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Penny and dime
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Penny and dime

One batch, two batch, penny and dime.
Crackship - Daredevil - 1x1 - Bird & Thirteen
Han pasado ya unos meses desde que Frank Castle desató todo un infierno en Hell's Kitchen. Él solo se encargó de acabar con varias bandas que habían estado involucradas en el asesinato de su familia, despertando todo tipo de sentimientos entre la población. Algunos lo llamaban monstruo, otros lo llamaban héroe. Pero eso no le importó, incluso aceptó el nombre con el que la prensa le bautizó: The Punisher. Esta venganza personal le acabó llevando a la cárcel después de haber sido torturado por los irlandeses.
Nadie quiso representar a Frank Castle, en todo Nueva York nadie quiso defender al hombre que había acabado con tantísimas vidas en tan poco tiempo. Nadie excepto Nelson & Murdock. Ellos junto con Karen Page, que ya se había visto envuelta en algún que otro tiroteo por culpa de Frank, fueron los que decidieron ayudarle. Mientras que sus abogados le salvaban el cuello e intentaban recortar su condena, Karen le ayudó a recordar y le dio fuerzas para seguir adelante y destapar lo ocurrido con su familia. Sin embargo, pese a que en muchos momentos pareció que Frank estaba entrando en razón, se encargó de torcer las cosas una y otra vez. Tras declararse culpable en el juicio a voz de grito, finalmente fue mandado a prisión.
No duró mucho entre rejas, Wilson Fisk pronto le sacó de allí utilizando sus contactos. Más asesinatos se fueron sucediendo por la ciudad, la propia Karen Page estuvo a punto de ser asesinada en nombre de The Punisher, aunque él no tuvo nada que ver en todo aquello. Salvó la vida de Karen y encontró en ella algo que no había encontrado en nadie desde que empezaron a llamarle The Punisher: confianza. Claro que su venganza personal, por el momento, siempre ha parecido pesar más, así que tras haberla puesto a salvo Frank desapareció. La última vez que se le vio fue luciendo una calavera en el pecho, un arma entre las manos y ayudando desde una azotea a Daredevil. Muchos lo dan por muerto debido al periodo de calma que ha habido en los últimos meses, otros tantos afirman que sigue ahí, entre ellos. La única verdad es que, tanto si le gusta como si no, Frank jamás ha sido capaz de dejar Nueva York. No del todo.
Nadie quiso representar a Frank Castle, en todo Nueva York nadie quiso defender al hombre que había acabado con tantísimas vidas en tan poco tiempo. Nadie excepto Nelson & Murdock. Ellos junto con Karen Page, que ya se había visto envuelta en algún que otro tiroteo por culpa de Frank, fueron los que decidieron ayudarle. Mientras que sus abogados le salvaban el cuello e intentaban recortar su condena, Karen le ayudó a recordar y le dio fuerzas para seguir adelante y destapar lo ocurrido con su familia. Sin embargo, pese a que en muchos momentos pareció que Frank estaba entrando en razón, se encargó de torcer las cosas una y otra vez. Tras declararse culpable en el juicio a voz de grito, finalmente fue mandado a prisión.
No duró mucho entre rejas, Wilson Fisk pronto le sacó de allí utilizando sus contactos. Más asesinatos se fueron sucediendo por la ciudad, la propia Karen Page estuvo a punto de ser asesinada en nombre de The Punisher, aunque él no tuvo nada que ver en todo aquello. Salvó la vida de Karen y encontró en ella algo que no había encontrado en nadie desde que empezaron a llamarle The Punisher: confianza. Claro que su venganza personal, por el momento, siempre ha parecido pesar más, así que tras haberla puesto a salvo Frank desapareció. La última vez que se le vio fue luciendo una calavera en el pecho, un arma entre las manos y ayudando desde una azotea a Daredevil. Muchos lo dan por muerto debido al periodo de calma que ha habido en los últimos meses, otros tantos afirman que sigue ahí, entre ellos. La única verdad es que, tanto si le gusta como si no, Frank jamás ha sido capaz de dejar Nueva York. No del todo.
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the scars on your heart are still mine

Re: Penny and dime
I. Did you find another cure?
Cuando su jefe se lo ofreció, rechazó la oferta sin necesidad de pensarlo. Tras meses de calma, sin terminar metida en una lluvia de balas o ser secuestrada, Karen Page supuso que una vida lejos de los vigilantes de Hell's Kitchen era lo mejor. Ellison insistió, apelando a su etapa de fan y a su hambre por la verdad. ¿Es que no era eso suficiente? No aquella vez. Lo que logró que apretara los labios y aceptara escribir el bendito artículo fue la posibilidad de que alguien más lo tomara en sus propias manos.
Ella ya sabía que Frank Castle estaba vivo, quién sabe dónde, y era uno de los tantos secretos que no estaba dispuesta a revelar. No iba a permitir que uno de sus colegas desenterrara esa verdad, por lo que iba a escribir un puñado de mentiras.
Pasó el día dando vueltas, evitando sentarse frente al ordenador para redactar algo que hiciera creer a los neoyorquinos que Frank estaba, en efecto, muerto. Llamó a Foggy, hablaron sobre su nuevo trabajo y el silencio que había allí donde Matt solía estar. Y perdió el tiempo limpiando su piso, que no había vuelto a ser lo que un día fue después de recibir balas en sus paredes.
Tenía un par de días antes de la fecha de entrega, el —exceso y la falta de— tiempo la mataba de a poco. Quizás fue aburrimiento, quizás fue curiosidad o el hambre de verdad que la caracterizaba; pero cuando tomó su bolso, supo que no se dirigía a Josie's para jugarse el perder su hígado con tal de no escribir.
Se sentía una estúpida por transitar un camino que, lo admitía, se sabía de memoria. Por supuesto, él no estaría allí. Ni siquiera tenía muy en claro por qué buscaba pistas del paradero del Punisher, si de todas formas iba a declararlo muerto: algo se retorció en su estómago, no obstante, cuando vio el cobertizo a lo lejos. Era toda la esperanza que había depositado en creer que él era más que el monstruo que los demás veían, que había esperanza.
El lugar se veía igual a esa noche, la puerta del copiloto de su coche le daba problemas cada día como recordatorio de algo que quería olvidar, y Karen se sintió tonta por haber ido hasta ahí.
Ella ya sabía que Frank Castle estaba vivo, quién sabe dónde, y era uno de los tantos secretos que no estaba dispuesta a revelar. No iba a permitir que uno de sus colegas desenterrara esa verdad, por lo que iba a escribir un puñado de mentiras.
Pasó el día dando vueltas, evitando sentarse frente al ordenador para redactar algo que hiciera creer a los neoyorquinos que Frank estaba, en efecto, muerto. Llamó a Foggy, hablaron sobre su nuevo trabajo y el silencio que había allí donde Matt solía estar. Y perdió el tiempo limpiando su piso, que no había vuelto a ser lo que un día fue después de recibir balas en sus paredes.
Tenía un par de días antes de la fecha de entrega, el —exceso y la falta de— tiempo la mataba de a poco. Quizás fue aburrimiento, quizás fue curiosidad o el hambre de verdad que la caracterizaba; pero cuando tomó su bolso, supo que no se dirigía a Josie's para jugarse el perder su hígado con tal de no escribir.
Se sentía una estúpida por transitar un camino que, lo admitía, se sabía de memoria. Por supuesto, él no estaría allí. Ni siquiera tenía muy en claro por qué buscaba pistas del paradero del Punisher, si de todas formas iba a declararlo muerto: algo se retorció en su estómago, no obstante, cuando vio el cobertizo a lo lejos. Era toda la esperanza que había depositado en creer que él era más que el monstruo que los demás veían, que había esperanza.
El lugar se veía igual a esa noche, la puerta del copiloto de su coche le daba problemas cada día como recordatorio de algo que quería olvidar, y Karen se sintió tonta por haber ido hasta ahí.
Y entonces, oyó un ladrido.
Ese cobertizo del bosque | 21:33 hs
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Re: Penny and dime
I. Did you find another cure?
Seguramente Fido se trata del mejor perro guardián del mundo, pero no resulta muy útil cuando uno desea pasar desapercibido. Si está ahí es porque no quiere llamar la atención, no desea que nadie se asome a ver qué es lo que hay en esa vieja cabaña. Lo ha acomodado todo para poder vivir en ella de una forma más o menos decente, aunque su prioridad sigue siendo el arsenal que tiene oculto al fondo de ella.
Normalmente las noches nunca las pasa en la cabaña, a estas alturas su horario está tan desajustado que por el día duerme y por la noche trabaja. Sí, sigue en activo, por así decirlo, pero no mete tanto ruido como antes. Eso es algo que no se puede permitir ahora que las cosas se han tranquilizado. Además, no viene mal bajar el ritmo de vez en cuando. Tomarse un descanso para, si eso, volver con más fuerzas en un futuro.
— ¡Fido! —susurra con reproche mientras da una palmada en su muslo para que se acerque. Pero él no parece dispuesto a ceder, le interesa mucho lo que ha olido cerca de la cabaña—. Maldito chucho.
Al final del día Frank acaba gruñendo más que Fido, ese perro que salvó de las peleas ilegales de los irlandeses. Es demasiado bueno y demasiado desobediente como para hacer caso. A veces se pregunta por qué decidió quedárselo. A veces recuerda que aún tiene corazón. Deja escapar un bufido y saca su derringer para pegarla a la puerta. Sea quien sea, si está ahí para matar a Frank, no tendrá tiempo ni de desenfundar su arma. O esa es la idea. Ya recibió un balazo hace pocas horas, lo último que necesita es otro más que curarse.
La puerta se entreabre y el hocico de Fido asoma por el resquicio, igual que la mitad del rostro de Frank. Tener la pistola pegada a la puerta deja de tener sentido desde el momento en el que la ve.
— Ma'am —murmura, claramente sorprendido. Las pocas visitas que ha recibido desde que se instaló en ese lugar han resultado ser poco agradables—. ¿Qué... qué haces aquí?
Por mucho que Fido se empeñe en rascar la puerta para que su dueño la entreabra más, no hay manera de que él le haga ese favor. Su pistola ya no está contra la puerta, ha vuelto a su cinturón, pero algo le impide terminar de abrir esa puerta. Y no sabe el qué. Por eso le regala un pequeñísimo plano de su nariz mil veces rota y las diferentes sombras de sus moratones adornando su rostro. Solo eso.
Normalmente las noches nunca las pasa en la cabaña, a estas alturas su horario está tan desajustado que por el día duerme y por la noche trabaja. Sí, sigue en activo, por así decirlo, pero no mete tanto ruido como antes. Eso es algo que no se puede permitir ahora que las cosas se han tranquilizado. Además, no viene mal bajar el ritmo de vez en cuando. Tomarse un descanso para, si eso, volver con más fuerzas en un futuro.
— ¡Fido! —susurra con reproche mientras da una palmada en su muslo para que se acerque. Pero él no parece dispuesto a ceder, le interesa mucho lo que ha olido cerca de la cabaña—. Maldito chucho.
Al final del día Frank acaba gruñendo más que Fido, ese perro que salvó de las peleas ilegales de los irlandeses. Es demasiado bueno y demasiado desobediente como para hacer caso. A veces se pregunta por qué decidió quedárselo. A veces recuerda que aún tiene corazón. Deja escapar un bufido y saca su derringer para pegarla a la puerta. Sea quien sea, si está ahí para matar a Frank, no tendrá tiempo ni de desenfundar su arma. O esa es la idea. Ya recibió un balazo hace pocas horas, lo último que necesita es otro más que curarse.
La puerta se entreabre y el hocico de Fido asoma por el resquicio, igual que la mitad del rostro de Frank. Tener la pistola pegada a la puerta deja de tener sentido desde el momento en el que la ve.
— Ma'am —murmura, claramente sorprendido. Las pocas visitas que ha recibido desde que se instaló en ese lugar han resultado ser poco agradables—. ¿Qué... qué haces aquí?
Por mucho que Fido se empeñe en rascar la puerta para que su dueño la entreabra más, no hay manera de que él le haga ese favor. Su pistola ya no está contra la puerta, ha vuelto a su cinturón, pero algo le impide terminar de abrir esa puerta. Y no sabe el qué. Por eso le regala un pequeñísimo plano de su nariz mil veces rota y las diferentes sombras de sus moratones adornando su rostro. Solo eso.
Ese cobertizo del bosque | 21:33 hs
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the scars on your heart are still mine

Re: Penny and dime
I. Did you find another cure?
¿Y qué podría haber dicho para responder a su pregunta? ¿"Hola, solo quería asegurarme de que estuvieras más o menos vivo para volver a mi piso y escribir sobre lo muerto que estás"? Sería de lo más patético, no podía decírselo de esa forma. En cualquier caso, estaba demasiado sorprendida con la presencia de Frank Castle allí como para enfocarse más de la cuenta en la pregunta que había hecho. Cuando la periodista decidió buscar pistas para que nadie sospechara que no había movido ni un dedo para su artículo y se acercó hasta ese lugar en particular, no pensó que lo hallaría.
O quizás sí, muy en el fondo, donde guardaba todo eso de lo que no quería hablar. Puede que hubiera un rincón de su mente que la había conducido hasta ahí solo para buscarlo, para saber que mentiría al decir que The Punisher estaba muerto.
Y aunque no debería sentir alivio, lo cierto es que ese fue el caso.
— ¿Frank? —sonó sorprendida, como si no hubiera ido en su búsqueda. Como si en ningún momento se le hubiese cruzado por la cabeza que sus caminos fueran a encontrarse una vez más.
Recorrió con la vista lo poco que dejaba ver la puerta, ávida de la forma en que solo Karen Page podía serlo. Siempre buscando respuestas, sin embargo en este caso no sabía ni por dónde comenzar. Habían pasado meses desde que lo había visto en aquel techo, ¡meses! Y no sabía qué decir.
No en esa situación, en lo absoluto. Solo atinó a cerrar la boca para no verse como una completa tonta frente a Frank.
— Oh. ¿Era de los irlandeses, no? —sus ojos fueron al perro. Apenas podía verlo, pero supuso que se trataría del mismo. Había leído algo al respecto en el pasado, cuando las noticias más pesadas habían abandonado Hell's Kitchen. Alisó la tela de su falda con las manos, sin saber cómo alzar la vista hasta su rostro una vez más. El animal era más... seguro. — Estoy trabajando en un artículo, yo no pretendía... No pensé que estarías aquí —y no fue capaz de decidir hasta qué punto estaba siendo sincera.
— No pensé que nadie estaría aquí, de hecho —mintió. Quizás. Más o menos, un poco. — ¿Ahora vives aquí? —¿qué era el mundo sin la curiosidad insana de Karen Page, a fin de cuentas?
O quizás sí, muy en el fondo, donde guardaba todo eso de lo que no quería hablar. Puede que hubiera un rincón de su mente que la había conducido hasta ahí solo para buscarlo, para saber que mentiría al decir que The Punisher estaba muerto.
Y aunque no debería sentir alivio, lo cierto es que ese fue el caso.
— ¿Frank? —sonó sorprendida, como si no hubiera ido en su búsqueda. Como si en ningún momento se le hubiese cruzado por la cabeza que sus caminos fueran a encontrarse una vez más.
Recorrió con la vista lo poco que dejaba ver la puerta, ávida de la forma en que solo Karen Page podía serlo. Siempre buscando respuestas, sin embargo en este caso no sabía ni por dónde comenzar. Habían pasado meses desde que lo había visto en aquel techo, ¡meses! Y no sabía qué decir.
No en esa situación, en lo absoluto. Solo atinó a cerrar la boca para no verse como una completa tonta frente a Frank.
— Oh. ¿Era de los irlandeses, no? —sus ojos fueron al perro. Apenas podía verlo, pero supuso que se trataría del mismo. Había leído algo al respecto en el pasado, cuando las noticias más pesadas habían abandonado Hell's Kitchen. Alisó la tela de su falda con las manos, sin saber cómo alzar la vista hasta su rostro una vez más. El animal era más... seguro. — Estoy trabajando en un artículo, yo no pretendía... No pensé que estarías aquí —y no fue capaz de decidir hasta qué punto estaba siendo sincera.
— No pensé que nadie estaría aquí, de hecho —mintió. Quizás. Más o menos, un poco. — ¿Ahora vives aquí? —¿qué era el mundo sin la curiosidad insana de Karen Page, a fin de cuentas?
