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—Force of Nature [+18]
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—Force of Nature [+18]

FORCE OF NATURE
1x1 | REALISTA - DRAMA | PLOT
Se hacen muchas cosas en nombre del amor, eso es seguro, el romance ha estado presente desde siempre como algo inherente en cada ser humano; pero todo tiene una contraparte. Al fondo de cada mente, descansan deseos más oscuros, esperando a ser saciados.
A veces el mundo te empuja a tomar decisiones extrañas. Como cuando no tienes dinero siquiera para comer y comprar material para tu estudio, mucho menos para costear tu universidad, pero aun así sigues, empujas, pasas momentos de angustia… hasta que un buen día, un extraño embutido en un traje y con un auto que cuesta más que el complejo en el que está tu apartamento, aparece y te regala una simple tarjeta. Tus dedos recorren la superficie del papel rugoso y mate, negro y tus ojos se clavan sobre las letras en un tono gris acero más satinado. De un lado se puede leer claramente dos letras—iniciales quizá—: A.P. Intrigado, das la vuelta a lo que parece ser el papel más fino de la historia y un suspiro decepcionado se te escapa cuando tan solo divisas un mail, sencillo, corto, nada que te de pistas sobre quién es este extraño que se ha ofrecido a convertirse en tu benefactor a cambio de ciertos, «favores». La verdad es que la frase te sorprende, pero jamás has sido un puritano, sopesas tus posibilidades entonces mientras analizas a quien te ha llevado semejante regalo. No tardas ni dos segundos en darte cuenta de que aquella tarjeta no le pertenece. Aprietas tus labios, guardas la tarjeta en la bolsa trasera de tus vaqueros y finalmente, terminas despachando al susodicho, diciéndole que te lo pensarás, cerrando la puerta a tu espalda, escurriéndote sobre la misma hasta terminar en el piso. Observas una de tus tantas esculturas inacabadas y el bote de sopa instantánea a medio terminar a un lado. Dos botellas vacías de cerveza barata sobre el piso. ¿Hace cuanto que no comes como se debe, hace cuanto que no puedes comprar un maldito cutter? Todas tus navajas están gastadas, tus alacenas vacías...
Tomas tu celular y comienzas a escribir un e-mail. ¿Qué puedes perder? Un riñón, quizá o la dignidad, si esto es tan solo una broma de mal gusto; ¿Ganar? Dinero, estabilidad, un buen rato. "Más pros que contras", piensas, decidiendo en un segundo antes de presionar el botón de enviar, esperando por lo mejor.
A veces el mundo te empuja a tomar decisiones extrañas. Como cuando no tienes dinero siquiera para comer y comprar material para tu estudio, mucho menos para costear tu universidad, pero aun así sigues, empujas, pasas momentos de angustia… hasta que un buen día, un extraño embutido en un traje y con un auto que cuesta más que el complejo en el que está tu apartamento, aparece y te regala una simple tarjeta. Tus dedos recorren la superficie del papel rugoso y mate, negro y tus ojos se clavan sobre las letras en un tono gris acero más satinado. De un lado se puede leer claramente dos letras—iniciales quizá—: A.P. Intrigado, das la vuelta a lo que parece ser el papel más fino de la historia y un suspiro decepcionado se te escapa cuando tan solo divisas un mail, sencillo, corto, nada que te de pistas sobre quién es este extraño que se ha ofrecido a convertirse en tu benefactor a cambio de ciertos, «favores». La verdad es que la frase te sorprende, pero jamás has sido un puritano, sopesas tus posibilidades entonces mientras analizas a quien te ha llevado semejante regalo. No tardas ni dos segundos en darte cuenta de que aquella tarjeta no le pertenece. Aprietas tus labios, guardas la tarjeta en la bolsa trasera de tus vaqueros y finalmente, terminas despachando al susodicho, diciéndole que te lo pensarás, cerrando la puerta a tu espalda, escurriéndote sobre la misma hasta terminar en el piso. Observas una de tus tantas esculturas inacabadas y el bote de sopa instantánea a medio terminar a un lado. Dos botellas vacías de cerveza barata sobre el piso. ¿Hace cuanto que no comes como se debe, hace cuanto que no puedes comprar un maldito cutter? Todas tus navajas están gastadas, tus alacenas vacías...
Tomas tu celular y comienzas a escribir un e-mail. ¿Qué puedes perder? Un riñón, quizá o la dignidad, si esto es tan solo una broma de mal gusto; ¿Ganar? Dinero, estabilidad, un buen rato. "Más pros que contras", piensas, decidiendo en un segundo antes de presionar el botón de enviar, esperando por lo mejor.
PERSONAJES
ADAM F. PRIDE | ADAM DRIVER | 34 AÑOS | BLACKFIG | GERHARD E. KLIMT | D. GLEESON | 21 AÑOS | JAEGAR |
Cronología
© RED FOR SS
Última edición por BlackFig el Dom 27 Mar - 19:24, editado 2 veces
THERE IS A KIND OF PRESSURE IN HUMANS TO TAKE WHATEVER IS MOST BELOVED BY THEM AND SMASH IT.
Re: —Force of Nature [+18]
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California | 10:00 p.m. | con Gerhard
Adam Pride siempre fue un fanático del arte, desde que era un niño y su padre y madre solían llevarlo a exposiciones fotográficas, escultóricas y pictóricas. No solo era amante de cualquier cosa que fuera estéticamente placentera a la vista, sino también al oído y al gusto. Y precisamente por eso, solía recorrer durante horas galerías enteras durante su tiempo libre o en su defecto, buscar por internet obras de futuros artistas; dentro de las exhibiciones escolares que se hacían al menos dos o tres veces al año a lo largo de todo Estados Unidos pero especialmente, en Valencia, después de todo el Instituto de Artes de California era uno de los mejores y su programa de Bellas Artes tenía siempre artistas prometedores.
Pride siempre se ha considerado un mecenas generoso, dispuesto a donar cierta cantidad de dinero para el beneficio de algunos estudiantes, siempre y cuando estos, estuviesen dispuestos darle algo a cambio: su tiempo mayormente, al menos en un principio. Tres semanas atrás, una escultura particularmente hermosa e intrincada llamó su atención en una de esas tantas exposiciones, una sorpresa mayor fue cuando el hombre se dio cuenta que pertenecía a uno de los estudiantes de tercer semestre. Rápidamente encontró toda la información posible con respecto al susodicho, descubriendo que se trataba de un estudiante becado. Una sonrisa maliciosa se había dibujado en su rostro y un plan comenzó a formarse dentro de su mente, tal y como la mayoría de sus diseños solía aparecer: de la nada, alineándose hasta construir la estructura perfecta.
La mañana del inicio de la cuarta semana después de su pequeño descubrimiento, Adam envió a uno de sus subordinados a entregar una tarjeta y una invitación a Gerhard Klimt, encontrando horas más tarde, después de un día largo de trabajo, que tenía un mensaje en su inbox. Pride leyó con rapidez las letras en la brillante pantalla de su celular y sentándose frente a su respirador de cristal, escribió una respuesta directamente de su computadora portátil.

«Buenas noches,
Señor Klimt, entiendo entonces que está interesado en el trato que tengo para proponerle, si es así, debo advertirle que antes de proceder con algo mucho más formal, he de conocerle más a fondo y sopesar si he tomado una buena decisión o no. Está en sus manos convencerme de lo acertado de la misma.
Para que esto funcione, deberá cumplir una serie de peticiones que le haré llegar vía e-mail y por supuesto, vía postal, así que le agradecería que me enviara su dirección personal ya que tan solo poseo la de su estudio en la universidad.
Si cumple con rapidez y eficacia cada una de mis pruebas, le enviaré otro e-mail al final de un tiempo probatorio y entonces hablaremos sobre ese trato más formal.
Necesitaré también que me envíe una cuenta bancaria o de pay pal. Si gasta usted tiempo en mí, me gustaría recompensarlo. Puede enviarme también una lista de objetos que le gustaría poseer, me sería de mucha utilidad, o podría linkearme a su wishlist en Amazon, cualquiera me vine bien.
Voy a requerir que me responda un par de preguntas ahora mismo y que me envíe un número de celular par que la conversación sea mucho más ágil.
Finalmente, tiene usted prohibido preguntar por mi nombre, mi ocupación o siquiera llamarme al número del que reciba mensajes a continuación, aceptaré tan solo textos de su parte por ahora.
¿Está usted de acuerdo?

Al terminar de teclear, Adam presionó directamente “enviar” sin siquiera revisar lo que había escrito, seguro de que estaba todo correcto, hasta la última coma.
Última edición por BlackFig el Jue 24 Mar - 22:22, editado 3 veces
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Re: —Force of Nature [+18]
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California | 10:00 p.m. | con Adam
Gerhard se sobresaltó por el ruido atronador que provenía del exterior de la cafetería, la cubeta de agua casi resbaló de su mano cuando un chico lo tropezó mientras corría hacia la puerta del establecimiento. El pelirrojo acercó su nariz al ventanal de cristal como la veintena de clientes que pululaban a su alrededor hace apenas unos segundos, para ver al hijo de papi y mami saltar de la emoción cuando sus padres se bajaron de aquel auto último modelo y depositaron las llaves del monstruo de metal en su mano. ¿Qué había hecho en otra vida la gente que nunca se esforzaba por nada y siempre lo conseguía todo? Klimt no encontraba explicación y tampoco se detendría a buscar una en ese momento, el mísero sueldo que le pagaba su jefe no cubría esas reflexiones. Suspiró y apartó la vista, tomando orgulloso su cubeta y su trapeador.
Durante sus escasos 21 años de vida, Gerhard se esforzó porque sus carencias de su infancia no lo persiguieran hasta su adolescencia y mucho menos a la universidad. Jamás se permitió adoptar como excusa el no tener unos padres que lo guiaran para comprender que sin estudios no llegaría a ninguna parte, por lo que mantener sus buenas calificaciones se convirtió desde el primer momento en una de sus prioridades. Claro que, por estar embebido en ello no dejó a un lado todas las experiencias que un joven de su edad debía permitirse: las fiestas y los excesos tenía la misma importancia que sus estudios para una persona que deseaba acabar absolutamente todo en la vida.
Sin duda alguna, era un tanto complicado para Klimt hacer todos sus sueños realidad, y mucho más trabajando en un lugar donde sentía que pasaría el resto de su vida sino lograba ser lo suficientemente talentoso con sus esculturas o la fotografía. ¿A cuántas exhibiciones había enviado ya su trabajo? Perdía la cuenta, y aunque no era un chico que se rendía con facilidad, sabía cuándo tenía que quitarse la venda de los ojos y aceptar su realidad: hacer relucir el piso de la cafetería y quitar la grasa de las mesas como justo lo hacía ahora. Gerhard miró a su alrededor encontrándose repentinamente solo, las luces se apagaron y luego de unos angustiosos segundos vítores y gritos de felicitaciones de cumpleaños lo apabullaron. ¿Qué no había cumplido los 21 años hace tres días? No importó, no dijo nada, su jefe lo dejaría salir “más temprano”…quizá, solo quizá no era un trabajo de mierda. Pero, si algún día se convertía en gerente del sitio se encargaría él mismo de organizar los cumpleaños. ¿Qué mierda estaba diciendo?
Callum y Jamie, dos compañeros de trabajo lo convencieron de seguir la celebración en una mega fiesta de los cursos más elevados de la escuela, por lo que al salir del establecimiento se dirigió hacia la casa del anfitrión. Revisó el móvil un par de veces pero ningún mensaje de los que exigían su atención era el que esperaba ¿Será que todo se había tratado de un juego solamente? Se desilusionó por un momento, pero la promesa de meterse con un cúmulo de chicos y chicas en una habitación lo entusiasmó lo suficiente como para olvidar la pesada broma.
Cuando se bajó del auto de Jamie y sacó su billetera para extraer su pase a la fiesta, se cayó aquella atractiva tarjeta. Klimt acarició las iniciales A.P con el pulgar, y en aquel momento su móvil sonó en su mano. El pelirrojo dio un respingo y clavó los ojos en la pantalla, leyendo con rapidez el contenido. No detalló todo, pero estuvo seguro que se trataba de algo muy formal. Se despidió de su noche de placer y se acercó a la parada de autobús más cercana, y como si la suerte estuviera de su lado pudo coger uno y llegar a su residencia.
Corrió y se sacó los zapatos al igual que la camisa, agarró su computadora portátil y leyó más detenidamente el mensaje. Identificó el grado de distancia que el otro quería mantener, pero eso no era lo más curiosos, sino su intrincado misterio. ¿Acaso tendría que vender algo peor que drogas? ¿Prostituirse en alguna casa manejada por alguna mafia? Se hizo otras tantas preguntas más, sin embargo cuando reparó en que pedían un curriculum en un empleo serio entonces se detuvo y procedió a escribir la respuesta.
«Buenas noches señor A.P., es un gusto recibir su mensaje
Me siento muy extrañado y a la vez muy halagado por su elección, es excelente saber que hay personas que saben apreciar las buenas cosas. No tengo ningún inconveniente en responder a lo que desee sobre mi vida personal o laboral si eso lo complacerá, imagino que sus propósitos así lo requieren. Espero entonces sus peticiones para que quede satisfecho con mi elección para el empleo.
Puede enviar cuando desee esas pruebas y en menos de lo que tarde en enviarlas se las haré llegar otra vez, respondidas con la información que requiera, por eso no se preocupe que eficacia es mi segundo nombre.
Adjunto un archivo con toda la información que solicitó: cuenta bancaria, dos números telefónicos a los que solo yo tengo acceso y lo más importante, esa lista de deseos esperando que un genio como usted los cumpla *______*
No se preocupe señor A.P, como usted parece un hombre muy serio eso me lleva a devolverle el mismo trato. Si paga yo no pregunto ni siquiera su nombre.
-Gerry Klimt »
Se mordió el labio inferior dubitativo, pero terminó por encogerse de hombros y clickear para enviar. Se embutió un pedazo de pizza del día anterior que seguía en su caja sobre la cama, y bebió un poco de soda antes de volver a leer el mensaje del desconocido benefactor. Era un hombre raro sin duda, pero con muchas más precauciones y formalidad de la que pensó, y eso que aún faltaba más.
En ese momento, saltaron otra vez las interrogantes que sabía, quizá nunca podría hacerle a ese personaje. ¿Por qué precisamente él? ¿Qué tenía de especial? Sinceramente no creyó que fuesen por sus calificaciones, pero le asaltó la duda de que tenía la dirección de su estudio en la universidad…Sea como sea, aquel hombre significaba muchos cambios en su vida, Gerhard observó su lista de deseos otra vez y por un momento creyó que el hombre simplemente no le contestaría más y se burlaría de él. Es más, estaba seguro que recibiría un correo super ofensivo y entonces podría reírse a tiempo de aquella tontería antes de ilusionarse más. Klimt dejó la computadora portátil a un costado y presionó el móvil contra su pecho, tumbándose en la cama. Llevó la palma de su mano a la cabeza y se sacó su gorro de oso pensando en la frase que más lo intrigó: Si gasta usted tiempo en mí, me gustaría recompensarlo. ¿A qué quería jugar ese desconocido?
NO TENEMOS OPCIÓN ENTRE EL ROSTRO Y LA MÁSCARA, SINO ENTRE MÁSCARAS BUENAS Y MÁSCARAS MALAS
Re: —Force of Nature [+18]
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California | 10:00 p.m. | con Gerhard
Su celular vibró sobre el restirador y Adam apartó su flexómetro y lápices, poniéndose de pie, acercándose una vez más a la laptop que descansaba un par de metros más allá en su escritorio. Cuando abrió el email, una pequeña sonrisa se formó sus labios, no solo por el pequeño emoticón que éste contenía, sino también por las palabras utilizadas y algunas frases que no hacían más que acentuar la juventud del pelirrojo. Y si eso le había arrancado un gesto tan pequeño, la lista de deseos había conseguido hacerlo reír. Nadie jamás había apuntado tan alto en el primer instante, por el contrario, tímidos, preferían elegir objetos pequeños, quizá para no parecer avariciosos. Una tontería, tomando en cuenta de lo que todo aquello se trataba.
Adam tomó asiento en la silla acojinada frente a un gran escritorio fabricado en aluminio y comenzó a responder, en esa ocasión, a través del número celular que Gerry le había proporcionado, cambiando incluso el tono a uno más relajado al tutearlo, sin embargo, la inflexión imperativa impregnada en cada frase seguía estando presente y ahí se quedaría.
«Puedes llamarme simplemente señor, por ahora.»
«Aprecio tu cortesía y la rapidez con la que has contestado a mi mensaje. Me comunicaré por este medio de ahora en adelante, a menos que tenga que dar indicaciones más largas y precisas.»
Aquel fue el primer mensaje enviado, Adam aprovechó entonces un momento para comenzar a acomodar en su computadora una serie de tareas que ya se había tomado la molestia de redactar y que enviaría al final de aquella conversación.
«Empecemos entonces con las preguntas. Primero: ¿Edad, preferencia sexual, trabajo? Si es que tienes uno además de asistir a la universidad.»
«Necesito también tus horarios y finalmente, quiero que te saques una foto ahora mismo y me la envíes por este medio.»
Todos los mensajes habían sido enviados por WhatsApp, pero el perfil de Adam no contenía otra cosa más que sus iniciales—como en la tarjeta que Gerhard había recibido—y una foto de un cubo delineado en blanco sobre un fondo negro.
Pride paró la cadena de mensajes en aquel instante, esperando por respuestas mientras continuaba dando algunos toques finales a la lista de sus peticiones.
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Re: —Force of Nature [+18]
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California | 10:00 p.m. | con Adam
Entrecerró los ojos mirando en dirección a la caja de pizza que había quedado olvidada junto al celular. Alargó la única mano libre que tenía sobre la sábana, palpando hasta tocar el aparato cuando timbró el tono de las Spice Girls. El “If you wanna get with me better make it fast, now don't go wasting my precious time” se oyó casi lejano, y ahogado por sus bramidos causados por la actividad de su mano en su erección. Ésta se deslizó húmeda de su propia saliva una y otra vez por el tallo duro y convulso de su erección hasta que el temblor se hizo insoportable y el líquido espeso inundó la cama a falta de unos deliciosos muslos. Gerry suspiró, ni siquiera hizo un esfuerzo por limpiarse, sino que empezó a leer el primer mensaje del WhatsApp sosteniendo el celular con la mano que no estaba manchada.
Sin duda alguna el “por ahora” lo enganchó, aquel extraño al parecer le encantaba jugar al misterioso y eso sin duda alguna le encantó a Gerry. Humedeció sus labios y recuperó el ritmo de su respiración, esbozando una débil sonrisa por la formalidad que seguía impresa en las palabras a pesar del trato adoptado. Sintió un burbujeó extraño en lo profundo de su estómago ¿Sería posible que tuviera al fin un jefe que tratara como él había soñado? En todos los empleos que tuvo en su vida nunca nadie le manifestó su aprecio por su labor, mucho menos obtuvo algún tipo de reconocimiento…
«Cómo desee Señor, gracias por su amabilidad, me gusta mucho. ^3^»
Presionó enviar y se mordió el labio inferior, pensando en que necesitaba mucho algo para convencer a ese hombre y así quedarse con el trabajo. Se recargó del espaldar de la cama y se quedó callado, pensativo en el asunto hasta que volvió a timbrar el celular. Los ojos de Gerry se abrieron rápidamente al distinguir las palabras “preferencia sexual” en el mensaje, acarició su erección con la punta de los dedos sin limpiar y sonrió, ya no tenía que pensar mucho.
«Tengo 21 años, los recién cumplí hace tres días. Soy versátil pasivo, pero puedo ser lo que me soliciten no tengo problema. xP»
«Trabajo medio tiempo en una cafetería que por desgracia queda muy cerca de la escuela. La verdad es que me fastidia ese empleo, pero no hay nada más y es una pena porque hay si hay otras cosas en las que puedo ser igual de bueno que ahí, incluso mejor. »
Envió esos dos mensajes y tardó un largo rato en contestar. No es que dudaba si enviar una foto o no, porque lo peor que podría pasar es que se tratara de un sádico que quisiera subir sus fotos al internet, pero ya había fotos suyas muy comprometedoras por la web. Sabía que tarde o temprano le causarían un problema si llegaba volverse famoso pero ya se ocuparía de eso a su debido tiempo. Klimt echó un vistazo a su alrededor para ver en qué posición podía colocarse mejor y sus ojos vagaron otra vez hacia su mano barnizada de semen.
Se colocó su gorro de oso otra vez y luego levantó el celular a la altura necesaria para tomarse un selfie. Trató que la postura fuese la más sugestiva y a la vez permitiera que la cámara capturara algunos detalles claves de su pecho desnudo. Situó la palma de su mano manchada a la altura de su rostro y sacó la lengua, lamiendo el líquido que impregnaba la mano mientras miraba de reojo a la cámara. Pensó en tomarse dos fotos más, pero recordó que solo se le mandó una sola y quiso mejor no pecar de listo.
«Le envío un archivo adjunto con todo mi horario escolar y laborar. Me permití hacer uno sobre mis otras ocupaciones diarias n_ó»
Presionó la pantalla enviando el mensaje, y contempló la carita ¬///¬* que acompañaba la foto enviada. Se movió en su cama emocionado, la sensación que le producía todo aquello era muy placentera, parecía estar en una película de esas donde al final se conoce al hombre misterioso. Con ese pensamiento, Gerry pulso la pantalla del celular una vez más para dirigirse al perfil de A.P. tuvo otra oleada de excitación cuando vio que seguía conservando el misterio de su identidad.
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Re: —Force of Nature [+18]
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California | 10:00 p.m. | con Gerhard
Estaba terminando de colocar todo lo necesario en el e-mail que enviaría cuando el celular volvió a vibrar sobre el aluminio, causando un ruido peculiarmente agudo. Adam leyó con rapidez el primer mensaje y soltó un ligero suspiro de resignación.
Tenía que admitir que los emoticones le divertían, pero aquello tendría que parar en algún momento si aquel chico pasaba sus pruebas, no porque fueran molestos, sino porque Adam estaba notando que a Klimt le faltaba bastante disciplina y quien sabe, quizá ésta incluso podía resultar beneficiosa para sus estudios o la concentración dentro de los mismos.
«Me alegra eso, quid pro quo. Recuérdalo siempre, Gerhard. Puedo parecer un hombre paciente, pero no lo soy en realidad. No me des razones para establecer un castigo poco agradable.»
Respondió, sus dedos volando por el teclado digital. Cuando terminó, colocó el celular a un lado e introdujo el mail de Gerry en su laptop.
