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♫ Real feelings don't just go away
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♫ Real feelings don't just go away
Real feelings don't just go away
Plot — 1x1 — Realista— +18
Pandora y Connor se conocieron en la universidad. Ella era una chica normal, estudiante de psicología; él era un niño rico que estaba a punto de terminar empresariales, una carrera que no había elegido para un futuro, hecho para él, pero que no deseaba. Pese a que las circunstancias no eran las mejores, poco a poco, casi sin darse cuenta, surgió el amor. Ese amor que solo aparece en las películas, ese que no irrumpe, sino que, poco a poco, se apodera de ti y ya no puedes escapar. Dos personas con un vínculo tan fuerte que no hay palabras para describirlo. Todo era perfecto en su imperfección, con sus problemas, discusiones, risas y con la realidad que ambos tenían que afrontar. Y sin embargo, nada lo era. Cuando Connor finalmente decidió compartir con Pandora su preferencia por el BDSM, esta no tardó en huir de su vida. Excusas como: «somos demasiado jóvenes» y «ya no siento lo mismo», llenaron sus palabras, pero ambos sabían la verdad: Pandora lo dejó por miedo a lo desconocido.
Muchos años después, las vidas de ambos han continuado. Connor ha continuado en la empresa de su padre, donde este se siente cada día un poco más orgulloso de su hijo, mientras él se consume en un trabajo y una vida que no desea, solo encontrando satisfacción en aquello en lo que puede ser él mismo, dejar aflorar su creatividad, sentir, de alguna forma, el arte: el sexo. Por otro lado, en la otra cara de la moneda, Pandora también ha continuado con su vida. Una consulta, un grupo de amigos y un desfile de parejas que nunca lograron cuajar, son su carta de presentación. Su vida, de una forma distinta a la de Connor, está vacía. Quizás por eso, por primera vez, deja que su curiosidad venza sus prejuicios y miedos y tome, por fin, el control.
Un selecto hotel. Un fin de semana dedicado por completo al BDSM, donde doctos e inexpertos se reúnen para disfrutar de aquello que desean, sin temer ser juzgados por una sociedad, no siempre demasiado liberal. Un fin de semana de descanso, de liberación. Un fin de semana de satisfacción de su curiosidad. Y la sorpresa de ambos cuando se encuentran en la recepción, después de tantos años. Tan irónico. Tan sorprendente. Tan... conveniente.
Connor accederá a mostrarle su mundo a Pandora, solo bajo la condición de que sea con él y nadie más, porque pese al tiempo que ha pasado, sigue sabiendo que es el único que conoce cada parte de ella, sus límites, sus deseos, sus miedos. Y Pandora, simplemente, no podrá rechazar esa oferta, porque nunca ha confiado en nadie de forma tan ciega, como lo hizo con Connor: su amigo, su compañero y su amante.
Pandora Simmons 30 años — Psicóloga — Bryce Dallas Howard — Storm Queen |
Connor Keynes 32 años — Empresario — David Gandy — Dornish Sun |
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Hotel — 21:00 — Con Pandora
Una convención, eso era lo que parecería al resto del mundo, e incluso a su padre, si preguntaba. Un fin de semana en el que podría dejar de ser el señor Keynes, el hijo del jefe, y ser él, Connor, si bien nadie se fuera a referir a él con ese nombre. La invitación había sido guardada con celo, y la discreción que buscaba mantener le repugnaba. Aquello no era un vicio escondido que debiera guardarse, era extraño cómo podía sentirse liberado cuando buscaba esconderse del ojo moral de la sociedad, pero lo hacía por prejuicios, para salvarse a él mismo de miradas poco amables y de susurros que dañasen a quienes estaban a su alrededor.
No era la primera vez que asistía a un evento similar, desde luego, pero nada más entró en el enorme salón que había sido dispuesto para la recepción del acontecimiento, se dio cuenta de cuánto tiempo había pasado desde la última vez. Y él, al contrario que muchos de los asistentes, jamás había encontrado, ni en un evento así ni fuera del mismo, a alguien con quien la relación se fuese a extender más allá de unas horas. Al fin y al cabo, la mayoría estaban allí para dar rienda suelta a algo que llevaban días, semanas, o incluso meses, reprimiendo. Y su caso no distaba mucho.
Tomó la pequeña cinta de algodón rojo que iba a servir en aquella ocasión para marcar a los amos, un antifaz discreto con el que cubrirse al menos parte de la cara. Dudaba mucho que fuera a contribuir a crear misterio, más allá de lo evidente: Connor no esperaba encontrarse a ningún conocido en ese hotel. En la sala algunos ya habían empezado con sus particulares juegos, pero él quería un vaso de whiskey antes de buscar nada más. Tras acercarse a la barra que habían dispuesto, y una vez con la orden entre sus dedos, se permitió girar sobre sus talones para echar un vistazo a lo que le rodeaba. Un baile, parecería, a quien no se fijase demasiado, con los asistentes más dispares que pudiera imaginar: algunos, como él, aún buscaban entre el gentío, entre las caras descubiertas, algún sumiso que llamase su atención; sin embargo, otros parecían haber empezado pronto la velada, y ya hacían alarde de complementos de cuero sin preámbulos. Rodó los ojos, disimulado su gesto bajo el antifaz, y continuó su búsqueda.
