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Dark mad love [+18]
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Dark mad love [+18]
Dark Mad Love
Ramsay lleva unos meses en Fuerte Terror y empieza a aburrirse. Los juguetes que encuentra se le rompen o le cansan rápido y cada vez tiene menos con lo que entretenerse. Entonces sus ojos se fijan en una muñeca con la que todavía no ha jugado: la chica de las perreras... que resulta ser mucho más entretenida de lo que esperaba




personajes

Ramsay | 20 | Iwan Rheon | Tinker
- Información:
- Ramsay es el bastardo de Lord Roose, pero al ser su único heredero vivo se comporta como si fuese el señor y exige que se le trate como tal, pues su legitimación es algo que llegará con el tiempo. De carácter sádico e imprevisible, disfruta haciendo sufrir a otros y considera a sus inferiores juguetes a su disposición, especialmente a plebeyos, presos y mujeres. Muestra más humanidad con los perros que con las personas y la única persona capaz de controlarle es su padre. No se explica cómo se le ha podido pasar por alto la chica de las perreras, pero ahora que ha puesto sus ojos en ella piensa divertirse mucho con su nuevo juguete

Myranda | 17 | Charlotte Hope | Lyra
- Información:
- Myranda creció en las perreras, lo que quizá es la causa de su caracter perruno. Su padre la considera más una carga que otra cosa, por lo que está acostumbrada a llevarse palos y arreglárselas para vivir con poco más que nada. Más lista de lo que parece a simple vista, se las ha arreglado para sobrevivir en Fuerte Terror, compartiendo la tarea de su padre en las perreras y arreglándoselas para que, a pesar de ser de las pocas jóvenes del lugar, ningún hombre le haya puesto las manos encima... hasta ahora
1x1 | GOT | Romance, Drama, Violencia, +18
Última edición por Lyra el Vie 10 Jun - 18:45, editado 1 vez
Re: Dark mad love [+18]
Lets have fun
Ramsay | Perreras (Fuerte Terror) | Con ¿Myranda?
El hijo de Lord Bolton chasqueó la lengua mostrando su disgusto.
Ante él, sujeto a una gran “X” de madera se encontraba un hombre desnudo. Sus dedos sin uñas mostraban una carne rosa, allá donde su corte había sido cuidadoso, y roja donde el filo de su cuchillo se había clavado. Por las palmas corría la sangre hasta caer por sus muñecas, las cuales mostraban marcas rojas allá donde la cuerda que lo retenía había dañado su piel hasta producir quemaduras. Más abajo el resto de su cuerpo permanecía intacto, si ignorabas el sudor que cubría la pálida piel del aldeano. Un jodido tabernero, eso es lo que era, pero aquel desgraciado se había atrevido a llamarle bastardo ¡a él!, en su maldita cara. Pero no volvería a hacerlo más, al final le mataría, pero solo cuando se cansase de escucharle pedir perdón.
No era el fruto de su trabajo lo que disgustaba a Ramsay, sino que su nuevo juguete se hubiese desmayado tan pronto. Demasiado débil, demasiado aburrido. Dio una zancada y con su mano izquierda le sujetó del pelo, obligándole a subir la cabeza para mirarle la cara, apoyó la punta de su cuchillo sobre sus parpados caídos, esperando una reacción. Parecía desmallado de verdad, que pena, le habría gustado arrancarle el ojo. No le gustaba la expresión de sorpresa que parecían expresar los globos oculares al descubierto, después de arrancar sus párpados.
–Tranquilo –susurró con ternura trazando una pequeña línea con su cuchillo abriendo las capas superficiales de la piel a su paso, antes de apartarlo de él y soltar su cabeza, que cayó inerte hacia delante, con los cabellos cubriéndole el rostro.
Así le dejó. Se retiró, caminando de forma despreocupada hacia la puerta, aún con el cuchillo en la mano. Tan solo lo guardó en su cinto para tomar el pomo de la puerta y una sonrisa inquietante cruzó su rostro al ver que no la había cerrado del todo, de forma que las luces de las antorchas del pasillo se colaban entre la madera de la puerta y la del marco. Entonces escuchó unos pasos y su sonrisa se amplió, evidentemente su descuido no había sido tal. Hacía tiempo que venía observando las miradas curiosas de la hija del perrero, de modo que aquello había sido una trampa para ratones. Abrió del todo la puerta y salió al pasillo. Un ratoncillo demasiado rápido. Tan solo alcanzó a ver una sombra sobre la piedra desnuda de las mazmorras, justo al final del pasillo.
