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– When I'm fucked up, that's the real me
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– When I'm fucked up, that's the real me
Ladislav 20 | C. Baker | Medusa | Amnesia Del lat. cient. amnesia, y este del gr. ἀμνησία amnēsía. 1. f. Pérdida o debilidad notable de la memoria. Perder la memoria es por lejos una de las peores desgracias que puede ocurrirte. Es también lo peor que puede ocurrirle a tu esposo... ...Si es que hubiera sido bueno. Con la juventud colgando de sus tersos hombros, Matteus se sentía especialmente atrapado en una relación, que si bien es cierto, empezó cuando eran un par de adolescentes, fue apresurado contraer matrimonio. Cuando Ladislav pierde su memoria y Matteus viaja de inmediato a verla, se da cuenta de que tiene una segunda oportunidad de ser mejor esposo, no obstante, las peores costumbres vienen en la sangre. Matteus se dará cuenta de ello. Tarde o temprano. 1x1 | Plot; Realista | Matteus 21 | M. Bell | Aquiver |
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Re: – When I'm fucked up, that's the real me
Nothing.
1Nada.
Eso era todo lo que había, nada.
Ni siquiera confusión, o incredulidad. Sus ojos azules continuaban fijos en aquella sala de estar, esperando en silencio, rememorando una y otra vez las cosas que habían sucedido en los últimos dos días. Porque no existía nada más.
Sus manos descansaban sobre su regazo, sus dedos apenas rozándose entre sí; el anillo demasiado frío, presente. La voz de su ‘madre’ en su cabeza, diciéndole que tuviera cuidado al sentarse, mientras el resto de sus familiares la rodeaban. Un hombre y un joven que se parecía demasiado a ella, de largo cabello rubio cayéndole hasta el cuello y ojos azules. Recordaba el dolor, la incomodidad, sus ojos pesándole y sus brazos cubiertos por moretones, tubos finos por doquier, los ojos enrojecidos. Había pestañeado solo un par de veces, antes de sentir la caricia de su madre sobre su mano, con el pulgar.
Vas a estar bien.
Todo va a estar bien.
Pero ella no podía comprender, porque la mujer aguantaba las lágrimas. Porque no era capaz de pensar en nada, como si hubieran vaciado su cabeza y luego dejado acostada entre enormes almohadones. Ladislav había vuelto a cerrar los ojos tranquilamente, escuchando a su alrededor las conversaciones en susurros, los nombres desconocidos.
¿Lo llamaste? ¿Él viene en camino?
Parecía que se estaba montando una buena mientras ella mantenía los ojos cerrados, tratando de volver a dormirse. No porque gritaran, o la movieran, sino por esos tonos nerviosos, lúgubres, apesumbrados. No sabía quiénes eran esas personas y por lo mismo, no le importaba. Solo quería volver a dormirse, una vez más.
Al otro día se lo comentaron: amnesia.
Tan simple como eso, devastador para los demás, extraño para el sujeto. Aún no podía entender qué ocurría, aún no podía cavilar todo lo que había perdido; no recordaba absolutamente nada. Y su corazón tampoco, se encontraba tranquilo y frívolo mientras le enseñaban fotos de sí misma, con esos mismos desconocidos. El tono cariñoso de la enfermera le había parecido curioso, nuevo. Y casi sin darse cuenta Ladislav le prestó más atención a su voz que a sus palabras. No le interesaba, no quería saber. Porque podía intuir, a pesar de todo, lo que querían de ella: dolor.
Querían verla romperse, reconocerlos: sufrir su pérdida.
Pero eso no iba a ocurrir.
Tres días habían pasado, y Ladislav continuaba igual, ajena a la realidad, ajena a lo que significaba amnesia. Pensando solo distraídamente en quien tenía un anillo idéntico al suyo en su dedo, quien era la persona por la que había preguntado, cuando se tocó con la punta de la uña el accesorio metálico. Un breve silencio y entonces aquellas palabras: tu marido. Tu esposo. Mi esposo.
Desde ese momento en adelante, Ladislav se quedaba las tardes observando el anillo, mientras el tiempo corría a veces rápido, a veces lento. Su madre no quería dejarla sola en ese departamento, por lo que la venía a visitar con frecuencia, pero ya lo había dicho: tenían que volver a casa. Aunque ella no supiera donde quedaba esa casa, ni en donde estaba tampoco.
