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— Something's getting in the way
Skipping Stone :: Zona de rol :: Zona de Rol Libre :: Plots
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— Something's getting in the way
Welcome to the
Black Parade
Withram Mental Hospital, abrió sus puertas en el año 1940 haciéndose cargo de personas que tenían problemas mentales y a los cuales sus familias no deseaban. Se prometían tratamientos y cuidados que las personas por sí solas no podrían proporcionar ¿Sería ese sólo una cara bonita para lo que realmente ocurría ahí?
Extrañas desapariciones y otros sucesos llevaron al cierre de este hospital en 1976, reabriendo sus puertas para el año 2000 a mano de generaciones más nuevas de los mismos dueños de antaño ¿Volvería a tener el mismo prestigio de un comienzo o las leyendas acerca de este recinto volverían a cobrar vida?
La historia se comenzó a escribir el mismo año de la re-apertura. Michael fue un paciente conocido dentro de la institución, ya que llegó a la misma por razones de índole dudosa. Él era un chico normal, cualquiera lo hubiese catalogado de esa manera; más padecía una extraña fobia a la oscuridad, el simple hecho de verse privado de la luz le aterraba de manera agónica.
Su padrastro fue el causante de dicha fobia y aquel que actuó ser el primero en notar dicha "extrañeza" en su hijo putativo, siendo éste quien metió en cabeza de la madre que Michael necesitaba un tratamiento, un lugar donde pudiesen curarle de su patología, que aquel muchacho estaba condicionado a estar loco si no era correctamente tratado. Así fue como él llegó hasta Withram.
Nueve años pasaron antes de que Roy fuese considerado alguien completamente recuperado, obteniendo su alta médico y posterior reintegración a la sociedad ¿Qué ocurrió con este personaje en su pasantía por aquel hospital? Sólo él puede contar aquello, más dentro de la institución supo de horrores, de más temores de los que ya conocía, de incertidumbre y sobretodo, comenzó a tener sospechas de situaciones que pintaban de manera ilícita dentro de aquellos pasillos. Quiso indagar más en ese asunto en particular ¿Pero qué ocurrió? Lo típico, notaron que Michael empezó a cuadrar los patrones desencajados, que tenía intenciones de unir las piezas y por lo mismo adelantaron su alta; dejando al chico con incertidumbre, sin evidencias y un fuerte deseo de venganza y respuestas.
No sería la última vez que Withram sabría de él.
El que antes era conocido como un paciente de nombre Michael Hunt, ahora tenía una nueva identidad: Roy Markham, un respetado terapeuta ocupacional que hizo desaparecer al asustadizo chico de su pasado, para dar un inicio a éste hombre maduro con un deseo de muchas cosas, en particular el volver a aquella institución que había calado hondo en su vida dejándole con varias secuelas y cicatrices imposibles de erradicar.
Año 2016, Alaska es una joven que desde muy pequeña desarrolló una fobia a subir de peso. A temprana edad desencadenó un fuerte trastorno alimenticio que la llevó a cometer varios actos dignos de una persona que se catalogaría con una enfermedad mental. Por lo mismo es que su familia decidió internarla en el hospital psiquiátrico más conocido del país.
Dentro de la institución ella sabe que está sucediendo algo extraño, más no puede decir en concreto de que se trata todo aquello, ya que la mantienen encerrada en su habitación para vigilarle en todo tiempo de comida.
Algo no es muy transparente ahí y su alma curiosa no descansará hasta saber más de ello.
Falta de personal en el lugar llevan a que el hospital contrate a aquel que años atrás fue su paciente: Roy. Por recomendaciones y charlas de pasillo es que el nombre de éste terapeuta llegó a los administrativos del hospital, sellando prontamente el contrato, sin saber que el sujeto con un curriculum espectacular podría ser su ruina.
El caso dela muchacha que se rehusaba a comer fue el primero que tomó en su oficio ¿Qué sucedió en ese primer encuentro en la oficina del mayor? Algo que seguramente cambiaría el curso de la historia.
¿Qué vio Alaska? Ella simplemente encontró a alguien que no la veía con lástima, que parecía aceptarla pese a su condición y a quien sin miramientos le contó sus sospechas del lugar y los sucesos que podrían o no estar ocurriendo dentro.
¿Qué vio Roy? Él encontró a alguien a quien manipular y usar como chivo expiatorio, ella podría ser sus ojos en el recinto, ir a lugares a los que no tenía acceso, traerle las respuestas que él no pudo concretar años atrás.
Dependencia, masoquismo, sentimientos extrañamente entrelazados es parte de lo que se puede apreciar en aquellas charlas dentro de la oficina del terapeuta.
Un misterio sin resolver, situaciones extrañas, juegos mentales, errores.
¿Se está realmente preparado para todo?
¿Se está realmente preparado para todo?
ROY MARKHAM 36 • A. Kutcher • Foster | ![]() |
![]() | Alaska Hegrairs 22 • A. L Kershaw • Snowflake |
PLOT ❄ REALISTAS/DRAMA ❄ 1x1
phoenix ⚓
Cronología

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- Thanks Sunshine ☀:

- MPAS:

