfrutar de sus abrazos, aunque no fuesen algo oficialmente hablando? Desde luego que, si aquella era la recompensa, Stiles se enfrentaría con el demonio mismo.
Tal vez deberían dejar Beacon Hills, al fin y al cabo sería una solución más que razonable. Su padre podría ser sheriff de otra comisaría, y sus amigos... bueno, teniendo a Lydia a su lado no le importaría perderlos, por egoísta que sonase. Pero a la hora de la verdad, Stiles no haría algo así. Era demasiado fiel. Poco a poco se fue apartando y cogió el rostro de Lydia para dejar un beso en su frente. También era listo y lo que no haría a menos que la pelirroja lo quisiese era ir a por sus labios. —¿Sabes qué vamos a hacer? Vamor a recorrer este infierno juntos. Vamos a ayudar a Scott, Liam, Kira y los demás, vamos a ser uno más, ¿vale? —soltó su rostro; en cuanto lo hizo comenzó a añorar el cosquilleo que el tacto con su piel le provocaba—. Y quién sabe... quizá nos gamenos un sitio VIP en el infierno de verdad.
Esbozó una suave carcajada antes de negar con el rostro y bajar la vista. Lo importante era no perder la esencia, o eso se decía Stiles. Con un ligero cabeceo hacia el bosque le indicó que le siguiese, y echó a andar tras recoger el bate del suelo. Ahora no iba por delante de ella, ni por detrás: iba junto a ella, e incluso sus dedos se rozaban con los de Lydia. Quería coger su mano, pero no se atrevía. Poco a poco la luz se fue aclarando, pues estaban llegando al claro en el que estaba el Németon, aquel que tantos malos recuerdos le traían. Stiles sólo quería salir de allí rápido, así que lo mejor sería inspeccionar el lugar para no encontrar nada extraño e irse.
Tal vez deberían dejar Beacon Hills, al fin y al cabo sería una solución más que razonable. Su padre podría ser sheriff de otra comisaría, y sus amigos... bueno, teniendo a Lydia a su lado no le importaría perderlos, por egoísta que sonase. Pero a la hora de la verdad, Stiles no haría algo así. Era demasiado fiel. Poco a poco se fue apartando y cogió el rostro de Lydia para dejar un beso en su frente. También era listo y lo que no haría a menos que la pelirroja lo quisiese era ir a por sus labios. —¿Sabes qué vamos a hacer? Vamor a recorrer este infierno juntos. Vamos a ayudar a Scott, Liam, Kira y los demás, vamos a ser uno más, ¿vale? —soltó su rostro; en cuanto lo hizo comenzó a añorar el cosquilleo que el tacto con su piel le provocaba—. Y quién sabe... quizá nos gamenos un sitio VIP en el infierno de verdad.
Esbozó una suave carcajada antes de negar con el rostro y bajar la vista. Lo importante era no perder la esencia, o eso se decía Stiles. Con un ligero cabeceo hacia el bosque le indicó que le siguiese, y echó a andar tras recoger el bate del suelo. Ahora no iba por delante de ella, ni por detrás: iba junto a ella, e incluso sus dedos se rozaban con los de Lydia. Quería coger su mano, pero no se atrevía. Poco a poco la luz se fue aclarando, pues estaban llegando al claro en el que estaba el Németon, aquel que tantos malos recuerdos le traían. Stiles sólo quería salir de allí rápido, así que lo mejor sería inspeccionar el lugar para no encontrar nada extraño e irse.
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![]() | Quizá la pesadilla seguía vigente. Quizá nada se solucionaría de apariencia tan fácil si se aplicaba una micro conversión a todo lo que ahí existía y que alteraba el orden de lo natural y lo prohibido en Beacon Hills, pero si algo quedaba más que claro, al menos durante ésa noche, era que nada era lo suficientemente malo como para que Stiles Stilinski con apenas un roce degradado de su afecto le hiciese sentir mejor, revitalizada, mucho más plena de lo que su consciencia quería otorgarle en ventaja. |
Sus palabras reconfortaron en una caricia apenas palpable lo que su disyuntiva días atrás inundaba con un raciocinio precipitado. ¿Estaba bien seguir en ello?, ¿estaba bien siquiera seguir insistiendo en una alborotada manada en búsqueda interminable de una solución?. Sus pensamientos divagaban. Su madre había predispuesto la idea de marchar, alejarse de los problemas que acarreaba consigo aquel pueblo pero aún así Lydia sentía un remordimiento gigante al siquiera imaginar la idea de escapar, de huir de todos y dejar a los demás en la deriva de su presencia. Todos en el pack eran elementales, si uno caía, todos caían con él y se hacía lo posible por levantarse en conjunto y cuando uno partía, la pérdida se sentía como una puñalada al corazón. No. Jamás podría marchar de ahí sin antes solucionar todo aquello que parecía tan riesgoso no solo para ellos sino que para todos en general y sabía que huir, por otra parte, no era una opción.
Una ligera sonrisa se posó sobre sus labios pese al inminente dolor que toda la situación llevaba consigo, la agonía que el lugar menospreciaba con cada andar, con cada paso en el que se sumergían en aquel claro y le anticipaba una sensación de amargura, un sabor áspero en su paladar que le daba la señal de que no todo se concentraba ahí, pese a que su rastro dejaba por el camino una sensación agrietada.
Algo andaba mal con ese lugar y eso era precisamente, que no todo estaba tan mal, al menos no como lo habrían esperado. Lydia ahogó un suspiro, mordiéndose la lengua en el proceso para no decir alguna estupidez. Quizá estaba dejando pasar algo por alto y no quería partir de aquel lugar con un error de por medio.
Volvió a acercarse a Stiles, ésta vez apenas unos metros para acortar la distancia que sus acelerados pasos habían colado segundos atrás. — No hay nada aquí. — musitó, apenas decidida.