«No respondiste a mi pregunta. Preferencia sexual, ¿cuál es? Pasivo se puede ser en muchos ámbitos y con distintos géneros. Lo que quiero saber es, que tipo de genero prefieres.»
Le reprendió. Por ahí empezaría si aquello salía bien, tendría que mostrarle a Klimt que cuando se le preguntara una cosa, tenía que ser conciso y al punto en sus respuestas, a menos que Adam le exigiera expenderse en sus explicaciones.
«Lamento mucho que tu trabajo sea poco satisfactorio, pero quizá las cosas puedan cambiar para ti pronto. Me consta que eres bueno para otras cosas, me basta con ver las esculturas que has fabricado en los últimos meses.»
Agregó un mensaje más, sonriendo ante el desparpajo del muchacho, notando al instante por donde iba con aquella conversación, decidiendo que no iba a seguirle el juego por ahora. En aquel instante un maullido captó su atención, Adam giró el rostro hacía un lado y divisó a su mascota, una preciosa gata de raza calicó y profundos ojos verdes.
—Zaha —llamó, estirando un brazo largo para poder acariciar el mentón del felino, que se inclinó sobre el toque sin siquiera pensarlo, hasta que pareció cansarse y estirándose hacia atrás, tomó impulso para subir sobre el regazo de su dueño. Adam no opuso resistencia, por el contrario, comenzó a acariciar su lomo mientras esperaba, contemplando por última vez el e-mail que contenía la siguiente información:
«Realizarás las siguientes actividades durante un mes (empezando mañana), sin excepción y con una precisión horaria inmaculada. De no cumplir estas dos especificaciones, nuestro trato se disuelve instantáneamente y no sabrás más de mí, así como yo espero no saber más de ti.
1. Me enviarás tres fotografías todos los días a las diez de la noche. En cada una de estas fotografías deberás vestir ropa que enviaré a tu apartamento y que arribará todos los días a las cinco en punto de la mañana, tomando en cuenta que entras a las ocho a la Universidad y no quiero interrumpir tus actividades. No cuestionarás las prendas que debes usar. Cada caja tendrá nuevas indicaciones que deben ser obedecidas al pie de la letra.
2. Me enviarás una serie de fotografías de tu trabajo como escultor tres veces por semana (Lunes, Miércoles y Viernes) a las 21:00 horas. Seis fotos por vez en las que pueda ver con claridad todos los ángulos de cada escultura en proceso.
3. Te llamaré dos veces por semana por medio de Skype a las 23:30 en punto (Jueves y Sábado). Tendrás que tener conectada una cámara web y un micrófono a tu portátil pero no serás capaz de escucharme ni verme, me comunicaré contigo por medio del chat.
No preguntas una vez aceptes, no quejas. Eres libre de dejar el trato si te sientes incómodo con alguna de las especificaciones en este e-mail o en lo que encontrarás dentro de cada paquete enviado, pero si lo haces no hay marcha atrás, el trato quedará anulado del todo.
Como este contrato es claramente ilícito, el cumplimiento del mismo recaerá sobre nuestro honor. Espero comprendas eso también.
—A.P.»
Cuando terminó de releer, un nuevo mensaje le hizo volverse hacia su celular, abandonado junto a una taza de café alta y de color negro.
«Perfecto, agradezco los horarios extra, me serán de utilidad para marcar en que tiempo deberán efectuarse ciertas actividades en la lista de peticiones que te estoy enviando en este preciso instante.»
Revisó rápidamente que en efecto lo que había propuesto no fuera descabellado considerando los horarios en la vida de Klimt y presionó enviar en su portátil. Zaha maulló entonces, exigiendo la atención perdida de su amo, el cual había dejado de acariciar su pelaje en cuanto la imagen que Gerry le había enviado, se abrió en su pantalla.
«Hermoso.»
Tecleó con rapidez, ignorando a su gato mucho más de lo que ella estaba dispuesta a soportar. El felino saltó de su regazo y se dirigió a su cama, pasando de largo con un nuevo maullido ofendido.
«Alguien ha decidido portarse mal hoy, ¿no es cierto? Dime, ¿en que estabas pensando?»
Agregó un mensaje más, mientras una sonrisa de medio lado se formaba en sus labios.
«No pretendía que nuestro primer encuentro fuera de esta índole, pero sería una pena desperdiciar el momento.»
«Empecemos tu mes probatorio en este instante. Lámelo, límpiala entera y mándame tres fotos más, dos del proceso, una del resultado.»
Pride volvió a dejar el celular sobre la mesa y comenzó a prepararse para ir a la cama, dejaría el resto del trabajo para mañana, ahora parecía, tenía algo mejor que hacer.
Última edición por BlackFig el Dom 27 Mar - 19:40, editado 2 veces
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Re: —Force of Nature [+18]
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California | 10:00 p.m. | con Adam
Presionó más fuerte de lo normal la pantalla del celular debido a la urgencia de leer el texto que le había llegado con rapidez. Sonrió, aquel hombre sin duda alguna le estaba dando gran parte de su atención, ni siquiera sus amigos le respondían a esa brevedad.
La expresión risueña se tornó seria, pensativa cuando leyó la respuesta a su mensaje. Gerry agradeció internamente la advertencia, pues eso ponía un claro freno a las emociones o pensamientos que podían dispararse prematuramente en cuanto al misterioso hombre. Podía notar que no era una persona con la que podía pasarse de listo, y jugar sí, pero solo bajo sus términos.
La frase “Puedo parecer un hombre paciente, pero no lo soy en realidad” fue inmediatamente aplicable a muchas otras como: “Puedo parecer atento, amable, incluso adorable…, pero no te confundas”. Aun así, Gerry no se saldría ya de lo que sea en que estaba metido, ¿cómo dejar aquello ahora y simplemente olvidar cuando una persona como esa había puesto su ojo sobre él, prometiendo cambiar su vida a cambio de casi nada? No, no. Solo podía prometerse andar con cuidado, nada más.
«Comprendido todo, Señor. No le daré razones para reprenderme por alguna falta en mi desempeño laboral»
Envió y suspiró, quería hacerle saber al hombre que estaba consciente de que todo se trataba de algo profesional, simple transacción laboral aunque fuese de índole sexual. Porque sí, ahora lo confirmaba con ese dato de la preferencia sexual, y se preguntó por qué había durado tanto en percatarse de ello.
Clavó los ojos en el siguiente mensaje y se sintió peor que cuando el viejo Charles le reprendía por no lavar con el producto apropiado los azulejos de la cafetería. Klimt había supuesto, creído al ser contactado por un hombre para ese tipo de trabajo, su preferencia sexual estaba clara, pero era obvio que estaba equivocado. ¿Cómo confundió eso con el rol sexual? Quizá porque estaba mucho más claro en eso que en lo otro…
«Discúlpeme Señor, no hay excusa para mi error. Sucede que no lo tengo claro, nunca reflexioné sobre eso. Durante mucho tiempo pensé que me gustaban los hombres y las mujeres, pero tenía un profesor que era kathoey y me atraía mucho…No es algo que le haya dicho a nadie antes.»
¿Atraía mucho? Se había enamorado de él a sus dieciocho años, pero A.P. no tenía necesidad de saberlo y esperaba que no preguntara.
«Disculpe una vez más por el mensaje anterior, hablé de más otra vez. Solo, me inclino a pensar que me gusta todo»
Agregó con rapidez en otro mensaje de forma clara, sin siquiera detenerse a pensar en la debida denominación. Toda su vida detestó todo esos términos que sentían, etiquetaban a la gente. Gerry pestañeó y lo dejó atrás, revisando el siguiente mensaje y abriendo la boca por la sorpresa por las últimas palabras. ¿Así fue como lo contacto? ¿Era posible que alguien se interesara después de tanto tiempo en ellas? “Últimos meses” eso significaba que aquel hombre le había seguido desde hace mucho tiempo ¿Cuánto? ¿Ya le habría investigado y sabía todo lo que preguntaba pero solo quería ver cómo se manejaba Gerry?
«Es una sorpresa eso, es agradable saber que tiene buen gusto. ¿Me permite saber si le gustó alguna en particular? »
Aguardó durante algunos minutos, dejando caer su celular en su pecho mientras alargaba esa misma mano a la caja de pizza una vez más. Mordisqueó y en cuanto el aparato vibró sobre uno de sus pezones, escupió un poco de pizza y soltó el pedazo rápidamente para hacerse con el móvil. Esbozó una sonrisa cuando vio el “agradezco” ¿Cuándo iba su jefe a decirle algo como eso? Por más que quisiera quedarse a ver ese mensaje soltó el celular y tecleó su contraseña en el portátil que estaba justo a su lado sobre unos calzoncillos. Revisó con detenimiento la información, una y otra vez captando cada detalle. Sus dedos se movieron presurosos sobre el teclado.
« ¿Dichas especificaciones incluyen el que puedan surgir factores externos que no pueda controlar? Me refiero a la universidad y el trabajo que tengo. Si bien poseo ya un horario, en ocasiones tengo eventos que se extienden a esas horas de la noche. Entiendo que esto es un trabajo y no hay flexibilidad alguna –y lo acepto así– Sin embargo, me tranquilizaría saber su postura en cuanto a esto.
Escudriñé las actividades y las acepto, estoy dispuesto a continuar con el trato. Con la libertad para dejar el trato cuando así lo desee me deja más que tranquilo sobre este contrato. En caso de faltar a algo me hago total responsable, recordando cada aviso suyo en estas líneas. Como le dije, puede estar seguro que si cumple yo lo haré también, y no pongo en duda su palabra.
Suyo,
Gerhard E. Klimt.»
¿Qué mierda era todo aquello? Leyó otra vez, lo seguí creyendo una mierda en gran parte pero así lo envío. ¿Qué podía pasar si el hombre volvía a reprenderlo o pensaba mejor las cosas para contratarlo? Nada, él estaba ahí seguro y ese hombre por allá quien sabe dónde. Es decir, tenía sus direcciones y parte importante de su información pero le había dejado muy claro que tenía intención de olvidarse de él si fallaba. No, no era un depredador. No podía hacerle daño, no. Err…No.
Introdujo su dedo índice en la boca y lamió para quitarse el resto de queso y pepperoni, cerró los ojos un momento y su mente logró abandonar todo aquel asunto tan intenso, trasladándolo otra vez a esa playa en Jamaica…
Abrió los ojos otra vez y quitó esa sonrisa de estúpido que probablemente tenía, volviendo su atención a A.P. Gerry soltó un suspiro, se mordió el labio inferior lentamente y con lascivia. Estuvo a nada de enviarle una nota de voz al hombre explayándose pero creyó que era demasiado pronto para cometer errores agradables.
« Y necesita un daddy que lo discipline…
En Seven Mile Beach, bailaba desnudo con los cabellos trenzados al estilo rasta. Dos mellizos me abordaron. La hoguera me encegueció, no pude caminar bien en días. »
Lo envió. Moría por describírselo, absolutamente todo. Cómo ambos follaban juntos y luego se confabularon para asaltarlo junto a la hoguera después de estar danzando junto al grupo de jamaiquinos. Arrodillando, atado a la una palmera…cómo le gustaba que lo ataran. Como se removieron encima suyo, se alternaban sobre su cuerpo pálido, besaban su pecho, labios, uno engullía su erección y el otro le daba a probar de la suya, embistiéndolo con fuerza…sin contemplaciones. Una borrachera de jadeos, entrando sin cesar una y otra vez, tres cuerpos trabados sin permitirse uno más.
Esos recuerdos de las únicas vacaciones que se pudo permitir en su vida eran inolvidables, únicos. Esos que le hacían creer que tenía el mundo en sus manos en ese ámbito, o al menos lo creía hasta hace unas horas. Embebido estaba en ellos que obtuvo otra erección, la acariciaba con la mano barnizada del anterior espeso líquido ya seco, que no se percató de que estaba grabando todo su relato hasta el más íntimo detalle. Presionó la tecla de envío de grabación sin siquiera ver lo que hacía y siguió con su actividad.
Cogió el celular para ver el siguiente mensaje, el contenido le hizo arreciar al movimiento. ¿Ahora? Eso fue suficiente para felicitarse a sí mismo por el efecto de la foto. Una oleada brotó de su interior, la emoción lo embriagó, lo animó a darle más.
»No hay inconveniente alguno, estoy aquí para ti.»
Tragó grueso y apretó la pantalla de celular, activando la cámara profesional que tenía conectada al aparato. Su dedo tembló sobre la pantalla rápidamente ajustando el lente que estaba ubicado encima del televisor. Desde allí se podía tener un panorama perfecto, la cama de punta a punta, todo su frente.
Conservó su postura: su espalda pegada al respaldo de la cama, una pierna extendida y la otra plegada donde descansaba su codo de la mano que sostenía el celular. Su mano barnizada abandonó la erección que parecía estar en su punto culminante, y la llevó a sus labios. Lamió cada dedo, luego sacó todo lo que pudo de su lengua e hizo lo mismo con el torso y la palma de la mano, la misma dejó de gotear sobre la comisura de sus labios y pronto estuvo a simple vista, tan limpia como la otra.
Gerry seleccionó las fotografías que creyó, podían gustar más a A.P. En la primera lamía su dedo medio mientras el líquido caía por sus nudillos, en la segunda toda su lengua tocaba el centro de su torso y en la última, extendía toda su mano sobre una de sus mejillas y sonreía angelical ladeando la cabeza. Las envió todas rápidamente por el celular y correo electrónico.
«Primera tarea realizada. A la espera de más órdenes»
Fue todo lo que pudo enviar. Miró al techo y suspiró, pensando en todas las preguntas que tenía en cuanto a sus nuevas actividades. ¿Le consumiría de igual forma que la cafetería? Estaba seguro que sí, pero lo que no estaba seguro era de qué forma lo haría.
NO TENEMOS OPCIÓN ENTRE EL ROSTRO Y LA MÁSCARA, SINO ENTRE MÁSCARAS BUENAS Y MÁSCARAS MALAS
Re: —Force of Nature [+18]
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California | 10:00 p.m. | con Gerhard
Adam abrió los ojos con sorpresa cuando recibió la respuesta de Gerhard, pero el gesto se disolvió pronto en una sonrisa complacida.
«Agradezco la disculpa, pero por sobre todo, la sinceridad con la que has respondido a mi pregunta.»
«No es un problema que te guste todo, siempre depende del enfoque.»
Respondió en dos mensajes, todavía con la comisura de sus labios ligeramente curvadas. Zaha se restregó entonces con más fuerza contra la palma de su mano y Pride se giró, soltando el celular para atender a su reclamo al menos hasta que éste volvió a vibrar, insistente.
—Lo siento cariño, un nuevo gatito va a entrar en nuestras vidas y tienes que aprender a compartir —murmuró en dirección a su mascota, que simplemente se limitó a girar el rostro para maullar apenas, como si estuviera quejándose de semejante disposición.
«Me ha gustado particularmente la escultura de la mujer con el niño pequeño a su lado que contempla una serie de máscaras al frente. La calidad en la anatomía y el detalle es de un nivel mucho mayor a que se debería poseer en el semestre que cursas.»
Se dio cuenta al instante con aquel mensaje que Gerhard no era precisamente un hombre modesto y aquello, lejos de enfadarlo, le pareció infinitamente divertido. Además, le encantaba el hecho de que le pidiera permiso para preguntar; la disposición a recibir órdenes del muchacho lo hacía un perfecto candidato para sus futuros planes. Sin embargo, todo sentimiento positivo fue eclipsado por el e-mail que su portátil recibió, anunciándolo con un ligero toque de campanilla. Adam leyó con rapidez lo que el pelirrojo había escrito y frunció el ceño, apretando ligeramente más de lo debido sobre el lomo de Zaha, que le enterró las uñas en la pierna en son de reproche.
«Uno debe saber organizar sus tiempos. Aun así y porque sé que este es el periodo de prueba, podría llegar a perdonar algún retraso en cuando a las llamadas por Skype siempre y cuando la razón por la que no llegues a conectarte o a llegar con atraso sea de peso.»
«Recuerda que está en tus manos el convencerme de que no me he equivocado al elegirte.»
Adam no estaba dispuesto a soportar a una persona que no deseara esforzarse por recibir todo lo que él estaba dispuesto a dar a cambio de un poco de tiempo. Y si Gerhard ya había comenzado a quejarse, entonces no era el sujeto que estaba buscando. Aun así, no iba a parar el trámite ni la negociación, para eso era el periodo de prueba y Pride iba a tomárselo muy en serio.
En cuanto presionó el enviar, sus ojos volvieron a releer el e-mail, percatándose de algo que no había notado con anterioridad. Su mirada se clavó sobre aquella palabra que precedía al nombre de su futuro protegido y sus labios se partieron por la mitad mientras sus pupilas se dilataban con ligereza. No tuvo tiempo de reaccionar de otra manera, pues el móvil volvió a sonar dentro de su mano y él tuvo que bajar la vista una vez más, dándose cuenta de que su gato ya se encontraba lejos, sobre su cama.
Leyó el apelativo utilizado en el nuevo mensaje con la garganta seca y se negó a responder algo referente al mismo. No, todavía no era tiempo para que le llamara de aquella forma, mucho menos cuando por debajo del título en cuestión, estaba hablando de otras manos sobre su cuerpo, de otras personas tocándole. Sintió incluso que Klimt había manchado lo sagrado de aquel mote al usarlo justo en aquel mensaje, justo de aquella manera.
Se tomó su tiempo para desvestirse introduciéndose con parsimonia bajo las sábanas de su king size. Zaha maulló todavía ofendida a su lado, pero después de un momento, se puso de pie, acurrucándose contra su costado como si hubiese tenido la repentina misericordia de perdonar la rudeza de su amo. Adam le acarició nuevamente la cabeza, intentando concentrarse en que diría a continuación, cuando le llegó un mensaje de voz que lo cambió todo. El deseo que podía leerse en el tono desesperado y erótico del pelirrojo le hizo hervir la sangre, no solo con lujuria, si no también con una extraña posesividad. Respiró profundamente y se tranquilizó de a poco, todavía no había un trato entre ellos, pero se juró que si por azares del destino llegaba a concretarse, nadie más que él podría tocar al escultor de aquella manera.
«Respeto bastante a los hombres que se atreven a tomar ciertos riesgos. Pero debo pedir que refrenes tus ansias de ser creativo, sobre todo cuando yo no te lo he pedido.»
Respondió, abandonando una vez más el pelaje de su gata para poder teclear con mayor rapidez.
«En este caso, tu mensaje de voz no ha resultado particularmente molesto, sin embargo, te recuerdo que estás a prueba y que la obediencia puntual es algo importante para mí.»
«En un futuro, cuida más tus dedos y piensa dos veces.»
Dejó el móvil sobre la sabana y a pagó la lámpara que había a un lado de su cama, sumiendo el cuarto en una penumbra tan solo disuelta por las luces de la ciudad que alcanzaban a filtrarse por los grandes ventanales que había en contraposición a la pared a su espalda. Los Ángeles seguía despierto a pesar de la hora: las 02:45 de la mañana, según había revisado hacía un par de minutos.
Su celular se movió sobre el colchón otra vez a las 03:00 de la madrugada en punto y las fotografías que Adam pudo divisar en la pantalla tan solo le confirmaron que después de todo, aquello no era una pérdida de tiempo. Aun así, no respondió a aquel último mensaje, apartó el celular, colocándolo sobre la base que recargaba su batería y volvió a tumbarse en la cama cerrando los ojos, permitiendo que el sueño le invadiera del todo. Tenía que despertarse en menos de tres horas, pero aquellos ojos verdes y esa preciosa boca sonrosada que había mirado hacía un instante, hacían que el desvelo valiera la pena.
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Re: —Force of Nature [+18]
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California | 2:00 - 4:00 am. | con Adam
Podía contar con los dedos de una sola mano las oportunidades en las que todas las personas que conocía le agradecieron algo, y no es que fuese de esas personas que esperaban esos gestos pero siempre pensó que era un detalle muy bonito y que decía mucho sobre los sentimientos del agradecido. Algo en el pecho de Gerry volvió a bombear con una intensidad mayor cuando vio el texto que le llegó, tan corto pero con las palabras indicadas, las que anhelaba leer.
«Le estoy muy agradecido yo. Sus palabras me animan a esforzarme por mantener esa sinceridad»
Sonrió con ternura cuando envió ese mensaje, y la sonrisa se ensanchó mucho más al leer el restante que estaba en la bandeja de entrada. Esa aceptación sobre sus dudas en su preferencia sexual lo dejó impresionado, y decidido a aferrarse a esas palabras. El celular timbró nuevamente y la sonrisa de Gerry se esfumó, rodó los ojos y cortó la llamada entrante.
« Callum ya te dije que no puedo recibirlos ahora con nadie. Nos vemos mañana, buenas noches. »
Envió el mensaje de voz por el whatsapp, y cambió de contacto, revisando ésta vez el nuevo mensaje de su nuevo jefe. Klimt soltó el celular sobre su regazo y abrió la boca debido al asombro ¿Cómo podía éste hombre arreglárselas para sorprenderlo tanto en una noche? ¡Hace tres meses que se había exhibido esa escultura! Muchas personas ni siquiera recordaban haberla visto, solo el único profesor que se dignó a quedarse en todo el evento donde se expuso. «Me ha gustado particularmente » ¿Acaso recordaba alguna más? Sintió un ligero cosquilleo por la nuca al “imaginarlo” observando con detenimiento sus esculturas en particulares.
Gerry quería seguir obligándose a dejar a un lado todas sus interrogantes curiosas sobre la identidad del desconocido benefactor pero ese tipo de detalles por parte del otro no ayudaban mucho. Pero se conformó de momento con que era un hombre aficionado al arte y que probablemente tendría algún conocimiento en la materia o alguna actividad cercana. Se removió una vez más en su cama, emocionado, ahora estaba seguro que hablaba con hombre de mundo.
« Oh, esa escultura. Que grato escuchar eso Señor, siento que mi esfuerzo es bien recompensado con sus palabras. Me alegra haber tomado clases extras. »
Gerry frunció el ceño y suspiró, negando con la cabeza en el siguiente mensaje. ¿Organizar sus tiempos? Pero eso era lo que hacía, lo que le permitía abarcar todas sus ocupaciones… ¿Qué significaba exactamente para A.P. una razón de “peso”? Comprendió entonces que no tendría la flexibilidad laboral que en la cafetería y eso le preocupó, porque no quería descuidar absolutamente nada. Pero estaba perfectamente claro que el sujeto esperaba ser el primero en la lista de prioridades, Klimt suspiró, supuso que era justo que A.P. exigiera algo equivalente a lo que él le pagaría. Ese fue el momento en el que se preguntó si ese trabajo dejaría de ser solo eso en algún punto para convertirse en su modo de vida. No, no. Él se transformaría en un escultor y fotógrafo reconocido, tenía sueños y ese era solo un empleo más para sobrevivir. Decidió pues, que cuando eso pasara renunciaría a todo.
