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— Water and oil.
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— Water and oil.
Recuerdo del primer mensaje :
El niño que sobrevivió consiguió derrotar al Señor Oscuro y desde entonces, años mejores llegaron a la comunidad mágica. Años de comprensión, de adaptación, de altruismo. Era como comenzar un nuevo mundo sobre uno viejo y desgastado, donde antiguas y nuevas generaciones convivían de nuevo en paz y armonía. Sin embargo, no todos los miembros de la comunidad mágica estaban de acuerdo con este hecho, y aunque en un primer momento aceptaron el acuerdo de Paz para no verse metidos en juicios, y acabar probablemente encerrados en Azkaban por amenazas a toda la comunidad mágica durante una buena temporada, han sabido esconderse entre las sombras y continuar con un plan sutil pero, que si salía bien, podía llegar a ser efectivo.
Así, callados, en la oscuridad, han estado subiendo escalón a escalón, de manera completamente pacifista, en el Ministerio de Magia, en las escuelas mágicas, Barrios mágicos y otras entidades varias que el mundo mágico maneja para poder subsistir. Así fue como, finalmente, en el año 2013 el mago Godfroy Selwyn fue proclamado Primer Ministro de Magia. Con él, comenzaron las primeras reformas que tanto recordaban a antaño. Y, sin embargo, han entrado tan poco a poco, que nadie ha podido quejarse. A penas se ve, pero las familias puristas comienzan a tener de nuevo más privilegios y a mover los mercados e instituciones importantes del mundo mágico, mientras que el resto, mestizos y en especial nacidos de muggles, van quedándose en las puertas, siendo maltratados y marginados.
En Hogwarts se está viviendo un proceso parecido, y en medio de todo esto, dos rivales, aparentemente sin posible reconciliación, tendrán que lidiar con el peso que supone el hecho de que tus sentimientos vayan hacia el lado contrario del propio sentido común.
01. The Beginning
02. Funny clash
03. The secret of plants
04. Unexpected hero
05. Night of the dead
Harry Potter | 1x1 | Romance/drama
Ambientación.
HOGWARTS 2016
El niño que sobrevivió consiguió derrotar al Señor Oscuro y desde entonces, años mejores llegaron a la comunidad mágica. Años de comprensión, de adaptación, de altruismo. Era como comenzar un nuevo mundo sobre uno viejo y desgastado, donde antiguas y nuevas generaciones convivían de nuevo en paz y armonía. Sin embargo, no todos los miembros de la comunidad mágica estaban de acuerdo con este hecho, y aunque en un primer momento aceptaron el acuerdo de Paz para no verse metidos en juicios, y acabar probablemente encerrados en Azkaban por amenazas a toda la comunidad mágica durante una buena temporada, han sabido esconderse entre las sombras y continuar con un plan sutil pero, que si salía bien, podía llegar a ser efectivo.
Así, callados, en la oscuridad, han estado subiendo escalón a escalón, de manera completamente pacifista, en el Ministerio de Magia, en las escuelas mágicas, Barrios mágicos y otras entidades varias que el mundo mágico maneja para poder subsistir. Así fue como, finalmente, en el año 2013 el mago Godfroy Selwyn fue proclamado Primer Ministro de Magia. Con él, comenzaron las primeras reformas que tanto recordaban a antaño. Y, sin embargo, han entrado tan poco a poco, que nadie ha podido quejarse. A penas se ve, pero las familias puristas comienzan a tener de nuevo más privilegios y a mover los mercados e instituciones importantes del mundo mágico, mientras que el resto, mestizos y en especial nacidos de muggles, van quedándose en las puertas, siendo maltratados y marginados.
En Hogwarts se está viviendo un proceso parecido, y en medio de todo esto, dos rivales, aparentemente sin posible reconciliación, tendrán que lidiar con el peso que supone el hecho de que tus sentimientos vayan hacia el lado contrario del propio sentido común.
Cronología
01. The Beginning
02. Funny clash
03. The secret of plants
04. Unexpected hero
05. Night of the dead
Personajes.
Tras muchos años tratando de juntar a dos grandes familias de la magia, Rosier y Carrow se unieron por fin, y su unión dio paso a Corvinus, el primogénito, y años más tarde a Demetria. Ambos fueron inculcados con los modales más exquisitos, así como severos. Les enseñaron, desde jóvenes, el valor de la sangre pura, de la magia y a no mezclarse con gente que carecía de su mismo estatus. Para ellos, mantener el honor de la familia era algo que hacer a diario. Tuvieron varias institutrices mágicas a lo largo de sus primeros años, hasta que a Corvinus le llegó la hora de ir a Hogwarts. Sus primeros años no fueron nada del otro mundo. Acabó en Slytherin, como era de esperar y se comportó con profesores y compañeros como en casa le habían enseñado a hacer. Siempre con cortesía cuando tocaba y con desprecio y acritud cuando era necesario. Sin embargo las cosas empezaron a cambiar cuando cursaba tercero. Un nuevo Ministro subió al poder y aunque sus nuevas leyes no fueron muy bien aceptadas la comunidad de Puristas las recibieron gustosos. Un nuevo régimen a favor de los sangre pura se instauró y empezaron a obtener beneficios, mientras que los mestizos, así como los hijos de muggles empezaron a perderlos. Allí, en el colegio, ocurría lo mismo. Poco a poco, los sangre pura volvieron a instaurarse en la cima de la montaña, y el resto abajo, donde siempre habían insistido en que pertenecían. A día de hoy, Corvinus estudia para tratar de entrar en el ministerio. No se le dan nada bien las asignaturas de Historia de la Magia, ni aquellas que requieran demasiado esfuerzo. Callado y reservado a primera vista. Corvinus es un chico al que le gusta controlar la situación, contemplar y captar detalles de absolutamente todo lo que le rodea y tratar de sacarle el máximo partido. Esto hace que siempre se crea por encima de los demás. Manipulador. Sabe llevar a la gente por el terreno que quiere con galanterías y buenas palabras. Atiende a pocas razones y obedece solo a sus padres (o a alguna autoridad superior en Hogwarts). Pocas cosas pueden detenerle cuando algo se le mete entre ceja y ceja, ya que es terco y obstinado como pocas personas. Si tiene una meta que cumplir o algo que anhela no se detendrá hasta obtenerlo, y no le importa pasar por encima de la gente para conseguirlo. Para él, quien tiene éxito es quien más lo persigue y quien más da por conseguirlo. Por eso no se detendrá. No le gusta perder y cuando pasa, es mejor no meterse en su punto de mira ya que es capaz de amargarle la vida a la gente. No se lleva nada bien con los mestizos ni hijos de muggles del colegio, para él son escoria inferior, algo que le han inculcado desde muy pequeño y los ve como ratas de la sociedad mágica, que se han multiplicado y les han quitado todos los derechos a los sangre pura. Sin embargo, las personas más cercanas a Corvinus (y son muy pocas) saben que es alguien que lo da todo por los que tiene a su alrededor. Protege muy posesivamente a su hermana pequeña y no deja que nadie inapropiado se acerque a ella. — Varita: 27 cm. Madera de acacia. Buena para encantamientos, poco flexible. — Mascotas: No tiene (se ve incapaz de cuidar de un animal) — Juega al Quidditch como Cazador, además es el Capitán del equipo desde cuarto curso. Corvinus Rosier | 16 | Slytherin | Jake Hold | Tardis_in_blue | Seëlia nació en el seno de una familia muggle en plena ciudad de Londres. Sus padres, Austin y Colette, se habían conocido en la universidad de Oxford, y eran importantes abogados. Por lo que Seëlia siempre fue a los mejores internados de Londres. Sin embargo, había algo diferente en ella, algo que se notaba desde siempre. La primera vez que salió de ella un signo de magia fue cuando se puso a levitar sobre la cama a los tres años. Desde entonces ha estado siempre rodeada de "pequeños accidentes" que no entendió hasta que, poco antes de cumplir los once años, le llegó su carta de Hogwarts. En Londres se crió desde pequeña, siendo una niña curiosa y algo rarita. Aunque perteneciese a una familia bien posicionada en el mundo muggle, siempre fue rebelde y alocada, no le gustaban las etiquetas ni los modales. Pero entrar en Hogwarts...oh, eso sí que le encantó. Fue como si una pieza que había sentido desencajada toda su vida, encajara a la perfección en aquél momento. Apresurada llegó al andén nueve y tres cuartos antes de comenzar su primer año, y tras haber visitado por primera vez el callejón diagón, donde compró un montón de libros de historia y hechizos para saber realmente a qué mundo pertenecía. Una vez en la escuela, el sombrero seleccionador la mandó de cabeza a Ravenclaw, cosa que a Seëlia la emocionó realmente. Todo iba a la perfección hasta que en su tercer curso un nuevo ministro de magia ascendió al poder, y comenzó con sus habladurías acerca de viejas costumbres no igualitarias. Poco a poco a ido mejorando la vida de los linajes de sangre limpia, y poniendo dificultades a los mestizos o nacidos de muggles. En el colegio también se nota, este año más que nunca, pero Seëlia no piensa quedarse callada. A pesar de que en el mundo muggle se la podría calificar como una freak, Seëlia es una chica abierta, desvergonzada, y sin pelos en la lengua. Está claro que no todo el mundo la quiere, pero desde luego no es una persona a la que puedas olvidar con facilidad, no es alguien que deje indistinto. Tiene esa manía de dejar huella por donde pasa. No le importa ser ruidosa y pesada si eso significa que está expresando lo que piensa, o si se está expresando a sí misma como persona. Entre el mundo muggle y el mundo mágico, ella cree firmemente que tiene lo bueno de ambas partes, y las combina siempre que tiene la ocasión de hacerlo. Para muchos podría ser una loca, pero la verdad es que es simplemente original. No le falta imaginación, en parte gracias al mundo mágico, pero adora la música muggle. Puede ser amiga de cualquiera, pero se encariña con muy pocas personas, y con sus más cercanos sí que es lo más dulce y cariñoso del mundo, como un unicornio enamorado de un dragón rosa. Es inteligente e intuitiva, y aunque no tiene miedo tampoco es muy impulsiva a menos que sienta que necesita hacer algo, pues la prudencia es una característica de Ravenclaw. — Varita: 23 cm. Madera de arce. Núcleo de cola de dragón. Revestida en tonos plateados. Particularmente flexible. — Mascotas: un gato común blanco con manchas llamado Mefistofeles. — Comenzó el curso siendo prefecta de Ravenclaw, pero le han despojado del cargo por sangre sucia. Seëlia Kellebuch | 16 | Ravenclaw | Chloe Norgaard | Psychonaut |
Última edición por Psychonaut el Miér 20 Abr - 17:13, editado 6 veces

Sólo soy un loco con una cabina ✘ 1575 — born in a mushroom
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Re: — Water and oil.
— unexpected hero.
Surrealista. Así se sentía en aquellos momentos. No estaba segura de que nada estuviera en su sitio. A decir verdad ya no estaba segura de dónde estaba el sitio de cualquier cosa en concreto. O tal vez lo que estaba pasando, era que comenzaban a aparecer nuevas cosas que jamás habían estado ahí, y, por tanto, no habían necesitado sitio hasta ese momento. Si bien Seëlia podía parecer un revuelo constante, había algo que siempre había tenido (o creído tener) ordenado; su cabeza...que en aquél momento se estaba convirtiendo en de todo, menos en orden. Poco a poco las líneas que delimitaban los pensamientos, creencias y emociones de Seëlia comenzaron a diluirse como una pastilla de jabón se diluye en el agua. Como diluía los colores en su pelo con aquellas pociones descubiertas un año atrás en un extenso paseo por todas las calles del callejón Diagón.
Con un gesto desesperado fue hasta la puerta principal del baño y la cerró tras de sí, pues los compañeros de casa de Corvinus se la habían dejado entornada después de salir echos una furia de allí. Al mismo tiempo que el pelirrojo contestaba, riéndose como si le acabaran de contar un chiste, volvió de nuevo a su posición, frente él, tan interrogante e inquiriosa como podía ser posible para el momento que estaba viviendo. Abrió los ojos como platos cuando se enteró de lo que las serpientes tenían preparado para ella. ¿Cortarle y quemarle el pelo? Ella jamás había pasado de las agresiones verbales, y sus ataques eran tan sutiles que casi nunca necesitaba decir palabras como imbécil o gilipollas, aunque mentalmente éstas se reptieran en su cabeza una y otra vez cuando mantenía aquellas disputas verbales.
— ¿Cortar y quemar?. — Si, necesitaba repetirlo. No era capaz de salir del asombro, pues este no hacía más que acumularse una y otra vez, a cada palabra, a cada gesto que sucedía allí en medio. ¿En qué momento en el pasillo había atravesado un agujero de gusano y se había metido en un mundo paralelo en el que al chico le importaba su pelo? Recordaba como la había llamado cartel luminoso por ello, aquella noche en el pasillo, cerca de la Torre de Ravenclaw. No podía compartir su risa, no podía reírle la broma, porque si había algo que Seëlia necesitaba entender, era la situación, antes de conseguir relajarse. Rodó los ojos, terminando por ponerlos en blanco, y dar un largo suspiro, antes de relajar su rostro de nuevo. Si es que eso era posible en aquél momento.
— ¿Bien?. — Se dio cuenta de la agresividad con la que dijo aquella palabra. ¿Y por qué, al fin y al cabo él la había salvado. No. Aquél pensamiento descolocaba todos sus esquemas. Sin embargo, hizo un esfuerzo enorme por calmarse. Por olvidar lo irreal de la situación y afrontar ese reto como había afrontado todos los que se le presentaron anterioridad. No sabía por qué este le daba miedo, especialmente. Respiró hondo tres veces antes de contestar.
— Sí...gracias. — Ahora faltaba lo más importante....Por que. Aquellas palabras le quemaban en la sien como si le hubiesen encendido una hoguera ahí mismo, dentro de su cráneo. Se dio cuenta entonces de que por fin su corazón había vuelto a la normalidad de su ritmo. Entonces, ¿por qué no era capaz de mirar directamente a Corvinus? Carraspeó y apoyó una de sus manos sobre uno de los lavabos, observando el utensilio como si fuese lo más importante del mundo. — ¿Por qué?. — A pesar de que parecía estar hablándole a la piedra ennegrecida con el tiempo del lavamanos, obviamente se dirigía a Corvinus. — ¿Por qué lo has hecho?. — No existía razón lógica alguna para exponerse así frente a sus compañeros de casa, mucho después de lo que le dijo en la torre de astronomía.
Con un gesto desesperado fue hasta la puerta principal del baño y la cerró tras de sí, pues los compañeros de casa de Corvinus se la habían dejado entornada después de salir echos una furia de allí. Al mismo tiempo que el pelirrojo contestaba, riéndose como si le acabaran de contar un chiste, volvió de nuevo a su posición, frente él, tan interrogante e inquiriosa como podía ser posible para el momento que estaba viviendo. Abrió los ojos como platos cuando se enteró de lo que las serpientes tenían preparado para ella. ¿Cortarle y quemarle el pelo? Ella jamás había pasado de las agresiones verbales, y sus ataques eran tan sutiles que casi nunca necesitaba decir palabras como imbécil o gilipollas, aunque mentalmente éstas se reptieran en su cabeza una y otra vez cuando mantenía aquellas disputas verbales.
— ¿Cortar y quemar?. — Si, necesitaba repetirlo. No era capaz de salir del asombro, pues este no hacía más que acumularse una y otra vez, a cada palabra, a cada gesto que sucedía allí en medio. ¿En qué momento en el pasillo había atravesado un agujero de gusano y se había metido en un mundo paralelo en el que al chico le importaba su pelo? Recordaba como la había llamado cartel luminoso por ello, aquella noche en el pasillo, cerca de la Torre de Ravenclaw. No podía compartir su risa, no podía reírle la broma, porque si había algo que Seëlia necesitaba entender, era la situación, antes de conseguir relajarse. Rodó los ojos, terminando por ponerlos en blanco, y dar un largo suspiro, antes de relajar su rostro de nuevo. Si es que eso era posible en aquél momento.
— ¿Bien?. — Se dio cuenta de la agresividad con la que dijo aquella palabra. ¿Y por qué, al fin y al cabo él la había salvado. No. Aquél pensamiento descolocaba todos sus esquemas. Sin embargo, hizo un esfuerzo enorme por calmarse. Por olvidar lo irreal de la situación y afrontar ese reto como había afrontado todos los que se le presentaron anterioridad. No sabía por qué este le daba miedo, especialmente. Respiró hondo tres veces antes de contestar.
— Sí...gracias. — Ahora faltaba lo más importante....Por que. Aquellas palabras le quemaban en la sien como si le hubiesen encendido una hoguera ahí mismo, dentro de su cráneo. Se dio cuenta entonces de que por fin su corazón había vuelto a la normalidad de su ritmo. Entonces, ¿por qué no era capaz de mirar directamente a Corvinus? Carraspeó y apoyó una de sus manos sobre uno de los lavabos, observando el utensilio como si fuese lo más importante del mundo. — ¿Por qué?. — A pesar de que parecía estar hablándole a la piedra ennegrecida con el tiempo del lavamanos, obviamente se dirigía a Corvinus. — ¿Por qué lo has hecho?. — No existía razón lógica alguna para exponerse así frente a sus compañeros de casa, mucho después de lo que le dijo en la torre de astronomía.
13 de Septiembre | Hogwarts | con Corvinus

Sólo soy un loco con una cabina ✘ 1575 — born in a mushroom
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Re: — Water and oil.
— unexpected hero.
Porqué.
Esperaba esa pregunta y llevaba tratando de preparar una respuesta logica casi desde que habia atrancando la puerta del lavabo. Seëlia le estaba esquivando, al menos esquivaba su mirada pues desde que ellos habían salido del lavabo de chicas, no había vuelto a cruzar sus ojos con los suyos. De nuevo esa punzada de amargura en la boca del estómago.
-Por que...-las palabras se agolpaban en su garganta y trepaban, ansiosas por salir triunfantes de aquella batalla campal contra su cerebro. No era fácil para nadie, y menos para él. "Porque no quería que te hicieran daño. Porque son unos bestias y no saben controlarse.. Porque me importas..."
Seëlia estaba apoyada contra uno de los lavábamos, aun con esos interrogantes brillando en sus ojos. -Porque...- volvió a ahogarse con sus propias excusas. No era tan difícil decir la verdad.. Ni arriesgarse. Al fin y al cabo ya había metido la pata hasta el fondo.