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![]() | La quietud del sitio era increíblemente sospechosa, aunque Stiles no lo encontraba tan amenazante como otras veces. Seguía despierto, claro, con su sacrificio lo despertó, pero no parecía amenazante. Allí donde antes había cadáveres que se levantaron ahora sólo había tierra y algún que otro hierbajo seco. Caminaba cerca de Lydia, aunque más despacio y con algo más de miedo, incluso con el bate en alto. Así, la distancia entre ambos se hizo mayor. No le importaba parecer más débil |
que Lydia; es más, a veces demostraba serlo. En general, no le importaba parecer más débil que el resto de personas. Sus fortalezas se encontraban en otro sitio, no en dar caza a una bestia que desconocían. Cuando la pelirroja volvió Stiles observó su rostro y asintió ante sus palabras. —¿Estás segura? —no desconfiaba de ella, tan sólo quería asegurarse de no fallar a Scott, de que por su culpa perdiesen aquella vez. Ante la segunda confirmación de Lydia el moreno la dedicó una sonrisa y bajó el bate, relejando el brazo. Nada más que sus propias mentes, su propio infierno, iba a amenazarles—. Entonces volvamos, estarán esperándonos. Nos hemos retrasado un poco.
Y por culpa del chico, claro. Cruzó sus hombros con el brazo libre mientras volvían al coche, siempre dentro de los límites de la comodidad de ambos. Si Lydia hacía algo que dejaba claro que quería que la soltase, la soltaría. Guardó el bate de nuevo en el maletero y se montó en el coche, esperando a que la chica lo hiciese. Arrancó y se puso en dirección a la ciudad, con un silencio distinto al anterior. Un silencio cómodo, por así decirlo, en el que Stiles, de vez en cuando, ladeaba el rostro hacia el asiento de Lydia para sonreírla.
Quedaba mucho camino por recorrer, pero al menos ya habían pasado lo más difícil y era poner los pies en el suelo, tantear el terreno para ver si echarían a correr por uno sólido o débil. Y si Lydia caía en la carrera Stiles no sólo caería también sino que la levantaría antes de levantarse él.
Y por culpa del chico, claro. Cruzó sus hombros con el brazo libre mientras volvían al coche, siempre dentro de los límites de la comodidad de ambos. Si Lydia hacía algo que dejaba claro que quería que la soltase, la soltaría. Guardó el bate de nuevo en el maletero y se montó en el coche, esperando a que la chica lo hiciese. Arrancó y se puso en dirección a la ciudad, con un silencio distinto al anterior. Un silencio cómodo, por así decirlo, en el que Stiles, de vez en cuando, ladeaba el rostro hacia el asiento de Lydia para sonreírla.
Quedaba mucho camino por recorrer, pero al menos ya habían pasado lo más difícil y era poner los pies en el suelo, tantear el terreno para ver si echarían a correr por uno sólido o débil. Y si Lydia caía en la carrera Stiles no sólo caería también sino que la levantaría antes de levantarse él.
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![]() | Un suspiro agotado profirió en cuanto la calma se vio arrebatada una vez más dentro de aquel hogar que apenas ya se sentía como tal. ¿Por qué todo estaba bien pero a la vez tan mal?. El peligro era inminente, la tranquilidad no era algo que se sintiera a la orden del día ni mucho menos se manifestaba algún tipo de alivio propiciado de milagro sobre un pueblo que siempre se encontraba entre medio de complicados obstáculos, pero pese a todo, Lydia Martin se sentía bien. |
— Voy a salir. — avisó sin aguardar por respuesta alguna mientras escalera abajo iba acomodando su cabello en un pequeño recogido. No esperaba que si salida fuese fácil, sin embargo, tampoco esperaba que su madre alcanzara a obstaculizar su camino tan rápido. Lydia rodó los ojos disimuladamente mientras profería otro suspiro, ésta vez resonante entre la calma del hall.
No tardó mucho en convencerla, tampoco era como si a Lydia Martin se le complicara mucho llegar a persuadir cualquier ser sobre el planeta con tal de conseguir su cometido sin muchos problemas entre medio. Inclusive su madre lo consideraba un don, contrariado por supuesto de su agrado al tener en cuenta que también tenía efecto sobre ella, teniendo plena consciencia de que la muchacha de cabellos fresa no era precisamente una niña ya y que si jamás había logrado coartar su libertad años atrás, mucho menos lo haría en ése entonces. En poco menos de quince minutos, la hija pródiga de los Martin se encontraba ante la residencia Stilinski, golpeando con un suave vaivén en su puño la puerta de éste para un par de segundos después ser recibida por el Sheriff. Estaba bien, lucía bien, ¿eso era suficiente para que Stiles estuviese tranquilo?. Esperaba que sí, porque al segundo de encontrarse con la mirada de su padre una amplia sonrisa iluminó su rostro, auténtica en su totalidad.
Le saludó como correspondía y le preguntó por su estado. Una amena conversación se desarrolló junto a él por un par de minutos en los que parecían olvidar todos los problemas ajenos a una vida común y corriente, preocupándose tan solo por lo banal, por lo que caía en lo normal de tal modo que aquello parecía lo más natural del mundo. Eso se sentía bien.
Preguntó por Stiles cuando un punto se dio por acabado y el mayor de los Stilinski contestó con una sonrisa que se encontraba en su habitación. Lydia preguntó por permisos antes de acceder por completo a su hogar y ascender las escaleras hasta llegar a esa puerta que conocía casi de memoria y que sus pies le guiaban prácticamente por inercia... como si perteneciera ahí de algún modo y sus manos volvieron a repiquetear en una estancia entreabierta. ¿Quién habría imaginado que en algún momento sería ella quien por iniciativa propia y casi necesidad llegaría ahí para tocar su puerta requiriendo atención?. Los papeles se habían volteado y Lydia Martin no tenía problema con ello.
No tardó mucho en convencerla, tampoco era como si a Lydia Martin se le complicara mucho llegar a persuadir cualquier ser sobre el planeta con tal de conseguir su cometido sin muchos problemas entre medio. Inclusive su madre lo consideraba un don, contrariado por supuesto de su agrado al tener en cuenta que también tenía efecto sobre ella, teniendo plena consciencia de que la muchacha de cabellos fresa no era precisamente una niña ya y que si jamás había logrado coartar su libertad años atrás, mucho menos lo haría en ése entonces. En poco menos de quince minutos, la hija pródiga de los Martin se encontraba ante la residencia Stilinski, golpeando con un suave vaivén en su puño la puerta de éste para un par de segundos después ser recibida por el Sheriff. Estaba bien, lucía bien, ¿eso era suficiente para que Stiles estuviese tranquilo?. Esperaba que sí, porque al segundo de encontrarse con la mirada de su padre una amplia sonrisa iluminó su rostro, auténtica en su totalidad.