Ese cobertizo del bosque | 21:33 hs
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Re: Penny and dime
I. Did you find another cure?
De los dos el único sorprendido debería ser Frank. No puede plantarse frente a su cabaña y simplemente sorprenderse al verlo ahí, ¿no lo ve? Si ha acabado frente a esa puerta debe ser por algo, no porque no esperaba encontrarlo ahí. O tal vez esperaba encontrar otra cosa, no lo sabe. En cualquier caso, sea lo que sea, está estrechamente relacionado con Frank. Su ceño se frunce, pero no dice nada al respecto. Al menos no de momento. Es todo tan raro que casi hasta se le podría hacer fácil pasarlo por alto.
— Sí, era de ellos. —Aunque él prefiere pensar que no era de nadie. Que no es de nadie. Frank lo cuida y todas esas cosas, pero no lo reclama como una posesión. Es su compañero, alguien a quien hablarle de cualquier cosa. O gruñirle. Tal vez por eso se entienden tan bien los dos, porque hablan el mismo idioma—. ¿Entonces por qué has venido?
Puede que sus palabras no parezcan cordiales, pero el tono de voz y la actitud de Frank sí que lo son. Siempre ha tratado a Karen con respeto, la fiereza con la que la ha visto encarar situaciones tan complicadas como las que le ha hecho vivir ha hecho que se gane su respeto. Y su sinceridad. Sigue agradecido por tantísimas cosas que no sabría ni por dónde empezar. Sin embargo, le dejó las cosas muy claras aquella noche en el bar.
— Supongo que sí. —Al final acaba por abrir la puerta, dándole vía libre a Fido para salir a conocer a Karen. De paso, también le está dando vía libre a ella para entrar. Si lo desea. Si es que se sigue fiando de él—. Pasa.
No quiere que nadie les vea, por apartada que esté la cabaña prefiere no tener que mudarse porque alguien inocente le ha visto por la zona. Puede que la cabaña no sea gran cosa, pero al menos tiene un techo y un lugar seguro en el que guardar todas sus armas. Que no son pocas. Se aparta de la puerta y se adentra en la cabaña. Ha improvisado dos camas con un colchón y unos cuantos sacos viejos, uno para él y otro para Fido. También tiene una pequeña nevera eléctrica y espacio de almacenamiento para lo poco que necesita. Definitivamente no parece un lugar en el que alguien pueda vivir. Pero se puede.
— Aquí tienes. —Coloca y limpia un taburete de madera viejo a un lado para que ella se pueda sentar si lo desea. Le ofrecería algo para beber, pero es que no tiene absolutamente nada. En la cabaña hay más comida para perro que comida para Frank. O bebida—. Está todo un poco desordenado. —Y quien dice desordenado, dice tétrico. Hay manchas de sangre cada medio metro, se nota que no se ha pasado un plumero en mucho tiempo y, para colmo, él mismo tiene sangre en el hombro. Debió haberse curado ya, pero como la bala salió limpia y estaba tan hecho polvo se limitó a hacer que dejara de sangrar. Le ha pillado en mal momento—. ¿Ya no trabajas con los abogados?
— Sí, era de ellos. —Aunque él prefiere pensar que no era de nadie. Que no es de nadie. Frank lo cuida y todas esas cosas, pero no lo reclama como una posesión. Es su compañero, alguien a quien hablarle de cualquier cosa. O gruñirle. Tal vez por eso se entienden tan bien los dos, porque hablan el mismo idioma—. ¿Entonces por qué has venido?
Puede que sus palabras no parezcan cordiales, pero el tono de voz y la actitud de Frank sí que lo son. Siempre ha tratado a Karen con respeto, la fiereza con la que la ha visto encarar situaciones tan complicadas como las que le ha hecho vivir ha hecho que se gane su respeto. Y su sinceridad. Sigue agradecido por tantísimas cosas que no sabría ni por dónde empezar. Sin embargo, le dejó las cosas muy claras aquella noche en el bar.
— Supongo que sí. —Al final acaba por abrir la puerta, dándole vía libre a Fido para salir a conocer a Karen. De paso, también le está dando vía libre a ella para entrar. Si lo desea. Si es que se sigue fiando de él—. Pasa.
No quiere que nadie les vea, por apartada que esté la cabaña prefiere no tener que mudarse porque alguien inocente le ha visto por la zona. Puede que la cabaña no sea gran cosa, pero al menos tiene un techo y un lugar seguro en el que guardar todas sus armas. Que no son pocas. Se aparta de la puerta y se adentra en la cabaña. Ha improvisado dos camas con un colchón y unos cuantos sacos viejos, uno para él y otro para Fido. También tiene una pequeña nevera eléctrica y espacio de almacenamiento para lo poco que necesita. Definitivamente no parece un lugar en el que alguien pueda vivir. Pero se puede.
— Aquí tienes. —Coloca y limpia un taburete de madera viejo a un lado para que ella se pueda sentar si lo desea. Le ofrecería algo para beber, pero es que no tiene absolutamente nada. En la cabaña hay más comida para perro que comida para Frank. O bebida—. Está todo un poco desordenado. —Y quien dice desordenado, dice tétrico. Hay manchas de sangre cada medio metro, se nota que no se ha pasado un plumero en mucho tiempo y, para colmo, él mismo tiene sangre en el hombro. Debió haberse curado ya, pero como la bala salió limpia y estaba tan hecho polvo se limitó a hacer que dejara de sangrar. Le ha pillado en mal momento—. ¿Ya no trabajas con los abogados?
Ese cobertizo del bosque | 21:33 hs
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Re: Penny and dime
I. Did you find another cure?
Esbozó una sonrisa, tratando de sacudirse la sensación de incomodidad. Incluso se animó a alzar la vista y clavarla en el rostro de Frank, con una tranquilidad que podría dejar pasmado a cualquiera. Era gracioso que estuviera invitándola a pasar, de una forma casi retorcida. Algunos meses atrás ambos estaban en la misma posición, solo que ella le gritaba para que no fuera el monstruo que los demás veían y él le cerraba la puerta.
Se preguntó si lo recordaría, de forma vaga, mientras se agachaba un poco para acariciar al perro que se le había abalanzado. Prefirió no pensar en ello, en meses atrás. La vida era diferente en la actualidad, las cosas iban mejor. Más aburridas, lentas, pero al menos no estaba en peligro constantemente. Tenía que aprender a conformarse con lo poco que ofrecía la vida.
— Pero qué guapo eres, ¿a que sí? —su sonrisa se ensanchó un poco más, rascando detrás de las orejas al perro de Frank. Habló en voz baja, mimándolo un poco más de lo normal.
Sí, prefería distraerse con el animal. Pero sí, también se metió a la cabaña tras dejar pasar algunos segundos desde la invitación, con el can pegado a sus talones. O a sus tacones, más bien. Ni siquiera pensó en si era correcto, lo hizo de la misma manera en que tomó el arma de una mesa y descargó su contenido en el torso de James Wesley. Por impulso, porque se sintió como una cuestión de vida o muerte. Cuando se sentó en el taburete por inercia, porque era demasiado, Karen dio un par de golpes sobre sus muslos con las manos para llamar al perro, nuevamente.
— No te preocupes, mi piso no está mucho mejor que esto. Gracias —sus ojos volaron a Frank por un instante, al momento de agradecerle. Luego volvieron a divagar entre la sangre, el polvo y el perro. — Nelson y Murdock no existe desde que perdimos tu caso, de hecho —perdimos porque ella también lo había hecho, solo que algunos días más tarde. Ya estoy muerto.
Dejó que sus dedos jugaran con el pelaje del animal que había apoyado su cabeza contra la falda de Karen, buscando mimos a base de enterrar su hocico. A ella no le importó. — Estoy en el Bulletin, de hecho estoy... Más o menos estoy investigando si estás vivo o no —le causó gracia porque todo era muy bizarro, por lo que se le escapó una carcajada. — La verdad es que pensé que lo sabías —no que investigaba de forma falsa, eso no le interesaba: que escribía para el periódico.
Era estúpido, pero siempre había creído que Frank leería aquel artículo sobre los héroes. Y Matt, también. Poco sabía de él después de saber qué tantas mentiras le había dicho.
— El lugar es... —pausa, ceño fruncido. Se inclinó hacia adelante y entrecerró los ojos, como si así pudiera ver mejor. — Pero por Dios, Frank, estás sangrando —musitó, boquiabierta. Nunca dejaría de sorprenderse ante el dolor que podía soportar aquel hombre. — ¿No tienes algo con lo que curarte? —fue gentil, de la forma en que solía serlo siempre. Pero había preocupación y un nudo en su garganta del que no podía deshacerse.
Se preguntó si lo recordaría, de forma vaga, mientras se agachaba un poco para acariciar al perro que se le había abalanzado. Prefirió no pensar en ello, en meses atrás. La vida era diferente en la actualidad, las cosas iban mejor. Más aburridas, lentas, pero al menos no estaba en peligro constantemente. Tenía que aprender a conformarse con lo poco que ofrecía la vida.
— Pero qué guapo eres, ¿a que sí? —su sonrisa se ensanchó un poco más, rascando detrás de las orejas al perro de Frank. Habló en voz baja, mimándolo un poco más de lo normal.
Sí, prefería distraerse con el animal. Pero sí, también se metió a la cabaña tras dejar pasar algunos segundos desde la invitación, con el can pegado a sus talones. O a sus tacones, más bien. Ni siquiera pensó en si era correcto, lo hizo de la misma manera en que tomó el arma de una mesa y descargó su contenido en el torso de James Wesley. Por impulso, porque se sintió como una cuestión de vida o muerte. Cuando se sentó en el taburete por inercia, porque era demasiado, Karen dio un par de golpes sobre sus muslos con las manos para llamar al perro, nuevamente.
— No te preocupes, mi piso no está mucho mejor que esto. Gracias —sus ojos volaron a Frank por un instante, al momento de agradecerle. Luego volvieron a divagar entre la sangre, el polvo y el perro. — Nelson y Murdock no existe desde que perdimos tu caso, de hecho —perdimos porque ella también lo había hecho, solo que algunos días más tarde. Ya estoy muerto.
Dejó que sus dedos jugaran con el pelaje del animal que había apoyado su cabeza contra la falda de Karen, buscando mimos a base de enterrar su hocico. A ella no le importó. — Estoy en el Bulletin, de hecho estoy... Más o menos estoy investigando si estás vivo o no —le causó gracia porque todo era muy bizarro, por lo que se le escapó una carcajada. — La verdad es que pensé que lo sabías —no que investigaba de forma falsa, eso no le interesaba: que escribía para el periódico.
Era estúpido, pero siempre había creído que Frank leería aquel artículo sobre los héroes. Y Matt, también. Poco sabía de él después de saber qué tantas mentiras le había dicho.
— El lugar es... —pausa, ceño fruncido. Se inclinó hacia adelante y entrecerró los ojos, como si así pudiera ver mejor. — Pero por Dios, Frank, estás sangrando —musitó, boquiabierta. Nunca dejaría de sorprenderse ante el dolor que podía soportar aquel hombre. — ¿No tienes algo con lo que curarte? —fue gentil, de la forma en que solía serlo siempre. Pero había preocupación y un nudo en su garganta del que no podía deshacerse.
Ese cobertizo del bosque | 21:33 hs
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Re: Penny and dime
I. Did you find another cure?
Los labios de Frank se aprietan al escucharla hablar con Fido. No es que su forma de tratarlo le moleste o que le parezca mal que esté mimando a su perro, es que por un momento la escena se le ha hecho muy graciosa. Muy... en fin, muy diferente a lo que las paredes de esa cabaña suele ver. Las únicas muestras de cariño que saca de Frank son unas palmadas en el lomo y alguna que otra caricia detrás de las orejas. Karen le está regalando muchísimo más cariño del que Frank le ha dado, por mucho que el hombre haya hecho todo lo posible por cuidarlo. Joder, dio por él un maletín lleno de dinero, ¿cómo no iba a importarle? Eso sí, iba con bomba de regalo.
El caso es que es una escena muy tierna que por poco le arranca una sonrisa. Una que, por lo visto, Castle no puede permitirse. Ve que los dos están encantados con la compañía del otro, pero igualmente se permite el lujo de lanzar una advertencia a Fido.
— No seas pesado —le dice el animal, que ni siquiera lo mira mientras le habla. No porque no sepa que la cosa va con él, lo sabe muy bien. Es que no le quiere escuchar. Jura que ese perro puede entender muchas más cosas de las que demuestra. No es tonto, precisamente—. ¿Pretendes que me crea eso? —Ahora sí que consigue arrancarle una sonrisa, incluso una risa entre dientes. Está intentando ser correcta con él, lo sabe, pero es imposible creer que el piso de ella sea parecido a esto que tiene él. Vive como las personas civilizadas—. Tu piso es mil veces mejor que esto.
O por lo menos lo era antes de que lo llenaran de agujeros la noche en la que Frank salvó su vida. Probablemente cambió de apartamento, sería lo más inteligente y se ahorraría mucho tiempo de obras y reparaciones. Suspira de forma sonora y se apoya contra la pared. Le viene muy bien que Karen le ponga al día de todas esas cosas. No le hubiera sido necesario indagar demasiado para enterarse, pero ha estado tan desconectado del mundo que... en fin, debió haber puesto un poco más de interés.
— Algo he escuchado. —En concreto sobre lo sucedido con los abogados. En fin, una pena que Frank Castle haga mierda absolutamente todo lo que toca, aunque apuesta a que no todo lo sucedido fue cosa de él—. Aunque debo decir que no lo perdisteis vosotros. —El único que perdió fue Frank. Perdió los papeles, hizo lo que hizo ante la perspectiva de poder estar más cerca de conseguir respuestas. De encontrar a la persona que acabó con la vida de su familia—. Y... bueno, ¿estás bien?
Le encantaría saber qué está preguntando exactamente, pero se le hace imposible. Puede estar preguntando por su trabajo, por su salud mental, por su salud física o por cualquier otra cosa. El caso es que le preocupa de verdad la respuesta, por mucho que sea consciente de lo fuerte que es. Solo hay algo seguro: ella está infinitamente mejor que él. En cualquier sentido.
— Sí, no es nada —dice, tratando de restarle importancia a su herida. De hecho, la visita de Karen puede serle de utilidad, ahora que lo piensa. Ha intentado enseñar a Fido a que le sujete un espejo, pero no hay manera. Siempre lo tira al suelo cuando se cansa. Tampoco comprende por qué su dueño quiere que lo haga—. Si tienes buen estómago podrías sujetar un espejo para mí. —Necesita coser la herida para que cierre y sane bien, pero no puede coserse bien la parte del hombro. Necesita ver lo que hace—. Sino me buscaré la vida.
Como ha hecho siempre. Es más, se siente mal al pedirle algo como esto. Para empezar Karen no debería estar allí, ¿por qué la ha dejado entrar? ¿Por qué está hablando con ella? Esta conversación no le viene bien a ninguno de los dos. Menos a ella.
— O mejor no... mira, puedes decir lo que quieras en tu artículo —sabe de sobra que no le delatará, eso no le preocupa en absoluto—, cuenta la historia, consigue un ascenso, pero... ya sabes. —Claro, ella ya sabe lo que quiere decir, no hace falta que termine de hablar. A Karen no le conviene nada que tenga que ver con Frank.
El caso es que es una escena muy tierna que por poco le arranca una sonrisa. Una que, por lo visto, Castle no puede permitirse. Ve que los dos están encantados con la compañía del otro, pero igualmente se permite el lujo de lanzar una advertencia a Fido.
— No seas pesado —le dice el animal, que ni siquiera lo mira mientras le habla. No porque no sepa que la cosa va con él, lo sabe muy bien. Es que no le quiere escuchar. Jura que ese perro puede entender muchas más cosas de las que demuestra. No es tonto, precisamente—. ¿Pretendes que me crea eso? —Ahora sí que consigue arrancarle una sonrisa, incluso una risa entre dientes. Está intentando ser correcta con él, lo sabe, pero es imposible creer que el piso de ella sea parecido a esto que tiene él. Vive como las personas civilizadas—. Tu piso es mil veces mejor que esto.
O por lo menos lo era antes de que lo llenaran de agujeros la noche en la que Frank salvó su vida. Probablemente cambió de apartamento, sería lo más inteligente y se ahorraría mucho tiempo de obras y reparaciones. Suspira de forma sonora y se apoya contra la pared. Le viene muy bien que Karen le ponga al día de todas esas cosas. No le hubiera sido necesario indagar demasiado para enterarse, pero ha estado tan desconectado del mundo que... en fin, debió haber puesto un poco más de interés.
