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—The chase has just begun
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—The chase has just begun
Plot | Sobrenatural | 1x1
Resumen
Los cambios a veces son repentinos e inesperados, como aquél que la incentivó a una de las hermanas Wiltshire a abandonar su hogar, su amada Inglaterra. Respirar el mismo aire que respiraba su familia se había vuelto insoportable. Había hecho tanto por la familia y por ella misma; cumplió con todas sus expectativas, pero cuando llegó el día en el que decidieron por su vida, se cansó. ¿Cómo pudieron atreverse a hacer algo así? ¿Casarla sin su consentimiento? Lo habría comprendido si lo hacían un siglo atrás, pero no durante el nuevo milenio. ¿Cuán anticuados podían ser?
Tenía ya un nuevo prometido… Alguien en quien desconfiaba completamente. Desde que lo vio a él y a su padre hablando con el propio, tuvo un extraño y horrible presentimiento que le puso los pelos de punta. ¿Cómo podía ser que otro vampiro le causara semejante reacción? Ese joven que parecía simular cortesía, caballerosidad y amabilidad. No… Definitivamente había algo más. Lo sentía.
Por eso, no pudo soportarlo más. No le importaba ya lo que pudieran pensar. Tenía que huir. Y así lo hizo. Tuvo que agradecerle a sus hermanos mayores por su ayuda. Eran los únicos que parecían comprenderla. ¿Dónde se instaló entonces? En una antigua casona, propiedad de su familia, que se ubicada en un pueblo suizo. Allí viviría y se dedicaría a los estudios y a su profesión. Lo que no sabía era que allí encontraría muchas sorpresas. Estaba atrapada. El destino le jugaba en contra y no estaba sola. Una sombra se cernía sobre su futuro. ¿Podría escapar y detener los engranajes del enorme reloj?
Personajes
Sarah Wiltshire | Vampiresa | Abogada | 127 años | Elizabeta Héderváry | Strawberry | Jericho Holloway | Vampiro | Guardia personal | 140 años | Saitou Yakumo | BlueBlaze |

Re: —The chase has just begun
1. There’s no place to hide
Sarah | Parque | Noche | Con Jericho
¿Cuánto tiempo había transcurrido desde su arribo a ese pueblo? ¿Una, dos semanas? El tiempo no tenía relevancia alguna en ese momento porque al fin podía saborear la independencia. Estaba en un país extraño y, a pesar de que pudiera ser un hecho poco grato al principio, tenía plena libertad de hacer lo que quisiera con su vida sin que nadie la juzgara por ello o pretendiera que mostrara otro proceder. No había nadie más a quién debiera complacer y, aunque así fuera, no merecía la pena. ¿Por qué? Porque estaba cansada de que pretendieran controlar su vida.
Era una buena persona, sana, una hija predilecta y un ejemplo de hermana mayor; lo había sido siempre. ¿Y qué ganó con ello? Nada. Simplemente se rieron en su cara cuando decidieron por ella. Aún así, no se arrepentía de ser la guía de su pequeña hermana. Quería que ella pudiese elegir por sí misma lo que la hiciera feliz. Esa era la enseñanza que podía dejarle desde la distancia. Sólo le restaba esperar que nada saliera mal y que su padre desistiera de esa loca idea que tuvo. Confiaba en que su ausencia le haría entrar en razón, más teniendo en consideración que ese fue el único acto de rebeldía que manifestó durante toda su vida.
Allí en Suiza se sentía aliviada, como si le hubiesen sacado una pesada mochila de los hombros. Nunca imaginó que el nuevo sendero que se había abierto ante sus ojos estaría plagado de sombras que le borrarían la sonrisa inocente de su rostro y la harían caer de su nube.
Estaba tan ensimismada en su mundo de fantasía que no veía realmente lo que sucedía a su alrededor. Podían llamarla egoísta, pero actuó sin pensar. No consideró la idea de que su hermana pudiese correr la misma mala suerte que ella o que pretendieran traerla de regreso. Había tantas posibilidades, tantas sorpresas desagradables con las que podía encontrarse, pero no pensó en ninguna de ellas. Ni siquiera después de lo sucedido se detuvo a analizar las consecuencias de sus actos. No quería, porque sabía que si le daba lugar a su raciocinio, terminaría por dudar de sí misma y de su accionar.
Tan sólo quería disfrutar de las pequeñas cosas. Caminar por el pueblo acompañada de su mascota, como lo hacía en ese momento, o pasar tiempo con su nana. Lo único que extrañaba de su antigua vida era su hermana. Le hacía mucha falta, pero algún día podría volver a verla.