Le saludó como correspondía y le preguntó por su estado. Una amena conversación se desarrolló junto a él por un par de minutos en los que parecían olvidar todos los problemas ajenos a una vida común y corriente, preocupándose tan solo por lo banal, por lo que caía en lo normal de tal modo que aquello parecía lo más natural del mundo. Eso se sentía bien.
Preguntó por Stiles cuando un punto se dio por acabado y el mayor de los Stilinski contestó con una sonrisa que se encontraba en su habitación. Lydia preguntó por permisos antes de acceder por completo a su hogar y ascender las escaleras hasta llegar a esa puerta que conocía casi de memoria y que sus pies le guiaban prácticamente por inercia... como si perteneciera ahí de algún modo y sus manos volvieron a repiquetear en una estancia entreabierta. ¿Quién habría imaginado que en algún momento sería ella quien por iniciativa propia y casi necesidad llegaría ahí para tocar su puerta requiriendo atención?. Los papeles se habían volteado y Lydia Martin no tenía problema con ello.
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![]() | Tras cenar y compartir un rato con su padre, que afortuandamente tenía la noche libre, Stiles decidió subir a su cuarto y navegar por Internet, sin mirar nada en particular. Acabó por descargarse un disco de uno de sus grupos favoritos y cuando se lo pasó al móvil, se tumbó bajo las sábanas de la cama a escucharlo con los auriculares. Su vida se había comportado en una serie de acciones que realizaba casi de forma automática, como si fuese un robot. Aún no tenía claro qué estudiar en la |
universidad, si acaso iba, así que no perdía el tiempo buscando opciones. Además, tenía otras cosas de las que preocuparse y un año sabático no le iría nada mal.
Se quitó uno de los auriculares cuando creyó escuchar la puerta, y otro golpe en ésta le confirmó que su padre requería su atención. Cuando la puerta estaba entornada es que podía entrar, ¿qué hacía en el umbral? Se quitó el restante mientras se levantaba, aunque sin quitar la música, dejando que el sonido bajo y algo distorsionado que salía de los auriculares sobre su cama llenase el ambiente. —Pasa —dijo abriendo la puerta del todo, pero no se encontró con su padre. Sus ojos se iluminaron como los de un niño ante su golosina favorita, y sus labios se entreabieron—. Lydia. —. Fue lo único que pudo decir antes de, segundos después, volver en sí.
¿Estaba soñando? Sí, seguramente se había quedado dormido con la música puesta y Lydia había aprecido en sus sueños. Además, estaba distinta. Más radiante desde la última vez que se vieron; seguro que eso sólo ocurría en sueños. —Pasa, pasa —se apartó de la puerta para que entrase y cuando lo hizo cerró del todo la puerta; es decir, si su padre pasaba por el pasillo, sabía que no debía entrar. Aunque si era un sueño... ¿lo era? Aprovechó que estaba detrás de Lydia cuando ésta se encontraba entrando al dormitorio para pellizcarse un brazo repetidas veces. Acabó por quejarse en voz baja: no estaba soñando.
—¿Ocurre algo? Perdona el desorden... —suspiró señalando algo de ropa en la silla, un escritorio aún con apuntes del instituto, la cama deshecha por haber estado tumbado... se sentó en el borde del colchón y palmeó éste para que, si la pelirroja quería, también se sentase. Cuando lo hizo ladeó un poco el cuerpo para mirarla cara a cara, esperando su respuesta. Tan sólo esperaba que no la ocurriese nada; que hubiese ido allí para, simplemente, hablar. Sería maravilloso que Lydia hubiese encontrado un motivo que no implicase a uno de los dos estar en peligro para pasar un rato juntos.
Se quitó uno de los auriculares cuando creyó escuchar la puerta, y otro golpe en ésta le confirmó que su padre requería su atención. Cuando la puerta estaba entornada es que podía entrar, ¿qué hacía en el umbral? Se quitó el restante mientras se levantaba, aunque sin quitar la música, dejando que el sonido bajo y algo distorsionado que salía de los auriculares sobre su cama llenase el ambiente. —Pasa —dijo abriendo la puerta del todo, pero no se encontró con su padre. Sus ojos se iluminaron como los de un niño ante su golosina favorita, y sus labios se entreabieron—. Lydia. —. Fue lo único que pudo decir antes de, segundos después, volver en sí.
¿Estaba soñando? Sí, seguramente se había quedado dormido con la música puesta y Lydia había aprecido en sus sueños. Además, estaba distinta. Más radiante desde la última vez que se vieron; seguro que eso sólo ocurría en sueños. —Pasa, pasa —se apartó de la puerta para que entrase y cuando lo hizo cerró del todo la puerta; es decir, si su padre pasaba por el pasillo, sabía que no debía entrar. Aunque si era un sueño... ¿lo era? Aprovechó que estaba detrás de Lydia cuando ésta se encontraba entrando al dormitorio para pellizcarse un brazo repetidas veces. Acabó por quejarse en voz baja: no estaba soñando.
—¿Ocurre algo? Perdona el desorden... —suspiró señalando algo de ropa en la silla, un escritorio aún con apuntes del instituto, la cama deshecha por haber estado tumbado... se sentó en el borde del colchón y palmeó éste para que, si la pelirroja quería, también se sentase. Cuando lo hizo ladeó un poco el cuerpo para mirarla cara a cara, esperando su respuesta. Tan sólo esperaba que no la ocurriese nada; que hubiese ido allí para, simplemente, hablar. Sería maravilloso que Lydia hubiese encontrado un motivo que no implicase a uno de los dos estar en peligro para pasar un rato juntos.
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![]() | En cuanto la puerta se abrió delante de sus narices un respiro tranquilo profirió la completa calma de su cuerpo. Era tarde, no demasiado pero si lo suficiente como para no querer recibir a nadie en casa con motivos extracurriculares a los que realmente importaban, eso ella, mejor que nadie, lo sabía a la perfección, sin embargo sabía que solo donde Stiles podía ir y otorgar en una pregunta algo de compañía, la cual siempre venía bien si de él se trataba. |
Como de costumbre hacía, observó la habitación... no intentando encontrar en ella algún defecto del cual pudiese nombrar a como la gente siempre suponía, disculpándose precisamente como él lo había hecho en aquel entonces por un desorden habitual en los adolescentes. Lydia también usualmente tenía su pieza alborotada, inclusive si pocos podían creerlo por completo, lo que la hacía una mortal más, recayendo en una definición que probablemente uno o dos años atrás no le habría gustado del todo pero que en ése entonces le hacía sentir mucho mejor consigo misma.