Sus pasos le llevaron hacia allí sin prisa alguna, sabiendo lo que encontraría al final: La puerta que daba acceso a la perrera. La abrió con el mayor sigilo posible y la cerró a sus espaldas del mismo modo, aun así los perros enjaulados comenzaron a ladrar, mas ninguno se lanzó contra los barrotes oliendo quizás el aroma característico de su dueño. Dio un silbido largo para hacerlos callar, o tal vez para llamar a aquella chica delgaducha que merodeaba por allí. El caso es que se hizo el silencio, tan solo roto por algún jadeo
–Ven bonita –la llamó mientras avanzaba por el espacio que separaba dos hileras de jaulas, esta vez sí, la llamaba a ella. Aunque también podría habérselo dicho a alguna de las hembras –solo quiero hablar –Y en su tono podía apreciarse la sinceridad de sus palabras.
Por ahora.
Tinker
- Preciosidades:
- de Snow *o*

de RED
Re: Dark mad love [+18]
Lets have fun
Myranda | Perreras (Fuerte Terror) | Con Ramsay
Estaba teniendo un dia especialmente tedioso. Su padre estaba desaparecido (seguramente borracho en algún rincón), de modo que toda la tarea de las perreras recaía sobre ella.
Le gustaban los perros. Eran mejor compañía que las personas. No la golpeaban, ni intentaban abusar de ella, ni la trataban como a un trapo con piernas. Lo que no le gustaba era tener que pasarse el dia cargando pozales de comida y agua que pesaban casi más que ella de un lado a otro. Normalmente era su padre quién se encargaba de mover las cosas más pesadas, pero como estaba en paradero desconocido y ella no pensaba buscarlo...
En cuanto puso los pies en el pasillo que llevaba a las perreras, supo que el bastardo de lord Roose estaba allí. Oía los gruñidos de los canes al fondo, y conforme avanzó por el pasillo le vino el olor de sangre fresca. Normal que los animales gruñesen. Estaban entrenados para cazar, y se revolvían al olor de la sangre.
La puerta de la habitación que Myranda identificaba como "la sala de juegos" del joven estaba entreabierta. Redujo el paso cuando se acercó, echando un vistazo. Sentía una extraña y oscura fascinación por lo que ocurría en aquella sala, y a menudo aprovechaba el obligado paso por esa puerta, a veces cerrada a veces no, para intentar ver u oir algo. A lo largo del día podía pasar fácilmente una docena de veces por delante, dado que la puerta estaba en el mismo pasillo por el que se accedía a las perreras. Aquel dia, Ramsay estaba torturando a un hombre, y parecía que éste había durado poco. Quizá esa noche no necesitaría alimentar a las perras, pensó, saliendo de su ensimismamiento y dirigiéndose hacia el lugar donde estaban las jaulas a toda prisa. No era idiota, sabía que Ramsay la castigaría si la encontraba remoloneando, sobretodo cuando supiera que lo que debería estar haciendo era encargarse de sus perras.
Claro que para ello, el joven tendría que advertir su presencia, y la muchacha estaba segura de que él ni siquiera sabía que existía.
Cerró la puerta tras ella, por si a algún animal le daba por intentar escabullirse. Las jaulas estaban cerradas, pero tenía que limpiarlas, de modo que los animales camparían por la sala a sus anchas durante un rato. Se dirigió al fondo, a un banco con los utensilios necesarios para realizar las tareas requeridas habitualmente en ese lugar, y empezó a prepararlo todo.
No escuchó la puerta abrirse y cerrarse a su espalda. Cuando los animales se pusieron a ladrar se volvió, dispuesta a darles una voz para hacerlos callar. Entonces oyó el silbido y se le heló la sangre.
La sala quedó sumida en un silencio sólo roto por algunos jadeos y el ruido de su propia respiración.
Ven, bonita.
La llamó como si llamara a una de las perras. Y ella obedeció sin ser siquiera consciente de ello, dando un par de pasos vacilantes hacia él.
