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Dulce desde el primer aliento
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Dulce desde el primer aliento
Dulce desde el primer aliento
No hay amor más puro y más sincero que el que una madre puede sentir por sus hijos. Cersei Lannister lo sabe bien. Ha querido a su princesa desde el mismo instante en que subo que estaba en su vientre. Verla crecer, tan dulce y tan buena, la llena de alegria y tristeza. Myrcella, su cachorro, el único que realmente ha sido suyo, es su niña dorada, pero algún dia será mujer.Cersei Lannister Lena Headey| Varias edades | Gradalis |
Myrcella Baratheon Niñas random | Varias edades | Lyra |
Crackship | CDHYF/JDT | Familiar
© RED FOR SS
Re: Dulce desde el primer aliento
En un lugar como la Fortaleza Roja no hay lugar para el amor. Eso lo sabía Cersei mejor que nadie, una reina a la que el corazón se le congeló en el mismo momento en el que su esposo pronunció un nombre ajeno en su lecho conyugal. No por primera vez se preguntó cuántos pedazos de sueños rotos habían quedado sepultados en esa misma habitación, regia, elegante y antigua.
Una hermosa celda.
La más hermosa de todas sin duda, en la que Cersei acababa de dar a luz apenas unas horas antes a una pequeña princesita. Observó con curiosidad cada detalle: la suave pelusilla rubia que adornaba su cabeza como una corona de oro; sus ojitos que apenas se abrían, como rendijas; la naricita pequeña y redondita, tan parecida a la suya propia; los labios rojizos que ahora se apretaban en una muda súplica, a punto de echarse a llorar.
Sabía lo que quería. Joffrey había exigido su derecho sobre ella nada más nacer, hambriento como ella misma de todo lo que había a su alrededor, reclamando atención. Pero su pequeña princesita no protestaba, ni siquiera rompía a llorar. Solo apretaba los morritos como una muñequita, esperando pacientemente que alguien tuviera a bien atenderla. Cersei no la haría esperar, no a ese tesoro que tenía en brazos.
Desató su vestido y acercó la boquita de la pequeña a su pecho, que la niña tomó rápidamente, como por instinto. Mientras de sus pechos manaba leche para su pequeña, de sus ojos empezaron a derramarse lágrimas por la misma criatura.
A ella no, pensó. Tantos sueños que quedaron y quedarían sepultados en ese castillo... pero los de su hija no estarían entre ellos. A su pequeña, aún sin nombre, le aguardaría un brillante destino. Ella se encargaría de ello, así tuviera que luchar por esta niña con uñas y dientes.
Esta niña que no esperaba, convencida como estaba de que ella y su bello hermano solo podrían tener varones valientes y fuertes.
Tan pura, tan bella, tan inocente.
Tan buena, que aún no entendía de dónde había salido semejante criatura, más parecida a los dioses que a sí misma.
Una hermosa celda.
La más hermosa de todas sin duda, en la que Cersei acababa de dar a luz apenas unas horas antes a una pequeña princesita. Observó con curiosidad cada detalle: la suave pelusilla rubia que adornaba su cabeza como una corona de oro; sus ojitos que apenas se abrían, como rendijas; la naricita pequeña y redondita, tan parecida a la suya propia; los labios rojizos que ahora se apretaban en una muda súplica, a punto de echarse a llorar.
Sabía lo que quería. Joffrey había exigido su derecho sobre ella nada más nacer, hambriento como ella misma de todo lo que había a su alrededor, reclamando atención. Pero su pequeña princesita no protestaba, ni siquiera rompía a llorar. Solo apretaba los morritos como una muñequita, esperando pacientemente que alguien tuviera a bien atenderla. Cersei no la haría esperar, no a ese tesoro que tenía en brazos.
Desató su vestido y acercó la boquita de la pequeña a su pecho, que la niña tomó rápidamente, como por instinto. Mientras de sus pechos manaba leche para su pequeña, de sus ojos empezaron a derramarse lágrimas por la misma criatura.
A ella no, pensó. Tantos sueños que quedaron y quedarían sepultados en ese castillo... pero los de su hija no estarían entre ellos. A su pequeña, aún sin nombre, le aguardaría un brillante destino. Ella se encargaría de ello, así tuviera que luchar por esta niña con uñas y dientes.
Esta niña que no esperaba, convencida como estaba de que ella y su bello hermano solo podrían tener varones valientes y fuertes.
Tan pura, tan bella, tan inocente.
Tan buena, que aún no entendía de dónde había salido semejante criatura, más parecida a los dioses que a sí misma.
Re: Dulce desde el primer aliento
El bebé era demasiado pequeño para saber lo que ocurría a su alrededor. Con apenas unos minutos de vida, la niña no era capaz de reconocer ni pensar nada. Pero podía sentir. Se sentía envuelta por algo cálido y agradable, algo que era suave y olía bien y que la sujetaba con cuidado. Frunció los labios al sentir hambre por primera vez y aquello que la sostenía se volvió blandito, algo se introdujo en su boquita y el instinto hizo que empezara a mamar. Aún no sabía que aquella que la sostenía y la amamantaba era su madre, pero al bebé le gustaba su olor y su calidez.
