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38. Let's get down to business to defeat the monsters
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38. Let's get down to business to defeat the monsters
Let's get down to business
Sam — 18:00 — Arena

La verdad es que no sabía muy bien que estaba haciendo en aquel lugar. Si los dioses no existían, y los monstruos tampoco. Solo existían mutaciones seguramente provocadas por alguna bomba nuclear o algo parecido. Aunque la verdad es que tampoco sabía si había habido algún accidente nuclear por la zona, probablemente si hubiese prestado atención a las lecciones de historia, sabría que no, sin embargo, Sam nunca se había tratado de ninguna lumbreras más que en música. Y tampoco lo podía comprobar ya que en aquel campamento, no había siquiera cobertura, ¿cómo ansiaban tanto sus compañeros volver a aquel lugar cada verano si apenas llevaba la muchacha unos días y ya quería irse?
Un misterio de la vida que ella jamás entendería, o eso pensaba la joven. Igual que tampoco comprendería cómo había logrado pasar las inspecciones de seguridad aquel campamento, sobre todo después del "ataque" perpetrado hacia la Emo esa que se hacía llamar por una letra del abecedario «¿J?, ¿E?, ¿H? Sí, eso, H de Helena» y ella. ¿Cómo acaso podían poner en peligro la seguridad de unos adolescentes de tal manera?
Ahora podía comprender el por qué de las armas que portaban algunos de ellos, que algo exageradas se le antojaban a Sam, sobre todo el tema espada «¿Quién necesita una espada? Como si estuviésemos en la edad media o algo» fue lo único que acertaba pensar al ver dichas armas en los cintos de algunos campistas.
Fue por aquel ataque por lo que la oboísta había tomado aquella decisión, no permitiría que nada ni nadie; en primer lugar, le interrumpiesen sus ensayos con el oboe; y por otro lado, que tuviese que ser protegida por alguien como H, ya que su orgullo no le permitía. Y menos después de aquella actitud prepotente y superior que había demostrado para con ella instantes antes del suceso.
De esta manera, y por primera vez desde que llegó al campamento, libre de su oboe, el cual había decidido dejar bajo su cama, en la cabaña; la muchacha tomó una vara de madera, cuestionando, durante varios minutos, ¿cómo demonios se usaría aquello?
Re: 38. Let's get down to business to defeat the monsters
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Diarmuid — 18:00 — Arena

La vida se trataba de elecciones y momentos y bien lo sabía él. Desde que era niño estuvo sumamente consciente de sus actos y de la responsabilidad que significaba tomar una decisión y proceder con las consecuencias que esta suscitaría. Nada era fácil o porque sí, todo tenía una razón ya fuese lógica o no al juicio de quien lo analizara. Podría haber seguido negando la verdad acerca de su existencia ignorando que era el hijo de un Dios y que como si ya no fuese lo suficientemente anormal ahora tenía que agregar otra razón para ello. Habría tenido la vida que se esperaba de acuerdo al cauce normal de los acontecimientos: un deportista de elite quien había basado toda su vida en las competencias y lidiando con aquel reñido y cruel mundo. Quizás no sería del todo feliz sin embargo la paz hubiese sido algo constante, una existencia ligeramente placentera y por sobre todo plana. Pero no sería así ya que siempre había tenido aquel fuego interno, un ímpetu que lo hacía ansiar más de lo que ya tenía sin traducirse en una cuestión material, no, el añoraba adrenalina, aventuras, retos, lo que sea para dejar de sentirse aburrido como solía pasarle la mayor parte del tiempo. Y es que la hiperactividad en él exigía un constante movimiento.
Ser un semidiós fue lo mejor que pudo sucederle y aunque siempre había sido así tan solo hace un tiempo lo descubrió. Jamás pensó que sus talentos atléticos fuesen resultad de algo más que buena genética, trabajo arduo y talento innato, y no por una suerte de habilidad divina. Ciertamente en la parte genética no se equivocaba aunque no estaba seguro de que aquello fuese factible, y por ello prefería mejor el concepto de hereditario como tal.
Aún le costaba aceptar del todo su nuevo estatus o mejor dicho vida. Pasó de cambiar el gimnasio a un campamento de un momento a otro, tan solo un pestañeo…sin embargo, ¿Qué podría hacer?. Era una suerte que los monstruos no le hubiesen encontrado antes porque definitivamente no habría sido capaz de lidiar con ello, sobre todo en términos de comprensión y credibilidad. Pero no fue así y ahora que estaba en el campamento un nuevo año comenzaba. Uno donde continuaría con su historia y su preparación ya que en su cabeza solo había espacio para ello, o eso se decía a sí mismo.
Como de costumbre se encontraba entrenando en el campo de batalla, era uno de los lugares donde siempre podrían encontrarle. Era bien sabido que los hijos del dios de la guerra gustaban de luchar y enaltecer a su padre por medio de sus proezas y conductas sin embargo él era la excepción. Entrenaba para ser el mejor, a la única persona que debía de impresionar era a su madre quien siempre había sido y será un ejemplo a seguir. Y al único enemigo que debía de vencer era a sí mismo, cada día, sin fallar.
Llegó al lugar con una cuerda puesto que estaba practicando su equilibrio, resistencia y maleabilidad por lo cual el practicar slackline era una buena forma de hacer ambas de una sola vez. No era algo que compartiese con los demás o el campamento dado que no formaba parte de la cultura romana sin embargo si era un deporte actual en el mundo mortal y él no era indiferente a ello. Su idea era practicar aquello, sin embargo al llegar a donde lo haría se encontró con que había alguien más, una muchacha que estaba entrenando al parecer-Hola, ¿Te molesta si me instalo aquí?-preguntó con cortesía, el lugar no le pertenecía a nadie pero era alguien educado y no gustaba de molestar. Además ella parecía bastante ocupada en su...práctica, si es que podía llamarlo así.

