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Mensaje por Hellcat el Miér 4 Mayo - 0:37


Can you reach up there?
X-Files AU — 1x1
Lo puso haber sido todo y no fue nada. Él la siguió a aquel corredor, ella cedió a pasar la primera y última noche entre sus brazos. El dulce recuerdo de lo que se negó, por miedo. Puro miedo. Apartarse antes de que doliese demasiado fue su decisión, así rezaba la carta que descansaba sobre la almohada en lugar de su cuerpo desnudo. Dana Scully tomó muchas decisiones en aquel momento, de algunas se arrepiente, de otras no tanto. Lo curioso del tiempo es que jamás se puede volver atrás y la vida sigue. La vida de ambos agentes continuaron por caminos muy distintos. Scully cambió Virginia por Los Ángeles donde todo parecía tener otro color y el cielo siempre estaba despajado, un alivio si quería huir de las nubes negras que habían envuelto su vida.

Comenzó de cero como doctora, pediatra para ser exactos e incluso se casó. El reloj biológico tomó la decisión por ella, si bien no estaba enamorada de aquel hombre completamente era un buen amigo y había cariño y respeto ¿Qué más podía pedir? Un hijo. El verdadero motivo por el que aceptó aquel matrimonio y jamás llegó. Por si su trabajo anterior no le había quitado suficientes cosas también le arrebató la posibilidad de ser madre lo que terminó por arrastrarla a un ciclo de infidelidades constantes y rebeldía muy propio de su yo más adolescente. En un marco no demasiado apropiado para la pelirroja, ahora rubia, volverá aparecer aquel hombre que siempre marcó un antes y un después en su vida: Mulder.
Dana K. Scully
Médico — 39 — Gillian Anderson — Hellcat
Fox W. Mulder
Investigador Privado/Escritor/Asesor — 43 — David Duchovny — Nyadeh

Cronología
 
Hellcat


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Re: ♠ Can you reach up there?

Mensaje por Nyadeh el Miér 4 Mayo - 18:40


Nube azul, secuencia roja
Mulder — Bar — Solo
Nunca le agradaron las excesivas metrópolis. El abrumador bullicio, el rechinar de los neumáticos en los bulevares atestados y los consiguientes alaridos vehementes porque siempre alguien llegaba tarde a alguna parte, las construcciones altaneras y confiadas de poder rozar la bóveda del cielo. Y la muchedumbre, el gentío desorientado en nada más que sus pensamientos, a menudo instaurados y promulgados por la propia sociedad adulterada y quienes la guiaban. Washington había sido transitorio; un apartamento en Alexandria, próximo al edificio de Edgar Hoover, inquilino de un sofá que hacía más por sus desvelos que el propio dormitorio, de una desolada nevera que no recordaba con frecuencia restituir y un acuario que posiblemente había atendido más que a sí mismo. Virginia Occidental al menos le permitía respirar.

Los Ángeles era aún peor. Radiación de aparatosa abundancia de dorado fraudulento, hogar de célebres solo cuando ya eras uno de ellos. Hipócrita, desleal conocida, de las que aguardaban tras una esquina navaja en mano, sin advertencia anticipada. Breve travesía, un hotel de dos estrellas y una visita a la penitenciaría de la localidad, era todo lo que toleraría allí.

Leía el periódico. Todos. El diario de Richmond, el rotativo de Shelby, el boletín de Forest Grove. Indagaba con ese anhelo de melancolía agridulce propio de quien no concibe abandonar el molde confeccionado por y para sí mismo. Viajaba por instinto natural, casi inherente, en el margen de cualquier jurisprudencia. Había rehusado redactar para Weird Tales, resentido con el mundo, de cuando en cuando colaboraba con JEAB y su preocupación analítica del comportamiento humano. En ocasiones eventuales, la Oficina Federal requería su asistencia, la de su antigua ocupación, la primera; los expedientes inconclusos ya no le concernían a nadie. Las mínimas, accedía. Y después, se detestaba un poco.

