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Murderer's requiem
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Murderer's requiem
Murderer's requiem
El Londres de finales del siglo victoriano es un lugar oscuro y peligroso. Los edificios neogóticos y clasicistas se ocultan bajo la espesa capa de humo y carbón que ha rezumado el estallido industrial; los carruajes desfilan entre calles plagadas de ciudadanos de distintas clases sociales y la nueva clase burguesa finge no conocer los terribles crímenes y las precarias condiciones que se manifiestan en los barrios más bajos. Uno de ellos, Whitechapel, alberga en su seno a dos terribles asesinos en serie. Algunos creen que son solo una leyenda para asustar a la población, otros piensan que son una excusa para crear alarma social, pero aquellos que han tenido la desgracia de escuchar el nombre de los desaparecidos o de ver los cadáveres que quedan tirados en la calle saben que son muy reales.
¿Qué ocurrirá cuando Jack the ripper y Sweeney Todd se vean obligados a compartir un mismo escenario?
El Támesis se teñirá de sangre.
El Támesis se teñirá de sangre.
Antaño una mujer llena de ganas de vivir, con un futuro perfecto por delante, ahora llena de tristeza y rencor. La perdida de su marido e hijo le han transformado en una mujer fría y calculadora. La locura le llegó cuando las prostitutas se quedaban embarazadas por su "trabajo" y estas acudían para abortar. Incapaz de comprender porque dios les daba la oportunidad que a ella se lo quitó, decidió tomar la justicia por su mano, usando sus conocimientos médicos. En sociedad suele comportarse con normalidad, una personalidad que nadie atribuiría a "Jack el destripador". Bajo esa capa se encuentra una mentalmente desequilibrada Rosemari que perdió todo sentido de la cordura y decencia, guiada por la sed de sangre no se detendrá hasta que considere su venganza completa. A pesar de eso, sus únicas victimas son mujeres. prostitutas la mayoría, aunque siente envidia de las mujeres felizmente casadas y con hijos, le gusta observarlas para imaginarse como pudo haber sido su vida. | El Barbero diabólico de la calle Fleet, actualmente conocido como Sweeney Todd, fue una vez Benkamin Barker, un hombre sencillo pero increíblemente feliz. Su mujer, un ángel encarnado, lo era todo para él, y su amor incondicional tuvo como fruto el deseado embarazo de ella. Sin embargo, y cuando parecía que toda su vida sería una dicha continua, el juez Turpin hizo acto de aparición para transformarla en tragedia. El juez se prendó de la mujer de Benjamin, así que acusó al barbero de un crimen que no había cometido y provocó que lo encarcelaran lejos de Londres. Esa fue su forma de quitarlo de en medio para seducir y atrapar a la indefensa esposa gestante. Benjamin conseguiría escapar de prisión y regresar a Londres tiempo después, para encontrarse con una realidad muy distinta a la que vivió antaño: su mujer se había suicidado, su querida hija Joahnna estaba bajo la custodia del juez Turpin, y su barbería compartía edificio con la tienda de las terribles empanadas de Mss. Lovett. Tras afrontar el hecho de que jamás podrá recuperar a sus seres queridos y tampoco su plácida vida anterior, Sweeney se tomará la venganza por su mano y usará su navaja para cortar cualquier cuello que se le ponga delante. Dejará un rastro de cadáveres a su paso, pero ello carece de importancia, pues la propia Mss. Lovett los usará de relleno para sus empanadas. |
Londres - S.XIX - Plot - 1x1
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Re: Murderer's requiem
Murderer's requiem
Rosemarie Bellamy — Calle — Noche
[i]Aún recuerdo esos días felices cuando disfrutaba de la vida normal de cualquier mujer, casada con el hombre de mis sueños y esperando un hijo de él. Nada en el mundo era capaz de entristecerme, una sonrisa adornaba mi rostro siempre... hasta es maldito día. Muchos me tomaron por afortunada, sobrevivir a un accidente de coche de semejante magnitud fue un verdadero milagro... ¿Milagro para quién? Ellos me felicitaban, mientras mi alma moría lentamente en silencio ¿Para qué vivir? El accidente se había llevado la vida de mi esposo y el niño que gestaba... ¡¿Por qué demonios querría vivir?! Ellos no estaban, todo en mi interior estaba vacío... mi alma, mi corazón y mi cuerpo ¿En qué me convertí? Sin más remedio regresé a mi vida normal... o eso intenté. Despertaba en la cama completamente sola, buscando con la mirada a mi esposo, busqué su olor en las sabanas pero de él solo me quedaban unas prendas y objetos. Cada noche me quedaba dormida entre lagrimas recordando lo que perdí, maldiciendo a dios entre gritos y sollozos. Ellas vinieron un día buscando librarse de la vida que habían gestado accidentalmente con su pecaminoso trabajo... y me pregunté ¿Por qué ellas? ¿Por qué conservan el don de la vida mientras lloro la perdida de este? No pude más...
