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A Bullet Down
Skipping Stone :: Zona de rol :: Zona de Rol Libre :: Plots
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A Bullet Down
![]() | Damian Robbers Jack Falahee | Policía | Fenrir |
Giulio Luciano Matt Bomer | Sottocapo | Magik | ![]() |
Cronología
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Re: A Bullet Down
I. Another one bites the dust
Damian — 12: 54h — con Giulio
Hey, I'm gonna get you, too
La intranquilidad comenzaba a ser su pan de cada día. No podía evitar pensar que, ahora que estaba en la boca del lobo, más le hubiera valido el quedarse en casa e intentar llevar una vida normal. Podría haber tenido una familia, una esposa y puede que hasta hijos. Pero a este paso le iban a castrar, unos mafiosos encima. Personas sin una moral definida aparte del "todo por la familia sin importar el daño que hagamos fuera". Bajo el nombre de Damian, se había infiltrado en aquel grupito para poder sacar información a la policía, la pasma, con la que él trabajaba. Podría haberse vuelto el clásico policía gordo adicto a los donuts.
Posiblemente hubiera sido un futuro mejor que el que tenía por delante.
Y es que delante suya estaba el jefe de la familia, o bueno, el futuro jefe, ligando con una chica. La pobre estaba sentada en la mesa mirando hacia otro lado y riendo nerviosamente mientras el chiquillo trataba de atraer su atención. Aunque el sotocapo no era precisamente un chiquillo a esas alturas de su vida. Un hombre terriblemente atractivo que tenía que rondar los cuarenta y que no lo aparentaba en absoluto. Si no fuera porque en el fondo acojonaba tenerle cerca, le hubiera podido poner cachondo.
Claro que a él no le ponían los hombres, no no. Era ciento veinte porciento heterosexual. No había desviación en la más mínima parte de su cuerpo. Excepto quizás su pene, el cual parecía sufrir el éxtasis de vez en cuando ante la presencia de su "jefe".
Pero eso no le hacía menos hetero.
Tan solo un poco necesitado.
En cualquier caso, no comprendía porqué se comportaba así en una biblioteca pública. Maldita sea estaban recopilando información, no ligando con la primera chica de aspecto "fácil" que se pasase. Además, ella comenzaba a lucir un rostro asustado y claramente luchaba por encontrar las palabras que le ayudasen a huir lejos de aquel hombre. Con un suspiro, escuchó los intentos de la joven de escapar, cada vez más desesperados. No iba a llegar muy lejos si nadie le echaba una mano, por lo que se levantó del asiento, aun a riesgo de lo que pudiera pasar y puso una mano sobre el hombro de Giulio.
—Déjala ya, tenemos cosas que hacer y no me dejas centrar mi atención en lo que es importante. Si tantas ganas tienes de echar un polvo, llévatela a alguna sala de estudio privada. —Dijo en un tono algo brusco, casi familiar. Era parte de la personalidad usada en la tapadera. Tenía que parecer duro para no destacar demasiado. Aunque a veces tenía la impresión de que era el único que le decía las cinco verdades importantes al joven Luciano a la cara. Mientras sus piernas temblaban como si fueran de gelatina, por supuesto.— Además, tu padre no estaría contento si dejas a otra embarazada.
En realidad no creía que hubiera ninguna desafortunada que cargase con el vástago de aquel hombre, pero seguro que alguna sí que había sufrido algún "accidente" o "aborto natural" en algún momento.
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Re: A Bullet Down
I. Another one bites the dust
HEY, I'M GONNA GET YOU, TOO
Giulio | 12:54H |Con Damian
Si bien era cierto que el tener que ir a la biblioteca se le había antojado como terriblemente aburrido, había logrado encontrar una distracción perfecta para amenizar su mañana mientras Damian hacía el trabajo. Él se había decantado por una jovencita que parecía bastante sola en el lugar y, por supuesto, no tardó más de diez segundos en sentarse a su lado.
Y todo iba bastante bien, la chica era guapa, al menos la del lugar, y sabía de sobra que nadie podía resistirse a sus encantos. Sí, Giulio sabía que era atractivo y conocía el efecto que causaba en los demás, por eso mismo había aprendido a usarlo a su favor y, si podía pasar un rato divertido, ¿por qué no? De hecho, no pensaba cambiar de actitud ni aunque sus padres optasen por buscarle alguna mujer italiana con la que casarle para poder dejar descendencia... Legítima, quería decir, de la otra ya le habían notificado hacía bastante que no se iban a encargar.