I — Black Puzzle
THE LIGHTS CAN'T FIND US IN THIS
BLACK PUZZLE
Tic tac. Concentración. Inspira hasta que las costillas revienten, espira con la mayor calma posible. No querrás que noten tus nervios, que te identifiquen. Ellos recuerdan a cada paciente que pasa por allí, por mucho que finjan indiferencia. Un victimario no olvida al pedazo de carne donde hundió sus puños. Un sádico vive rememorando las facciones de quién se retorció frente a él. Los médicos prefieren destacar sus casos para vanagloriarse de sus títulos.
«Hola, soy el señor Markham. Un gusto. Espero que mi visita haya sido notificada con anterioridad…
¿Sigue siendo éste el mismo lugar donde las sábanas olían a sudor por semanas? ¿La enfermera Catlyn sigue quejándose de que su marido es un bueno para nada?
¿Todavía…mantienen a críos encerrados hasta que dejan de llorar?»
Estás en Withram, al fin. Sientes cómo el sudor frío recorre tu nuca y recoge el cuero cabelludo. Aún el aroma a desinfectante te apreta las entrañas. Sin embargo, lo has esperado. Has recreado una y otra vez este momento, analizando cada posibilidad, cada aparición, cada cara que pudiera atenderte.
Sentado, te apoyas en tus rodillas, arqueando la espalda. No quieres exponerte. No si no es estrictamente necesario. Vienes con un nuevo nombre, con facciones que dejaron atrás la niñez, con una profesión que te ha brindado seguidores a través del globo.
Ya no sentirás que una vocecita te consuela. Ya no existen los “Michael” detrás de la puerta, acompañados de una mirada hambrienta de tu miedo. Tampoco te sientes abandonado. El rostro de tu madre lo borraron botellas en bares de nombres dudosos. Las manos de tu padrastro las reemplazaron otras personas con las mismas intenciones, pero distintas formas de mostrarlo.
Siempre apreciaste la sutileza, de donde viniera, de quién viniera.
Crees no conocer un solo momento en el que fueras amado con sinceridad, pero sabes que es inevitable. Nadie quiere juguetes rotos. Pero tampoco nadie ha llegado tan profundo como para notar que eres uno. Por eso no traes móvil, no dejas direcciones y el coche lo vendes después de algunos meses. Duermes en moteles —hoteles cuando llega fin de mes —y nunca has encontrado el placer en la comida cacera.
Tic tac. Nunca te dieron de alta. Sólo decidieron botar la escoria antes de renovarse. Nadie te reclamó cuando el hospital fue clausurado a nuevo público. Pero no te sorprendió y sigue sin causarte un asco mayor a todo lo que viviste allí.
A los motivos que explican tu visita.
Sin duda, crío. ¿Acaso no sientes esa suave mano que toca ahora tu hombro? Es la misma que aquella vez.
Con sobresalto, lo notas y levantas el rostro. Una chica…un saco de huesos te mira y por un minuto, sólo atinas a romper el contacto con brusquedad.
«Hola, soy el señor Markham. Un gusto. Espero que mi visita haya sido notificada con anterioridad…
¿Sigue siendo éste el mismo lugar donde las sábanas olían a sudor por semanas? ¿La enfermera Catlyn sigue quejándose de que su marido es un bueno para nada?
¿Todavía…mantienen a críos encerrados hasta que dejan de llorar?»
Estás en Withram, al fin. Sientes cómo el sudor frío recorre tu nuca y recoge el cuero cabelludo. Aún el aroma a desinfectante te apreta las entrañas. Sin embargo, lo has esperado. Has recreado una y otra vez este momento, analizando cada posibilidad, cada aparición, cada cara que pudiera atenderte.
Sentado, te apoyas en tus rodillas, arqueando la espalda. No quieres exponerte. No si no es estrictamente necesario. Vienes con un nuevo nombre, con facciones que dejaron atrás la niñez, con una profesión que te ha brindado seguidores a través del globo.
Ya no sentirás que una vocecita te consuela. Ya no existen los “Michael” detrás de la puerta, acompañados de una mirada hambrienta de tu miedo. Tampoco te sientes abandonado. El rostro de tu madre lo borraron botellas en bares de nombres dudosos. Las manos de tu padrastro las reemplazaron otras personas con las mismas intenciones, pero distintas formas de mostrarlo.
Siempre apreciaste la sutileza, de donde viniera, de quién viniera.
Crees no conocer un solo momento en el que fueras amado con sinceridad, pero sabes que es inevitable. Nadie quiere juguetes rotos. Pero tampoco nadie ha llegado tan profundo como para notar que eres uno. Por eso no traes móvil, no dejas direcciones y el coche lo vendes después de algunos meses. Duermes en moteles —hoteles cuando llega fin de mes —y nunca has encontrado el placer en la comida cacera.
Tic tac. Nunca te dieron de alta. Sólo decidieron botar la escoria antes de renovarse. Nadie te reclamó cuando el hospital fue clausurado a nuevo público. Pero no te sorprendió y sigue sin causarte un asco mayor a todo lo que viviste allí.
A los motivos que explican tu visita.
«¿Todavía pertenezco a este lugar?»
Sin duda, crío. ¿Acaso no sientes esa suave mano que toca ahora tu hombro? Es la misma que aquella vez.
Con sobresalto, lo notas y levantas el rostro. Una chica…un saco de huesos te mira y por un minuto, sólo atinas a romper el contacto con brusquedad.
DEMONIOS ❄ RECEPCIÓN ❄ TARDE
phoenix ⚓
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