La primera vez que maté fue extraño, una mezcla de emociones incapaz de identificar... la sangre recorriendo mi cuerpo, los gritos de estas mujeres grabados en mi memoria, los cuerpos destrozados... ¿En qué me había convertido? Pero para mi sorpresa esa noche no me quedé dormida llorando, totalmente al contrario, dormí como nunca en mucho tiempo. Matar se volvió costumbre, su posición social y conocimientos médicos me hicieron una asesina incapaz de atrapar... todos me buscaban pero nadie me conocía.
Los monstruos se ocultan entre la gente, somos lobos con piel de cordero.[/color]
La policía se había vuelto loca en menos de unos meses; los cadáveres de prostitutas asesinadas se amontonaban en la morgue esperando ser identificadas. Para colmo, se habían denunciado incontables desapariciones de hombres, nadie sabía nada de su paradero y ningún cadáver hacía sido encontrado. Una horda de delitos azotaba la ciudad, y la policía era incapaz de hacer nada al respecto, sin pistas no harían nada.
Rosemarie seguía de cerca las investigaciones sobre su propio crimen, la mejor forma de adelantarse a la policía era siguiendo sus pasos. Las misteriosas desapariciones llamaron su atención poco después, todos ellos habían desaparecido de pronto cuando marcharon a la barbería para arreglarse. Por supuesto, el barbero fue investigado pero ninguna prueba se encontró y supusieron que el asesino los asechaba en ese momento. Sin embargo para la retorcida mente de Jack la cosa marchaba de otra forma... algo olía a chamusquina y ella quería averiguar el que.
Aprovechó el amparo de la noche para abandonar la casa, cubierta con una capa negra ocultando su identidad. Avanzó entre los callejones para llegar a la barbería de la muerte (Como ella llamaba cariñosamente), entrando en el interior del edificio en sumo silencio para no ser descubierta. Subió las escaleras con cuidado para alcanzar la puerta de la barbería, abriendo lentamente esta para ver el interior....
¿Qué se encontraría?
Con Benjamin Barker (Hatshepsut)

Re: Murderer's requiem
Murderer's requiem
Sweeney Todd — Barbería en la calle Fleet — Noche
Johanna...
Aquella era la palabra de siempre. El nombre de siempre, en realidad. Lo único en lo que pensaba tras haber rajado un nuevo cuello, tras haber tomado otra vida, tras haber vuelto a cubrir de sangre las tablas de madera que constituían el suelo de la barbería. ¿Por qué? ¿Por qué Johanna? ¿A caso tenía derecho a pronunciar su nombre, a pensar en ella siguiera? Era símbolo de todo lo que había perdido, de una maravillosa vida que se esfumó como la bruma a la salida del sol. Era lo único puro que me restaba, y solo continuaría siendo puro si me mantenía alejado de ella. Mi dulce chiquilla jamás sabría que su padre seguía vivo y que su tutor, aquél que la mantenía apresada en casa, era la misma persona que había empujado a su madre al suicidio. Lo único que podía hacer por ella era liberarla, eliminar los grilletes que le imponía el condenado juez Turpin. Pero antes de eso tenía que llegar hasta él... y mientras me tocara aguardar por tan esplendoroso encuentro, continuaría realizando mi trabajo, afilando mis cuchillas en la piel ajena y pronunciando el nombre de Johanna como símbolo de expiación.
