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Can't let go.
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Can't let go.
Can't let go.
1x1 — Realista, Amor imposible.
Manhattan. 2016. Él, un humilde camarero enamorado de la vida y con pocas preocupaciones. Está saliendo con una mujer doce años mayor que él, divorciada y con una hija de cinco años llamada Lizzie. Esta pequeña ha calado muy hondo en su interior. Es lista, divertida y a pesar de no tener el cariño que debería de sus padres, es una niña cariñosa y agradable. Motivo por el que también se ganó el corazón de quién está siempre con ella. Su cuidadora. Una chica joven que trabaja en el servicio de la lujosa casa de la empresaria, tanto de criada como de niñera.
Entre ellos no debería haber nada más que pura cordialidad, pero el destino es caprichoso y no lo ha querido de esa forma. Tampoco Lizzie pone las cosas fáciles, teniendo en cuenta que en cuanto puede, intenta juntarlos en la misma habitación para que ambos se queden solos y (tal y como ella querría) se enamoren. Por suerte para la cría, empieza a haber algo entre ellos. Saltan chispas cada vez que se ven o cruzan miradas, pero deberían mantenerlo en secreto si algún día sucediese algo entre los dos puesto que ninguno querría problemas. Él por no perder de vista a la niña y no querer meter en líos a Lottie, y ella por no ver peligrar su única fuente de ingresos, la cual necesita con urgencia.
Charlotte Michaels 25 — Àstrid Bergès-Frisbey — Obliviate Charlie es una jóven muchacha con una vida difícil. Después de una infancia devastadora con engaños y muertes, se quedó sola en la vida con su madre, quién por culpa de su padre está hospitalizada por una apoplejía cerebral. Aquello generó que Lottie, con apenas 17 años y con sus estudios secundarios aún sin terminar, tuviese que hacerse cargo de una familia disfuncional, razón por la cual jamás a podido aspirar a unos estudios superiores. En cambio trabaja como criada de unos ricachones, y también como niñera de Lizzie, una pequeña que se ha ganado su corazón y una de las razones por las cuales Lottie soporta tanto en aquella mansión. |
Nelson Jensson 32 — Alexander Skarsgård — Fraise. De padres suecos, humildes y de corazones bondadosos y generosos. Así se impregnó Nelson de esos valores que ahora él intenta transmitir a los más pequeños. En concreto, a Lizzie, la hija de su actual novia, Melissa. Una empresaria que siempre va con el cohete en el culo, que viaja de un sitio a otro y apenas está pendiente de su vida social o familiar. Él en cambio, no tiene mucho dinero, aunque eso a él no le importa mientras pueda subsistir. Algunos creen que está con esa mujer, que le saca más de diez años, por motivo económico, pero no es cierto. Se conocieron en una fiesta y al parecer se encapricharon el uno del otro. Nelson la quiere, pero tampoco cree que esté enamorado de ella, sin embargo tiene buena relación con su hija, a la que cada día quiere con más locura. Hace más él de figura paterna que el propio padre de la niña, el cual también tiene el mismo ritmo frenético laboral que la ex mujer. |
Última edición por Fraise el Dom 12 Jun - 1:20, editado 3 veces
Make it right
make it right
y es que tu ya no estás y aunque trato de olvidar apenas cierro yo los ojos vuelvo a ese viejo lugar. |
Charlotte, mientras miraba hacia el horizonte por la ventanilla de la cocina, respiró profundamente, apretando con cierto pésame el mueble que descansaba por debajo de ella. Su celular, el cual había sido dejado con poca delicadeza sobre la superficie de madera era la única muestra física de que algo la perturbaba, pues su expresión facial era casi una hoja en blanco de l cual no se podía leer nada más que lo evidente. La muchacha, muy a su pesar, por dentro sentía que iba a reventar. Muchas veces no soportaba los tratos de humillación que se le daba en esa casa —al fin y al cabo, ¿qué era ella, una joven sin futuro y carente de dinero en contra de Melissa, la dueña de unos cuántos millones guardados en alguno de los tantos bancos con los cuales tenían vinculación?—, pero aquella llamada recibida le recordó por lo que tanto luchaba: su madre.
A cada día que pasaba empeoraba, y a cada segundo en que empeoraba más le cobraban a Charlotte, quién, ante eso, todos sus intentos de estudios se habían ido por el traste. Por momentos en los cuales no pudo soportar la vida, quiso largarse a llorar y dejar todo lo que la consternaba pero sabía que no podía. Desde pequeña había adoptado un compromiso y Lottie, quién poco tenía en la vida, jamás faltaría a su propia palabra. Suspiró pesadamente, mientras recogía su celular y lo guardaba en uno de los bolsillos y se giró al tiempo en que divisaba por la puerta a Lizzie jugando. Sabiendo que ella quitaría todos sus males, Lottie se acercó de forma sigilosa a la muchacha, encontrándose con una de las imágenes que alegraban su vida últimamente: Nelson y Lizzie.
Casi parecían padre e hijo, casi parecían una verdadera familia. Aquello llenaba su corazón y se imaginó como sería la vida para Lizzie si de verdad Nelson fuera su padre: un mundo de felicidad que, seguramente cambiaría por todo el dinero que en la actualidad poseía. Lentamente se acercó a ellos lo suficiente como para que fuese detectada, y el grito de felicidad de Lizzie calmó todos los demonios de su interior. — ¿Cómo es que están jugando, y no me invitan? — una sonrisa iluminó su rostro como si fuera la única vela del lugar y lo supo. Por muchos malos tratos aguantaría si con eso podía ver feliz a Lizzie.
A cada día que pasaba empeoraba, y a cada segundo en que empeoraba más le cobraban a Charlotte, quién, ante eso, todos sus intentos de estudios se habían ido por el traste. Por momentos en los cuales no pudo soportar la vida, quiso largarse a llorar y dejar todo lo que la consternaba pero sabía que no podía. Desde pequeña había adoptado un compromiso y Lottie, quién poco tenía en la vida, jamás faltaría a su propia palabra. Suspiró pesadamente, mientras recogía su celular y lo guardaba en uno de los bolsillos y se giró al tiempo en que divisaba por la puerta a Lizzie jugando. Sabiendo que ella quitaría todos sus males, Lottie se acercó de forma sigilosa a la muchacha, encontrándose con una de las imágenes que alegraban su vida últimamente: Nelson y Lizzie.
Casi parecían padre e hijo, casi parecían una verdadera familia. Aquello llenaba su corazón y se imaginó como sería la vida para Lizzie si de verdad Nelson fuera su padre: un mundo de felicidad que, seguramente cambiaría por todo el dinero que en la actualidad poseía. Lentamente se acercó a ellos lo suficiente como para que fuese detectada, y el grito de felicidad de Lizzie calmó todos los demonios de su interior. — ¿Cómo es que están jugando, y no me invitan? — una sonrisa iluminó su rostro como si fuera la única vela del lugar y lo supo. Por muchos malos tratos aguantaría si con eso podía ver feliz a Lizzie.
you will bleed for a girl
the embers that burn in your heart, they never go cold, not complety. I know, because trust me, I've tried to douse mine, but I'm one trying.
Re: Can't let go.
make it right
y es que tu ya no estás y aunque trato de olvidar apenas cierro yo los ojos vuelvo a ese viejo lugar. |
Nada más entrar por la puerta de aquella casa, que ni mucho menos iba a poder permitirse en la vida, a no ser que le tocase la lotería, escuchó su nombre retumbar por todo el vestíbulo. Era Lizzie, que iba a su encuentro con una gran sonrisa y dispuesta a tirarse a sus brazos como cada vez que se veían. La pequeña lo abrazó con fuerza, rodeándole el cuello con los brazos, tan feliz que consiguió contagiarle esa felicidad también a él. — ¿Cómo estás, monito? — Así era como la llamaba cariñosamente y a la niña le fascinaba, tanto que hasta en la escuela exigía que los amigos la llamaran de igual forma. Incluso había cambiado su animal favorito anterior, la mariposa, por el actual, el mono. No se despegó de Nelson hasta que él la obligó a bajarse en cuanto entraron en la cocina. Saludó con una leve sonrisa y un gesto de la mano a Lottie, pero nada más. Melissa y él no intercambiaron más que un beso de despedida y un "luego hablamos" que ella le mandó justo cuando la puerta se cerraba. Al parecer volvía a tener prisa por ir a la oficina, donde seguramente se pasaría todo el día hasta las tantas de la noche. Por eso estaba allí, Nelson libraba en el restaurante donde trabajaba de camarero y aceptó cuidar de la niña a pesar de que Lottie ya era su niñera oficial. Obviamente ella tenía su hogar y Melissa no llegaría a casa hasta pasadas las once de la noche o más, a saber.
