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1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

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1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Elenear el Jue 2 Abr - 11:51

Recuerdo del primer mensaje :

✾ Cyanide in Paradise
Elizabeth Weiss
Hacía dos días que había ocurrido el incidente con Hannibal. Pero seguía sin lograr dormir y si lo hacía era para tener pesadillas. Imágenes del moreno que me atormentaban. Sólo las medicinas que Kylian me daba lograban hacerme descansar, pero empezaba a temer que me volviera adicta a ellas. Tenía su gracia ¿no? Probablemente la única cosa que había decidido voluntariamente no hacer cuando entré en The rising sun era negarme a usar las drogas como válvula de escape. Ser prostituta y yonkie era más de lo que yo podía soportar. Pero ahí estaba, recurriendo a cualquier cosa que alejara los fantasmas. Incluso aunque eso supusiera incumplir lo que un día juré, no haría jamás.

Pero Angy había vuelto a casa y era hora de irnos. De abandonar esa casa que había hecho mi fortaleza. Especialmente tras la nueva tanda de gritos entre los hermanos, de los que yo era la culpable. Suspiré poco antes de poner un pie en la calle, coger el trasportín donde viajaba Thai y pegarme casi al instante al cuerpo de Kylian. Sentía la garganta cerrada por los nervios y la necesidad urgente de ponerme a resguardo, lo que ahora pasaba por el castaño. En estos días había tratado no sólo de superar lo ocurrido, si no de aceptar que Kylian no era él. Que si me tocaba no me haría daño, que sus manos no eran las suyas. Y gran parte del tiempo lo conseguía. Cuando era plenamente consciente de lo que hacía y la luz era tan potente como para apartar los demonios que habitaban en cada sombra.

Una vez más miré al castaño.

-¿Estás seguro de esto? Es tu hermana y yo mejor que nadie entiendo lo que significa la familia. No quiero interponerme entre vosotros-pero por favor, no te eches atrás. Sentirme culpable y a la vez deseando que esto ocurriera era confuso.
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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Necart el Lun 20 Jul - 19:05

✾ Cyanide in Paradise
Imaginaba — dejó caer sin darse cuenta cuando Liz reconoció que no había vuelto a la azotea desde la vez que habían estado allí juntos, de lo que buenamente podían haber pasado un par de meses. Para Kylian, con su vida anárquica y horarios erráticos, el calendario importaba más bien poco. La miró de soslayo al escucharla bajar la voz cuando ella dejó en el aire lo que supuestamente significaba aquel lugar. Algo que, para el informático, había sido planteado como algo distinto a lo que era actualmente. Realmente, en aquel momento no habría apostado nada a que las cosas acabarían así. Pero al final, lo bonito de la vida eran ese tipo de cosas buenas inesperadas. Porque si bien su historia estaba plagada de problemas, tantos que parecía no caber uno más hasta que se materializaba, para Kylian había sido un cambio de suerte notable en una trayectoria más nefasta todavía —. Entonces, nos acercamos esta tarde — zanjó sin problema.

Entonces, la lasaña se rebeló ensañada contra su lengua en uno de los errores que todos hemos cometido alguna vez. Se achicharró el interior de la boca y allí estaba, dándole a la autocompasión, hasta que Liz le pidió algo que le hizo mirarla escéptico. Pero como insistió, terminó sacando la lengua. En cuanto sintió el soplido se acabó riendo.

¿Qué? — preguntó divertido con aquella historia —. Lamento tener que decirte que lo que tenías de pequeña cuando te quemabas era cuento ¿eh? Porque esto no mejora — volvió a beber, como si fuese a mejorar algo, y afrontó lo de cómo ir hasta la azotea. Él no tenía problema con ir andando, y eso que quedaba a un buen trecho, sin embargo Liz propuso un taxi —. Qué fina eres — bromeó y negó —. Nah, los Harper no tienen problema en dejárnoslo si no lo usan — y dado que ya era verano y no tenían que ir a carretar a sus hijos de un sitio para otro, dudaba que los hubiera.

Siguió comiendo hasta que algo se le cruzó por la cabeza y, como solía ocurrir cuando estaba con alguien con quien tenía cierto grado de confianza, lo soltó sin más. Porque más siendo sobre ese tema, o lo soltaba así o ya no lo hacía —. ¿Quieres que luego te deje un rato en el hospital? Vamos a pasar por delante.
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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Elenear el Miér 22 Jul - 1:10

✾ Cyanide in Paradise
Elizabeth Weiss
-Gracias por venir conmigo. Significa mucho para mí-no escondía que era una persona de impulsos. Que me dejaba guiar por el corazón más que por la cabeza, incluso cuando a veces eso me llevaba por malos caminos. Y que había sido uno de esos impulsos el que me había llevado a llevar a Kylian en primer lugar. Sin pensar en que jamás había llevado a nadie antes. Que era mi sitio privado. Y sí, durante pocos segundos había dudado de mi decisión pero ahora  estaba completamente segura de ella. Y contenta de haberme dejado llevar por ella.

