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Chasing shadows
Skipping Stone :: Zona de rol :: Zona de Rol Libre :: Plots
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Chasing shadows
chasing shadows
plot — realista — 1 x 1
Karla Stephan ha sido trasladada por tercera vez a una de las numerosas comisarías de la ciudad de Nueva York. Desde que tiene veintidós años, pertenece al rango policial más bajo, sin acabar de encajar nunca en ningún destino ni conseguir tampoco el ansiado ascenso que podría motivar más su actividad. Nada más llegar allí, le son asignados varios trabajos de regulación del tráfico y trámites administrativos, nada que tenga que ver con su motivación por la acción.
Kate Song fue ascendida hace poco meses al puesto de inspectora jefe tras la jubilación del anterior. Al principio, ninguna de las tareas que entran en comisaría es especialmente interesante: controles de drogas, detención de carreras ilegales... En definitiva, lo máximo que puede aspirar a suceder en un distrito como aquel.
Sin embargo, todo cambia cuando a comisaría llega una inquietante carta que acusa a varios miembros del gobierno local de traficar con armas y exportarlas a otros países. Kate decide inmediatamente reunir un grupo de varios hombres, entre los que sorprendentemente se encuentra Karla, para ponerse manos a la obra. Sin embargo, una orden de la alta administración les obliga a congelar su trabajo: no es asunto de una comisaría de distrito, según ellos.
La inspectora, inmediatamente comienza a sospechar que el problema es mucho más turbio de lo que se podría haber imaginado al principio, y decide seguir adelante en solitario, sin esperar la ayuda de nadie. Pero Karla no está dispuesta a perder una oportunidad como aquella y, aun a sabiendas de que está poniendo en peligro su trabajo, se presenta como única voluntaria para seguir adelante con la investigación, dispuesta a destapar a los implicados cueste lo que cueste.
Katherine 'kate' song Inspectora — 39 — Gillian anderson— hellcat |
KARLA STEPHAN policía — 28 — Lyndsy Fonseca — Novocaine |
- soldier:
- captain:
Re: Chasing shadows
1. I'ts over
Despacho de Kate Song — Pasadas las 10 de la noche
![]() |
— Se acabó.
— Pero…
— Se a-ca-bó ¿hablo en otro puto idioma?
Ninguno más de los presentes en aquella sala de reuniones se atrevió a replicar bajo los inquisitivos –y probablemente capaz de convertir a alguien en polvo con una mirada- ojos azules de la jefa de inspectores Song. Aquella era su comisaría desde hacía cinco meses y, aunque le había costado hacerse con la dinámica de aquel barrio tranquilo, todos sabían que la voz de la rubia, por menuda y frágil que pareciese, era ley dentro de aquellas paredes ¿Y para qué mentir? También fuera. El temperamento agresivo y directo de Katherine Song era conoció en varios distritos de la ajetreada ciudad de Nueva York. Tenaz y brillante Song había tenido que aprender a sobrevivir en aquel duro mundo de hombres donde, o eras la damisela a salvar o habías desgastado tus rodillas para llegar a donde ella. Quizás algunos lo pensaban de Katherine, pero seguro que ninguno le echaba cojones para decirlo allá donde la rubia pudiera oírlos. Si querían conservar todos sus dientes y el tabique de su nariz claro. Hija de un marine de los Estados Unidos y tres hermanos mayores, vamos, ella sabía muy bien como jugar a ver quien la tenía más grande. Ella, por supuesto.
Dicho esto cogió la caja de pruebas tirando dentro los informes de todos previamente recogidos y salió de la sala dando un fuerte portazo que hizo temblar el cristal donde rezaba “sala de reuniones” en horteras letras doradas. Sus pasos atravesaron con seguridad toda la oficina de laberínticos cubículos con mesas llenas de papeles hasta los topes. No debía haber un solo policía que tuviera su papeleo a tiempo, y dentro de ese grupo se debía incluir la propia Katherine que, ahora, estaba demasiado cabreada como para pensar en informes y burocracia. La puta burocracia le había cerrado el caso y ella lo sabía. Hacía unas semanas que había llegado aquella carta a su oficina, ella personalmente y había formando un grupo de cinco hombre incluyéndose ella misma. Tres de sus mejores detectives, o más bien con los que mejor congeniaba, y la chica nueva. Ahora eran solo cinco policías quemados por un callejón sin salida. Las órdenes habían venido de arriba, así que lo que tenían entre manos era gordo y a alguien le había molestado que escarbasen demasiado.
Un nuevo portazo. Esta vez la puerta de su propia oficina fue la víctima. La caja terminó sobre la mesa baja junto al cómodo sofá de mala manera, a punto estuvo de desplomarse en el suelo enmoquetado. Como una centella Song atravesó su despacho y cerró las persianas para poder servirse cómodamente un vaso con tres dedos de Bourbon de su propio mueble bar. El líquido descendió por su garganta aportándose un calor reconfortante por debajo de la blusa blanca firmemente recogida en el interior de sus pantalones negros. La pistolera cruzando su espalda y su nueve milímetros reglamentaria descansando contra su costado derecho. Sí, entre otras peculiaridades Kate Song era zurda así que su pistolera de cuero estaba hecha prácticamente a medida. Se dejó caer en su cómodo sillón en una postura muy poco femenina. El tobillo de su pierna derecha descansando sobre su rodilla izquierda y la rodilla contra el borde de su escritorio repleto de papeles y la pantalla de su ordenador.
Echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos unos segundos en busca de paz. Era tarde, la mayoría de sus hombres –que no fueran del turno de noche- estaría recogiendo para irse a casa con sus familias. Kate no tenía a nadie que la esperase en casa así que salir antes o después de la comisaría era lo que menos la preocupaba en aquellos momentos.—¿Qué?—Espetó en voz suficientemente alta al oír que alguien llamaba a la puerta. Lejos quedaba la rubia de los habituales “pase” o “adelante”. Era mucho más visceral que todo eso.
Hellcat— Pero…
— Se a-ca-bó ¿hablo en otro puto idioma?
Ninguno más de los presentes en aquella sala de reuniones se atrevió a replicar bajo los inquisitivos –y probablemente capaz de convertir a alguien en polvo con una mirada- ojos azules de la jefa de inspectores Song. Aquella era su comisaría desde hacía cinco meses y, aunque le había costado hacerse con la dinámica de aquel barrio tranquilo, todos sabían que la voz de la rubia, por menuda y frágil que pareciese, era ley dentro de aquellas paredes ¿Y para qué mentir? También fuera. El temperamento agresivo y directo de Katherine Song era conoció en varios distritos de la ajetreada ciudad de Nueva York. Tenaz y brillante Song había tenido que aprender a sobrevivir en aquel duro mundo de hombres donde, o eras la damisela a salvar o habías desgastado tus rodillas para llegar a donde ella. Quizás algunos lo pensaban de Katherine, pero seguro que ninguno le echaba cojones para decirlo allá donde la rubia pudiera oírlos. Si querían conservar todos sus dientes y el tabique de su nariz claro. Hija de un marine de los Estados Unidos y tres hermanos mayores, vamos, ella sabía muy bien como jugar a ver quien la tenía más grande. Ella, por supuesto.
Dicho esto cogió la caja de pruebas tirando dentro los informes de todos previamente recogidos y salió de la sala dando un fuerte portazo que hizo temblar el cristal donde rezaba “sala de reuniones” en horteras letras doradas. Sus pasos atravesaron con seguridad toda la oficina de laberínticos cubículos con mesas llenas de papeles hasta los topes. No debía haber un solo policía que tuviera su papeleo a tiempo, y dentro de ese grupo se debía incluir la propia Katherine que, ahora, estaba demasiado cabreada como para pensar en informes y burocracia. La puta burocracia le había cerrado el caso y ella lo sabía. Hacía unas semanas que había llegado aquella carta a su oficina, ella personalmente y había formando un grupo de cinco hombre incluyéndose ella misma. Tres de sus mejores detectives, o más bien con los que mejor congeniaba, y la chica nueva. Ahora eran solo cinco policías quemados por un callejón sin salida. Las órdenes habían venido de arriba, así que lo que tenían entre manos era gordo y a alguien le había molestado que escarbasen demasiado.
Un nuevo portazo. Esta vez la puerta de su propia oficina fue la víctima. La caja terminó sobre la mesa baja junto al cómodo sofá de mala manera, a punto estuvo de desplomarse en el suelo enmoquetado. Como una centella Song atravesó su despacho y cerró las persianas para poder servirse cómodamente un vaso con tres dedos de Bourbon de su propio mueble bar. El líquido descendió por su garganta aportándose un calor reconfortante por debajo de la blusa blanca firmemente recogida en el interior de sus pantalones negros. La pistolera cruzando su espalda y su nueve milímetros reglamentaria descansando contra su costado derecho. Sí, entre otras peculiaridades Kate Song era zurda así que su pistolera de cuero estaba hecha prácticamente a medida. Se dejó caer en su cómodo sillón en una postura muy poco femenina. El tobillo de su pierna derecha descansando sobre su rodilla izquierda y la rodilla contra el borde de su escritorio repleto de papeles y la pantalla de su ordenador.
Echó la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos unos segundos en busca de paz. Era tarde, la mayoría de sus hombres –que no fueran del turno de noche- estaría recogiendo para irse a casa con sus familias. Kate no tenía a nadie que la esperase en casa así que salir antes o después de la comisaría era lo que menos la preocupaba en aquellos momentos.—¿Qué?—Espetó en voz suficientemente alta al oír que alguien llamaba a la puerta. Lejos quedaba la rubia de los habituales “pase” o “adelante”. Era mucho más visceral que todo eso.
Re: Chasing shadows
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Despacho de Kate Song — Pasadas las 10 de la noche
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Karla no era ese tipo de persona que aceptaba órdenes ajenas sin rechistar. Le daba igual que fuera de superiores, de padres, de amigos o del Papa de Roma. Ella tenía bien claras sus convicciones y sabía de sobra diferenciar lo que estaba bien de lo que estaba mal. Y aquello olía a perro muerto desde lejos. ¿Tener pistas para levantar una manta de corrupción sobre el gobierno y recibir órdenes de no hacerlo? Demasiado conveniente. Tanto que dejaba en evidencia el hecho que a alguna mano negra le había dado por intervenir. ¿De verdad pensaban permitirlo?