Soltó el pezón al sentirse saciada. Parecía hacer esfuerzos por abrir los ojos y ver el mundo, aún borroso, que la envolvía, como si quisiera saber más de aquel ser cálido y suave que la sostenía. Notó un cosquilleo y estornudó, agitándose entera. Después su cuerpecito se revolvió, acurrucándose sin saberlo contra el pecho de su madre, su manita se cerró contra la tela aflojada del vestido de Cersei, bostezó y se quedó dormida, sintiéndose cómoda y feliz en aquel lugar tan calentito y acogedor.
Soltó el pezón al sentirse saciada. Parecía hacer esfuerzos por abrir los ojos y ver el mundo, aún borroso, que la envolvía, como si quisiera saber más de aquel ser cálido y suave que la sostenía. Notó un cosquilleo y estornudó, agitándose entera. Después su cuerpecito se revolvió, acurrucándose sin saberlo contra el pecho de su madre, su manita se cerró contra la tela aflojada del vestido de Cersei, bostezó y se quedó dormida, sintiéndose cómoda y feliz en aquel lugar tan calentito y acogedor.
Re: Dulce desde el primer aliento
Cersei observaba a aquel pequeño milagro al que había dado a luz con mucho dolor y cansancio. Ni siquiera era consciente de la enorme sonrisa que tenía grabada como con cincel en el rostro al mirarla. En cuando la niña se soltó de su pecho estuvo a punto de moverla pero en ese momento todo el cuerpecito de la criatura se estremeció y estornudó, dándole un gran susto. ¿Estaba enfermita? ¿Acaso sufría? ¿Pasaba frío? Sus temores se desvanecieron cuando la pequeña cerró los ojitos y con la boca abierta su respiración se fue relajando hasta hacerse evidente que estaba dormida.
Intentó moverla, pero sus puñitos tenían atrapada la tela del vestido destinada a cubrirla pudorosamente. Pero el pudor era secundario, por no decir inexistente cuando se trataba de su pequeña niña. Estaba tan perdida en ella que ni siquiera fue consciente de que su hermano entraba en la habitación hasta que puso una mano en su hombro.
-Deberías descansar, Cersei -dijo su otra mitad, mirando la expresión agotada de la reina con gran preocupación. -Deja que pongamos a la niña en una cuna y ve a dormir.
-No puedo -replicó ella sin ni siquiera mirarlo, con los ojos fijos en la criaturita que sujetaba en los brazos- no me quiere dejar, ¿ves? Se ha agarrado a mi ropa para no quedarse sola. Para no dejarme sola. -Tras unos minutos suspiró y miró a su hermano- Ayúdame a tumbarme con ella en mi pecho. Así descansaremos las dos.
Intentó moverla, pero sus puñitos tenían atrapada la tela del vestido destinada a cubrirla pudorosamente. Pero el pudor era secundario, por no decir inexistente cuando se trataba de su pequeña niña. Estaba tan perdida en ella que ni siquiera fue consciente de que su hermano entraba en la habitación hasta que puso una mano en su hombro.
-Deberías descansar, Cersei -dijo su otra mitad, mirando la expresión agotada de la reina con gran preocupación. -Deja que pongamos a la niña en una cuna y ve a dormir.
-No puedo -replicó ella sin ni siquiera mirarlo, con los ojos fijos en la criaturita que sujetaba en los brazos- no me quiere dejar, ¿ves? Se ha agarrado a mi ropa para no quedarse sola. Para no dejarme sola. -Tras unos minutos suspiró y miró a su hermano- Ayúdame a tumbarme con ella en mi pecho. Así descansaremos las dos.
Re: Dulce desde el primer aliento
La pequeña abrió los ojitos como pudo, con un respingo, al notar que el mundo se movía. Sólo era su madre siendo ayudada a acomodarse, pero el bebé no lo comprendía.
Jaime no había sido brusco, todo lo contrario. Entre lo delicada que parecía la criaturita acurrucada en brazos de su hermana y la expresión de Cersei, ni siquiera se atrevía a respirar demasiado fuerte cerca de aquella cosa. Había algo en la forma en que la leona miraba a su nuevo cachorro que le decía que perturbar a la niña de la forma más nimia la haría saltar.
Observó a la pequeña sobresaltarse y abrir los ojos, pero, para su sorpresa, no lloró. Se removió un poco, como si se reacomodara, sin soltar a su madre, y mantuvo los ojitos abiertos unos segundos. Esbozó una media sonrisa, pensando que Cersei tenía razón, aunque pareciese imposible. La niña no quería separarse de ella. ¿Sería por miedo a quedarse sola o porque no quería que su madre lo estuviese?
Ni siquiera el bebé tenía respuesta para eso. Era demasiado joven para saber lo que era la soledad o el miedo, aunque fuese capaz de sentir esto último. Durante un segundo tuvo miedo, sin saberlo, de que la apartaran de aquello cálido, suave y que olía bien. Y además hacía otra cosa que le gustaba. No sabía qué era oir y no sabía qué era una voz, pero reconocía la de su madre. Era el sonido que la había acompañado mientras estaba en un lugar cálido y húmedo que ya no recordaba, pero que había dejado impresiones en ella. La voz de su madre era una y la de ese otro ser también. No podía entender lo que decían, pero le gustaban las voces. Intentó mirarles, pero el mundo era aún borroso para ella. Todo era demasiado nuevo. El movimiento, escuchar, intentar ver... era agotador. Volvió a bostezar y a adormilarse en brazos de su madre, cansada y feliz.
