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His number is six hundred threescore and six

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His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Lost Chris el Dom Mayo 01, 2016 10:31 pm

His number is six hundred threescore and six
Damien AU | Drama-Terror | 1x1

Todos los niños temen a la oscuridad. El mal parece acechar cuando caen las sombras. Pero a veces el mal no está fuera. A veces el mal anida en el interior, dormido, esperando a que llegue el momento.
Damien Thorn es un fotógrafo de guerra. Tras el objetivo ha sido testigo silencioso de  cosas que ningún ser humano debería ver. Pero nada de eso le podía haber preparado para el rumbo que tomará su vida de repente. ¿O tal vez si? Siempre ha vivido rodeado de extraños sucesos, muchos que ni siquiera recuerda. Parece ser que ha llegado el momento de apagar las luces y despertar al demonio.

Personajes
Damien Thorn | Bradley James | 30 | Lost Chris
Luciana Glovesclock | Barbara Palvin | 29 (480) | Thessa Summer




Última edición por Lost Chris el Jue Mayo 05, 2016 9:26 pm, editado 1 vez
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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Thessa Summer el Lun Mayo 02, 2016 5:48 am

Demon
Damien Thorn & Luciana Glovesclock
HIS NUMBER IS SIX HUNDRED THREESCORE AND SIX


Finalmente, su celular había sonado. Después de casi 30 años esperando, el momento que tanto había deseado estaba por llegar, por fin se podría presentar ante el de forma directa, sin la protección de aquel maldito ángel que impedía sus maniobras.Por fin, sus actos empezaban a cobrar sentido mientras que su camino empezaba a direccionarse hacia donde siempre había querido, al despertar.

Era de noche, el reloj marcaba apenas las 3:30 de la mañana cuando cruzó las puertas de aquella estacion de policia encubierta como abogada. Esa era una, de las muchas ventajas de ser demonio, podía adoptar la forma que quisiera, con los conocimientos que en aquel momento le beneficiaran, podía ser medico e incluso policia, podía usar su cuerpo y alguna de sus artimañas para obtener la información que requería, porque sencillamente, tenía el poder.  

- Abogada de Damien - informó al policía mostrando su carnet de identificación, antes de entrar aquella habitación donde tenían al castaño sentado. Estaba nervioso, podía oler el miedo con sus sentidos agudizados, podía percibir las energías en aquella habitación e incluso, podía sentir la confusión que invadía aquel demonio dormido que había en frente. Lentamente, se acerco hasta quedar frente el muchacho, dejando su portafolio sobre la mesa que los separaba.

- Soy Luciana, su abogada de oficio - afirmó sentándose frente él, enfocando la mirada en su rostro confundido y anonadado. Por un par de segundos, mientras lo miraba de forma directa, sintió un poco de pena al ver su semblante,  era tan joven, tan inexperto, que de ser humana o Ángel se sentía mal por el. Lastimosamente, no era así. Por el contrario, necesitaba que cayera tan a fondo que no le quedará de otra que sentarse a tomar su mano en búsqueda de ayuda -  Así que... si quiere salir de aquí, tendrá que contarme su versión de los hechos - solicito cruzando sus piernas bajo la mesa,  mientras sus dedos se entrelazaron sobre la misma.

Luciana sabía perfectamente que había pasado con ella y como él había terminado tan involucrado en aquel caso. En efecto, no había sido tan accidental aquel hecho, pues la misma muchacha había terminado untada de sangre esa misma noche. Sangre que ahora le sabía a victoria  

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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Lost Chris el Lun Mayo 02, 2016 5:30 pm

Damien Thorn
con Luciana
HIS NUMBER IS SIX HUNDRED THREESCORE AND SIX


Estaba sentado en aquella sala de interrogatorios, mirándose las manos todavía manchadas de la sangre de su mujer. No podía borrar las imágenes de su mente. Y si cerraba los ojos era todavía peor.
Hacía un par de días que había vuelto de Siria y tenía mucho material con el que trabajar. Quería entregar su trabajo antes de una semana. En su profesión, la novedad era primordial y aunque estaba seguro de que nadie se arriesgaba tanto como él y su compañero nunca esperaba demasiado tras un viaje para entregar las fotografías. Era plenamente consciente de que un día estaba arriba y al otro  podía terminar haciendo reportajes de bodas.
Eran las nueve cuando cruzaba la puerta de su casa. Lo recordaba porque había escuchado el reloj de la entrada anunciar la hora. Como casi todo en aquella casa, había pertenecido a su familia durante generaciones. Sonrío al escuchar de fondo una música procedente de la cocina. Ese día celebraba su 30 cumpleaños y se sentía especialmente feliz. –Lo siento cielo, no me di cuenta de la hora. – aunque habían hablado por teléfono hacía media hora, vio oportuno disculparse por la tardanza. Ella era la persona más comprensiva que había conocido jamás.
Colgó la cazadora en el perchero de la entrada y encestó las llaves en el bol que servía de llavero. Se encaminó hacia la cocina, estaba muerto de hambre. Pero entonces se dio cuenta de que la casa no olía a nada.  Una vez allí se extrañó de encontrar la cocina vacía. –¿Cariño? – no obtuvo respuesta. Se acercó a los fogones donde había una sartén con aceite a punto de quemarse. Apagó el fuego y rodeó la isla. Fue entonces cuando la vio en el suelo con un cuchillo clavado en el pecho. Su imagen ensangrentada se le clavó a fuego en la mente y tardó varios segundos en reaccionar. – Dios mío. – se tiró de rodillas a su lado pero no sabía qué hacer. Buscó con la mirada y vio uno de los paños de cocina colgando de un tirador, tiró de él y sin pensarlo sacó el cuchillo con ambas manos y presionó la herida con todas sus fuerzas. Debía llamar a emergencias pero no podía dejar que perdiera más sangre. Ni se planteaba si podía estar viva o muerta. Tenía que estar viva, no se movía, pero tenía que estar viva. – Lo siento cariño. Aguanta.
De repente una voz seca le paralizó – Ponga las manos donde podamos verlas. – giró la cabeza y vio a un policía apuntándole con una arma. Tras él un par de paramédicos. Respiró aliviado, ellos podrían salvarla. – Iba a llamarles,  pero no…
Entonces los hechos se precipitaron y sin entender nada le apartaron de su mujer y le inmovilizaron a pocos metros de ella. Le esposaron y le metieron en un coche patrulla. Lo último que escuchó antes de que le sacaran a empujones de su casa es que ella ya estaba muerta.
Llegaron a comisaría poco después y le metieron en una sala de interrogatorios. Ni siquiera sabía qué estaba haciendo allí, nadie hablaba con él. Un agente le había leído los derechos, por lo que supuso que estaba detenido, pero ¿por qué?.
La puerta se abrió y entró aquella mujer. Se presentó como su abogada de oficio y le pidió que le contara lo ocurrido. ¿Abogada? ¿Por qué necesitaba una abogada? – ¿Mi mujer está…? – preguntó con un hilo de voz. Conocía la respuesta pero no estaba preparado para aceptarla. Vació sus pulmones  e inspiró profundamente. Sus ojos volvieron a dirigirse hacia sus manos. – Llegué a casa a las nueve. Entré en la cocina y la vi. Intenté… – se le quebró la voz y volvió a tomar aire tratando de serenarse un poco. – Intenté detener toda aquella sangre y llegó la policía y la ambulancia. – al mencionar ese dato algo le vino a la mente el haber visto el teléfono junto a su mujer. ¿Ella misma debió llamar a emergencias? Volvió a levantar la mirada hacia la abogada. – ¿Por qué estoy aquí?