Había terminado un nuevo día. Y no había sido un día precisamente fácil; Mss. Lovett había requerido mi ayuda para adaptar el nuevo horno, visto que en los próximos días le daríamos mucho más uso que el de costumbre. La máquina de picar carne también había tenido que ser ajustada, pues los engranajes originales no eran capaz de triturar nada más fuerte que un hueso de pollo... y a partir de ahora ya no habría más huesos de esos. De hecho, no habría más huesos de animal. Pero sí mucha más carne.
Por otro lado, la barbería no había sufrido escasez de clientes. La mayoría de ellos habían recibido un servicio tradicional; una capa de espuma suave, un afeitado muy apurado y una piel suave como la seda. Otros, sin embargo, aquellos que solo estaban de paso en la ciudad, que carecían de familiares que pudieran echarlos de menos o que suponían una escoria para la sociedad, hallaban un destino muy distinto. Subían al local, se sentaban en la silla trucada y jamás volvían a cruzar la puerta de salida. Salían de la habitación, sí, pero a través de la trampilla del suelo, convertidos en cadáveres de los que Mss. Lovett daría buena cuenta. En los tiempos que corrían, era mejor no desperdiciar nada.
El último trabajo del día había sido un marinero maloliente. Había cometido el error de hablar demasiado, de contar que estaba solo en la vida y que su barco partía al día siguiente. Aquello había sido su sentencia de muerte; él mismo se proclamó como la víctima perfecta. Fue un instante breve: un giro de muñeca en el momento preciso, un destello de mi navaja de plata y un reguero de sangre que atravesó su arteria carótida, se proyectó en el espacio y tiñó de escarlata todo cuanto me rodeaba. El desdichado intentó gritar, pero el único sonido que atravesó sus labios fue un ahogado gemido. Luego, solo el silencio, la soledad de la noche y la quietud de las sombras. Un día más. Otro más.
Sin contemplar al marinero que se desangraba en la butaca de barbero, me volví hacia la mesa de trabajo y enjuagué mi navaja con agua caliente. Era importante mantenerlas limpias. Ellas eran mis aliadas más cercanas en aquella búsqueda de venganza, mis pequeños tesoros. Mss. Lovett había acertado al ocultarlas durante los últimos años; el hecho de que no las hubiera vendido dada la precaria manutención que obtenía por su viudedad y el escaso sueldo que se ganaba con sus pasteles de carne, era casi un milagro que no las hubiera vendido. Debía ser el destino; estaba escrito que volviera a encontrarme con mis plateadas amigas. Lo cierto es que eran cautivadoras; el grabado de la empuñadura era minucioso, delicado pero señorial. El peso era el idóneo, estaban muy bien equilibradas, y también mortalmente afiladas. Yo mismo me encargaba de sacarles filo cada mañana, del mismo modo en que me encargaba de pulirlas para que exhibieran todo su brillo.
Su brillo...
Quizá fue la belleza de las navajas lo que me mantuvo distraído, o tal vez fuera el sonido del agua al deslizarse sobre la porcelana del lavabo. El caso es que allí, en mi barbería, en la noche, en mi elemento, me sentía tan cómodo que ni siquiera creía necesario mantener la guardia. Fue un terrible error, debo admitirlo. Matar me había vuelto arrogante. Si hubiera estado prestando atención a mi entorno podría haberme dado cuenta del tenue pero audible chirrido que emitieron las escaleras de madera que ascendían hasta la puerta de la barbería. Había alguien subiendo, alguien que no era Mss. Lovett, pero yo no me percaté de ello, no hasta que fue demasiado tarde.
La campanilla que había sobre la puerta emitió un tintineo cuando la figura encapuchada se coló en la barbería. La habitación a penas estaba iluminada por un par de velas casi consumidas; había demasiadas sombras como para identificar la presencia del desconocido. Sin embargo, tampoco quise averiguarlo, ni siquiera sentí curiosidad. Lo único que sabía era que se trataba de un intruso, un extraño que había invadido mi territorio, mi santuario de muerte y venganza, sin ser invitado. Y había visto demasiado: el cadáver del marinero aún yacía inerte sobre el sillón, y su sangre aún encharcaba el suelo bajo mis zapatos. Era una amenaza, y solo había un modo de solucionar el peligro que suponía.
Me moví cuán rápido pude: alargué el brazo hacia el lavabo, recuperé la navaja limpia y rodeé la empuñadura con los dedos. Mi brazo, ahora completo, estaba listo para matar de nuevo.