-Pero mira que hay ser estúpidos..-una risa resonó al fondo del lavabo y Corvinus se tensó, resoplando. Tanto trabajo (y encerrarse en un cubículo enano con Seëlia tan pegada a él que casi sufre un infarto) no habían servido para nada. La puerta se había abierto de nuevo y alli estaban Nott y tres Slytherins mas que sonreían triunfantes. -¿Y los Ravenclaw se supone que sois los listos..?- alcanzó a reírse socarronamente mientras Corvinus se estiraba cuan largo era, dejando de encorvarse como siempre hacía. Volvió a agarrar la varita que había guardado y caminó, con una calma y tranquilidad terriblemente inexpresiva, hasta colocarse delante de Seëlia, dándole la espalda y mirando de frente a sus compañeros de casa. -¿Se puede saber que cojones haces, Rosier? ¿Desde cuando te juntas con escoria muggle..? -Aquel insulto hizo que la mandíbula del pelirrojo se crispara. Seguía buscando una salida para aquel embrollo en el que se habían metido. -Con quien me relaciono no es algo de tu incumbencia, Nott... Así que si no quieres acabar en la enfermería será mejor que te des media vuelta y dejes a la chica en paz...- aquella amenaza salio con una tranquilidad inquietante, acompañada de un tono de seriedad que no era propio de él. Mas que a amenaza, sonó a un hecho firme e inquebrantable. Como quien afirma que el día tiene 24 horas y lo afirma con creencia porque es evidente que es así.
-¿Vas a meterte en una pelea con nosotros por una sangresucia que no tiene siquiera algo de cerebro..? -Aquel comentario arrancó las risas de sus compañeros, que rebotaron en cada resquicio del lavabo, haciendo que persistieran unos segundo aún después de haber dejado de reírse. -Ademas.. Estáis en una clara desventaja.. Vosotros solo sois dos y nosotros..- no pudo acabar la frase porque su cuerpo fue despedido brutalmente hacia atrás. Salió volando varios metros y aterrizó pesadamente al fondo del lavabo, cerca de la puerta. Corvinus había sido muy rápido con la varita, con una mueca casi de diversión en los labios seguía apuntándole, casi sin pestañear. No sabía a qué había venido esa reacción, pero no estaba dispuesto a escuchar más insultos contra Seëlia. Y aquello era extraño, porque de no haberla conocido, de no haber hablado varias veces con ella, no habría hecho aquello. En unas circunstancias normales le habría dado igual. Black y Carrow lo miraban con sorpresa pero no tardaron en desenfundar las varitas y apuntarles, con nerviosismo. -¿De verdad queréis hacerlo..? -susurró casi disfrutando de aquello. Poca gente lo sabía porque no era algo de lo que le gustase alardear, pero si había algo que se le daba bien por encima de cualquier asignatura, eran los Duelos.
Esperaba esa pregunta y llevaba tratando de preparar una respuesta logica casi desde que habia atrancando la puerta del lavabo. Seëlia le estaba esquivando, al menos esquivaba su mirada pues desde que ellos habían salido del lavabo de chicas, no había vuelto a cruzar sus ojos con los suyos. De nuevo esa punzada de amargura en la boca del estómago.
-Por que...-las palabras se agolpaban en su garganta y trepaban, ansiosas por salir triunfantes de aquella batalla campal contra su cerebro. No era fácil para nadie, y menos para él. "Porque no quería que te hicieran daño. Porque son unos bestias y no saben controlarse.. Porque me importas..."
¿Qué le podía decir?
Avanzo un par de pasos, saliendo de !aquel cubículo de madera que ahora sentía que lo protegía de aquella pregunta que le estaba carcomiendo las entrañas.Seëlia estaba apoyada contra uno de los lavábamos, aun con esos interrogantes brillando en sus ojos. -Porque...- volvió a ahogarse con sus propias excusas. No era tan difícil decir la verdad.. Ni arriesgarse. Al fin y al cabo ya había metido la pata hasta el fondo.
-Pero mira que hay ser estúpidos..-una risa resonó al fondo del lavabo y Corvinus se tensó, resoplando. Tanto trabajo (y encerrarse en un cubículo enano con Seëlia tan pegada a él que casi sufre un infarto) no habían servido para nada. La puerta se había abierto de nuevo y alli estaban Nott y tres Slytherins mas que sonreían triunfantes. -¿Y los Ravenclaw se supone que sois los listos..?- alcanzó a reírse socarronamente mientras Corvinus se estiraba cuan largo era, dejando de encorvarse como siempre hacía. Volvió a agarrar la varita que había guardado y caminó, con una calma y tranquilidad terriblemente inexpresiva, hasta colocarse delante de Seëlia, dándole la espalda y mirando de frente a sus compañeros de casa. -¿Se puede saber que cojones haces, Rosier? ¿Desde cuando te juntas con escoria muggle..? -Aquel insulto hizo que la mandíbula del pelirrojo se crispara. Seguía buscando una salida para aquel embrollo en el que se habían metido. -Con quien me relaciono no es algo de tu incumbencia, Nott... Así que si no quieres acabar en la enfermería será mejor que te des media vuelta y dejes a la chica en paz...- aquella amenaza salio con una tranquilidad inquietante, acompañada de un tono de seriedad que no era propio de él. Mas que a amenaza, sonó a un hecho firme e inquebrantable. Como quien afirma que el día tiene 24 horas y lo afirma con creencia porque es evidente que es así.
-¿Vas a meterte en una pelea con nosotros por una sangresucia que no tiene siquiera algo de cerebro..? -Aquel comentario arrancó las risas de sus compañeros, que rebotaron en cada resquicio del lavabo, haciendo que persistieran unos segundo aún después de haber dejado de reírse. -Ademas.. Estáis en una clara desventaja.. Vosotros solo sois dos y nosotros..- no pudo acabar la frase porque su cuerpo fue despedido brutalmente hacia atrás. Salió volando varios metros y aterrizó pesadamente al fondo del lavabo, cerca de la puerta. Corvinus había sido muy rápido con la varita, con una mueca casi de diversión en los labios seguía apuntándole, casi sin pestañear. No sabía a qué había venido esa reacción, pero no estaba dispuesto a escuchar más insultos contra Seëlia. Y aquello era extraño, porque de no haberla conocido, de no haber hablado varias veces con ella, no habría hecho aquello. En unas circunstancias normales le habría dado igual. Black y Carrow lo miraban con sorpresa pero no tardaron en desenfundar las varitas y apuntarles, con nerviosismo. -¿De verdad queréis hacerlo..? -susurró casi disfrutando de aquello. Poca gente lo sabía porque no era algo de lo que le gustase alardear, pero si había algo que se le daba bien por encima de cualquier asignatura, eran los Duelos.
13 de Septiembre | Hogwarts | con Seëlia

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Re: — Water and oil.
— unexpected hero.
Tan sólo estaban pasando segundos, ínfimas fracciones del tiempo entendido como sucesión lineal que a la chica se le estaban antojando especialmente largas. Repiqueteó por unos instantes la piedra del lavamanos, nerviosa, incapaz de alzar la vista. él sólo dijo por qué...y no decía nada más...y ella se estaba empezando a poner realmente nerviosa. No quería imaginar las razones por ella misma, quería saber las exactas de la boca de él. Al fin y al cabo el propio chico era la que la había acusado de dar las cosas por sentado. Demasiadas explicaciones, sin embargo, corrían sin control alguno por todos los rincones de su cabeza, y a pesar de todo ninguna le convencía, ninguna le parecía lo suficientemente coherente, o que consiguiese adecuarse a lo que significaba el intrincado misterio de Corvinus Rosier.
Un misterio que ahora ya, no quería, sino que necesitaba resolver. Él repetía las mismas palabras, pero no brindaba una explicación, y fue entonces cuando se atrevió a mirarlo, con el rostro suplicante. Necesitaba aquella respuesta. Necesitaba saberlo.
Demasiado tarde. Que la puerta volviera a abrirse de golpe hizo que el contacto visual se volviera a romper. Seëlia giró la cabeza súbitamente hacia la entrada del baño, donde estaban los Slytherin de los que antes había tenido ganas de reírse. Maldita sea. Era culpa suya. Por ir y cerrar la puerta. Por olvidarse de que seguramente seguirían cerca...por olvidarse de todo lo que existía fuera de aquellas cuatro paredes, en realidad. Instintivamente se separó del baño y se quedó frente a los chicos, pero su visión dejó de ser perfecta cuando el pelirrojo se puso entre aquellos tres y ella.
Entre su mundo y el que debía odiar.
Y apuntaba en la dirección que nadie se esperaría. Ni si quiera ella, que seguía la situación con la tensión acumulada en el cuello. Se llevó la mano al bolsillo en busca de su varita mientras Corvinus parecía hacer todo el trabajo. Nott hablaba mucho, pero necesitaba tener a dos alerones humanos para hablar. Cuando se lo encontraba solo por los pasillos no era tan gallito ni tan valiente. Malditos cobardes., necesitaban ir en masa para representar algo frente a ella. Y encima se estaban metiendo con el pelirrojo por ponerse de su parte...de nuevo, por el lugar del que procedía.
La rabia comenzó a inundarle las venas. Dio un paso hacia la derecha para dejar de estar tras del chico al mismo tiempo que éste mandaba bien lejos al deslenguado de Nott. Un movimiento que Seëlia pudo admirar como impecable. Los alerones humanos sacaron las varitas. Y Seëlia hizo lo mismo, sonriendo después de las palabras de su inesperado aliado.
— Necesitáis venir en grupo, cobardes. — Necesitaba soltarlo. Los miró con un desprecio con el que jamás les había mirado. Sus ojos siempre mostraban burla cuando se encontraba frente a aquellos tipos. — Ahora estamos igualados, piráos antes de que os tengáis que arrepentir. — Soltó, seria, con la voz tan tranquila que se dio miedo hasta ella misma. La varita apuntaba hacia ellos, pero el revuelo había sido tal, que un grupo de alumnos empezaban a congregarse a las puertas, asomando las cabezas, curiosas. Algo que no convenía a ninguno de los presentes, a decir verdad. Además, a los Slytherin ya no les gustaba tanto aquello porque ya no se encontraban en ventaja. El movimiento de Corvinus había sido la única clave para evitar que aquello llegara a más.
— Esto no se acaba aquí. — Siseó uno de ellos, dando un paso hacia atrás, aunque sin bajar la varita. — Os salva que haya testigos. — "¡Menuda mierda de excusa!" Pensó la chica, aunque su única respuesta fue alzar una ceja. Ahora el interés de su contrincante había cambiado, y miraba a Corvinus. — En cuanto a ti... — No acabó la frase. Un grito de Nott se escuchó en el fondo del pasillo y entonces los dos alerones humanos (para Seëlia no eran ninguna otra cosa en aquél momento) acudieron a su ayuda. El corrillo de alumnos se disipó ante la falta de pelea. Y la adrenalina volvía a correr por las venas de la Ravenclaw.
Se giró hacia el pelirrojo y lo abrazó. Ni si quiera le dio tiempo a pensar en ello cuando ya se encontraba haciéndolo. En un acto instintivo, movido por el torbellino interior que le había provocado todo lo que acababa de suceder. Sin darse cuenta del terreno peligroso en el que se estaba adentrando con aquél gesto. Sin darse cuenta de lo cerca que estaba de una línea que ni si quiera creía existente.
Un misterio que ahora ya, no quería, sino que necesitaba resolver. Él repetía las mismas palabras, pero no brindaba una explicación, y fue entonces cuando se atrevió a mirarlo, con el rostro suplicante. Necesitaba aquella respuesta. Necesitaba saberlo.
Demasiado tarde. Que la puerta volviera a abrirse de golpe hizo que el contacto visual se volviera a romper. Seëlia giró la cabeza súbitamente hacia la entrada del baño, donde estaban los Slytherin de los que antes había tenido ganas de reírse. Maldita sea. Era culpa suya. Por ir y cerrar la puerta. Por olvidarse de que seguramente seguirían cerca...por olvidarse de todo lo que existía fuera de aquellas cuatro paredes, en realidad. Instintivamente se separó del baño y se quedó frente a los chicos, pero su visión dejó de ser perfecta cuando el pelirrojo se puso entre aquellos tres y ella.
Entre su mundo y el que debía odiar.
Y apuntaba en la dirección que nadie se esperaría. Ni si quiera ella, que seguía la situación con la tensión acumulada en el cuello. Se llevó la mano al bolsillo en busca de su varita mientras Corvinus parecía hacer todo el trabajo. Nott hablaba mucho, pero necesitaba tener a dos alerones humanos para hablar. Cuando se lo encontraba solo por los pasillos no era tan gallito ni tan valiente. Malditos cobardes., necesitaban ir en masa para representar algo frente a ella. Y encima se estaban metiendo con el pelirrojo por ponerse de su parte...de nuevo, por el lugar del que procedía.
La rabia comenzó a inundarle las venas. Dio un paso hacia la derecha para dejar de estar tras del chico al mismo tiempo que éste mandaba bien lejos al deslenguado de Nott. Un movimiento que Seëlia pudo admirar como impecable. Los alerones humanos sacaron las varitas. Y Seëlia hizo lo mismo, sonriendo después de las palabras de su inesperado aliado.
— Necesitáis venir en grupo, cobardes. — Necesitaba soltarlo. Los miró con un desprecio con el que jamás les había mirado. Sus ojos siempre mostraban burla cuando se encontraba frente a aquellos tipos. — Ahora estamos igualados, piráos antes de que os tengáis que arrepentir. — Soltó, seria, con la voz tan tranquila que se dio miedo hasta ella misma. La varita apuntaba hacia ellos, pero el revuelo había sido tal, que un grupo de alumnos empezaban a congregarse a las puertas, asomando las cabezas, curiosas. Algo que no convenía a ninguno de los presentes, a decir verdad. Además, a los Slytherin ya no les gustaba tanto aquello porque ya no se encontraban en ventaja. El movimiento de Corvinus había sido la única clave para evitar que aquello llegara a más.
— Esto no se acaba aquí. — Siseó uno de ellos, dando un paso hacia atrás, aunque sin bajar la varita. — Os salva que haya testigos. — "¡Menuda mierda de excusa!" Pensó la chica, aunque su única respuesta fue alzar una ceja. Ahora el interés de su contrincante había cambiado, y miraba a Corvinus. — En cuanto a ti... — No acabó la frase. Un grito de Nott se escuchó en el fondo del pasillo y entonces los dos alerones humanos (para Seëlia no eran ninguna otra cosa en aquél momento) acudieron a su ayuda. El corrillo de alumnos se disipó ante la falta de pelea. Y la adrenalina volvía a correr por las venas de la Ravenclaw.
Se giró hacia el pelirrojo y lo abrazó. Ni si quiera le dio tiempo a pensar en ello cuando ya se encontraba haciéndolo. En un acto instintivo, movido por el torbellino interior que le había provocado todo lo que acababa de suceder. Sin darse cuenta del terreno peligroso en el que se estaba adentrando con aquél gesto. Sin darse cuenta de lo cerca que estaba de una línea que ni si quiera creía existente.
13 de Septiembre | Hogwarts | con Corvinus

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Una parte de él esperaba que Seëlia, ese torbellino huracanado a quien nadie podía pararle los pies, se pusiera a su lado, varita en mano. Y cuando lo hizo, como si realmente le hubiera leído el pensamiento, sus labios se curvaron aún más. Ya no era solo una sonrisa sádica y que pedía pelea, era una sonrisa que ocultaba complicidad.
Por un momento, sus ojos se distrajeron con esos mechones coloridos, aunque tan solo unos segundos, mientras dejaba que fuera ella quien tomase las riendas. Aquella situación extraña le gustaba, le producía un placer interior, un cosquilleo inexplicable verla mandar de esa manera, plantarles cara... Tuvo que morderse el labio inferior para reprimir una carcajada.
Desde luego, aprovechaban cualquier excusa para largarse cuando no lograban lo que conseguían. Eran como ratas, o cuervos, carroñeros asquerosos que se aprovechaban de cualquier situación, favorable o desfavorable.. ¿Él era así? Y lo que era peor... ¿Los demás le veían así...? Porque no le gustaba absolutamente nada si esa era la imagen de sí mismo que daba a los demás.
Se giró hacia ella, soltando el aliento cuando los Slyhetins se marcharon pero lo que hizo a continuación le volvió a dejar más tenso que un palo de escoba. Pudo ver casi a cámara lenta como ella se abalanzaba contra él. Ese pelo dejando una estela de colores, brillando tenuemente ante la luz que se filtraba por las ventanas. Sus brazos finos le envolvieron y de nuevo esa fragancia femenina le taponó las fosas nasales como si le hubieran puesto un frasco de colonia debajo de la nariz. Olía condenadamente bien, tanto que casi hasta le mareaba. Pudo sentir la presión de aquel abrazo y el calor de su cuerpo a través de la túnica, pegado al de ella. Ese tipo de contacto, ese abrazo tan... personal. Solo había alguien con quien era capaz de dárselos y no perder el conocimiento. Y por desgracia para él, no era Seëlia.
Notó como el aire se le escapaba y la sangre se le helaba en el cuerpo, haciendo que la cabeza le girase como un títere, sin aire. Sabía lo que venía ahora. Ya le había pasado alguna vez. Primero el sabor pastoso de la boca, seguido por una sequedad que parecía que no había bebido agua en siglos. Las manos le temblaron como respuesta a un tic nervioso y trató de respirar nerviosamente a través de ese tapón de olor. -Seëlia...- trató de advertirle con las ultimas palabras que le salían. -Creo que... voy a....- sus ojos se abrieron de par en par un momento, antes de ponerse en blanco. Las rodillas le fallaron y se desplomó contra el suelo. Por suerte, el hecho de que Seëlia le estuviera abrazando evitó que se cayera de bruces contra la porcelana del lavamanos.
Por un momento, sus ojos se distrajeron con esos mechones coloridos, aunque tan solo unos segundos, mientras dejaba que fuera ella quien tomase las riendas. Aquella situación extraña le gustaba, le producía un placer interior, un cosquilleo inexplicable verla mandar de esa manera, plantarles cara... Tuvo que morderse el labio inferior para reprimir una carcajada.
Desde luego, aprovechaban cualquier excusa para largarse cuando no lograban lo que conseguían. Eran como ratas, o cuervos, carroñeros asquerosos que se aprovechaban de cualquier situación, favorable o desfavorable.. ¿Él era así? Y lo que era peor... ¿Los demás le veían así...? Porque no le gustaba absolutamente nada si esa era la imagen de sí mismo que daba a los demás.