Jaime no había sido brusco, todo lo contrario. Entre lo delicada que parecía la criaturita acurrucada en brazos de su hermana y la expresión de Cersei, ni siquiera se atrevía a respirar demasiado fuerte cerca de aquella cosa. Había algo en la forma en que la leona miraba a su nuevo cachorro que le decía que perturbar a la niña de la forma más nimia la haría saltar.
Observó a la pequeña sobresaltarse y abrir los ojos, pero, para su sorpresa, no lloró. Se removió un poco, como si se reacomodara, sin soltar a su madre, y mantuvo los ojitos abiertos unos segundos. Esbozó una media sonrisa, pensando que Cersei tenía razón, aunque pareciese imposible. La niña no quería separarse de ella. ¿Sería por miedo a quedarse sola o porque no quería que su madre lo estuviese?
Ni siquiera el bebé tenía respuesta para eso. Era demasiado joven para saber lo que era la soledad o el miedo, aunque fuese capaz de sentir esto último. Durante un segundo tuvo miedo, sin saberlo, de que la apartaran de aquello cálido, suave y que olía bien. Y además hacía otra cosa que le gustaba. No sabía qué era oir y no sabía qué era una voz, pero reconocía la de su madre. Era el sonido que la había acompañado mientras estaba en un lugar cálido y húmedo que ya no recordaba, pero que había dejado impresiones en ella. La voz de su madre era una y la de ese otro ser también. No podía entender lo que decían, pero le gustaban las voces. Intentó mirarles, pero el mundo era aún borroso para ella. Todo era demasiado nuevo. El movimiento, escuchar, intentar ver... era agotador. Volvió a bostezar y a adormilarse en brazos de su madre, cansada y feliz.
Re: Dulce desde el primer aliento
Cuando Cersei por fin se convenció de que su hijita estaba dormida y cómoda alzó la mirada hacia Jaime, sonriendo ampliamente. No consideraba a su hermano como un verdadero responsable de sus embarazos ni de sus hijos: cuando tuvo a Joffrey lo sintió como suyo y solamente suyo. Con Myrcella pasaba exactamente lo mismo: era su hija, su niña, suya y de nadie más.
Pero era tan distinta y lo que sentía por ella era tan especial que no podía sino agradecerle a su gemelo el haber participado en la creación de aquel precioso regalo. No con palabras, era demasiado orgullosa para decir en voz alta algo como eso ni mucho menos dar a entender que era mérito de Jaime... pero sí con la mirada, con su sonrisa.
No sabía ni por qué se molestaba: a su hermano no le gustaban especialmente los niños y no quiso coger a Joffrey. No le interesaban más allá que por el hecho de que Cersei adoraba a sus hijos y él adoraba a su hermana. Pero vio el modo en el que Jaime miró a su criatura, con una expresión que no había visto en él jamás.
No pudo evitar sentir una pizca de celos que se disiparon tan pronto como ella misma se giró a mirar al ángel dormido.
Y así estuvieron, observándola dormir, los propios párpados de Cersei cerrándose como a cámara lenta cuando se oyó un estruendo.
Joffrey.
Pero era tan distinta y lo que sentía por ella era tan especial que no podía sino agradecerle a su gemelo el haber participado en la creación de aquel precioso regalo. No con palabras, era demasiado orgullosa para decir en voz alta algo como eso ni mucho menos dar a entender que era mérito de Jaime... pero sí con la mirada, con su sonrisa.
No sabía ni por qué se molestaba: a su hermano no le gustaban especialmente los niños y no quiso coger a Joffrey. No le interesaban más allá que por el hecho de que Cersei adoraba a sus hijos y él adoraba a su hermana. Pero vio el modo en el que Jaime miró a su criatura, con una expresión que no había visto en él jamás.
No pudo evitar sentir una pizca de celos que se disiparon tan pronto como ella misma se giró a mirar al ángel dormido.
Y así estuvieron, observándola dormir, los propios párpados de Cersei cerrándose como a cámara lenta cuando se oyó un estruendo.
Joffrey.
Re: Dulce desde el primer aliento
De nuevo, despertó con un sobresalto, esta vez tan fuerte que se agitó entera y empezó a hacer pucheros, revolviéndose en busca de refugio en ese sitio que le gustaba tanto.
No llegó a estallar en llanto, pero sus ojitos nublados miraron alrededor asustados, hasta que encontraron la forma borrosa del rostro de su madre y se calmó un poco, respirando fuerte para llenarse con su olor.
El príncipe había oído que tenía una hermana y no había parado hasta conseguir verla, entrando entre gritos y patadas a las niñeras que intentaban hacerle ver que tanto su madre como el bebé necesitaban descanso. El quería verla y quería verla ahora.
Nadie sabía qué esperaba el niño exactamente, pero le decepcionó encontrar a aquella cosa tan pequeña, algo arrugada, que miraba sin distinguir lo que veía y fruncía los labios en una expresión extraña...y que se pegaba al pecho de su madre como si le perteneciera.
