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— Water and oil.
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— Water and oil.
Harry Potter | 1x1 | Romance/drama
Ambientación.
HOGWARTS 2016
El niño que sobrevivió consiguió derrotar al Señor Oscuro y desde entonces, años mejores llegaron a la comunidad mágica. Años de comprensión, de adaptación, de altruismo. Era como comenzar un nuevo mundo sobre uno viejo y desgastado, donde antiguas y nuevas generaciones convivían de nuevo en paz y armonía. Sin embargo, no todos los miembros de la comunidad mágica estaban de acuerdo con este hecho, y aunque en un primer momento aceptaron el acuerdo de Paz para no verse metidos en juicios, y acabar probablemente encerrados en Azkaban por amenazas a toda la comunidad mágica durante una buena temporada, han sabido esconderse entre las sombras y continuar con un plan sutil pero, que si salía bien, podía llegar a ser efectivo.
Así, callados, en la oscuridad, han estado subiendo escalón a escalón, de manera completamente pacifista, en el Ministerio de Magia, en las escuelas mágicas, Barrios mágicos y otras entidades varias que el mundo mágico maneja para poder subsistir. Así fue como, finalmente, en el año 2013 el mago Godfroy Selwyn fue proclamado Primer Ministro de Magia. Con él, comenzaron las primeras reformas que tanto recordaban a antaño. Y, sin embargo, han entrado tan poco a poco, que nadie ha podido quejarse. A penas se ve, pero las familias puristas comienzan a tener de nuevo más privilegios y a mover los mercados e instituciones importantes del mundo mágico, mientras que el resto, mestizos y en especial nacidos de muggles, van quedándose en las puertas, siendo maltratados y marginados.
En Hogwarts se está viviendo un proceso parecido, y en medio de todo esto, dos rivales, aparentemente sin posible reconciliación, tendrán que lidiar con el peso que supone el hecho de que tus sentimientos vayan hacia el lado contrario del propio sentido común.
Cronología
01. The Beginning
02. Funny clash
03. The secret of plants
04. Unexpected hero
05. Night of the dead
Personajes.
Tras muchos años tratando de juntar a dos grandes familias de la magia, Rosier y Carrow se unieron por fin, y su unión dio paso a Corvinus, el primogénito, y años más tarde a Demetria. Ambos fueron inculcados con los modales más exquisitos, así como severos. Les enseñaron, desde jóvenes, el valor de la sangre pura, de la magia y a no mezclarse con gente que carecía de su mismo estatus. Para ellos, mantener el honor de la familia era algo que hacer a diario. Tuvieron varias institutrices mágicas a lo largo de sus primeros años, hasta que a Corvinus le llegó la hora de ir a Hogwarts. Sus primeros años no fueron nada del otro mundo. Acabó en Slytherin, como era de esperar y se comportó con profesores y compañeros como en casa le habían enseñado a hacer. Siempre con cortesía cuando tocaba y con desprecio y acritud cuando era necesario. Sin embargo las cosas empezaron a cambiar cuando cursaba tercero. Un nuevo Ministro subió al poder y aunque sus nuevas leyes no fueron muy bien aceptadas la comunidad de Puristas las recibieron gustosos. Un nuevo régimen a favor de los sangre pura se instauró y empezaron a obtener beneficios, mientras que los mestizos, así como los hijos de muggles empezaron a perderlos. Allí, en el colegio, ocurría lo mismo. Poco a poco, los sangre pura volvieron a instaurarse en la cima de la montaña, y el resto abajo, donde siempre habían insistido en que pertenecían. A día de hoy, Corvinus estudia para tratar de entrar en el ministerio. No se le dan nada bien las asignaturas de Historia de la Magia, ni aquellas que requieran demasiado esfuerzo. Callado y reservado a primera vista. Corvinus es un chico al que le gusta controlar la situación, contemplar y captar detalles de absolutamente todo lo que le rodea y tratar de sacarle el máximo partido. Esto hace que siempre se crea por encima de los demás. Manipulador. Sabe llevar a la gente por el terreno que quiere con galanterías y buenas palabras. Atiende a pocas razones y obedece solo a sus padres (o a alguna autoridad superior en Hogwarts). Pocas cosas pueden detenerle cuando algo se le mete entre ceja y ceja, ya que es terco y obstinado como pocas personas. Si tiene una meta que cumplir o algo que anhela no se detendrá hasta obtenerlo, y no le importa pasar por encima de la gente para conseguirlo. Para él, quien tiene éxito es quien más lo persigue y quien más da por conseguirlo. Por eso no se detendrá. No le gusta perder y cuando pasa, es mejor no meterse en su punto de mira ya que es capaz de amargarle la vida a la gente. No se lleva nada bien con los mestizos ni hijos de muggles del colegio, para él son escoria inferior, algo que le han inculcado desde muy pequeño y los ve como ratas de la sociedad mágica, que se han multiplicado y les han quitado todos los derechos a los sangre pura. Sin embargo, las personas más cercanas a Corvinus (y son muy pocas) saben que es alguien que lo da todo por los que tiene a su alrededor. Protege muy posesivamente a su hermana pequeña y no deja que nadie inapropiado se acerque a ella. — Varita: 27 cm. Madera de acacia. Buena para encantamientos, poco flexible. — Mascotas: No tiene (se ve incapaz de cuidar de un animal) — Juega al Quidditch como Cazador, además es el Capitán del equipo desde cuarto curso. Corvinus Rosier | 16 | Slytherin | Jake Hold | Tardis_in_blue | Seëlia nació en el seno de una familia muggle en plena ciudad de Londres. Sus padres, Austin y Colette, se habían conocido en la universidad de Oxford, y eran importantes abogados. Por lo que Seëlia siempre fue a los mejores internados de Londres. Sin embargo, había algo diferente en ella, algo que se notaba desde siempre. La primera vez que salió de ella un signo de magia fue cuando se puso a levitar sobre la cama a los tres años. Desde entonces ha estado siempre rodeada de "pequeños accidentes" que no entendió hasta que, poco antes de cumplir los once años, le llegó su carta de Hogwarts. En Londres se crió desde pequeña, siendo una niña curiosa y algo rarita. Aunque perteneciese a una familia bien posicionada en el mundo muggle, siempre fue rebelde y alocada, no le gustaban las etiquetas ni los modales. Pero entrar en Hogwarts...oh, eso sí que le encantó. Fue como si una pieza que había sentido desencajada toda su vida, encajara a la perfección en aquél momento. Apresurada llegó al andén nueve y tres cuartos antes de comenzar su primer año, y tras haber visitado por primera vez el callejón diagón, donde compró un montón de libros de historia y hechizos para saber realmente a qué mundo pertenecía. Una vez en la escuela, el sombrero seleccionador la mandó de cabeza a Ravenclaw, cosa que a Seëlia la emocionó realmente. Todo iba a la perfección hasta que en su tercer curso un nuevo ministro de magia ascendió al poder, y comenzó con sus habladurías acerca de viejas costumbres no igualitarias. Poco a poco a ido mejorando la vida de los linajes de sangre limpia, y poniendo dificultades a los mestizos o nacidos de muggles. En el colegio también se nota, este año más que nunca, pero Seëlia no piensa quedarse callada. A pesar de que en el mundo muggle se la podría calificar como una freak, Seëlia es una chica abierta, desvergonzada, y sin pelos en la lengua. Está claro que no todo el mundo la quiere, pero desde luego no es una persona a la que puedas olvidar con facilidad, no es alguien que deje indistinto. Tiene esa manía de dejar huella por donde pasa. No le importa ser ruidosa y pesada si eso significa que está expresando lo que piensa, o si se está expresando a sí misma como persona. Entre el mundo muggle y el mundo mágico, ella cree firmemente que tiene lo bueno de ambas partes, y las combina siempre que tiene la ocasión de hacerlo. Para muchos podría ser una loca, pero la verdad es que es simplemente original. No le falta imaginación, en parte gracias al mundo mágico, pero adora la música muggle. Puede ser amiga de cualquiera, pero se encariña con muy pocas personas, y con sus más cercanos sí que es lo más dulce y cariñoso del mundo, como un unicornio enamorado de un dragón rosa. Es inteligente e intuitiva, y aunque no tiene miedo tampoco es muy impulsiva a menos que sienta que necesita hacer algo, pues la prudencia es una característica de Ravenclaw. — Varita: 23 cm. Madera de arce. Núcleo de cola de dragón. Revestida en tonos plateados. Particularmente flexible. — Mascotas: un gato común blanco con manchas llamado Mefistofeles. — Comenzó el curso siendo prefecta de Ravenclaw, pero le han despojado del cargo por sangre sucia. Seëlia Kellebuch | 16 | Ravenclaw | Chloe Norgaard | Psychonaut |
Última edición por Psychonaut el Miér Abr 20, 2016 5:13 pm, editado 6 veces
Re: — Water and oil.
— The Beginning.
El curso todavía no había empezado, pero estaba a punto de hacerlo.
Como cada año, los alumnos del conocido y prestigioso colegio de Magia se amontonaban como un rebaño de ovejas entusiasmadas. Saltaban correteaban y gritaban por todo lo largo y ancho del andén 9 y 3/4. El ambiente era una mezcla caótica de humo, chillidos de nerviosas lechuzas y risas de jóvenes magos que se apresuraban por subir al tren.
Varios pitidos cortos y seguidos alertaron de que la escarlata locomotora estaba a punto de salir, así que todos aquellos que aún estaban despidiéndose de sus familiares corrieron a subir las escaleras, arrastrando baúles más grandes que ellos mismos.
Desde uno de los primeros vagones, un pelirrojo de sexto curso y una rubia jovencita se despedían con ánimo de sus padres. Esta última mostraba en sus labios una nerviosa sonrisa infantil, casi oculta por la ilusión de poder subir por primer año al Expreso de Hogwarts.
El tren comenzó a moverse lentamente, entre chirridos metálicos y poco a poco fue tomando velocidad hasta llegar a salir de la estación. Todas las personas del andén se convirtieron en borrosas manchas que no tardaron en desaparecer.
Demetria todavía seguía con las palmas de las manos y la frente pegada al cristal. Su irregular respiración creaba círculos de vaho que aparecían y desaparecían del grueso cristal. Corvinus sonrió y se dejó caer en el asiento del vagón, vacío y reservado para ellos. -Yo que tú me sentaría, Dem... Son muchas horas hasta Hogwarts y el paisaje fuera de Londres no vale la pena... Es todo gris y cemento... Hasta dentro de un par de horas no aparecerán los bosques.. - resopló, a medio camino entre la molestia y el aburrimiento y dejó caer la cabeza hacia atrás.
-Pero yo nunca he visto nada de esto.. A ti te aburre porque lo ves cada año pero seguro que la primera vez que viniste también estabas así de ilusionado... - Demetria nunca se callaba cuando se trataba de su hermano, y para sus tiernos once años, era muy lista, quizá demasiado. Pero Corvinus sabía que no se equivocaba. El casi se había convertido en una lapa de tanto pegarse al cristal. Pero con los años había perdido el interés en el viaje. Lo consideraba monótono y aburrido, al menos hasta que empezaban a acercarse al colegio, donde el tren pasaba entre bosques, lagos y viejos pueblos escoceses.
-Vale, punto para ti, Dem... -resopló y se pasó una mano por el cabello, peinándoselo hacia atrás con los dedos. -Aún quedan horas para llegar...
Eso era algo que le molestaba. La espera. Sería todo más sencillo si pudieran usar la red Flu y transportarse directamente al colegio, a la hora exacta, y ahorrarse toda aquella estúpida pantomima del tren. Eso tendría que ser solo para los impuros hijos de Muggles, no para ellos. El porqué tenía que compartir tren con aquellos sangresucia era algo que se le escapaba a su comprensión. ¿No se supone que tenían privilegios? ¿Donde estaban? Él apenas veía diferencia, todos iban a Hogwarts de la misma manera, todos estudiaban lo mismo...
-... no creo que lo soportase... pero si me ponen en Hufflepuff no estaría tan mal.. ¿No crees?
-...-
-¿Corvin....? - su hermana le tocó el hombro, dándole un leve empujón que consiguió sacarle del estupor en el que se había sumido. Sacudió la cabeza unos segundos y parpadeó, como dándose cuenta entonces de donde estaba. Frunció el entrecejo al captar hacia donde se dirigía esa conversación y negó rotundamente. -No, Dem... ya lo hemos hablado. Sabes que nuestros padres no aceptarán que no vayas a Slytherin... Tienes que esforzarte por continuar con el legado de la familia... - intentó sonar autoritario, poniendo una voz seria, algo que había aprendido de su padre. Él nunca alzaba la voz en casa pero cuando usaba ese tono serio y frío nadie era capaz de contradecirle. Era amenazador, y tanto su esposa como sus hijos sabían que sus palabras eran siempre ciertas. Sin embargo, Corvinus no quería sonar amenazador con su hermana, pero sí quería que ella mantuviera la compostura. -Pero... ¿Y si no me toca Slytherin...? Yo no sé que tengo que hacer para ir allí y... - poco a poco esa niña fue menguándose ante los ojos de su hermano. Empequeñeció conforme bajó la mirada. -Solo tienes que decir que quieres ir allí... - le puso una mano en el hombro y se inclinó hacia ella, con una sonrisa de pequeño niño cómplice que usaba siempre que ayudaba a su hermana con alguna de sus casuales travesuras. -Sé que no quieres decepcionarles... Tienes que desearlo y ya está... Estoy seguro de que irás allí, así que no tienes por qué preocuparte... ¿Vale? - le revolvió aquella mata de pelo rubio y volvió a recostarse hacia atrás en el descolorido sillón. -Anda... ve a dar una vuelta por el expreso. Pero no te metas en los últimos vagones, son los de los impuros. Busca a la señora del carrito de la compra si tienes hambre...- le pasó una bolsita de terciopelo verde oscuro, donde tintinearon varias monedas. -Ve a ver si encuentras a Thomas..- le señaló con la barbilla la puerta del vagón y antes de acabar la frase su hermana ya había puesto pies en polvorosa, dejando tras de si una estela de pelo rubio que desapareció con rapidez, aunque su risa infantil seguía rebotando en las paredes de madera del vagón.
Durante un segundo, sonrió con tranquilidad, con la cabeza echada hacia atrás. Se llevó una mano al cuello y tiró un poco de la corbata negra, haciendo que dejase de ejercer esa molesta y asfixiante presión. -Otro año más..- suspiró con lentitud, aburrido. Todo era aburrido. Siempre. El trayecto, el colegio, la gente. A menudo se preguntaba cómo su padre había llegado a ser quien era. Ese hombre cenizo, anodino y aburrido pero mordaz y amenazante. Ahora empezaba a comprenderlo ligeramente. Se aburría. Siempre se había aburrido. Y le resultado final saltaba a la vista. Él, por supuesto, no quería terminar así. Pero no sabía qué hacer, o cambiar, para no seguir el mismo camino. Y por otro lado, tampoco se creía capaz de hacer algo que se saliese de las estrictas ordenes y creencias que tan firmemente le habían inculcado desde joven.
Molesto, y con un gesto de constante enfado asentado en su entrecejo, se levantó y se quitó la corbata, echándose por encima la túnica del colegio aunque sin vestirse el uniforme todavía, aunque poco distaba del caro traje inglés que vestía. Salió al pasillo del tren, donde se podía escuchar un barullo similar al de la estación y caminó sin un rumbo fijo. Dando una vuelta por ahí, quizá con la idea de ver caras nuevas o cruzarse con alguno de sus "amigos" impuestos por la familia. Ni siquiera había podido decidir nunca sus propias amistades.
Como cada año, los alumnos del conocido y prestigioso colegio de Magia se amontonaban como un rebaño de ovejas entusiasmadas. Saltaban correteaban y gritaban por todo lo largo y ancho del andén 9 y 3/4. El ambiente era una mezcla caótica de humo, chillidos de nerviosas lechuzas y risas de jóvenes magos que se apresuraban por subir al tren.
Varios pitidos cortos y seguidos alertaron de que la escarlata locomotora estaba a punto de salir, así que todos aquellos que aún estaban despidiéndose de sus familiares corrieron a subir las escaleras, arrastrando baúles más grandes que ellos mismos.
Desde uno de los primeros vagones, un pelirrojo de sexto curso y una rubia jovencita se despedían con ánimo de sus padres. Esta última mostraba en sus labios una nerviosa sonrisa infantil, casi oculta por la ilusión de poder subir por primer año al Expreso de Hogwarts.
El tren comenzó a moverse lentamente, entre chirridos metálicos y poco a poco fue tomando velocidad hasta llegar a salir de la estación. Todas las personas del andén se convirtieron en borrosas manchas que no tardaron en desaparecer.
Demetria todavía seguía con las palmas de las manos y la frente pegada al cristal. Su irregular respiración creaba círculos de vaho que aparecían y desaparecían del grueso cristal. Corvinus sonrió y se dejó caer en el asiento del vagón, vacío y reservado para ellos. -Yo que tú me sentaría, Dem... Son muchas horas hasta Hogwarts y el paisaje fuera de Londres no vale la pena... Es todo gris y cemento... Hasta dentro de un par de horas no aparecerán los bosques.. - resopló, a medio camino entre la molestia y el aburrimiento y dejó caer la cabeza hacia atrás.
-Pero yo nunca he visto nada de esto.. A ti te aburre porque lo ves cada año pero seguro que la primera vez que viniste también estabas así de ilusionado... - Demetria nunca se callaba cuando se trataba de su hermano, y para sus tiernos once años, era muy lista, quizá demasiado. Pero Corvinus sabía que no se equivocaba. El casi se había convertido en una lapa de tanto pegarse al cristal. Pero con los años había perdido el interés en el viaje. Lo consideraba monótono y aburrido, al menos hasta que empezaban a acercarse al colegio, donde el tren pasaba entre bosques, lagos y viejos pueblos escoceses.
-Vale, punto para ti, Dem... -resopló y se pasó una mano por el cabello, peinándoselo hacia atrás con los dedos. -Aún quedan horas para llegar...
Eso era algo que le molestaba. La espera. Sería todo más sencillo si pudieran usar la red Flu y transportarse directamente al colegio, a la hora exacta, y ahorrarse toda aquella estúpida pantomima del tren. Eso tendría que ser solo para los impuros hijos de Muggles, no para ellos. El porqué tenía que compartir tren con aquellos sangresucia era algo que se le escapaba a su comprensión. ¿No se supone que tenían privilegios? ¿Donde estaban? Él apenas veía diferencia, todos iban a Hogwarts de la misma manera, todos estudiaban lo mismo...
-... no creo que lo soportase... pero si me ponen en Hufflepuff no estaría tan mal.. ¿No crees?
-...-
-¿Corvin....? - su hermana le tocó el hombro, dándole un leve empujón que consiguió sacarle del estupor en el que se había sumido. Sacudió la cabeza unos segundos y parpadeó, como dándose cuenta entonces de donde estaba. Frunció el entrecejo al captar hacia donde se dirigía esa conversación y negó rotundamente. -No, Dem... ya lo hemos hablado. Sabes que nuestros padres no aceptarán que no vayas a Slytherin... Tienes que esforzarte por continuar con el legado de la familia... - intentó sonar autoritario, poniendo una voz seria, algo que había aprendido de su padre. Él nunca alzaba la voz en casa pero cuando usaba ese tono serio y frío nadie era capaz de contradecirle. Era amenazador, y tanto su esposa como sus hijos sabían que sus palabras eran siempre ciertas. Sin embargo, Corvinus no quería sonar amenazador con su hermana, pero sí quería que ella mantuviera la compostura. -Pero... ¿Y si no me toca Slytherin...? Yo no sé que tengo que hacer para ir allí y... - poco a poco esa niña fue menguándose ante los ojos de su hermano. Empequeñeció conforme bajó la mirada. -Solo tienes que decir que quieres ir allí... - le puso una mano en el hombro y se inclinó hacia ella, con una sonrisa de pequeño niño cómplice que usaba siempre que ayudaba a su hermana con alguna de sus casuales travesuras. -Sé que no quieres decepcionarles... Tienes que desearlo y ya está... Estoy seguro de que irás allí, así que no tienes por qué preocuparte... ¿Vale? - le revolvió aquella mata de pelo rubio y volvió a recostarse hacia atrás en el descolorido sillón. -Anda... ve a dar una vuelta por el expreso. Pero no te metas en los últimos vagones, son los de los impuros. Busca a la señora del carrito de la compra si tienes hambre...- le pasó una bolsita de terciopelo verde oscuro, donde tintinearon varias monedas. -Ve a ver si encuentras a Thomas..- le señaló con la barbilla la puerta del vagón y antes de acabar la frase su hermana ya había puesto pies en polvorosa, dejando tras de si una estela de pelo rubio que desapareció con rapidez, aunque su risa infantil seguía rebotando en las paredes de madera del vagón.
Durante un segundo, sonrió con tranquilidad, con la cabeza echada hacia atrás. Se llevó una mano al cuello y tiró un poco de la corbata negra, haciendo que dejase de ejercer esa molesta y asfixiante presión. -Otro año más..- suspiró con lentitud, aburrido. Todo era aburrido. Siempre. El trayecto, el colegio, la gente. A menudo se preguntaba cómo su padre había llegado a ser quien era. Ese hombre cenizo, anodino y aburrido pero mordaz y amenazante. Ahora empezaba a comprenderlo ligeramente. Se aburría. Siempre se había aburrido. Y le resultado final saltaba a la vista. Él, por supuesto, no quería terminar así. Pero no sabía qué hacer, o cambiar, para no seguir el mismo camino. Y por otro lado, tampoco se creía capaz de hacer algo que se saliese de las estrictas ordenes y creencias que tan firmemente le habían inculcado desde joven.