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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Thessa Summer el Mar Mayo 03, 2016 12:29 am

Demon
Damien Thorn & Luciana Glovesclock
HIS NUMBER IS SIX HUNDRED THREESCORE AND SIX


" - ¿Hasta cuando le seguirás ocultando su verdadera naturaleza? - pregunto aquel demonio en forma de mujer, a la que ahora era la esposa de su "protegido". Luciana era un demonio cuya anatomía era claramente la de una mujer muy atractiva, su figura resaltaba los atributos de una modelo, mientras que su mirada terminaba por hipnotizar a cualquier persona que se detuviera a mirarla fijamente.
- Hasta que muera - repuso el ángel, quien encarnaba ahora la esposa de aquel "anticristo", como solía llamarle ocasionalmente Luciana, a  Damien.
Fue entonces que la mirada de la rubia se iluminó por completo, dando un par de pasos hacía adelante, tomó uno de los cuchillos de aquel juego que reposaba sobre la encimera.  - Lamento tanto tener que escuchar eso - añadió mientras se acercaba a la mujer, jugando con aquel elemento cortopunzante entre sus manos, pasando distraidamente de lado a lado.  - ¿Sabes? A veces personas buenas deben morir... o perdón, a veces, ángeles caídos, deben morir, para que la vida siga su paso normal -  comentó mirando sus manos, con malicia. En efecto, estaba bastante protegida, aunque era un demonio, tenía una "identidad" humana que debía proteger, por eso sus huellas digitales estaban ocultas en aquel par de guantes negros ceñidos a su piel "
   

- Esta muerta, Damien - respondió a su pregunta con total neutralidad, enfocando la mirada en aquel hombre. Ahora que por fin lo tenía cerca, se daba cuenta que después de tantos años, aquel niño se había convertido realmente en un hombre. Era físicamente atractivo, tenía voz gruesa y manos grandes. Su rostro no solo evidenciaba la incertidumbre, sino también la maldad que corría por sus venas. Su mirada por otro lado, mostraba lo contrario, parecía ser noble, carismático, paciente y hasta amable. Lo único que Luciana esperaba, era que después de todo lo que estaba a punto de ocurrir, algo de la maldad oculta que yacía en su sangre, empezará a salir a flote -  Has sido acusado de homicidio culposo en primer grado - añadió suspirando, acercando al castaño los documentos que habían sido firmados por el oficial que realizó el levantamiento. - Necesito que me digas exactamente, donde estabas entre 8:00 y 9:00 de la noche. Debemos sacar una coartada para sacarte de aquí - fue entonces, que se puso de pie dejando caer su larga cabellera hacía un lado de su cuerpo.  

Distraídamente, empezó a caminar alrededor de aquel salón de interrogatorios, observando como afuera de la misma, varios policías estaban al pendiente de lo que sucediera en aquella habitación. Las energías que se sentían en aquel sitio solo hacían que el poder y la sed de la mujer creciera más, lo que quería decir que cualquier caso que estuviera a su alrededor, por mas prometedor que sonará, empezaría a declinar con su sola presencia. En este caso, las energías que la mujer atraía a los sitios donde pisaba eran relacionadas con la destrucción y el caos. Mas o menos, lo mismo ocurría con Damien quien hasta ahora había estado neutralizado por aquel ángel, ya muerto. - Ademas... Necesito hacer un perfil tuyo, así que empieza contándome de tu vida, desde que eras niño. Lo que recuerdes - solicito, quedando justo detrás de él, observando aquella marca que los de su clase solían tener o en el cuello o detrás de la oreja, camuflado como si fuera un pequeño lunar. Una sonrisa salio de sus labios.    

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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Lost Chris el Mar Mayo 03, 2016 8:44 pm

Damien Thorn
con Luciana
HIS NUMBER IS SIX HUNDRED THREESCORE AND SIX

Homicidio en primer grado. ¿Homicidio en primer grado? Tardó unos segundos en procesar lo que aquellas palabras significaban. Era un hombre inteligente pero en aquellos momentos sentía que sus pensamientos se volvían pesados y torpes. Estaba claramente en estado de shock. Apoyó los codos en la mesa y se cubrió las manos con la cara cuando comprendió al fin, lo que ocurría. Le culpaban de la muerte de su mujer. Eso era una locura. ¿Cómo podían culparle de semejante atrocidad? Ella estaba muerta cuando él llegó. No quiso verlo, trató de reanimarle, pero en el fondo sabía que toda aquella sangre solo significaba una cosa; la había perdido. Cogió aire y el metálico olor de la sangre entró por sus fosas nasales. Las apartó al momento al darse cuenta de que ese olor le asosegaba de algún modo.
Necesitaba limpiarse, cambiarse de ropa, alejar ese olor, pero tendría que lidiar con ello de momento. Abrió la carpeta que la abogada puso sobre la mesa y sus ojos recorrieron el documento. Tal y como había imaginado, ella misma llamó a emergencias. Leyó la transcripción y se le heló la sangre cuando leyó su nombre en el papel. Había dicho su nombre. Su última palabra había sido su nombre: Damien. Tuvo que dejar de leer y apartó los papeles a un lado. – Yo no maté a mi mujer.
Cuando la abogada le preguntó por su coartada entre las ocho y las nueve  lo tuvo claro. – A las ocho todavía estaba en mi estudio. Salí… No lo sé, debían ser las ocho y veinte, tal vez antes. Eran las nueve cuando llegué. – la siguió con la mirada y se dio cuenta de que la mujer le ponía nervioso. Había algo en ella que le hacia estar alerta. No sabía qué era pero no terminaba de fiarse de ella. – ¿Cómo ha dicho que se llama? – recordaba que le había oído decir su nombre pero no conseguía recordarlo. – ¿Y qué tiene que ver mi vida en todo esto? – la sentía detrás suyo, observándole. No estaba dispuesto a hablar con una desconocida así como así. Siempre había sido un hombre muy reservado. Principalmente si se trataba de su vida personal. No sabía muy bien porque pero no recordaba mucho de su niñez, solo algunos momentos puntuales. –No creo que lo que recuerde de cuando era niño ayude a encontrar al asesino de mi mujer. – se giró en la silla, no podía aguantar sentirla detrás suyo.- Porque yo no maté a mi mujer. Ese en el único perfil que necesita conocer. La amaba y jamás le hubiera hecho daño. – miró hacia el espejo que ocupaba gran parte de una de las paredes. No era imbécil, sabía que les estaban escuchando. Se levantó y se acercó al espejo. – ¿Lo están oyendo? ¡Yo no he matado a mi mujer! – descargó su frustración golpeando el cristal con el puño cerrado. Apretó los dientes y se alejó dándole la espalda al espejo y a la abogada.


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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Thessa Summer el Jue Mayo 05, 2016 3:40 am

Demon
Damien Thorn & Luciana Glovesclock
HIS NUMBER IS SIX HUNDRED THREESCORE AND SIX

Suspiro, sabía que no sería fácil. Damien siempre había sido una persona de carácter a la que era dificil influenciar o hacerle dudar de lo que pensaba, aquel era el poder que aquel Ángel había ejercido sobre él, había amoldado su personalidad a tal punto que los recuerdos traumáticos habían sido reemplazados por la nada. Como si realmente no existiera ningún tipo de poder sobre natural en aquella anatomía masculina, convirtiéndose en un hombre normal.

- ¿Hay alguien que pueda respaldar tu coartada? - preguntó, cruzándose de brazos. Lo cierto era que no, la ultima vez que logro verlo en el estudio, se encontraba solo, fue por eso que aprovecho aquel momento de vulnerabilidad para cumplir con parte del trabajo. Tenía que ser justamente en la víspera de su cumpleaños, que el caos empezará a despertarse. Y en efecto, la oscuridad empezaba apoderarse de la tranquilidad del muchacho, quien pronto empezó a reaccionar como si de un animal acorralado se tratara. Sin que él lo percibiera, una sonrisa maliciosa se formo en sus labios. Estaba actuando justamente como esperaba que lo hiciera, con desesperación. Quizás así, en algún punto de aquella conversación, en la única en la que pudiera confiar sería en ella.

"Enseñarle a ser prudente" pensó mientras observaba su reacción. Dando un par de pasos hacía atrás dejó que su euforia se modulará un poco. Necesitaba inspirarle confianza, hasta tal punto, que empezará abrir su "corazón".

Negando levemente con la cabeza, camino hasta la puerta, abriendola para hacerle una seña a uno de los guardas de seguridad - Necesito que nos trasladen a un salón privado. No quiero cámaras ni este tipo de vista - comentó señalando aquel vidrio, donde probablemente los estaban observando -  son parte de los derechos de mi cliente - añadió, haciéndole un gesto con la mano aquel guarda, mientras este se direccionan donde su superior. Lo cierto era que, a pesar de ser parte de sus derechos, nadie en la policía estaba en la obligación de hacer lo que ella estaba pidiendo, sin embargo, gracias a sus "dones" la mente de muchos podía ser manipulada a su favor. Con Damien tenía prohibido usar aquellas capacidades mentales, por llamarle de alguna manera.

Cerrando la puerta tras de si, dio un par de pasos para quedar frente al castaño - Me llamo Luciana Glovesclock, soy abogada desde hace casi cinco años, no prometo ganar tu caso, pero si hacer lo que esté a mi alcance para que tu nombre quede limpio - respondió a sus preguntas, colocando la mano sobre el hombre de aquel hombre - Puede confiar en mi. Se que no mato a su esposa. No parece ser de ese tipo de personas - añadió, esta vez tomándole las manos con las propias. Sus manos, en comparación a la de otros demonios, siempre habían sido tibias, entre ellos, se burlaban diciendo que era el infierno que vivió en su cuerpo sin importar la forma que adoptara, la que se reflejaba en la palma de ellas. Por suerte y para muchos, esa calidez en su piel, solo actuaba de forma atrayente

- He preguntado por tu niñez porque me han dado algunos reportes que... sería bueno discutir. Quiero hacer un perfil tuyo antes de pasar un derecho de petición para que seas liberado. - fue entonces, que el guarda abrió la puerta, haciendo una seña que significaba el traslado de habitación. Dedicandole una sonrisa aquel hombre, se giro de nuevo hacía Damien, soltando su mano para tomar sus documentos - He solicitado traslado de habitación, son tus derechos. ¿Me acompañas? - pregunto tomando los folios entre sus brazos, caminando hasta la puerta.