Se giró hacia ella, soltando el aliento cuando los Slyhetins se marcharon pero lo que hizo a continuación le volvió a dejar más tenso que un palo de escoba. Pudo ver casi a cámara lenta como ella se abalanzaba contra él. Ese pelo dejando una estela de colores, brillando tenuemente ante la luz que se filtraba por las ventanas. Sus brazos finos le envolvieron y de nuevo esa fragancia femenina le taponó las fosas nasales como si le hubieran puesto un frasco de colonia debajo de la nariz. Olía condenadamente bien, tanto que casi hasta le mareaba. Pudo sentir la presión de aquel abrazo y el calor de su cuerpo a través de la túnica, pegado al de ella. Ese tipo de contacto, ese abrazo tan... personal. Solo había alguien con quien era capaz de dárselos y no perder el conocimiento. Y por desgracia para él, no era Seëlia.
Notó como el aire se le escapaba y la sangre se le helaba en el cuerpo, haciendo que la cabeza le girase como un títere, sin aire. Sabía lo que venía ahora. Ya le había pasado alguna vez. Primero el sabor pastoso de la boca, seguido por una sequedad que parecía que no había bebido agua en siglos. Las manos le temblaron como respuesta a un tic nervioso y trató de respirar nerviosamente a través de ese tapón de olor. -Seëlia...- trató de advertirle con las ultimas palabras que le salían. -Creo que... voy a....- sus ojos se abrieron de par en par un momento, antes de ponerse en blanco. Las rodillas le fallaron y se desplomó contra el suelo. Por suerte, el hecho de que Seëlia le estuviera abrazando evitó que se cayera de bruces contra la porcelana del lavamanos.
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Se estrechó contra su cuerpo de una manera bastante más invasiva a cómo él la había abrazado cuando se encontraban camaleonizados con la pared del retrete. Hundió su cabeza en su pecho, como si de alguna manera allí dentro fuese el único lugar en el que pudiera resguardarse. Por un momento parecía sentirse en paz con el mundo y consigo misma, en completa paz...algo que le habría asustado de no haber estado completamente subjetivizada por el abrazo, por el momento. Escuchó como su la voz del chico susurraba su nombre, y separó entonces la cabeza de su pecho para mirarle con una enorme sonrisa..."¿Has visto sus caras?" Quería preguntarle, victoriosa.
Pero él no tenía buena cara.
Balbuceó un par de palabras más y de repente se desplomó en los brazos de Seëlia. El hecho de que midiese bastante más que ello hizo que la propia chica se desestabilizara. Ambos acabaron en el suelo, aunque Seëlia dejó al chico tumbado sobre uno de sus costados con sumo cuidado. — ¿Corvinus?¿Corvinus?. — No paraba de preguntar, mientras zarandeaba al chico con nerviosismo. — Ay, lo he matado. — Murumuró, aunque sabía que tenía pulso, lo había comprobado segundos antes de zarandearle. — Corvinus, vuelve, por favor.. — Insistía, pero Corvinus no volvía.
En ese momento llegó la profesora de Herbología, algo que la chica agradeció internamente. Le explicó brevemente o que le había pasado al pelirrojo (la escena entera era demasiado larga de contar y Seëlia sentía mucha urgencia dentro de ella en aquellos momentos). Con un rápido movimiento de varita, la profesora hizo que Corvinus levitara del suelo con suavidad, en la posición que la Ravenclaw lo había dejado previamente.
Siguió a la profesora hasta la enfermería, donde esperó a que lo dejasen reposando para acercar una silla al lado de su cama. No pensaba moverse hasta que el pelirrojo despertara. Además, alguien tenia que asegurarse que los cobardes de sus compañeros no lo buscaban para atacarlo cuando no pudiera defenderse. Se sentó, cruzando piernas y brazos al mismo y con la varita agarrada en una mano, aunque bajada hacia abajo, en guardia. Pero, hasta que el chico despertó, pasó cerca de hora y media...y Seëlia tuvo demasiado tiempo.
Lo primero que sucedió fue que la adrenalina se acabó esfumando de su organismo. Sintió de repente una enorme cansancio y un incipiente dolor por encima del oído izquierdo que, temía, iba a acabar convirtiéndose en una tremenda jaqueca. Luego, el torbellino de recuerdos recientes comenzó a atacar su organismo como si de un virus se tratase. Sabía que no podría entender nada hasta que el pelirrojo no se lo explicara, pero sí que había una cosa que le había llegado con certeza. Corvinus ya no era un rival. Ni aburrido, ni estirado. Y mucho menos un blanco de burlas. No sabía si quera si existía alguna etiqueta para el lugar en el que se estaba posicionando, pero todas aquellas se esfumaron como si jamás hubiesen existido.
Hora y media después, el chico comenzó a moverse, y a abrir los ojos. Las clases no tenían importancia para la chica en aquellos momentos, más tarde Gennea le pasaría los apuntes correspondientes. Seëlia esperó unos largos segundos, observando cada movimiento que Corvinus hacía, hasta que se decidió a hablar. — Buenos días. — Comentó, burlona, aunque aquél tono se asemejaba mas a una especie de código secreto interno entre los dos que a una burla directa hacia el chico. — Tienes mucho que explicarme. — Tal vez sonó con demasiada amabilidad, o eso advirtió ella. Ya no hablaba con aquellas maneras dictatoriales, como si de órdenes se tratara, como las primeras veces que irrumpió en la tranquilidad del Slytherin para reclamar comentarios personales. Ahora era dulce, cercana, preocupada.
Pero él no tenía buena cara.
Balbuceó un par de palabras más y de repente se desplomó en los brazos de Seëlia. El hecho de que midiese bastante más que ello hizo que la propia chica se desestabilizara. Ambos acabaron en el suelo, aunque Seëlia dejó al chico tumbado sobre uno de sus costados con sumo cuidado. — ¿Corvinus?¿Corvinus?. — No paraba de preguntar, mientras zarandeaba al chico con nerviosismo. — Ay, lo he matado. — Murumuró, aunque sabía que tenía pulso, lo había comprobado segundos antes de zarandearle. — Corvinus, vuelve, por favor.. — Insistía, pero Corvinus no volvía.
En ese momento llegó la profesora de Herbología, algo que la chica agradeció internamente. Le explicó brevemente o que le había pasado al pelirrojo (la escena entera era demasiado larga de contar y Seëlia sentía mucha urgencia dentro de ella en aquellos momentos). Con un rápido movimiento de varita, la profesora hizo que Corvinus levitara del suelo con suavidad, en la posición que la Ravenclaw lo había dejado previamente.
Siguió a la profesora hasta la enfermería, donde esperó a que lo dejasen reposando para acercar una silla al lado de su cama. No pensaba moverse hasta que el pelirrojo despertara. Además, alguien tenia que asegurarse que los cobardes de sus compañeros no lo buscaban para atacarlo cuando no pudiera defenderse. Se sentó, cruzando piernas y brazos al mismo y con la varita agarrada en una mano, aunque bajada hacia abajo, en guardia. Pero, hasta que el chico despertó, pasó cerca de hora y media...y Seëlia tuvo demasiado tiempo.
Lo primero que sucedió fue que la adrenalina se acabó esfumando de su organismo. Sintió de repente una enorme cansancio y un incipiente dolor por encima del oído izquierdo que, temía, iba a acabar convirtiéndose en una tremenda jaqueca. Luego, el torbellino de recuerdos recientes comenzó a atacar su organismo como si de un virus se tratase. Sabía que no podría entender nada hasta que el pelirrojo no se lo explicara, pero sí que había una cosa que le había llegado con certeza. Corvinus ya no era un rival. Ni aburrido, ni estirado. Y mucho menos un blanco de burlas. No sabía si quera si existía alguna etiqueta para el lugar en el que se estaba posicionando, pero todas aquellas se esfumaron como si jamás hubiesen existido.
Hora y media después, el chico comenzó a moverse, y a abrir los ojos. Las clases no tenían importancia para la chica en aquellos momentos, más tarde Gennea le pasaría los apuntes correspondientes. Seëlia esperó unos largos segundos, observando cada movimiento que Corvinus hacía, hasta que se decidió a hablar. — Buenos días. — Comentó, burlona, aunque aquél tono se asemejaba mas a una especie de código secreto interno entre los dos que a una burla directa hacia el chico. — Tienes mucho que explicarme. — Tal vez sonó con demasiada amabilidad, o eso advirtió ella. Ya no hablaba con aquellas maneras dictatoriales, como si de órdenes se tratara, como las primeras veces que irrumpió en la tranquilidad del Slytherin para reclamar comentarios personales. Ahora era dulce, cercana, preocupada.
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Re: — Water and oil.
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No eran muchas las veces que le había pasado aquello. Desplomarse en redondo y desaparecer un rato. Pero las veces que le pasaba siempre iba a un lugar más tranquilo que en el que se suponía que estaba. Era como una enorme sala blanca, carente de todo. No había puertas, ni ventanas, ni espacio. Absolutamente nada. Y eso le calmaba. Se sentaba allí en el suelo y tarareaba en silencio hasta que era hora de volver. Pero en ese tiempo ,que a veces eran un par de horas y otras simples minutos, se envolvía en una calma total que le permitía volver a donde quiera que fuera, mucho más relajado.
Parpadeó pesadamente y abrió los ojos, despidiéndose de su sala blanca. La luz de la mañana se filtraba por las ventanas de la enfermería y se adhería a las sábanas y a los blancos biombos, creando un ambiente cálido. Tardó varios segundos en habituarse a la luz y a que su borrosa visión se centrase. Cuando lo hizo y miró a su alrededor, deteniéndose al llegar a la silla que estaba a su lado y, lo más importe, sorprendido al ver quien estaba en ella. -¿Qué...?- balbuceó por un segundo sin comprender qué hacían ambos ahí. Se incorporó en la cama, llevándose una mano al puente de la nariz y presionando para que ese molesto dolor desapareciera. -Vale ya... me hago una idea de qué hacemos aquí.. - comentó apoyándose contra la almohada, ya más correctamente sentado. Esbozó una sonrisa, a la que siguió una pequeña carcajada, negando con la cabeza.
-Dime que no me desplomé en medio de un corro de gente, por favor... - comentó ligeramente avergonzado. Quería esconder la cabeza entre las sábanas, cual avestruz. Por suerte solo estaban ellos dos en la enfermería, todas las otras camas estaban vacías. Parece que como aún no había comenzado la temporada de Quidditch, no había contusiones ni fracturas que curar. -Yo... debería haberte dicho que..- carraspeó ligeramente, sopesando cómo decir aquello. No era alguien que supiera mucha gente, de hecho solo lo sabía su familia. Nunca había tenido la necesidad de decírselo a nadie más -...digamos que sufro una ligera... fobia al contacto.- le costó más de lo que esperaba soltar aquellas palabras. No estaba acostumbrado a hablar de él, pero con Seëlia empezaba a hacerse algo más común. Se rascó la nuca tras soltar aquella bomba y la miró de reojo, esperando que dijera algo. Pero tal y como había pedido, había unas cuantas cosas que tenía que contarle. -Les escuché en la sala común... llevaban un par de días planeando devolverte todas las pullas y.. Bueno.. - encogió los hombros unos segundos. -Le pregunté a uno de los de tercero y me contó todo lo que pensaban hacerte... Quería decírtelo en el Gran Comedor pero no me dio tiempo... y para cuando quise alcanzarte ya estabas en el segundo piso... - torció los labios hacia un costado, algo picado. -No quería que acabase en una encerrona en el baño... perdona. - apartó la mirada unos segundos, fijándola en sus manos que se comenzaron a remover inquietas sobre la sabana.
Parpadeó pesadamente y abrió los ojos, despidiéndose de su sala blanca. La luz de la mañana se filtraba por las ventanas de la enfermería y se adhería a las sábanas y a los blancos biombos, creando un ambiente cálido. Tardó varios segundos en habituarse a la luz y a que su borrosa visión se centrase. Cuando lo hizo y miró a su alrededor, deteniéndose al llegar a la silla que estaba a su lado y, lo más importe, sorprendido al ver quien estaba en ella. -¿Qué...?- balbuceó por un segundo sin comprender qué hacían ambos ahí. Se incorporó en la cama, llevándose una mano al puente de la nariz y presionando para que ese molesto dolor desapareciera. -Vale ya... me hago una idea de qué hacemos aquí.. - comentó apoyándose contra la almohada, ya más correctamente sentado. Esbozó una sonrisa, a la que siguió una pequeña carcajada, negando con la cabeza.
-Dime que no me desplomé en medio de un corro de gente, por favor... - comentó ligeramente avergonzado. Quería esconder la cabeza entre las sábanas, cual avestruz. Por suerte solo estaban ellos dos en la enfermería, todas las otras camas estaban vacías. Parece que como aún no había comenzado la temporada de Quidditch, no había contusiones ni fracturas que curar. -Yo... debería haberte dicho que..- carraspeó ligeramente, sopesando cómo decir aquello. No era alguien que supiera mucha gente, de hecho solo lo sabía su familia. Nunca había tenido la necesidad de decírselo a nadie más -...digamos que sufro una ligera... fobia al contacto.- le costó más de lo que esperaba soltar aquellas palabras. No estaba acostumbrado a hablar de él, pero con Seëlia empezaba a hacerse algo más común. Se rascó la nuca tras soltar aquella bomba y la miró de reojo, esperando que dijera algo. Pero tal y como había pedido, había unas cuantas cosas que tenía que contarle. -Les escuché en la sala común... llevaban un par de días planeando devolverte todas las pullas y.. Bueno.. - encogió los hombros unos segundos. -Le pregunté a uno de los de tercero y me contó todo lo que pensaban hacerte... Quería decírtelo en el Gran Comedor pero no me dio tiempo... y para cuando quise alcanzarte ya estabas en el segundo piso... - torció los labios hacia un costado, algo picado. -No quería que acabase en una encerrona en el baño... perdona. - apartó la mirada unos segundos, fijándola en sus manos que se comenzaron a remover inquietas sobre la sabana.
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Re: — Water and oil.
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Despertó confuso, algo que no le extrañó a Seëlia teniendo en cuenta que se había quedado como un peso muerto entre sus brazos, hacía ya un rato. Pero la chica volvió a entusiasmarse repentinamente. Había tenido demasiado tiempo para enfriarse y ya era hora de reactivarse de nuevo. Además se alegraba de que Corvinus volviera a la vida. Ahora no perdía detalle alguno de él, no pensaba quitarle los ojos de encima, al menos no en los próximos minutos. — Por supuesto que te desplomaste, aunque la mayoría de alumnos se habían dispersado, pero aún te vio un grupo de los mismos. — Aquello sí que tenía que responderlo. — La profesora de herbología nos encontró y te trajo hasta aquí. — Comentó asintiendo con la cabeza. Pero entonces aprovechó para sacar un coletero de su muñeca y hacerse un moño multicolor.
No se esperaba aquella respuesta, aunque era una explicación lógica al último acontecimiento de todos. Pero ella tenía tanto que oír...o eso esperaba convencida. Así que en un primer momento, no dijo nada, guardándose las palabras "Fobia al contacto" en lo más profundo de su mente. En cuanto tuviese un rato libre aprovecharía para ir a la biblioteca, aunque dudaba que allí encontrase información sobre ello. Pero cuando pasara las navidades en casa de sus padres, en el Londres muggle, la búsqueda por internet acerca de todo lo que pudiese aprender sobre esa fobia sería inminente.
Y entonces, él contó la historia de cómo se había enterado que sus compañeros de casa buscaban dulce venganza y de cómo él había tratado de avisar de alguna manera. Se llevó una mano a la barbilla, pensativa, notando como el torbellino de acontecimientos, que aún seguían frescos, vivos, recién estrenados, la invadían por completo.
— Pero se ha convertido en eso. Y tú te has enfrentado a ellos. A ellos. — Repitió. Y es que todavía no se lo podría acabar de creer. Le brillaban los ojos como si estuviese observando las mismísimas llamas de una hoguera. — ¿Has visto sus caras?¡Ha sido grandioso!. — Alzó los brazos hacia arriba. Quería volver a abrazar al pelirrojo, pero las palabras Fobia al Contacto aparecieron en su mente antes de que pudiese realizar cualquier movimiento para acercarse al muchacho. — Y además, hemos dejado al público asombrado y maravillado a partes iguales. — Y a pesar de la alegría, había varias cosas que Seëlia aún no era capaz de entender.
— ¿Por qué no elegiste su bando? — Por qué protegerla a ella, cuando hasta hace unos días no era más que otra sangre sucia que no merecía pisar Hogwarts. — ¿Y qué demonios es eso de Fobia al Contacto? — A pesar de que pensaba hacer su búsqueda personal, diciembre aún se le antojaba bastante lejos.
No se esperaba aquella respuesta, aunque era una explicación lógica al último acontecimiento de todos. Pero ella tenía tanto que oír...o eso esperaba convencida. Así que en un primer momento, no dijo nada, guardándose las palabras "Fobia al contacto" en lo más profundo de su mente. En cuanto tuviese un rato libre aprovecharía para ir a la biblioteca, aunque dudaba que allí encontrase información sobre ello. Pero cuando pasara las navidades en casa de sus padres, en el Londres muggle, la búsqueda por internet acerca de todo lo que pudiese aprender sobre esa fobia sería inminente.
Y entonces, él contó la historia de cómo se había enterado que sus compañeros de casa buscaban dulce venganza y de cómo él había tratado de avisar de alguna manera. Se llevó una mano a la barbilla, pensativa, notando como el torbellino de acontecimientos, que aún seguían frescos, vivos, recién estrenados, la invadían por completo.
— Pero se ha convertido en eso. Y tú te has enfrentado a ellos. A ellos. — Repitió. Y es que todavía no se lo podría acabar de creer. Le brillaban los ojos como si estuviese observando las mismísimas llamas de una hoguera. — ¿Has visto sus caras?¡Ha sido grandioso!. — Alzó los brazos hacia arriba. Quería volver a abrazar al pelirrojo, pero las palabras Fobia al Contacto aparecieron en su mente antes de que pudiese realizar cualquier movimiento para acercarse al muchacho. — Y además, hemos dejado al público asombrado y maravillado a partes iguales. — Y a pesar de la alegría, había varias cosas que Seëlia aún no era capaz de entender.
— ¿Por qué no elegiste su bando? — Por qué protegerla a ella, cuando hasta hace unos días no era más que otra sangre sucia que no merecía pisar Hogwarts. — ¿Y qué demonios es eso de Fobia al Contacto? — A pesar de que pensaba hacer su búsqueda personal, diciembre aún se le antojaba bastante lejos.
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Re: — Water and oil.