Pasear por el parque, cuando estaba a punto de caer la noche, se había convertido en una de sus actividades preferidas. Era un sitio hermoso que seguramente se vería mucho más colorido durante el día. Otras criaturas tenían la suerte de disfrutar de las sombras que otorgaban los enormes árboles, y ella, bueno, podía deleitarse con la cálida luz los faroles antiguos que iluminaban el camino empedrado y que le otorgaban cierto misticismo al ambiente. No podía quejarse cuando todo tenía su encanto.
Se sentó en un banco de madera y buscó en su bolso la novela que había guardado. No obstante, en el preciso momento en el que la abrió con el fin de retomar su lectura, el sonido de su celular la alertó. Tomó el aparato y contestó.
—Hola... ¿Quién habla? —cuestionó, dándole el tiempo de responder a su interlocutor—. ¿Qué? —su voz tembló. No fue por quién la llamó en sí, sino por el mensaje que le dejó antes de que, en un arrebato de nervios y furia, arrojara el aparato lejos de ella. No se preocupó por lo que pudo sucederle al teléfono, sólo escuchó un sonido sordo y creyó que fue la clara señal de que se había destrozado contra el suelo. Después de todo, lo había arrojado con todas sus fuerzas y, siendo vampiresa, tenía mucha.
Se hundió en el banco y ocultó el rostro entre las manos. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Tan poco le había durado su paz?
Era una buena persona, sana, una hija predilecta y un ejemplo de hermana mayor; lo había sido siempre. ¿Y qué ganó con ello? Nada. Simplemente se rieron en su cara cuando decidieron por ella. Aún así, no se arrepentía de ser la guía de su pequeña hermana. Quería que ella pudiese elegir por sí misma lo que la hiciera feliz. Esa era la enseñanza que podía dejarle desde la distancia. Sólo le restaba esperar que nada saliera mal y que su padre desistiera de esa loca idea que tuvo. Confiaba en que su ausencia le haría entrar en razón, más teniendo en consideración que ese fue el único acto de rebeldía que manifestó durante toda su vida.
Allí en Suiza se sentía aliviada, como si le hubiesen sacado una pesada mochila de los hombros. Nunca imaginó que el nuevo sendero que se había abierto ante sus ojos estaría plagado de sombras que le borrarían la sonrisa inocente de su rostro y la harían caer de su nube.
Estaba tan ensimismada en su mundo de fantasía que no veía realmente lo que sucedía a su alrededor. Podían llamarla egoísta, pero actuó sin pensar. No consideró la idea de que su hermana pudiese correr la misma mala suerte que ella o que pretendieran traerla de regreso. Había tantas posibilidades, tantas sorpresas desagradables con las que podía encontrarse, pero no pensó en ninguna de ellas. Ni siquiera después de lo sucedido se detuvo a analizar las consecuencias de sus actos. No quería, porque sabía que si le daba lugar a su raciocinio, terminaría por dudar de sí misma y de su accionar.
Tan sólo quería disfrutar de las pequeñas cosas. Caminar por el pueblo acompañada de su mascota, como lo hacía en ese momento, o pasar tiempo con su nana. Lo único que extrañaba de su antigua vida era su hermana. Le hacía mucha falta, pero algún día podría volver a verla.
Pasear por el parque, cuando estaba a punto de caer la noche, se había convertido en una de sus actividades preferidas. Era un sitio hermoso que seguramente se vería mucho más colorido durante el día. Otras criaturas tenían la suerte de disfrutar de las sombras que otorgaban los enormes árboles, y ella, bueno, podía deleitarse con la cálida luz los faroles antiguos que iluminaban el camino empedrado y que le otorgaban cierto misticismo al ambiente. No podía quejarse cuando todo tenía su encanto.
Se sentó en un banco de madera y buscó en su bolso la novela que había guardado. No obstante, en el preciso momento en el que la abrió con el fin de retomar su lectura, el sonido de su celular la alertó. Tomó el aparato y contestó.
—Hola... ¿Quién habla? —cuestionó, dándole el tiempo de responder a su interlocutor—. ¿Qué? —su voz tembló. No fue por quién la llamó en sí, sino por el mensaje que le dejó antes de que, en un arrebato de nervios y furia, arrojara el aparato lejos de ella. No se preocupó por lo que pudo sucederle al teléfono, sólo escuchó un sonido sordo y creyó que fue la clara señal de que se había destrozado contra el suelo. Después de todo, lo había arrojado con todas sus fuerzas y, siendo vampiresa, tenía mucha.
Se hundió en el banco y ocultó el rostro entre las manos. ¿Qué iba a hacer ahora? ¿Tan poco le había durado su paz?

