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1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

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1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Elenear el Jue 2 Abr - 11:51

Recuerdo del primer mensaje :

✾ Cyanide in Paradise
Elizabeth Weiss
Hacía dos días que había ocurrido el incidente con Hannibal. Pero seguía sin lograr dormir y si lo hacía era para tener pesadillas. Imágenes del moreno que me atormentaban. Sólo las medicinas que Kylian me daba lograban hacerme descansar, pero empezaba a temer que me volviera adicta a ellas. Tenía su gracia ¿no? Probablemente la única cosa que había decidido voluntariamente no hacer cuando entré en The rising sun era negarme a usar las drogas como válvula de escape. Ser prostituta y yonkie era más de lo que yo podía soportar. Pero ahí estaba, recurriendo a cualquier cosa que alejara los fantasmas. Incluso aunque eso supusiera incumplir lo que un día juré, no haría jamás.

Pero Angy había vuelto a casa y era hora de irnos. De abandonar esa casa que había hecho mi fortaleza. Especialmente tras la nueva tanda de gritos entre los hermanos, de los que yo era la culpable. Suspiré poco antes de poner un pie en la calle, coger el trasportín donde viajaba Thai y pegarme casi al instante al cuerpo de Kylian. Sentía la garganta cerrada por los nervios y la necesidad urgente de ponerme a resguardo, lo que ahora pasaba por el castaño. En estos días había tratado no sólo de superar lo ocurrido, si no de aceptar que Kylian no era él. Que si me tocaba no me haría daño, que sus manos no eran las suyas. Y gran parte del tiempo lo conseguía. Cuando era plenamente consciente de lo que hacía y la luz era tan potente como para apartar los demonios que habitaban en cada sombra.

Una vez más miré al castaño.

-¿Estás seguro de esto? Es tu hermana y yo mejor que nadie entiendo lo que significa la familia. No quiero interponerme entre vosotros-pero por favor, no te eches atrás. Sentirme culpable y a la vez deseando que esto ocurriera era confuso.
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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Necart el Vie 24 Abr - 7:44

✾ Cyanide in Paradise
Sería mentir tomar aquellas dos semanas por fáciles. Las noticias sobre el asesinato de Hannibal monopolizaron durante los primeros días los medios de comunicación. Había quien lo llamaba el nuevo Kennedy, quien no se mostraba tan ciego respecto a los mórbidos detalles que habían rodeado el asesino y hasta quien sacó a relucir teorías de la conspiración como argumento. El informático se había relajado al leer que tenían a The Rising como sospechosos, pero poco a poco, la inquietud regresó a él. ¿Le iban a pillar? Había intentado no dejar pruebas, pero dudaba de su habilidad para conseguirlo. Además, tal como estaban dispuestas las cosas en el garaje, la policía sabría que allí hubo al menos otra persona. ¿La científica habría encontrado su sangre? No podían identificarla, él no estaba fichado, pero... Tenía que haberlo regado todo con amoniaco. En alguna película había visto que inutilizaba el ADN de la sangre.

Le habría sentado bien expresar en alto todo aquello, compartir el peso que sentía que lo aplastaba con otra persona, pero había sido imposible. Se había negado a dejar sola a Liz salvo cuando era estrictamente necesario, y a ella no quería contárselo. No quería que ella lo viera como el asesino que él se consideraba. La acompañó a aquel funeral al que se empeñó en ir. Al que acudió armado, durante el que estuvo alerta, y en el que pidió perdón al cadáver por no haber podido salvarla a ella también. Kylian era muy dado al síndrome de héroe, así como a fustigarse por todo mal acontecido que podría haber estado en su mano evitar. Así fuera virtualmente.

Haciendo gala de su capacidad adaptativa, también se había acostumbrado a que el contacto con Liz fuese escaso y a tenerla en su casa. Lo que suponía cederle algo de espacio, acomodar un poco sus horarios de tendencia desestructurada o hacer tres comidas al día

Aquella mañana, dormía profundamente, sin sueños que perturbasen su descanso. La noche anterior se había quedado hasta la madrugada gestionando sus negocios turbios en el internet oscuro desde el escritorio y, en cuanto cogió la cama, cayó rendido. Recibió la caricia de Liz con una respiración entrecortada que le hizo arrugar la nariz. Cerró la mano y la metió bajo la almohada, girando hasta quedar boca abajo sin tener conciencia alguna de la realidad más allá de los territorios de Morfeo.
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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Elenear el Dom 26 Abr - 2:38

✾ Cyanide in Paradise
Elizabeth Weiss
Retiré la mano cuando se giró para evitar que fuera aprisionada por su cuerpo y sonreí al ver su gesto. Ese que parecía casi infantil pero que solo le volvía más atractivo al formársele esas arrugas en la nariz. Las pocas veces que había dormido con Kylian había comprobado que no era tan fácil ni tan aconsejable despertarle, así que evité repetir el acariciarle. Sin embargo otras ganas sustituyeron a estas. Las de besarle, a pesar de no haberlo hecho en los últimos diez días. Pero esta vez había algo distinto, Kylian estaba dormido. Y esta vez seria yo quien solo supiera esto y quien lo controlase.

No es que quisiera torturarle más de lo que ya estaba, al negarle algo que ambos habíamos hecho libremente no hacía mucho. Es que me daba miedo que intentase intensificar ese gesto y yo no pudiera seguirle. Aun mostraba varios moratones en el cuerpo que me recordaban lo que pasó e impedían terminar de alejar los malos recuerdos.

No lo reprimí más. Me acerqué y besé sus labios. No fue más que un pico semi inocente pero me hizo sonreír. Después con cuidado de no despertarle, me levanté y me aseguré de dejarle tapado. Cogí algo de ropa limpia de Kylian, salí de la habitación y recibí con una caricia tras la oreja a Necro y otra a Thai, especialmente si pretendía evitar la guerra entre ambos. Les puse el desayuno mientras me frotaba los ojos, y puse la cafetera eléctrica. A pesar de que al principio parecía que mi estómago había desaparecido de la anatomía habitual de un humano, había empezado poco a poco a tolerar los alimentos. Busqué por la cocina una bolsa para cubrir la escayola, y robé un poco de chocolate. Preparada para la ducha, decidí que sería una buena forma de esperar que Kylian despertara y de paso se llevase los restos de mi sueño por el desagüe.