- M-mi señor... - balbuceó, saliendo de su estupor, bajando la mirada al recordar que él era el joven señor, aunque fuese extraoficialmente, y ella una sirvienta. Tenerle cerca la ponía nerviosa. No era por las cosas que había oído o visto. La mayoría de la gente se ponía nerviosa por el miedo que provocaba aquel joven. Ella no. A ella se le aceleraba el pulso por otras razones.
Re: Dark mad love [+18]
Lets have fun
Ramsay | Perreras (Fuerte Terror) | Con ¿Myranda?
La observó avanzar por el pasillo hacia él, con la precaución y sigilo de un animal herido. ¿Era miedo lo que en sus gestos se intuía? Con cierta curiosidad ladeó la cabeza, mas no dio ni un solo paso hacia ella, dejando que fuese la joven quien se acercase. Aparentaba ser… poca cosa, demasiado delgada como para resistir un Invierno, con ropas que eran más bien harapos, demasiado humilde como para ser siquiera una sirvienta. Pero algo hizo que el hijo de Lord Bolton no descartase aquel juguete roto. Solo al final, cuando el contacto visual se rompió dio un paso hacia ella, como ha de acercarse un cazador a su presa si ve que esta se detiene.
–Mírame –ordenó al detenerse a escasos centímetros de la muchacha, estaba seguro de que sus pies ya habían entrado en su campo visual pero quería verla. Ver algo más que esa sombra que se movía por la Fortaleza Roja amenazando con fundirse con las rocas que la formaban.
No esperó, Ramsay no tenía la paciencia suficiente para ello, no en esos instantes al menos. Colocó su mano bajo su mentor y la obligó a alzar su rostro ante él. Poseía una cara redondeada, unos rasgos finos y unos grandes ojos azules. Era guapa, más de lo que esperaba teniendo en cuenta que nunca la había mirado más de una vez, quizás porque su belleza se veía nublada por esa capa de polvo, arena, y en definitiva suciedad, que se adhería a la chica.
–Te gusta mirar ¿Verdad? –Preguntó dejando que las comisuras de su boca se alzasen mostrando una sonrisa demasiado grande como para resultar agradable –. Sé que sí –No necesitaba que se lo confirmase, demasiada casualidad sería que justo cuando salía de su sala de torturas ella se dirigiese a las perreras, o que justo cuando él la miraba ella apartaba la vista –Te gusta verme jugar ¿Quieres jugar, pequeña? –Su sonrisa murió tras estas palabras.
Se lamió la yema del pulgar de la otra mano y limpió con ella restos de ceniza de la mejilla de la joven, mostrando una piel nívea demasiado pura como para pertenecerla. –Mucho mejor –murmuró absorto. Lo mismo pensarían algunos de él, que había llegado a demasiado siendo tan solo un bastardo. Los dedos se hundieron en la piel que cubría su mandíbula, impidiéndola bajar la mirada. Sus ojos recorrieron por completo cada rincón de su rostro una vez más. No era un juguete roto, solo había que quitarle un poco el polvo. –. ¿Cómo te llamas? –inquirió, alzando las cejas para darle énfasis a su pregunta.
Tinker
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de RED
Re: Dark mad love [+18]
Lets have fun
Myranda | Perreras (Fuerte Terror) | Con Ramsay
Mirame
Sintió el impulso de obedecer, igual que cuando a una de las perras se le llamaba la atención. Pero no tuvo tiempo de hacerlo, antes de que pudiera reaccionar, él la tomó por la barbilla y la hizo alzar el rostro. De modo que ella obedeció, siguiendo su instinto, y le miró directamente a los ojos.
Dejó que la examinara, sin bajar los ojos ni atreverse a apartarse. Le pareció que el joven tenía las manos cálidas, lo que la sorprendió, dado que en aquel lugar todo solía estar frio. Sus ojos, en cambio, eran todo menos cálidos. La examinaban como... no sabía bien cómo. Se sabía observada, examinada como si la estuviese valorando. Pero ella no tenía valor alguno. Sólo era la chica de las perreras.
Acostumbrada a cubrirse con telas viejas y a moverse entre animales, Myranda no era consciente de su belleza. Sí había tenido que apartar más de un par de manos, pero la muchacha lo atribuia al hecho de que las mujeres, sobretodo las jóvenes, escaseaban en el lugar (y más desde la llegada del bastardo). No se consideraba bonita, ni se daba cuenta de que tenia lo necesario para atraer a un hombre. ¿Qué estaba mirando, qué veía en ella, aparte de a una niña sucia y delgaducha?