Sin embargo, lo bien que podía estar desenvolviéndose la situación, se quedó con las ganas cuando uno de los más nuevos Asociados de la Italian Mob decidió que lo mejor para su destino sería interrumpirle para que hiciese su trabajo. Giulio alzó el dedo índice hacia la señorita para pedir una pausa en su conversación para desviar la mirada hacia este con una ceja arqueada, clavando sus ojos azules en él. —¿Es que me necesitas hasta para buscar un libro, Damian?— Una pequeña sonrisa socarrona apareció en sus labios. —¿O es que prefieres que te preste toda mi atención?— Soltó una pequeña carcajada divertida mientras se levantaba del asiento en el que estaba, al lado de la joven.
—Está bien, vamos, al menos a ti no puedo dejarte embarazado.— Según caminaba, sacó un cigarrillo de su traje encendiendo este mientras andaba, sin esperarle claro, hacia la zona donde estaban los libros con los que no dejaba de darle la paliza.
Si bien era cierto que el tener que ir a la biblioteca se le había antojado como terriblemente aburrido, había logrado encontrar una distracción perfecta para amenizar su mañana mientras Damian hacía el trabajo. Él se había decantado por una jovencita que parecía bastante sola en el lugar y, por supuesto, no tardó más de diez segundos en sentarse a su lado.
Y todo iba bastante bien, la chica era guapa, al menos la del lugar, y sabía de sobra que nadie podía resistirse a sus encantos. Sí, Giulio sabía que era atractivo y conocía el efecto que causaba en los demás, por eso mismo había aprendido a usarlo a su favor y, si podía pasar un rato divertido, ¿por qué no? De hecho, no pensaba cambiar de actitud ni aunque sus padres optasen por buscarle alguna mujer italiana con la que casarle para poder dejar descendencia... Legítima, quería decir, de la otra ya le habían notificado hacía bastante que no se iban a encargar.
Sin embargo, lo bien que podía estar desenvolviéndose la situación, se quedó con las ganas cuando uno de los más nuevos Asociados de la Italian Mob decidió que lo mejor para su destino sería interrumpirle para que hiciese su trabajo. Giulio alzó el dedo índice hacia la señorita para pedir una pausa en su conversación para desviar la mirada hacia este con una ceja arqueada, clavando sus ojos azules en él. —¿Es que me necesitas hasta para buscar un libro, Damian?— Una pequeña sonrisa socarrona apareció en sus labios. —¿O es que prefieres que te preste toda mi atención?— Soltó una pequeña carcajada divertida mientras se levantaba del asiento en el que estaba, al lado de la joven.
—Está bien, vamos, al menos a ti no puedo dejarte embarazado.— Según caminaba, sacó un cigarrillo de su traje encendiendo este mientras andaba, sin esperarle claro, hacia la zona donde estaban los libros con los que no dejaba de darle la paliza.

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Re: A Bullet Down
I. Another one bites the dust
Damian — 12: 54h — con Giulio
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Oh, estaba tan tan muerto después de lo que había dicho. Doblemente muerto. Tan muerto que ya le habían enterrado.
Sus piernas temblaron un poco más por mucho que trató de controlarse, no conseguía encontrar la "paz interior" para hacer aquello. Definitivamente debería haber evitado el ser voluntario y haberse dedicado a los donuts como profesión. Al menos hubiera sido un gordo feliz. Mejor gordo que muerto, sin duda. Y, sin embargo, ahí estaba, intentando fingir que poco le importaba lo que hiciera el sotocapo de la familia. Al menos su temblor no se notaba demasiado gracias a los gruesos pantalones que llevaba, los cuales apenas hacían una pequeña honda bajo sus temblores que bien podrían deberse a un terremoto en lugar de al miedo puro que le recorría.
Al menos le hubiera gustado poder despedirse de su familia antes de que le hubieran metido en aquella familia de locos. Porque, no contentos con ello, le habían arrastrado a la boca del lobo sin apenas preparación como agente de campo. Si era un piltrafa, en el fondo. Sí, podía no resultar una amenaza a primera vista, lo cual quizás era una ventaja. Pero desde luego no le ayudaba a imponerse delante de un hombre como Giulio.
Su mandíbula se desencajó ante aquellos comentarios. En el fondo estaba aliviado de que se lo tomase con humor, aunque fuera solo delante de la muchacha, pero a primera vista no parecía que fuera a morir. Esperaba que a segunda vista no cambiase la perspectiva del asunto. Cerró rápidamente la boca al ver que seguía caminando sin esperarle y se recompuso como pudo antes de salir tras él, apenas dirigiendo un último pensamiento a la joven la cual salió por patas según lo que vio por el rabillo del ojo.