Con Rosemarie Bellamy Lady_deadpool
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Re: Murderer's requiem
Murderer's requiem
Rosemarie Bellamy — BARBERÍA EN LA CALLE FLEET — Noche
La situación no podía ser más propicia para la mujer, amparada en la oscuridad que inundaba en la barbería, entró en la habitación, con bisturí en mano, preparada para defenderse de cualquier atacante. Nada más entrar pudo ver el cuerpo de un desgraciado hombre tirado en el suelo de la habitación, y no muy lejos otra figura, muy probablemente la del asesino. Trató de avanzar en silencio hacia el individuo, pero el hombre ya le había escuchado y empuñaba el arma ejecutoras... las cuchillas.-El arma no será necesaria, caballero.- Dijo sin miedo alguno, saliendo a la luz para ser visible. Alzó ambos brazos para quitarse la capucha que le cubría, dejando al descubierto su rostro. Miró con curiosidad al hombre; desde luego a pesar de su edad tenía un aspecto demacrado, un vacío en sus ojos... que le recordaban a los de ella. Ese hombre desprendía una extraña sensación de soledad, la vida no le había tratado demasiado bien, sin duda.Con pasos cautelosos se acercó al cuerpo de la víctima, arrodillarse junto a el para examinarlo con detenimiento, siempre con un ojo en el barbero. Con los guantes puestos tomó la cabeza del cadáver para dejar la herida fatal al descubierto, haciendo un ruido extraño. El corte había sido rápido y perfecto, un arma perfectamente afilada que seguía el contorno del cuello, la mano que la portaba era firme y segura.-Le ha seccionado la arteria carótida, este hombre tardó en morir dos minutos a lo sumo... observando como la sangre escapaba de su cuerpo sin remedio... brillante.- Musitó para si misma con una sonrisa torcida.-¿Se imagina la agonía que debió sufrir? Esos segundos entre estar bien y que corten la garganta...- Acarició el rostro del individuo con suavidad, disfrutando de la cara de horror que se le quedó grabada en el momento de su muerte.-No debe preocuparse por su secreto... lo mantendré oculto.- Dijo levantandose del suelo y dedicando una sonrisa al barbero.-Soy admiradora de su trabajo... ¿Señor...?- Quería conocer el nombre de tal ejecutor, el hombre que portaba las navajas plateadas.
Con Benjamin Barker (Hatshepsut)

Re: Murderer's requiem
Murderer's requiem
Sweeney Todd — Barbería en la calle Fleet — Noche
El barbero abrió los ojos en un deje de sorpresa cuando el desconocido se descubrió como una mujer al dejar caer la capucha que la había estado ocultando hasta el momento. La duda lo hizo flaquear durante un instante; había matado a docenas de hombres, pero nunca a ninguna mujer. Hasta el momento no se había visto obligado a pensar en ello, ya que solo acudían varones a su barbería, pero por primera vez debía enfrentar aquella verdad: ¿sería capaz de terminar con la vida de una fémina? Le resultaba extraño escuchar la voz de una dirigiéndose a él, por lo menos la de una que no fuera la señora Lovett. Todos merecemos morir, le había dicho una vez después de que decidiera asesinar a todo aquél que se pusiera a su alcance antes de llegar hasta el cuello del malnacido de Turman. ¿Pero realmente lo merecían todos? ¿Lo merecía aquella mujer que había decidido subir en plena noche hasta la barbería de la calle Fleet?
Pese a los pensamientos que vapuleaban su mente, Sweeney Todd no permitió que sus manos titubearan. Nunca lo habían hecho, y no lo harían ahora; si de algo podía presumir era de su precisión con las navajas, y le bastaba un solo gesto para asesinar a quien tenía delante, fuera hombre o mujer. No obstante, decidió permanecer en alerta, cuchillas en mano, y concederse unos segundos para estudiar cautelosamente a la intrusa. Si hubiera gritado al descubrir el cuerpo desangrado en el suelo se habría visto obligado a saltar sobre ella y rajarle las cuerdas vocales, pero su silencio -un silencio que despertó la curiosidad del barbero-, la salvó de aquél destino.