«Bien Señor, lo he comprendido todo perfectamente. Es muy bueno usted, pero le aseguro entonces que no tendrá necesidad de esperar por mí. Me esforzaré por cumplir con nuestro acuerdo sin descuidarlo a usted, y bueno, tampoco a mis demás responsabilidades.»
Lo envió y volvió a releerlo unas tres veces, revisando muy bien sus palabras y de qué forma serían asimiladas. Recordó entonces un mensaje anterior donde A.P. había expresado claramente algo sobre su paciencia y se tomó mucho más al pie de la letra el asunto. No era fácil por supuesto, durante toda su vida tuvo un marcado y deliberado irrespeto hacia la autoridad puesto que sus padres no fueron precisamente merecedores de eso, y si había algo que le costaba en los empleos era la capacidad de obedecer sin preguntar ni quejarse. Su eficiencia en ellos siempre se vio opacada por sus disgustos laborales.
Bebió su soda hasta la última gota, soltando el envase a un costado a la cama y alargando la mano para tomar otro del pequeño refrigerador ubicado justo bajo su mesa de noche. Le extrañó no recibir ningún comentario sobre sus insinuaciones cuando siempre lo conseguía de todo mundo, pero después de volver a desmontar lo poco de la personalidad que podía discernir del misterioso hombre pensó que quizá había cometido un error. Dejó caer el asunto sin atreverse a decir nada más, era una suerte que el otro lo ignoró. Entonces, tomó la resolución de abstener las coqueterías hasta que se lo solicitaran, después de todo eso era parte de su trabajo ¿no?
Sus pensamientos vagaban por múltiples conjeturas sobre lo que estaría haciendo el desconocido, hasta que un mensaje de voz ésta vez de Jamie lo sacó de su ensimismamiento. Le respondió igual que al otro, y después presionó ansioso para leer el nuevo mensaje de su nuevo jefe, sus ojos saltaron alarmados releyeron cada uno de los mensajes que llegaban en cadena. ¿Qué? ¿Pero qué mensaje de voz? Gerhard deslizó con rapidez el dedo sobre el celular pero éste no le respondía, soltó una risita desesperada y cuando pudo por fin buscar sus propios mensajes se golpeó la frente con la palma de la mano. Se reclinó sobre la almohada riendo a carcajadas, giró su cuello y hundió la cabeza aun riendo.
Tecleó mensajes de disculpas, pero los borró, pensando que el hombre podía suavizarse con las fotos que le había pedido. Dos latas de soda, tres, cuatro, el tiempo pasaba y nada ocurrió. Comenzó a arrepentirse de no enviar sus disculpas el momento que quizá podían ser aceptadas. »Tranquilízate, es un periodo de prueba, con esas fotos pasaste tu entrevista», pero sobre sus propias palabras de conforte se impusieron las del otro: «Recuerda que está en tus manos el convencerme de que no me he equivocado al elegirte.» Levantó el celular y empezó a escribir.
«Lo siento una vez más, creo necesario aclararle que no quiero pasarme de listo, eso no debía enviarse pero mi cuerpo suele traicionarme a veces. No es excusa eso, no lo es, es solo que...»
Gerry soltó una risita ¿A veces? ¡Todo el maldito tiempo! Aún con aquellos mensajes de amorosa reprimenda, «el no ha resultado particularmente molesto» le arrancó una sonrisa y le causó cierto placer tan solo pensar la posible reacción de A.P. al oír su voz.
«Señor, comprendo que es importante para usted, lo tendré en cuenta antes de mover un solo músculo. Comienzo a sentir un bonito aprecio hacia su tolerancia»
» ¿Puedo saber si las fotos le agradaron? »
Frunció los labios y abrazó una de sus almohadas, sus ojos se clavaron en la caja de pizza y la pila de ropa sobre su sillón. Esperó por media hora exacta, su celular se descargó y empezó a buscar como loco el cargador entre todo aquel desorden, transcurrió quince minutos más. Lanzó toda la ropa sobre la cama y se arrebujó en la colcha gigante que estaba sobre el sillón aterciopelado, con los ojos cansados puestos en el panorama desplegado al otro lado de la pequeña ventana. Bostezó y volvió a ver su celular reanimado por el cable de alimentación, pero aun así, inerte. Cabeceó, y su último pensamiento voló sobre el contenido de esa dichosa caja, la cual sería el inicio formal del más extraño pacto que había hecho en sus escasos 21 años de vida.
Capitulo finalizado.
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Re: —Force of Nature [+18]
R.I.P. 2 MY YOUTH

Eran las cuatro y treinta cuando su alarma se disparó. Había dormido poco más de una hora, nada que un buen café cargado y algo de azúcar no pudiesen solucionar. Se puso en pie y después de prepararse para el día y darle de comer a su gata, volvió a tomar el celular recargado de la mesita de noche.
Adam leyó los mensajes de disculpa de Gerhard como si se trataran de una factura del banco, con el interés justo y de forma impersonal. El chico aprendía rápido y eso era definitivamente un rasgo positivo en su personalidad. Pride podía notar la desesperación destilando de cada una de sus palabras y aun así, esperó a que fueran las cinco en punto para responder.
«Buenos días. El paquete del día de hoy debe estar llegando ahora mismo. Quiero que lo abras, leas las instrucciones las veces necesarias para comprender y que a continuación, me lo notifiques en un mensaje.»
Ignoró deliberadamente cada una de las palabras que el otro había escrito por la madrugada. Generalmente no hacía aquello, pero en ese momento sintió que un poco más de ansiedad, no vendría mal dentro de la ecuación. Colocó entonces el celular que llevaba en la mano en el bolcillo interior de su saco y emprendió el viaje hasta su trabajo.
En efecto, justo cuando Pride pulsaba la tecla de enviar, un repartidor somnoliento tocó a la puerta de Gerry. Adam lo había dispuesto desde el día anterior, confirmando tan solo la dirección a la que la caja debía ser enviada cuando Klimt se la pasó por mensaje.
Era una caja simple de medio metro de largo por treinta de ancho y un poco menos de diez centímetros de alto. Adentro se encontraba un traje que parecía estar hecho justo a la medida de Gerhard. Pantalones y blazer negros con un par de botas cortas del mismo color y una camiseta que a pesar de ser simple y de cuello redondo, parecía estar fabricada en un material increíblemente suave y de alta calidad. Más abajo, después del papel mantequilla que envolvía a esas primeras prendas, se encontraba extendido un par de medias traslucidas con ornamentos de encaje negros, unos sujetadores para las mismas y unas pantaletas femeninas fabricadas en el mismo material.
La nota que venía a un lado bien doblada y dentro de un sobre, iba escrita en computadora y rezaba lo siguiente:
«1. Te pondrás la ropa interior que he enviado y por sobre ella, el traje.
2. Tomarás las fotografías que se han especificado en el primer e-mail que te envié con el traje puesto, sin mostrarme ni un poco de la ropa interior que llevas por debajo y las enviarás a la hora preestablecida.
3. Para ir a la Universidad, vestirás la ropa interior hasta el final del día por sobre cualquier otra prenda que decidas usar el día de hoy para salir de casa.»
Eso era todo, no había más.
No existía forma de saber si Gerry se pondría o no el negligé enviado, al menos no por ahora, pero Adam pensaba averiguarlo durante su primera sesión en Skype.
Adam leyó los mensajes de disculpa de Gerhard como si se trataran de una factura del banco, con el interés justo y de forma impersonal. El chico aprendía rápido y eso era definitivamente un rasgo positivo en su personalidad. Pride podía notar la desesperación destilando de cada una de sus palabras y aun así, esperó a que fueran las cinco en punto para responder.
«Buenos días. El paquete del día de hoy debe estar llegando ahora mismo. Quiero que lo abras, leas las instrucciones las veces necesarias para comprender y que a continuación, me lo notifiques en un mensaje.»
Ignoró deliberadamente cada una de las palabras que el otro había escrito por la madrugada. Generalmente no hacía aquello, pero en ese momento sintió que un poco más de ansiedad, no vendría mal dentro de la ecuación. Colocó entonces el celular que llevaba en la mano en el bolcillo interior de su saco y emprendió el viaje hasta su trabajo.
En efecto, justo cuando Pride pulsaba la tecla de enviar, un repartidor somnoliento tocó a la puerta de Gerry. Adam lo había dispuesto desde el día anterior, confirmando tan solo la dirección a la que la caja debía ser enviada cuando Klimt se la pasó por mensaje.
Era una caja simple de medio metro de largo por treinta de ancho y un poco menos de diez centímetros de alto. Adentro se encontraba un traje que parecía estar hecho justo a la medida de Gerhard. Pantalones y blazer negros con un par de botas cortas del mismo color y una camiseta que a pesar de ser simple y de cuello redondo, parecía estar fabricada en un material increíblemente suave y de alta calidad. Más abajo, después del papel mantequilla que envolvía a esas primeras prendas, se encontraba extendido un par de medias traslucidas con ornamentos de encaje negros, unos sujetadores para las mismas y unas pantaletas femeninas fabricadas en el mismo material.
La nota que venía a un lado bien doblada y dentro de un sobre, iba escrita en computadora y rezaba lo siguiente:
«1. Te pondrás la ropa interior que he enviado y por sobre ella, el traje.
2. Tomarás las fotografías que se han especificado en el primer e-mail que te envié con el traje puesto, sin mostrarme ni un poco de la ropa interior que llevas por debajo y las enviarás a la hora preestablecida.
3. Para ir a la Universidad, vestirás la ropa interior hasta el final del día por sobre cualquier otra prenda que decidas usar el día de hoy para salir de casa.»
Eso era todo, no había más.
No existía forma de saber si Gerry se pondría o no el negligé enviado, al menos no por ahora, pero Adam pensaba averiguarlo durante su primera sesión en Skype.
❄ thanks winter!
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Re: —Force of Nature [+18]
R.I.P. 2 MY YOUTH

— ¡¿Qué mierda es ésta, Gerry?! Ahora sí llegaste al colmo de tu extravagancia. Estoy es inaceptable, te ves ridículo. Ningún hombre que lo fuera de verdad, usaría semejante cosa. —manifestó Jamie horrorizado en el momento en el que Callum y él tiraban el cerrojo de la puerta de uno de los baños de hombres en la universidad.
La mirada crispada y su cuerpo replegado totalmente hacia la porcelana marcaban un contraste con la risa ahogada de Callum, quien avanzó divertido hacia Klimt y abrió los ojos muy bien para detallar mejor los encajes. Gerry, lejos de estar aterrorizado por ser sorprendido precisamente por sus dos amigos, rodó los ojos a Jamie y secundó la risita del otro rubio.
—Semejante cosa que te encanta quitarle a las mujeres ¿verdad?, ya déjalo en paz, yo digo que solo un verdadero macho se atrevería a vestir eso. —Callum lo defendió en el acto, conservando su humor. Jamie lo miró ofendido y soltó un bufido, sin decir nada abrió la puerta y se marchó dando un portazo. — Ya se le pasará, ¿recuerdas cuando yo usaba los zapatos de mi madre cuando éramos niños? Ya sabes, me reñía sí, pero siempre se le pasaba. Y si no es así, a la mierda entonces, que se aguante. —le dijo en un tono relajado, encogiéndose de hombros mientras le echaba cerrojo a la puerta. —No queremos más Jamies por ahora ¿no? —agregó mientras se impulsaba en la porcelana del lavabo más próximo al pelirrojo y se sentaba en ella. Gerhard solo le escuchaba con una sonrisa, ligeramente sorprendido aunque no tenía razones para ello, puesto que de los tres Callum siempre fue el más liberal y atolondrado.
—Ya veo por qué razón caminabas un poco como pingüino, ajustaste demasiado los sujetadores ¿Qué al menos no viste videos de YouTube para eso? —se burló en cuanto notó la dificultad que tenía Gerry en los lazos que unían las bragas con las medias. Klimt se echó a reír y lo desafió a enseñarle cómo solucionar el asunto, perdiendo una apuesta de 20 dólares. —Ahora sí, ¿vas a decirme por qué traes eso a la universidad? ¿Perdiste alguna apuesta? Ya te lo he dicho, eres malísimo para ver las buenas oportunidades para las apuestas, —hizo una pausa cuando Gerry se quejó mientras subía su pantalón con cuidado de no estropear el lazo de encaje de la parte trasera de la braga, y alzó las cejas mientras lo veía inquisitivo— Oh, ya entiendo. Es un nuevo fetiche. Ingenioso chico, muy ingenioso, jamás se me hubiese ocurrido masturbarme en bragas con sujetadores.
—Ya cállate Callum, —al fin pudo soltar palabra, silenciando divertido al otro mientras se colocaba la camisa, —si quieres escucharlo está bien, confío en ti.
El mensaje entrante despertó ese día de un salto a Gerry. Dejó inmediatamente la colcha sobre la pila de libros a un lado del sillón y se calzó las pantuflas de Garfield mientras revisaba línea por línea el texto. A penas terminó de leer cuando se percató que alguien tocaba repetidas veces el timbre, Klimt abrió y recibió efectivamente el paquete. Gerry lo dejó sobre la cama mientras revisaba ansiosamente su bandeja de entrada en busca de más mensajes. Suspiró algo confundido y repentinamente apesadumbrado, pero se corrigió pensando que debía ser cosa de la actitud de su desconocido jefe.
Se sentó en la cama y la abrió con extremo cuidado pero con la impaciencia a mil por hora, extrayendo del papel el traje. Dejó la caja a un lado y empezó a embutirse en él completamente emocionado, mirándose en el espejo por espacio de unos minutos, el buen gusto y la perfección lo hipnotizaron. Cuando se acercó para ver las instrucciones de la caja, encontró lo que consideró la verdadera prueba. Sus ojos se clavaron en los encajes e imaginó a Georgia, una estudiante que lo traía loco, en ella. Pero no, eso era exclusivamente para ser usado por él. Le sorprendió un poco tardíamente pero recordó un pedazo de las instrucciones anteriores «No cuestionarás las prendas que debes usar», y cortó sus pensamientos e impresiones.
Gerry se apresuró a buscar las dichosas instrucciones. Abrió desaforado el sobre y leyó con rapidez la nota, luego lo hizo una segunda vez y después con mucho más detenimiento, una tercera. Se quitó el traje como si temiera que alguien lo hubiese visto cometiendo un horrible crimen. Agarró el celular y empezó a responder el mensaje.
Frunció los labios y el ceño, no le gustaba ser tan impersonal en los mensajes pero temía colocar más de la cuenta, así que se guardó sus buenos deseos para el día y sus agradecimientos. No haría nada hasta el que el otro se lo solicitara de forma puntual.
Se duchó y acto seguido, siguió al pie de la letra el primer punto de las instrucciones. Se aseguró en el espejo de que todo estaba muy bien cubierto, y se sacó las tres fotografías en poses diferentes. En la primera introdujo las manos en sus bolsillos del pantalón y mantuvo el rostro sobrio; en la segunda desabotonaba su saco con una sonrisa pícara; y en el tercero se tumbaba sobre la cama con la espalda sobre la almohada y las manos sobre el respaldo mientras sonreía, mirando a la cámara con una clara invitación. Lo único que le faltaba eran las esposas en sus muñecas. Una vez hecho esto, procedió a cumplir con la última, y única instrucción complicada.
— ¿Crees que me enloquecí o que solo me convertí en un maldito codicioso? —le preguntó finalmente Gerry a su amigo tras relatarle todo su contacto con el desconocido, todo con lujo de detalles.
—Creo que tienes que apresurarte e ir a trabajar si quieres llegar antes de las nueve para enviar esas fotos. —le respondió con toda tranquilidad, en absoluto estaba espantado con el relato. Callum en su corto tiempo de vida había comprendido que era el mismo ser humano y la sociedad quien se empeñaba en satanizar todas esas prácticas que a sus ojos, solo daban algo de interés a la aburrida rutina, y por supuesto, mucho placer. Klimt lo miró dudoso, nunca se sabía cuándo Callum hablaba en serio.
—Enloqueciste y te convertiste en un maldito codicioso ¿y qué? No está mal hacer cualquier cosa para llegar a lo que se quiere lograr, siempre y cuando no pises a nadie en el camino. Vestir bragas y sacarse fotos no está mal, matar a alguien sí. —le aseguró cuando se puso en tela de juicio su opinión. —Además, yo se la hubiese chupado toda al Señor Cornwall tan solo por el auto, tú solo tomarás algunas fotografías. —agregó y Gerry soltó una carcajada, porque sabía que era capaz.
— ¿Puedes encargarte de Jamie? —preguntó el pelirrojo con una mirada esperanzadora antes de marcharse.
— Oh no es necesario. Piensa cogerse hoy a Patrice, la chica esa con la que dos tipos han estado y han muerto inexplicablemente. Te aviso a qué hora es el funeral. —contestó con desparpajo, riendo luego y guiñándole el ojo a su amigo. — Ahora lárgate, es mi hora de masturbación. Creo que para la próxima traigo bragas.
Trabajó en la cafetería lo que restaba de la tarde y entrada la noche, se despidió con el ceño fruncido. Otra vez había discutido con su otro jefe, ese al que sí podía tragárselo vivo y escupirlo si quería. En esa ocasión se adjudicaba completamente la culpa pero nunca lo aceptaría verbalmente. Además, no podía justificar su comportamiento, ¿qué podía decir? ¿Qué no había hecho bien su trabajo por la incomodidad de la prenda interior femenina? No, solo se apresuró a tomar el transporte para llegar finalmente a la residencia.
Llegó directo al pequeño refrigerador y sacó una soda para acompañar su hamburguesa. Se lanzó en su cama y abrió la computadora portátil, cargó las fotografías en el mensaje y cuando el reloj marcó las nueve en punto pulsó enviar.
Se removió en su cama cuando el encaje comenzó a picar su cuerpo otra vez. Suspiró. Eso no importaba, era una sensación a la que estaba seguro, debía acostumbrarse de ahora en adelante.
La mirada crispada y su cuerpo replegado totalmente hacia la porcelana marcaban un contraste con la risa ahogada de Callum, quien avanzó divertido hacia Klimt y abrió los ojos muy bien para detallar mejor los encajes. Gerry, lejos de estar aterrorizado por ser sorprendido precisamente por sus dos amigos, rodó los ojos a Jamie y secundó la risita del otro rubio.
—Semejante cosa que te encanta quitarle a las mujeres ¿verdad?, ya déjalo en paz, yo digo que solo un verdadero macho se atrevería a vestir eso. —Callum lo defendió en el acto, conservando su humor. Jamie lo miró ofendido y soltó un bufido, sin decir nada abrió la puerta y se marchó dando un portazo. — Ya se le pasará, ¿recuerdas cuando yo usaba los zapatos de mi madre cuando éramos niños? Ya sabes, me reñía sí, pero siempre se le pasaba. Y si no es así, a la mierda entonces, que se aguante. —le dijo en un tono relajado, encogiéndose de hombros mientras le echaba cerrojo a la puerta. —No queremos más Jamies por ahora ¿no? —agregó mientras se impulsaba en la porcelana del lavabo más próximo al pelirrojo y se sentaba en ella. Gerhard solo le escuchaba con una sonrisa, ligeramente sorprendido aunque no tenía razones para ello, puesto que de los tres Callum siempre fue el más liberal y atolondrado.
—Ya veo por qué razón caminabas un poco como pingüino, ajustaste demasiado los sujetadores ¿Qué al menos no viste videos de YouTube para eso? —se burló en cuanto notó la dificultad que tenía Gerry en los lazos que unían las bragas con las medias. Klimt se echó a reír y lo desafió a enseñarle cómo solucionar el asunto, perdiendo una apuesta de 20 dólares. —Ahora sí, ¿vas a decirme por qué traes eso a la universidad? ¿Perdiste alguna apuesta? Ya te lo he dicho, eres malísimo para ver las buenas oportunidades para las apuestas, —hizo una pausa cuando Gerry se quejó mientras subía su pantalón con cuidado de no estropear el lazo de encaje de la parte trasera de la braga, y alzó las cejas mientras lo veía inquisitivo— Oh, ya entiendo. Es un nuevo fetiche. Ingenioso chico, muy ingenioso, jamás se me hubiese ocurrido masturbarme en bragas con sujetadores.
—Ya cállate Callum, —al fin pudo soltar palabra, silenciando divertido al otro mientras se colocaba la camisa, —si quieres escucharlo está bien, confío en ti.
El mensaje entrante despertó ese día de un salto a Gerry. Dejó inmediatamente la colcha sobre la pila de libros a un lado del sillón y se calzó las pantuflas de Garfield mientras revisaba línea por línea el texto. A penas terminó de leer cuando se percató que alguien tocaba repetidas veces el timbre, Klimt abrió y recibió efectivamente el paquete. Gerry lo dejó sobre la cama mientras revisaba ansiosamente su bandeja de entrada en busca de más mensajes. Suspiró algo confundido y repentinamente apesadumbrado, pero se corrigió pensando que debía ser cosa de la actitud de su desconocido jefe.
Se sentó en la cama y la abrió con extremo cuidado pero con la impaciencia a mil por hora, extrayendo del papel el traje. Dejó la caja a un lado y empezó a embutirse en él completamente emocionado, mirándose en el espejo por espacio de unos minutos, el buen gusto y la perfección lo hipnotizaron. Cuando se acercó para ver las instrucciones de la caja, encontró lo que consideró la verdadera prueba. Sus ojos se clavaron en los encajes e imaginó a Georgia, una estudiante que lo traía loco, en ella. Pero no, eso era exclusivamente para ser usado por él. Le sorprendió un poco tardíamente pero recordó un pedazo de las instrucciones anteriores «No cuestionarás las prendas que debes usar», y cortó sus pensamientos e impresiones.
Gerry se apresuró a buscar las dichosas instrucciones. Abrió desaforado el sobre y leyó con rapidez la nota, luego lo hizo una segunda vez y después con mucho más detenimiento, una tercera. Se quitó el traje como si temiera que alguien lo hubiese visto cometiendo un horrible crimen. Agarró el celular y empezó a responder el mensaje.