El carpetazo limpio por parte de Song la había decepcionado. La nueva policía únicamente llevaba un par de semanas que aquella comisaría, pero sabía de sobra el carácter que se gastaba la inspectora. ¿Cómo era capaz de cerrar aquello sin preguntar, sin luchar, sin oponer tan siquiera resistencia? No. Aquello no era propio de la mujer que la supervisaba, y lo tenía tan claro que ni siquiera dudó en esperar a que el lugar se vaciara para ir a hablar con ella. Probablemente se estaba jugando —por milésima vez— su trabajo, pero realmente aquello no era algo que le importase demasiado.
Se había metido a aquella mierda de empleo por algo y, ahora que tenía la oportunidad de hacer por fin algo útil, no pensaba renunciar a ello con la indiferencia que la había caracterizado en otros casos. Tenía que intentarlo, como mínimo. Por ello, dejó pasar las horas sin hacer nada en su escritorio; vigilando a las personas que se marchaban a sus casas hasta el próximo turno. Únicamente cuando la comisaría se hubo quedado vacía, se levantó del horrible e incómodo sillón negro y se acercó a la puerta donde Song todavía permanecía encerrada. Sin dudarlo, dio un par de golpes en la puerta que demandaban el paso.
Por supuesto, la respuesta no fue amigable, pero le importó entre poco y absolutamente nada. Sin demorarse más, abrió y entró en el pequeño habitáculo. Sus facciones eran duras, y en sus ojos había un claro reproche que ni ella misma era capaz de controlar.
— Con todos mis respetos —. Ni siquiera esperó a que le cediera la palabra —. Creía que estábamos aquí para parar a todo tipo de criminales, incluso si llevan traje y corbata. ¿O es que solo servimos solo para dar tiros en el atraco a una gasolinera? —. Rápidamente, su mano voló en el aire hasta señalar directamente con el dedo índice la caja de documentos que todavía yacía sobre el sofá.
Su voz, desde luego, había sonado mucho más acusatoria de lo que había pretendido al principio, pero la rabia corría por sus venas en ese preciso instante y no era en absoluto capaz de controlarla. Tal vez, uno de sus mayores defectos, era ser tan sumamente temperamental.
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Re: Chasing shadows
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Despacho de Kate Song — Pasadas las 10 de la noche
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Era más que evidente que estaba cabreada. Detestaba que le diesen ordenes, era una luchadora nata y aquella prohibición había encendido su rabia. Por desgracia ya no era una adolescente que se metía en líos en el instituto y en bastantes peleas, ahora tenía suficiente control –casi todo el tiempo- para morderse la lengua y atragantarse con su propio veneno. Por eso aquel caso estaba cerrado, por mucho que apretase los dedos en torno al vaso de cristal que tenía en la mano nada cambiaría. Querían aquello bajo la manta y algo le decía a Kate que nada los detendría para mantener el silencio. El primer paso es impedir que la policía siga metiendo las narices y el segundo, probablemente, sería que pronto encontrarían algún cuerpo flotando en la bahía. Con ellos fuera de juego sería el movimiento: Atar cabos.
La rubia pellizcó el puente de su nariz dándole otro trago a su bourbon cuando la puerta se abrió. La nueva. Desde el principio Kate la había elegido porque creía haber visto algo en ella, una chispa que la llevaría a pelear hasta el final pero, sinceramente, no quería que esa chispa la quemase precisamente ahora. Estaba cansada y no había nada que discutir, creía que eso lo había dejado bastante claro en la sala de reuniones. Al parecer no.—No estoy de humor Karla—Advirtió en cuanto aquella cortesía salió de sus labios. Con todos mis respetos, pamplinas. Todo lo que siguiese a aquella frase estaría fuera de todo respeto y terminaría por hacer añicos la poca –o ninguna- paciencia que a la rubia le quedaba.
Cerró los ojos y se hundió un poco más en su sillón mientras su muñeca se movía despacio, agitando su bebida. Por supuesto que no iba a hacer ni puto caso a nada de lo que había dicho, la propia Kate debía admitir que ella habría hecho exactamente lo mismo que la joven e, interiormente, una parte de ella sonrió amargamente. Esa tenacidad le gustaba, por algo la había elegido, pero no cuando se volvía como un martillo contra su cabeza. Le dolía y el alcohol no lo estaba arreglando ¿O era su insistencia?
Gruñó algo entre dientes antes de volver a abrir los ojos clavándolos en la joven policía.—¿Es que no he hablado suficientemente claro antes?—Replicó enarcando una ceja obviamente molesta.— ¿Estás enfadada? ¡Estupendo! Tómate una copa y fóllate a alguien esta noche, pero no vengas a joderme a mi—Le espetó vaciando su vaso de un solo trago antes de dejarlo con fuerza sobre el escritorio de madera. Ni siquiera quería entrar en el debate que la castaña quería discutir, aunque sus ojos si vagaron hasta la dichosa caja de pruebas. Chasqueó la lengua y resopló, joder ella tampoco quería dejar las cosas así.
HellcatLa rubia pellizcó el puente de su nariz dándole otro trago a su bourbon cuando la puerta se abrió. La nueva. Desde el principio Kate la había elegido porque creía haber visto algo en ella, una chispa que la llevaría a pelear hasta el final pero, sinceramente, no quería que esa chispa la quemase precisamente ahora. Estaba cansada y no había nada que discutir, creía que eso lo había dejado bastante claro en la sala de reuniones. Al parecer no.—No estoy de humor Karla—Advirtió en cuanto aquella cortesía salió de sus labios. Con todos mis respetos, pamplinas. Todo lo que siguiese a aquella frase estaría fuera de todo respeto y terminaría por hacer añicos la poca –o ninguna- paciencia que a la rubia le quedaba.