Re: —The chase has just begun
Estar en aquel lugar alejado de todo cuanto conocía le había hecho detenerse a pensar en qué estaba haciendo, ¿Por qué tenía que irse tan lejos para buscar a una chica fugada? No es que se quejara de su trabajo como guardia personal, solo debía asegurarse de salvaguardar a la persona para la que trabajaba pero esto era diferente, viajar para tratar de convencer por las buenas a la mujer de que regresara o, en última instancia, llevarla a la fuerza. No le gustaba demasiado ese cambio, lo aceptaba y por supuesto había ido a cumplir con su cometido pero en el fondo le disgustaba, como si se hubiera convertido en una especie de “chico de los recados”, ya solo faltaba que le pidiera el café a cada rato…
Suspiró con fuerza, lo mejor era no seguir pensando en ello, al fin y al cabo ya había aceptado y no tenía sentido alguno seguirse torturando mentalmente por ello, cuanto antes cumpliera su tarea antes podría regresar y dar por terminado el asunto, no había nada mejor para animarse a completar un objetivo que pensar en la recompensa que recibiría, en su caso, regresar a la rutina habitual. Hacía poco que había llegado pero ya se había puesto manos a la obra para conocer un poco mejor a su objetivo y así lograr convencerla, si no sabía de quién se trataba o qué era lo que quería realmente sería más fácil que confiase en él y decidiera volver a casa pero si le descubría tendría que cambiar de táctica y eso ya le agradaba menos. Se lo tomó con calma para estudiar bien a la chica, distancia más que suficiente para que no advirtiera su presencia o se percatara de que la seguía, una tarea ardua sin duda pero que le facilitaría mucho el trabajo.
La paciencia era una virtud y él gozaba de dicha virtud, prefería las cosas bien hechas aunque llevasen su tiempo a hacer una chapuza rápida, pero ya iba tocando aparecer en escena, antes de que le descubriera espiando y perdiera cualquier oportunidad pacífica de resolver el conflicto en el que se encontraba. Esa noche sería su debut, mas necesitaba una buena entrada en escena, una espectacular entrada que le pusiera en una posición de ventaja evitando errores que le pudieran hacer ver como un comediante barato que simplemente entra al plató haciendo un chiste malo. Observaba a la espera del momento ideal, quizá no fuese la mejor de las ideas pero se le ocurrió una estupenda al ver que la chica arrojaba su teléfono móvil. Dudaba mucho que la mujer no notase su naturaleza, en cuanto se acercara un poco seguro que olía que se trataba de todo menos humano, por lo que no pretendía ocultarlo en absoluto. Se posicionó a propósito frente al aparato volador y dejó que éste le golpease directamente, una persona corriente de seguro habría muerto ante tal impacto pero para ellos sería fácil sobrevivirlo, siendo ambos vampiros “libres” esperaba poder ganarse su confianza de a poco.
Una vez recibido el golpe se dejó caer al suelo, emitiendo un quejido lo suficientemente alto como para que pudiera escucharlo siguiendo al ruido del aparato al chocar contra él pero no lo bastante fuerte como para que todo el parque decidiera ir a mirar que pasaba, aunque tampoco había mucha presencia en la nocturnidad. Ya había hecho su entrada, sólo podía esperar para comprobar si realmente había surtido el efecto deseado o si por el contrario debía buscar otra forma más apropiada para dejarse ver. No se quedó en el suelo lógicamente, tampoco quería hacer demasiado drama, se incorporó ligeramente para quedar sentado, como si le costara un poco ponerse en pie por la sorpresa y el golpe, la escena debía quedar lo más creíble posible para no ser descubierto a la primera, cuanto más natural pareciera mejor.
Suspiró con fuerza, lo mejor era no seguir pensando en ello, al fin y al cabo ya había aceptado y no tenía sentido alguno seguirse torturando mentalmente por ello, cuanto antes cumpliera su tarea antes podría regresar y dar por terminado el asunto, no había nada mejor para animarse a completar un objetivo que pensar en la recompensa que recibiría, en su caso, regresar a la rutina habitual. Hacía poco que había llegado pero ya se había puesto manos a la obra para conocer un poco mejor a su objetivo y así lograr convencerla, si no sabía de quién se trataba o qué era lo que quería realmente sería más fácil que confiase en él y decidiera volver a casa pero si le descubría tendría que cambiar de táctica y eso ya le agradaba menos. Se lo tomó con calma para estudiar bien a la chica, distancia más que suficiente para que no advirtiera su presencia o se percatara de que la seguía, una tarea ardua sin duda pero que le facilitaría mucho el trabajo.