Pronto se puso a la altura del mayor y se cruzó de brazos con una expresión de molestia. Debía mantener la tapadera de ser un tipo duro y desapasionado por esas cosas. Y tenía la respuesta perfecta que desafiaba todas las leyes de la educación, el decoro y la jerarquía familiar.
—Tampoco me sorprendería si fueras capaz de conseguir eso. He escuchado cosas más raras que supuestamente has hecho. —Mentira, en el fondo; pero sí que había oído rumores escalofriantes del otro.— Y sí, para tu información, me es más útil tener toda tu atención a no tener ninguna. —Con un ligero refunfuño tras aquello, dio la espalda a Giulio y centró su atención en una de las estanterías.
Pronto se puso a rebuscar en los bolsillos de sus pantalones en busca del papel donde había apuntado los títulos. Entre los nervios y el miedo, le resultaba bastante difícil memorizar el largo listado de cosas que tenía que hacer para la condenada familia mafiosa. Y, como hiciera algo más, se iría de vacaciones al mar, seguramente. Unas vacaciones de las que no volvería. Con firmeza, sacó el papel y mantuvo la mano firme a pesar de que el temblor pugnaba por salir a la luz. Esperaba que los libros estuvieran por orden alfabético, porque había demasiadas estanterías por ahí. Podrían llevarse semanas solo para encontrar uno de los cinco malditos libros.
—Uhm... creo que es por ahí. —Se susurró a sí mismo, ignorando el olor a tabaco -el cual, siendo sinceros, le desagradaba- dedicó una mirada de reojo al otro y comenzó a caminar en la dirección paralela en busca del corredor del fondo.
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Re: A Bullet Down
I. Another one bites the dust
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Giulio | 12:54H |Con Damian
Tras darle una larga calada al cigarrillo, exhaló el humo de forma lenta hacia los pasillos de la biblioteca mientras el contrario se dedicaba a buscar esos dichosos libros que a él ni le iban ni le venían. De hecho, ni siquiera sabía porqué había tenido que ir a acompañarle a la biblioteca, se le ocurría mil planes mejores que ese. De hecho, no entendía cual era el razonamiento lógico para que alguien como él, un sottocapo, acompañara a un asociado de la italian mob. Aún así, y tras haber dejado clara su opinión, había sido arrastrado hacia aquel lugar así que, por supuesto, no iba a dejarlo así, pensaba pasárselo bien a pesar de todo.
—Ah, ¿sí?— El moreno arqueó una ceja mientras miraba de reojo a Damian, llevándose el cigarrillo de nuevo a los labios. —¿Qué has escuchado que te hace querer mi entera atención?— Giulio se apoyó contra la librería, lo más cerca posible del moreno sin quitarle la vista de encima mientras él intentaba hacer el trabajo que teóricamente habían ido a hacer.
Desde luego, el Sottocapo no tenía problemas con mostrarse como era; si bien se sabía de sobra lo que había detrás de los matrimonios de los altos cargos de la Italian Mob, él era el único que no lo negaba. Tal vez por eso mismo él no se había casado; no estaba dispuesto a atar legalmente a ninguna mujer que no iba a usar más que para tener hijos... Legítimos, quería decir. Pero su padre estaba cada vez más insistente en remarcar el hecho de que ya no era tan joven y que si quería ascender en la mafia así como preservar el apellido familiar, era su deber.
Igual su subconsciente le había susurrado que era mejor perder el tiempo incordiando a Damian que el tener que escoger una mujer con la que casarse.
—Seguro que no has escuchado que haya tenido sexo en una biblioteca.— Comentó en voz alta tras dar una nueva calada a su cigarrillo. —Y, la verdad, es que me llama bastante la atención.— Una sonrisa divertida y terriblemente seductora apareció poco a poco en sus labios antes de volver a coloca el cigarro entre ellos.
Tras darle una larga calada al cigarrillo, exhaló el humo de forma lenta hacia los pasillos de la biblioteca mientras el contrario se dedicaba a buscar esos dichosos libros que a él ni le iban ni le venían. De hecho, ni siquiera sabía porqué había tenido que ir a acompañarle a la biblioteca, se le ocurría mil planes mejores que ese. De hecho, no entendía cual era el razonamiento lógico para que alguien como él, un sottocapo, acompañara a un asociado de la italian mob. Aún así, y tras haber dejado clara su opinión, había sido arrastrado hacia aquel lugar así que, por supuesto, no iba a dejarlo así, pensaba pasárselo bien a pesar de todo.
—Ah, ¿sí?— El moreno arqueó una ceja mientras miraba de reojo a Damian, llevándose el cigarrillo de nuevo a los labios. —¿Qué has escuchado que te hace querer mi entera atención?— Giulio se apoyó contra la librería, lo más cerca posible del moreno sin quitarle la vista de encima mientras él intentaba hacer el trabajo que teóricamente habían ido a hacer.