Y entonces sus labios se curvaron en una sonrisa. ¿Podía ser posible? Cruzó la distancia de quien iba a ser su objetivo, esperando que sus ojos no le hubiesen engañado. No tardó en personarse frente a la mujer pelirroja, lanzando después una rápida mirada a otro hombre con antifaz que se estaba acercando. Por fortuna, había llegado antes, y sabía algo de la mujer con lo que difícilmente nadie podría competir. Por un momento pensó que, simplemente, la vista le estaría jugando una pasada, o que simplemente había tenido suerte y había descubierto, por casualidad, a alguien con un extraordinario parecido. Sin duda, parecía imposible que ella, finalmente, se hubiera desecho de aquellos prejuicios.
–Buenas noches, señorita.– murmuró, a modo de saludo. Si bien no tardaría en revelar su propia identidad, quería primero tantear el terreno. ¿Sería su primera vez en un local así? ¿Qué habría picado su curiosidad, finalmente?–Me temo que parece usted algo perdida.
HellcatNo era la primera vez que asistía a un evento similar, desde luego, pero nada más entró en el enorme salón que había sido dispuesto para la recepción del acontecimiento, se dio cuenta de cuánto tiempo había pasado desde la última vez. Y él, al contrario que muchos de los asistentes, jamás había encontrado, ni en un evento así ni fuera del mismo, a alguien con quien la relación se fuese a extender más allá de unas horas. Al fin y al cabo, la mayoría estaban allí para dar rienda suelta a algo que llevaban días, semanas, o incluso meses, reprimiendo. Y su caso no distaba mucho.
Tomó la pequeña cinta de algodón rojo que iba a servir en aquella ocasión para marcar a los amos, un antifaz discreto con el que cubrirse al menos parte de la cara. Dudaba mucho que fuera a contribuir a crear misterio, más allá de lo evidente: Connor no esperaba encontrarse a ningún conocido en ese hotel. En la sala algunos ya habían empezado con sus particulares juegos, pero él quería un vaso de whiskey antes de buscar nada más. Tras acercarse a la barra que habían dispuesto, y una vez con la orden entre sus dedos, se permitió girar sobre sus talones para echar un vistazo a lo que le rodeaba. Un baile, parecería, a quien no se fijase demasiado, con los asistentes más dispares que pudiera imaginar: algunos, como él, aún buscaban entre el gentío, entre las caras descubiertas, algún sumiso que llamase su atención; sin embargo, otros parecían haber empezado pronto la velada, y ya hacían alarde de complementos de cuero sin preámbulos. Rodó los ojos, disimulado su gesto bajo el antifaz, y continuó su búsqueda.
Y entonces sus labios se curvaron en una sonrisa. ¿Podía ser posible? Cruzó la distancia de quien iba a ser su objetivo, esperando que sus ojos no le hubiesen engañado. No tardó en personarse frente a la mujer pelirroja, lanzando después una rápida mirada a otro hombre con antifaz que se estaba acercando. Por fortuna, había llegado antes, y sabía algo de la mujer con lo que difícilmente nadie podría competir. Por un momento pensó que, simplemente, la vista le estaría jugando una pasada, o que simplemente había tenido suerte y había descubierto, por casualidad, a alguien con un extraordinario parecido. Sin duda, parecía imposible que ella, finalmente, se hubiera desecho de aquellos prejuicios.
–Buenas noches, señorita.– murmuró, a modo de saludo. Si bien no tardaría en revelar su propia identidad, quería primero tantear el terreno. ¿Sería su primera vez en un local así? ¿Qué habría picado su curiosidad, finalmente?–Me temo que parece usted algo perdida.

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Hotel — 21:00 — Con Connor
No sabía en qué momento se le había ocurrido tomar aquella decisión. Mucho menos sabía cómo se le ocurría seguir adelante con ella. Sobre su cama, había una pequeña maleta, vacía. La había llenado y vaciado tres veces, sin saber qué ropa debería elegir para aquel fin de semana. Definitivamente, se había vuelto loca. Tuvo la certeza en el momento en el cual, le dijo a Talos que ese domingo no iría a comer a casa del padre de ambos, porque tenía una charla sobre psicología. Ya había tomado la decisión, antes de ser consciente de ello.
La segunda decisión la tomó al cruzar las puertas de la sala que hacía las veces de recepción. En la entrada, el aparcacoches había tomado las llaves de su vehículo y, no había dado dos pasos, cuando un botones se hizo con su pequeña maleta y se ofreció a llevarla a su habitación. De normal, Pandora no estaba acostumbrada a ese tipo de lujos, pero añadido al nerviosismo que ya la recorría, solo consiguió incomodarla. Se había encontrado sola en la entrada del hotel y, al comprender que no tenía ninguna excusa más para retrasar lo inevitable, sus pasos se encaminaron hacia la recepción de aquel... ¿evento?
Sobre una mesa, había dispuestas varias cintas rojas, que hacían las veces de antifaz. Un caballero fue el encargado de explicarle que estaban destinados a los amos y amas, inmediatamente después, hizo un gesto, ofertando así la opción a la mujer. Sin duda, aquella decisión, al igual que la primera que había tomado, ya había sido elegida, antes incluso de que pudiese razonarlo. Negó levemente con la cabeza. El hombre no perdió su sonrisa. Y Pandora se encontró caminando por una sala que bien podría ser perfectamente normal, pero que no lo era.