 

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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Lost Chris el Jue Mayo 05, 2016 7:28 pm

Damien Thorn
con Luciana
HIS NUMBER IS SIX HUNDRED THREESCORE AND SIX

Tras la muerte de sus padres creó una coraza a su alrededor, no dejó que nadie la cruzara y fueron muchos los que lo intentaron. Se hacía “amigo” de todos y enseguida querían complacerle para ganarse su simpatía; pero él, aunque educado y cordial, siempre se mostró más bien frío hacía tantas muestras de aprecio. No entendía porque se esforzaban tanto en agradarle cuando a él le daba absolutamente igual tener amigos como no tenerlos. Pero cuando la conoció a ella, esos muros cayeron. No tuvo que proponérselo, simplemente no estaban allí. Una sensación de sosiego y seguridad le invadían cuando estaban juntos. Sin embargo, su actitud hacia el resto del mundo siguió del mismo modo que siempre. No era fácil llegar al corazón de Damien ni ganarse su confianza.
Y esa mujer, a la que no conocía de nada, le pedía que confiara en ella, que le contara detalles de su niñez que él prefería no recordar.  Su cuerpo se tensó cuando ella cogió sus manos pero permaneció allí de pie y escuchó en silencio sus explicaciones, aguantando su mirada y sin ningún tipo de expresión en el rostro. Necesitaba pensarlo un momento y calmarse. No iba a conseguir más que empeorar las cosas si perdía los nervios.
Se soltó de sus manos y la acompañó, escoltado por un policía a la nueva sala.
En cuanto entraron pudo comprobar que no había cámaras de seguridad ni espejos con truco. Eso le tranquilizó.
¿Qué opciones tenía? No muchas. No tenía coartada, el cuchillo tenía sus huellas y cuando ella llamó a emergencias lo único que dijo fue su nombre.
Luciana Glovesclock, se repitió mentalmente mientras se acercaba a una pequeño lavamanos. La mujer le creía, o eso decía. Había conseguido una sala con más privacidad. Eso estaba bien. Entonces, ¿Por qué estaba tan tenso? Porque acabas de perderla, se dijo.
Abrió el agua y observó como caía por el desagüe. Se sentía culpable por no querer lavarse las manos. Era macabro, pero era lo único que le quedaba de ella. Si, en casa tenía su ropa, sus cosas, fotografías… Pero no quedaba nada de ella, solo la sangre de sus manos. Se mordió los labios y metió las manos bajo el grifo. Lavó los restos de sangre con suavidad, tomándose su tiempo, como si de un ritual se tratara. En cuanto terminó se volvió hacia la abogada.
- De acuerdo.
Se acercó a la mesa y se sentó en la silla que le quedaba más cerca. – Estaba solo en mi estudio así que lo haremos a su modo. – sus ojos buscaron las manos de la mujer pero enseguida volvió a mirarla a los ojos. – No recuerdo mucho de mi niñez. – reconocer eso ya era un mundo para él. Solía inventarse historias cuando le preguntaban por su infancia, odiaba sentirse como un bicho raro porque eso suponía que le hicieran más y más preguntas. – Mi padre murió en un tiroteo cuando yo tenía seis años y poco después mi madre… – dudó en si seguir con la verdad o inventarse una mentira piadosa. Suspiró. Si había empezado no tenía sentido mentir.- tuvo un accidente en casa. Cayó por las escaleras. – en su mente recordó aquel día. –Mi padre había muerto hacía unos meses y eran las primeras Navidades sin él. Recuerdo un triciclo. Era rojo. Era el mejor regalo del mundo. – un sonrisa melancólica se dibujo en sus labios, aunque enseguida se borró al seguir con la historia. – No me dejaban jugar en el jardín, no recuerdo porque, así que iba con él, pasillo arriba y abajo. Mi madre… No sé qué pasó, pero recuerdo que ese mismo día cayó y murió. – era un recuerdo confuso. Los gritos de la niñera y sus risas con el triciclo se mezclaban en una vorágine de imágenes inconexas y confusas. Cerró los ojos y se frotó la cara con ambas manos. – Después de eso, lo siguiente que recuerdo es… Creo que ya es viviendo con una hermana de mi padre. Debía tener diez años o nueve, no lo sé. Pero no estuve mucho allí. Me internó en una escuela hasta los dieciocho, solo la veía algunos fines de semana. Estudié fotografía, me casé y eso es todo. – no comprendía en qué podía ayudarle contarle todo eso, pero él no era abogado, no entendía de leyes.

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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Thessa Summer el Vie Mayo 06, 2016 5:33 pm

Luciana Glovesclock
Con Damien Thorn
HIS NUMBER IS SIX HUNDRED THREESCORE AND SIX

Para la rubia, aquellas imágenes eran bastante claras. Recordaba muy bien cómo había sido el accidente del padre de Damien, pues justo para esa época, había sido designada en el despertar del castaño. Las órdenes eran claras, para ese momento lo único que le pedían sus superiores, era avivar la llama demoníaca que crecía en su interior, hacerle ver cosas que inquietaran su niñez para que en su adolescencia pudiera empezar a experimentar todo aquello que vivía un ser de su naturaleza. Sin embargo, en el mismo momento que apareció Luciana, complicando un poco su vida, había aparecido aquel Ángel, bloqueando todo mal recuerdo.

La existencia de ambas se convirtió en un tire y afloje, donde una pretendia hacerle vivir su naturaleza, mientras que la otra procuraba mantener todo su poder neutral. El verdadero desafío ocurrió cuando aquella mujer adopto la forma humana, casándose con él.  Para ese entonces, el limite de tiempo empezaba a correr, sería justamente cuando el cumpliera 30 años que la rubia debía hacerse evidente y presente en su vida, sin importar el precio que tuviera que pagar; fue por ello que aprovechando la mortalidad y  vulnerabilidad de aquella mujer, que decidió matarla. Aunque había pensado hacerlo antes, nunca tuvo la prisa hasta el cumpleaños de Damien.

Justo después de entrar aquella nueva habitación, tomo asiento en la cabecera de la mesa. Dejando sobre la misma los documentos que había logrado conseguir - algunos falsos - se dedico a observar por un par de segundos los movimientos del muchacho. En cierto punto le daba pena, sabía que para los humanos era dificil apegarse para luego tener que perderlo todo, lo sabía porque a pesar de tener 400 años, poco más, su inicio fue como humana. Tuvo padres y amigos mortales, hasta que también, alguien externo, se encargó de hacerla despertar de su trance. Para su suerte, su naturaleza era mas fuerte que lo que pudiera haber aprendido en aquellos años mortales, era por eso que ahora no lo extrañaba y mucho menos corría con aquella desdicha de apegarse o amar.

Siguiéndolo con los ojos, observo como este se sentaba a su lado, empezando hablar. Su mirada aunque siguiera concentrada en él, podía observar como las energías empezaban a fluctuar a su alrededor, en una especie de aura. Todo estaba tomando su curso, como tendría que haber sido años atrás. - Tengo un informe que dice que estabas el día de la muerte de tu padre - comentó, tomando uno de los documentos de los policías testigos de aquel evento, que informaba haber visto un pequeño niño en medio del tiroteo. Era él. Para ese entonces, Luciana se encontraba al lado del niño - quien no lograba verla - susurrandole al oido todo lo que estaría a punto de pasar. Para ese momento Damien, supo mucho antes de que ocurriera, que su padre moriría ahí, sin embargo, tampoco había hecho nada. - En el informe, el policía afirma haberte encontrado en estado de shock, con un arma en la mano ¿Recuerdas algo de eso? - preguntó, mirándolo con curiosidad .

Suspiro. - Tengo otro documento, que afirma haberte encontrado al lado del cuerpo de tu madre, tras su muerte. Tus manos estaban untadas de sangre - dijo mientras acercaba otro documento a las manos del castaño - con una "actitud perturbadora" - añadió señalando justo el sitio donde estaba la confesión del oficial. Alejándose un poco de la mesa, termino cruzando sus piernas para verlo fijamente - quiero que entiendas que no estoy culpandote de nada, eras un niño. Sin embargo, el fiscal acusador podría afirmar que tengas algún problema psiquiátrico tras tus antecedentes personales cuando eras mas joven. Necesito tu version a todos estos documentos para saber como proceder cuando los saquen a colación - comentó, dejando a su lado, otros tres informes de eventos mas o menos parecidos, que implicaban la muerte de un familiar, un amigo de adolescencia y una de sus mascotas.