Enseguida se pusieron a jugar y a pintar. Nelson se entretenía con Lizzie. Le gustaba pasar el rato de esa forma y no de manera más adulta como cabría esperar cuando libraba del trabajo. Se encontraba bien allí y es que ¿quién iba a resistirse a tan cálida acogida? Otro motivo, aunque normalmente solía ignorarlo con fuerza, era que también podía pasar un rato junto a Charlotte. Intentaba que no se le notase, pero era evidente que entre ellos había cierta conexión y que cuando estaban a solas o con la niña y nadie más, todo fluía mejor y muy natural. En cambio, si había más gente, se ignoraba completamente. Algún saludo como el de antes pero poco más. Ninguno de los dos quería tentar a la suerte y bien que hacían.
Nelson alzó la vista desde donde estaba sentado. Aquella mesa era demasiado pequeña para que él cupiera y por eso optó por hacerlo desde la silla, aunque seguía viéndose muy gigante al lado de Lizzie y todas sus cosas. Y es que un metro noventa, era un metro noventa. Nada de nimiedades. — ¡Ven a pintar con nosotros! Porfa... — pidió Lizzie con cara angelical. Nelson la miró y sonrió divertido. Él no podría resistirse a esa petición, más con aquella carita de no haber roto un solo plato en su vida. — ¿Verdad que puede sentarse con nosotros a jugar? — Al rubio le hizo cierta gracia que Lizzie le pidiera a él, como si se tratase de su madre o su padre. — Claro. Si ella quiere... por mí no hay problema. Donde caben dos, caben tres. — Sus ojos azules se posaron en Lottie unos segundos, sin perder aquella sonrisa inocente que siempre tenía en los labios y que a veces ponía de los nervios a Melissa.
Enseguida se pusieron a jugar y a pintar. Nelson se entretenía con Lizzie. Le gustaba pasar el rato de esa forma y no de manera más adulta como cabría esperar cuando libraba del trabajo. Se encontraba bien allí y es que ¿quién iba a resistirse a tan cálida acogida? Otro motivo, aunque normalmente solía ignorarlo con fuerza, era que también podía pasar un rato junto a Charlotte. Intentaba que no se le notase, pero era evidente que entre ellos había cierta conexión y que cuando estaban a solas o con la niña y nadie más, todo fluía mejor y muy natural. En cambio, si había más gente, se ignoraba completamente. Algún saludo como el de antes pero poco más. Ninguno de los dos quería tentar a la suerte y bien que hacían.
Nelson alzó la vista desde donde estaba sentado. Aquella mesa era demasiado pequeña para que él cupiera y por eso optó por hacerlo desde la silla, aunque seguía viéndose muy gigante al lado de Lizzie y todas sus cosas. Y es que un metro noventa, era un metro noventa. Nada de nimiedades. — ¡Ven a pintar con nosotros! Porfa... — pidió Lizzie con cara angelical. Nelson la miró y sonrió divertido. Él no podría resistirse a esa petición, más con aquella carita de no haber roto un solo plato en su vida. — ¿Verdad que puede sentarse con nosotros a jugar? — Al rubio le hizo cierta gracia que Lizzie le pidiera a él, como si se tratase de su madre o su padre. — Claro. Si ella quiere... por mí no hay problema. Donde caben dos, caben tres. — Sus ojos azules se posaron en Lottie unos segundos, sin perder aquella sonrisa inocente que siempre tenía en los labios y que a veces ponía de los nervios a Melissa.
Re: Can't let go.
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En más de una oportunidad la morena se había preguntado qué rayos era lo que pasaba por la mente de la muchacha cada vez que sus padres se retiraban sin la mayor dificultad y la dejaban en manos de ellos; dos extraños que últimamente habían tenido que reemplazar en la muchacha el lugar de unos padres. Charlotte no tenía mayor complicación. Muy dentro de ella siempre quiso una vida diferente, una vida en que su madre estuviese bien, que su padre no fuese un maltratador, un mundo en el que ella pudiese estudiar y encontrara el amor, para así casarse y tener un hijo, pero algo muy importante en el camino se había perdido y los sueños que había tenido de niña se habían transformado en una vida de la cual no sentía mayor orgullo. Hasta que hablaba del monito. Así era como la había obligado a llamarla, luego de haberlo escuchado de labios de Nelson. Ella no pudo negarse, tal como no podía negarse a nada de ella. — Así que, ¿están tomando el té? ¡Justo tenía mucha hambre! Por favor, monita, quiero un té. — y, de la forma más cuidadosa que pudo, se sentó rodeando la pequeña mesa de la que disponía en la cual Nelson, apretujado, intentaba mantener la sonrisa de Lizzie.
Y, en cuanto tomó aquella taza rosada y la pequeña la llenó imaginariamente, Lottie se la llevó a los labios intentando no perder su mirada en los ojos de Nelson algo que de seguro le traería los máximos problemas de la vida. Nelson desde hace un tiempo estaba saliendo con su señora, Melissa, y ante los celos de aquella mujer era mucho mejor ni siquiera dirigirle la miraa. ¿Cómo se tomaría aquella mujer saber que, primero le había quitado a su hija y que ahora pensaba de Nelson de una forma nada prudente y nada inocente? Ante aquel pensamiento, quiso buscar una salida y decidió ignorarlo de forma olímpica cada vez que estuviesen con demás personas en su compañía. Una simple mirada —y, muchas veces, ni siquiera eso—, un simple saludo y nada más. Casi parecía como si no hubiese relación, pero en la profundidad de los días en soledad, la amistad entre ambos se había estrechado hasta tal punto que generaban en Lottie sentimientos confusos. —Hmmm... me encanta. Pero, ¿por qué no vamos al patio a los juegos, monito?.
La pequeña, tal como siempre hacía, pareció reflexionar sobre la situación durante unos instantes — ¡pero, porfi porfi porfi, hazme una tarta de chocolate! —y luego, movida por la diversión, se dirigió instantáneamente al patio trasero, en donde los columpios y los juegos de patio que poseían eran suficientes para mantenerla ocupada durante mucho tiempo. Lottie rió, mientras se levantaba lentamente y seguía sus pasos de forma constante, esperando a que Nelson caminara a su lado. Mientras estaban a una distancia prudente de Lizzie viéndola jugar y, unas pocas veces, acercándose a ella, Lottie se giró a observar a Nelson intentando no parecer una idiota. — Y... ¿cómo van las cosas con la señora?
— ¡Charlie, Nely, miren lo alto que vuelo! — y, con la sonrisa propia de una madre orgullosa, Lottie la vió impulsándose con el columpio.
Y, en cuanto tomó aquella taza rosada y la pequeña la llenó imaginariamente, Lottie se la llevó a los labios intentando no perder su mirada en los ojos de Nelson algo que de seguro le traería los máximos problemas de la vida. Nelson desde hace un tiempo estaba saliendo con su señora, Melissa, y ante los celos de aquella mujer era mucho mejor ni siquiera dirigirle la miraa. ¿Cómo se tomaría aquella mujer saber que, primero le había quitado a su hija y que ahora pensaba de Nelson de una forma nada prudente y nada inocente? Ante aquel pensamiento, quiso buscar una salida y decidió ignorarlo de forma olímpica cada vez que estuviesen con demás personas en su compañía. Una simple mirada —y, muchas veces, ni siquiera eso—, un simple saludo y nada más. Casi parecía como si no hubiese relación, pero en la profundidad de los días en soledad, la amistad entre ambos se había estrechado hasta tal punto que generaban en Lottie sentimientos confusos. —Hmmm... me encanta. Pero, ¿por qué no vamos al patio a los juegos, monito?.
La pequeña, tal como siempre hacía, pareció reflexionar sobre la situación durante unos instantes — ¡pero, porfi porfi porfi, hazme una tarta de chocolate! —y luego, movida por la diversión, se dirigió instantáneamente al patio trasero, en donde los columpios y los juegos de patio que poseían eran suficientes para mantenerla ocupada durante mucho tiempo. Lottie rió, mientras se levantaba lentamente y seguía sus pasos de forma constante, esperando a que Nelson caminara a su lado. Mientras estaban a una distancia prudente de Lizzie viéndola jugar y, unas pocas veces, acercándose a ella, Lottie se giró a observar a Nelson intentando no parecer una idiota. — Y... ¿cómo van las cosas con la señora?
— ¡Charlie, Nely, miren lo alto que vuelo! — y, con la sonrisa propia de una madre orgullosa, Lottie la vió impulsándose con el columpio.
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Re: Can't let go.
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Con que facilidad los niños conseguían vivir en paz y armonía. Veía en Lizzie un reflejo de si mismo a su edad. Él también fue feliz con lo mínimo, aunque a diferencia de la pequeña, sus padres biológicos siempre habían estado ahí para demostrarle cuanto lo amaban. Melissa quería a su hija, pero le negaba el cariño que necesitaba y de alguna forma aquello acabaría haciendo mella en la niña, cosa que a Nelson le repateaba en lo más profundo. Intentaba darle lo que sus padres se dejaban por el camino, aunque tampoco era su intención ocupar ninguno de los puestos de ambos progenitores. ¡Ni mucho menos pretendía ser el padre de Lizzie y destronar al real! Se dijo al principio que no iba a ser de su incumbencia. Que simplemente amaría a la madre de la pequeña y con esta última sería amable y atento como lo puede ser un profesor con su alumno. Pero Lizzie enseguida se ganó un hueco en su corazón y al final acabó incumpliendo su pequeña promesa de no encariñarse más de lo necesario.