A su alrededor, un espectáculo que bien podría haberla asustado antaño, pero que ahora solo le producía vergüenza. Y no por aquellos que la rodeaban, por ella misma, que con sus vaqueros pitillo, su blusa blanca y sus tacones, había pensado que estaría fuera de lugar. Sin embargo, no lo estaba. Había gente con distintas vestimentas, pero muchas eran tan habituales, como las que encontrarías cualquier lunes por la mañana en el metro. Se reprendió a sí misma por dejarse llevar por aquellos estereotipos. ¿En qué estaba pensando? Todos eran personas normales. Como ella misma. Una mujer que tras una larga lista de fracasos, tanto amorosos como sexuales, se había dado cuenta que, a lo mejor, necesitaba algo más.
Respiró hondo y lanzó una rápida mirada, que barrió la sala. Había todo tipo de actitudes, si bien, algunos enmascarados se mostraban más atrevidos y abiertamente dispuestos, otros se limitaban a observar, casi como si se tratase de una evaluación. Por otro lado, aquellos que carecían de mascaras, mostraban actitudes que iban desde la rectitud, al descaro, pasando por la timidez. Al final, solo eran muchas personas, muy diferentes. No debía tomar como referente Cincuenta sombras de Grey, sino todo lo que había curioseado al respecto.
Pensaba encaminarse a la barra, aunque no sabía si con ello, rompería algún tipo de protocolo, cuando una presencia en su espalda, logró que se tensase. Una mezcla de miedo, expectación y sorpresa, recorrió su espalda en un rápido escalofrío. Se mordió el labio y respiró hondo, antes de girarse para encarar a aquel desconocido. Su voz parecía un arma de seducción, si bien, había en ella un tinte familiar que no conseguía identificar, no pudo centrarse en ello, cuando fue atrapada por unos increíbles ojos azules. De nuevo, cuando recuperó la respiración, pensó que ya conocía aquella sensación. Pero su acompañante esperaba una respuesta y si bien, no era demasiado docta en todo aquello, por no decir nada en absoluto, sí que conocía las pautas de la educación.
—Buenas noches.—Intentó que su voz temblase lo menos posible y echó los hombros hacia atrás, en una postura que pretendía ser segura.—Me temo que... así es, caballero.—El solo pensar en llamarle amo, señor o algo similar a un completo desconocido, se le antojaba extraño. Tendría que hacerlo, para eso había ido allí, pero necesitaba al menos cinco minutos para mentalizarse, ¿no?—Yo... Bueno, es mi primera vez en... en este tipo de reuniones.
Mejor poner las cartas sobre la mesa cuanto antes. Mientras reflexionaba acerca de aquello, sus ojos recorrieron la parte expuesta del rostro de su acompañante. No es que los antifaces fuesen algo excesivamente elaborado y no podía abandonar la sensación de que ya lo había visto antes.
Un escalofrío de terror recorrió su espalda ante la perspectiva de poder estar hablando con uno de sus pacientes.
—¿Y usted?—Se apresuró a añadir. Por supuesto, si había algún tipo de código de conducta o alguna norma acerca de cómo hablar a los amos, Pandora la bloqueó por completo de su mente y decidió actuar con la misma naturalidad con la que se actúa un bar. Quizás así, no se notase que iba a colapsar de un ataque de nervios.
HellcatLa segunda decisión la tomó al cruzar las puertas de la sala que hacía las veces de recepción. En la entrada, el aparcacoches había tomado las llaves de su vehículo y, no había dado dos pasos, cuando un botones se hizo con su pequeña maleta y se ofreció a llevarla a su habitación. De normal, Pandora no estaba acostumbrada a ese tipo de lujos, pero añadido al nerviosismo que ya la recorría, solo consiguió incomodarla. Se había encontrado sola en la entrada del hotel y, al comprender que no tenía ninguna excusa más para retrasar lo inevitable, sus pasos se encaminaron hacia la recepción de aquel... ¿evento?
Sobre una mesa, había dispuestas varias cintas rojas, que hacían las veces de antifaz. Un caballero fue el encargado de explicarle que estaban destinados a los amos y amas, inmediatamente después, hizo un gesto, ofertando así la opción a la mujer. Sin duda, aquella decisión, al igual que la primera que había tomado, ya había sido elegida, antes incluso de que pudiese razonarlo. Negó levemente con la cabeza. El hombre no perdió su sonrisa. Y Pandora se encontró caminando por una sala que bien podría ser perfectamente normal, pero que no lo era.
A su alrededor, un espectáculo que bien podría haberla asustado antaño, pero que ahora solo le producía vergüenza. Y no por aquellos que la rodeaban, por ella misma, que con sus vaqueros pitillo, su blusa blanca y sus tacones, había pensado que estaría fuera de lugar. Sin embargo, no lo estaba. Había gente con distintas vestimentas, pero muchas eran tan habituales, como las que encontrarías cualquier lunes por la mañana en el metro. Se reprendió a sí misma por dejarse llevar por aquellos estereotipos. ¿En qué estaba pensando? Todos eran personas normales. Como ella misma. Una mujer que tras una larga lista de fracasos, tanto amorosos como sexuales, se había dado cuenta que, a lo mejor, necesitaba algo más.
Respiró hondo y lanzó una rápida mirada, que barrió la sala. Había todo tipo de actitudes, si bien, algunos enmascarados se mostraban más atrevidos y abiertamente dispuestos, otros se limitaban a observar, casi como si se tratase de una evaluación. Por otro lado, aquellos que carecían de mascaras, mostraban actitudes que iban desde la rectitud, al descaro, pasando por la timidez. Al final, solo eran muchas personas, muy diferentes. No debía tomar como referente Cincuenta sombras de Grey, sino todo lo que había curioseado al respecto.