-Lo siento-reí al ver que mi cura casera no había funcionado. No había seguridad de que funcionase. Cuando las madres lo hacen todo parece curarse. Con un soplido elimina el ardor. Con un beso, pueden curar heridas dolorosas. Sonreí distraída. ¿Alguna vez podría vivir yo eso? Porque hablar de la posible paternidad de Kylian también me había llevado a pensar en mi futuro. Y en que si todo esto acababa algún día… dios si eso llegara a ocurrir y tuviera la estabilidad necesaria, me encantaría ser madre. Poder darle a ese bebé todo el cariño y cuidado que necesitase. Protegerle de todo y todos. No dejar que nadie jamás le hiciera daño y menos aún lo que yo he tenido que vivir. -quizá si crees de verdad que el dolor pasa, pase.-aunque la verdad es que para mí no había funcionado con las largas noches en las que había necesitado morfina para controlar los míos. -Además no puedes culparme. Todos los niños buscan el cariño de los padres. Su atención. - me encogí de hombros y seguí comiéndome la porción de lasaña, mirándole de reojo cada vez que hablaba.

-Eh! No soy pija! Pero no quiero ser una molestia. Además, no quiero que Sarah queme después el asiento donde vaya sentada-bromeé… más o menos. Porque de lo que estaba segura es de que montaría un buen pollo cuando se enterase. Sin embargo la broma quedó parada cuando escuché hablar del hospital. -yo eh…-dejé el plato en la mesa -Kylian… no tengo moratones o arañazos. Pero mi madre preguntará por el brazo. Y son respuestas que no quiero darle. Y ya te dije que no quería arrastrarte conmigo en eso-le acaricié la mejilla y después con el pulgar la comisura de su labio, retirando un poco de la besamel. Me chupé el dedo y recogí el plato, decidiendo que quizá era hora de tocar cierto tema…-¿Kylian?-murmuré sin mirarle fijamente-La noche… ya sabes la noche en la que me llevaste a casa de Angie. Escuché parte de la conversación. No había pensado mucho en ella… bueno la verdad es que últimamente sólo he pensado en mí-suspiré-¿Qué ocurrió entre ella y …-tragué saliva-Hannibal? ¿Fue él quien le hizo eso? Además... nunca me has preguntado qué pasó aquella noche...

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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Necart el Jue 23 Jul - 17:13

✾ Cyanide in Paradise
Siempre he ido cortito de fe — bromeó cuando Liz teorizó sin nombrarlo sobre el quid del efecto placebo. No añadió nada sobre lo de los niños que buscan el amor de sus padres. Él no se consideraba haber sido uno de esos críos, y no porque no le hiciera falta ese cariño sino porque era algo que siempre había tenido y dado por sentado hasta que el Katrina se lo llevó todo — ¿En serio seguimos con eso? — preguntó divertido cuando la castaña indicó que Sarah quemaría el asiento si ella subía al coche de sus padres —. Empiezo a pensar que deberías de hablar con el psicólogo de tus teorías sobre ella — indicó, porque no hay más ciego que el que no quiere ver y como para Kylian la hija de los vecinos era llanamente eso, no le entraba en la cabeza que a la inversa pudiera ser distinto.

Sin embargo, y para no entrar en bucle, sacó la opción de pasar por el hospital. Cierto era que desde que Angie había salido del coma, Kylian había evitado ese lugar tanto como había sido posible. Lo odiaba, y durante la estancia de su hermano había pasado allí tantas horas que las consideraba de sobra para toda una eternidad. Pero aún así, consideraba justo que la madre de Liz la viera. Quizás estaba abogando por una causa pobre, pero le parecía de coña que la mujer ni siquiera se hubiera preocupado en absoluto en la semana que Liz había estado allí.­

Te puedo esperar fuera — indicó como si nada, tampoco era un secreto que no le apetecía entrar o que pudiera ponerle mala cara a aquella mujer. Nunca lo había disimulado —. El brazo tardará meses en curar, así que tarde o temprano lo sabrá. Cuanto antes te lo quites de encima, mejor para todos.

En cualquier caso, la pregunta que ella hizo a continuación si lo pilló por sorpresa, notando que sería así ya al escuchar su nombre con tono interrogativo. El siguiente bocado se quedó a medio camino entre el plato y su boca antes de que volviera a bajar la mano. Aquello no tenía una respuesta fácil, o al menos, no una que estuviera cómodo dando.

Al parecer fue Hannibal el cliente con el que estuvo antes de que la tiraran a la puerta de urgencias — Kylian es una de esas personas que considera que llamar a las cosas exactamente por su nombre las desmitifica y hace más sencillo el enfrentarlas. Pero lo que ese cabrón había hecho con su hermana y con Liz no tenía nombre, así que bien merecido tenía haber acabado de aquel modo. Y sus remordimientos o dudas éticas sobre el papel que había tenido en todo aquello, eran un pago que consideraba justo por la venganza —. Por eso supo lo que te había hecho al verte, y por extensión yo también — metió resignado el siguiente trozo de lasaña en su boca adormilada por la abrasión anterior y masticó hasta tragar —. No creo que preguntarte por los detalles te haga bien, ni a mi escucharlos — reconoció, aún siendo consciente de que había muchas posibilidades de que su imaginación estuviera siendo todavía más cruda de lo que podría haber sido la actuación del político. El parte médico, en todo caso, tampoco había dejado lugar a muchas dudas —. Aunque si quieres hablar de ello podemos hacerlo — ofreció pese a que una de las razones para matar a Hannibal había sido, precisamente, dejar eso atrás de forma definitiva.
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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Elenear el Dom 2 Ago - 2:29