Lentamente se deslizó por la estancia hasta dejarse caer tímidamente sobre su cama, sintiendo como su cuerpo rebotaba ligeramente al impactar de aquel modo tan desenfadado y poco propio que le caracterizaba. A esas alturas Lydia Martin había dejado de preocuparse por las cosas simples de la vida para simplemente disfrutarlas, como aquel leve movimiento coétaneo que el colchón bajo su cuerpo mimetizaba al posicionarse sobre él, permitiéndose a si misma esbozar un gesto similar a una sonrisa en sus comisuras. Tardó en contestar, probablemente porque su mente buscaba una respuesta o quizá porque necesitaba un tiempo para meditar la verdadera razón por la que estaba ahí. — ¿Tareas?. — mintió, fallando estrepitosamente en el proceso.
A esas alturas las tareas valían prácticamente nada, poco constaban como una obligación y si ese hubiese sido el caso de seguro Martin había encontrado el modo de solucionarlas a su manera, siempre resultaba. Una suave risa, como ridiculizándose a si misma fue la que profirieron sus labios entrecerrando su mirada.
Se acomodó en la cama de tal modo que la sintió propia, pasando una de sus manos por su rostro rascando suavemente la linea divisoria entre sus cejas antes de enarcar éstas en una expresión algo pastosa. — Vine a verte. — admitió ladeando ligeramente su cuello hacia un costado izquierdo y se encogió de hombros, como quitándole importancia, cuando lo cierto era que simplemente asumir aquello y darse cuenta de que su respuesta había sido completamente consecuente con lo que realmente quería suponía ser un gran cambio en las bases y limitaciones establecidas por Lydia Martin hacia el muchacho de ocelos acaramelados. — Necesitaba despejarme y ... mis pies me guiaron aquí. — porque cierto era que a fin de cuentas, todos sus caminos siempre le llevaban a Stiles Stilinski y esa etapa ya no sonaba como una para quejarse de ello.
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![]() | Alzó una ceja ante la respuesta de Lydia, y luego se contagió de su risa, negando con el rostro. —La chica más lista de clase acudiendo a preguntar a estas horas de la noche algo sobre las tareas al chico más patoso de la clase. Antes te trabajabas mejor las excusas —bromeó con una suave sonrisa en los labios. Por un momento parecían estar años atrás, en un universo paralelo en el que Lydia no le ignoraba y donde no había criaturas que les acechaban. Habiendo |
establecido el tono de la noche se dio el lujo de acomodarse un poco más. Se alejó del borde del colchón para subir una pierna a ésta y cruzarla con la restante, sin dejar de mirar el rostro de Lydia. Luego asintió con la cabeza y abrió los brazos para abarcar la habitación.
—La casa Stilinski siempre estará abierta para ti —sonrió antes de bajar los brazos y cruzarlos sobre su pecho, mirando de nuevo a Lydia—. ¿Lo sabe tu madre? Porque si es así, pienso llamarte a todas horas. —. Bromeaba, claro, igual que sabía que la madre de Lydia no lo sabía. Las cosas no eran tan fáciles. Se movió un poco en el colchón y cogió su teléfono móvil. Tras parar la música quitó los cascos y los enrolló con lentitud, como si quisiese hacer que el tiempo pasase más despacio y así alargar la estancia de Lydia en su habitación indefinidamente.
—¿Y cómo estás? Luces mejor que el otro día —sonrió al decirlo, con parte de la sábana en la mano y arrugándola. ¿Nervioso, Stiles, a pesar de que ya la había llamado mil veces antes guapa? Sí, y bastante—. Seguro que la ausencia de peligro ayuda. No he recibido llamadas de nadie —encogió los hombros. Era una ventaja para él—. Pero no me hagas caso, no has venido a que te hable de eso. ¿Sabes que casi me pillas dormido? Es más... ¡y no te rías!, pensaba que estaba soñando cuando he abierto la puerta y te he visto a ti.
¿Cómo habría reaccionado su padre? Lo sabía todo, seguro que se había alegrado al ver a Lydia allí aunque, como el mismo Stiles, prefería no hacerse ilusiones.
—La casa Stilinski siempre estará abierta para ti —sonrió antes de bajar los brazos y cruzarlos sobre su pecho, mirando de nuevo a Lydia—. ¿Lo sabe tu madre? Porque si es así, pienso llamarte a todas horas. —. Bromeaba, claro, igual que sabía que la madre de Lydia no lo sabía. Las cosas no eran tan fáciles. Se movió un poco en el colchón y cogió su teléfono móvil. Tras parar la música quitó los cascos y los enrolló con lentitud, como si quisiese hacer que el tiempo pasase más despacio y así alargar la estancia de Lydia en su habitación indefinidamente.
—¿Y cómo estás? Luces mejor que el otro día —sonrió al decirlo, con parte de la sábana en la mano y arrugándola. ¿Nervioso, Stiles, a pesar de que ya la había llamado mil veces antes guapa? Sí, y bastante—. Seguro que la ausencia de peligro ayuda. No he recibido llamadas de nadie —encogió los hombros. Era una ventaja para él—. Pero no me hagas caso, no has venido a que te hable de eso. ¿Sabes que casi me pillas dormido? Es más... ¡y no te rías!, pensaba que estaba soñando cuando he abierto la puerta y te he visto a ti.
¿Cómo habría reaccionado su padre? Lo sabía todo, seguro que se había alegrado al ver a Lydia allí aunque, como el mismo Stiles, prefería no hacerse ilusiones.