 

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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Lost Chris el Sáb Mayo 07, 2016 12:10 pm

Damien Thorn
con Luciana
HIS NUMBER IS SIX HUNDRED THREESCORE AND SIX


Clavó sus ojos en la mesa mientras la abogada le relataba lo sucedido alrededor de la muerte de su padre. Intentó recordar dónde estaba ese día, pero era incapaz, tan solo recordaba estar sentado sobre las piernas de su madre, enrollando un mechón de su rubio cabello alrededor de su dedo mientras esta le decía que su padre no volvería a casa. Su cara se tensó como muestra del esfuerzo que le costaba ordenar sus pensamientos. ¿Él había estado con su padre? ¿Por qué no lo recordaba? Se le heló la sangre cuando la escuchó decir que la policía le había encontrado con una arma en la mano. Sin ser consciente miró su mano izquierda y creyó poder sentir el tacto frío de una pistola. Apartó la mano de su vista la frotó en la pierna. Miró a la abogada. – Eso no es cierto. Yo no estaba allí. – pero ella le mostró el informe y pudo leerlo con sus propios ojos. ¿Qué clase de broma macabra era esta?
Pero la pesadilla no se detuvo ahí. La abogada siguió hablando y le dejó leer otro de los informes. Tal como ella le estaba diciendo, se relataba que la policía encontró a un niño junto al cuerpo sin vida de la señora Thorn, al pie de las escaleras. El niño estaba haciendo dibujos en el suelo usando sus manos como pincel y la sangre de su madre como pintura. Fue solo un flash, que duró menos de un segundo, pero recordó sentir algo caliente en sus manos y reír.  Tuvo que levantarse y usar una papelera para vomitar cuando vio la fotografía adjunta al informe. En ella se veía el cuerpo de su madre con el cuello roto y una expresión de terror sobre un gran charco de sangre. Alrededor de ella, una serie de dibujos desconcertantes y un número repetido una y otra vez.: el seis.
Cuando logró contener las náuseas giró la cabeza hacia la abogada que seguía poniendo un informe tras otro sobre la mesa. – Yo no hice todo eso. Lo recordaría. – se sentó en el suelo doblando las rodillas contra el pecho. Su respiración era agitada y un sudor frío le recorría la espalda. ¿Lo recordaría? ¿Y qué habían sido esos flashes sino recuerdos? No, era imposible. Él no hubiera sido capaz de hacer nada parecido. – ¿Por qué hubiera querido hacerles daño? Solo era un niño y les quería. - ¿qué niño no quiere a sus padres? Apoyó la cabeza en la pared y cerró los ojos. Estuvo un rato así, en silencio, aunque por dentro se escuchaba gritar de desesperación. Cuando volvió a abrir los ojos miró directamente a la abogada. – Tengo amigos, amigos que dirán ante quien sea que yo no pude hacer nada de eso. – aunque la que mejor podría defenderle ya no lo haría nunca más. – No soy ningún perturbado.
Se armó de fuerza para levantarse y acercarse de nuevo a la mesa. Se sentía abatido y arrastró un poco los pies. Apoyó las manos en la mesa y apartó de un manotazo las carpetas que no contenían más que estupideces. Los papeles quedaron esparcidos por el suelo. Inclinó su cuerpo y acercó su cara a escasos centímetros de la mujer. - Si realmente quieres ayudarme, consigue sacarme de aquí. - sus palabras sonaron más frías y su mirada más desafiante de lo que pretendía. No fue consciente de ello pero las comisuras de sus labios dejaron entrever una leve sonrisa.


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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Thessa Summer el Dom Mayo 08, 2016 4:01 pm

Luciana Glovesclock
Con Damien Thorn
HIS NUMBER IS SIX HUNDRED THREESCORE AND SIX

Finalmente estaba logrando desestabilizar su punto medio, encontrando aquellas zonas débiles pérdidas en su memoria, dentro de aquel baúl que Orel - el Ángel - había logrado sellar a lo largo de los años. Curiosamente, el mal siempre había sido mas fuerte que el bien, era por eso que lo que aquella mujer hizo en años, Luciana estaba deshaciendo en cuestión de minutos. Los recuerdos estaban en su mente, solo era cuestión de traerlos a la superficie recordandole su verdadera naturaleza. Sin embargo, debía ser cuidadosa, pues no quería que lo terminarán metiendo en un hospital psiquiátrico acusando una esquizofrenia.

Observó como el semblante de aquel hombre empezaba a desvanecerse, las dudas eran cada vez mas intensas, tenía la leve impresión de que en cualquier momento podría desmayarse. Sin embargo, no dijo nada, permaneció en silencio mientras este discutía consigo mismo; mientras que la rubia, por otro lado, podía darse cuenta de la ambigüedad de sus emociones. Su mirada se enfocaba en aquella aura de luz que salia alrededor del cuerpo de aquel muchacho, notando la oscilación de colores a su alrededor: blanco, naranja, rojo, negro, pareciendo una llamarada de fuego.

Sonreía, sin que él pudiera darse cuenta. Los labios de la mujer mostraban una sonrisa de satisfacción, mientras veía emerger la maldad en aquel ser.

Fue hasta que finalmente se armo de fuerza para levantarse del suelo y darle una orden, que Luciana pudo ver su naturaleza en aquella mirada. Era la primera vez en aquellos 24 años que llevaba tras él, que observo lo que todos los de su clase tenían. La mirada del muchacho se torno oscura, mientras que sus labios se ladeaba en una sonrisa. Sabía lo que estaba pasando, aunque él no fuera totalmente consciente de ello.   

Agachando un poco la mirada, sonriendo medio lado con cierta malicia, susurro - Eram quod es, eris quod sum - - que en español significaba "Yo era lo que tu eres, tu serás lo que soy yo". Colocándose inmediatamente de pie, dedico una sonrisa a Damien, antes de caminar hacía la puerta. Su salida estaba lista, esa noche él saldría de aquel encarcelamiento - porque finalmente no habían suficientes evidencias en su contra - y ella, empezaría a planear su renacimiento.



 

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E-2 || His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Thessa Summer el Dom Mayo 08, 2016 5:04 pm

E -2 ||His number is six hundred threescore and six
Damien AU | Drama-Terror | 1x1 || E-2

La maldad empieza a despertar, el infierno hacerse real. La oscuridad empieza a reinar mientras que la luz se empieza a opacar. Es hora que los recuerdos se hagan presentes, es hora que la naturaleza se haga evidente, basta ya de ataduras y juegos de mesa, pues de prisa la noche llega.
Damien ha perdido a Orel, Luciana es ahora tangible ante sus ojos. La investigación sigue su curso, al igual que ahora empieza la segunda fase del renacer.
¿Qué pasará cuando aquellos dos se encuentren en un punto neutral? ¿Qué ocurrirá cuando ella le enseñe un poco de su oscuridad?

Eram quod es, eris quod sum


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Damien Thorn | Bradley James | 30 | Lost Chris
Luciana Glovesclock | Barbara Palvin | 29 (480) | Thessa Summer


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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Lost Chris el Dom Mayo 08, 2016 6:49 pm