— Algo he escuchado. —En concreto sobre lo sucedido con los abogados. En fin, una pena que Frank Castle haga mierda absolutamente todo lo que toca, aunque apuesta a que no todo lo sucedido fue cosa de él—. Aunque debo decir que no lo perdisteis vosotros. —El único que perdió fue Frank. Perdió los papeles, hizo lo que hizo ante la perspectiva de poder estar más cerca de conseguir respuestas. De encontrar a la persona que acabó con la vida de su familia—. Y... bueno, ¿estás bien?
Le encantaría saber qué está preguntando exactamente, pero se le hace imposible. Puede estar preguntando por su trabajo, por su salud mental, por su salud física o por cualquier otra cosa. El caso es que le preocupa de verdad la respuesta, por mucho que sea consciente de lo fuerte que es. Solo hay algo seguro: ella está infinitamente mejor que él. En cualquier sentido.
— Sí, no es nada —dice, tratando de restarle importancia a su herida. De hecho, la visita de Karen puede serle de utilidad, ahora que lo piensa. Ha intentado enseñar a Fido a que le sujete un espejo, pero no hay manera. Siempre lo tira al suelo cuando se cansa. Tampoco comprende por qué su dueño quiere que lo haga—. Si tienes buen estómago podrías sujetar un espejo para mí. —Necesita coser la herida para que cierre y sane bien, pero no puede coserse bien la parte del hombro. Necesita ver lo que hace—. Sino me buscaré la vida.
Como ha hecho siempre. Es más, se siente mal al pedirle algo como esto. Para empezar Karen no debería estar allí, ¿por qué la ha dejado entrar? ¿Por qué está hablando con ella? Esta conversación no le viene bien a ninguno de los dos. Menos a ella.
— O mejor no... mira, puedes decir lo que quieras en tu artículo —sabe de sobra que no le delatará, eso no le preocupa en absoluto—, cuenta la historia, consigue un ascenso, pero... ya sabes. —Claro, ella ya sabe lo que quiere decir, no hace falta que termine de hablar. A Karen no le conviene nada que tenga que ver con Frank.
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Re: Penny and dime
I. Did you find another cure?
El hecho es que había conocido a Frank bajo circunstancias que no daban pie a sorprenderse del todo al verle con una herida fea o la cara casi deformada a golpes. Es más, así fue como lo conoció: con moretones, atado a la cama de un hospital. No, por supuesto que no contaba cuando había disparado una ráfaga de balas en su dirección... Hacia Grotto, más bien. Ella estaba a salvo.
— No, hablo en serio, aún no he tenido tiempo para arreglarlo y... Pues eso, ya no es lo que era —también dejó escapar una risita, aunque fue más una respiración temblorosa que cualquier otra cosa. No tenía por qué admitir que lo que ganaba no era suficiente como para buscar algo mejor, que aún no podía ahorrar lo suficiente para hacer arreglar los agujeros de las paredes. Y ya ni hablar de los que tenía dentro de sí, porque esos costaban incluso más y no había dinero suficiente en todo el mundo.
Si bien Frank Castle sonreía poco, cuando lo hacía parecía más joven. En ocasiones, incluso llegó a pensar que se veía como si le hubieran quitado un peso de encima; siempre duraba muy poco, no obstante. Frank siempre volvía a ser de hierro más tarde o más temprano, impenetrable e inalcanzable. Lejano.
— Habrás tenido tus razones —como siempre, como todo. Si algo había aprendido en el poco tiempo que habían pasado juntos, es que no hacía las cosas porque sí. Nada sucedía por cosas de azar en la vida del Punisher de Hell's Kitchen, sus acciones eran premeditadas, calculadas. — A ver, déjame ayudar —(te). Dejó una última caricia sobre la cabeza del perro, para terminar por empujarlo con suavidad lejos de su falda. Al ponerse en pie, usó las manos para sacudirse la ropa, lo más disimulada posible.
Se sentía inquieta, algo que era frecuente viniendo de ella, que vivía a mil por hora. Aterrada, sí; ávida por la verdad, también. Por suerte o desgracia —aún no lo decidía—, Castle tenía ese efecto: el no saber si debía confiar, pero hacerlo de todas formas.
Actuar a puro impulso era lo que la había motivado a la vida que llevaba, él solo era otra prueba de ello. O eso fue exactamente lo que se dijo al aproximarse, buscando con la vista el espejo en cuestión. No había mucho espacio en el refugio de Frank, por lo que no resultó para nada difícil de hallar. Encontró su propio reflejo justo ahí, quebrado por las grietas en la superficie. — ¿Dónde vas a...? —y si bien dejó la pregunta al aire, dubitativa, movió el objeto en su mano para explicarse. Quería saber dónde ponerse.
— No me darán un ascenso en un futuro cercano, solo tengo el trabajo porque le caigo bien al editor en jefe —y porque, en su momento, había tenido más información que nadie. Sobre él, sobre The Punisher. Sobre Frank. Y vale, que quizás también tenía que ver su hambre por decir la verdad, pero no importaba. No conseguiría un ascenso, lo tenía asumido.
Acomodó mejor las tiras de su bolso sobre su hombro, distraída con el espejo. — Pero estoy bien, disfruto de lo que hago. No puedo quejarme —a pesar de que todo lo demás estuviera en proceso. Las cosas no iban mal, lo que ya era algo. — ¿Y tú?
¿Cómo van las cosas? ¿Aún bebes más café de lo que puede ser considerado sano?¿Todavía estás muerto, Frank?
— No, hablo en serio, aún no he tenido tiempo para arreglarlo y... Pues eso, ya no es lo que era —también dejó escapar una risita, aunque fue más una respiración temblorosa que cualquier otra cosa. No tenía por qué admitir que lo que ganaba no era suficiente como para buscar algo mejor, que aún no podía ahorrar lo suficiente para hacer arreglar los agujeros de las paredes. Y ya ni hablar de los que tenía dentro de sí, porque esos costaban incluso más y no había dinero suficiente en todo el mundo.
Si bien Frank Castle sonreía poco, cuando lo hacía parecía más joven. En ocasiones, incluso llegó a pensar que se veía como si le hubieran quitado un peso de encima; siempre duraba muy poco, no obstante. Frank siempre volvía a ser de hierro más tarde o más temprano, impenetrable e inalcanzable. Lejano.
— Habrás tenido tus razones —como siempre, como todo. Si algo había aprendido en el poco tiempo que habían pasado juntos, es que no hacía las cosas porque sí. Nada sucedía por cosas de azar en la vida del Punisher de Hell's Kitchen, sus acciones eran premeditadas, calculadas. — A ver, déjame ayudar —(te). Dejó una última caricia sobre la cabeza del perro, para terminar por empujarlo con suavidad lejos de su falda. Al ponerse en pie, usó las manos para sacudirse la ropa, lo más disimulada posible.
Se sentía inquieta, algo que era frecuente viniendo de ella, que vivía a mil por hora. Aterrada, sí; ávida por la verdad, también. Por suerte o desgracia —aún no lo decidía—, Castle tenía ese efecto: el no saber si debía confiar, pero hacerlo de todas formas.
Actuar a puro impulso era lo que la había motivado a la vida que llevaba, él solo era otra prueba de ello. O eso fue exactamente lo que se dijo al aproximarse, buscando con la vista el espejo en cuestión. No había mucho espacio en el refugio de Frank, por lo que no resultó para nada difícil de hallar. Encontró su propio reflejo justo ahí, quebrado por las grietas en la superficie. — ¿Dónde vas a...? —y si bien dejó la pregunta al aire, dubitativa, movió el objeto en su mano para explicarse. Quería saber dónde ponerse.
— No me darán un ascenso en un futuro cercano, solo tengo el trabajo porque le caigo bien al editor en jefe —y porque, en su momento, había tenido más información que nadie. Sobre él, sobre The Punisher. Sobre Frank. Y vale, que quizás también tenía que ver su hambre por decir la verdad, pero no importaba. No conseguiría un ascenso, lo tenía asumido.
Acomodó mejor las tiras de su bolso sobre su hombro, distraída con el espejo. — Pero estoy bien, disfruto de lo que hago. No puedo quejarme —a pesar de que todo lo demás estuviera en proceso. Las cosas no iban mal, lo que ya era algo. — ¿Y tú?
¿Cómo van las cosas? ¿Aún bebes más café de lo que puede ser considerado sano?
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Re: Penny and dime
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Apenas permanecieron unos segundos en su apartamento después del tiroteo, pero es capaz de recordar a la perfección el estado en el que lo dejaron. Alguien debería cubrir esos gastos, incluso lo haría él mismo, pero como puede ver no se encuentra en mejores condiciones. No es, precisamente, un marqués. Aunque podría ver cómo conseguir el favor, al fin y al cabo uno debe tener contactos hasta en el infierno. Todo es cuestión de mirarlo.
— Tuve mis razones, sí. —Tratándose de Frank resultó ser la razón más pesada de todas: venganza. Información que le acercaba a los asesinos de su familia. Después de todo eso tendrá que prepararse para verse las caras con Fisk. Tal y como le dijo: la próxima vez solo quedará uno. No puede permitir que escoria como él se haga con el poder de una ciudad—. No estás obligada a ayudarme.
No sabe si Karen se siente en deuda con él o no. Habrá salvado su vida, pero en cierto modo ella también salvó la de él. Para Frank apartarla de la trayectoria de unas balas no vale nada, ni siquiera si hubiera tenido que recibir uno o dos balazos por ella. En cambio, el haberle convencido para defenderse en el juicio y para buscar nuevos abogados... en fin, eso requirió algo más que apartar a Frank de unas balas. Lo salvó en muchísimos sentidos, no solo de la pena de muerte.
— Tú... solo sujeta el espejo. —No quiere que ella se siga implicando en todo esto, es capaz de aguantar una herida por grande que sea, pero no puede dejar que se infecte. Los hospitales quedan descartados para él por razones obvias. Preparar el hilo, la aguja y el desinfectante no le lleva demasiado tiempo debido ya a la costumbre, así que solo le lleva un par de minutos estar ya sin camiseta y sentado en el lugar que hace un momento ocupaba Karen—. Necesito verme la herida, el resto lo hago yo. —Como ha hecho siempre. Él va desinfectando la aguja y también la herida. Definitivamente su tolerancia al dolor es altísima, aunque no es esto lo que lo demuestra. Tendría que haber visto su encuentro con los irlandeses—. Yo también estoy bien.
Está bien. No significa lo mismo para Frank que para cualquier persona normal. Estar bien implica que su infierno se ha vuelto un poco más tolerable por el momento. Eso es todo. Pero del infierno no se puede salir, una vez entras en él resulta no haber escapatoria.
— Justo ahí, ¿ves? —le indica, cuando ella posiciona el espejo en la posición correcta. En cuanto ve lo suficientemente bien se pone a ello. Queda claro que no es la primera vez que tiene que coserse una herida—. Intenté enseñar a Fido a que me sujetara el espejo. —Se ha dado cuenta de que le ha gustado el chucho, así que hablar de ello seguro que hace que se olvide un poco de lo que está pasando—. Pero acabó tirándolo al suelo.
— Tuve mis razones, sí. —Tratándose de Frank resultó ser la razón más pesada de todas: venganza. Información que le acercaba a los asesinos de su familia. Después de todo eso tendrá que prepararse para verse las caras con Fisk. Tal y como le dijo: la próxima vez solo quedará uno. No puede permitir que escoria como él se haga con el poder de una ciudad—. No estás obligada a ayudarme.
No sabe si Karen se siente en deuda con él o no. Habrá salvado su vida, pero en cierto modo ella también salvó la de él. Para Frank apartarla de la trayectoria de unas balas no vale nada, ni siquiera si hubiera tenido que recibir uno o dos balazos por ella. En cambio, el haberle convencido para defenderse en el juicio y para buscar nuevos abogados... en fin, eso requirió algo más que apartar a Frank de unas balas. Lo salvó en muchísimos sentidos, no solo de la pena de muerte.
— Tú... solo sujeta el espejo. —No quiere que ella se siga implicando en todo esto, es capaz de aguantar una herida por grande que sea, pero no puede dejar que se infecte. Los hospitales quedan descartados para él por razones obvias. Preparar el hilo, la aguja y el desinfectante no le lleva demasiado tiempo debido ya a la costumbre, así que solo le lleva un par de minutos estar ya sin camiseta y sentado en el lugar que hace un momento ocupaba Karen—. Necesito verme la herida, el resto lo hago yo. —Como ha hecho siempre. Él va desinfectando la aguja y también la herida. Definitivamente su tolerancia al dolor es altísima, aunque no es esto lo que lo demuestra. Tendría que haber visto su encuentro con los irlandeses—. Yo también estoy bien.
Está bien. No significa lo mismo para Frank que para cualquier persona normal. Estar bien implica que su infierno se ha vuelto un poco más tolerable por el momento. Eso es todo. Pero del infierno no se puede salir, una vez entras en él resulta no haber escapatoria.
— Justo ahí, ¿ves? —le indica, cuando ella posiciona el espejo en la posición correcta. En cuanto ve lo suficientemente bien se pone a ello. Queda claro que no es la primera vez que tiene que coserse una herida—. Intenté enseñar a Fido a que me sujetara el espejo. —Se ha dado cuenta de que le ha gustado el chucho, así que hablar de ello seguro que hace que se olvide un poco de lo que está pasando—. Pero acabó tirándolo al suelo.
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Re: Penny and dime
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Torció el gesto durante un momento, sabía de antemano que no estaba obligada a ayudarlo y no era eso lo que la había motivado a hacerlo en primer lugar. No podría responder qué lo hacía, honestamente, sin embargo no suponía un mayor problema. ¿Qué otra cosa podría hacer? La opción restante era irse de allí de la misma forma en que había llegado... y no quería. No todavía.
— Vale, no hay problema, lo tengo —aseguró, asintiendo con la cabeza al tiempo que prácticamente memorizaba los golpes del rostro de Frank casi tanto como cada mancha de sangre en la casucha. Se preguntó si alguna de ellas habría sido el resultado del disparo a Ray Schoonover. No preguntó, a sabiendas de que no quería saber la respuesta. — Fido —repitió, con una sonrisa.
El perro se llamaba Fido. Y él había tratado de que el pobre Fido hiciera de asistente, que echara una mano a su dueño. Le resultó incluso un poquito adorable; aunque al fijarse en la herida, arrugó la nariz y esa primera impresión no fue tan evidente.
— Quizás lo que necesitas es un mejor espejo, un poco más liviano, así puede sostenerlo —aferró mejor el espejo, sin moverlo ni un ápice del lugar exacto donde le había indicado que estaba bien. Y no dejó de mirar el punto donde se encontraba la aguja, cosiendo piel contra piel. Resultaba impresionante, un poco desagradable, pero lo aceptaba. Se había acostumbrado a ver y vivir cosas que otra persona no habría soportado. — ¿Cómo es que no te duele? —porque se veía doloroso, vaya.
Con la mano libre volvió a dejar un mechón de cabello detrás de su oreja, muy tranquila. Si algo era cierto, es que no iba a distraerse hablando de perros, espejos y cosas que, a fin de cuentas, no le interesaban más de lo debido. Quería saber qué había sido de él en todos aquellos meses, si sus sospechas sobre su papel en algunos sucesos de Hell's Kitchen eran correctas o no.
— ¿Y quién te hizo esto? O mejor, ¿qué hizo? —para que recibiera el castigo que solo The Punisher podría otorgar. ¿Quién sabe? Quizás hasta podría redactar un artículo sobre el tema, omitiendo el papel de Frank en todo el asunto, claro.
No. Era probable que no lo hiciera, por mucha información que pudiera conseguir de labios del protagonista. No solo era poco probable, sino que era más bien imposible. No quería dar más detalles de los necesarios, hablar más de la cuenta.
— ¿Sabes? Esa noche... —comenzó, tras tomar aire. Clavó la vista en su rostro al hacerlo, frunciendo levemente el ceño. — Yo te vi en el techo, cuando ayudaste a Daredevil —a Matt. Se arriesgó a que el mundo supiera que no estaba muerto, a que lo vieran, todo para ayudar a su manera particular. — Pensé que habías dejado la ciudad después de todo ese lío —y que, tal vez, esa había sido la razón por la cual no se puso en contacto con ella más tarde. Tampoco podía culparlo por no hacerlo.