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![]() | Stiles siempre conseguía el modo de tornar cada situación a su favor si realmente predisponía su propósito en ello, como en aquel entonces, en donde a la mirada de Lydia le fue inevitable concentrarse en la ajena para esbozar aunque fuese con la almendra de sus ojos la gracia de una sonrisa que se acentuaba cada vez más, hasta sentir el impulso de su llegada hasta sus labios al oír sus palabras, contestando a ellas con simples gestos que de pronto se vieron alterados al oírle. |
— Oh, ¿acaso estás intentando decirme que el otro día lucía desastrosa sin mérito alguno?. — cuestionó con una expresión graciosamente amenazante que de pronto se vio sacudida por su recuerdo, el cual le hizo reír suavemente, ésta vez, asintiendo con un ligero movimiento de cabeza. — Vale, te lo concedo al menos por ésta vez, tienes razón. Si era un desastre. — se instó a encogerse de hombros, rodando leve los ojos en el proceso.
Todo el ambiente parecía ser un sitio propicio y una instancia meritada para divertirse sin tapujos entre medio, pese a que si bien el peligro estaba en calma, seguía ahí, aguardando impaciente por algún mínimo error para socavar con una tranquilidad que en ese instante al menos, disfrutaba a concho y que en la mención de su sueño se veía de pronto conmovida.
Inclusive con la advertencia de parte del muchacho para que Lydia no riera, no lo hizo. No porque él lo había pedido o porque tenía consideración por su persona, sino que en esas palabras, Martin no encontraba rastro de diversión alguna más que esa inminente conmoción que hacía latir su corazón con un ritmo irregular, notando como su corazón parecía de pronto apaciguar el ritmo, dar un siguiente vuelco y por lo pronto continuar con su ritmo, ésta vez un poco más elevado. Su silencio, sin embargo, fue absoluto.
Se permitió a si misma sonreír, escondiendo de pronto aquel gesto en un fruncimiento de labios que resguardó aún más al descender su mirada, notando como sus manos de nuevo parecían querer tomar el papel protagónico de su atención cuando muy por el contrario, eran los orbes ajenos los que llamaban su atención entre medio de silenciosos gritos y desgarradas insinuaciones. — No era un sueño. — respondió al cabo de largos segundos en los que se le escapó un gesto desdeñoso y algo desenfadado — Solo era yo, fingiendo tener tareas para llegar hasta aquí y no saber muy bien de que querer hablar. — declaró, de nuevo riendo con una suavidad y timidez poco habitual. Usualmente, Lydia Martin mirándose externamente en aquel entonces se habría dado pena, consolándose a si misma por un supuesto error de sus acciones, pero en ése entonces, no veía error alguno más que un evidente nerviosismo que de algún modo, ambos, en aquel instante, compartían.
Las manos de la muchacha parecían de igual modo aferrarse ligeramente a la tela de las sábanas que yacía bajo su cuerpo, las mismas que algo alborotadas parecían ser las que habían cubierto a Stiles ya minutos atrás y de lo que Lydia parecía pretender palpar en su agarre. Las sábanas se sentían frías, similares a las de su alcoba que parecían ansiar una compañía que propiciara aquella calidez y tenacidad que su cuerpo recordaba en los brazos ajenos.
— ¿Haz hablado con Malia?. — y nuevamente, la caída de las fallidas resoluciones parecía haberse notado como estrepitosa, una vez más, sin embargo, su método para romper el silencio no había resultado ser completamente en vano luego de comprender plenamente su interés por la respuesta. El último recuerdo relevante que conservaba con Malia era difuso y más difusa aún resultaba ser el rumbo de la relación que tenía Stiles con la muchacha.
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![]() | Esbozó una sonrisa con diversión cuando insinuó que el otro día estaba fea, pero negó con el rostro. Claro que no, simplemente aquella noche estaba más guapa. Más como antes, menos destrozada, por usar términos más inteligibles. Con eso, Stiles era feliz. Sólo el destino sabía si acabarían juntos, si acabarían teniendo lo que el moreno tanto ansiaba; pero hasta entonces, con verla en ocasiones como aquella le bastaba. Volvió a contagiarse de su risa y encogió los hombros, soltando por fin las |
sábanas. —Esto es un cliché muy grande, pero a veces no hace falta hablar. Quiero decir, mucha gente no habla cuando se ven porque se sienten cómodos con ese silencio. Sé que yo soy muy hablador y no conseguiríamos ese silencio... —encogió divertido los hombros—, pero ahora nos lo merecemos. Hemos pasado por mucho, y quién sabe, quizá sea mejor estar un rato callados.
La sinceridad que tenía para con Lydia era increíble. Sacaba lo mejor de él, y eso que con otra gente ya era una gran persona. Bajó la vista antes de mover los labios, sin saber qué más decir. En efecto, no era un silencio incómodo; no era el silencio del primer viaje en Roscoe. Poco a poco y sin pedir permiso, no sólo porque era su casa sino también porque había confianza, dejó que su cuerpo cediese y acabó tumbado sobre el colchón, sobre un costado, mirando la espalda y el perfil de Lydia, pues era la perspectiva que tenía de ella al estar tumbado.
—Gracias por venir —dijo de repente, con un suspiro. No iba a obligarla a tumbarse y de hecho Lydia sabía que tenía libertad para hacerlo si quería, quedarse donde estaba, sentarse en el escritorio... en fin, era libre entre esas cuatro paredes—, yo habría hecho lo mismo si no fuese por tu madre, ¿sabes? Bueno, lo hice a los pocos días de sacarte de Eichen House, pero me echó. ¿Por qué me odia? Por favor, si una ráfaga de viento podría conmigo.
Se carcajeó con diversión antes de rascarse el pelo y dejar la mano con que lo hizo bajo su nuca, sin apartar sus ojos brillantes de la pelirroja. Sus ojos, sin necesidad de muecas, irradiaban admiración por sí solos.
La sinceridad que tenía para con Lydia era increíble. Sacaba lo mejor de él, y eso que con otra gente ya era una gran persona. Bajó la vista antes de mover los labios, sin saber qué más decir. En efecto, no era un silencio incómodo; no era el silencio del primer viaje en Roscoe. Poco a poco y sin pedir permiso, no sólo porque era su casa sino también porque había confianza, dejó que su cuerpo cediese y acabó tumbado sobre el colchón, sobre un costado, mirando la espalda y el perfil de Lydia, pues era la perspectiva que tenía de ella al estar tumbado.