Damien Thorn
con Luciana
HIS NUMBER IS SIX HUNDRED THREESCORE AND SIX


Había pasado un mes desde el entierro de Orel. Fue todo lo bonito que puede ser un entierro. Familia y, sobretodo, amigos habían venido de todos los rincones del país. A Orel le hubiera gustado ver a toda aquella gente reunida para despedirla. Él se limitó a dar las gracias una y otra vez por el pésame de todos y cada uno de ellos. Ni siquiera fue capaz de hablar en el funeral. Y no supo si fueron imaginaciones suyas, pero podía ver la decepción en los ojos de muchos de ellos. Aquellos que nunca vieron con buenos ojos que alguien como Orel hubiera decidido compartir su vida con un hombre al que parecía perseguirle la mala suerte. El tiempo terminó por darles la razón y él se sintió responsable por haber creído que podría hacerla feliz.
A lo largo de ese mes, las cosas parecían seguir torciéndose día a día. Tras dejar pasar dos semanas decidió volver al trabajo para despejar la mente. La investigación seguía abierta y no pasaban dos días sin que tuviera que hablar de algo con Luciana. Estaba bastante agobiado así que pensó que un viaje le ayudaría a calmar los nervios.
Aquella mañana salió hacia la editorial con la que había concertado el trabajo para firmar el contrato y recoger los billetes y visados necesarios. Era un día gris en Nueva York pero él se sentía con energías renovadas ante la idea del viaje que le esperaba en un par de días. Le apetecía caminar así que desechó coger el coche, se colgó la mochila a la espalda y se marchó dando un paseo. Al llegar a la calle en donde se encontraba el edificio, un par de coches de policía bloqueaban el acceso. Un poco más allá tres camiones de bomberos ocupaban el arcén. Imitó a la demás gente que se había detenido y levantó la vista. Una gran columna de humo salía desde la mitad del edificio. Aun y estando a cierta distancia se podían distinguir figuras de personas asomadas a las ventanas. No podía oírles pero podía imaginarles pidiendo auxilio. Se apartó de la valla montada por la policía y buscó un buen ángulo, se descolgó la mochila, sacó su cámara de fotos y ajustó el zoom. Pulsó el disparador varias veces, captando distintas secuencias. Pero necesitaba estar más cerca. Buscó un hueco por el que saltarse el cordón policial y se acortó la distancia entre él y el edificio sin dejar de mirar por el objetivo. Sin darse cuenta consiguió llegar casi hasta la puerta a tiempo de ver como uno de los bomberos salía con una mujer en brazos. La reconoció al momento. – Isabella. – se colgó la cámara por la correa y se acercó a ella. Era su contacto en la editorial. El bombero le pidió que se apartara pero la mujer negó. Era evidente que tenía problemas para respirar. Pero a él le pareció que en cuanto le reconoció se le iluminó el rostro. –Lo he hecho por ti, Damien. – Dijo acariciando su mejilla y, acto seguido, perdió el conocimiento en brazos del bombero, que al momento la metió en una ambulancia. Las palabras de Isabelle se le quedaron en la cabeza y las escuchaba una y otra vez mientras el bombero le agarraba del brazo y le hacía salir de la zona de peligro. Él no opuso resistencia. ¿Lo he hecho por ti? ¿Qué ha hecho por mi? Es lo que no dejaba de preguntarse.
Miró de nuevo desde detrás del cordón policial como el edificio dejaba de humear. Había contado los pisos para saber si el incendio había afectado a la editorial, aunque ya sospechaba que si tras ver el estado de Isabelle.
Supo que podía despedirse del viaje. Guardó la cámara y caminó de vuelta a su estudio. Desde la muerte de Orel se había instalado allí y no había vuelto a pisar la que fuera la casa de ambos. Simplemente no estaba preparado para vivir allí sin ella, todo le traía demasiados recuerdos.
Cuando llegó la vio esperando en el portal. Tenía esperanzas de no tener que verla hoy, pero eso parecía ser una misión imposible. No veía el momento de que cerraran esa estupidez de investigación y pudiera recuperar su vida. Si, era cierto que con la ayuda de Luciana esos vacíos del pasado empezaban a tomar forma por momentos, pero lo que veía en ellos le perturbaba todavía más que el vacío. Y ella, ella también le perturbaba. Tenía la sensación de que quería algo de él y no sabía qué era. –Vaya, pensaba que batiríamos el récord de tres días sin vernos. – dijo cuando llegó junto a ella. No se detuvo, no era necesario fingir ser educado o caballeroso a estas alturas. Empujó la puerta del portal a sabiendas que ella le seguiría. Su loft estaba al fondo del pasillo. Abrió la cerradura con la llave y empujó la pesada puerta metálica.
El loft era un espacio multifuncional. Estudio, dormitorio, cocina… Una gran sala con distintos ambientes. El único espacio privado era un pequeño cuarto de baño. Las paredes vestían fotografías de sus trabajos durante distintas guerras o catástrofes naturales o humanitarias.
- ¿Qué puedo hacer hoy por ti?


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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Thessa Summer el Lun Mayo 09, 2016 11:33 pm

Luciana Glovesclock
Con Damien Thorn
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Sus encuentros últimamente se limitaban hablar de la investigación, todo lo que podía llevar y todo lo que eso significaba. Aunque realmente y de forma legal, no existieran suficientes cargos como para imputarlo de homicidio culposo en primer grado (algunos de sus vecinos habían corroborado su coartada), si quedaba aquella intriga en el fiscal acusador al encontrar los informes de su infancia. Teniendo en cuenta que solo tenía dos de los cinco encontrados, bajo su poder, lo único que podía alegar de forma legal, era que aquel hombre tenía una muy mala suerte o tenía un grave desorden mental. Para lo ultimo necesitaba el poder de una jueza para practicarle un estudio psiquiatrico a Damien, el mismo que hasta el momento, gracias a Luciana, había sido imposible obtener.

Esa tarde se había propuesto cambiar la dinámica, sus visitas solo eran para incrementar aquella confianza - o mas bien desconfianza - que sentía el, hacia ella. Sabía que una parte de si, estaba bloqueado ante su cercanía, era como si en el fondo sintiera miedo de descubrir su naturaleza, su esencia. Y lo comprendía, no era fácil lidiar con su posición cuando supiera realmente de donde venía.

- Quizás es todo lo contrario - respondió, caminando hasta la encimera de la cocina. Esa noche se había propuesto relajar un poco el ambiente, compro un par de botanas con algo de vino y cerveza , dependiendo de cual se le antojara beber - Vengo a sacarte un poco de la rutina, no estoy segura asi que traje algo de vino tinto y cerveza. ¿Cual prefieres? - añadió, buscando un plato en la cocina, para dejar sobre el aquellos pasabocas que también la acompañaban.

En el último mes, había visitado su casa en mas de una ocasión, ya conocía cada sector de aquel loft, el mismo le había dado un tour  la primera vez que lo visito - aunque realmente no era necesario, pues la conocía desde antes -  e incluso, quizás por el momento que estaba viviendo, ese mismo día había sido bastante amable. Algo extraño, teniendo en cuenta quien era. Estaba segura que la ausencia de Orel empezaría a sacar todo aquello oscuro que tenía en su interior, hasta su caracter - Seguramente a esta hora no habrás comido nada. No tengo nada saludable, pero esto puede ayudar - dijo mientras caminaba con el plato que tenía aquellos pasabocas, hasta llevarlo a la mesa de centro de la sala.



 

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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Lost Chris el Mar Mayo 10, 2016 8:44 pm

Damien Thorn
con Luciana
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Esto sí que es una novedad, pensó. - ¿Me has traído la cena? - preguntó mientras la observaba poner comida en un plato que ella misma había encontrado. Le perturbó un poco que se moviera por su casa y los armarios de su cocina como si ella misma viviera allí. ¿Cómo podía saber donde estaba todo si él mismo a veces tenía que abrir dos o tres armarios hasta dar con lo que necesitaba? Otro misterio más que añadir a la extensa lista de Luciana. - Prefiero la cerveza. - el vino lo volvería todo demasiado formal y no tenía ánimos para formalismos. Él mismo tomó uno de los botellines y lo abrió con la mano. Era de buena marca, tomó un trago y lo saboreó. Se apoyó de costado en la mesa mirándola de arriba a abajo, hasta que se dio cuenta de que podría parecer demasiado descarado y no quería que la mujer malinterpretara algo. Carraspeó y se incorporó. - No tendrías que haberte molestado, Algo me queda en la nevera. - mintió. Hacía días que no salía a hacer la compra y tiraba de comida china a domicilio o pizza. No le gustaba tener comida en casa cuando se marchaba de viaje, nunca sabía cuando volvería exactamente. Pero ahora que se había quedado sin viaje volvería a llenar la casa de provisiones hasta vete tu a saber cuando.

El móvil le vibró en el bolsillo trasero del pantalón. Lo sacó y miro el mensaje de la pantalla. El remitente era un número privado y el mensaje leía: Noticias canal 3. Lo leyó un par de veces, extrañado, se acercó a coger el mando de la televisión y encendió el aparato pulsando el botón del canal 3. Sonido de estática y la pantalla se iluminó. En la imagen, a todo color, se podía ver lo sucedido en el edificio de la editorial. Miró de nuevo el móvil y comprobó si el mensaje decía algo más. ¿Quién se lo habría mandado? - Y con ese incendio adiós a mi siguiente trabajo. - dijo cruzándose de brazos y volviendo a mirar al televisor. Luciana se había colocado a su lado y miraba la pantalla con interés. Giró la cabeza para mirarla y ella hizo lo mismo. Entonces sintió el deseo de contarle lo ocurrido. Él, mister más cerrado que una tumba. - Iba hacia allí cuando vi el incendio. - siguió hablando mirando de nuevo hacia el televisor. Acompañando las imágenes iba corriendo un texto por la parte inferior con los datos del siniestro. - Tenía que firmar un contrato para un viaje en un par de días. ¿Y sabes qué es lo más raro de todo? Conseguí acercarme a la puerta de la entrada para sacar una fotos y entonces salió mi jefa. Estaba malherida. Me acerqué y en cuanto me... - se calló al leer lo que anunicaban las letras en ese momento. Isabella Maggins detenida tras confesar ser la autora del incendio. Dio dos pasos hacia el aparato, estupefacto, y terminó la frase que había dejado a medias. - ...vio, dijo: Lo he hecho por ti, Damien. - miro a Luciana totalmente desconcertado. - ¿Ha incencidado el edificio por mi? Eso es una locura. ¡Como le haya dicho eso a la policia van a venir otra vez a por mi!


