Últimos temas
Afiliados
|
Directorios
|
Créditos
La idea y fundación de Skipping Stone es de la antigua usuaria y administradora Aqua. Diseño de gráficos y redacción de normas, guías, etc, corre por parte del Staff. El skin, el tablón de anuncios, los perfiles y el tablón de afiliados han sido diseñados y cedidos al foro por Oswald. Las imágenes no nos pertenecen, han sido recolectadas en Deviantart en especial de faestock, So-ghislaine (dados) y webvilla (medallas), moon0727 (png Sherlock Holmes), andie-mikaelson (png Raven Reyes), Tube danimage (png Lagertha) y el tumblr fandomtransparents (png Sansa Stark). Damos también un agradecimiento en especial a los foros de recursos Glintz y Serendepity cuyos tutoriales han ayudado a crear las tablillas.
|
|
Hermanos
|
Élite
Penny and dime
Página 2 de 2. • Comparte •
Página 2 de 2. •
1, 2
Penny and dime
Recuerdo del primer mensaje :


One batch, two batch, penny and dime.
Crackship - Daredevil - 1x1 - Bird & Thirteen
Han pasado ya unos meses desde que Frank Castle desató todo un infierno en Hell's Kitchen. Él solo se encargó de acabar con varias bandas que habían estado involucradas en el asesinato de su familia, despertando todo tipo de sentimientos entre la población. Algunos lo llamaban monstruo, otros lo llamaban héroe. Pero eso no le importó, incluso aceptó el nombre con el que la prensa le bautizó: The Punisher. Esta venganza personal le acabó llevando a la cárcel después de haber sido torturado por los irlandeses.
Nadie quiso representar a Frank Castle, en todo Nueva York nadie quiso defender al hombre que había acabado con tantísimas vidas en tan poco tiempo. Nadie excepto Nelson & Murdock. Ellos junto con Karen Page, que ya se había visto envuelta en algún que otro tiroteo por culpa de Frank, fueron los que decidieron ayudarle. Mientras que sus abogados le salvaban el cuello e intentaban recortar su condena, Karen le ayudó a recordar y le dio fuerzas para seguir adelante y destapar lo ocurrido con su familia. Sin embargo, pese a que en muchos momentos pareció que Frank estaba entrando en razón, se encargó de torcer las cosas una y otra vez. Tras declararse culpable en el juicio a voz de grito, finalmente fue mandado a prisión.
No duró mucho entre rejas, Wilson Fisk pronto le sacó de allí utilizando sus contactos. Más asesinatos se fueron sucediendo por la ciudad, la propia Karen Page estuvo a punto de ser asesinada en nombre de The Punisher, aunque él no tuvo nada que ver en todo aquello. Salvó la vida de Karen y encontró en ella algo que no había encontrado en nadie desde que empezaron a llamarle The Punisher: confianza. Claro que su venganza personal, por el momento, siempre ha parecido pesar más, así que tras haberla puesto a salvo Frank desapareció. La última vez que se le vio fue luciendo una calavera en el pecho, un arma entre las manos y ayudando desde una azotea a Daredevil. Muchos lo dan por muerto debido al periodo de calma que ha habido en los últimos meses, otros tantos afirman que sigue ahí, entre ellos. La única verdad es que, tanto si le gusta como si no, Frank jamás ha sido capaz de dejar Nueva York. No del todo.
Nadie quiso representar a Frank Castle, en todo Nueva York nadie quiso defender al hombre que había acabado con tantísimas vidas en tan poco tiempo. Nadie excepto Nelson & Murdock. Ellos junto con Karen Page, que ya se había visto envuelta en algún que otro tiroteo por culpa de Frank, fueron los que decidieron ayudarle. Mientras que sus abogados le salvaban el cuello e intentaban recortar su condena, Karen le ayudó a recordar y le dio fuerzas para seguir adelante y destapar lo ocurrido con su familia. Sin embargo, pese a que en muchos momentos pareció que Frank estaba entrando en razón, se encargó de torcer las cosas una y otra vez. Tras declararse culpable en el juicio a voz de grito, finalmente fue mandado a prisión.
No duró mucho entre rejas, Wilson Fisk pronto le sacó de allí utilizando sus contactos. Más asesinatos se fueron sucediendo por la ciudad, la propia Karen Page estuvo a punto de ser asesinada en nombre de The Punisher, aunque él no tuvo nada que ver en todo aquello. Salvó la vida de Karen y encontró en ella algo que no había encontrado en nadie desde que empezaron a llamarle The Punisher: confianza. Claro que su venganza personal, por el momento, siempre ha parecido pesar más, así que tras haberla puesto a salvo Frank desapareció. La última vez que se le vio fue luciendo una calavera en el pecho, un arma entre las manos y ayudando desde una azotea a Daredevil. Muchos lo dan por muerto debido al periodo de calma que ha habido en los últimos meses, otros tantos afirman que sigue ahí, entre ellos. La única verdad es que, tanto si le gusta como si no, Frank jamás ha sido capaz de dejar Nueva York. No del todo.
LINKS DE LOS CAPÍTULOS AQUÍ
© RED FOR SS
the scars on your heart are still mine

Re: Penny and dime
II. Ma'am
Podía entender por qué Foggy estaba preocupado por su salud mental. ¿Cómo no hacerlo? ¡Se quedó en el trabajo hasta tarde! No, no solo tarde; más bien podría decirse que tuvo tiempo para charlar con el guardia de seguridad, quien básicamente la echó luego de media hora de discutir. En el fondo, Karen había pasado las últimas noches encerrada en su oficina, trabajando mucho más de lo normal, con la esperanza —tonta— de que él la encontrara allí. Por alguna razón le parecía el lugar más obvio, el ideal; había mencionado al Bulletin, a Ellison... Pensó que si la buscaba, habían posibilidades de que fuera ahí y en ningún otro lugar.
Pero Frank Castle no apareció, ni aquella noche ni las anteriores. Lo cierto es que esa en particular había dejado la oficina relativamente temprano, de no ser porque casi la sacaron a rastras puede que no lo hubiera hecho. En cualquier caso, se sentía cansada y dormir parecía ser la solución a todos y cada uno de sus problemas. Cuando llegó al apartamento que apenas podía llamar hogar, tuvo la certeza de que no sería una opción.
Fue cuestión de abrir la puerta y, sin siquiera sacar la llave de la cerradura, aferrar su arma con tanta fuerza que creyó que iba a romperse los dedos, lista para actuar. Cada noche era la misma rutina, la diferencia erradicó en que esa vez sí se encontró con alguien ya dentro. Jadeó, tirando de su mano para sacarla de su bolso... Y cayó en la cuenta de quién era el extraño que se encontraba en su apartamento. Su corazón latía a mil por hora.
— Joder, Frank —masculló, aún a medio camino entre sacar la pistola. La soltó, arrancó la llave de la cerradura y cerró de un portazo. Por un instante todo fue oscuro, luego encendió las luces. — ¿Cómo entraste aquí? —le habría gustado decir que lo raro que le resultó que pudiera meterse a su casa como si nada.
Por desgracia, no era ninguna sorpresa. La seguridad era un desastre, casi tanto como el apartamento en sí. Karen ya se había acostumbrado a ese detalle menor, más o menos.
Dejó su bolso y los archivos que había cargado consigo sobre la mesa más cercana, a continuación se dispuso a quitarse el abrigo que llevaba sobre su vestido, lanzándole un par de miradas de reojo. — Estuve a punto de dispararte —otra vez.
Pero Frank Castle no apareció, ni aquella noche ni las anteriores. Lo cierto es que esa en particular había dejado la oficina relativamente temprano, de no ser porque casi la sacaron a rastras puede que no lo hubiera hecho. En cualquier caso, se sentía cansada y dormir parecía ser la solución a todos y cada uno de sus problemas. Cuando llegó al apartamento que apenas podía llamar hogar, tuvo la certeza de que no sería una opción.
Fue cuestión de abrir la puerta y, sin siquiera sacar la llave de la cerradura, aferrar su arma con tanta fuerza que creyó que iba a romperse los dedos, lista para actuar. Cada noche era la misma rutina, la diferencia erradicó en que esa vez sí se encontró con alguien ya dentro. Jadeó, tirando de su mano para sacarla de su bolso... Y cayó en la cuenta de quién era el extraño que se encontraba en su apartamento. Su corazón latía a mil por hora.
— Joder, Frank —masculló, aún a medio camino entre sacar la pistola. La soltó, arrancó la llave de la cerradura y cerró de un portazo. Por un instante todo fue oscuro, luego encendió las luces. — ¿Cómo entraste aquí? —le habría gustado decir que lo raro que le resultó que pudiera meterse a su casa como si nada.
Por desgracia, no era ninguna sorpresa. La seguridad era un desastre, casi tanto como el apartamento en sí. Karen ya se había acostumbrado a ese detalle menor, más o menos.
Dejó su bolso y los archivos que había cargado consigo sobre la mesa más cercana, a continuación se dispuso a quitarse el abrigo que llevaba sobre su vestido, lanzándole un par de miradas de reojo. — Estuve a punto de dispararte —otra vez.
Casa de Karen | 22:00 hs
© RED FOR SS

Re: Penny and dime
II. Ma'am
Puede que lo haga por costumbre, puede que lo haga porque ella ya lo apuntó una vez, pero en cuanto la ve trastear en su bolso con tanta prisa no puede evitar levantar las manos en señal de paz, aunque en la oscuridad de ese piso apenas se le pueda ver. Es evidente que está buscando su pistola como si la vida le fuera en ello, aunque en este caso no tiene nada que temer. Fue una mala idea meterse en su piso en vez de esperarla en el rellano, definitivamente.
La luz que acaba de encender lo ayuda a entrecerrar sus ojos, ya acostumbrados a la oscuridad reinante. Ni siquiera la gorra que lleva le libra de la molestia que supone tener que recibir la luz de forma tan repentina.
— Abriendo la puerta. —Bueno, más bien forzándola, aunque no se ha cargado la cerradura ni ha dejado huellas de ningún tipo. Este tipo de cosas se le dan muy bien, pero seguramente es algo que Karen ya se imaginaba—. Perdón.
Baja las manos y las mete en los bolsillos de su cazadora negra. Ni siquiera se la ha quitado al entrar, simplemente se ha dedicado a recorrer el piso, ordenar sus pensamientos para tener una charla productiva con Karen y... poco más. A su favor debería decir que tocó a la puerta en primer lugar, tal y como las personas civilizadas acostumbran a hacer.
— Ya me he dado cuenta —comenta al tiempo que esboza una pequeña sonrisa. Parece que le divierte mucho la idea de que Karen le dispare. O más que divertirle, parece que esa posibilidad le complace. Como si recibir un balazo fuese el mejor plan para este viernes por la noche—. ¿Y por qué no has disparado esta vez? —Su ceja se arquea por debajo de la gorra y avanza unos pasos hacia el sofá. Supone que puede ponerse cómodo, de todos modos les espera un par de horas de buena charla—. ¿Puedo?
No va manchado de sangre ni va a destrozar su casa, supone que puede sentarse, pero igualmente prefiere preguntar. Frank es un hombre bastante amable y educado, solo parte espaldas y aplasta cráneos cuando alguien se lo merece de verdad.
La luz que acaba de encender lo ayuda a entrecerrar sus ojos, ya acostumbrados a la oscuridad reinante. Ni siquiera la gorra que lleva le libra de la molestia que supone tener que recibir la luz de forma tan repentina.
— Abriendo la puerta. —Bueno, más bien forzándola, aunque no se ha cargado la cerradura ni ha dejado huellas de ningún tipo. Este tipo de cosas se le dan muy bien, pero seguramente es algo que Karen ya se imaginaba—. Perdón.
Baja las manos y las mete en los bolsillos de su cazadora negra. Ni siquiera se la ha quitado al entrar, simplemente se ha dedicado a recorrer el piso, ordenar sus pensamientos para tener una charla productiva con Karen y... poco más. A su favor debería decir que tocó a la puerta en primer lugar, tal y como las personas civilizadas acostumbran a hacer.
— Ya me he dado cuenta —comenta al tiempo que esboza una pequeña sonrisa. Parece que le divierte mucho la idea de que Karen le dispare. O más que divertirle, parece que esa posibilidad le complace. Como si recibir un balazo fuese el mejor plan para este viernes por la noche—. ¿Y por qué no has disparado esta vez? —Su ceja se arquea por debajo de la gorra y avanza unos pasos hacia el sofá. Supone que puede ponerse cómodo, de todos modos les espera un par de horas de buena charla—. ¿Puedo?
No va manchado de sangre ni va a destrozar su casa, supone que puede sentarse, pero igualmente prefiere preguntar. Frank es un hombre bastante amable y educado, solo parte espaldas y aplasta cráneos cuando alguien se lo merece de verdad.
Casa de Karen | 22:00 hs
© RED FOR SS
the scars on your heart are still mine