Su voz la sacó de sus pensamientos. Un leve sonrojo tiñó sus mejillas. La había pillado.
- Mi... mi trabajo... - se intentó excusar, sabiendo que no sería bastante - A-ayudo a mi padre en las perreras, mi señor... por eso pasto tanto por... - el resto de la frase murió en sus labios. Sí, ella era la hija del perrero y sus tareas le exigian cruzar el pasillo varias veces al dia. Pero también era cierto que hacía más viajes de lo necesario y que reducía sus pasos al acercarse a aquel lugar. Y (esperaba que él no fuese consciente de esto) había echado más de una mirada al joven, y conocía sus gustos a la hora de cazar, la frecuencia con la que estaba acompañado... Sabía más de él de lo que debería, y ni siquiera ella sabría decir por qué.
Tragó saliva cuando él la "invitó" a jugar. Notaba el pulso tan acelerado que estaba segura de que él podía oirle. Sabía lo suficiente como para imaginar la clase de juegos que él prefería. Cuando él limpió parte de la suciedad que la cubría y la aferró con más fuerza para volver a examinarla supo que no tenía escapatoria.
El joven señor acababa de escogerla como nuevo juguete. Por lo que ella sabía, éstos no duraban demasiado. Pensó en huir. Sentia atracción y fascinación por él, pero tenía más interes en seguir con vida. Sin embargo... ¿cómo huir? Él se interponía entre ella y su única salida, y aunque por alguna clase de milagro lograse esquivarle, sabía que era más rápido y fuerte que ella. Y aunque no lo fuese, tenía los medios para darle caza. Huir sólo serviría para que lo que fuera que fuese a hacerle fuese aún peor. De modo que hizo lo único que podía.
- Myranda, mi señor - respondió, con los ojos fijos en los suyos - Me llamo Myranda. - se humedeció los labios. Conocía perfectamente su fama. Había visto y oido lo que era capaz de hacer. Acababa de escogerla como su nuevo divertimiento. Y en lo único en lo que podía pensar tras revelar su nombre fue en que tenía los ojos más bonitos que había visto - Y soy vuestra.
Re: Dark mad love [+18]
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Ramsay | Perreras (Fuerte Terror) | Con ¿Myranda?
El movimiento de sus labios le distrajo, haciendo que su mirada descendiese hacia ellos, encontrándolos húmedos. Mía. Claro que era suya ¿Acaso había pensado que tenía otra posibilidad? Había sido suya desde que fijó sus ojos en ella, solo que la joven no lo sabía –Mía ¿eh? –dijo alzando ambas cejas durante unos segundos, con cierta incredulidad. Era la primera vez que alguien se entregaba a él sin reservas, sin protestas o sin fingir que les importaba un poco su honor. ¿Qué honor podía tener una criatura como aquella? Se preguntó, dejando que su mirada se escurriese por su cuerpo, desde el cuello de cisne y la clavícula marcada, hasta los pequeños senos que se intuían sobre aquel trapo que pretendía ser un vestido. Nada, no tenía nada, pero incluso su nada era completamente suya.
– ¿Sabes que hago con mis cosas? –preguntó con cierta amabilidad, como si estuviese preguntando si quería sentarse o si le apetecía un poco de vino del Rejo. Se inclinó hacia ella rozando el lóbulo de su oreja con sus labios sin soltar aún su rostro –Lo que quiero –confesó en un susurro. Si creía que con rendirse ante él bastaría estaba muy equivocada, a Ramsay no le gustaba los regalos y dado que con ella no habría caza, al menos debía pagar el precio. El precio podía ser su vida, pero de ese modo no sería tan interesante.
Deslizó su mano hasta su delgado cuello y dejó que las yemas de sus dedos acariciasen la sensible piel que lo cubría – ¿Y si no te creo? –preguntó separándose un poco de ella para poder contemplar su rostro. Aquello del padre perrero tenía sentido, lo de que no sintiese curiosidad no se lo creía, pero no le molestaba pero ella no lo sabía – ¿Y si creo que me espías? –inquirió con la misma tranquilidad que había empleado hasta el momento.
