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Skipping Stone :: Zona de rol :: Zona de Rol Libre :: Plots
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ghostly messages
1x1 — Paranormal — Seattle, Washington, EEUU.
Los alumnos de una de las universidades más prestigiosas de Seattle se preparan, un año más, para comenzar el nuevo curso. Algunos novatos, otros con varios años ya a sus espaldas. Las aulas volverán a ocuparse como siempre lo hacen, pero esta vez, será muy distinto para dos personas que jamás pensaron que sus caminos irían a cruzarse de tal manera.
Rydell Blackburn, estudiante de Educación Física, pocos son los que no saben su nombre y no sólo en su carrera. Popular, atractivo, deportista y con esa actitud que hace que cualquier chica se derrita. Pero no es oro todo lo que brilla y los que aún no le conocían empezaron a hacerlo cuando hace ocho meses su hermano, casi tres años menor que él, apareció muerte en lo que se supuso un accidente.
Beatrice Campbell, estudiante de Fisioterapia, la chica nueva de la clase transferida desde la Universidad de Tacoma. Reservada, intelectual y luchadora contra lo que cree injusto. Poco se sabe de ella y poco cuenta, parece una chica normal, una más de universidad, atenta en clases y defendiendo a algún que otro novato de las bromas de los más veteranos. Pero lo cierto es que guarda un secreto, una habilidad que hasta ella misma desconoce.
¿Qué pasará cuando dos personas que lo único que creen que tienen en común es el edificio donde estudian y algunas clases se den cuenta de que hay algo mucho más grande delante de ellos? En el momento en que el pasado se haga más presente que nunca, deberán dejar sus roces a un lado para lograr remover todo lo que se creía cerrado.
Rydell Blackburn 23 años — Colton Haynes Lykaios |
Beatrice Campbell 23 años — Holland Roden Kaleidoscope |
Última edición por Kaleidoscope el Lun 8 Feb - 5:35, editado 1 vez
the crook & the assassin
Re: → Ghostly messages.
SHUT UP, NOOB. UNIVERSIDAD. MAÑANA. CON BEATRICE CAMPBELL. | La mañana no podía haber empezado de mejor manera que aquella. Nótese la ironía. Todo parecía estar yendo sobre ruedas hasta que, se tropezó con el gracioso de turno que por unos comentarios inapropiados, provocó que Rydell fuera hacia él con todas las intenciones de bajarle los dientes de un par de golpes. Si no fuera porque lo habían frenado, su mañana hubiera empezado encerrado en un despacho y con, posiblemente, un buen follón encima. Se había librado, sí, por muy poco. Pero las ganas que tenía de reventarle no podían irse, mucho menos, cuando lo veía a cada rato por los pasillos. El timbre sonó, una vez más y soltó un suspiro, cansado de tener que atender a tanta teoría. Deseaba movimiento, prácticas. Eso era lo que mejor se le daba al joven Blackburn. Sin embargo, ahora tenía una hora libre que podían gastarla en lo que quisieran y, por ello, es que pensó en ir al patio trasero donde seguro iban a haber algún juego ya fuera fútbol, baloncesto o incluso si estaba libre el campo, podría jugar un rato a fútbol americano; lo cual lo prefería. Siempre venía bien también para descargarse. Y ya lo iba necesitando. Desde lo ocurrido con la muerte de su hermano, el temperamento de Rydell era bastante visceral. No supo en qué momento o por qué, pero tropezó con un idiota que le caía mal desde que tenía uso de razón quien lo acusaba de haberle metido en la taquilla un órgano de clase de biología. Totalmente pillado por sorpresa, se vio siendo culpable por algo que no había cometido. Y, por si fuera poco, algunos empezaron a apoyarle. ¡Por una vez que él no era el gracioso de meter mierda en las taquillas! Intentó ignorarle y pasar de largo pero sus palabras se filtraron en su oído como un taladro y no pudo evitar revolverse para empotrar a ese idiota contra las taquillas. —¿¡Te lo hago entender tragándote esa mierda o qué, pringado!?— bramó sobre él. Podía notarse la vena de su cuello, la cual indicaba que si no le frenaban, podía ser un mal final. |
ah...those two. In a fight they're lethal but when they are around each other...they melt.