✾ Cyanide in Paradise
Elizabeth Weiss
Me encogí de hombros y sonreí. No es que siguiera con el tema de Sarah. En realidad es que nunca lo había dejado. Aunque no lo sacase a la luz, seguía defendiendo que esa chica estaba enamorada platónicamente de él. Además, para mí no era tan descabellado. Las chicas se enamoran de hombres mayores constantemente. En algún sitio había leído que tenía algo que ver por la desincronización que existía entre la madurez de unos y de otros. Y que por eso, mientras que las chicas ya habían alcanzado la madurez mental y estaban preparadas para dar los primeros tanteos en el amor, los chicos seguían enredados en los juegos. Por eso buscaban hombres mayores. Pero claro, era sólo una teoría. Y desconocía si era real o no, pero lo que sí lo era es que cualquiera de los aspectos de Kylian lo hacía tan atractivo como su madurez. Para una chica de 25 o una de… 12 al parecer. ¿O tenía menos? Dios, ni siquiera lo recordaba.

Y no tenía tiempo de pensarlo. Porque el asunto del hospital era un tema demasiado peliagudo. No sólo porque no quisiera que Kylian sufriera por mí. Sino porque antes había pasado cada minuto que había tenido libre con mi padre y mi madre. Dándole un pequeño descanso a su maratoniana vida dentro de aquellas cuatro paredes blancas y esos aparatos infernales con los pitidos que te hacían querer desconectarlos. Pero ahora llevaba casi un mes sin aparecer. Y salvando los mensajes esporádicos que le había mandado, mi madre no sabía absolutamente nada más de mí. Y pensaba que hubiera seguido así, pero Kylian llevaba razón. El brazo me tardaría meses en curar y eso significaba que mi madre empezaría a hacerse preguntas. Y que acabaría por enterarse. Así que sí, quizá lo mejor fuera enfrentarme cuando antes a aquello. Minimizar las consecuencias. Y al menos ahora ya no tenía el resto de marcas. Podría pintarlo mejor de lo que fue y así preocuparla menos.

-Supongo que tienes razón. Es sólo que… no quiero que se preocupe por mí-murmuré antes de lanzar la bomba que llevaba rato rondándome la cabeza. No había momento adecuado para preguntarlo, así que lo hice cuanto antes y de la forma más suave que pude y supe. Aun así sabía que no sería fácil para él hablar de ello, así que me acerqué a él tras dejar el plato en el sofá y coloqué la mano en su pierna, como si así fuera a consolarle o darle algo de fuerza. -Era un cabrón-murmuré. No era muy normal escucharme decir palabrotas pero ni pude ni quise controlarlo esta vez. Lo era. Y también cosas muchísimo peores. -¿Cómo puede alguien hacer esas cosas? ¿Qué puede pasar por la cabeza de alguien para disfrutar torturando, violando y matando?-pregunté casi de forma retórica. -Jamás pensé que diría esto pero me alegro de que esté muerto. Y ojalá conociera a quien lo hizo para enviarle flores o bombones o… lo que sea que se regale en estas situaciones. -sonreí y negué con la cabeza-pero bueno, espero que jamás lo sepa, porque eso implicaría que no le han pillado. Y no halemos más de esas cosas ¿te parece? Dejémoslas en el pasado.-porque a fin de cuentas, había saciado mi necesidad de conversación con la psicóloga. Y si a Kylian no le hacía bien escucharlos, no iba a obligarle.

-Estoy llena-anuncié. -Quizá debería empezar a prepararme pero… me ayudarás, cuando acabes de comer, a vestirme? Creo que seré incapaz de subirme los vaqueros yo sola aunque lo intente-pedí con cierta timidez. Desde que me había ocurrido eso, siempre había usado pantalones anchos de pijama o chándal, siendo más fáciles de poner y quitar sola, además de camisetas igualmente prácticas, lo que significaba que eran increíblemente feas pero que cumplían su función. Esconder mi cuerpo y poder ser autosuficiente. Pero si iba a salir a la calle con mi nuevo comienzo, quería empezar por cambiar lo más fácil, el físico.


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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Necart el Dom 16 Ago - 20:34

✾ Cyanide in Paradise
Es lo que hacen las madres, preocuparse — no pudo callarse, lo único que logró fue contener el sarcasmo. Y es que estaba claro desde la perspectiva de Kylian que la madre de Liz dejaba mucho que desear como tal, pero también sabía que ahondar en el tema solo serviría para que la castaña tratara de defender lo indefendible y se sintiera mal, así que lo dejó correr más allá de eso.