«Buenos días Señor. Recibí la caja y revisé su contenido, leí las instrucciones del sobre y comprendí todo muy bien»
Frunció los labios y el ceño, no le gustaba ser tan impersonal en los mensajes pero temía colocar más de la cuenta, así que se guardó sus buenos deseos para el día y sus agradecimientos. No haría nada hasta el que el otro se lo solicitara de forma puntual.
Se duchó y acto seguido, siguió al pie de la letra el primer punto de las instrucciones. Se aseguró en el espejo de que todo estaba muy bien cubierto, y se sacó las tres fotografías en poses diferentes. En la primera introdujo las manos en sus bolsillos del pantalón y mantuvo el rostro sobrio; en la segunda desabotonaba su saco con una sonrisa pícara; y en el tercero se tumbaba sobre la cama con la espalda sobre la almohada y las manos sobre el respaldo mientras sonreía, mirando a la cámara con una clara invitación. Lo único que le faltaba eran las esposas en sus muñecas. Una vez hecho esto, procedió a cumplir con la última, y única instrucción complicada.
— ¿Crees que me enloquecí o que solo me convertí en un maldito codicioso? —le preguntó finalmente Gerry a su amigo tras relatarle todo su contacto con el desconocido, todo con lujo de detalles.
—Creo que tienes que apresurarte e ir a trabajar si quieres llegar antes de las nueve para enviar esas fotos. —le respondió con toda tranquilidad, en absoluto estaba espantado con el relato. Callum en su corto tiempo de vida había comprendido que era el mismo ser humano y la sociedad quien se empeñaba en satanizar todas esas prácticas que a sus ojos, solo daban algo de interés a la aburrida rutina, y por supuesto, mucho placer. Klimt lo miró dudoso, nunca se sabía cuándo Callum hablaba en serio.
—Enloqueciste y te convertiste en un maldito codicioso ¿y qué? No está mal hacer cualquier cosa para llegar a lo que se quiere lograr, siempre y cuando no pises a nadie en el camino. Vestir bragas y sacarse fotos no está mal, matar a alguien sí. —le aseguró cuando se puso en tela de juicio su opinión. —Además, yo se la hubiese chupado toda al Señor Cornwall tan solo por el auto, tú solo tomarás algunas fotografías. —agregó y Gerry soltó una carcajada, porque sabía que era capaz.
— ¿Puedes encargarte de Jamie? —preguntó el pelirrojo con una mirada esperanzadora antes de marcharse.
— Oh no es necesario. Piensa cogerse hoy a Patrice, la chica esa con la que dos tipos han estado y han muerto inexplicablemente. Te aviso a qué hora es el funeral. —contestó con desparpajo, riendo luego y guiñándole el ojo a su amigo. — Ahora lárgate, es mi hora de masturbación. Creo que para la próxima traigo bragas.
Trabajó en la cafetería lo que restaba de la tarde y entrada la noche, se despidió con el ceño fruncido. Otra vez había discutido con su otro jefe, ese al que sí podía tragárselo vivo y escupirlo si quería. En esa ocasión se adjudicaba completamente la culpa pero nunca lo aceptaría verbalmente. Además, no podía justificar su comportamiento, ¿qué podía decir? ¿Qué no había hecho bien su trabajo por la incomodidad de la prenda interior femenina? No, solo se apresuró a tomar el transporte para llegar finalmente a la residencia.
Llegó directo al pequeño refrigerador y sacó una soda para acompañar su hamburguesa. Se lanzó en su cama y abrió la computadora portátil, cargó las fotografías en el mensaje y cuando el reloj marcó las nueve en punto pulsó enviar.
«Buenas noches mi Señor, aquí le envío las fotografías solicitadas para ésta hora.
Estoy completamente disponible para nuevas instrucciones».
Estoy completamente disponible para nuevas instrucciones».
Se removió en su cama cuando el encaje comenzó a picar su cuerpo otra vez. Suspiró. Eso no importaba, era una sensación a la que estaba seguro, debía acostumbrarse de ahora en adelante.
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R.I.P. 2 MY YOUTH

—Por supuesto, es una cita —soltó Adam al teléfono mientras giraba en su asiento, mirando por la amplia ventana de su oficina; el cuerpo alto reclinado en el respaldo de la enorme silla de cuero que precedía un moderno escritorio de color negro—. Lo veré entonces a las tres en punto, gracias por confirmar —terminó la llamada y revisó una vez más su celular, el mensaje que Gerry le había enviado hacía un par de horas seguía todavía ahí, esperando a ser leído. El hombre abrió al fin la aplicación y repasó cada frase con sus ojos sin sorprenderse, revisando tan solo la hora a la que Gerhard había respondido. Guardó su celular una vez más y llamó a su secretaria pera que enviara los planos que había terminado la noche anterior a uno de sus tantos contadores, necesitaba un presupuesto inmediato para aquel proyecto.
—Carmen —la retuvo antes de que desapareciera por la puerta—También necesito que me hagas una transferencia, quiero que ésta aparezca en la cuenta que te voy a mandar ahora mismo por correo a más tardar al medio día—dijo, tecleando con rapidez en su portátil, dando un enter al tiempo que subía la mirada para encontrase con la de la joven afroamericana—Quinientos dolares a nombre de Gerhard E. Klimt.
Aquella era la recompensa para el joven escultor, que después de todo y a pesar de algunos desperfectos, había usado su valioso tiempo la madrugada anterior, en menesteres relacionados con su persona. Aun así, no fue sino hasta la hora de la comida que Pride se dio el tiempo de responder al muchacho.
«Espero que todo este yendo bien.»
Simple, conciso, incluso amigable.
«No respondas ahora mismo. Ya tendremos tiempo por la noche.»
Agregó un momento después, no tenía tiempo en ese momento para poner atención al pelirrojo y lo mejor era dejarlo claro. Terminó la ensalada y el filete de salmón que había pedido y se puso de pie dispuesto a volver al trabajo. Supervisó un par de construcciones que ya se encontraban en proceso y recogió el presupuesto tentativo que el contador había elaborado a lo largo del día. A las ocho, por fin pudo emprender el regreso a casa.
El aire estaba caliente cuando Adam salió de su auto y apuró el paso en dirección al edificio de departamentos en el que vivía. Tenía una casa cerca de Santa Mónica pero la mayor parte del año prefería pasarlo ahí mismo. El edifico era céntrico y le permitía acceder a sitios importantes de forma mucho más rápida. Cuando entró a su hogar, Zaha ya lo esperaba sobre uno de los sillones, del cual saltó al momento en el que Adam ingresó a la habitación, caminando hasta sus piernas para restregarse entre las mismas. Pride se inclinó y le acarició la cabeza antes de acomodar sus cosas sobre el escritorio en el que trabajaba cuando estaba en casa. El día había sido duro pero productivo y eso significaba que aquella noche, la tendría libre. Se libró de su saco y desabotonó su camisa para después sentarse sobre el sofá, tomando el celular antes de ponerse cómodo.
«Buenas noches. ¿Qué tal ha ido tu día, Gerhard?»
Saludó, una mano sobre el lomo de su mascota que comenzaba a ronronear quedamente, agradecida por la atención.
«Si no tienes mucho trabajo o tareas extras que hacer, me gustaría que adelantáramos nuestra cita al día de hoy.»
Parecía una petición, la primera que le hacía al joven sin que sonara imperativa y Adam estaba consciente de ello. No es que de repente hubiese decidido restarse autoridad, más bien quería mostrarle al joven que sus estudios también importaban y que al no avisar con mucho más tiempo sobre el cambio, era claro que no le correspondía, al menos por ahora, exigir nada. Todo eso cambiaría si el hombre pasaba el periodo de prueba, pero no hacía falta que lo supiera, al menos por ahora.
Mientras esperaba la respuesta, alcanzó el maletín que había llevado hasta el pie del sillón y lo abrió, sacando su laptop al percatarse de la hora. Cuando Adam accedió a su e-mail, no solo la hora exacta a la que se deberían haber enviado las fotografías le recibió, si no también un rostro angelical cubierto de pecas enmarcado por una cortina de brillante cabello pelirrojo. Pride alzó una mano, pasando las yemas de sus dedos por sobre la mejilla que la pantalla le ofrecía. Sintió la garganta pero se controló al instante, procediendo a bajar cada foto para guardarlas cuidadosamente en uno de sus tantos archivos digitales.
«Excelente trabajo, por un momento pensé que entre la fotografía y la escultura, la segunda era tu fuerte, pero noto que pones el mismo empeño en ambas disciplinas. Has superado mis expectativas.»
Le premió instantáneamente, había sido un buen chico, después de todo.
—Carmen —la retuvo antes de que desapareciera por la puerta—También necesito que me hagas una transferencia, quiero que ésta aparezca en la cuenta que te voy a mandar ahora mismo por correo a más tardar al medio día—dijo, tecleando con rapidez en su portátil, dando un enter al tiempo que subía la mirada para encontrase con la de la joven afroamericana—Quinientos dolares a nombre de Gerhard E. Klimt.
Aquella era la recompensa para el joven escultor, que después de todo y a pesar de algunos desperfectos, había usado su valioso tiempo la madrugada anterior, en menesteres relacionados con su persona. Aun así, no fue sino hasta la hora de la comida que Pride se dio el tiempo de responder al muchacho.
«Espero que todo este yendo bien.»
Simple, conciso, incluso amigable.
«No respondas ahora mismo. Ya tendremos tiempo por la noche.»
Agregó un momento después, no tenía tiempo en ese momento para poner atención al pelirrojo y lo mejor era dejarlo claro. Terminó la ensalada y el filete de salmón que había pedido y se puso de pie dispuesto a volver al trabajo. Supervisó un par de construcciones que ya se encontraban en proceso y recogió el presupuesto tentativo que el contador había elaborado a lo largo del día. A las ocho, por fin pudo emprender el regreso a casa.
El aire estaba caliente cuando Adam salió de su auto y apuró el paso en dirección al edificio de departamentos en el que vivía. Tenía una casa cerca de Santa Mónica pero la mayor parte del año prefería pasarlo ahí mismo. El edifico era céntrico y le permitía acceder a sitios importantes de forma mucho más rápida. Cuando entró a su hogar, Zaha ya lo esperaba sobre uno de los sillones, del cual saltó al momento en el que Adam ingresó a la habitación, caminando hasta sus piernas para restregarse entre las mismas. Pride se inclinó y le acarició la cabeza antes de acomodar sus cosas sobre el escritorio en el que trabajaba cuando estaba en casa. El día había sido duro pero productivo y eso significaba que aquella noche, la tendría libre. Se libró de su saco y desabotonó su camisa para después sentarse sobre el sofá, tomando el celular antes de ponerse cómodo.
«Buenas noches. ¿Qué tal ha ido tu día, Gerhard?»
Saludó, una mano sobre el lomo de su mascota que comenzaba a ronronear quedamente, agradecida por la atención.
«Si no tienes mucho trabajo o tareas extras que hacer, me gustaría que adelantáramos nuestra cita al día de hoy.»
Parecía una petición, la primera que le hacía al joven sin que sonara imperativa y Adam estaba consciente de ello. No es que de repente hubiese decidido restarse autoridad, más bien quería mostrarle al joven que sus estudios también importaban y que al no avisar con mucho más tiempo sobre el cambio, era claro que no le correspondía, al menos por ahora, exigir nada. Todo eso cambiaría si el hombre pasaba el periodo de prueba, pero no hacía falta que lo supiera, al menos por ahora.
Mientras esperaba la respuesta, alcanzó el maletín que había llevado hasta el pie del sillón y lo abrió, sacando su laptop al percatarse de la hora. Cuando Adam accedió a su e-mail, no solo la hora exacta a la que se deberían haber enviado las fotografías le recibió, si no también un rostro angelical cubierto de pecas enmarcado por una cortina de brillante cabello pelirrojo. Pride alzó una mano, pasando las yemas de sus dedos por sobre la mejilla que la pantalla le ofrecía. Sintió la garganta pero se controló al instante, procediendo a bajar cada foto para guardarlas cuidadosamente en uno de sus tantos archivos digitales.
«Excelente trabajo, por un momento pensé que entre la fotografía y la escultura, la segunda era tu fuerte, pero noto que pones el mismo empeño en ambas disciplinas. Has superado mis expectativas.»
Le premió instantáneamente, había sido un buen chico, después de todo.
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Los ojos de Klimt centellearon una vez más cuando volvió a releer el mensaje de texto en el que el banco le notificaba la suma de nuevo capital a su cuenta, casi se desternilló de la risa cuando recordó la cara del Profesor Esparza empapada del juego de durazno que él le escupió en toda la nariz a causa de su entusiasmo al leer el mensaje. ¿De qué otra forma se podía reaccionar con esa cantidad de dinero apareciendo en su bolsillo de un instante a otro? Y así fue como de repente, todas las dudas que aun zumbaban en la cabeza del pelirrojo mermaron con prontitud mientras su codicia despertaba a raudales.
Se alegró secretamente de haber escondido el detalle del dinero a Callum. Su buen y astuto amigo conocía sus puntos débiles como a la palma de su mano y no dudaría en usar sus artimañas para despojarlo en apuestas de un buen porcentaje –sino todo– del fruto de su nuevo trabajo.
Con sus pensamientos aun clavados en esto, siguió releyendo los mensajes. Su sonrisa se volvió a ensanchar y el rubor subió hasta sus mejillas con esas cinco palabras, atisbó el tono y le gustó, Gerry reconocía lo afortunado –hasta los momentos– que era por gozar un jefe que destilara tanta amabilidad, elegancia y un no sé qué agradable en un corto mensaje. Klimt vio el peligro prendarse de él como una sanguijuela, sí, el alarmante peligro de esperar con ansias y desesperante incertidumbre por nuevas instrucciones. Temía que todo desembocara en costumbre…
Un nuevo mensaje en su bandeja, Gerry olvidó sobre qué demonios estaba pensando. Se irguió en la cama y se quitó la camisa y también el cinturón, dejándolo a un costado de la cama. Dio un sorbo la lata de soda sobre la cama y tomó el celular para responder de inmediato.
« Buenas noches Señor. Hoy estuvo particularmente agitado en la universidad, y en el trabajo ya me resigné a los malos tratos, pero está bien es algo que puedo manejar. »
Se mordió el labio inferior, quería devolver la interrogante pero creyó que era mejor cuidar los logros que acumulaba, frente al otro. Sus ojos repasaron el segundo mensaje notando no solo las palabras sino el tono de las mismas, y algo se movió levemente en el pecho del chico. Le encantaba esas cosas que le decía, concibiéndolo dulce y comprensivo. El desconocido estaba dando importancia a los estudios de Gerry y eso le provocaba a éste último una gran simpatía, percatándose que a cada mensaje el hombre ganaba más en su afecto y lo animaba a convertirlo en el estímulo más importante de los esfuerzos en sus estudios.
« No Señor, no tengo. Adelanté mis tareas hoy en la tarde en la biblioteca de la universidad. Se hará como a usted le guste, este tiempo es solo suyo.»
Sonrió incrédulo, aquel mensaje parecía tan irreal viniendo de alguien como él. Era muy buen estudiante sí, pero ¿adelantar tareas? Eso sí era algo nuevo, la primera vez. Se estaba tomando aquel compromiso de trabajo muy en serio, y por ello cuando se percató el día anterior que A.P. podía ser propenso a cambiar de opinión en cuanto a su reuniones o peticiones, se propuso esperar ahí en su cama todos los días a esa misma hora por si a su jefe desconocido le provocaba otra una sesión inesperada como ésta. Era lógico y justo ¿no? Si A.P. estaba dispuesto a llenar la cuenta de bancaria de Klimt a cualquier hora, entonces él también estaría a cualquier hora a disponibilidad del otro.
Se ajustó su gorro de gato y una vez encendió la laptop, probó la conexión con la cámara profesional que había instalado revisando que como ayer, enfocara toda la anchura de la cama. Fue entonces cuando ajustaba el micrófono que recibió el mensaje que lo hizo sonrojarse y patalear de la emoción sobre la cama por la última frase. No quería hacerse falsas ilusiones pero las pruebas estaban muy claras, eran más los aciertos que desaciertos y estaba tan seguro de pasar al fin el periodo de prueba. Sacó un envase enorme de helado del pequeño refrigerador y empezó a comer mientras escribía.
« Le agradezco infinitamente por sus palabras, y alabo una vez más su buen gusto, es un placer para mí haberlo estimulado. Ambas son mi pasión y no he encontrado otra cosa que pueda superarlas. »
«Señor, esas últimas palabras significan mucho, me animan a esforzarme cuanto usted pida. »
« Tengo absolutamente todo el equipo preparado, siéntase libre de dar instrucciones »
Ya estaba, incluso el otro podía iniciar la llamada y verlo en cuanto quisiera. Gerry devoró una porción gigante de helado, el mismo se desbordó por la comisura de sus labios, su cuello y su pecho desnudo también se impregnó de sabor a chocolate y stracciatella. Se pasó el torso de la mano por los labios y luego lo limpió en su pantalón. Sacó el sirope de caramelo que estaba junto a la mermelada en el refrigerador y lo roció un poco antes de engullir otro poco.
Quiso extraer también un poco de almendras y nueces pero ya había tumbado su cabeza en la almohada, cerrando los ojos y atizando su imaginación para que su entrepierna entrara en acción. No quería usar a Leticia ésta vez no, y tampoco a ese par de mellizos de ensueño que en esa ocasión serían recordados en Dubai, no. Sus pensamientos se dirigían a recrear ese ser que conocía hace poco más de un día por mensaje de texto, si tan solo pudiera escuchar su voz…
Se alegró secretamente de haber escondido el detalle del dinero a Callum. Su buen y astuto amigo conocía sus puntos débiles como a la palma de su mano y no dudaría en usar sus artimañas para despojarlo en apuestas de un buen porcentaje –sino todo– del fruto de su nuevo trabajo.
Con sus pensamientos aun clavados en esto, siguió releyendo los mensajes. Su sonrisa se volvió a ensanchar y el rubor subió hasta sus mejillas con esas cinco palabras, atisbó el tono y le gustó, Gerry reconocía lo afortunado –hasta los momentos– que era por gozar un jefe que destilara tanta amabilidad, elegancia y un no sé qué agradable en un corto mensaje. Klimt vio el peligro prendarse de él como una sanguijuela, sí, el alarmante peligro de esperar con ansias y desesperante incertidumbre por nuevas instrucciones. Temía que todo desembocara en costumbre…
Un nuevo mensaje en su bandeja, Gerry olvidó sobre qué demonios estaba pensando. Se irguió en la cama y se quitó la camisa y también el cinturón, dejándolo a un costado de la cama. Dio un sorbo la lata de soda sobre la cama y tomó el celular para responder de inmediato.
« Buenas noches Señor. Hoy estuvo particularmente agitado en la universidad, y en el trabajo ya me resigné a los malos tratos, pero está bien es algo que puedo manejar. »
Se mordió el labio inferior, quería devolver la interrogante pero creyó que era mejor cuidar los logros que acumulaba, frente al otro. Sus ojos repasaron el segundo mensaje notando no solo las palabras sino el tono de las mismas, y algo se movió levemente en el pecho del chico. Le encantaba esas cosas que le decía, concibiéndolo dulce y comprensivo. El desconocido estaba dando importancia a los estudios de Gerry y eso le provocaba a éste último una gran simpatía, percatándose que a cada mensaje el hombre ganaba más en su afecto y lo animaba a convertirlo en el estímulo más importante de los esfuerzos en sus estudios.
« No Señor, no tengo. Adelanté mis tareas hoy en la tarde en la biblioteca de la universidad. Se hará como a usted le guste, este tiempo es solo suyo.»
Sonrió incrédulo, aquel mensaje parecía tan irreal viniendo de alguien como él. Era muy buen estudiante sí, pero ¿adelantar tareas? Eso sí era algo nuevo, la primera vez. Se estaba tomando aquel compromiso de trabajo muy en serio, y por ello cuando se percató el día anterior que A.P. podía ser propenso a cambiar de opinión en cuanto a su reuniones o peticiones, se propuso esperar ahí en su cama todos los días a esa misma hora por si a su jefe desconocido le provocaba otra una sesión inesperada como ésta. Era lógico y justo ¿no? Si A.P. estaba dispuesto a llenar la cuenta de bancaria de Klimt a cualquier hora, entonces él también estaría a cualquier hora a disponibilidad del otro.
Se ajustó su gorro de gato y una vez encendió la laptop, probó la conexión con la cámara profesional que había instalado revisando que como ayer, enfocara toda la anchura de la cama. Fue entonces cuando ajustaba el micrófono que recibió el mensaje que lo hizo sonrojarse y patalear de la emoción sobre la cama por la última frase. No quería hacerse falsas ilusiones pero las pruebas estaban muy claras, eran más los aciertos que desaciertos y estaba tan seguro de pasar al fin el periodo de prueba. Sacó un envase enorme de helado del pequeño refrigerador y empezó a comer mientras escribía.
« Le agradezco infinitamente por sus palabras, y alabo una vez más su buen gusto, es un placer para mí haberlo estimulado. Ambas son mi pasión y no he encontrado otra cosa que pueda superarlas. »
«Señor, esas últimas palabras significan mucho, me animan a esforzarme cuanto usted pida. »
« Tengo absolutamente todo el equipo preparado, siéntase libre de dar instrucciones »
Ya estaba, incluso el otro podía iniciar la llamada y verlo en cuanto quisiera. Gerry devoró una porción gigante de helado, el mismo se desbordó por la comisura de sus labios, su cuello y su pecho desnudo también se impregnó de sabor a chocolate y stracciatella. Se pasó el torso de la mano por los labios y luego lo limpió en su pantalón. Sacó el sirope de caramelo que estaba junto a la mermelada en el refrigerador y lo roció un poco antes de engullir otro poco.
Quiso extraer también un poco de almendras y nueces pero ya había tumbado su cabeza en la almohada, cerrando los ojos y atizando su imaginación para que su entrepierna entrara en acción. No quería usar a Leticia ésta vez no, y tampoco a ese par de mellizos de ensueño que en esa ocasión serían recordados en Dubai, no. Sus pensamientos se dirigían a recrear ese ser que conocía hace poco más de un día por mensaje de texto, si tan solo pudiera escuchar su voz…
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Zaha estiró sus patas delanteras clavando sus pequeñas garras en la pierna de Adam, exigiendo su atención. El hombre se puso en pie, apartándola por el pelaje del lomo con cuidado mientras leía un nuevo mensaje.
«¿Qué clase de malos tratos?»
Inquirió, curioso ante aquella descripción, ¿estaría Klimt ablando de un verdadero maltrato o exagerando como cualquier otra persona de su edad haría? Adam recordó entonces que su nueva adquisición era todavía bastante inmadura y que posiblemente iba a necesitar de mucho trabajo antes de convertirse en un fino diamante. Aun así no descartó su queja.