—Gracias por venir —dijo de repente, con un suspiro. No iba a obligarla a tumbarse y de hecho Lydia sabía que tenía libertad para hacerlo si quería, quedarse donde estaba, sentarse en el escritorio... en fin, era libre entre esas cuatro paredes—, yo habría hecho lo mismo si no fuese por tu madre, ¿sabes? Bueno, lo hice a los pocos días de sacarte de Eichen House, pero me echó. ¿Por qué me odia? Por favor, si una ráfaga de viento podría conmigo.
Se carcajeó con diversión antes de rascarse el pelo y dejar la mano con que lo hizo bajo su nuca, sin apartar sus ojos brillantes de la pelirroja. Sus ojos, sin necesidad de muecas, irradiaban admiración por sí solos.
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![]() | Sus palabras le reconfortaban al notar que en ello existía una evidente realidad. Usualmente a Lydia Martin la palabra confianza le creaba repulsión por el simple hecho de que ella misma se consideraba una persona que podía dar vueltas las cartas a su beneficio si de ello se trataba... al menos hace un tiempo atrás así habría sido, ¿pero en ése entonces confiar en alguien era factible?. En su pack sí y después de todo lo demostrado, Stiles parecía merecer mucho más que eso. |
Un gesto algo perturbado inundó sus facciones al perder a Stiles de vista y por lo pronto oír sus palabras quitaron aquella expresión en un desfaz de tiempo apresurado.
La idea de que su madre le hubiese expulsado de su casa del modo que su cabeza llegaba a concebir no era algo que pudiese pasar fácilmente como algo lógico a su raciocinio. ¿Por qué lo hacía? era la cuestión principal antes que todo. Se debía de tener en consideración, al menos para un padre o una madre que el bienestar de sus hijos era precisamente lo primordial, pero Natalie Martin parecía no darse cuenta de todo lo realizado por aquel muchacho que en ése entonces con la simple mirada conmovía a la pelirroja. Ahogó un suspiro con un leve negamiento de su cabeza. Jamás había necesitado la aprobación de su madre y reposar una noche junto a Stiles Stilinski en aquel entonces, sorprendentemente se oía como una oferta tentadora.
— Haré ésto única y exclusivamente porque me tomó un largo camino a pie llegar hasta acá. — se excusó, rodando los ojos. Mentía en ello, pues pese a que el camino era algo largo, una lenta caminata siempre resultaba siendo acogedora si el destino era propicio.
Suavemente se dejó caer en la cama con un movimiento predeterminado tendiéndose primeramente de espaldas para poder admirar por un par de segundos el techo sin encontrar en él mucha gracia, por lo que su cuerpo, casi por inercia, se volteó al ajeno dejando reposar sus brazos y manos bajo su cuello para terminar con sus dedos sosteniendo su cabeza. Acomodó ligeramente su cabello antes de permitirse observar plenamente sus ojos, ante los cuales pestañeó algo nostálgica. — No recuerdo haber estado en una cama tan cómoda como la tuya. — murmuró sonriendo como si se tratase de un cumplido mientras su cadera se predisponía a removerse graciosamente sobre el colchón como buscando una posición cómoda cuando de todos modos, de cualquier forma la conseguía.
Sentía que podía reposar eternamente ahí, admirando sus ojos, subyugándose ante el placer simple de la vida que le otorgaba la calma, la suavidad de su voz y la holgura de su cama. Por fin, en mucho tiempo, Lydia Martin se sentía en paz.
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Re: — Where's my love? »
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![]() | La sorpresa invadió el rostro de Stiles. No estaba obligando a Lydia a tumbarse, ni mucho menos, pero tampoco iba a ser quien la negase hacerlo. Había soñado con aquello muchas veces –aunque con finales que sin duda no ocurrirían aquella noche–, y ahora era real. Ahora si alargaba la mano tocaría a Lydia de verdad y no despertaría con la mano extendida sobre su colchón. Sin embargo, su rostro, a excepción de cómo sus cejas se levantaron, se mantuvo tranquilo, dándose el lujo de |
sonreír con levedad. Una de sus manos descansaba bajo la almohada mientras que la restante estaba apoyada en su propio costado, con los dedos rozando la sábana que había bajo ellos. —¿En serio has venido andando? ¿Dónde ha quedado esa Lydia que usaba el coche hasta para subir a su dormitorio? —bromeó con una carcajada antes de pasarle la mano del costado por el pelo, echándose los mechones hacia atrás al darse cuenta de que seguramente estaba despeinado.
Luego encogió los hombros, dejando que sus ojos se perdiesen en los verdes de Lydia. Se mordió el labio inferior antes de reaccionar, de volver a la vida. —La tengo desde que dejé de usar cuna. Supongo que sí, es bastante cómoda... lo cierto es que como duermo aquí no duermo en ninguna cama —replicó con diversion antes de llevar la mano restante también bajo la sábana y doblar un poco las piernas, como si estuviese adoptando una postura para echarse a dormir.
—¿Cenaste algo? —preguntó de repente, pues desconocía los horarios de Lydia—. Si no, podemos bajar y que comas algo. Y si de verdas has venido andando... —cogió aire; tenía tantos nervios acumulados en el estómago que incluso tenía la sensación de ponerse a vomitar en ese momento—, bueno —encogió un hombro como si le quitase importancia al asunto—, puedes dormir aquí. La silla es cómoda, podré dormir una noche en ella, y por la mañana te acompañaré a casa. Al menos hasta donde no llegue el rango de visión de tu madre.
Sonrió divertido, siendo totalmente sincero. No le importaba dormir en la silla, pues no sería la primera vez. Tanto por su madre como por Lydia había dormido en sillas mucho peores en el hospital, luego dormir en una de escritorio para cederle su cama a Lydia no sería problema alguno. Su sueño era dormir ambos en la cama, claro, pero no sabía si la pelirroja quería. Era en parte demasiado atrevido, pero también, por otra parte, necesario para ambos, tan sólo que Stiles no era capaz de verlo así.
Luego encogió los hombros, dejando que sus ojos se perdiesen en los verdes de Lydia. Se mordió el labio inferior antes de reaccionar, de volver a la vida. —La tengo desde que dejé de usar cuna. Supongo que sí, es bastante cómoda... lo cierto es que como duermo aquí no duermo en ninguna cama —replicó con diversion antes de llevar la mano restante también bajo la sábana y doblar un poco las piernas, como si estuviese adoptando una postura para echarse a dormir.