Molesto, y con un gesto de constante enfado asentado en su entrecejo, se levantó y se quitó la corbata, echándose por encima la túnica del colegio aunque sin vestirse el uniforme todavía, aunque poco distaba del caro traje inglés que vestía. Salió al pasillo del tren, donde se podía escuchar un barullo similar al de la estación y caminó sin un rumbo fijo. Dando una vuelta por ahí, quizá con la idea de ver caras nuevas o cruzarse con alguno de sus "amigos" impuestos por la familia. Ni siquiera había podido decidir nunca sus propias amistades.
¿Era eso lo que le esperaba el resto de su vida?
Mejor dicho...
¿Quería eso el resto de su vida?
Mejor dicho...
¿Quería eso el resto de su vida?
1 de Septiembre | 2016 | Psychonaut & Tardis_In_Blue
Baja actividad


- Water and Oil - ♥ Corvëlia ♥:


- My lovers ♥:

- Take me to Church:

- Fire Guardian:

Re: — Water and oil.
— The Beginning.
Era la sexta vez que repetía aquél proceso, y al mismo tiempo, la chica del pelo de colores sabía que también sería la penúltima vez que podría hacer aquello que estaba sucediendo en esos mismos momentos. Con sus padres en el coche (sí, los dos la llevaban a King's Cross a su sexto año, aún sin decidirse si aquello les gustaba o era una rareza que se podrían haber evitado. Sólo tenían una hija y la querían apoyar en todo, pero debían admitir que por muy del siglo XXI que fueran, algunas cosas escapaban al entendimiento de estos dos seres humanos no mágicos) siempre sucedía la misma escena: cantaban canciones de rock de la década de los Ochenta durante todo el camino en una mezcla que había hecho la noche previa a ese día, de la mano de su padre. A veces, ellos preguntaban cosas sobre los libros que había tenido que ir a comprar a Hogsmeade para el curso al que entraba. Este, concretamente, estaba nerviosa por los estudios, ya preparándose para los ÉXTASIS, en Runas Antiguas y en Artimancia. Sin embargo no le preocupaba en demasía, teniendo en cuenta el nivel tan extraordinario que había sido capaz de mantener a lo largo de su historial académico mágico.
Cuando llegaron a King's Cross su padre le llevó la maleta hasta cerca del Andén 9 y 3/4. Una vez ella decidiera sobrepasarlo, ya no volvería a ver a sus padres hasta las vacaciones de navidad, teniendo en cuenta que ellos no podían acceder a la vía del tren mágico. Allí se despidió de sus padres con un abrazo y les dijo que se cuidasen en los meses venideros, que les mandaría cartas a través de las lechuzas del colegio. Seëlia no era especialista en despedidas por lo que no demoraba mucho en decir adiós y desaparecer en el muro entre los andenes nueve y diez. Allí, como siempre, el barullo era claro, y muchas familias de gente sí mágica andaban unidas. La chica del pelo de colores no tardó en subirse al tren, a sabiendas de que se contraría con sus compañeros de casa y con su mejor amiga, Gennea, ya allí dentro, como habían venido haciendo durante los últimos años. Como cada año que pasaba, Seëlia observaba el interior de los vagones con suma atención, pues siempre encontraba nuevos detalles en la pintura o los revestimientos que quería guardar para el resto de su vida. Ea demasiado joven como para pensar en tener hijos y aunque los tuviera, volvería al andén, pero jamás a entrar en el tren.
— ¡Sel!. — Escuchó una voz a sus espaldas, y se giró automáticamente para comprobar que la voz que había dicho su nombre abreviado era efectivamente la de su mejor amiga Gennea, aunque tampoco es que hiciese falta la confirmación visual para saber que aquella era su voz; la reconocería en cualquier parte del planeta, en cualquier situación imaginable y por imaginar. Una sonrisa de oreja a oreja rodó por su rostro. — ¡Gen!. — exclamó, justo antes de que su amiga, de ojos verdes y cabellos negros llegase a hasta ella y se fundieran en un abrazo. Normalmente se veían una o dos veces durante el verano, e iban jutas al Callejón Diagón a comprar los libros del nuevo curso que preparaban. Pero aquél verano, entre pitos y flautas, no habían podido visitarse para escaparse juntas de viaje ni habían coincidido a la hora de comprar los enseres necesarios para el curso. Entonces, comenzaron una conversación sobre sus idas y venidas en los dos últimos meses. Tras unos intensos minutos, al final Seëlia llegó a una parte importante de la conversación con su amiga. — Y bueno...Brett y yo acabamos solos al final de la noche. — El rostro de su amiga se puso algo rojo. — Y me besó. — Seëlia no pudo hacer otra cosa que reírse a carcajada abierta. — ¡Al fin! Yo esto ya lo sabía, llevaba diciéndotelo desde tercer curso... — Consiguió que Gennea se pusiera más nerviosa, pero aquello no hacía más que divertir a la chica. La Ravenclaw siempre había sido gato curioso y los chicos no era un tema que le diese miedo o reparo, no así como a su amiga, que era más romántica en ese aspecto. Cuando al fin pudo calmarse, después de Seëlia disfrutara un poco más del momento (por supuesto con ternura y sin ningún tipo de maldad), su mejor amiga decidió que era hora de buscar a Brett por los pasillos del Expreso de Hogwarts.
Seëlia se quedó sola en sus pensamientos. Sacó su móvil, el cual estaba terminantemente prohibido en la escuela por ser considerado objeto muggle (una de las extrañas normas últimamente impuestas) para disfrutar de su música unos últimos instantes antes de que el aparato fuese apagado y confiscado por algún miembro del profesorado en cuando pusiese los pies en la escuela, aquella misma noche. Se lo devolverían antes de que dejase la institución durante las vacaciones de navidad, y al volver de las mismas para acabar con su sexto curso repetiría el proceso. Por eso seguía mandando cartas por lechuza a sus padres en vez de utilizar el móvil para mandar un whatsapp o un e-mail como hacía todo el mundo occidental no mágico del momento. Como haría con sus amigos muggles, si es que los tuviera. Porque la verdad, estando desde los 11 años en Hogwarts, todas sus amistades residían, principalmente, en Ravenclaw y en Gryffindor, y la mayoría de ellos eran mestizos o de la misma condición que Seëlia. Conectó los auriculares al pequeño aparato de pantalla plana y a los pocos segundos, The Stroes comenzaron a sonar en sus oídos, fuertes, algo estridentes, pero no le importó. Le gustaba la música, cuanto más alta, mejor.
Pero sentada de todas maneras, se aburría. Y, además, le apetecían un par de ranas de chocolate. Tras dar un enorme bostezo y estirarse como si de un gato se tratara, Seëlia se levantó de su asiento para indagar dónde estaba la señora del carrito de las chucherías. Iba bailando al ritmo de la música, casi sin mirar, cuando chocó con la espalda de alguien. — ¡Perdón! — exclamó, echando los cascos a su cuello. Ahora la música se escuchaba, flojito, en el ambiente. Alzó la vista para observar a la persona con la que había chocado. Un pelirrojo que le sonaba haber visto con la corbata verde en sus clases. Frunció el ceño y esbozó una media sonrisa. Tal vez aquello pudiese resultar divertido. — Te confundí con un pilar del vagón. — Soltó, socarrona, pues sabía que si los corbatas verdes no soportaban algo, era ser confundidos con un accesorio del mobiliario. No, ellos se sentían demasiado importantes. No se molestó en apagar la música, que seguía sonando a la altura de su cuello.
Cuando llegaron a King's Cross su padre le llevó la maleta hasta cerca del Andén 9 y 3/4. Una vez ella decidiera sobrepasarlo, ya no volvería a ver a sus padres hasta las vacaciones de navidad, teniendo en cuenta que ellos no podían acceder a la vía del tren mágico. Allí se despidió de sus padres con un abrazo y les dijo que se cuidasen en los meses venideros, que les mandaría cartas a través de las lechuzas del colegio. Seëlia no era especialista en despedidas por lo que no demoraba mucho en decir adiós y desaparecer en el muro entre los andenes nueve y diez. Allí, como siempre, el barullo era claro, y muchas familias de gente sí mágica andaban unidas. La chica del pelo de colores no tardó en subirse al tren, a sabiendas de que se contraría con sus compañeros de casa y con su mejor amiga, Gennea, ya allí dentro, como habían venido haciendo durante los últimos años. Como cada año que pasaba, Seëlia observaba el interior de los vagones con suma atención, pues siempre encontraba nuevos detalles en la pintura o los revestimientos que quería guardar para el resto de su vida. Ea demasiado joven como para pensar en tener hijos y aunque los tuviera, volvería al andén, pero jamás a entrar en el tren.
— ¡Sel!. — Escuchó una voz a sus espaldas, y se giró automáticamente para comprobar que la voz que había dicho su nombre abreviado era efectivamente la de su mejor amiga Gennea, aunque tampoco es que hiciese falta la confirmación visual para saber que aquella era su voz; la reconocería en cualquier parte del planeta, en cualquier situación imaginable y por imaginar. Una sonrisa de oreja a oreja rodó por su rostro. — ¡Gen!. — exclamó, justo antes de que su amiga, de ojos verdes y cabellos negros llegase a hasta ella y se fundieran en un abrazo. Normalmente se veían una o dos veces durante el verano, e iban jutas al Callejón Diagón a comprar los libros del nuevo curso que preparaban. Pero aquél verano, entre pitos y flautas, no habían podido visitarse para escaparse juntas de viaje ni habían coincidido a la hora de comprar los enseres necesarios para el curso. Entonces, comenzaron una conversación sobre sus idas y venidas en los dos últimos meses. Tras unos intensos minutos, al final Seëlia llegó a una parte importante de la conversación con su amiga. — Y bueno...Brett y yo acabamos solos al final de la noche. — El rostro de su amiga se puso algo rojo. — Y me besó. — Seëlia no pudo hacer otra cosa que reírse a carcajada abierta. — ¡Al fin! Yo esto ya lo sabía, llevaba diciéndotelo desde tercer curso... — Consiguió que Gennea se pusiera más nerviosa, pero aquello no hacía más que divertir a la chica. La Ravenclaw siempre había sido gato curioso y los chicos no era un tema que le diese miedo o reparo, no así como a su amiga, que era más romántica en ese aspecto. Cuando al fin pudo calmarse, después de Seëlia disfrutara un poco más del momento (por supuesto con ternura y sin ningún tipo de maldad), su mejor amiga decidió que era hora de buscar a Brett por los pasillos del Expreso de Hogwarts.
Seëlia se quedó sola en sus pensamientos. Sacó su móvil, el cual estaba terminantemente prohibido en la escuela por ser considerado objeto muggle (una de las extrañas normas últimamente impuestas) para disfrutar de su música unos últimos instantes antes de que el aparato fuese apagado y confiscado por algún miembro del profesorado en cuando pusiese los pies en la escuela, aquella misma noche. Se lo devolverían antes de que dejase la institución durante las vacaciones de navidad, y al volver de las mismas para acabar con su sexto curso repetiría el proceso. Por eso seguía mandando cartas por lechuza a sus padres en vez de utilizar el móvil para mandar un whatsapp o un e-mail como hacía todo el mundo occidental no mágico del momento. Como haría con sus amigos muggles, si es que los tuviera. Porque la verdad, estando desde los 11 años en Hogwarts, todas sus amistades residían, principalmente, en Ravenclaw y en Gryffindor, y la mayoría de ellos eran mestizos o de la misma condición que Seëlia. Conectó los auriculares al pequeño aparato de pantalla plana y a los pocos segundos, The Stroes comenzaron a sonar en sus oídos, fuertes, algo estridentes, pero no le importó. Le gustaba la música, cuanto más alta, mejor.
Pero sentada de todas maneras, se aburría. Y, además, le apetecían un par de ranas de chocolate. Tras dar un enorme bostezo y estirarse como si de un gato se tratara, Seëlia se levantó de su asiento para indagar dónde estaba la señora del carrito de las chucherías. Iba bailando al ritmo de la música, casi sin mirar, cuando chocó con la espalda de alguien. — ¡Perdón! — exclamó, echando los cascos a su cuello. Ahora la música se escuchaba, flojito, en el ambiente. Alzó la vista para observar a la persona con la que había chocado. Un pelirrojo que le sonaba haber visto con la corbata verde en sus clases. Frunció el ceño y esbozó una media sonrisa. Tal vez aquello pudiese resultar divertido. — Te confundí con un pilar del vagón. — Soltó, socarrona, pues sabía que si los corbatas verdes no soportaban algo, era ser confundidos con un accesorio del mobiliario. No, ellos se sentían demasiado importantes. No se molestó en apagar la música, que seguía sonando a la altura de su cuello.
1 de Septiembre | Hogwarts express | con Corvinus
Última edición por Psychonaut el Jue Abr 07, 2016 9:36 pm, editado 1 vez
Re: — Water and oil.
— The Beginning.
Como era de esperar, aquellos pasillos estaban atestados de gente. Alumnos que correteaban, capas a medio vestir, cuellos desarreglados y corbatas mal puestas. Cabellos despeinados, gafas torcidas... Críos impertinentes que se cruzaban en su camino, como si corretear y jugar a atraparse fuera el juego más divertido del mundo. Chasqueó la lengua, ligeramente molesto mientras trataba de hacer contorsionismo para evitar comerse a alguno de aquellos renacuajos. ¿Que estaba haciendo? ¿Recorrer los vagones en busca de sus compañeros? Porque en el fondo, no podía llamarlos amigos. Eran compañeros de clase con quien compartía casa, pupitre en algunas asignaturas y poco más. No compartía secretos, ni nada de ellos. ¿Para qué hacerlo? Sabía de sobras que no valían la pena. Eran cabezas vacías, cerebros lavados. Más como él. Por eso los odiaba, y por consiguiente, se odiaba a sí mismo.
Divisó la melena rubia de su hermano, cruzando vagones y sorteando a la gente, camino a los últimos vagones, tal y como le había recomendado que no hiciera. Pero tampoco iba a ir a buscarla y traerla de vuelta, de la mano como una niña. Dem debía aprender con quien juntarse y con quien no. Y Hogwarts... Era un pequeño lugar donde escapar, donde aquella cría inocente podía ser quien quisiera, como quisiera, sin ordenes de sus padres, sin cadenas. ¿Quien era él para impedírselo? Desde luego no quería que siguiera su mismo camino, pero tampoco quería que sus padres fueran demasiado escritos con ella.
Solía pasarle a menudo que se abstraía en sus cosas. Se quedaba parado en un sitio, inmóvil mientras los pensamientos iba y venían. Normalmente la gente le esquivaba cuando le pasaba pero allí, en un espacio tan reducido, alguien chocó contra su espalda, haciéndole trastabillar y tener que apoyar las manos contra la puerta de un vagón para no caerse.
Apretó la mandíbula con fuerza y sus manos se crisparon, aferrándose al marco de la puerta hasta que sus nudillos se pusieron blancos durante un segundo. Respiró profundamente y contó hasta siete antes de darse la vuelta, despacio. Tendía a perder los nervios muy facilmente y aquello no solía ser nada bueno. Había aprendido a controlarse y a no estallar por tonterías como aquellas, pero aún así, le molestaba mucho.
Fijó la vista en la colorida melena, pegada a la cabeza de una, sin duda, sangresucia a la que miró desde arriba. Escuchó como se disculpaba y por un momento la comisura de sus labios se torcieron en una sonrisa superior que, poco a poco, se fue transformando en una amarga mueca debido a las palabras de la joven. Su boca esculpió una sonrisa amarga y su mandíbula se tenso de nuevo, mientras una de sus cejas formaba un arco de desprecio y molestia sobre sus ojos. -Ya.. un pilar del vagón... - escupió las palabras casi con amargura, aunque con un ligero tono divertido escondido muy en el fondo. Disfrutaba criticándolos, como no. Le habían enseñado que eran superiores, le habían hecho creérselo, y le gustaba demostrarlo. Ponerles en su sitio. -Te daré un pequeño consejo.. Si yo fuera tú, me gastaría menos dinero en tratar de arreglarte esa cosa que tienes pegada a la cabeza que trata de imitar el pelo y me compraría unas gafas para ver por donde piso... Pero haz lo que tu quieras, tan solo es un consejo. Puedes seguir chocándote con quien quieras pero ten cuidado. No todos aceptarán tan bien que les llames mobiliario a la cara...-
Examinó a la chica de arriba a abajo, con una mirada que era más de burla que evaluadora. La reconoció levemente por saber que iba a su curso, pero... A que casa iba, eso era un misterio. No se acordaba porque no había fijado la vista en ella más de dos segundos. Tan solo era una cabellera horteramente colorida que se sentaba unos pupitres detrás de ella, que levantaba la mano de vez en cuando, y nada más. Una figura, un maniquí sin rostro, como el resto. Pero en aquel momento empezaba a dibujarle un rostro. Le puso un tono de color a sus ojos, una forma a su nariz.. Algo que seguramente acabaría olvidando antes de bajarse del mismo tren. -Tan sólo ten más cuidado la próxima vez.. - repitió secamente, colocándose bien la túnica y llevando sus nudosas manos al nudo de la corbata que había intentado desatar antes, asegurándose de arreglarla con pulcritud, aunque sabía que se la tendría que cambiar luego.
Divisó la melena rubia de su hermano, cruzando vagones y sorteando a la gente, camino a los últimos vagones, tal y como le había recomendado que no hiciera. Pero tampoco iba a ir a buscarla y traerla de vuelta, de la mano como una niña. Dem debía aprender con quien juntarse y con quien no. Y Hogwarts... Era un pequeño lugar donde escapar, donde aquella cría inocente podía ser quien quisiera, como quisiera, sin ordenes de sus padres, sin cadenas. ¿Quien era él para impedírselo? Desde luego no quería que siguiera su mismo camino, pero tampoco quería que sus padres fueran demasiado escritos con ella.
Solía pasarle a menudo que se abstraía en sus cosas. Se quedaba parado en un sitio, inmóvil mientras los pensamientos iba y venían. Normalmente la gente le esquivaba cuando le pasaba pero allí, en un espacio tan reducido, alguien chocó contra su espalda, haciéndole trastabillar y tener que apoyar las manos contra la puerta de un vagón para no caerse.
Apretó la mandíbula con fuerza y sus manos se crisparon, aferrándose al marco de la puerta hasta que sus nudillos se pusieron blancos durante un segundo. Respiró profundamente y contó hasta siete antes de darse la vuelta, despacio. Tendía a perder los nervios muy facilmente y aquello no solía ser nada bueno. Había aprendido a controlarse y a no estallar por tonterías como aquellas, pero aún así, le molestaba mucho.
Fijó la vista en la colorida melena, pegada a la cabeza de una, sin duda, sangresucia a la que miró desde arriba. Escuchó como se disculpaba y por un momento la comisura de sus labios se torcieron en una sonrisa superior que, poco a poco, se fue transformando en una amarga mueca debido a las palabras de la joven. Su boca esculpió una sonrisa amarga y su mandíbula se tenso de nuevo, mientras una de sus cejas formaba un arco de desprecio y molestia sobre sus ojos. -Ya.. un pilar del vagón... - escupió las palabras casi con amargura, aunque con un ligero tono divertido escondido muy en el fondo. Disfrutaba criticándolos, como no. Le habían enseñado que eran superiores, le habían hecho creérselo, y le gustaba demostrarlo. Ponerles en su sitio. -Te daré un pequeño consejo.. Si yo fuera tú, me gastaría menos dinero en tratar de arreglarte esa cosa que tienes pegada a la cabeza que trata de imitar el pelo y me compraría unas gafas para ver por donde piso... Pero haz lo que tu quieras, tan solo es un consejo. Puedes seguir chocándote con quien quieras pero ten cuidado. No todos aceptarán tan bien que les llames mobiliario a la cara...-
Examinó a la chica de arriba a abajo, con una mirada que era más de burla que evaluadora. La reconoció levemente por saber que iba a su curso, pero... A que casa iba, eso era un misterio. No se acordaba porque no había fijado la vista en ella más de dos segundos. Tan solo era una cabellera horteramente colorida que se sentaba unos pupitres detrás de ella, que levantaba la mano de vez en cuando, y nada más. Una figura, un maniquí sin rostro, como el resto. Pero en aquel momento empezaba a dibujarle un rostro. Le puso un tono de color a sus ojos, una forma a su nariz.. Algo que seguramente acabaría olvidando antes de bajarse del mismo tren. -Tan sólo ten más cuidado la próxima vez.. - repitió secamente, colocándose bien la túnica y llevando sus nudosas manos al nudo de la corbata que había intentado desatar antes, asegurándose de arreglarla con pulcritud, aunque sabía que se la tendría que cambiar luego.
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Re: — Water and oil.
— The Beginning.
Las personas que entraban a formar parte de la casa de Ravenclaw solían caracterizarse, mayoritariamente, por su inteligencia. Y era cierto que esta era una característica que la chica del pelo de colores poseía. No era de esas personas que necesitaban pasarse tarde sí y tarde también cara a los apuntes hasta que sus codos quedaban despellejados y no era capaz de recordar de qué color es la luz del sol, no, de hecho, Seëlia necesitaba poco. Ella llegaba a las clases, prestaba real atención, se hacía sus apuntes y luego se los repasaba, al acabar sus tares con una avidez increíble. Con leérselo luego un par de veces, tenía la materia más que salvada. Esto se debía también, en gran parte, a la memoria que poseía, y de la que se podía sentir más que agradecida. En su vida había recordado una tarde en la que necesitase encerrarse para estudiar, y sin embargo sus notas siempre fueron excelentes. Cierto era también que le gustaba leer, pero porque disfrutaba de ello, y su mente ávida y despierta se quedaba fácilmente con todo lo que leía, con todo lo que veía, con todo lo que el resto de sus sentidos degustaban, con todo lo que probaba.