— Vale, no hay problema, lo tengo —aseguró, asintiendo con la cabeza al tiempo que prácticamente memorizaba los golpes del rostro de Frank casi tanto como cada mancha de sangre en la casucha. Se preguntó si alguna de ellas habría sido el resultado del disparo a Ray Schoonover. No preguntó, a sabiendas de que no quería saber la respuesta. — Fido —repitió, con una sonrisa.
El perro se llamaba Fido. Y él había tratado de que el pobre Fido hiciera de asistente, que echara una mano a su dueño. Le resultó incluso un poquito adorable; aunque al fijarse en la herida, arrugó la nariz y esa primera impresión no fue tan evidente.
— Quizás lo que necesitas es un mejor espejo, un poco más liviano, así puede sostenerlo —aferró mejor el espejo, sin moverlo ni un ápice del lugar exacto donde le había indicado que estaba bien. Y no dejó de mirar el punto donde se encontraba la aguja, cosiendo piel contra piel. Resultaba impresionante, un poco desagradable, pero lo aceptaba. Se había acostumbrado a ver y vivir cosas que otra persona no habría soportado. — ¿Cómo es que no te duele? —porque se veía doloroso, vaya.
Con la mano libre volvió a dejar un mechón de cabello detrás de su oreja, muy tranquila. Si algo era cierto, es que no iba a distraerse hablando de perros, espejos y cosas que, a fin de cuentas, no le interesaban más de lo debido. Quería saber qué había sido de él en todos aquellos meses, si sus sospechas sobre su papel en algunos sucesos de Hell's Kitchen eran correctas o no.
— ¿Y quién te hizo esto? O mejor, ¿qué hizo? —para que recibiera el castigo que solo The Punisher podría otorgar. ¿Quién sabe? Quizás hasta podría redactar un artículo sobre el tema, omitiendo el papel de Frank en todo el asunto, claro.
No. Era probable que no lo hiciera, por mucha información que pudiera conseguir de labios del protagonista. No solo era poco probable, sino que era más bien imposible. No quería dar más detalles de los necesarios, hablar más de la cuenta.
— ¿Sabes? Esa noche... —comenzó, tras tomar aire. Clavó la vista en su rostro al hacerlo, frunciendo levemente el ceño. — Yo te vi en el techo, cuando ayudaste a Daredevil —a Matt. Se arriesgó a que el mundo supiera que no estaba muerto, a que lo vieran, todo para ayudar a su manera particular. — Pensé que habías dejado la ciudad después de todo ese lío —y que, tal vez, esa había sido la razón por la cual no se puso en contacto con ella más tarde. Tampoco podía culparlo por no hacerlo.
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Re: Penny and dime
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No le está pidiendo una tarea demasiado complicada, lo único malo es tener que soportar tener una herida delante. Eso ya depende del estómago que tenga, porque una cosa son las heridas y otra muy diferente los golpes. No hay día que Frank no tenga media cara morada o directamente negra, así que Karen ya debe estar acostumbrada a ello. De momento parece que las heridas y la sangre no lo lleva del todo mal, al menos no parece que se haya puesto más blanca o que esté a punto de vomitar. No le sorprende, a decir verdad.
— Tiene una mandíbula terrible, podría arrancarme un brazo si quisiera —explica de forma lenta, aún demasiado concentrado en su herida—, créeme cuando te digo que el peso no es el problema. —Suena ligeramente a reproche. Sabe de sobra que Fido podría sostenerle el espejo, el problema está en que no quiere. O en que él no le sabe enseñar. Lo último es bastante más lógico—. Me parece que aún no he encontrado unas galletas que le motiven lo suficiente.
Le encantan, Fido come como veinte perros pequeños, ese tampoco es el problema. Va a tener que empezar a asumir que no es tan buen profesor como se imaginaba. Por eso era su mujer y no él la que ayudaba a los niños con sus deberes. Eso cuando Frank estaba en casa, claro.
— ¿Quién te ha dicho que no me duela? —Por supuesto que le duele, por mucho que otros no lo sean, él sí es humano. Las cosas le duelen, como al resto del mundo. Otra cosa es que su tolerancia al dolor sea mayor—. Piensas que soy un tanque, ¿es eso? —Es tan letal como uno, incluso más, pero es vulnerable—. Hay cosas que duelen más.
Eso es todo. Lo sorprendente de verdad es que fuera capaz de sobrevivir a un balazo en la cabeza, incluso cuando la fiscalía dio órdenes de no reanimarle. Eso sí que dolió: volver en sí. Darse cuenta de que todo lo sucedido era real y que, a partir de ese momento, tendría que vivir con ello para siempre. Ningún dolor físico podrá compararse jamás al dolor que sintió en ese momento y que a día de hoy duele de la misma forma.
— Tráfico de drogas. —No hace falta añadir nada más, considera que ha dicho lo suficiente. Pero eso ya no importa, ahora todo está en su lugar. Termina de coser la primera herida y corta el hilo. Solo queda una—. ¿Podrías sujetarlo... a esta altura? —pide mientras toma la mano de Karen y lo coloca más o menos a la altura deseada. Joder, va a tener que hacer contorsionismo o algo parecido—. Oh, joder. —Debe ser la falta de costumbre o que al final va a resultar ser un completo troglodita, pero el caso es que al guiar su mano hasta la posición correcta la ha manchado de sangre. Sujeta la aguja entre sus labios y se pone de pie para coger bien de papel. Primero se limpia las manos y después, con cuidado, trata de limpiar la de ella—. Perdona. —Tenía pensado comentar que esto más que una visita está siendo un interrogatorio, pero después de su torpeza... prefiere callar—. Debí hacer eso, pero no he terminado mi trabajo aquí —explica mientras sigue limpiando bien la mano de Karen—. Me gusta este sitio... creo que ya está —ha dejado su mano como los chorros del oro, al contrario que la choza en la que vive.
— Tiene una mandíbula terrible, podría arrancarme un brazo si quisiera —explica de forma lenta, aún demasiado concentrado en su herida—, créeme cuando te digo que el peso no es el problema. —Suena ligeramente a reproche. Sabe de sobra que Fido podría sostenerle el espejo, el problema está en que no quiere. O en que él no le sabe enseñar. Lo último es bastante más lógico—. Me parece que aún no he encontrado unas galletas que le motiven lo suficiente.
Le encantan, Fido come como veinte perros pequeños, ese tampoco es el problema. Va a tener que empezar a asumir que no es tan buen profesor como se imaginaba. Por eso era su mujer y no él la que ayudaba a los niños con sus deberes. Eso cuando Frank estaba en casa, claro.
— ¿Quién te ha dicho que no me duela? —Por supuesto que le duele, por mucho que otros no lo sean, él sí es humano. Las cosas le duelen, como al resto del mundo. Otra cosa es que su tolerancia al dolor sea mayor—. Piensas que soy un tanque, ¿es eso? —Es tan letal como uno, incluso más, pero es vulnerable—. Hay cosas que duelen más.
Eso es todo. Lo sorprendente de verdad es que fuera capaz de sobrevivir a un balazo en la cabeza, incluso cuando la fiscalía dio órdenes de no reanimarle. Eso sí que dolió: volver en sí. Darse cuenta de que todo lo sucedido era real y que, a partir de ese momento, tendría que vivir con ello para siempre. Ningún dolor físico podrá compararse jamás al dolor que sintió en ese momento y que a día de hoy duele de la misma forma.
— Tráfico de drogas. —No hace falta añadir nada más, considera que ha dicho lo suficiente. Pero eso ya no importa, ahora todo está en su lugar. Termina de coser la primera herida y corta el hilo. Solo queda una—. ¿Podrías sujetarlo... a esta altura? —pide mientras toma la mano de Karen y lo coloca más o menos a la altura deseada. Joder, va a tener que hacer contorsionismo o algo parecido—. Oh, joder. —Debe ser la falta de costumbre o que al final va a resultar ser un completo troglodita, pero el caso es que al guiar su mano hasta la posición correcta la ha manchado de sangre. Sujeta la aguja entre sus labios y se pone de pie para coger bien de papel. Primero se limpia las manos y después, con cuidado, trata de limpiar la de ella—. Perdona. —Tenía pensado comentar que esto más que una visita está siendo un interrogatorio, pero después de su torpeza... prefiere callar—. Debí hacer eso, pero no he terminado mi trabajo aquí —explica mientras sigue limpiando bien la mano de Karen—. Me gusta este sitio... creo que ya está —ha dejado su mano como los chorros del oro, al contrario que la choza en la que vive.
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Re: Penny and dime
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Ahora sí, le causó gracia que Frank se viera afectado por la falta de cooperación de Fido. ¡Era un perro! Por muy lindo y buena compañía que pudiera ser, no podía servir de ayudante para ese tipo de cuestiones. Quizás si fuera uno especialmente entrenado, como los que auxiliaban a los ciegos, entonces sí sería posible.
— Mímalo más, seguro te ganas favores de esa forma —ya de paso le daba un poco de cariño al chucho, que se lo merecía y era evidente que le gustaba recibir atención. Era cosa de echar un vistazo a la forma en que la miraba, con sus ojos implorando que lo acariciara durante un rato más. De no estar ocupada sosteniendo el espejo para Frank, puede que lo hubiera hecho sin pensárselo ni por un instante. Se le olvidó la idea por completo en el segundo en que él volvió a hablar, tomándola desprevenida.
No sucedía a menudo, quizás fuera porque el tiempo la había agarrado de sorpresa, pero por un instante había olvidado que también se podía sufrir en silencio. Y sabía que no era un tanque, que en el fondo era un hombre al que le habían arrebatado todo.
Sus ojos se dispararon hacia la cara de Frank, una vez más; pero en esta ocasión en particular, se sintió avergonzada. Si es que incluso se ruborizó un poco por esa razón, frustrada por lo fácil que podía dejarse llevar por una primera impresión. Eso, tanto en su trabajo como en el mundo, era malo. — No, por supuesto que no —se apresuró a sacudir la cabeza, negando. — Lo siento, Frank. Solo me, uh... Tuve esa impresión por un segundo.
La disculpa no era suficiente, no en su opinión, pero tampoco tenía idea alguna sobre qué hacer para borrarlo. No podía, no tenía más opción que pedir disculpas y comenzar a pensar antes de hablar.
— Val... Ay, no, pero no te preocupes —sí, la había manchado, pero Karen no lo notó sino hasta que él lo apuntó. ¿Dónde tenía la cabeza? Tal vez se debía a la costumbre de terminar llena de sangre, una de la que se había salvado durante ya algún tiempo. Hasta entonces. — No es nada —aseguró, en voz baja y llena de calma. Apretó los labios y se limitó a observarlo mientras limpiaba sus manos, e intentó ignorar la aspereza de las de Frank por su propio bien. Desvió la mirada hacia Fido, que se encontraba tirado sobre su estómago. Una vez terminó, ella carraspeó.
— Gracias, Frank —¿qué podía decir? Le gustaba su nombre, lo volvía alguien real. El hombre que había conocido, el que estaba más allá de los periódicos y las personas que había asesinado. Asintió una vez y alejó su mano del contacto que mantenía con las ajenas, volvió a posicionar el espejo de la forma en que le había indicado apenas minutos atrás. Respiró hondo. — ¿Te gusta Hell's Kitchen? ¿De verdad? —incredulidad pura y dura, no pudo evitarlo. Lo entendía viniendo de las personas como Matt o Foggy, demasiado aferrados a Nueva York como para siquiera pensar en dejar la ciudad. ¿Pero Frank...? Fue una sorpresa, una que no supo cómo clasificar. — ¿Por qué no dejas que te eche una mano? No tengo experiencia, pero sí que sé coser... más o menos —había aprendido a los doce años, cuando juró que sería diseñadora de modas. No duró ni un mes antes de dejarlo de lado por completo. — Tendré cuidado —al soltar su oferta, bajó un poco el espejo y ladeó la cabeza, a la espera.
— Mímalo más, seguro te ganas favores de esa forma —ya de paso le daba un poco de cariño al chucho, que se lo merecía y era evidente que le gustaba recibir atención. Era cosa de echar un vistazo a la forma en que la miraba, con sus ojos implorando que lo acariciara durante un rato más. De no estar ocupada sosteniendo el espejo para Frank, puede que lo hubiera hecho sin pensárselo ni por un instante. Se le olvidó la idea por completo en el segundo en que él volvió a hablar, tomándola desprevenida.
No sucedía a menudo, quizás fuera porque el tiempo la había agarrado de sorpresa, pero por un instante había olvidado que también se podía sufrir en silencio. Y sabía que no era un tanque, que en el fondo era un hombre al que le habían arrebatado todo.
Sus ojos se dispararon hacia la cara de Frank, una vez más; pero en esta ocasión en particular, se sintió avergonzada. Si es que incluso se ruborizó un poco por esa razón, frustrada por lo fácil que podía dejarse llevar por una primera impresión. Eso, tanto en su trabajo como en el mundo, era malo. — No, por supuesto que no —se apresuró a sacudir la cabeza, negando. — Lo siento, Frank. Solo me, uh... Tuve esa impresión por un segundo.
La disculpa no era suficiente, no en su opinión, pero tampoco tenía idea alguna sobre qué hacer para borrarlo. No podía, no tenía más opción que pedir disculpas y comenzar a pensar antes de hablar.
— Val... Ay, no, pero no te preocupes —sí, la había manchado, pero Karen no lo notó sino hasta que él lo apuntó. ¿Dónde tenía la cabeza? Tal vez se debía a la costumbre de terminar llena de sangre, una de la que se había salvado durante ya algún tiempo. Hasta entonces. — No es nada —aseguró, en voz baja y llena de calma. Apretó los labios y se limitó a observarlo mientras limpiaba sus manos, e intentó ignorar la aspereza de las de Frank por su propio bien. Desvió la mirada hacia Fido, que se encontraba tirado sobre su estómago. Una vez terminó, ella carraspeó.
— Gracias, Frank —¿qué podía decir? Le gustaba su nombre, lo volvía alguien real. El hombre que había conocido, el que estaba más allá de los periódicos y las personas que había asesinado. Asintió una vez y alejó su mano del contacto que mantenía con las ajenas, volvió a posicionar el espejo de la forma en que le había indicado apenas minutos atrás. Respiró hondo. — ¿Te gusta Hell's Kitchen? ¿De verdad? —incredulidad pura y dura, no pudo evitarlo. Lo entendía viniendo de las personas como Matt o Foggy, demasiado aferrados a Nueva York como para siquiera pensar en dejar la ciudad. ¿Pero Frank...? Fue una sorpresa, una que no supo cómo clasificar. — ¿Por qué no dejas que te eche una mano? No tengo experiencia, pero sí que sé coser... más o menos —había aprendido a los doce años, cuando juró que sería diseñadora de modas. No duró ni un mes antes de dejarlo de lado por completo. — Tendré cuidado —al soltar su oferta, bajó un poco el espejo y ladeó la cabeza, a la espera.
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Re: Penny and dime
I. Did you find another cure?
A eso de mimarlo más Frank solo sabe responder con un gruñido. Lo mima mucho más de lo que se imagina, eso seguro, lo que pasa es que no es muy dado a demostrarlo en público. Si no lo tratara tan bien apuesta a que Fido se largaría a las primeras de cambio. Nunca lo ata, siempre deja que vaya suelto porque es bueno y obediente, aunque a veces algo bruto sin darse cuenta.
— No tienes que disculparte. —Frank no se ha molestado por lo que ha dicho, es más, le ha resultado gracioso. En cierto modo le gusta que los demás puedan pensar eso de él, porque el papel de monstruo le pega mucho mejor que el de Frank Castle. Una de las pocas personas que ha sido capaz de ver a través de él ha sido Karen. Y Red, aunque él es otro asunto—. Nueva York es mi hogar, ma'am —explica, sin añadir nada más. No puede simplemente abandonar su ciudad. No puede dejar atrás sus recuerdos o su vida pasada. Como tampoco puede dejar que la ciudad se siga pudriendo poco a poco—. He abandonado este lugar demasiadas veces.
Se dispone a volver con su herida cuando ella dice algo que le pilla por sorpresa. Las cejas de Frank se arquean mientras la mira. Sopesa la posibilidad de dejar que haga eso, aunque hay algo que no le termina de convencer. No cree que Karen deba mancharse las manos de esa forma, y no está pensando en la sangre, precisamente. Se está implicando demasiado, si alguien se entera de que le ha ayudado y que no ha informado a la policía... en fin.
— Está bien —dice, asintiendo con la cabeza a su vez. Parece decidida, tal vez le sorprenda más todavía. En cualquier caso, el desastre estaba asegurado, porque no hay forma de hacerlo sin dar alguna que otra puntada mal. Se quita la aguja de los labios, la desinfecta en alcohol y la vuelve a preparar antes de dársela—. Si te da mucho asco puedes dejarlo.
