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Only you can set my heart on fire
«Tú eres mi propio infierno personal...
Una fiesta. Un error. Un intercambio y un desenlace adictivo.
Una fiesta de bienvenida que terminaba siendo consumada en un bar, ésos antros escondidos en lo más recóndito de la ciudad. Ella no ve más salida que asistir ya que, y a decir verdad su amiga decidió por ella. Adentrándose sin más remedio. Allí mismo es cuando su mundo dará un giro consiguiendo alterarla. Ella sería el pago, el saldo de una deplorable deuda.
Él un hombre de negocios del submundo. Que por lo mismo asistió a un triste antro donde cerraría algunos de sus nuevos negocios… o tal vez no. Pero la torpeza de una mujer captaría su atención, regenerando su vitalidad y diversión, sobre todo cuando sus orbes no dejan de seguirla moviéndose delicadamente al compás de la música en aquél escenario. Lo que alguna vez creyó perdido resurgió cual ave Fénix, un deseo abrazador se internó dentro de sí, fijando una nueva meta la cual no tardaría demasiado en realizar.
Su meta era sencilla. Tan solo bastó un par de investigaciones absurdas para que su sonrisa sardónica brillara entre sus carnosos labios. Estaba en la palma de su mano, tan solo debía arrebatar la preciada copa de la bandeja de plata para marcarla como de su propiedad. Y lo hizo. Un tratado se cerró entre las sombras. Ella debía disfrutar su libertad mientras pudiese porque él mismo se encargaría de arrancarle las alas asegurándose de mantenerla obsesivamente cerca suyo. Ese sería su tesoro, el mejor pago que alguna vez pudo imaginar recibir. Y pensar que todo comenzó en una aburrida noche de negocios.
Pero a pesar de eso, no concibo una vida sin el frío infierno.»
Miles Reeve 29 años • Sasuke Uchiha • EDEL ROSE | ![]() |
![]() | Emerald Brooks 25 años • Sakura Haruno • Cherry Blossom |
crackship• Otros|Romance|Drama • 1x1
phoenix ⚓

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Re: —Follow me to the dark
1. You better run to survive.
¿Quién hubiera dicho que una noche como cualquier otra acabaría revolucionando su interior de aquella manera? Había ido a aquél bar con la idea de cerrar uno de sus tantos negocios. No uno demasiado importante, pero sí lo suficiente como para tener que ir él en persona y no alguien en su nombre. Lo que jamás imaginó es que allí encontraría algo que despertara a aquello que llevaba dormido tanto tiempo.
Aún quedaban rastros de aquella mezcla de sensaciones en su interior, pese a que habían pasado varios días desde entonces. En su mente, los recuerdos también estaban intactos y venían de vez en vez como flashes, haciéndole esbozar una sonrisa que a ojos de sus allegados no era precisamente una cálida o amable.
No le había costado demasiado en aquellos días reunir la suficiente información sobre aquello que tanto le había llamado la atención. Unas llamadas, algunos pagos, y un par de favores a cobrar… Al cabo de unos días, ya conocía a la familia Brooks tanto como si hubiese sido parte de ella toda su vida. Una buena familia en su momento, que tuvo un quiebre con la muerte de la madre. Aunque aquello era una suerte para él, ya que el padre de aquella chica a partir de ese tiempo no había tomado las mejores decisiones. Tenía varias deudas en su nombre, una de ellas precisamente con uno de sus “protegidos”. Eran unos cuantos miles de dólares, que por el sueldo que ganaba no iba a poder saldar en bastante tiempo, cosa que resultaba a su favor.
Convencer al hombre de que entregue a su hija tampoco resultó algo difícil. Era hasta gracioso ver cómo los ojos del padre brillaron al oír que simplemente entregándole a la chica todos sus problemas financieros serían solucionados. Y mucho más cuando el joven mafioso le aseguro que no estaba en sus intenciones el matarla o lastimarla, o algo parecido.
Y a decir verdad ni siquiera Miles sabía qué era lo que pretendía con la de cabello rosa, pero tenía el presentimiento de que lo sabría en el momento que la tuviera con él. Se sentía como un niño a punto de recibir un juguete nuevo, sin saber qué sería en realidad, pero anhelándolo con todas sus ganas.