Desde luego, el Sottocapo no tenía problemas con mostrarse como era; si bien se sabía de sobra lo que había detrás de los matrimonios de los altos cargos de la Italian Mob, él era el único que no lo negaba. Tal vez por eso mismo él no se había casado; no estaba dispuesto a atar legalmente a ninguna mujer que no iba a usar más que para tener hijos... Legítimos, quería decir. Pero su padre estaba cada vez más insistente en remarcar el hecho de que ya no era tan joven y que si quería ascender en la mafia así como preservar el apellido familiar, era su deber.
Igual su subconsciente le había susurrado que era mejor perder el tiempo incordiando a Damian que el tener que escoger una mujer con la que casarse.
—Seguro que no has escuchado que haya tenido sexo en una biblioteca.— Comentó en voz alta tras dar una nueva calada a su cigarrillo. —Y, la verdad, es que me llama bastante la atención.— Una sonrisa divertida y terriblemente seductora apareció poco a poco en sus labios antes de volver a coloca el cigarro entre ellos.

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Re: A Bullet Down
I. Another one bites the dust
Damian — 12: 54h — con Giulio
Hey, I'm gonna get you, too
Al escuchar la voz de Giulio haciéndole aquella pregunta, Damian levantó la cabeza con cierta curiosidad, señalando el último libro que había comenzado a inspeccionar para no perderse. No quería tener que volver a repasar los dos libros que había quitado de en medio por su título. Aunque debía de reconocer que la postura que había adoptado el sotocapo conseguía captar su atención de una forma absoluta. Y le daban muchas ganas de salir corriendo al mismo tiempo. Era como un felino acechando a su juguete favorito y presa sustituta. Posiblemente estaría muerto antes de darse cuenta, lo cual le aterrorizaba. Pero no debía de aterrorizar al Damian que se suponía que era ahí.
—Que eres un tío muy listo, que sabes hacer bien las cosas y que, si te pones en serio, sorprendemente haces maravillas. Aunque, claro, no puedo creerme todo lo que oigo, ¿cierto? —Comentó en un tono sarcástico, un reto velado por el que se jugaba el cuello. Debía andar con pies de plomo si no quería derrumbarse ahí en medio, pero la tapadera debía mantenerse y esa era la única manera.— También escuché que dejaste a alguna embarazada y eso no hizo mucha ilusión a tu padre. Pero supongo que a ningún hombre le gusta tener nietos bastardos.
Dicho esto, volvió a fijar la vista en los libros, sacando aquel sobre el que había colocado su dedo para echarle un ojo. No era el que necesitaba, pero sí que era la excusa perfecta para no mirar al italoamericano a la cara. Pasó un par de páginas y frunció el ceño de forma teatral antes de volver a colocar el libro en su sitio y seguir con el siguiente. Sentía la garganta seca por el pánico, y las ganas de salir huyendo tan solo crecían. Claramente la mirada del otro estaba puesta en él, pero no, no podía dejar ver que le incordiaba y le hacía sentir inseguro.
Terriblemente inseguro.
Tragó en seco al escuchar aquello último, ahogando la risa nerviosa ante unas palabras que se antojaban, como mínimo, insinuantes. No, no creía que se lo estuviera diciendo a él. Pero, increíblemente, una parte de él sí que quería que fuera así. Que le agarrase y... posiblemente hiciera lo que pretendía hacer con la chica. Todo muy heterosexual, por supuesto. Damian no era un desviado de esos, así que no tenía sentido alguno darle vueltas a aquello. Volar su tapadera con aquellos pensamientos sería incluso más problemático. Si ya le hacían cosas terribles a los policías infiltrados, ni de broma quería imaginarse lo que harían a los policías infiltrados no-heterosexuales.
—Bueno si tantas ganas tienes de follar... —Comenzó, sin atreverse a levantar la vista de los libros. No tenía ningún sentido mostrarle su propia inseguridad.— puedes ir a buscar a la chica de antes, seguro que está dispuesta a que lo hagáis sobre alguna estantería o algo. Pero no hagáis mucho ruido, se supone que en las bibliotecas ni siquiera deberíamos hablar.
Tras esto, hizo un intento de refunfuñar y cambió de estantería, alejándose un poco más de Giulio por si acaso. Ahí, se quedó mirando fijamente una serie de libros frente a sus ojos, sin ser capaz de leer siquiera sus títulos. Estaba demasiado nervioso como para poder centrar su mente en algo que no fuera su capacidad auditiva, por si el otro se acercaba de nuevo y algo malo pasaba.
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