Haberse ofrecido no implica que deba seguir hasta el final, todo depende de cómo lo lleve ella. Porque Frank podrá aguantar lo que le echen encima, por mucho que duela. Toma asiento y se prepara para... bueno, para lo que sea. Ahora sí que echa de menos que le haga tantas preguntas, al menos podría centrarse en responder.
— ¿Cómo van las cosas con el abogado? —¿En serio? ¿No tenía nada mejor de lo que hablar? Aún recuerda su conversación en la cafetería, el consejo que le dio en su momento. Algo le dice que no lo siguió, que de alguna forma lo acabó dejando escapar. O simplemente lo pateó de su vida—. Ya sabes, el ciego. —La vez capaz de volver a hacerse la tonta, como si Frank no se diera cuenta de esas cosas—. O mejor hablemos de otra cosa, da igual. —Ya que Karen le está haciendo un favor, considera que debería ser ella la encargada de elegir un tema de conversación.
— No tienes que disculparte. —Frank no se ha molestado por lo que ha dicho, es más, le ha resultado gracioso. En cierto modo le gusta que los demás puedan pensar eso de él, porque el papel de monstruo le pega mucho mejor que el de Frank Castle. Una de las pocas personas que ha sido capaz de ver a través de él ha sido Karen. Y Red, aunque él es otro asunto—. Nueva York es mi hogar, ma'am —explica, sin añadir nada más. No puede simplemente abandonar su ciudad. No puede dejar atrás sus recuerdos o su vida pasada. Como tampoco puede dejar que la ciudad se siga pudriendo poco a poco—. He abandonado este lugar demasiadas veces.
Se dispone a volver con su herida cuando ella dice algo que le pilla por sorpresa. Las cejas de Frank se arquean mientras la mira. Sopesa la posibilidad de dejar que haga eso, aunque hay algo que no le termina de convencer. No cree que Karen deba mancharse las manos de esa forma, y no está pensando en la sangre, precisamente. Se está implicando demasiado, si alguien se entera de que le ha ayudado y que no ha informado a la policía... en fin.
— Está bien —dice, asintiendo con la cabeza a su vez. Parece decidida, tal vez le sorprenda más todavía. En cualquier caso, el desastre estaba asegurado, porque no hay forma de hacerlo sin dar alguna que otra puntada mal. Se quita la aguja de los labios, la desinfecta en alcohol y la vuelve a preparar antes de dársela—. Si te da mucho asco puedes dejarlo.
Haberse ofrecido no implica que deba seguir hasta el final, todo depende de cómo lo lleve ella. Porque Frank podrá aguantar lo que le echen encima, por mucho que duela. Toma asiento y se prepara para... bueno, para lo que sea. Ahora sí que echa de menos que le haga tantas preguntas, al menos podría centrarse en responder.
— ¿Cómo van las cosas con el abogado? —¿En serio? ¿No tenía nada mejor de lo que hablar? Aún recuerda su conversación en la cafetería, el consejo que le dio en su momento. Algo le dice que no lo siguió, que de alguna forma lo acabó dejando escapar. O simplemente lo pateó de su vida—. Ya sabes, el ciego. —La vez capaz de volver a hacerse la tonta, como si Frank no se diera cuenta de esas cosas—. O mejor hablemos de otra cosa, da igual. —Ya que Karen le está haciendo un favor, considera que debería ser ella la encargada de elegir un tema de conversación.
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Re: Penny and dime
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— Supongo que tienes razón —después de todo, las personas se aferraban a sus hogares con garras y dientes, ¿no? No era el caso de Karen Page, que lo había dejado todo atrás cuando las cosas habían escapado de su control, pero aún así era capaz de entenderlo a la perfección. La empatía tiraba de ella, a veces más de la cuenta, y era difícil no ponerse en el lugar de los demás.
Es cierto que escapó de su hogar en cuanto las cosas se pusieron feas, sin embargo podía ver por qué Frank no parecía dispuesto a dejar la ciudad... y los recuerdos. En parte porque no podía y en parte porque no quería. Entendía, quiso creer que sí.
— Oh, no te preocupes —insistió, una vez la aguja estuvo en su poder. Le temblaban las manos, notó, aunque para fortuna de ambos no era tan evidente. No habría problema, no podía ser tan diferente a tratar de coser un vestido para una de las Barbie's que solía tener cuando era una niña; y si lo era, podía imaginar que no. — He visto cosas peores, ya sabes —no, Karen sabía que él no sabía. Nadie sabía. Era su secreto, puede que lo fuera siempre.
De todas formas esbozó una sonrisa, en un intento por confortarlo antes de ponerse a trabajar. Y escogió dar la primera puntada en el momento en que Frank preguntó por el abogado, fue todo muy deliberado. No sabía por qué, pero le resultaba un poco incómodo hablar de Matt con él mucho más que nadie.
Se aclaró la garganta antes de hablar, aunque no despegó los ojos de lo que hacían sus manos: — Matt y yo terminamos, y lo cierto es que creo que es algo... definitivo —arrugó los labios al dar una nueva puntada. Aunque sí le daba un poco de asco, era manejable. — Sé lo que dijiste, usar dos manos, no dejarlo ir y todo eso —continuó, su tono suave y calmado para compensar el dolor que probablemente le estaba causando. —, pero hay casos en los que es imposible. Hay personas que debes dejar ir por tu propio bien —porque no desean ser contenidas.
Y Karen sabía que, en el fondo, Matt no era para ella; que él le habría cortado las manos con tal de lograr que lo dejara ir, solo que era demasiado bueno como para admitirlo. De no estar tan lleno de mierda, quizás podría haberlo amado.
— No hemos hablado en un tiempo, yo no... Bueno, es que no me gustan las mentiras —no en las relaciones, no cuando eran tan relevantes. ¿Cuánto tiempo había hablado sobre Daredevil frente a Matt y Foggy? ¿Cuánto tiempo la habían cuestionado, a ella y a los métodos que utilizaba el demonio de Hell's Kitchen? Y ya ni hablar de las veces que habían cuestionado los de The Punisher... Frank, que siempre era honesto con ella.
— Mantengo contacto con Foggy, eso sí. Le está yendo muy bien en su nuevo trabajo, y tiene novia —las comisuras de sus labios se suavizaron al hablar de él. También le había mentido, claro, pero a él podría haberle perdonado cualquier cosa. Hizo una pausa, pensando en qué decir para distraerlo de lo que pudiera doler la aguja sobre su piel. — Fui al funeral de Schoonover, ¿sabes? Lo enterraron como si fuera un héroe —y lo había odiado, cada segundo que pasó allí. Lloró un poco, incluso; toda impotencia y ganas de gritar la verdad sobre ese hombre.
Es cierto que escapó de su hogar en cuanto las cosas se pusieron feas, sin embargo podía ver por qué Frank no parecía dispuesto a dejar la ciudad... y los recuerdos. En parte porque no podía y en parte porque no quería. Entendía, quiso creer que sí.
— Oh, no te preocupes —insistió, una vez la aguja estuvo en su poder. Le temblaban las manos, notó, aunque para fortuna de ambos no era tan evidente. No habría problema, no podía ser tan diferente a tratar de coser un vestido para una de las Barbie's que solía tener cuando era una niña; y si lo era, podía imaginar que no. — He visto cosas peores, ya sabes —no, Karen sabía que él no sabía. Nadie sabía. Era su secreto, puede que lo fuera siempre.
De todas formas esbozó una sonrisa, en un intento por confortarlo antes de ponerse a trabajar. Y escogió dar la primera puntada en el momento en que Frank preguntó por el abogado, fue todo muy deliberado. No sabía por qué, pero le resultaba un poco incómodo hablar de Matt con él mucho más que nadie.
Se aclaró la garganta antes de hablar, aunque no despegó los ojos de lo que hacían sus manos: — Matt y yo terminamos, y lo cierto es que creo que es algo... definitivo —arrugó los labios al dar una nueva puntada. Aunque sí le daba un poco de asco, era manejable. — Sé lo que dijiste, usar dos manos, no dejarlo ir y todo eso —continuó, su tono suave y calmado para compensar el dolor que probablemente le estaba causando. —, pero hay casos en los que es imposible. Hay personas que debes dejar ir por tu propio bien —porque no desean ser contenidas.
Y Karen sabía que, en el fondo, Matt no era para ella; que él le habría cortado las manos con tal de lograr que lo dejara ir, solo que era demasiado bueno como para admitirlo. De no estar tan lleno de mierda, quizás podría haberlo amado.
— No hemos hablado en un tiempo, yo no... Bueno, es que no me gustan las mentiras —no en las relaciones, no cuando eran tan relevantes. ¿Cuánto tiempo había hablado sobre Daredevil frente a Matt y Foggy? ¿Cuánto tiempo la habían cuestionado, a ella y a los métodos que utilizaba el demonio de Hell's Kitchen? Y ya ni hablar de las veces que habían cuestionado los de The Punisher... Frank, que siempre era honesto con ella.
— Mantengo contacto con Foggy, eso sí. Le está yendo muy bien en su nuevo trabajo, y tiene novia —las comisuras de sus labios se suavizaron al hablar de él. También le había mentido, claro, pero a él podría haberle perdonado cualquier cosa. Hizo una pausa, pensando en qué decir para distraerlo de lo que pudiera doler la aguja sobre su piel. — Fui al funeral de Schoonover, ¿sabes? Lo enterraron como si fuera un héroe —y lo había odiado, cada segundo que pasó allí. Lloró un poco, incluso; toda impotencia y ganas de gritar la verdad sobre ese hombre.
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Re: Penny and dime
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No, en realidad no tiene ni idea. Sabe que ella ha pasado por algo feo, se dio cuenta en el momento en el que ella le apuntó con el arma de forma tan decidida. Joder, Karen hubiera disparado, lo sabe. Por mucho que quiera indagar sobre el tema, Frank opta por callarse y asentir. Una parte de él prefiere no saber, sea lo que sea.
— ¿Lo crees? —Si solo lo cree tal vez sea porque la cosa no ha acabado del todo. Algo definitivo implica tener las cosas claras, ella aún parece dudar sobre el asunto. O por lo menos eso es lo que a Frank le ha parecido ver. En cualquier caso—. Lo que dije... —empieza a explicar, frunciendo su ceño— supongo que no siempre se puede aplicar —carraspea al notar la cabeza de Fido sobre su pierna, buscando algo de atención. Claro, la única persona que le ha dado mimos de verdad en las últimas semanas resulta que se ah entretenido con la herida de su dueño, necesita que alguien le haga un poco de caso—. Solo tú puedes decidir si vale la pena o no.
A lo que quiere ir es a que las cosas terminarán doliendo tarde o temprano. Y dolerán mucho. Sin embargo, tal vez sea cierto eso de que Matt no es la persona adecuada. Tal vez ella prefiera aspirar a otra cosa. No mejor. Tampoco peor. Simplemente alguien diferente y que pueda adaptarse mejor a sus necesidades. Ella es la única que puede decidir qué es lo mejor para su vida.
— No me sorprende que Nelson haya encontrado un buen trabajo. —Frank prefiere abandonar el otro tema de conversación, empezaba a resultarle incómodo hablar sobre ello. Y a Karen también, lo ha podido notar sin que ella le diga nada—. Lo hizo bien —reconoce, aunque ambos saben que algunas cosas no le gustaron ni un pelo. También comprende que en su caso no había mucho que hacer. Se declaró inocente, pero probar su inocencia era imposible. Tenía la palabra culpable tatuada en la frente, a la vista de todos—. Me alegro.
Parece que la situación se suaviza bastante, pero Karen saca a colación el tema de Schoonover. Se tensa, aunque sigue sin moverse. No quiere que ningún movimiento acabe estorbando a Karen en su tarea de arreglarle esa herida tan fea que tiene.
— Eso no importa. —No le importa quedarse con el papel de monstruo, lo que de verdad le importa es que Schoonover está a unos cuantos metros bajo tierra. Es lo que le ayuda a dormir bien por las noches—. Él ya no va a ser un problema para nadie. —Pensar en él hace que recuerde lo que sucedió en esa misma cabaña, lo que ella le dijo antes de que cerrara la puerta. Frank aseguró estar muerto para entonces, pero lo cierto es que tras escucharla algo se rompió dentro de él. Algo pequeño, pero porque de él no debe quedar mucho más por romper—. Pensé que había muerto para ti.
— ¿Lo crees? —Si solo lo cree tal vez sea porque la cosa no ha acabado del todo. Algo definitivo implica tener las cosas claras, ella aún parece dudar sobre el asunto. O por lo menos eso es lo que a Frank le ha parecido ver. En cualquier caso—. Lo que dije... —empieza a explicar, frunciendo su ceño— supongo que no siempre se puede aplicar —carraspea al notar la cabeza de Fido sobre su pierna, buscando algo de atención. Claro, la única persona que le ha dado mimos de verdad en las últimas semanas resulta que se ah entretenido con la herida de su dueño, necesita que alguien le haga un poco de caso—. Solo tú puedes decidir si vale la pena o no.
A lo que quiere ir es a que las cosas terminarán doliendo tarde o temprano. Y dolerán mucho. Sin embargo, tal vez sea cierto eso de que Matt no es la persona adecuada. Tal vez ella prefiera aspirar a otra cosa. No mejor. Tampoco peor. Simplemente alguien diferente y que pueda adaptarse mejor a sus necesidades. Ella es la única que puede decidir qué es lo mejor para su vida.
— No me sorprende que Nelson haya encontrado un buen trabajo. —Frank prefiere abandonar el otro tema de conversación, empezaba a resultarle incómodo hablar sobre ello. Y a Karen también, lo ha podido notar sin que ella le diga nada—. Lo hizo bien —reconoce, aunque ambos saben que algunas cosas no le gustaron ni un pelo. También comprende que en su caso no había mucho que hacer. Se declaró inocente, pero probar su inocencia era imposible. Tenía la palabra culpable tatuada en la frente, a la vista de todos—. Me alegro.
Parece que la situación se suaviza bastante, pero Karen saca a colación el tema de Schoonover. Se tensa, aunque sigue sin moverse. No quiere que ningún movimiento acabe estorbando a Karen en su tarea de arreglarle esa herida tan fea que tiene.
— Eso no importa. —No le importa quedarse con el papel de monstruo, lo que de verdad le importa es que Schoonover está a unos cuantos metros bajo tierra. Es lo que le ayuda a dormir bien por las noches—. Él ya no va a ser un problema para nadie. —Pensar en él hace que recuerde lo que sucedió en esa misma cabaña, lo que ella le dijo antes de que cerrara la puerta. Frank aseguró estar muerto para entonces, pero lo cierto es que tras escucharla algo se rompió dentro de él. Algo pequeño, pero porque de él no debe quedar mucho más por romper—. Pensé que había muerto para ti.
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Re: Penny and dime
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Apretó los labios con tanta fuerza, obligándose a mirar solo hacia la herida que estaba cosiendo con tanto cuidado. En otro caso, habría preferido enfocarse un poco más en algo más porque sí, era un poco asqueroso. Las manos se le habían manchado, más que nada los dedos, pero Karen prefería tener esa imagen a cualquier otra. Por lo menos mientras tuviera la oportunidad.
— Ya, lo sé. Claro que lo sé —murmuró, frunciendo el ceño ante la aguja clavándose en la piel de Frank una vez más. Dios, lo más probable es que eso fuera doloroso y no quería pensar demasiado en ello. No obstante, prefería enfocarse en eso y no tanto en Matt. No, todavía no podía digerir del todo la noticia de Daredevil.
Tal vez el verdadero problema estuvo en el momento y el modo en que se lo había dicho, o el hecho de haber tardado tanto para hacerlo. También estaba, ¡claro!, la cuestión de esa mujer preciosa en su cama durante el último juicio de Nelson y Murdock. Y por mucho que no fuera —tan— insegura, sí que la había afectado.
— Foggy es bueno, sí —muy bueno. Era cuestión de pensar en el discurso que había dado durante el juicio de Frank, en la forma apasionada en la que había defendido a su cliente incluso cuando no creía en la inocencia del mismo. Amaba eso de Foggy Nelson.
Vale, puede que el cambio de tema a The Blacksmith no hubiera sido el mejor. Había tratado con todas sus fuerzas controlar su boca, sin embargo era complicado para alguien como ella. Quería la verdad, quería justicia; y no veía que nada de eso se hubiera conseguido al asesinar a Ray Schoonover. Esa noche, donde había quedado fuera de la casucha en la que se encontraba, había sido dura. Mucho más de lo que le gustaría admitir.