La paciencia era una virtud y él gozaba de dicha virtud, prefería las cosas bien hechas aunque llevasen su tiempo a hacer una chapuza rápida, pero ya iba tocando aparecer en escena, antes de que le descubriera espiando y perdiera cualquier oportunidad pacífica de resolver el conflicto en el que se encontraba. Esa noche sería su debut, mas necesitaba una buena entrada en escena, una espectacular entrada que le pusiera en una posición de ventaja evitando errores que le pudieran hacer ver como un comediante barato que simplemente entra al plató haciendo un chiste malo. Observaba a la espera del momento ideal, quizá no fuese la mejor de las ideas pero se le ocurrió una estupenda al ver que la chica arrojaba su teléfono móvil. Dudaba mucho que la mujer no notase su naturaleza, en cuanto se acercara un poco seguro que olía que se trataba de todo menos humano, por lo que no pretendía ocultarlo en absoluto. Se posicionó a propósito frente al aparato volador y dejó que éste le golpease directamente, una persona corriente de seguro habría muerto ante tal impacto pero para ellos sería fácil sobrevivirlo, siendo ambos vampiros “libres” esperaba poder ganarse su confianza de a poco.
Una vez recibido el golpe se dejó caer al suelo, emitiendo un quejido lo suficientemente alto como para que pudiera escucharlo siguiendo al ruido del aparato al chocar contra él pero no lo bastante fuerte como para que todo el parque decidiera ir a mirar que pasaba, aunque tampoco había mucha presencia en la nocturnidad. Ya había hecho su entrada, sólo podía esperar para comprobar si realmente había surtido el efecto deseado o si por el contrario debía buscar otra forma más apropiada para dejarse ver. No se quedó en el suelo lógicamente, tampoco quería hacer demasiado drama, se incorporó ligeramente para quedar sentado, como si le costara un poco ponerse en pie por la sorpresa y el golpe, la escena debía quedar lo más creíble posible para no ser descubierto a la primera, cuanto más natural pareciera mejor.
Re: —The chase has just begun
1. There’s no place to hide
Sarah | Parque | Noche | Con Jericho
Si lo que le habían informado era cierto, tendría un nuevo dolor de cabeza; su paz se acabaría y tendría que lidiar con futuras discusiones. ¿Por qué no comprendían su posición y sus propios deseos? Era como si no quisieran verla feliz; simplemente era una muñeca a la que podían adornar y manejar a su antojo. ¿Para qué pretendían comprometerla con alguien sin su consentimiento? ¿Por poder? ¿Dinero? Ya tenían suficiente de ambos como para necesitar más. ¿Qué podría haber detrás de esas extrañas maniobras? Demás estaba decir que nada le cuadraba.
Esa llamada la había sumergido una vez más en pensamientos que no quería considerar. Había disfrutado de las últimas dos semanas posteriores a su llegada como si fuesen las más perfectas vacaciones. No tenía ojos que la vigilaran ni a nadie que tratara de convencerla de hacer algo que no quería. No había nada más que pudiera pedir. No obstante, ese mensaje dio vuelta la situación. La estaban acorralando y no lo permitiría. Era el momento de ser un poco egoísta y seguir su propio camino. ¿Lo entenderían algún día?
Tantos eran los interrogantes que taladraban su cabeza, mientras escondía su rostro entre sus manos. Como siguiera así, pronto algo más comenzaría a taladrarle la cabeza y nada tenía que ver con ideas, preguntas o recuerdos. Pocos segundos habían transcurrido desde que había aventado el celular y ya su cerebro la bombardeaba con imágenes hasta que algo llamó poderosamente su atención y la obligó a ponerse en pie por la sorpresa. ¿Qué había sido? Primero un ruido seco del aparato que chocaba contra algo y luego un quejido, y otro golpe. En ese momento palideció. ¿Era lo que ella pensaba?
No muy lejos de donde se encontraba, pudo divisar una figura que yacía recostada en el suelo y que, con el pasar de los minutos, hizo un torpe esfuerzo por reincorporarse. Sin pensarlo dos veces, se precipitó hasta ese sitio. Ni siquiera volteó a ver si su lupino compañero la seguía, porque sabía que lo haría. Estaba mucho más preocupada por lo que acababa de presenciar. Había sido la causa de ese terrible accidente. ¿Cómo pudo suceder? Por ese parque circulaba un escaso número de personas, y ese hombre se cruzó oportunamente en el camino de su móvil volador. La suerte no los acompañaba a ninguno de los dos.
—¡Oh, Dios! ¿Se encuentra bien? —cuestionó, arrodillándose al lado del hombre cuando vio el arma "homicida". Si hubiese sido un mundano, no habría sobrevivido al impacto y terminaría hecho picadillo como el desafortunado celular. Aún así, se sentía culpable por lo sucedido, y no era para menos—. Le ha hecho daño, ¿verdad? Lo siento mucho. Creí que no había nadie —se disculpó torpemente por los nervios. Aunque fuese un sobrenatural, eso no la convertía en una inocente. La víctima era él—. ¿Puede levantarse? ¿Quiere que lo ayude? —se ofreció mientras sus ojos buscaban la posible fuente de dolor. Si no podía levantarse, el objeto tuvo que haber impactado en sus piernas o en otro sitio más sensible.