Re: Penny and dime
II. Ma'am
Se le escapó una carcajada que se mezcló con su propia respiración, negando con la cabeza. No era una sorpresa que Frank hubiese sido capaz de meterse a su casa sin problemas, lo que no significaba que se sintiera tranquila con eso. Si él pudo hacerlo, ¿qué seguridad tenía de que alguien más no podría hacer lo mismo en el futuro? Dejó su abrigo en el perchero con un suspiro, una vez más pensando en que quizás debería mudarse.
— Porque no sabría cómo explicar que disparé a alguien que se metió a mi apartamento, más que nada porque se supone que ese hombre está muerto —y porque tendría que explicar la posesión de una pistola no declarada. — Claro, siéntate, uh... Ponte cómodo, como si fuera tu casa y todo eso —total, que ya se había metido a ella sin previo aviso, ¿qué más daba un poco más de libertad? Soltó sus llaves junto a los archivos, se llevó una mano a los labios y echó un vistazo. Una ventaja de que fuera un lugar pequeño es que era difícil tenerlo desordenado.
— ¿Café? —miró sobre su hombro mientras caminaba hacia la diminuta cocina, lista para prepararlo todo. Incluso si él declinaba su oferta —cosa que dudaba mucho—, necesitaba beber un poco para mantenerse despierta y más o menos concentrada.
Dejó que la cafetera hiciera lo suyo y aprovechó para ir al baño, lavarse un poco la cara y atarse el pelo. No lo admitiría, pero se le cruzó por la cabeza retocarse el maquillaje; lo que sería estúpido, por supuesto. No tenía por qué hacerlo, no había punto en algo como eso y mucho menos por la hora que era.
— ¿Pensaste en qué es lo que quieres hacer? —cerró la puerta con suavidad al salir del cuarto de baño, sus ojos se enfocaron automáticamente en Frank. El café ya estaba casi listo y Karen no podía quedarse quieta. — ¿Quieres comer algo? —quizás tenía hambre, ¿quién sabía? Hizo una pausa para quitarse los zapatos de tacón que había estado usando durante todo el día, sus pies se sintieron agradecidos de inmediato. Los dejó junto a la puerta para no olvidarlos la mañana siguiente, que seguro sería difícil.
Alisó el frente de su vestido azul al volver a pararse, recorriendo la corta distancia hasta la cafetera. — Pensé que ibas a llamarme o... No sé, algo como eso —comentó, estirándose para tomar dos de las tazas que guardaba en el armario de la cocina.
— Porque no sabría cómo explicar que disparé a alguien que se metió a mi apartamento, más que nada porque se supone que ese hombre está muerto —y porque tendría que explicar la posesión de una pistola no declarada. — Claro, siéntate, uh... Ponte cómodo, como si fuera tu casa y todo eso —total, que ya se había metido a ella sin previo aviso, ¿qué más daba un poco más de libertad? Soltó sus llaves junto a los archivos, se llevó una mano a los labios y echó un vistazo. Una ventaja de que fuera un lugar pequeño es que era difícil tenerlo desordenado.
— ¿Café? —miró sobre su hombro mientras caminaba hacia la diminuta cocina, lista para prepararlo todo. Incluso si él declinaba su oferta —cosa que dudaba mucho—, necesitaba beber un poco para mantenerse despierta y más o menos concentrada.
Dejó que la cafetera hiciera lo suyo y aprovechó para ir al baño, lavarse un poco la cara y atarse el pelo. No lo admitiría, pero se le cruzó por la cabeza retocarse el maquillaje; lo que sería estúpido, por supuesto. No tenía por qué hacerlo, no había punto en algo como eso y mucho menos por la hora que era.
— ¿Pensaste en qué es lo que quieres hacer? —cerró la puerta con suavidad al salir del cuarto de baño, sus ojos se enfocaron automáticamente en Frank. El café ya estaba casi listo y Karen no podía quedarse quieta. — ¿Quieres comer algo? —quizás tenía hambre, ¿quién sabía? Hizo una pausa para quitarse los zapatos de tacón que había estado usando durante todo el día, sus pies se sintieron agradecidos de inmediato. Los dejó junto a la puerta para no olvidarlos la mañana siguiente, que seguro sería difícil.
Alisó el frente de su vestido azul al volver a pararse, recorriendo la corta distancia hasta la cafetera. — Pensé que ibas a llamarme o... No sé, algo como eso —comentó, estirándose para tomar dos de las tazas que guardaba en el armario de la cocina.
Casa de Karen | 22:00 hs
© RED FOR SS

Re: Penny and dime
II. Ma'am
Que haya disparado a alguien que en teoría está muerto tiene una muy sencilla explicación: en realidad estaba vivo, fingió su propia muerte para que lo dejaran en paz. Lógico, teniendo en cuenta que tenía a toda la policía de la ciudad buscándole. Un poco más y al gobierno se le ocurre desplegar al ejército. Exagerando un poco las cosas. Hay gente que simpatiza mucho con la forma de hacer las cosas de Frank, incluso en la policía. Ha podido escuchar de todo.
Le toma la palabra y se acomoda en el sofá, aunque sin ocuparlo por completo ni nada parecido. Correcto, en su sitio. Como siempre. O por lo menos como casi siempre.
— Sí, café —dice al tiempo que asiente con la cabeza. Por supuesto que no se niega a una taza de café. O a veinte, la verdad es que consume cafeína como si la vida le fuera en ello. A veces así es, su vida llega a depender de estar más o menos despierto—. Cuanto más mejor. —Se quita la gorra y la deja sobre la mesilla que tiene frente al sofá. No tiene sentido utilizarla en un lugar en el que nadie le ve a parte de Karen—. No, no tengo hambre, pero imagino que tú tendrás que cenar.
No le importa esperar a que termine de hacerlo para hablar, a él como si quiere cenar mientras lo planean todo. Lo importante es que ella coma y recupere fuerzas, seguro que las ha gastado todas en el trabajo.
— Sí, lo he estado pensando y creo... bueno, no lo tengo todo claro —confiesa, bajando la mirada hasta sus manos—, pero sí que he conseguido aclarar muchas cosas. —Ahora queda la puesta en común para ver si todo va por el buen camino o no. Cuando hace las cosas a su modo todo es muy fácil, no necesita consultar nada a nadie—. No es fácil para mí, ¿sabes? No estoy acostumbrado.
Del mismo modo que no está acostumbrado a coger el teléfono y llamar. No tiene teléfono y, en cualquier caso, no se sabe el de ella. Lo hace todo al modo Castle. En parte ella ya debería estar acostumbrada a ese modo, ha tenido que sufrirlo en más de una ocasión.
— No tengo teléfono... y tampoco tengo tu número. —Pero si se lo da la próxima vez utilizará una de esas cabinas telefónicas que ya nadie usa. Así al menos podrá avisar de cuándo aparecerá por ahí—. Creo que seguiré muerto por un tiempo más, te daré toda la información que tenga y utilizaré todos mis recursos para ayudarte a encontrar más —testigos, gente que pueda hablar, archivos escondidos o que pensaban que habían podido eliminar. Lo que sea—. Pero igual es cierto que... bueno, que es mejor no llamar la atención.
Le toma la palabra y se acomoda en el sofá, aunque sin ocuparlo por completo ni nada parecido. Correcto, en su sitio. Como siempre. O por lo menos como casi siempre.
— Sí, café —dice al tiempo que asiente con la cabeza. Por supuesto que no se niega a una taza de café. O a veinte, la verdad es que consume cafeína como si la vida le fuera en ello. A veces así es, su vida llega a depender de estar más o menos despierto—. Cuanto más mejor. —Se quita la gorra y la deja sobre la mesilla que tiene frente al sofá. No tiene sentido utilizarla en un lugar en el que nadie le ve a parte de Karen—. No, no tengo hambre, pero imagino que tú tendrás que cenar.
No le importa esperar a que termine de hacerlo para hablar, a él como si quiere cenar mientras lo planean todo. Lo importante es que ella coma y recupere fuerzas, seguro que las ha gastado todas en el trabajo.
— Sí, lo he estado pensando y creo... bueno, no lo tengo todo claro —confiesa, bajando la mirada hasta sus manos—, pero sí que he conseguido aclarar muchas cosas. —Ahora queda la puesta en común para ver si todo va por el buen camino o no. Cuando hace las cosas a su modo todo es muy fácil, no necesita consultar nada a nadie—. No es fácil para mí, ¿sabes? No estoy acostumbrado.
Del mismo modo que no está acostumbrado a coger el teléfono y llamar. No tiene teléfono y, en cualquier caso, no se sabe el de ella. Lo hace todo al modo Castle. En parte ella ya debería estar acostumbrada a ese modo, ha tenido que sufrirlo en más de una ocasión.
— No tengo teléfono... y tampoco tengo tu número. —Pero si se lo da la próxima vez utilizará una de esas cabinas telefónicas que ya nadie usa. Así al menos podrá avisar de cuándo aparecerá por ahí—. Creo que seguiré muerto por un tiempo más, te daré toda la información que tenga y utilizaré todos mis recursos para ayudarte a encontrar más —testigos, gente que pueda hablar, archivos escondidos o que pensaban que habían podido eliminar. Lo que sea—. Pero igual es cierto que... bueno, que es mejor no llamar la atención.
Casa de Karen | 22:00 hs
© RED FOR SS
the scars on your heart are still mine