Quería preguntar si alguien se había sobrepasado con él, pero se guardó la duda, esperando a que fuera el mismo escultor quien le dijese lo que ocurría.
Soltó el celular por un momento y vertió agua dentro de uno de los platos de su gata, colocando a continuación una buena porción de alimento en el otro. Acarició su cabeza y caminó hasta el escritorio donde encendió su portátil y cargó el programa necesario. Cuando volvió a abrir sus mensajes, se dio cuenta que sus conjeturas habían sido correctas, Gerhard estaba dispuesto a adelantar la cita.
«Dispongo de una hora al menos, hagamos buen uso de ella entonces.»
Respondió, acomodándose en su asiento. Recibió al instante un nuevo mensaje, el cual le provocó una risa corta y seca. La falta de modestia en el estudiante siempre sería motivo de diversión para Pride.
«Oh, Gerhard. Tanto como agradezco tus palabras, me veo en la obligación de aclarar que tú no decides que es lo que me estimula o me complace. He dicho que hiciste un buen trabajo, pero jamás escribí que las fotos me ayudaran a llevar a cabo alguna otra actividad sexual o que involucre masturbación o pensamientos impropios. No me malentiendas por supuesto, esto es un contrato sexual, pero yo decido en que momentos me incita y en cuáles no.»
Negó con la cabeza, divertido y clavó los ojos en el monitor, encontrando el contacto que Klimt le pasara cuando estaban haciendo negociaciones, y presionó el icono para iniciar una llamada sin avisar, después de todo, Gerry ya le había informado que se encontraba listo.
A partir de ahí dejó el móvil a un lado, concentrándose en el chat. Colocó en mute su micrófono y apagó la cámara web, en su lugar, aparecería el icono por default de Skype, aquel dibujo asexuado de una persona en blanco sobre azul cielo.
«Recuerdas las reglas, ¿no? Me comunicaré por este medio, pero tú puedes hablar que ya te escucho.»
Informó mientras sus ojos se posaban al instante en el cuerpo menudo que se le presentaba y volaban raudos hasta la mancha de helado que había escurrido a lo largo del lampiño pecho.
—Hermoso —murmuró para sí mismo, tragando de forma gruesa.
«Sácate el gorro, por favor.»
Pidió, quería ver su cabello color fuego contra aquella piel de porcelana. No solicitó que guardara el helado por lo pronto y su mirada viajó hasta los engorrosos pantalones que sabía, quizá, todavía contenían el modelo de medias y bragas que le había comprado al artista.
«¿Haz cumplido con mi encargo?»
«Háblame de ello mientras me lo muestras, quiero ver lo bien que te queda.»
Había retrasado aquel momento tanto como había podido, incluso se planteó ni siquiera ser testigo de cómo se vería aquel atuendo una vez Gerhard lo luciera, no al menos hasta mucho después, hasta que se decidiera si valía la pena permitirle a Klimt entrar en su vida de forma física y no solo virtual. Pero verlo así, con el torso desnudo y aquella inocencia corrompida destilando por sus ojos…
Hasta él podía permitirse ser débil en ocasiones.
«¿Qué clase de malos tratos?»
Inquirió, curioso ante aquella descripción, ¿estaría Klimt ablando de un verdadero maltrato o exagerando como cualquier otra persona de su edad haría? Adam recordó entonces que su nueva adquisición era todavía bastante inmadura y que posiblemente iba a necesitar de mucho trabajo antes de convertirse en un fino diamante. Aun así no descartó su queja.
Quería preguntar si alguien se había sobrepasado con él, pero se guardó la duda, esperando a que fuera el mismo escultor quien le dijese lo que ocurría.
Soltó el celular por un momento y vertió agua dentro de uno de los platos de su gata, colocando a continuación una buena porción de alimento en el otro. Acarició su cabeza y caminó hasta el escritorio donde encendió su portátil y cargó el programa necesario. Cuando volvió a abrir sus mensajes, se dio cuenta que sus conjeturas habían sido correctas, Gerhard estaba dispuesto a adelantar la cita.
«Dispongo de una hora al menos, hagamos buen uso de ella entonces.»
Respondió, acomodándose en su asiento. Recibió al instante un nuevo mensaje, el cual le provocó una risa corta y seca. La falta de modestia en el estudiante siempre sería motivo de diversión para Pride.
«Oh, Gerhard. Tanto como agradezco tus palabras, me veo en la obligación de aclarar que tú no decides que es lo que me estimula o me complace. He dicho que hiciste un buen trabajo, pero jamás escribí que las fotos me ayudaran a llevar a cabo alguna otra actividad sexual o que involucre masturbación o pensamientos impropios. No me malentiendas por supuesto, esto es un contrato sexual, pero yo decido en que momentos me incita y en cuáles no.»
Negó con la cabeza, divertido y clavó los ojos en el monitor, encontrando el contacto que Klimt le pasara cuando estaban haciendo negociaciones, y presionó el icono para iniciar una llamada sin avisar, después de todo, Gerry ya le había informado que se encontraba listo.
A partir de ahí dejó el móvil a un lado, concentrándose en el chat. Colocó en mute su micrófono y apagó la cámara web, en su lugar, aparecería el icono por default de Skype, aquel dibujo asexuado de una persona en blanco sobre azul cielo.
«Recuerdas las reglas, ¿no? Me comunicaré por este medio, pero tú puedes hablar que ya te escucho.»
Informó mientras sus ojos se posaban al instante en el cuerpo menudo que se le presentaba y volaban raudos hasta la mancha de helado que había escurrido a lo largo del lampiño pecho.
—Hermoso —murmuró para sí mismo, tragando de forma gruesa.
«Sácate el gorro, por favor.»
Pidió, quería ver su cabello color fuego contra aquella piel de porcelana. No solicitó que guardara el helado por lo pronto y su mirada viajó hasta los engorrosos pantalones que sabía, quizá, todavía contenían el modelo de medias y bragas que le había comprado al artista.
«¿Haz cumplido con mi encargo?»
«Háblame de ello mientras me lo muestras, quiero ver lo bien que te queda.»
Había retrasado aquel momento tanto como había podido, incluso se planteó ni siquiera ser testigo de cómo se vería aquel atuendo una vez Gerhard lo luciera, no al menos hasta mucho después, hasta que se decidiera si valía la pena permitirle a Klimt entrar en su vida de forma física y no solo virtual. Pero verlo así, con el torso desnudo y aquella inocencia corrompida destilando por sus ojos…
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Re: —Force of Nature [+18]
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Sus ojos chispearon sobre la pantalla con vivo interés en la puntual interrogante. Gerry alzó las cejas y se quedó un tanto perplejo ¿De verdad quería saber esa clase de detalles? La duda sobre por qué le importaba algo así le asaltó mientras aún continuaba algo sorprendido, puesto que pensó en soltar ese comentario con el único objetivo de notificar o mejor dicho, insinuar al otro que él estaba dispuesto a cualquier clase de trato y que bien era capaz de tolerar.
Oh sí, si los aguantaba en un empleo donde ganaba una miseria, podría hacerlo en ese cuyo contrato era sexual y ganaría mucho, pero mucho dinero.
«Llevo cerca de un mes y medio trabajando horas extras y aun no me las paga, cobro semanal. Hace 2 semanas uso patinetas para llevar ordenes de una mesa a otra o limpiar (dice que así es más rápido), y Mr. Hell rompe mi tímpano mil veces al día con su frase favorita “No es suficiente”»
«Pero está bien, a mis compañeras les toca peor. Hago todo esto porque estoy apoyando a alguien. No puedo dejar esto»
Escribió con rapidez y sin pausa, no tenía ni qué pensar cuando se trataba de expresar lo que soportaba con el esclavizador de su jefe. Soltó un suspiro cuando envió el segundo mensaje, devoró otra cucharada de helado mientras sus ojos leían la última frase de su propio mensaje, esperando que no se tomara a mal.
Llevó el sirope hasta su boca y apretó la botella hasta que una gran cantidad de chocolate bañó su lengua, el sonido de mensaje de la portátil se activó y humedeció sus labios, si existía alguien que sabía aprovechar muy bien el tiempo donde podía destacarse, ese era Gerhard Klimt.
Sus ojos verdes se movieron ávidos sobre cada línea del largo mensaje, la palma de su mano golpeó la pantalla de la portátil en cuanto soltó la carcajada, ¿Quién había dicho algo de actividad sexual o masturbación? ¿Quién? Bien, está bien. Le quedó perfectamente claro que en ésta ocasión su benefactor si captó completamente la indirecta.
«Oh, no quise insinuar eso, fue un comentario inocente, en ese caso disculpe. Sí por supuesto, me queda bastante claro que usted es quien tiene poder sobre su cuerpo, mejor dicho, sobre nuestros cuerpos».
Era bastante obvio que Klimt no sería tan idiota como para decirle “Ey, que te lo dije para que me contestaras de esa forma, no te creas que soy tan estúpido como para creerte que hiciste todo eso con unas simples fotos” no. Así lo pensara –que en el fondo así era, llevándose una no muy grata desilusión– no estaba en esa posición. Si el hombre quería dejar claro su control, que lo hiciera y Gerry se encargaba de ponerle la cereza al pastel, ganas de halagar no le faltaban. Además, lo haría gustoso puesto que ese desconocido se había ganado en pocas horas su admiración: ¿cómo alguien podía ver sus fotos, sus poses, su cabello, su cuerpo en esa ropa y decidir cuándo tener hasta el más pequeño pensamiento impropio? Eso era récord, nada a lo que él estaba acostumbrado.
—Esto es emocionante, me gusta. ¿Cómo saber qué mierda hace con la foto? —se mordió el labio inferior y luego sus ojos verdes se abrieron más de lo normal— ¿Y si la cuelga en uno de esos sitios “calientes” de internet para ganar dinero? Bueno, supongo que mi comisión va incluida en los quinientos dólares, y sino, por lo menos habrá más gente que si se masturbará, aunque sea un poco. —suspiró resignado, dando un respingo cuando el sonido del nuevo mensaje proveniente de la portátil atrajo su atención.
—Sí Señor, es mi trabajo recordarlas. — su voz suave fluyó con facilidad, echó un vistazo a la luz roja de la cámara y luego sus ojos se movieron ansiosos sobre el avatar de la cuenta de Skype, pero como era de esperarse ninguna foto. Bueno, tal vez era mejor así, porque de tratarse de un tipo guapo él sí se hubiese masturbado ahí mismo sin estar seguro parar por alguna orden.
Atendió a la siguiente indicación. Levantó el mentón, llevó su mano a la cara de gato en su gorro y la arrastró hacia atrás, revelando lentamente su cabellera. Sacudió un poco su cabeza y los cabellos bailaron descontrolados alrededor de su cuello, Klimt lo barrió hacia atrás en un movimiento coqueto.
—Sí, mi Señor. — asintió con firmeza con exceso de orgullo. Sí, ahora ya sabía qué tipo de apuestas hacer con sus compañeros de clases. Automáticamente, humedeció sus labios otra vez, con los ojos fijos en el lente de la cámara.
No pudo evitar esbozar una sonrisa cuando vio la última solicitud, ni él mismo se había visto, o bueno sí lo había hecho en la mañana pero apenas unos segundos insuficientes para no detallar nada. Se arrodilló sobre la cama y empezó a desabrocharse el cinturón, ralentizando el proceso con sus movimientos seductores. ¿En serio estaba desnudándose frente a un desconocido a través de la cámara web?
— Al principio fue un poco desastroso calzar las medias y más allá los suspensores, pero afortunadamente existe internet. Juzgue usted mismo cómo se ve el encaje sobre la entrepierna, no sé si ajusté bien los suspensores ¿Quedó muy abultado? —la inocencia que destiló su voz combinó perfectamente con sus facciones, pero aquello solo duró unos segundos, ya que una sonrisa pícara la reemplazó mientras se bajaba el pantalón hasta las rodillas.
—Quedé algo confundido debo admitir ¿Fotografiarme con el traje puesto? Pero después de unos minutos cuando llegó el momento de salir, ese detalle quedó en el olvido. —confesó bastante divertido, Klimt estaba muy relajado, parecía que charlaba con Callum. La cama crujió ligeramente mientras se movía, mostrando el lateral derecho de su figura a todo el frente de la cámara.
Ladeó el torso un poco para no perder contacto visual con la cámara. Sus dedos se deslizaron por el fino encaje, el negro tejido sobre su piel de porcelana, sonrosada debido a no estar habituado a usar ese tipo de tela.
—Fue incómodo en un principio, no soporté el autobús pero en clases de Materiales Especiales pasé al pizarrón y esta zona—alzó los glúteos, su espalda arqueada y sus plegados contra su pecho— fue una pesadilla, —hizo una pausa y cerró los ojos, estremeciéndose con una sonrisa en los labios— en el almuerzo solo podía pensar en cómo iba a masturbarme con esto, gracias al cielo existe la web para estimular la imaginación.
Volvió a pasar una mano por su cabello mientras se giraba por completo, sus glúteos de cara a la cámara. Su cabello cayó sobre su espalda y Gerry se inclinó sobre el respaldo de la cama, sus brazos flexionados asieron con fuerza sus manos a la araña metálica. La espalda perlada de sudor se ofrecía en su postura al igual que aquellos glúteos levemente cubiertos del encaje negro, el lazo algo magullado resaltaba aún, agradando aquella zona.
—Como era natural, unas bragas no me detendrían, entonces fui al baño a masturbarme y allí aparecieron más atrás mis queridos amigos, quienes ya me habían visto caminando un poco extraño. —soltó una risita al recordar la escena— Unos minutos antes y me hubiesen encontrado en plena acción, oh lo siento, no solo las bragas están un poco sucias, también las medias se mancharon un poco. Me vine y no pude detenerlo, la tela velada se adhirió a mi piel, y fue un desastre—soltó otra risa, más fuerte.
Suspiró como si de verdad lo lamentara y cometió el error de unir su frente a la araña de metal puesto que su espalda se arqueó más y las bragas se bajaron un poco más. Por encima del lazo se notó la pulcra y caligrafía de un tatuaje con el nombre de “Leticia”. Las letras de buen tamaño rivalizaban con las de otro tatuaje que tenía en la parte baja de su vientre apenas unos centímetros por encima de su miembro.
—La cosa fue que me sorprendieron tratando de acomodar los suspensores. —prosiguió, sin entrar en detalles aún sobre lo ocurrido en el baño. —Un reto que ojalá crea usted que haya valido la pena.
El sudor nacía en su nuca y continuaba descendiendo por su espalda hasta perderse entre el encaje y su piel. Se deshizo finalmente de los pantalones, mostrando por completo las medias pegadas a sus piernas, dándoles color. Se mantuvo en esa posición, esperando nuevas indicaciones.
Oh sí, si los aguantaba en un empleo donde ganaba una miseria, podría hacerlo en ese cuyo contrato era sexual y ganaría mucho, pero mucho dinero.
«Llevo cerca de un mes y medio trabajando horas extras y aun no me las paga, cobro semanal. Hace 2 semanas uso patinetas para llevar ordenes de una mesa a otra o limpiar (dice que así es más rápido), y Mr. Hell rompe mi tímpano mil veces al día con su frase favorita “No es suficiente”»
«Pero está bien, a mis compañeras les toca peor. Hago todo esto porque estoy apoyando a alguien. No puedo dejar esto»
Escribió con rapidez y sin pausa, no tenía ni qué pensar cuando se trataba de expresar lo que soportaba con el esclavizador de su jefe. Soltó un suspiro cuando envió el segundo mensaje, devoró otra cucharada de helado mientras sus ojos leían la última frase de su propio mensaje, esperando que no se tomara a mal.
Llevó el sirope hasta su boca y apretó la botella hasta que una gran cantidad de chocolate bañó su lengua, el sonido de mensaje de la portátil se activó y humedeció sus labios, si existía alguien que sabía aprovechar muy bien el tiempo donde podía destacarse, ese era Gerhard Klimt.
Sus ojos verdes se movieron ávidos sobre cada línea del largo mensaje, la palma de su mano golpeó la pantalla de la portátil en cuanto soltó la carcajada, ¿Quién había dicho algo de actividad sexual o masturbación? ¿Quién? Bien, está bien. Le quedó perfectamente claro que en ésta ocasión su benefactor si captó completamente la indirecta.
«Oh, no quise insinuar eso, fue un comentario inocente, en ese caso disculpe. Sí por supuesto, me queda bastante claro que usted es quien tiene poder sobre su cuerpo, mejor dicho, sobre nuestros cuerpos».
Era bastante obvio que Klimt no sería tan idiota como para decirle “Ey, que te lo dije para que me contestaras de esa forma, no te creas que soy tan estúpido como para creerte que hiciste todo eso con unas simples fotos” no. Así lo pensara –que en el fondo así era, llevándose una no muy grata desilusión– no estaba en esa posición. Si el hombre quería dejar claro su control, que lo hiciera y Gerry se encargaba de ponerle la cereza al pastel, ganas de halagar no le faltaban. Además, lo haría gustoso puesto que ese desconocido se había ganado en pocas horas su admiración: ¿cómo alguien podía ver sus fotos, sus poses, su cabello, su cuerpo en esa ropa y decidir cuándo tener hasta el más pequeño pensamiento impropio? Eso era récord, nada a lo que él estaba acostumbrado.
—Esto es emocionante, me gusta. ¿Cómo saber qué mierda hace con la foto? —se mordió el labio inferior y luego sus ojos verdes se abrieron más de lo normal— ¿Y si la cuelga en uno de esos sitios “calientes” de internet para ganar dinero? Bueno, supongo que mi comisión va incluida en los quinientos dólares, y sino, por lo menos habrá más gente que si se masturbará, aunque sea un poco. —suspiró resignado, dando un respingo cuando el sonido del nuevo mensaje proveniente de la portátil atrajo su atención.
—Sí Señor, es mi trabajo recordarlas. — su voz suave fluyó con facilidad, echó un vistazo a la luz roja de la cámara y luego sus ojos se movieron ansiosos sobre el avatar de la cuenta de Skype, pero como era de esperarse ninguna foto. Bueno, tal vez era mejor así, porque de tratarse de un tipo guapo él sí se hubiese masturbado ahí mismo sin estar seguro parar por alguna orden.
Atendió a la siguiente indicación. Levantó el mentón, llevó su mano a la cara de gato en su gorro y la arrastró hacia atrás, revelando lentamente su cabellera. Sacudió un poco su cabeza y los cabellos bailaron descontrolados alrededor de su cuello, Klimt lo barrió hacia atrás en un movimiento coqueto.
—Sí, mi Señor. — asintió con firmeza con exceso de orgullo. Sí, ahora ya sabía qué tipo de apuestas hacer con sus compañeros de clases. Automáticamente, humedeció sus labios otra vez, con los ojos fijos en el lente de la cámara.
No pudo evitar esbozar una sonrisa cuando vio la última solicitud, ni él mismo se había visto, o bueno sí lo había hecho en la mañana pero apenas unos segundos insuficientes para no detallar nada. Se arrodilló sobre la cama y empezó a desabrocharse el cinturón, ralentizando el proceso con sus movimientos seductores. ¿En serio estaba desnudándose frente a un desconocido a través de la cámara web?
— Al principio fue un poco desastroso calzar las medias y más allá los suspensores, pero afortunadamente existe internet. Juzgue usted mismo cómo se ve el encaje sobre la entrepierna, no sé si ajusté bien los suspensores ¿Quedó muy abultado? —la inocencia que destiló su voz combinó perfectamente con sus facciones, pero aquello solo duró unos segundos, ya que una sonrisa pícara la reemplazó mientras se bajaba el pantalón hasta las rodillas.
—Quedé algo confundido debo admitir ¿Fotografiarme con el traje puesto? Pero después de unos minutos cuando llegó el momento de salir, ese detalle quedó en el olvido. —confesó bastante divertido, Klimt estaba muy relajado, parecía que charlaba con Callum. La cama crujió ligeramente mientras se movía, mostrando el lateral derecho de su figura a todo el frente de la cámara.
Ladeó el torso un poco para no perder contacto visual con la cámara. Sus dedos se deslizaron por el fino encaje, el negro tejido sobre su piel de porcelana, sonrosada debido a no estar habituado a usar ese tipo de tela.
—Fue incómodo en un principio, no soporté el autobús pero en clases de Materiales Especiales pasé al pizarrón y esta zona—alzó los glúteos, su espalda arqueada y sus plegados contra su pecho— fue una pesadilla, —hizo una pausa y cerró los ojos, estremeciéndose con una sonrisa en los labios— en el almuerzo solo podía pensar en cómo iba a masturbarme con esto, gracias al cielo existe la web para estimular la imaginación.
Volvió a pasar una mano por su cabello mientras se giraba por completo, sus glúteos de cara a la cámara. Su cabello cayó sobre su espalda y Gerry se inclinó sobre el respaldo de la cama, sus brazos flexionados asieron con fuerza sus manos a la araña metálica. La espalda perlada de sudor se ofrecía en su postura al igual que aquellos glúteos levemente cubiertos del encaje negro, el lazo algo magullado resaltaba aún, agradando aquella zona.
—Como era natural, unas bragas no me detendrían, entonces fui al baño a masturbarme y allí aparecieron más atrás mis queridos amigos, quienes ya me habían visto caminando un poco extraño. —soltó una risita al recordar la escena— Unos minutos antes y me hubiesen encontrado en plena acción, oh lo siento, no solo las bragas están un poco sucias, también las medias se mancharon un poco. Me vine y no pude detenerlo, la tela velada se adhirió a mi piel, y fue un desastre—soltó otra risa, más fuerte.
Suspiró como si de verdad lo lamentara y cometió el error de unir su frente a la araña de metal puesto que su espalda se arqueó más y las bragas se bajaron un poco más. Por encima del lazo se notó la pulcra y caligrafía de un tatuaje con el nombre de “Leticia”. Las letras de buen tamaño rivalizaban con las de otro tatuaje que tenía en la parte baja de su vientre apenas unos centímetros por encima de su miembro.
—La cosa fue que me sorprendieron tratando de acomodar los suspensores. —prosiguió, sin entrar en detalles aún sobre lo ocurrido en el baño. —Un reto que ojalá crea usted que haya valido la pena.
El sudor nacía en su nuca y continuaba descendiendo por su espalda hasta perderse entre el encaje y su piel. Se deshizo finalmente de los pantalones, mostrando por completo las medias pegadas a sus piernas, dándoles color. Se mantuvo en esa posición, esperando nuevas indicaciones.