Tras caminar unas cuantas calles desde donde había aparcado su coche, el azabache llegó a la numeración buscada. Era un pequeño apartamento, nada demasiado lujoso pues no era precisamente alguien a quien le sobrara el dinero, claro estaba. Las escaleras daban al patio, así que ir hasta la puerta no trajo mayor problema.
—¿Estarás en casa, Emerald? —susurró, sintiendo un ligero escalofríos recorrerle en cuanto sus labios pronunciaron aquél nombre.
Hizo sonar el timbre una vez y esperó paciente por unos cuantos segundos antes de volver a hacerlo. Nadie contestaba.
Había estudiado sus horarios lo suficiente como para saber que si no estaba en ese momento, no tardaría demasiado en llegar. Suspiró resignado, volviendo sobre sus pasos, decidiéndose por quedarse esperando en el paredón que separaba el patio de la vereda. Su semblante elegante, junto con su traje negro hecho a medida y zapatos bien lustrados le hacían sobresalir del resto de peatones que pasaban cada tanto por allí, no debiera ser normal ver a alguien de su clase muy seguido. Pero poco le importaban las miradas o comentarios ajenos, no era quien era por preocuparse demasiado en lo que dicen de él y lo que no.
Habrán sido unos 15 o 20 minutos los que estuvo así, observando de vez en vez su móvil, o simplemente mirando hacia su derecha esperándola ver doblar la esquina e ingresar al patio de aquél edificio. Y finalmente lo hizo. Su cabello fue lo primero que sus ojos poseyeron, bajando luego por toda su figura sólo para confirmar que todo el tiempo invertido en la última semana había valido la pena.
Su mirada distraída aún no hacía contacto con la propia, ella iba caminando hacia él sin siquiera notarlo, sin saber que si tenía alguna posibilidad de huir sería únicamente esa. Pero los pasos poco a poco acortaban la distancia, y una sonrisa se dibujó en sus labios inconscientemente esperándola. Esperando ver qué reacción tendría de ver a aquél tipo que le hizo pasar un momento tan vergonzoso aquella noche en el bar estaría por segunda vez plantado en la puerta de su casa.
Suspiró para relajarse, despegando con un leve impulso el cuerpo de la pared, y acomodando sus ropas que se habían arrugado ligeramente.
Ya había olvidado cuál excusa había elegido para justificar su presencia allí. Poco importaba en ese momento las formalidades, ella era de él y por más palabrería que pudiera decir, nada cambiaba la realidad. Ya había sido rechazado la primera vez y lo había aceptado en silencio, pero esta vez no le sería tan fácil. No es que tuviera algún problema en tomar a la fuerza lo que le corresponde por derecho.
En casa de Emerald, solo, una tarde de Mayo.
Re: —Follow me to the dark
1. YOU BETTER RUN TO SURVIVE.
Desde que sus pies volvieron a tocar el suelo de su país natal, no se imaginó la cantidad de problemas que eso conllevaría. Realmente sus pensamientos flotaban sobre una atmosfera plena, alegre y encantadora; después de todo regresar del extranjero, por un tiempo demasiado prolongado, era lo que idealizaba. Sin embargo cualquier pensamiento estaba completamente errado.
Primero; descubrió el estado terrible en el que yacía su padre. Todas esas llamadas que realizaba a diario para saber sobre él se trataban de una simple farsa de su parte, porque al parecer para él, el tiempo no curaba ninguna herida. Su padre continuaba destrozado por la repentina muerte de su madre. Estaba hundido en un pozo sin salida del cual, Emerald esperaba poder brindarle una soga para rescatarlo de allí, de esa soledad.
Segundo; su mejor amiga estaba eufórica por volver a verla. Y cómo no. Esa noche no fue la salvedad de sus alocadas ideas, claro que no. La joven propuso realizar una fiesta de bienvenida en un bar de mala muerte donde, según ella, asistía su novio. Ese mismo sitio que conseguiría amarrarle una soga al cuello. Porque gracias a ello su vida ahora dependía de alguien más por culpa de un tonto accidente.