— Un té de lo más delicioso. — Agarró la taza y simuló que bebía, alzando el dedo meñique con gracia. Ese gesto provocó una risotada en Lizzie que lo señaló, tapándose la boca mientras seguía riendo y daba codacitos pequeños a Lottie para que lo mirase. Una imagen entrañable que por suerte nadie iba a poder presenciar. Suerte, porque si alguien se enteraba de lo que allí pasaba, podría ocasionar serios problemas a ambos jóvenes. La pequeña, mientras reflexionaba sobre si ir o no al patio de juegos, aprovechó para pedirle con la mirada algo de ayuda a Nelson en su decisión, a lo que él asintió con un leve gesto de la cabeza y una sonrisa. Jamás había tenido autoridad sobre nadie más que sobre si mismo y a veces no sabía muy bien como gestionar tal responsabilidad. Pero eso le hacía madurar de alguna forma y lo agradecía.
Charlotte se levantó primero y Nelson fue detrás, no sin antes darse un golpe en la rodilla con la mesa en donde antes habían estado jugando u pintando. Hizo un gesto de dolor, pero se mordió la lengua para que la niñera no reparase en él. Segundos después la alcanzó con rapidez, sin mayor dificultad al tener aquellas piernas largas. Nelson se apoyó en la pared, con los brazos cruzados y su característica pose curvada que había ido adquiriendo con los años de tanto agacharse e intentar parecer menos alto ante los demás. — Bien... bien. Creo. — alzó la mano para saludar a Lizzie que estaba ya subida en el columpio y reclamaba la atención de ambos adultos. — No es por quejarme pero... estaría bien vernos más a menudo. — esbozó una pequeña sonrisa amarga y se encogió de hombros, como restándole importancia al asunto. Sentía que con Lottie podía hablar de todo sin ser juzgado. — Y... ¿cómo vas tú? ¿Qué tal en casa? — mordisqueó el labio inferior, mientras seguía con los brazos cruzados sobre el pecho.
— Un té de lo más delicioso. — Agarró la taza y simuló que bebía, alzando el dedo meñique con gracia. Ese gesto provocó una risotada en Lizzie que lo señaló, tapándose la boca mientras seguía riendo y daba codacitos pequeños a Lottie para que lo mirase. Una imagen entrañable que por suerte nadie iba a poder presenciar. Suerte, porque si alguien se enteraba de lo que allí pasaba, podría ocasionar serios problemas a ambos jóvenes. La pequeña, mientras reflexionaba sobre si ir o no al patio de juegos, aprovechó para pedirle con la mirada algo de ayuda a Nelson en su decisión, a lo que él asintió con un leve gesto de la cabeza y una sonrisa. Jamás había tenido autoridad sobre nadie más que sobre si mismo y a veces no sabía muy bien como gestionar tal responsabilidad. Pero eso le hacía madurar de alguna forma y lo agradecía.
Charlotte se levantó primero y Nelson fue detrás, no sin antes darse un golpe en la rodilla con la mesa en donde antes habían estado jugando u pintando. Hizo un gesto de dolor, pero se mordió la lengua para que la niñera no reparase en él. Segundos después la alcanzó con rapidez, sin mayor dificultad al tener aquellas piernas largas. Nelson se apoyó en la pared, con los brazos cruzados y su característica pose curvada que había ido adquiriendo con los años de tanto agacharse e intentar parecer menos alto ante los demás. — Bien... bien. Creo. — alzó la mano para saludar a Lizzie que estaba ya subida en el columpio y reclamaba la atención de ambos adultos. — No es por quejarme pero... estaría bien vernos más a menudo. — esbozó una pequeña sonrisa amarga y se encogió de hombros, como restándole importancia al asunto. Sentía que con Lottie podía hablar de todo sin ser juzgado. — Y... ¿cómo vas tú? ¿Qué tal en casa? — mordisqueó el labio inferior, mientras seguía con los brazos cruzados sobre el pecho.
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Mientras miraba de forma disimulada a Nelson, se dio cuenta de lo mucho que ansiaba que él la mirara, lo mucho que ansiaba que él se diera cuenta de lo hermosa que podía llegar a ser. Lottie sabía que nada podía hacer si se comparaba a si misma con Melissa; ella, completamente contraria a la castaña, era una mujer de tomo y lomo. Rubia y con el cabello largo podía ser capaz de eclipsar a cualquier mujer de la habitación solo con la belleza de sus risos dorados, un cuerpo despampanante que, a pesar de haber tenido un hijo seguía siendo prácticamente perfecto, unos labios lindos y atractivos y unas ropas que dejaba claro que todo lo que la rodeaba era elegante. Charlotte entendía claramente la razón por la que Nelson se sentía atraído por ella y sabía, en lo profundo de su corazón, que eso nada tenía que ver con el hecho de que fuera millonaria. Sabía —por lo que conocía al rubio— que a él el dinero le iba y le venía. Que no tenía importancia en su vida, por lo que se sentía ciertamente agradecida de aquello; sentía que aún tenía posibilidades, si tan solo pudiese luchar contra lo despampanante que era su señora algo que para una simple mujer como Lottie —que ni siquiera poseía un cuerpo fenomenal— era prácticamente imposible.
Se sacó aquellos pensamientos tristes de la cabeza mientras miraba a Lizzie y aplaudía ante cada acción satisfactoria que la muchacha hacía, intentando ser feliz nuevamente gracias a la contagiosa alegría de la pequeña. Pero, a cada minuto que la veía se daba cuenta de lo alejada que se encontraba de su señora y de lo imposible que era que un hombre que había querido a Melissa pudiese pasar a mirarla a ella. Quizá era momento de superar a Nelson y encontrar en la vida otro hombre que pudiese conmoverla. Mordió su labio inferior, sin estar dispuesta a mirar al joven. — Pero dudo que eso sea posible. La señora poco tiempo tiene, y el que tiene suele pasarlo a tu lado. Una vez me comentó algo por el estilo; que te quiere, me dijo, pero que le cuesta mantener una relación que casi no se ven. — en ese momento ella no supo que responderle a Melissa, dado que fue justo en el tiempo en que ella estaba desarrollando sentimientos por su compañero de cuidados de Lizzie. — Pero creo que, dado que de verdad se quieren, deben seguir intentándolo. — ¿Y por qué rayos no te callas, Lottie? ¿cuál es el afán de impulsar al ser que quieres a estar con otra?
Y, ese afán era justamente el amor. Lottie lo quería, de eso no había dudas, pero sabía que muchas veces el amor significaba abandonar. Lo sabía de sobra, sobre todo cuando su padre se lo dijo, cuando por primera vez le habló fuera de la violencia. Lottie aún recuerda esas palabras como si fueran un tatuaje grabado a flor de piel en su interior: "amo a tu madre, pero le hago daño, y a veces amar significa alejarse. Aquello le hará bien"
— Está... ¿bien? Mi madre sigue mal, pero no es algo de lo que pueda alegar. Dentro de todo lo que tiene, está relativamente estable, sin embargo estos canallas cada vez cobran más y a veces los bolsillos no pueden con tanto...
Se sacó aquellos pensamientos tristes de la cabeza mientras miraba a Lizzie y aplaudía ante cada acción satisfactoria que la muchacha hacía, intentando ser feliz nuevamente gracias a la contagiosa alegría de la pequeña. Pero, a cada minuto que la veía se daba cuenta de lo alejada que se encontraba de su señora y de lo imposible que era que un hombre que había querido a Melissa pudiese pasar a mirarla a ella. Quizá era momento de superar a Nelson y encontrar en la vida otro hombre que pudiese conmoverla. Mordió su labio inferior, sin estar dispuesta a mirar al joven. — Pero dudo que eso sea posible. La señora poco tiempo tiene, y el que tiene suele pasarlo a tu lado. Una vez me comentó algo por el estilo; que te quiere, me dijo, pero que le cuesta mantener una relación que casi no se ven. — en ese momento ella no supo que responderle a Melissa, dado que fue justo en el tiempo en que ella estaba desarrollando sentimientos por su compañero de cuidados de Lizzie. — Pero creo que, dado que de verdad se quieren, deben seguir intentándolo. — ¿Y por qué rayos no te callas, Lottie? ¿cuál es el afán de impulsar al ser que quieres a estar con otra?