Re: → Ghostly messages.
SHUT UP, NOOB. UNIVERSIDAD. MAÑANA. CON Rydell Blackburn. | A Beatrice no le incordiaba en absoluto pasar horas y horas en el campus universitario, lo había hecho en su antigua ciudad, Tahoma, antes de mudarse y era consciente de que volvería hacerlo en su nuevo centro de estudios. Era una costumbre que había tomado desde pequeña y que le había brindado unas notas más que increíbles y, en algunos casos, hasta envidiables. Pero aquel día bien podía haber sido la excepción que confirmaba la regla, pues la muchacha sólo quería que terminase la jornada de una vez por todas para poder irse a su casa. ¿El motivo? Jaqueca, migrañas, dolor de cabeza normal y corriente... Aún no había determinado con exactitud cual podía ser la causa de su malestar, pero lo cierto es que, desde hacía un par de horas, sentía punzadas de dolor en la cabeza, como un zumbido que embotaba sus oídos de forma permanente. “Tal vez, sólo necesite tomar un poco el aire”, pensó, mientras pasaban los últimos diez minutos de la clase que tenía antes de un pequeño descanso. La oportunidad perfecta para probar su teoría y despejarse, o al menos intentarlo. Salió por la zona trasera donde además de un patio que algunos usaban para deportes se hallaba también un pequeño parque con varios bancos. Ese, ese era su destino. O lo habría sido si sus ojos no hubiesen pasado por encima de una escena un tanto peculiar justo en las taquillas situadas al lado del patio. Una discusión, más bien, y aunque en un primer momento no reconoció quienes eran los implicados, cuando escuchó gritar al que había empotrado al otro contras los casilleros no le quedó duda alguna, Blackburn. Compartía varias clases con él aunque no la carrera y no era la primera vez que había sentido deseos de mandarle callar. Tal vez fue, porque aquello podía irse de las manos, por su dolor de cabeza que parecía incrementarse con su voz o simplemente porque Beatrice era como era, pero antes de darse cuenta sus pies ya habían enfocado hacia el lugar. —¡Hey!— exclamó, cuando aún quedaban unos tres metros entre los chicos y ella. —¿No crees que te estás pasando?— Finalizó, cuando se encontraba ya a la espalda de Rydell, lo cual le impedía ver su expresión, pero aquello poco le importaba. Cruzó los brazos y su expresión denotaba su enfado bastante bien, o eso supuso al oír algún murmullo de los que estaban alrededor —Déjale tranquilo, no creo que quieras que el decano se entere de esto— Amenazó, sin siquiera importarle como podría ser aquello tomado. Porque una cosa estaba clara, cuando a Beatrice se le metía en la cabeza lo de ser la defensora del pueblo, nada podía pararla. |
Última edición por Kaleidoscope el Dom 6 Mar - 18:03, editado 1 vez
the crook & the assassin
Re: → Ghostly messages.