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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Thessa Summer el Sáb Mayo 14, 2016 1:59 am

Luciana Glovesclock
Con Damien Thorn
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La dinámica había sido un poco diferente esta vez, después de llevar aquel plato de pasabocas a la mesa de centro, se regreso hasta aquel mesón para poder tomar una de las cervezas. Luciana no era de beber, reconocía que una de las debilidades de aquel cuerpo humano del que era dueña en ese momento, era precisamente el ser débil con el alcohol, la cantidad máxima que soportaba sin perder el sentido del juicio y su razón no sobrepasaban las 5 botellas o latas, por lo que procuraba no pasar su limite en cada encuentro con aquella bebida. Quizás por eso prefería el vino. Sin embargo y dada la compañia, decidio tomar un poco de aquel liquido adictivo, como lo era la cerveza.

Destapando su botella, pudo sentir la mirada descarada recorriendo su anatomía. Desde que sus encuentros empezaron hacerse más seguidos, cada vez que lo veía, algo de su naturaleza salia a flote. Tenía la impresión que la "sangre" llamaba a la "sangre" o quizás, su sobrenaturalidad era llamada por la propia.

Atenta, detallo cada uno de los movimientos del muchacho. Observando y sintiendo, previamente, la vibración de su móvil. Ya sabía que diría, así como también tenía pleno conocimiento del incendio, pues logro estar en los alrededores justo antes de que empezará. No dijo más, simplemente se quedo callada, en silencio, escuchando las palabras del castaño y el temor que nuevamente empezaba a crecer dentro de él. Necesitaba que aprendiera a ser fuerte, que no mostrara debilidad hacía nadie, porque de esas debilidades otros podrían aprovecharse, sin embargo, debía recordarse que aun no sabía sus orígenes, por lo que cualquier vacilación era aceptable. Suspiro.

- Respira - dijo mientras se acercaba a su lado, dándole un sorbo a su botella de cerveza. Dejando una mano sobre su hombro, lo acaricio intentando reconfortarlo, hacerlo sentir algo mas tranquilo - No vendrán por ti. Estoy segura de eso - añadió, empezando a caminar hasta el sillón, para tomar asiento, invitando a seguirla solo con la mirada. Lo haría, sabía que lo haría, era algo intuitivo entre los de su especie, aprender a leerse solo con verse a los ojos. - Será condenada y juzgada por un trastorno mental, si es que no muere en el hospital. La piromanía es una causal de prisión - comentó con total tranquilidad, tomando una de las botanas de aquel plato, hasta llevarla a sus labios.

Aunque no lo reconociera, o quizás sin haberse dado cuenta, sus labios se habían curvado en una sonrisa mientras observaba aquella noticia, mientras que su tono de voz llego a sonar algo frio y despreocupado, mas que por el evento, por las consecuencias. - No serás inculpado en este caso, puedes estar seguro - añadio finalmente.



 



PD: Perdon si esta flojo, ando un poco bloqueada u.u
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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Lost Chris el Sáb Mayo 14, 2016 1:57 pm

Damien Thorn
con Luciana
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Se sentó junto a ella en el sofá y decidió apagar el televisor. Había vuelto a sentir la extraña sensación de que el mundo giraba a su alrededor y era un sentimiento bastante incómodo a la par que desconcertante. Nunca le había gustado sentirse el centro de nada pero la gente se empeñaba en ponerle en ese lugar por algún motivo que yo no lograba comprender.
Tomó otro sorbo de su cerveza para humedecer la boca que se había quedado seca tras ver aquella noticia. Luciana aseguró que nadie iría a por él y la creyó. La abogada era una mujer curiosa. A simple vista parecía una chica que bien podría estar metida en alguna discoteca bailando hasta el amanecer sin preocuparse por nada, pero cuando te fijabas en ella con más detenimiento veías mucho más. Su miraba parecía desnudar el alma de cualquiera y poseía una seguridad muy plausible. Se encontró mirándola de nuevo en silencio. Le solía ocurrir demasiado a menudo y cuando se daba cuenta ya era tarde para disimular. Por suerte a ella no parecía molestarle, todo lo contrario, parecía disfrutar con ello.  Pero él sí que se sentía incómodo por caer en lo mismo una y otra vez. Y se sentía peor porque mientras la miraba, las neuras que tenía en la cabeza, desaparecían. – Lo siento. – se disculpó apartando la mirada.
De nuevo encontró refugio en su botella.
- Debes pensar que soy un estúpido. – comentó pasándose la botella de mano en mano. – Es evidente que la mujer está mal de la cabeza y al verme allí se le ha ocurrido decir esa estupidez. – sonrió un poco, algo más relajado. – Me apetecía mucho ir a ese viaje y me ha cabreado. – dijo a modo de disculpa por haberse puesto a gritar hacía un momento. – Llevo demasiado tiempo en Nueva York. – la miró – ¿Te gusta viajar? A mi me encanta. Sobretodo me gusta ir a Oriente Próximo – afirmó con un punto de emoción en la voz. Oriente próximo, en eterno conflicto desde tiempos inmemoriales, era un oasis para cualquier reportero de guerra. El mal en esencia recorría las calles de ciudades y poblados e inundaba el alma de muchísima gente. Él no lo sabía, pero era eso lo que le llamaba a volver allí. Se había vuelto casi como su droga. Fotografiar el horror y llenar las paredes de su casa y los periódicos con él. Sacar el mal y extenderlo por occidente. Sin embargo, él todavía creía estar denunciado las atrocidades gracias a su trabajo.





PD: no pasa nada, a mi me ha gustado jeje. A veces quedará más largo y a veces menos. Si vemos que en algún momento el mensaje tiene que ser más corto para que haya más intereacción por mi no hay problema, eh. A veces con los mensajes muy largos cuesta un poco que fluya; según el momento Smile
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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Thessa Summer el Lun Mayo 16, 2016 6:45 am

Luciana Glovesclock
Con Damien Thorn
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De cierta forma, aquel muchacho le causaba ternura, aquel sentido protector que solo alguien cercano podría llegar a desencadenar por otro. Admitió no sentirse del todo bien con aquellas oscilaciones emocionales que de repente sufria al poseer un cuerpo humano, pero también reconocía ser amante de las sensaciones físicas que el mismo le proporcionaba, como el placer de sentirse admirada de forma desconcertante por el muchacho que la acompañaba, asi como descubrir las reacciones físicas de su cuerpo cuando este se sentía descubierto en su mirada penetrante. Simplemente la complacia.

- Son solo emociones humanas, pronto aprenderás a controlarlas - respondió, humedeciendo sus labios, inclinándose un poco para tomar un par de botanas. Entonces, pronto una idea cruzo por su mente, algo que podía ayudarle no solo a él a descubrirse, sino también a ella. Su sobrenaturalidad demoníaca necesitaba muchas veces ambientes negativos para recargarse, entonces.... - ¿Que tantos ánimos tienes para salir ahora? - preguntó acomodandose en el sillon, para observarlo atenta.

Un poco pensativa sobre lo que haría, decidió finalmente inicitarlo a salir. Finalmente si algo ocurría o si algo se salia de su control, siempre podría usar sus poderes para hacerle olvidar a cualquiera que ellos habían estado ahí esa noche -¿Sabes que? - sonrió, observandolo. Fue así que dándole un sorbo largo a su cerveza, se puso de pie para ponerse aquel abrigo que había traído consigo, cargando su cartera de tal forma que el tirante atravesará la mitad de su cuerpo. - Tomate eso rápido, debemos salir ya - comentó, con el tono de voz parecido a una orden, pero de cierto modo, cómplice. Como si su plan fuera a ser agradable para el muchacho. En efecto lo sería, pues de cierto modo, empezaría a plasmar el terror del que tanto era amante. - Trae tu cámara, la vamos a necesitar añadió, ajustando el abrigo a su cintura, terminando su cerveza con rapidez.

Dándose cuenta como el muchacho la miraba, sin responder a su petición, dejo la botella sobre la encimera de la cocina, caminando en dirección hacía el. Tomándolo de la mano, lo obligó a ponerse de pie, empujandolo justo donde se encontraban sus abrigos - esos que conocía a la perfección y que siempre se excuso diciendo que observaba cuando él los guardaba - dejándolo frente al armario - Toma uno oscuro, entre menos visibles, mejor - comento antes de dejarlo en aquella posición, caminando en dirección a donde había dejado su camara minutos atrás - Iremos al sitio del incendio - añadió con una sonrisa medio lado en su rostro, la misma que el no podía observar.