El bebé, por su parte, no entendía nada, pero había ruidos nuevos y fuertes a su alrededor y estaba asustada. Miraba desesperada a su madre, esa criatura que para ella lo era todo, apretando la boquita en pucheros silenciosos, esperando que aquel ser maravilloso hiciera que volviese la calma.
No llegó a estallar en llanto, pero sus ojitos nublados miraron alrededor asustados, hasta que encontraron la forma borrosa del rostro de su madre y se calmó un poco, respirando fuerte para llenarse con su olor.
El príncipe había oído que tenía una hermana y no había parado hasta conseguir verla, entrando entre gritos y patadas a las niñeras que intentaban hacerle ver que tanto su madre como el bebé necesitaban descanso. El quería verla y quería verla ahora.
Nadie sabía qué esperaba el niño exactamente, pero le decepcionó encontrar a aquella cosa tan pequeña, algo arrugada, que miraba sin distinguir lo que veía y fruncía los labios en una expresión extraña...y que se pegaba al pecho de su madre como si le perteneciera.
El bebé, por su parte, no entendía nada, pero había ruidos nuevos y fuertes a su alrededor y estaba asustada. Miraba desesperada a su madre, esa criatura que para ella lo era todo, apretando la boquita en pucheros silenciosos, esperando que aquel ser maravilloso hiciera que volviese la calma.
Re: Dulce desde el primer aliento
Cersei suspiró pesadamente. Su niño dorado había peleado como un león hasta llegar a ella y aquello la hacía sentir orgullosa de su fuerza y su carácter. Nada podía parar a su pequeño cachorro y esperaba que algún día defendiera con la misma fuerza y bravura a su hermana.
- Joffrey... ven aquí, tranquilo. Hemos pasado mucho tiempo separados, ¿verdad? Pero ven, mira. Tienes una hermana, una princesita encantadora. ¿No es bonita? -Preguntó orgullosa, sabiendo que su bebé era de los más hermosos que jamás hubiera visto. Los niños nacían feos, arrugados y chillones. Enrojecidos como pequeños demonios. Pero no su pequeña. Como toda una princesa había nacido atisbando ya la hermosura de la que un día haría gala, llena de delicadeza y tan blanquita y suave como si estuviera hecha de nubes y de algodón.
- Se parece a ti, mi Reina. -Acotó Jaime con cierta fascinación en la mirada. ¿Era por eso que le había llamado tanto la atención este bebé en particular? No, no era eso... no solo eso: Jaime ni siquiera la miraba a ella mientras lo decía, solo al bebé, a la vez que Joffrey arrugaba la nariz con algo parecido al desagrado que Cersei era incapaz de ver e interpretó como mera extrañeza.
- Joffrey... ven aquí, tranquilo. Hemos pasado mucho tiempo separados, ¿verdad? Pero ven, mira. Tienes una hermana, una princesita encantadora. ¿No es bonita? -Preguntó orgullosa, sabiendo que su bebé era de los más hermosos que jamás hubiera visto. Los niños nacían feos, arrugados y chillones. Enrojecidos como pequeños demonios. Pero no su pequeña. Como toda una princesa había nacido atisbando ya la hermosura de la que un día haría gala, llena de delicadeza y tan blanquita y suave como si estuviera hecha de nubes y de algodón.
- Se parece a ti, mi Reina. -Acotó Jaime con cierta fascinación en la mirada. ¿Era por eso que le había llamado tanto la atención este bebé en particular? No, no era eso... no solo eso: Jaime ni siquiera la miraba a ella mientras lo decía, solo al bebé, a la vez que Joffrey arrugaba la nariz con algo parecido al desagrado que Cersei era incapaz de ver e interpretó como mera extrañeza.
Re: Dulce desde el primer aliento
La criaturita recién nacida se revolvió en brazos de su madre, como intentando esconderse. Sentia una sensación extraña. Ella no podía ser consciente de que tres pares de ojos la miraban, ni de cómo lo hacían, pero el instinto la hacía sentirse observada. De no estar en esos brazos que, sin saber qué eran, sabía que la protegían, estaría llorando.
- Es pequeña - observó Joffrey, con una mezcla de desagrado y desilusión. Esperaba un hermano para jugar, no esa cosa diminuta que hacía muecas - Y tiene la cara rara - Extendió un dedito y pinchó la mejilla de la niña, no con agresividad, pero sí con la suficiente fuerza como para que esta pusiera cara de susto y empezara a hacer pucheros - Me prometiste un hermanito - Miró a su madre primero y luego al bebé como si fuese culpa de ellas.
La niña seguia con los pucheros mientras su hermano hablaba, intentando decirle a ese ser que ella identificaba como el origen de todo lo bueno y que en realidad no era más que su madre, que había algo a su alrededor que la asustaba y quería que la protegiese, quería estar calentita y cómoda como antes.
- Es pequeña - observó Joffrey, con una mezcla de desagrado y desilusión. Esperaba un hermano para jugar, no esa cosa diminuta que hacía muecas - Y tiene la cara rara - Extendió un dedito y pinchó la mejilla de la niña, no con agresividad, pero sí con la suficiente fuerza como para que esta pusiera cara de susto y empezara a hacer pucheros - Me prometiste un hermanito - Miró a su madre primero y luego al bebé como si fuese culpa de ellas.