Sin embargo, a la hija única de los Kellebuch le gustaba utilizar su inteligencia, de vez en cuando, para sembrar el caos. Tampoco es que fuera un demonio (aunque eso, cada cual, lo juzgaba a su manera, de eso ella estaba más que segura). Pero sí que le gustaba tocar la moral a aquellos que no habían aprendido que todo el que nacía con capacidades mágicas tenía las mismas posibilidades por igual. Como no le cabía en la cabeza que esa gente la tuviese tan dura, le encantaba hacerles rabiar. Por eso recordaba con precisión a los corbatas verdes, especialmente a los de su curso, porque tenía sus arrogantes caretos metidos en clase todo el año, año tras años, desde los once años. Vamos, una barbaridad de tiempo.
Sin embargo y a pesar de que había molestado a casi todos sus compañeros de curso serpientes, jamás antes había cruzado palabra con el pelirrojo. Tal vez porque parecía el reptil más escurridizo de todos. Irónicamente empezaban con buen pie, o eso pensó la chica del pelo de colores (colores que cambiaba con bastante frecuencia, ya que le encantaba experimentar con su pelo). Parecía el escenario perfecto para un el primer acto perfecto que ellos dos podrían interpretar. No pudo evitar soltar una risita cuando el chico repitió sus palabras, claramente molesto. Y, luego, por supuesto, venía el golpe. Aquello que se suponía algo hiriente o amenazante.
Si Seëlia debía describirlo de alguna manera, la elegida sería, sin duda, divertido.
— Respira tranquilo, zanahoria. — Levantó las manos en son de paz, aunque sus palabras pedían claramente guerra. — Yo sé muy bien en qué me gasto mi dinero, no necesito que tú vengas a aconsejarme en qué puedo invertir o no. — Se encogió de hombros, sin perder la divertida sonrisa que se le había cruzado antes en el rostro. Observó, teniendo que alzar la cabeza sutilmente, el rostro tenso del pelirrojo. Definitivamente, un Slytherin enfadado podía llegar a ser la cosa más mona del mundo, aunque aquél pensamiento no esperaba compartirlo jamás con nadie. Necesaria la aclaración, no se sentía atraída por aquella gente, es más, de alguna manera, le repugnaba. Le repugnaba verlos sentirse superiores y le repugnaba mucho más que el ministerio de magia comenzase a respaldarlos con aquél descaro tan gratuito.
— ¿Tienes miedo de que te pegue algo?¿Un poco de color a tu alma gris, tal vez?. — Inquirió, más divertida todavía. Por supuesto que no iba a dejar al chico en paz ni a achantarse por aquella posición amenazante. Era hora de que la serpiente escurridiza utilizase un poco de veneno. Quería escucharlo berrear como había escuchado a los estirados de sus compañeros. Ah, definitivamente no los soportaba. Incluso viendo como estaba el panorama, no se acabaría sorprendiendo si recibía algún castigo excesivo cuando la pillaran metiéndose con algún Slytherin dentro de los términos de Hogwarts aquél año. Podría soportarlo todo menos la expulsión, así que la diversión no se iba a acabar fácilmente.
Sin embargo, a la hija única de los Kellebuch le gustaba utilizar su inteligencia, de vez en cuando, para sembrar el caos. Tampoco es que fuera un demonio (aunque eso, cada cual, lo juzgaba a su manera, de eso ella estaba más que segura). Pero sí que le gustaba tocar la moral a aquellos que no habían aprendido que todo el que nacía con capacidades mágicas tenía las mismas posibilidades por igual. Como no le cabía en la cabeza que esa gente la tuviese tan dura, le encantaba hacerles rabiar. Por eso recordaba con precisión a los corbatas verdes, especialmente a los de su curso, porque tenía sus arrogantes caretos metidos en clase todo el año, año tras años, desde los once años. Vamos, una barbaridad de tiempo.
Sin embargo y a pesar de que había molestado a casi todos sus compañeros de curso serpientes, jamás antes había cruzado palabra con el pelirrojo. Tal vez porque parecía el reptil más escurridizo de todos. Irónicamente empezaban con buen pie, o eso pensó la chica del pelo de colores (colores que cambiaba con bastante frecuencia, ya que le encantaba experimentar con su pelo). Parecía el escenario perfecto para un el primer acto perfecto que ellos dos podrían interpretar. No pudo evitar soltar una risita cuando el chico repitió sus palabras, claramente molesto. Y, luego, por supuesto, venía el golpe. Aquello que se suponía algo hiriente o amenazante.
Si Seëlia debía describirlo de alguna manera, la elegida sería, sin duda, divertido.
— Respira tranquilo, zanahoria. — Levantó las manos en son de paz, aunque sus palabras pedían claramente guerra. — Yo sé muy bien en qué me gasto mi dinero, no necesito que tú vengas a aconsejarme en qué puedo invertir o no. — Se encogió de hombros, sin perder la divertida sonrisa que se le había cruzado antes en el rostro. Observó, teniendo que alzar la cabeza sutilmente, el rostro tenso del pelirrojo. Definitivamente, un Slytherin enfadado podía llegar a ser la cosa más mona del mundo, aunque aquél pensamiento no esperaba compartirlo jamás con nadie. Necesaria la aclaración, no se sentía atraída por aquella gente, es más, de alguna manera, le repugnaba. Le repugnaba verlos sentirse superiores y le repugnaba mucho más que el ministerio de magia comenzase a respaldarlos con aquél descaro tan gratuito.
— ¿Tienes miedo de que te pegue algo?¿Un poco de color a tu alma gris, tal vez?. — Inquirió, más divertida todavía. Por supuesto que no iba a dejar al chico en paz ni a achantarse por aquella posición amenazante. Era hora de que la serpiente escurridiza utilizase un poco de veneno. Quería escucharlo berrear como había escuchado a los estirados de sus compañeros. Ah, definitivamente no los soportaba. Incluso viendo como estaba el panorama, no se acabaría sorprendiendo si recibía algún castigo excesivo cuando la pillaran metiéndose con algún Slytherin dentro de los términos de Hogwarts aquél año. Podría soportarlo todo menos la expulsión, así que la diversión no se iba a acabar fácilmente.
1 de Septiembre | Hogwarts express | con Corvinus
Última edición por Psychonaut el Jue Abr 07, 2016 9:36 pm, editado 1 vez
Re: — Water and oil.
— The Beginning.
Hay personas que tienen un don para la paciencia y la tranquilidad. Es algo que les sale innato y son capaces de soportar cualquier cosa que les echen encima. Otras, sin embargo, se irritaban con gran facilidad y tienden a estallar con tan solo un pequeño pinchazo a su persona. Corvinus, por desgracia, pertenecía a este último grupo. Era tan sencillo sacarle de quicio que no necesitabas más que mirarle mal, o cruzarte con él cuando tenía un mal día.
Y aquel no era un mal día en realidad. De hecho, era un buen día. Hogwarts era, dentro de la cárcel dorada que era su vida, una pequeña liberación, un respiro donde aunque tenía que mantener la compostura y el estatus de su familia, no tenía que estar tan pendiente de etiquetas y normas. Allí tenía, por lo menos, unas cadenas más largas. Así que no podía considerarlo un mal día.
Hasta que esa desvergonzada sangresucia se topó con él. Algo tan sencillo como eso podía amargarle un buen día. Corvinus carecía de paciencia con gente ajena a su familia. Con ellos había aprendido a asentir y agachar la cabeza cuando tocaba, quizá por eso no lo hacía con los demás. Se desquitaba con ellos por no poder enfrentarse a quien de verdad debía. Aunque para él, enfrentarse a tantos años de creencias y pureza de la sangre, era algo impensable. Al menos todavía.
Sus ojos se estrecharon, rabiosos, ante aquel apelativo que el consideró más que ofensivo, sobre todo si se trataba de aquella chica que llevaba tantos colores en el pelo. Había tonos verde alga por aquí, azul oscuro por allá.. ¿Y se atrevía a llamarla zanahorio? ¿A él? ¿Es que acaso desconocía lo que era un espejo?
Se mordió la cara interna de la mejilla unos segundos y sus dedos se crisparon, contando por dentro hasta siete, despacio. Pero aquella cuenta regresiva se vió interrumpida por nuevas palabras de la chica que hicieron que ese intento de calmarse se fuera al traste. Casi sin darse cuenta, alzó una ceja ante esas palabras. Realmente la chica no se daba cuenta de con quien se estaba metiendo... Si lo supiera, seguramente habría cerrado antes la boca y se habría ido por donde había venido. Habría sido lo mejor para ella.
-¿Miedo...?- una pequeña risa se escapó de aquellos labios crispados y en sus ojos brilló, por un segundo, un destello de diversión y que se esfumó tan rápido como apareció y fue reemplazado por uno de rabia. -¿De alguien como tú... - la miró de arriba a abajo, como quien mira un escarabajo pelotero que ronda por el suelo, planteándose si pisarlo o dejar que continúe su camino. -..qué podría darme miedo?- le espetó con una sonrisa de clara suficiencia.
No, no tenía miedo.. Lo único que ella podría pegarle, en el peor de los casos, eran piojos. Si es que sobrevivían a vivir alimentándose de seres como ellos. -En cuanto a mi alma, de que color sea, no es algo que te incumba. Y si sabes lo que te conviene, no vuelvas a llamarme Zanahorio. Creía que al menos os enseñaban algo de respeto.. Uno intenta ser amable dando un consejo y le responden así... - negó con la cabeza unos segundos como si la estuviera reprochando y se estiró cuan largo era (que de hecho le sacaba como poco una cabeza a la joven). Le dedicó una sonrisa con malicia antes de volver a hablar, apoyándose en el marco de una de las puertas interiores. -Deberías ser un poco más inteligente y no meterte con quien puede amargarte la vida en Hogwarts... Eso es otro consejo que te doy, y gratis. Puedes darte por satisfecha. Y ahora te agradecería que volvieras a los vagones donde si puedes estar.. - señaló con la cabeza la placa del vagón. -Aquí no encontrarás a nadie de tu clase.. -
Y aquel no era un mal día en realidad. De hecho, era un buen día. Hogwarts era, dentro de la cárcel dorada que era su vida, una pequeña liberación, un respiro donde aunque tenía que mantener la compostura y el estatus de su familia, no tenía que estar tan pendiente de etiquetas y normas. Allí tenía, por lo menos, unas cadenas más largas. Así que no podía considerarlo un mal día.
Hasta que esa desvergonzada sangresucia se topó con él. Algo tan sencillo como eso podía amargarle un buen día. Corvinus carecía de paciencia con gente ajena a su familia. Con ellos había aprendido a asentir y agachar la cabeza cuando tocaba, quizá por eso no lo hacía con los demás. Se desquitaba con ellos por no poder enfrentarse a quien de verdad debía. Aunque para él, enfrentarse a tantos años de creencias y pureza de la sangre, era algo impensable. Al menos todavía.
Sus ojos se estrecharon, rabiosos, ante aquel apelativo que el consideró más que ofensivo, sobre todo si se trataba de aquella chica que llevaba tantos colores en el pelo. Había tonos verde alga por aquí, azul oscuro por allá.. ¿Y se atrevía a llamarla zanahorio? ¿A él? ¿Es que acaso desconocía lo que era un espejo?
Se mordió la cara interna de la mejilla unos segundos y sus dedos se crisparon, contando por dentro hasta siete, despacio. Pero aquella cuenta regresiva se vió interrumpida por nuevas palabras de la chica que hicieron que ese intento de calmarse se fuera al traste. Casi sin darse cuenta, alzó una ceja ante esas palabras. Realmente la chica no se daba cuenta de con quien se estaba metiendo... Si lo supiera, seguramente habría cerrado antes la boca y se habría ido por donde había venido. Habría sido lo mejor para ella.
-¿Miedo...?- una pequeña risa se escapó de aquellos labios crispados y en sus ojos brilló, por un segundo, un destello de diversión y que se esfumó tan rápido como apareció y fue reemplazado por uno de rabia. -¿De alguien como tú... - la miró de arriba a abajo, como quien mira un escarabajo pelotero que ronda por el suelo, planteándose si pisarlo o dejar que continúe su camino. -..qué podría darme miedo?- le espetó con una sonrisa de clara suficiencia.
No, no tenía miedo.. Lo único que ella podría pegarle, en el peor de los casos, eran piojos. Si es que sobrevivían a vivir alimentándose de seres como ellos. -En cuanto a mi alma, de que color sea, no es algo que te incumba. Y si sabes lo que te conviene, no vuelvas a llamarme Zanahorio. Creía que al menos os enseñaban algo de respeto.. Uno intenta ser amable dando un consejo y le responden así... - negó con la cabeza unos segundos como si la estuviera reprochando y se estiró cuan largo era (que de hecho le sacaba como poco una cabeza a la joven). Le dedicó una sonrisa con malicia antes de volver a hablar, apoyándose en el marco de una de las puertas interiores. -Deberías ser un poco más inteligente y no meterte con quien puede amargarte la vida en Hogwarts... Eso es otro consejo que te doy, y gratis. Puedes darte por satisfecha. Y ahora te agradecería que volvieras a los vagones donde si puedes estar.. - señaló con la cabeza la placa del vagón. -Aquí no encontrarás a nadie de tu clase.. -
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Re: — Water and oil.
— The Beginning.
Por regla general, la tarea de atormentar a un compañero de escuela perteneciente a la casa cuya sala común se encontraba en las mazmorras, era algo bastante fácil. No la hacían pensar mucho en lo que a la hora de las rabietas se refería, admitía, tal vez con demasiado orgullo para ser la situación que era, que no le ponían retos a la hora de encontrar los puntos débiles de sus nervios y poder crisparlos con aquella retorcida facilidad. Pero se encontró gratamente con la sorpresa de que aquél chico parecía saltar incluso con más chispas de lo que era normal en lo que ellos mismo denominaban sus "iguales" (¿Igual de retrasados? Se preguntaba Seëlia muchas veces). Aquello fue algo que le llamó la atención desde el instante en el que se percató del asunto. Iba a ser un viaje más interesante de lo normal, después de todo. Pues, cuando acabara con el pelirrojo, iba a atormentar a sus amigos, recién considerados pareja del momento. Cuántas emociones juntas, y eso que todavía no habían llegado a Hogwarts.
Le divertía, si. Porque a veces la vida en Hogwarts carecía de acción, y Seëlia era demasiado nerviosa como para poder permitirse aquello. Obviamente sus jugarretas solían rozar lo absurdo o consistían en bromas simples, tomaduras de pelo y piques constantes para comprobar que, aunque fría, aquellos reptiles seguían teniendo sangre en sus venas. Y es que a veces, realmente lo dudaba, y comenzaba a pensar en que lo único que corría dentro de sus organismos era veneno, puro y duro, podrido. Como la oscuridad que emanaba en muchas ocasiones de aquellos ojos, que a veces parecían muertos, taciturnos. No era un pensamiento que la asustase, en el fondo se podía decir que sentía pena, pena de que en el discurso de algunos magos hacia sus hijos todavían quedasen aquellas tinturas del pasado, dejadas sobre sus niños, impregnadas con el más puro odio. Algo que acababa afectando a personas como ella, que aunque habían nacido con las mismas habilidades, pertenecían al mundo mágico en cuanto a familia se trataba.
Alrededor de ellos recorrían los pasillos otros alumnos. En su gran mayoría, perdidos de primer curso que todavía no sabían si quiera a qué casa acabarían perteneciendo. Almas sedientas de aventuras y conocimientos que avivaban la feliz y atolondrada alma de la chica del pelo de colores. Tanta energía ayudaba a la suya propia a mantenerse activa y a retroalimentarse. Casi podía presumir de notar aquél tipo de cosas, y sin embargo era algo que no había hablado con nadie, jamás.
— Eso digo yo, no tienes nada que temer, no entiendo a qué viene tanta cara larga. — Comentó frente al estupor del chico. Le encantaba. Un grito desgarrado de Julian Casablancas llegó a sus oídos, lo que le hizo dar un respingo y sacar el móvil del bolsillo para dar por finalizada su sesión musical, al menos por el momento. Lo que tenía en frente (un chico que le sacaba casi dos cabezas de altura) era más interesante en aquellos momentos. Más por la tensión que la propia chica estaba creando, que por el sujeto en general, pues Seëlia no podía encontrar interesante a alguien que no conocía en absoluto, y mucho menos a alguien al cual no estaba para nada interesada en conocer. ¿He comentado ya lo mucho que se estaba divirtiendo? Escuchaba las palabras del chico con los brazos cruzados al tiempo que rodaba los ojos, y sonreía lacónicamente. Le dejó terminar, asegurándose que el pelirrojo se quedaba a gusto.
— Así que me he topado con la serpiente de los discursos. — Comentó, dejando de estar cruzada de brazos para coger desinteresadamente un mechón de pelo, uno medio verde, medio violeta, y suspiró, fingiendo aburrimiento. — Por lo menos en una cosa estamos de acuerdo. por aquí no voy a encontrar a nadie con clase. — Sentenció, desafiando al chico con la mirada. A pesar de soltar aquello, no hizo ademán alguno de moverse. Quería esperar a su reacción, o ver si era él el que decidía largarse con el rabo entre las piernas. Si pensaba que se iba a librar tan fácilmente de la Ravenclaw lo tenía claro.
Le divertía, si. Porque a veces la vida en Hogwarts carecía de acción, y Seëlia era demasiado nerviosa como para poder permitirse aquello. Obviamente sus jugarretas solían rozar lo absurdo o consistían en bromas simples, tomaduras de pelo y piques constantes para comprobar que, aunque fría, aquellos reptiles seguían teniendo sangre en sus venas. Y es que a veces, realmente lo dudaba, y comenzaba a pensar en que lo único que corría dentro de sus organismos era veneno, puro y duro, podrido. Como la oscuridad que emanaba en muchas ocasiones de aquellos ojos, que a veces parecían muertos, taciturnos. No era un pensamiento que la asustase, en el fondo se podía decir que sentía pena, pena de que en el discurso de algunos magos hacia sus hijos todavían quedasen aquellas tinturas del pasado, dejadas sobre sus niños, impregnadas con el más puro odio. Algo que acababa afectando a personas como ella, que aunque habían nacido con las mismas habilidades, pertenecían al mundo mágico en cuanto a familia se trataba.
Alrededor de ellos recorrían los pasillos otros alumnos. En su gran mayoría, perdidos de primer curso que todavía no sabían si quiera a qué casa acabarían perteneciendo. Almas sedientas de aventuras y conocimientos que avivaban la feliz y atolondrada alma de la chica del pelo de colores. Tanta energía ayudaba a la suya propia a mantenerse activa y a retroalimentarse. Casi podía presumir de notar aquél tipo de cosas, y sin embargo era algo que no había hablado con nadie, jamás.
— Eso digo yo, no tienes nada que temer, no entiendo a qué viene tanta cara larga. — Comentó frente al estupor del chico. Le encantaba. Un grito desgarrado de Julian Casablancas llegó a sus oídos, lo que le hizo dar un respingo y sacar el móvil del bolsillo para dar por finalizada su sesión musical, al menos por el momento. Lo que tenía en frente (un chico que le sacaba casi dos cabezas de altura) era más interesante en aquellos momentos. Más por la tensión que la propia chica estaba creando, que por el sujeto en general, pues Seëlia no podía encontrar interesante a alguien que no conocía en absoluto, y mucho menos a alguien al cual no estaba para nada interesada en conocer. ¿He comentado ya lo mucho que se estaba divirtiendo? Escuchaba las palabras del chico con los brazos cruzados al tiempo que rodaba los ojos, y sonreía lacónicamente. Le dejó terminar, asegurándose que el pelirrojo se quedaba a gusto.
— Así que me he topado con la serpiente de los discursos. — Comentó, dejando de estar cruzada de brazos para coger desinteresadamente un mechón de pelo, uno medio verde, medio violeta, y suspiró, fingiendo aburrimiento. — Por lo menos en una cosa estamos de acuerdo. por aquí no voy a encontrar a nadie con clase. — Sentenció, desafiando al chico con la mirada. A pesar de soltar aquello, no hizo ademán alguno de moverse. Quería esperar a su reacción, o ver si era él el que decidía largarse con el rabo entre las piernas. Si pensaba que se iba a librar tan fácilmente de la Ravenclaw lo tenía claro.
1 de Septiembre | Hogwarts express | con Corvinus
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Re: — Water and oil.
— The Beginning.
Las cejas de Corvinus se fruncieron de nuevo sobre sus ojos, creando un gesto ya de notoria molesta. Empezaba a ver a esa estridente chica como una molesta mosca que le rondaba frente a las narices, batiendo las alas con ese estresante batir de alas. Como un mosquito a media noche que zumba pegado a tu oído. Como una autentica mosca cojonera. Se cruzó de brazos, a la altura del pecho y su mandíbula se tensó por unos segundos. Por unos segundos tuvo ganas de acercarse, abrir la puerta del vagón (no la que conectaba un vagón con otro, sino las que permitían el acceso al tren) y empujarla por aquel hueco borroso, ver como se caía del tren y su grito se perdía en la lejanía. Cerrar con toda tranquilidad la puerta, volver a su compartimento y hacer como si aquella estúpida y colorida molestia no hubiera entrado nunca en su vida.
-No te has topado con absolutamente nadie.. - sentenció tajante, desviando la mirada, tratando de buscar unos segundos el destello platino de la cabellera de su hermana. Quería agarrarla y volver a su compartimento, donde nadie molestase, donde estúpidas chicas descaradas y engreídas no entraban. -Así que ya puedes dar media vuelta y volver por donde has venido... O mejor, quédate y tócale lo que no debes tocarle a quien te plazca.. - se encogió de hombros con sencillez y volvió a incorporarse, topándose con la desafiante mirada de la joven. Eso le hizo alzar una ceja por unos segundos, casi con un deje divertido. ¿Tan estúpida era como para quedarse allí? ¿Tan insensata?