Re: Penny and dime
II. Ma'am
Desde que tuvieron una charla en aquella cafetería y comprobó que Frank Castle parecía ser un adicto a la cafeína, se hizo la idea de que no sería raro que él solo consumiera café como su dieta principal. Ella tampoco podía decir nada porque solía comer en la oficina, lo que derivaba a una alimentación un poco desviada de lo considerado ideal. Pero bueno, no venía al caso realmente.
— No, no, comí en el trabajo —le quitó importancia al asunto con un movimiento de su mano. De todos modos no tenía ganas de ponerse a cocinar nada, ni siquiera una ensalada, un sándwich o un poco de sobras recalentadas. Tampoco tenía estómago para comer mucho de noche, la verdad. — Si más tarde te da hambre o algo, tú solo avísame —y si aún no le apetecía cocinar, siempre estaba la opción de comprar alguna cosita para llevar en el restaurante de comida china de la esquina.
Con un cuidado infinito, llenó ambas tazas con el café recién hecho antes de dejar la jarra en la cafetera una vez más. Agregó un par de cucharaditas de azúcar al suyo y después se giró, dispuesta a acercarse al sofá donde se encontraba él.
— Está bien, lo sé —le tendió el café con una pequeña sonrisa. Entendía, sabía que no era fácil para Frank todo aquello. No solo trabajar en equipo, supuso; también tener a alguien metiendo la nariz en su pasado, hablar sobre cómo solía ser todo, tener que recordar aquello que le habían arrebatado en el pasado.
Y se sentó a su lado, a una distancia prudente, dando un sorbo de su propio café. — Me parece bien —accedió, asintiendo con la cabeza de una manera que podía parecer ausente, cuando en realidad era más bien pensativa. — Yo también indagaré por mi cuenta, por supuesto, y trataré de desviar la atención tanto como sea posible —aunque tampoco podía hacer milagros: si volvía a hacer algo como lo de los irlandeses, por ejemplo, no habría manera de que funcionara. Apretó los labios, ambas manos sosteniendo la taza sobre su regazo mientras reflexionaba.
— Tengo una copia de tu archivo policial, además de la mayor parte de la información que reuní hace algunos meses... —ponerlo al tanto de lo que ya tenía era el primer paso, supuso. — Oh, y también tengo los registros del hospital —lo había guardado todo, cómo no. Desde los de antes, hasta los de su estadía poco antes del juicio. Bajó la vista hacia su café.
— Ahora que no contamos con el testimonio de Schoonover y tampoco con el de Reyes, tendremos que arreglárnoslas de alguna forma —ese fue un pensamiento en voz alta, más que nada. Dio un nuevo sorbo. — Puedo buscar a Tower, él lo sabía todo —grabar una confesión, tener pruebas que incluyeran a alguien que no fueran Matt, Foggy o la misma Karen. El único problema era que, para eso, había que encontrarlo. — También... Bueno, en la casa de Schoonover habían fotos. Creo que también podrían haber otras cosas —lo miró a la cara, alzando las cejas. Es que Karen Page, ya acostumbrada a trabajar sola, desde que había comenzado a trabajar como periodista que no se había visto condicionada por los tiempos de un compañero.
— No, no, comí en el trabajo —le quitó importancia al asunto con un movimiento de su mano. De todos modos no tenía ganas de ponerse a cocinar nada, ni siquiera una ensalada, un sándwich o un poco de sobras recalentadas. Tampoco tenía estómago para comer mucho de noche, la verdad. — Si más tarde te da hambre o algo, tú solo avísame —y si aún no le apetecía cocinar, siempre estaba la opción de comprar alguna cosita para llevar en el restaurante de comida china de la esquina.
Con un cuidado infinito, llenó ambas tazas con el café recién hecho antes de dejar la jarra en la cafetera una vez más. Agregó un par de cucharaditas de azúcar al suyo y después se giró, dispuesta a acercarse al sofá donde se encontraba él.
— Está bien, lo sé —le tendió el café con una pequeña sonrisa. Entendía, sabía que no era fácil para Frank todo aquello. No solo trabajar en equipo, supuso; también tener a alguien metiendo la nariz en su pasado, hablar sobre cómo solía ser todo, tener que recordar aquello que le habían arrebatado en el pasado.
Y se sentó a su lado, a una distancia prudente, dando un sorbo de su propio café. — Me parece bien —accedió, asintiendo con la cabeza de una manera que podía parecer ausente, cuando en realidad era más bien pensativa. — Yo también indagaré por mi cuenta, por supuesto, y trataré de desviar la atención tanto como sea posible —aunque tampoco podía hacer milagros: si volvía a hacer algo como lo de los irlandeses, por ejemplo, no habría manera de que funcionara. Apretó los labios, ambas manos sosteniendo la taza sobre su regazo mientras reflexionaba.
— Tengo una copia de tu archivo policial, además de la mayor parte de la información que reuní hace algunos meses... —ponerlo al tanto de lo que ya tenía era el primer paso, supuso. — Oh, y también tengo los registros del hospital —lo había guardado todo, cómo no. Desde los de antes, hasta los de su estadía poco antes del juicio. Bajó la vista hacia su café.
— Ahora que no contamos con el testimonio de Schoonover y tampoco con el de Reyes, tendremos que arreglárnoslas de alguna forma —ese fue un pensamiento en voz alta, más que nada. Dio un nuevo sorbo. — Puedo buscar a Tower, él lo sabía todo —grabar una confesión, tener pruebas que incluyeran a alguien que no fueran Matt, Foggy o la misma Karen. El único problema era que, para eso, había que encontrarlo. — También... Bueno, en la casa de Schoonover habían fotos. Creo que también podrían haber otras cosas —lo miró a la cara, alzando las cejas. Es que Karen Page, ya acostumbrada a trabajar sola, desde que había comenzado a trabajar como periodista que no se había visto condicionada por los tiempos de un compañero.
Casa de Karen | 22:00 hs
© RED FOR SS

Re: Penny and dime
II. Ma'am
Claro, siempre pueden pedir una pizza o bajar a por algo de comer, eso no le preocupa. Le preocupa más que ella esté dejando de cenar solo porque él se encuentra ahí. Puede hacer como si nada, se puede hablar mientras cocinan o lo que sea. Pero no insiste, deja que ella maneje la situación como prefiera. No es su padre ni puede ir detrás de Karen para decirle lo que tiene que hacer, aunque sí se permite el lujo de haber mostrado algo de preocupación al respecto. O interés, depende de cómo se mire.
— Te avisaré, gracias. —Con cuidado coge la taza que le tiende y da un sorbo. No le echa ni azúcar ni nada, hace tiempo que se acostumbró al sabor del café. Si lo toma con azúcar o con leche tiene la sensación de no estar tomándolo—. También intentaré no llamar tanto la atención. —Ahora, que vaya a intentarlo no implica que vaya a conseguirlo. A veces va a hacer su trabajo con la intención de no armar follón y al final acaba explotando algo sin ni siquiera saber por qué—. Aunque ya sabes, a veces las cosas se complican.
Tampoco tiene que perder su trabajo por defender su supuesta muerte, si ve que llegan a un punto en el que simplemente no puede seguir mintiendo, entonces le parecerá bien que haga lo que crea conveniente. No sabe qué pasará de aquí a unos meses, pero de momento van a ceñirse a este plan.
— ¿En serio has guardado todas esas cosas? —¿De verdad lo ha hecho después de tanto tiempo? ¿Después de todo lo que sucedió? Le sorprende, claramente, y no tiene ningún problema en manifestarlo—. Última noticia: The Punisher tenía el colesterol alto. —Seguramente eso hace unos meses hubiera vendido, ahora que ya todo ha vuelto más o menos a la normalidad a nadie le importa. A no ser que se ponga a matar como antes, en cuyo caso volverá a ser el tema de conversación estrella de la temporada—. Seguro que triunfas.
Es raro que haya sido Frank el que haya hecho una pequeña pausa para hacer una broma. Será porque lleva demasiado tiempo solo, o tal vez se deba a que le gustaría ver de nuevo la sonrisa que le ha mostrado hace un momento, cuando le ha tendido la taza de café. No lo tiene claro, pero no le importa. Si estuviera Fido en la casa seguramente lo estaría juzgando con la mirada desde cualquier rincón.
— O puedo buscarlo yo —propone, dispuesto a investigar un poco sobre él y su paradero. No será difícil de encontrar, eso lo tiene claro. No hay forma de esconderse de Frank Castle—. Lo encontraré, te lo traeré o... no sé, lo haremos a tu modo. —Frank lo llevaría hasta Karen enganchado del cuello, pero supone que esa no es forma de conseguir una confesión, ¿verdad? Al menos que resulte convincente. Tendrá que dejar que Karen decida—. ¿Quieres volver a su casa? No me parece buena idea. —Tal vez haya alguien esperando a que Frank aparezca. O a que lo haga otra persona. En cualquier caso, tiene claro que la muerte de ese hombre tiene que acarrear consecuencias de algún tipo. No quiere que Karen tenga que responder a ellas por su culpa—. Mira, sé que no puedo decirte qué puedes hacer —dice, de forma lenta y meditando todas y cada una de sus palabras—, pero no es buena idea que vayas sola. —Va a ir sí o sí, lo tiene asumido. Lo único que puede hacer es intentar que no lo haga sola—. Al menos deja que te acompañe. Si ha dejado alguna sorpresa, yo me haré cargo de ella.
— Te avisaré, gracias. —Con cuidado coge la taza que le tiende y da un sorbo. No le echa ni azúcar ni nada, hace tiempo que se acostumbró al sabor del café. Si lo toma con azúcar o con leche tiene la sensación de no estar tomándolo—. También intentaré no llamar tanto la atención. —Ahora, que vaya a intentarlo no implica que vaya a conseguirlo. A veces va a hacer su trabajo con la intención de no armar follón y al final acaba explotando algo sin ni siquiera saber por qué—. Aunque ya sabes, a veces las cosas se complican.
Tampoco tiene que perder su trabajo por defender su supuesta muerte, si ve que llegan a un punto en el que simplemente no puede seguir mintiendo, entonces le parecerá bien que haga lo que crea conveniente. No sabe qué pasará de aquí a unos meses, pero de momento van a ceñirse a este plan.
— ¿En serio has guardado todas esas cosas? —¿De verdad lo ha hecho después de tanto tiempo? ¿Después de todo lo que sucedió? Le sorprende, claramente, y no tiene ningún problema en manifestarlo—. Última noticia: The Punisher tenía el colesterol alto. —Seguramente eso hace unos meses hubiera vendido, ahora que ya todo ha vuelto más o menos a la normalidad a nadie le importa. A no ser que se ponga a matar como antes, en cuyo caso volverá a ser el tema de conversación estrella de la temporada—. Seguro que triunfas.
Es raro que haya sido Frank el que haya hecho una pequeña pausa para hacer una broma. Será porque lleva demasiado tiempo solo, o tal vez se deba a que le gustaría ver de nuevo la sonrisa que le ha mostrado hace un momento, cuando le ha tendido la taza de café. No lo tiene claro, pero no le importa. Si estuviera Fido en la casa seguramente lo estaría juzgando con la mirada desde cualquier rincón.
— O puedo buscarlo yo —propone, dispuesto a investigar un poco sobre él y su paradero. No será difícil de encontrar, eso lo tiene claro. No hay forma de esconderse de Frank Castle—. Lo encontraré, te lo traeré o... no sé, lo haremos a tu modo. —Frank lo llevaría hasta Karen enganchado del cuello, pero supone que esa no es forma de conseguir una confesión, ¿verdad? Al menos que resulte convincente. Tendrá que dejar que Karen decida—. ¿Quieres volver a su casa? No me parece buena idea. —Tal vez haya alguien esperando a que Frank aparezca. O a que lo haga otra persona. En cualquier caso, tiene claro que la muerte de ese hombre tiene que acarrear consecuencias de algún tipo. No quiere que Karen tenga que responder a ellas por su culpa—. Mira, sé que no puedo decirte qué puedes hacer —dice, de forma lenta y meditando todas y cada una de sus palabras—, pero no es buena idea que vayas sola. —Va a ir sí o sí, lo tiene asumido. Lo único que puede hacer es intentar que no lo haga sola—. Al menos deja que te acompañe. Si ha dejado alguna sorpresa, yo me haré cargo de ella.
Casa de Karen | 22:00 hs
© RED FOR SS
the scars on your heart are still mine