Poco después salía con un moño empapado, y una camiseta y pantalón del chico que me quedaban gigantes. Kylian no había salido aún, así que me puse un café y me senté en el sofá poniendo la tele bajita. Necro no tardó en subirse a mi lado y Thai encima directamente.
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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Necart el Jue 30 Abr - 23:27

✾ Cyanide in Paradise
Las pastillas que seguía tomando desde la paliza le proporcionaban un sueño profundo, más de lo habitual. Con lo que no se enteró de ninguno de los movimientos de Liz, ni siquiera cuando se levantó de la cama. No tenía sueños, o al menos, ni los recordaba al despertar ni eran tan fuertes como para despertarle en mitad de la noche. Tan solo perduraba la sensación de sentirse un monstruo tras el asesinato del política. Esa no la había abandonado ni un momento, y era una procesión que llevaba por dentro.

Si cuando había asaltado a otros, para tatuarles la palabra Betrayal en el pecho a punta de navaja, había sido capaz de reencontrarse con su humanidad entre los brazos, o más bien las piernas, de una mujer cualquiera, aquello había cambiado. Desde que Liz había irrumpido en su vida, no barajaba la opción de acostarse con otras, por lo que fuera. Y le pasaba factura. Externamente, estaba taciturno. Sin llegar a parecer alicaído, le faltaba la obstinación habitual.

Se despertó casi al mediodía y se estiró en la cama percatándose de que la chica no estaba. Odiaba despertarse solo, pero no se lo había dicho. Como tampoco le había hablado de que, cuando eso pasaba, se preguntaba inexorablemente si ella habría descubierto al monstruo y se habría largado. Algo de lo que no la habría culpado. Bostezó y se frotó la cara antes de levantarse con expresión amodorrada. Al salir al salón, la luz que entraba por las ventanas lo cegó y tardó un rato en que Liz estaba allí. Algo se acomodó en su interior y amagó una sonrisa tenue.

- Buenos días - murmuró, y fue hacia la cocina para hacerse el café sin el que no era persona por las mañanas. Y sí, para él seguiría siendo por la mañana hasta que no comiera así dieran las ocho de la tarde. Con la taza humeante en sus manos, regresó a donde estaba Liz y se sentó a su lado, aunque un Necro especialmente tranquilo los separaba. Lo acarició detrás de las orejas - ¿Qué tal has dormido? - preguntó en un murmullo.


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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Elenear el Vie 1 Mayo - 14:27

✾ Cyanide in Paradise
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No recordaba cuándo había sido la última vez que había podido tener una mañana para mí. Para no hacer nada. Para tirarme en el sofá y dejar que el tiempo corriese sin nada que se interpusiera en su camino. Probablemente porque nunca la había tenido. Lo que hacía aún más extraño que algo tan malo como lo que me había ocurrido hiciera que este pequeño “momento de relax” ocurriera. Porque si ignoraba los moratones que aún me dolían aunque ya estaban desapareciendo, la incomodidad de llevar un brazo en cabestrillo y los atormentadores recuerdos, estaba relativamente bien. Durmiendo con el chico al que quería, despertando a su lado. Suspiré y me acomodé mejor en el sofá, subiendo las rodillas ante el gruñido adormilado de Necro al tener que reacomodar la cabeza sobre mí. Thai sencillamente se removió para volver a aovillarse encima.

Dejé el café en la mesilla al lado del sofá y cogí el mando para hacer zapping hasta dar con alguna serie que llamara mi atención, acabando por poner Anatomía de Grey, meramente porque tenía algo de medicina. Sueño al que yo aspiraba algún día.

Fueron necesarios varios capítulos hasta que Necro levantó las orejas, aunque no hizo más movimiento que ese. Poco después la puerta de la habitación de Kylian. Me giré a tiempo de verle salir con cara aún de dormido. Le sonreí fugazmente.

-Buenos días-le contesté sin moverme del sillón hasta que él vino a acompañarme. -Creo que mejor que la tuya. No te oí acostarte anoche y no he querido levantarte hoy-estiré la mano para acariciarle las ojeras, pero no hice más comentario sobre ellas-Aunque dudo que hubiera podido hacerlo de querer.-bromeé al recordar el beso, y también el roce que no había conseguido más que removerle-Por suerte tenemos un perro, un gato y una televisión que me han entretenido toda la mañana.- me encogí de hombros, y volví a acariciar a Thai fijando la vista en la televisión donde uno de los pacientes se debatía entre la vida y la muerte mientras el equipo de médicos trataba de salvarle. Sin conseguirlo. Arrugué la frente al oír el pitido que marcaba el no latido de su corazón y las lágrimas de los familiares al comunicarle la noticia.

Arrugué la frente y miré de reojo a Kylian. Él podría haber sido ese familiar hacía unas semanas. Yo podría estar muerta y él quizá destrozado, o egocéntricamente, parte de mí pensaba eso. También podrían haber sido al revés los papeles si la caída al intentar bajar al gato hubiera sido peor. Y en esa situación estaba segura de que yo habría preferido ser quien muriera en manos de Hannibal antes que sufrir la pérdida de lo único bueno de mi vida. Así que me recliné para apartarle el café de los labios, pero sobre todo para esquivar a Necro, le atraje hacia mí y le besé. De forma lenta y algo insegura al principio, volviéndose un poco más pasional antes de separarme de él.