El que antaño fuera Benjamin Barker no articuló una palabra en los minutos siguientes. Contempló, con una mezcla de sorpresa y desconfianza, a la mujer mientras esta se arrodillaba junto al cuerpo y lo examinaba con algo sospechosamente parecido al deleite. La escena se volvía más y más curiosa conforme transcurrían los segundos. Sin embargo, aquello no era motivo para que el barbero bajara la guardia, así que se movió muy despacio por la habitación, apuntando a la misteriosa visitante con uno de los filos de su navaja, y se aproximó a la puerta por la que había entrado. Apartó la cortinilla que cubría el cristal de la madera y escrutó el exterior, asegurándose de que había venido sola y que no era ningún tipo de truco. Solo cuando comprobó que más allá de esa estancia se extendía la calle oscura, vacía y solitaria, volvió a dirigir la mirada hacia la habitación. Usó la mano libre para echar el pestillo -tanto por si la mujer intentaba escapar si las cosas se ponían difíciles como para impedir que entrara alguien más-, y apretó los labios. Desde que había vuelto a Londres se había visto obligado a asumir muchas situaciones desconcertantes, pero aquella era una de las más sorprendentes. ¿Qué clase de mujer tocaba un cadáver ensangrentado y hablaba de la muerte si mostrar reparo alguno...?
Las últimas palabras que le dedicó la enigmática desconocida fueron las más sorprendentes. El barbero encaró una ceja, sin molestarse en ocultar su sorpresa, y contempló largamente a su inesperada acompañante nocturna. Los guantes se le habían manchado de sangre, pero no parecía importarle. Había hablado de “su trabajo”. ¿Cuánto sabía? ¿Era conocedora del resto de asesinatos que habían sido llevado a cabo entre aquellas cuatro paredes? Y, si ese fuera el caso, ¿no la convertía eso en una amenaza para su plan, en un objetivo que eliminar?
–Todd –respondió al fin, su voz áspera y grave a causa de la euforia asesina que aún galopaba por sus venas–. Sweeney Todd –completó, y luego relajó su tensa postura. Decidió que lo mejor que podía hacer para conocer las intenciones ajenas era disimular, mentir y ver qué reacción causaba eso en su inquisidora–. Mucho me tempo que este pobre maleante intentó robarme cuando terminé de afeitarlo. Se puso violento y fui obligado a emplear mis instrumentos de trabajo como arma defensiva. Ha sido... –planteó, y apretó los labios de nuevo buscando las palabras adecuadas–: un desafortunado incidente.
Con Rosemarie Bellamy Lady_deadpool
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Re: Murderer's requiem
Murderer's requiem
Rosemarie Bellamy — BARBERÍA EN LA CALLE FLEET — Noche
Una retorcida sonrisa se dibujó en la blanquecina piel de la fémina, aquella defensa le había hecho gracia... ¿En serio pretendía excusarse así? A un policía cualquiera le serviría, tomarían el cuerpo y se marcharían sin más dejando al señor Todd como un héroe. Un hombre que enfrentó a su agresor saliendo victorioso pero asustado por haber tenido que acabar con una vida. Rosemarie evidentemente no le creía, en absoluto, lo podía ver en el rostro del barbero. Con pasos cautelosos se atrevió a acercarse al hombre demacrado, conservando esa sonrisa en sus labios, incapaz de borrarla.-Un placer conocerle, señor Todd- Continuó con educación, actuando de forma serena.-¡Oh señor Todd! Si quiere que la gente se trague esa mentira... deberá hacerlo mejor.- Comenzó a explicar con suma tranquilidad.-Por experiencia propia soy consciente de lo que sucede después de cometer un asesinato.- A medida que hablaba confesaba su propia experiencia en el asesinatos, y al mismo tiempo admitía haberlos cometido.-La primera vez que matas la adrenalina hace efectos... estas sobre excitado pero el pánico te domina ¿Qué has hecho? Aún puedes sentir tu mano golpeando su vientre, clavando el cuchillo con una fuerza sobrehumana de la que eras no consciente.- La voz de Rose cambiaba según narraba la experiencia, tornandose siniestra, disfrutando del recuerdo.-Señor Todd... usted ya saboreó ese momento, usted goza de la experiencia del asesinato, usted mi buen señor... es un asesino.- A medida que hablaba, empezaba a rondar por la habitación, parando finalmente en el sillón aún manchado de sangre, clavando las uñas en el mientras le dedicaba al contrario una sonrisa desquiciada.-Pero no se preocupe mi señor Todd, no, no, no se preocupe... se muy bien como se siente... si, si, lo se.- Empezó a murmurar notando como poco a poco perdía parte de la cordura.-No debe avergonzarse de lo que es señor Todd... le comprendo y se que la gente como nosotros tiene un buen motivo para ser los brazos ejecutores de la muerte...- Con más seguridad en si misma se acercó de nuevo al barbero, acariciando la mejilla de este con atrevimiento.-Sus manos... sus navajas... son obras de arte, eso... es una obra de arte.- Señaló el cuerpo inerte.-Señor Todd... no niegue su naturaleza... ¡Muestrela!