Re: Penny and dime
II. Ma'am
— Ya, claro. Solo trata de no dejar testigos... o ADN —hizo una mueca, aprovechando el calor que emanaba la taza de café para calentar sus manos. Podría cubrirlo, sugerir que se trataba de algún imitador o de un nuevo criminal con una manera de proceder muy similar a la de The Punisher, pero no podría hacer mucho si alguien sabía que estaba allí, vivito y coleando.
Sí, de verdad lo había guardado todo. Se encogió de hombros a modo de respuesta. Lo cierto es que era, hasta la fecha, el único artículo que había planeado tanto y que al final no escribió. Vale, también era en el que más se había involucrado en todo sentido.
Acercó los labios al borde de la taza pero antes de poder dar un nuevo sorbo, una sonrisa apareció en su rostro sin siquiera pedir permiso. — Vaya, pero si no pareces del tipo que tendría el colesterol alto —a fin de cuentas, era todo músculo. No era ciega y mucho menos tonta, cuando había cocido la herida había notado más que solo sangre en Frank. Tenía una espalda interesante y puede que su torso en general también lo fuera. Solo puede que.
Por lo que desvió la mirada al tomar más café, en un vano intento por despabilarse de una vez para tener una conversación más o menos seria sobre cómo proceder. Necesitaban un plan.
— Creo que sería mejor si me dejas tratar primero —se estiró para dejar la taza sobre la mesita frente al sofá, pensando bien en todo lo que decía. — No sé si querrá hablar si sabe que estás vivo, por miedo a lo que pueda suceder —por miedo al castigo de The Punisher. Karen podía entender la sensación. Apoyó la espalda contra el respaldo, con un suspiro.
Tuvo que darse algunos segundos para pensar en cada una de las palabras de Frank, sin saber muy bien cómo tomarlas. Matt solía creer que era algún tipo de muñeca de cristal, como si no pudiera cuidarse sola, siempre tratando de detenerla y de tirar de ella hacia su lado de la línea. El problema era ese: Matthew Murdock le cortaba las alas sin darse cuenta, en cambio Frank Castle reconocía que no podía detenerla. En su lugar le ofrecía algo que solo había encontrado en Benjamin, un compañero, alguien que cubriría su espalda sin dudarlo.
— Mira, fui al funeral, hablé con su esposa en caso de que fuera útil en el futuro —explicó, girándose un poco para poder mirarlo mejor a medida que hablaba. — Yo puedo ir, tocar la puerta de su casa y decir que estoy investigando el asesinato de ese monstruo. Creo que podría dejarme entrar, yo... Yo creo que de hecho podría funcionar y nadie tendría que salir herido —no personas inocentes, al menos. No la señora Schoonover, no sus hijos. Presionó dos dedos contra sus labios, frunciendo un poco el ceño. — Pero puedes estar ahí. No ahí, conmigo, aunque sí cerca. Alguna posición estratégica o algo parecido —si las cosas no salían como estaba planeado, no haría falta que la canción favorita de Frank sonara porque ya sabría de antemano que él estaría cerca.
Sí, de verdad lo había guardado todo. Se encogió de hombros a modo de respuesta. Lo cierto es que era, hasta la fecha, el único artículo que había planeado tanto y que al final no escribió. Vale, también era en el que más se había involucrado en todo sentido.
Acercó los labios al borde de la taza pero antes de poder dar un nuevo sorbo, una sonrisa apareció en su rostro sin siquiera pedir permiso. — Vaya, pero si no pareces del tipo que tendría el colesterol alto —a fin de cuentas, era todo músculo. No era ciega y mucho menos tonta, cuando había cocido la herida había notado más que solo sangre en Frank. Tenía una espalda interesante y puede que su torso en general también lo fuera. Solo puede que.
Por lo que desvió la mirada al tomar más café, en un vano intento por despabilarse de una vez para tener una conversación más o menos seria sobre cómo proceder. Necesitaban un plan.
— Creo que sería mejor si me dejas tratar primero —se estiró para dejar la taza sobre la mesita frente al sofá, pensando bien en todo lo que decía. — No sé si querrá hablar si sabe que estás vivo, por miedo a lo que pueda suceder —por miedo al castigo de The Punisher. Karen podía entender la sensación. Apoyó la espalda contra el respaldo, con un suspiro.
Tuvo que darse algunos segundos para pensar en cada una de las palabras de Frank, sin saber muy bien cómo tomarlas. Matt solía creer que era algún tipo de muñeca de cristal, como si no pudiera cuidarse sola, siempre tratando de detenerla y de tirar de ella hacia su lado de la línea. El problema era ese: Matthew Murdock le cortaba las alas sin darse cuenta, en cambio Frank Castle reconocía que no podía detenerla. En su lugar le ofrecía algo que solo había encontrado en Benjamin, un compañero, alguien que cubriría su espalda sin dudarlo.
— Mira, fui al funeral, hablé con su esposa en caso de que fuera útil en el futuro —explicó, girándose un poco para poder mirarlo mejor a medida que hablaba. — Yo puedo ir, tocar la puerta de su casa y decir que estoy investigando el asesinato de ese monstruo. Creo que podría dejarme entrar, yo... Yo creo que de hecho podría funcionar y nadie tendría que salir herido —no personas inocentes, al menos. No la señora Schoonover, no sus hijos. Presionó dos dedos contra sus labios, frunciendo un poco el ceño. — Pero puedes estar ahí. No ahí, conmigo, aunque sí cerca. Alguna posición estratégica o algo parecido —si las cosas no salían como estaba planeado, no haría falta que la canción favorita de Frank sonara porque ya sabría de antemano que él estaría cerca.
Casa de Karen | 22:00 hs
© RED FOR SS

Re: Penny and dime
II. Ma'am
Testigos no suele dejar casi nunca, suele ser muy cuidadoso en ese sentido, pero lo del ADN ya es otra cosa. Que sea letal no implica que no puedan herirle y sangrar. Lo único que tiene a su favor es que las carnicerías que monta son tan grandes que es imposible distinguir de quién es cada cosa. Si quieren ponerse a examinar cada mancha de sangre... en fin, les desea buena suerte y mucha paciencia, porque la van a necesitar. No puede decirle que ese no será un problema porque es posible que lo acabe siendo, por eso en vez de eso prefiere reír entre dientes por esa broma que ha empezado él. Es verdad, Frank Castle no tiene el colesterol alto.
— La verdad es que lo único que tengo alto es el plomo. —No es raro que consigan acertarle alguna que otra bala, así que eso es lo único que se interpone entre Frank y una salud de hierro—. No me matará el colesterol, ya les gustaría. —No va a ser tan fácil de matar, si quieren llegar a él van a tener que trabajárselo mucho más. Ni siquiera cuando parece haber muerto lo hace del todo, el susto que se dieron en el hospital cuando el corazón del muerto volvió a latir fue... en fin, fue de película—. En fin, volvamos al tema.
El tiempo de recreo ya ha pasado, puede decir que ha socializado con éxito para las próximas dos semanas. Evidentemente eso es algo que no puede hacer demasiado, así que se encarga de disfrutarlo mientras puede. Hasta los lobos solitarios necesitan de vez en cuando algo de compañía, las personas como Frank no están hechas para estar completamente aisladas. Nadie está preparado para eso.
— Tal vez lo único que le hace hablar es saber que yo estoy vivo. —Porque está en su lista negra, no se le olvida que se calló muchas cosas y que se puso de parte de quien no debía. Es tan cómplice como muchos de los otros que ha matado—. Lo encontraré, no me dejaré ver y tú hablarás con él —propone, pensando que esa idea se acerca bastante más a lo que ella quiere hacer. Así le ahorra tiempo de búsqueda, puede centrarse en su trabajo y Frank se siente útil—. No le haré nada, solo te pasaré la información en cuanto la tenga.
Nunca le ha mentido, Karen lo sabe muy bien, así que debería confiar en él para esto. Por mucho que esté en su lista negra, está dispuesto a pasar todo por alto a cambio de información. Es posible que él sí tenga redención. Pero que nadie se lo diga a Red.
— Si llamas monstruo a su marido dudo que te deje entrar. —¿Está bromeando de nuevo? No es posible, eso es que el apocalipsis debe estar muy cerca. Será el café, que le pone de muy buen humor. Al cual, por cierto, da después un pequeño trago—. Yo pensaba en entrar en la casa cuando no hubiera nadie, pero... pero vale. —A cada cosa que hablan se da cada vez más cuenta de la forma tan diferente que tienen de pensar. También se le olvida que Karen no tiene que esconderse de nadie, que puede pedir permiso antes de entrar. A diferencia de él—. Me quedaré cerca, estudiaré la casa y si necesitas algo acudiré. —Le parece buen plan, aunque de esa mujer tampoco se termina de fiar. No tiene pruebas, pero seguramente sabía en qué estaba metido su marido. Suele ser así—. ¿Te parece que vamos bien? Con el plan.
— La verdad es que lo único que tengo alto es el plomo. —No es raro que consigan acertarle alguna que otra bala, así que eso es lo único que se interpone entre Frank y una salud de hierro—. No me matará el colesterol, ya les gustaría. —No va a ser tan fácil de matar, si quieren llegar a él van a tener que trabajárselo mucho más. Ni siquiera cuando parece haber muerto lo hace del todo, el susto que se dieron en el hospital cuando el corazón del muerto volvió a latir fue... en fin, fue de película—. En fin, volvamos al tema.
El tiempo de recreo ya ha pasado, puede decir que ha socializado con éxito para las próximas dos semanas. Evidentemente eso es algo que no puede hacer demasiado, así que se encarga de disfrutarlo mientras puede. Hasta los lobos solitarios necesitan de vez en cuando algo de compañía, las personas como Frank no están hechas para estar completamente aisladas. Nadie está preparado para eso.
— Tal vez lo único que le hace hablar es saber que yo estoy vivo. —Porque está en su lista negra, no se le olvida que se calló muchas cosas y que se puso de parte de quien no debía. Es tan cómplice como muchos de los otros que ha matado—. Lo encontraré, no me dejaré ver y tú hablarás con él —propone, pensando que esa idea se acerca bastante más a lo que ella quiere hacer. Así le ahorra tiempo de búsqueda, puede centrarse en su trabajo y Frank se siente útil—. No le haré nada, solo te pasaré la información en cuanto la tenga.
Nunca le ha mentido, Karen lo sabe muy bien, así que debería confiar en él para esto. Por mucho que esté en su lista negra, está dispuesto a pasar todo por alto a cambio de información. Es posible que él sí tenga redención. Pero que nadie se lo diga a Red.
— Si llamas monstruo a su marido dudo que te deje entrar. —¿Está bromeando de nuevo? No es posible, eso es que el apocalipsis debe estar muy cerca. Será el café, que le pone de muy buen humor. Al cual, por cierto, da después un pequeño trago—. Yo pensaba en entrar en la casa cuando no hubiera nadie, pero... pero vale. —A cada cosa que hablan se da cada vez más cuenta de la forma tan diferente que tienen de pensar. También se le olvida que Karen no tiene que esconderse de nadie, que puede pedir permiso antes de entrar. A diferencia de él—. Me quedaré cerca, estudiaré la casa y si necesitas algo acudiré. —Le parece buen plan, aunque de esa mujer tampoco se termina de fiar. No tiene pruebas, pero seguramente sabía en qué estaba metido su marido. Suele ser así—. ¿Te parece que vamos bien? Con el plan.
Casa de Karen | 22:00 hs
© RED FOR SS
the scars on your heart are still mine