Había vivido en la nube azul, la incesante creación de estrellas; joven y en situaciones inexperto, resuelto y eficaz. Se había mudado a la secuencia roja, vacía e insondable, el epílogo de todo volumen. Esquivo e intratable y un poco más dispuesto a abandonar.

Bebía más de lo que acostumbraba a hacer, algo en él, en su cuerpo, más abierto que la base de una botella de vidrio. Como en aquel bar de Sunset, humareda blanquecina de cigarro viciando el ambiente y perenne rumor de alegría que no le pertenecía otorgando un soniquete casi exasperante al espacio a su alrededor, donde la vio —o creyó verla—. Regusto a licor en la lengua, sensación de crudeza en el paladar.

Rubia, excesivamente rubia. Desconocida y artificial. La cabellera por debajo de los hombros, la falda demasiado corta, la risa en la garganta. Diferente mujer, inusual y sutilmente contradictoria.

En lugar de confirmarlo, eludió la mirada de las piernas flexionadas, desnudas y pálidas, cuyas rodillas acariciaban consciente o inconscientemente las de otra fémina. Desechó la copa solo a medias consumida y captó la atención del joven detrás de la barra. Pagar y salir de allí, era todo a lo que aspiraba.


Última edición por Nyadeh el Jue 5 Mayo - 23:45, editado 2 veces



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Re: ♠ Can you reach up there?

Mensaje por Hellcat el Jue 5 Mayo - 0:16


Nube azul, secuencia roja
Scully — Bar — Solo
Tiempo. Eso que atesoraba cuando Jerry no estaba en casa. Sus guardias nocturnas eran su libertad, el deterioro de su matrimonio a pasos agigantados. Se desmoronaba como los castillos de arena ante el choque de las olas. Dos años de matrimonio que comenzó a agrietarse prácticamente desde el sí quiero. Dana nunca lo quiso, no de esa forma romántica que las películas de Hollywood atesoraban. Era un compañero de trabajo, un hombre amable con el que antes podía acurrucarse en el sofá. Ya no. Cada mirada perdida ahora parecía estar echando en falta algo, probablemente la risa infantil de un bebé contra su regazo y las paredes pintadas con múltiples ceras de colores. Algo se rompió el día que recibió la notica y, desde entonces, no había podido parar. No quería hacerle daño, pero tampoco quería sentirse atrapada frente a algo que no podía controlar. La rebeldía contra la autoridad que siempre había enmascarado, ese brillo camorrista tras sus ojos azules. Un desafío, un duelo.

La noche había empezado como muchas otras. Un vestido negro, una falda corta y carmín sobre sus labios ya de por sí atractivos a la vista. Un rojo apagado, como el vino tinto derramándose con suavidad, invitando a catar la fruta madura y carnosa. La melena, ahora rubia, suelta sobre sus hombros. El tinte ocultando el verdadero color de su cabello, el dolor de su pasado. Un buen día no había soportado más seguir mirándose al espejo y había terminado con todo, probablemente una locura pero en su racional mente solo era una forma de alejarse aún más de aquellos cinco años trabajando en el sótano del FBI. Arriesgando su vida, la de sus seres queridos por una verdad que se escurría entre sus dedos como el agua. Había perdido mucho, demasiado. No quiso perder más, no quiso perder aquel inconsciente y testarudo compañero que comenzaba a ser una piedra que no quería sortear en su camino. Mulder siempre era un recuerdo agridulce.