Y, ese afán era justamente el amor. Lottie lo quería, de eso no había dudas, pero sabía que muchas veces el amor significaba abandonar. Lo sabía de sobra, sobre todo cuando su padre se lo dijo, cuando por primera vez le habló fuera de la violencia. Lottie aún recuerda esas palabras como si fueran un tatuaje grabado a flor de piel en su interior: "amo a tu madre, pero le hago daño, y a veces amar significa alejarse. Aquello le hará bien"
— Está... ¿bien? Mi madre sigue mal, pero no es algo de lo que pueda alegar. Dentro de todo lo que tiene, está relativamente estable, sin embargo estos canallas cada vez cobran más y a veces los bolsillos no pueden con tanto...
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Re: Can't let go.
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Mantener una conversación con Lottie siempre le hacía sentirse de dos formas a la vez. La primera era que sus palabras lo reconfortaban y era agradable escuchar aquella voz calmada que lo tranquilizaba al instante. No se parecía nada al tono del de Melissa, siempre tan autoritario y frío. A veces meloso, pero eso era cuando quería algo en especial, como intentar disuadirle o simplemente excitarle. No cabía duda alguna de que era una mujer de diez, aunque la razón por la que él se colgó de ella fue muy distinta. Un año atrás estaba pasando por un momento duro. Había muerto un amigo suyo en un accidente de tráfico y aquello lo destrozó, así que empezó a ir a fiestas y a beber más de la cuenta. Así se conocieron, pues Mel y él compartían el gusto por la bebida y aunque él actualmente estaba más que recuperado, la mujer al parecer seguía bebiendo rigurosamente su vaso de bourbon cada noche antes de irse a la cama. Un dato que ignoraba si Lottie sabía o no, pero iba a mantenerlo en secreto pues no le apetecía tener más riñas con Melissa. Y sí, fue casi por compasión. Se encapricharon el uno del otro porque les hacía falta compañía y ahora, el camarero estaba pagando por eso.
Pero volviendo a lo de antes… hablar con la joven a veces no era tan placentero. No por ella, sino por lo que eso conllevaba. Tener que estar atento por si alguien los veía reír de más o mirarse de según qué forma, era agotador. Cuando escuchó como ella le decía que aun debían luchar por mantener lo que tenían, le supo mal. Realmente se sintió mal por sus palabras, cuando debería haberle agradecido de corazón que ella intentase que aquella relación funcionase y no siguiera cayendo en picado. Así que simplemente asintió, aun dibujada aquella leve sonrisa amarga en los labios y con la mirada en el suelo.
No imaginaba por lo que ella podría estar pasando. Sabía lo justo, que su madre no se encontraba bien, que sufría y eso en parte quería decir que Lottie también lo hacía, aunque fuera en silencio. Así que ese dolor, a veces lo sentía hasta Nelson. Apretó con fuerza los puños. — Charlotte… sabes que cualquier cosa que necesites me tienes ahí. ¿Verdad? Puedo ayudarte con los gastos. No siempre, pero quizá sí por un tiempo… podría hablar con Mel. — Unos tantos y otros tan pocos. Melissa tenía suficiente dinero como para saldar algunas deudas de Lottie, pero sabía que no todo era chasquear los dedos y arreglarse.
Pero volviendo a lo de antes… hablar con la joven a veces no era tan placentero. No por ella, sino por lo que eso conllevaba. Tener que estar atento por si alguien los veía reír de más o mirarse de según qué forma, era agotador. Cuando escuchó como ella le decía que aun debían luchar por mantener lo que tenían, le supo mal. Realmente se sintió mal por sus palabras, cuando debería haberle agradecido de corazón que ella intentase que aquella relación funcionase y no siguiera cayendo en picado. Así que simplemente asintió, aun dibujada aquella leve sonrisa amarga en los labios y con la mirada en el suelo.
No imaginaba por lo que ella podría estar pasando. Sabía lo justo, que su madre no se encontraba bien, que sufría y eso en parte quería decir que Lottie también lo hacía, aunque fuera en silencio. Así que ese dolor, a veces lo sentía hasta Nelson. Apretó con fuerza los puños. — Charlotte… sabes que cualquier cosa que necesites me tienes ahí. ¿Verdad? Puedo ayudarte con los gastos. No siempre, pero quizá sí por un tiempo… podría hablar con Mel. — Unos tantos y otros tan pocos. Melissa tenía suficiente dinero como para saldar algunas deudas de Lottie, pero sabía que no todo era chasquear los dedos y arreglarse.
Re: Can't let go.
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Una de las sonrisas más sinceras de su vida, lanzadas directamente de su corazón cruzó el rostro pálido de la morena, una de esas sonrisas que tiene miles de sentimientos en su formación y de aquellas que no se le dedican a nadie más que a quién ha tocado tu corazón tan profundo que ya no puedes escapar de los sentimientos que sientes por ese ser, tal como Lottie se sentía respecto a Nelson. Extendió su mano para tomar la muñeca del ajeno y —a pesar del cosquilleo en su nuca y la electricidad que recorrió su cuerpo— hizo un breve movimiento con su mano que se tradujo en una suave caricia hacia el castaño claro. Con aquello quiso decirle demasiado: quiso decirle que le agradecía que, incluso aunque él estuviese en igual o misma condición que ella con el dinero, se ofreciera a ayudar. Aquello significaba una enormidad para Charlie, pues jamás nadie había cuidado de ella. Ella era la encargada de verlar por todos pero a veces, en aquellos momentos de oscuridad supremos uno necesitaba que miraran por uno y que cuidaran de las caídas, tal como ambos hacían por Lizzie. — No te preocupes por ello. Melissa... ya hablé con ella y no está de acuerdo en ayudarme. De todas formas gracias por ofrecérmelo. — Le apretó con fuerza la muñeca que había tomado y luego, lentamente —como si le doliera— retiró el contacto.
Desvió instantáneamente la vista de sus ojos y se movió con rapidez hacia Lizzie intentando que Nelson no viera el sonrojo que inundaba su rostro y caminó como quién no quiere la cosa hacia la pequeña que jugaba tan feliz. Se sentó en el columpio al lado de ella y la sensación del viento contra su rostro mientras se balanceaba en el aire pareció ser desconocido para ella, luego de varios años desde la última vez que lo había realizado. Al fin, con Nelson y Lizzie cerca, las piezas de su rompecabezas por fin estaban calzando. — Charlie, ¡tengo nuevo muñeco! le cambié el nombre ya no es Noah, se llamará Daniel. —el parloteo constante de Lizzie era normal para Lottie y ni siquiera era molesto como ella estaba segura que significaba para sus padres, por lo que su sonrisa fue latente, aunque desvaneció ante las palabras de la pequeña.
— Charlie... ¿por qué tu rostro está como tomate? ¡Nely, Nely! Charlie está enferma, ¡tiene la cara roja! Hay que llamar a los muñecos salvadores — se bajó de su columpio, y ante las palabras de la pequeña la morena no pudo más que bajar su cabeza avergonzada, rogandole a un dios que quizá no existiera que Nelson no se percatara que la razón por la cual estaba sonrojada era por haber tenido contacto con su varonil cuerpo. ¿Qué era lo que le pasaba? Acaso era una pequeña recién salida de primaria? ¡Claro que no! Obviamente no era virgen, había tocado varios cuerpos y varias manos la habían recorrido. ¿Por que, entonces no era capaz de guardar las composturas frente a Nelson?
Desvió instantáneamente la vista de sus ojos y se movió con rapidez hacia Lizzie intentando que Nelson no viera el sonrojo que inundaba su rostro y caminó como quién no quiere la cosa hacia la pequeña que jugaba tan feliz. Se sentó en el columpio al lado de ella y la sensación del viento contra su rostro mientras se balanceaba en el aire pareció ser desconocido para ella, luego de varios años desde la última vez que lo había realizado. Al fin, con Nelson y Lizzie cerca, las piezas de su rompecabezas por fin estaban calzando. — Charlie, ¡tengo nuevo muñeco! le cambié el nombre ya no es Noah, se llamará Daniel. —el parloteo constante de Lizzie era normal para Lottie y ni siquiera era molesto como ella estaba segura que significaba para sus padres, por lo que su sonrisa fue latente, aunque desvaneció ante las palabras de la pequeña.
— Charlie... ¿por qué tu rostro está como tomate? ¡Nely, Nely! Charlie está enferma, ¡tiene la cara roja! Hay que llamar a los muñecos salvadores — se bajó de su columpio, y ante las palabras de la pequeña la morena no pudo más que bajar su cabeza avergonzada, rogandole a un dios que quizá no existiera que Nelson no se percatara que la razón por la cual estaba sonrojada era por haber tenido contacto con su varonil cuerpo. ¿Qué era lo que le pasaba? Acaso era una pequeña recién salida de primaria? ¡Claro que no! Obviamente no era virgen, había tocado varios cuerpos y varias manos la habían recorrido. ¿Por que, entonces no era capaz de guardar las composturas frente a Nelson?
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Re: Can't let go.
