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I want to hide the truth.
Skipping Stone :: Zona de rol :: Zona de Rol Libre :: Plots
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I want to hide the truth.
Se conocieron en algún punto del mapa de Colorado. Thérèse residía actualmente en la ciudad más cercana y Duke se perdió, en mitad de la nada, con un coche que lo dejó tirado en mitad de la carretera. Thérèse pasaba por allí con su jeep, y en cuanto Duke vio las luces no tardó en meterse en mitad del carril, dando saltos con los brazos alzados. Una forma curiosa de hacer auto stop. No le quedó otra que detenerse y llevarlo hasta la ciudad, con la sorpresa de que era su nuevo vecino temporal. Poco a poco, los encuentros inesperados empezaron a propiciarse; “¿Tienes sal?” “Me he quedado sin agua caliente, ¿me prestas tu ducha?” “Oye... ¿podrías ayudarme con unas cosas?” “¿Te hace un cine?” Semanas más tardes, Thérèse empezó a estrechar lazos con Duke y compartir momentos que cualquier amigo podría tener con suma facilidad. Porque sí, se hicieron amigos. Han estado en muchas; peticiones, favores, locuras, largas conversaciones donde las risas estaban aseguradas... Aunque Thérèse siempre ha tenido un secreto que no alcanzó a confesarle en su debido tiempo. ¿Después? No hubo después, ni siquiera tiempo para pensarlo. Ella tuvo que marcharse, de repente, de un día para otro. Ella tomó su maleta y desapareció, marchándose a otro lugar. Todo lo hizo sin despedirse de Abel porque las despedidas no son su fuerte y sabía que lo pasaría mal por tener que dejar a alguien atrás, alguien a quien le había cogido cariño. A pesar de que tenían los números de teléfono, Thérèse no ha dado señales de vida y eso que Abel estuvo insistiendo con las llamadas por largas semanas enteras, sin éxito. No han hablado desde entonces y ya ha pasado año y medio. Ahora, ambos vuelven a coincidir en la misma ciudad. Esta vez en Hartlepool, Reino Unido. Con las mismas casualidades de vivir pared con pared, practicamente. ¿La diferencia? Que ahora Thérèse tiene otra vida; otra identidad. ¿La verdad? Ninguno son lo que parecen. Duke es un antiguo demonio, con más de 800 años, que ha perdido algo importante para su existencia, el contrato que ata las almas humanas al demonio. Sin él, poco a poco desaparecerá y ha bajado al mundo humano a recuperarlo. ¿Qué donde está? Desde hace siglos que el Contrato ha pasado de padres a hijos en la familia de los Helbert, que ha conseguido riquezas y fama y tienen un oscuro trasfondo de rituales satánicos y el credo al demonio. Sus influencias abarcan muchos lugares, hasta llegar a la familia Raquin. El padre de Thèrèsè, director de una rica empresa, ha accedido casar a su única hija con el heredero de los Helbert, porque fue convencido de que traería mucha prosperidad a la empresa y a la familia. Por esto es que Thèrèsè huye por todos lados, siendo perseguida por los guardaespaldas de su padre, para llevarla de vuelta. ¿Por qué tanta existencia en que la esposa fuera Thèrèsè? Porque, según sus credos satánicos, es la mujer destinada a ser la madre del anticristo, y el heredero debe ser el padre. Un credo algo estúpido, del que ella no sabe nada. Pero Thèrèsè será el único punto de unión entre Duke y su querido Contrato. ¿Podría llamarse a eso destino? Cronología. EP 00. | Duke Williams 27 | AARON JOHNSON | LUPOLIPAFOBIA. Thérèse Raquin 26 | ELIZABETH OLSEN | BLACKIE. |
plot | 1x1 | sobrenatural.

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Re: I want to hide the truth.
Algunas veces, el universo no funciona exactamente como quieren hacerte creer que lo hace. Si eras ese niñito o niñita oculto bajo las sábanas seguro de que una persistente mirada te vigilaba en sueños, ¡llénate de gozo!, porque estás a punto de soltar: “Te lo dije”. Imagínate, caer un día en la cuenta—un día normal, como cualquier otro— de que hay un mundo debajo de tus narices que resulta ser obra de Satán— ¿quién más si no?— y dentro del que tú te ves envuelto. ¿Por qué? Por el descuido de un demonio, por supuesto. Esto, el monstruo de tu armario, y más, es tan factible de ser verdad como el hecho de que Duke Williams, un demonio venido al mundo mortal en una misión de vida o muerte, conduzca por la carretera en un bentley descapotable negro a toda velocidad y haciendo sonar a lo largo de la ruta solitaria el tema Bohemian Rhapsody.
I see a little silhouetto of a man. Scaramouche, Scaramouche, will you do the Fandango?...