Sola, en esa enorme sala de estar, Ladislav volvió a acariciar el anillo con uno de sus dedos, manteniendo la mirada perdida en la mesita de noche, hecha de vidrio, hasta escuchar pasos en el pasillo.
Levanto la mirada, expectante. Escucho el tintinear de las llaves y aunque quiso levantarse a abrirle, las piernas no le respondieron. Quería verlo. No sabía porque, pero quería verlo.
Quería saber quién era, y cómo era.
Eso era todo lo que había, nada.
Ni siquiera confusión, o incredulidad. Sus ojos azules continuaban fijos en aquella sala de estar, esperando en silencio, rememorando una y otra vez las cosas que habían sucedido en los últimos dos días. Porque no existía nada más.
Sus manos descansaban sobre su regazo, sus dedos apenas rozándose entre sí; el anillo demasiado frío, presente. La voz de su ‘madre’ en su cabeza, diciéndole que tuviera cuidado al sentarse, mientras el resto de sus familiares la rodeaban. Un hombre y un joven que se parecía demasiado a ella, de largo cabello rubio cayéndole hasta el cuello y ojos azules. Recordaba el dolor, la incomodidad, sus ojos pesándole y sus brazos cubiertos por moretones, tubos finos por doquier, los ojos enrojecidos. Había pestañeado solo un par de veces, antes de sentir la caricia de su madre sobre su mano, con el pulgar.
Vas a estar bien.
Todo va a estar bien.
Pero ella no podía comprender, porque la mujer aguantaba las lágrimas. Porque no era capaz de pensar en nada, como si hubieran vaciado su cabeza y luego dejado acostada entre enormes almohadones. Ladislav había vuelto a cerrar los ojos tranquilamente, escuchando a su alrededor las conversaciones en susurros, los nombres desconocidos.
¿Lo llamaste? ¿Él viene en camino?
Parecía que se estaba montando una buena mientras ella mantenía los ojos cerrados, tratando de volver a dormirse. No porque gritaran, o la movieran, sino por esos tonos nerviosos, lúgubres, apesumbrados. No sabía quiénes eran esas personas y por lo mismo, no le importaba. Solo quería volver a dormirse, una vez más.
Al otro día se lo comentaron: amnesia.
Tan simple como eso, devastador para los demás, extraño para el sujeto. Aún no podía entender qué ocurría, aún no podía cavilar todo lo que había perdido; no recordaba absolutamente nada. Y su corazón tampoco, se encontraba tranquilo y frívolo mientras le enseñaban fotos de sí misma, con esos mismos desconocidos. El tono cariñoso de la enfermera le había parecido curioso, nuevo. Y casi sin darse cuenta Ladislav le prestó más atención a su voz que a sus palabras. No le interesaba, no quería saber. Porque podía intuir, a pesar de todo, lo que querían de ella: dolor.
Querían verla romperse, reconocerlos: sufrir su pérdida.
Pero eso no iba a ocurrir.
Tres días habían pasado, y Ladislav continuaba igual, ajena a la realidad, ajena a lo que significaba amnesia. Pensando solo distraídamente en quien tenía un anillo idéntico al suyo en su dedo, quien era la persona por la que había preguntado, cuando se tocó con la punta de la uña el accesorio metálico. Un breve silencio y entonces aquellas palabras: tu marido. Tu esposo. Mi esposo.
Desde ese momento en adelante, Ladislav se quedaba las tardes observando el anillo, mientras el tiempo corría a veces rápido, a veces lento. Su madre no quería dejarla sola en ese departamento, por lo que la venía a visitar con frecuencia, pero ya lo había dicho: tenían que volver a casa. Aunque ella no supiera donde quedaba esa casa, ni en donde estaba tampoco.
Sola, en esa enorme sala de estar, Ladislav volvió a acariciar el anillo con uno de sus dedos, manteniendo la mirada perdida en la mesita de noche, hecha de vidrio, hasta escuchar pasos en el pasillo.
Levanto la mirada, expectante. Escucho el tintinear de las llaves y aunque quiso levantarse a abrirle, las piernas no le respondieron. Quería verlo. No sabía porque, pero quería verlo.
Quería saber quién era, y cómo era.

Capitulo 1.
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