La niña seguia con los pucheros mientras su hermano hablaba, intentando decirle a ese ser que ella identificaba como el origen de todo lo bueno y que en realidad no era más que su madre, que había algo a su alrededor que la asustaba y quería que la protegiese, quería estar calentita y cómoda como antes.
Re: Dulce desde el primer aliento
-Es cierto... -reconoció Cersei con condescenencia, al fin y al cabo ella había estado completamente convencida de que tendría otro varón, siendo incapaz de concebir en su mente que tendría una niñita delicada y hermosa. Pero aquí estaba, y no se arrepentía de nada. Pero a pesar de todo, conocía sus obligaciones como esposa y como reina. -...y así será. Tendrás un hermano con el que jugar y corretear por los pasillos, pero antes de eso ha venido esta princesita. Pero no tardarás en tener lo que prometí, te lo aseguro, Joffrey.
Jaime puso una mano en el hombro del príncipe heredero al ver la molestia que causaba en la niñita. - Majestad, vayamos y dejemos descansar a la princesa. Es muy pequeña, como decís, y de hecho vos también fuisteis muy pequeño al nacer. Pero todos los niños crecen si se les deja espacio. -Comentó apartándolo de ellas, algo que Cersei agradeció en silencio: el parto la había agotado y su hijo, aunque bienamado, era abrumador. Se tumbó de nuevo con la ayuda de sus doncellas y acomodó a su pequeña, acercándola para besar su cabecita antes de colocar la mejilla de la niña contra su pecho, para que la arrullaran los latidos de su corazón. Un corazón que latía por y para ella.
Jaime puso una mano en el hombro del príncipe heredero al ver la molestia que causaba en la niñita. - Majestad, vayamos y dejemos descansar a la princesa. Es muy pequeña, como decís, y de hecho vos también fuisteis muy pequeño al nacer. Pero todos los niños crecen si se les deja espacio. -Comentó apartándolo de ellas, algo que Cersei agradeció en silencio: el parto la había agotado y su hijo, aunque bienamado, era abrumador. Se tumbó de nuevo con la ayuda de sus doncellas y acomodó a su pequeña, acercándola para besar su cabecita antes de colocar la mejilla de la niña contra su pecho, para que la arrullaran los latidos de su corazón. Un corazón que latía por y para ella.
Re: Dulce desde el primer aliento
Joffrey se dejó apartar, sin cambiar el gesto de desagrado y sólo porque quién lo hacía era su tio y no una estúpida niñera. Sin embargo, no se marchó mansamente. Protestó todo lo protestable, porque él quería un hermanito y no esa niña que además estaba acaparando a su madre. ¿Por qué se encargaba de ella? Era una niña, las niñas no servían para nada. Al menos, en el mundo del pequeño príncipe.
El bebé volvió a inquietarse al notar movimiento. Su máxima preocupación era que la arrancasen de ese lugar que tanto le gustaba y en el que tan segura se sentía. Entonces el mundo se calmó. Sintió algo cálido en su cabecita que le provocó una especie de suspiro. No lo sabía, pero su madre le acaba de dar el primer beso. La sensación le gustó. Y le gustó más encontrarse de nuevo acomodada en algo cálido y blando, escuchando un sonido que le era familiar. Conocía ese sonido desde que estaba en el vientre de su madre, era el latido de su corazón. Por supuesto, ella no sabía lo que era un corazón, ni sabía que ese latía por ella. Pero ese sonido era tranquilizador.
Se sentía calmada y feliz de nuevo, y extremadamente agotada. Cayó en un sueño pesado y tranquilo, acurrucada como un gatito.
El bebé volvió a inquietarse al notar movimiento. Su máxima preocupación era que la arrancasen de ese lugar que tanto le gustaba y en el que tan segura se sentía. Entonces el mundo se calmó. Sintió algo cálido en su cabecita que le provocó una especie de suspiro. No lo sabía, pero su madre le acaba de dar el primer beso. La sensación le gustó. Y le gustó más encontrarse de nuevo acomodada en algo cálido y blando, escuchando un sonido que le era familiar. Conocía ese sonido desde que estaba en el vientre de su madre, era el latido de su corazón. Por supuesto, ella no sabía lo que era un corazón, ni sabía que ese latía por ella. Pero ese sonido era tranquilizador.
Se sentía calmada y feliz de nuevo, y extremadamente agotada. Cayó en un sueño pesado y tranquilo, acurrucada como un gatito.
Re: Dulce desde el primer aliento
Los meses pasaron y pronto la princesita comenzó balbucear y ser capaz de pronunciar sílabas aisladas. Todos en la corte estaban encantados con la llegada de la princesa Myrcella, a la que todos alababan como el vivo retrato de su madre. Cersei no era tonta: eran genuinamente felices por el hecho de que todos ellos esperaban poder ganarse aquella princesa algún día.
Por encima de su cadáver.
Cersei acarició su nuevamente abultado vientre mientras observaba a la niña de sus ojos jugar con todo lo que caía en sus manos. De vez en cuando la llamaba con un "¡maaa!" vibrante y lleno de vida, alzando sus ojos verdes hacia ella mientras le enseñaba algún nuevo descubrimiento. Especialmente reseñable fue la ocasión en la que descubrió que tenía pies e incluso podía moverlos. Un "¡oh!" de asombro brotó de sus labios mientras movía el pulgar de arriba a abajo a voluntad. La expresión de su carita denotaba que se sentía todopoderosa ante semejante hazaña.