Con Benjamin Barker (Hatshepsut)

Re: Murderer's requiem
Murderer's requiem
Sweeney Todd — Barbería en la calle Fleet — Noche
Sweeney Todd estaba estupefacto. La mujer que había asaltado su barbería aquella noche no solo era extraña y misteriosa, sino también muy inteligente y nada impresionable. Al inglés le quedó muy claro que no creyó en su mentira, aún cuando esta habría engañado a cualquier otra persona. Era como si pudiera leer a través de él, a través de sus palabras y sus gestos, y aquello le resultaba inquietante y curioso al mismo tiempo. Las palabras de la desconocida también lo desconcertaron. Hablaban de muerte, sangre y crímenes, pero respondían a una pasión evidente y a un conocimiento que solo podría engendrarse en la experiencia. ¿A caso aquella delicada y pálida mujer era tan asesina como él? Le resultaba difícil de creer, aún cuando todas las pruebas lo indicaban sin dar lugar a ningún tipo de duda.
La sangre del barbero bombeaba adrenalina por todo su sistema, tal era la emoción que le suponía el saberse descubierto. Durante las últimas semanas se había imaginado qué ocurriría en el momento en el que sus crímenes salieran a la luz, y ninguna de sus hipótesis se asemejaba a lo que estaba teniendo lugar aquella noche; sobre todo porque la mujer no parecía tener intención de delatarlo ante la ley o hacerle sentir culpable, sino más bien todo lo contrario. Decía comprenderle, algo que Todd dudó, pues estaba seguro de que nadie podría comprender el dolor que había experimentado, el sufrimiento que lo había empujado a aquél estilo de vida. A penas le quedaba cordura para empuñar las navajas de afeitar y sesgar cuellos con ellas.
La caricia que recibió en su mejilla fue tan inesperada que el cuerpo de Todd reaccionó como un resorte. La última exclamación de la mujer, que lo instaba a mostrar su verdadera y monstruosa naturaleza, solo aceleró su pasión y su fuerza homicida. Así pues, el barbero usó la mano que tenía libre -aquella que no empuñaba la navaja- para tomar el cuello de aquella bella y sádica desconocida. La empujó contra la pared en un rápido gesto y sin demasiada resistencia y aproximó su rostro al ajeno, entornando los ojos en una afilada e inquisidora mirada. Ya había hablado bastante, ya había demostrado que sabía lo suficiente. Ahora era su turno.
–¿Quiere ver mi naturaleza, señorita? –susurró, su voz convertida en un venenoso y ronco siseo–. Mi naturaleza haría empalidecer a los hombres más valientes, provocaría el llanto en los niños y arrojaría a docenas de mujeres a la histeria –le aseguró, e imaginó el escándalo y el horror que se expandiría por todo Londres si alguien llegara a descubrir la cantidad de personas a las que había matado durante las últimas semanas. Eso por no mencionar que luego había troceado sus cuerpos y se los había dado de comer a los ciudadanos de la urbe. No solo era un asesino, sino que los había transformado a todos en psicópatas–. Es usted muy inteligente, ¿verdad?. Y tiene usted razón: gozo de la experiencia del asesinato. Sé lo que es sentir la sangre, fresca y tibia, salpicando el rostro; sé lo que es sentir la última sacudida de la víctima bajo mi mirada; sé lo que es escuchar la última exhalación cuando el alma abandona el mutilado cadáver... pero mi experiencia no lo abarca todo. Nunca he matado a una mujer, ¿sabe usted? No sé lo que se siente... –amenazó y alzó su navaja, que brilló bajo la escasa luz que había en la estancia. Colocó el filo justo bajo la barbilla de la mujer e inhaló suavemente, recogiendo el aroma de su femenino perfume–. Tiene usted una piel preciosa, si me permite decirlo. Tan blanca, tan fina... podría cortarla con suma facilidad y hacer que se tiñera de rojo. Podría hacerla florecer con su propia sangre, mi querida dama –los labios del barbero se torcieron en una desquiciada sonrisa ante la idea. Hasta el momento nunca había tenido la oportunidad de liberar de aquél modo sus deseos, de pronunciar en voz alta los criminales pensamientos que le rondaban por la mente. Y se sentía condenadamente bien–. Usted sería mi mejor obra de arte, así que deme un motivo por el que deba dejarla vivir.