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y es que tu ya no estás y aunque trato de olvidar apenas cierro yo los ojos vuelvo a ese viejo lugar. |
Nelson era un ser demasiado generoso. Tanto, que a veces le llegaban a tomar el pelo, pero él seguía sin desconfiar de los demás porque le nacía ser así. A igual que su sonrisa, era todo amabilidad y nada de maldad, ya más de una vez le habían avisado sus amigos de lo inocente que era y de como ser así podía pasarle factura a lo largo. Sin embargo, el camarero prefería pecar de inocentón a ser un tipo agrio y desconfiado. Tal vez por eso Melissa y él seguían juntos, porque aunque ella a veces lo tratase como a un trozo de carne o posesivamente, Nelson había conocido también a una Mel que necesitaba cariño y atención. Una mujer que en ocasiones se convertía en niña, que necesitaba del amor de una persona, ese mismo que su marido le negó durante tantos años, a pesar de que ella al final también siguiera sus pasos y se dedicase más al trabajo que a su hija. Solo Lizzie y él habían conocido esa parte vulnerable de la señora de la casa. Incluso más Nelson que la niña, pues la mujer al parecer se encontraba más a gusto en brazos de su novio que en compañía de la pequeña.
No dudó pues en brindarle algo de ayuda, en este caso económica que era lo que a Lottie más le hacía falta en esos momentos. No pretendía que su gesto amable se interpretase como que le estaba regalando limosna. No sentía pena por ella, pero si quería ayudarla de la manera que fuera, que viera al menos que se interesaba por su bienestar y su felicidad, pues de alguna forma, Nelson sentía ese sufrimiento, esa empatía por Charlotte. El mismo cosquilleo que ella sintió, también le llegó a él. Una caricia que el rubio correspondió con la yema de sus dedos, notando la suave piel de Lottie contra la suya. Los latidos se aceleraron un poco a causa del contacto, como siempre que accidentalmente se rozaban.
— ¿Cómo? — Aunque... ¿de qué se sorprendía? Melissa podía llegar a ser muy suya, sobretodo cuando se trataba de dinero a pesar de que tenía una fortuna en el banco. Pero allí quedó su pregunta, suspendida en el aire, pues Lottie ya había echado a andar para acercarse a los columpios donde Lizzie se encontraba. La siguió con la mirada y suspiró. ¿Por qué la vida era a veces tan complicada? ¿O por qué las personas se la complicaban sin razón? Hubiese dado cualquier cosa para que aquél momento fuera exactamente igual menos por un par de cosas. Su relación con Melissa y que Lizzie no fuera hija de ninguno de los dos. Nelson sabía lo feliz que era la pequeña cuando ambos se encontraban en el mismo lugar, pero él tenía que insistir que no le gustaba Lottie, tan solo como amiga y nada más.
Se acercó a grandes zancadas al escuchar a Lizzie y él, con toda su inocencia, pensó que aquél rubor era realmente a causa de algún malestar que ella estuviera sintiendo. — ¿Va todo bien? Espera... — Se agachó, para ponerse a su altura y le tomó la temperatura con su frente, colocando ambas juntas, tal y como su madre le hacía de pequeño cuando tenía fiebre. Esta vez, a pesar de la poca distancia que mantenían, Nelson estaba concentrado en ver si tenía la temperatura más alta a la suya o no.
No dudó pues en brindarle algo de ayuda, en este caso económica que era lo que a Lottie más le hacía falta en esos momentos. No pretendía que su gesto amable se interpretase como que le estaba regalando limosna. No sentía pena por ella, pero si quería ayudarla de la manera que fuera, que viera al menos que se interesaba por su bienestar y su felicidad, pues de alguna forma, Nelson sentía ese sufrimiento, esa empatía por Charlotte. El mismo cosquilleo que ella sintió, también le llegó a él. Una caricia que el rubio correspondió con la yema de sus dedos, notando la suave piel de Lottie contra la suya. Los latidos se aceleraron un poco a causa del contacto, como siempre que accidentalmente se rozaban.
— ¿Cómo? — Aunque... ¿de qué se sorprendía? Melissa podía llegar a ser muy suya, sobretodo cuando se trataba de dinero a pesar de que tenía una fortuna en el banco. Pero allí quedó su pregunta, suspendida en el aire, pues Lottie ya había echado a andar para acercarse a los columpios donde Lizzie se encontraba. La siguió con la mirada y suspiró. ¿Por qué la vida era a veces tan complicada? ¿O por qué las personas se la complicaban sin razón? Hubiese dado cualquier cosa para que aquél momento fuera exactamente igual menos por un par de cosas. Su relación con Melissa y que Lizzie no fuera hija de ninguno de los dos. Nelson sabía lo feliz que era la pequeña cuando ambos se encontraban en el mismo lugar, pero él tenía que insistir que no le gustaba Lottie, tan solo como amiga y nada más.
Se acercó a grandes zancadas al escuchar a Lizzie y él, con toda su inocencia, pensó que aquél rubor era realmente a causa de algún malestar que ella estuviera sintiendo. — ¿Va todo bien? Espera... — Se agachó, para ponerse a su altura y le tomó la temperatura con su frente, colocando ambas juntas, tal y como su madre le hacía de pequeño cuando tenía fiebre. Esta vez, a pesar de la poca distancia que mantenían, Nelson estaba concentrado en ver si tenía la temperatura más alta a la suya o no.
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Lottie abrió los ojos de par en par, mostrando durnte unos breves instantes el miedo que se reflejó en su cuerpo ante la sola idea de que Nelson supiera la verdad que se escondía tras su corazón respecto a él y su mente trabajó al máximo con la sola idea de encontrar una excusa que pudiese servir para explicar el rojizo que se había aparecido en sus mejillas, sin embargo nuevamente entendió la razón por la que él conjugaba tan bien con alguien como Melissa y es que su nivel de ternura e incluso un poco de inocencia lo que permitía que se juntara con gente tan del estilo de su jefa. Pero, dentro de todo lo que cabía esperar, Charlotte agradeció infinitamente que la preocupación en los ojos de Nelson hayan sido evidente y que no haya entendido con claridad que su rubor no se debía al dolor o a un sentimiento equivocado. Cerró los ojos cuando él se agachó frente a ella para tomarle la temperatura y muy dentro de ella quiso reír ante aquella acción.
"¿¡cómo podía ser tan ingenuo!?", ¿cómo no podía darse cuenta que provocaba que el corazón de la morena se moviera cada vez que se le acercaba? Lottie nunca había estado ante un hombre que le generara tanto, ni mucho menos con alguien donde se notara a leguas lo que sentía —como de seguro le ocurría con Nelson— y ante aquello le parecía extraño que él fuese indiferente ante todo lo que sentía. Quizá en un intento de mantener la amistad pretendía hacerse el tonto, o quizá por que tenía tristeza al momento de rechazarla, luego de todas la situaciones que había tenido que aguantar en su vida Lottie. Aquella imagen mental le produjo un pesar en su estómago y sintió como de pronto una pequeña lágrima rebelde se arrancaba de sus ojos cafés. —Lo... Lo siento. Estoy con un poco de dolor de cabeza, pero es eh... que no he dormido muy bien. — Retiró la mano de Nelson tan rápidamente como esta la había tocado, sintiendo que no quería su compasión ni la de nadie. Si tenía que rechazarla que lo hiciera, pero no que se comportara de aquella forma. — No te preocupes, no me tienes que tratar con pinzas, Nelson.
Murmuró con cierto desánimo, esperando que Lizzie no los escuchara. — ¿Segura que estás bien? ¿No me harás mi tarta de chocolate? — su vos impregnada de tristeza le rompió —aún más— el corazón a Lottie y ésta inmediatamente se giró hacia la pequeña mujer que le alegraba la existencia. Una sonrisa un poco forzada se creó en su rosto y se la dedicó, lamentándose a si misma por darle algo falso a aquella pequeña que nada malo merecía. — ¡claro que no, monita! Te haré tu tarta con la condición que te tomes tu leche, y que le des un gran abrazo a la tía Charlie — y, casi dos segundos después tuvo que soportar los brazos de Charlie en su cuello; un brazo en su cuello y el otro rodeando el de Nelson, abrazándolos a lo dos al mismo tiempo. Y ella quedó demasiado cerca de Nelson. Y se odió por mirarle los labios.
"¿¡cómo podía ser tan ingenuo!?", ¿cómo no podía darse cuenta que provocaba que el corazón de la morena se moviera cada vez que se le acercaba? Lottie nunca había estado ante un hombre que le generara tanto, ni mucho menos con alguien donde se notara a leguas lo que sentía —como de seguro le ocurría con Nelson— y ante aquello le parecía extraño que él fuese indiferente ante todo lo que sentía. Quizá en un intento de mantener la amistad pretendía hacerse el tonto, o quizá por que tenía tristeza al momento de rechazarla, luego de todas la situaciones que había tenido que aguantar en su vida Lottie. Aquella imagen mental le produjo un pesar en su estómago y sintió como de pronto una pequeña lágrima rebelde se arrancaba de sus ojos cafés. —Lo... Lo siento. Estoy con un poco de dolor de cabeza, pero es eh... que no he dormido muy bien. — Retiró la mano de Nelson tan rápidamente como esta la había tocado, sintiendo que no quería su compasión ni la de nadie. Si tenía que rechazarla que lo hiciera, pero no que se comportara de aquella forma. — No te preocupes, no me tienes que tratar con pinzas, Nelson.