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De nuevo se alegraba de oír aquella voz. Era extraño la sensación de calma y tranquilidad que le transmitía, aunque eso había empezado a ocurrir hace relativamente poco. Hace tan solo doce días era una voz molesta y estresante, tanto o más como el zumbido de un mosquito cojonero. Pero ahora se le antojaba más como lo contrario.
-Genial.. ahora voy a ser el bufón del colegio.. -resopló, aunque no de mal humor. De hecho lo dijo casi con una sonrisa extraña.-Bueno.. qué mas da. No tengo ningún giratiempo para volver atrás y evitarlo así que tendré que vivir con ello... - ladeó la cabeza y le dedicó una sonrisa, volviendo a acomodarse en la cama, cruzando las piernas a lo indio.
Casi le sentó mal una de sus últimas preguntas. ¿De verdad le estaba preguntando porqué no se unió a ellos..?
Frunció el entrecejo y apretó los labios, volviendo a enredar los dedos con la sábana. -¿De verdad creías que iba a unirme a ellos? Siento decepcionarte pero no me va eso de atacar a las chicas... ni las pelas desiguales... Además no tengo motivos para atacarte... -encogió los hombros para luego dejarlos caer con pesadez. -Te lo dije.. me gusta hablar contigo.. me caes bien... - quizá eso último no se lo hubiera dicho, pero sí le había dicho que le gustaba hablar con ella. Pero ya puestos... -No tengo nada en contra tuyo, Seëlia... - se llevó una mano a la corbata para anudársela mejor cuando se dio cuenta que no la llevaba. Se removió, inquieto, buscándola hasta dar con ella. Estaba enrollada en la mesilla como una serpiente verde y plateada. La agarró y se la anudó al cuello con precisión, aunque dejándola algo suelta.
-La.. fobia al contacto es justamente eso... miedo a ser.. tocado.- Levantó la mirada en busca de aquellos ojos azules y descolgó las piernas por el borde de la cama, sentándose allí, con los pies desnudos colgando. -No sé porqué o.. bueno, puede ser por varias cosas... Era pequeño cuando me lo detectaron en San Mungo. Me pongo muy nervioso y.. empiezo a sufrir un ataque de ansiedad... Y si no lo soporto.. mi mente se va de paseo..- ladeó los labios en una sonrisa extraña. -Me cuesta bastante soportar que mi hermana de de un abrazo y tú... - se rascó la nuca, algo azorado de repente. -Hay momentos en los que por tensión o por cualquier otra razón que no entiendo, no me da tan fuerte.. Como cuando estábamos encerrados en el lavabo. Supongo que por el miedo del momento.. - tragó saliva nerviosamente ante el recuerdo de ella tan pegada a su cuerpo. Por un momento, esa sensación no fue de pánico, sino más bien.. agradable. -Pero básicamente es eso...- se estiró hasta que sus pies tocaron el suelo y rebuscó los zapatos bajo la cama, calzándoselos. -No quiero quedarme en la enfermería por un ataque de nervios.. - agarró la túnica y se la echó por los hombros, señalando la puerta con la cabeza. -¿Te vienes a las cocinas? Me muero por comer algo..- le dedicó una sonrisa de lo más amable, de esas que no había soltado en muchísimo tiempo.
-Genial.. ahora voy a ser el bufón del colegio.. -resopló, aunque no de mal humor. De hecho lo dijo casi con una sonrisa extraña.-Bueno.. qué mas da. No tengo ningún giratiempo para volver atrás y evitarlo así que tendré que vivir con ello... - ladeó la cabeza y le dedicó una sonrisa, volviendo a acomodarse en la cama, cruzando las piernas a lo indio.
Casi le sentó mal una de sus últimas preguntas. ¿De verdad le estaba preguntando porqué no se unió a ellos..?
Frunció el entrecejo y apretó los labios, volviendo a enredar los dedos con la sábana. -¿De verdad creías que iba a unirme a ellos? Siento decepcionarte pero no me va eso de atacar a las chicas... ni las pelas desiguales... Además no tengo motivos para atacarte... -encogió los hombros para luego dejarlos caer con pesadez. -Te lo dije.. me gusta hablar contigo.. me caes bien... - quizá eso último no se lo hubiera dicho, pero sí le había dicho que le gustaba hablar con ella. Pero ya puestos... -No tengo nada en contra tuyo, Seëlia... - se llevó una mano a la corbata para anudársela mejor cuando se dio cuenta que no la llevaba. Se removió, inquieto, buscándola hasta dar con ella. Estaba enrollada en la mesilla como una serpiente verde y plateada. La agarró y se la anudó al cuello con precisión, aunque dejándola algo suelta.
-La.. fobia al contacto es justamente eso... miedo a ser.. tocado.- Levantó la mirada en busca de aquellos ojos azules y descolgó las piernas por el borde de la cama, sentándose allí, con los pies desnudos colgando. -No sé porqué o.. bueno, puede ser por varias cosas... Era pequeño cuando me lo detectaron en San Mungo. Me pongo muy nervioso y.. empiezo a sufrir un ataque de ansiedad... Y si no lo soporto.. mi mente se va de paseo..- ladeó los labios en una sonrisa extraña. -Me cuesta bastante soportar que mi hermana de de un abrazo y tú... - se rascó la nuca, algo azorado de repente. -Hay momentos en los que por tensión o por cualquier otra razón que no entiendo, no me da tan fuerte.. Como cuando estábamos encerrados en el lavabo. Supongo que por el miedo del momento.. - tragó saliva nerviosamente ante el recuerdo de ella tan pegada a su cuerpo. Por un momento, esa sensación no fue de pánico, sino más bien.. agradable. -Pero básicamente es eso...- se estiró hasta que sus pies tocaron el suelo y rebuscó los zapatos bajo la cama, calzándoselos. -No quiero quedarme en la enfermería por un ataque de nervios.. - agarró la túnica y se la echó por los hombros, señalando la puerta con la cabeza. -¿Te vienes a las cocinas? Me muero por comer algo..- le dedicó una sonrisa de lo más amable, de esas que no había soltado en muchísimo tiempo.
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Re: — Water and oil.
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Aquellas palabras le dieron a llevarse cuenta de algo. Si él acababa siendo el bufón del colegio, era porque se iba a hablar. ¡Claro que se iba a hablar! ¿Por qué no había caído en ello antes? No es que a Seëlia le importara mucho que fueran hablando de ella a sus espaldas, pero tenía curiosidad por conocer la versión de la historia de los que habían sido meros espectadores. También la visión de los otros chicos de Slytherin, que seguramente la propagarían con veneno para Rosier (Seëlia llevaba un antídoto natura anti serpientes, aunque ahora no estaba tan segura de que fuese infalible...al menos no en todos los aspectos) y con el desprecio de siempre hacia ella. En el fondo...el más afectado de la situación iba a ser el pelirrojo, incluido desmayo y todo. Para ser tan sólo el inicio de curso, este estaba siendo realmente interesante. — El bufón, no sé. Sinceramente creo que va a haber muchas teorías al respecto. Me encantaría escucharlas todas. — Pensar en aquello simplemente la divertía. Estaba segura de que nadie, absolutamente nadie, podría acercarse a la verdad.
Notó la molestia en su voz, y tragó saliva, no quería que la malinterpretara, ya no. — ¡No! Quiero decir..."Es lo que deberías hacer" — Se aseguró de entrecomillar claramente con sus dedos al mismo tiempo que decía aquellas palabras. Pero luego, una enorme sonrisa se instauró en sus labios. — Pero me alegro mucho de que no hayas hecho "lo que debías" — Otra vez aquél gesto, aunque esta vez menos exagerado, estaba segura de alguna manera de que Corvinus sabía a qué se estaba refiriendo...o al menos eso esperaba. Haberle escuchado decir que le caía bien era extraño y a la vez agradable.
Rodó los ojos ante aquella explicación sobre la fobia. Luego alzó una ceja. Una explicación un tanto extraña que no saciaba las incógnitas de Seëlia. Pero no iba a insistir, ya lo miraría ella por su cuenta. — ¿Por varias cosas? Suena a trauma gordo. — Se dio cuenta al instante de haber dicho aquello de que podía parecer un poco duro, pero de nuevo iba sin la intención de burlarse. Sólo se expresaba tal cual le venían las palabras, como estaba acostumbrada a hacer. A lo mejor no era apta para oídos extremadamente sensibles, por eso su pelo había estado a punto de sufrir las consecuencias. ¿Por qué si no? Desde luego había sido su lengua la que los había puesto en aquella situación. Una situación curiosa vista desde aquél momento. Lo más importante no era lo que había pasado.
Sino lo que iba a pasar a partir de ahora.
— ¡Sí! Después del bajón de adrenalina voy a necesitar más café. — Despegó el trasero de la silla de un salto, y se estiró como un gato como estaba acostumbrada a hacer cada vez que se levantaba, pues sabía que era bueno para las articulaciones. Se puso a caminar en cuanto el chico lo hizo, provocando que casi se cruzara por su camino, pero echó atrás de un salto. — ¡Ups! Ahora me da miedo acercarme a ti. — Bromeó, aunque el susto que había pasado antes en el baño, mientras sostenía el cuerpo inerte de Corvinus había sido muy real.
Cuando llegaron a las cocinas, aún quedaban algunos elfos domésticos que habían rehusado de ser liberados, pero que igualmente recibían un sueldo para no violar las leyes establecidas por Hermione Granger unos años atrás. Unas leyes que, aunque Seëlia no lo sabía, peligraban. Saludó amablemente a los elfos mientras buscaba el café. — Corvinus ¿Cuál es tu comida favorita?. — Preguntó al mismo tiempo que daba con una cafetera repleta que olía a café recién hecho. Echó el líquido en una taza que encontró justo al lado.
Notó la molestia en su voz, y tragó saliva, no quería que la malinterpretara, ya no. — ¡No! Quiero decir..."Es lo que deberías hacer" — Se aseguró de entrecomillar claramente con sus dedos al mismo tiempo que decía aquellas palabras. Pero luego, una enorme sonrisa se instauró en sus labios. — Pero me alegro mucho de que no hayas hecho "lo que debías" — Otra vez aquél gesto, aunque esta vez menos exagerado, estaba segura de alguna manera de que Corvinus sabía a qué se estaba refiriendo...o al menos eso esperaba. Haberle escuchado decir que le caía bien era extraño y a la vez agradable.
Rodó los ojos ante aquella explicación sobre la fobia. Luego alzó una ceja. Una explicación un tanto extraña que no saciaba las incógnitas de Seëlia. Pero no iba a insistir, ya lo miraría ella por su cuenta. — ¿Por varias cosas? Suena a trauma gordo. — Se dio cuenta al instante de haber dicho aquello de que podía parecer un poco duro, pero de nuevo iba sin la intención de burlarse. Sólo se expresaba tal cual le venían las palabras, como estaba acostumbrada a hacer. A lo mejor no era apta para oídos extremadamente sensibles, por eso su pelo había estado a punto de sufrir las consecuencias. ¿Por qué si no? Desde luego había sido su lengua la que los había puesto en aquella situación. Una situación curiosa vista desde aquél momento. Lo más importante no era lo que había pasado.
Sino lo que iba a pasar a partir de ahora.
— ¡Sí! Después del bajón de adrenalina voy a necesitar más café. — Despegó el trasero de la silla de un salto, y se estiró como un gato como estaba acostumbrada a hacer cada vez que se levantaba, pues sabía que era bueno para las articulaciones. Se puso a caminar en cuanto el chico lo hizo, provocando que casi se cruzara por su camino, pero echó atrás de un salto. — ¡Ups! Ahora me da miedo acercarme a ti. — Bromeó, aunque el susto que había pasado antes en el baño, mientras sostenía el cuerpo inerte de Corvinus había sido muy real.
Cuando llegaron a las cocinas, aún quedaban algunos elfos domésticos que habían rehusado de ser liberados, pero que igualmente recibían un sueldo para no violar las leyes establecidas por Hermione Granger unos años atrás. Unas leyes que, aunque Seëlia no lo sabía, peligraban. Saludó amablemente a los elfos mientras buscaba el café. — Corvinus ¿Cuál es tu comida favorita?. — Preguntó al mismo tiempo que daba con una cafetera repleta que olía a café recién hecho. Echó el líquido en una taza que encontró justo al lado.
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-Lo que debía hacer... Lo que debería hacer... - bufó mientras se ataba los cordones con parsimonia -ahora mismo se tambalea todo, Seëlia... Si te soy sincero empiezo a dudar de absolutamente todo. Lo que debería hacer no es lo que quiero hacer.. Y lo que quiero hacer se supone que es lo que no debería hacer.... - se volvió a incorporar, agarrando su bandolera y echó a caminar junto a ella, despidiéndose de la enfermera con una mano. Pero de repente, la chica del pelo multicolor saltó hacia atrás alegando que le daba miedo acercarse. -Creía que quien tenía fobia al contacto era yo, no tú.. - bromeó tratando de quitarle hierro al asunto. -No me voy a volver a desmayar porque te cruces delante o me des un golpe en el hombro... Es más cuando... me veo rodeado y sin salida. Sin una vía de escape... - le explicó conforme iban bajando las escaleras. Pero había algo extraño en todo aquello, y era el hecho de que, encerrados entre aquellas paredes de madera, le había abrazado contra sí mismo, sin sentir ni un ápice de ese terror invadirle el cuerpo. Es más, extrañamente disfrutó del tacto de la piel que alcanzó a rozar. Era agradable, suave... y cálida. Pero pensar ahora mismo en volver a tenerla contra sí hacía que su ritmo cardíaco se acelerase.
No era muy normal que los alumnos se colasen en las cocinas, pero ya lo había hecho con anterioridad, cuando no había querido ir al Gran Comedor a comer o cuando llegaba tarde a desayunar. Los elfos siempre atendían a todos con una devoción y servidumbre increíble, demasiado exagerada y Corvinus no se sentía del todo cómodo con ello. Dejó la bandolera colgada de una silla y se sacó la túnica mientras contemplaba la silueta de Seëlia caminar (casi deslizarse, como si de un baile se tratase) por la cocina hasta una máquina de café.
Sonrió, deleitándose en silencio y por unos pequeños instantes en esos pasos, en esos movimientos que daba, haciendo que los mechones de su moño bailoteasen descaradamente. -¿Mi comida favorita...? - alzó una ceja, caminando también por la cocina, entre las mesas de madera que los elfos tenían dispuestas como en el Gran Comedor. Había platos con carne, pasta, empanadas... No se podía tocar nada de eso, aquello era para la comida, pero sí podía pedirle algo a los elfos. -Pues... me gusta la pasta. Sobre todo la pasta a la carbonara... - Se agachó ante una de las elfinas que parecía seguirlo como un perro faldero y le sonrió levemente, pidiéndole si le podía dar algo dulce, pues era lo que necesitaba para reponer las fuerzas en aquel momento. Y lo mejor para reponer azúcares era el chocolate, y eso hasta los elfos lo sabían. La elfina asintió y correteó hasta uno de los armarios y Corvinus volvió a estirarse, girándose hacia Seëlia.
-Tanto café... Ahora entiendo porque eres un remolino imparable...- se acercó a ella, con las manos en los bolsillos y se paró a un metro de ella. -Pero... el bizcocho de manzana. Me encantan las manzanas. - sonrió ampliamente, encogiéndose de hombros. -Cuando hay manzanas de por medio, todo es mejor... - alguien tiró de su camisa y dio un respingo para luego bajar la mirada. La elfina le ofrecía un platillo con dos coulants humeantes, espolvoreados con nata. -Muchas gracias...- cogió el plato con una sonrisa y volvió a girarse hacia Seëlia. -¿Quieres uno para acompañar el café?
No era muy normal que los alumnos se colasen en las cocinas, pero ya lo había hecho con anterioridad, cuando no había querido ir al Gran Comedor a comer o cuando llegaba tarde a desayunar. Los elfos siempre atendían a todos con una devoción y servidumbre increíble, demasiado exagerada y Corvinus no se sentía del todo cómodo con ello. Dejó la bandolera colgada de una silla y se sacó la túnica mientras contemplaba la silueta de Seëlia caminar (casi deslizarse, como si de un baile se tratase) por la cocina hasta una máquina de café.
Sonrió, deleitándose en silencio y por unos pequeños instantes en esos pasos, en esos movimientos que daba, haciendo que los mechones de su moño bailoteasen descaradamente. -¿Mi comida favorita...? - alzó una ceja, caminando también por la cocina, entre las mesas de madera que los elfos tenían dispuestas como en el Gran Comedor. Había platos con carne, pasta, empanadas... No se podía tocar nada de eso, aquello era para la comida, pero sí podía pedirle algo a los elfos. -Pues... me gusta la pasta. Sobre todo la pasta a la carbonara... - Se agachó ante una de las elfinas que parecía seguirlo como un perro faldero y le sonrió levemente, pidiéndole si le podía dar algo dulce, pues era lo que necesitaba para reponer las fuerzas en aquel momento. Y lo mejor para reponer azúcares era el chocolate, y eso hasta los elfos lo sabían. La elfina asintió y correteó hasta uno de los armarios y Corvinus volvió a estirarse, girándose hacia Seëlia.
-Tanto café... Ahora entiendo porque eres un remolino imparable...- se acercó a ella, con las manos en los bolsillos y se paró a un metro de ella. -Pero... el bizcocho de manzana. Me encantan las manzanas. - sonrió ampliamente, encogiéndose de hombros. -Cuando hay manzanas de por medio, todo es mejor... - alguien tiró de su camisa y dio un respingo para luego bajar la mirada. La elfina le ofrecía un platillo con dos coulants humeantes, espolvoreados con nata. -Muchas gracias...- cogió el plato con una sonrisa y volvió a girarse hacia Seëlia. -¿Quieres uno para acompañar el café?
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Eso. Eso era exactamente lo que ella quiso oír de alguien desde que empezó a meterse con los Slytherin. Se había encontrado, a su parecer, con el más valiente de todos. El que era capaz de ir más allá y comenzar a pensar en lo que realmente quería en vez de limitarse a quedarse con lo que le habían contado su vida, sin darse si quiera la oportunidad de contrastar dicha información. Tan incapaces de abrir los ojos, de abrir la mente. Y Corvinus no era como ninguna de ellos. No estaba cegado por la vanidad de la posición. No hacía falta ya, ni que lo dijera, pues claramente lo había demostrado.
Y sólo le había costado seis años, vaya.