Pensaba encaminarse a la barra, aunque no sabía si con ello, rompería algún tipo de protocolo, cuando una presencia en su espalda, logró que se tensase. Una mezcla de miedo, expectación y sorpresa, recorrió su espalda en un rápido escalofrío. Se mordió el labio y respiró hondo, antes de girarse para encarar a aquel desconocido. Su voz parecía un arma de seducción, si bien, había en ella un tinte familiar que no conseguía identificar, no pudo centrarse en ello, cuando fue atrapada por unos increíbles ojos azules. De nuevo, cuando recuperó la respiración, pensó que ya conocía aquella sensación. Pero su acompañante esperaba una respuesta y si bien, no era demasiado docta en todo aquello, por no decir nada en absoluto, sí que conocía las pautas de la educación.
—Buenas noches.—Intentó que su voz temblase lo menos posible y echó los hombros hacia atrás, en una postura que pretendía ser segura.—Me temo que... así es, caballero.—El solo pensar en llamarle amo, señor o algo similar a un completo desconocido, se le antojaba extraño. Tendría que hacerlo, para eso había ido allí, pero necesitaba al menos cinco minutos para mentalizarse, ¿no?—Yo... Bueno, es mi primera vez en... en este tipo de reuniones.
Mejor poner las cartas sobre la mesa cuanto antes. Mientras reflexionaba acerca de aquello, sus ojos recorrieron la parte expuesta del rostro de su acompañante. No es que los antifaces fuesen algo excesivamente elaborado y no podía abandonar la sensación de que ya lo había visto antes.
Un escalofrío de terror recorrió su espalda ante la perspectiva de poder estar hablando con uno de sus pacientes.
—¿Y usted?—Se apresuró a añadir. Por supuesto, si había algún tipo de código de conducta o alguna norma acerca de cómo hablar a los amos, Pandora la bloqueó por completo de su mente y decidió actuar con la misma naturalidad con la que se actúa un bar. Quizás así, no se notase que iba a colapsar de un ataque de nervios.
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Re: ♫ Real feelings don't just go away
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Hotel — 21:00 — Con Pandora
Observó la postura de la mujer. La conocía bien, pese a que los años hubieran podido ayudar a que olvidase algunos recuerdos, o que los detalles quedasen borrosos. Sin embargo, había cosas que era imposible olvidar, como su tensión cuando se encontraba nerviosa. Y, sin embargo, los nervios que mostraba en aquel momento eran muy diferentes de los que podía haber manifestado en época de exámenes hacía años. Parecía sentirse rodeada, tensa, a punto de huir o de saltar. Y, si bien podía encontrar el hecho de que se hubiera presentado allí incluso tierno, parte de él no podía evitar una ligera molestia. Sin embargo parecía que la casualidad había querido que se encontrasen, de nuevo, y nada menos que en aquel contexto.
Sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa. Que fuera su primera vez explicaba algunas cosas, y respondía otras muchas. Y, aunque tenía curiosidad por saber lo que finalmente la habría impulsado a dar el paso, decidió dejar aquella pregunta para más adelante.
Sabía que no podía, ni debía, dejarla allí. Tampoco lo hubiera deseado de otra forma. Ignoraba por completo cómo sería el amo que casi había llegado a aquel encuentro antes que él, pero aquel encuentro no había sido casual. Sólo una segunda oportunidad. Dedicó una rápida mirada al hombre, pero enseguida su atención volvió a los ojos azules de Pandora. Si era su primera vez, procuraría hacerle ver que debía ser una de muchas. La mujer se encontraba erguida, con un sentimiento de estar rodeada, y estaba seguro de que, pese a haber entrado por aquella puerta, aún serían muchos sus prejuicios y dudas. Y sólo él iba a poder responderlas con la calma merecida, sólo él iba a poder convencerla de entregarse por completo y confiar, de aliviar ese peso sobre sus hombros.
–No es mi primera vez, señorita. De hecho, podría decirse que llevo bastantes años.– dio un último trago a su whiskey.–Aunque sé lo intimidantes que pueden ser estos eventos. Si quiere la puedo invitar a una copa y responder las dudas que tenga. No se preocupe, los contratos, el cuero y los látigos los dejamos para más tarde.– un rápido guiño y un giro, encaminándose hacia la barra de la que había venido. Sí, Pandora necesitaba relajarse. Ni siquiera había sido capaz de reconocerle, y aunque aquello añadía cierto interés al encuentro, sabía que la impaciencia no le llevaría a ningún sitio.
HellcatSus labios se curvaron en una pequeña sonrisa. Que fuera su primera vez explicaba algunas cosas, y respondía otras muchas. Y, aunque tenía curiosidad por saber lo que finalmente la habría impulsado a dar el paso, decidió dejar aquella pregunta para más adelante.
Sabía que no podía, ni debía, dejarla allí. Tampoco lo hubiera deseado de otra forma. Ignoraba por completo cómo sería el amo que casi había llegado a aquel encuentro antes que él, pero aquel encuentro no había sido casual. Sólo una segunda oportunidad. Dedicó una rápida mirada al hombre, pero enseguida su atención volvió a los ojos azules de Pandora. Si era su primera vez, procuraría hacerle ver que debía ser una de muchas. La mujer se encontraba erguida, con un sentimiento de estar rodeada, y estaba seguro de que, pese a haber entrado por aquella puerta, aún serían muchos sus prejuicios y dudas. Y sólo él iba a poder responderlas con la calma merecida, sólo él iba a poder convencerla de entregarse por completo y confiar, de aliviar ese peso sobre sus hombros.