Murmuró con cierto desánimo, esperando que Lizzie no los escuchara. — ¿Segura que estás bien? ¿No me harás mi tarta de chocolate? — su vos impregnada de tristeza le rompió —aún más— el corazón a Lottie y ésta inmediatamente se giró hacia la pequeña mujer que le alegraba la existencia. Una sonrisa un poco forzada se creó en su rosto y se la dedicó, lamentándose a si misma por darle algo falso a aquella pequeña que nada malo merecía. — ¡claro que no, monita! Te haré tu tarta con la condición que te tomes tu leche, y que le des un gran abrazo a la tía Charlie — y, casi dos segundos después tuvo que soportar los brazos de Charlie en su cuello; un brazo en su cuello y el otro rodeando el de Nelson, abrazándolos a lo dos al mismo tiempo. Y ella quedó demasiado cerca de Nelson. Y se odió por mirarle los labios.
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En ocasiones, su ingenuidad, no le hacía nada bien al camarero. La fastidiaba y para colmo no sabía el motivo y nadie solía decírselo. Melissa si lo hacía a veces, pero de mala gana y a gritos y así era como Nelson se sentía inútil y mal consigo mismo. El rubio se dio cuenta de algo, una pequeña lágrima que no supo muy bien si era por algo ajeno al dolor de cabeza o qué. Tragó saliva y arrugó levemente el ceño, molesto por no poder ayudarla y hacerla sentir mejor. Le dejó un tanto descolocado que ella le dijera aquello último. ¿A qué se refería con tratarla con pinzas? Ni siquiera pensaba que Lottie fuera una persona débil, todo lo contrario, pero se merecía que la mimaran y eso era lo que él pretendía. Estar por ella como solía estarlo por cualquier persona que le importaba. Sin embargo, se malinterpretó su gesto. De nuevo.
— Monito, yo puedo hacer hoy esa tarta. — Puso su mejor sonrisa, aunque de reojo mirase aún a la joven, no queriendo perderla mucho de vista. — O al menos dejadme ayudar. — Una de sus virtudes era precisamente que se manejaba muy bien en la cocina. A pesar de ser camarero, había trabajado como cocinero y en casa era siempre él el que cocinaba. Le encantaba hacer experimentos con la comida y normalmente le salían bien. Bueno, eso ahora, al principio era un desastre, pero con el tiempo, la técnica mejoró.
Correspondió a ese abrazo que la niña les daba, juntándolos tal vez demasiado. A Nelson también se le fue la mirada a los labios de ella y cuando se encontraron ambas, se zafó del agarre de Lizzie enseguida.
— Pero antes... tienes que acabar de hacer unas tareas del colegio. — Había estado jugando por bastante rato y Nelson tenía que ponerse un poco serio, no queriendo que sus ganas de darle todo le pasaran factura en la escuela. — Mientras, Charlotte y yo te haremos esa tarta. ¿Prometido? — Le acarició el cabello a la niña y esta se bajó de los brazos de Lottie, para luego pasar a los del rubio. La niña asintió y le dijo adiós con la mano a la joven. Nelson la llevó a su habitación, que estaba en el piso de arriba y le dijo que cuando acabase o necesitase ayuda, que bajara, que él estaría en la cocina. Cuando entró de nuevo en esta, volvió a encontrarse con la misma escena de antes, aunque con pequeñas cosas cambiadas. — ¿Por dónde empiezo? — preguntó sin saber muy bien que decir. Quizá más nervioso de lo que pretendía estar.
— Monito, yo puedo hacer hoy esa tarta. — Puso su mejor sonrisa, aunque de reojo mirase aún a la joven, no queriendo perderla mucho de vista. — O al menos dejadme ayudar. — Una de sus virtudes era precisamente que se manejaba muy bien en la cocina. A pesar de ser camarero, había trabajado como cocinero y en casa era siempre él el que cocinaba. Le encantaba hacer experimentos con la comida y normalmente le salían bien. Bueno, eso ahora, al principio era un desastre, pero con el tiempo, la técnica mejoró.
Correspondió a ese abrazo que la niña les daba, juntándolos tal vez demasiado. A Nelson también se le fue la mirada a los labios de ella y cuando se encontraron ambas, se zafó del agarre de Lizzie enseguida.
— Pero antes... tienes que acabar de hacer unas tareas del colegio. — Había estado jugando por bastante rato y Nelson tenía que ponerse un poco serio, no queriendo que sus ganas de darle todo le pasaran factura en la escuela. — Mientras, Charlotte y yo te haremos esa tarta. ¿Prometido? — Le acarició el cabello a la niña y esta se bajó de los brazos de Lottie, para luego pasar a los del rubio. La niña asintió y le dijo adiós con la mano a la joven. Nelson la llevó a su habitación, que estaba en el piso de arriba y le dijo que cuando acabase o necesitase ayuda, que bajara, que él estaría en la cocina. Cuando entró de nuevo en esta, volvió a encontrarse con la misma escena de antes, aunque con pequeñas cosas cambiadas. — ¿Por dónde empiezo? — preguntó sin saber muy bien que decir. Quizá más nervioso de lo que pretendía estar.
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Monita, feliz con aquel sobrenombre que Nelson le había inventado y ante el cual ella se había visto obligada a ocuparlo para referirse a ella, era una persona de piel que le había enseñado muchas cosas de la vida a Charlotte, incluso aunque tenía mucha vida menos que ella, había pasado a ser alguien que con aquellas pequeñas acciones que le generaban felicidad le entregaba una lección a la morena —y seguramente Nelson también ocupaba igual— sobre los detalles importantes de la vida. Como un abrazo, como una sonrisa, como un beso, una tarta, una carta. Por lo que a pesar de la tristeza que experimento momentos atrás, y, aunque pueda sonar como si se tratara de una bipolaridad extrema, ahora su sonrisa era real, llena de una felicidad que poca veces conseguía, y solamente gracias a un abrazo. La vida junto a ella siempre resultaba mucho mejor. Pero,ante la petición/mandato de Nelson a Lizzie no le quedó mayor opción que acatar, e ir de la mano junto al castaño hacia la habitación en donde haría sus deberes mientras ella se levantaba del columpio y se encaminaba al instante hacia la cocina, de pronto con un hambre veraz de tarta de chocolate.
Se encargó, minutos previos a la aparición de Nelson de limpiar el desastre en el que había transformado la cocina de Melissa, para luego sacar los implementos necesarios como para hacer posible el deseo de Lizzie. Y, cuando el castaño atravesó la puerta de la cocina, Lottie se puso nerviosa. Definitivamente parecía una cría. — No sabía que se te daba bien la cocina —le confesó, mientras intentaba buscar el batidor dentro de el kilo de artefactos que poseían. Maldijo para sus adentros por ser tan desordenada por que aquello solamente era culpa de su propia mano. — Pues a monita le gusta la tarta de chocolate con naranja. ¿Por qué no le sacas la cáscara a unas cuantas? Lávalas y pélalas. — le habló mientras enterraba su cabeza dentro de unos muebles, luchando por encontrar lo impensable. — ¡Lo encontré! Uno para Lottie, cero para batidor! — Rió, acercándose a él y de pronto queriendo olvidar lo que había pasado en el patio, queriendo nuevamente sentirse cercana a él, al menos como una amiga que era lo que más le interesaba en este momento.
— Encuentro casi mágico como te hace caso Lizzie. Hace unas semanas estaba hablando con Klaus y me dice que no hay forma en que lo respete. — Pero Lottie sentía que, de cierta forma, la presencia en la vida de Lizzie influía en a quién le hacía caso, por lo que era normal que su principal fuente de respeto fuese, precisamente, Nelson y Lottie.
Se encargó, minutos previos a la aparición de Nelson de limpiar el desastre en el que había transformado la cocina de Melissa, para luego sacar los implementos necesarios como para hacer posible el deseo de Lizzie. Y, cuando el castaño atravesó la puerta de la cocina, Lottie se puso nerviosa. Definitivamente parecía una cría. — No sabía que se te daba bien la cocina —le confesó, mientras intentaba buscar el batidor dentro de el kilo de artefactos que poseían. Maldijo para sus adentros por ser tan desordenada por que aquello solamente era culpa de su propia mano. — Pues a monita le gusta la tarta de chocolate con naranja. ¿Por qué no le sacas la cáscara a unas cuantas? Lávalas y pélalas. — le habló mientras enterraba su cabeza dentro de unos muebles, luchando por encontrar lo impensable. — ¡Lo encontré! Uno para Lottie, cero para batidor! — Rió, acercándose a él y de pronto queriendo olvidar lo que había pasado en el patio, queriendo nuevamente sentirse cercana a él, al menos como una amiga que era lo que más le interesaba en este momento.