Era como ponerse un cartel luminoso en la cabeza, en mayúsculas y encantado para que brillase con la frase "Busco problemas". Pasó por su lado, tratando de no chocar de nuevo con ella, ni con ninguno de sus compañeros que empezaban a amontonarse en el vagón. No les gustaba mucho que una sangresucia como ella se metiera en sus zonas privadas. De nuevo, esas letras resplandecían sobre su cabeza. -Si eres un poco lista, sabrás qué te conviene y que no.. - susurró en voz baja cuando pasó por su lado en dirección a los otros vagones con la intención de buscar a su hermana. ¿Le había dado un consejo?
¿Qué narices le importaba si acababa siendo devorada por las serpientes? ¿No era eso al fin y al cabo de lo que se alimentaban la mayoría de las serpientes, de insectos? No quiso darle más vueltas, ni pensar en ello, ni en ella, ni en lo sencillo que sería deshacerse de un insecto como ella con tan solo un chasquido de dedos. Pero.. ¿Para qué? Era demasiada molestia para tan poquita cosa.
Bufó para sus adentros y pasó al segundo vagón, casi más molesto todavía por tener que juntarse con toda aquella gente para encontrar a Demetria. De repente sentía una necesidad angustiosa de volver a tenerla junto a ella, de protegerla de toda aquella chusma. También era cierto que quería que conociera gente, que no se quedase solo con lo que era el circulo de su familia y los allegados de esta, pero...
-No te has topado con absolutamente nadie.. - sentenció tajante, desviando la mirada, tratando de buscar unos segundos el destello platino de la cabellera de su hermana. Quería agarrarla y volver a su compartimento, donde nadie molestase, donde estúpidas chicas descaradas y engreídas no entraban. -Así que ya puedes dar media vuelta y volver por donde has venido... O mejor, quédate y tócale lo que no debes tocarle a quien te plazca.. - se encogió de hombros con sencillez y volvió a incorporarse, topándose con la desafiante mirada de la joven. Eso le hizo alzar una ceja por unos segundos, casi con un deje divertido. ¿Tan estúpida era como para quedarse allí? ¿Tan insensata?
Era como ponerse un cartel luminoso en la cabeza, en mayúsculas y encantado para que brillase con la frase "Busco problemas". Pasó por su lado, tratando de no chocar de nuevo con ella, ni con ninguno de sus compañeros que empezaban a amontonarse en el vagón. No les gustaba mucho que una sangresucia como ella se metiera en sus zonas privadas. De nuevo, esas letras resplandecían sobre su cabeza. -Si eres un poco lista, sabrás qué te conviene y que no.. - susurró en voz baja cuando pasó por su lado en dirección a los otros vagones con la intención de buscar a su hermana. ¿Le había dado un consejo?
¿Qué narices le importaba si acababa siendo devorada por las serpientes? ¿No era eso al fin y al cabo de lo que se alimentaban la mayoría de las serpientes, de insectos? No quiso darle más vueltas, ni pensar en ello, ni en ella, ni en lo sencillo que sería deshacerse de un insecto como ella con tan solo un chasquido de dedos. Pero.. ¿Para qué? Era demasiada molestia para tan poquita cosa.
Bufó para sus adentros y pasó al segundo vagón, casi más molesto todavía por tener que juntarse con toda aquella gente para encontrar a Demetria. De repente sentía una necesidad angustiosa de volver a tenerla junto a ella, de protegerla de toda aquella chusma. También era cierto que quería que conociera gente, que no se quedase solo con lo que era el circulo de su familia y los allegados de esta, pero...
1 de Septiembre | 2016 | Psychonaut & Tardis_In_Blue
Baja actividad


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Re: — Water and oil.
— Funny clash.
Advertencias y advertencias, no eran más que palabras huecas para Seëlia. Tal vez demasiado temeraria o tal vez demasiado confiada, pero no tenía miedo de los Slytherin. Creía que sabia cómo defenderse, y la verdad era que no iba del todo mal encaminada. Aunque tal vez la prudencia la salvaría de más de un escenario incómodo, y sin embargo, aquella era una palabra que no cabía en su diccionario. Sin embargo sus compañeros de clase y colegio no le parecían, en el fondo, tan peligrosos como la idea que todavía representaban. Y es que una idea podía ser lo más insignificante o lo más fuerte del mundo. Por supuesto dependía de unos cuantos otros factores,
"No te has topado con absolutamente nadie". Era tal vez la frase más sorprendente que Seëlia había escuchado jamás a los labios de un Slytherin. Ellos, los expertos en serlo, precisamente todo. Los mejores, los que más saben, los que más viven, los que más entienden, los que más razón tienen. Siempre intentando ser los primeros en todo sólo por los apellidos que secundaban a sus nombres, siempre con ese aura de 'no necesito llamar la atención porque destacar está en mi naturaleza', pero que de alguna manera llamaba la atención. ¿Y el zanahoria le estaba diciendo a ella que no era nadie? Fascinante, realmente fascinante.
— Sí, sí, sí, haga lo que haga lo acabaré decidiendo yo. — Comentó, palmeando el aire para restarle importancia al chico, que finalmente desistió del acoso repentino de la Ravenclaw. Habría sido un acontecimiento pasajero y sin mucho gasto de energía cerebral, que se hubiese perdido para siempre en sus recuerdos, de no haber sido por el hecho de aquella frase, que quedó flotando en sus pensamientos, incluso cuando pasó un buen rato molestando a Gennea y a Bretten llenándose la boca de grajeas de todos los sabores (cosa que también fue objeto de burla para sus amigos, pero tan sana que ni si quiera importaba).
Las clases comenzaron con la misma dureza de siempre y para su buena sorpresa la convirtieron en Prefecta de Hogwarts, lo que le permitía deambular por los pasillos a altas horas de la mañana sin infringir las leyes del colegio, una verdadera ganga. Sin embargo aquél año se dio cuenta de que si quería realmente sacar buenas notas, necesitaría más tiempo del que empleaba normalmente para preparar el temario y los trabajos de cada una de las asignaturas que daba. Siempre andaba con Gennea por los patios de Hogwarts, como habían hecho durante los últimos años antes de que llegara al castillo el frío verdadero, pero aquella tarde se quedó sola porque su amiga tenía planes con su otro amigo, Bretten, perteneciente a la casa Gryffindor. Él también era hijo de muggles, como ella, por eso se sintió tan conectada con el chico desde el principio, aunque desde un punto de vista bastante fraternal. A Gennea se agarró el primer día que llegó a Hogwarts, por lo que la chica del pelo de colores tiene claro que esa va a ser una relación de amistad duradera. Y se alegraba por los dos...pero se aburría sola.
Ya le había pegado dos vueltas al castillo cuando se decidió a entrar. Aún quedaba una hora para la cena, por lo que decidió que iría a la torre de Ravenclaw y se cambiaría antes de bajar. Si se ponía el pijama debajo de la túnica luego se ahorraría trabajo, y además, nadie podría verlo. No le tocaba guardia aquella noche por lo que tenía pensado irse bastante pronto a la cama. ¿Cansancio por aburrimiento? Sí, existe, por lo menos en el organismo de Seëlia es así. Caminó por la gran entrada y se quedó durante unos segundos embobada frente a una de las columnas, pensando en sus cosas. Luego se cruzó con dos compañeras de Ravenclaw que bajaban a respirar aire puro antes de cenar, y paró algo para hablar con ellas. Finalmente hizo el camino hasta su Sala Común, caminando con tranquilidad, haciendo aspavientos por el camino.
Cuando llegó al tercer piso, una visión que interceptaron sus ojos, del color de su casa, la hizo pararse y pegarse a la pared. Allí estaba el chico zanahoria, hablando con, lo que Seëlia detecto, como una alumna de primero...de su casa. Sus labios se curvaron en una sonrisa traviesa. Aquella visión era realmente interesante. Con una ceja curvada se quedó en el sitio, al darse cuenta de que ninguno de los dos notó la presencia de la chica del pelo de colores. ¿Qué tendrían aquellos dos en común? Si tan solo pudiera escuchar la conversación...pero se había parado demasiado lejos.
No importaba...ya no había ningún tipo de prisa. Esperaría allí a que acabara la conversación y después abordaría al estirado como ya había hecho en el Expresso. Seguro que, por lo menos, sería divertido. Una bonita manera de acabar el día antes de llenarse el estómago e irse a la cama.
"No te has topado con absolutamente nadie". Era tal vez la frase más sorprendente que Seëlia había escuchado jamás a los labios de un Slytherin. Ellos, los expertos en serlo, precisamente todo. Los mejores, los que más saben, los que más viven, los que más entienden, los que más razón tienen. Siempre intentando ser los primeros en todo sólo por los apellidos que secundaban a sus nombres, siempre con ese aura de 'no necesito llamar la atención porque destacar está en mi naturaleza', pero que de alguna manera llamaba la atención. ¿Y el zanahoria le estaba diciendo a ella que no era nadie? Fascinante, realmente fascinante.
— Sí, sí, sí, haga lo que haga lo acabaré decidiendo yo. — Comentó, palmeando el aire para restarle importancia al chico, que finalmente desistió del acoso repentino de la Ravenclaw. Habría sido un acontecimiento pasajero y sin mucho gasto de energía cerebral, que se hubiese perdido para siempre en sus recuerdos, de no haber sido por el hecho de aquella frase, que quedó flotando en sus pensamientos, incluso cuando pasó un buen rato molestando a Gennea y a Bretten llenándose la boca de grajeas de todos los sabores (cosa que también fue objeto de burla para sus amigos, pero tan sana que ni si quiera importaba).
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Las clases comenzaron con la misma dureza de siempre y para su buena sorpresa la convirtieron en Prefecta de Hogwarts, lo que le permitía deambular por los pasillos a altas horas de la mañana sin infringir las leyes del colegio, una verdadera ganga. Sin embargo aquél año se dio cuenta de que si quería realmente sacar buenas notas, necesitaría más tiempo del que empleaba normalmente para preparar el temario y los trabajos de cada una de las asignaturas que daba. Siempre andaba con Gennea por los patios de Hogwarts, como habían hecho durante los últimos años antes de que llegara al castillo el frío verdadero, pero aquella tarde se quedó sola porque su amiga tenía planes con su otro amigo, Bretten, perteneciente a la casa Gryffindor. Él también era hijo de muggles, como ella, por eso se sintió tan conectada con el chico desde el principio, aunque desde un punto de vista bastante fraternal. A Gennea se agarró el primer día que llegó a Hogwarts, por lo que la chica del pelo de colores tiene claro que esa va a ser una relación de amistad duradera. Y se alegraba por los dos...pero se aburría sola.
Ya le había pegado dos vueltas al castillo cuando se decidió a entrar. Aún quedaba una hora para la cena, por lo que decidió que iría a la torre de Ravenclaw y se cambiaría antes de bajar. Si se ponía el pijama debajo de la túnica luego se ahorraría trabajo, y además, nadie podría verlo. No le tocaba guardia aquella noche por lo que tenía pensado irse bastante pronto a la cama. ¿Cansancio por aburrimiento? Sí, existe, por lo menos en el organismo de Seëlia es así. Caminó por la gran entrada y se quedó durante unos segundos embobada frente a una de las columnas, pensando en sus cosas. Luego se cruzó con dos compañeras de Ravenclaw que bajaban a respirar aire puro antes de cenar, y paró algo para hablar con ellas. Finalmente hizo el camino hasta su Sala Común, caminando con tranquilidad, haciendo aspavientos por el camino.
Cuando llegó al tercer piso, una visión que interceptaron sus ojos, del color de su casa, la hizo pararse y pegarse a la pared. Allí estaba el chico zanahoria, hablando con, lo que Seëlia detecto, como una alumna de primero...de su casa. Sus labios se curvaron en una sonrisa traviesa. Aquella visión era realmente interesante. Con una ceja curvada se quedó en el sitio, al darse cuenta de que ninguno de los dos notó la presencia de la chica del pelo de colores. ¿Qué tendrían aquellos dos en común? Si tan solo pudiera escuchar la conversación...pero se había parado demasiado lejos.
No importaba...ya no había ningún tipo de prisa. Esperaría allí a que acabara la conversación y después abordaría al estirado como ya había hecho en el Expresso. Seguro que, por lo menos, sería divertido. Una bonita manera de acabar el día antes de llenarse el estómago e irse a la cama.
7 de Septiembre | Séptimo piso | con Corvinus
Última edición por Psychonaut el Lun Abr 11, 2016 11:19 pm, editado 2 veces
Re: — Water and oil.
— Funny clash.
El resto del trayecto hasta el castillo fue como siempre, como la misma vida en Hogwarts, aburrido y sin apenas sobresaltos. Demetria desapareció en busca de compañeros de su edad, algo que Corvinus no se había atrevido a hacer. Él venía con amigos cuidadosamente seleccionados por su padre. Por suerte, los benjamina de la familia no se veía afectada por ello. Se reunió con su hermano apenas unos minutos antes de que el tren frenase en la estación de Hogsmeade. Se cambió el uniforme a prisa y aunque Corvinus le mirase con ojos ligeramente reprobatorios, en el fondo estaba ilusionado. Quería tener a su hermana cerca y sentirse por una vez más cómodo en el castillo. Pero las cosas no siempre salen como se espera, ni como se quiere. El pequeño cuerpecillo de la chica se había quedado congelado, con los pies colgando del taburete, sin llegar al suelo y con el sombrero seleccionador en la cabeza mientras la casa Ravenclaw aplaudía a su nueva integrante.
En la mesa de los Slytherins su hermano parecía sufrir el mismo tipo de congelamiento, con los ojos fijos en la mirada asustada de Demetria. Aquello iba a disgustar a sus padres, en especial al cabeza de familia. En aquel momento Corvinus estaba pensando en cómo librar a su hermana de una gran reprimenda. Como era normal, fue a ocupar un hueco en la mesa de quien sería su nueva familia. Corvinus la siguió con la mirada, preocupado, y aquella noche fue incapaz de probar bocado alguno del banquete de bienvenida.
Se había acostumbrado también a acompañar a su hermana cada noche a su sala común, así se contaban como les había ido el día. Él hablaba poco, mientras que por el contrario, Demetria no callaba. Y era normal. La vida allí en el colegio era un gran aire de aire fresco en comparación con su grisácea villa. Incluso se había olvidado ya del desazón de no haber sido elegida para Slytherin.
Aquella noche, una semana exacta después del comienzo de las clases, Demetria le explicaba ansiosa y con exagerados movimientos como se tenía que hacer el Wingardium Leviosa. Su hermano se reía entre dientes, caminado despacio para tratar de alargar aquel momento. Pero como suele decirse... Todo lo bueno termina. Plantados frente a la entrada de la sala común (esa que como Slytherin él debía desconocer donde se encontraba..) su hermana le dio el acostumbrado abrazo de buena noches. Y como siempre, Corvinus apretó la mandíbula ante el incómodo contacto con otra persona, pero al ser ella y verse incapaz de negarle cualquier cosa, correspondió a su abrazo. Con ella no era tan incómodo, pero con otra persona.... No soportaba ni el mínimo contacto que suponía un apretón de manos. Contó los segundos hasta que su hermana le soltó y le removió el pelo. -No tardes mucho en irte a dormir, ¿vale? Y si necesitas que te ayude con la redacción de historia de la magia... Hay un montón de libros en la biblioteca pero puedo decirte los que más te van a servir..- la rubia asintió, con una enorme sonrisa en los labios. Volvió a abrazarle una última y rápida vez y corrió a meterse en la sala común. Corvinus sonrió unos segundos y se quedó allí, en silencio, sopesando si volver a la sala o ir a darse una vuelta de nuevo. Ni siquiera se había dado cuenta de que había echado a caminar. Tenía que hacer una redacción de pociones, así que seguramente volvería y se sentaría en el escritorio a redactarla.
En la mesa de los Slytherins su hermano parecía sufrir el mismo tipo de congelamiento, con los ojos fijos en la mirada asustada de Demetria. Aquello iba a disgustar a sus padres, en especial al cabeza de familia. En aquel momento Corvinus estaba pensando en cómo librar a su hermana de una gran reprimenda. Como era normal, fue a ocupar un hueco en la mesa de quien sería su nueva familia. Corvinus la siguió con la mirada, preocupado, y aquella noche fue incapaz de probar bocado alguno del banquete de bienvenida.
[***]
Las clases habían comenzado como cada año. Y siempre era lo mismo...Los mismos paletos de siempre llegando tarde, las mismas trastadas, el mismo aburrimiento... Corvinus acostumbraba a pasear distraídamente por los pasillos cada mañana, antes del almuerzo, aunque le gustaba sobre todo pasear por la parte trasera de los invernaderos, una zona a la que no iba nadie y era tranquila.Se había acostumbrado también a acompañar a su hermana cada noche a su sala común, así se contaban como les había ido el día. Él hablaba poco, mientras que por el contrario, Demetria no callaba. Y era normal. La vida allí en el colegio era un gran aire de aire fresco en comparación con su grisácea villa. Incluso se había olvidado ya del desazón de no haber sido elegida para Slytherin.
Aquella noche, una semana exacta después del comienzo de las clases, Demetria le explicaba ansiosa y con exagerados movimientos como se tenía que hacer el Wingardium Leviosa. Su hermano se reía entre dientes, caminado despacio para tratar de alargar aquel momento. Pero como suele decirse... Todo lo bueno termina. Plantados frente a la entrada de la sala común (esa que como Slytherin él debía desconocer donde se encontraba..) su hermana le dio el acostumbrado abrazo de buena noches. Y como siempre, Corvinus apretó la mandíbula ante el incómodo contacto con otra persona, pero al ser ella y verse incapaz de negarle cualquier cosa, correspondió a su abrazo. Con ella no era tan incómodo, pero con otra persona.... No soportaba ni el mínimo contacto que suponía un apretón de manos. Contó los segundos hasta que su hermana le soltó y le removió el pelo. -No tardes mucho en irte a dormir, ¿vale? Y si necesitas que te ayude con la redacción de historia de la magia... Hay un montón de libros en la biblioteca pero puedo decirte los que más te van a servir..- la rubia asintió, con una enorme sonrisa en los labios. Volvió a abrazarle una última y rápida vez y corrió a meterse en la sala común. Corvinus sonrió unos segundos y se quedó allí, en silencio, sopesando si volver a la sala o ir a darse una vuelta de nuevo. Ni siquiera se había dado cuenta de que había echado a caminar. Tenía que hacer una redacción de pociones, así que seguramente volvería y se sentaría en el escritorio a redactarla.
Aburrido.
Otro año más...
Otro año más...
7 de Septiembre | Séptimo piso | con Psychonaut
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Re: — Water and oil.
— Funny clash.
Definitivamente no era capaz de escuchar ni una sola palabra de lo que allí estaba sucediendo. Vale, Seëlia era buena en muchísimas cosas, pero el espionaje no era una de ellas. Acostumbrada como estaba a ir siempre de frente y sin miedo con todo, ese tipo de situaciones raramente se daban en su día a día, a lo largo de su vida las podía contar escasamente. Si quería saber algo preguntaba, era tan simple como aquello. Definitivamente a la chica del pelo de colores le gustaba hacer las cosas lo más fáciles posible.
Y sin embargo sabía que no todo el mundo era de aquella manera. Había personas que no respondían, que les encantaba llenarse de secretos, se creían misteriosos o algo, y pensaban que eso era bonito. Podría serlo para algunas personas, pero no definitivamente para la Ravenclaw. La transparencia era una cualidad, el misterio, una pérdida de tiempo; eso era lo que contestaría en caso de que alguien le preguntase directamente sobre el tema. Había personas a las que les gustaba dar rodeas, que no eran directas, o que no sabían serlo. Otra pérdida de tiempo vista desde sus orbes azules. Las vueltas lo único que hacen es marear; es lo que Seëlia pensaría. Había personas que hacían las cosas retorcidas, complicadas. Y había personas que en sí mismas eran complicadas. Y eran las personas más difíciles del planeta para ella. Seëlia creía en la belleza de la sencillez, algo bastante irónico en una persona tan expresiva físicamente, pero así era. También hallaba la sencillez en una vida carente de ocultación, en la expresión de la más sincera libertad. Ya le habían llamado utópica en más de una ocasión, pero no era algo que le importara.
Su hilo de pensamientos fue destruido. Ante su campo de visión apareció lo que parecía una despedida, y la niña rubia (con la cual Seëlia ya maquinaba ventajosos planes para fastidiar al pelirrojo) se perdió tras el cuadro correcto que llevaba al lugar correcto y que sólo los Ravenclaw conocían (como pasaba con el resto de casas y los alumnos de cada una respectiva). Observó como el chico zanahoria se quedaba quieto durante unos segundos, para luego comenzar a caminar, por suerte, en la dirección que llevaba hasta Seëlia. Agradecía no tener que correr detrás de él como si fuese una fan y una loca (lo segundo lo era, lo primero desde luego que no, y mucho menos de un Slytherin), y sin más dilación se dispuso a salir de su escondite. Y el chico, que parecía ensimismado, no se dio ni cuenta de que ella caminaba en dirección contraria a él, acercándose a su persona. Una sonrisa maliciosa se curvó en sus labios antes de hablar, dejando la capacidad de silencio de un gato para otro momento.