Era tan dulce y encantadora, pensé Cersei. Su hija nació para ser princesa, sin duda. Aunque Robert se encogiera de hombros y apenas prestara atención a la pequeña, negándose siquiera a ponerle nombre, ni siquiera él podría encontrar fallo alguno en su cachorrilla. En ese momento se oyó la puerta abrirse y la dorada cabeza de su gemelo apareció.
Por encima de su cadáver.
Cersei acarició su nuevamente abultado vientre mientras observaba a la niña de sus ojos jugar con todo lo que caía en sus manos. De vez en cuando la llamaba con un "¡maaa!" vibrante y lleno de vida, alzando sus ojos verdes hacia ella mientras le enseñaba algún nuevo descubrimiento. Especialmente reseñable fue la ocasión en la que descubrió que tenía pies e incluso podía moverlos. Un "¡oh!" de asombro brotó de sus labios mientras movía el pulgar de arriba a abajo a voluntad. La expresión de su carita denotaba que se sentía todopoderosa ante semejante hazaña.
Era tan dulce y encantadora, pensé Cersei. Su hija nació para ser princesa, sin duda. Aunque Robert se encogiera de hombros y apenas prestara atención a la pequeña, negándose siquiera a ponerle nombre, ni siquiera él podría encontrar fallo alguno en su cachorrilla. En ese momento se oyó la puerta abrirse y la dorada cabeza de su gemelo apareció.
Re: Dulce desde el primer aliento
La princesa crecía sana y feliz. Cualquiera que la mirase vería una niña encantadora, despierta y que se sabía amada.
Conforme iba pasando de bebé a personita, la niña empezaba a entender el mundo. Memorizó la cara de su madre tan pronto como su visión se volvió clara, y le parecía el rostro más hermoso del mundo. Un rostro que siempre la miraba con ternura, de una forma que a la pequeña, que aún tenía mucho por aprender y comprender, le hacía saber que era amada por encima de todo.
Era una niña curiosa y despierta, y desde el momento en que aprendió a alzar la cabeza inició un viaje de nuevos descubrimientos cada dia. Al rostro de su madre siguió el de su segunda persona favorita, un ser grande y dorado que la miraba casi con tanto cariño como su madre. Era muy diferente a ella.
Aprendió enseguida a distinguirles, como también aprendió enseguida que ese ser que le traía todo lo bueno del mundo era su madre. El otro tenía la voz más grave, pero amable y cálida. Todo en él era más grande. Sus manos, por ejemplo, a las que la niña dedicaba mucha atención, con los ojos como platos.
Dedicó una tarde entera a las manos de ese segundo ser, a las de su madre y a las suyas propias. Primero las suyas, pequeñitas, que movió mientras las observaba con atención, hasta que el ser grande y dorado emitió un sonido que le gustaba mucho y que solía hacer cerca de ella (un sonido que ella también sabía hacer, y que su madre también hacía, pero más agudo. Una risa) y cerró su mano, mucho más grande alrededor de la suya. La miró con curiosidad porque era grande y algo rugosa y tenía algunos surcos marcados. Él la dejó examinarle, moviendo la mano lentamente para ella. Después su madre se unió al juego, mostrándole también su mano, mucho más blanca y suave que la otra. Ante los ojos de cualquiera, aquello podía parecer una tonteria, pero para ella era un descubrimiento importante que vino acompañado de ruiditos y risitas.
Descubrir sus pies también fue divertido. Descubrió asombrada que podía moverlos y llevárselos a la boca y su madre y el otro ser a veces le hacían una cosa que le hacía reír y que más tarde sabría que eran cosquillas.
No estaba claro en qué momento el bebé empezó a ser consciente de que el ser que idolatraba era su madre, pero aunque aún no pronunciaba algo parecido a su palabra, era más que evidente que desde bien pequeña supo quién era y quería estar lo más cerca posible de ella.
También le gustaba ese otro ser al que su madre llamaba Jaime y que ella no sabía qué era, porque no sabía lo que era un hermano (ni que tenía uno propio), pero sabía que su madre se alegraba tanto como ella de verle.
El resto del mundo le resultaba un poco indiferente. Era evidente que la niña tenía preferencia por los mellizos dorados. Quizá porque el mundo era muy grande y ella muy pequeña y quería descubrirlo todo sobre algo antes de pasar a lo siguiente.
Últimamente su madre se estaba poniendo más redondita. Ella no sabía qué era, pero el bulto que crecía en su vientre le llamaba la atención. Su corta memoria la recordaba tan plana que podía tumbársele encima, pero ahora se había redondeado, aunque seguia dejándo que se tumbara encima. Le daba besos al bulto, porque cuando lo hacía su madre reía y le acariciaba el pelo y había aprendido que eso significaba que le gustaba. Y un dia el bulto contesto a ese besito, con algo parecido a un golpecito. Ella abrió mucho los ojos, sorprendida. Nunca había visto algo así. Levantó la cabecita para mirar a su madre, porque cuando no entendía algo la miraba a ella, para ver su cara y ver si tenía que intranquilizarse o no (cuando no sabía si algo era bueno o malo, reaccionaba en función del rostro de Cersei, como si de alguna forma comprendiera que mientras su madre estuviese tranquila, no había nada que temer) pero algo llamó su atención y se olvidó del golpecito del bulto.