Con Rosemarie Bellamy Lady_deadpool
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Re: Murderer's requiem
Murderer's requiem
Rosemarie Bellamy — BARBERÍA EN LA CALLE FLEET — Noche
Los ojos de la desquiciada mujer se dilataron al sentir la fría mano del barbero sobre el cuello, retrocedió obligada por la fuerza que hacía el hombre contra ella. La pared hizo un brusco ruido cuando la espalda de la mujer chocó contra ella, al mismo tiempo Bellamy notó un leve dolor allí donde se había golpeado, sin embargo eso no le impidió observar maravillada el perturbador rostro de su atacante, satisfecha con lo que veía. En la mirada de Bellamy no se veía miedo, ni duda, estaba demasiado fascinada con cada palabra del misterioso hombre. El movimiento de los labios al hablar le pareció hipnótico, esas palabras hubieran helado la sangre a cualquiera… pero a ella no. Cuando finalmente el hombre terminó de liberar el ser que realmente era, y le pidió una razón para dejarla vivir… no pudo más que empezar a reír. Carcajadas ahogadas escapaban de su boca, le costaba respirar con la mano del barbero sobre su cuello, en sus ojos no se veía rastro de miedo. Levantó una de las manos para ponerla sobre la del barbero, acariciando suavemente esta sin borrar esa desequilibrada sonrisa.-¿Un motivo señor Todd? Le diré uno muy simple.- Escupió las palabras mientras se sacudía en el sitio.-Porque soy como usted, señor Todd, he sido la mano ejecutora de innumerables asesinatos.- Confesó llena de orgullo, sin miedo, porque ese hombre era como ella.-¿No lo ve señor Todd? ¡Somos exactamente iguales! Nos ocultamos tras falsas máscaras de cordura y cordialidad, engañamos a la gente de nuestro alrededor, buscan incansablemente a los asesinos pero nunca los encontrarán, porque se ocultan a sus ojos.- Hizo fuerza para aflojar el agarre, queriendo acortar la distancia entre los dos para susurrarle en el oído.-Yo… soy Jack el detsripador.- Confesó, rompiendo a reír nuevamente.
Toda su imagen de dama inglesa se borró en ese instante, su rostro había adoptado un semblante desquiciado, el cabello desarreglado y las ropas arrugadas. Se sentía tan bien confesar quién era, sin miedo de ser juzgada como un monstruo, porque ese hombre era como ella.
Se alejó del inglés sin apartar la mirada de él, se acercó de nuevo al cadáver para arrodillarse como antes, pero esta vez puso la mano desnuda sobre el cuello de la víctima, manchandola completamente de aquel líquido escarlata. A paso apurado, regresó al lado del hombre que había cautivado su atención. Entre risas, dibujó con la sangre en la mejilla de Todd una cruz invertida, y al terminar hizo lo mismo con la suya.-Apuesto mi garganta a que dios también te ha abandonado también, que cada día es una tortura injusto y te haces la misma pregunta.- ¿Qué pasaba cuando dos psicópatas acaban encerrados juntos? En este caso, ambos desatan sus instintos, cómodos porque no se juzgarán.-Apuesto podría convertirme en una bella obra de arte, mi piel es muy fácil de cortar… ¡Y créame señor mío, que estaré orgullosa de morir en sus magníficas manos si decide matarme.- Se quedó allí parada, frente al hombre, sin miedo ninguno esperando la respuesta, indefensa ante cualquier ataque que le propinara.
Con Benjamin Barker (Hatshepsut)

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