Cerró los ojos y se hundió un poco más en su sillón mientras su muñeca se movía despacio, agitando su bebida. Por supuesto que no iba a hacer ni puto caso a nada de lo que había dicho, la propia Kate debía admitir que ella habría hecho exactamente lo mismo que la joven e, interiormente, una parte de ella sonrió amargamente. Esa tenacidad le gustaba, por algo la había elegido, pero no cuando se volvía como un martillo contra su cabeza. Le dolía y el alcohol no lo estaba arreglando ¿O era su insistencia?
Gruñó algo entre dientes antes de volver a abrir los ojos clavándolos en la joven policía.—¿Es que no he hablado suficientemente claro antes?—Replicó enarcando una ceja obviamente molesta.— ¿Estás enfadada? ¡Estupendo! Tómate una copa y fóllate a alguien esta noche, pero no vengas a joderme a mi—Le espetó vaciando su vaso de un solo trago antes de dejarlo con fuerza sobre el escritorio de madera. Ni siquiera quería entrar en el debate que la castaña quería discutir, aunque sus ojos si vagaron hasta la dichosa caja de pruebas. Chasqueó la lengua y resopló, joder ella tampoco quería dejar las cosas así.
Re: Chasing shadows
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Despacho de Kate Song — Pasadas las 10 de la noche
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Sabía de sobra que la había cagado. En primer lugar porque todo el mundo conocía el temperamento de la inspectora y, en segundo, porque aquel era posiblemente el peor momento del mundo que podría haber escogido para tocarle las narices. Sin embargo, en aquel instante, Karla no era demasiado consciente del peligro que entrañaba lo que estaba haciendo, de modo que pisó el acelerador y no miró atrás.
— No disfrutaré ni de la copa ni del polvo sabiendo que estoy siendo cómplice de corrupción —. Su mirada podría haber ardido en llamas en aquel mismo segundo. La respuesta por parte de Song había sido tan molesta como inoportuna aunque, por otro lado, bastante esperable de ella. El caso era que, igualmente, no quería aceptar el hecho de que las cosas se quedasen así, de manera que no pensaba permitir que un simple comentario la disuadiera de seguir con sus intenciones. Tenía un objetivo claro, y pensaba ser como un perro con un hueso: no iba a soltarlo hasta que fuera suyo.
— Vamos, ¿es que de verdad vamos a subyugarnos a lo que nos ordenen desde arriba? ¡Sabe tan bien como yo que es injusto! A partir de ahora es como si nos hubiésemos vendido al gobierno. Hoy nos pedirán esto, y mañana lo otro y al siguiente estaremos trabajando para ellos como si fuéramos sus vasallos. ¿Y mientras tanto qué? ¿Seguiremos dejando que nos roben? ¿Dejaremos que nuestra reputación se vaya a la mierda en caso de que alguien consiga sacar esto a la luz? —. Su respiración se había acelerado, del mismo modo que lo habían hecho sus palabras, las cuales salían de sus labios a una velocidad sorprendente e irreflexiva—. ¡A la mierda la presunción de inocencia! Las pruebas que tenemos son más que suficientes como para abrir una investigación, sino no habrían intentado atarnos las manos. Y lo sabe de sobra.
Cuando se calló, mantuvo sus ojos clavados en la inspectora, la cual le daba la impresión de que iba a saltar sobre ella en cualquier momento y estrangularla por lo que acababa de hacer. Aun así, era incapaz de tenerle miedo, al menos no por el momento. Ahora que ya lo había soltado todo, sin ningún tipo de filtro ni cuidado, no había marcha atrás, de modo que lo único que le quedaba era apechugar con toda la mierda que acababa de esparcir y esperar que un milagro le evitara el despido o la degradación.
Acababa de cruzar todas las líneas invisibles que delimitaban su cargo, y había ido a dar con un muro impenetrable que era la inspectora Song. Aun así, a pesar de todo, se podría decir que su inconsciente todavía le permitía tener alguna esperanza de éxito.
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Re: Chasing shadows
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Despacho de Kate Song — Pasadas las 10 de la noche
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Sinceramente la rubia se planteó seriamente para qué coño se había molestado en advertir nada si sus palabras habían chocado contra la pared. Ese fuego grabado en los ojos claros de la más joven dejaba bastante claro que no iba a callarse, que iba a tener que escucharla quisiera o no. Una ferocidad propia de Song en sus primeros años en el cuerpo, ahora se había tenido que inclinar ante la burocracia y la jerarquía. No es que le agradase precisamente tener que agachar la cabeza, pero el mundo funcionaba así y como bien le había enseñado su padre las normas estaban para cumplirlas. Con forme cumplía años Kate se veía obligada a cumplir más de esas normas, seguro que su padre estaría de lo más orgulloso por haber logrado meter de una vez a su única hija en vereda.