Duke no tenía nada demoníaco en su apariencia, no al menos desde el punto de vista clásico. Y sin embargo, estaba conectado con lo sobrenatural, era parte de ello; lo cual no significaba que no pudiera compenetrarse con su estadía en el terreno de Dios, y disfrutarla. Puede que sus no poco infrecuentes distracciones lo hubieran alejado de la razón por la cual recorría millas de carretera, Estado por Estado, región por región, año tras año, yendo allí donde ocurrieran fenómenos inexplicables en búsqueda de un indicio, una pista, y de ser posible, la solución a su pequeño problema: Duke estaba muriendo. Y necesitaba el "Contrato" si no quería que eso sucediera. La mar de las veces se trataba de pistas falsas: humanos danzando en supuestos rituales satánicos, asesinos seriales, avistamientos de OVNIS, o, como mucho, criaturas errantes que acosaban en la oscuridad. Pero Duke seguía sin hallar lo que buscaba, y, como se regocijaban en recordarle desde el infierno, se le iba acabando el tiempo.
We will not let you go…
—¡Es como te digo, Pan!—insistió, en una conversación con… ¿la nada? Solo en el asiento del conductor, hablaba con el espejo retrovisor, por el cual asomaba el reflejo de unos ojos penetrantes que no eran de este mundo. Hablar por encima del inconfundible registro de Queen lo obligaba a elevar la voz, y se oía entusiasmado—¡Puedo sentirlo!, ¡es el Contrato llamándome! ¡Esta vez, estoy seguro!, ¡daré con algo! Ya sé, ya sé. Estoy yendo al hotel ahora mismo, esos casos no resueltos tienen que ser obra de… ¡Maldición!—exclamó de repente, habiendo sentido el vértigo de lo inesperado. Aferró sus manos al manubrio, pero ya era tarde para retomar el control: con una gracia y una facilidad impensadas, el auto se elevó en el aire, proyectándose hacia la fatalidad inminente (Beelzebub has a devil put aside for me, for me, for me…), y describió un giró para luego, en efecto, estrellarse cual cacharro a un lado de la ruta.
Llegó la noche cuando Duke recobró el conocimiento y, escupiendo tierra, se puso en pie al tiempo que tomaba consciencia de unas luces aproximándose. Ofrecía un aspecto desaliñado y malherido, pero se lanzó corriendo hacia la carretera con los brazos en alto, ¿en un intento suicida?
I see a little silhouetto of a man. Scaramouche, Scaramouche, will you do the Fandango?...
Duke no tenía nada demoníaco en su apariencia, no al menos desde el punto de vista clásico. Y sin embargo, estaba conectado con lo sobrenatural, era parte de ello; lo cual no significaba que no pudiera compenetrarse con su estadía en el terreno de Dios, y disfrutarla. Puede que sus no poco infrecuentes distracciones lo hubieran alejado de la razón por la cual recorría millas de carretera, Estado por Estado, región por región, año tras año, yendo allí donde ocurrieran fenómenos inexplicables en búsqueda de un indicio, una pista, y de ser posible, la solución a su pequeño problema: Duke estaba muriendo. Y necesitaba el "Contrato" si no quería que eso sucediera. La mar de las veces se trataba de pistas falsas: humanos danzando en supuestos rituales satánicos, asesinos seriales, avistamientos de OVNIS, o, como mucho, criaturas errantes que acosaban en la oscuridad. Pero Duke seguía sin hallar lo que buscaba, y, como se regocijaban en recordarle desde el infierno, se le iba acabando el tiempo.
We will not let you go…
—¡Es como te digo, Pan!—insistió, en una conversación con… ¿la nada? Solo en el asiento del conductor, hablaba con el espejo retrovisor, por el cual asomaba el reflejo de unos ojos penetrantes que no eran de este mundo. Hablar por encima del inconfundible registro de Queen lo obligaba a elevar la voz, y se oía entusiasmado—¡Puedo sentirlo!, ¡es el Contrato llamándome! ¡Esta vez, estoy seguro!, ¡daré con algo! Ya sé, ya sé. Estoy yendo al hotel ahora mismo, esos casos no resueltos tienen que ser obra de… ¡Maldición!—exclamó de repente, habiendo sentido el vértigo de lo inesperado. Aferró sus manos al manubrio, pero ya era tarde para retomar el control: con una gracia y una facilidad impensadas, el auto se elevó en el aire, proyectándose hacia la fatalidad inminente (Beelzebub has a devil put aside for me, for me, for me…), y describió un giró para luego, en efecto, estrellarse cual cacharro a un lado de la ruta.
Llegó la noche cuando Duke recobró el conocimiento y, escupiendo tierra, se puso en pie al tiempo que tomaba consciencia de unas luces aproximándose. Ofrecía un aspecto desaliñado y malherido, pero se lanzó corriendo hacia la carretera con los brazos en alto, ¿en un intento suicida?