Pero un recuerdo, solo eso hasta aquella noche. En algún momento había terminado en compañía, las sonrisas cómplices habían terminado con un par de Martinis y cada vez las intenciones quedaban mucho más claras. Un leve toque en la rodilla, un roce en el brazo, dedos traviesos oscilando por su cabello y su cuello. Era sencillo dejarse engatusar y olvidarse de todo por unas horas, era tan sencillo que no había dejado de repetirlo. Tampoco habría parado aquella noche si sus ojos no se hubiesen encontrado con aquella figura, menos inmadura y más desgastada, de Fox Mulder. Los recuerdos se agolparon de golpe contra su pecho y la falta de aire se tradujo en un nuevo sorbo a su copa. Distraída, confusa. No entendía qué hacía allí después de tanto tiempo ¿Tenía algo que ver con ella?

Antes de pensarlo ya se estaba disculpando con su acompañante, una sonrisa y un teléfono entre sus dedos escrito en una servilleta. Por supuesto que no la llamaría, ni siquiera conservaría ese número más allá de la puerta del bar. Sobre sus altos tacones de aguja, el equilibrio perfecto de sus pasos la llevaron directamente junto a su antiguo compañero. Las palabras burbujeando en su cabeza sin tener claro qué decir primero, qué decir segundo. Quizás no debería haberse levantado, quizás solo debería haberlo dejado salir de su vida como ella salió de la de él pero, ya fuera el alcohol o la rebeldía, allí estaba—Mulder…—Murmuró su nombre y se le hizo extraño, lejano y casi desconocido.


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Re: ♠ Can you reach up there?

Mensaje por Nyadeh el Vie 6 Mayo - 13:37


Nube azul, secuencia roja
Mulder — Bar — Solo
Blasfemia entre los dientes comprimidos al contemplar que el camarero se demoraba en su tarea y los segundos le zumbaban en los oídos como advertencia de dinamita. Quiso declarar que no necesitaba el dinero, que se quedara con el cambio, con la billetera si permitía que se marchase. Ulysses Grant le devolvió la mirada, compasivo, desde el papel verdoso apresado en su puño y aquella voz todavía lograba avivar algo en su sistema nervioso. En honor a la verdad —esa eterna desagradecida—, no había considerado que pudiera reconocerlo, aproximarse a él. ¿Qué diálogo cordial, esperaba mantener? ¿Cómo te va la vida sin mí? Preso de un estímulo infantil deseó corregirle, dar la vuelta a la moneda, ocultar la cara de la luna. Todavía se encontraba entre las pocas personas que le llamaban Mulder. Pero de todos modos, nunca le había agradado su nombre.

Volvía a ser 1987, la Gran Nube de Magallanes. Una supernova remota que sus ojos podían atisbar, apostado en la Tierra, a millones de años luz. Temió parpadear y perderse ese estallido de luminiscencia singular. Anheló que ocurriera, con acritud.

Estás…Diferente. Irreconocible, como si hubieran sucedido ocho décadas en lugar de ocho años, parecía ser siempre así, el mundo a su alrededor avanzaba mientras él se resistía, continuaba siendo el mismo. Atractiva. Los labios más carmesí de lo que recordaba, las curvas más acentuadas. Aún tenía manos de doctora, menudas, gráciles sosteniendo la copa—. Rubia. —Siempre le habían fascinado las mujeres de cabello apagado, tentado por la oscuridad hasta el ínfimo detalle, pero había habido cierto aliciente en la tonalidad imprecisa de su cabellera y la manera en la que el sol se reflejaba en ella—. Encaja bien con el resto. —Artificial, fingida. Cínica. Aguijonazo en el esternón.  

Y sola, también estaba sola. Sospechaba que era la razón por la cual había consentido tratar de iniciar una conversación con él, una que quizá debían haber disfrutado hacía varias primaveras, el polvo de Texas aún en las manos y su fragancia propagada por todas las sábanas. Con toda franqueza, no se sentía capacitado para eso. Una carta, Scully, ¿en serio? Concentró la mirada en sus palmas abiertas, menos cegadoras que su presencia e inhalar aire que no supiera a cianuro era una prioridad.

Me alegro de verte. —Mentía y resultaba desagradable, como una punción en la nuca justo al comienzo de la columna, no estaba habituado a ello. Aún cuando el matiz de amargura, la bilis en el paladar, era tangible.