Lo pilló en bragas que ella señalase de forma tan directa su aparente falta de interés sobre lo que había ocurrido con Angie, y pese a ello respondió con toda la honestidad que podía darle entonces. Su hermana no se había mostrado especialmente locuaz respecto a aquel episodio, ni respecto a nada. Pero la conocía, y las piezas habían logrado encajar con el tiempo. Escuchó a Liz hacerse unas preguntas con las que Kylian ya no se interpelaba. Había gente buena, había gente mala y había quienes, como él, eran un poco más difíciles de definir. Desde el asesinato de Hannibal había tratado de no dar muchas vueltas a la cuestión de si en sí ganaba lo uno o lo otro, intuyendo de antemano que sus conclusiones no le gustarían.

Las palabras de Liz, agradeciendo la muerte del político, lo dejaron en un estado casi catatónico. Con la mirada perdida en algún lugar el mueble de la televisión y la garganta quieta, sin revelar una respiración tenue. Matar a alguien, a alguien como Hannibal había sido, podía parecer algo bueno desde la perspectiva idealista, algo de lo que incluso sentirse orgulloso pese a todo. Y sin embargo, Kylian no se sentía así. No había dudado a la hora de ensañarse con él, ni siquiera tenía recuerdos nítidos o pesadillas que lo atormentasen. Sólo ese vacío constante en el pecho generado por la sospecha de que, poco a poco, iba acercándose a un punto donde quizás no fuese mucho mejor que su primer cadáver.

Creo que, si no se ha descubierto ya, no lo sabremos nunca — era más un deseo que una certeza, pero su voz sonó apagada y algo ausente antes de mirarla —. Moriremos con la intriga sin resolver — se forzó a amagar una sonrisa desenfadada al responder, volviendo de a poco de su letargo, uno en el que había escuchado a Liz aún tardando en procesar sus palabras. Terminó de comer, y ella lo hizo poco después para pedirle que la ayudara a vestirse. Casi en una regresión fugaz al hermano mayor que en la infancia había sido con Angie, negó —. Los niños no juegan con muñecas — dijo con una seriedad que quedó rota en cuanto se rió. Era la dinámica que había tomado últimamente, obligarse a olvidar su mierda porque Liz ya bastante tenía con la que arrastraba. No podría reflotarla si él se hundía. Ya habrá tiempo para eso. Vamos, que te ayudo — dijo poniéndose en pie con un vestigio de la energía que tenía no hace tanto, y que últimamente era fingida —. Ya recogeremos esto — veía un avance en ella, uno reseñable, el primero en semanas. Eso era más importante que unos platos sucios que, seguro que al volver, Necro y Thai ya habían dejado relucientes. Fue hasta la habitación y dejó que ella eligiera. Pero entonces se dio cuenta de algo. No porque fuese algo buscado, sino más bien por descordinación horaria, no había vuelto a verla desnuda desde que todo había ocurrido. No, al menos, en una situación en la que ella estuviera consciente y sin necesidad de ayuda. Tampoco tenía claro cómo estaba todo aquello, pese a que Liz le hubiera asaltado aquella misma mañana en el pasillo dándole a entender que estaba preparada, seguía sin tenerlas todas consigo —. ¿Prefieres que espere fuera hasta que me necesites?
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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Elenear el Lun 17 Ago - 14:48

✾ Cyanide in Paradise
Elizabeth Weiss
Suspiré dándole la razón en silencio. Las madres se preocupan. Es un hecho. Y muchas veces los hijos no llegan a valorarlo. Pensamos en lo pesadas que son las madres o en todas las normas y reglas que nos imponen. Pero no en que puede que sea por nuestro bien. Puede que ese no fuera mi caso, que todo esto no hubiera sido por mi bien sino por el de mi padre, pero eso no hacía menos real el que les quisiera. El que fuera consciente de su preocupación y sobre todo, que no quisiera ser la que le diera más. Así que sí, iba a mentirle. No iba a decirle la verdadera razón de la escayola. Le diría que me caí, que tropecé y me partí el brazo. Sonaría creíble, o al menos eso esperaba. Sé que entonces le preocuparían las facturas médicas que eso conllevaría, y la pérdida de dinero al no poder trabajar. Miré a Kylian de reojo. Esperaba que colase la trampa de que mi fractura la pagaría the rising y las de papá saldrían de mis ahorros. Lo que no era mentira del todo. Pero no sabía cómo contarle lo de mi relación con el chico, o que él pagaría las facturas.

-Supongo que tienes razón.- murmuré distraída. Si no le habían pillado ya significaba que el rastro se había enfriado. Que no habría pruebas. Y la parte vengativa que había descubierto hace poco de mí, se alegró. Ojalá esa persona no tuviera remordimientos, que pudiera vivir con ello y lo hiciera durante muchos años y de forma feliz. Deseaba de corazón que le pasara todo lo bueno que tuviera que pasarle. Aunque eso me convirtiera en un monstruo.