De pronto apretó su cuello ahogando a la joven sin que nada pudiese advertir a la chiquilla. La traición era algo que jamás perdonaría el hijo de Lord Bolton, más valía que lo entendiese desde el principio si quería sobrevivir. Empleando su fuerza la empujó contra una de las jaulas, dejándola respirar, haciendo que las perras comenzasen a ladrar ante el sonido del cuerpo humano golpear las rejas –Quiero que te quede bien claro –dijo acercándose a ella, sin darla tiempo a que se recuperase –. Si alguna vez dudo de ti… –continuó enredando los dedos de su mano derecha en su cabello despeinado tras su nuca –, estás peor que muerta.
Y Ramsay solo amenazaba una vez.
Delineó sus labios con la punta de su lengua sintiendo por primera vez el sabor de su piel, algo que había pensado hacer desde que vio como se los humedecía.
–Pero no tiene que ser así, puedo ser bueno contigo si tú eres buena conmigo. ¿Qué me darás hoy, Myranda? –preguntó sin separarse de ella, sintiendo en sus propios labios el aire abrasador que se escapaba de sus pulmones.
Tinker
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de RED
Re: Dark mad love [+18]
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Myranda | Perreras (Fuerte Terror) | Con Ramsay
La joven le mantuvo la mirada todo el tiempo, al menos mientras le fue posible mirarle a los ojos. No como gesto de fuerza o desafio...sino con algo parecido a la fascinación. Estaba asustada, sabía que su vida corría peligro y que lo que le ocurriese a partir de ahora sería todo, menos delicado. Lo había visto. Sabía perfectamente cuál podía su destino. Muchas chicas habían pasado por las manos del hombre que estaba ante ella. Algunas ingenuamente seducidas, otras cazadas como bestias, otras caidas por su propia ambición y estupidez. La diferencia era que Myranda sentía fascinación por las aficiones, por así decirlo, del joven.
Abrió la boca para responder que no espiaba. No en el sentido de averiguar qué hacía para revelárselo a alguien o para buscar la forma de usar la información en su favor. No espiaba, se sentía atraída por lo que hacía. No entendia esa atracción, parte de ella incluso pensaba que era enfermizo. Pero el caso es que existia, tan fuerte como un imán, y ella no era capaz de resistirla.
Pero antes de poder explicarse, la mano que antes acariciaba su cuello se cerró en torno a él. La muchacha abrió los ojos y la boca, sorprendida y aterrada, intentando respirar. Jadeó con fuerza al verse contra los barrotes de las celdas y recuperar el aire. Podía oir perfectamente a los animales. Sintió el hocico de uno olisqueando sus muslos, pegados a los barrotes. Si no se llevó una dentellada fue porque las perras la conocían.
Si alguna vez dudo de ti...
No pensaba darle razones para ello. Porque quería vivir y porque algo en su interior quería agradar a Ramsay. Sentir su lengua delineándole los labios le erizó la piel e hizo que un leve jadeo escapara de ellos. Sentía algo parecido al miedo, pero... no era miedo exactamente. O quizá sí, pero mezclado con algo más, que no supo identificar porque no lo había sentido antes.
- Lo único que puedo daros, mi señor, es a mi misma - respondió, tras pensar la respuesta, aún mirándole a los ojos. Era lo único que podía ofrecerle. No tenía dinero, ni nada que él pudiera desear. Y de todas formas, no importaba lo mucho o poco que tuviera. Ramsay tomaría lo que quisiera, cuando quisiera y como quisiera. Y ella, para su propia sorpresa, estaba deseando que lo tomara.
Re: Dark mad love [+18]
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Ramsay | Perreras (Fuerte Terror) | Con ¿Myranda?
Si eso era todo lo que tenía, sería todo lo que tomaría, no se conformaría con menos. Buscó en el fondo de sus pupilas aquello que había cazado aquel día. Un pequeño ratoncillo, pero muy diferente a los demás. Pese a la forma brusca de tratarla le mantenía la mirada, no como un desafío, tampoco como consecuencia de un miedo paralizante, y eso que había logrado asustarla, sino como algo más. ¿Acaso le gustaba? No, a nadie le gustaba eso, pero tampoco nadie había mirado así a Ramsay, no después de haber visto la bestia que se escondía tras el hombre. Quizás era lo bastante estúpida como para creer que rindiéndose las cosas serían más fáciles, o que ella sería diferente, que a ella la trataría mejor. No era esa su intención, todo dependía de lo pronto o lo tarde que se cansase de ella.