❄ thanks winter!
NO TENEMOS OPCIÓN ENTRE EL ROSTRO Y LA MÁSCARA, SINO ENTRE MÁSCARAS BUENAS Y MÁSCARAS MALAS
Re: —Force of Nature [+18]
R.I.P. 2 MY YOUTH

Oh, así que era eso, problemas comunes que cualquier persona tenía en un trabajo con un salario mínimo. Adam sonrió, sintiéndose un poco ridículo al imaginar cosas exageradas y que por supuesto eran tan solo producto de examinar constantemente noticias fatalistas entre las columnas de finanzas y arte que leía en los periódicos que compraba en línea y que llegaban puntuales hasta su ipad todas las mañanas.
«Ya veo. No hay mucho que puedas hacer al respecto, sobre todo en un trabajo como ese pero si de consuelo te sirve, piensa en que cuando termines de estudiar, tendrás trabajos mucho más interesantes.»
Ofreció, respondiendo un instante después de que el mensaje de Gerhard había llegado hasta su celular. Sin embargo, no contestó al siguiente, sonriendo de medio lado ante las impertinentes palabras. No iba a reprenderlo más, al menos no por ahora.
Adam recorrió por tercera, cuarta y quinta vez el cuerpo que se le ofrecía en la pantalla del portátil que mantenía sobre su escritorio. Zaha olvidada a un lado, se retiró enfadada, saltando por la ventana hasta hacerse un ovillo en la orilla de la terraza.
Las palabras de sumisión que brotaban de los labios del pelirrojo eran música para sus oídos y por un segundo, casi se olvida de todo lo que existía a su alrededor.
«Es perfecto.»
Respondió a la pregunta sobre el abultamiento, sin siquiera preocuparse porque aquello fuese en realidad una triquiñuela y no inocencia verdadera, aunque por un momento muy escaso, el gesto había parecido sincero y eso fue suficiente para Adam.
«Aprenderás a llevarlo y no será más una pesadilla, te lo aseguro.»
Dijo, sonriendo con ligereza, los ojos clavados entre los glúteos del joven. El estremecimiento en su piel había sido muy sutil, pero Pride había logrado captarlo a pesar de todo.
«Gerhard, tienes problemas con el control, ¿no es cierto?.»
Preguntó entonces, los ojos clavados en los músculos fibrosos de la espalda estrecha y sudorosa del escultor.
«Manchar un regalo que se te ha dado es bastante maleducado de tu parte.»
Agregó, la sonrisa que portaba se transformó en una divertida pero sus palabras sonaban duras por supuesto, sin un tono que pudiese acompañarlas para aclarar las verdaderas intenciones de quien las escribía.
«Pero permitir que alguien más te vea con el regalo que te he hecho es todavía peor.»
Escribió a continuación mientras sus labios pronunciaban en silencio el nombre del tatuaje que el pelirrojo portaba en su espalda baja.
«Sin embargo, eres afortunado. Me gustan los retos y enseñarte, no, entrenarte, va a ser fruto de muchos placeres por venir. Gerhard, olvida el mes que te he pedido, estoy terminando tu periodo probatorio en este instante. Te enviaré un email a continuación, léelo y si estás de acuerdo con él, entonces nos queda una larga noche por delante.»
Un par de minutos después, una notificación de nuevo correo llegó hasta la portátil de Gerry. Adam ya había preparado el texto con anticipación en caso de que algo así ocurriera y por supuesto, tenía también su contraparte, una corta carta que explicaba que no deseaba más los servicios del universitario y que afortunadamente no había tenido que utilizar.
«Gerhard,
Me complace informarte que has despertado mi curiosidad a un nivel tal, que deseo convertir nuestro arreglo en algo mucho más permanente.
Si aceptas mi oferta, pagaré desde mañana todos tus gastos, desde la renta de tu apartamento, hasta el costo de los servicios que utilices de aquí en adelante. Debido a que estaré utilizando mucho de tu tiempo, necesito que renuncies a tu trabajo, pero insisto en que continues con tus estudios hasta que te gradúes, por supuesto, yo pagaré tu universidad desde ahora y no tendrás que preocuparte más por ninguna de las colegiaturas mensuales.
Por ahora, deseo que sigamos sin mantener contacto en persona, tampoco quiero que me llames por teléfono, aunque los textos están permitidos. No te enviaré tampoco imágenes de mi persona y continuaré siendo anónimo para ti en todo sentido.
Si tienes algún límite o restricción, deseo que me lo digas ahora. Las actividades que estipulé para el mes por venir, deberán continuar realizándose hasta que el ya mencionado mes termine, sin embargo, agregaré algunas más en el camino.
Mientras estés bajo mi tutela, no tienes permitido tener ninguna relación romántica o sexual, tampoco podrás masturbarse si yo no te he dado permiso expreso con anterioridad. Además, te pido que por favor me notifiques cada vez que te levantes por la mañana y cada noche antes de que duermas. Me mantendrás informado de tus clases aunque a veces no pueda responder a cada uno de tus mensajes. También me hablarás sobre tu día cada noche y sobre cómo va tu vida personal.
Seré flexible las primeras semanas si es que aceptas nuestro nuevo trato, considerando que todo esto significará un cambio brusco en tu vida, sin embargo, al pasar este periodo de reajuste, no habrá más colchones y mi disciplina será férrea.
Por favor, déjame saber si estás interesado en los siguientes 20 minutos. Continuaré conectado a Skype aunque si lo prefieres y en lo que decides que es lo que deseas, puedes apagar la cámara para mantener un poco de privacidad.
Saludos,
A.P.»
Cuando Adam contactó a Gerhard, jamás imaginó que su periodo probatorio duraría apenas dos días. Se sentía incluso un poco avergonzado ante la gran curiosidad y ansias por destrozar aquella confianza casi indestructible en el pelirrojo. Aun así, no se echaría atrás, estaba seguro que aquella era la decisión correcta y casi podía apostar que Klimt no se le negaría.
«Ya veo. No hay mucho que puedas hacer al respecto, sobre todo en un trabajo como ese pero si de consuelo te sirve, piensa en que cuando termines de estudiar, tendrás trabajos mucho más interesantes.»
Ofreció, respondiendo un instante después de que el mensaje de Gerhard había llegado hasta su celular. Sin embargo, no contestó al siguiente, sonriendo de medio lado ante las impertinentes palabras. No iba a reprenderlo más, al menos no por ahora.
Adam recorrió por tercera, cuarta y quinta vez el cuerpo que se le ofrecía en la pantalla del portátil que mantenía sobre su escritorio. Zaha olvidada a un lado, se retiró enfadada, saltando por la ventana hasta hacerse un ovillo en la orilla de la terraza.
Las palabras de sumisión que brotaban de los labios del pelirrojo eran música para sus oídos y por un segundo, casi se olvida de todo lo que existía a su alrededor.
«Es perfecto.»
Respondió a la pregunta sobre el abultamiento, sin siquiera preocuparse porque aquello fuese en realidad una triquiñuela y no inocencia verdadera, aunque por un momento muy escaso, el gesto había parecido sincero y eso fue suficiente para Adam.
«Aprenderás a llevarlo y no será más una pesadilla, te lo aseguro.»
Dijo, sonriendo con ligereza, los ojos clavados entre los glúteos del joven. El estremecimiento en su piel había sido muy sutil, pero Pride había logrado captarlo a pesar de todo.
«Gerhard, tienes problemas con el control, ¿no es cierto?.»
Preguntó entonces, los ojos clavados en los músculos fibrosos de la espalda estrecha y sudorosa del escultor.
«Manchar un regalo que se te ha dado es bastante maleducado de tu parte.»
Agregó, la sonrisa que portaba se transformó en una divertida pero sus palabras sonaban duras por supuesto, sin un tono que pudiese acompañarlas para aclarar las verdaderas intenciones de quien las escribía.
«Pero permitir que alguien más te vea con el regalo que te he hecho es todavía peor.»
Escribió a continuación mientras sus labios pronunciaban en silencio el nombre del tatuaje que el pelirrojo portaba en su espalda baja.
«Sin embargo, eres afortunado. Me gustan los retos y enseñarte, no, entrenarte, va a ser fruto de muchos placeres por venir. Gerhard, olvida el mes que te he pedido, estoy terminando tu periodo probatorio en este instante. Te enviaré un email a continuación, léelo y si estás de acuerdo con él, entonces nos queda una larga noche por delante.»
Un par de minutos después, una notificación de nuevo correo llegó hasta la portátil de Gerry. Adam ya había preparado el texto con anticipación en caso de que algo así ocurriera y por supuesto, tenía también su contraparte, una corta carta que explicaba que no deseaba más los servicios del universitario y que afortunadamente no había tenido que utilizar.
«Gerhard,
Me complace informarte que has despertado mi curiosidad a un nivel tal, que deseo convertir nuestro arreglo en algo mucho más permanente.
Si aceptas mi oferta, pagaré desde mañana todos tus gastos, desde la renta de tu apartamento, hasta el costo de los servicios que utilices de aquí en adelante. Debido a que estaré utilizando mucho de tu tiempo, necesito que renuncies a tu trabajo, pero insisto en que continues con tus estudios hasta que te gradúes, por supuesto, yo pagaré tu universidad desde ahora y no tendrás que preocuparte más por ninguna de las colegiaturas mensuales.
Por ahora, deseo que sigamos sin mantener contacto en persona, tampoco quiero que me llames por teléfono, aunque los textos están permitidos. No te enviaré tampoco imágenes de mi persona y continuaré siendo anónimo para ti en todo sentido.
Si tienes algún límite o restricción, deseo que me lo digas ahora. Las actividades que estipulé para el mes por venir, deberán continuar realizándose hasta que el ya mencionado mes termine, sin embargo, agregaré algunas más en el camino.
Mientras estés bajo mi tutela, no tienes permitido tener ninguna relación romántica o sexual, tampoco podrás masturbarse si yo no te he dado permiso expreso con anterioridad. Además, te pido que por favor me notifiques cada vez que te levantes por la mañana y cada noche antes de que duermas. Me mantendrás informado de tus clases aunque a veces no pueda responder a cada uno de tus mensajes. También me hablarás sobre tu día cada noche y sobre cómo va tu vida personal.
Seré flexible las primeras semanas si es que aceptas nuestro nuevo trato, considerando que todo esto significará un cambio brusco en tu vida, sin embargo, al pasar este periodo de reajuste, no habrá más colchones y mi disciplina será férrea.
Por favor, déjame saber si estás interesado en los siguientes 20 minutos. Continuaré conectado a Skype aunque si lo prefieres y en lo que decides que es lo que deseas, puedes apagar la cámara para mantener un poco de privacidad.
Saludos,
A.P.»
Cuando Adam contactó a Gerhard, jamás imaginó que su periodo probatorio duraría apenas dos días. Se sentía incluso un poco avergonzado ante la gran curiosidad y ansias por destrozar aquella confianza casi indestructible en el pelirrojo. Aun así, no se echaría atrás, estaba seguro que aquella era la decisión correcta y casi podía apostar que Klimt no se le negaría.
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THERE IS A KIND OF PRESSURE IN HUMANS TO TAKE WHATEVER IS MOST BELOVED BY THEM AND SMASH IT.
Re: —Force of Nature [+18]
R.I.P. 2 MY YOUTH

Suspiró como lo hacen los enamorados cuando leyó el mensaje, y en ese mismo instante se avergonzó del tenue ardor en su pecho. Eran bonitas las palabras de aliento que recibía pero no debía olvidar que provenían de un completo extraño. A pesar de ello, Gerry sonrió con ilusión, le gustaba tener a alguien que hiciera lo que sus progenitores, en especial su padre, nunca había hecho. No supo encontrar palabras para agradecer el ánimo que recibía, fuese sincero o no, y solo envió un emoticón sonriendo. Supuso también, -a falta de reprimendas- que sus palabras había sido recibidas con agrado, lo cual lo llevó al colmo del buen humor.
Sonrió y humedeció sus labios, esas dos palabras de aprobación eran suficientes para dar por exitoso su uso de esas prendas femeninas. Los ojos del pelirrojo se abrieron mucho más y parpadeó algo desconcertado ¿Tendría que acostumbrarse a usar algo como eso? Callum una vez le había contado que hizo usar a su hermano menor las bragas de su madre por aproximadamente un mes entero como pago de una apuesta –sí, el maldito de Callum siempre ganaba las apuestas– y el chico lo había vuelto un hábito. Desde hacía dos años Roy había mutado a Harper, la hermana menos de Callum ¿Y llegaba el momento en que empezara a gustarle usar prendas femeninas hasta el punto de…? No, no. Le gustaban los hombres, pero eso no significaba lo otro. ¿Por qué mierda estaba pensando en cosas absurdas?
—Si usted lo asegura, no me atrevo a dudarlo. —dijo, y a pesar de no estar muy seguro, confiaba y estaba dispuesto a que eso funcionara.
—Nunca he aprendido a controlar mi cuerpo, y nadie más ha podido. —confirmó sin dar ninguna importancia, con cierta presunción en la última frase. Y no estaba mintiendo ni diciéndolo con alguna doble intención, porque precisamente sus palabras eran sinceras que las soltaba sin dudar y con un tono muy marcado de pedantería. —Aunque no lo parezca, tengo cierta resistencia frente al control y la autoridad. —confesó lo mucho que le costaba cada palabra de sumisión dirigidas a un extraño, lo que explicaba su desesperación por su situación económica.
Sus labios tocaban la araña metálica, su imaginación sufría en ese momento ¿Qué ojos le estaban devorando la espalda? ¿Qué labios lamían las gotas de sudor que humedecían la carne lozana? ¿Qué manos se introducían entre su piel y el encaje de la prenda, retirándolo mientras lo acariciaba? No tenía nada, ni siquiera una voz que demostrara el más mínimo cuidado de expresar algún tipo de placer. La incertidumbre mataba, y la imaginación le ayudaba en su tortuosa tarea. Lo peor era que esa dinámica le estaba gustando a Gerhard, demasiado.
—Disculpe, no pensé que eso le molestara. Es algo que…algo que…como le dije, no puedo controlar. —se apresuró a decir con cierto temor en la voz cuando se giró a penas para ver rápidamente lo que el otro escribía. Luego, Klimt pegó la frente de la araña metálica en cuanto oyó lo siguiente, ¿por qué no podía mantener la boca cerrada? A.P. no tenía forma de saber que Callum y Jamie lo habían visto, no es como si tuviera a alguien siguiéndolo… no, ¿verdad qué no? Gerhard calló rápidamente, algo le dijo que justificarse no le gustaba al extraño.
Seguía en la misma posición, no había movido ni un solo musculo, consumido por la maldita incertidumbre e impaciencia. Estaba preocupado sí, pero solo por perder loa gallina de los huevos de oro más fácil de toda su vida. Afortunadamente, el temor en su corazón de aplacó desmesuradamente cuando las siguientes palabras parecieron cantar a sus oídos, en su mente fabricó una voz que las pronunciaba. Respiró aliviado y sonrió. Se giró poco a poco hacia la cámara, sentándose con las piernas estiradas y completamente abiertas. Sus dedos se aferraban con fuerza al par de almohadas en las cuales se reclinaba su espalda mientras que asentía obedientemente. ¿Entrenarte? ¿Olvidar el periodo de prueba? ¿Larga noche? Sus labios se entreabrieron y sus pupilas se dilataron. Pasó una mano por su cabello y lo peinó hacia atrás, acercó su portátil para ver el mensaje.
Mordió su labio inferior, las comisuras de sus labios se curvaron un poco cuando sus ojos leyeron la primera línea. Sus ojos se abrieron sorprendidos de que el desconocido benefactor estuviera dispuesto a hacerse cargo desde mañana de todo cuanto atañía a Klimt, sus ojos brillaron ávidos. Llevó sus dedos a sus labios, estrujándolos después de leer Debido a que estaré utilizando mucho de tu tiempo, necesito que renuncies a tu trabajo, un viejo hábito que se refería a que todo era de su agrado. ¿Esto era real? ¿De verdad no tenía que preocuparse por nada más? ¡Por Dios, si es que existía! Aquello era el cielo, la lotería. De repente se sintió como el chico más afortunado de la tierra.
Asintió ante el deseo de seguir las comunicaciones en ese nivel, por supuesto que moría de la curiosidad por conocer la identidad de la persona que lo contrataba, pero por ahora le bastaba con lo otro. Además, no era como si de verdad fuese a tener algún tipo de relación real con ese desconocido, para eso tendría sus otras relacio… Alzó las cejas y tragó grueso, rió nerviosamente ante lo leía en ese instante. ¿Qué no podía tener otra relación sexual o masturbarse sin permiso? Su cabeza se detuvo y no se permitió asentir una vez más. Parpadeó y se acercó a la pantalla para ver si sus ojos no lo engañaban, tragó grueso al confirmar que no era así. Miró el resto del mensaje perplejo, y cuando llegó a las últimas líneas en efecto apagó la cámara. Era una suerte que se le hubiese ofrecido aquello, no quería que sus reacciones quedaran al aire. Vio la hora del mensaje, 18 minutos restantes, vaya tiempo para tomar una decisión con semejante condición.
«Sigue pensando que todo es color rosas Gerry. Tú mejor que nadie deberías saber que todo tiene su precio.» pensó. Se tumbó sobre su espalda y miró al techo, su mejor panorama para reflexionar. Chasqueó la lengua y negó con la cabeza, incorporándose. Abrió un documento en Word y creó una tabla simple con las variables de “Ventajas y Desventajas”, llenó el recuadro de ventajas rápidamente puesto que se había grabado todo muy bien, pero tuvo que ver otra vez el mensaje de A.P. para escribir tal cual sus condiciones, para él, desventajas claras. A simple vista la balanza parecía desproporcionada al lado que clamaba como ganador, pero es que para Gerhard todo tenía el mismo peso. 12 minutos. Ahora estaba seguro que el desconocido jefe podría enviar a alguien detrás de él, porque de otro modo ¿Cómo se enteraría que el pelirrojo era fiel o no a su convenio? Gerry era un muchacho de palabra, pero esto era demasiado.
9 minutos. «Seré flexible las primeras semanas» « al pasar este periodo de reajuste, no habrá más colchones y mi disciplina será férrea.» Gerhard seguía con la mirada más allá del portátil, perdida en sus pensamientos. ¿Cómo pretendía el otro que durara tanto tiempo sin tener sexo con alguien? Lo más lógico entonces, sería que lo tuviera con él pero su comunicación permanecería como hasta ahora ¿Entonces permanecería en un celibato? Cuando mucho podría por un par de semanas, y con el mayor esfuerzo…5 minutos. Gerry pensó en sus estudios, dejar su trabajo, sus demás gastos y lo que querría comprar con el dinero que podría conseguir por este trabajo. Negó con la cabeza y empezó a escribir un correo electrónico.
« Señor A.P.
Deseo reiterar mi agradecimiento por la oportunidad, así que…
Se detuvo, minimizó la ventana donde lo tecleaba y encendió la cámara, era mejor hablar. Su rostro permanecía serio, mordió su labio otra vez antes de pronunciar palabra.
—Si prefería un mensaje, creí que era mejor por este medio. —empezó con una rápida sonrisa. —Confieso que todo estaba decidido y muy claro al principio pero, sus estipulaciones me hicieron dudar un poco. Me dije “¿En qué afectaría eso al desempeño de mi trabajo?” Pero comprendí que usted es el jefe aquí y tiene todo el derecho de hacer lo que le plazca. Agradezco eso de que sea flexible mientras me adapto, porque no será para nada fácil. Sin embargo, mantengo mi interés en continuar esto. Si usted cumple con todo lo que ofreció, yo lo haré también con usted. —su voz salió lenta, como si quisiera continuar convenciéndose a sí mismo de aquella decisión. Por supuesto que estaba lo suficientemente seguro, ya que sino simplemente se habría negado. Pero tampoco podía andar con sonrisas un hombre que solo se preocupaba en cómo demonios iba a controlarse.
—Dijo algo sobre limites o restricciones...¿Hasta cuando se extenderá ese requerimiento?—suspiró— No me tome a mal por favor, —previno por su tono de voz o su expresión—estoy animado con nuestro contrato pero realmente quiero cumplir con usted, y solo estoy pensando como haré eso con sus requisitos. —sacudió su cabeza de un lado a otro. — En fin, supongo que es algo que debo resolver. —agregó, esbozando una sonrisa tan jovial y divertida.
Esforzándose por adoptar su habitual desparpajo desvió la mirada hacia el helado, y se llevó una gran cucharada a los labios. Lamió la cucharilla con entusiasmo, se detuvo y volvió su vista a la cámara.
—Oh, ¿Puedo hacerlo? —preguntó, levantando un poco el helado. Supuso que debía acatar hasta lo más mínimo cuando estuviera frente a la cámara, pero por otro lado, debía cumplir con ciertas cosas aun cuando no estuvieran en sesión. —Bien, creo que sí será una larga noche. —asintió, a la espera de lo que el otro deseaba para él. El celular de Gerry timbró y lo miró de reojo.
—Callum. —musitó. Sabía a qué se debía esa llamada, Callum no aceptaba un no por respuesta y quería ir de juerga esa noche. —Estoy en aquí abajo. —leyó el mensaje con rapidez, pero no se movió de la cama. Esperó instrucciones.
Sonrió y humedeció sus labios, esas dos palabras de aprobación eran suficientes para dar por exitoso su uso de esas prendas femeninas. Los ojos del pelirrojo se abrieron mucho más y parpadeó algo desconcertado ¿Tendría que acostumbrarse a usar algo como eso? Callum una vez le había contado que hizo usar a su hermano menor las bragas de su madre por aproximadamente un mes entero como pago de una apuesta –sí, el maldito de Callum siempre ganaba las apuestas– y el chico lo había vuelto un hábito. Desde hacía dos años Roy había mutado a Harper, la hermana menos de Callum ¿Y llegaba el momento en que empezara a gustarle usar prendas femeninas hasta el punto de…? No, no. Le gustaban los hombres, pero eso no significaba lo otro. ¿Por qué mierda estaba pensando en cosas absurdas?
—Si usted lo asegura, no me atrevo a dudarlo. —dijo, y a pesar de no estar muy seguro, confiaba y estaba dispuesto a que eso funcionara.
—Nunca he aprendido a controlar mi cuerpo, y nadie más ha podido. —confirmó sin dar ninguna importancia, con cierta presunción en la última frase. Y no estaba mintiendo ni diciéndolo con alguna doble intención, porque precisamente sus palabras eran sinceras que las soltaba sin dudar y con un tono muy marcado de pedantería. —Aunque no lo parezca, tengo cierta resistencia frente al control y la autoridad. —confesó lo mucho que le costaba cada palabra de sumisión dirigidas a un extraño, lo que explicaba su desesperación por su situación económica.