Lo que nos remonta a la actualidad. Porque esos dos acontecimientos marcarían su vida sin que ella fuese conocedora de tal verdad, enredándola en una complicación que difícilmente tenía una buena salida, y es que ser el blanco de un hombre mafioso complicaba todo aún más. Escurrirse de sus manos sería un dolor de cabeza sin fin. No tardaría demasiado en conocer ese detalle.
Esa misma tarde, Brooks acudió ante el llamado de su amiga. Parecía estar desconsolado, destrozada y ni hablar del llanto que casi la dejaba sorda de un oído. Ni siquiera fue capaz de comprender lo que intentaba decirle ya que los sollozos impedían que hablase de manera fluida y corriente. Por lo que sin más, y como buena amiga que era. Decidió que calmarla personalmente sería la mejor opción, y así fue.
Pasó gran parte de la mañana con ella, intentado animarla y sonsacarle el motivo de su aquejo, mas sin embargo no se trató de una tarea fácil, pues según su amiga, no estaba dispuesta a soltar detalles. Debía admitir que esa jornada resultó ser bastante divertida no sólo porque se dedicó a torturar a su amiga, en el buen sentido de la palabra, haciéndola olvidar de su pesar, sino que logró recuperar tiempo perdido con ella. Y claro, luego de tanta insistencia por parte de Emerald, su amiga terminó por confesarse. El terrible motivo no era ni más ni menos que una traición amorosa, algo que la rosada imaginó internamente. No era necesario ser un genio para desconfiar del porqué alguien que dice amarte huye todas las noches a un bar de mala muerte repleto de mujeres dispuestas a todo por conseguir un hombre. Tuvo que desistir a soltar; «Te lo dije» puesto que, claramente no era el momento indicado. Su amiga podía ser lo bastante terca como ingenua en partes iguales.
El regreso a casa no resultó ser tan duro como imaginó, de hecho le sirvió para intentar atar cabos sueltos. Buscar una solución a los problemas que su espalda cargaba. Problemas que al encontrarse con una desafortunada y repentina visita se intensificarían en su máxima potencia. Sus pasos lentos pero seguros, la dirigieron a la puerta de su departamento, notando la presencia de alguien extraño allí. Alguien que parecía estar esperando a otra persona. Decidió no darle tanta importancia y asegurarse de ingresar a su hogar de una vez por todas, pero su curiosidad pudo con ella al ver por el rabillo del ojo como el individuo se acercaba con elegancia hasta ella.
— ¿Busca a alguien? —indagó sin prestarle verdadera atención ya que buscaba las llaves en su bolso, las cuales, al tenerlas se resbalaron de sus manos. Con un imperceptible movimiento se agachó para tomarlas y al hacerlo su rostro se topó con el masculino.
El análisis no tardó demasiado, esa figura, ese rostro frío y calcular resonó en su mente. Como si lo conociera de algún lado. Irguió su postura consiguiendo que su mente se iluminara, ése sujeto que yacía frente a sus jades era con quien tuvo el altercado. ¿Pero qué diablos hacía allí?
—. Ah, es usted —expresó con simpleza — . ¿Viene a que le pague la camisa? —no pensaba que sería capaz de ir hasta ella por una tonta indumentaria, pero al juzgar por lo lujosa que parecía, al igual que la que portaba en esos momentos, para él sería significativa.
La amabilidad pasó a un segundo plano, relegado por otros motivos. Lo que menos esperaba al regresar sería encontrarse con un sujeto que tan solo vio una vez en su vida, que como si fuera poco, la observaba como si pretendiese encadenarla y marcarla con su sello personal. Sin dudas ese pensamiento le heló la sangre a la vez que le erizaba los cabellos.