-Creo que los prefiero cuando estás despierto-susurré sin alejarme demasiado

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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Necart el Vie 1 Mayo - 22:56

✾ Cyanide in Paradise
Me entretuve hasta tarde con un par de frikadas – comentó ante la apreciación de Liz de que se había acostado cuando ella iba al menos por el quinto sueño. Aunque tachar de frikada unos negocios que aunque ilícitos le estaban dando grandes beneficios en criptodivisas de difícil uso era quitarle demasiado hierro al asunto. Bebió un poco de café y la miró de reojo cuando bromeó sobre la dificultad de despertarle –. Grita fuego, verás como me levanto de un brinco – continuó la broma todavía con voz rasposa por el sueño. Era de despertar muy lento, cosas de vivir con horarios anárquicos desde hacía años. Unos que la presencia de la chica en casa empezaba a moderar, pero todavía no había podido con ellos.

Sin hacer caso a la televisión, porque como buen criptoanarquista él era de quienes pensaban que todo el contenido audiovisual digno de verse estaba en A)Youtube, B)Los videojuegos y C)Pirate Bay o mirrors, se quedó anortado mirando la alfombra hasta que no pudo llevarse la taza a la boca porque Liz la apartó para tirar de él y besarlo. Le resultó tremendamente raro, no porque fuera desagradable ni mucho menos, pero sí inesperado pues llevaban todo el tiempo que habían estado conviviendo sin hacerlo. Kylian no había pensado mucho en ello, en realidad, no había pensado mucho en nada salvo en la concepción monstruosa que tenía de sí mismo. Por eso, era de esperar que se quedase prácticamente pasmado y tardase un buen rato en responder al gesto, y aún al hacerlo, fue con cuidado, sin adelantarse a lo que fuera que ella quisiera. Después de lo que le había ocurrido con Hannibal, no sabía cómo encarar aquello. Pero, mierda. Lo había echado de menos, igual que añoraba tantas otras cosas que daba perdidas hasta un momento indefinido.

Al separarse, entrecerró los ojos mostrando su extrañeza. Sin embargo, la afirmación de Liz le hizo fruncir el ceño divertido.

¿Me violas mientras duer …? ¡AHHHH, joder! – Thai había entrado en modo hiperactividad, desperezándose y dando un brinco sobre Necro y otro sobre la pierna de Kylian donde clavó las uñas a lo bestia, haciéndole dar un brinco y, consecuentemente, tirar la mitad del café que le quedaba y solía tomarse de forma tan lenta como su despertar. El gato salió corriendo por el pasillo, y el enorme perro blanco no tardó en salir tras él con la sutileza de un elefante en un cacharrería tirando la escoba y algunas cosas más que había por el pasillo. El informático se quedó mirándolos con cara de que aquello no podía acabar de pasar hasta que el brevaje derramado le caló la ropa y dejó la taza sobre la mesa. Después, se pasó las manos por la cara, y luego por el pelo, resoplando frustrado. Es demasiado temprano para esto. Después, miró a Liz buscando comprensión –. Ese gato es el mal, que lo sepas – farfulló todavía flipando con el desastre que habían liado en un momento.
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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Elenear el Sáb 2 Mayo - 2:19

✾ Cyanide in Paradise
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La televisión estaba bien. También el café o la cómoda tranquilidad que me proporcionaba estar en un sofá, calentita, con Thai, Necro y Kylian a mi lado. Pero descubrí que había algo mejor. Algo que había echado de menos aun sin saber que lo hacía. Los labios del castaño. Esos tan suaves que su simple roce despertaba un cosquilleo en mi estómago y tan apetecibles que te hacían volverte adicta a ellos. Y eso es lo que había olvidado. Que me encantaba hacerlo. Que necesitaba hacerlo. Que quizá no sólo el tiempo o los medicamentos son los que curan. Y que quizá el cariño también lo haga, o al menos, ayude a hacerlo. Sí, besarle había estado lejos de la tortura que supuse que sería. En parte contribuía a ello que ni Hannibal ni sus amigos me hubieran besado. Pero también porque era imposible que con el cuidado de Kylian fuera a dañarme más. De hecho casi podía adivinar sus dudas en su cabeza. Por eso no le dejé pensarlo. No al menos hasta que, como aperitivo, quedé satisfecha de él.

Tal y como supuse, tan pronto le miré pude corroborar mis suposiciones. Y estaba tan extrañado como podría estarlo yo si hace unos días me hubieran dicho esto. Pero por mi parte no había arrepentimiento, ni miedos. De hecho me habría gustado seguir haciéndolo pero las cosas se complicaron un poco. Primero por la expresión que usó el chico y que me hizo girar la cabeza. Sabía que era una expresión que casi nunca significaba lo que literalmente debería, y que Kylian lo habría dicho sin querer. Pero mi caso era uno de los que no entraban en esa categoría. Había sido literal, letal y dañino.

-Yo no…-empecé a decir, pero tuve que callarme al ver el show de Thai y Necro por casa. Empezando por el destrozo en la camiseta del castaño y acabando por los de la casa. Al volver la vista a Kylian y ver su mirada casi de perro abandonado, la camiseta empapada de café y su frase de resignación y acusación, sólo pude llevarme la mano a la boca para evitar reír. No tuve demasiada suerte. -Perdona… es que… - sin saber cómo acabar la frase y con otra carcajada mal disimulada por medio, acabé por levantarme también -Lo siento. No es gracioso. Pero aprenderán a llevarse bien. Además, es sólo cuestión de tiempo. Hasta que… me vuelva a casa -le aseguré y me pegué a él para rodear su cintura con el brazo. Aunque a pesar de los progresos, y de que sabía que mi violador estaba muerto, me daba aún miedo el quedarme sola -Deberías sospechar que esto es lo que quería tu vecina. Verte empapado en café. Quizá te odie. O quiera que te quites la camiseta.-me encogí de hombros. -¿Sabes? He estado pensando y, ya que voy a pasar aquí unos días, quiero ayudarte en lo que pueda. Ya no me duele casi el brazo ni los moratones. Así que si me das la ropa, puedo poner la lavadora mientras tú sigues trabajando con el ordenador-sugerí.
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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Necart el Dom 3 Mayo - 9:54

✾ Cyanide in Paradise
El inesperado beso, la posterior turbación en Liz que no tuvo tiempo de asimilar antes de que el gato del demonio le clavara las uñas, el café saltase por los aires duchándole y algo en el pasillo sonase a roto. Sin duda es demasiado temprano para todo esto. Con expresión renegada suspiró y se dejó caer contra el respaldo del sofá. Necesitaba un cigarro. O volver a la cama y dormir lo suficiente para considerar el día mañana. Miró de reojo a Liz cuando la escuchó reír.