Re: Penny and dime
II. Ma'am
Cuando Ray Schoonover hizo algunos comentarios sobre cómo solía ser Frank en el pasado, antes de que toda su familia fuera masacrada, lo cierto es que ella se sintió dividida. Por una parte, no parecía ser posible que alguien como él, un asesino, pudiera ser de la manera en que lo describió aquella noche, antes de que todo saliera mal. Sin embargo, también conocía un lado que era muy distinto del que se esperaría de The Punisher. Y de a momentos un Frank que podía hacer bromas y que sonreía un poco de vez en cuando aparecía frente a sus ojos.
Por descontado, aún era brusco, gruñía más de lo que hablaba y, claro, tenía ese diminuto defecto de asesinar a otras personas por las noches en una venganza que parecía no tener fin; pero no era así siempre. De una forma más bien retorcida, esos cambios pequeños de su parte le trajeron un poco de esperanza.
En definitiva, estaba segura de que algo tan aburrido como tener el colesterol alto no sería suficiente para llevarse a aquel hombre. Sonrió otro poco, agachando la cabeza para que la mueca solo se quede con ella antes de volver al tema, con toda la seriedad que era necesaria en ese caso en particular. Era sencillo para Karen olvidar que no estaban allí para tener una charla entre dos amigos, aunque fuera difícil de creer en primera instancia.
— Tal vez, pero también podría optar por denunciarte con las autoridades —todas las opciones debían ser consideradas, ¿o no? Ladeó la cabeza, ahora con una mueca. — O a mí —y ahí sí que las cosas se volverían más complicadas. Podría terminar en prisión por algo como eso, no tenía la habilidad de Matt y Frank o el dinero de Fisk para salvarse de algo así. Ni la defensar legal que Foggy pudiera ofrecer, el apoyo incondicional de Ellison y la camaradería con Brett podrían ayudarla.
— Puedes averiguar dónde está, si quieres, de la forma más anónima posible, y luego decirme dónde está. Déjame tratar primero —repitió, el tono de su voz tan suave que podría haber hablado a un niño pequeño y no a Frank Castle.
Frank Castle, que hacía bromas que lograban que una sonrisa se instalara en su rostro de forma automática, sin poder evitarlo.
Negó con la cabeza, cubriéndose la boca. — Dios, Frank. Claro que no llamaré monstruo a su marido... no en su cara, por supuesto —arrastró las palabras para agregar mayor misterio, con la sonrisa ensanchándose brevemente al dejar de hablar. Tuvo que respirar hondo, suspirar y asentir. — Supongo que sí, si es que todo va de acuerdo a lo que estamos planeando.
No obstante, sabía que las cosas podían salir mal por una razón u otra. Existían muchísimas cuestiones que podrían torcerse en el camino. Se rascó la mejilla, todavía maquinando. — Me estaba preguntando, ¿qué tan... —frunció el ceño, vista fija en su rostro, buscando la palabra correcta:— personal quieres que sea esto? —qué tantos detalles estaba dispuesto a compartir, qué tantos secretos estaba dispuesto a develar frente al mundo.
— Me refiero al artículo, claro —por supuesto.
Por descontado, aún era brusco, gruñía más de lo que hablaba y, claro, tenía ese diminuto defecto de asesinar a otras personas por las noches en una venganza que parecía no tener fin; pero no era así siempre. De una forma más bien retorcida, esos cambios pequeños de su parte le trajeron un poco de esperanza.
En definitiva, estaba segura de que algo tan aburrido como tener el colesterol alto no sería suficiente para llevarse a aquel hombre. Sonrió otro poco, agachando la cabeza para que la mueca solo se quede con ella antes de volver al tema, con toda la seriedad que era necesaria en ese caso en particular. Era sencillo para Karen olvidar que no estaban allí para tener una charla entre dos amigos, aunque fuera difícil de creer en primera instancia.
— Tal vez, pero también podría optar por denunciarte con las autoridades —todas las opciones debían ser consideradas, ¿o no? Ladeó la cabeza, ahora con una mueca. — O a mí —y ahí sí que las cosas se volverían más complicadas. Podría terminar en prisión por algo como eso, no tenía la habilidad de Matt y Frank o el dinero de Fisk para salvarse de algo así. Ni la defensar legal que Foggy pudiera ofrecer, el apoyo incondicional de Ellison y la camaradería con Brett podrían ayudarla.
— Puedes averiguar dónde está, si quieres, de la forma más anónima posible, y luego decirme dónde está. Déjame tratar primero —repitió, el tono de su voz tan suave que podría haber hablado a un niño pequeño y no a Frank Castle.
Frank Castle, que hacía bromas que lograban que una sonrisa se instalara en su rostro de forma automática, sin poder evitarlo.
Negó con la cabeza, cubriéndose la boca. — Dios, Frank. Claro que no llamaré monstruo a su marido... no en su cara, por supuesto —arrastró las palabras para agregar mayor misterio, con la sonrisa ensanchándose brevemente al dejar de hablar. Tuvo que respirar hondo, suspirar y asentir. — Supongo que sí, si es que todo va de acuerdo a lo que estamos planeando.
No obstante, sabía que las cosas podían salir mal por una razón u otra. Existían muchísimas cuestiones que podrían torcerse en el camino. Se rascó la mejilla, todavía maquinando. — Me estaba preguntando, ¿qué tan... —frunció el ceño, vista fija en su rostro, buscando la palabra correcta:— personal quieres que sea esto? —qué tantos detalles estaba dispuesto a compartir, qué tantos secretos estaba dispuesto a develar frente al mundo.
— Me refiero al artículo, claro —por supuesto.
Casa de Karen | 22:00 hs
© RED FOR SS

Re: Penny and dime
II. Ma'am
Si descuelga un teléfono para denunciarle a él o a Karen promete que al segundo tiene una bala en el cráneo. No se le da bien conceder segundas oportunidades, de modo que más le vale aprovechar la que le ofrece. Si dar una segunda oportunidad le resulta difícil, es fácil llegar a la conclusión de que tener una tercera es imposible, ¿verdad? Él mismo. Por suerte para él las cosas se van a hacer de forma diferente. Al modo de Karen. Ahora solo queda ver si a su modo va a colaborar o va a seguir haciéndose el loco.
— Está bien, ma'am. —Levanta las manos con cuidado de no derramar el café que tiene en su taza en señal de paz, cediéndole el privilegio de hablar con él en primer lugar. Quién sabe, puede que incluso Frank se lleve una valiosa lección de todo esto—. Si decide que no quiere colaborar ya pensaremos en otro plan. —Un plan que no tiene que ser del tipo que él suele trazar, puede que una vez más las cosas se hagan de otra forma. Por el bien de todos—. Aunque confío en que le convencerás.
Puede parecer tonto, pero lo piensa de verdad. Karen ha sido de las pocas personas que han conseguido hacer que Frank entre en razón, ¿cómo no iba a conseguir que una persona en su sano juicio también lo haga? No es que tenga muchas esperanzas depositadas en ella, es que le ha demostrado que en realidad sí puede hacerlo.
— Es verdad, eres demasiado educada como para hacer eso. —Y por muy rubia que sea resulta que no tiene ni un pelo de tonta. Va siendo hora de dejar las bromas, no puede ser que estén hablando de algo serio y Frank se empeñe en decir tonterías—. Sino siempre podemos improvisar —comenta en apenas un susurro. Si las cosas no siguen el plan, entonces habrá que encontrar la forma de hacer que todo vuelva a su lugar, ¿no? La improvisación no es su punto fuerte, siempre que se ve obligado a improvisar acaba con alguna que otra bala en el cuerpo. Aunque siempre acaba ganando él—. No lo sé —confiesa antes de beber un buen trago de café. El día que tenga que hablar de su familia seguramente necesite algo más que cafeína en el cuerpo. Un buen chorro de whisky en el café será suficiente—. Eres tú la que va a escribir sobre el tema.
Supone que está dispuesto a dar los datos que ella necesite o considere necesarios. A Frank no le vendrá mal recordar las cosas buenas, traer de nuevo a su memoria aquellos buenos momentos que vivió y que le permitirán no vivir de forma constante entre las sombras. Encoge los hombros y se termina su café de otro trago, sin dejar nada en el fondo de esa taza.
— Puedes preguntarme lo que quieras, si es eso lo que te preocupa. —Después el valorará si quiere responder o no. O si puede. Todo depende de cómo sean las preguntas y su estado de ánimo—. Responderé lo que pueda.
— Está bien, ma'am. —Levanta las manos con cuidado de no derramar el café que tiene en su taza en señal de paz, cediéndole el privilegio de hablar con él en primer lugar. Quién sabe, puede que incluso Frank se lleve una valiosa lección de todo esto—. Si decide que no quiere colaborar ya pensaremos en otro plan. —Un plan que no tiene que ser del tipo que él suele trazar, puede que una vez más las cosas se hagan de otra forma. Por el bien de todos—. Aunque confío en que le convencerás.
Puede parecer tonto, pero lo piensa de verdad. Karen ha sido de las pocas personas que han conseguido hacer que Frank entre en razón, ¿cómo no iba a conseguir que una persona en su sano juicio también lo haga? No es que tenga muchas esperanzas depositadas en ella, es que le ha demostrado que en realidad sí puede hacerlo.
— Es verdad, eres demasiado educada como para hacer eso. —Y por muy rubia que sea resulta que no tiene ni un pelo de tonta. Va siendo hora de dejar las bromas, no puede ser que estén hablando de algo serio y Frank se empeñe en decir tonterías—. Sino siempre podemos improvisar —comenta en apenas un susurro. Si las cosas no siguen el plan, entonces habrá que encontrar la forma de hacer que todo vuelva a su lugar, ¿no? La improvisación no es su punto fuerte, siempre que se ve obligado a improvisar acaba con alguna que otra bala en el cuerpo. Aunque siempre acaba ganando él—. No lo sé —confiesa antes de beber un buen trago de café. El día que tenga que hablar de su familia seguramente necesite algo más que cafeína en el cuerpo. Un buen chorro de whisky en el café será suficiente—. Eres tú la que va a escribir sobre el tema.
Supone que está dispuesto a dar los datos que ella necesite o considere necesarios. A Frank no le vendrá mal recordar las cosas buenas, traer de nuevo a su memoria aquellos buenos momentos que vivió y que le permitirán no vivir de forma constante entre las sombras. Encoge los hombros y se termina su café de otro trago, sin dejar nada en el fondo de esa taza.
— Puedes preguntarme lo que quieras, si es eso lo que te preocupa. —Después el valorará si quiere responder o no. O si puede. Todo depende de cómo sean las preguntas y su estado de ánimo—. Responderé lo que pueda.
Casa de Karen | 22:00 hs
© RED FOR SS
the scars on your heart are still mine