— ¿Quién es la pequeña rubia?. — Comentó en voz alta, rompiendo el sepulcral silencio que había invadido el pasillo después de que el pelirrojo se quedara solo y sin nadie con quien conversar. — Parece maja, a veces se la escucha hablar emocionada en la Sala Común con sus compañeros de primero. — La observadora Seëlia...agradecía que nada escapase a sus ojos, agradecía que su mente fuese siempre insatisfecha y necesitase más conocimiento, viniese del sentido del que viniese. Esperó la reacción del chico. Habría apostado su varita a que no iba a ser buena.
Y sin embargo sabía que no todo el mundo era de aquella manera. Había personas que no respondían, que les encantaba llenarse de secretos, se creían misteriosos o algo, y pensaban que eso era bonito. Podría serlo para algunas personas, pero no definitivamente para la Ravenclaw. La transparencia era una cualidad, el misterio, una pérdida de tiempo; eso era lo que contestaría en caso de que alguien le preguntase directamente sobre el tema. Había personas a las que les gustaba dar rodeas, que no eran directas, o que no sabían serlo. Otra pérdida de tiempo vista desde sus orbes azules. Las vueltas lo único que hacen es marear; es lo que Seëlia pensaría. Había personas que hacían las cosas retorcidas, complicadas. Y había personas que en sí mismas eran complicadas. Y eran las personas más difíciles del planeta para ella. Seëlia creía en la belleza de la sencillez, algo bastante irónico en una persona tan expresiva físicamente, pero así era. También hallaba la sencillez en una vida carente de ocultación, en la expresión de la más sincera libertad. Ya le habían llamado utópica en más de una ocasión, pero no era algo que le importara.
Su hilo de pensamientos fue destruido. Ante su campo de visión apareció lo que parecía una despedida, y la niña rubia (con la cual Seëlia ya maquinaba ventajosos planes para fastidiar al pelirrojo) se perdió tras el cuadro correcto que llevaba al lugar correcto y que sólo los Ravenclaw conocían (como pasaba con el resto de casas y los alumnos de cada una respectiva). Observó como el chico zanahoria se quedaba quieto durante unos segundos, para luego comenzar a caminar, por suerte, en la dirección que llevaba hasta Seëlia. Agradecía no tener que correr detrás de él como si fuese una fan y una loca (lo segundo lo era, lo primero desde luego que no, y mucho menos de un Slytherin), y sin más dilación se dispuso a salir de su escondite. Y el chico, que parecía ensimismado, no se dio ni cuenta de que ella caminaba en dirección contraria a él, acercándose a su persona. Una sonrisa maliciosa se curvó en sus labios antes de hablar, dejando la capacidad de silencio de un gato para otro momento.
— ¿Quién es la pequeña rubia?. — Comentó en voz alta, rompiendo el sepulcral silencio que había invadido el pasillo después de que el pelirrojo se quedara solo y sin nadie con quien conversar. — Parece maja, a veces se la escucha hablar emocionada en la Sala Común con sus compañeros de primero. — La observadora Seëlia...agradecía que nada escapase a sus ojos, agradecía que su mente fuese siempre insatisfecha y necesitase más conocimiento, viniese del sentido del que viniese. Esperó la reacción del chico. Habría apostado su varita a que no iba a ser buena.
7 de Septiembre | Séptimo piso | con Corvinus
Última edición por Psychonaut el Sáb Abr 16, 2016 6:21 pm, editado 2 veces
Re: — Water and oil.
— Funny clash.
Tardó unos minutos en moverse, de hecho ni siquiera se dio cuenta de que había empezado a caminar por el pasillo, despacio, mientras su mente comenzaba a redactar el informe de pociones, enumerando los ingredientes y los pasos a seguir de diferentes pociones, contabilizandolo con los dedos escondidos dentro de los bolsillos de la túnica, que se ondeaba graciosamente ante cada paso que daba.
Iba tan abstraído que ni siquiera la vio venir de frente. No se percató de que avanzaba hacia él, dispuesta a asaltarle. De no ser por sus palabras, habría seguido su camino a las mazmorras sin siquiera pestañear, sin voltear la mirada para cruzarse con aquella descarada chica del pelo de colores. No se habría inmutado, como solía ocurrir la mayoría de las veces. Era un buen método para evitarse charlas incómodas con la chusma, sumergirse en su propio mundo y tan solo caminar hacia delante.
Sus palabras se colaron, descaradamente y sin permiso, en la cabeza de Corvinus, quien se detuvo casi a cámara lenta, entre un paso y el otro, con un pie a escasos centímetros de tocar el suelo. En un primer momento se quedó ahí, petrificado de medio lado y giró la vista para luego ladear el rosto y toparse con aquella molesta chica que a sus ojos era como un insecto con cientos de patas que correteaba por el suelo, a mucha distancia de él.
-¿No tienes a nadie más a quien molestar?- sus palabras salieron sin ganas, arrastradas y con lentitud. ¿Qué quería de nuevo? ¿Es que aquella chica no tenía suficiente con una vez? Acabó por girarse del todo, plantado ante ella y apoyó la parte superior de la espalda en la pared, recostado ligeramente, aún con las manos en los bolsillos. -No es algo de tu incumbencia...- se encogió de hombros con sencillez, dedicándole una larga mirada silenciosa. ¿Porqué sentía esa curiosidad?
Sabía que Demetria estaba segura en Ravenclaw, al fin y al cabo en aquella casa también había varias familias sangre puras, aunque también estaba rodeada de mestizos que, dentro de lo malo, no eran lo peor. Lo que temía era que acabase haciendo amistad con gente como ella, sangresucias que rondaban por todos lados, sin ningún tipo de educación. Era un hecho que con el tiempo, Dem haría amistad con hijos de familias mestizas, aunque esperaba que no fuera todo demasiado rápido, o que no les cogiera demasiado cariño. Torció los labios unos segundos. Apenas había vuelto a pensar en ella tras la llegada a Hogwarts. Si es cierto que a veces vislumbraba, entre el mar de cabezas de una clase compartida, un mechón verde o violeta. Pero no le había prestado más atención de la necesaria. Era como algo que se olvida en el momento en que dejas de mirarlo. Estaba ahí, pero carecía de curiosidad para Corvinus. Estuvo tentado de marcharse de allí y dejarle con la palabra en la boca. -Pero si tanto te interesa... Es mi hermana pequeña...- casi no supo porqué le dijo ese dato. Salió sin más. Tampoco tenía una razón para no decírselo.
Iba tan abstraído que ni siquiera la vio venir de frente. No se percató de que avanzaba hacia él, dispuesta a asaltarle. De no ser por sus palabras, habría seguido su camino a las mazmorras sin siquiera pestañear, sin voltear la mirada para cruzarse con aquella descarada chica del pelo de colores. No se habría inmutado, como solía ocurrir la mayoría de las veces. Era un buen método para evitarse charlas incómodas con la chusma, sumergirse en su propio mundo y tan solo caminar hacia delante.
Sus palabras se colaron, descaradamente y sin permiso, en la cabeza de Corvinus, quien se detuvo casi a cámara lenta, entre un paso y el otro, con un pie a escasos centímetros de tocar el suelo. En un primer momento se quedó ahí, petrificado de medio lado y giró la vista para luego ladear el rosto y toparse con aquella molesta chica que a sus ojos era como un insecto con cientos de patas que correteaba por el suelo, a mucha distancia de él.
-¿No tienes a nadie más a quien molestar?- sus palabras salieron sin ganas, arrastradas y con lentitud. ¿Qué quería de nuevo? ¿Es que aquella chica no tenía suficiente con una vez? Acabó por girarse del todo, plantado ante ella y apoyó la parte superior de la espalda en la pared, recostado ligeramente, aún con las manos en los bolsillos. -No es algo de tu incumbencia...- se encogió de hombros con sencillez, dedicándole una larga mirada silenciosa. ¿Porqué sentía esa curiosidad?
Sabía que Demetria estaba segura en Ravenclaw, al fin y al cabo en aquella casa también había varias familias sangre puras, aunque también estaba rodeada de mestizos que, dentro de lo malo, no eran lo peor. Lo que temía era que acabase haciendo amistad con gente como ella, sangresucias que rondaban por todos lados, sin ningún tipo de educación. Era un hecho que con el tiempo, Dem haría amistad con hijos de familias mestizas, aunque esperaba que no fuera todo demasiado rápido, o que no les cogiera demasiado cariño. Torció los labios unos segundos. Apenas había vuelto a pensar en ella tras la llegada a Hogwarts. Si es cierto que a veces vislumbraba, entre el mar de cabezas de una clase compartida, un mechón verde o violeta. Pero no le había prestado más atención de la necesaria. Era como algo que se olvida en el momento en que dejas de mirarlo. Estaba ahí, pero carecía de curiosidad para Corvinus. Estuvo tentado de marcharse de allí y dejarle con la palabra en la boca. -Pero si tanto te interesa... Es mi hermana pequeña...- casi no supo porqué le dijo ese dato. Salió sin más. Tampoco tenía una razón para no decírselo.
7 de Septiembre | Séptimo piso | con Psychonaut
Última edición por Tardis_In_Blue el Jue Abr 07, 2016 11:33 pm, editado 2 veces
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Re: — Water and oil.
— Funny clash.
¿Se había convertido el todavía chico sin nombre en el nuevo verdadero blanco de Seëlia? Puede ser. Al fin y al cabo ya hemos dicho que no le gustan los misterios, y aunque parecía imposible conseguir algo de transparencia por parte del pelirrojo, la chica no se rendía con facilidad. No por nada había tenido que pelear por notas, el año anterior, con profesores que habían decidido suspender a todos los nacidos de muggles. Tal vez aquella fue la primera advertencia seria para Seëlia, pero ella no se iba a quedar callada. No por nada era Ravenclaw y no se lo podía permitir, y gracias a su jefa de casa, que era una mujer justa, al final obtuvo lo que merecía...grandes notas. Tal vez habría cosas más importantes por las que preocuparse en el futuro, ya que aquél comportamiento le supuso demasiado extraño. Aquél nuevo ministro...no andaba haciendo cosas buenas para la comunidad mágica. Sin embargo, el hecho de descubrirse Prefecta la hizo bajar la guardia en el inicio de aquél curso. No podía estar atenta de peligros invisibles.
— Hoy no, mi lista habitual ya ha sido visitada. — Comentó. Se notaba la ironía en su voz, en las palabras, la manera de elaborar aquella respuesta. De alguna manera iban tintadas también con la diversión que caracterizaba a la chica del pelo de colores en aquellas ocasiones. — Deberías sentirte honrado, pelirrojo. No todas las acosadoras son tan guapas. — Alzó las cejas, pero luego se echó a reír, notando el suave abrazo del pijama calentito por debajo de su túnica. Ni si quiera se creía guapa, pero no pudo resistirse cuando aquellas palabras aparecieron en su mente, casi con luces de neón.
Tal vez su fijación era extraña y no estaba nada justificada. Pero aburrida ya del resto de Slytherins, que sólo con rozar en la puntita, se encendían como una cerilla (y se consumían igual de rápido), decidió que escudriñaría en las profundidades del pelirrojo aparentemente estreñido o se cansaría después de otros cuantos intentos. Porque aunque ella no consiguiera averiguar prácticamente nada, por lo menos ya lo estaba molestando, y eso era algo, realmente importante para aquella adolescente. El pobre, en el fondo, no sabía con qué grano en el culo se había topado. Pero la culpa era suya por ir de hermético por la vida. ¿Quién era ella para decidir como los demás tenían que ser? Nadie, pero si entraban en su entorno, no se iba a quedar quieta. Ella era de las que prefería intervenir.
— Ya...llamémoslo simple curiosidad. — Y muchas, muchísimas ganas de molestar, por supuesto. Había tenido otras ocasiones durante aquellos siete días que a penas llevaban en el colegio, sin embargo había pasado de él. En los pasillos, al salir de clase. Obviamente Seëlia no era una acosadora de oficio, simplemente aquella vena le salía en sus ratos libres y no, por nada del mundo estaba dispuesta a reprimirse, por nada. Iba a volver a preguntar, pero entonces la respuesta le llegó de los labios del propio chico. — Así que tu hermana. — Su sonrisa se hizo amplia, se llevó una mano a la barbilla y dejó de mirar al chico para mirar hacia su lado izquierdo. A veces parecía un pequeño demonio cuando pensaba. Pero volvió segundos después la mirada de nuevo hacia los ojos del chico.
— Prefiero preguntarte a ti, para saber si no hablas porque no te gusta o porque careces de la capacidad de la conversación. — Comentó, sin más. — Además, en lo que respecta a los alumnos del primer curso de mi casa estoy para ayudarles, no para acosarles. Me gusta meterme con gente de mi tamaño. — Curioso teniendo en cuenta lo alto que era el pelirrojo a su lado. Negó con la cabeza. — Oh, vamos, qué aburrido. Aún queda un rato para la hora oficial del sueño, ¿por qué no me cuentas algo?. — Preguntó, expresando una curiosidad tal vez algo exagerada en su voz, como si fueran amigos de la infancia y no se viesen desde mucho tiempo atrás, cuando lo que realmente eran, dos completos desconocidos con un porcentaje muy escaso de llevarse bien de alguna manera.
— Hoy no, mi lista habitual ya ha sido visitada. — Comentó. Se notaba la ironía en su voz, en las palabras, la manera de elaborar aquella respuesta. De alguna manera iban tintadas también con la diversión que caracterizaba a la chica del pelo de colores en aquellas ocasiones. — Deberías sentirte honrado, pelirrojo. No todas las acosadoras son tan guapas. — Alzó las cejas, pero luego se echó a reír, notando el suave abrazo del pijama calentito por debajo de su túnica. Ni si quiera se creía guapa, pero no pudo resistirse cuando aquellas palabras aparecieron en su mente, casi con luces de neón.
Tal vez su fijación era extraña y no estaba nada justificada. Pero aburrida ya del resto de Slytherins, que sólo con rozar en la puntita, se encendían como una cerilla (y se consumían igual de rápido), decidió que escudriñaría en las profundidades del pelirrojo aparentemente estreñido o se cansaría después de otros cuantos intentos. Porque aunque ella no consiguiera averiguar prácticamente nada, por lo menos ya lo estaba molestando, y eso era algo, realmente importante para aquella adolescente. El pobre, en el fondo, no sabía con qué grano en el culo se había topado. Pero la culpa era suya por ir de hermético por la vida. ¿Quién era ella para decidir como los demás tenían que ser? Nadie, pero si entraban en su entorno, no se iba a quedar quieta. Ella era de las que prefería intervenir.
— Ya...llamémoslo simple curiosidad. — Y muchas, muchísimas ganas de molestar, por supuesto. Había tenido otras ocasiones durante aquellos siete días que a penas llevaban en el colegio, sin embargo había pasado de él. En los pasillos, al salir de clase. Obviamente Seëlia no era una acosadora de oficio, simplemente aquella vena le salía en sus ratos libres y no, por nada del mundo estaba dispuesta a reprimirse, por nada. Iba a volver a preguntar, pero entonces la respuesta le llegó de los labios del propio chico. — Así que tu hermana. — Su sonrisa se hizo amplia, se llevó una mano a la barbilla y dejó de mirar al chico para mirar hacia su lado izquierdo. A veces parecía un pequeño demonio cuando pensaba. Pero volvió segundos después la mirada de nuevo hacia los ojos del chico.
— Prefiero preguntarte a ti, para saber si no hablas porque no te gusta o porque careces de la capacidad de la conversación. — Comentó, sin más. — Además, en lo que respecta a los alumnos del primer curso de mi casa estoy para ayudarles, no para acosarles. Me gusta meterme con gente de mi tamaño. — Curioso teniendo en cuenta lo alto que era el pelirrojo a su lado. Negó con la cabeza. — Oh, vamos, qué aburrido. Aún queda un rato para la hora oficial del sueño, ¿por qué no me cuentas algo?. — Preguntó, expresando una curiosidad tal vez algo exagerada en su voz, como si fueran amigos de la infancia y no se viesen desde mucho tiempo atrás, cuando lo que realmente eran, dos completos desconocidos con un porcentaje muy escaso de llevarse bien de alguna manera.
7 de Septiembre | Séptimo piso | con Corvinus
Re: — Water and oil.
— Funny clash.
Desde luego, aquella chica era innegablemente incorregible. Fijó la mirada en aquellos ojos azules que le devolvían una mirada juguetona, aunque en parte le recordaron a los de un gran felino acechando a su presa. Y eso no le gustó en absoluto. Se sentía como si estuvieran jugando con él tan solo con la mirada. Apoyó la parte superior de la espalda en la pared, ligeramente recostado contra ella. -Hay un dicho muggle que es bastante acertado para ti ¿Sabes?.. Dice así: la curiosidad mató al gato... Aunque en este caso sería al águila... de nuevo esas palabras escupidas sin sentimiento, sin ánimo de ofender, ni de amenazar, tan solo dejándolas caer por su propio peso.
No se sentía nada a gusto con el trato de aquella chica pero.. ¿Qué esperaba por parte de una clase tan inferior como la suya? No recibían una buena educación, ni modales. Seguramente eran unos descerebrados.. aunque eso saltaba casi a la vista. -¿Honrado? ¿Por tener a una fanática que me persigue por los pasillos..? - no pudo evitar dirigir una mirada hacia toda ella, examinándola de arriba a abajo, cosa que ya había hecho en el tren. Era, a la vez, agradable y desagradable a la vista. No era una muchacha de rasgos poco agraciados, más bien al contrario y tenía unos ojos curiosos... Pero no le gustaba ese color de pelo, ni la expresión de como le miraba. Tal vez era su actitud. Era una extraña mezcla, algo que le intrigaba y por otro lado le hacía querer huir en dirección contraria.
Negó con la cabeza y exhaló un lento suspiro, sacando una mano del bolsillo para presionarse el puente de la nariz, algo que hacía cuando tenía jaqueca o se sentía molesto.
-Entonces quizá deberías mirar si hay alguien más acorde a tu tamaño en esa lista. Es evidente que no estas a mi altura.. - no pudo evitar que una leve sonrisa se asomase a sus labios. Aquel comentario no iba solo en referencia a su estatura, sino también a su posición social y a su estatus. -En cuanto a los alumnos de primer año.. espero que realmente los ayudes. No sé si te lo han enseñado pero no deberías ir metiéndote en la vida privada de otras personas a menos que ellos te den permiso.. - se cruzó de brazos, como si aquel gesto la protegiera de sus próximas palabras. Aunque estaba seguro de que un protego hubiera resultado más efectivo. Sin duda esa chica no se daba por aludida, ni aprendía rápidamente la lección. Algo le decía que iba a tenerla pegada a sus espaldas por mucho tiempo. -¿Que te cuente algo...? -aquello sí era inverosímil. Tanto que no pudo evitar soltar un par de carcajadas que se esfumaron rápidamente por los rincones del pasillo. Una carcajada impropia en el joven. Por un momento le había pillado por sorpresa. Por un momento pensó si realmente estaba interesada en saber algo de él, pero esa idea desapareció de su cabeza tan fugazmente como un cometa. Lo hacía por intentar molestar. Lo sabía. Y él no era el único de su lista. Sus compañeros de casa no estaban muy cómodos con aquella chica y había oído más que un comentario despectivo hacia ella en la sala. Pero como era normal, ignoraba todo aquello. -No creo que pueda contarte nada interesante.. - resolvió encogiendo los hombros por unos segundos. No quería darle ideas u opciones para meterse con él. Tal y como le había dicho en el tren, no era nadie. Quería irse y encerrarse en su sala común.
No se sentía nada a gusto con el trato de aquella chica pero.. ¿Qué esperaba por parte de una clase tan inferior como la suya? No recibían una buena educación, ni modales. Seguramente eran unos descerebrados.. aunque eso saltaba casi a la vista. -¿Honrado? ¿Por tener a una fanática que me persigue por los pasillos..? - no pudo evitar dirigir una mirada hacia toda ella, examinándola de arriba a abajo, cosa que ya había hecho en el tren. Era, a la vez, agradable y desagradable a la vista. No era una muchacha de rasgos poco agraciados, más bien al contrario y tenía unos ojos curiosos... Pero no le gustaba ese color de pelo, ni la expresión de como le miraba. Tal vez era su actitud. Era una extraña mezcla, algo que le intrigaba y por otro lado le hacía querer huir en dirección contraria.
Negó con la cabeza y exhaló un lento suspiro, sacando una mano del bolsillo para presionarse el puente de la nariz, algo que hacía cuando tenía jaqueca o se sentía molesto.
-Entonces quizá deberías mirar si hay alguien más acorde a tu tamaño en esa lista. Es evidente que no estas a mi altura.. - no pudo evitar que una leve sonrisa se asomase a sus labios. Aquel comentario no iba solo en referencia a su estatura, sino también a su posición social y a su estatus. -En cuanto a los alumnos de primer año.. espero que realmente los ayudes. No sé si te lo han enseñado pero no deberías ir metiéndote en la vida privada de otras personas a menos que ellos te den permiso.. - se cruzó de brazos, como si aquel gesto la protegiera de sus próximas palabras. Aunque estaba seguro de que un protego hubiera resultado más efectivo. Sin duda esa chica no se daba por aludida, ni aprendía rápidamente la lección. Algo le decía que iba a tenerla pegada a sus espaldas por mucho tiempo. -¿Que te cuente algo...? -aquello sí era inverosímil. Tanto que no pudo evitar soltar un par de carcajadas que se esfumaron rápidamente por los rincones del pasillo. Una carcajada impropia en el joven. Por un momento le había pillado por sorpresa. Por un momento pensó si realmente estaba interesada en saber algo de él, pero esa idea desapareció de su cabeza tan fugazmente como un cometa. Lo hacía por intentar molestar. Lo sabía. Y él no era el único de su lista. Sus compañeros de casa no estaban muy cómodos con aquella chica y había oído más que un comentario despectivo hacia ella en la sala. Pero como era normal, ignoraba todo aquello. -No creo que pueda contarte nada interesante.. - resolvió encogiendo los hombros por unos segundos. No quería darle ideas u opciones para meterse con él. Tal y como le había dicho en el tren, no era nadie. Quería irse y encerrarse en su sala común.