Si analizaba todo con calma, algo no cuadraba. Ella nunca le brindó su dirección, había ofrecido su tiempo para reponer lavando la camisa dañada, pero nunca ofreció ningún tipo de información personal. Emerald lo había rechazado sin piedad alguna para sorpresa ajena — ¿Cómo consiguió mi dirección? ¿Acaso está acosándome? Pueden encerrarlo por eso — dijo sin ningún tipo de diversión en su rostro. Nada de ese encuentro le sentaba bien. Mucho menos volver a encontrarse con ese ser que desde un comienzo le resultó detestable. Volteó sobre sí misma, sin importarle darle la espalda al hombre, para así poder abrir la puerta de su hogar. Cuanto antes ingresara y ese hombre se marchara se sentiría segura, mientras tanto esa aura que la alertaba de peligro permanecía latente allí.
Primero; descubrió el estado terrible en el que yacía su padre. Todas esas llamadas que realizaba a diario para saber sobre él se trataban de una simple farsa de su parte, porque al parecer para él, el tiempo no curaba ninguna herida. Su padre continuaba destrozado por la repentina muerte de su madre. Estaba hundido en un pozo sin salida del cual, Emerald esperaba poder brindarle una soga para rescatarlo de allí, de esa soledad.
Segundo; su mejor amiga estaba eufórica por volver a verla. Y cómo no. Esa noche no fue la salvedad de sus alocadas ideas, claro que no. La joven propuso realizar una fiesta de bienvenida en un bar de mala muerte donde, según ella, asistía su novio. Ese mismo sitio que conseguiría amarrarle una soga al cuello. Porque gracias a ello su vida ahora dependía de alguien más por culpa de un tonto accidente.
Lo que nos remonta a la actualidad. Porque esos dos acontecimientos marcarían su vida sin que ella fuese conocedora de tal verdad, enredándola en una complicación que difícilmente tenía una buena salida, y es que ser el blanco de un hombre mafioso complicaba todo aún más. Escurrirse de sus manos sería un dolor de cabeza sin fin. No tardaría demasiado en conocer ese detalle.
Esa misma tarde, Brooks acudió ante el llamado de su amiga. Parecía estar desconsolado, destrozada y ni hablar del llanto que casi la dejaba sorda de un oído. Ni siquiera fue capaz de comprender lo que intentaba decirle ya que los sollozos impedían que hablase de manera fluida y corriente. Por lo que sin más, y como buena amiga que era. Decidió que calmarla personalmente sería la mejor opción, y así fue.
Pasó gran parte de la mañana con ella, intentado animarla y sonsacarle el motivo de su aquejo, mas sin embargo no se trató de una tarea fácil, pues según su amiga, no estaba dispuesta a soltar detalles. Debía admitir que esa jornada resultó ser bastante divertida no sólo porque se dedicó a torturar a su amiga, en el buen sentido de la palabra, haciéndola olvidar de su pesar, sino que logró recuperar tiempo perdido con ella. Y claro, luego de tanta insistencia por parte de Emerald, su amiga terminó por confesarse. El terrible motivo no era ni más ni menos que una traición amorosa, algo que la rosada imaginó internamente. No era necesario ser un genio para desconfiar del porqué alguien que dice amarte huye todas las noches a un bar de mala muerte repleto de mujeres dispuestas a todo por conseguir un hombre. Tuvo que desistir a soltar; «Te lo dije» puesto que, claramente no era el momento indicado. Su amiga podía ser lo bastante terca como ingenua en partes iguales.
El regreso a casa no resultó ser tan duro como imaginó, de hecho le sirvió para intentar atar cabos sueltos. Buscar una solución a los problemas que su espalda cargaba. Problemas que al encontrarse con una desafortunada y repentina visita se intensificarían en su máxima potencia. Sus pasos lentos pero seguros, la dirigieron a la puerta de su departamento, notando la presencia de alguien extraño allí. Alguien que parecía estar esperando a otra persona. Decidió no darle tanta importancia y asegurarse de ingresar a su hogar de una vez por todas, pero su curiosidad pudo con ella al ver por el rabillo del ojo como el individuo se acercaba con elegancia hasta ella.
— ¿Busca a alguien? —indagó sin prestarle verdadera atención ya que buscaba las llaves en su bolso, las cuales, al tenerlas se resbalaron de sus manos. Con un imperceptible movimiento se agachó para tomarlas y al hacerlo su rostro se topó con el masculino.