Esa llamada la había sumergido una vez más en pensamientos que no quería considerar. Había disfrutado de las últimas dos semanas posteriores a su llegada como si fuesen las más perfectas vacaciones. No tenía ojos que la vigilaran ni a nadie que tratara de convencerla de hacer algo que no quería. No había nada más que pudiera pedir. No obstante, ese mensaje dio vuelta la situación. La estaban acorralando y no lo permitiría. Era el momento de ser un poco egoísta y seguir su propio camino. ¿Lo entenderían algún día?
Tantos eran los interrogantes que taladraban su cabeza, mientras escondía su rostro entre sus manos. Como siguiera así, pronto algo más comenzaría a taladrarle la cabeza y nada tenía que ver con ideas, preguntas o recuerdos. Pocos segundos habían transcurrido desde que había aventado el celular y ya su cerebro la bombardeaba con imágenes hasta que algo llamó poderosamente su atención y la obligó a ponerse en pie por la sorpresa. ¿Qué había sido? Primero un ruido seco del aparato que chocaba contra algo y luego un quejido, y otro golpe. En ese momento palideció. ¿Era lo que ella pensaba?
No muy lejos de donde se encontraba, pudo divisar una figura que yacía recostada en el suelo y que, con el pasar de los minutos, hizo un torpe esfuerzo por reincorporarse. Sin pensarlo dos veces, se precipitó hasta ese sitio. Ni siquiera volteó a ver si su lupino compañero la seguía, porque sabía que lo haría. Estaba mucho más preocupada por lo que acababa de presenciar. Había sido la causa de ese terrible accidente. ¿Cómo pudo suceder? Por ese parque circulaba un escaso número de personas, y ese hombre se cruzó oportunamente en el camino de su móvil volador. La suerte no los acompañaba a ninguno de los dos.
—¡Oh, Dios! ¿Se encuentra bien? —cuestionó, arrodillándose al lado del hombre cuando vio el arma "homicida". Si hubiese sido un mundano, no habría sobrevivido al impacto y terminaría hecho picadillo como el desafortunado celular. Aún así, se sentía culpable por lo sucedido, y no era para menos—. Le ha hecho daño, ¿verdad? Lo siento mucho. Creí que no había nadie —se disculpó torpemente por los nervios. Aunque fuese un sobrenatural, eso no la convertía en una inocente. La víctima era él—. ¿Puede levantarse? ¿Quiere que lo ayude? —se ofreció mientras sus ojos buscaban la posible fuente de dolor. Si no podía levantarse, el objeto tuvo que haber impactado en sus piernas o en otro sitio más sensible.

Re: —The chase has just begun
Se tomó su tiempo para meterse en el papel, incorporarse con cuidado por la sorpresa del golpe y desorientado por lo sucedido, apoyaba una mano en su cabeza mientras con la otra se apoyaba en el suelo, así es, había puesto la cabeza delante de la trayectoria del aparato “asesino”. Era la mejor opción de que se viera todo más creíble, el golpe en la cabeza aun siendo esperado le dejaría un poco aturdido, la verdad es que había sido un buen golpe, de haber sido humano le habría licuado el cráneo. Estaba pendiente de los resultados de su papel mientras continuaba representándolo, había logrado su objetivo de llamar la atención de la mujer hasta donde se encontraba él y que se preocupase por el golpe, ahora solo le quedaba asegurarse de que era capaz de continuar con el paripé sin que se diera cuenta de que todo era un cuento chino y que trabajaba para el que había sido escogido como su prometido.
La miró sin separar la mano del lugar de impacto, tratando de parecer lo más entero posible pese al dolor, lo que haría cualquier persona en esa situación para no preocupar a alguien, negó suavemente con la cabeza antes de dirigirse a ésta con calma. -No se preocupe es… estoy bien solo un poco mareado…- Respondió observando su alrededor en busca del objeto que le había golpeado, simulando curiosidad por saber qué fue el aparato culpable de su “desafortunado” accidente. -En parte es culpa mía, iba andando distraído y no lo he visto venir…- Quitó parte de la culpa a la chica, tampoco quería hundirla en la culpabilidad, no era bueno para su trabajo de ganarse su confianza y aun si lo fuera tampoco veía necesario torturarla por algo que además había sido intencionado, eso era cuanto menos, injusto. Separando finalmente la mano de su cabeza para dejar a la vista el golpe, no muy grave gracias a su condición aunque no por ello menos doloroso e hizo uso de ambas manos para levantarse al fin y quedar de pie, sin moverse del sitio para asegurarse primero de que podía estar en pie sin marearse y caer de nuevo al suelo.