Re: Penny and dime
II. Ma'am
Con una sonrisa satisfecha en el rostro, se estiró una vez más para tomar la taza que había abandonado sobre la mesita. Se la acercó a los labios y dio un sorbo, oyéndolo hablar. En ocasiones, lo que tenía que hacer era limitarse a escuchar y callar por un rato. Tenía muy en claro que podía aprender mucho con solo oír lo que Frank tuviera para decir, sin más. Tenían dos puntos de vista distintos pero que, a fin de cuentas, además eran paralelos.
Le agradó que accediera a que las cosas se hicieran a su manera, aunque sea para probar si servía de algo o si tendrían que recurrir a los métodos de The Punisher para conseguir lo que querían. Más que nada, se sentía un poco confiada hacia la situación en general, con un plan más o menos pensado tomando forma en su cabeza; y eso podía ser peligroso, sin lugar a dudas.
— Espero poder convencerlo —ojalá su capacidad para caer bien y su don de gentes surtieran efecto en el ex-empleado de Reyes. Ese hombre tenía mucha información, puede que supiera la historia completa y... ¿quién sabe? Podría ayudar más allá de la redención de Frank Castle. Tener un informante en la fiscalía sería muy provechoso en su caso, pensó brevemente.
— Sí, bueno... —forzó una sonrisa antes de beber café, refugiándose en el calor de la bebida como si se le fuera la vida en algo tan pequeño. — Es mi mejor opción a la hora de conseguir lo que quiero —sin derramar sangre, sin mancharse todavía más las manos. Podía parecer débil pero no lo era, solo tenía una forma distinta de lidiar con los obstáculos que se le ponían en frente. Frank los asesinaba, los eliminaba, Matt los hería hasta que lo dejaran en paz; Karen, en cambio, presionaba todos los botones correctos para conseguir sus objetivos. Y lo conseguía.
Apretó los labios en lo que duró hasta la última de las palabras del hombre, interesada en lo que tenía para decir. Asintió con toda la efusividad que fue capaz de reunir, como si hablar sobre eso fuera simplemente demasiado para ella y para todos.
— Ya, claro, pero nada de esto sucedería si no fuera por ti. Esta es tu verdad, Frank —insistió. Afianzó mejor la taza entre sus manos, mirándolo a la cara sin vacilar en el proceso. Él podía resultar intimidante al inicio, sin embargo lo cierto es que todo era cosa de acostumbrarse. Poco más importaba. — Y como tal, serás tú quien regule los límites y... Y todo, en realidad.
Aprovechó una pausa para beber un poco más de café, echando un vistazo rápido a la taza vacía que el hombre tenía entre manos. — Hay más en la cafetera, por si te interesa —y a su vez, había mucho más de donde había provenido todo aquello.
— Schoonover tenía fotografías, él me... Me habló sobre ti, aquella noche —se rascó la barbilla, agachando la cabeza por un momento. — ¿Cómo supiste que estaba allí? —Shinning Star en su coche, la misma canción que había oído de la mano de Frank. No literalmente, claro. — ¿Cómo te diste cuenta de que se trataba de él desde el principio? —era una de las cosas que había anhelado preguntarle. De haber sido las cosas diferentes, era de lo más probable de que lo hubiera hecho mucho antes.
Lo analizó con la vista, dando sorbitos a su café.
Le agradó que accediera a que las cosas se hicieran a su manera, aunque sea para probar si servía de algo o si tendrían que recurrir a los métodos de The Punisher para conseguir lo que querían. Más que nada, se sentía un poco confiada hacia la situación en general, con un plan más o menos pensado tomando forma en su cabeza; y eso podía ser peligroso, sin lugar a dudas.
— Espero poder convencerlo —ojalá su capacidad para caer bien y su don de gentes surtieran efecto en el ex-empleado de Reyes. Ese hombre tenía mucha información, puede que supiera la historia completa y... ¿quién sabe? Podría ayudar más allá de la redención de Frank Castle. Tener un informante en la fiscalía sería muy provechoso en su caso, pensó brevemente.
— Sí, bueno... —forzó una sonrisa antes de beber café, refugiándose en el calor de la bebida como si se le fuera la vida en algo tan pequeño. — Es mi mejor opción a la hora de conseguir lo que quiero —sin derramar sangre, sin mancharse todavía más las manos. Podía parecer débil pero no lo era, solo tenía una forma distinta de lidiar con los obstáculos que se le ponían en frente. Frank los asesinaba, los eliminaba, Matt los hería hasta que lo dejaran en paz; Karen, en cambio, presionaba todos los botones correctos para conseguir sus objetivos. Y lo conseguía.
Apretó los labios en lo que duró hasta la última de las palabras del hombre, interesada en lo que tenía para decir. Asintió con toda la efusividad que fue capaz de reunir, como si hablar sobre eso fuera simplemente demasiado para ella y para todos.
— Ya, claro, pero nada de esto sucedería si no fuera por ti. Esta es tu verdad, Frank —insistió. Afianzó mejor la taza entre sus manos, mirándolo a la cara sin vacilar en el proceso. Él podía resultar intimidante al inicio, sin embargo lo cierto es que todo era cosa de acostumbrarse. Poco más importaba. — Y como tal, serás tú quien regule los límites y... Y todo, en realidad.
Aprovechó una pausa para beber un poco más de café, echando un vistazo rápido a la taza vacía que el hombre tenía entre manos. — Hay más en la cafetera, por si te interesa —y a su vez, había mucho más de donde había provenido todo aquello.
— Schoonover tenía fotografías, él me... Me habló sobre ti, aquella noche —se rascó la barbilla, agachando la cabeza por un momento. — ¿Cómo supiste que estaba allí? —Shinning Star en su coche, la misma canción que había oído de la mano de Frank. No literalmente, claro. — ¿Cómo te diste cuenta de que se trataba de él desde el principio? —era una de las cosas que había anhelado preguntarle. De haber sido las cosas diferentes, era de lo más probable de que lo hubiera hecho mucho antes.
Lo analizó con la vista, dando sorbitos a su café.
Casa de Karen | 22:00 hs
© RED FOR SS

Re: Penny and dime
II. Ma'am
Lo convencerá, lo sabe. A Karen se le dan mejor las personas de lo que se piensa, sino no estarían ahí sentados, hablando y poniendo cosas en común sobre la historia que quieren contar. Cada uno tiene sus armas, supone. Mientras que Karen tiene la palabra y su simpatía, Frank goza de un arsenal que poco tiene que envidiar del ejército. Si al menos solo fuera uno...
— Pero eres tú la que sabe cómo es el público. —Podría cargarse a media ciudad si se lo pidiera y supiera que son malas personas, pero lo que le está pidiendo ahora es demasiada responsabilidad para él. No sabía ni cómo empezar su historia, no sabe qué detalles cuentan y qué detalles debería ahorrarse. De saberlo no la estaría molestando con todo este asunto y se dedicaría a escribirlo él mismo—. Yo no sé qué cosas cuentan, no... yo sé apretar gatillos, no tengo... ¿empatía? —Sí, esa es la palabra que está buscando. Y sí que tiene empatía, otra cosa es que esté al mismo nivel que la empatía de Karen. Ella es mucho más sensible que él. Más humana. Por eso ella debe elegir—. Ya te he dicho que esto no es fácil para mí.
Está en proceso de bloquearse. Puede encontrar testigos, puede hacer que hablen, pero no es capaz de ponerle límites a todo esto. Va a ser personal, escriba lo que escriba, el nivel de implicación ya depende del criterio de Karen. Toma su taza y se pone en pie mientras niega con la cabeza, negándose a tomar esa clase de decisiones. De camino a la cafetera se le escucha murmurar alguna cosa, aunque no se sabe exactamente qué es lo que se está diciendo. Rellena la taza y da un buen trago antes de volver a rellenarla. Permanece ahí, en la distancia, aún hablando con ella. Pero evitando cualquier tipo de contacto.
— ¿En serio? ¿Y qué dijo? —La curiosidad le ha podido por un segundo, pero pronto recula, con el ceño fruncido y la taza pegada a los labios—. Espera, prefiero no saberlo. —¿Qué importa ya? Está muerto, está justo en el lugar que le corresponde. El pasado ya no importa, a Frank Castle le queda un suspiro para dejar de ser Frank Castle y ser The Punisher. Y ese suspiro se corresponde, precisamente, con que se sepa la verdad sobre su familia. Se ha vengado a su manera, se enfrentó a su propio hogar y lo redujo a cenizas justo después de fingir su muerte. Sigue respirando, sigue moviéndose, pero la persona que salió de aquella casa a punto de explotar no era Frank Castle. No por dentro—. Ibas a seguir indagando y sabía que tarde o temprano acabarías necesitando algo de ayuda —dice, en voz algo baja, aunque audible. La siguió, preocupado y consciente de que iba a necesitarle—. Simplemente lo supe.
Algún día responderá a esa pregunta, pero hoy no. Parece que hay algo que atormenta a Frank, algo que lleva por dentro y que no quiere compartir con Karen. Los límites, no sabe cómo definirlos. ¿Y si ese artículo no vale de nada? ¿Y si no consigue su objetivo? Es lo que le queda para poder desprenderse del peso de su pasado.
— ¿Cómo quieres empezar? —pregunta, tras un par de minutos de completo silencio. Puede definir algunos límites, sabe qué cosas quiere decir y cuáles no, pero mucho se teme que hasta que no le pregunte no va a ser capaz de definirlos bien.
— Pero eres tú la que sabe cómo es el público. —Podría cargarse a media ciudad si se lo pidiera y supiera que son malas personas, pero lo que le está pidiendo ahora es demasiada responsabilidad para él. No sabía ni cómo empezar su historia, no sabe qué detalles cuentan y qué detalles debería ahorrarse. De saberlo no la estaría molestando con todo este asunto y se dedicaría a escribirlo él mismo—. Yo no sé qué cosas cuentan, no... yo sé apretar gatillos, no tengo... ¿empatía? —Sí, esa es la palabra que está buscando. Y sí que tiene empatía, otra cosa es que esté al mismo nivel que la empatía de Karen. Ella es mucho más sensible que él. Más humana. Por eso ella debe elegir—. Ya te he dicho que esto no es fácil para mí.
Está en proceso de bloquearse. Puede encontrar testigos, puede hacer que hablen, pero no es capaz de ponerle límites a todo esto. Va a ser personal, escriba lo que escriba, el nivel de implicación ya depende del criterio de Karen. Toma su taza y se pone en pie mientras niega con la cabeza, negándose a tomar esa clase de decisiones. De camino a la cafetera se le escucha murmurar alguna cosa, aunque no se sabe exactamente qué es lo que se está diciendo. Rellena la taza y da un buen trago antes de volver a rellenarla. Permanece ahí, en la distancia, aún hablando con ella. Pero evitando cualquier tipo de contacto.
— ¿En serio? ¿Y qué dijo? —La curiosidad le ha podido por un segundo, pero pronto recula, con el ceño fruncido y la taza pegada a los labios—. Espera, prefiero no saberlo. —¿Qué importa ya? Está muerto, está justo en el lugar que le corresponde. El pasado ya no importa, a Frank Castle le queda un suspiro para dejar de ser Frank Castle y ser The Punisher. Y ese suspiro se corresponde, precisamente, con que se sepa la verdad sobre su familia. Se ha vengado a su manera, se enfrentó a su propio hogar y lo redujo a cenizas justo después de fingir su muerte. Sigue respirando, sigue moviéndose, pero la persona que salió de aquella casa a punto de explotar no era Frank Castle. No por dentro—. Ibas a seguir indagando y sabía que tarde o temprano acabarías necesitando algo de ayuda —dice, en voz algo baja, aunque audible. La siguió, preocupado y consciente de que iba a necesitarle—. Simplemente lo supe.
Algún día responderá a esa pregunta, pero hoy no. Parece que hay algo que atormenta a Frank, algo que lleva por dentro y que no quiere compartir con Karen. Los límites, no sabe cómo definirlos. ¿Y si ese artículo no vale de nada? ¿Y si no consigue su objetivo? Es lo que le queda para poder desprenderse del peso de su pasado.
— ¿Cómo quieres empezar? —pregunta, tras un par de minutos de completo silencio. Puede definir algunos límites, sabe qué cosas quiere decir y cuáles no, pero mucho se teme que hasta que no le pregunte no va a ser capaz de definirlos bien.
Casa de Karen | 22:00 hs
© RED FOR SS
the scars on your heart are still mine