SHUT UP, NOOB. UNIVERSIDAD. MAÑANA. CON BEATRICE CAMPBELL. | En otra circunstancias, Rydell simplemente se habría hecho el gracioso, habría lanzado unas carcajadas al aire y habría ignorado a ese idiota sin darle demasiada importancia. Más bien, le habría parecido incluso buena la idea de la broma de la taquilla y habría tenido ligero interés en saber quien era el cabecilla de ese plan. Pero no estaba en su mejor época ni en su mejor momento para tener esa clase de pensamientos y actitudes. —Yo no he sido esta vez— volvió a decir, en un gruñido. Su mandíbula se mantenía tensa y su mirada, realmente rabiosa no se apartaba de la contraria. Sus nudillos se empezaban a ver blancos por la fuerza ejercida en la ropa de aquel joven. Estaba por soltarle cuando escuchó una voz que se entrometía. Ladeó su mirada, encontrándose con aquel cabello anaranjado que provocó que mirase al chaval durante un lapsus de segundos. Y aún iba a tener justiciera y todo, manda huevos. Sus puños soltaron al tipo de manera brusca y movió sus hombros, como si estuviera quitándose tensión del momento. Aunque giró sobre sí mismo y miró, de mala manera, a aquella muchacha que estaba tocándole bastante las narices. Eran compañeros de clase desde hacia poco tiempo. Y la vibración que tenía de ella no le agradaba, no del todo. Sentía como si algo extraño hubiera en ella, además, parecía que lo tenía en la punta de mira porque podía ver de sus reacciones cada vez que Rydell habría su boca para decir alguna cosa. —¿Y a ti quien te ha dado vela en en este entierro?— inquirió, todavía molesto y acercándose ligeramente a ella. —Si vienes a hacer la buena acción del día protegiendo al inocente, te estás equivocando de bando, zanahoria— claudicó. Porque el inocente, no era otro que el propio Rydell. Largó un suspiro y se re colocó la mochila en su hombro izquierdo. —Tu sentido de la justicia apesta defendiendo a panolis como ese— masculló. Necesitaba hacer algo con toda aquella frustración y esa situación en la que se encontraba metido. Necesitaba salir de aquel pozo y regresar a ser quien era porque ni siquiera él mismo empezaba a entenderse o, simplemente, a reconocerse. |
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Re: → Ghostly messages.
SHUT UP, NOOB. UNIVERSIDAD. MAÑANA. CON Rydell Blackburn. | No estaba en absoluto segura de que fueran sus palabras las que habían logrado que su compañero parcial de clases soltase al otro chico, de hecho, casi podía apostar todo el dinero que llevaba encima a que aquellas poco habían tenido que ver más que para aumentar el enfado de Rydell. O, al menos, eso era lo que denotaba la mirada que lanzó hacia Beatrice, una mirada que hizo que por un instante se replantease si había hecho bien interviniendo. Porque una cosa era tenerle tirria a uno de los chicos más aclamados del campus y, otra muy distinta, hacerlo público con él delante. Pero tras su pequeño momento de duda, reafianzó su posición, sin apartar su mirada de los ojos azules del contrario, no iba, no podía, permitir que abusase de la gente sólo porque le venía en gana, mucho menos con violencia de por medio. Zanahoria. Aquel mote despertó una sarcástica sonrisa en los labios de Beatrice, brillantes por el mínimo de gloss que se ponía cada mañana antes de salir de casa. —Muy maduro por tu parte, Rydell.— Afirmó, antes de prestar su atención al resto de palabras que había proferido el chico, ¿bando equivocado? ¿de qué narices hablaba Blackburn? —Exacto, porque claramente todos aquí podemos ver como era él quien te tenía contra las taquillas y te amenazaba. Venga, por favor, al menos no insultes mi vista.— Pidió, poniendo los ojos momentáneamente en blanco. Aún sentía aquellas punzadas en su cabeza, pero se le había sumado un pequeño zumbido, como si de una mosca a su alrededor se tratase. Lo achacó al hecho de que realmente le sacaba de quicio, ¿cómo podía si quiera insinuar que el chico, al que casi seguro había planeado mentalmente como dejarle un buen moratón de recuerdo, no merecía protección alguna? Tal vez se creía que había alguna especie de código para peleas entre chicos, pero Beatrice casi notaba como él de verdad lo decía, que él no merecía que la pelirroja interviniese. Se cruzó de brazos cuando el contrario volvió a hablar y asintió, sin realmente estar dándole la razón. —¿Y según tú qué debería, defender a panolis como tú?— Preguntó, observando como se recolocaba la mochila a la espalda, lo cual indicaba, o eso esperaba ella, que fuese a dejar al muchacho en paz por el momento. —En serio, ¿cuál es tu problema? No puedes ir por ahí haciendo lo que te dé la gana, enfadado con el mundo.— Añadió al final, cómo si pretendiese de verdad entenderle. Como si alguien que ni siquiera había leído los periódicos de aquella zona pudiese haber sabido lo que le había pasado a su familia. |
Última edición por Kaleidoscope el Dom 6 Mar - 18:05, editado 1 vez
the crook & the assassin
Re: → Ghostly messages.