— Encuentro casi mágico como te hace caso Lizzie. Hace unas semanas estaba hablando con Klaus y me dice que no hay forma en que lo respete. — Pero Lottie sentía que, de cierta forma, la presencia en la vida de Lizzie influía en a quién le hacía caso, por lo que era normal que su principal fuente de respeto fuese, precisamente, Nelson y Lottie.
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Re: Can't let go.
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No quería ser malo, pero agradecía algo de intimidad con Lottie. Apenas podían pasar un rato a solas y él se moría de ganas, sin embargo, siempre había alguien rondando en la casa y solo en contadas ocasiones compartían ratos así. Algo le decía que Lizzie no bajaría (no al menos tan rápido), pues aquella niña era de lo más inteligente y a pesar de querer estar en compañía de ambos jóvenes, hacía lo posible para que estuvieran ellos dos solos. Nelson observó a Charlotte unos segundos, en silencio, antes de responder. Le gustaba la cara de concentrada que se le ponía cuando hacía algo. Aunque... ¿qué era lo que no le gustaba de ella? ¿había algo malo en la morena? Porque a ojos del camarero era perfecta aun y con todos sus defectos. Nadie lo era, pero él veía más virtudes que imperfecciones.
— Ya... bueno. Me gusta entretenerme con la cocina. Quizá sea uno de mis pasatiempos favoritos. — confesó con una sonrisa. — Ayudaba a mi madre siempre que podía cuando era pequeño. Y de hecho hacíamos pasteles, sobretodo cuando teníamos invitados en casa. Pero tampoco creas que soy aquí un máster chef. — Se dispuso a pelar las naranjas, mientras ella buscaba vete tu a saber. A Nelson también se le contagió la risa y cuando paró de reír, se le quedó dibujada una sonrisa pequeña que irradiaba ternura.
— Lo mismo digo. Lizzie te quiere con locura. — Y quién no, pensó, mientras terminaba de pelar las naranjas. — A veces pienso que si no fuera por nosotros... ella no sería así. Pero luego la miro y veo el gran corazón y la fortaleza que tiene y me sorprendo. Así que no sé. Seguro que sacaría fuerzas de donde fuera para seguir sonriendo. Melissa no se da cuenta de lo que tiene... — quizá fueron los nervios o estaba tan concentrado en lo que decía, que el cuchillo se le escapó y cortó su dedo. Fue nada, un corte pequeño y no muy profundo, justo en la yema del índice que empezó a emanar sangre, tiñendo la tabla de plástico blanco. — Vaya... lo siento, menudo desastre. — Se fue directo al fregadero para limpiar la herida con agua, aunque esta seguía sangrando. Pocas veces le pasaba, es más, no solía cortarse porque ya tenía automatizado el movimiento del cuchillo al cortar la comida, sin embargo, esta vez quedó como un mero principiante a ojos de Lottie.
— Ya... bueno. Me gusta entretenerme con la cocina. Quizá sea uno de mis pasatiempos favoritos. — confesó con una sonrisa. — Ayudaba a mi madre siempre que podía cuando era pequeño. Y de hecho hacíamos pasteles, sobretodo cuando teníamos invitados en casa. Pero tampoco creas que soy aquí un máster chef. — Se dispuso a pelar las naranjas, mientras ella buscaba vete tu a saber. A Nelson también se le contagió la risa y cuando paró de reír, se le quedó dibujada una sonrisa pequeña que irradiaba ternura.
— Lo mismo digo. Lizzie te quiere con locura. — Y quién no, pensó, mientras terminaba de pelar las naranjas. — A veces pienso que si no fuera por nosotros... ella no sería así. Pero luego la miro y veo el gran corazón y la fortaleza que tiene y me sorprendo. Así que no sé. Seguro que sacaría fuerzas de donde fuera para seguir sonriendo. Melissa no se da cuenta de lo que tiene... — quizá fueron los nervios o estaba tan concentrado en lo que decía, que el cuchillo se le escapó y cortó su dedo. Fue nada, un corte pequeño y no muy profundo, justo en la yema del índice que empezó a emanar sangre, tiñendo la tabla de plástico blanco. — Vaya... lo siento, menudo desastre. — Se fue directo al fregadero para limpiar la herida con agua, aunque esta seguía sangrando. Pocas veces le pasaba, es más, no solía cortarse porque ya tenía automatizado el movimiento del cuchillo al cortar la comida, sin embargo, esta vez quedó como un mero principiante a ojos de Lottie.
Re: Can't let go.
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Se dio cuenta, sin siquiera quererlo, que esto era lo que había buscado toda su vida. Toda la vida había querido un hombre dedicado, tierno y amoroso y más que la acompañara en sus horas de renovación en las que inventaba un sinfín de nuevas recetas de cocina. La muchacha, luego de verse sola a muy temprana edad, tuvo que aprender por obligación las cosas básicas: arroz, pastas, carnes, etc, pero con el tiempo le tomó el gusto propio de un chef a lo que realizaba. Por ello siempre estaba tan feliz de poder complacer a Lizzie con comida, pero también ahora había encontrado un ayudante que le ponía los nervios de punta. Había tanta intimidad en aquellas risas divertidas que salían de labios de ambos y en aquel momento más que nunca había agradecido que Melissa y Klaus sacaran las cámaras que habían puesto en la cocina o sino aquella circunstancia en que su corazón estaba repleto se sentiría dentro de todo, culpable. — De seguro eres bueno, ¡tente fe! — lo regañó Charlie, mientras sacaba la mantequilla y la harina del cajón en la cual los guardaba.
Pero un ligero sonido de malestar la alertó y se giró al instante en que veía el dedo de Nelson sangrar. Inmediatamente, sin pensarlo más de dos segundos dejó todo su quehacer suspendido en la nada y se encaminó un poco nerviosa hacia su compañero, en donde intentó examinar la herida —un poco profunda— que había cortado su piel. A Charlie nada le importaba la sangre que había sobre el tablón ni sobre las naranjas; era algo de lo que se podría prescindir. Pero, ¿de Nelson? ¿Del bienestar de Nelson? Aquello, últimamente, era su principal importancia. — ¿Te duele mucho? — cuando Lottie se ponía nerviosa era tan típico que dijera cosas estúpidas como esas, por lo que negó con la cabeza ante sus palabras, dándose cuenta que en nada ayudarían al castaño. Y, tal como su madre hacía cada vez que se cortaba, Lottie fue a buscar el salero, para luego pedirle a Nelson que retirara su mano unos segundos del agua. — Esto te dolerá — le advirtió, y a continuación vertió la sal sobre la herida para detener la hemorragia que se había creado. Había leído por ahí que la sal era un muy buen coagulante y esperó ciertamente que eso ocurriera ahora.
Mientras vertía, sus ojos estaban en el rostro contrariado de Nelson. — Tranquilo, no pasó nada. — Intentó animarlo, para luego cerrar el chorro de agua que habían encendido. — Creo que tengo un parche curita por aquí... Aunque dentro de todo mi desorden no estoy segura de que pueda encontrarlo rápidamente — mordió su labio inferior, nerviosa. Nunca antes le había molestado tanto su propia forma de ser.
Pero un ligero sonido de malestar la alertó y se giró al instante en que veía el dedo de Nelson sangrar. Inmediatamente, sin pensarlo más de dos segundos dejó todo su quehacer suspendido en la nada y se encaminó un poco nerviosa hacia su compañero, en donde intentó examinar la herida —un poco profunda— que había cortado su piel. A Charlie nada le importaba la sangre que había sobre el tablón ni sobre las naranjas; era algo de lo que se podría prescindir. Pero, ¿de Nelson? ¿Del bienestar de Nelson? Aquello, últimamente, era su principal importancia. — ¿Te duele mucho? — cuando Lottie se ponía nerviosa era tan típico que dijera cosas estúpidas como esas, por lo que negó con la cabeza ante sus palabras, dándose cuenta que en nada ayudarían al castaño. Y, tal como su madre hacía cada vez que se cortaba, Lottie fue a buscar el salero, para luego pedirle a Nelson que retirara su mano unos segundos del agua. — Esto te dolerá — le advirtió, y a continuación vertió la sal sobre la herida para detener la hemorragia que se había creado. Había leído por ahí que la sal era un muy buen coagulante y esperó ciertamente que eso ocurriera ahora.
Mientras vertía, sus ojos estaban en el rostro contrariado de Nelson. — Tranquilo, no pasó nada. — Intentó animarlo, para luego cerrar el chorro de agua que habían encendido. — Creo que tengo un parche curita por aquí... Aunque dentro de todo mi desorden no estoy segura de que pueda encontrarlo rápidamente — mordió su labio inferior, nerviosa. Nunca antes le había molestado tanto su propia forma de ser.
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Re: Can't let go.
