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STAR - CROSSED LOVERS
CRACKSHIP: 1x1
THG AU
DRAMA
Cuando la supuesta calma está presente, lo cierto es que la tormenta precipitada se presenta como una amenaza constante y todo lo que parecía tranquilo, apaciguado y sereno en la marcha de los distritos, día a día, semana a semana y mes a mes se distinguió de pronto por el ataque minuciosamente coordinado año a año en la más clara demostración de desacuerdo, temor y distinción entre todo lo que sucedía que se suponía estaba bien pero que aún así creaba una disconformidad terrible en la población del Panem que jamás rivalizó una gran contingencia hasta que el Distrito 13 se reveló y por esto mismo sufrió las graves consecuencias de tal desatino proclamado por el Capitolio, enterrando así las esperanzas de un estado fortificado por la confianza, forjado a partir del trabajo y minuciosamente cuidado con la entrega que a partir de ése día se vio colisionada, desde el instante que el poder ingenió un modo para asegurar su puesto, donde creó un sistema que aseguraría el temor y la subordinación de todo un país para el bienestar de su propia y cercana población.
Nos encontramos lejos de la etapa conocida de la momentánea paz, nos encontramos cuando el terror llegó y piso las tierras fecundadas de esperanzas para reemplazarlas por la siembra del miedo, nos encontramos en el estatuto de los primeros Juegos del Hambre en donde el desconcierto de la elección en la siembra trae la desdicha de un montón de familias que año a año irán exponiendo sus cercanos a una muerte segura.
En el distrito 4 las cosas siempre han estado niveladas pero no fue hasta que Beverly y Jax fueron los escogidos precisamente para enfrentarse a estos primeros juegos que todo el drama comenzó realmente a sentirse.
Tanto la joven como el chico poseían apenas 17 años de edad en lo que podías sentenciar el fruto de la vida completa y si bien en sus infancias de duro y compartido trabajo se habían llevado muy bien, ambiguos siempre en la existencia del mar con su apasionado andar, las cosas cambiaron a medida que avanzaban los años. Ella comenzó a llamar la atención de muchachos, tanto que de a poco se fue apartando del chico quien por su parte orgulloso también desatinó una marcada distinción entre ellos que se incrementó en un silencio constante con el paso de los años, con miradas de algo de recelo pero que al momento de salir elegidos en el llamado de los tributos, solo pudieron pensar en la desolación completa de ver al otro, a su otro par, ese que si bien estuvo separado siempre estaría conectado en la profundidad de su corazón, enfrentándose a la vida y a la muerte en una férrea compañía de enemigos.
¿El problema?, ambos darían la vida por el otro y eso en los Juegos del Hambre solo puede significar una nota de suicidio que ni William Shakespeare podría haber predicho.
Nos encontramos lejos de la etapa conocida de la momentánea paz, nos encontramos cuando el terror llegó y piso las tierras fecundadas de esperanzas para reemplazarlas por la siembra del miedo, nos encontramos en el estatuto de los primeros Juegos del Hambre en donde el desconcierto de la elección en la siembra trae la desdicha de un montón de familias que año a año irán exponiendo sus cercanos a una muerte segura.
En el distrito 4 las cosas siempre han estado niveladas pero no fue hasta que Beverly y Jax fueron los escogidos precisamente para enfrentarse a estos primeros juegos que todo el drama comenzó realmente a sentirse.
Tanto la joven como el chico poseían apenas 17 años de edad en lo que podías sentenciar el fruto de la vida completa y si bien en sus infancias de duro y compartido trabajo se habían llevado muy bien, ambiguos siempre en la existencia del mar con su apasionado andar, las cosas cambiaron a medida que avanzaban los años. Ella comenzó a llamar la atención de muchachos, tanto que de a poco se fue apartando del chico quien por su parte orgulloso también desatinó una marcada distinción entre ellos que se incrementó en un silencio constante con el paso de los años, con miradas de algo de recelo pero que al momento de salir elegidos en el llamado de los tributos, solo pudieron pensar en la desolación completa de ver al otro, a su otro par, ese que si bien estuvo separado siempre estaría conectado en la profundidad de su corazón, enfrentándose a la vida y a la muerte en una férrea compañía de enemigos.