SHUT UP, NOOB. UNIVERSIDAD. MAÑANA. CON BEATRICE CAMPBELL. | Fue el turno de Blackburn de esbozar una sonrisa socarrona, sarcástica por el comentario que escuchó de la madurez porque, sinceramente, le había causado hasta gracia. Sacar al tema la madurez era algo que podía esperar... de alguien como ella, claro. La cerebrito, Aunque tan sólo alcanzó a tenerla puesta durante unos segundos. Se le borró rápidamente ante aquella afimación que no había modo humano de desmentir. Era cierto. A ojos de todo el mundo, el bravucón de Blackburn estaba cometiendo bullying con ese imbécil. Miró, asqueado a la pelirroja y luego miró al chico que estaba recolocando su ropa y lo miraba molesto. Bufó e arrugó su nariz en un gesto por unos segundos. Como le fastidiaba no llevar la razón. —A pesar de lo que parece, todo tiene explicación, ¿vale?— respondió, frunciendo el ceño. Quería gritar, quería golpear cualquier cosa. Prefería que no fueran caras pero si se lo ponían en medio, tan en bandeja, no iba a contenerse. No estaba para contenerse. Dejó escapar el aire por su nariz, al tiempo que contenía un carcajada en su garganta. Le causaba gracia que se atreviera a llamarlo panoli a él. ¡A él! A Rydell Blackburn. Definitivamente, si estuviera de humor, se habría partido de risa allí mismo, a carcajada limpia y habría hecho alguna broma. Fulminó al tipo y le hizo un gesto de que se largara. Ya le había dicho que él no había sido, lo mejor era que se quitara de en medio y no siguiera jugando con la poca paciencia que mantenía en su cuerpo. Pero, aquel último comentario, le crispó por completo. Fue un detonante más, para sentir como la rabia volvía a encenderse. Era como si fuera dinamita y un comentario que pudiera malinterpretarse o que simplemente, lo entendiera mal, fuera la mecha que lo prendiera. —¿Qué pasa? ¿Ahora no tengo derecho de estar enfadado con el puto mundo?— su voz salió completamente enfadada pero también podía notarse la impotencia, la rabia y la tristeza. Sus ojos, enrojecidos por la falta de sueño en esos días y por la impotencia, estaban puestos en ella. Le escocían un poco y maldecía por ello. Maldita fuera todo. —Estoy harto de tanta mierda. ¿Pero qué vas a saber tú?— masculló en un tono más bajo de lo esperado. Respiró profundo y apartó su mirada de ella. —Ya puedes irte a hacer de superhéroe a otro lado, seguro que haces falta por el pasillo de los baños. Hizo una mueca, parecida a una sonrisa burlona e hizo toda la clara intención de largarse de allí. |
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Re: → Ghostly messages.