Miré a Kylian de reojo al negarse a ayudarme, sintiendo de pronto un ataque de vergüenza. Y aunque duró pocos segundos antes de que él riera para dejar clara la broma, fueron suficientes para que un pensamiento cruzara mi cabeza. No quería verme, tener delante de sus ojos lo que ese tío había tocado. ¿Tan desagradable le resultaba? Y a pesar de que sabía que era una broma, el malestar no desapareció. Me levanté tras él y esperé que me siguiera, pero en lugar de eso, escuché su pregunta. Una que me hizo parar en seco y pensar de verdad en lo que le había pedido. En que esto iba más allá de un pantalón y una camiseta. En si estábamos preparados para esto, a pesar de mi decisión mañanera. En si yo lo estaba siquiera para volver a mirarme en el espejo, o si sería capaz siquiera de hacerlo alguna vez. Porque sí, no había vuelto a mirar mi cuerpo desnudo en ningún espejo. Evitaba el del cuarto de baño cada vez que me duchaba y desde luego, cuando me vestía no lo hacía delante de uno.

Tienes que superarlo. Ibas a hacerlo, a empezar algo nuevo desde hoy. Me recordó una voz en mi cabeza. A decir verdad, si lo miraba fríamente, ni siquiera era tan distinto a la primera vez que me acosté con un hombre por dinero. También me había sentido violada, y humillada dado que esa había sido mi primera vez, y si eso lo había superado…. Claro que era cierto que no había habido rotura de brazos, ni ataduras, ni un ciervo, ni… Me obligué a parar de pensar, sintiendo un frío que me heló la sangre.

-No. Pasa conmigo, por favor-pedí, retomando el camino hacia su habitación. Rebusqué entre mi ropa, eligiendo un vaquero, un sujetador y una camiseta básica. También unas converse y un par de calcetines. Me giré y le miré mordiéndome el labio inferior. -Pero no salgas de mi campo visual-pedí, intentando que no sonase a lo que en realidad quería decir, que necesitaba verle y saber que era él, por si los demonios volvían.

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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Necart el Jue 20 Ago - 20:16

✾ Cyanide in Paradise
Kylian no notó nada raro en la petición de Liz. Era evidente que con uno de los brazos inutilizados necesitaría ayuda para vestirse, y lo sorprendente era que no se la hubiera pedido antes. Suponía que después de haber sido violada y vejada de formas que, como ya había dicho, prefería ni imaginar porque, aun habiendo sido ya vengadas ni una estadía en el infierno de Hannibal a perpetuidad pagarían todo lo que ese gilipollas había hecho a su hermana y a Liz, preferiría tomar constancia de su cuerpo y las marcas dejadas en este en la intimidad. Tampoco había puesto pegas.

El resultado era que, en las dos semanas que habían precedido a aquel día, ni había existido más contacto físico entre ellos más allá del estrictamente necesario o el accidental y que tampoco la había visto con una ropa distinta a las enormes camisetas y holgados pantalones. Karen le había transmitido algo que él ya daba por sentado, que lo mejor que podía hacer era dejar a Liz avanzar a su ritmo y apoyarla.

El duelo que él llevaba, en cambio, ese que se negaba terco a compartir con nadie y que le devoraba el alma como una legión de termitas destructoras, permanecía soterrado y blindado en sus adentros. Sus consecuencias era una actitud taciturna y, en general, algo ausente. Como si el mundo dejara de ir con él a la que se descuidaba.

Asintió cuando ella le pidió que la acompañara al interior de la habitación y se apoyó contra la cómoda con los brazos cruzados.  Frunció el ceño cuando la vio girarse hacia él y pedirle algo que no tenía problema en conceder, por mucho que no le hallara el sentido.

No me moveré de aquí — le aseguró, suponiendo que eso era lo más lógico en lugar de andar orbitando para estar frente a ella mirara a donde lo hiciera. El teléfono vibró en su bolsillo y lo sacó para mirarlo. Era un mensaje de su hermana, preguntándole si Liz se había ido ya o iba a tener que pasar ella por casa para echarla personalmente. Claro que no se refería a ella por su nombre sino con calificativos bastante más duros. Le respondió que se perdiera en sus asuntos, consciente de que con el siguiente chute se le iría la preocupación. Era la séptima vez aquella semana que amenazaba con lo mismo. Se intercambiaron algunos mensajes más hasta que, sorprendentemente, Angie le dijo que quería verle —. Oye, ¿no te importa que esta noche vaya un rato con mi hermana, verdad? O sino, mientras estés en el hospital — siempre que Angie no estuviera ya de viaje por el Nirvana de los heroinómanos a aquellas horas, cosa bastante posible —. Sino lo dejo para otro momento — la opción que no entraba en sus alternativas era invitarla a casa, porque seguramente esta vez sería mucho menos desentendida con el hecho de que Liz se estuviera quedando allí. Y eso que la habitación de Angie permanecía cerrada a cal y canto tal como ella la había dejado, porque Kylian aún tenía una vaga esperanza de que dejara toda la mierda y regresara para buscarse un trabajo más decente y desintoxicarse. Por su parte, Liz seguía comportándose como un animalillo asustado ante cualquier ruido, así que dejarla sola por la noche quizás no era la mejor de las opciones.
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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Elenear el Miér 26 Ago - 1:07

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Suspiré tranquila cuando le escuché decir que no se apartaría de mi vista. Y por supuesto, le creía. Kylian jamás me había mentido. Y sobre todo confiaba en él y necesitaba de él algo más. Era consciente de que no hacía sino pedirle cosas una tras otra. Pero sin él no podría superarlo, y desde luego, jamás habría sobrevivido a esto. Y en esta ocasión lo que necesitaba era justo lo que le había pedido, que mantuviera a raya todos mis miedos a través de su simple presencia. Porque ese era el poder que el chico tenía sobre mí. Lograba calmarme sólo mirándole. Antes también habían colaborado las caricias o un abrazo. Pero ahora estábamos en un punto inestable en el que claramente no había pensado esta mañana. Volver a verme desnuda. Y lo último que necesitaba es que ahora me abrazase.