—Lo tomo —aceptó con una sonrisa ladeada. Acercó su rostro al suyo, sellando el pacto con un beso, el mismo con el que había deseado acallar el jadeo que se escapó de sus labios. No fue el beso delicado con el que sueña toda dama. Sus labios atraparon los suyos con violencia. Aquellos labios húmedos era lo poco que podía considerarse grueso en la chica, de modo que se entretuvo en ellos. Succionó, mordió, tiró y lamió antes de obligarlos a abrirlos para dejar entrar a su lengua.
Mía.
Lo escribiría a fuego en su piel y en su alma, pues no solo le interesaba su exterior. Si había algo en ella que pudiese corromper lo haría. Ella creía que no, pero el bastardo creía que tenía mucho que ofrecerle aún. Sin embargo en esos momentos sus instintos más bajos le movían y los planes mayores debían esperar.
Mía.
Pegó su cuerpo al suyo por completo, atrapándola entre él y la jaula de metal. La perra allí encerrada gruñó al ver como los humanos invadían su espacio, pero poco le importó a Ramsay ni siquiera cuando empezó a arañar la jaula. Las manos del hijo de lord Bolton viajaron hacia los muslos de la joven, obligando a sus piernas abrirse, para después subir su falda, dejando a la vista sus piernas níveas, demasiado huesudas tal vez. Aún así acarició el interior de sus muslos, con demasiada fuerza o ansiedad para considerarlo una caricia al uso.
Cortó aquel beso con la misma brusquedad con la que lo empezó, separando su rostro para contemplarla. La observó con la respiración entrecortada y se relamió con descaro — ¿Quiénes te han follado, Myranda? Dime sus nombres.
Tinker
- Preciosidades:
- de Snow *o*

de RED
Re: Dark mad love [+18]
Lets have fun
Myranda | Perreras (Fuerte Terror) | Con Ramsay
Un nuevo jadeo quedó ahogado por sus labios. Hacía rato que el pulso de la muchacha estaba desbocado y su respiración se había vuelto tan pesada que era perfectamente visible cómo su pecho subía y bajaba.
Sólo había recibido un beso antes. Fue Domeric, y ambos eran un par de chiquillos, con edad suficiente como para interesarse por ciertas cosas que hacían los adultos pero demasiado niños como para comprenderlas bien. Aquel primer beso había sido suave, cálido y húmedo, además de torpe y rápido.
Este no tenía nada que ver con aquel recuerdo. La pilló por sorpresa, y durante los primeros segundos sólo se dejó besar, morder y succionar... hasta que pasado el desconcierto inicial empezó a responder al beso, cuando él ya tenía la lengua en el interior de su boca. Ni siquiera era consciente de estar buscando sus labios. Fue algo instintivo, casi animal.
Se dejó apresar contra la jaula, incluso facilitando la tarea. Parte de ella no comprendía bien por qué actuaba así. Era como si su cuerpo no fuese del todo suyo y reaccionase antes de que ella pudiese pensar lo que hacía. Sintió a su señor obligarla a abrir las piernas y subirle la falda. Otros lo habían intentado antes y habían acabado con una patada en una zona bastante delicada. Pero con él era diferente. Él la hizo abrir las piernas y ella se dejó. Él le levantó la falda y ella ni siquiera protestó. Él le pasó la mano por el muslo, no una caricia suave y tentadora, sino un gesto ansioso, casi exigente, y ella deseó que siguiera.
Empezaba a notar un calor que nacía entre sus muslos y que no recordaba haber sentido jamás... y entonces el beso terminó con tanta brusquedad y de una forma tan inesperada que, por una milésima de segundo, ella le siguió intentando prolongarlo. Sus grandes ojos parpadearon algo desconcertados por lo que fuera que Ramsay estuviese despertando en ella.
- ¿Quien...? - le costó un poco entender la pregunta. Su mente parecía procesarlo todo con lentitud - Nadie, mi señor - respondió antes incluso de darse cuenta de que estaba preguntando por su virginidad.
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