SHUT UP, NOOB. UNIVERSIDAD. MAÑANA. CON Rydell Blackburn. | La pelirroja alzó una ceja, esperando cualquier intento de contradecirla, de que el chico protegiese su versión de los hechos y así mismo, pero ¿para qué engañarse? Todos los allí presente tenían ojos y veían lo que ella había visto. A Rydell a punto de destrozarle la dentadura a un pobre chavalín, ¿no era aquella la única versión posible de los hechos? Beatrice bajó finalmente su ceja arqueada cuando la sonrisa se borró de la cara del muchacho, lo que imaginaba, pensó, justo antes de que él volviese a hablar. —Estoy deseando que la compartas con el resto de la clase, estoy segura de que tenías un buen motivo, ¿verdad?— Reclamó, mientras el otro chico, aquel que hacía un instante había estado contra las taquillas, terminaba de arreglarse la ropa y se largaba, sin un agradecimiento, sin pensar si quiera en llevarse de allí a la que le había ahorrado un paseo a la enfermería. Pero la muchacha no le prestó atención a ese gesto, no buscaba el agradecimiento de nadie, eso seguro. No, su atención seguía fija en el otro muchacho, en el abusón, en el mal tipo; aquel ser humano que sin proponérselo sacaba de quicio a la pelirroja y, sin duda, si se lo proponía, era incluso peor. No entendía que le hacía gracia, y no tuvo tiempo de hacerlo o si quiera plantear mentalmente aquella duda por qué pronto una nueva réplica salió desde los labios del contrario. Pero ya no sólo era enfado y furia lo que había en ella. Había algo más, algo que hizo que la boca del estómago de Beatrice se cerrase al tiempo que aquel punzante dolor de cabeza que había sentido volviese, aunque algo era distinto. Distinto como el cambio de voz en Rydell. Beatrice pronto se vio atrapada en su mirada, en los pequeños detalles que no había notado antes como las leves ojeras y la rojez alrededor del iris azul, aquella imagen, darse cuenta entonces de que tal vez algo iba mal, hizo que se quedase muda e inmóvil hasta que él rompió el contacto visual. —Yo no... Yo...— la voz y las palabras con las que tan buena era en clases se atregantaron en su boca sin ser capaces de salir. Y otra vez, aquel dolor de cabeza. Frunció el ceño un mero instante y llevó de forma disimulada su mano derecha hasta el lateral de su cabeza, hundiendo los dedos en su pelo allí donde el dolor, el pitido, era incesante. Observó como el chico estaba a punto de irse y ella estaba dispuesta a dejarle marchar, a no decir nada y dejarle en paz una buena temporada. Pero entonces algo se clarificó entre la incesante frecuencia de su cabeza. —¡Hey, Didi, espera! No era mi intención hacerte sentir mal, lo juro. Perdona si he tocado donde no debía.— ¿Qué acababa de decir? Lo siento, sí, ese era el mensaje de sus palabras. Pero ni siquiera había sido consciente del nombre, simplemente había aparecido, había sido susurrado en su cabeza, y ella lo había soltado. |
the crook & the assassin
Re: → Ghostly messages.
SHUT UP, NOOB. UNIVERSIDAD. MAÑANA. CON BEATRICE CAMPBELL. | Blackburn no esperaba nada de nadie porque ya nada podía esperar. De nadie. De la vida. Porque todo estaba del revés. Porque la muy perra se había encargado de joder hasta aquel rincón al que creía que no podría llegar. Y vaya que si lo había hecho. Daba igual si era el mejor de la clase, si tenía el potencial para ser una futura promesa. Aquello, ya carecía de sentido para él. Su mente y su cabeza estaba en otra cosa. Su ánimo, casi literalmente, se había extinto. Y aunque una parte de él, quizá, podría buscar de alguien como la cabezota de cabellos anaranjados para ayudarle, su orgullo, su ego y revolcarse en su propio dolor superaba cualquier otra expectativa. El titubeo de Béatrice lo dejó todo claro. Rydell frunció sus labios, como si fuera exactamente eso lo que hubiera esperado. Porque no podía ser de otra manera, ¿cierto? Ojalá hubiera sido diferente. Pero no había sido el caso. Y por eso el joven prefirió dejarlo estar; quería marcharse de allí, buscar algún lugar tranquilo donde solo