El análisis no tardó demasiado, esa figura, ese rostro frío y calcular resonó en su mente. Como si lo conociera de algún lado. Irguió su postura consiguiendo que su mente se iluminara, ése sujeto que yacía frente a sus jades era con quien tuvo el altercado. ¿Pero qué diablos hacía allí?
—. Ah, es usted —expresó con simpleza — . ¿Viene a que le pague la camisa? —no pensaba que sería capaz de ir hasta ella por una tonta indumentaria, pero al juzgar por lo lujosa que parecía, al igual que la que portaba en esos momentos, para él sería significativa.
La amabilidad pasó a un segundo plano, relegado por otros motivos. Lo que menos esperaba al regresar sería encontrarse con un sujeto que tan solo vio una vez en su vida, que como si fuera poco, la observaba como si pretendiese encadenarla y marcarla con su sello personal. Sin dudas ese pensamiento le heló la sangre a la vez que le erizaba los cabellos.
Si analizaba todo con calma, algo no cuadraba. Ella nunca le brindó su dirección, había ofrecido su tiempo para reponer lavando la camisa dañada, pero nunca ofreció ningún tipo de información personal. Emerald lo había rechazado sin piedad alguna para sorpresa ajena — ¿Cómo consiguió mi dirección? ¿Acaso está acosándome? Pueden encerrarlo por eso — dijo sin ningún tipo de diversión en su rostro. Nada de ese encuentro le sentaba bien. Mucho menos volver a encontrarse con ese ser que desde un comienzo le resultó detestable. Volteó sobre sí misma, sin importarle darle la espalda al hombre, para así poder abrir la puerta de su hogar. Cuanto antes ingresara y ese hombre se marchara se sentiría segura, mientras tanto esa aura que la alertaba de peligro permanecía latente allí.
EN CASA DE EMERALD, con Miles, UNA TARDE DE MAYO.

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Re: —Follow me to the dark
1. You better run to survive.
Cuando sus ojos finalmente se cruzaron sintió nuevamente ese algo en su interior, tal y como la vez anterior. Definitivamente no podía dejarla ir, no hasta saber exactamente qué había en ella que causaba aquello.
—¿La camisa? —Preguntó divertido, ¿de verdad pensaría que iría hasta allí sólo para recuperar un par de dólares? Qué equivocada estaba esa chica. —Claro que no, Emerald, se podría decir que eso ya fue pagado —dijo con cinismo, y un esbozo de sonrisa pintado en sus labios. La realidad era que cualquier deuda de los Brooks había sido saldada, aunque no es algo que fuera a soltar así como así, ya todo sería dicho a su debido tiempo. —No es necesario que te preocupes.
La actitud fría de la chica le gustaba. Si bien aquella noche en el bar le sorprendió el hecho de que no haya quedado prendada de él como tantas otras chicas que conoció, el que ahora no ceda de inmediato le resultaba interesante. Era como un pez en una gran pecera, a sus ojos tenía la libertad para nadar por donde quisiera, sin saber de las cuatro paredes de vidrio que le tenían prisionero. Emerald podía pensar que rechazándolo o amenazando lograría algo, alejarlo, asustarlo, o lo que sea, pero hiciera lo que hiciera, ella ya era literalmente de su propiedad, y era algo que no podía evitar.
Dejarla ir en aquél punto implicaría que la deuda del Sr. Jewell volvería, y él mismo se encargaría de que lo haga con un buen porcentaje de intereses encima. Sería tal el peso de aquello para el hombre que lo más probable era que acabase de la peor forma. Seguramente para ese entonces sería la misma Emerald la que le pediría una segunda oportunidad… Sí, no era un mal panorama tampoco, pero prefería evitar eso y seguir por este camino, dandole un poco de espacio, pero no demasiado.
Enarcó una de sus finas cejas cuando oyó la palabra “encerrar”. ¿Encerrarlo a él? Eso sí que sonaba surreal. Tenía demasiadas razones para estar preso, razones que opacaban con creces a la de “acosador”, pero no era algo que la de cabello rosa necesitara saber aún. Su lista de delitos no era precisamente algo que una chica deseara ver en la primera cita.