¿El problema?, ambos darían la vida por el otro y eso en los Juegos del Hambre solo puede significar una nota de suicidio que ni William Shakespeare podría haber predicho.
MONA
ah...those two. In a fight they're lethal but when they are around each other...they melt.
I. The Harvest
The harvest.
Distrito 4
Centro
Con Jax
El color del mar siempre la había relajado, excepto que ahora no lo hacía. Beverly miraba a lo lejos, como si en cualquier momento pudiese ver los aerodeslizadores creados por el 6 saliendo a bombardear una vez más al 13. Ella estaba en blanco, aquellas imágenes estaban grabadas a fuego en su cerebro, no importaba que hiciera, no importaba que tanto se esforzara, siempre los tenía presente. Su hermana menor había estado escondida durante una semana, y ella todavía comprendía que la pequeña no quisiera salir de casa. Apretó los labios cuando el agua fría le dio justo en los tobillos, dudosa ¿Qué estaba haciendo? Estaba perdiendo el tiempo, ella lo sabía, y Jax, en algún momento la encontraría. Tenía que vestirse, tenía que ir al ayuntamiento, tenía que formar parte de lo que ellos llamaban la cosecha. Se preguntó si aquello era nada más una excusa para no decir realmente de lo que se trataba. Habían hecho el anuncio un mes atrás, celebrarían unos juegos, algo llamado los juegos del hambre, y todos dentro de la edad de 11 años y 18 tenían que participar. Ella tenía 17, y aun así, aunque había sido la primera vez para ella, su nombre estaba colocado 6 veces, siete con la de esa mañana.
Abrazó sus brazos, sus manos subiendo por sus brazos desnudos antes de sacar sus pies del agua y emprender su camino a casa. Con los zapatos en las manos, y su cabello recogido, la morena llegó a casa, tomó una ducha y sacó a su hermana pequeña, Danielle, de su habitación — Es hora de irnos — Dijo con suavidad, esperando no asustarla — Vamos, es tiempo — Dijo, y tan pronto como la puerta de su casa se cerró, escuchó el chasquido de la puerta del lado. Su mirada enseguida fue en busca de aquellos ojos azules que tanto conocía. Los más familiares, su mejor amigo. — Jax — Llamó ella, pero el hilillo de su voz había sido suficiente para demostrar sus nervios — ¿Estás bien? — Preguntó ella. Él tenía las mismas posibilidades que ella de salir. No quería imaginarse perder a Jax, y mucho menos a Danielle, sería como perder una parte de sí misma.
— ¿Nervioso? — Inquirió con suavidad ¿Qué iba a hacer? ¿Llorar? Era demasiado tarde para ello, pero al mismo tiempo demasiado temprano. Entonces su mano buscó la del ojiazul, sin darse cuenta, sujetándola como si su vida dependiese de ello — No me sueltes — Pidió, como si estuviese siendo arrastrada por una corriente y él fuese su único salvavidas, porque habían momentos en los que se sentía exactamente así.
MONA
you should've seen the way he was looking at you

like you're the ocean and he's desesperate to drown
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Re: — Star crossed lovers »
The harvest.
Distrito 4
Centro
Con Beverly
— Tranquila ma', todo saldrá bien. — inquirió en lo que de sus labios se profería una curva estilizada en la agonía que desde hacía ya un par de días le estaba invadiendo el corazón como si de un humeante martirio se trataba y entonces se preguntó, ¿acaso saldría todo bien realmente?. Tragó en seco al mismo instante que cuchareaba por última vez el delicioso pudín tan cálido y recién horneado que solo una mujer tan dulce, de buena mano y dedicada como ella sería capaz de hacer, de pronto comenzando a cuestionarse si acaso después de ése día, después de aquella merienda en particular podría volver a tener la ilusión de probar de ella, mirar a su madre, apreciar la tozudez de sus pequeños hermanos y aspirar una vida mejor no solo para ellos sino que para el Panem que les constituía en general.