—¿Cenaste algo? —preguntó de repente, pues desconocía los horarios de Lydia—. Si no, podemos bajar y que comas algo. Y si de verdas has venido andando... —cogió aire; tenía tantos nervios acumulados en el estómago que incluso tenía la sensación de ponerse a vomitar en ese momento—, bueno —encogió un hombro como si le quitase importancia al asunto—, puedes dormir aquí. La silla es cómoda, podré dormir una noche en ella, y por la mañana te acompañaré a casa. Al menos hasta donde no llegue el rango de visión de tu madre.
Sonrió divertido, siendo totalmente sincero. No le importaba dormir en la silla, pues no sería la primera vez. Tanto por su madre como por Lydia había dormido en sillas mucho peores en el hospital, luego dormir en una de escritorio para cederle su cama a Lydia no sería problema alguno. Su sueño era dormir ambos en la cama, claro, pero no sabía si la pelirroja quería. Era en parte demasiado atrevido, pero también, por otra parte, necesario para ambos, tan sólo que Stiles no era capaz de verlo así.
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Re: — Where's my love? »
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![]() | Guardó silencio mientras le miraba con recelo ante lo primero dicho. Tenía razón, por eso prefería callar, siempre anteponía a sus ideales que era el mismísimo silencio el cual otorgaba los asentimientos a una respuesta y en esa precisamente Stiles le ganaba, sin embargo, inclusive a si misma le causaba gracia, pero jamás le permitiría saberlo... al menos no en ése entonces. Buscó abundante comodidad en su cama mientras lo escuchaba y negó ante su interrogante. |
No había cenado, sin embargo, tampoco tenía hambre... al menos no en aquel instante. Si luego sonaba su estómago y crujía con insistencia significaba que su respuesta no había sido cien por ciento concreta, lo que al menos durante esas últimas semanas había sido recurrente, por lo que poco se sorprendería de ello.
Al oír su propuesta, los ojos de Lydia de inmediato se concentraron en la expresión ajena y como sus hombros parecían encogerse casi por naturaleza imitando una simplicidad y calma en sus palabras de tal modo que si lo dicho fuese completamente normal. Una de sus cejas se enarcó, como cuestionando si acaso todo aquello se trataba de una broma pero al mismo tiempo añorando en su interior que no lo fuese. Al encontrarse con aquel gesto sincero y su mirada ansiosa Lydia no pudo hacer más que sonreír, como ateniéndose con ello a las consecuencias del divagamiento de sus pensamientos. Cada vez que a Lydia le interponían como señal el evidente agrado que parecía producir en Stiles, una sonrisa algo incómoda se asomaba por su rostro... en aquel entonces esa sonrisa no existía. En ése momento Lydia Martin miraba al muchacho como quien más que ser su simple amigo, había arriesgado su vida por ella sin haber salido muerto en el proceso, le miraba y sonreía como lo haría con ese muchacho del cual sus definiciones de perfección se fundían a sus características, como ése que desde un principio le había conocido a la perfección y en quien Lydia se había negado a apreciar del modo en el que ese entonces sus ojos lo hacían. — He compartido cama antes...— contestó en un balbuceo, dejándolo caer sin más, sonriéndole con un embargo de timidez y simpleza mientras escondía su mirada entre los pliegues de las sábanas.
Le podía decir "he dormido con otros chicos, Stiles" pero en ello estaría mintiendo estrepitosamente y a su misma vez se estaría traicionando en su propia memoria. Lydia jamás había dormido realmente con un chico, no al menos del significado banal que su palabra acarreaba pues jamás se había sentido en la plena comodidad de hacerlo independiente de cuales fueran los desenlaces de los términos en cama. En aquel instante, Martin se sentía en plena confianza con Stiles y dejarle dormir en la silla por su simple presencia no lucía como una opción de su agrado.
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ah...those two. In a fight they're lethal but when they are around each other...they melt.
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cold sheets, you warm me up
![]() | Sus ojos parecieron apagarse mientras asentía con la cabeza. Stiles lo sabía, sabía que la pelirroja había compartido cama con otra gente tan bien como sabía que no la había compartido del mismo modo que lo harían ellos esa noche. Tragó saliva y asintió con algo más de efusividad. No era momento de ponerse triste, ni mucho menos. —Lo sé, lo sé, yo... —yo también, con Malia, pero créeme cuando te digo que no me provoca los mismos sentimientos, era cuanto quería decir—, yo lo sé, no |
te preocupes. Me parecía pertinente dejar claro que si no quieres dormir conmigo, no me importa dejarte la cama a ti. —. Sonrió, levemente, para calmar a Lydia, para calmarse a sí mismo y para calmar la situación que en unos segundos parecía haberse tensado entre ambos.
Se dio el lujo de moverse unos centímetros hacia ella; la distancia entre ambos seguía siendo prudente, segura, pero Stiles la sentía más cerca y eso le encantaba. —¿Puedo confesarte algo? —sus ojos escudriñaron el rostro de Lydia con lentitud y precisión, ese rostro que tanto conocía, y esperó su afirmativa para seguir—. Es algo egoísta, pero... después de conseguir sacarte de Eichen House, mi único deseo era irme de aquí contigo. Dejar atrás a los demás, incluso a Scott. Estoy seguro de que a Isaac y Jackson les va bien en Europa, así que pensé, ¿por qué no nosotros? Nos lo merecemos, al fin y al cabo... un nuevo escenario haría el puzle más fácil de hacer, sin duda. —. Se relamió los labios y tras unos segundos siguió hablando.
—Pero no podría dejar a mi padre así como así... y seguro que no te gustaría que estuviese con nosotros todo el rato, como una carga —rió divertido y llevó la mano que descansaba sobre su cuerpo hacia alante, pero acabó por dejarla caer en el colchón y acariciar el espacio que había entre ambos. Había reprimido con rapidez las ganas de apartar del rostro de la pelirroja un mechón de pelo que se había escapado de su cabellera y se balanceaba contra su piel con lentitud, como si una suave brisa les rodease—. Está bien ser así de egoísta de vez en cuando, ¿verdad?
Miró fijamente sus ojos, buscando en ellos el consuelo, la seguridad de que seguía siendo el buen chico que todos decían que era.