–No es mi primera vez, señorita. De hecho, podría decirse que llevo bastantes años.– dio un último trago a su whiskey.–Aunque sé lo intimidantes que pueden ser estos eventos. Si quiere la puedo invitar a una copa y responder las dudas que tenga. No se preocupe, los contratos, el cuero y los látigos los dejamos para más tarde.– un rápido guiño y un giro, encaminándose hacia la barra de la que había venido. Sí, Pandora necesitaba relajarse. Ni siquiera había sido capaz de reconocerle, y aunque aquello añadía cierto interés al encuentro, sabía que la impaciencia no le llevaría a ningún sitio.

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Hotel — 21:00 — Con Connor
Todo en aquel hombre era un suave susurro a la familiaridad. Como una vieja canción, que no sabes que recuerdas, hasta que los primeros acordes llegan a tus oídos y tus labios, casi sin darte cuenta, están murmurando las primeras frases, que no sabes ni cómo puedes recordar, o por qué las recuerdas, pero lo haces. Cada verso, cada cambio de tiempo. El estribillo es una exclamación que nunca has olvidado. De la misma forma, cada movimiento, cada palabra de aquel hombre. Una presencia, que por ella misma, parecía ser dominante. Un porte estoico y, en cierta manera, casi arrogante. Había en él una autoridad innata, intrínseca a su ser. Como si hubiese nacido para ordenar, más que como si hubiese aprendido a ello. Y todas esas sensaciones, esa forma de hablar, de moverse. Ese encanto natural y ese humor, inteligente y con un toque casi... ¿cínico? Era algo que Pandora ya conocía. O al menos, algo que ya había conocido. De la misma forma que, con aquella referencia simple y humorística, parecía haber leído en ella todos sus temores y prejuicios, como si fuese un libro que ya había consultado antes y cuyas páginas conocía de memoria.
Y aunque la mujer pelirroja quiso replicar, porque quiso. Una parte de ella, su orgullo, sin ninguna duda, quiso dar una réplica, si bien no tan mordaz, al menos que estuviese a la altura de las circunstancias, se encontró siguiéndole hasta la barra. Si bien, no del todo satisfecha con cómo se estaban desarrollando los acontecimientos, sin verse capaz de negarse.
Caminaba con la misma seguridad con la que había hablado. Era más alto que ella, incluso en aquellos tacones de aguja de nueve centímetros, que habitualmente, lograban trasmitirle cierta seguridad. Sus anchos hombros, su pelo negro, la forma en la que la ropa se pegaba a su cuerpo, casi hecha a medida. Quizás lo era. Y de nuevo, aquella imagen, agitó algo en sus recuerdos.
Ella conocía aquella espalda. Pero de nuevo, la respuesta se escapaba entre sus dedos, como aquel que intenta atrapar el aire. ¿Dónde? ¿Cómo? Un nombre acudió a su memoria, unos ojos azules, una sonrisa a caballo entre la burla y la ternura. Apartó aquello de su mente, como si el solo recuerdo quemase. No, no podía ser él, no después de tanto tiempo.
—Una copa de vino blanco, por favor.—Pidió, con una sonrisa educada. Habría preferido una cerveza, sin embargo, el sabor de esta, demasiado familiar, le recordaría lo lejos que estaba de su casa y de todo lo que le resultaba sencillo y natural.—¿Nos conocemos?—Preguntó, finalmente, incapaz de contener la curiosidad que la atormentaba, retenida por más tiempo.
Se volvió a tiempo de coger la copa de vino y llevársela a los labios. El sabor dulce y afrutado, inundó su paladas. Por unos instantes, retuvo el líquido en su boca, antes de dejar que se deslizase, lentamente, por su garganta, dejando el suave quemazón, propio del alcohol, incluso siendo tan leve.
Entonces, sus ojos volvieron a enfrentar a los de aquel hombre. Una parte de ella, ardía en expectación, ante su sola presencia, algo que no era habitual. Sus anteriores relaciones eran un claro ejemplo de ello. La parte más sensata, intentaba recordarle, que aquello no era el terreno seguro que estaba acostumbrada a pisar.
HellcatY aunque la mujer pelirroja quiso replicar, porque quiso. Una parte de ella, su orgullo, sin ninguna duda, quiso dar una réplica, si bien no tan mordaz, al menos que estuviese a la altura de las circunstancias, se encontró siguiéndole hasta la barra. Si bien, no del todo satisfecha con cómo se estaban desarrollando los acontecimientos, sin verse capaz de negarse.
Caminaba con la misma seguridad con la que había hablado. Era más alto que ella, incluso en aquellos tacones de aguja de nueve centímetros, que habitualmente, lograban trasmitirle cierta seguridad. Sus anchos hombros, su pelo negro, la forma en la que la ropa se pegaba a su cuerpo, casi hecha a medida. Quizás lo era. Y de nuevo, aquella imagen, agitó algo en sus recuerdos.
Ella conocía aquella espalda. Pero de nuevo, la respuesta se escapaba entre sus dedos, como aquel que intenta atrapar el aire. ¿Dónde? ¿Cómo? Un nombre acudió a su memoria, unos ojos azules, una sonrisa a caballo entre la burla y la ternura. Apartó aquello de su mente, como si el solo recuerdo quemase. No, no podía ser él, no después de tanto tiempo.
—Una copa de vino blanco, por favor.—Pidió, con una sonrisa educada. Habría preferido una cerveza, sin embargo, el sabor de esta, demasiado familiar, le recordaría lo lejos que estaba de su casa y de todo lo que le resultaba sencillo y natural.—¿Nos conocemos?—Preguntó, finalmente, incapaz de contener la curiosidad que la atormentaba, retenida por más tiempo.