Una vez que dio por terminado su plato, se levantó de la mesa para despedirse de su madre con un afectuoso beso sobre su sien y un cálido abrazo sosteniendo la pertenencia completa de ese cuerpo que le había cuidado desde su infancia, para por consiguiente, marchar. Sus hermanos habían partido hacían ya bastantes cuartos de horas atrás y es que comprendía que entre la inocencia de sus raciocinios no fuesen capaces de tomarles el real peso a la situación que estaba comenzando desde aquel entonces para el resto de sus vidas dentro de aquel lugar, algo que no solo les afectaría a ellos, sino que a sus hijos, los hijos de sus hijos y así eternamente en una lucha de jamás acabar, porque el desastre dejado entre el Capitolio y el último distrito de la fila habían demostrado y dejado más que claro que sublevarse no era una opción factible ni mucho menos. — ¿Está algo de todo ésto bien realmente?. — respondió en la brevedad que solo los nervios podían declarar en cuanto observaba a la chica en su costado, esa con la que había compartido toda su vida, a la que le había dedicado infinitas miradas y cuidados que, ahora sentía, se esfumaban en la miseria.
Sin embargo, no fue hasta que sintió el agarre pronunciado de su mano, el eufemismo natural que provocaban de pronto las poesías en su interior ante su tacto vehemente lo que convirtió todo en aquel instante solo una pesadilla momentánea. Jax alzó su mirada hasta los encumbrados orbes ajenos, captando de reojo la presencia de su pequeña hermana que también exponía parte de su vida ahí como si nada. Negó entonces con un fugaz movimiento de cabeza, como dando una completa respuesta acertiva a su petición en lo que fruncía sus labios — Saldremos de ésta, ¿vale?. — musitó apenas con el deje de su voz en lo que se ceñía aún más a su agarre y avanzaba así unos pasos más seguros, no por eso menos temidos hacia el lugar en donde se realizaría, más que la cosecha, el homicidio de inocentes jóvenes.
MONA
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Re: — Star crossed lovers »
The harvest.
Distrito 4
Centro
Con Jax
Su corazón bombeaba con fuerza en su pecho, amenazando con salirse. Comenzaba a preguntarse si, aquellas palabras que le había dedicado a su hermana realmente eran ciertas. Sus labios temblaban, su pulso estaba errático, y de alguna forma, se sentía desfallecer dentro de su mismo cuerpo, porque de la nada, ya no pertenecía a sí misma. Le pertenecía a ellos. El solo pensar en su hermana siendo llamada hizo que sus ojos se llenasen de lágrimas. Intentaba ocultarlas. Hacerlas desaparecer. Evaporarlas antes de que Jax se diese cuenta de lo que realmente ella quería hacer. Quería gritar, quería anunciarle al mundo que no les pertenecía, que aquello no era más que un juego malicioso y tonto en donde todos acabarían muertos, porque aun cuando decían que alguien ganaría, era más que obvio que lo no harían. Se mordió los labios, pálidos a causa de su línea de pensamientos detenerse. ¿Qué estás haciendo?
— Nada está bien — Admitió, porque nada lo estaba. Desde la guerra, las innumerables perdidas le habían agrietado el alma. Había llorado, gritado y hecho cualquier cosa para proteger a su familia, incluso aunque aquello le costase la vida. Pero jamás lo admitió. Aquellos pensamientos no eran más que una línea de tiempo antigua, tan antigua como hacía dos años, cuando el futuro era incierto, y todo lo que sus orbes claros podían captar era guerra, muerte, y sangre. Ella no había estado de acuerdo en ayudar al Capitolio, por supuesto que no, pero ¿Qué palabra podía tener en sí una niña de 17 años? Nadie la tomaba en cuenta, ni siquiera su madre. El calor de su mano le dejo mirando frente a ella, como si no pudiese recordar realmente quien la sujetaba. Danielle había corrido lejos de ella, porque sus pasos ya los habían dejado frente al sitio de recolección de datos. El latido de su corazón aumentó en su pecho, y la sangre corrió por sus venas como brea caliente.
Tump. No quiero morir.