Se dio el lujo de moverse unos centímetros hacia ella; la distancia entre ambos seguía siendo prudente, segura, pero Stiles la sentía más cerca y eso le encantaba. —¿Puedo confesarte algo? —sus ojos escudriñaron el rostro de Lydia con lentitud y precisión, ese rostro que tanto conocía, y esperó su afirmativa para seguir—. Es algo egoísta, pero... después de conseguir sacarte de Eichen House, mi único deseo era irme de aquí contigo. Dejar atrás a los demás, incluso a Scott. Estoy seguro de que a Isaac y Jackson les va bien en Europa, así que pensé, ¿por qué no nosotros? Nos lo merecemos, al fin y al cabo... un nuevo escenario haría el puzle más fácil de hacer, sin duda. —. Se relamió los labios y tras unos segundos siguió hablando.
—Pero no podría dejar a mi padre así como así... y seguro que no te gustaría que estuviese con nosotros todo el rato, como una carga —rió divertido y llevó la mano que descansaba sobre su cuerpo hacia alante, pero acabó por dejarla caer en el colchón y acariciar el espacio que había entre ambos. Había reprimido con rapidez las ganas de apartar del rostro de la pelirroja un mechón de pelo que se había escapado de su cabellera y se balanceaba contra su piel con lentitud, como si una suave brisa les rodease—. Está bien ser así de egoísta de vez en cuando, ¿verdad?
Miró fijamente sus ojos, buscando en ellos el consuelo, la seguridad de que seguía siendo el buen chico que todos decían que era.
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![]() | — A mi me parecía pertinente aclarar que...no me incomodaría dormir contigo. — dejó escapar un prolongado suspiro. Sus labios habían estado apunto de contrariar sus palabras o al menos cambiar la versión de lo dicho por algo que su raciocinio no le permitía vociferar, pese a que su notoriedad de ansia lo añoraba. Lo que caía en la pertinencia de aclarar se reducía a que quería dormir con él, muy lejos de incomodarle era algo que anhelaba. |
Era algo que realmente ansiaba, pese a que su orgullo jamás le permitiría admitirlo siquiera a si misma.
Nos lo merecemos, dijo Stiles y en ése entonces, lo que segundo atrás se había manifestado en su mirada como extrañeza ante su primeras menciones cambió con la notoriedad de la realidad ante lo que pronunciaba. Una ligera sonrisa que se podía considerar graciosa pero que muy lejos se encontraba de ésto se asomó por sus labios. ¿Acaso Stiles Stilinski le contaba enserio en sus planes a como lo mencionaba?... ¿acaso no era que el muchacho que en esos segundos sentía sutilmente más cerca le incluía en su futuro?. La chica de cabellos fresa se estremeció ante la sensación que promulgó aquella sensación en su cuerpo, en su mente, en su corazón, el cual parecía dar un vuelco continuado en el que percibía aquella casual calidez que con su simple voz asaltaba. Nunca nadie le había incluido en un plan que no fuese una constante lucha contra lo sobrenatural y los males de ésta. Lo corriente, banal y normal había estado ya mucho tiempo alejada de sus proyectos y que él propusiera de manera tan casual algo ordinario le llenaba de gozo... un gozo que manifestó acomodándose, acercándose disimulada y tenuemente a su cuerpo, dejando más centímetros de los que aspiraba de distancia.
— No eres egoísta por pensar en un futuro — le consoló encogiéndose de hombros, sonriéndole sutilmente — ... sin embargo, no puedo imaginar un mundo en el que estemos tranquilos sabiendo que todo en el pueblo que nos vio crecer, está mal. Ni tu ni yo lo haríamos, ni Scott, ni Kira, ni Malia... nadie del pack lo haría. — se incluían en ello pues sabía que era cierto. — Quizá algún día podamos estar tranquilos... por ahora, si estoy con ustedes... si estoy contigo, sé que nada podrá ser lo suficientemente malo. — luego de ello, guardó silencio.
Su mirada se concentró en él, frunciendo ligeramente sus labios en una sonrisa. ¿Cuanto hacía que no sonreía de tal modo y con esa frecuencia?, no lo sabía, pero si sabía que la causa de ello tenía nombre y apellido.
Nos lo merecemos, dijo Stiles y en ése entonces, lo que segundo atrás se había manifestado en su mirada como extrañeza ante su primeras menciones cambió con la notoriedad de la realidad ante lo que pronunciaba. Una ligera sonrisa que se podía considerar graciosa pero que muy lejos se encontraba de ésto se asomó por sus labios. ¿Acaso Stiles Stilinski le contaba enserio en sus planes a como lo mencionaba?... ¿acaso no era que el muchacho que en esos segundos sentía sutilmente más cerca le incluía en su futuro?. La chica de cabellos fresa se estremeció ante la sensación que promulgó aquella sensación en su cuerpo, en su mente, en su corazón, el cual parecía dar un vuelco continuado en el que percibía aquella casual calidez que con su simple voz asaltaba. Nunca nadie le había incluido en un plan que no fuese una constante lucha contra lo sobrenatural y los males de ésta. Lo corriente, banal y normal había estado ya mucho tiempo alejada de sus proyectos y que él propusiera de manera tan casual algo ordinario le llenaba de gozo... un gozo que manifestó acomodándose, acercándose disimulada y tenuemente a su cuerpo, dejando más centímetros de los que aspiraba de distancia.
— No eres egoísta por pensar en un futuro — le consoló encogiéndose de hombros, sonriéndole sutilmente — ... sin embargo, no puedo imaginar un mundo en el que estemos tranquilos sabiendo que todo en el pueblo que nos vio crecer, está mal. Ni tu ni yo lo haríamos, ni Scott, ni Kira, ni Malia... nadie del pack lo haría. — se incluían en ello pues sabía que era cierto. — Quizá algún día podamos estar tranquilos... por ahora, si estoy con ustedes... si estoy contigo, sé que nada podrá ser lo suficientemente malo. — luego de ello, guardó silencio.
Su mirada se concentró en él, frunciendo ligeramente sus labios en una sonrisa. ¿Cuanto hacía que no sonreía de tal modo y con esa frecuencia?, no lo sabía, pero si sabía que la causa de ello tenía nombre y apellido.
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