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La herida escocía, pero tampoco era para tanto, no al menos para él. Sin embargo, Lottie pareció asustarse un poco y lo cierto es que ese gesto de preocupación le gustó. No es que quisiera preocuparle, para nada, pero eso quizá quería decir que algo importante si era para la joven. Quería creer eso. — No, no es tanto como parece. La sangre a veces engaña. Como si fuera más de lo que es realmente. — Dijo con una pequeña sonrisa e intentando restarle importancia al corte. Lo que si escoció pero de verdad, fue la sal que ella echó sobre la herida. ¡Demonios! ¿Dónde habría aprendido esas curas? — Ostras... — pudo haber maldecido con algo más fuerte, pero ante no quería ser tan grosero. La sonrisa seguía allí, pero esta vez era forzada y se notaba por lo tenso de si mandíbula. — ¿Dónde aprendiste esto? — preguntó, aun notando el escozor de la sal sobre el corte.
— Charlotte... — su mano aferró la de ella suavemente. — Estoy bien, creo que en el baño hay. — La soltó enseguida y carraspeó. Debía controlar esos impulsos de acortar distancias, aunque fuera tan solo rozar sus dedos, no era conveniente porque llegaría el día en que Nelson no pudiera aguantarse más las ganas. — Voy a... — señaló la puerta y sin decir nada más fue rápidamente al baño, encerrándose en él. Allí se miró al espejo, aferrándose con fuerza a la pica de mármol. Dejó escapar un suspiro y bajó la mirada. Cada vez le costaba más estar a solas con Charlotte sin pensar en una locura.
Estuvo divagando demasiado en el baño, pues escuchó unos golpes llamar a la puerta, lo que provocó un pequeño respingo. — Si, ahora salgo. Un momento. — dijo, alzando un poco la voz y buscando las tiritas en el armario donde estaban todas las medicinas. Allí encontró entonces algo en lo que no había reparado anteriormente. Cogió el bote para leer la etiqueta. Al parecer eran unos antidepresivos. Parpadeó y con el ceño fruncido volvió a dejarlos en su lugar. ¿De quién serían? Dudaba que fueran del personal, entonces... ¿Melissa? Negó con la cabeza, como intentando sacudir esos pensamientos y salió del baño, encontrándose con Lottie. — Lo siento, me quedé un poco en shock... — Fue lo primero que se le vino a la cabeza. — Esto... estaba pensando que... ¿te apetece que vayamos a tomar helado un día de estos? — Fue un atrevimiento, pero el impulso de hacerlo no pudo resistirlo. — Sé que es Melissa quién debería agradecerte todo pero... — se encogió de hombros — quiero hacerlo, por Lizzie. Por todo lo que haces por ella — y por mí — Quiero invitarte a un helado o bueno, a lo que quieras. — No podía decirle la verdad. Tenía que encubrir de alguna forma su ofrecimiento para salir juntos.
— Charlotte... — su mano aferró la de ella suavemente. — Estoy bien, creo que en el baño hay. — La soltó enseguida y carraspeó. Debía controlar esos impulsos de acortar distancias, aunque fuera tan solo rozar sus dedos, no era conveniente porque llegaría el día en que Nelson no pudiera aguantarse más las ganas. — Voy a... — señaló la puerta y sin decir nada más fue rápidamente al baño, encerrándose en él. Allí se miró al espejo, aferrándose con fuerza a la pica de mármol. Dejó escapar un suspiro y bajó la mirada. Cada vez le costaba más estar a solas con Charlotte sin pensar en una locura.
Estuvo divagando demasiado en el baño, pues escuchó unos golpes llamar a la puerta, lo que provocó un pequeño respingo. — Si, ahora salgo. Un momento. — dijo, alzando un poco la voz y buscando las tiritas en el armario donde estaban todas las medicinas. Allí encontró entonces algo en lo que no había reparado anteriormente. Cogió el bote para leer la etiqueta. Al parecer eran unos antidepresivos. Parpadeó y con el ceño fruncido volvió a dejarlos en su lugar. ¿De quién serían? Dudaba que fueran del personal, entonces... ¿Melissa? Negó con la cabeza, como intentando sacudir esos pensamientos y salió del baño, encontrándose con Lottie. — Lo siento, me quedé un poco en shock... — Fue lo primero que se le vino a la cabeza. — Esto... estaba pensando que... ¿te apetece que vayamos a tomar helado un día de estos? — Fue un atrevimiento, pero el impulso de hacerlo no pudo resistirlo. — Sé que es Melissa quién debería agradecerte todo pero... — se encogió de hombros — quiero hacerlo, por Lizzie. Por todo lo que haces por ella — y por mí — Quiero invitarte a un helado o bueno, a lo que quieras. — No podía decirle la verdad. Tenía que encubrir de alguna forma su ofrecimiento para salir juntos.
Re: Can't let go.
make it right
y es que tu ya no estás y aunque trato de olvidar apenas cierro yo los ojos vuelvo a ese viejo lugar. |
A veces —sobretodo en momentos como este— podía actuar como una completa exagerada, pero es que no mucho sabía de medicina y cada herida que veía en su campo de visión la alteraba de una forma indescriptible. Quizá por que, dentro de un mundo oscuro y propio, estaba herida y temía perder a alguien querido tal como había perdido a su madre quién a pesar de seguir físicamente a su lado su mente había volado tan lejos que no había forma de traerla de vuelta. Y, mientras la imagen de Nelson herido la trastornaba, no podía más que actuar conforme a su necesidad de cuidar a los demás. — ¿De verdad estás bien?— preguntó, pero a continuación él corrió hacia el baño y le dejó el tiempo suficiente para pensar en que quizá era momento de calmar sus pasiones respecto a lo del castaño se debía. Limpió la tabla de cortar la cual estaba llena de sangre y, al no encontrar ninguna manzana que se hubiese librado del plasma de Nelson, se vio obligada a eliminar cada una en el tacho de la basura y limpió de forma intensa para sacar la sangre de cada lugar. Y, esperando por Nelson decidió prender la radio de la cocina, en donde la canción Fix you de Coldplay, dejándose llevar por la dulce melodía de aquella composición.
Recordó los tiempos de antaño que esas melodías jamás le perturbaban, y añoró aquello, pero dentro de todo agradeciendo que alguien como Nelson —noble y amoroso—fuese quién la había conquistado después de tanto tiempo. Tan preocupada de él como de nadie, Lottie caminó pensativa hacia el baño y tocó la puerta, con cierto miedo de que la sangre hubiese vuelto a salir, pero volvió a la cocina con cierto mejor ánimo, agradeciendo que ahora la canción fuese más movida y le permitiera que su mente ciertamente estuviese más alegre. Pero, justo como las sorpresas llegaban, Nelson apareció por la puerta con una pregunta que le heló la sangre, pero a medida que le explicaba una sonrisa le recorrió el rostro. Si bien él lo hacía con intenciones sanas y nada amorosas, la sola intención le hacía sentirse alegre, alegre de tener a alguien como él en su vida. —¿Helado? Hm... me gustaría. La próxima semana tengo libre el miércoles. ¿Te parecería que vayamos a alguna parte? Y pues... si te incomoda, podemos ir con Lizzie. — pero, ciertamente a pesar de quererla con tan intensidad, prefería pasar tiempo sola con él. Se acercó con cuidado y, tan arriesgada como nunca era acarició su rostro con cariño. — ¿Ya estás mejor, no? ¿Aún quieres ayudarme? Prometo que nada más de cortar — rió.
Recordó los tiempos de antaño que esas melodías jamás le perturbaban, y añoró aquello, pero dentro de todo agradeciendo que alguien como Nelson —noble y amoroso—fuese quién la había conquistado después de tanto tiempo. Tan preocupada de él como de nadie, Lottie caminó pensativa hacia el baño y tocó la puerta, con cierto miedo de que la sangre hubiese vuelto a salir, pero volvió a la cocina con cierto mejor ánimo, agradeciendo que ahora la canción fuese más movida y le permitiera que su mente ciertamente estuviese más alegre. Pero, justo como las sorpresas llegaban, Nelson apareció por la puerta con una pregunta que le heló la sangre, pero a medida que le explicaba una sonrisa le recorrió el rostro. Si bien él lo hacía con intenciones sanas y nada amorosas, la sola intención le hacía sentirse alegre, alegre de tener a alguien como él en su vida. —¿Helado? Hm... me gustaría. La próxima semana tengo libre el miércoles. ¿Te parecería que vayamos a alguna parte? Y pues... si te incomoda, podemos ir con Lizzie. — pero, ciertamente a pesar de quererla con tan intensidad, prefería pasar tiempo sola con él. Se acercó con cuidado y, tan arriesgada como nunca era acarició su rostro con cariño. — ¿Ya estás mejor, no? ¿Aún quieres ayudarme? Prometo que nada más de cortar — rió.
you will bleed for a girl
the embers that burn in your heart, they never go cold, not complety. I know, because trust me, I've tried to douse mine, but I'm one trying.
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