Sin embargo todo quedó interrumpido por sus mensajes. Esperé paciente mientras me miraba a los pies a que acabase con la conversación. Eso me sirvió también para tranquilizarme un poco más y asumir lo que ocurriría en la habitación en unos minutos. Suponía que serían cosas del trabajo o lo que fuera que hacía en esas largas horas en el ordenador. Por eso me sorprendió cuando mencionó a su hermana, dando a entender que era quien le había estado mensajeando. Tampoco esperaba el motivo de su intensa conversación.

-No, claro que no-murmuré. Y sin embargo no pude encontrar la forma de ocultar el miedo que sentí al pensar en quedarme sola por la noche. Había mejorado, sí. Y también había logrado dormir sin pesadillas pero siempre había sido con el cuerpo del chico desprendiendo el calor y la seguridad a mi lado. Nunca sola. -Deberías verla, no te preocupes. Sólo siento que no puedas… que no quiera venir aquí por mi.-jugueteé nerviosa con la mano y el pantalón del chandal-sólo te traigo problemas. Y pese a todo aquí estás. No sé cómo te lo agradeceré todo. Ni qué he hecho para merecerte. Y yo… te lo dije y te lo repito. Si quieres que me vaya… no voy a juzgarte Kylian. Ella es tu hermana y lo entenderé.-repliqué y por fin le miré. -pero ahora… necesito que me vistas y… bueno, después puedes ir a ver a Angie si quieres. Estaré bien-le aseguré tras señalar la ropa que descansaba en la cama.


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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Necart el Jue 27 Ago - 23:05

✾ Cyanide in Paradise
Encerrada en su realidad alternativa, donde todos incluido Kylian a ratos, eran el enemigo, Angie había caído en un vórtice autodestructivo. Su hermano no podía evitar sentir rabia, incredulidad, miedo, ira... Mil cosas. Pero la más preocupante de todas era la resignación que, con los años, había acabado calando para que se hiciera a la idea de que había llegado tarde para salvar a la pequeña de los Kesler. Eso no le impedía ir corriendo con ella siempre que así lo pedía.

Solo se dio cuenta de que aquella vez sería distinto al alzar la vista y ver a Liz. Ella también parecía necesitarle, de un modo confuso, a veces sí, a veces no. Sí su presencia, no su cercanía. De ahí que le preguntara y viera, con la clarividencia de un mentalista, el miedo reflejado en su rostro pese a sus palabras.

Y la encrucijada se materializó ante él.

Angie o Liz. Liz o Angie. De ahí que buscara, a lo loco, el punto medio. Ese en el que ambas quedasen cubiertas, lo que solo le dejaba el momento en que la chica que tenía ante él fuese al hospital. Se ahorró desengañarla sobre que era él quien impedía que Angie se presentara en casa, pues su hermana estaba más que dispuesta a llegar y firmar la guerra.

Hacer las cosas para que te las agradezcan es hacerlas por el motivo equivocado — comentó acercándose a ella, para ayudarla a vestirse. Un acto que fue más bien mecánico porque aunque sin silencio de por medio, Kylian no parecía estar ni en aquella habitación ni en ningún lugar del universo tangible —. Yo no soy de esos — indicó como si fuese una conversación que mantenía para sí mismo. Miró la ropa sobre la cama y le hizo un gesto para que eligiera ella por donde empezar —. Te lo dije, puedes estar aquí el tiempo que quieras — pese a todo, priorizaba. Que Angie no volvería a aquella casa salvo causa de fuerza mayor era una certeza, aunque a veces jugase a no querer verla — y es algo que sigue en pie. Cuando te vistas te llevaré al hospital e iré a hablar con ella, dudo que tarde mucho.

En realidad, ni siquiera le apetecía. Podía prever una bronca épica, gritos, chantaje emocional de todos los niveles, e incluso un arrebato de violencia. La heroína había convertido a Angie en una histriónica entre muchas otras cosas. Pero era su hermano, y de algún modo, ya que se había metido en aquel hoyo mientras él hacía la vista gorda, estaba en deuda. No se trataba de lo que él quisiera, sino del máximo beneficio general.
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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Elenear el Mar 1 Sep - 14:45

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Encogí un hombro al escuchar sus respuestas sobre los motivos que llevan a la gente a hacer las cosas. El altruismo era algo que no se dejaba ver en mi mundo. Y hacía tanto tiempo desde que de verdad había visto alguien que hiciera algo sin esperar nada a cambio que no había notado que Kylian llevaba razón. Que jamás me había pedido nada. Y que para más inri, le creaba problemas. Pero aquí estaba. Ofreciéndome todo cuanto tenía, ocultando sus necesidades en pro de las mías. Y ese sentimiento adormecido, aunque no muerto, que sentía por él comenzó a tomar fuerza en mi pecho. Le quería. Habíamos pasado por un infierno, pero ni siquiera eso había despedazado mis emociones.