Se volvió a tiempo de coger la copa de vino y llevársela a los labios. El sabor dulce y afrutado, inundó su paladas. Por unos instantes, retuvo el líquido en su boca, antes de dejar que se deslizase, lentamente, por su garganta, dejando el suave quemazón, propio del alcohol, incluso siendo tan leve.
Entonces, sus ojos volvieron a enfrentar a los de aquel hombre. Una parte de ella, ardía en expectación, ante su sola presencia, algo que no era habitual. Sus anteriores relaciones eran un claro ejemplo de ello. La parte más sensata, intentaba recordarle, que aquello no era el terreno seguro que estaba acostumbrada a pisar.
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Hotel — 21:00 — Con Pandora
Cuando se apoyó en la barra, alzó la mano en un gesto leve para llamar la atención del camarero. Por fortuna, estaba bien atendida, y no tardó en aparecer alguien para tomar su orden. Un whiskey con hielo, al que pronto se sumó la copa de vino que había pedido Pandora. No se giró a afrontarla hasta que hubo escuchado su voz, si bien estaba seguro de que había venido tras él, y no le hubiera hecho falta comprobarlo. La otra opción, hubiera sido que hubiera huido, tan asustada como parecía en aquel entorno. Aún no había accedido a la relación que iban a iniciar, y Connor, que ya lo había intentado hacía años, sabía que no sería un paso fácil para ella.
La pregunta llegó, por fin. Connor se lamió por un instante el labio inferior, antes de mordérselo. Ante él, se abrían varias opciones. Por supuesto podía negarlo y mentirla, aunque no parecía algo muy satisfactorio. Por otro lado, podía ignorar la pregunta y dejar que fuera ella quién lo averiguase, dándole tiempo. Sin embargo, aquel antifaz empezaba a cansarle, y ya no tenía, en absoluto, necesidad de mostrar su rol ante nadie más en esa sala. –Podría responder, o podrías descubrirlo. Quítame el antifaz.– su tono era pausado, casi susurrando cada palabra por separado. Se inclinó, leve, muy ligeramente, hacia adelante, clavando la mirada en Pandora.
Debía sentir que algo se le estaba escapando, añadido aquello a la extrañeza general de la situación, al menos para ella. Connor estaba dispuesto a prolongar aquella confusión, pero no quería añadir a ella. Había esperado muchos años, o más bien, durante los años en que se conocieron, había esperado que aquella situación pudiera darse, pero en el momento en que lo había revelado, se había encontrado con rechazo. Nadie le señaló, ni le llamó pervertido, pero sabía que era aquello lo que importaba, aunque no se dijera en voz alta. Ahora, las tornas habían cambiado, pero ella había dado el paso, y él se encontraba al otro lado dispuesto a no preguntar por qué ahora y no antes.
HellcatLa pregunta llegó, por fin. Connor se lamió por un instante el labio inferior, antes de mordérselo. Ante él, se abrían varias opciones. Por supuesto podía negarlo y mentirla, aunque no parecía algo muy satisfactorio. Por otro lado, podía ignorar la pregunta y dejar que fuera ella quién lo averiguase, dándole tiempo. Sin embargo, aquel antifaz empezaba a cansarle, y ya no tenía, en absoluto, necesidad de mostrar su rol ante nadie más en esa sala. –Podría responder, o podrías descubrirlo. Quítame el antifaz.– su tono era pausado, casi susurrando cada palabra por separado. Se inclinó, leve, muy ligeramente, hacia adelante, clavando la mirada en Pandora.
Debía sentir que algo se le estaba escapando, añadido aquello a la extrañeza general de la situación, al menos para ella. Connor estaba dispuesto a prolongar aquella confusión, pero no quería añadir a ella. Había esperado muchos años, o más bien, durante los años en que se conocieron, había esperado que aquella situación pudiera darse, pero en el momento en que lo había revelado, se había encontrado con rechazo. Nadie le señaló, ni le llamó pervertido, pero sabía que era aquello lo que importaba, aunque no se dijera en voz alta. Ahora, las tornas habían cambiado, pero ella había dado el paso, y él se encontraba al otro lado dispuesto a no preguntar por qué ahora y no antes.

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Re: ♫ Real feelings don't just go away
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Hotel — 21:00 — Con Connor
El mundo se detuvo, mientras Pandora contenía el aliento. Allí, frente a él, con su copa de vino en la mano, se sentía terriblemente expuesta: vulnerable. Estaba jugando a un juego desconocido para ella, con unas normas que no terminaba de aprender. Se había aferrado a su bebida, encontrando en ella el valor para preguntar por su identidad. Y sin embargo, no había esperado una respuesta similar.
Aún en sus tacones, él era varios centímetros más alto que ella, así que, el hecho de que se inclinase, parecía la opción más lógica. Los dedos de la pelirroja hormigueaban, todavía inmóviles durante los largos segundos que duró su indecisión. Luego, se recordó a ella misma quién era. Con lentitud, alzó las manos y, con la torpeza que acompaña a la expectación y el nerviosismo, retiró, de igual manera, el antifaz. Un rostro familiar no tardó en aparecer ante ella y el aire que había estado conteniendo, escapó en un pequeño jadeo, que arrastraba con él un nombre.—Connor.
Y sin embargo, solo era la confirmación de algo que su subconsciente llevaba susurrándole desde que aquel hombre se había acercado a ella. Era muy difícil olvidar y, no obstante, ella se había esforzado en hacerlo. Pero aquel rostro, tocado levemente por los años que habían transcurrido, despertó en ella recuerdos y emociones que pensó haber dejado ancladas, mucho tiempo atrás.