Seëlia asintió con la cabeza tras aquella revelación. Aquello sí que era un dato algo más relevante sobre su extraño pánico. Al parecer a lo que tenia pánico realmente era a no controlar el tacto como tal, pensó la chica. O alguna manera enrevesada de necesitar aire. Sintió de alguna manera que el chico siempre había tenido la necesidad de protegerse de su entorno y que aquella fobia le había salido de manera natural como escudo protector, como remedio hacia aquél exterior que, ahora la chica podía pensar claramente, nunca le llegó a gustar. Una manera extraña de escapar a una realidad de la que no le ves salida. Una manera de controlar alguna parte de tu vida cuando esta misma se encuentra escrita por tinta imborrable incluso desde antes de que tú, o de que tus progenitores nacieran. El reverso de unos días que en vez de extinguirse han sobrevivido a costa de ir doblegando almas jóvenes. Pero él había dicho que no. Y Seëlia no podía estar más maravillada.
Apartó aquél pensamiento rápidamente. No quería ahondar en lo que podía significar aquello.
Llenó la taza hasta la mitad, luego buscó la leche. — Mh, la pasta es especialmente buena si te la comes en Italia...por supuesto. — comentó, recordando los viajes de verano con sus padres a distintas partes del mundo. Concretamente a distintas partes de Italia, de donde echaba de menos las pizzas ante todo, cabía decir. Negó con la cabeza. — Ah, no. El café me ayuda a mantener los ojos abiertos. Pero la energía viene de dentro, siempre de dentro. — Se llevó una mano al pecho con orgullo durante un par de segundos, mientras observaba como se acercaba a ella. Alzó una ceja ante aquél comentario, pero luego relajó el rostro. — ¡Sí! Gracias...y gracias por lo de antes. Creo que no te las he dado bien...si es que basta sólo con decirlo. — Esta vez se alzaron ambas cejas, la verdad es que no lo tenía muy claro. Cogió uno de los coulants, dispuesta a meterlo en el café. — ¿Qué manzanas? Las rojas, verdes, ¿más dulces, o ácidas?. — Preguntó antes de morder el coulant mojado en café con leche. Aquella sería el azúcar que lo acompañaría.
Y sólo le había costado seis años, vaya.
Seëlia asintió con la cabeza tras aquella revelación. Aquello sí que era un dato algo más relevante sobre su extraño pánico. Al parecer a lo que tenia pánico realmente era a no controlar el tacto como tal, pensó la chica. O alguna manera enrevesada de necesitar aire. Sintió de alguna manera que el chico siempre había tenido la necesidad de protegerse de su entorno y que aquella fobia le había salido de manera natural como escudo protector, como remedio hacia aquél exterior que, ahora la chica podía pensar claramente, nunca le llegó a gustar. Una manera extraña de escapar a una realidad de la que no le ves salida. Una manera de controlar alguna parte de tu vida cuando esta misma se encuentra escrita por tinta imborrable incluso desde antes de que tú, o de que tus progenitores nacieran. El reverso de unos días que en vez de extinguirse han sobrevivido a costa de ir doblegando almas jóvenes. Pero él había dicho que no. Y Seëlia no podía estar más maravillada.
Apartó aquél pensamiento rápidamente. No quería ahondar en lo que podía significar aquello.
Llenó la taza hasta la mitad, luego buscó la leche. — Mh, la pasta es especialmente buena si te la comes en Italia...por supuesto. — comentó, recordando los viajes de verano con sus padres a distintas partes del mundo. Concretamente a distintas partes de Italia, de donde echaba de menos las pizzas ante todo, cabía decir. Negó con la cabeza. — Ah, no. El café me ayuda a mantener los ojos abiertos. Pero la energía viene de dentro, siempre de dentro. — Se llevó una mano al pecho con orgullo durante un par de segundos, mientras observaba como se acercaba a ella. Alzó una ceja ante aquél comentario, pero luego relajó el rostro. — ¡Sí! Gracias...y gracias por lo de antes. Creo que no te las he dado bien...si es que basta sólo con decirlo. — Esta vez se alzaron ambas cejas, la verdad es que no lo tenía muy claro. Cogió uno de los coulants, dispuesta a meterlo en el café. — ¿Qué manzanas? Las rojas, verdes, ¿más dulces, o ácidas?. — Preguntó antes de morder el coulant mojado en café con leche. Aquella sería el azúcar que lo acompañaría.
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Se movió hasta una de las mesas de madera que estaban pegadas a la pared. Estaban allí para aquellos que no habían comido en el Gran Comedor y que tuvieran un sitio donde sentarse a comer. -Si te soy sincero nunca he ido a Italia... De hecho no he salido de Gran Bretaña.. - comentó tomando asiento y partiendo el coulant con un tenedor que había cogido de la otra mesa. El chocolate se derramó por el plato como una cascada y untó un pedazo de ese bizcocho caliente para luego llevárselo a la boca. De repente le vino a la mente un mundial de Quidditch ya sucedido hace tiempo. -Bueno... sí salí una vez.. a ver la final de Quidditch contra un equipo de Alemania... Pero fuimos con traslador... Así que no cuenta, fuimos a ver el partido y volvimos.. - rebañó el plato con lo que quedaba de coulant mientras alzaba la mirada para encontrarse con Seëlia.
-No tienes que darme las gracias... - dejó el tenedor sobre el plato una vez se terminó aquel postre y se echó hacia atrás en la silla. -Tú habrías hecho lo mismo... supongo - alcanzó a esbozar una sonrisa que desapareció con rapidez. -¿A que ahora ya no te parezco tan aburrido...?- no pudo evitar soltar ese comentario, casi en modo gallito, orgulloso por haberle demostrado que no era tanto como ella pensaba, que de algún modo era capaz de romper con lo que le habían enseñado... Aunque luego todo se contrarrestara y se contradijera a si mismo.
Se quedó pensando un segundo la respuesta de las manzanas. Qué tontería, dudar sobre las manzanas. -Las rojas. Me gustan las cosas dulces... Pero el color de las manzanas verdes es más... natural. Las rojas parece como si alguien las hubiera pintado a propósito... pero.. - se acercó a la mesa y apoyó los codos, fijando su mirada en aquel rostro que había tenido tan cerca escasas horas antes. Ese aroma le envolvió de nuevo, aunque muy perceptiblemente. -.. no me apetece hablar más de mi.. Cuéntame de ti. -estaba convencido de que quería saber más cosas de ella. De esa chica que le había empezado a romper los esquemas, que le había empezado a abrir los ojos. ¿Qué tenía para hacerle dudar de todo? Quería comprenderla más.. -Yo te he contado muchas cosas de mi estos días..- torció los labios con una sonrisa. -Cuéntame cómo descubriste que eras una bruja..
-No tienes que darme las gracias... - dejó el tenedor sobre el plato una vez se terminó aquel postre y se echó hacia atrás en la silla. -Tú habrías hecho lo mismo... supongo - alcanzó a esbozar una sonrisa que desapareció con rapidez. -¿A que ahora ya no te parezco tan aburrido...?- no pudo evitar soltar ese comentario, casi en modo gallito, orgulloso por haberle demostrado que no era tanto como ella pensaba, que de algún modo era capaz de romper con lo que le habían enseñado... Aunque luego todo se contrarrestara y se contradijera a si mismo.
Se quedó pensando un segundo la respuesta de las manzanas. Qué tontería, dudar sobre las manzanas. -Las rojas. Me gustan las cosas dulces... Pero el color de las manzanas verdes es más... natural. Las rojas parece como si alguien las hubiera pintado a propósito... pero.. - se acercó a la mesa y apoyó los codos, fijando su mirada en aquel rostro que había tenido tan cerca escasas horas antes. Ese aroma le envolvió de nuevo, aunque muy perceptiblemente. -.. no me apetece hablar más de mi.. Cuéntame de ti. -estaba convencido de que quería saber más cosas de ella. De esa chica que le había empezado a romper los esquemas, que le había empezado a abrir los ojos. ¿Qué tenía para hacerle dudar de todo? Quería comprenderla más.. -Yo te he contado muchas cosas de mi estos días..- torció los labios con una sonrisa. -Cuéntame cómo descubriste que eras una bruja..
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Re: — Water and oil.
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Se asombró de aquello. Pensaba que los sangre pura como buenas familias ricachonas, por lo menos viajaban. — Pues el mundo es muy bonito. Yo he estado en todos los continentes. Y en el polo norte. — Comentó, recordando aquella expedición capricho de su padre que fue más pesadilla que vacaciones, pero que también le dejó recuerdos muy divertidos y entrañables. Aunque en su lista de lugares preferidos estaba segura de que no se encontraba. Su favorito desde luego había sido el viaje que hizo a La India, quería repetirlo en cuanto tuviera la ocasión.
¿Suponía bien? No estaba segura. También dependía. Por Gennea o por Bretten lo habría hecho sin pestañear. Por el chico, bueno, a las alturas a las que lo había hecho también. ¿El 2 de septiembre? Lo dudaba. Pero allí estaban, transformando lo que se suponía que debía ser en otra cosa completamente distinta. Tal vez reescribiendo, tal vez inventando, pero se habían salido de los renglones y estaba claro que ya no existía manera alguna de recular. — He de admitir que me tienes más que sorprendida. — Sorprendida en realidad ea quedarse corta. La curiosidad le inundaba por todas partes. Se encontraba frente a un diamante en bruto que había decidido pulirse a sí mismo por primera vez en su vida (con un poquito de ayuda de ella). Genuino. Corvinus era toda una caja de sorpresas y Seëlia tenía unas enormes ganas de descubrirlas todas. Sobretodo ahora que todo era mucho más receptivo por ambas partes.
Pero al parecer, ahora era a ella a la que le tocaba descubrirse. Se dio cuenta en ese momento de que ella sabía más cosas del chico, que él de la Ravenclaw. Porque ella era ka que hacía las preguntas, sí. Pero eso ya no era estrictamente así, no era pues, la primera vez que sucedía. Así que le tocaba compartir un poco de su vida también. Sonrió al recordar aquella asombrosa noche, dándole un mordisco al dulce antes de responder. El chocolate se había caído todo dentro de la taza. Comenzó a caminar hacia el chico al mismo tiempo que narraba su historia.
— Bueno...descubrirlo como tal...fue con la carta de Hogwarts. —una evidencia para los hijos de los muggles, algo sorprendente para la gente nacida en el mundo mágico. — Hasta entonces, todas las manifestaciones de magia eran simplemente accidentes o cosas extrañas e inexplicables, como suelen decir los muggles. — Explicó. Sin embargo, no se iba a quedar solamente ahí. — Pero...la primera vez que la magia se manifestó....bueno, yo era bastante pequeña. Aunque lo recuerdo bastante bien. Supongo que es porque fue un momento muy importante. — Suspiró, sonriendo al recordar. Se apoyó sobre la mesa en la que estaba sentado el chico, aunque guardando cierta distancia. — Tenía tres años, eran las tantas de la mañana. Desperté de repente...y la cama simplemente no estaba bajo mi espalda. Estaba levitando. — No pudo evitar reírse. — Me asusté tanto que me caí de golpe sobre el colchón. — Y sus padres habían irrumpido en su habitación tras escuchar el estruendo, y no se creyeron lo que le había pasado hasta que una vez la vieron hacer volar la tetera de lo enfada que estaba.
¿Suponía bien? No estaba segura. También dependía. Por Gennea o por Bretten lo habría hecho sin pestañear. Por el chico, bueno, a las alturas a las que lo había hecho también. ¿El 2 de septiembre? Lo dudaba. Pero allí estaban, transformando lo que se suponía que debía ser en otra cosa completamente distinta. Tal vez reescribiendo, tal vez inventando, pero se habían salido de los renglones y estaba claro que ya no existía manera alguna de recular. — He de admitir que me tienes más que sorprendida. — Sorprendida en realidad ea quedarse corta. La curiosidad le inundaba por todas partes. Se encontraba frente a un diamante en bruto que había decidido pulirse a sí mismo por primera vez en su vida (con un poquito de ayuda de ella). Genuino. Corvinus era toda una caja de sorpresas y Seëlia tenía unas enormes ganas de descubrirlas todas. Sobretodo ahora que todo era mucho más receptivo por ambas partes.
Pero al parecer, ahora era a ella a la que le tocaba descubrirse. Se dio cuenta en ese momento de que ella sabía más cosas del chico, que él de la Ravenclaw. Porque ella era ka que hacía las preguntas, sí. Pero eso ya no era estrictamente así, no era pues, la primera vez que sucedía. Así que le tocaba compartir un poco de su vida también. Sonrió al recordar aquella asombrosa noche, dándole un mordisco al dulce antes de responder. El chocolate se había caído todo dentro de la taza. Comenzó a caminar hacia el chico al mismo tiempo que narraba su historia.
— Bueno...descubrirlo como tal...fue con la carta de Hogwarts. —una evidencia para los hijos de los muggles, algo sorprendente para la gente nacida en el mundo mágico. — Hasta entonces, todas las manifestaciones de magia eran simplemente accidentes o cosas extrañas e inexplicables, como suelen decir los muggles. — Explicó. Sin embargo, no se iba a quedar solamente ahí. — Pero...la primera vez que la magia se manifestó....bueno, yo era bastante pequeña. Aunque lo recuerdo bastante bien. Supongo que es porque fue un momento muy importante. — Suspiró, sonriendo al recordar. Se apoyó sobre la mesa en la que estaba sentado el chico, aunque guardando cierta distancia. — Tenía tres años, eran las tantas de la mañana. Desperté de repente...y la cama simplemente no estaba bajo mi espalda. Estaba levitando. — No pudo evitar reírse. — Me asusté tanto que me caí de golpe sobre el colchón. — Y sus padres habían irrumpido en su habitación tras escuchar el estruendo, y no se creyeron lo que le había pasado hasta que una vez la vieron hacer volar la tetera de lo enfada que estaba.
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Re: — Water and oil.
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-Con un poco de suerte algún día podré verlo. Igual cuando acabe Hogwarts.. antes de empezar lo que sea que vaya a estudiar.. - aquello fue mas un dato para si mismo casi que para ella. Era algo que había querido hacer pero nunca le habían dejado. Así que no pudo evitar sentir una punzada de envidia cuando Seëlia le dijo que había viajado por todo el mundo.
Lo que sí le dejó sorprendido a él fue ese comentario. Al parecer, eran una caja de sorpresas que se abrían mutuamente y el contenido del interior sorprendía a la otra persona. Como un juego, a ver quien sorprender más a quien. -Tú tampoco te quedas corta en cuanto a sorpresas... No eres para nada lo que esperaba...- volvió a coger el tenedor entre sus dedos, esta vez con la idea tan solo de tenerlo ahí, juguetear con el. Siempre necesitaba tener algo que mover entre los dedos, que dar vueltas o arrugar, como una servilleta, una pluma, cualquier cosa. -Quizá por eso me gusta pasar rato contigo... porque de todas las personas que he conocido ninguna hace que sienta interés... - encogió los hombros unos segundos ante aquella breve explicación, aunque sabía que había mucho más no estaba dispuesto a soltarlo todavía.
Contempló aquellos pasos que daba, cómo se movía y como, finalmente, se apoyaba en la mesa. Levantó la mirada un poco, ya que ella estaba de pie y él sentado y la contempló desde abajo. Los mechones de su pelo que se escapaban de su moño le conferían un aspecto de mujer loca que le arrancó una leve sonrisa. Bueno, un poco loca sí estaba, a decir verdad... Pero era parte de ella y eso le gustaba.
Se echó hacia delante, escuchando aquella historia con una sonrisa en los labios y el tenedor vagabundeando en sus dedos. -He oído algo de eso.. que hacen muestras de magia espontanea antes de saber que son magos.. - se removió inquieto en la silla y volvió a recostarse. No le gustaba nada quedarse mucho tiempo en la misma posición. -Más.. quiero saber más de ti. Tu sabes muchísimo de mi.. ¿Eres hija única? - finalmente se acabó por levantar y llevó el plato y el tenedor a la pila donde los elfos domésticos fregaban los platos. -¿Tienes mascotas...? - volvió hasta la mesa pero no se sentó, se apoyó a su lado, aunque como siempre manteniendo las distancias. Las preguntas empezaron a agolparse en su boca, queriendo salir disparadas. Ahora ya no era solo curiosidad... eran ansias por saber de esa chica que le rompía todos los esquemas.
-¿Qué es lo que quieres hacer cuando salgas de Hogwarts..? - en parte aquella pregunta era una trampa. Quería saber cuantas posibilidades había más allá. Aparte de ser un mandado del ministerio, a que otras cosas podía optar.
Lo que sí le dejó sorprendido a él fue ese comentario. Al parecer, eran una caja de sorpresas que se abrían mutuamente y el contenido del interior sorprendía a la otra persona. Como un juego, a ver quien sorprender más a quien. -Tú tampoco te quedas corta en cuanto a sorpresas... No eres para nada lo que esperaba...- volvió a coger el tenedor entre sus dedos, esta vez con la idea tan solo de tenerlo ahí, juguetear con el. Siempre necesitaba tener algo que mover entre los dedos, que dar vueltas o arrugar, como una servilleta, una pluma, cualquier cosa. -Quizá por eso me gusta pasar rato contigo... porque de todas las personas que he conocido ninguna hace que sienta interés... - encogió los hombros unos segundos ante aquella breve explicación, aunque sabía que había mucho más no estaba dispuesto a soltarlo todavía.
Contempló aquellos pasos que daba, cómo se movía y como, finalmente, se apoyaba en la mesa. Levantó la mirada un poco, ya que ella estaba de pie y él sentado y la contempló desde abajo. Los mechones de su pelo que se escapaban de su moño le conferían un aspecto de mujer loca que le arrancó una leve sonrisa. Bueno, un poco loca sí estaba, a decir verdad... Pero era parte de ella y eso le gustaba.
Se echó hacia delante, escuchando aquella historia con una sonrisa en los labios y el tenedor vagabundeando en sus dedos. -He oído algo de eso.. que hacen muestras de magia espontanea antes de saber que son magos.. - se removió inquieto en la silla y volvió a recostarse. No le gustaba nada quedarse mucho tiempo en la misma posición. -Más.. quiero saber más de ti. Tu sabes muchísimo de mi.. ¿Eres hija única? - finalmente se acabó por levantar y llevó el plato y el tenedor a la pila donde los elfos domésticos fregaban los platos. -¿Tienes mascotas...? - volvió hasta la mesa pero no se sentó, se apoyó a su lado, aunque como siempre manteniendo las distancias. Las preguntas empezaron a agolparse en su boca, queriendo salir disparadas. Ahora ya no era solo curiosidad... eran ansias por saber de esa chica que le rompía todos los esquemas.
-¿Qué es lo que quieres hacer cuando salgas de Hogwarts..? - en parte aquella pregunta era una trampa. Quería saber cuantas posibilidades había más allá. Aparte de ser un mandado del ministerio, a que otras cosas podía optar.