Los dedos su mano volaron, sin darse cuenta, a acariciar la fina cadena que rodeaba su cuello. Un acto reflejo al pensar en su padre, el recuerdo permanente oculto bajo su blusa. Desde que había muerto en acto de servicio Katherine había portado la chapa de identificación de su padre colgada al cuello y hacía tres años la de su hermano mayor se había unido a la de su padre. Odiaba el ejército y odiaba aún más tener aún dos hermanos más orgullosos de seguir formando parte de él. Sus excusas siempre eran las mismas: Estamos cuidando de ti Katie, es un honor poder defender la justicia y la integridad de este país.
Les golpearía a ambos la cabeza con aquella caja repleta de pruebas para que vieran lo integro que era el Gobierno que ponía sus vidas en peligro. Y tan simple como eso supo que no podía ignorar nada de lo que Karla había dicho, simplemente no podía mirar hacia otro lado y acatar las dichosas reglas.—¡Joder Karla!—Gruñó poniéndose en pie para servirse otra copa. Por supuesto no le ofreció, había entrado en su despacho como un elefante en una cacharería montando jaleo y escupiendo más que hablando. No, no habría amabilidad y copas para ella.
Dos dedos de bourbon que se echó rápidamente a la garganta de un trago antes de volver a girarse hacia ella—¿Eres consciente de que cobras del gobierno?¿Eres consciente de que terminaremos en el paro por meter las narices tras puertas cerradas?—Y ahí estaba, había hablado en plural porque era evidente que no iba a dejar a esa cabeza loca meterse en líos sin una decente vigilancia. Era mucho lo que estaba en juego, podría ser muy peligroso meterse con la gente que no debían.
Los Song somos valientes Katie, cualquier Song debe ser capaz de interceptar una bala para proteger a un inocente.
Oyó claramente la voz de su padre en el fondo de su cabeza y solo pudo resoplar, cansada—Si intentas hacer algo sin mi consentimiento te juro que te daré semejante patada en el culo que no podrás volver a sentarte en un mes—Amenazó pasándose una mano por las hebras doradas de su cabello. Bien, estaba cediendo a aquella locura por un sentimiento repentino de heroísmo.
HellcatLos dedos su mano volaron, sin darse cuenta, a acariciar la fina cadena que rodeaba su cuello. Un acto reflejo al pensar en su padre, el recuerdo permanente oculto bajo su blusa. Desde que había muerto en acto de servicio Katherine había portado la chapa de identificación de su padre colgada al cuello y hacía tres años la de su hermano mayor se había unido a la de su padre. Odiaba el ejército y odiaba aún más tener aún dos hermanos más orgullosos de seguir formando parte de él. Sus excusas siempre eran las mismas: Estamos cuidando de ti Katie, es un honor poder defender la justicia y la integridad de este país.
Les golpearía a ambos la cabeza con aquella caja repleta de pruebas para que vieran lo integro que era el Gobierno que ponía sus vidas en peligro. Y tan simple como eso supo que no podía ignorar nada de lo que Karla había dicho, simplemente no podía mirar hacia otro lado y acatar las dichosas reglas.—¡Joder Karla!—Gruñó poniéndose en pie para servirse otra copa. Por supuesto no le ofreció, había entrado en su despacho como un elefante en una cacharería montando jaleo y escupiendo más que hablando. No, no habría amabilidad y copas para ella.
Dos dedos de bourbon que se echó rápidamente a la garganta de un trago antes de volver a girarse hacia ella—¿Eres consciente de que cobras del gobierno?¿Eres consciente de que terminaremos en el paro por meter las narices tras puertas cerradas?—Y ahí estaba, había hablado en plural porque era evidente que no iba a dejar a esa cabeza loca meterse en líos sin una decente vigilancia. Era mucho lo que estaba en juego, podría ser muy peligroso meterse con la gente que no debían.
Los Song somos valientes Katie, cualquier Song debe ser capaz de interceptar una bala para proteger a un inocente.
Oyó claramente la voz de su padre en el fondo de su cabeza y solo pudo resoplar, cansada—Si intentas hacer algo sin mi consentimiento te juro que te daré semejante patada en el culo que no podrás volver a sentarte en un mes—Amenazó pasándose una mano por las hebras doradas de su cabello. Bien, estaba cediendo a aquella locura por un sentimiento repentino de heroísmo.
Re: Chasing shadows
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Despacho de Kate Song — Pasadas las 10 de la noche
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Los ojos claros de Karla no perdieron el más mínimo detalle de Song cuando esta se levantó y se sirvió una copa. Sus movimientos eran casi felinos, como si fuera un animal salvaje encerrado y, por encima de eso, muy enfurecido. Sabía que aquella actitud tan simple pero genuina debería infundirle un cierto terror, pero en ese momento tampoco es que estuviera como para andarse con tonterías y arrepentimientos. A lo hecho, pecho. Ya vería qué hacía más tarde cuando tuviera un finiquito entre las manos. De momento, lo único que le importaba era hacer evidente su indignación aunque, pensándolo un poco más en frío, se daba cuenta de que podría no valer para nada. Si la querían ignorar, la ignorarían. Si la querían mandar a la mierda por prepotente, lo harían.
Lo cierto era que la joven policía se encontraba en una especie de encrucijada en la que ella misma se había metido y, aunque el panorama no pintaba nada bien, tampoco se podía decir que se arrepintiera. A lo mejor su destino, más que en el cuerpo de policía, se encontraba tras el mostrador de un McDonald's. Su continuo fracaso laboral hablaba por sí solo día tras día, y aquel acto estúpido no era más que otra muestra de su ineptitud.