Pero no se movió de allí.
7 de Septiembre | Séptimo piso | con Psychonaut
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Re: — Water and oil.
— Funny clash.
Buena señal era que el chico se recostara contra la pared, por lo menos no tenía intención de salir corriendo, como Seëlia se había temido en un primer momento. Aquello podía ser un avance o algo tan simple como una falsa señal, sin embargo ahí estaba...y se perdió para siempre en el tiempo y en el espacio, puesto que Seëlia no le dio más importancia. Tenía cosas mejores en las que prestar su atención en ese preciso momento. Como en la manera tan simple que tenía el pelirrojo de comunicarse. Dudaba si ese chico tenía sangre en las venas o zumo de calabaza reemplazado en su lugar...al igual que un cerebro capaz de pensar por sí mismo, independiente de todas esas ideas que era consciente de que implementaban en aquellos pequeños que nacían en familias de sangre pura. Por lo menos en la gran mayoría de las que quedaban.
— ¿Sabes que ese dicho tiene continuación?. — Alzó sus manos para hacer comillas en el aire, en un gesto algo teatral. — "Pero murió sabiendo". — Y aunque el pelirrojo había corregido al final para llamarla águila, cierto era que Seëlia pensaba que en caso de ser un gato, aún tenía otras seis vidas para acordarse de aquello por lo que había muerto. Aunque decirle aquello a alguien tan poco receptivo habría valido de poco, por no decir de nada. Aún pareciendo medio muñeco, los aires de superioridad estaban inscritos en su postura, la Ravenclaw había aprendido a reconocerlos a lo largo de los años. Una risa se le escapó a su respuesta. — Relaja la raja, tampoco eres tan importante. — Comentó, como si nada, negando con la cabeza, causando el ondeo de las puntas anaranjadas de su pelo de varias tonalidades de ese mismo color y rosado.Cruzó sus brazos sobre su pecho, para quedarse con la mirada fija en el pelirrojo. De alguna manera le haría reaccionar, aunque esta no fuese precisamente agradable.
Volvió a negar con la cabeza. — Eso depende de la altura de la que estemos hablando, ¿no crees?. — Tal vez demasiado confiada, pero estaba segura de que podía vencer a aquél chico en un duelo. ¿Se había visto? Era enclenque y no parecía muy rápido, más bien todo lo contrario. Si siempre se movía tan lento no era capaz de entender como estaba tan flaco. — Sí...y por eso no le pregunto a tu hermana. — Reafirmó. Aquello era sincero, su malicia no la iba a descargar con los pequeños indefensos de primero, y mucho menos en la pequeña rubia que hablaba antes con el chico. Aunque compartieran sangre, aquella niña había caído en su casa, y el bien de su casa era lo que le interesaba a Seëlia. Tal vez la rubia pudiera ser salvada de aquellos asquerosos pensamientos concentrados mayoritariamente en la casa de las serpientes. — Aunque lo estés deseando, no te voy a pedir permiso. Me inmiscuyo con la naturalidad de alguien que puede disfrutar de ser libre de prejuicios y por tanto mantener una conversación con cualquiera. — Puso cara de sorprendida durante unos instantes. — Aunque no lo creas, hasta la persona aparentemente más insignificante, tendrá algo que enseñarte. — Se encogió de hombros, aún cruzada de brazos. — Pero modales no es lo que me tienes que enseñar tú. — Igual, tenía alguna otra lección escondida en su pasotismo para ella...algo que no sabría con certeza hasta el momento.
Ahora se encontraban los dos a la defensiva en sus respectivas posturas. Bien, estaban avanzando a pasos de hormiga. Y al fin...le vio reírse. Fue una imagen grotesca y sorprendente al mismo tiempo, algo que no esperaba ver tan pronto. Y sin embargo, algo faltaba en la ecuación.
— Podrías...no sé. Empezar por tu nombre, comentarme si existe algo en esta vida que te guste. Ah, y me gustaría saber cuando fue la última vez que sonreíste. — Alzó una ceja. — No como hace un momento, no como esa carcajada. Cuando has sonreído de verdad...si es que lo has hecho una vez. — Sentenció, como si de un juego maligno se tratase, o algo así. A Seëlia le gustaba saber cosas curiosas, no cual era su comida favorita.
— ¿Sabes que ese dicho tiene continuación?. — Alzó sus manos para hacer comillas en el aire, en un gesto algo teatral. — "Pero murió sabiendo". — Y aunque el pelirrojo había corregido al final para llamarla águila, cierto era que Seëlia pensaba que en caso de ser un gato, aún tenía otras seis vidas para acordarse de aquello por lo que había muerto. Aunque decirle aquello a alguien tan poco receptivo habría valido de poco, por no decir de nada. Aún pareciendo medio muñeco, los aires de superioridad estaban inscritos en su postura, la Ravenclaw había aprendido a reconocerlos a lo largo de los años. Una risa se le escapó a su respuesta. — Relaja la raja, tampoco eres tan importante. — Comentó, como si nada, negando con la cabeza, causando el ondeo de las puntas anaranjadas de su pelo de varias tonalidades de ese mismo color y rosado.Cruzó sus brazos sobre su pecho, para quedarse con la mirada fija en el pelirrojo. De alguna manera le haría reaccionar, aunque esta no fuese precisamente agradable.
Volvió a negar con la cabeza. — Eso depende de la altura de la que estemos hablando, ¿no crees?. — Tal vez demasiado confiada, pero estaba segura de que podía vencer a aquél chico en un duelo. ¿Se había visto? Era enclenque y no parecía muy rápido, más bien todo lo contrario. Si siempre se movía tan lento no era capaz de entender como estaba tan flaco. — Sí...y por eso no le pregunto a tu hermana. — Reafirmó. Aquello era sincero, su malicia no la iba a descargar con los pequeños indefensos de primero, y mucho menos en la pequeña rubia que hablaba antes con el chico. Aunque compartieran sangre, aquella niña había caído en su casa, y el bien de su casa era lo que le interesaba a Seëlia. Tal vez la rubia pudiera ser salvada de aquellos asquerosos pensamientos concentrados mayoritariamente en la casa de las serpientes. — Aunque lo estés deseando, no te voy a pedir permiso. Me inmiscuyo con la naturalidad de alguien que puede disfrutar de ser libre de prejuicios y por tanto mantener una conversación con cualquiera. — Puso cara de sorprendida durante unos instantes. — Aunque no lo creas, hasta la persona aparentemente más insignificante, tendrá algo que enseñarte. — Se encogió de hombros, aún cruzada de brazos. — Pero modales no es lo que me tienes que enseñar tú. — Igual, tenía alguna otra lección escondida en su pasotismo para ella...algo que no sabría con certeza hasta el momento.
Ahora se encontraban los dos a la defensiva en sus respectivas posturas. Bien, estaban avanzando a pasos de hormiga. Y al fin...le vio reírse. Fue una imagen grotesca y sorprendente al mismo tiempo, algo que no esperaba ver tan pronto. Y sin embargo, algo faltaba en la ecuación.
— Podrías...no sé. Empezar por tu nombre, comentarme si existe algo en esta vida que te guste. Ah, y me gustaría saber cuando fue la última vez que sonreíste. — Alzó una ceja. — No como hace un momento, no como esa carcajada. Cuando has sonreído de verdad...si es que lo has hecho una vez. — Sentenció, como si de un juego maligno se tratase, o algo así. A Seëlia le gustaba saber cosas curiosas, no cual era su comida favorita.
7 de Septiembre | Séptimo piso | con Corvinus
Re: — Water and oil.
— Funny clash.
Aquella situación se le hacía de lo más extraña. No estaba acostumbrado a mantener una conversación con ningún compañero de clase por tanto tiempo. Por norma se aburría a las dos o tres palabras y acababa haciendo lo de siempre, darse media vuelta y esconderse en su nido de serpientes. Lo cual no hacía que se sintiera ni mejor ni peor, sencillamente evitaba el contacto. Sin embargo estaba empezando a disfrutar ligeramente con ese tira y afloja. Ella quería picarle, eso era más que evidente, y él trataba de esquivar todas las pelotas que le tiraba al tejado.
-Pero murió. Y puedes ser la persona más sabia del mundo que de poco te servirá si estás muerto..- la comisura derecha de sus labios se curvó hacia arriba aunque no quiso hacer gala de aquella pequeña victoria. Esperaba su contraataque. Sabía que iba a venir. No parecía darse por vencida y era una Ravenclaw inteligente. Sin embargo no le gustaba el modo en que le hablaba, o cómo lo hacía de vez en cuando. Como ese "relaja la raja" que le hizo apretar la mandíbula con fuerza. Sus puños se crisparon por unos momentos. De nuevo esa sensación de repugnancia que la envolvía se le hizo más presente. Era como si por momento desapareciera, pero en cuanto abría la boca con esas palabras tan desagradables, volvía a aparecer. Arrugó la nariz y volvió a sopesar el marcharse de allí. ¿Qué más le daba si se mosqueaba y le tenía por otro estirado más? -Está claro que, hablemos de la altura que hablemos, tú no te acercas..- desvió la mirada, sabedor de que aquellas palabras no le iban a molestar, y para que engañarse, a ella no le iban a afectar. Era la clase de chica a la que le resbalaba todo. Sus compañeros de casa se habían tratado de enfrentar mil veces a ella y todos habían salido escaldados y ella de rositas. Tal vez por eso el primogénito de la familia Rosier se había mantenido al margen. Él no era tan fácil de molestar, pero no quería que aquello se convirtiera en un juego de ver quien aguanta más.
-Primero que todo, yo no soy quien para enseñarte modales. Eso es algo que hacen los padres, en teoría. Pero salta a la vista que en tu caso no es así... - finalmente se incorporó, alejándose de la pared y dejando caer los brazos a los costados de su cuerpo. Dio un paso y se acercó a la chica un paso, pero manteniendo una distancia prudente. -Dirás lo que quieras, pero esas preguntas me suenan a algo que haría una acosadora loca... - pasó por su lado, como si aquella conversación hubiera terminado. Pero no quería que fuera así. Extrañamente, disfrutaba con aquello. Era la primera y la única persona que, en seis años, se había acercado a preguntarle algo de su vida privada. Aunque fuera para burlarse. ¿Qué más le daba si se reía de él una pobre sangresucia?
-Es Corvinus.. - se detuvo a un par de pasos, como si se alejase. -Te preguntaría el tuyo, pero siendo sinceros.. no me interesa. Además de que ya lo sé... - con lo que su nombre pululaba en bocas de los otros Slytherins era no difícil acabar por recordarlo. Sin embargo estaba almacenado en la parte "cosas sin importancia" del cerebro de Corvinus. Detalles que sabía pero que carecían de importancia. Como el nombre de los sesentaisiete satélites de Júpiter. Se los sabía todos, pero no le servían para nada. Como el nombre de Seélia. Era un nombre sin importancia.
Todavía.
-Pero murió. Y puedes ser la persona más sabia del mundo que de poco te servirá si estás muerto..- la comisura derecha de sus labios se curvó hacia arriba aunque no quiso hacer gala de aquella pequeña victoria. Esperaba su contraataque. Sabía que iba a venir. No parecía darse por vencida y era una Ravenclaw inteligente. Sin embargo no le gustaba el modo en que le hablaba, o cómo lo hacía de vez en cuando. Como ese "relaja la raja" que le hizo apretar la mandíbula con fuerza. Sus puños se crisparon por unos momentos. De nuevo esa sensación de repugnancia que la envolvía se le hizo más presente. Era como si por momento desapareciera, pero en cuanto abría la boca con esas palabras tan desagradables, volvía a aparecer. Arrugó la nariz y volvió a sopesar el marcharse de allí. ¿Qué más le daba si se mosqueaba y le tenía por otro estirado más? -Está claro que, hablemos de la altura que hablemos, tú no te acercas..- desvió la mirada, sabedor de que aquellas palabras no le iban a molestar, y para que engañarse, a ella no le iban a afectar. Era la clase de chica a la que le resbalaba todo. Sus compañeros de casa se habían tratado de enfrentar mil veces a ella y todos habían salido escaldados y ella de rositas. Tal vez por eso el primogénito de la familia Rosier se había mantenido al margen. Él no era tan fácil de molestar, pero no quería que aquello se convirtiera en un juego de ver quien aguanta más.
-Primero que todo, yo no soy quien para enseñarte modales. Eso es algo que hacen los padres, en teoría. Pero salta a la vista que en tu caso no es así... - finalmente se incorporó, alejándose de la pared y dejando caer los brazos a los costados de su cuerpo. Dio un paso y se acercó a la chica un paso, pero manteniendo una distancia prudente. -Dirás lo que quieras, pero esas preguntas me suenan a algo que haría una acosadora loca... - pasó por su lado, como si aquella conversación hubiera terminado. Pero no quería que fuera así. Extrañamente, disfrutaba con aquello. Era la primera y la única persona que, en seis años, se había acercado a preguntarle algo de su vida privada. Aunque fuera para burlarse. ¿Qué más le daba si se reía de él una pobre sangresucia?
-Es Corvinus.. - se detuvo a un par de pasos, como si se alejase. -Te preguntaría el tuyo, pero siendo sinceros.. no me interesa. Además de que ya lo sé... - con lo que su nombre pululaba en bocas de los otros Slytherins era no difícil acabar por recordarlo. Sin embargo estaba almacenado en la parte "cosas sin importancia" del cerebro de Corvinus. Detalles que sabía pero que carecían de importancia. Como el nombre de los sesentaisiete satélites de Júpiter. Se los sabía todos, pero no le servían para nada. Como el nombre de Seélia. Era un nombre sin importancia.
Todavía.
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Re: — Water and oil.
— Funny clash.
— Da igual. Si fuera un gatito estaría en Gryffindor, y no es así. — No, ella tenía alas, ella era un águila, un depredador. Volaba alto y cazaba aquello que fijaba con su vista. Ya se comportaba así antes de entrar en Ravenclaw, se podía decir que fue cosa del destino, que realmente Seëlia pertenecía a aquella casa. Ella había nacido para ser una maga extraordinaria de una casa extraordinaria. Y no había sangre limpia que pudiese cortarle las alas...se encargaría personalmente de que se enterasen de ello. Por eso un par de carcajadas se escaparon cuando el chico mencionó aquello de que ella no llegaba a ninguna altura. Él no lo entendía. Ella estaba sobrevolando los cielos. No había nada más que las estrellas sobre ella. Era así, estaba segura de ello, dentro de ella podía encontrar la sabiduría de un animal que iba más allá de las montañas, contra viento, contra marea. — Si quieres creer que es así...no te voy a contradecir. — Pudo atinar a comentar después de reírse.
Meterse con sus padres por regla general no era buena idea, aunque su alarma saltaba cuando la atención iba más encaminada a la falta de sangre mágica en las venas de sus progenitores. En este caso, cuestionando la educación que le habían dado, no se puso tan nerviosa como normalmente lo haría. Además, no podía dejar que el pelirrojo captara ninguna debilidad por su parte. No todavía. Tenía que ser como el aire, volátil, sin nada importante a su alrededor...efímera. Capaz de desaparecer sin dejar rastro en cualquier momento, a pesar de estar encerrados la mayor parte del año en el mismo castillo, a pesar de que a ambos les quedaba un año más para salir de allí, para acabar aquella etapa tan importante e intríncada.
— Me han enseñado modales...otra cosa es con quién los utilice. — Enfatizó el "quién", dejando claro que aquél no era el caso, y probablemente no lo sería en ningún momento. ¿Qué esperaba de aquello? Divertirse con el chico, conseguir sacarle algo, alejarlo de su zona de confort, que experimentase algo que jamás había experimentado...¿y luego? Perder completamente el interés, como le solía pasar con todo, menos con la magia. Aquella era la única constante en la vida de la chica del pelo de colores. Todo lo demás era travieso, confuso, y duraba más bien poco. E muchas ocasiones por su culpa, pero no lo podía evitar. Era una especie de virus que te enseñaba la adrenalina y luego abandonaba tu cuerpo en busca de otro huésped. Esa era su adrenalina.
Siguió los pasos del chico con atención, con la mirada, pero ella no se movía. Se quedó parada en aquél sitio, frente a él, escuchándolo llamarla loca...como si fuese el primero...como si fuese a ser el último. Bufó, de pleno aburrimiento. — ¿De verdad no tienes nada mejor? Qué decepcionante. — Comentó, alzando una ceja. Se había puesto seria, pero todo era fingido. No había dejado de divertirse en ningún momento. Él siguió caminando y le dio la espalda, ella se giró y se quedó mirando su figura por detrás...y entonces obtuvo su nombre. Y de nuevo estaba allí, aquella sonrisa. Caminó, decidida, para volver a ponerse frente a él.
— No te interesa, y sin embargo lo sabes...qué curioso. — Comentó, una vez se posicionó frente al chico. — Dime algo, Corvinus, ¿por qué tan seco?¿hay algo que te interese?. — Aunque no fuera su nombre (y entendía que estuviese en la lista de "I don't give a shit" de un Slytherin estirado), algo tenía que interesarle. Y ella lo acabaría averiguando, le costara lo que le costara.
Meterse con sus padres por regla general no era buena idea, aunque su alarma saltaba cuando la atención iba más encaminada a la falta de sangre mágica en las venas de sus progenitores. En este caso, cuestionando la educación que le habían dado, no se puso tan nerviosa como normalmente lo haría. Además, no podía dejar que el pelirrojo captara ninguna debilidad por su parte. No todavía. Tenía que ser como el aire, volátil, sin nada importante a su alrededor...efímera. Capaz de desaparecer sin dejar rastro en cualquier momento, a pesar de estar encerrados la mayor parte del año en el mismo castillo, a pesar de que a ambos les quedaba un año más para salir de allí, para acabar aquella etapa tan importante e intríncada.
— Me han enseñado modales...otra cosa es con quién los utilice. — Enfatizó el "quién", dejando claro que aquél no era el caso, y probablemente no lo sería en ningún momento. ¿Qué esperaba de aquello? Divertirse con el chico, conseguir sacarle algo, alejarlo de su zona de confort, que experimentase algo que jamás había experimentado...¿y luego? Perder completamente el interés, como le solía pasar con todo, menos con la magia. Aquella era la única constante en la vida de la chica del pelo de colores. Todo lo demás era travieso, confuso, y duraba más bien poco. E muchas ocasiones por su culpa, pero no lo podía evitar. Era una especie de virus que te enseñaba la adrenalina y luego abandonaba tu cuerpo en busca de otro huésped. Esa era su adrenalina.
Siguió los pasos del chico con atención, con la mirada, pero ella no se movía. Se quedó parada en aquél sitio, frente a él, escuchándolo llamarla loca...como si fuese el primero...como si fuese a ser el último. Bufó, de pleno aburrimiento. — ¿De verdad no tienes nada mejor? Qué decepcionante. — Comentó, alzando una ceja. Se había puesto seria, pero todo era fingido. No había dejado de divertirse en ningún momento. Él siguió caminando y le dio la espalda, ella se giró y se quedó mirando su figura por detrás...y entonces obtuvo su nombre. Y de nuevo estaba allí, aquella sonrisa. Caminó, decidida, para volver a ponerse frente a él.
— No te interesa, y sin embargo lo sabes...qué curioso. — Comentó, una vez se posicionó frente al chico. — Dime algo, Corvinus, ¿por qué tan seco?¿hay algo que te interese?. — Aunque no fuera su nombre (y entendía que estuviese en la lista de "I don't give a shit" de un Slytherin estirado), algo tenía que interesarle. Y ella lo acabaría averiguando, le costara lo que le costara.
7 de Septiembre | Séptimo piso | con Corvinus
Re: — Water and oil.
— Funny clash.
Cuando la chica volvió a ponerse delante de él, casi cortándole el paso, Corvinus suspiró largamente, poniendo los ojos en blanco durante unos breves segundos para luego volver a bajarlos y sumergirse en esos profundos ojos azules, casi tan hondos como el lago Negro que envolvía el castillo.
-Explícame de nuevo porqué debería decirte algo sobre mi... creo que se me ha olvidado el motivo.. - respondió dando un paso para atrás, dejando un espacio de un metro entre ambos. No le gustaba que invadieran su zona de confort. Y ella parecía disfrutar enormemente invadiéndola e incomodándole.
-No me interesa- respondió tranquilamente, de nuevo con esa costumbre suya de arrastrar las palabras, de no ponerle énfasis. -Lo sé porque se oye en mi sala común más de lo que se debiera. Y no es algo que me guste...- encogió los hombros unos segundos, restándole importancia y retrocedió otro paso, tal vez con la intención de no tener que agachar tanto la vista para mirarla directamente. -¿Qué obsesión tienes con saber qué me interesa? ¿Acaso quieres prepararme una cita sorpresa o algo por el estilo? -resopló unos segundos, casi molesto. Pero aquella molestia le resultaba algo que no le había resultado nada en años. Divertido. Entretenido.
Pocas cosas captaban la atención del pelirrojo, y Seëlia estaba empezando a captarla ligeramente por el hecho de tratar de inmiscuirse tan descaradamente en su vida. Empezaba a ver a esa chica como un huracán sin control. Como alguien que, por mucho que quieras, nunca obedecerá tus órdenes ni peticiones. Tan solo seguirá girando sobre sí mismo, destrozando, acabando con todo, arrastrándolo. Y fuera el motivo que fuera, que le impulsase a preguntarle, Corvinus disfrutaba de esa sensación. No es como si por ganarse su acoso fuera la persona más importante del mundo, pero sí agradecía que alguien preguntase por él y no mirase solo el apellido, ni tonterías de esas.