Ese es el problema, que ya se llevan bien – indicó, porque lo que parecía una persecución ensañada era sencillamente un juego entre ambos animales. Dado el tamaño de Necro, que levantaba 65 cm de cruz, y que el gato no pesaba más de un kilo, si se llevaran mal Thai habría sido baja hacía tiempo. En cambio, el perro blanco que estaba acostumbrado a vagar por aquella zona de los suburbios estaba pasando más tiempo en casa del habitual, así que el informático consideraba lógico que tuviera que descargar adrenalina. Había sido cosa de Liz, normalmente Kylian se limitaba a darle algo de comer y techo solo si llovía –. Puedes quedarte el tiempo que quieras – indicó con voz suavizada. Solía recordárselo porque tenía la impresión de que nunca le quedaba claro, pero a la vez tampoco la instaba a quedarse más de lo que ella estuviera dispuesta. Él era de los que dejaban ser a todo el mundo, y los destrozos impunes de las mascotas eran la prueba.

Lo que Liz dijo sobre Sarah, la hija de los vecinos y la que había traído al gato, le hizo fruncir el ceño y posponer su dilema sobre si ducharse o solo cambiarse. Él no compartía esa teoría de que la cría estaba platónicamente enamorada de él, porque después de todo, la había conocido desde que iba en pañales por la vida. No le entraba en la cabeza, y menos deseos de verle... ¿Sin camiseta? Oh, joder. ¿No tiene para eso al julai de Crepúsculo?

Tiene doce años – le recordó descartando lo de los desnudos –. Y no me odia. Solo se empecinó con el gato y como ella no podía quedárselo pretendió endosármelo a mi que vivo enfrente porque es como tenerlo pero sin tener que cuidarlo – pero quien al final lo había adoptado había sido Liz, aunque Thai aún no había salido de casa de Kylian. Con lo que Sarah, más feliz que unas castañuelas, pasaba por allí a menudo aunque Liz no era de su agrado y trataba de no coincidir con ella. Vete a saber por qué. Rió incrédulo ante su oferta – ¿Quién quiere verme ahora sin camiseta? – se burló poniéndose en pie y decidiendo que se daría una ducha –. No te preocupes, la lavadora lava sola – que si bien él era un poco dejado, y un caos absoluto en cuanto al orden, tenía la casa bastante bien para lo que podía esperarse de un informático soltero –. Y no trabajo en el ordenador – en realidad, no era mentira. Él no consideraba las comisiones que se llevaba de Silk Road 2.0 un verdadero trabajo. Era como ser Staff de un foro pero cobrando, algo que también hacía por su férrea convicción de que los aranceles y prohibiciones legislativas a la compra/venta entre particulares eran abusivas –, solo frikeo – se frotó la cara aún con expresión amodorrada –. Voy a darme una ducha – indicó, pasando antes por su habitación para coger algo de ropa.
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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Elenear el Dom 3 Mayo - 14:29

✾ Cyanide in Paradise
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Sonreí al ver el pequeño gato huir de Necro hasta quedar acorralado, erizando el pelo de la espalda mientras le bufaba. Y por supuesto, el perro entraba al trapo tratando de tumbarlo. Debía reconocerlo, me gustaba verlos así, siempre que eso implicase un juego y no la cacería que yo había supuesto al principio. Desde pequeña había querido una mascota. Tener esa responsabilidad de que alguien dependiera de ti, y te lo agradeciera con un cariño infinito. Pero al principio por falta de dinero, y luego de tiempo, nunca lo había tenido. Viendo ahora esta animación, pensar en volverme a casa se me hizo solitario y vacío. Y lo que era peor, me resultaba cruel separar a los dos animales. Estaba claro que aquí no podría dejar al gato sin que a Kylian le diera un infarto. No podía llevarme al perro y por mucho que él me invitase, no quería robarle más espacio ni tiempo del necesario. Sí, tenía un problema.

-Lo sé-fue toda respuesta que di, acompañada de una cariñosa sonrisa, mismo sentimiento que expresaba el tono de mi voz. Una segunda sonrisa asomó en mis labios al ver su frente fruncirse al mencionar a Sarah. No importaba cuántas veces se lo dijera, él parecía cerrarse en banda a creerlo. Esa dulce inocencia era parte de su encanto. Pero estaba claro que él no conocía a las mujeres tan bien como podría creer. Podría haberme puesto de ejemplo y decir que con 12 años ya había visto a algún chico sin camiseta con el típico rubor pre-adolescente. Pero para ser sinceros, nada relacionado con el sexo u otros hombres me había preocupado. No hasta hace 7 años, cuando esta locura empezó. -Ya sé que tiene 12 años. Y también que no le caigo bien. O que cambia la expresión si salgo al porche. O que no se acerca si ya estoy en él-no había que ser un lince, si sabías donde mirar. Por eso había tomado la decisión de dejarle ese tiempo y espacio y quedarme encerrada en casa. Lo que tampoco era muy mala idea porque después el entierro, no había puesto un pie más allá de la protección de la casa de Kylian. Y por supuesto, nunca sola. A pesar de que el miedo hubiera ido menguando hasta casi quedar relegado sólo a mis pesadillas.