Se humedeció los labios, aunque sentía la boca repentinamente seca. Él seguía siendo el hombre más atractivo con el que había estado y, probablemente, con el que estaría jamás. Algunas cosas permanecían incorruptibles al paso del tiempo. Y sin embargo, mientras intentaba pensar cómo comenzar una conversación de reencuentro, sin que fuese absolutamente bizarra, fue dolorsamente consciente de que él, en todo momento, había conocido su identidad. No es que hubiese leído sus prejuicios o sus miedos, es que los conocía. Él había visto su reacción, su rechazo a todo aquello.
—Vaya, ha debido ser bastante divertido para ti, ¿no es cierto?—Cualquier intento de una conversación amable y casual quedó relegado a un segundo plano. Sus mejillas ardían por la rabia y la vergüenza. No podía evitar pensar que se había burlado de ella o que había tenido intención de ello. Como si esto no fuese lo suficientemente difícil.
Aquello era un error. La curiosidad había matado al gato y a ella le había llevado ante aquel que se podía alzar como su juez y ejecutor. Y sin embargo, esta latía con más fuerza que entonces y su habitual orgullo se rebelaba ante la idea de marcharse, como si fuese un conejito asustado.
HellcatAún en sus tacones, él era varios centímetros más alto que ella, así que, el hecho de que se inclinase, parecía la opción más lógica. Los dedos de la pelirroja hormigueaban, todavía inmóviles durante los largos segundos que duró su indecisión. Luego, se recordó a ella misma quién era. Con lentitud, alzó las manos y, con la torpeza que acompaña a la expectación y el nerviosismo, retiró, de igual manera, el antifaz. Un rostro familiar no tardó en aparecer ante ella y el aire que había estado conteniendo, escapó en un pequeño jadeo, que arrastraba con él un nombre.—Connor.
Y sin embargo, solo era la confirmación de algo que su subconsciente llevaba susurrándole desde que aquel hombre se había acercado a ella. Era muy difícil olvidar y, no obstante, ella se había esforzado en hacerlo. Pero aquel rostro, tocado levemente por los años que habían transcurrido, despertó en ella recuerdos y emociones que pensó haber dejado ancladas, mucho tiempo atrás.
Se humedeció los labios, aunque sentía la boca repentinamente seca. Él seguía siendo el hombre más atractivo con el que había estado y, probablemente, con el que estaría jamás. Algunas cosas permanecían incorruptibles al paso del tiempo. Y sin embargo, mientras intentaba pensar cómo comenzar una conversación de reencuentro, sin que fuese absolutamente bizarra, fue dolorsamente consciente de que él, en todo momento, había conocido su identidad. No es que hubiese leído sus prejuicios o sus miedos, es que los conocía. Él había visto su reacción, su rechazo a todo aquello.
—Vaya, ha debido ser bastante divertido para ti, ¿no es cierto?—Cualquier intento de una conversación amable y casual quedó relegado a un segundo plano. Sus mejillas ardían por la rabia y la vergüenza. No podía evitar pensar que se había burlado de ella o que había tenido intención de ello. Como si esto no fuese lo suficientemente difícil.
Aquello era un error. La curiosidad había matado al gato y a ella le había llevado ante aquel que se podía alzar como su juez y ejecutor. Y sin embargo, esta latía con más fuerza que entonces y su habitual orgullo se rebelaba ante la idea de marcharse, como si fuese un conejito asustado.
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without darkness
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Re: ♫ Real feelings don't just go away
Well, well, look at what the cat brought in...
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Hotel — 21:00 — Con Pandora
No hubiera podido negar que la expresión de Pandora al unir por fin las piezas del acertijo tenía algo de encantador. No negaría tampoco, que la había echado en falta, pues la última vez que la había logrado sorprender de tal manera, el contexto no había jugado en su favor. Y ahora parecía que se había cumplido un ciclo completo. En cierta parte agradecía, que aquella fuera la primera asistencia de Pandora. Se le notaba en el rostro, en las pupilas dilatadas y, si bien estaba algo oscuro, en el rubor que juraría se acababa de formar en sus mejillas.
–Curioso, sin duda, como asumo que todo esto estará siendo para ti.– con un gesto suave de su mano, tomó el dorso de ella. No esperaba que fuera a huir corriendo, pero estaba seguro de que las dudas, las mismas que hacía años, la estarían asaltando. Por supuesto, el misterio había conseguido avivar en cierta medida esas dudas, y verle frente a ella tal vez traía un recuerdo que Connor no quería invocar demasiado: el de sus prejuicios.–No te preocupes, no preguntaré qué te ha hecho venir aquí, ni te obligaré a darme respuestas que, de momento, no necesito.
Y de la misma manera que había tomado su mano la primera vez, la dejó ir, con un gesto suave. No pretendía asustarla, y en aquel momento Pandora parecía casi una cierva acorralada, más que una mujer preparada para lo que cualquier otra persona habría de ofrecerle en aquella sala. Y, por supuesto, habían sido muchos años en los que la había conocido. Uno no olvidaba, simplemente, a una mujer como ella. –Pero sí diré que me alegra esta pequeña decisión que has tomado.– y apoyando un codo en la barra, aprovechó para terminar su vaso de un sorbo.