Era la voz del otro ser, su segunda persona favorita, esa a la que su madre llamaba Jaime. Podía oirle, pero no le veía. De modo que, quén sabe por qué, decidió hacer lo que hacía su madre. Llamarle.
- Aaamiiiii - pronunció, despacio, mirando a su madre, a ver si ella sabía dónde estaba el otro y por qué hacía tanto que no le veía (aunque en realidad su concepción temporal era escasa y mucho significaba cualquier periodo de tiempo que a ella se le antojara)
Conforme iba pasando de bebé a personita, la niña empezaba a entender el mundo. Memorizó la cara de su madre tan pronto como su visión se volvió clara, y le parecía el rostro más hermoso del mundo. Un rostro que siempre la miraba con ternura, de una forma que a la pequeña, que aún tenía mucho por aprender y comprender, le hacía saber que era amada por encima de todo.
Era una niña curiosa y despierta, y desde el momento en que aprendió a alzar la cabeza inició un viaje de nuevos descubrimientos cada dia. Al rostro de su madre siguió el de su segunda persona favorita, un ser grande y dorado que la miraba casi con tanto cariño como su madre. Era muy diferente a ella.
Aprendió enseguida a distinguirles, como también aprendió enseguida que ese ser que le traía todo lo bueno del mundo era su madre. El otro tenía la voz más grave, pero amable y cálida. Todo en él era más grande. Sus manos, por ejemplo, a las que la niña dedicaba mucha atención, con los ojos como platos.
Dedicó una tarde entera a las manos de ese segundo ser, a las de su madre y a las suyas propias. Primero las suyas, pequeñitas, que movió mientras las observaba con atención, hasta que el ser grande y dorado emitió un sonido que le gustaba mucho y que solía hacer cerca de ella (un sonido que ella también sabía hacer, y que su madre también hacía, pero más agudo. Una risa) y cerró su mano, mucho más grande alrededor de la suya. La miró con curiosidad porque era grande y algo rugosa y tenía algunos surcos marcados. Él la dejó examinarle, moviendo la mano lentamente para ella. Después su madre se unió al juego, mostrándole también su mano, mucho más blanca y suave que la otra. Ante los ojos de cualquiera, aquello podía parecer una tonteria, pero para ella era un descubrimiento importante que vino acompañado de ruiditos y risitas.
Descubrir sus pies también fue divertido. Descubrió asombrada que podía moverlos y llevárselos a la boca y su madre y el otro ser a veces le hacían una cosa que le hacía reír y que más tarde sabría que eran cosquillas.
No estaba claro en qué momento el bebé empezó a ser consciente de que el ser que idolatraba era su madre, pero aunque aún no pronunciaba algo parecido a su palabra, era más que evidente que desde bien pequeña supo quién era y quería estar lo más cerca posible de ella.
También le gustaba ese otro ser al que su madre llamaba Jaime y que ella no sabía qué era, porque no sabía lo que era un hermano (ni que tenía uno propio), pero sabía que su madre se alegraba tanto como ella de verle.
El resto del mundo le resultaba un poco indiferente. Era evidente que la niña tenía preferencia por los mellizos dorados. Quizá porque el mundo era muy grande y ella muy pequeña y quería descubrirlo todo sobre algo antes de pasar a lo siguiente.
Últimamente su madre se estaba poniendo más redondita. Ella no sabía qué era, pero el bulto que crecía en su vientre le llamaba la atención. Su corta memoria la recordaba tan plana que podía tumbársele encima, pero ahora se había redondeado, aunque seguia dejándo que se tumbara encima. Le daba besos al bulto, porque cuando lo hacía su madre reía y le acariciaba el pelo y había aprendido que eso significaba que le gustaba. Y un dia el bulto contesto a ese besito, con algo parecido a un golpecito. Ella abrió mucho los ojos, sorprendida. Nunca había visto algo así. Levantó la cabecita para mirar a su madre, porque cuando no entendía algo la miraba a ella, para ver su cara y ver si tenía que intranquilizarse o no (cuando no sabía si algo era bueno o malo, reaccionaba en función del rostro de Cersei, como si de alguna forma comprendiera que mientras su madre estuviese tranquila, no había nada que temer) pero algo llamó su atención y se olvidó del golpecito del bulto.
Era la voz del otro ser, su segunda persona favorita, esa a la que su madre llamaba Jaime. Podía oirle, pero no le veía. De modo que, quén sabe por qué, decidió hacer lo que hacía su madre. Llamarle.
- Aaamiiiii - pronunció, despacio, mirando a su madre, a ver si ella sabía dónde estaba el otro y por qué hacía tanto que no le veía (aunque en realidad su concepción temporal era escasa y mucho significaba cualquier periodo de tiempo que a ella se le antojara)
Re: Dulce desde el primer aliento
- Jaime, querido -dijo Cersei poniéndose en pie y acercándose a él, dejando a su hija en la cama. Mandó fuera a las doncellas que tenía alrededor y en cuanto estuvieron solos se acercó a besar sus labios con ternura. - Te ha estado llamando, ¿sabes? Parece que te has convertido en su persona favorita. -Comentó tratando de ocultar los celos que le producían no ser el centro del universo de su hija.