-Gracias-dije simplemente. Lo que no sabía era si entendería el amplio sentido de esa palabra. Sanarme externamente, sí. Pero también mantenerme viva en el interior. Así que me dejé llevar por un impulso pasé el brazo bueno por su cintura, apoyé la mejilla en su pecho y le abracé. Mi gran y querido Altruista…¿cómo iba a hacer para ignorar su generosidad y devolverle una décima parte de lo que había hecho por mí?

Transcurridos unos segundos, me separé y carraspeé mirando la ropa.

-Será major que empecemos. No quiero que hagas esperar a Angie-además, alargar esto no iba a hacerlo más fácil, a pesar de que por algún motivo, esta mañana lo habría visto así. De hecho, esta mañana bien me habría podido sentir invencible. Las cosas son más fáciles de imaginar que de realizar. Así que empecé a tirar del pantalón hacia abajo, usando el brazo sano y después cogí el vaquero para dárselo a Kylian. Comenzaríamos por lo fácil. El asunto de la camiseta y el sujetador ya sería otro cantar. -Por cierto que…. ¿Qué quería? ¿Está bien? ¿Le ocurre algo?-pregunté. Hablar hacía más fácil distraerme de la situación.


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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Necart el Vie 4 Sep - 8:21

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Negó ante el agradecimiento, porque para él era algo innecesario. El abrazo lo tomó por sorpresa, así que tras la desorientación inicial se lo devolvió, con cariño pero sin estrecharlo demasiado porque seguía viéndola frágil como el cristal. De ese modo, Liz tampoco encontró oposición cuando se apartó.

Estará bien — aseguró sobre Angie, porque no quería que se preocupara y porque, con el transcurso de las cosas, Kylian había tenido que replantearse lo que “estar bien” se refería cuando se trataba de su hermana.

La dejó quitarse el pantalón ya que no le había pedido ayuda, pese a considerar más sencillo y rápido ayudarla también en eso. Cuando ella le dio los vaqueros, se arrodilló ante ella y arrugó una de las piernas para que pudiera meter el pie, pero antes de ofrecérselo, la miró.

Agárrate, que como te caigas lo hacemos peor — indicó con voz afable, y tanto le daba que se sostuviera agarrándose al armario, a su hombro, lo que fuera. Le ofreció el pantalón para que metiera el primero de sus pies antes de proceder con el siguiente —. Hablar — resumió lo que Angie quería —. A veces es… demandante — comentó, amagando una diversión que resultaba difícil de creer por no ser más que una expresión de resignación. Una vez Liz puso ambos pies en el suelo, cogió la cintura del pantalón y tiró de los mismos hacia arriba. La miró forzando el ángulo de sus ojos —. Pero insisto, no creo que nos alarguemos mucho — preveía una discusión inevitable, tanto que lo inteligente habría sido no ir. Pero ni acostumbraba a dejar a su hermana desamparada las pocas veces que el verse salía de ella ni pensaba permitir un drama en casa cuando Angie entrase como Atila para nombrarse juez y jurado de un Kylian que no había vertido acusación alguna sobre la chica a la que le abrochó los pantalones antes de levantarse. Se esforzó por sonreír —. Así que cuando termines en el hospital estaré esperándote.
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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Elenear el Vie 25 Sep - 4:01

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Le miré arrodillarse delante de mí, nerviosa. Hacía tanto que no sentía sus manos tocarme más de lo necesario que en cuanto rozaron la piel de mis piernas me estremecí y un fuerte sentimiento de huida me poseyó. Pero no podía hacerlo. Era hora de avanzar, me lo había propuesto. Pelear para recuperarme y dejar de intentar escapar. Llevé la mano hasta su hombro y me aferré con fuerza a él. Para no caerme, pero también para afianzarme allí. Conseguir la seguridad que necesitaba. Como cuando le había abrazado, esos segundos en los que todo había sido como debería ser.

Apoyé los dos pies, aún con la mirada centrada en el suelo, hasta que sentí la suya buscar a la mía. Sólo entonces la levanté para encontrarme con esos ojos que tanto me gustaban. Le acaricié la mejilla con cariño. Ya había superado la mitad de lo que tendría que pasar. Y la verdad, no había ido tan mal. Una vez superado el miedo inicial. Claro que no había sido lo peor.

Suspiré y me humedecí los labios con la lengua.

-No te preocupes. Toma todo el tiempo que necesites. Angie necesita a su hermano. Y yo estaré bien. Y ahora podrías… podrías seguir, por favor?-pedí. Desnudarme era fácil con la ropa ancha que había llevado hasta ahora. Las mangas me permitían sacar la escayola y también poder maniobrar para sacarla por la cabeza con una sola mano. Sin embargo todo lo relacionado a vestirme con algo más estrecho que esto sería un problema. Y odiaba tener que involucrar más a Kylian en mis problemas y sobre todo, en las únicas soluciones que encontraba. Pero no tenía otra opción si quería ir a ver a mi madre. Tampoco ahora que ya habíamos empezado con el cambio, y no sólo de ropa.