Por ello, se quedó totalmente sorprendida cuando Song comenzó a hablar en plural, y más aún cuando la amenazó. ¿Significaba aquello que ahora estaba bajo su mando? Por primera vez desde que había entrado en aquel despacho, se quedó unos segundos sin palabras. Por unos momentos, la policía simplemente se quedó mirando a la inspectora, con un gesto incrédulo del que ni siquiera ella misma era consciente. Qué se podía decir, era algo así como la primera vez en toda su vida que un superior le daba la razón en algo, o que al menos coincidía mínimamente con su punto de vista.
— Sí, señora —. Dijo en un tono no demasiado disciplinado. En su mirada continuaba brillando un reflejo escéptico. Aun así, no dudó en dar un par de pasos hacia ella para cortar la distancia que las separaba y mirarla a los ojos. La mujer ciertamente le imponía un elevadísimo respeto, pero tampoco llegaba a amedrentarla. No al menos de momento. Karla todavía no sabía si es que era demasiado valiente o simplemente una estúpida sin percepción del peligro —. Seguiré todas las órdenes que quiera —. Aseguró, y en aquellas palabras sí que había una absoluta seguridad —. Pero por favor, no deje esto morir. Haré lo que tenga que hacer al respecto.
Su expresión estaba cargada de determinación, a pesar de que sabía de sobra cuántísimos peligros entrañaba todo aquello. Sin embargo, no estaba dispuesta a dar un solo paso atrás. Había entrado a aquel despacho con un objetivo fijo y cero esperanzas de que se cumpliera. Ahora, por ironías de la vida, parecía ser que el destino le sonreía... Y ella no era de las que renunciaba a una victoria.
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Re: Chasing shadows
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Despacho de Kate Song — Pasadas las 10 de la noche
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Y al fin la niña guardó silencio. A Kate comenzaba a parecerle imposible que cerrase la boca y dejase de meterse en líos, que dejase de darse golpes de heroísmo y justicia en el pecho a costa de la conciencia de los demás. Todos en aquella oficina había visto casos que no habían podido resolver, habían sido pisoteados por aquellos que ostentaban el poder y amordazados como perros bien entrenados. No era bonito pero era la verdad, la justicia estaba tan comprada como el resto del mundo y muy pocos quedaban que arriesgarían su carrera y sus vidas de esa forma. Kate lo había hecho, no podía decir que era la primera vez que se oponía a las ordenes, era conocida por ser una mujer dura que no soportaba que le dijesen lo que tenía que hacer, aún menos cuando había alcanzado el rango que tenía. Sin embargo, había estado dispuesta a dejar pasar todo aquello de no ser por la insistencia de aquellos ojos cargados de fiereza y determinación. No podía negarlo, le gustaban. Tanto, que en otras circunstancias le habría ofrecido una copa y una viaje a sus sábanas, quizás al sofá de su oficina. No era el caso. Le dolía la cabeza y, por su culpa, ahora tendría trabajo extra que hacer.
Un trabajo por el que se había unido a la policía, un trabajo que era el suyo y que Karla le había recordado. En realidad no se arrepentía de su intromisión aunque no se lo diría abiertamente, ni siquiera entre líneas. Estaba resultando ser un grano en el culo y es lo único que debía saber, que no se le subiese su gran logro a la cabeza. Convencer a Kate Song de algo así no era fácil, por no decir casi imposible y ella se había desenvuelto bastante bien haciéndola sentir culpable y responsable de atrapar a aquellos bastardos. Condenada novata, tanto tiempo silenciada y se dedicaba a ladrar ferozmente justo cuando su correa caía en las manos de la rubia—Déjate de “señora” sigues siendo un grano en el culo—Masculló enarcando sutilmente una ceja al verla acercarse.
Se llevó una mano a la frente, pensando, y la otra la apoyó en la cadera sobre el borde del pantalón negro—Será más fácil para mí sacar las pruebas de aquí…—Comenzó a recitar como pensamientos dispersos que iban saliendo en voz alta—Y por supuesto yo guardaré las pruebas—Aseguró dedicándole una mirada de soslayo para volver a mirar la caja. Se acercó y volvió a abrirla echándole un vistazo por encima. Había informes, datos bancarios y un par de fotos en blanco y negro. En realidad no había demasiado pero tenían un punto de partida, Kate se consideraba una mujer inteligente como para dejarse vencer con facilidad y, esperaba, que Karla lo fuese también. Al menos sabía que era tenaz—Pásate por mi apartamento mañana cuando salgas de aquí, sería peligros que nos vieran con esto nunca se sabe quién podría estar escuchando—Advirtió cerrando la caja nuevamente. No se fiaba de nadie, de hecho estaba arriesgando mucho al fiarse de ella.
—Bajo ningún concepto me mandes mensajes al respecto, tampoco me llames para hablar de este caso. Trabajas a veinte metros así que mueve tu precioso culo hasta mi despacho si necesitas algo—Continuó quizás pecando de paranoica, pero es que Karla debía entender la gravedad del asunto. No era un juego de niños, no era un asesinato donde ellas eran las buenas y el sospechosos el malo. Investigarían a gente poderosa y, si las cosas salían mal, podían terminar siendo ellas vistas como las malas, o peor cazadas como ciervos frente a un rifle.—¿Te ha quedado claro?—Buscó su mirada, prendándose de ella sin planteárselo.