Rebuscó un dato irrelevante en su cerebro, uno de esos que no le importase darle, como que le encantaban los spaghetti con albóndigas y mermelada de arándanos. Pero no, aquel era demasiado raro. -Los invernaderos... - susurró casi en voz baja, como si quisiera evitar que el pasillo vacío les escuchase. -Me gusta pasear detrás de los invernaderos por las mañanas.. ¿Contenta...?- esbozó una amarga sonrisa que escondía un deje de complacencia.-¿Y qué hay de ti? - volvió a cruzar los brazos de nuevo a la altura del pecho. ¿Realmente quería saber algo de ella...? ¿Le interesaba?
Más bien.. le interesaba el porqué era tan insistente. Porqué era tan cabezota y porqué le había escogido a él como víctima, teniendo a un colegio entero. -¿Qué puedes decirme tú?
-Explícame de nuevo porqué debería decirte algo sobre mi... creo que se me ha olvidado el motivo.. - respondió dando un paso para atrás, dejando un espacio de un metro entre ambos. No le gustaba que invadieran su zona de confort. Y ella parecía disfrutar enormemente invadiéndola e incomodándole.
-No me interesa- respondió tranquilamente, de nuevo con esa costumbre suya de arrastrar las palabras, de no ponerle énfasis. -Lo sé porque se oye en mi sala común más de lo que se debiera. Y no es algo que me guste...- encogió los hombros unos segundos, restándole importancia y retrocedió otro paso, tal vez con la intención de no tener que agachar tanto la vista para mirarla directamente. -¿Qué obsesión tienes con saber qué me interesa? ¿Acaso quieres prepararme una cita sorpresa o algo por el estilo? -resopló unos segundos, casi molesto. Pero aquella molestia le resultaba algo que no le había resultado nada en años. Divertido. Entretenido.
Pocas cosas captaban la atención del pelirrojo, y Seëlia estaba empezando a captarla ligeramente por el hecho de tratar de inmiscuirse tan descaradamente en su vida. Empezaba a ver a esa chica como un huracán sin control. Como alguien que, por mucho que quieras, nunca obedecerá tus órdenes ni peticiones. Tan solo seguirá girando sobre sí mismo, destrozando, acabando con todo, arrastrándolo. Y fuera el motivo que fuera, que le impulsase a preguntarle, Corvinus disfrutaba de esa sensación. No es como si por ganarse su acoso fuera la persona más importante del mundo, pero sí agradecía que alguien preguntase por él y no mirase solo el apellido, ni tonterías de esas.
Rebuscó un dato irrelevante en su cerebro, uno de esos que no le importase darle, como que le encantaban los spaghetti con albóndigas y mermelada de arándanos. Pero no, aquel era demasiado raro. -Los invernaderos... - susurró casi en voz baja, como si quisiera evitar que el pasillo vacío les escuchase. -Me gusta pasear detrás de los invernaderos por las mañanas.. ¿Contenta...?- esbozó una amarga sonrisa que escondía un deje de complacencia.-¿Y qué hay de ti? - volvió a cruzar los brazos de nuevo a la altura del pecho. ¿Realmente quería saber algo de ella...? ¿Le interesaba?
Más bien.. le interesaba el porqué era tan insistente. Porqué era tan cabezota y porqué le había escogido a él como víctima, teniendo a un colegio entero. -¿Qué puedes decirme tú?
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Re: — Water and oil.
— Funny clash.
Notaba como su simple presencia hacia él de nuevo lo volvía a molestar. Estupendo, era estupendo. Por eso no podía borrar su sonrisa. Estaba siendo aquél paseo muchísimo más entretenido de lo que se había esperado en un primer momento, y ahora parecía encontrarse en pleno auge. Sí, Seëlia presentía estar más cerca de salirse con la suya. No había empezado aquél año con expectativas de nada, pero sentía que nuevos planes se estaban cruzando en su camino. No habría horas vacías de aburrimiento si daba con los botones correctos a los cuales presionar.Y ella era inteligente, toda una Ravenclaw, así que conseguiría dar con la combinación correcta de números para descifrar todas aquellas contraseñas.
— ¿Y por qué no deberías?. — Se encogió de hombros, sin borrar esa sonrisa maliciosa. Claro que no existía una razón por la cual el alto pelirrojo tuviese que contarle nada a la chica del pelo de colores. Si la Ravenclaw le hubiese dicho "por diversión personal" no hubiese existido manera capaz de que el chico se quedará allí, manteniendo una conversación, o algo más o menos parecido. O eso creía ella, pues ya parecía rehusarla de cualquier manera. Como hizo en el Hogwarts Express después de cuatro frases mal dichas, como si su simple presencia le molestara. Por eso tanta insistencia, porque parecía que todo le molestaba y...no podía ser así. Claro que no. — Eso te gustaría mucho, una cita conmigo, lo sé. Pero no estoy disponible...soy muy celosa conmigo misma. — Una tontería como una catedral, por supuesto. Pero no iba a darle al Slytherin datos sobre su capacidad emocional, sentimental, o un índice de sus gustos en cuanto a hombres.
La razón por la que conocía su nombre le causó gracia en un primer momento, aunque no rió como anteriormente. — Así que soy famosa en Slytherin...por qué no me extraña. — Obviamente no era una pregunta, y no la estaba formulando como tal. Además, aunque no hubiese comentado mucho al respecto, se imaginaba cómo podía ser la fama que procesara en la casa de las serpientes: mala malísima. Debía ser un demonio para los verdiplateados, la zorra más insoportable de todo Hogwarts. Obviamente, ella se había ganado la fama de grano en el culo, se la había ganado a pulso. Había luchado con uñas y dientes por aquella reputación durante los cinco años, casi seis, que llevaba en Hogwarts
Y al fin, allí estaba, un dato de la vida de Corvinus. Notó como bajaba la voz, lo que le hizo alzar ambas cejas durante unos instantes. Pensó que probablemente podría estar mintiendo, pero por suerte era una dato cuya veracidad podía corroborarse, cualquier mañana que Seëlia decidiera ir a buscar detrás de los invernaderos. Al fin y al cabo iban al mismo año y la mayoría de horas libres (salvo por alguna optativa) coincidían en todos los alumnos. No quiso contestar, contenta estaba, aunque lo estaba desde antes de que le respondiera. Simplemente le miró, con una mirada extraña, difícil de interpretar, acompañada por media sonrisa, de lado, también extraña, también difícil de interpretar. Como una especie de trato que todavía estaba a medio escribir, que todavia estaba por firmar.
Pero, que preguntara por ella, sí que fue una verdadera sorpresa.
— ¿Yo?. — Por primera vez en su historia, un compañero de Slytherin la había dejado sin palabras. No. Tenía que apañar aquello como fuese, que él no se diese cuenta...y nada salía de sus labios. Sus neuronas o hacían el esfuerzo necesario para salir de su asombro. Por primera vez en su vida, no tenía qué decir. Y no le gustaba en absoluto esa sensación. — Qué...¿qué quieres saber?. — Fue lo único que atinó a preguntar con algo de acierto.
— ¿Y por qué no deberías?. — Se encogió de hombros, sin borrar esa sonrisa maliciosa. Claro que no existía una razón por la cual el alto pelirrojo tuviese que contarle nada a la chica del pelo de colores. Si la Ravenclaw le hubiese dicho "por diversión personal" no hubiese existido manera capaz de que el chico se quedará allí, manteniendo una conversación, o algo más o menos parecido. O eso creía ella, pues ya parecía rehusarla de cualquier manera. Como hizo en el Hogwarts Express después de cuatro frases mal dichas, como si su simple presencia le molestara. Por eso tanta insistencia, porque parecía que todo le molestaba y...no podía ser así. Claro que no. — Eso te gustaría mucho, una cita conmigo, lo sé. Pero no estoy disponible...soy muy celosa conmigo misma. — Una tontería como una catedral, por supuesto. Pero no iba a darle al Slytherin datos sobre su capacidad emocional, sentimental, o un índice de sus gustos en cuanto a hombres.
La razón por la que conocía su nombre le causó gracia en un primer momento, aunque no rió como anteriormente. — Así que soy famosa en Slytherin...por qué no me extraña. — Obviamente no era una pregunta, y no la estaba formulando como tal. Además, aunque no hubiese comentado mucho al respecto, se imaginaba cómo podía ser la fama que procesara en la casa de las serpientes: mala malísima. Debía ser un demonio para los verdiplateados, la zorra más insoportable de todo Hogwarts. Obviamente, ella se había ganado la fama de grano en el culo, se la había ganado a pulso. Había luchado con uñas y dientes por aquella reputación durante los cinco años, casi seis, que llevaba en Hogwarts
Y al fin, allí estaba, un dato de la vida de Corvinus. Notó como bajaba la voz, lo que le hizo alzar ambas cejas durante unos instantes. Pensó que probablemente podría estar mintiendo, pero por suerte era una dato cuya veracidad podía corroborarse, cualquier mañana que Seëlia decidiera ir a buscar detrás de los invernaderos. Al fin y al cabo iban al mismo año y la mayoría de horas libres (salvo por alguna optativa) coincidían en todos los alumnos. No quiso contestar, contenta estaba, aunque lo estaba desde antes de que le respondiera. Simplemente le miró, con una mirada extraña, difícil de interpretar, acompañada por media sonrisa, de lado, también extraña, también difícil de interpretar. Como una especie de trato que todavía estaba a medio escribir, que todavia estaba por firmar.
Pero, que preguntara por ella, sí que fue una verdadera sorpresa.
— ¿Yo?. — Por primera vez en su historia, un compañero de Slytherin la había dejado sin palabras. No. Tenía que apañar aquello como fuese, que él no se diese cuenta...y nada salía de sus labios. Sus neuronas o hacían el esfuerzo necesario para salir de su asombro. Por primera vez en su vida, no tenía qué decir. Y no le gustaba en absoluto esa sensación. — Qué...¿qué quieres saber?. — Fue lo único que atinó a preguntar con algo de acierto.
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Re: — Water and oil.
— Funny clash.
-Lástima entonces que seas celosa, me moría de ganas por quedar contigo.. - respondió con fingida decepción, volviendo a poner los ojos en blanco durante unos segundos. Algo que se le hizo extraño fue usar la ironía de aquella manera. No solía hablar sarcástica ni irónicamente con la gente, básicamente porque no se hablaba con nadie.
-Eres famosa pero no por una buena razón, no te alegres tanto... En este caso, que hablen mal de ti no es algo que te favorezca... -ladeó la cabeza, con gesto aburrido, pero sus ojos se desviaron y captaron el movimiento ondulante de un par de mechones que parecían moverse casi con vida propia, como dos coloridas serpientes que cambiaban de tonalidad según desde qué ángulo las mirase uno.
Pero si hubo algo de aquel instante, de aquel encontronazo que no era tan desagradable por momentos, fue situarse por encima de ella, aunque solo fuera por unos segundos.
Ella siempre parecía estar por encima con sus contestaciones rápidas, como si ya supiera lo que él le iba a responder y ya tuviera un contraataque preparado desde hacía semanas. Pero esa, no se lo esperaba. O al menos eso pensó Corvinus por la expresión de la joven, que parecía como si alguien le hubiera dado con una gran almohada en el rostro y le hubiera cortado la respiración.
Corvinus se apuntó mentalmente un tanto, que parecía una nimiedad en su cabeza si lo comparaba con los puntos anotados bajo el nombre de Seëlia.
Y sin embargo, disfrutó enormemente de aquella sorpresa pintada en su rostro. La comisura de sus labios se torció en una mueca de diversión y experimentó algo similar a una oleada de placer que le recorría, solo por haber conseguido sorprenderla de aquella manera. Buscó su mirada y esta vez fue él quien se sintió un cazador dando vueltas alrededor de una presa, aunque no se movió de su sitio, a un metro de ella, se sentía rodeándola, examinándola. -No lo sé.. Tampoco sé nada de ti, así que no sé que es lo que quiero saber. Algo... ¿Por qué te tiñes el pelo? Por ejemplo... - preguntó lo primero absurdo que le vino a la mente. Realmente eso llamaba mucho la atención. Toda ella. -¿Sabes...? - la volvió a examinar con curiosidad. -Eres como un cartel luminoso hecho para atraer todas las miradas... - quizá no debería haber dicho eso en voz alta, pero tampoco le importó.
-Eres famosa pero no por una buena razón, no te alegres tanto... En este caso, que hablen mal de ti no es algo que te favorezca... -ladeó la cabeza, con gesto aburrido, pero sus ojos se desviaron y captaron el movimiento ondulante de un par de mechones que parecían moverse casi con vida propia, como dos coloridas serpientes que cambiaban de tonalidad según desde qué ángulo las mirase uno.
Pero si hubo algo de aquel instante, de aquel encontronazo que no era tan desagradable por momentos, fue situarse por encima de ella, aunque solo fuera por unos segundos.
Ella siempre parecía estar por encima con sus contestaciones rápidas, como si ya supiera lo que él le iba a responder y ya tuviera un contraataque preparado desde hacía semanas. Pero esa, no se lo esperaba. O al menos eso pensó Corvinus por la expresión de la joven, que parecía como si alguien le hubiera dado con una gran almohada en el rostro y le hubiera cortado la respiración.
Corvinus se apuntó mentalmente un tanto, que parecía una nimiedad en su cabeza si lo comparaba con los puntos anotados bajo el nombre de Seëlia.
Y sin embargo, disfrutó enormemente de aquella sorpresa pintada en su rostro. La comisura de sus labios se torció en una mueca de diversión y experimentó algo similar a una oleada de placer que le recorría, solo por haber conseguido sorprenderla de aquella manera. Buscó su mirada y esta vez fue él quien se sintió un cazador dando vueltas alrededor de una presa, aunque no se movió de su sitio, a un metro de ella, se sentía rodeándola, examinándola. -No lo sé.. Tampoco sé nada de ti, así que no sé que es lo que quiero saber. Algo... ¿Por qué te tiñes el pelo? Por ejemplo... - preguntó lo primero absurdo que le vino a la mente. Realmente eso llamaba mucho la atención. Toda ella. -¿Sabes...? - la volvió a examinar con curiosidad. -Eres como un cartel luminoso hecho para atraer todas las miradas... - quizá no debería haber dicho eso en voz alta, pero tampoco le importó.
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Re: — Water and oil.
— Funny clash.
Él había entrado en su juego, de lleno. Lo sabía porque ya no la rehusaba, ni buscaba una manera fácil de salir del paso. Estaba allí aunque hizo ademán de alejarse, y ahora se encontraba por completo de aquél tira y afloja que Seëlia había planeado en ese momento en el que lo vio con la que ahora sabía, era su hermana. Tira y afloja que en un principio la chica había tenido creer controlado al completo. Grave error. Nunca había que confiarse tanto, y por desgracia Seëlia lo hacía a menudo. No comentó nada a su respuesta sarcástica. No quería llamar su atención de aquella manera, o al menos eso era lo que ella creía. Pero no vio el momento para seguir alimentando la conversación por ahí.
— No me alegro, sólo digo que no me extraña. — Bufó. — Tus amigas las serpientes no me dan miedo. No tienes que preocuparte por mí...Corvinus — Casi parecía saborear su nombre cuando lo pronunciaba, algo que confundía bastante, y probablemente no sólo a su interlocutor. Y fue lo último que pudo saborear antes de quedarse noqueada por completo a causa de las palabras del chico. Era normal. Seëlia no era de esconder nada, apostaba por la transparencia, claro había quedado con anterioridad. Pero no estaba en absoluto acostumbrada a que sus contrincantes verbales preguntaran por ella. Siempre intentaban insultarla sin razones infundadas (y por tanto eran insultos que resbalaban sobre Seëlia y que no dejaban ningún tipo de repercusión), o huir de ella para que los dejara en paz de una vez por todas. Pero nunca el enfrentamiento de la pregunta había llegado a ninguna de las cabezas de sus compañeros, o es que ninguno era lo suficientemente listo...
Y allí estaba Corvinus. Comenzando a romper algunos de sus esquemas.
Sin embargo, algo de luz le estaba dando a su sorprendida mente. Algo quería saber. Eso es lo que significaban sus palabras. No sabía nada de ella... pero algo quería saber. Que preguntara por su pelo la calmó rotundamente. Pero antes de contestar, él le dijo aquello del cartel luminoso, y la carcajada se hizo larga y estruendosa en el silencio del enorme pasillo, que parecía haberse cerrado para ellos teniendo en cuenta que nadie más había transcurrido por allí desde que Seëlia había abordado a Corvinus. Se relajó de nuevo. — Porque su color natural me parece aburrido. — Ni ganas de llamar la atención, ni un tinte de locura. Lo hacía porque el castaño claro casi rubio que poseía su cabello se le antojaba aburrido desde hacía ya tiempo, así que en cuanto pudo comenzar a cambiárselo, no dudó en hacerlo.
— Ahora me toca a mí. — Se reafirmó cruzándose de brazos de nuevo. — ¿Qué quieres ser de mayor?. — Su respuesta podía ser realmente reveladora, y Seëlia esperaba realmente que no la rehusara.
— No me alegro, sólo digo que no me extraña. — Bufó. — Tus amigas las serpientes no me dan miedo. No tienes que preocuparte por mí...Corvinus — Casi parecía saborear su nombre cuando lo pronunciaba, algo que confundía bastante, y probablemente no sólo a su interlocutor. Y fue lo último que pudo saborear antes de quedarse noqueada por completo a causa de las palabras del chico. Era normal. Seëlia no era de esconder nada, apostaba por la transparencia, claro había quedado con anterioridad. Pero no estaba en absoluto acostumbrada a que sus contrincantes verbales preguntaran por ella. Siempre intentaban insultarla sin razones infundadas (y por tanto eran insultos que resbalaban sobre Seëlia y que no dejaban ningún tipo de repercusión), o huir de ella para que los dejara en paz de una vez por todas. Pero nunca el enfrentamiento de la pregunta había llegado a ninguna de las cabezas de sus compañeros, o es que ninguno era lo suficientemente listo...
Y allí estaba Corvinus. Comenzando a romper algunos de sus esquemas.
Sin embargo, algo de luz le estaba dando a su sorprendida mente. Algo quería saber. Eso es lo que significaban sus palabras. No sabía nada de ella... pero algo quería saber. Que preguntara por su pelo la calmó rotundamente. Pero antes de contestar, él le dijo aquello del cartel luminoso, y la carcajada se hizo larga y estruendosa en el silencio del enorme pasillo, que parecía haberse cerrado para ellos teniendo en cuenta que nadie más había transcurrido por allí desde que Seëlia había abordado a Corvinus. Se relajó de nuevo. — Porque su color natural me parece aburrido. — Ni ganas de llamar la atención, ni un tinte de locura. Lo hacía porque el castaño claro casi rubio que poseía su cabello se le antojaba aburrido desde hacía ya tiempo, así que en cuanto pudo comenzar a cambiárselo, no dudó en hacerlo.
— Ahora me toca a mí. — Se reafirmó cruzándose de brazos de nuevo. — ¿Qué quieres ser de mayor?. — Su respuesta podía ser realmente reveladora, y Seëlia esperaba realmente que no la rehusara.
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Re: — Water and oil.
— Funny clash.
Qué raro sonaba su nombre en boca de otras personas. En personas extrañas y ajenas, extramboticas y no conocidas. Estaba acostumbrado al trato con su familia, su hermano o los compañeros de la casa, pero no pasaba de ahí. Y Seëlia lo pronunciaba con un extraño timbre que era casi como una alarma para los oídos del pelirrojo. Agradable y alarmante a la vez.
Pero le gustaba
La respuesta que le dio le pareció sencilla, aunque su pregunta tampoco era nada del otro mundo, a decir verdad. Una pequeña parte de su mente consideraba que hacer preguntas personales a desconocidos no era del todo... correcto. Quizá por eso se sentía tan incómodo cuando le preguntaba algo, o cuando quería averiguar tan insistentemente algo sobre él. Pero siendo un juego en el que ambos pueden jugar, había empezado a tomar una pequeña parte, a no ceder a su terreno. Quizá no tuviera tanto interés (al principio) en aquella joven pero ahora empezaba a picarle la curiosidad.
Vino otra pregunta por su parte, una más personal, mucho más que la del color del pelo. No le tomó demasiado por sorpresa. Era normal que con esa insistencia y siendo ese huracán que no paraba, empezase a preguntar algo más importante y personal. Ladeó un poco la cabeza, como sopesando si esquivar la pregunta o no, o considerando largarse por el pasillo. No hizo ni lo uno ni lo otro, pero estaba empezando a cansarse de estar en aquella posición de cruzarse de brazos para tratar de defenderse, o de dar un par de pasos simulando irse. Por suerte, aquellos pasillos siempre tenían bancos de madera con los reposa brazos decorados y tallados, y había uno no muy lejos. Caminó hasta él y se sentó en un extremo. Algo le decía que eso iba para largo, así que mejor acomodarse. No pudo evitar señalar la cabeza con el banco, casi como si la invitase a sentarse.
-¿De mayor...?- estaba tratando de ganar tiempo, lo sabía. ¿Qué respuesta debía darle? -Supongo que entraré en el Ministerio.. - de hecho estaba estudiando para eso, para acabar encerrado en cualquiera de los departamentos de allí. No era lo que quería especialmente, pero tampoco es que pensase que tenía talento para otra cosa. -Hay quienes no no pueden querer ser algo, simplemente les dicen lo que han de hacer.. - encogió los hombros otra vez. Hacía demasiado ese gesto, pero hacía ya tiempo que todo le daba igual. -.. y acaban en el Departamento de ayuda para Licantropos, o en el de Control de Plagas mágicas... - esbozó una sonrisa amarga y levantó la cabeza para mirarla. Eso no era normal, siempre miraba a la gente desde arriba. No le importaba tampoco mirarlos desde otra perspectiva. -Me toca preguntar, entonces.. - se llevó una mano a la barbilla y se frotó los labios, pensativo por unos segundos. No quería hacerle preguntas personales, no al menos demasiado. -¿Qué asignatura te gusta más..? Y no me digas que Historia de la Magia... Esa no le gusta a nadie.. - bromeó dejando escapar una risa casi imperceptible.