El pulso se me disparó de nuevo, acompañado de un nerviosismo que hacía tiempo que no sentía. Especialmente porque iba acompañado de unos sudores fríos que no resultaban agradables. Y todo ello se desató tan pronto como la camiseta cayó a la cama. Las defensas de mi mente no tardaron en empezar a funcionar, aferrándose a la realidad tanto como podían. A asegurarse de que supiera sin duda alguna que aquel hombre era Kylian. MI Kylian. El hombre que no sólo había cuidado de mí y me había protegido. Sino que también había compartido mi sufrimiento. Y el que al mirar, juraría que aún lo seguía haciendo.

-Siento… siento… hacerte pasar por esto -murmuré mientras me removía nerviosa.


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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Necart el Dom 27 Sep - 15:21

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Con Angie las cosas nunca se alargan demasiado — reconoció sin que llegase a sonar como un lamento. Afirmarlo suponía también reconocer que su interés por sacarla de la prostitución y de las drogas, algo que se había prolongado ya casi una década, era echarle agua al mar. Algo inútil, y más ni por esas se rendía.

Asintió cuando ella le pidió si podía continuar vistiéndola y le dejó cierto espacio para que se deshiciera de la parte superior de la ropa. Tener su cuerpo, desnudo, atrayente, fue un verdadero suplicio por un instante. Antes de que las evidencias volviesen a aplastarle recordándole todo lo acontecido y los muros de autocontención que había optado por imponerse. Inspiró y espiró para tomar perspectiva y recluír por enésima vez cualquier impulso.

Ni el propio Kylian era consciente del autocontrol que podía tener.

Tragó saliva y se acercó a la cama para tomar el sujetador que Liz había apartado, sumido en un estado autómata en el que miraba sin ver realmente, donde como método de defensa su cerebro prefería obviar a la mujer semi-desnuda a la que estaba tocando y su propia necesidad de desquite contra el mundo de forma primaria para reconciliarse consigo mismo en su nueva condición de asesino.

No te preocupes — aseguró tendiendo entre ellos el sujetador de modo que resultase sencillo para ella meter los brazos — ¿Tú también lo harías por mí, no? — cuando lo hizo, y desde delante recordando su petición de no salir de su vista, terminó abrazándola para abrocharlo lo antes posible aunque sin brusquedad, para que la contención no se confundiera con repudio.

Se apartó para tomar la otra camiseta y metérsela por la cabeza con cuidado y luego facilitarle el introducir la escayola por la manga. Era como si su cuerpo estuviera haciendo todo aquello pero su mente se encontrase a años luz de distancia.

Listo — indicó cuando terminó alejándose un poco pero sin llegar a irse.

Por un segundo, fue consciente de lo mucho que odiaba aquella situación, pero era un sentimiento tan potente como resignado.
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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Elenear el Dom 25 Oct - 15:01

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Mis ojos no se apartaban del movimiento de sus manos, salvo para fijarme en la expresión de su cara. Neutra. Como si todo esto no fuera más que un trámite. Era caótico, porque una parte de mí gritaba que era un papel. Un muro como el que yo misma imponía para mantener los recuerdos y los demonios a raya. Otra, mucho más pesimista, contradecía esto, apoyando que no sólo no era por mi bien, sino que lo hacía por el suyo propio. Que en realidad era la forma delicada de ocultar el asco que podría sentir al ver mi cuerpo. Y no podía culparle, acababa de descubrir que yo también lo sentía.

Tragué saliva y carraspeé, mientras se acercaba a abrocharme el sujetador. Mi cuerpo temblaba, aunque esperaba que él no lo percibiera. Por la mañana me había creído preparada para todo. Ahora temía no estarlo ni siquiera para ser rozada estando semidesnuda. Y sin embargo lo que realmente ocurrió fue que cuando sus manos me rodearon, cerré los ojos y me sentí… bien. No vinieron los malos recuerdos. Así que ¿por qué temblaba? La respuesta era fácil, por él. Por volver a sentir su cercanía. Porque… dios la había echado tanto de menos… Ahora sólo necesitaba asegurarme de poder dar un paso más allá. Si es que él quería seguir caminando conmigo. Abrí los ojos, le miré cuando se separó, y la duda se hizo palpable.

-Gracias- dije solamente. Me acerqué a él, rodeé su cuello con el brazo y apoyé la mejilla en su pecho. -Siento haberte hecho pasar por esto. Si… alguna vez esto te sobrepasa… dímelo. ¿Vale? No puedo adivinar lo que hay en tus pensamientos y esa máscara yo… no sé qué pensar de ella. Si vamos a luchar por esto necesito que me digas lo que pasa por aquí-acaricié su sien tras separarme un poco de él. Y bien, lo malo había pasado. Y a decir verdad… tampoco había sido tan malo. Duro, sí. Pero a fin de cuentas, no era mucho peor que como me veía tras prostituirme. -Será mejor que nos vayamos. Y quizá podrías llevarle lasaña a tu hermana. Si no le dices que es mía, quizá quiera comérsela-propuse. -Te parece bien si... bueno... pasas a recogerme cuando acabes?

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