Podía tratarse todo de un papel, de una farsa pero el golpe fue totalmente real, así que bien podía estar mal de verdad cosa que le beneficiaría dándole más credibilidad a su “obra”. -Gracias por ofrecerse a ayudar, pero creo que no es necesario… puedo andar bien. ¿Qué le ha sucedido para lanzar su teléfono de esa manera? No quiero parecer entrometido pero tengo cierta curiosidad por la razón de mi accidente…- Se acercó a una farola cercana para apoyarse en ella, recuperar un poco el aliento y la compostura, además aprovechó con la mano libre para sacudirse un poco la ropa, un traje negro elegante, sin chaqueta ni corbata, algo informal. Debía tener mucho cuidado con las palabras que utilizaba y las preguntas que hacía, conservar la tapadera era su actual prioridad para lograr acercarse a ella lo suficiente como para ser capaz de convencerla de que regresara a casa y retomase su matrimonio concertado… tenía que guardarse su opinión al respecto, solo era un empleado.
La miró sin separar la mano del lugar de impacto, tratando de parecer lo más entero posible pese al dolor, lo que haría cualquier persona en esa situación para no preocupar a alguien, negó suavemente con la cabeza antes de dirigirse a ésta con calma. -No se preocupe es… estoy bien solo un poco mareado…- Respondió observando su alrededor en busca del objeto que le había golpeado, simulando curiosidad por saber qué fue el aparato culpable de su “desafortunado” accidente. -En parte es culpa mía, iba andando distraído y no lo he visto venir…- Quitó parte de la culpa a la chica, tampoco quería hundirla en la culpabilidad, no era bueno para su trabajo de ganarse su confianza y aun si lo fuera tampoco veía necesario torturarla por algo que además había sido intencionado, eso era cuanto menos, injusto. Separando finalmente la mano de su cabeza para dejar a la vista el golpe, no muy grave gracias a su condición aunque no por ello menos doloroso e hizo uso de ambas manos para levantarse al fin y quedar de pie, sin moverse del sitio para asegurarse primero de que podía estar en pie sin marearse y caer de nuevo al suelo.
Podía tratarse todo de un papel, de una farsa pero el golpe fue totalmente real, así que bien podía estar mal de verdad cosa que le beneficiaría dándole más credibilidad a su “obra”. -Gracias por ofrecerse a ayudar, pero creo que no es necesario… puedo andar bien. ¿Qué le ha sucedido para lanzar su teléfono de esa manera? No quiero parecer entrometido pero tengo cierta curiosidad por la razón de mi accidente…- Se acercó a una farola cercana para apoyarse en ella, recuperar un poco el aliento y la compostura, además aprovechó con la mano libre para sacudirse un poco la ropa, un traje negro elegante, sin chaqueta ni corbata, algo informal. Debía tener mucho cuidado con las palabras que utilizaba y las preguntas que hacía, conservar la tapadera era su actual prioridad para lograr acercarse a ella lo suficiente como para ser capaz de convencerla de que regresara a casa y retomase su matrimonio concertado… tenía que guardarse su opinión al respecto, solo era un empleado.
Re: —The chase has just begun
1. There’s no place to hide
Sarah | Parque | Noche | Con Jericho
En tan solo un instante se había olvidado prácticamente de todo. La llamada que recibió, las ideas que revolotearon por su mente y la mascota que se había sentado a su lado, y que observaba la situación con curiosidad: todo eso se había esfumado. Su única preocupación era asegurarse de que ese hombre estuviera bien. Había sido lo bastante torpe e imprudente como para cometer semejante desliz y causarle problemas a alguien más. Debía aprender a controlar su temperamento, por más que esa fuese la primera vez que vivía una situación similar. Cuando pareció que, por un momento, podía volver a soñar, todo se convirtió en una terrible pesadilla, empezando por ese llamado. Ese había sido el origen de esos eventos desafortunados.
Escuchó sus palabras con atención y forzó una mueca. ¿Realmente estaba bien? Estaba segura de que el golpe propinado por el celular no fue el único que recibió, porque lo había encontrado en el suelo. Eso podía explicar la razón por la que no se había puesto en pie aún.
—¿Lo habría visto siendo tan diminuto? No se trata de una pelota —mencionó con una sonrisa. Distraído o no, ella no debería haber arrojado el aparato. Era peligroso para cualquiera y, de haber sido un ser malintencionado, se habría metido en serios problemas. En verdad había tenido suerte de que la víctima fuese ese hombre.
Habiendo notado el golpe en su cabeza y el esfuerzo que hizo para ponerse en pie, se quedó analizándolo desde su posición antes de finalmente imitar su acción. Sabía que los hombres tendían a minimizar su pesar sólo para parecer fuertes, por lo que era de esperarse que confiara plenamente en sus palabras. Recogió el teléfono maltrecho del suelo. Una especie de telaraña, ilustrada por los quiebres del cristal, decoraban la enorme pantalla que había quedado completamente negra. No había nada que salvar, ni siquiera encendía, pero era mejor así. No podrían contactarla para arruinar su paz. Más tarde se encargaría del asunto si es que la amenaza se cumplía.