Tump. No quiero morir…
Tump. No quiero…
El apretón en su mano llamó su atención, girando su cabeza para ver a Jax a su lado. Sus palabras calaron profundo, y ella asintió, respirando — ¿Lo prometes? — Pero incluso antes de que él hablase, ella lo sabía. No podía prometerle aquello, así como no podía prometerle que ambos estarían riendo en casa al atardecer, como no podía decirle que realmente todo estaría bien porque su hermana tenía 14 años. Y si bien ella no era escogida y pasaba su tiempo, su hermana podría ser enviada allí, con otros 23 chicos a jugar a ser Dios. Sus pasos fueron entonces inconscientes, delicados, como si estuviese flotando en el agua antes de que el pinchazo la trajese de vuelta a la tierra. — Jax… — Llamó ella. No escuchó su respuesta, simplemente fue llevada lejos, con el resto de su grupo, permitiéndose llorar por libremente.
Ahora les pertenecería a ellos para siempre.
MONA
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Re: — Star crossed lovers »
The harvest.
Distrito 4
Centro
Con Beverly
De pronto temió, no solo de si mismo, de lo que pudiese suceder si es que salía escogido en tal azar diabólico, sino que también temía por el llamado sutil que propiciaban los labios dulces de Beverly, por los alejados pasos que les separaban uno de otro para confirmar así que comenzaría tal maniobrada selección de homicidios y en lo que caminaba hacia un costado del lugar, ocultó su mirada entre las espaldas de las personas pues sabía que si alzaba tan solo un poco su vista y se percataba de los rostros conocidos a su al rededor se pondría a llorar como un crío más, lloraría como ése muchacho que creía que no tener un pan para comer era lo más terrible que le podía pasar a su familia cuando lo cierto era que poco se percataban de que lo realmente horrible fue llegar hasta tal punto, llegar hasta aquel instante en donde no había certeza de si el futuro podría empeorar aún más de lo que ya lo estaba.
La fila avanzaba y suspiró al notar que sus pequeños hermanos ya se habían colado en la fila rato atrás, por lo que ya estaban situados en un costado que respectaba a su edad, mientras que él por su parte aguardaba en el avance las personas detectando en la lejanía a amigos, enemigos, aquellos a los que les había dedicado palabras un par de veces y otros tantos que siempre había admirado, pensando de pronto en como todo de la nada pasaba a ser una materia muerta sin importancia.
Sentía como su pecho se aprisionaba en la cavidad que su delgado cuerpo le permitía. Intentó divisar a lo lejos a Beverly pero la masividad de personas era tan grande que le parecía imposible la simple idea de que justo la mala suerte cayera en ellos... porque... la vida no sería así con ellos, ¿o sí?. No, la vida no podía tratarles así... no a ellos.
Solo sintió el fuerte punzón cuando inyectaron por primera vez aquel dispositivo en su cuerpo y le desplazaron hacia un costado del lugar señalándole que ahí debía aguardar a porque empezara tal conmemoración que señalaban como un acto de madurez para aquellas pequeñas almas que ninguna culpa tenían por todo lo acontecido, como un frío castigo que solo podía sentir como hielo a través de su sangre, a través de sus venas, a través del pulso lento y pausado que comenzó a volcar en un ritmo irregular y frenético al oír que todo había comenzado, que voces a su al rededor anunciaban aquello a través de pantallas como una medida de paz, como una fortificación de todo aquello que una gran nación necesitaba y él no quería oír eso, no quería seguir oyendo el llanto de las madres detrás de los jóvenes, no quería oír el consuelo de los padres derrotados ni mucho menos a los bebés que sentían el presagio de sus destinos y no, probablemente no quería nada de eso pero mucho menos quería oír el momento exacto en el que su nombre fue vociferado a los cuatro vientos con tal potencia instaurando así la primera víctima trágica de su distrito.
"¡Jax Smirnoff!", se escuchó y todos repitieron aquello como tal eco en lo que se volteaban a mirarle.
Tardó varios segundos en asimilar que tal nombre era el propio, tardó varios más en siquiera alzar su mirada pero no tardó nada en oír el completo silencio momentáneo que se formó luego de aquello y de fondo el grito desgarrado de su madre... el sollozo triste de sus hermanos y la noción de que ahí, cuando sus pasos fueron firmes hacia el frente, todo había acabado.