Sus labios tocaban la araña metálica, su imaginación sufría en ese momento ¿Qué ojos le estaban devorando la espalda? ¿Qué labios lamían las gotas de sudor que humedecían la carne lozana? ¿Qué manos se introducían entre su piel y el encaje de la prenda, retirándolo mientras lo acariciaba? No tenía nada, ni siquiera una voz que demostrara el más mínimo cuidado de expresar algún tipo de placer. La incertidumbre mataba, y la imaginación le ayudaba en su tortuosa tarea. Lo peor era que esa dinámica le estaba gustando a Gerhard, demasiado.
—Disculpe, no pensé que eso le molestara. Es algo que…algo que…como le dije, no puedo controlar. —se apresuró a decir con cierto temor en la voz cuando se giró a penas para ver rápidamente lo que el otro escribía. Luego, Klimt pegó la frente de la araña metálica en cuanto oyó lo siguiente, ¿por qué no podía mantener la boca cerrada? A.P. no tenía forma de saber que Callum y Jamie lo habían visto, no es como si tuviera a alguien siguiéndolo… no, ¿verdad qué no? Gerhard calló rápidamente, algo le dijo que justificarse no le gustaba al extraño.
Seguía en la misma posición, no había movido ni un solo musculo, consumido por la maldita incertidumbre e impaciencia. Estaba preocupado sí, pero solo por perder loa gallina de los huevos de oro más fácil de toda su vida. Afortunadamente, el temor en su corazón de aplacó desmesuradamente cuando las siguientes palabras parecieron cantar a sus oídos, en su mente fabricó una voz que las pronunciaba. Respiró aliviado y sonrió. Se giró poco a poco hacia la cámara, sentándose con las piernas estiradas y completamente abiertas. Sus dedos se aferraban con fuerza al par de almohadas en las cuales se reclinaba su espalda mientras que asentía obedientemente. ¿Entrenarte? ¿Olvidar el periodo de prueba? ¿Larga noche? Sus labios se entreabrieron y sus pupilas se dilataron. Pasó una mano por su cabello y lo peinó hacia atrás, acercó su portátil para ver el mensaje.
Mordió su labio inferior, las comisuras de sus labios se curvaron un poco cuando sus ojos leyeron la primera línea. Sus ojos se abrieron sorprendidos de que el desconocido benefactor estuviera dispuesto a hacerse cargo desde mañana de todo cuanto atañía a Klimt, sus ojos brillaron ávidos. Llevó sus dedos a sus labios, estrujándolos después de leer Debido a que estaré utilizando mucho de tu tiempo, necesito que renuncies a tu trabajo, un viejo hábito que se refería a que todo era de su agrado. ¿Esto era real? ¿De verdad no tenía que preocuparse por nada más? ¡Por Dios, si es que existía! Aquello era el cielo, la lotería. De repente se sintió como el chico más afortunado de la tierra.
Asintió ante el deseo de seguir las comunicaciones en ese nivel, por supuesto que moría de la curiosidad por conocer la identidad de la persona que lo contrataba, pero por ahora le bastaba con lo otro. Además, no era como si de verdad fuese a tener algún tipo de relación real con ese desconocido, para eso tendría sus otras relacio… Alzó las cejas y tragó grueso, rió nerviosamente ante lo leía en ese instante. ¿Qué no podía tener otra relación sexual o masturbarse sin permiso? Su cabeza se detuvo y no se permitió asentir una vez más. Parpadeó y se acercó a la pantalla para ver si sus ojos no lo engañaban, tragó grueso al confirmar que no era así. Miró el resto del mensaje perplejo, y cuando llegó a las últimas líneas en efecto apagó la cámara. Era una suerte que se le hubiese ofrecido aquello, no quería que sus reacciones quedaran al aire. Vio la hora del mensaje, 18 minutos restantes, vaya tiempo para tomar una decisión con semejante condición.
«Sigue pensando que todo es color rosas Gerry. Tú mejor que nadie deberías saber que todo tiene su precio.» pensó. Se tumbó sobre su espalda y miró al techo, su mejor panorama para reflexionar. Chasqueó la lengua y negó con la cabeza, incorporándose. Abrió un documento en Word y creó una tabla simple con las variables de “Ventajas y Desventajas”, llenó el recuadro de ventajas rápidamente puesto que se había grabado todo muy bien, pero tuvo que ver otra vez el mensaje de A.P. para escribir tal cual sus condiciones, para él, desventajas claras. A simple vista la balanza parecía desproporcionada al lado que clamaba como ganador, pero es que para Gerhard todo tenía el mismo peso. 12 minutos. Ahora estaba seguro que el desconocido jefe podría enviar a alguien detrás de él, porque de otro modo ¿Cómo se enteraría que el pelirrojo era fiel o no a su convenio? Gerry era un muchacho de palabra, pero esto era demasiado.
9 minutos. «Seré flexible las primeras semanas» « al pasar este periodo de reajuste, no habrá más colchones y mi disciplina será férrea.» Gerhard seguía con la mirada más allá del portátil, perdida en sus pensamientos. ¿Cómo pretendía el otro que durara tanto tiempo sin tener sexo con alguien? Lo más lógico entonces, sería que lo tuviera con él pero su comunicación permanecería como hasta ahora ¿Entonces permanecería en un celibato? Cuando mucho podría por un par de semanas, y con el mayor esfuerzo…5 minutos. Gerry pensó en sus estudios, dejar su trabajo, sus demás gastos y lo que querría comprar con el dinero que podría conseguir por este trabajo. Negó con la cabeza y empezó a escribir un correo electrónico.
« Señor A.P.
Deseo reiterar mi agradecimiento por la oportunidad, así que…
Se detuvo, minimizó la ventana donde lo tecleaba y encendió la cámara, era mejor hablar. Su rostro permanecía serio, mordió su labio otra vez antes de pronunciar palabra.
—Si prefería un mensaje, creí que era mejor por este medio. —empezó con una rápida sonrisa. —Confieso que todo estaba decidido y muy claro al principio pero, sus estipulaciones me hicieron dudar un poco. Me dije “¿En qué afectaría eso al desempeño de mi trabajo?” Pero comprendí que usted es el jefe aquí y tiene todo el derecho de hacer lo que le plazca. Agradezco eso de que sea flexible mientras me adapto, porque no será para nada fácil. Sin embargo, mantengo mi interés en continuar esto. Si usted cumple con todo lo que ofreció, yo lo haré también con usted. —su voz salió lenta, como si quisiera continuar convenciéndose a sí mismo de aquella decisión. Por supuesto que estaba lo suficientemente seguro, ya que sino simplemente se habría negado. Pero tampoco podía andar con sonrisas un hombre que solo se preocupaba en cómo demonios iba a controlarse.
—Dijo algo sobre limites o restricciones...¿Hasta cuando se extenderá ese requerimiento?—suspiró— No me tome a mal por favor, —previno por su tono de voz o su expresión—estoy animado con nuestro contrato pero realmente quiero cumplir con usted, y solo estoy pensando como haré eso con sus requisitos. —sacudió su cabeza de un lado a otro. — En fin, supongo que es algo que debo resolver. —agregó, esbozando una sonrisa tan jovial y divertida.
Esforzándose por adoptar su habitual desparpajo desvió la mirada hacia el helado, y se llevó una gran cucharada a los labios. Lamió la cucharilla con entusiasmo, se detuvo y volvió su vista a la cámara.
—Oh, ¿Puedo hacerlo? —preguntó, levantando un poco el helado. Supuso que debía acatar hasta lo más mínimo cuando estuviera frente a la cámara, pero por otro lado, debía cumplir con ciertas cosas aun cuando no estuvieran en sesión. —Bien, creo que sí será una larga noche. —asintió, a la espera de lo que el otro deseaba para él. El celular de Gerry timbró y lo miró de reojo.
—Callum. —musitó. Sabía a qué se debía esa llamada, Callum no aceptaba un no por respuesta y quería ir de juerga esa noche. —Estoy en aquí abajo. —leyó el mensaje con rapidez, pero no se movió de la cama. Esperó instrucciones.
❄ thanks winter!
NO TENEMOS OPCIÓN ENTRE EL ROSTRO Y LA MÁSCARA, SINO ENTRE MÁSCARAS BUENAS Y MÁSCARAS MALAS
Re: —Force of Nature [+18]
R.I.P. 2 MY YOUTH

Adam ajustó su posición sobre la silla y desabrochó tres de los botones de su camisa, se sacó los zapatos y empujó los calcetines con los dedos de sus pies, atrapándolos con sus manos para doblarlos y depositarlos en la cómoda más cercana. Una risa se escapó después de entre sus labios cuando leyó las primeras respuestas a sus preguntas. ¿Qué no parecía el tipo de persona que se resistía a la autoridad? Por todos los dioses, si su cuerpo exhumaba esa aura, era prácticamente imposible no deducirlo. Mantuvo la media sonrisa que su carcajada había dejado en su rostro y continuó leyendo. Sus dedos acariciando su barbilla y sus piernas extendidas bajo la mesa.
El temor en la voz del escultor le provocó una carga de corriente que se extendió por su entrepierna. Humedeció sus labios y respondió:
«No me molesta en realidad, por lo menos no ahora. En un futuro, si se repite… ¿Quién sabe?.»
Observó después sus movimientos con cuidado, notando con rapidez el rostro de preocupación, el asombro, la sinceridad con la que su cuerpo se comandaba y sus labios se ensancharon más si era posible.
No le sorprendió que el joven apagara la cámara de un momento a otro, sobre todo cuando calculó que había terminado de leer el e-mail por completo y aprovechando el silencio y la falta de imágenes, se puso de pie para terminar de remover su camisa y colocar las prendas sucias dentro del contenedor en la lavandería. Volvió un par de minutos antes de que Klimt le llamara una vez más, respondiendo a la tercera notificación.
«No hay problema, continua.»
Escribió con rapidez ante la primera frase dicha por el pelirrojo, escuchando con atención el resto de su perorata.
«Volvamos por un momento a ese: “Tiene usted todo el derecho a hacer lo que le plazca” ¿Te parece?»
Agregó, una vez Gerry había parado de hablar.
«No quiero y no voy a obligarte a nada, es por eso que he puesto todas estas reglas sobre la mesa desde un inicio. Sin embargo, una sola palabra tuya y el trato será deshecho. No soy una buena persona, pero tampoco voy a cometer un crimen con el solo afán de saciar mis oscuros deseos.» Explicó. «Estoy seguro de que quieres hacer esto, pero quería aclarar ese detalle.»
Le hacía mucha gracia el que el pobre muchacho en realidad estuviera preocupado por tener que serle fiel, por ahora, lejos de molestarle, le parecía la cosa más graciosa que hubiese visto en su vida.
Paró un par de segundos, mirando el rostro del artista, detallándolo antes de volver a escribir. Tecleó un par de palabras y después las borró, sonriendo una vez más, entonces sin pensarlo mucho más, clickeó sobre el botón que silenciaba el micrófono y permitió que el otro escuchara su voz al fin.
—Oh, Gerhard. Dame un par de semanas y te prometo que ni siquiera recordarás porque me estás haciendo esa pregunta.
Sus ojos no habían abandonado los movimientos de Gerry desde que se estirara para tomar el helado y hasta que lamió la cuchara. La mirada se había clavado en su lengua y luego, había recorrido un camino desde la mandíbula y hasta sus ojos azul verdoso.
—Por supuesto —dio su consentimiento—. Gracias por preguntar —agregó en un tono serio y contundente a pesar de que en desde su lado y frente a la computadora, sus labios seguían curvados en una diminuta sonrisa.
—Respóndele a tu amigo —ordenó—. Dile que puede esperar todo lo que quiera, pero que hoy no saldrás, porque estás con tu dueño.
Las palabras habían brotado con facilidad, le hubiese gustado que Gerhard llegara a la conclusión por sí mismo, que en realidad ahora había pasado a convertirse en un objeto de su propiedad, sin embargo, era hora de comenzar con el entrenamiento que había mencionado y había cosas que estaba consiente, no saldrían nunca como él lo deseaba. Los negocios le habían enseñado aquello y había aprendido la lección bastante bien, después de darse contra la pared mil veces cuando había decidido iniciar con su bufete de arquitectos.
—Ahora, ¿dónde es que estábamos? —preguntó, su voz imperativa pero extrañamente sedosa también —Ah sí, ven aquí, siéntate frente a la cámara, abre las piernas y sostén tus rodillas con tus manos. Quiero verte bien, sería un desperdicio no hacerlo por mucho que el atuendo no sea ya un secreto para el resto del mundo —bromeó, aunque su voz continuaba siendo firme. No volvería a perdonar que alguien más viera a Gerhard con aquel tipo de prendas, de ahora en adelante, Klimt era tan solo suyo y de nadie más.
El temor en la voz del escultor le provocó una carga de corriente que se extendió por su entrepierna. Humedeció sus labios y respondió:
«No me molesta en realidad, por lo menos no ahora. En un futuro, si se repite… ¿Quién sabe?.»
Observó después sus movimientos con cuidado, notando con rapidez el rostro de preocupación, el asombro, la sinceridad con la que su cuerpo se comandaba y sus labios se ensancharon más si era posible.
No le sorprendió que el joven apagara la cámara de un momento a otro, sobre todo cuando calculó que había terminado de leer el e-mail por completo y aprovechando el silencio y la falta de imágenes, se puso de pie para terminar de remover su camisa y colocar las prendas sucias dentro del contenedor en la lavandería. Volvió un par de minutos antes de que Klimt le llamara una vez más, respondiendo a la tercera notificación.
«No hay problema, continua.»
Escribió con rapidez ante la primera frase dicha por el pelirrojo, escuchando con atención el resto de su perorata.
«Volvamos por un momento a ese: “Tiene usted todo el derecho a hacer lo que le plazca” ¿Te parece?»
Agregó, una vez Gerry había parado de hablar.
«No quiero y no voy a obligarte a nada, es por eso que he puesto todas estas reglas sobre la mesa desde un inicio. Sin embargo, una sola palabra tuya y el trato será deshecho. No soy una buena persona, pero tampoco voy a cometer un crimen con el solo afán de saciar mis oscuros deseos.» Explicó. «Estoy seguro de que quieres hacer esto, pero quería aclarar ese detalle.»
Le hacía mucha gracia el que el pobre muchacho en realidad estuviera preocupado por tener que serle fiel, por ahora, lejos de molestarle, le parecía la cosa más graciosa que hubiese visto en su vida.
Paró un par de segundos, mirando el rostro del artista, detallándolo antes de volver a escribir. Tecleó un par de palabras y después las borró, sonriendo una vez más, entonces sin pensarlo mucho más, clickeó sobre el botón que silenciaba el micrófono y permitió que el otro escuchara su voz al fin.
—Oh, Gerhard. Dame un par de semanas y te prometo que ni siquiera recordarás porque me estás haciendo esa pregunta.
Sus ojos no habían abandonado los movimientos de Gerry desde que se estirara para tomar el helado y hasta que lamió la cuchara. La mirada se había clavado en su lengua y luego, había recorrido un camino desde la mandíbula y hasta sus ojos azul verdoso.
—Por supuesto —dio su consentimiento—. Gracias por preguntar —agregó en un tono serio y contundente a pesar de que en desde su lado y frente a la computadora, sus labios seguían curvados en una diminuta sonrisa.
—Respóndele a tu amigo —ordenó—. Dile que puede esperar todo lo que quiera, pero que hoy no saldrás, porque estás con tu dueño.
Las palabras habían brotado con facilidad, le hubiese gustado que Gerhard llegara a la conclusión por sí mismo, que en realidad ahora había pasado a convertirse en un objeto de su propiedad, sin embargo, era hora de comenzar con el entrenamiento que había mencionado y había cosas que estaba consiente, no saldrían nunca como él lo deseaba. Los negocios le habían enseñado aquello y había aprendido la lección bastante bien, después de darse contra la pared mil veces cuando había decidido iniciar con su bufete de arquitectos.
—Ahora, ¿dónde es que estábamos? —preguntó, su voz imperativa pero extrañamente sedosa también —Ah sí, ven aquí, siéntate frente a la cámara, abre las piernas y sostén tus rodillas con tus manos. Quiero verte bien, sería un desperdicio no hacerlo por mucho que el atuendo no sea ya un secreto para el resto del mundo —bromeó, aunque su voz continuaba siendo firme. No volvería a perdonar que alguien más viera a Gerhard con aquel tipo de prendas, de ahora en adelante, Klimt era tan solo suyo y de nadie más.
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THERE IS A KIND OF PRESSURE IN HUMANS TO TAKE WHATEVER IS MOST BELOVED BY THEM AND SMASH IT.
Re: —Force of Nature [+18]
R.I.P. 2 MY YOUTH

« ¿Quién sabe? », Se mordió con fuerza el labio inferior. Luego, lo relamió de forma rápida, repitiendo el proceso debido a los nervios que le provocaba ese mensaje. No fue miedo lo que sintió al pensar lo que podría ordenarle hacer aquel hombre si se molestaba, sino curiosidad por lo que podría ser ¿Lo induciría a una especie de castigo? Una corriente eléctrica le recorrió la espina dorsal, bajó la cabeza y esbozó una pequeña sonrisa, casi avergonzado por su pensamiento. ¿Cómo iba a desear saber qué tanto podría hacerle daño una persona que ni siquiera conocía? Aquello era una locura, y sin embargo, estaba seguro que aquel desconocido convertiría la locura en su forma de vida.
Gerry asintió vigorosamente después que los mensajes instantáneos aparecieran en su pantalla de skype. Mientras leía con cuidado la aclaración una sonrisa se le formó en los labios ¿Hasta qué punto llegaba la dualidad de esa persona? Aseguraba que no era una buena persona y eso hacía sonreír embobado al pelirrojo, pisoteando el aviso rojo de peligro que resurgía en cada palabra ajena que intuía, eran sinceras. A penas y tenía unos ¿dos días? en aquel asunto y sabía que estaba envuelto hasta el cuello, ¿Cómo decir que sí a pesar de esa voz que le inducía a huir? Por momentos sentía el impulso de cerrar la conexión y reembolsar el dinero, pero volver a una vida donde sus sueños podrían no cumplirse por falta de apoyo económico y personal no era una opción viable.
Además, fuese hombre o mujer, le pagaba una fortuna. Poseía de la noche a la mañana tanto dinero, lujos y otras comodidades de las cuales no de desprendería tan fácilmente, y por ahora le importaba nada si todo era sincero o solo parte de un negocio. Por primera vez sentía que alguien se preocupaba por él más allá de lo que sus amigos lo hacían. En esos segundos de indecisión, lo único que lo sacó como una descarga eléctrica de ese ensimismamiento, fue aquella voz. Gerry se volvió hacia la cámara en el segundo que esa voz masculina ahogó a la voz interna que le advertía del sensual peligro.
— ¿Gerhard? — preguntó como si no supiera de quien le hablaban— Disculpe, ¿Cuál pregunta hice? —se aventuró a continuar después de una cantidad considerable de segundos en los que trató de abrir la boca para emitir una palabra coherente. Acabó cerrándola abruptamente y tragando grueso para evitar que se escapara un gemido.
Había perdido todo aire de seducción cuando se le fue dado permiso de ingerir el helado, bajó la cabeza hacia el utensilio y parpadeó confundido, como si también necesitara que alguien le dijera cómo llevar eso hasta su boca otra vez. Cuando la bola de helado recorrió su garganta por segunda vez, asintió con firmeza ante la cortesía de aquel caballero. Sus mejillas se encendieron del mismo color que su cabello, y todo se debía a esa voz, a lo que su mente era capaz de imaginar con ella. Ahora más que nunca debía deshacerse de Callum.
— Mi…mi dueño ¿Mi dueño? —balbuceó, sus pupilas se dilataron y ni siquiera se preocupó por esconderlo a pesar que estaba deseando que el otro le diera permiso de apagar la cámara otra vez. — Sí, mi dueño. —pronunció con más solemnidad después de carraspear.
Cogió el móvil y éste se le escurrió de las manos, atrapándolo con el letrero de vergüenza pegado en la frente. No podía pensar bien a pesar de lo que sabía, tenía que decir. En su cabeza solo había lugar para la voz de A.P., esa “no buena persona” y sus oscuros deseos.
—Callum, no puedo ir a ninguna fiesta hoy, entiéndeme. Estoy con mi dueño, —empezó a leer mientras escribía, y ésta vez sí en la última frase no alcanzó a controlarse, y soltó un gemido. Se removió en la cama.
—Estoy aquí ya, mira por el ojos mágico y verás la sorpresa que…—Gerry interrumpió la lectura del mensaje de Callum y negó con la cabeza, entre furioso y nervioso. Frunció el ceño y miró el celular otra vez, maldiciendo por lo bajo, cómo odiaba a veces a ese imbécil por hacerlo sufrir— Oh, amigo, entiendo. Está bien, te veo luego cuando me des una vuel…—prosiguió, un poco más aliviado. Sin embargo, volvió a callar, evitando leer otra imprudencia de Callum.
Ni siquiera le respondió otra vez. Arrojó el móvil a un lado y respiró hondo, concentrándose solo en la pantalla del portátil.
“¿Dónde es que estábamos?” Gerry sonrió nerviosamente y a la vez se estremeció por el cambio en la inflexión de la voz. No lo sabía ya. Solo le restó escuchar con suma atención las indicaciones.
—Sí, Señor. —respondió sin si quiera cuestionarlo, sin reiterar sus disculpas por haber permitido que lo vieran con aquel regalo. De repente sus labios se curvaron en una sonrisa pícara y se movió hasta situarse frente a la cámara en una posición que le permitió obedecer con exactitud.
Su corazón latía con fuerza mientras esa zona íntima quedaba totalmente expuesta al lente de la cámara, sintiendo el encaje de la prenda incrustándose más en su miembro y testículos, transparentándolos a través del tejido ralo. El pelirrojo emitió un gruñido suave ante el picor que le producía en la línea del recto, Gerry a penas se inclinó un poco y pasó dos dedos sobre el encaje húmedo, la piel ligeramente enrojecida ardió. Sacudió sus dedos y los introdujo entre sus labios. Abrió los ojos más de lo normal cuando pareció darse cuenta que no se encontraba solo. Y es que a pesar de lo que pudo haber transmitido aquel movimiento al desconocido, éste había sido sin premeditación alguna. Gerry respiró hondo y barrió su melena hacia atrás, volviendo a la posición que se le fue ordenada.