Re: Penny and dime
II. Ma'am
Sí, se suponía que Karen "sabía" de eso. Qué quería leer el público, qué tipo de historias se vendían por sí solas... Ellison la había educado para saber sobre todo eso, lo que por el momento continuaba porque no había aprendido todo lo que debía. Todavía se dejaba llevar por lo que dictaba su corazón, escogía la verdad antes que cualquier cosa que vendiera periódicos. Y luego estaba Frank Castle, su caso, su historia, todo lo que significaba.
Era su asignatura pendiente, una de las tantas que la acechaban; una que sí tenía la oportunidad de resolver, justo allí, frente a su nariz. No podía perderse esa pequeña ocasión de la vida.
— Vale, vale... Lo iremos pensando sobre la marcha, en ese caso —en plural. Incluso si no era bueno con ese tipo de cosas, si no eran tan empático como ella, tendría tanta participación en aquello como la propia Karen. Quizás no saldría en los créditos una vez el artículo fuera publicado, porque no quería terminar en prisión por encubrimiento, pero sería trabajo de ambos. Tendría tanta decisión, tanto poder en todo el proceso como ella. Prefería que fueran iguales, ante todo. — Lo analizaremos y decidiremos cuando llegue el momento. No te preocupes.
Dejó el sofá para arrastrar los pies hasta quedar a centímetros de su armario, el que abrió de par en par. A continuación, se agachó para sacar una caja del fondo del mismo, la que contenía absolutamente todo lo que había guardado sobre el hombre que iba a consumir toda su reserva de café. No había capa de polvo alguna porque solía sacarla de vez en cuando, aunque fuera solo para asegurarse de que siguiera en su respectivo lugar.
Volvió a sentarse, la caja sobre sus piernas. La abrió sin decir ni una palabra, más concentrada en eso que en lo que Frank tenía para decir, por primera vez en un buen rato. Sus dedos recorrieron los bordes de la caja, sus ojos repasaron lo que había dentro. Para ser completamente honesta, tampoco estaba muy segura cuál sería el mejor comienzo para todo aquello. De estar sola, habría optado por echar algo más fuerte que el café en un vaso y se habría puesto a escribir sin dudarlo ni por un momento.
— ¿Quieres que sepan sobre tu niñez? ¿Tus padres, todo eso? —no alzó la vista, de la misma forma en que su tono de voz se mantuvo firme pero más bien bajo. — ¿O prefieres que solo nos enfoquemos en ellos? —su esposa, Lisa, Frank Jr.
— O quizás empezar con tu carrera con los marines, pero pienso que... —atrapó su labio inferior entre sus dientes, ahora sí lo observó por un momento. — Creo que iniciar desde allí sería frívolo. Sería encasillar esto en la historia de un ex-marine, cuando es mucho más que eso —la de un esposo, un padre, un hombre. Era mucho más que un ex-marine, un asesino.
— ¿Qué cosas no quieres que figuren? —preguntó, finalmente. Era más fácil decidir qué no entraría, a pensar en todo lo que sí lo haría. Quizás eso podría ayudar a trazar algún tipo de límite que la ayudara a trazar una idea clara sobre lo que deseaba para este pequeño —enorme— proyecto que tenían entre manos. A pesar de que no era buena respetándolos, tal y como había demostrado al cruzar la línea del hospital, la primera vez que se habían visto, haría el intento. Serviría de pauta, quiso creer.
Dio un sorbo a su café, todavía mirándolo fijamente.
Era su asignatura pendiente, una de las tantas que la acechaban; una que sí tenía la oportunidad de resolver, justo allí, frente a su nariz. No podía perderse esa pequeña ocasión de la vida.
— Vale, vale... Lo iremos pensando sobre la marcha, en ese caso —en plural. Incluso si no era bueno con ese tipo de cosas, si no eran tan empático como ella, tendría tanta participación en aquello como la propia Karen. Quizás no saldría en los créditos una vez el artículo fuera publicado, porque no quería terminar en prisión por encubrimiento, pero sería trabajo de ambos. Tendría tanta decisión, tanto poder en todo el proceso como ella. Prefería que fueran iguales, ante todo. — Lo analizaremos y decidiremos cuando llegue el momento. No te preocupes.
Dejó el sofá para arrastrar los pies hasta quedar a centímetros de su armario, el que abrió de par en par. A continuación, se agachó para sacar una caja del fondo del mismo, la que contenía absolutamente todo lo que había guardado sobre el hombre que iba a consumir toda su reserva de café. No había capa de polvo alguna porque solía sacarla de vez en cuando, aunque fuera solo para asegurarse de que siguiera en su respectivo lugar.
Volvió a sentarse, la caja sobre sus piernas. La abrió sin decir ni una palabra, más concentrada en eso que en lo que Frank tenía para decir, por primera vez en un buen rato. Sus dedos recorrieron los bordes de la caja, sus ojos repasaron lo que había dentro. Para ser completamente honesta, tampoco estaba muy segura cuál sería el mejor comienzo para todo aquello. De estar sola, habría optado por echar algo más fuerte que el café en un vaso y se habría puesto a escribir sin dudarlo ni por un momento.
— ¿Quieres que sepan sobre tu niñez? ¿Tus padres, todo eso? —no alzó la vista, de la misma forma en que su tono de voz se mantuvo firme pero más bien bajo. — ¿O prefieres que solo nos enfoquemos en ellos? —su esposa, Lisa, Frank Jr.
— O quizás empezar con tu carrera con los marines, pero pienso que... —atrapó su labio inferior entre sus dientes, ahora sí lo observó por un momento. — Creo que iniciar desde allí sería frívolo. Sería encasillar esto en la historia de un ex-marine, cuando es mucho más que eso —la de un esposo, un padre, un hombre. Era mucho más que un ex-marine, un asesino.
— ¿Qué cosas no quieres que figuren? —preguntó, finalmente. Era más fácil decidir qué no entraría, a pensar en todo lo que sí lo haría. Quizás eso podría ayudar a trazar algún tipo de límite que la ayudara a trazar una idea clara sobre lo que deseaba para este pequeño —enorme— proyecto que tenían entre manos. A pesar de que no era buena respetándolos, tal y como había demostrado al cruzar la línea del hospital, la primera vez que se habían visto, haría el intento. Serviría de pauta, quiso creer.
Dio un sorbo a su café, todavía mirándolo fijamente.
Casa de Karen | 22:00 hs
© RED FOR SS

Re: Penny and dime
II. Ma'am
Cabecea y deja el tema estar por el momento. Suficiente tienen con reunir información y echar mano de un par de testigos, cuando todo eso esté en orden tendrán tiempo de hablar sobre el resto. Eso en parte le tranquiliza, tiene la sensación de que hay demasiadas cosas para hacer y se agobia. Definitivamente esto no va con él.
Se rellena nuevamente la taza y vuelve al sofá. Toma asiento en el mismo lugar que antes, aunque ahora parece bastante incómodo. Necesita relajarse y concienciarse de que esto que están haciendo es real. Encoge un hombro, sin saber nuevamente qué es lo mejor para el artículo. Hay muchas cosas que decir sobre Frank Castle, pero no todas valen. No todas importan lo suficiente.
— No puedo pensar en algo específico que no quiere que figure, lo que sí que quiero es que esto sea sobre ellos —explica, hablando de forma lenta y tomándose su tiempo para pensar las cosas dos veces antes de decirlas—. Así que prefiero no centrarme demasiado en mí. —Lo sucedido en la guerra no le parece tan importante como hablar de lo sucedido aquel día. Como desenmascarar a los que hicieron todo eso. Está claro que sí hay algo de relación con lo sucedido durante su alistamiento, pero los horrores vividos allí prefiere guardárselos. Más que nada porque muchos de ellos tampoco le ponen a él en una buena posición, por mucho que algunos lo tengan por héroe de guerra—. No me importa hablar sobre mi pasado, al fin y al cabo ellos llegaron antes que la guerra, pero quiero que esto sea para ellos.
Frank no está buscando ser mirado con pena, no quiere que cuando lean el artículo se imaginen a un crío que después tuvo que pasar por todo eso. Quiere que vean su parte más humana, pero al mismo tiempo quiere que lo importante sea su familia y la verdad sobre su muerte. No tiene ni idea de si eso está bien enfocado o si se puede hacer correctamente, pero lo que sí sabe es que es lo que más le gustaría.
— Mis padres eran de Sicilia, de hecho, mi nombre no siempre fue Frank Castle. —Da un largo trago al café y lo deja sobre la mesilla antes de colocar las manos sobre su regazo. El índice de su diestra, aquel con el que aprieta el gatillo, vuelve a presentar el tic nervioso de siempre—. Era Francis Castiglione, mucho más acorde con el origen de mis padres. —Nombre que a Frank jamás le gustó demasiado. No le parecía lo suficientemente serio, aunque es cierto que su cultura fue diferente a la de sus padres casi desde el principio. Para él era un nombre horrible, para ellos uno bonito y común—. Yo soy de Queens y mantuve ese nombre hasta que me lo cambié para... bueno —ríe entre dientes un poco y baja la mirada hasta sus manos—, para poder entrar en el ejército de nuevo de una forma muy poco legal.
Pero nuevamente se está adelantando, su familia llegó antes que todo eso. Para cuando se cambió el nombre sus hijos ya habían nacido. Le cuesta llevar un orden de todo esto, le cuesta recordar porque le duele hacerlo.Tiende a olvidar con facilidad que un día fue feliz.
— Pero con Maria me casé antes de entrar en el ejército —seguramente Karen vaya a tener que preguntarle todo esto de nuevo para poder tenerlo claro, pero no le importa. Al menos puede hacerse a una idea de lo que Frank quiere y puede contar—. De hecho, ella ya estaba embarazada para cuando me alisté. —Sabe muy bien lo que debe estar pensando: por entonces Frank era un crío, prácticamente.
Se rellena nuevamente la taza y vuelve al sofá. Toma asiento en el mismo lugar que antes, aunque ahora parece bastante incómodo. Necesita relajarse y concienciarse de que esto que están haciendo es real. Encoge un hombro, sin saber nuevamente qué es lo mejor para el artículo. Hay muchas cosas que decir sobre Frank Castle, pero no todas valen. No todas importan lo suficiente.
— No puedo pensar en algo específico que no quiere que figure, lo que sí que quiero es que esto sea sobre ellos —explica, hablando de forma lenta y tomándose su tiempo para pensar las cosas dos veces antes de decirlas—. Así que prefiero no centrarme demasiado en mí. —Lo sucedido en la guerra no le parece tan importante como hablar de lo sucedido aquel día. Como desenmascarar a los que hicieron todo eso. Está claro que sí hay algo de relación con lo sucedido durante su alistamiento, pero los horrores vividos allí prefiere guardárselos. Más que nada porque muchos de ellos tampoco le ponen a él en una buena posición, por mucho que algunos lo tengan por héroe de guerra—. No me importa hablar sobre mi pasado, al fin y al cabo ellos llegaron antes que la guerra, pero quiero que esto sea para ellos.
Frank no está buscando ser mirado con pena, no quiere que cuando lean el artículo se imaginen a un crío que después tuvo que pasar por todo eso. Quiere que vean su parte más humana, pero al mismo tiempo quiere que lo importante sea su familia y la verdad sobre su muerte. No tiene ni idea de si eso está bien enfocado o si se puede hacer correctamente, pero lo que sí sabe es que es lo que más le gustaría.
— Mis padres eran de Sicilia, de hecho, mi nombre no siempre fue Frank Castle. —Da un largo trago al café y lo deja sobre la mesilla antes de colocar las manos sobre su regazo. El índice de su diestra, aquel con el que aprieta el gatillo, vuelve a presentar el tic nervioso de siempre—. Era Francis Castiglione, mucho más acorde con el origen de mis padres. —Nombre que a Frank jamás le gustó demasiado. No le parecía lo suficientemente serio, aunque es cierto que su cultura fue diferente a la de sus padres casi desde el principio. Para él era un nombre horrible, para ellos uno bonito y común—. Yo soy de Queens y mantuve ese nombre hasta que me lo cambié para... bueno —ríe entre dientes un poco y baja la mirada hasta sus manos—, para poder entrar en el ejército de nuevo de una forma muy poco legal.
Pero nuevamente se está adelantando, su familia llegó antes que todo eso. Para cuando se cambió el nombre sus hijos ya habían nacido. Le cuesta llevar un orden de todo esto, le cuesta recordar porque le duele hacerlo.Tiende a olvidar con facilidad que un día fue feliz.
— Pero con Maria me casé antes de entrar en el ejército —seguramente Karen vaya a tener que preguntarle todo esto de nuevo para poder tenerlo claro, pero no le importa. Al menos puede hacerse a una idea de lo que Frank quiere y puede contar—. De hecho, ella ya estaba embarazada para cuando me alisté. —Sabe muy bien lo que debe estar pensando: por entonces Frank era un crío, prácticamente.
Casa de Karen | 22:00 hs
© RED FOR SS
the scars on your heart are still mine