Hellcat–Curioso, sin duda, como asumo que todo esto estará siendo para ti.– con un gesto suave de su mano, tomó el dorso de ella. No esperaba que fuera a huir corriendo, pero estaba seguro de que las dudas, las mismas que hacía años, la estarían asaltando. Por supuesto, el misterio había conseguido avivar en cierta medida esas dudas, y verle frente a ella tal vez traía un recuerdo que Connor no quería invocar demasiado: el de sus prejuicios.–No te preocupes, no preguntaré qué te ha hecho venir aquí, ni te obligaré a darme respuestas que, de momento, no necesito.
Y de la misma manera que había tomado su mano la primera vez, la dejó ir, con un gesto suave. No pretendía asustarla, y en aquel momento Pandora parecía casi una cierva acorralada, más que una mujer preparada para lo que cualquier otra persona habría de ofrecerle en aquella sala. Y, por supuesto, habían sido muchos años en los que la había conocido. Uno no olvidaba, simplemente, a una mujer como ella. –Pero sí diré que me alegra esta pequeña decisión que has tomado.– y apoyando un codo en la barra, aprovechó para terminar su vaso de un sorbo.

- Spoiler:


Re: ♫ Real feelings don't just go away
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Hotel — 21:00 — Con Connor
Poco a poco sus hombros se relajaron, su postura, antes tensa y estirada, volvió a su fluidez característica. Su respiración volvió, aunque su corazón había decidido mantener un ritmo acelerado, que no ayudaba a borrar el rubor de su rostro. No había pregunta y tampoco ninguna recriminación. No había ningún reproche, al menos, no por el momento. Aunque ella sabía que él tenía todo el derecho a preguntar, a saber. Una vez más, sin embargo, se recordó a sí misma, lo que tiempo atrás había sido su eslogan: no había sido por sus preferencias sexuales, había sido porque el amor se había acabado. La letra de aquella canción, no obstante, sonaba incluso más falsa ahora.
Su toque había despertado un nuevo tipo de tensión en ella, muy distinta de la anterior. Nada parecía haber cambiado: ella seguía reaccionando a Connor, como no lo había hecho nunca con nadie. No era solo una cuestión física, aunque la punzada de deseo que la recorría solo con verle flexionar el brazo para llevarse la copa a los labios, no era algo que pudiese ignorar; pero, sobre todo, era la seguridad que él siempre demostraba y trasmitía. Pandora estaba acostumbrada a parecer segura y confiada, siempre. Ella siempre tenía las riendas de su vida y su carrera. Sin embargo, pocas veces se había sentido más segura que en aquellos tiempos, cuando Connor, antes de un examen, le aseguraba que todo iba a ir bien. Un gesto, una palabra, una sonrisa. Siempre le había creído, de una forma casi subconsciente. Como si aquello fuese algo natural.
Sacudió la cabeza, tratando de despejar aquellos pensamientos y llevándose la copa de vino a los labios, sabiendo, que con la garganta seca, no podría hablar.
—Gracias.—Murmuró a él y al cuello de su blusa, porque no alzó demasiado la voz. Aunque ambos sabían por qué iba aquel agradecimiento.—No ha sido fácil.—Concedió, fijando su mirada en el contenido de la copa, antes de volverla a posar en él.—Pero aquí estoy, poco dispuesta a acobardarme. Ni siquiera por ti.
No sabía para quién eran aquellas palabras. Si pretendía convencer a su acompañante, o quizás, a ella misma. Que había tenido intención de flaquear y salir corriendo. Pero ella ya no era una niña. Ella había reflexionado mucho acerca de aquello, era lo que deseaba. No era como si Connor fuese capaz de romper cada uno de sus esquemas, ¿no?
—Admito, no obstante, que me siento un poco... Abrumada y, sobre todo, perdida, con todo esto.
HellcatSu toque había despertado un nuevo tipo de tensión en ella, muy distinta de la anterior. Nada parecía haber cambiado: ella seguía reaccionando a Connor, como no lo había hecho nunca con nadie. No era solo una cuestión física, aunque la punzada de deseo que la recorría solo con verle flexionar el brazo para llevarse la copa a los labios, no era algo que pudiese ignorar; pero, sobre todo, era la seguridad que él siempre demostraba y trasmitía. Pandora estaba acostumbrada a parecer segura y confiada, siempre. Ella siempre tenía las riendas de su vida y su carrera. Sin embargo, pocas veces se había sentido más segura que en aquellos tiempos, cuando Connor, antes de un examen, le aseguraba que todo iba a ir bien. Un gesto, una palabra, una sonrisa. Siempre le había creído, de una forma casi subconsciente. Como si aquello fuese algo natural.
Sacudió la cabeza, tratando de despejar aquellos pensamientos y llevándose la copa de vino a los labios, sabiendo, que con la garganta seca, no podría hablar.
—Gracias.—Murmuró a él y al cuello de su blusa, porque no alzó demasiado la voz. Aunque ambos sabían por qué iba aquel agradecimiento.—No ha sido fácil.—Concedió, fijando su mirada en el contenido de la copa, antes de volverla a posar en él.—Pero aquí estoy, poco dispuesta a acobardarme. Ni siquiera por ti.
No sabía para quién eran aquellas palabras. Si pretendía convencer a su acompañante, o quizás, a ella misma. Que había tenido intención de flaquear y salir corriendo. Pero ella ya no era una niña. Ella había reflexionado mucho acerca de aquello, era lo que deseaba. No era como si Connor fuese capaz de romper cada uno de sus esquemas, ¿no?
—Admito, no obstante, que me siento un poco... Abrumada y, sobre todo, perdida, con todo esto.
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