HellcatUn trabajo por el que se había unido a la policía, un trabajo que era el suyo y que Karla le había recordado. En realidad no se arrepentía de su intromisión aunque no se lo diría abiertamente, ni siquiera entre líneas. Estaba resultando ser un grano en el culo y es lo único que debía saber, que no se le subiese su gran logro a la cabeza. Convencer a Kate Song de algo así no era fácil, por no decir casi imposible y ella se había desenvuelto bastante bien haciéndola sentir culpable y responsable de atrapar a aquellos bastardos. Condenada novata, tanto tiempo silenciada y se dedicaba a ladrar ferozmente justo cuando su correa caía en las manos de la rubia—Déjate de “señora” sigues siendo un grano en el culo—Masculló enarcando sutilmente una ceja al verla acercarse.
Se llevó una mano a la frente, pensando, y la otra la apoyó en la cadera sobre el borde del pantalón negro—Será más fácil para mí sacar las pruebas de aquí…—Comenzó a recitar como pensamientos dispersos que iban saliendo en voz alta—Y por supuesto yo guardaré las pruebas—Aseguró dedicándole una mirada de soslayo para volver a mirar la caja. Se acercó y volvió a abrirla echándole un vistazo por encima. Había informes, datos bancarios y un par de fotos en blanco y negro. En realidad no había demasiado pero tenían un punto de partida, Kate se consideraba una mujer inteligente como para dejarse vencer con facilidad y, esperaba, que Karla lo fuese también. Al menos sabía que era tenaz—Pásate por mi apartamento mañana cuando salgas de aquí, sería peligros que nos vieran con esto nunca se sabe quién podría estar escuchando—Advirtió cerrando la caja nuevamente. No se fiaba de nadie, de hecho estaba arriesgando mucho al fiarse de ella.
—Bajo ningún concepto me mandes mensajes al respecto, tampoco me llames para hablar de este caso. Trabajas a veinte metros así que mueve tu precioso culo hasta mi despacho si necesitas algo—Continuó quizás pecando de paranoica, pero es que Karla debía entender la gravedad del asunto. No era un juego de niños, no era un asesinato donde ellas eran las buenas y el sospechosos el malo. Investigarían a gente poderosa y, si las cosas salían mal, podían terminar siendo ellas vistas como las malas, o peor cazadas como ciervos frente a un rifle.—¿Te ha quedado claro?—Buscó su mirada, prendándose de ella sin planteárselo.
Re: Chasing shadows
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Despacho de Kate Song — Pasadas las 10 de la noche
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La acusación de ser 'un grano en el culo' no le llegó por sorpresa a Karla. De hecho, llevaba un tiempo esperando a que la insultara para deshacerse de toda la rabia que le había provocado con aquella situación. Verdaderamente no le importaba. Había tenido jefes mil veces más capullos que Song, de modo que aquel tipo de cosas nunca llegaban a calar en su cerebro. Simplemente las ignoraba y seguía a lo suyo. Nada importante. Además, en ese momento todavía estaba saboreando la pequeña victoria que se acababa de apuntar. No solo había conseguido la atención de la inspectora, sino que también había logrado hacer que se metiera en aquello.
En el fondo, no podía evitar sentirse un poco culpable por lo que acababa de hacer. Si ella perdía su trabajo no sería más que otra estúpida parada a la espera de un trabajo en el Burger King, pero Kate... Bueno, ella parecía haber luchado demasiado duro como para llegar hasta donde estaba. Tal vez había sido un poco egoísta, y únicamente ahora que se le había pasado el furor de la rabia se daba cuenta de ello. Sin embargo, era demasiado tarde como para dar marcha atrás. Además, que podía ver en la cara de su jefa que ella también estaba deseando ponerse con aquello, por mucho que le jodiera. Solo tenían que ser precabidas... E inteligentes.
Ante la citación, ella simplemente asintió con la cabeza y se metió la mano en el bolsillo del uniforme. No tenía ni idea de dónde estaba el apartamento de la inspectora, de modo que le iba a tener que escribir o indicar la dirección.
— Por favor —. Pidió sin más, tendiéndole el anticuado aparato. Qué podía decir, su sueldo no daba para mucho y se negaba a llorarles a sus padres para que le comprasen cosas —. No tiene de qué preocuparse —. Añadió, sin poder apartar los ojos de la otra mujer. Lo cierto era que en el fondo la admiraba. Song era prácticamente todo lo que ella soñaba ser y en lo que sabía que jamás se iba a convertir. Una mujer fuerte, independiente, con poder para hacer cosas y osada. Karla solo podía soñar con lo último de todo aquello.
Cuando se dio cuenta de que la estaba mirando demasiado fijo, relajó un poco su pose y paseó su mirada por el resto del despacho hasta posarla en la caja de pruebas. Aquello era lo más importante de todo el caso, de modo que comprendía por qué no quería que ella se acercara a todo ello sin su permiso. La verdad era que tampoco le importaba demasiado siempre y cuando la dejase participar.