La respuesta que le dio le pareció sencilla, aunque su pregunta tampoco era nada del otro mundo, a decir verdad. Una pequeña parte de su mente consideraba que hacer preguntas personales a desconocidos no era del todo... correcto. Quizá por eso se sentía tan incómodo cuando le preguntaba algo, o cuando quería averiguar tan insistentemente algo sobre él. Pero siendo un juego en el que ambos pueden jugar, había empezado a tomar una pequeña parte, a no ceder a su terreno. Quizá no tuviera tanto interés (al principio) en aquella joven pero ahora empezaba a picarle la curiosidad.
Vino otra pregunta por su parte, una más personal, mucho más que la del color del pelo. No le tomó demasiado por sorpresa. Era normal que con esa insistencia y siendo ese huracán que no paraba, empezase a preguntar algo más importante y personal. Ladeó un poco la cabeza, como sopesando si esquivar la pregunta o no, o considerando largarse por el pasillo. No hizo ni lo uno ni lo otro, pero estaba empezando a cansarse de estar en aquella posición de cruzarse de brazos para tratar de defenderse, o de dar un par de pasos simulando irse. Por suerte, aquellos pasillos siempre tenían bancos de madera con los reposa brazos decorados y tallados, y había uno no muy lejos. Caminó hasta él y se sentó en un extremo. Algo le decía que eso iba para largo, así que mejor acomodarse. No pudo evitar señalar la cabeza con el banco, casi como si la invitase a sentarse.
-¿De mayor...?- estaba tratando de ganar tiempo, lo sabía. ¿Qué respuesta debía darle? -Supongo que entraré en el Ministerio.. - de hecho estaba estudiando para eso, para acabar encerrado en cualquiera de los departamentos de allí. No era lo que quería especialmente, pero tampoco es que pensase que tenía talento para otra cosa. -Hay quienes no no pueden querer ser algo, simplemente les dicen lo que han de hacer.. - encogió los hombros otra vez. Hacía demasiado ese gesto, pero hacía ya tiempo que todo le daba igual. -.. y acaban en el Departamento de ayuda para Licantropos, o en el de Control de Plagas mágicas... - esbozó una sonrisa amarga y levantó la cabeza para mirarla. Eso no era normal, siempre miraba a la gente desde arriba. No le importaba tampoco mirarlos desde otra perspectiva. -Me toca preguntar, entonces.. - se llevó una mano a la barbilla y se frotó los labios, pensativo por unos segundos. No quería hacerle preguntas personales, no al menos demasiado. -¿Qué asignatura te gusta más..? Y no me digas que Historia de la Magia... Esa no le gusta a nadie.. - bromeó dejando escapar una risa casi imperceptible.
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Re: — Water and oil.
— Funny clash.
Y de repente lo que había comenzado como un acto completamente invasivo de la joven, poco a poco, en silencio, y de madera progresiva comenzaba a transformarse. Parecía evolucionar hacia algún lugar desconocido para Seëlia, un lugar que ya escapaba a sus redes de control. Algo que la asustaba e intrigaba a partes iguales, que la llamaba de una manera irracional, desde su subconsciente, con una voz que todavía no era capaz de escuchar, pero que ya comenzaba a formarse.
Tras formular su pregunta lo vio alejarse. Pensaba de nuevo que intentaría huir, pero entonces lo observó sentarse en uno de los bancos del enorme pasillo, en uno de los extremos. Jé, era una metáfora interesante. Tomó el gesto de su cabeza como una invitación, aunque si no hubiese habido gesto alguno, igualmente habría hecho la acción siguiente: la de caminar hasta el banco y sentarse en el otro extremo. Cómo los dos polos opuestos de un viejo y eterno equilibrio, imposibles de conciliar. Y sin embargo allí estaban, tranquilamente hablando, slytherin y ravenclaw, sangre limpia y sangre sucia, aparentemente sin la idea de tirarse un tragababosas mutuamente, a ver cuál de los dos acertaba el primero.
Se aseguró de acomodarse sobre el banco de madera, con el ángulo perfecto para no dejar de observar al chico. Pero desde luego no esperaba escuchar aquello.
— No puede ser. — No atinaba a lo que acababa de escuchar. Le sonó tan triste que no sabía si abrazar al chico o darle un puñetazo a la espera que reaccionara. Y sin embargo sabía que hacer cualquiera de las dos cosas podía suponer una acción catastrófica. — ¿De quién es ese sueño reciclado?. — Comentó, pero de verdad sonaba como si le estuviera doliendo a ella misma. Esta vez no buscaba meterse con el chico como tal, buscaba comprender por qué no había una meta por la que al pelirrojo le mereciera la pena luchar, o saber si se estaba quedando con ella. Se dio cuenta de que había sonado a ataque, pero no dijo que lo sentía. Porque al fin y al cabo le estaba acosando...¿no?
No, claramente ya no. Aquello ya no era lo que había comenzado a ser. Porque él le estaba haciendo otra pregunta. Seëlia no entendía que estaba pasando allí...y sin embargo no lo paró. Rió ante su comentario, y puso los ojos en blanco. — Oh, por favor, Historia de la magia es sublime, el problema es el profesor que la imparte. — comentó antes de soltar una última carcajada. — Pero no es mi favorita. — Suspiró, sopesando un poco la pregunta, antes de contestar. — Supongo que la que más me divierte es la artimancia. Es como las matemáticas, pero mil veces mejor. — Sí, aquella era su respuesta perfecta. Encantamientos también le enamoraba, y es que toda clase de hechizos eran música para los oídos de Seëlia.
— Mi turno. — Volvió a sentenciar con cierta autoridad. — ¿Cuántas conversaciones has tenido con nacidos de muggles, sin contar esta?. — A pesar de que ya no buscara picarle hasta molestarle, no iba a abandonar la oportunidad de hacerle pensar, de que sus neuronas se movieran por sí solas, y llegasen a sus propias conclusiones.
Tras formular su pregunta lo vio alejarse. Pensaba de nuevo que intentaría huir, pero entonces lo observó sentarse en uno de los bancos del enorme pasillo, en uno de los extremos. Jé, era una metáfora interesante. Tomó el gesto de su cabeza como una invitación, aunque si no hubiese habido gesto alguno, igualmente habría hecho la acción siguiente: la de caminar hasta el banco y sentarse en el otro extremo. Cómo los dos polos opuestos de un viejo y eterno equilibrio, imposibles de conciliar. Y sin embargo allí estaban, tranquilamente hablando, slytherin y ravenclaw, sangre limpia y sangre sucia, aparentemente sin la idea de tirarse un tragababosas mutuamente, a ver cuál de los dos acertaba el primero.
Se aseguró de acomodarse sobre el banco de madera, con el ángulo perfecto para no dejar de observar al chico. Pero desde luego no esperaba escuchar aquello.
— No puede ser. — No atinaba a lo que acababa de escuchar. Le sonó tan triste que no sabía si abrazar al chico o darle un puñetazo a la espera que reaccionara. Y sin embargo sabía que hacer cualquiera de las dos cosas podía suponer una acción catastrófica. — ¿De quién es ese sueño reciclado?. — Comentó, pero de verdad sonaba como si le estuviera doliendo a ella misma. Esta vez no buscaba meterse con el chico como tal, buscaba comprender por qué no había una meta por la que al pelirrojo le mereciera la pena luchar, o saber si se estaba quedando con ella. Se dio cuenta de que había sonado a ataque, pero no dijo que lo sentía. Porque al fin y al cabo le estaba acosando...¿no?
No, claramente ya no. Aquello ya no era lo que había comenzado a ser. Porque él le estaba haciendo otra pregunta. Seëlia no entendía que estaba pasando allí...y sin embargo no lo paró. Rió ante su comentario, y puso los ojos en blanco. — Oh, por favor, Historia de la magia es sublime, el problema es el profesor que la imparte. — comentó antes de soltar una última carcajada. — Pero no es mi favorita. — Suspiró, sopesando un poco la pregunta, antes de contestar. — Supongo que la que más me divierte es la artimancia. Es como las matemáticas, pero mil veces mejor. — Sí, aquella era su respuesta perfecta. Encantamientos también le enamoraba, y es que toda clase de hechizos eran música para los oídos de Seëlia.
— Mi turno. — Volvió a sentenciar con cierta autoridad. — ¿Cuántas conversaciones has tenido con nacidos de muggles, sin contar esta?. — A pesar de que ya no buscara picarle hasta molestarle, no iba a abandonar la oportunidad de hacerle pensar, de que sus neuronas se movieran por sí solas, y llegasen a sus propias conclusiones.
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Re: — Water and oil.
— Funny clash.
El chico contempló como ella se movía hasta el banco y lo hizo con un deleite silencioso, observando cada paso que daba. Tenía una manera grácil y sutil de caminar. De nuevo ahí estaba esa sensación de que todo de esa chica llamaba la atención. Incluso su manera de sentarse era llamativa. Llamativa y diferente. Si alguien los viese, una sentada de esa manera y Corvinus tratando de parecer tan recto...
Aquel pensamiento le arrancó una pequeña sonrisa que trató de ocultar a la joven.
Esperó que su respuesta le satisficiera, incluso esperó que se burlase de aquella contestación, aunque ella parecía haber dejado de lado esa parte donde le tocaba burlarse. Y lo agradecía. No le importaba si la gente se reía de él, o se burlase, no le había molestado en el tren ni cuando le había abordado unos ya largos minutos antes.
Ahora las cosas habían cambiado, pero no le desagradaba. Incluso estaba empezando a disfrutar claramente con aquello. Hablar, compartir su interior. Algo que ni siquiera hacía con su hermana. Y aquello le hizo pensar en qué tenía Seëlia.. que tan diferente era como para contarle algo. ¿Aquello llamado empate? No, la chica no parecía ser capaz de ponerse en su lugar, y sin embargo ahí estaba, sentado "a su lado" y preguntando por ella. -Supongo que es lo que se espera de todo hijo de familia purista. Que ocupe un buen puesto y eso.. ¿No ocurre lo mismo con vuestra política muggle? Todos los hijos de los altos cargos.. - ladeó la cabeza en aquella posición tan estirada sobre el banco y se permitió relajarse un poco, con la intención de no parecer tan sobrio.
No habría apostado ni un knut por la respuesta que le dio. -¿Aritmancia? - no quiso sonar como una burla, pero la verdad es que para él esa asignatura era casi una pérdida de tiempo. Casi le había faltado tiempo en rechazarla cuando tenía que escoger. -Es extraño, pero no sé porqué apostaba por Cuidado de Criaturas Mágicas..- la verdad es que daba el pego, o al menos se lo parecía. La loca de los animales. No pudo evitar preguntarse si se le darían a ella tan mal como a él. -Nunca me gustaron demasiado las matemáticas.. -respondió arrugando la nariz unos pequeños instantes. -Y aprovecharé que no me has abordado con otra pregunta para volver a la sala.. - se puso en pie con un amargo pensamiento cruzando por la mente, de repente, salido de la nada. y mordiendo sus pensamientos para hacerse un hueco allí. Llevó una mano al nudo de la corbata, algo desecho y trasteó con sus dedos para volver a arreglar aquel nudo, fijándolo bien en la base de su cuello. -Es tarde y aún he de acabar una redacción de pociones y.. -¿porque tenía que darle explicaciones..? En parte sentía que tenía que hacerlo. -Supongo que nos veremos en clase..- avanzó un par de pasos por su lado, quedando a escasa distancia. -No puedo decir que esta vez ha sido un encuentro desagradable.. - esbozó una torcida sonrisa tras aquel susurro y echó a andar de nuevo por el pasillo, esta vez más a prisa. -Buenas noches, Seëlia.. - añadió antes de doblar la esquina, lo suficiente alto como para que, aún en la distancia, le oyera.
Aquel pensamiento le arrancó una pequeña sonrisa que trató de ocultar a la joven.
Esperó que su respuesta le satisficiera, incluso esperó que se burlase de aquella contestación, aunque ella parecía haber dejado de lado esa parte donde le tocaba burlarse. Y lo agradecía. No le importaba si la gente se reía de él, o se burlase, no le había molestado en el tren ni cuando le había abordado unos ya largos minutos antes.
Ahora las cosas habían cambiado, pero no le desagradaba. Incluso estaba empezando a disfrutar claramente con aquello. Hablar, compartir su interior. Algo que ni siquiera hacía con su hermana. Y aquello le hizo pensar en qué tenía Seëlia.. que tan diferente era como para contarle algo. ¿Aquello llamado empate? No, la chica no parecía ser capaz de ponerse en su lugar, y sin embargo ahí estaba, sentado "a su lado" y preguntando por ella. -Supongo que es lo que se espera de todo hijo de familia purista. Que ocupe un buen puesto y eso.. ¿No ocurre lo mismo con vuestra política muggle? Todos los hijos de los altos cargos.. - ladeó la cabeza en aquella posición tan estirada sobre el banco y se permitió relajarse un poco, con la intención de no parecer tan sobrio.
No habría apostado ni un knut por la respuesta que le dio. -¿Aritmancia? - no quiso sonar como una burla, pero la verdad es que para él esa asignatura era casi una pérdida de tiempo. Casi le había faltado tiempo en rechazarla cuando tenía que escoger. -Es extraño, pero no sé porqué apostaba por Cuidado de Criaturas Mágicas..- la verdad es que daba el pego, o al menos se lo parecía. La loca de los animales. No pudo evitar preguntarse si se le darían a ella tan mal como a él. -Nunca me gustaron demasiado las matemáticas.. -respondió arrugando la nariz unos pequeños instantes. -Y aprovecharé que no me has abordado con otra pregunta para volver a la sala.. - se puso en pie con un amargo pensamiento cruzando por la mente, de repente, salido de la nada. y mordiendo sus pensamientos para hacerse un hueco allí. Llevó una mano al nudo de la corbata, algo desecho y trasteó con sus dedos para volver a arreglar aquel nudo, fijándolo bien en la base de su cuello. -Es tarde y aún he de acabar una redacción de pociones y.. -¿porque tenía que darle explicaciones..? En parte sentía que tenía que hacerlo. -Supongo que nos veremos en clase..- avanzó un par de pasos por su lado, quedando a escasa distancia. -No puedo decir que esta vez ha sido un encuentro desagradable.. - esbozó una torcida sonrisa tras aquel susurro y echó a andar de nuevo por el pasillo, esta vez más a prisa. -Buenas noches, Seëlia.. - añadió antes de doblar la esquina, lo suficiente alto como para que, aún en la distancia, le oyera.
7 de Septiembre | Séptimo piso | con Psychonaut
Baja actividad


- Water and Oil - ♥ Corvëlia ♥:


- My lovers ♥:

- Take me to Church:

- Fire Guardian:

Re: — Water and oil.
— The secret of plants.
— Lo que se espera...ya veo. — ¿Qué más iba a decir? En aquellos momentos no había calado lo suficiente en el pelirrojo como para que su charla "Libera tu mente, piensa a dónde quieres llegar realmente" le llegara de alguna manera. Pero no era una batalla perdida, sino más bien aplazada, en algún lugar del tiempo. ¿Por qué cuidado de criaturas mágicas? — Me gusta pensar, mancharme las manos sólo cuando se trata de cosas divertidas...y no todas las criaturas mágicas lo son. — Aunque algunas fuesen espectaculares, Seëlia tenía claro que no quería dar por finalizada su vida chamuscada a causa del estornudo de un dragón en un intento por cuidar dicha criatura. Oh, no, sus caminos iban por otros lares...que aún no tenía muy claros. Pero por ahí no. Ignoró su última pregunta al completo, cosa que no le extrañó para nada a la chica. Se había sentado para volver a levantarse a los dos minutos, genial. Por eso no se incorporó en cuanto el chico anunció que se iba a ir o en cuanto él mismo decidió volver a estar de pie. Se quedó allí sentada, observando como le brindaba una despedida bastante...cordial. Qué extraño, qué sumamente extraño lo sentía todo a su alrededor en aquellos momentos. — Eh...sí. Buenas noches — No podía quedarse sin habla, era Seëlia Kellebuch, quedarse con la última palabra era superior a sus fuerzas. — Cuidado con las mazmorras. Dicen que es un lugar frío y húmedo, estupendo para un constipado. — Dijo a la espalda del pelirrojo, que ya se alejaba por el pasillo.
Cuando el chico desapareció y sus pasos dejaron de escucharse en la lejanía, Seëlia finalmente se levantó y dio por finalizado aquél día. Subió a la torre de Ravenclaw y buscó por la Sala Común a la pequeña de cabellos rubios con la que Corvinus hablaba, antes de aquél extraño encuentro, pero no la encontró. probablemente ya estaría en la cama, los de primero solían acostarse temprano, u observar el cielo desde las ventanas de las habitaciones. Ella subió a la suya propia, finalizando el día.
Dos días habían pasado desde aquella primera conversación normal entre Corvinus y Seëlia, y aquella mañana iba a haber otro encuentro, aunque la Ravenclaw no lo sabía aún. Sentada en el borde de su cama se arrepentía de haberse pasado la noche anterior comiendo chucherías y hablando con Gennea, que dormía en la cama de su lado izquierdo, hasta altas horas de la noche. Ahora tenía que hacer un esfuerzo sobrehumano por cambiarse, despertarse y comenzar las clases. Le costó la vida bajar al gran comedor a desayunar, pero en cuanto pudo beber algo de café, volvió a la vida. Su vitalidad se hizo patente, como cada mañana el terremoto Kellebuch había despertado. Su primera hora, encantamientos, fue bastante entretenida. A segunda le tocaba herbología. Llegó a punto a clase y se colocó al lado de Gennea, pero entonces la Profesora Harris comenzó a explicar lo importante que era la cooperación, y decidió que para la tarea de aquél día los emparejaría ella, a su gusto.
— Potter, con Higgs... — Iba mirando a los alumnos de la clase y medio eligiendo a mano alzada, asegurándose de que ninguna de las parejas se encontrase en la misma casa. — Rosier, con Kellebuch. — Seëlia dio un respingo al escuchar su nombre, pero no reconocía el apellido. Miró a su alrededor, con un enorme interrogante en su rostro, por la forma en cómo miraba a sus compañeros. — ¿Quién leches es Rosier? — Preguntó al aire, en voz alta, pues no era adivina y no sabía a cual de sus compañeros estaba mirando la Profesora Harris cuando dijo aquél apellido. Su mirada voló durante un momento más por todos sus alumnos, hasta que se dio cuenta de algo. Corvinus, separado de cuatro o cinco alumnos de distancia de ella, la miraba fijamente. — Oh, no me digas... — Dijo más para sí misma, aunque lo hubiese expresado en vez de limitarse a pensarlo. No pudo evitar que se le escapara media sonrisa mientras seguía mirando al pelirrojo, a la espera de una respuesta.
Cuando el chico desapareció y sus pasos dejaron de escucharse en la lejanía, Seëlia finalmente se levantó y dio por finalizado aquél día. Subió a la torre de Ravenclaw y buscó por la Sala Común a la pequeña de cabellos rubios con la que Corvinus hablaba, antes de aquél extraño encuentro, pero no la encontró. probablemente ya estaría en la cama, los de primero solían acostarse temprano, u observar el cielo desde las ventanas de las habitaciones. Ella subió a la suya propia, finalizando el día.
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Dos días habían pasado desde aquella primera conversación normal entre Corvinus y Seëlia, y aquella mañana iba a haber otro encuentro, aunque la Ravenclaw no lo sabía aún. Sentada en el borde de su cama se arrepentía de haberse pasado la noche anterior comiendo chucherías y hablando con Gennea, que dormía en la cama de su lado izquierdo, hasta altas horas de la noche. Ahora tenía que hacer un esfuerzo sobrehumano por cambiarse, despertarse y comenzar las clases. Le costó la vida bajar al gran comedor a desayunar, pero en cuanto pudo beber algo de café, volvió a la vida. Su vitalidad se hizo patente, como cada mañana el terremoto Kellebuch había despertado. Su primera hora, encantamientos, fue bastante entretenida. A segunda le tocaba herbología. Llegó a punto a clase y se colocó al lado de Gennea, pero entonces la Profesora Harris comenzó a explicar lo importante que era la cooperación, y decidió que para la tarea de aquél día los emparejaría ella, a su gusto.
— Potter, con Higgs... — Iba mirando a los alumnos de la clase y medio eligiendo a mano alzada, asegurándose de que ninguna de las parejas se encontrase en la misma casa. — Rosier, con Kellebuch. — Seëlia dio un respingo al escuchar su nombre, pero no reconocía el apellido. Miró a su alrededor, con un enorme interrogante en su rostro, por la forma en cómo miraba a sus compañeros. — ¿Quién leches es Rosier? — Preguntó al aire, en voz alta, pues no era adivina y no sabía a cual de sus compañeros estaba mirando la Profesora Harris cuando dijo aquél apellido. Su mirada voló durante un momento más por todos sus alumnos, hasta que se dio cuenta de algo. Corvinus, separado de cuatro o cinco alumnos de distancia de ella, la miraba fijamente. — Oh, no me digas... — Dijo más para sí misma, aunque lo hubiese expresado en vez de limitarse a pensarlo. No pudo evitar que se le escapara media sonrisa mientras seguía mirando al pelirrojo, a la espera de una respuesta.
9 de Septiembre | Invernadero | con Corvinus
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