—¿Por qué no se sienta? Necesita un pequeño respiro para reponerse del golpe —comentó cuando fijó sus orbes jade en el hombre parado frente a ella. ¿Por qué le hablaba como si fuese una criatura débil? Había notado que era un sobrenatural como ella en el preciso momento en el que lo vio. Era extraño, sí, pero las palabras salieron de su boca antes de que lograr retenerlas. Además, tenía el presentimiento de que su insistencia de nada serviría. El hombre, tarde o temprano, se recuperaría y no quedaría vestigios del accidente en su piel.
Lo siguió con la mirada cuando él se posicionó a un lado de la farola. El brillo de la misma resaltaba la ropa que llevaba. Ropa elegante y de aspecto profesional y hasta zapatos lustrados; detalles que le hacían cuestionar su procedencia.
—Si es así, no insistiré —las comisuras de su boca se curvaron a los lados; sonrisa que se vio tensa cuando hizo la pregunta—. Y no es nada importante. Una discusión insignificante —respondió antes de bajar la mirada por unos segundos a su mascota que refregaba su cabeza contra la pierna. Debía agradecer ese acto puesto que la ayudó a relajarse—. A veces puedo ser un tanto temperamental e impulsiva —levantó una vez más la vista—. Espero que sepa disculparme. Si existe alguna forma de compensarlo, no dude en decirlo. Es lo menos que puedo hacer después de lo sucedido.
Él podía decir que estaba bien, pero los valores inculcados le exigían reparar cualquier error que hubiese cometido. Era simple cortesía.
Escuchó sus palabras con atención y forzó una mueca. ¿Realmente estaba bien? Estaba segura de que el golpe propinado por el celular no fue el único que recibió, porque lo había encontrado en el suelo. Eso podía explicar la razón por la que no se había puesto en pie aún.
—¿Lo habría visto siendo tan diminuto? No se trata de una pelota —mencionó con una sonrisa. Distraído o no, ella no debería haber arrojado el aparato. Era peligroso para cualquiera y, de haber sido un ser malintencionado, se habría metido en serios problemas. En verdad había tenido suerte de que la víctima fuese ese hombre.
Habiendo notado el golpe en su cabeza y el esfuerzo que hizo para ponerse en pie, se quedó analizándolo desde su posición antes de finalmente imitar su acción. Sabía que los hombres tendían a minimizar su pesar sólo para parecer fuertes, por lo que era de esperarse que confiara plenamente en sus palabras. Recogió el teléfono maltrecho del suelo. Una especie de telaraña, ilustrada por los quiebres del cristal, decoraban la enorme pantalla que había quedado completamente negra. No había nada que salvar, ni siquiera encendía, pero era mejor así. No podrían contactarla para arruinar su paz. Más tarde se encargaría del asunto si es que la amenaza se cumplía.
—¿Por qué no se sienta? Necesita un pequeño respiro para reponerse del golpe —comentó cuando fijó sus orbes jade en el hombre parado frente a ella. ¿Por qué le hablaba como si fuese una criatura débil? Había notado que era un sobrenatural como ella en el preciso momento en el que lo vio. Era extraño, sí, pero las palabras salieron de su boca antes de que lograr retenerlas. Además, tenía el presentimiento de que su insistencia de nada serviría. El hombre, tarde o temprano, se recuperaría y no quedaría vestigios del accidente en su piel.
Lo siguió con la mirada cuando él se posicionó a un lado de la farola. El brillo de la misma resaltaba la ropa que llevaba. Ropa elegante y de aspecto profesional y hasta zapatos lustrados; detalles que le hacían cuestionar su procedencia.
—Si es así, no insistiré —las comisuras de su boca se curvaron a los lados; sonrisa que se vio tensa cuando hizo la pregunta—. Y no es nada importante. Una discusión insignificante —respondió antes de bajar la mirada por unos segundos a su mascota que refregaba su cabeza contra la pierna. Debía agradecer ese acto puesto que la ayudó a relajarse—. A veces puedo ser un tanto temperamental e impulsiva —levantó una vez más la vista—. Espero que sepa disculparme. Si existe alguna forma de compensarlo, no dude en decirlo. Es lo menos que puedo hacer después de lo sucedido.
Él podía decir que estaba bien, pero los valores inculcados le exigían reparar cualquier error que hubiese cometido. Era simple cortesía.