 



PD: Muchas gracias por entender! <3
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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Lost Chris el Mar Mayo 17, 2016 7:54 pm

Damien Thorn
con Luciana
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La afirmación sobre las emociones humanas descolocó al joven fotógrafo. ¿Qué había querido decir con ello? Era humano y sabía controlar sus emociones, es a lo que se le llama madurar. Iba a replicarle pero la mujer le preguntó si le apetecía salir. Fue brutalmente sincero. – ¿Contigo? No me apetece mucho salir, la verdad. – la chica no pareció tomarse en seria porque lo tomó como una afirmación y le animó a levantarse. No tenía intención de hacerlo hasta que nombró su cámara. Una chispa de emoción se encendió dentro de él y le prestó más atención. – ¿Para qué? ¿Dónde quieres ir? – la vio coger el abrigo y ponérselo. Él, aunque interesado, la miraba desde su sitio hasta que ella se acercó y le tomo de la mano para que se levantase. Él se dejó guiar hasta el colgador; de nuevo esa mano cálida en contacto con la suya. Hubiera jurado que podía sentir una especie de corriente entrando en su cuerpo. Cogió un abrigo oscuro siguiendo su consejo y después se acercó a coger su bolsa. Dentro tenía todo lo que necesitaba pues tal cual la había dejado al llegar, seguía.
- ¿Para que? – preguntó desconcertado ante la información que acababa de darle su abogada. – Si alguien me ve allí pueden pensar que he ido a destruir alguna prueba. ¿Estás loca? – sus palabras decían una cosa pero su mente ya le hacía imaginarse en aquel lugar y sentía la adrenalina correr por sus venas. Suspiró y levantó las manos en son de paz. – De acuerdo, estamos locos. Vamos. – sentía que era una locura, sabía que era una locura, pero no era la primera vez que hacía una locura, su trabajo consistía en eso, en hacer cosas que ningún otro ser humano haría.

Esta vez el camino lo hicieron en el automóvil de Damien. Era un coche clásico que había comprado años atrás. Parte del dinero que ganaba con su trabajo lo invertía en ponerlo a punto y renovar algunas piezas destartaladas. Ahora el coche lucía casi como nuevo. Aparcó frente al edificio. Ya no quedaba rastro de los coches de bomberos o la policía. Apagó el motor y miró a Luciana – ¿Por qué estamos aquí? – pero en vez de responder, bajó del coche invitándole a seguirla con una mirada. Tardó varios segundos en decidir si debía realmente hacer semejante cosa, pero optó por dejar la mente y dejar que su corazón hablara por él. Salió del coche, se colgó su mochila y la siguió al interior del edificio.
El incendio había ocurrido en una de las plantas superiores pero el olor era patente desde la planta baja. No había nadie en recepción. De hecho el silencio era sepulcral. Cuando se dio cuenta de lo que aquello significaba miró hacia la puerta de cristal de la entrada. ¿Por qué la habían dejado abierta? – ¿No es extraño que la puerta estuviera abierta?


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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Thessa Summer el Miér Mayo 25, 2016 4:55 am

Luciana Glovesclock
Con Damien Thorn
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No lo escuchaba, estaba sumida en sus pensamientos, en aquella parte de su interior que empezaba a sentirse viva en cuanto cruzo la puerta de cristal de aquel edificio. Su ser se alimentaba del caos, del terror, del miedo humano. De pronto, todo el terror que se vivió en aquel sitio empezaba alimentar su ser, sintió como una carga de energía inundaba su cuerpo haciéndola sentir llena, estimulada, excitada. Fue exactamente por eso que decidió llevarlo hasta aquel lugar.

Para Luciana, la vitalidad de su cuerpo se obtenia a través del caos emocional de los humanos. La intriga y la duda, el pánico sembrado al saber que no eran dueños de su futuro, quizás por eso pasaba su tiempo libre haciéndose pasar por "abogada", cuando lo que realmente obtenía era alimento para su interior. En el caso de Damien eran las fotografías, plasmar el sentimiento abrumador en un solo instante. Y lo entendía, lo comprendía totalmente, pues cada demonio empezaba a construir la forma adecuada de sobrevivir en un mundo humano sin la constante carga que necesitaban para subsistir.

Sin embargo, debía reconocer que si aquella mujer no hubiera aparecido en la vida de él, en este momento estaría condenado en un psiquiátrico.  De algo sirvió aquel ángel caído, en la vida del castaño.

- Quiero que cierres los ojos - pidió, mientras caminaba en el interior del edificio. Podía sentir la carga emocional de las personas que habían estado en ese interior, el pánico al sentir que el aire les faltaba, que el calor poco a poco les quemaba - Cierra los ojos y dime que ves - añadió, deteniéndose justo en el centro, donde se sentía la mayor carga emocional. Por su parte, hizo lo mismo. Solo se limito a quedarse en aquel centro, cerrando los ojos, siendo consciente e la historia que tenía detrás ese edificio.

Los números tallados en las columnas. Aquellas frases en latín en las paredes, marcadas con sangre de inocentes. Una sonrisa se formo en sus labios. No le dijo más, en el fondo esperaba que por primera vez no la interrogara y solo se limitará a sentir.

 



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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Lost Chris el Dom Mayo 29, 2016 9:06 am

Damien Thorn
con Luciana
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Se sentía nervioso en aquella situación que no comprendía pero las palabras de la mujer lograron calmarle de forma instantánea. No era la primera vez que experimentaba esa sensación estando junto a ella. Era como si aquella mujer misteriosa fuera capaz de darle a un interruptor en su cabeza y todo cambiara de repente.
Dejó su mochila en el suelo y caminó hasta el centro del hall. Cerró los ojos y respiró hondo. Pudo sentir el cuerpo de su acompañante parándose a su lado. Levantó la cabeza y, de repente, algo vino a su mente. Era una imagen demasiado nítida para tratarse de un simple recuerdo. Estaba seguro de que tenía los ojos cerrados pero era como si lo que veía en su mente estuviera sucediendo ahora mismo, justo enfrente de ellos. Estuvo a punto de abrir los ojos para que esa imagen se esfumara pero no lo hizo. Su corazón latía con fuerza y escudriñaba todos y cada uno de los detalles. Las llamas avanzando, la gente histérica corriendo por los pasillos. Detuvo su atención en una de las ventanas. Un hombre se asomaba por ella. Damien deseó ver qué ocurriría si decidía lanzarse por ella. La desesperación en los ojos del hombre hizo que un escalofrío de placer le recorriera la espalda. Y entonces sucedió, el hombre se lanzó por la ventana para huir de las llamas. Un suspiro incontrolado de placer nació en la garganta de Damien. Se acercó a la ventana y observó el cuerpo del hombre sobre un charco de sangre.
Quiso volver atrás para presenciar el destino de los demás trabajadores pero entonces escuchó una voz. – Damien, no la dejes hacerte esto.- buscó a su alrededor pero estaba solo en aquella sala. – Tu no eres así. – Se giró bruscamente pero no había nadie. Reconocía esa voz. La reconocería hasta el día que muriera. Abrió los ojos de repente y se inclinó apoyando las manos en sus rodillas. Clavó la vista en el suelo y puso en orden sus pensamientos. Todavía sentía una sensación de placer demasiado real para comprenderla mezclada con el asco y el miedo. Giró la cabeza hacia Luciana que le miraba complacida. – ¿Qué ha sido eso? – de repente se incorporó, la agarró de los brazos y la empujó contra la pared. –¡¿Qué mierdas ha sido eso?! ¿Has sido tu, verdad? ¡Me has metido esas cosas en la cabeza! – la sujetaba contra la pared mientras la recriminaba. No pudo controlar su ira y la abofeteó.- ¡Habla, maldita seas! – Su cuerpo le pedía más, pero no era pegarla lo que deseaba realmente. No entendía lo que estaba sintiendo pero necesitaba hacerlo, necesitaba saber qué sentiría. Puso la mano en el cuello de su abogada y se acercó a besarla. Una mezcla de excitación y rabia se apoderó de él al acariciar la lengua de la mujer con la suya.

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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Thessa Summer el Dom Mayo 29, 2016 6:13 pm

Luciana Glovesclock
Con Damien Thorn
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Durante unos minutos permaneció con los ojos cerrados intentando enfocarse en la misma mirada del muchacho, en aquel sentimiento perdido que aun no sabía que tenía. Durante un par de minutos más, pudo saborear el terror que generó aquel  incendio en los trabajadores de aquel edificio, pero aun más, el placer que empezaba a generar en el castaño, aquel evento. Lo sabía, siempre lo supo, la naturaleza nunca podía negarse, la naturaleza se llevaba en la sangre, en el alma. Hasta que también la escucho...