-Sé que lava sola. Pero no se programa ella misma-comenté con un ligero tono de burla que iba acompañado también de un pequeño rubor. Sí, quería verle sin camiseta. Pero no me había dado cuenta hasta hoy. Hasta que al volver a besarle, esos agradables sentimientos habían revoloteado por mi estómago. Habían sido dos semanas duras. Dicen que el cerebro tarda tres días en asimilar las cosas, pero como en todo, el mío había ido más despacio. Pero siempre, Kylian había estado ahí para mí. Apoyándome, y dándome en cada momento el espacio o las atenciones que necesitaba. Incluso aunque yo no supiera que lo hacía. Ahora… ahora quería ser yo quien decidiera que era hora de avanzar. Así que caminé tras él hasta llegar a la habitación, quedándome en el marco de la puerta mientras le miraba buscar ropa -¿Y si así fuera?-tragué saliva-¿Y si quisiera verte sin camiseta? Estos días han sido un infierno. No sólo para mí.-sonreí mirando al suelo-Quiero poder besarte otra vez. Sin miedo a las restricciones ni barreras.-me mordí el labio inferior-Y quiero volver a sentir el motivo por el que Sarah me odia. No prometo nada. Ni siquiera sé hasta dónde puedo llegar. Pero quiero intentarlo. Quiero a ese hombre, Kylian. ¿Puedes dejarme verlo?
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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Necart el Dom 3 Mayo - 16:31

✾ Cyanide in Paradise
Será afán de protagonismo, yo que sé – resolvió la animadversión de Sarah hacia Liz, que para él no podía ser otra cosa salvo eso porque todo lo demás era demasiado antinatural para sopesarlo siquiera. Tuvo que volver a mirarla cuando indicó que la lavadora no se programaba sola –. ¿Recuerdas que soy informático? – preguntó divertido, más bien por no entender a qué venía aquel interés repentino –. La electrónica no tiene secretos para mi, así que me veo capacitado para darle a la ruedecita y ponerla en el uno – rió –. Hasta podría enseñarte a programar grabadores de vídeo. Si encontramos uno, porque ya no se usan – la retroelectrónica no estaba entre sus hobbies, pero su primer contacto con cables y destornilladores, a los diez años, había sido precisamente ese. Sacar del reproductor de VHS los Lego que Angie había metido dentro – porque los quería ver en la tele – para que sus padres no les riñeran –. Pero bueno, no sé. Si te hace ilusión o algo poner la lavadora tampoco te voy a montar un pollo. Ni por eso ni por nada, ya sabes que estás en tu casa – indicó al ponerse en pie, indicando que se iría a dar una ducha.

Fue a la habitación y abrió el armario para decidir qué ponerse. Algo que solo le resultaba complicado porque lo tenía todo hecho un desastre y a ver cuántas prendas tenía que sacar hasta dar con unas sudadera. La voz de Liz desde el marco de la puerta atrajo su atención. Joder, estoy empanado. Honestamente, no sabía de qué le estaba hablando.

¿El qué? – preguntó, y cuando especificó que verle sin camiseta la miró extrañado. ¿Qué me estoy perdiendo? . Ya me ves sin ella un par de veces al día mínimo – explicó con rotundidad digna de si hubiese descubierto el sentido de la vida. Él nunca había sido de buscar intimidad para cambiarse, y menos en su casa y delante de una mujer con la que se había acostado unas cuantas veces. Tampoco se había estado fijando en qué hacía ella cuando se cambiaba, eran el tipo de detalles a los que nunca prestaba atención. La escuchó pero perdió el hilo. O más bien nunca llegó a encontrarlo mientras sacaba ropa del armario hasta encontrar un jersey que ponerse. ¿Hombre? ¿Qué hombre? ¿De qué estamos hablando? Lo único que sacaba en claro de todo aquello era que Liz quería que las cosas volvieran a ser como antes, pero no se veía preparada, así que seguramente trataba de disculparse aunque todas aquellas frases fuesen un galimatías para él. Al acercarse a la puerta, le acarició la mejilla – No quiero que te sientas presionada. No hay prisa, las cosas salen cuando salen y ya está. No vale la pena rayarse por eso – esbozó una sonrisa perezosa y le dio un beso en la sien antes de tirar para el baño –. Y Sarah no te odia – añadió cuando dejó la puerta atrás. ¿Por qué iba a hacerlo? No tenía sentido.
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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Elenear el Dom 3 Mayo - 18:54

✾ Cyanide in Paradise
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Suspiré y negué con la cabeza. ¿Enserio no lo veía? ¿Por qué no podía ver que era atractivo? Que no podía ser la única persona en el mundo con dos ojos en la cara conectados a un cerebro que vieran lo especial que era. Y que por muy rara que yo fuese, los niños cada vez empezaban antes a experimentar en el mundo de las hormonas. Y Sarah debía estar envuelta en un torrente de ellas. ¡Era de manual! Un vecino guapo que ha estado para ti y tu familia, que has crecido con él… si no llegas a verlo sólo como un hermano parece lógico pensar que acabes desarrollando algún lazo por él. Platónico o no, pero vínculo a fin de cuentas. Y que Kylian no lo viera como tal, sólo implicaba que el desorden y el tabaco eran sus únicos defectos, y que la pedofilia no entraba, gracias a dios, en ellos.

Miré de reojo la lavadora mientras argumentaba su capacidad de ponerla. Abrí la boca para replicar que no quería decir que fuera un inepto, pero siguió hablando y yo me callé. La verdad era que todo esto era casi más por mí que por sus aptitudes como amo de casa. El no sentirme un estorbo y una inútil. Kylian me había acogido en su hogar y yo sólo quería colaborar con los problemas y las actividades que eso conlleva. Agaché la mirada y sonreí distraída. Todo ello además me llevó a recordar otro momento. El origen que desencadenó y modificó tanto mi vida. El día que sin esperarlo, y tras pasar unas horas con mi padre en el hospital, crucé ese bendito parque donde estaba Kylian. Las bromas. La libertad de saber que él me veía como una mujer, sin etiquetas. También esa oferta para enseñarme a manejarme un poco en esas tecnologías que él tanto controlaba y que a mí me desconcertaban. Ahí estaba de nuevo esa oferta. Y decidí que cuando pudiera usar las dos manos, la aceptaría. A fin de cuentas, hoy en día todo va por electrónica ¿no?