pudiera estar él. Donde, si habían heridos, tan sólo fuera él. Creía que todo ya había pasado. Que conforme sus pasos empezaron a dejar atrás a aquella muchacha, las cosas volverían a la normalidad. Incluso, su alrededor, empezó a dispersarse. Aquellos que habían permanecido en la zona, queriendo enterarse de la movida, empezaban a retomar sus quehaceres. Pero, el camino de Rydell se detuvo ante la voz de la fémina. Mejor dicho, ante sus palabras. Didi. —¿Qué has...? En la mente de Rydell, por una fracción de segundo, se presentó la voz de su hermano, antaño, resonando con aquel nombre en la voz de éste. Aquel nombre, que desde pequeño, su hermano decidió bautizarle de forma cariñosa y con el que Rydell siempre gruñía como un león amenazante porque lo odiaba. ¡Era nombre de nena, joder! Pero su hermano se mofaba demasiado y no dudaba en usarlo en su contra. Desde luego, llamar su atención, siempre la llamaba. Pero, ¿cómo alguien como ella, una recién llegada, sabía de aquel nombre que muy pocos, por no decir nadie, conocía? Ladeó su cabeza, lentamente y la miró con el ceño fruncido. —¿Qué has dicho?— formuló, finalmente, por completo y dando media vuelta sobre él mismo. Sus pasos, los cuales empezaron siendo lentos, se fueron intensificando, siendo rápidos y acorralando esta vez a Campbell contra las taquillas. Su rostro se mostraba tenso y, ¿enfadado? No. Más bien, estaba descolocado. Porque no entendía porque ella... sabía de esa información tan personal. —¿Cómo sabes eso? ¿De dónde lo has sacado? Sintió como algo se formaba en su estómago. Pero no estaba seguro de querer saber de que se trataba realmente. |
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Re: → Ghostly messages.
SHUT UP, NOOB. UNIVERSIDAD. MAÑANA. CON Rydell Blackburn. | Realmente aquella vez Beatrice se había lucido, ¿no podría haber dejado aquello todo a un lado, haber pasado de meterse en medio de un problema que no era suyo, que ni siquiera rozaba su existencia? No, por supuesto que no, porque ella era así, siempre dispuesta a salvar el día. Pero aquella vez, tal vez había salvado el día de una persona, pero parecía haber amargado el de otra. Y, aunque esa otra fuese Blackburn, la pelirroja no soportaba saber que era su culpa que el chico se fuese enfadado de allí. Posiblemente, aunque todo aquello hubiese ya terminado, le carcomería por dentro durante un tiempo, ¡hasta volvería a intentar pedirle perdón! Porque la primera vez no había parecido tener efecto alguno, a judgar por los pasos del muchacho, que lo alejaban cada vez más y más de ella. Hasta que de pronto se detuvo. Campbell ya había recolocado el único asa de su mochila que llevaba a la espalda y se disponía a largarse por donde había llegado cuando se dio cuenta de aquel movimiento, o más bien falta del mismo, del chico al pararse. Eso le hio detenerse ella también, y alzar la mirada hacia él, que la miraba con una expresión extraña en los ojos, una que ella fue incapaz de descifrar. —Lo siento.— Repitió, creyendo que el chico se refería a aquello. —He dicho que lo siento, ¿vale? No era mi intención hacerte sentir mal.— Repitió una vez más, mientras lo veía avanzar hacia ella. Y aunque había algo en su interior que le urgía a que se apartase de su camino, plantó los pies en el suelo y no lo hizo. Tonta de ella, cuando realmente vio el peligro ya era demasiado tarde y Rydell la había acorralado contra las taquillas. La mochila que antes se había recolocado, estaba ahora atrapada en medio, y su contenido se clavaba en la espalda de la chica que no había podido evitar cerrar los ojos con fuerza durante unos segundos y ahogar una mueca de dolor por el impacto de verse arrastrada contra las taquillas. —¿¡Pero qué narices te ocurre!?— exclamó, una vez se recuperó y casi al mismo tiempo que el chico comenzó a interrogarla. Pero ella no entendía nada, no entendía a que se refería. —¿De qué estás hablando?— preguntó, aunque aquello le parecía de locos. |
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