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Re: — Water and oil.
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Para Seëlia era un imprescindible ver el mundo, no para todo el mundo. Pero se alegraba de estar alentando a Corvinus para conocer mundo, también. Aquello no podía hacerle daño a nadie...a menos claro que acabases perdido en el Amazonas, o en los bosques australianos. Pero él no era un idiota, eso había quedado más que claro desde hacía ya tiempo, y eso que a penas se habían conocido, no hacía ni dos semanas.
Alzó una ceja, divertida, ante su comentario. — ¿Y qué era lo que esperabas? — No pudo evitar preguntarlo, aunque se imaginó que seguramente lo único que esperaba era que le dejara en paz antes de que fuera demasiado tarde. ¿Cuando había comenzado a ser demasiado tarde?¿Aquella noche en la que pudieron tener algo parecido a una conversación entre dos personas normales?¿El día en el que se dieron cuenta de que hacían un excelente trabajo en equipo gracias a un bulbo robotador?¿O había sido aquella mismo mañana, cuando de nuevo una alianza nacida de ellos dos había resultado lo menos dañino de todo lo que podría haber resultado? Y además...¿antes de que fuera demasiado tarde para qué?¿Para darse cuenta de que los sangre sucia también son personas?¿O para darse cuenta de que no pensaba como su familia ni iba a ser capaz de hacerlo?¿O para empezar a querer aspiraciones propias?
Preguntas, demasiadas preguntas que se arremolinaban en su cabeza y amenazaban con salir de su cráneo a golpes. Y aún así, Seëlia hizo un esfuerzo sobre humano para contenerlas todas. Y sin embargo, sólo una frase de Covinus bastó para borrar aquél torbellino de su memoria más inmediata. "Porque de todas las personas que he conocido ninguna hace que sienta interés". Una sensación extrañamente agradable le recorrió el cuerpo, acabó en su cerebro, inundando cualquier cosa que pudiera aparecer allí por unos instantes.
Pero aquella curiosidad tan típica de ella y tan extraña en él comenzaba a divertirla. Se sentía como si alguien le hubiese puesto un micrófono en vez de un café en la mano, y no era de buena educación hablar con la boca llena. Otro mordisco, casi se había acabado el bollito. Masticó y tragó antes de hablar. — A ver, a ver...como dijo Jack el Destripador, por partes. — Trago al café tras la referencia a la cultura muggle. — Sí que lo soy. Verás, mis padres vienen de... — Tuvo que dejar de hablar para soltar una carcajada ante la comparativa que se le acababa de ocurrir. — A ver, en el mundo muggle la gente se divide por capital acumulado que tiene, supongo que eso ya lo sabías. — Y si no, pues se acababa de enterar. — Digamos que mis padres pertenecen a la élite de ese mundo...como los Sangre Puras aquí, según las creencias familias como la de Nott. — Ya no quería hacer una referencia directa a él, aunque su familia siguiese siendo la misma que hace un año, cuando nunca habían cruzado palabra alguna y cada uno tenía sus pensamientos ordenados. — Así que, con una niña rarita de tres años haciendo cosas inexplicables a su alrededor, ya tuvieron bastante. Además, dedican muchas horas al día al trabajo, si hubiese tenido un hermano o algo, habríamos acabado quemando la casa, y creo que ellos lo intuían. — Comentó, alzando una ceja divertida. Sus padres no eran los típicos ausentes, pero sí muy serios y centrados (menos cuando estaban a punto de dejar a ver a su hija durante varios meses).
— Tengo un gato. — Comentó, orgullosa, pensando en Mefi. — A veces pasea por el castillo porque se aburre. — Y era imposible sacarlo de los rincones dónde se metía. Sólo podías volver a verlo cuando decidía volver por sí mismo. Lo bueno era que siempre volvía. — Y con respecto a qué quiero hacer después....pues no lo tengo claro. Hay un abanico muy amplio. — Aprovechó para acabarse el coulant mientras meditaba aquella pregunta. También para casi acabarse el café. — Podría ser sanadora, o tal vez profesora aquí. — Tuvo que volver a reírse. No tenía claro que fuera capaz de soportar a las nuevas generaciones de magos y brujas. — También me llama mucho la atención el Departamento de Cooperación Mágica Internacional. — Era una rama parecida al derecho, aunque en el mundo mágico, y a ella en cierta manera también le hacía ilusión poder decirle a sus padres que algo de su legado le había quedado, además de la genética.
Alzó una ceja, divertida, ante su comentario. — ¿Y qué era lo que esperabas? — No pudo evitar preguntarlo, aunque se imaginó que seguramente lo único que esperaba era que le dejara en paz antes de que fuera demasiado tarde. ¿Cuando había comenzado a ser demasiado tarde?¿Aquella noche en la que pudieron tener algo parecido a una conversación entre dos personas normales?¿El día en el que se dieron cuenta de que hacían un excelente trabajo en equipo gracias a un bulbo robotador?¿O había sido aquella mismo mañana, cuando de nuevo una alianza nacida de ellos dos había resultado lo menos dañino de todo lo que podría haber resultado? Y además...¿antes de que fuera demasiado tarde para qué?¿Para darse cuenta de que los sangre sucia también son personas?¿O para darse cuenta de que no pensaba como su familia ni iba a ser capaz de hacerlo?¿O para empezar a querer aspiraciones propias?
Preguntas, demasiadas preguntas que se arremolinaban en su cabeza y amenazaban con salir de su cráneo a golpes. Y aún así, Seëlia hizo un esfuerzo sobre humano para contenerlas todas. Y sin embargo, sólo una frase de Covinus bastó para borrar aquél torbellino de su memoria más inmediata. "Porque de todas las personas que he conocido ninguna hace que sienta interés". Una sensación extrañamente agradable le recorrió el cuerpo, acabó en su cerebro, inundando cualquier cosa que pudiera aparecer allí por unos instantes.
Pero aquella curiosidad tan típica de ella y tan extraña en él comenzaba a divertirla. Se sentía como si alguien le hubiese puesto un micrófono en vez de un café en la mano, y no era de buena educación hablar con la boca llena. Otro mordisco, casi se había acabado el bollito. Masticó y tragó antes de hablar. — A ver, a ver...como dijo Jack el Destripador, por partes. — Trago al café tras la referencia a la cultura muggle. — Sí que lo soy. Verás, mis padres vienen de... — Tuvo que dejar de hablar para soltar una carcajada ante la comparativa que se le acababa de ocurrir. — A ver, en el mundo muggle la gente se divide por capital acumulado que tiene, supongo que eso ya lo sabías. — Y si no, pues se acababa de enterar. — Digamos que mis padres pertenecen a la élite de ese mundo...como los Sangre Puras aquí, según las creencias familias como la de Nott. — Ya no quería hacer una referencia directa a él, aunque su familia siguiese siendo la misma que hace un año, cuando nunca habían cruzado palabra alguna y cada uno tenía sus pensamientos ordenados. — Así que, con una niña rarita de tres años haciendo cosas inexplicables a su alrededor, ya tuvieron bastante. Además, dedican muchas horas al día al trabajo, si hubiese tenido un hermano o algo, habríamos acabado quemando la casa, y creo que ellos lo intuían. — Comentó, alzando una ceja divertida. Sus padres no eran los típicos ausentes, pero sí muy serios y centrados (menos cuando estaban a punto de dejar a ver a su hija durante varios meses).
— Tengo un gato. — Comentó, orgullosa, pensando en Mefi. — A veces pasea por el castillo porque se aburre. — Y era imposible sacarlo de los rincones dónde se metía. Sólo podías volver a verlo cuando decidía volver por sí mismo. Lo bueno era que siempre volvía. — Y con respecto a qué quiero hacer después....pues no lo tengo claro. Hay un abanico muy amplio. — Aprovechó para acabarse el coulant mientras meditaba aquella pregunta. También para casi acabarse el café. — Podría ser sanadora, o tal vez profesora aquí. — Tuvo que volver a reírse. No tenía claro que fuera capaz de soportar a las nuevas generaciones de magos y brujas. — También me llama mucho la atención el Departamento de Cooperación Mágica Internacional. — Era una rama parecida al derecho, aunque en el mundo mágico, y a ella en cierta manera también le hacía ilusión poder decirle a sus padres que algo de su legado le había quedado, además de la genética.
13 de Septiembre | Hogwarts | con Corvinus

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Re: — Water and oil.
— unexpected hero.
Conforme más hablaba Seëlia, más se curvaba la sonrisa de Corvinus en su rostro, aunque apenas era consciente de ese gesto. Pero disfrutaba de esas palabras que parecían danzar por el entusiasmo con el que las narraba. Por un momento, el nerviosismo que siempre le caracterizaba, moviéndose de un lado a otro desapareció y fue sustituido por una calma inusual. Se quedó allí parado, junto a ella, sin rozarle, sin tocarla, pero escuchando todas y cada una de sus palabras, imaginándose en su cabeza una Seëlia más pequeña con la misma melena de llamativos colores. Sabía que no era así, por supuesto, pero era su manera de imaginarla.
Pasó por alto la pregunta de qué esperaba de ella. Esperar, por su parte, esperaba lo que sus padres y el resto de familias opinaban de los sangresucias. Pero algo le decía que todo aquello no era más que pura palabrería, invenciones para separarlos. En el fondo, Corvinus empezaba a no sentirse tan diferente. Al fin y al cabo.. ¿Qué tanta diferencia había? Ambos tenían sangre mágica, ambos sangraban si los cortaban.. Podían hacer las mismas cosas. La diferencia radicaba en que quienes querían sentirse superiores y diferentes. Y por lo visto esos eran los puristas. Su familia y todos los que la envoltaban querían ser superiores. Los nacidos de muggles (ahora sonaba demasiado mal en su cabeza llamarlos sangresucia) tan solo querían hacerse un hueco. No querían sentirse superiores. Y era eso, precisamente, lo que les hacía situarse por encima de los demás. Que no querían estarlo ni se creían mejores.
-¿Quien es ese Jack?¿Es alguien famoso..?- preguntó conteniendo una carcajada ante la mención de aquel tipo extraño. Pero no era eso lo que realmente le importaba, ni a lo que le prestó más atención. Trató de grabar a fuego todas las respuestas a esas preguntas para no olvidarlas nunca. Quizá le sirvieran para algo más adelante... Nunca se sabe. -Si una Seëlia es un terremoto, no quiero imaginar lo que seríais dos de vosotras...- esbozó una sonrisa mientras la miraba de reojo. No podía evitar que sus ojos repasasen ese perfil y fueran a perderse entre los mechones multicolores. -Hija única... un gato.. y algo relacionado con la magia... - desvió la mirada antes de cruzarse con aquellos orbes azules y quedarse atontado mirándolos. -Yo soy incapaz de tener un animal.. creo que se me moriría. Una vez probé a tener un cactus... pero no acabó muy bien..- sonrió levemente y cuando los elfos comenzaron a ajetrearse por el trabajo, se incorporó. - Creo que deberíamos marcharnos... queda poco para la comida.. - señaló la salida de las cocinas, por aquel cuadro del frutero y agarró sus cosas. -¿Tienes clase ahora? Creo que a mi me toca pociones... - no estaba muy seguro de si ir o no. Lo mejor sería irse a descansar a los dormitorios.
Pasó por alto la pregunta de qué esperaba de ella. Esperar, por su parte, esperaba lo que sus padres y el resto de familias opinaban de los sangresucias. Pero algo le decía que todo aquello no era más que pura palabrería, invenciones para separarlos. En el fondo, Corvinus empezaba a no sentirse tan diferente. Al fin y al cabo.. ¿Qué tanta diferencia había? Ambos tenían sangre mágica, ambos sangraban si los cortaban.. Podían hacer las mismas cosas. La diferencia radicaba en que quienes querían sentirse superiores y diferentes. Y por lo visto esos eran los puristas. Su familia y todos los que la envoltaban querían ser superiores. Los nacidos de muggles (ahora sonaba demasiado mal en su cabeza llamarlos sangresucia) tan solo querían hacerse un hueco. No querían sentirse superiores. Y era eso, precisamente, lo que les hacía situarse por encima de los demás. Que no querían estarlo ni se creían mejores.
-¿Quien es ese Jack?¿Es alguien famoso..?- preguntó conteniendo una carcajada ante la mención de aquel tipo extraño. Pero no era eso lo que realmente le importaba, ni a lo que le prestó más atención. Trató de grabar a fuego todas las respuestas a esas preguntas para no olvidarlas nunca. Quizá le sirvieran para algo más adelante... Nunca se sabe. -Si una Seëlia es un terremoto, no quiero imaginar lo que seríais dos de vosotras...- esbozó una sonrisa mientras la miraba de reojo. No podía evitar que sus ojos repasasen ese perfil y fueran a perderse entre los mechones multicolores. -Hija única... un gato.. y algo relacionado con la magia... - desvió la mirada antes de cruzarse con aquellos orbes azules y quedarse atontado mirándolos. -Yo soy incapaz de tener un animal.. creo que se me moriría. Una vez probé a tener un cactus... pero no acabó muy bien..- sonrió levemente y cuando los elfos comenzaron a ajetrearse por el trabajo, se incorporó. - Creo que deberíamos marcharnos... queda poco para la comida.. - señaló la salida de las cocinas, por aquel cuadro del frutero y agarró sus cosas. -¿Tienes clase ahora? Creo que a mi me toca pociones... - no estaba muy seguro de si ir o no. Lo mejor sería irse a descansar a los dormitorios.
13 de Septiembre | Hogwarts | con Seëlia

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Re: — Water and oil.
— night of the dead.
La conversación no se pudo alargar mucho más debido al ajetreo que empezaron a tener los elfos en las cocinas. Con la tontería se había perdido toda la mañana de clase. Conocía a alguien que no le iba a pedir, sino que le iba a exigir una buena explicación. — Sí que tengo...y no debería perdérmerla. — Comentó, dejando su instinto Ravenclaw a translucir, después de haberle dicho que que muy fino tenías que ser para que se te muriera un cactus y que si te veías incapaz de tener mascotas, la solución inteligente desde luego era no tenerlas. Después de haberse sorprendido por él mismo haciendo una lista de Cosas de Seëlia en voz alta. Se pasó la lengua por los labios después del último trago de café y le dio la taza sucia a un elfo para no dejarla por ahí olvidada entre todo lo que estaban preparando. Salió dela cocina con Corvinus, hablando hasta que tuvieron que separarse al final del pasillo. Luego, aligeró el paso para poder a tiempo a la última clase de la mañana antes de la comida. El profesor de encantamientos le daría una buena reprimenda si se atrasaba, y aún no conocía las consecuencias sociales de lo que había pasado esa misma mañana, así que sin más dilación llegó al aula casi corriendo. Divisó el negro cabello de su amiga y con una sonrisa de oreja a oreja fue a sentarse a su lado. Pero Gennea no sonreía. — ¿Qué demonios ha pasado en el baño de Mirtle?. — Preguntó su amiga en el momento en el que ella apoyó el trasero sobre el asiento. — Veo que las noticias vuelan. — Comentó a su amiga, alzando una ceja. — Bretten lo vio...os vio ¿Qué te pasa con ese chico?. — Seëlia miró alarmada los ojos de su amiga...pero la voz grave del profesor la salvó de tener que contestar la pregunta en ese momento.
Las siguientes semanas tras el accidente pasaron con relativa tranquilidad. Relativa tranquilidad si no eras la materia gris de la chica del pelo multicolor. Muchas cosas habían cambiado a su alrededor. Lo primero con lo que tuvo que lidiar fue indudablemente con su amiga, la que preguntó incansablemente hasta obtener algún tipo de respuesta...una respuesta bastante vaga, debía admitir Seëlia. Por que la verdad es que no podía ponerle palabras a aquello...simplemente no le había sucedido nunca. No conocía su enrevesada naturaleza ni tenía nada a lo que poder compararlo para decir "vale, las cosas van por aquí". Pero es que las cosas no iban por ninguna etiqueta. Iban por su camino, y punto. Un camino extraño al que Seëlia empezaba a acostumbrarse, porque le gustaba.
Lo que significaba que no perdió el contacto con Corvinus...más bien se podría decir que todo lo contrario. Sus conversaciones o el hecho de que se encontraran por el castillo y empezaran a hablar fueron imágenes que comenzaron a convertirse en más habituales de lo normal. Poco a poco iban descubriendo cosas el uno del otro. Poco a poco Seëlia iba haciéndose una imagen más sólida y real de lo que significaba realmente Corvinus Rosier. Nada que ver con aquellas etiquetas automáticamente aplicadas en el momento en el que se cruzaron en el tren. Es más, aquella forma sólida de significancias estaba yendo más allá de lo que jamás Seëlia había podido ser capaz de imaginarse. El pelirrojo comenzaba a ocupar un lugar importante dentro de ella. Pero era algo que le daba miedo admitir. Al menos, hasta qué punto comenzaba a ser importante.
Así, llegaron al final de octubre, y se estaba preparando la cena y la fiesta de Halloween. Había hasta grupo invitado, que la Dirección de Hogwarts no había querido desvelar. Seëlia tenía algo especial preparado, aunque era más un concepto que un disfraz de algo o alguien como tal. Hacía semanas que no volvía a darle vida a los colores de su pelo, y estos poco a poco se iban apagando al decolorado inicial. La tarde del 31 cuando acabó las clases, corrió con su amiga Gennea a prepararse. Tenían que tener cuidado con le maquillaje si no querían acabar ciegas, la verdad. Pero antes de preparar todo lo que se iba a poner, lo primero que hizo fue rebajar el color de su pelo a un rubio casi blanco gracias a unos ingredientes que había podido encontrar en Hogsmeade tres fines de semana atrás.
Se prepararon la una a la otra has que estuvieron contentas con el resultado y quedaron en las escaleras del primer piso con Bretten para bajar al gran comedor. Era la noche en que todos los fantasmas del castillo estaban más contentos que nunca, Seëlia podía imaginarse por qué, pues al fin y al cabo era su noche, y su presencia realmente importante en la fiesta. El castillo también estaba adornado para la velada que acontecía, todo al detalle, como siempre solía pasar en Hogwarts.
Ya llevaban un rato allí y Seëlia se había bebido su zumo de calabaza, así que quería ir a por otro antes de que la terrorífica cena diese comienzo. Se acercó con su amiga a la mesa de las bebidas, donde visualizó una cabellera roja conocida.— ¡Feliz Halloween!. — Dijo cuando se posicionó al lado de Corvinus frente a la mesa, en busca de la bebida.