Re: I want to hide the truth.
Thèrèsè se había mudado hacía relativamente poco tiempo a aquella ciudad, Aspen, huyendo tan rápido como podía de la anterior ciudad. Aspen la había conquistado; por su nieve, su paisaje y su ambiente hogareño. Allí había alquilado una casita a las afueras de la ciudad, barata y de madera, que ella no se molestó demasiado en decorar, puesto que ya había muebles, cuadros y decoraciones de la familia alquilada. ¿Cual era su nombre aquella vez? Rachel Lynch. Había algunas veces que tenía que mirar la documentación antes de salir, por si se equivocaba. Sus casas eran alquiladas, incluso el coche lo era, buscaba algunos trabajos temporales y siempre tenía la ropa a mano para guardarlas rápidamente.
La vida de Thèrèsè era muy caótica, nunca se permitía relacionarse con alguien más de lo debido, pero siempre era amable con los demás. Siempre terminaba cortando los lazos tarde o temprano, y ella odiaba dejar gente atrás. Iba de ciudad en ciudad, siempre viajando, huyendo de su pasado. En el ambiente de una familia rica siempre podías encontrar de la peor calaña y ella tenía un buen amigo, de los bajos fondos, uno de los mejores falsificadores del país. Él se encargaba de realizarle las identidades falsas, así como todo el papeleo necesario. Thèrèsè intentaba no pensar demasiado en aquello, así que se movió con su jeep hasta el centro de la ciudad, para hacer una copiosa compra.
Cuando volvía por las carreteras normalmente poco transitadas, ya estaba anocheciendo y ella iba en silencio con la radio puesta, escuchando more than words, cantándola por lo bajo. Pero algo en la carretera llamó su atención. Aunque se asustó en un primer momento, fue parando el coche poco a poco, y descubrió a un chico joven frente a éste. Parecía malherido y sucio. ¿Habría tenido alguna clase de accidente? Thèrèsè bajó la ventanilla, a la vez que el chico se acercaba. No quería dejar a alguien accidentado allí tirado, y más cuando anochecía, aquellas carreteras eran ya un laberinto de día, como para pasar allí la noche.
— Sube, te llevo sin problemas.— Le respondió ella, con una sonrisa, esperando por que el chico tomara sus cosas y cerrara el coche, arrancando una vez él estuvo montado.— Si que has tenido mala suerte, ¿estás herido?— Preguntó, comenzando a conducir por la carretera. No sería de extrañar que fuera un turista, muchos acudían a Aspen y se perdían por las carreteras, aunque su caso parecía más un accidente o una avería.— ¿Quieres que te lleve a algún hospital? Puedo meterlo en el gps y llegaremos antes.— Se ofreció ella, no le importaba desviarse ligeramente para llevarlo.
La vida de Thèrèsè era muy caótica, nunca se permitía relacionarse con alguien más de lo debido, pero siempre era amable con los demás. Siempre terminaba cortando los lazos tarde o temprano, y ella odiaba dejar gente atrás. Iba de ciudad en ciudad, siempre viajando, huyendo de su pasado. En el ambiente de una familia rica siempre podías encontrar de la peor calaña y ella tenía un buen amigo, de los bajos fondos, uno de los mejores falsificadores del país. Él se encargaba de realizarle las identidades falsas, así como todo el papeleo necesario. Thèrèsè intentaba no pensar demasiado en aquello, así que se movió con su jeep hasta el centro de la ciudad, para hacer una copiosa compra.
Cuando volvía por las carreteras normalmente poco transitadas, ya estaba anocheciendo y ella iba en silencio con la radio puesta, escuchando more than words, cantándola por lo bajo. Pero algo en la carretera llamó su atención. Aunque se asustó en un primer momento, fue parando el coche poco a poco, y descubrió a un chico joven frente a éste. Parecía malherido y sucio. ¿Habría tenido alguna clase de accidente? Thèrèsè bajó la ventanilla, a la vez que el chico se acercaba. No quería dejar a alguien accidentado allí tirado, y más cuando anochecía, aquellas carreteras eran ya un laberinto de día, como para pasar allí la noche.
— Sube, te llevo sin problemas.— Le respondió ella, con una sonrisa, esperando por que el chico tomara sus cosas y cerrara el coche, arrancando una vez él estuvo montado.— Si que has tenido mala suerte, ¿estás herido?— Preguntó, comenzando a conducir por la carretera. No sería de extrañar que fuera un turista, muchos acudían a Aspen y se perdían por las carreteras, aunque su caso parecía más un accidente o una avería.— ¿Quieres que te lleve a algún hospital? Puedo meterlo en el gps y llegaremos antes.— Se ofreció ella, no le importaba desviarse ligeramente para llevarlo.

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