Pero ahora no era el momento. Ahora necesitaba otra cosa de él. A él. A su calor. Su abrazo reconfortante. Sus dedos acariciando mi piel. Sus labios. Los echaba de menos. Había necesitado diez días para sanar lo suficiente como para ser consciente de ello. Pero ahí estaban. Los viejos sentimientos asomando sobre la oscuridad que había reinado en mí. Solo que no sabía cómo expresarlos. Desde que le había besado, y aprovechando toda la confusión del gato, Kylian se había mantenido un tanto alejado y no había sabido cómo volver al tema. Hasta que se presentó la oportunidad y una vez más, mis palabras no fueron suficientes. Arrugué la frente al ver como uno a uno, malinterpretaba mis argumentos hasta formar una historia totalmente contraria a la real. Cerré los ojos al recibir su beso y dejé escapar todo el aire de mis pulmones. Era oficial, no sabía expresarme. O quizá él no entenderme. Fuese como fuese, ahora ya no me primaba tanto el hecho de que quisiera una pizca de lo que tenía antes, si no el sacarle de su error.

-Kylian espera- murmuré, y avancé hacia él -No me siento presionada. Tú no me presionas.-pensé por un momento como seguir pero no eran muchas las opciones. Y ninguna sonaba como quería que lo hiciese. No quería que pareciera un calentón. No quería sexo porque hoy los planetas se hubieran alineado. Quería pasar página. Quería volver a ser todo lo feliz que pudiera y en eso, el cariño que el castaño me daba tenía su papel. Quería ir dando pasos hacia el frente y ver hasta dónde podía llegar, e irlos superando. Y ante todas esas afirmaciones y sentimientos abrumadores, sólo encontré una forma de expresarlos. Me puse de puntillas y le besé. Sin dejarle tiempo ni espacio a réplicas o malinterpretaciones. Había cumplido protegiéndome, cuidándome y respetándome. Era hora de ir dejando eso atrás poco a poco. Mi lengua buscó la suya y mi mano se coló bajo su brazo para poder acariciarle la espalda. Todo cuanto pudo, mi cuerpo se pegó al suyo, hasta que la poco práctica escayola se interpuso entre nosotros. -¿Queda así más claro?- susurré separándome lo justo para hablar, pero tan poco que la punta de mi nariz rozaba la suya. Le miré un segundo y después volví a besarle.
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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Necart el Lun 4 Mayo - 8:57

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Frenó sus pasos en mitad del pasillo y se giró cuando ella le llamó. El informático tenía un plan bien estructurado en su cabeza, tan sencillo como: ducha, más café, cigarro, despertar del todo. Sin embargo, este se vio interrumpido por la cercanía de Liz.

Intento no hacerlo, pero puedes sentirte presionada igual – le respondió, y es que tal era su perspectiva. Kylian sabía un rato de presiones, gente que no te exige nada y por eso mismo te sientes más en deuda, situaciones que socialmente te llevan a algo que ni te planteas si es lo que quieres o si podría ruhusarlo. Sabía que para ella no tenía que haber sido fácil seguir hacia delante después de que Cohen la hubiera usado como lo hizo, y por eso había intentado que se sintiera lo más cómoda posible sin meterle prisas en ningún aspecto. Y sin embargo, diez días sin más contacto que una caricia habían sido duros, raros. Porque daba lo mismo que supiera que no era por él, a fin de cuentas era rechazo. De ahí que el beso en el sofá lo hubiera pillado tan de improviso como el que ella le dio entonces.

Aún sosteniendo la ropa en su mano, acarició con suavidad el cuello de Liz y esta vez si le devolvió el beso. Pero no la comprendía, algo le chirriaba demasiado como para no cuestionárselo. Porque habían sido diez días donde la menor caricia parecía que le daba un calambre, donde habían convivido, dormido juntos, despertado juntos, y todo ello con un grado de contacto ínfimo. Notar la mano de la chica bajo su camiseta lo estremeció, porque había echado aquello de menos una barbaridad. Y sin embargo, ahí estaba la nota discordante. Ser consciente de las inseguridades de Liz solo lo complicaba todo. Era como manipular dinamita.

Asintió por inercia ante su pregunta y volvió a besarla pero se encargó de ir reduciendo el gesto poco a poco. Según su experiencia, dejar pasar las cosas y no hablarlas terminaba por traer más problemas que beneficios, y ya le parecía un tema lo bastante delicado como para empeorarlo. Al separarse de ella, alzó la cabeza aún mirándola. No quería que lo viera como un rechazo, pero sabía que la altura jugaba a su favor. Acarició su cuello con el pulgar y suspiró.

Liz, yo... – negó –. Supongo que esto significa que estás mejor, y me gusta verlo. Pero no tienes que tener prisa y ni creo que sea bueno que lo hagas todo de golpe – sí, solo había sido un beso y para Kylian hacía más de media vida que ese tipo de gestos eran meros preludios. Pero en comparación a la sequía pos-Cohen, era un cambio enorme. Le acarició los labios despacio –. Ve a tu ritmo, yo me adaptaré a eso – aseguró en un susurro,  y se inclinó para darle un beso corto.

Definitivamente, había muchas cosas de todo aquello que se le escapaban.
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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Elenear el Mar 5 Mayo - 1:56

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Por fin. Por fin después de diez interminables días y varios viajes al infierno, empezaba a sentirme un poco mejor. A disfrutar el roce de su piel con la mía, y no sólo porque fuera yo quien buscase sentir su calidez. Sino también su mano en mi cuello, en un gesto dulce. Lejos de la pasión y el desenfreno que quizá sería lo lógico que experimentara una pareja joven normal. Pero es que nosotros no éramos normales. Además, de nuevo Kylian actuaba como si leyera mi mente, dándome justo lo que necesitaba y podía soportar en ese momento. Algo dulce que me hiciera sentir bien.