I believe that pain and death are better than cowardice and inaction because I believe in action.
Re: 38. Let's get down to business to defeat the monsters
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Sam — 18:00 — Arena

El destino parecía impedir que Sam se quedase a solas en aquel campamento. Y es que en aquella ocasión; como cada vez que intentaba ensayar con su oboe, alguien aparecía interrumpiéndola, o impidiéndole tocar su instrumento. Y por lo visto, aquella especie de entrenamiento no iba a ser distinto. Entrenamiento que también podría ser llamado "introducción básica a la autodefensa" aunque que más bien se trataría de un ejemplo de "Sam haciendo el estúpido con un palo".
- Esto, no, claro. - emitió desviando la mirada del palo hacia el propietario de aquella voz. Y es que, si hubiese sido aquello una interrupción durante un ensayo con su oboe, probablemente no habría sido emitido, más que un gruñido, como repuesta negativa a la pregunta. Pero claro, la arena era un lugar distinto, un espacio donde era ella la extraña y estaba ocupando el espacio de aquellos que sí que se entrenaban. Antojándosele su símil en la música, como si alguien tocando, o más bien, desafinando con la flauta fina osase ocupar un espacio en el auditorio.
De esta manera, y en cierta manera avergonzada porque alguien le observaría tratando de "entrenar" con aquel palo, se apartó ligeramente, para dejar espacio al muchacho, que parecía venir equipado con una cuerda. ¿Iba acaso a saltar a la comba? siendo aquella la única idea que se le vino a la mente al ver dicho objeto. Pero claro, ¿acaso sabía ella de deportes? A lo mejor saltar a la cuerda era un perfecto ejercicio para notificar algún músculo con nombre impronunciable.
Así comenzó entonces de nuevo, a agitar el palo, como había visto en Star Wars, suponiendo que así funcionaría, dirigiendo, de vez en cuando, alguna mirada a su acompañante, intrigada por saber qué es lo que haría. Sin embargo, pasados unos escasos tres minutos, y cansada de sentirse estúpida, decidiendo que el entrenamiento aquel no era lo suyo, se giró hacia su compañero. - ¿Qué vas a hacer con esa cuerda? - preguntó con curiosidad, una vez descartada la posibilidad de que fuese para saltar a la comba.
Re: 38. Let's get down to business to defeat the monsters
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Diarmuid — 18:00 — Arena

Nunca podía estar en calma, la quietud para él se convertía en un mal ya que daba lugar a que su cabeza comenzara a trabajar de más lo que daría lugar a pensamientos innecesarios, a darle vuelta a asuntos que no tenían importancia al menos en aquel instante. Además estaba el hecho de que no podía estar sin entrenar, llevaba la competición en la sangre, era su vida y no una afición así que por ello todos los días, como una regla, se entrenaba, ¿Qué más podría hacer en el Campamento?.
Asintió ante la confirmación de la chica, no esperaba ver a alguien más sin embargo esa siempre era una esperanza que mantenía en su interior, no es que le molestara la presencia de otros, al contrario, era alguien bastante sociable sin embargo para el término de entrenamiento prefería la paz y quietud para concentrarse, manías que provenían de su exigente entrenamiento de joven y de lo que su madre le había inculcado.
No evitó desviar la mirada en dirección a la chica, tenía un trozo de madera el cual suponía debería servir como una especie de espada o algo similar, igualmente no entendía qué estaba intentando hacer porque más bien parecía estar jugando a algo, pero, ¿quién era él para juzgar lo que hacían los demás?. Por ello la dejó tranquila con la vista y se concentró en su propia tarea, colocar la cuerda y tensarla. En un espacio bastante adecuado para su actividad fijó la cuerda en un árbol y la extendió para enrollar el otro extremo en un poste de acero que se encontraba situado a unos cuántos metros de distancia, en cosa de minutos la cuerda estaba tensa y lista para utilizarse. Escuchó a la chica que le hablaba-Voy a practicar slackline, ¿Lo conoces?-le miró-Es un deporte, no creo que lo conozcas por el nombre, no muchos lo hacen, pero básicamente, se trata de mantenerse sobre la cuerda en equilibrio-miró lo tensa que estaba, a unos no menos centímetros de distancia del suelo, Diarmuid ya tenía experiencia y siempre se exigía bastante-Y hacer piruetas también, aunque eso es más de diversión que entrenamiento-se encogió de hombros con una pequeña sonrisa. –Soy Diarmuid, por cierto-aventuró mirándole, nunca dejaba pasar la oportunidad de conocer a alguien nuevo.

I believe that pain and death are better than cowardice and inaction because I believe in action.
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