Abriendo de golpe sus ojos vio como Damien se debatía internamente en aquella lucha que Ella había nuevamente empezado. Sin embargo, algo de place había en ello. Orel ya no era un ángel, había abandonado sus alas por los placeres terrenales, así que si estaba muerta y le estaba hablando no era porque precisamente su alma estaba en paz. Una sonrisa de autosuficiencia y alegría se formó en sus labios. Había ganado, de cierta forma, había ganado.

Aunque eso significará la furia interna del castaño quien había arremetido contra su estructura de forma agresiva. Un empujón de la pared, sus manos tomando con fuerza sus brazos - dejando seguramente cardenales morados que no podría ocultar para mantener su "humanidad" - una bofetada que alcanzó a reventar su labio - disfrutando del sabor de la sangre - para finalmente recibir un beso, ansioso, agresivo, sin tapujos, sin vehemencia. Inevitablemente lo siguió;  porque la atracción física y sexual hacia él era simplemente inevitable. Damien era un hombre bastante agradable a la vista de la muchacha, era atractivo y bastante deseable, sobre todo cuando ella aún y siendo un demonio, se entregaba a los placeres terrenales como lo era su sexo.

Sus manos subieron  con rapidez hasta su cabello, tomando lo con fuerza, mientras su lengua se adentraba en su boca. Se encargó que sintiera el sabor de su propia sangre, que disfrutará aquel metal en sus papilas, disfrutó sentir como su humanidad era probada por un demonio de su calibre, algo que no había hecho hasta el momento. Su otra mano libre bajo hasta la cintura del castaño, alcanzando a meter la bajo su camisa para sentir la tibia piel que dejaba al descubierto. Enterró sus uñas sin aviso, las clavó con tal fuerza que seguramente tendría que haber sentido dolor, pero dolor placentero, lleno.

Durante un par de segundos se separó, tomando su mentón con una de sus manos para separarlo abruptamente - Audietur et altera pars- "escucha la otra parte" susurro en latín, queriendo que entendiera su naturaleza, su ser sobrenatural, mientras lo miraba fijamente a los ojos, dejando ver sus pupilas dilatadas, oscuras, casi negras aunque el color natural de sus ojos era azul. Sólo después de haber susurrando aquellas palabras, volvió a besarlo con la misma intensidad no sin dejar de morder su labio
 


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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Lost Chris el Miér Jun 01, 2016 6:03 pm

Damien Thorn
con Luciana
HIS NUMBER IS SIX HUNDRED THREESCORE AND SIX

Un instante de raciocinio estuvo a punto de hacer que el fotógrafo de apartara pero el sabor de la sangre le cautivó. Aprisionó el cuerpo de la joven con el suyo aunque dejó sus manos libres. Manos que no tardaron en recorrer su cuerpo. Él hizo lo mismo aunque no era muy consciente de lo que hacía. Su mente no estaba allí y un instinto totalmente primario era el que había tomado el control de sus acciones.
Un crío tirado del brazo bruscamente por un hombre. Les reconoció. El crío era él y el hombre que tiraba de él era su padre. Pudo ver una iglesia. Él suplicaba que le soltase pero su padre le agarraba con fuerza hasta el interior del edificio. Estaba furioso, le miraba con una mezcla de miedo y odio. Junto al altar un segundo hombre les esperaba. Sujetaba un puñal plateado con la empuñadura labrada.
Cuando el sabor de la sangre desapareció de su boca, volvió a la realidad. La mujer le estaba mirando y le dijo unas extrañas palabras. Pero más extraño fue que las entendió, aunque no las comprendió. ¿A qué se refería? Se perdió en los ojos oscuros de la abogada buscando respuestas sin saber que los suyos propios también habían perdido su cálido tono azul para mancharse con ciertas tonalidades entre rojizas y amarillentas. Fue solo un instante, cuando parpadeó tomaron su color de siempre. El demonio estaba ansioso por despertar pero algo lo impedía. Algo seguía atando a Damien a su humanidad.
Aquel segundo beso le pilló por sorpresa pero de nuevo, perdió el control de su cuerpo que respondió con ansia al calor que le ofrecía la mujer y al dolor de sus uñas en la piel. De un tirón, rasgó la blusa de la joven y se apartó de sus labios para besar y morder su cuello.
En su interior sentía un torbellino de emociones que no podía comprender ni controlar. Deseaba el placer que le podía proporcionar la mujer, pero también sentía que la odiaba. Odiaba los recuerdos que no comprendía y que volvían a él cuando estaba con ella.
Damien, no dejes que te haga esto. Tú no eres él. No la escuches. – escuchó la misma voz que hacía un rato. Al momento palideció y se quedó inmóvil, con su cara a escasos centímetros de la joven medio desnuda. Su respiración era agitada. – Tu no eres él. – volvió a decir la voz. Damien subió despacio su mirada hasta la de Luciana. – ¿Qué es la “otra parte”? – preguntó haciendo referencia a sus palabras de antes. – ¿Qué me estás haciendo? – se apartó de ella cuando se dio cuenta de que la chica estaba sangrando por la boca y su blusa estaba hecha jirones. ¿Qué diablos estaba haciendo? Cogió una gran bocanada de aire por la boca y se apretó las sienes con fuerza al tiempo que soltaba un alarido. ¿Se estaba volviendo loco?

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Re: His number is six hundred threescore and six

Mensaje por Thessa Summer el Jue Jun 02, 2016 5:30 am

Luciana Glovesclock
Con Damien Thorn
HIS NUMBER IS SIX HUNDRED THREESCORE AND SIX

Pudo verlo, a través de aquel beso y aquel contacto con su sangre humana, pudo observar como los recuerdos de aquel muchacho se proyectaban en su mente. Lo recordaba demasiado bien, pues tambien había estado ahí. Pudo ver como aquel sacerdote en su afán de liberar aquella alma indefensa del demonio, lo único que hacía era lanzar agua bendita a la cabeza del niño mientras susurrabas algunas palabras de la biblia, como si aquello fuera a ser de gran ayuda. Absurdo, tonto, ingenuo, eso era lo que pensaba de aquel acto humano en busca de la liberación del alma. Un alma que no le correspondía a nadie mas que a su creador.

Entonces lo observó. Pudo notar el profundo color amarillo - rojizo de los ojos de Damien. Un color puro, característico de un demonio que pedía ser despertado, un ser inmortal que aclamaba a gritos salir a flote. Y que ella, con mas que placer estaba dispuesta a darle vida a lo que había estado dormido tanto tiempo. Pronto su camisa paso a estar dañada, pues de un rápido y fuerte tirón, los botones y apliques salieron por los aires. Pronto, empezaba amar - si es que ella podía decir aquello sin darle la importancia humana que muchos le daban - ese nuevo semblante, aun más, cuando sintió sus manos recorrer su cuerpo.

Sin embargo, la dicha no pudo durar tanto. De nuevo Orel estaba ahí. De nuevo, atacando desde la sombra donde se encontraba. Lo que sin lugar a dudas le hacía pensar en buscar algún tipo de mantra, zona o símbolo para alejarla cuando su naturaleza salia a flote. Rodando los ojos pudo sentir el vacío que dejaba el cuerpo del muchacho sobre la proximidad de su piel. Era ella, quien aun muerta, no la dejaba hacer bien su labor.

- Todos tenemos un ser en nuestro interior que no se permite salir al exterior - respondió, limpiando aquel hilo de sangre que salia de su comisura, mientras observaba de forma distraída su camisa. Era una lastima, pues dentro de su closet, era una de las que más le gustaban - Deja que salga. No lo cierres. No lo encadenes... tienes derecho a ser - añadió, mientras se acercaba aquel muchacho, dejando una de las manos sobre su hombro. - Eso significa la frase - comento, antes de retirar su mano de aquel contacto físico, empezando a caminar alrededor de la habitación, pasando una de sus manos por las paredes.

De pronto, era como si todo el salon empezará a llenarse de lamentos, de gritos, que solo Damien y ella podrían escuchar. Eran aquellas almas encerradas en aquel edificio, no solo de épocas actuales, si no de años pasado. - Escucha... es un canto. Cierra los ojos y escucha... - pidió esta vez, mientras se detenía y hacía lo mismo - Ella te dira en que sector saldra tu mejor fotografía... - añadió, abriendo los ojos, observando un punto fijo, donde quizás había pasado la mayor tragedia de aquel salón. - ... Después de eso, debemos regresar - Una sonrisa maliciosa se formo en sus labios.
 

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Re: His number is six hundred threescore and six

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