— Yo pensé que ya estabas muert... ay, mierda —maldijo por lo bajo, nada más pincharse el dedo con la aguja. Negó con la cabeza, recomponiéndose en un abrir y cerrar de ojos.
— Como sea, ese... ese monstruo no merecía los honores, ni el respeto de todas las personas que asistieron. Tendría que haberse podrido en una celda, no recibir la muerte rápida que le diste —habló más rápido de lo normal, sin poder evitarlo.
En alguna otra ocasión se había dirigido a él de esa forma, cuando le dijo que él terminaría pudriéndose en una celda si no aprendía a cooperar. Clavó los dientes en su labio inferior, encargándose de dar la última puntada en la herida con el mayor cuidado, y se recordó que no podía perder la calma cuando había una sutura en proceso. Soltó un suspiro, algo frustrada.
— Ya está —anunció, dando un paso atrás. Se fijó en sus manos con sangre, una de ellas aún sosteniendo la aguja. — No estoy aquí para atormentarte ni mucho menos, Frank. He venido a investigar, yo solo... —arrugó los labios, sin saber qué decir, o cómo decirlo. Quería saber que estaba bien. Eso.
— Ya, lo sé. Claro que lo sé —murmuró, frunciendo el ceño ante la aguja clavándose en la piel de Frank una vez más. Dios, lo más probable es que eso fuera doloroso y no quería pensar demasiado en ello. No obstante, prefería enfocarse en eso y no tanto en Matt. No, todavía no podía digerir del todo la noticia de Daredevil.
Tal vez el verdadero problema estuvo en el momento y el modo en que se lo había dicho, o el hecho de haber tardado tanto para hacerlo. También estaba, ¡claro!, la cuestión de esa mujer preciosa en su cama durante el último juicio de Nelson y Murdock. Y por mucho que no fuera —tan— insegura, sí que la había afectado.
— Foggy es bueno, sí —muy bueno. Era cuestión de pensar en el discurso que había dado durante el juicio de Frank, en la forma apasionada en la que había defendido a su cliente incluso cuando no creía en la inocencia del mismo. Amaba eso de Foggy Nelson.
Vale, puede que el cambio de tema a The Blacksmith no hubiera sido el mejor. Había tratado con todas sus fuerzas controlar su boca, sin embargo era complicado para alguien como ella. Quería la verdad, quería justicia; y no veía que nada de eso se hubiera conseguido al asesinar a Ray Schoonover. Esa noche, donde había quedado fuera de la casucha en la que se encontraba, había sido dura. Mucho más de lo que le gustaría admitir.
— Yo pensé que ya estabas muert... ay, mierda —maldijo por lo bajo, nada más pincharse el dedo con la aguja. Negó con la cabeza, recomponiéndose en un abrir y cerrar de ojos.
— Como sea, ese... ese monstruo no merecía los honores, ni el respeto de todas las personas que asistieron. Tendría que haberse podrido en una celda, no recibir la muerte rápida que le diste —habló más rápido de lo normal, sin poder evitarlo.
En alguna otra ocasión se había dirigido a él de esa forma, cuando le dijo que él terminaría pudriéndose en una celda si no aprendía a cooperar. Clavó los dientes en su labio inferior, encargándose de dar la última puntada en la herida con el mayor cuidado, y se recordó que no podía perder la calma cuando había una sutura en proceso. Soltó un suspiro, algo frustrada.
— Ya está —anunció, dando un paso atrás. Se fijó en sus manos con sangre, una de ellas aún sosteniendo la aguja. — No estoy aquí para atormentarte ni mucho menos, Frank. He venido a investigar, yo solo... —arrugó los labios, sin saber qué decir, o cómo decirlo. Quería saber que estaba bien. Eso.
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Re: Penny and dime
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Karen ha sido capaz de dar con las palabras que consiguen hacer sonreír a Frank. No es muy habitual que lo haga, es una pena que le haya pillado de espaldas, pero esa sonrisa es un reconocimiento a su valor. A día de hoy, después de todo, le sigue sorprendiendo la forma en la que le planta cara. No se hace más pequeña en su presencia, como muchos acostumbran a hacer, se hace más grande. Puede que haya llegado a tener miedo de Frank, razones no le han faltado, pero eso no deja que eso la ponga por debajo de él. Lo valora de forma positiva, por supuesto.
— Classy —dice Frank por lo bajo, más para sí mismo que para ella. Es cierto, sigue estando muerto. No cree que algo así vaya a cambiar jamás, por dentro no queda nada. Está vacío—. La vida es así. —Muchos mueren como héroes sin serlo, otros tantos mueren siendo considerados monstruos cuando en realidad no lo son. También muere mucha gente inocente, personas que no merecían otra cosa que tener una vida larga y feliz. Frank intenta equilibrar esa balanza, piensa que su trabajo hace algún bien. Aunque no todos lo vean con buenos ojos—. Merecía morir, el sistema no funciona, todos vuelven a las calles tarde o temprano. —Para Frank con hay esperanza, está seguro de que esas personas vuelven a las andadas tan pronto como han salido. No tienen ningún respeto por la vida de los demás—. Duermo más tranquilo sabiendo que ha muerto.
Ni siquiera se imagina a sí mismo durmiendo tranquilo si él hubiera salido con vida, por mucha celda que le estuviera conteniendo. No importa que fuera rápido o lento, Frank necesitaba hacerlo. Una bala, una muerte. Eso es lo que el mismo Schoonover le enseñó. Toma el espejo cuando le dice que ha terminado y lo utiliza para echar un ojo a su herida. Definitivamente ha sido de gran utilidad.
— Entiendo. —Sabe que no pretende molestarle, tampoco es que lo esté haciendo, aunque Frank teme por lo que pueda pasarle si alguien sabe de este encuentro—. ¿Entonces vas a escribir sobre mí? —pregunta al tiempo que deja el espejo a un lado y se gira para mirarla. Sí, sabe que lo hará, lo que quiere saber es qué va a decir—. ¿Vas a escribir sobre ellos? —Aún intenta explicarse a sí mismo por qué Karen Page. ¿Por qué ella? Puede que haya sido la única que ha querido ver más allá de The Punisher. De entre todos solo ella fue a su casa a indagar, a empaparse un poco de Frank Castle y no de The Punisher. Es posible que haya visto en Karen la oportunidad de poder decir la verdad, ¿y si eso le ayuda a dormir por las noches? El hecho de desmentir lo que sucedió con su familia podría hacer que conciliar el sueño sea más fácil—. Podría ayudarte —Este sería un buen momento para mirarla a la cara. Pero no puede. En vez de eso se limita a limpiarse la sangre y a tenderle a ella más papel, antes de que se seque y sea más difícil quitarla—. Yo podría hablar —añade.
Más bien quiere hacerlo. Lo necesita. Pero necesita saber que ella quiere ayudarle y que no hay forma de perjudicarla en el proceso.
— Classy —dice Frank por lo bajo, más para sí mismo que para ella. Es cierto, sigue estando muerto. No cree que algo así vaya a cambiar jamás, por dentro no queda nada. Está vacío—. La vida es así. —Muchos mueren como héroes sin serlo, otros tantos mueren siendo considerados monstruos cuando en realidad no lo son. También muere mucha gente inocente, personas que no merecían otra cosa que tener una vida larga y feliz. Frank intenta equilibrar esa balanza, piensa que su trabajo hace algún bien. Aunque no todos lo vean con buenos ojos—. Merecía morir, el sistema no funciona, todos vuelven a las calles tarde o temprano. —Para Frank con hay esperanza, está seguro de que esas personas vuelven a las andadas tan pronto como han salido. No tienen ningún respeto por la vida de los demás—. Duermo más tranquilo sabiendo que ha muerto.
Ni siquiera se imagina a sí mismo durmiendo tranquilo si él hubiera salido con vida, por mucha celda que le estuviera conteniendo. No importa que fuera rápido o lento, Frank necesitaba hacerlo. Una bala, una muerte. Eso es lo que el mismo Schoonover le enseñó. Toma el espejo cuando le dice que ha terminado y lo utiliza para echar un ojo a su herida. Definitivamente ha sido de gran utilidad.
— Entiendo. —Sabe que no pretende molestarle, tampoco es que lo esté haciendo, aunque Frank teme por lo que pueda pasarle si alguien sabe de este encuentro—. ¿Entonces vas a escribir sobre mí? —pregunta al tiempo que deja el espejo a un lado y se gira para mirarla. Sí, sabe que lo hará, lo que quiere saber es qué va a decir—. ¿Vas a escribir sobre ellos? —Aún intenta explicarse a sí mismo por qué Karen Page. ¿Por qué ella? Puede que haya sido la única que ha querido ver más allá de The Punisher. De entre todos solo ella fue a su casa a indagar, a empaparse un poco de Frank Castle y no de The Punisher. Es posible que haya visto en Karen la oportunidad de poder decir la verdad, ¿y si eso le ayuda a dormir por las noches? El hecho de desmentir lo que sucedió con su familia podría hacer que conciliar el sueño sea más fácil—. Podría ayudarte —Este sería un buen momento para mirarla a la cara. Pero no puede. En vez de eso se limita a limpiarse la sangre y a tenderle a ella más papel, antes de que se seque y sea más difícil quitarla—. Yo podría hablar —añade.
Más bien quiere hacerlo. Lo necesita. Pero necesita saber que ella quiere ayudarle y que no hay forma de perjudicarla en el proceso.
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Re: Penny and dime
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— También yo —admitió, en voz muy baja. The Blacksmith había tratado de asesinarla porque lo había pillado, logró hacer todas las conexiones que otros no habían hecho y, cómo no, debía morir. Karen habría estado aterrorizada de no haber oído la canción que Frank le había mostrado en el pasado, una que fue una clara señal de que no se encontraba sola. — Solo... Esperaba algo más, algo diferente —fue honesta, mentir no tenía sentido.
Grabar una confesión, tener evidencia que presentar a la hora de escribir su artículo sobre Frank Castle y darle la oportunidad de volver de la muerte habría sido mejor. Con Schoonover muerto y The Punisher aún activo —aunque con un perfil mucho más bajo, eso tenía que concedérselo— era difícil hacer algo.
— ¿De verdad? —la sorpresa se le notó en la cara, con el papel entre las manos manchadas. Pensó que al saber quién era The Blacksmith y descubrir la verdad sobre su familia, al final perdería interés en lo que Karen tenía para ofrecer. Era poco, más que nada información y apoyo, por lo que fue sorprendente. — Se supone que debo tratar las especulaciones que rondan por la ciudad, eh... Hay personas que creen que estás vivo por algunos asesinatos de los últimos meses —recuperó la compostura, su trabajo servía para mantener sus pies en la tierra y era exactamente lo que necesitaba por el momento. Bajó la vista hacia el papel y sus manos, para asegurarse de estar limpiándolas bien. No podía tener sangre de un hombre muerto en sus manos, no otra vez. No podía ser descuidada, joder.
— Me encantaría oír toda la historia, aunque es probable que no pueda publicarla —sus ojos fueron hacia el rostro de Frank una vez más, cohibida. — Convenceré a todos sobre tu muerte, por lo que no sé si mi jefe querrá que agregue algo sobre el tema. Yo... —respiró hondo, tratando de quitar los restos de sangre que tenía debajo de las uñas. No sabía cómo decirlo, que palabras usar para ello. — Yo no controlo qué se publica. Puedo tratar, si hablo con Ellison podré convencerlo —y aún así, dudaba un poco de si lo lograría. En ocasiones, ni su voluntad de hierro ni su capacidad de no detenerse hasta llegar a la verdad la ayudaban en ese tipo de situaciones.
Los lectores ya no deseaban saber la verdad sobre la familia de Frank Castle, si es que alguna vez lo habían querido; lo único que esperaban leer era la confirmación de su muerte.
— Aún tengo gran parte de tus archivos —aún puedo hacer el mejor maldito artículo jamás escrito. Sobre ti, sobre toda la verdad. — Y siempre está la oportunidad de vender la historia a otro periódico si las cosas no van bien y... Cualquier ayuda sería maravillosa —le tendió el papel, tras hacer una bola con el mismo. Si bien sus manos se encontraban limpias, no se veían de la misma forma en que lo habían hecho antes de llegar.
Grabar una confesión, tener evidencia que presentar a la hora de escribir su artículo sobre Frank Castle y darle la oportunidad de volver de la muerte habría sido mejor. Con Schoonover muerto y The Punisher aún activo —aunque con un perfil mucho más bajo, eso tenía que concedérselo— era difícil hacer algo.
— ¿De verdad? —la sorpresa se le notó en la cara, con el papel entre las manos manchadas. Pensó que al saber quién era The Blacksmith y descubrir la verdad sobre su familia, al final perdería interés en lo que Karen tenía para ofrecer. Era poco, más que nada información y apoyo, por lo que fue sorprendente. — Se supone que debo tratar las especulaciones que rondan por la ciudad, eh... Hay personas que creen que estás vivo por algunos asesinatos de los últimos meses —recuperó la compostura, su trabajo servía para mantener sus pies en la tierra y era exactamente lo que necesitaba por el momento. Bajó la vista hacia el papel y sus manos, para asegurarse de estar limpiándolas bien. No podía tener sangre de un hombre muerto en sus manos, no otra vez. No podía ser descuidada, joder.
— Me encantaría oír toda la historia, aunque es probable que no pueda publicarla —sus ojos fueron hacia el rostro de Frank una vez más, cohibida. — Convenceré a todos sobre tu muerte, por lo que no sé si mi jefe querrá que agregue algo sobre el tema. Yo... —respiró hondo, tratando de quitar los restos de sangre que tenía debajo de las uñas. No sabía cómo decirlo, que palabras usar para ello. — Yo no controlo qué se publica. Puedo tratar, si hablo con Ellison podré convencerlo —y aún así, dudaba un poco de si lo lograría. En ocasiones, ni su voluntad de hierro ni su capacidad de no detenerse hasta llegar a la verdad la ayudaban en ese tipo de situaciones.
Los lectores ya no deseaban saber la verdad sobre la familia de Frank Castle, si es que alguna vez lo habían querido; lo único que esperaban leer era la confirmación de su muerte.
— Aún tengo gran parte de tus archivos —aún puedo hacer el mejor maldito artículo jamás escrito. Sobre ti, sobre toda la verdad. — Y siempre está la oportunidad de vender la historia a otro periódico si las cosas no van bien y... Cualquier ayuda sería maravillosa —le tendió el papel, tras hacer una bola con el mismo. Si bien sus manos se encontraban limpias, no se veían de la misma forma en que lo habían hecho antes de llegar.
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Re: Penny and dime
I. Did you find another cure?
Está seguro de que la forma de hacer las cosas de Karen hubiera sido mil veces mejor que la suya. Podría haber probado mil cosas y haber limpiado, en parte, su nombre. Sin embargo, en esos momentos nada le importaba más que acabar con la vida de ese hombre. No merecía ni un solo segundo más de tiempo. Además, estaba cansado ya de todo, lo único en lo que Frank podía pensar era en acabar con eso de una vez por todas. Para siempre. Y lo hizo.
— Yo estoy tranquilo. —Eso es cuanto necesita. No puede decir que gracias a ello haya podido alcanzar la paz, sería mentir de una forma muy descarada, pero sí es cierto que siente que con Schoonover las cosas acabaron como debían acabar. Ya está—. De verdad.
Les ha hecho justicia a su manera —aunque su cruzada no haya terminado todavía, de hecho, jamás acabará—, ahora queda desmentir todo lo que la fiscalía amañó. Dejar que las cosas queden como tienen que quedar, sin más. Considera que no es mucho pedir y está seguro de que eso sí que le hará sentirse mucho mejor. Claro que ahora depende en gran medida de Karen, porque por mucho que Frank lo grite a los cuatro vientos no conseguirá nada. Nadie hará caso de nada que salga de su boca.