Re: Penny and dime
II. Ma'am
Asintió en silencio, sacando un par de fólders de la caja para llegar hasta lo que buscaba. Ah, ahí estaba. La copia de la fotografía que había robado de la casa de Frank, tantos meses atrás, cuando la había allanado con la intención de encontrar pistas, respuestas a todas las preguntas que por aquel entonces se habían formado.
El problema fue que eso solo logró que la curiosidad aumentara, que las incógnitas sobre el hombre fueran aún mayores.
De a momentos, como fue el caso en ese preciso instante, tenía problemas para mirarlo a la cara. Quizás porque tenía la imagen de un tiempo en el que era más feliz, donde estaba completo; quizás porque también había visto el resultado de esa guerra personal que lo atormentaba diariamente. Apretó los labios, con toda su atención puesta en lo que había entre sus manos.
— Sí, yo... Lo leí —se achicó, hundiendo los hombros como si quisiera doblarse dentro de sí misma y hacerse pequeñita. No era vergüenza lo que sentía, en lo absoluto, sino que tenía la sensación de haber invadido su privacidad. A fin de cuentas, si alguien había leído los archivos de Frank Castle al derecho y al revés, esa era ella. Claro que no era lo mismo oírlo de boca del protagonista, pues su expediente solo era fechas de interés, lugares, nombres crímenes y un montón de cadáveres.
Se rascó la nuca de forma disimulada, estirando el brazo para ofrecerle la copia. No sabía si él había guardado la foto original, o si se había desecho de la misma.
— No sé sobre qué preguntar primero —admitió, dejando que sus ojos vagaran por su apartamento. Quería saberlo todo, eso lo tenía en claro. Deseaba preguntar sobre sus padres, qué había sido de ellos, si todavía vivían. Al mismo tiempo, deseaba saberlo todo sobre Maria, sobre el joven Frank que se enamoró de ella. Lo cierto es que Karen sentía una curiosidad insaciable. — Vamos por partes... Maria —lo decidió a medida que hablaba, alzó la vista de forma fugaz para mirarlo durante varios segundos.
— ¿Cómo se conocieron? —bajó el tono de voz y fue lo más suave que se puede ser, mucho más que antes. Podía ser un poco despiadada con tal de conseguir información, pero no en esa ocasión. No quería empujarlo más de la cuenta, que se cerrara en sí mismo y se bloqueara por completo. Básicamente, prefería evitar que se repitiera lo que pasó esa última noche, con Schoonover. — ¿Eran compañeros de instituto? ¿A qué edad tú lo... —hizo una mueca, desvió la mirada otra vez — supiste? Que querías casarte con ella —que la amaba.
De alguna forma, al preguntar eso sintió que invadía la privacidad de Frank mucho más de lo que lo había hecho al meterse al que un día fue su hogar, además del de Maria y los niños.
El problema fue que eso solo logró que la curiosidad aumentara, que las incógnitas sobre el hombre fueran aún mayores.
De a momentos, como fue el caso en ese preciso instante, tenía problemas para mirarlo a la cara. Quizás porque tenía la imagen de un tiempo en el que era más feliz, donde estaba completo; quizás porque también había visto el resultado de esa guerra personal que lo atormentaba diariamente. Apretó los labios, con toda su atención puesta en lo que había entre sus manos.
— Sí, yo... Lo leí —se achicó, hundiendo los hombros como si quisiera doblarse dentro de sí misma y hacerse pequeñita. No era vergüenza lo que sentía, en lo absoluto, sino que tenía la sensación de haber invadido su privacidad. A fin de cuentas, si alguien había leído los archivos de Frank Castle al derecho y al revés, esa era ella. Claro que no era lo mismo oírlo de boca del protagonista, pues su expediente solo era fechas de interés, lugares, nombres crímenes y un montón de cadáveres.
Se rascó la nuca de forma disimulada, estirando el brazo para ofrecerle la copia. No sabía si él había guardado la foto original, o si se había desecho de la misma.
— No sé sobre qué preguntar primero —admitió, dejando que sus ojos vagaran por su apartamento. Quería saberlo todo, eso lo tenía en claro. Deseaba preguntar sobre sus padres, qué había sido de ellos, si todavía vivían. Al mismo tiempo, deseaba saberlo todo sobre Maria, sobre el joven Frank que se enamoró de ella. Lo cierto es que Karen sentía una curiosidad insaciable. — Vamos por partes... Maria —lo decidió a medida que hablaba, alzó la vista de forma fugaz para mirarlo durante varios segundos.
— ¿Cómo se conocieron? —bajó el tono de voz y fue lo más suave que se puede ser, mucho más que antes. Podía ser un poco despiadada con tal de conseguir información, pero no en esa ocasión. No quería empujarlo más de la cuenta, que se cerrara en sí mismo y se bloqueara por completo. Básicamente, prefería evitar que se repitiera lo que pasó esa última noche, con Schoonover. — ¿Eran compañeros de instituto? ¿A qué edad tú lo... —hizo una mueca, desvió la mirada otra vez — supiste? Que querías casarte con ella —que la amaba.
De alguna forma, al preguntar eso sintió que invadía la privacidad de Frank mucho más de lo que lo había hecho al meterse al que un día fue su hogar, además del de Maria y los niños.
Casa de Karen | 22:00 hs
© RED FOR SS

Re: Penny and dime
II. Ma'am
Frank no tiene ni idea de cuánto sabe Karen sobre él, más que nada porque no sabe cuánto ha llegado a leer de él. Tampoco sabe si todo lo que ha leído es verdad o tiene algo nuevo que ofrecer. Sí le resulta incómodo sorprenderla sabiendo más cosas de las que pensaba, pero puede lidiar con ello. En parte debió haberlo visto venir.
Toma la foto que le tiende y la sostiene con cuidado mientras la mira de reojo, como si mirarla fijamente fuera a hacerle daño. Lo hace, de alguna forma duele mirar esa fotografía que ya tiene bien guardada en su memoria. Recordar le duele, pero le duele aún más la idea de ir perdiendo todos sus recuerdos. Karen Page le ayudó a recordar hace ya tiempo, en la sala de un hospital. Tal vez le venga bien repetir el ejercicio y hacer memoria. Aunque duela. Aunque una parte de él no quiera hacerlo. Se obliga a despegar la mirada de esa fotografía cuando Karen vuelve a hablar, queriendo poder centrar su atención únicamente en ella.
— Maria —repite al tiempo que cabecea. La fotografía no la suelta, la sostiene en su diestra mientras su izquierda busca de nuevo la taza de café. No le apetece el trago que toma, simplemente lo utiliza para ganar tiempo. Para que en su cabeza sus pensamientos se organicen y pueda dar prioridad a la pregunta y no al dolor que le ocasiona el recuerdo—. Sí, fue en el instituto. —No era muy difícil de adivinar, no tiendo en cuenta que todo fue muy deprisa. Eran demasiado jóvenes como para comprometerse, pero lo hicieron igualmente—. Siempre fuimos a la misma clase, lo que pasa es que durante unos cuantos cursos me estuvo ignorando. —Una media sonrisa aparece en su rostro al decir eso. Maria fue una mujer con mucho carácter y casi tan cabezona como Frank. Eso le encantaba en ella—. Me costó mucho convencerla de que yo era un buen partido, ¿sabes? —Su sonrisa se amplía antes de encoger un hombro—. Creo que nunca la convencí del todo. —Y aún así escogió a Frank. Pese a que no eran perfectos, lo cierto es que hacían buena pareja. Ninguno de los dos pudo negarlo jamás—. Era muy inteligente.
La última pregunta le hace fruncir el ceño. Se encuentra perdido, no sabe ni si tiene una respuesta. Observa de nuevo la fotografía durante unos segundos y después coge aire.
— No es algo que se sepa, simplemente ocurrió. —Es posible que esto no sea del todo verdad, que de alguna forma Frank fuera consciente de ello en algún momento concreto. Le gusta pensar que simplemente las cosas sucedieron—. Te dejas llevar y... bang, estás casado. —Muy joven, sin muchos planes de futuro y sin saber qué hacer exactamente. Pero feliz. Sí, eso es todo cuanto les importó realmente—. Bang —prosigue, con calma—, eres padre. Dos veces.
Bang. Lo pierdes todo.
Todo pasa siempre demasiado deprisa, nunca ha tenido tiempo para disfrutar realmente de las cosas. Tal vez porque no supo valorarlas lo suficiente en el momento. No es que no quisiera a su familia, todo lo contrario. Es que jamás pensó que todo acabaría tan rápido. Pensó que aún les quedaba una vida por delante.
Toma la foto que le tiende y la sostiene con cuidado mientras la mira de reojo, como si mirarla fijamente fuera a hacerle daño. Lo hace, de alguna forma duele mirar esa fotografía que ya tiene bien guardada en su memoria. Recordar le duele, pero le duele aún más la idea de ir perdiendo todos sus recuerdos. Karen Page le ayudó a recordar hace ya tiempo, en la sala de un hospital. Tal vez le venga bien repetir el ejercicio y hacer memoria. Aunque duela. Aunque una parte de él no quiera hacerlo. Se obliga a despegar la mirada de esa fotografía cuando Karen vuelve a hablar, queriendo poder centrar su atención únicamente en ella.
— Maria —repite al tiempo que cabecea. La fotografía no la suelta, la sostiene en su diestra mientras su izquierda busca de nuevo la taza de café. No le apetece el trago que toma, simplemente lo utiliza para ganar tiempo. Para que en su cabeza sus pensamientos se organicen y pueda dar prioridad a la pregunta y no al dolor que le ocasiona el recuerdo—. Sí, fue en el instituto. —No era muy difícil de adivinar, no tiendo en cuenta que todo fue muy deprisa. Eran demasiado jóvenes como para comprometerse, pero lo hicieron igualmente—. Siempre fuimos a la misma clase, lo que pasa es que durante unos cuantos cursos me estuvo ignorando. —Una media sonrisa aparece en su rostro al decir eso. Maria fue una mujer con mucho carácter y casi tan cabezona como Frank. Eso le encantaba en ella—. Me costó mucho convencerla de que yo era un buen partido, ¿sabes? —Su sonrisa se amplía antes de encoger un hombro—. Creo que nunca la convencí del todo. —Y aún así escogió a Frank. Pese a que no eran perfectos, lo cierto es que hacían buena pareja. Ninguno de los dos pudo negarlo jamás—. Era muy inteligente.
La última pregunta le hace fruncir el ceño. Se encuentra perdido, no sabe ni si tiene una respuesta. Observa de nuevo la fotografía durante unos segundos y después coge aire.
— No es algo que se sepa, simplemente ocurrió. —Es posible que esto no sea del todo verdad, que de alguna forma Frank fuera consciente de ello en algún momento concreto. Le gusta pensar que simplemente las cosas sucedieron—. Te dejas llevar y... bang, estás casado. —Muy joven, sin muchos planes de futuro y sin saber qué hacer exactamente. Pero feliz. Sí, eso es todo cuanto les importó realmente—. Bang —prosigue, con calma—, eres padre. Dos veces.
Bang. Lo pierdes todo.
Todo pasa siempre demasiado deprisa, nunca ha tenido tiempo para disfrutar realmente de las cosas. Tal vez porque no supo valorarlas lo suficiente en el momento. No es que no quisiera a su familia, todo lo contrario. Es que jamás pensó que todo acabaría tan rápido. Pensó que aún les quedaba una vida por delante.
Casa de Karen | 22:00 hs
© RED FOR SS
the scars on your heart are still mine

Página 2 de 2. •
1, 2
Temas similares» [Song-fic]Dime que me quieres .. ♪
» Aventura 4- Dime que haces, y te diré quien eres
» NIGHTCRAWLER/Kurt Wagner
» S.W.A.T. 2 (2011) Dvdrip Latino [Accion]
» Firmería
» Aventura 4- Dime que haces, y te diré quien eres
» NIGHTCRAWLER/Kurt Wagner
» S.W.A.T. 2 (2011) Dvdrip Latino [Accion]
» Firmería
Página 2 de 2.
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.







































































» I-The lion and the hawk
» Through shadows
» His number is six hundred threescore and six
» It wasn't supposed to be this way.
» ¿Quién quiere rolear con X? [Personajes]
» ★ The best steel doesn't always shine the brightest
» Marvel's Agents of S.H.I.E.L.D
» Beauxbatosn Academy
» ♠ Can you reach up there?
» Love lasts 75 years, if you're lucky
» The Most Wonderful Time of the Year
» 26. What Once Was Lost [misión]
» ♠ After All.
» Pulvis et umbra sumus.