MONA
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Re: — Star crossed lovers »
The harvest.
Distrito 4
Centro
Con Jax
Sus ojos empañados, su corazón bombeando, sus palmas sudaban, necesitaba saber que ambos saldrían bien, que saldrían con vida de allí, sin embargo, cada segundo que pasaba se sentía como una eternidad para Beverly. ¿Qué se suponía que tenía que hacer? La morena se alzaba sobre las puntillas de sus pies, intentando ver por encima de la gente, intentando ver en donde se encontraba Jax, pero era demasiado pequeña, no podía ver nada que no fuese la parte trasera de la cabeza de las demás personas. La presión en su pecho seguía creciendo, porque ella necesitaba verlo, necesitaba la calma que solo él podía proporcionarle, pero que no le estaba entregando ahora porque no estaba a su lado, o mirándola con esa sonrisa ladina suya, esa que la exasperaba tanto, pero que la hacía reír en los peores momentos, esos que eran los más oportunos para reírse. Entonces simplemente se detuvo de buscar cuando el sonido de la música llegó a sus oídos.
La presentación pasó rápido, tanto que ni siquiera se percataba de lo que estaban diciendo. Todo lo que podía escuchar, lo que realmente escuchaba era su sangre corriendo con tanta fuerza por sus venas que la mareaba. Sentía que se iba a desmayar, o a vomitar, porque entre llorar, y los nervios porque su hermana – o Jax – no fuesen escogidos, ni siquiera se preocupaba por sí misma, ella se ofrecería, si eso significaba salvarlos a ambos, solo que no sabía cómo hacerlo, no sabía si aquello se permitiría, y por encima de todo, sabía que él no la dejaría hacer algo tan estúpido como ofrecerse.
Pero su nombre salió, y ella no tuvo tiempo de reaccionar ante aquello.
Su aliento se quedó atorado en su garganta, justo cuando aquella mujer se inclinó otra vez sobre la pecera llena de papeles. No dejes que sea Danielle, no dejes que sea Danielle, no dejes… se lo repetía como un mantra, uno que fue interrumpido por un montón de rostros mirándola. La morena abrió los ojos, respirando profundamente, el silencio la estaba dejando sorda, hasta que supo la razón por la que la estaban mirando. Su nombre había salido, ella había sido escogida. Mordió sus labios, mirando a Danielle, sonriéndole sin realmente sentirlo, porque ella la estaba mirando como si estuviese siendo condenada a muerte – que de alguna manera, lo estaba siendo – justo cuando subió al escenario. Podía ver a Jax al otro lado. Se debatía sobre correr hacía él, o simplemente quedarse quieta, así que por un par de segundos, se detuvo, mientras la chica anunciaba que ellos dos eran los nuevos tributos.
Caminó hasta la alcaldía, preguntándose si alguna vez volvería a ver a sus padres, a sus hermanos, a sus amigos… mordió sus labios, mientras entraba a una de las salas, en donde Danielle, su madre y el resto de sus hermanos la esperaban. Ella sonrió, abrazando y besando la frente de cada uno de ellos — Prométanme que lo haréis bien ¿Vale? — Dijo, sonriendo, intentando no llorar — Cuiden de mamá, y a Danielle, no dejen que Danielle se meta en problemas — Susurro, su voz quebrándose mientras hablaba — Tengo que irme — Murmuro, despidiéndose, justo antes de ver la puerta de Jax y echarse a llorar de nuevo. Caminó de vuelta por el mismo pasillo una vez que salieron, pero ella ya no veía nada. La alcaldía, que alguna vez le había parecido hermosa, ahora le resultaba escalofriante, como si de un hospital se tratase.
— Jax — Llamó ella, justo cuando estuvieron frente al tren que les llevaría al Capitolio — ¿Crees en las coincidencias? — Preguntó suavemente. Ella no creía en las coincidencias, nunca lo había hecho, pero por ahora, comenzaba a creerlo.
MONA
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