Una pequeña parte de mí temía que no fuera a entenderme o que fuera a rechazar el contacto. Pero en su lugar, Kylian respondió a mis besos. Y durante esos gloriosos momentos olvidé todo lo demás. Todo lo que quedaba más allá de nuestros labios o caricias. Hasta que el castaño se separó. Y de nuevo hicieron su aparición las inseguridades, las dudas y esas afirmaciones que nos llevaban a un punto muerto. Había tratado de explicarme, y al menos él había dicho que había entendido lo que intentaba decirle. Lo que le quitaba sentido a que luego intentara justificar el fin de esto por mi posible presión. Arrugué la frente y bajé la mano que seguía por su espalda hasta su cintura.

-No tengo prisa, yo… quería hacerlo. Quería besarte. -suspiré-Quería darte un poco de lo que teníamos antes y volver a hacerte sonreír. Sin presiones, por voluntad propia-afirmé y aclaré, antes de que pudiera malinterpretar mis palabras. Sin embargo todo ello nos llevaba al mismo punto de la encrucijada. ¿Por qué todo sonaba contradictorio?¿Por qué todo en nuestra relación parecía serlo? -No  quiero que te adaptes. Quiero que vayamos juntos. -negué con la cabeza y chasqueé los labios. Yo estaba cómoda con esta evolución, y así se lo había dicho y así lo había entendido. Así que ¿y si todo esto era una forma delicada de rechazarme? ¿Y si era él quien no estaba preparado? Puede que no se viera con el ánimo de verme desnuda de nuevo. O de intimar más con la mujer que otro hombre había maltratado. Me humedecí los labios y tragué saliva-No quieres hacerlo-susurré sin mirarle-Creo que es mi hora para darte el tiempo que necesites. No sé si es esto o cualquier otra cosa lo que sea que estés pensando en realidad. Pero no soy un mueble, Kylian. Puedes hablar conmigo. Lo sabes ¿verdad? De lo que sea.-ahora sí, levanté la mirada. Yo había tenido una importante ayuda con el psicólogo con el que me había puesto en contacto, pero el chico no había tenido esa oportunidad. -Superaremos esto-aseguré.

Y como yo misma me había dicho antes, iríamos poco a poco. Así que me separé de él y carraspeé.

-Te prepararé más café para cuando salgas de la ducha.-y diciendo esto, me giré para ir hacia la cocina.
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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Necart el Jue 7 Mayo - 0:02

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Se obligó a sonreír, aunque solo lo logró de modo fugaz y ausente. Que ella relacionase sus sonrisas con ese “poco de lo que tenían antes” que le había dado en forma de beso le generaba sentimientos contradictorios. Siempre había intentado que no relacionase una cosa con la otra, pero en aquel momento solo podía resolver que en un paso así tras una violación, la impulsividad infundada no podía ser buena. Y menos si lo hacía por “verle sonreír”. Era enrevesado, pero en su cabeza tenía sentido.

Para ir juntos, uno de los dos tiene que adaptarse – explicó con ternura, para mirarla con incredulidad cuando le acusó de “no querer hacerlo”, pero ella no lo estaba observando a él. Tomó aire entre los labios, de verdad que era demasiado temprano para aquello y no pensaba entrar en debates porque daba por hecho que hacerlo entonces solo llevaría a una serie de catastróficos malentendidos –. Lo sé – respondió cuando Liz le indicó que podía hablar con ella. Pero hay cosas que es mejor que no sepas. Terminó por darle un pico cuando le dijo que superarían aquello y no opuso resistencia cuando se apartó –. Lo puedo hacer yo después, no te preocupes – no era un rechazo, pero desde el Katrina Kylian había asimilado tan intensamente lo de ser él quien cuidaba del resto que se le hacía raro tal oferta.

Su problema no había sido lo que Liz quisiera hacer o no, mucho menos cuando su salud emocional agradecía profundamente una liberación tan banal como aquella. Sin embargo, estaba seguro de que para ella sería mejor ir poco a poco, y también para él. No estaba como para pararse al primer quejido, a la primera pega, y que ocurriera así – y estaba seguro que de precipitarse lo haría inexorablemente – supondría más frustración, más reniegue con el que no tenía ganas ni fuerzas para lidiar. Y para ambos sería peor que el se hundiese entonces.

Se metió en la ducha y pasó allí un buen rato, hasta que creyó despertar del todo bajo el agua que reguló tibia tirando a fría. Se afeitó lo justo para que la barba que siempre llevaba no empezase a parecerse a la de un mendigo – era algo que odiaba y siempre hacía sin ganas – y se puso las lentillas antes de vestirse e ir a la cocina.
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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Elenear el Jue 14 Mayo - 1:53

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Le mire esperando algún tipo de reacción por su parte, la que fuera, por minúscula que fuese. Pero no llegó. Para mí no era ningún problema el abrirme con él. El mostrar lo que sentía o pensaba en cada momento. Pero ese no era el caso del chico. Por eso necesitaba que supiera que podía confiar en mí para contarme cualquier cosa. Parte de mí de hecho, se sentía un poco dolida de que no lo hiciera. Porque su “lo sé” no implicaba que lo fuera a hacer, lo que nos devolvía al mismo punto de antes. Arrugué la frente y preferí desviar mi atención hacia asuntos que pudieran entretenerme y no pensar en ello. El café. Seguía manca pero dado que ya había podido hacerlo antes, no dudaba en que podría volver a repetirlo.

Así que esperé a que Kylian se metiera a la ducha para vaciar el filtro de la cafetera, llenarla de agua, volver a llenarlo con el aromático café y poner en marcha el aparato. El agua de la ducha seguía escuchándose caer y yo estaba demasiado incómoda como para estar quieta. Me sentía humillada por… bueno por todo. Estaba claro que quizá me había precipitado al besarle y prácticamente acosarle. Suponiendo, erróneamente, que él estaría feliz por esa mejoría que supongo que se había ido produciendo dentro de mí aunque no había sido consciente hasta ahora. No, él no estaba preparado, a pesar de que había sido yo quien se había llevado la peor parte física del asunto, él había sufrido las consecuencias conmigo. Suspiré y negué con la cabeza. Esto era un desastre.