— ¿Y por qué mentir sobre mi muerte? —Es cierto que le ha venido bien ese tiempo de paz, sin que la policía le pise los talones ni la ciudad esté atenta. Sin embargo, ambos saben que esto no durará mucho tiempo. Frank sigue en activo y es cuestión de tiempo que dé con alguna banda, algún grupo que masacrar y que quedará marcado automáticamente por Frank Castle. Porque su forma de hacer las cosas es muy concreta. Cualquiera podrá desmentir su muerte en unos meses—. Muerto no sirvo de nada —murmura por lo bajo antes de rebuscar entre su ropa para dar con otra camiseta—. Además, tarde o temprano descubrirán que no lo estoy, eso no te dará buena fama. —Incluso dará pie a que piensen que ha intentado cubrirle. Es cuestión de tiempo que se aten cabos y se den cuenta de que no es ningún milagro que Karen haya sobrevivido a The Punisher tantas veces. Ella jamás fue un objetivo—. Si... si Ellison se niega a publicar yo puedo hacerle una visita. —Es probable que pueda parecer amenazador, pero no está amenazando a nadie de nada. Sabe que no necesitará mucho para convencerlo de que lo haga, ni siquiera tendrá que sacar la pistola. Solo charlarían un poco—. Me da igual cómo, lo que no quiero es meterte en un lío.
Coge el papel que lo tiende y lo tira en una bolsa que utiliza a modo de cubo de la basura. Después la mira, mientras siente la cabeza de Fido pegarse a su pierna. En su diestra no tarda mucho en hacer acto de presencia ese tic tan característico en él. El dedo del gatillo.
— ¿Qué necesitas? —Quiere saberlo para valorar si merecerá la pena o no. Pero tiene que haber un plan, no pueden ir a lo loco y tienen que encontrar algo que les satisfaga a los dos.
— Yo estoy tranquilo. —Eso es cuanto necesita. No puede decir que gracias a ello haya podido alcanzar la paz, sería mentir de una forma muy descarada, pero sí es cierto que siente que con Schoonover las cosas acabaron como debían acabar. Ya está—. De verdad.
Les ha hecho justicia a su manera —aunque su cruzada no haya terminado todavía, de hecho, jamás acabará—, ahora queda desmentir todo lo que la fiscalía amañó. Dejar que las cosas queden como tienen que quedar, sin más. Considera que no es mucho pedir y está seguro de que eso sí que le hará sentirse mucho mejor. Claro que ahora depende en gran medida de Karen, porque por mucho que Frank lo grite a los cuatro vientos no conseguirá nada. Nadie hará caso de nada que salga de su boca.
— ¿Y por qué mentir sobre mi muerte? —Es cierto que le ha venido bien ese tiempo de paz, sin que la policía le pise los talones ni la ciudad esté atenta. Sin embargo, ambos saben que esto no durará mucho tiempo. Frank sigue en activo y es cuestión de tiempo que dé con alguna banda, algún grupo que masacrar y que quedará marcado automáticamente por Frank Castle. Porque su forma de hacer las cosas es muy concreta. Cualquiera podrá desmentir su muerte en unos meses—. Muerto no sirvo de nada —murmura por lo bajo antes de rebuscar entre su ropa para dar con otra camiseta—. Además, tarde o temprano descubrirán que no lo estoy, eso no te dará buena fama. —Incluso dará pie a que piensen que ha intentado cubrirle. Es cuestión de tiempo que se aten cabos y se den cuenta de que no es ningún milagro que Karen haya sobrevivido a The Punisher tantas veces. Ella jamás fue un objetivo—. Si... si Ellison se niega a publicar yo puedo hacerle una visita. —Es probable que pueda parecer amenazador, pero no está amenazando a nadie de nada. Sabe que no necesitará mucho para convencerlo de que lo haga, ni siquiera tendrá que sacar la pistola. Solo charlarían un poco—. Me da igual cómo, lo que no quiero es meterte en un lío.
Coge el papel que lo tiende y lo tira en una bolsa que utiliza a modo de cubo de la basura. Después la mira, mientras siente la cabeza de Fido pegarse a su pierna. En su diestra no tarda mucho en hacer acto de presencia ese tic tan característico en él. El dedo del gatillo.
— ¿Qué necesitas? —Quiere saberlo para valorar si merecerá la pena o no. Pero tiene que haber un plan, no pueden ir a lo loco y tienen que encontrar algo que les satisfaga a los dos.
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Re: Penny and dime
I. Did you find another cure?
Se preguntó cuál era el secreto para asesinar y, aparentemente, no sentir culpa alguna. Supuso que el hecho de que fueran circunstancias diferentes era un cambio tan grande, casi tanto como el hecho de haber vivido de forma distinta, que la manera de sobrellevarlo de uno y otro no podía ser igual. ¿Los rostros de los que había asesinado lo acosarían al dormir, en pesadillas que duraban noches enteras? Porque eso le sucedía cada noche.
Entendía el razonamiento del hombre, de alguna forma comprendía por qué pensaba de la forma en que lo hacía y sí, quizás era porque podía ponerse en su lugar de forma instintiva. No obstante, debía admitir que había algo que no entendía por mucho que lo intentara, y tenía razones para no hacerlo.
— Pero si tú fuiste quien decidió esto, Frank —estar muerto, por supuesto. Lo dijo con una sonrisa confundida, en medio de una respiración que bien habría podido confundirse con una risa. Ella se lo había ofrecido, antes, cuando decidió arrastrar a Schoonover hacia la caseta en cuestión. — Si estás vivo y todo el mundo se entera, te cazarán. Lo sabes, ¿verdad? Pondrán precio a tu cabeza —se llevó dos dedos a los labios, mirando hacia el suelo.
Arrastró los pies mientras caminaba en círculos, en esa forma que tenía para meditar sobre qué era lo mejor. No creía que hubiera una decisión ideal allí, siendo completamente honestos.
— Y es probable que busquen saber cómo es que yo lo supe, también —habló contra sus dedos, sin detenerse. Y no sería la primera vez que se metía en líos por tener más información que el resto, así que no era la gran cosa, pero todo necesitaba ser considerado. — Esto no va sobre mí, no obstante.
Se detuvo para observarlo, su cerebro trabajando, pensando, analizando hasta la última de las posibilidades que tenía(n). — Por otra parte, si estás muerto, tendrás el factor sorpresa de tu parte. Si alguien sospecha, podría decir que... No sé, que son imitadores —se encogió de hombros. No le agradaba mentir, la verdad siempre había sido su meta principal a la hora de escribir y era la razón por la cual trabajaba en el Bulletin; pero Frank era una excepción. Un secreto, otro más para la colección.
— ¿Por qué ahora? —bajó las manos, llevándolas hacia sus caderas. Todavía lo observaba, impertérrita. — ¿Por qué no hace meses? ¿Qué es lo que cambió? —tenía derecho a preguntar.
Lo tenía porque, para empezar, aquella noche le había dado esa oportunidad. Exactamente la que estaban discutiendo, la de arreglar las cosas tanto como fuera posible. Estar vivo, ayudarlo. Él había escogido estar muerto para Karen. — La decisión no es mía para tomarla, eres tú el que tendrá que lidiar con lo que quieras. Nada me sucederá, esto no tiene que ver conmigo a fin de cuentas —bajó los hombros, relajándolos por un momento.
— Lo que decidas, estará bien. Pero quiero... —miró hacia ambos lados, hacia las manchas de sangre que había en el lugar. Cualquier lugar, antes de volver a él. — Quiero saber por qué.
Entendía el razonamiento del hombre, de alguna forma comprendía por qué pensaba de la forma en que lo hacía y sí, quizás era porque podía ponerse en su lugar de forma instintiva. No obstante, debía admitir que había algo que no entendía por mucho que lo intentara, y tenía razones para no hacerlo.
— Pero si tú fuiste quien decidió esto, Frank —estar muerto, por supuesto. Lo dijo con una sonrisa confundida, en medio de una respiración que bien habría podido confundirse con una risa. Ella se lo había ofrecido, antes, cuando decidió arrastrar a Schoonover hacia la caseta en cuestión. — Si estás vivo y todo el mundo se entera, te cazarán. Lo sabes, ¿verdad? Pondrán precio a tu cabeza —se llevó dos dedos a los labios, mirando hacia el suelo.
Arrastró los pies mientras caminaba en círculos, en esa forma que tenía para meditar sobre qué era lo mejor. No creía que hubiera una decisión ideal allí, siendo completamente honestos.
— Y es probable que busquen saber cómo es que yo lo supe, también —habló contra sus dedos, sin detenerse. Y no sería la primera vez que se metía en líos por tener más información que el resto, así que no era la gran cosa, pero todo necesitaba ser considerado. — Esto no va sobre mí, no obstante.
Se detuvo para observarlo, su cerebro trabajando, pensando, analizando hasta la última de las posibilidades que tenía(n). — Por otra parte, si estás muerto, tendrás el factor sorpresa de tu parte. Si alguien sospecha, podría decir que... No sé, que son imitadores —se encogió de hombros. No le agradaba mentir, la verdad siempre había sido su meta principal a la hora de escribir y era la razón por la cual trabajaba en el Bulletin; pero Frank era una excepción. Un secreto, otro más para la colección.
— ¿Por qué ahora? —bajó las manos, llevándolas hacia sus caderas. Todavía lo observaba, impertérrita. — ¿Por qué no hace meses? ¿Qué es lo que cambió? —tenía derecho a preguntar.
Lo tenía porque, para empezar, aquella noche le había dado esa oportunidad. Exactamente la que estaban discutiendo, la de arreglar las cosas tanto como fuera posible. Estar vivo, ayudarlo. Él había escogido estar muerto para Karen. — La decisión no es mía para tomarla, eres tú el que tendrá que lidiar con lo que quieras. Nada me sucederá, esto no tiene que ver conmigo a fin de cuentas —bajó los hombros, relajándolos por un momento.
— Lo que decidas, estará bien. Pero quiero... —miró hacia ambos lados, hacia las manchas de sangre que había en el lugar. Cualquier lugar, antes de volver a él. — Quiero saber por qué.
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Re: Penny and dime
I. Did you find another cure?
¿En serio piensa que le cazarán? Levanta la mirada de Fido a la rubia de forma lenta, clavando sus ojos oscuros en ella mientras medita en las palabras que le acaba de dedicar. Su cabeza ya tiene precio, la tuvo desde el instante en el que decidió empezar una guerra. Su propia guerra. Ahora más de una banda quiere hacerse con Frank y, seguramente, la muerte no debe ser lo peor que esas personas tienen en mente. Llaman a Daredevil el hombre sin miedo. ¿Qué hay de Frank?
— Si van a venir a por mí más les vale no fallar. —Porque ese error solo puede significar una cosa: la muerte. Frunce los labios y cruza los brazos, contrariado. Es verdad, él lo decidió, aunque tampoco iba a quedarse en el barco solo para que los demás confirmaran que no estaba muerto. Le han venido bien estos meses de calma, pese a que él tampoco ha dejado de hacer lo que considera que le corresponde—. En eso te equivocas, desde el momento en el que te involucras la cosa empieza a ir contigo. —Frank puede dormir bien por las noches porque sabe que se ha cargado a personas que no merecen una segunda oportunidad. Karen es una persona inocente que no merece lo que le pueda caer encima por culpa de Frank—. ¿Imitadores?
Se le escapa una carcajada algo seca. Sí, puede colar al principio, pero The Punisher no admite imitaciones. Es cierto que le viene muy bien que los demás piensen que está muerto, le da una ventaja enorme, sin embargo, sabe muy bien que las mentiras no aguantan para siempre. Llegará un punto en el que, simplemente, ya no habrá manera de seguir mintiendo.
— Lo pensaré —suspira, con aire cansado. No está en su mejor momento, necesita descansar y meditar bien las cosas antes de dar un primer paso. Ella tiene razón en muchas cosas, por supuesto, pero él también tiene sus razones para querer hacer las cosas de otra manera—. Porque no podía dejar escapar a Schoonover —responde, con la mandíbula marcada por la rabia. Le incomoda esa pregunta, pero supone que es necesaria. Karen merece respuestas—. Porque si lo hacíamos a tu manera cabía la posibilidad de que alguien saliera herido —continúa, aún con la rabia dentro de él— o de que escapara. —Por nada del mundo iba a dejar que saliera con vida de esa. Simplemente quería aprovechar la oportunidad mientras la tenía, antes de que se le escapara de las manos—. Les he vengado a mi manera, ahora quiero limpiar todo lo que la fiscalía manipuló.
Vamos, su prioridad era dar caza al culpable de todo aquello, ahora que lo ha hecho y ha podido aclarar sus ideas, puede ver mejor sus otras opciones. Encoge un hombro y desvía la mirada, sintiéndose algo incómodo. No sabe por qué, pero siente que le está juzgando.
— No lo hago por mí —aclara, en voz baja. No quiere limpiar su nombre, después de todo lo que ha hecho eso no es posible—. Lo hago por ellos. —Y nunca es tarde para contar la verdad.
— Si van a venir a por mí más les vale no fallar. —Porque ese error solo puede significar una cosa: la muerte. Frunce los labios y cruza los brazos, contrariado. Es verdad, él lo decidió, aunque tampoco iba a quedarse en el barco solo para que los demás confirmaran que no estaba muerto. Le han venido bien estos meses de calma, pese a que él tampoco ha dejado de hacer lo que considera que le corresponde—. En eso te equivocas, desde el momento en el que te involucras la cosa empieza a ir contigo. —Frank puede dormir bien por las noches porque sabe que se ha cargado a personas que no merecen una segunda oportunidad. Karen es una persona inocente que no merece lo que le pueda caer encima por culpa de Frank—. ¿Imitadores?
Se le escapa una carcajada algo seca. Sí, puede colar al principio, pero The Punisher no admite imitaciones. Es cierto que le viene muy bien que los demás piensen que está muerto, le da una ventaja enorme, sin embargo, sabe muy bien que las mentiras no aguantan para siempre. Llegará un punto en el que, simplemente, ya no habrá manera de seguir mintiendo.
— Lo pensaré —suspira, con aire cansado. No está en su mejor momento, necesita descansar y meditar bien las cosas antes de dar un primer paso. Ella tiene razón en muchas cosas, por supuesto, pero él también tiene sus razones para querer hacer las cosas de otra manera—. Porque no podía dejar escapar a Schoonover —responde, con la mandíbula marcada por la rabia. Le incomoda esa pregunta, pero supone que es necesaria. Karen merece respuestas—. Porque si lo hacíamos a tu manera cabía la posibilidad de que alguien saliera herido —continúa, aún con la rabia dentro de él— o de que escapara. —Por nada del mundo iba a dejar que saliera con vida de esa. Simplemente quería aprovechar la oportunidad mientras la tenía, antes de que se le escapara de las manos—. Les he vengado a mi manera, ahora quiero limpiar todo lo que la fiscalía manipuló.
Vamos, su prioridad era dar caza al culpable de todo aquello, ahora que lo ha hecho y ha podido aclarar sus ideas, puede ver mejor sus otras opciones. Encoge un hombro y desvía la mirada, sintiéndose algo incómodo. No sabe por qué, pero siente que le está juzgando.
— No lo hago por mí —aclara, en voz baja. No quiere limpiar su nombre, después de todo lo que ha hecho eso no es posible—. Lo hago por ellos. —Y nunca es tarde para contar la verdad.
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Re: Penny and dime
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Se mordió el interior de la mejilla, oyéndolo en un silencio que solo llegó para dejarlo hablar. Se sentía dividida entre dos fuerzas que tiraban de ella sin descanso, cualquier decisión que tomara traería algo malo consigo. Era como tratar de escoger entre morir con una bala a la cabeza o una al corazón, básicamente.
Lo dejó hablar y decir todo lo que estuviera en su mente, se limitó a escuchar cualquier pensamiento que pudiera tener al tiempo que permitía a su mente divagar un poco. Aunque más que permitirlo, Karen solo lo dejaba ser; su cerebro jamás dejaba de recular, dar vueltas a las cosas, analizar y pensar. Había ocasiones en las que era demasiado con lo que lidiar, sin embargo también era una ventaja. Gracias a eso, era una mujer de lo más inteligente, por muy impulsiva que también fuera. Se sabía lista.
— Sea como sea, si se da el caso, entonces ese será mi problema. Puedo cuidarme sola —en su bolso ya no solo había un gas pimienta, sino que también llevaba su arma consigo. ¿Cómo culparla? Por mucho que hubieran sido unos meses tranquilos, una nunca sabía qué peligros podían existir al doblar la esquina. Hell's Kitchen estaba plagada de ellos.
Se pasó una mano por el pelo, enterrándola allí y mirando por un minuto a Frank, en silencio. Luego asintió, sin más. — Vale —fue solo un murmullo, aferrándose a la correa de su bolso como si fuera su cable a tierra. Por un momento, lo fue. — Vale, está bien. Lo haremos —prometió, asintiendo con la cabeza nuevamente.