Re: —The chase has just begun
No iba a reconocerlo abiertamente pero el golpe le había dolido, que sí, que se trataba de un ser sobrenatural y que eso no era nada, pronto ni marcas quedarían para demostrar que realmente hubo tal accidente pero fue bastante más duro de lo que esperaba en un principio, al menos cumplió su propósito de llegar hasta la chica sin levantar sospechas, no podía quejarse. Escuchó sus palabras con cautela, no sabía si estaba bromeando o lo decía en serio pero por su sonrisa quiso pensar que era la primera opción, era una buena manera de comenzar una conversación que le llevase a ganarse la confianza de la mujer con el tiempo, empezando por su amistad. -Tampoco era tan pequeño, de haber estado mirando hacia delante seguro lo hubiera visto pero iba con la mirada fija en el suelo. Andar por la calle sin mirar es como pedir un accidente a gritos.- No sería la primera vez que va andando y se encuentra con alguien que se choca contra una farola o un poste por no mirar por donde iba, algunos incluso cruzando la carretera sin mirar y salvándose de milagro de ser atropellados… otros muchos no tuvieron tanta suerte, en definitiva era una historia creíble, que había sucedido en múltiples ocasiones.
Normalmente y en caso de que se hubiera tratado de un accidente real, habría rechazado la propuesta de sentarse y se habría marchado negando hasta el final que necesitase cualquier tipo de ayuda, estaba un poco mareado por el golpe pero podía andar perfectamente y con eso para él era más que suficiente. -Bueno… de acuerdo, me sentaré un poco… tampoco es que tenga mucha prisa por llegar a ninguna parte.- Comentó para darle un poco más de realismo al asunto, indicando que en aquel momento no tenía ni trabajo ni ningún recado que atender. No muy lejos de su posición había uno de esos típicos bancos que había en la gran mayoría de parques, se acercó con calma al ya mencionado banco apoyándose en éste antes de tomar asiento y una vez sentado dejó escapar un fuerte suspiro. Luego de ello, devolvió la mirada a la chica para sonreirle como una forma de decirle “¿Ves? Ya estoy bien” que se tranquilizara un poco de lo sucedido y no se culpase más por ello.
-No es necesario que dé más detalles, sé que no es asunto mío. Si insiste le tomaré la palabra, pero de verdad que no es necesario que haga nada por mi, al menos no ha salido corriendo al ver que me había dado, que ya es algo.- No iba a ceder sin más y lo sabía pero tampoco quería aceptar tan fácilmente, tenía que demostrar un poco de ese “orgullo masculino” tan común en la sociedad actual, aunque de haberse tratado de un accidente real no habría aceptado ayuda ni de una mujer ni de un hombre ni de nadie, ya no por el orgullo sino por independencia y supervivencia, ser capaz de valerse por sí mismo incluso en los momentos más complicados, porque si, en ese momento y lugar había alguien para ayudarle, pero no siempre habría alguien cerca dispuesto o preparado para hacerlo. -¿Cómo se llama?- Preguntó con cierta curiosidad, real por cierto, esperando a que la chica también tomara asiento para hablar si es que le apetecía, no le parecía bien que ella se quedara de pie todo el rato.
Normalmente y en caso de que se hubiera tratado de un accidente real, habría rechazado la propuesta de sentarse y se habría marchado negando hasta el final que necesitase cualquier tipo de ayuda, estaba un poco mareado por el golpe pero podía andar perfectamente y con eso para él era más que suficiente. -Bueno… de acuerdo, me sentaré un poco… tampoco es que tenga mucha prisa por llegar a ninguna parte.- Comentó para darle un poco más de realismo al asunto, indicando que en aquel momento no tenía ni trabajo ni ningún recado que atender. No muy lejos de su posición había uno de esos típicos bancos que había en la gran mayoría de parques, se acercó con calma al ya mencionado banco apoyándose en éste antes de tomar asiento y una vez sentado dejó escapar un fuerte suspiro. Luego de ello, devolvió la mirada a la chica para sonreirle como una forma de decirle “¿Ves? Ya estoy bien” que se tranquilizara un poco de lo sucedido y no se culpase más por ello.
-No es necesario que dé más detalles, sé que no es asunto mío. Si insiste le tomaré la palabra, pero de verdad que no es necesario que haga nada por mi, al menos no ha salido corriendo al ver que me había dado, que ya es algo.- No iba a ceder sin más y lo sabía pero tampoco quería aceptar tan fácilmente, tenía que demostrar un poco de ese “orgullo masculino” tan común en la sociedad actual, aunque de haberse tratado de un accidente real no habría aceptado ayuda ni de una mujer ni de un hombre ni de nadie, ya no por el orgullo sino por independencia y supervivencia, ser capaz de valerse por sí mismo incluso en los momentos más complicados, porque si, en ese momento y lugar había alguien para ayudarle, pero no siempre habría alguien cerca dispuesto o preparado para hacerlo. -¿Cómo se llama?- Preguntó con cierta curiosidad, real por cierto, esperando a que la chica también tomara asiento para hablar si es que le apetecía, no le parecía bien que ella se quedara de pie todo el rato.
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