Sabía que una circunstancia no se hallaba supeditada a una sola variable, que toda ecuación dependía de algo más. Ella solía reiterarlo. Mujer de ciencia, después de todo. Sin embargo, en su individualismo y orgullo dañado, rehuía la posibilidad de comprender el lienzo por entero, como acostumbraba a hacer.



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Re: ♠ Can you reach up there?

Mensaje por Hellcat el Mar 10 Mayo - 13:55


Nube azul, secuencia roja
Scully — Bar — Solo
Como estrellas en el firmamento. Aparentemente cerca pero a miles de años luz de distancia. Así se sintió Scully al acercarse a Mulder en aquel bar. Una mala idea desde el principio pero ignorarlo no habría dejado su conciencia tranquila. Podría. Podría haber subido aún más la mano por aquellos torneados muslos, haber jugado con los límites de la decencia bajo su falda y después haberse ido a su casa. Esa era su rutina, esa habría sido la nueva Dana Scully en un día normal, pero verlo le había dado un puñetazo de vuelta al pasado. De vuelta a aquel corredor donde una vez no la dejó marchar, donde sus labios se encontraron por primera vez en aquella noche y última. Ocho largos años de sequía que no le habían pesado –no mucho- hasta aquel instante. No podía mirar hacia otro lado, tampoco podía mirarle a él. Era difícil, mucho. Así que paseó sus ojos azules por el bar, buscando todo y nada en concreto. Dos viejas sombras que se encontraban en el fondo de una copa. La suya que se terminó de un trago y dejó, con cierta fuerza, sobre la barra así como la servilleta en la que rezaba un nombre de mujer y un número de teléfono arrugado. No lo quería.

Puso los ojos en blanco. Escena del pasado, dibujo no olvidado ahora pintado de dorado—Que elocuente Mulder—Le recriminó pasando los dedos entre los mechones, énfasis en el color y la longitud que ahora caía por sus hombros. Diferente, queriendo esconder un pasado olvidado. Encerrado en un baúl sin llave que la mera presencia de su antiguo compañero abría a la fuerza.—¿El resto?—Enarcó una ceja y ocultó su verdadera pregunta bajo la expresión de incredulidad. Creía que te gustaba más pelirroja era una frase demasiado peligrosa para dejarla escapar de sus labios.

El ambiente se enrareció. El resentimiento palpable, la nostalgia, la pérdida y toda serie de matices grises que punzaban en el pecho y angostaban su garganta.—Yo también—No fue capaz de pensarlo, solo lo dijo. Acalló el resto de la frase mordiéndose el labio inferior, sutil. Casi un gesto seductor que no pretendía serlo, esta vez no. Te he echado de menos gritaban sus ojos pero no era justo decirle ahora, no había sido justo entonces. Scully temía por su futuro, temía por el pozo en el que se podía hundir con Mulder y lo dejó marchar, más bien se marchó ella. No quiso afrontarlo, no pudo afrontarlo. Tras de sí solo una carta, un lo siento en excelente caligrafía. Aún le dolía no haber sido más valiente, aún sentía las dudas caminar entre sus costillas preguntándose si alguna vez se dejaría ser libre para querer a alguien. Confianza. No quería sufrir, no quería perderle y Mulder jamás había tenido especialmente cuidado a la hora de protegerse.

¿Hay algún caso en la ciudad?—Y sabía que no. Sabía que no era agente ya. Lo había leído. Cuando vio su nombre bajo el título de un libro no pudo evitar no comprarlo, no leerlo y rodar los ojos a cada página. No imaginar su voz, grave e ilusionada, en cada punto y coma. El reverso del autor lo calificó como ex agente del FBI, y Scully se sintió traicionada pero tranquila. No lo había dejado por ella, jamás se lo había pedido, pero al menos lo había hecho por él mismo.


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Re: ♠ Can you reach up there?

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