[ . . . . . . . . . . . . . . . . ]
Las siguientes semanas tras el accidente pasaron con relativa tranquilidad. Relativa tranquilidad si no eras la materia gris de la chica del pelo multicolor. Muchas cosas habían cambiado a su alrededor. Lo primero con lo que tuvo que lidiar fue indudablemente con su amiga, la que preguntó incansablemente hasta obtener algún tipo de respuesta...una respuesta bastante vaga, debía admitir Seëlia. Por que la verdad es que no podía ponerle palabras a aquello...simplemente no le había sucedido nunca. No conocía su enrevesada naturaleza ni tenía nada a lo que poder compararlo para decir "vale, las cosas van por aquí". Pero es que las cosas no iban por ninguna etiqueta. Iban por su camino, y punto. Un camino extraño al que Seëlia empezaba a acostumbrarse, porque le gustaba.
Lo que significaba que no perdió el contacto con Corvinus...más bien se podría decir que todo lo contrario. Sus conversaciones o el hecho de que se encontraran por el castillo y empezaran a hablar fueron imágenes que comenzaron a convertirse en más habituales de lo normal. Poco a poco iban descubriendo cosas el uno del otro. Poco a poco Seëlia iba haciéndose una imagen más sólida y real de lo que significaba realmente Corvinus Rosier. Nada que ver con aquellas etiquetas automáticamente aplicadas en el momento en el que se cruzaron en el tren. Es más, aquella forma sólida de significancias estaba yendo más allá de lo que jamás Seëlia había podido ser capaz de imaginarse. El pelirrojo comenzaba a ocupar un lugar importante dentro de ella. Pero era algo que le daba miedo admitir. Al menos, hasta qué punto comenzaba a ser importante.
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Así, llegaron al final de octubre, y se estaba preparando la cena y la fiesta de Halloween. Había hasta grupo invitado, que la Dirección de Hogwarts no había querido desvelar. Seëlia tenía algo especial preparado, aunque era más un concepto que un disfraz de algo o alguien como tal. Hacía semanas que no volvía a darle vida a los colores de su pelo, y estos poco a poco se iban apagando al decolorado inicial. La tarde del 31 cuando acabó las clases, corrió con su amiga Gennea a prepararse. Tenían que tener cuidado con le maquillaje si no querían acabar ciegas, la verdad. Pero antes de preparar todo lo que se iba a poner, lo primero que hizo fue rebajar el color de su pelo a un rubio casi blanco gracias a unos ingredientes que había podido encontrar en Hogsmeade tres fines de semana atrás.
Se prepararon la una a la otra has que estuvieron contentas con el resultado y quedaron en las escaleras del primer piso con Bretten para bajar al gran comedor. Era la noche en que todos los fantasmas del castillo estaban más contentos que nunca, Seëlia podía imaginarse por qué, pues al fin y al cabo era su noche, y su presencia realmente importante en la fiesta. El castillo también estaba adornado para la velada que acontecía, todo al detalle, como siempre solía pasar en Hogwarts.
Ya llevaban un rato allí y Seëlia se había bebido su zumo de calabaza, así que quería ir a por otro antes de que la terrorífica cena diese comienzo. Se acercó con su amiga a la mesa de las bebidas, donde visualizó una cabellera roja conocida.— ¡Feliz Halloween!. — Dijo cuando se posicionó al lado de Corvinus frente a la mesa, en busca de la bebida.
31 de octubre | Gran comedor | con Corvinus

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Re: — Water and oil.
— night of the dead.
Podría haberse dicho que los siguientes días, incluso semanas, transcurrieron con tranquilidad para Corvinus. Pero no fue así. De hecho, los primeros días fueron un espanto. Tenía que esquivar a sus compañeros de casa con los que llevaba conviviendo como seis años. Le encerraban en el pasillo y le acribillaban a incómodas preguntas que no quería responder. Pero con los días aprendió a esquivarlos. Aunque ese no fue el mayor cambio en su vida. De hecho, fue al que menos atención le prestó de todos.
Y aquel en el que más se centró tenía nombre y apellido propio. Y brillaba con luz propia en un remolino de colores. O al menos eso le gustaba pensar. Los días pasaban y se había acostumbrado a verla ingerir litros y litros de café cada mañana, sentada entre sus compañeras de casa, Bretten y Gennea a quien no conocía personalmente pero sí por boca de la chica. Como era costumbre, seguía acompañando a su hermana todas las noches a la sala, se quedaba a hablar con ella un buen rato y había intentado acercarse, poco a poco, con la intención estúpida y absurda de superar esa fobia. Por supuesto, los primeros días fueron horribles y estuvo a punto de acabar nuevamente en la enfermería.
A veces la buscaba entre clase y clase e incluso le había enseñado el lugar al que solía ir, detrás de los invernaderos. Se contaban cosas, le contaba cosas y él almacenaba en su cabeza cada dato nuevo que aprendía sobre ella. Y cada día que pasaba, más tiempo quería pasar con ella. Aunque eso era algo que no le había vuelto a decir. Trató de forjar con ella todo aquello que se esperaba de una amistad. Y eso le hacía sentirse mejor que nunca en sus 16 años. Pero había algo más, un sentimiento que estaba empezando a crearse, a formarse en su interior y que no estaba muy seguro de como sentirse respecto a él. Si mantenerlo ahí o... dejar que siguiera expandiéndose.
Esa era la duda. Una duda que tampoco sabía qué hacer con ella, si responder o dejar ahí, apartada en un hueco.
Y los días seguían pasando. El otoño se hacía cada vez más notorio, así como el frío, pero eso no minó el espíritu de los alumnos cuando se enteraron de que aquel año habría una fiesta de Halloween. El Gran Comedor amaneció aquel día con enormes calabazas flotando por encima de las cabezas de los alumnos. Toda la comida que se sirvió, desde el desayuno hasta la cena, eran platos relacionados con aquella fecha tan referente a los brujos. Le habría gustado ayudar a su hermana a escoger un disfraz, pero por desgracia todos los alumnos menores de cuarto no podían acudir a la fiesta nocturna. De todos modos aquel día se la llevó al embarcadero del colegio y lanzaron fuegos mágicos ellos juntos, sin que nadie más los viera, celebrando una pequeña fiesta privada.
La acompañó por la noche a su sala y corrió a su cuarto (había dejado incluso de caminar como un estirado por los pasillos y de vez en cuando echaba a correr cuando se encontraba ansioso por algo) donde buscó a prisa algo que ponerse. Cambió sus ropas por unas más antiguas, una camisa con chorreras, una capa negra, unos pantalones de cuero negro (algo ajustados para su gusto) y pasó unos buenos cinco minutos frente al espejo para aplicarse sobre el pelo un hechizo para oscurecerlo y alargarlo hasta la altura de la barbilla Contrastaba todavía más que el pelirrojo con su piel blanquecina. Con aquel aspecto era bastante irreconocible para aquellos que siempre se guiasen buscando un pelo color zanahoria. Salió pitando de la sala, no sin antes agarrar un cofre de cristal que colgó de su cinturón, con un bulbo de planta peluda en su interior simulando un corazón.
Cuando llegó allí casi todos los alumnos ya estaban presentes. Pese a solo estar los de cuarto para arriba había mucha gente. Unos cuantos bailaban ya en una zona reservada como la pista de baile. Las mesas habían sido movidas para dejar espacio y Corvinus había oído algo de un espectáculo a media noche del que nadie sabía nada. Instintivamente, sus ojos recorrieron el Gran Comedor en busca de la cabellera colorida, pero al no encontrarla se dedicó a vagar sin mucho entusiasmo por allí. Le había dicho que iba a ir. Al cabo de un rato la diviso, situándose al lado de un pelirrojo que estaba pidiendo bebidas. No pudo menos que aguantarse la risa y se acercó por detrás a ella, inclinándose un poco para hablarle al oído. Acercarse a ella de ese modo ya no le causaba tanto pánico como antes. -Me parece que esta noche te has confundido de pelirrojo... - comentó con un deje de diversión en la voz. -¿O no me buscabas a mi?
Y aquel en el que más se centró tenía nombre y apellido propio. Y brillaba con luz propia en un remolino de colores. O al menos eso le gustaba pensar. Los días pasaban y se había acostumbrado a verla ingerir litros y litros de café cada mañana, sentada entre sus compañeras de casa, Bretten y Gennea a quien no conocía personalmente pero sí por boca de la chica. Como era costumbre, seguía acompañando a su hermana todas las noches a la sala, se quedaba a hablar con ella un buen rato y había intentado acercarse, poco a poco, con la intención estúpida y absurda de superar esa fobia. Por supuesto, los primeros días fueron horribles y estuvo a punto de acabar nuevamente en la enfermería.
A veces la buscaba entre clase y clase e incluso le había enseñado el lugar al que solía ir, detrás de los invernaderos. Se contaban cosas, le contaba cosas y él almacenaba en su cabeza cada dato nuevo que aprendía sobre ella. Y cada día que pasaba, más tiempo quería pasar con ella. Aunque eso era algo que no le había vuelto a decir. Trató de forjar con ella todo aquello que se esperaba de una amistad. Y eso le hacía sentirse mejor que nunca en sus 16 años. Pero había algo más, un sentimiento que estaba empezando a crearse, a formarse en su interior y que no estaba muy seguro de como sentirse respecto a él. Si mantenerlo ahí o... dejar que siguiera expandiéndose.
Esa era la duda. Una duda que tampoco sabía qué hacer con ella, si responder o dejar ahí, apartada en un hueco.
Y los días seguían pasando. El otoño se hacía cada vez más notorio, así como el frío, pero eso no minó el espíritu de los alumnos cuando se enteraron de que aquel año habría una fiesta de Halloween. El Gran Comedor amaneció aquel día con enormes calabazas flotando por encima de las cabezas de los alumnos. Toda la comida que se sirvió, desde el desayuno hasta la cena, eran platos relacionados con aquella fecha tan referente a los brujos. Le habría gustado ayudar a su hermana a escoger un disfraz, pero por desgracia todos los alumnos menores de cuarto no podían acudir a la fiesta nocturna. De todos modos aquel día se la llevó al embarcadero del colegio y lanzaron fuegos mágicos ellos juntos, sin que nadie más los viera, celebrando una pequeña fiesta privada.
La acompañó por la noche a su sala y corrió a su cuarto (había dejado incluso de caminar como un estirado por los pasillos y de vez en cuando echaba a correr cuando se encontraba ansioso por algo) donde buscó a prisa algo que ponerse. Cambió sus ropas por unas más antiguas, una camisa con chorreras, una capa negra, unos pantalones de cuero negro (algo ajustados para su gusto) y pasó unos buenos cinco minutos frente al espejo para aplicarse sobre el pelo un hechizo para oscurecerlo y alargarlo hasta la altura de la barbilla Contrastaba todavía más que el pelirrojo con su piel blanquecina. Con aquel aspecto era bastante irreconocible para aquellos que siempre se guiasen buscando un pelo color zanahoria. Salió pitando de la sala, no sin antes agarrar un cofre de cristal que colgó de su cinturón, con un bulbo de planta peluda en su interior simulando un corazón.
Cuando llegó allí casi todos los alumnos ya estaban presentes. Pese a solo estar los de cuarto para arriba había mucha gente. Unos cuantos bailaban ya en una zona reservada como la pista de baile. Las mesas habían sido movidas para dejar espacio y Corvinus había oído algo de un espectáculo a media noche del que nadie sabía nada. Instintivamente, sus ojos recorrieron el Gran Comedor en busca de la cabellera colorida, pero al no encontrarla se dedicó a vagar sin mucho entusiasmo por allí. Le había dicho que iba a ir. Al cabo de un rato la diviso, situándose al lado de un pelirrojo que estaba pidiendo bebidas. No pudo menos que aguantarse la risa y se acercó por detrás a ella, inclinándose un poco para hablarle al oído. Acercarse a ella de ese modo ya no le causaba tanto pánico como antes. -Me parece que esta noche te has confundido de pelirrojo... - comentó con un deje de diversión en la voz. -¿O no me buscabas a mi?
31 de octubre | Gran comedor | con Seëlia

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Re: — Water and oil.
— night of the dead.
Esperaba escuchar a su izquierda la voz de Corvinus diciéndole cualquier cosa....porque cualquier cosa que el chico le dijese le valía, desde hacía ya bastante tiempo. El lenguaje empleado entre ellos se había ido modificando con el paso de los días y las conversaciones a una adecuación más conveniente para la confianza que iban tomando. Pero aquella contestación no llegaba, y entonces Seëlia se dispuso a alzar la vista para llamar la atención del chico y preguntarle qué mosca le había picado, cuando precisamente esa voz que estaba esperando escuchar sonó, pero no por la izquierda ni por encima de ella, sino a su derecha y en un susurro que instintivamente consiguió que se le erizase todo el vello del cuerpo. Esperaba que nadie se diese cuenta de aquella sutileza. También provocó un respingo.
— ¡Maldita sea!. — Tras el pequeño saltito y que el corazón casi se le saliera del pecho del susto se giró. Sabía que su amiga observaba la escena atenta, pero en aquellos momentos Seëlia tenía cosas más importantes que atender. Como que el chico ya no era pelirrojo, sino que lo llevaba negro, y, además, a la altura de la barbilla.— Pero qué... — empezó a decir, cogiendo la barbilla del chico. Iba a girar su cara de un lado a otro para observar su pelo, pero entonces recordó el detalle de la Fobia al tacto y sus dedos se apartaron rápidamente del rostro del chico, antes de que le diera un chungo. Si al final hubiese resultado que era un descerebrado como todos los demás, aquella carta habría sido jugada una y mil veces en su contra por Seelia, eso estaba asegurado. y sin embargo formaba parte del club de esas personas por las cuales la chica daría la cara sin pensárselo dos veces y sin pedir explicaciones sobre los líos en los que se hubieran metido.
— ¡Claro que te buscaba a ti! — Comentó. Menos mal que no había pensado en aquella pregunta al instante, porque de haber sido así, se habría puesto roja inmediatamente. ¿A quién iba a estar buscando? Y entonces se dio cuenta de lo que estaba dando por hecho para sí misma...no quería buscar a nadie más. No le hacía falta. Y ahondar en lo que realmente significaba eso no estaba permitido en aquellos momentos. — Ahora entiendo por qué no te encontraba. — Comentó, alzando una ceja. No tenía muy claro de qué era de lo que iba, así que le echó un vistazo de arriba a abajo para comprobarlo bien. No...no lo visualizaba. — ¿Quién eres?. — Preguntó, pero Gennea, que al parecer estaba deseosa de meterse, contestó enseguida. — Eres el brujo del corazón peludo, ¿Verdad? Yo soy Gennea. — En cuanto dijo eso, recordó los cuentos de Bieedle el Bardo de los que precisamente su amiga era tan fan. Seëlia sin embargo rodó los ojos, y esperó a que se presentaran para intervenir.
— Muy bien, presentaciones hechas, te has dejado al pobre Brett tirado, llévale su bebida ya. — Hacía aquello por dos simples razones principales: la primera porque Gennea había estado demasiado intrigada con la figura de Corvinus desde el incidente en el baño, lo que podía ponerse demasiado preguntona, y Seëlia no sabía si eso a Corvinus le incomodaría (ya le había costado bastante a ella que sus propias preguntas no le incomodasen) La segunda, porque no quería que más tarde se pusiera pesada con ella misma llegando a conclusiones que Seëlia prefería no tocar. Gennea gruño a su amiga, pero tras una breve despedida se marchó, aunque mirando a su amiga con ojos de "Pienso volver, y pronto". Pero al fin marchó, perdiéndose entre los disfraces del resto de alumnos. Y Seëlia pudo por fin centrarse en esos ojos verdes con los que había estado deseando encontrarse. — ¿Por qué ese disfraz?. — Preguntó curiosa. Luego calló en que todavía no tenía su zumo de calabaza. — ¿Quieres algo de beber?.
— ¡Maldita sea!. — Tras el pequeño saltito y que el corazón casi se le saliera del pecho del susto se giró. Sabía que su amiga observaba la escena atenta, pero en aquellos momentos Seëlia tenía cosas más importantes que atender. Como que el chico ya no era pelirrojo, sino que lo llevaba negro, y, además, a la altura de la barbilla.— Pero qué... — empezó a decir, cogiendo la barbilla del chico. Iba a girar su cara de un lado a otro para observar su pelo, pero entonces recordó el detalle de la Fobia al tacto y sus dedos se apartaron rápidamente del rostro del chico, antes de que le diera un chungo. Si al final hubiese resultado que era un descerebrado como todos los demás, aquella carta habría sido jugada una y mil veces en su contra por Seelia, eso estaba asegurado. y sin embargo formaba parte del club de esas personas por las cuales la chica daría la cara sin pensárselo dos veces y sin pedir explicaciones sobre los líos en los que se hubieran metido.
— ¡Claro que te buscaba a ti! — Comentó. Menos mal que no había pensado en aquella pregunta al instante, porque de haber sido así, se habría puesto roja inmediatamente. ¿A quién iba a estar buscando? Y entonces se dio cuenta de lo que estaba dando por hecho para sí misma...no quería buscar a nadie más. No le hacía falta. Y ahondar en lo que realmente significaba eso no estaba permitido en aquellos momentos. — Ahora entiendo por qué no te encontraba. — Comentó, alzando una ceja. No tenía muy claro de qué era de lo que iba, así que le echó un vistazo de arriba a abajo para comprobarlo bien. No...no lo visualizaba. — ¿Quién eres?. — Preguntó, pero Gennea, que al parecer estaba deseosa de meterse, contestó enseguida. — Eres el brujo del corazón peludo, ¿Verdad? Yo soy Gennea. — En cuanto dijo eso, recordó los cuentos de Bieedle el Bardo de los que precisamente su amiga era tan fan. Seëlia sin embargo rodó los ojos, y esperó a que se presentaran para intervenir.
— Muy bien, presentaciones hechas, te has dejado al pobre Brett tirado, llévale su bebida ya. — Hacía aquello por dos simples razones principales: la primera porque Gennea había estado demasiado intrigada con la figura de Corvinus desde el incidente en el baño, lo que podía ponerse demasiado preguntona, y Seëlia no sabía si eso a Corvinus le incomodaría (ya le había costado bastante a ella que sus propias preguntas no le incomodasen) La segunda, porque no quería que más tarde se pusiera pesada con ella misma llegando a conclusiones que Seëlia prefería no tocar. Gennea gruño a su amiga, pero tras una breve despedida se marchó, aunque mirando a su amiga con ojos de "Pienso volver, y pronto". Pero al fin marchó, perdiéndose entre los disfraces del resto de alumnos. Y Seëlia pudo por fin centrarse en esos ojos verdes con los que había estado deseando encontrarse. — ¿Por qué ese disfraz?. — Preguntó curiosa. Luego calló en que todavía no tenía su zumo de calabaza. — ¿Quieres algo de beber?.