— Entendido —. Sentenció finalmente —. Tampoco tengo mucha gente a la que le importase si le contara nada de esto, así que no tiene de qué preocuparse. No se me irá la lengua y... Seré precavida. Todo lo que tenga que decirle cara a cara —. Resumió al final, tratando de darle a entender que lo había entendido perfectamente y que sus intenciones eran férreas. Al final, carraspeó un poco y añadió —. Si alguna vez necesita algo... Ayuda o lo que sea, bueno, puede llamarme prácticamente cuando lo necesite. Supongo que aparte de estar aquí en mis horas de trabajo, tampoco tengo nada interesante que hacer. Siempre estaré disponible para usted.
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Re: Chasing shadows
1. I'ts over
Despacho de Kate Song — Pasadas las 10 de la noche
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Y el pacto estaba sellado, acababa de vender su alma al demonio o, más bien, la había recuperado gracias a Karla. Curioso, pero bastaban dos personas que no se rindieran para asegurar que la justicia seguiría siendo aquello que movía a la policía, ella había tenido razón desde el principio: No podía mirar hacia otro lado.
Aquella cabezota, insolente con buenas curvas –aquello era una apreciación personal de una mente cansada- se había salido completamente con la suya y, lo peor, algo le decía a la inspectora que con esos ojitos de cachorro y esa tozudez la ganaría más de una vez. Kate era experta en decir que no, pero Karla parecía hablar desde el corazón –demasiado tierna para ese trabajo- y se hacía más complicado fingir no oír ese tipo de discursos moralistas que ponían la conciencia patas arriba. Había puesto su conciencia patas arriba aunque su expresión de cansancio no hubiese variado demasiado en toda aquella conversación. Corta pero intensa, y con muchas repercusiones de cara al futuro.
Ignorando la perorata de alumna favorita de la profe Kate tomó la caja y la dejó sobre su escritorio mientras recogía varias cosas más como su placa guardada en el primer cajón y su arma que fue a parar a su pistolera—Así me gusta, buena chica—Le respondió dándole unos golpecitos con la punta de los dedos en la cabeza de camino a coger su cazadora de cuero del perchero. Se la colocó y volvió sobre sus pasos a la pesa, inclinándose sobre la madera para garabatear en un papel su dirección de forma rápida pero que se entendiera y se volvió a erguir tendiéndole el trozo de papel—Aquí tienes mi dirección, no estaría mal que trajeses cervezas. Yo pondré la cena si la cosa se alarga—Lo que quería decir que llamaría a algún servicio de comida a domicilio porque en lo que se dice cocinar Kate era un cero a la izquierda.
Con todo recogido tomó la caja apoyándola sobre su cadera dispuesta a largarse de una vez de aquella comisaria, había sido un día muy largo— Bien, a menos que estés esperando a que te invite a echar horas extra entre mis sábanas ya puedes salir pitando por esa puerta Karla—Anunció dando varios golpecitos, algo impaciente, con la punta de las botas de tacón sobre el suelo. Estaba deseando llegar a casa, darse un buen baño de agua caliente y espuma mientras escuchaba a Frank Sinatra y meterse en la cama. Sola, por una vez sola. Es decir, siempre dormía sola pero muchas noches tenía acompañamiento previo.
HellcatAquella cabezota, insolente con buenas curvas –aquello era una apreciación personal de una mente cansada- se había salido completamente con la suya y, lo peor, algo le decía a la inspectora que con esos ojitos de cachorro y esa tozudez la ganaría más de una vez. Kate era experta en decir que no, pero Karla parecía hablar desde el corazón –demasiado tierna para ese trabajo- y se hacía más complicado fingir no oír ese tipo de discursos moralistas que ponían la conciencia patas arriba. Había puesto su conciencia patas arriba aunque su expresión de cansancio no hubiese variado demasiado en toda aquella conversación. Corta pero intensa, y con muchas repercusiones de cara al futuro.
Ignorando la perorata de alumna favorita de la profe Kate tomó la caja y la dejó sobre su escritorio mientras recogía varias cosas más como su placa guardada en el primer cajón y su arma que fue a parar a su pistolera—Así me gusta, buena chica—Le respondió dándole unos golpecitos con la punta de los dedos en la cabeza de camino a coger su cazadora de cuero del perchero. Se la colocó y volvió sobre sus pasos a la pesa, inclinándose sobre la madera para garabatear en un papel su dirección de forma rápida pero que se entendiera y se volvió a erguir tendiéndole el trozo de papel—Aquí tienes mi dirección, no estaría mal que trajeses cervezas. Yo pondré la cena si la cosa se alarga—Lo que quería decir que llamaría a algún servicio de comida a domicilio porque en lo que se dice cocinar Kate era un cero a la izquierda.
Con todo recogido tomó la caja apoyándola sobre su cadera dispuesta a largarse de una vez de aquella comisaria, había sido un día muy largo— Bien, a menos que estés esperando a que te invite a echar horas extra entre mis sábanas ya puedes salir pitando por esa puerta Karla—Anunció dando varios golpecitos, algo impaciente, con la punta de las botas de tacón sobre el suelo. Estaba deseando llegar a casa, darse un buen baño de agua caliente y espuma mientras escuchaba a Frank Sinatra y meterse en la cama. Sola, por una vez sola. Es decir, siempre dormía sola pero muchas noches tenía acompañamiento previo.
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