Por ellos, por personas que Karen ni siquiera había tenido la oportunidad de conocer pero que también merecían justicia.
Por Frank. Por él, a quien conocía. La persona a quien la ley y la sociedad habían fallado más de lo que lo había hecho a ella.
— Tómate tu tiempo para pensarlo, no tienes por qué decidir ahora. Lo que quieras, lo haré. Me encargaré de que la verdad vea la luz si eso es lo que decides, ya sea pronto o más adelante o... Cuando quieras, la verdad —porque eso era lo que hacía: buscar la verdad, exponerla y abrir los ojos del resto. En ese caso, no obstante, era distinto. Podía guardársela para sí misma si eso era lo que Frank le pedía, porque era su historia. Ella solo había invadido su casa, había rebuscado en sus archivos y había metido la nariz donde no le correspondía para conocer qué había detrás de The Punisher, debajo de la capa que todos veían.
Se pasó la lengua por los labios para humedecerlos antes de volver a hablar, tras darse un respiro. — Tengo que entregar el artículo en unos días, pero no tienes por qué decidir para entonces. Puedo hacer más tiempo —podía convencer a Ellison, quizás porque él tenía una debilidad por la pasión de Karen Page. — Esta noche no hay nada más que hacer, pero cuando sepas qué necesitas solo búscame —se pausó, arrugando el ceño. — O contáctame. La verdad es que no sé cómo... —dejó la frase al aire. ¿Cómo iban a comunicarse? ¿Teléfono? ¿Quizás tendría que dejarse caer en aquel lugar de vez en cuando? ¿Por paloma mensajera, quizás? ¿O la buscaría?
Lo dejó hablar y decir todo lo que estuviera en su mente, se limitó a escuchar cualquier pensamiento que pudiera tener al tiempo que permitía a su mente divagar un poco. Aunque más que permitirlo, Karen solo lo dejaba ser; su cerebro jamás dejaba de recular, dar vueltas a las cosas, analizar y pensar. Había ocasiones en las que era demasiado con lo que lidiar, sin embargo también era una ventaja. Gracias a eso, era una mujer de lo más inteligente, por muy impulsiva que también fuera. Se sabía lista.
— Sea como sea, si se da el caso, entonces ese será mi problema. Puedo cuidarme sola —en su bolso ya no solo había un gas pimienta, sino que también llevaba su arma consigo. ¿Cómo culparla? Por mucho que hubieran sido unos meses tranquilos, una nunca sabía qué peligros podían existir al doblar la esquina. Hell's Kitchen estaba plagada de ellos.
Se pasó una mano por el pelo, enterrándola allí y mirando por un minuto a Frank, en silencio. Luego asintió, sin más. — Vale —fue solo un murmullo, aferrándose a la correa de su bolso como si fuera su cable a tierra. Por un momento, lo fue. — Vale, está bien. Lo haremos —prometió, asintiendo con la cabeza nuevamente.
Por ellos, por personas que Karen ni siquiera había tenido la oportunidad de conocer pero que también merecían justicia.
Por Frank. Por él, a quien conocía. La persona a quien la ley y la sociedad habían fallado más de lo que lo había hecho a ella.
— Tómate tu tiempo para pensarlo, no tienes por qué decidir ahora. Lo que quieras, lo haré. Me encargaré de que la verdad vea la luz si eso es lo que decides, ya sea pronto o más adelante o... Cuando quieras, la verdad —porque eso era lo que hacía: buscar la verdad, exponerla y abrir los ojos del resto. En ese caso, no obstante, era distinto. Podía guardársela para sí misma si eso era lo que Frank le pedía, porque era su historia. Ella solo había invadido su casa, había rebuscado en sus archivos y había metido la nariz donde no le correspondía para conocer qué había detrás de The Punisher, debajo de la capa que todos veían.
Se pasó la lengua por los labios para humedecerlos antes de volver a hablar, tras darse un respiro. — Tengo que entregar el artículo en unos días, pero no tienes por qué decidir para entonces. Puedo hacer más tiempo —podía convencer a Ellison, quizás porque él tenía una debilidad por la pasión de Karen Page. — Esta noche no hay nada más que hacer, pero cuando sepas qué necesitas solo búscame —se pausó, arrugando el ceño. — O contáctame. La verdad es que no sé cómo... —dejó la frase al aire. ¿Cómo iban a comunicarse? ¿Teléfono? ¿Quizás tendría que dejarse caer en aquel lugar de vez en cuando? ¿Por paloma mensajera, quizás? ¿O la buscaría?
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Re: Penny and dime
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No duda ni por un momento que puede cuidarse ella sola, no se le ocurriría ponerlo en duda. El problema no es que sepa defenderse o no, es que a Frank le dolería meterla en problemas. Ya hizo su vida imposible en su momento, Karen no necesita que The Punisher siga formando parte de su vida. Es por eso que Frank necesita pensar mejor en lo que deben hacer, tendrá que tomarse su tiempo antes de tomar una decisión. Dos días deberían bastar, en teoría. Habrá que ver si es capaz de decidirse para entonces.
La expresión de Frank se relaja cuando ella da luz verde para que todo eso suceda. Le va a ayudar, van a hacerlo. Una parte de él sabía de antemano que no se podría negar, la otra... la otra tenía la esperanza de que Karen se alejara de él. Se encuentra dividido, confundido, pero a la vez contento por tener aún está oportunidad. No se la merece, es consciente de ello, de ahí que esté tan agradecido.
— No, no quiero tener la decisión en todo. —Confía en Karen y en que hará las cosas bien, así que dejará que sus decisiones sean influenciadas, en parte, por su opinión y consejos. Él tiene una forma de hacer las cosas muy particular, muy personal, no quiere que su objetivo se acabe viendo comprometido por ello—. Solo necesito un par de días, con eso... sí, con eso será suficiente —dice antes de volver a apretar los labios. Va a tener mucho en lo que pensar, pero espera al menos poder poner en orden sus ideas y tener un plan que discutir con ella—. Cuando lo sepa me pondré en contacto contigo.
Asiente con la cabeza, más para sí mismo que para ella. Siempre se le ha dado bien encontrar a las personas, incluso a aquellas que ponen mucho cuidado en no ser encontradas. Karen no será un problema.
— Gracias. —Quiere pensar que algún día podrá compensar todo lo que ha hecho por él. Aún no tiene ni idea de cómo podrá hacer eso, pero se le ocurrirá algo. No puede ser que Karen haga todo lo que hace por ayudarle y que él no tenga forma de compensarlo—. Por todo. —Desde la herida que acaba de coserle hasta todo lo que hizo en el pasado. Por no hablar de lo que está dispuesta a arriesgar. Algo le dice que Karen Page estaría dispuesta a arriesgarlo todo y más con tal de ayudarle a difundir lo que sucedió con su familia.
La expresión de Frank se relaja cuando ella da luz verde para que todo eso suceda. Le va a ayudar, van a hacerlo. Una parte de él sabía de antemano que no se podría negar, la otra... la otra tenía la esperanza de que Karen se alejara de él. Se encuentra dividido, confundido, pero a la vez contento por tener aún está oportunidad. No se la merece, es consciente de ello, de ahí que esté tan agradecido.
— No, no quiero tener la decisión en todo. —Confía en Karen y en que hará las cosas bien, así que dejará que sus decisiones sean influenciadas, en parte, por su opinión y consejos. Él tiene una forma de hacer las cosas muy particular, muy personal, no quiere que su objetivo se acabe viendo comprometido por ello—. Solo necesito un par de días, con eso... sí, con eso será suficiente —dice antes de volver a apretar los labios. Va a tener mucho en lo que pensar, pero espera al menos poder poner en orden sus ideas y tener un plan que discutir con ella—. Cuando lo sepa me pondré en contacto contigo.
Asiente con la cabeza, más para sí mismo que para ella. Siempre se le ha dado bien encontrar a las personas, incluso a aquellas que ponen mucho cuidado en no ser encontradas. Karen no será un problema.
— Gracias. —Quiere pensar que algún día podrá compensar todo lo que ha hecho por él. Aún no tiene ni idea de cómo podrá hacer eso, pero se le ocurrirá algo. No puede ser que Karen haga todo lo que hace por ayudarle y que él no tenga forma de compensarlo—. Por todo. —Desde la herida que acaba de coserle hasta todo lo que hizo en el pasado. Por no hablar de lo que está dispuesta a arriesgar. Algo le dice que Karen Page estaría dispuesta a arriesgarlo todo y más con tal de ayudarle a difundir lo que sucedió con su familia.
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Re: Penny and dime
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¿No quería tener la decisión en todo? Entonces, ¿qué? Sonaba a un equipo, lo cual la pilló con la guardia baja. Dios, ¿de verdad estaba haciendo eso? Si Matt lo supiera... No, a la mierda Matt, ¡si Foggy lo supiera! Si él lo supiera —que no lo haría, porque Karen no pensaba decir ni una palabra sobre el tema— era seguro que la cosa se pondría muy rara, muy... La palabra que estaba buscando era "complicada". No quería pensar en eso, no aún.
— Bueno, supongo que hallarás la forma de hacerlo —tal y como lo había hecho aquella noche cuando pensó que Schoonover le cerraría la boca de una vez por todas, Shinning Star sonando en la radio de su coche para que supiera que él andaba cerca. Se sentía rara al respecto, a pesar del tiempo.
Sus dedos dejaron un mechón de su cabello detrás de su oreja y, por un momento, se limitó a esbozar una sonrisa débil. Apenas sus comisuras alzándose, sus pómulos ligeramente más notorios. Le habría gustado que no dijera gracias, porque no se lo merecía para nada: sus razones eran egoístas de principio a fin. Redimir a Frank, demostrar que ser un asesino no tenía que significar que él era una mala persona; todo para encontrar algo de paz para sí.
No se trataba de Maria, Frank Jr. y Lisa, ni siquiera iba sobre Frank, The Punisher o la verdad. Muy en el fondo, todo lo que Karen Page deseaba era cargar menos culpa en su espalda.
— No las des —ella no merecía ningún agradecimiento. Respiró hondo, hasta que sintió que sus pulmones iban a estallar si trataba de meter más oxígeno a su cuerpo, y soltó el aire muy, muy despacio. Deseó que no la defraudara, esperó con todas sus fuerzas que no fuera como la última vez, porque el hecho es que no podría soportar cometer el mismo error nuevamente.
Se acercó un par de pasos y se inclinó un poco para acariciar la cabeza de Fido con una sonrisa mucho más franca antes de volver a retroceder. No creía que una demostración de cariño hacia el hombre fuera bien recibida, a diferencia del perro.
— Nos vemos, Frank —al menos ya sabía dónde encontrarlo de ser necesario, por lo que se verían ya fuera porque él la buscara o al revés. Quizás. Tragó saliva al abrir la puerta, miró hacia atrás una vez más para dedicarle una nueva sonrisa antes de dejar el diminuto hogar de Frank Castle para ir hacia su automóvil.
Esa noche, su rostro no la acechó en su pesadilla más recurrente.
— Bueno, supongo que hallarás la forma de hacerlo —tal y como lo había hecho aquella noche cuando pensó que Schoonover le cerraría la boca de una vez por todas, Shinning Star sonando en la radio de su coche para que supiera que él andaba cerca. Se sentía rara al respecto, a pesar del tiempo.
Sus dedos dejaron un mechón de su cabello detrás de su oreja y, por un momento, se limitó a esbozar una sonrisa débil. Apenas sus comisuras alzándose, sus pómulos ligeramente más notorios. Le habría gustado que no dijera gracias, porque no se lo merecía para nada: sus razones eran egoístas de principio a fin. Redimir a Frank, demostrar que ser un asesino no tenía que significar que él era una mala persona; todo para encontrar algo de paz para sí.
No se trataba de Maria, Frank Jr. y Lisa, ni siquiera iba sobre Frank, The Punisher o la verdad. Muy en el fondo, todo lo que Karen Page deseaba era cargar menos culpa en su espalda.
— No las des —ella no merecía ningún agradecimiento. Respiró hondo, hasta que sintió que sus pulmones iban a estallar si trataba de meter más oxígeno a su cuerpo, y soltó el aire muy, muy despacio. Deseó que no la defraudara, esperó con todas sus fuerzas que no fuera como la última vez, porque el hecho es que no podría soportar cometer el mismo error nuevamente.
Se acercó un par de pasos y se inclinó un poco para acariciar la cabeza de Fido con una sonrisa mucho más franca antes de volver a retroceder. No creía que una demostración de cariño hacia el hombre fuera bien recibida, a diferencia del perro.
— Nos vemos, Frank —al menos ya sabía dónde encontrarlo de ser necesario, por lo que se verían ya fuera porque él la buscara o al revés. Quizás. Tragó saliva al abrir la puerta, miró hacia atrás una vez más para dedicarle una nueva sonrisa antes de dejar el diminuto hogar de Frank Castle para ir hacia su automóvil.
Esa noche, su rostro no la acechó en su pesadilla más recurrente.
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Re: Penny and dime
II. Ma'am
Lo prometido es deuda. Desde que Karen abandonó aquella cabaña en el bosque, Frank no ha hecho otra cosa que darle vueltas a lo que hablaron. Ha trazado mil planes, les ha buscado pegas y ha vuelto a empezar una y otra vez. Ninguno le termina de convencer. Ninguno de ellos es perfecto. Sin embargo, pese a que aún no tiene todas las ideas claras, sí ha sido capaz de tomar una serie de decisiones que quiere consultar con Karen. Una vez vea su punto de vista y escuche las ideas que tiene que aportar, trazará un plan definitivo.
Se ha plantado directamente en la puerta de su casa, pero como no había nadie ha optado por entrar en ella sin permiso. Hubiera permanecido en el rellano, pero eso sería todo un riesgo. ¿Y si alguien lo ve y lo reconoce? Por mucho que luzca más golpes que la última vez que lo vio, su cara salió en todos los periódicos. Reconocerle pese a los golpes no sería complicado. Por eso prefiere prevenir antes que curar.
Una vez dentro de casa se dedica a pasearse por ella. No toca nada, respeta todo lo que hay en ella, pero es que es incapaz de permanecer sentado y a la espera. Acabaría comiéndose los dedos de los nervios que tiene. Hasta que no ha pasado una hora de reloj no escucha la puerta de la casa abrirse. Sale del baño y se queda quieto en la puerta, sin hacer ningún ruido o movimiento brusco. Se pregunta cuánto tardará en darse cuenta de que algo va mal. Seguro que no mucho.
— Ma'am. —Intenta que su voz suene suave y tranquila, pero en vez de eso lo único que consigue es que salga ronca y algo apagada. Tétrica. No ha sido intencionado, eso puede jurarlo. Si saca de su bolso esa pistola que ya conoce y le pega un tiro en parte se lo habrá merecido—. Soy Frank.
No dispares. O por lo menos que no apunte a ningún órgano vital porque no podrá permitirse una visita al hospital sin tener que pasar después por la cárcel. Además, ya dieron órdenes de no reanimarle una vez, ¿qué les impide volver a hacerlo?
Se ha plantado directamente en la puerta de su casa, pero como no había nadie ha optado por entrar en ella sin permiso. Hubiera permanecido en el rellano, pero eso sería todo un riesgo. ¿Y si alguien lo ve y lo reconoce? Por mucho que luzca más golpes que la última vez que lo vio, su cara salió en todos los periódicos. Reconocerle pese a los golpes no sería complicado. Por eso prefiere prevenir antes que curar.
Una vez dentro de casa se dedica a pasearse por ella. No toca nada, respeta todo lo que hay en ella, pero es que es incapaz de permanecer sentado y a la espera. Acabaría comiéndose los dedos de los nervios que tiene. Hasta que no ha pasado una hora de reloj no escucha la puerta de la casa abrirse. Sale del baño y se queda quieto en la puerta, sin hacer ningún ruido o movimiento brusco. Se pregunta cuánto tardará en darse cuenta de que algo va mal. Seguro que no mucho.
— Ma'am. —Intenta que su voz suene suave y tranquila, pero en vez de eso lo único que consigue es que salga ronca y algo apagada. Tétrica. No ha sido intencionado, eso puede jurarlo. Si saca de su bolso esa pistola que ya conoce y le pega un tiro en parte se lo habrá merecido—. Soy Frank.
No dispares. O por lo menos que no apunte a ningún órgano vital porque no podrá permitirse una visita al hospital sin tener que pasar después por la cárcel. Además, ya dieron órdenes de no reanimarle una vez, ¿qué les impide volver a hacerlo?
Casa de Karen | 22:00 hs
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