El sonido de mi móvil me sobresaltó, y me acerqué a la mesa a cogerlo, mirando de paso la hora, era casi medio día. En la pantalla aparecía el nombre de mi madre. Descolgué y lo puse en manos libres, caminando de vuelta a la cocina. Dejé el teléfono en la encimera y comencé una charla sin mucho interés. Quería a mi madre. Pero ahora una pequeña parte de mí no podía evitar culparla de lo que me había ocurrido. Supongo que es más fácil culpar a terceras personas. Sin embargo había algo más en mi mente. Algo que tenía que ver con disculparse con Kylian por lo que había pasado en el pasillo. Así que mientras hablaba con mi madre, empecé a rebuscar por los armarios y la nevera, buscando los ingredientes para lo que sería su comida. El chico ya había hecho suficiente en estas dos semanas y era hora de que le devolviera un poquito. Porque eso también formaba parte de dejar atrás todo esto.

Cuando la castaña cabellera del chico se asomó a la puerta, la pasta para la lasaña se calentaba en agua hirviendo, y toda la sala olía a la carne que se estaba sofriendo con algunas verduras. Le miré y le sonreí sin más explicación.

-Si mamá. Me pasaré por el hospital cuando pueda. Tengo que dejarte, te quiero. Adiós.-y colgué. Desde hacía dos semanas que no iba al hospital. No quería que se asustase de mi estado. Además que simplemente me había sido imposible salir a la calle sin correr ante el menor indicio de movimiento. -Espero que tengas hambre.-fue lo único que dije antes de morderme el labio, bajarle un poco el fuego y abrazarle-Podemos adaptarnos un poco los dos-propuse-Iremos poco a poco-me separé y me froté las manos por la camiseta del pijama -pero lo primero es lo primero. Y esa carne picada requiere mi atención- y diciendo eso, me acerqué de nuevo a los fuegos para remover la carne.

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Re: 1. Es hora de enfrentarnos a nuestros demonios

Mensaje por Necart el Jue 14 Mayo - 20:44

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Más despejado, Kylian salió de la ducha y se dirigió hacia la cocina donde olía a gloria. Aunque a decir verdad, tampoco es que él, que se alimentaba prácticamente a base de congelados y cosas que no le llevara cocinar más de diez minutos, fuese un gourmet. En cambio, la experiencia olfativa fue interrumpida por la voz que salía del teléfono y que no le costó identificar con la mujer a la que Liz nombré después, su madre. A ojos del informático, aquella mujer era un despropósito en sí misma, le daba asco y no podía comprenderla. En base a su propia experiencia, podría asegurar que su madre muerta en el Katrina se habría prostituido ella en lugar de vender a Angie cual yegua de monta. Sus labios se fruncieron y, estando acostumbrado a no guardarse demasiadas opiniones, hizo un esfuerzo para no volver a incidir en ese tema. No de forma frontal, al menos.

¿Le has contado...? – dejó el resto de la frase en el aire, y no parecía emitir más que curiosidad. Pero en realidad deseaba que la madre de Liz supiera lo que había hecho Hannibal y se sintiera jodidamente culpable. Él era inamovible en eso, y a sus ojos aquella mujer no merecía otra cosa. De nuevo se mordió la lengua para cortar aquello donde estaba –. Si quieres te acompaño un día al hospital – ofreció, consciente de que la chica todavía se mostraba reacia a salir al exterior. En todo caso, él había evitado totalmente el hospital desde que Angie había salido del coma. Asintió cuando ella deseó que tuviese hambre y le devolvió el abrazo de forma distraída. Parecía que los moratones ya podían soportar aquel contacto sin darle latigazos, lo que era un avance por mucho que aún tuviera algunas marcas entre amarillas y violáceas repartidas por el cuerpo y que, hasta entonces, se había encargado de tapar a conciencia –. ¿Lasaña? – trató de adivinar cuando combinó mentalmente los ingredientes y sonrió distraído. Su madre solía hacerla los días que sacaba una mañana entera para pasarla en la cocina.

Se acercó a los fogones mirando incrédulo el despliegue culinario y acarició de forma distraída la parte baja de la espalda de Liz sobre la camiseta que llevaba. Un olor discordante le llegó de un lado y miró hacia la cafetera que estaba llena otra vez. Torció los labios suspicaz y se inclinó un poco para meterse en su campo de visión.

¿De verdad te has puesto a cortar verduras, hacer café y tienes pensado montar una lasaña con la mano así? – le preguntó divertido. Suponía que no debía de ser lo más fácil del mundo, al menos para él ya no lo era con todas sus capacidades disponibles no quería ni imaginarlo estando manco a efectos prácticos. Sonrió – Gracias – le dijo y le dio un beso tenue en los labios antes de coger otra taza. Una de South Park que tenía desde tiempos inmemoriales. Juraría que se la había traído su hermana de alguna excursión del colegio. La llenó de café que endulzó poco pero saturó de vainilla en polvo –. Voy a por el primero de la mañana, ahora vuelvo – Liz le había dicho muchas veces que no le gustaba que fumase así que lo hacía fuera. Kylian era ese tipo de persona que prefiere que la gente esté cómoda a su alrededor, así acabe sacrificándose él en ciertos aspectos. En cuanto abrió la puerta, Necro salió a todo correr y se perdió por la campiña, dejando atrás a un minúsculo Thai maullando como un huérfano demasiado mimado, y también demasiado cagón como para seguir al perro entre hierba más alta que él. El informático tomó asiento en las escaleras del porche y encendió el primer cigarro del día, que compaginó entre sorbos de café.
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