—Manos en las rodillas, manos en las rodillas, —se repitió con rapidez a sí mismo mientras cerraba los ojos con fuerza— lo siento. Es que arde. —se quejó, avergonzado.
Le urgía aliviar el picor, pero se esforzaba por mantener su atención ante las nuevas instrucciones, y en ignorar la imperiosa necesidad de utilizar el helado de una forma más creativa. Movió su cuello de un lado a otro permitiendo que las gotas de sudor recorrieran su espina dorsal y su pecho, sus ojos se fueron sobre el helado sin poder seguir evitándolo. Sin embargo, no desea aquello más que aquel individuo con sus gloriosas iniciales “A.P” pronunciando su nombre otra vez, con voz celestial e infernal.
Gerry asintió vigorosamente después que los mensajes instantáneos aparecieran en su pantalla de skype. Mientras leía con cuidado la aclaración una sonrisa se le formó en los labios ¿Hasta qué punto llegaba la dualidad de esa persona? Aseguraba que no era una buena persona y eso hacía sonreír embobado al pelirrojo, pisoteando el aviso rojo de peligro que resurgía en cada palabra ajena que intuía, eran sinceras. A penas y tenía unos ¿dos días? en aquel asunto y sabía que estaba envuelto hasta el cuello, ¿Cómo decir que sí a pesar de esa voz que le inducía a huir? Por momentos sentía el impulso de cerrar la conexión y reembolsar el dinero, pero volver a una vida donde sus sueños podrían no cumplirse por falta de apoyo económico y personal no era una opción viable.
Además, fuese hombre o mujer, le pagaba una fortuna. Poseía de la noche a la mañana tanto dinero, lujos y otras comodidades de las cuales no de desprendería tan fácilmente, y por ahora le importaba nada si todo era sincero o solo parte de un negocio. Por primera vez sentía que alguien se preocupaba por él más allá de lo que sus amigos lo hacían. En esos segundos de indecisión, lo único que lo sacó como una descarga eléctrica de ese ensimismamiento, fue aquella voz. Gerry se volvió hacia la cámara en el segundo que esa voz masculina ahogó a la voz interna que le advertía del sensual peligro.
— ¿Gerhard? — preguntó como si no supiera de quien le hablaban— Disculpe, ¿Cuál pregunta hice? —se aventuró a continuar después de una cantidad considerable de segundos en los que trató de abrir la boca para emitir una palabra coherente. Acabó cerrándola abruptamente y tragando grueso para evitar que se escapara un gemido.
Había perdido todo aire de seducción cuando se le fue dado permiso de ingerir el helado, bajó la cabeza hacia el utensilio y parpadeó confundido, como si también necesitara que alguien le dijera cómo llevar eso hasta su boca otra vez. Cuando la bola de helado recorrió su garganta por segunda vez, asintió con firmeza ante la cortesía de aquel caballero. Sus mejillas se encendieron del mismo color que su cabello, y todo se debía a esa voz, a lo que su mente era capaz de imaginar con ella. Ahora más que nunca debía deshacerse de Callum.
— Mi…mi dueño ¿Mi dueño? —balbuceó, sus pupilas se dilataron y ni siquiera se preocupó por esconderlo a pesar que estaba deseando que el otro le diera permiso de apagar la cámara otra vez. — Sí, mi dueño. —pronunció con más solemnidad después de carraspear.
Cogió el móvil y éste se le escurrió de las manos, atrapándolo con el letrero de vergüenza pegado en la frente. No podía pensar bien a pesar de lo que sabía, tenía que decir. En su cabeza solo había lugar para la voz de A.P., esa “no buena persona” y sus oscuros deseos.
—Callum, no puedo ir a ninguna fiesta hoy, entiéndeme. Estoy con mi dueño, —empezó a leer mientras escribía, y ésta vez sí en la última frase no alcanzó a controlarse, y soltó un gemido. Se removió en la cama.
—Estoy aquí ya, mira por el ojos mágico y verás la sorpresa que…—Gerry interrumpió la lectura del mensaje de Callum y negó con la cabeza, entre furioso y nervioso. Frunció el ceño y miró el celular otra vez, maldiciendo por lo bajo, cómo odiaba a veces a ese imbécil por hacerlo sufrir— Oh, amigo, entiendo. Está bien, te veo luego cuando me des una vuel…—prosiguió, un poco más aliviado. Sin embargo, volvió a callar, evitando leer otra imprudencia de Callum.
Ni siquiera le respondió otra vez. Arrojó el móvil a un lado y respiró hondo, concentrándose solo en la pantalla del portátil.
“¿Dónde es que estábamos?” Gerry sonrió nerviosamente y a la vez se estremeció por el cambio en la inflexión de la voz. No lo sabía ya. Solo le restó escuchar con suma atención las indicaciones.
—Sí, Señor. —respondió sin si quiera cuestionarlo, sin reiterar sus disculpas por haber permitido que lo vieran con aquel regalo. De repente sus labios se curvaron en una sonrisa pícara y se movió hasta situarse frente a la cámara en una posición que le permitió obedecer con exactitud.
Su corazón latía con fuerza mientras esa zona íntima quedaba totalmente expuesta al lente de la cámara, sintiendo el encaje de la prenda incrustándose más en su miembro y testículos, transparentándolos a través del tejido ralo. El pelirrojo emitió un gruñido suave ante el picor que le producía en la línea del recto, Gerry a penas se inclinó un poco y pasó dos dedos sobre el encaje húmedo, la piel ligeramente enrojecida ardió. Sacudió sus dedos y los introdujo entre sus labios. Abrió los ojos más de lo normal cuando pareció darse cuenta que no se encontraba solo. Y es que a pesar de lo que pudo haber transmitido aquel movimiento al desconocido, éste había sido sin premeditación alguna. Gerry respiró hondo y barrió su melena hacia atrás, volviendo a la posición que se le fue ordenada.
—Manos en las rodillas, manos en las rodillas, —se repitió con rapidez a sí mismo mientras cerraba los ojos con fuerza— lo siento. Es que arde. —se quejó, avergonzado.
Le urgía aliviar el picor, pero se esforzaba por mantener su atención ante las nuevas instrucciones, y en ignorar la imperiosa necesidad de utilizar el helado de una forma más creativa. Movió su cuello de un lado a otro permitiendo que las gotas de sudor recorrieran su espina dorsal y su pecho, sus ojos se fueron sobre el helado sin poder seguir evitándolo. Sin embargo, no desea aquello más que aquel individuo con sus gloriosas iniciales “A.P” pronunciando su nombre otra vez, con voz celestial e infernal.
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NO TENEMOS OPCIÓN ENTRE EL ROSTRO Y LA MÁSCARA, SINO ENTRE MÁSCARAS BUENAS Y MÁSCARAS MALAS
Re: —Force of Nature [+18]
R.I.P. 2 MY YOUTH

Adam apretó sus labios para evitar que una carcajada escapara de entre los mismos. Al parecer el joven simplemente había perdido por completo la orientación. Si aquello podía ser ocasionado por el solo sonido de su voz…
—No tiene importancia, Gerhard —dijo, repitiendo el nombre, haciendo énfasis en el mismo.
—Luces hermoso cuando te sonrojas —agregó al notar el tenue color que tiñó las mejillas del pelirrojo.
Adam volvió a sonreír sin poder evitarlo, cada carraspeo, cada señal de nerviosismo no hacía sino asegurarle que de aquí a diez años—sí jugaba bien sus cartas—aquel hombre seguiría firme a su lado.
Miró a Gerry en silencio, esperando a que cumpliera sus órdenes, grabando cada gesto. Sus ojos no abandonaron el rostro ajeno sino hasta que finalmente, Klimt cumplió su última orden. Había prestado atención al mensaje que Callum envió al final, pero sabía que no tenía que preocuparse por ello en ese momento.
—No hace falta ya que me llames de esa manera —dijo, ladeando la cabeza al concentrarse en el apelativo—. Es muy tarde ya como para que alguno de los dos se muestre tímido —dijo mientras sus ojos vagaban por el cuerpo del otro, quedando prendados del encaje que aprisionaba su intimidad.
—¿Qué nombre crees que deberías utilizar para nombrarme de ahora en adelante Gerhard? —preguntó, curioso, quería saber si el pelirrojo había entendido ya el juego en el que los dos habían decidido entrar de forma voluntaria.
Se dio entonces cuenta de la necesidad del otro, no solo en sus gestos, si no también en su rostro y en esta ocasión le fue imposible reprimir la corta y ligera risa que surgió desde su garganta; fresca, casi jovial.
—Puedes tocarte, te estoy dando permiso explicito para que te masturbes. Dame un buen espectáculo y quizá te recompense pronto con algo más que dinero —dijo, humedeciendo sus labios a continuación.
—Puedes hacer y usar lo que desees, pero cuidado con venirte antes de que te lo permita —especificó, serio una vez más, su mirada había seguido ya la trayectoria de la de Klimt, encontrándose con el helado.
Sabía que el artista no era una criatura virginal y eso más que enfadarle, le picaba en el orgullo. Era fácil domar a alguien sin experiencia. Aquel era un reto al que simplemente no quería renunciar.
—No tiene importancia, Gerhard —dijo, repitiendo el nombre, haciendo énfasis en el mismo.
—Luces hermoso cuando te sonrojas —agregó al notar el tenue color que tiñó las mejillas del pelirrojo.
Adam volvió a sonreír sin poder evitarlo, cada carraspeo, cada señal de nerviosismo no hacía sino asegurarle que de aquí a diez años—sí jugaba bien sus cartas—aquel hombre seguiría firme a su lado.
Miró a Gerry en silencio, esperando a que cumpliera sus órdenes, grabando cada gesto. Sus ojos no abandonaron el rostro ajeno sino hasta que finalmente, Klimt cumplió su última orden. Había prestado atención al mensaje que Callum envió al final, pero sabía que no tenía que preocuparse por ello en ese momento.
—No hace falta ya que me llames de esa manera —dijo, ladeando la cabeza al concentrarse en el apelativo—. Es muy tarde ya como para que alguno de los dos se muestre tímido —dijo mientras sus ojos vagaban por el cuerpo del otro, quedando prendados del encaje que aprisionaba su intimidad.
—¿Qué nombre crees que deberías utilizar para nombrarme de ahora en adelante Gerhard? —preguntó, curioso, quería saber si el pelirrojo había entendido ya el juego en el que los dos habían decidido entrar de forma voluntaria.
Se dio entonces cuenta de la necesidad del otro, no solo en sus gestos, si no también en su rostro y en esta ocasión le fue imposible reprimir la corta y ligera risa que surgió desde su garganta; fresca, casi jovial.
—Puedes tocarte, te estoy dando permiso explicito para que te masturbes. Dame un buen espectáculo y quizá te recompense pronto con algo más que dinero —dijo, humedeciendo sus labios a continuación.
—Puedes hacer y usar lo que desees, pero cuidado con venirte antes de que te lo permita —especificó, serio una vez más, su mirada había seguido ya la trayectoria de la de Klimt, encontrándose con el helado.
Sabía que el artista no era una criatura virginal y eso más que enfadarle, le picaba en el orgullo. Era fácil domar a alguien sin experiencia. Aquel era un reto al que simplemente no quería renunciar.
❄ thanks winter!
THERE IS A KIND OF PRESSURE IN HUMANS TO TAKE WHATEVER IS MOST BELOVED BY THEM AND SMASH IT.
Re: —Force of Nature [+18]
R.I.P. 2 MY YOUTH

Frotó sus dedos contra las sábanas, estrujándolas al escuchar su nombre otra vez. Amaba, enloquecía con aquel tono de voz tan varonil. Gotas de sudor descendían por su nuca hasta perderse entre las sábanas contra las que oprimía los deseos de su cuerpo.
El estudiante sonrió más generosamente mostrando su nerviosismo ante la observación del otro que tomó como un cumplido, el color de sus mejillas se duplicó. Sentía tanta vergüenza de las reacciones involuntarias de su cuerpo, de ir perdiendo el control sin intentar recuperarlo.
Durante sus pocos años de existencia siempre tuvo el toro agarrado por los cuernos y experimentó los placeres que eso traía consigo, acostumbrándose a ellos y regodeándose en su comodidad. Pero, nunca se atrevió a pisar el terreno contrario, encontrándose ahora mismo envuelto en un placer que amenazaba con ser superior al otro. Barrió su cabello hacia atrás en un gesto de desconcierto, si el placer aumentaba a límites insospechados corría el riesgo de convertirse en un adicto, y todo el mundo que conocía a Gerhard Klimt sabía lo que era capaz de hacer al encerrarse en la jaula de la adicción. Sin embargo, ahí estaba, inmóvil, hundiéndose más a cada segundo por causa de esa voz.
¿Muy tarde para que alguno de los dos se muestre tímido? ¡Pero si era precisamente por el conocimiento de aquella voz que su timidez había aflorado con más fuerza! El ceño de Gerry se frunció a penas un instante, pues esa sonrisa pícara que se dibujó en sus labios indicaba su comprensión total a lo que se refería A.P.
—Daddy. —respondió mientras mordisqueaba sus dedos y movía su lengua contra ellos lentamente. Recordó que exactamente no hace mucho dicho apelativo había sido ignorado deliberadamente por el otro. Gerry alzó una ceja y amplió su sonrisa.
—You're my hot daddy. —agregó, removiéndose sobre la cama, la parte delantera de la prenda íntima femenina estaba tensa y abultada.
La corta risa del otro le dejó sin habla, su pecho se hinchó mucho más y su boca se abrió dejando escapar un gemido. Todo lo que deseaba era seguir al pie de la letra todo lo que esa voz le dijera. Se sentía cada vez más como una escultura a medio acabar, sintiéndose moldeado con cada autorización explícita. «Quizá te recompense pronto con algo más que dinero » La curiosidad fue la gota que derramó el vaso. Gerry asintió levemente, sus ojos le brillaban más que nunca, sabiendo por sus palabras, que el hombre detrás de la pantalla detallaba todos sus movimientos.
—Lo haré como gustes, daddy. —correspondió con un tono de voz modulado.
El pelirrojo se hincó de rodillas sobre la cama, separándolas. Deslizó lentamente su mano sobre el encaje negro de la entrepierna, acariciando circularmente la zona abultada mientras sus ojos encendidos se clavaban fijamente en el lente de la cámara. Uno de sus dedos continuó descendiendo, hundiendo sus testículos sobre la tela. Humedeció sus labios, mordiendo el inferior con fiereza.
Movió su cuello, batiendo su cabellera de un lado a otro. Deslizó la prenda íntima hasta las rodillas, y luego dos dedos a lo largo de su erección, estremeciéndose por el ardor. Bajó la mirada, lo tenía hinchado con el glande al descubierto y la piel del prepucio enroscada a lo largo de la columna marmórea del tallo por el que se había deslizado simplemente al crecer; estaba encendida y brillaba como un globo a punto de ser pinchado. Aunque parecía tener vida propia, respondía en aquel instante a las descargas eléctricas que le ocasionaba aquella voz.
Suspiró repetidamente al continuar acariciándose, pero una punzada de dolor crispó su expresión. Sin dejar su actividad, alcanzó el helado. Se sentó sobre sus talones, hundió dos dedos en el frío envase, cubriéndolos con el helado. Pero, en lugar de untarlo sobre su envergadura, se detuvo a medio camino y los llevó a sus labios, lamiendo con lentitud. Soltó una risita juguetona, volvió a tomar un poco de helado pero ésta vez uso el cubierto para recubrir desde la base del pene hasta la punta, gimiendo al sentir el frío aliviando el ardor de su piel.
Empezaba a sudar mientras aumentaba el ritmo de sus caricias. Seguía duro y excitado, deslizando su mano a lo largo de todo el tallo lubrificado. El corazón le latía a mil por hora, en el pecho, mientras el calor arreciaba, le faltaba el aire, jadeaba como pez fuera de la pecera. Introdujo dos dedos en su boca y volvió sobre su erección, ensalivados los frotó su raja mientras el resto de los dedos masajeaban suavemente el frenillo, una y otra vez, como debía hacerlo los dedos de su daddy si pudieran tocarlo…
—Háblame daddy, por favor…— su voz lo traicionó. Apretó sus parpados al oír en su mente aquella corta risa.
Gerry arqueó su torso y acabó tumbándose sobre la cama, su espalda apoyada en las almohadas mientras sus rodillas seguían plegadas y separadas lo suficiente como para que el otro tuviera un panorama perfecto de su pene erecto, sus testículos y aquel orificio…
Sintió emerger esa gloriosa ola imparable, pero la abrió los ojos grandes y situó dos de sus dedos entre la base de su erección y sus testículos, apretando durante unos segundos hasta respiró aliviado, acariciando con dulzura. A pesar de que aquello había recorrido hasta su extremo con violencia, Gerry logró detenerlo. Acarició circularmente sus testículos con su dedo índice, éste descendió hasta su orificio, pero al adentrarse en él, retrajo el dedo. En lugar de continuar, volvió a mirar con fijeza a la cámara. Ya no pensaba en Leticia, aquel hombre desconocido había reemplazado completamente a la musa de sus inspiradas fantasías.
El estudiante sonrió más generosamente mostrando su nerviosismo ante la observación del otro que tomó como un cumplido, el color de sus mejillas se duplicó. Sentía tanta vergüenza de las reacciones involuntarias de su cuerpo, de ir perdiendo el control sin intentar recuperarlo.
Durante sus pocos años de existencia siempre tuvo el toro agarrado por los cuernos y experimentó los placeres que eso traía consigo, acostumbrándose a ellos y regodeándose en su comodidad. Pero, nunca se atrevió a pisar el terreno contrario, encontrándose ahora mismo envuelto en un placer que amenazaba con ser superior al otro. Barrió su cabello hacia atrás en un gesto de desconcierto, si el placer aumentaba a límites insospechados corría el riesgo de convertirse en un adicto, y todo el mundo que conocía a Gerhard Klimt sabía lo que era capaz de hacer al encerrarse en la jaula de la adicción. Sin embargo, ahí estaba, inmóvil, hundiéndose más a cada segundo por causa de esa voz.
¿Muy tarde para que alguno de los dos se muestre tímido? ¡Pero si era precisamente por el conocimiento de aquella voz que su timidez había aflorado con más fuerza! El ceño de Gerry se frunció a penas un instante, pues esa sonrisa pícara que se dibujó en sus labios indicaba su comprensión total a lo que se refería A.P.
—Daddy. —respondió mientras mordisqueaba sus dedos y movía su lengua contra ellos lentamente. Recordó que exactamente no hace mucho dicho apelativo había sido ignorado deliberadamente por el otro. Gerry alzó una ceja y amplió su sonrisa.
—You're my hot daddy. —agregó, removiéndose sobre la cama, la parte delantera de la prenda íntima femenina estaba tensa y abultada.
La corta risa del otro le dejó sin habla, su pecho se hinchó mucho más y su boca se abrió dejando escapar un gemido. Todo lo que deseaba era seguir al pie de la letra todo lo que esa voz le dijera. Se sentía cada vez más como una escultura a medio acabar, sintiéndose moldeado con cada autorización explícita. «Quizá te recompense pronto con algo más que dinero » La curiosidad fue la gota que derramó el vaso. Gerry asintió levemente, sus ojos le brillaban más que nunca, sabiendo por sus palabras, que el hombre detrás de la pantalla detallaba todos sus movimientos.
—Lo haré como gustes, daddy. —correspondió con un tono de voz modulado.
El pelirrojo se hincó de rodillas sobre la cama, separándolas. Deslizó lentamente su mano sobre el encaje negro de la entrepierna, acariciando circularmente la zona abultada mientras sus ojos encendidos se clavaban fijamente en el lente de la cámara. Uno de sus dedos continuó descendiendo, hundiendo sus testículos sobre la tela. Humedeció sus labios, mordiendo el inferior con fiereza.
Movió su cuello, batiendo su cabellera de un lado a otro. Deslizó la prenda íntima hasta las rodillas, y luego dos dedos a lo largo de su erección, estremeciéndose por el ardor. Bajó la mirada, lo tenía hinchado con el glande al descubierto y la piel del prepucio enroscada a lo largo de la columna marmórea del tallo por el que se había deslizado simplemente al crecer; estaba encendida y brillaba como un globo a punto de ser pinchado. Aunque parecía tener vida propia, respondía en aquel instante a las descargas eléctricas que le ocasionaba aquella voz.
Suspiró repetidamente al continuar acariciándose, pero una punzada de dolor crispó su expresión. Sin dejar su actividad, alcanzó el helado. Se sentó sobre sus talones, hundió dos dedos en el frío envase, cubriéndolos con el helado. Pero, en lugar de untarlo sobre su envergadura, se detuvo a medio camino y los llevó a sus labios, lamiendo con lentitud. Soltó una risita juguetona, volvió a tomar un poco de helado pero ésta vez uso el cubierto para recubrir desde la base del pene hasta la punta, gimiendo al sentir el frío aliviando el ardor de su piel.
Empezaba a sudar mientras aumentaba el ritmo de sus caricias. Seguía duro y excitado, deslizando su mano a lo largo de todo el tallo lubrificado. El corazón le latía a mil por hora, en el pecho, mientras el calor arreciaba, le faltaba el aire, jadeaba como pez fuera de la pecera. Introdujo dos dedos en su boca y volvió sobre su erección, ensalivados los frotó su raja mientras el resto de los dedos masajeaban suavemente el frenillo, una y otra vez, como debía hacerlo los dedos de su daddy si pudieran tocarlo…
—Háblame daddy, por favor…— su voz lo traicionó. Apretó sus parpados al oír en su mente aquella corta risa.
Gerry arqueó su torso y acabó tumbándose sobre la cama, su espalda apoyada en las almohadas mientras sus rodillas seguían plegadas y separadas lo suficiente como para que el otro tuviera un panorama perfecto de su pene erecto, sus testículos y aquel orificio…
Sintió emerger esa gloriosa ola imparable, pero la abrió los ojos grandes y situó dos de sus dedos entre la base de su erección y sus testículos, apretando durante unos segundos hasta respiró aliviado, acariciando con dulzura. A pesar de que aquello había recorrido hasta su extremo con violencia, Gerry logró detenerlo. Acarició circularmente sus testículos con su dedo índice, éste descendió hasta su orificio, pero al adentrarse en él, retrajo el dedo. En lugar de continuar, volvió a mirar con fijeza a la cámara. Ya no pensaba en Leticia, aquel hombre desconocido había reemplazado completamente a la musa de sus inspiradas fantasías.
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