31 de octubre | Gran comedor | con Corvinus

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Re: — Water and oil.
— night of the dead.
Volvió a contener una carcajada cuando la chica dio un bote sobre sus propios pies y un respingo que, de no haber habido música, todos habrían oído. Por suerte el ambiente estaba demasiado cargado y solo Corvinus lo oyó. Dejo que se le escapase una risa tras aquella contestación que le arrancó una sonrisa sincera. Últimamente aquello de sonreír se estaba convirtiendo en una costumbre (de lo más agradable) cuando se encontraba con Seëlia.
Por un momento sus ojos captaron la trayectoria de hacia donde se dirigía aquella mano. Unas semanas, un mes atrás habría saltado como repelido por un protego antes de tenerlos a menos de treinta centímetros. Pero no saltó. Estaba tratando de controlar ese impulso irracional de apartarse y dejó que ella le agarrara de la barbilla, examinándolo. Y por extraño que pareciera, aquel contacto que debía sentir como algo desagradable (no en el sentido de repulsivo) le pareció de todo menos eso. Era cálido y agradable, suave. Y aunque no estaba lo suficientemente cerca como para que aquel olor que la acompañaba le golpease como aquella vez en el baño, percibió el sutil aroma de su piel. Sonrió unos segundos con un deje de nerviosismo en la comisura de los labios, pero no se apartó. Dejó que fuera ella quien quitase la mano. Él había estado contando los segundos que había mantenido el contacto. Siete. El maldito número siete. -Pues.. me alegro de que me buscases.. aunque hoy te has equivocado de pelirrojo... aunque si quieres te lo puedo presentar... - bromeó estirándose de nuevo ya que se había encorvado un poco cuando ella le había cogido de la barbilla.
Iba a responder a su pregunta cuando Gennea, la amiga de la que ya le había hablado, se metió en la conversación como si hubiera recibido una invitación. Aunque a decir verdad, tampoco le molestó. En otro tiempo le habría molestado. Asintió unos segundos y se apartó la capa para dejar ver el cofre de cristal que pendía del cinturón. -Sí... soy ese brujo.. Era esto o ir del conejo de Babbity Rabbiti... y las orejas de conejo no me sientan del todo bien.. -sonrió levemente antes de presentarse tan solo con su nombre. No quiso darle la mano porque ese contacto sí que le asustaba y era mejor no montar una escena. Por suerte para ambos, Gennea no se quedó mucho (no captó la urgencia de Seëlia porque su amiga se marchase de allí) pero agradeció volverse a quedar a solas con ella. Todo lo que pudiera estar a solas en un comedor lleno de gente. Pero se sentía más cómodo así.
-Creo que voy a tomar una cerveza de mantequilla.. - agarró una jarra de cristal de las que habían traido importadas de la Taberna de las Tres Escobas y volvió a fijar la mirada en ella. Estaba diferente, tenía el pelo... que no era el suyo. Pero eso no quiere decir que no estuviera guapa. Lo estaba, aunque ahora añoraba ese pelo colorido. -No tenía muchas ideas de qué ir... y de pequeño me gustaba mucho esa fábula... - encogió los hombros, dándole un sorbo a la mantequilla y relamiéndose la espuma que se le había quedado en el labio superior. -¿Y tú? ¿Donde has dejado tu pelo colorido...? Se lo echa en falta... - alargó una mano, casi temblorosa aunque controló el pulso a la hora de agarrar con delicadeza uno de sus mechones. -No te queda mal.. estás genial. Aunque no pareces la misma sin tanto color... Casi pareces una persona normal.. - bromeó soltando su mechón tras el tiempo que el consideró suficiente. -Pero te contaré algo.. - volvió a inclinarse un poco hacia ella, manteniendo la distancia. -...las personas normales son aburridas... - sonrió abiertamente, rememorando las palabras que ella había dicho los primeros días y le guiñó un ojo de manera cómplice, como quien oculta un secreto.
Por un momento sus ojos captaron la trayectoria de hacia donde se dirigía aquella mano. Unas semanas, un mes atrás habría saltado como repelido por un protego antes de tenerlos a menos de treinta centímetros. Pero no saltó. Estaba tratando de controlar ese impulso irracional de apartarse y dejó que ella le agarrara de la barbilla, examinándolo. Y por extraño que pareciera, aquel contacto que debía sentir como algo desagradable (no en el sentido de repulsivo) le pareció de todo menos eso. Era cálido y agradable, suave. Y aunque no estaba lo suficientemente cerca como para que aquel olor que la acompañaba le golpease como aquella vez en el baño, percibió el sutil aroma de su piel. Sonrió unos segundos con un deje de nerviosismo en la comisura de los labios, pero no se apartó. Dejó que fuera ella quien quitase la mano. Él había estado contando los segundos que había mantenido el contacto. Siete. El maldito número siete. -Pues.. me alegro de que me buscases.. aunque hoy te has equivocado de pelirrojo... aunque si quieres te lo puedo presentar... - bromeó estirándose de nuevo ya que se había encorvado un poco cuando ella le había cogido de la barbilla.
Iba a responder a su pregunta cuando Gennea, la amiga de la que ya le había hablado, se metió en la conversación como si hubiera recibido una invitación. Aunque a decir verdad, tampoco le molestó. En otro tiempo le habría molestado. Asintió unos segundos y se apartó la capa para dejar ver el cofre de cristal que pendía del cinturón. -Sí... soy ese brujo.. Era esto o ir del conejo de Babbity Rabbiti... y las orejas de conejo no me sientan del todo bien.. -sonrió levemente antes de presentarse tan solo con su nombre. No quiso darle la mano porque ese contacto sí que le asustaba y era mejor no montar una escena. Por suerte para ambos, Gennea no se quedó mucho (no captó la urgencia de Seëlia porque su amiga se marchase de allí) pero agradeció volverse a quedar a solas con ella. Todo lo que pudiera estar a solas en un comedor lleno de gente. Pero se sentía más cómodo así.
-Creo que voy a tomar una cerveza de mantequilla.. - agarró una jarra de cristal de las que habían traido importadas de la Taberna de las Tres Escobas y volvió a fijar la mirada en ella. Estaba diferente, tenía el pelo... que no era el suyo. Pero eso no quiere decir que no estuviera guapa. Lo estaba, aunque ahora añoraba ese pelo colorido. -No tenía muchas ideas de qué ir... y de pequeño me gustaba mucho esa fábula... - encogió los hombros, dándole un sorbo a la mantequilla y relamiéndose la espuma que se le había quedado en el labio superior. -¿Y tú? ¿Donde has dejado tu pelo colorido...? Se lo echa en falta... - alargó una mano, casi temblorosa aunque controló el pulso a la hora de agarrar con delicadeza uno de sus mechones. -No te queda mal.. estás genial. Aunque no pareces la misma sin tanto color... Casi pareces una persona normal.. - bromeó soltando su mechón tras el tiempo que el consideró suficiente. -Pero te contaré algo.. - volvió a inclinarse un poco hacia ella, manteniendo la distancia. -...las personas normales son aburridas... - sonrió abiertamente, rememorando las palabras que ella había dicho los primeros días y le guiñó un ojo de manera cómplice, como quien oculta un secreto.
31 de octubre | Gran comedor | con Seëlia

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Re: — Water and oil.
— night of the dead.
Para haberse dado cuenta con cierto retraso, Seëlia pudo advertir que el chico no pareció ni ponerse nervioso si quiera ante el contacto. Se sorprendió de aquello, puesto que desde que se lo había dicho, había evitado momentos como el del abrazo/desmayo (puede que no perdiera la consciencia, pero se sintió realmente mal cuando pasó, mucho más cuando conoció el motivo). Otra razón más por la que intrigarse. Pero demasiadas cosas estaban sucediendo a su alrededor como para prestarle más atención a aquello, al menos de momento.
— Es fácil decir eso cuando hoy has decidido no ser pelirrojo. — Comentó, como ofendida, aunque no lo estaba para nada, y la sonrisa que cada vez se ensanchaba más en su rostro, lo denotaba. — No, no hace falta. Tal vez más tarde. — Evidentemente era otra broma, evidentemente no le interesaba. No iba coleccionando pelirrojos como si fuesen cromos de los grandes magos de la historia, de hecho ni pelirrojos ni chicos de ningún otro tipo, ni personas en general. ¿Cómo se puede coleccionar lo que no se posee? Aunque al parecer muchos seres humanos estaban cómodos con ese concepto, no ella. Además, ya tenía bastantes presentaciones con las de su amiga en aquél momento. Fue un alivio que no opusiera mucha resistencia a marcharse. Gennea no era tan metomentodo como podía llegar a serlo Seëlia, algo que en ese momento suponía un alivio, aunque muchas veces la chica se burlaba (sanamente) de su amiga por ello.
Le preguntó con el ánimo de buscarle una bebida, pero no tuvo problemas para servirse por sí mismo. Malditosy sensuales brazos largos. Ella optó por llegar al fina a su bebida y acercar el enorme vaso con el líquido naranja en su interior. Luego, dejó de lado la mesa de las bebidas para centrarse en Corvinus y lo que le estaba contando. — ¿No es un poco macabro para ser el cuento favorito de un niño?. — Preguntó, acostumbrada a la cultura Disney del mundo muggle. Ella había crecido con Nemo y ese tipo de cosas, los cuentos de Beedle el Bardo no le llegaron hasta que ya estaba en Hogwarts.
— Pues...ya ves. — Señaló lo que llevaba por encima de la cabeza, pegado al pelo. — Si me hubiese dejado los colores esto no se notaría nada, y de eso iba el tema.. — Su piel era pálida, pero debía decir que lo parecía mucho más debido al color de pelo. También se había maquillado adrede para parecerlo más, eliminando cualquier brillo o iluminación. Al fin y al cabo era la noche de los muertos y no estaba de más tener el aspecto de un zombie. Aunque de un zombie muy mejorado, tratándose de aquellas condiciones. Si hubiese decidido hacer de un no muerto de verdad seguramente iría cubierta de sangre y con un brazo escondido para simular que le falta. Pero no tenía ni idea de lo que parecía. Aunque ya había pensado en un juego por ello, por si se le presentaba la ocasión. — Pero en unos días volverá a ser de colores...aunque tengo mis dudas. ¿Qué colores me recomiendas?. — Preguntó de repente. Si hiciera caso o no de su recomendación, se vería dos días más tarde.
Se alegraba de estar dentro de aquella escena. De haber observado al chico durante años no participar, de haberlo visto sonreír más en esas últimas semanas mucho más de lo que se hubiese imaginado los últimos días. De que aquello no fuese una simple relación de acoso/molestia. De estar allí en medio de todo el mundo y sentir que, en el fondo, el resto de personas sobraban.
— Es fácil decir eso cuando hoy has decidido no ser pelirrojo. — Comentó, como ofendida, aunque no lo estaba para nada, y la sonrisa que cada vez se ensanchaba más en su rostro, lo denotaba. — No, no hace falta. Tal vez más tarde. — Evidentemente era otra broma, evidentemente no le interesaba. No iba coleccionando pelirrojos como si fuesen cromos de los grandes magos de la historia, de hecho ni pelirrojos ni chicos de ningún otro tipo, ni personas en general. ¿Cómo se puede coleccionar lo que no se posee? Aunque al parecer muchos seres humanos estaban cómodos con ese concepto, no ella. Además, ya tenía bastantes presentaciones con las de su amiga en aquél momento. Fue un alivio que no opusiera mucha resistencia a marcharse. Gennea no era tan metomentodo como podía llegar a serlo Seëlia, algo que en ese momento suponía un alivio, aunque muchas veces la chica se burlaba (sanamente) de su amiga por ello.
Le preguntó con el ánimo de buscarle una bebida, pero no tuvo problemas para servirse por sí mismo. Malditos
— Pues...ya ves. — Señaló lo que llevaba por encima de la cabeza, pegado al pelo. — Si me hubiese dejado los colores esto no se notaría nada, y de eso iba el tema.. — Su piel era pálida, pero debía decir que lo parecía mucho más debido al color de pelo. También se había maquillado adrede para parecerlo más, eliminando cualquier brillo o iluminación. Al fin y al cabo era la noche de los muertos y no estaba de más tener el aspecto de un zombie. Aunque de un zombie muy mejorado, tratándose de aquellas condiciones. Si hubiese decidido hacer de un no muerto de verdad seguramente iría cubierta de sangre y con un brazo escondido para simular que le falta. Pero no tenía ni idea de lo que parecía. Aunque ya había pensado en un juego por ello, por si se le presentaba la ocasión. — Pero en unos días volverá a ser de colores...aunque tengo mis dudas. ¿Qué colores me recomiendas?. — Preguntó de repente. Si hiciera caso o no de su recomendación, se vería dos días más tarde.
Se alegraba de estar dentro de aquella escena. De haber observado al chico durante años no participar, de haberlo visto sonreír más en esas últimas semanas mucho más de lo que se hubiese imaginado los últimos días. De que aquello no fuese una simple relación de acoso/molestia. De estar allí en medio de todo el mundo y sentir que, en el fondo, el resto de personas sobraban.
31 de octubre | Gran comedor | con Corvinus

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Re: — Water and oil.
— night of the dead.
Se movió hasta una de las paredes laterales del comedor, donde había menos ruido y podía hablar más tranquilamente con Seëlia, movimiento que no pasó desapercibido para algunos de los Slytherins ya conocidos que, desde el incidente en el baño, trataban de seguir al joven Rosier muy de cerca, buscando su venganza algún día.
Le hizo un pequeño gesto a Seëlia para que le siguiera, con la idea de conversar un poco antes de meterse en medio de la fiesta. -Quizá a ti te parezca macabro, pero es una de las fábulas más conocidas... Era mi favorita cuando era pequeño... Además de que no contamos con tantos cuentos como en el mundo muggle. Y como ya he dicho, no querrías haberme visto disfrazado de conejo.. Mi hermana consiguió ponerme las orejas... por suerte no tenía una cámara para hacerme foto y ese momento se perdió para siempre.. - bromeó dramáticamente dando otro sorbo a la cerveza, que se deslizó cálidamente por su garganta. quería ver la reacción de Seëlia a esa frase, así que la examinó de reojo, con una leve sonrisa en los labios.
-Eso espero... no te veo con el pelo de color tan claro... si te lo dejas así, me lo voy a dejar negro siempre.. - le picó con una sonrisa. -Creo que el azul y el morado te quedan muy bien... Aunque si es por gustos personales.. Me gustaría ver que tal te queda alguno de los colores de la casa de las serpientes..- apuró la jarra de la cerveza, hasta que quedó vacía y la dejó en una de las mesas.
-Pero... volvamos a eso de los disfraces... Yo voy de un hombre que no quería amar.. y tú.. - levantó un dedo y lo acercó a la chica, dándole un toque de tan solo unos segundos en la frente para luego retirarlo. Esos gestos, pequeños, hacían que poco a poco fuera acercándose más a la chica sin sentir esa presión en el pecho. Aunque para ser sinceros cada vez que eso ocurría sentía otro tipo de presión. -Todavía no he acabado de saber de qué vas... ¿Pretendes ir de la dama de las nieves..? ¿O de una mujer albina.. ?- encaró una ceja, volviendo su mirada a ese rostro más blanquecino de lo normal, donde destacaban enormemente sus ojos azules, ahora enmarcados por brillantina de colores. Sonrió para sus adentros, con un cosquilleo en la boca del estómago y se echó hacia atrás. -Aún a riesgo de acabar hiperventilando y probablemente en la enfermería con un ataque de nervios.. - su sonrisa se acentuó aún más, con los ojos brillantes de un chico que ha planeado la broma del siglo. le tendió una mano que temblaba ligeramente, aunque trató de ocultarlo. -¿Te apetece bailar? Aunque te advierto ya de antemano que no tengo ni idea de bailar este tipo de música... Ya sabes, los estirados y snoobs solo sabemos bailar bailes de salón.. Y puede que te pise...
Le hizo un pequeño gesto a Seëlia para que le siguiera, con la idea de conversar un poco antes de meterse en medio de la fiesta. -Quizá a ti te parezca macabro, pero es una de las fábulas más conocidas... Era mi favorita cuando era pequeño... Además de que no contamos con tantos cuentos como en el mundo muggle. Y como ya he dicho, no querrías haberme visto disfrazado de conejo.. Mi hermana consiguió ponerme las orejas... por suerte no tenía una cámara para hacerme foto y ese momento se perdió para siempre.. - bromeó dramáticamente dando otro sorbo a la cerveza, que se deslizó cálidamente por su garganta. quería ver la reacción de Seëlia a esa frase, así que la examinó de reojo, con una leve sonrisa en los labios.
-Eso espero... no te veo con el pelo de color tan claro... si te lo dejas así, me lo voy a dejar negro siempre.. - le picó con una sonrisa. -Creo que el azul y el morado te quedan muy bien... Aunque si es por gustos personales.. Me gustaría ver que tal te queda alguno de los colores de la casa de las serpientes..- apuró la jarra de la cerveza, hasta que quedó vacía y la dejó en una de las mesas.
-Pero... volvamos a eso de los disfraces... Yo voy de un hombre que no quería amar.. y tú.. - levantó un dedo y lo acercó a la chica, dándole un toque de tan solo unos segundos en la frente para luego retirarlo. Esos gestos, pequeños, hacían que poco a poco fuera acercándose más a la chica sin sentir esa presión en el pecho. Aunque para ser sinceros cada vez que eso ocurría sentía otro tipo de presión. -Todavía no he acabado de saber de qué vas... ¿Pretendes ir de la dama de las nieves..? ¿O de una mujer albina.. ?- encaró una ceja, volviendo su mirada a ese rostro más blanquecino de lo normal, donde destacaban enormemente sus ojos azules, ahora enmarcados por brillantina de colores. Sonrió para sus adentros, con un cosquilleo en la boca del estómago y se echó hacia atrás. -Aún a riesgo de acabar hiperventilando y probablemente en la enfermería con un ataque de nervios.. - su sonrisa se acentuó aún más, con los ojos brillantes de un chico que ha planeado la broma del siglo. le tendió una mano que temblaba ligeramente, aunque trató de ocultarlo. -¿Te apetece bailar? Aunque te advierto ya de antemano que no tengo ni idea de bailar este tipo de música... Ya sabes, los estirados y snoobs solo sabemos bailar bailes de salón.. Y puede que te pise...
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