Tiró de la mano de su gemelo para que se sentara en su cama, quedando la niña entre los dos, acariciando los cabellos de la criaturita. No le gustaba que Jaime se acercara demasiado a sus hijos, pero lo cierto es que le era imposible negarle a su hija el placer de estar en los brazos de su hermano. - Hace un momento el bebé ha dado una pequeña patadita y mi hija se ha sobresaltado un poco -comentó de buen humor, sin dejar de mirarla con adoración.
- Por un momento pensé que iba a ocurrirle como aquella ocasión en la que impulsando sus piernas dio una voltereta y se quedó mirándome, sin saber qué pensar y hasta que no vio mi cara de preocupación no rompió a llorar, alarmada... pero no ha llegado a tanto.
Tiró de la mano de su gemelo para que se sentara en su cama, quedando la niña entre los dos, acariciando los cabellos de la criaturita. No le gustaba que Jaime se acercara demasiado a sus hijos, pero lo cierto es que le era imposible negarle a su hija el placer de estar en los brazos de su hermano. - Hace un momento el bebé ha dado una pequeña patadita y mi hija se ha sobresaltado un poco -comentó de buen humor, sin dejar de mirarla con adoración.
- Por un momento pensé que iba a ocurrirle como aquella ocasión en la que impulsando sus piernas dio una voltereta y se quedó mirándome, sin saber qué pensar y hasta que no vio mi cara de preocupación no rompió a llorar, alarmada... pero no ha llegado a tanto.
Re: Dulce desde el primer aliento
- Amiiii - coreó la pequeña, feliz de tener a sus dos personas favoritas cerca.
Jaime se dejó llevar por las dos mujeres de su vida, con una sonrisa en la mirada que era imposible de ocultar. Observó el vientre abultado de su melliza. Hasta el nacimiento de la princesita, no había pensado ni en ser padre de una niña ni en la paternidad en general. Él había engendrado a Joffrey, pero el niño era de Cersei y sólo de ella, y había creído que sería así con todas las criaturas que engendraran.
Y entonces llegó esa niña tan preciosa, que en unos meses se había apoderado del corazón de casi todos los que la rodeaban con sus ojos grandes y sus sonrisas adorables. Era dulce y cariñosa y sólo se disgustaba cuando la apartaban de su madre (y en esas ocasiones, Jaime sentía la necesidad de quedarse a su lado, cosa que nunca le había ocurrido con Joffrey)
Resultaba curioso. Si se paraba a pensarlo, la niña era, como su hermano mayor, una pequeña tirana que siempre conseguía lo que quería. La diferencia era que Joffrey exigía lo que deseaba, mientras que la niña despertaba en los demás la necesidad de protegerla y hacerla feliz.
No era algo que la niña hiciese a propósito. No del todo. Era muy pequeña para comprender lo que era la manipulación, pero sabía que si ella sonreía, sus personas favoritas sonreían también y eso la hacía feliz. Le gustaban también los besos, las caricias y los abrazos, y sabía quién se los daba.
- Maaaa... - balbuceó cuando su madre le acarició el cabello. Era la primera vez que lo decía. O quizá la segunda, no estaba segura. Pero se lo decía a su madre, a su persona favorita. Le gustaba cómo sonaba y ahora que empezaba a saber decir cosas, quería decirle muchas. Después apoyó la mejilla en el bulto de su vientre, a ver si volvía a pasar algo, porque quería enseñárselo a Amii
Jaime se dejó llevar por las dos mujeres de su vida, con una sonrisa en la mirada que era imposible de ocultar. Observó el vientre abultado de su melliza. Hasta el nacimiento de la princesita, no había pensado ni en ser padre de una niña ni en la paternidad en general. Él había engendrado a Joffrey, pero el niño era de Cersei y sólo de ella, y había creído que sería así con todas las criaturas que engendraran.
Y entonces llegó esa niña tan preciosa, que en unos meses se había apoderado del corazón de casi todos los que la rodeaban con sus ojos grandes y sus sonrisas adorables. Era dulce y cariñosa y sólo se disgustaba cuando la apartaban de su madre (y en esas ocasiones, Jaime sentía la necesidad de quedarse a su lado, cosa que nunca le había ocurrido con Joffrey)
Resultaba curioso. Si se paraba a pensarlo, la niña era, como su hermano mayor, una pequeña tirana que siempre conseguía lo que quería. La diferencia era que Joffrey exigía lo que deseaba, mientras que la niña despertaba en los demás la necesidad de protegerla y hacerla feliz.
No era algo que la niña hiciese a propósito. No del todo. Era muy pequeña para comprender lo que era la manipulación, pero sabía que si ella sonreía, sus personas favoritas sonreían también y eso la hacía feliz. Le gustaban también los besos, las caricias y los abrazos, y sabía quién se los daba.
- Maaaa... - balbuceó cuando su madre le acarició el cabello. Era la primera vez que lo decía. O quizá la segunda, no estaba segura. Pero se lo decía a su madre, a su persona favorita. Le gustaba cómo sonaba y ahora que empezaba a saber decir cosas, quería decirle muchas. Después apoyó la mejilla en el bulto de su vientre, a ver si volvía a pasar algo, porque quería enseñárselo a Amii
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