—No fue difícil conseguir tu dirección, sólo me bastó preguntar un poco. El novio de tu amiga es conocido mío, me hizo el favor —mintió a medias, ya que en cierta forma si conocía a aquél hombre—. Te dije la otra noche que tenía interés en ti, y que quería conocerte. Me rechazaste, lo se, pero soy algo terco, ¿sabes? —declaró, con un tono amable que bien ocultaba sus verdaderas razones. Su voz salía en un tono suave, y su expresión se había suavizado también. Intentar ganar su confianza no era algo mal, ¿o sí? Estaba claro que la mujer desconfiaba de su presencia, sólo necesitaba que bajara un poco la guardia.
Suspiró con un perfectamente fingido cansancio, y aunque la idea no le agradaba, desajustó el primer botón de su camisa, como si buscase algo más de aire. —He estado esperándote un buen rato… —comentó. —¿Podría pedirte un vaso de agua? Luego de eso me iré si es lo que quieres, al menos estaría satisfecho de haberlo intentado.
El fracaso obviamente no era algo aceptable para él. ¿Intentar algo y no conseguirlo? Ya no recordaba exactamente cómo se sentía aquello.
Su mirada se quedó fija en ella, esperando una respuesta de su parte. No estaba seguro de si al entrar podría seguir con aquella farsa tan fácil como hasta ahora. Tenía ganas de tocarla, tan sólo dejar a su mano sentir el tacto contra su piel, con unos milímetros de ella se conformaría. Quizás recorrer la curvatura de su cuello, que tan delicado se veía a sus ojos, o simplemente rozar su mejilla.
Suspiró, intentando dejar de lado aquello al menos por el momento, ya tendría tiempo para eso luego. —Si no quieres… supongo que será un tedioso camino a casa. ¿Hay algún mercado cerca? —agregó, esperando terminar de convencerla.
Casa de Emerald, con Emerald, una tarde de Mayo.
Re: —Follow me to the dark
1. YOU BETTER RUN TO SURVIVE.
La sorpresa estaba marcada en su rostro en todo momento, tanto así que las llaves girar sin dar con su objetivo. A pesar de ello se sintió triunfante al comprobar como la puerta se abría, casi como si el recinto la llamase para adentrarse en las profundidades, intentando resguardarla del lobo feroz dispuesto a degustar a su caperucita roja. Voleó nuevamente para fijar su visión, cruzándola con la ajena. Debía admitir que un imperceptible y muy diminuto suspiro de alivio salió de sus labios, sin embargo esa aura tensa continuaba allí, abrazándose a ella caprichosamente.
Si no concurrió a ella con el propósito de cobrarse la camisa dañada, y habiendo sido rechazado en sus insistentes suplicas por compartir unas cuantas copas, ¿qué lo hacía regresar a sus pies, con esa ferviente insistencia? ¿Es que no le había quedado claro ya que ella no estaba interesada en nada con él? Tal vez necesitaba ser un poco más directa sin importarle nada, aunque a decir verdad… Observó con atención, estudiándolo calmadamente, al hombre frente a sus ojos. No tenía ningún indicio de que fuese alguien capaz de poder sentirse herido ante palabras tan verídicas y destructivas.
Aclaró su garganta, como si por un momento su voz se evaporara de su ser luego de observarlo —Abrumador. Demasiado. ¿No le parece un poco psicótico ir por la vida consiguiendo información privada ajena? — indagó con seriedad. Estaba claro que no, puesto que lo hizo a pesar de todo— . Aun a sabiendas que le he dejado en claro no estaba dispuesta a pasar tiempo con usted — enarcó una ceja ante el comentario— ¿Terco? Creo que esa palabra queda muy corta teniendo en cuenta sus esfuerzos por llegar a mí a cualquier precio — habló con seriedad, no iba a dejar su postura y mucho menos con un completo desconocido que apenas si sabía su nombre. Por qué lo sabía, ¿cierto? Myler. Milles. ¿Miles? No estaba del todo segura recordar algo que no conseguía captar su atención; y él, no formaba parte de ese mundo.
—. Lo ha hecho por capricho propio — afirmó tajante. Estaba siendo dura y distante, ¿pero quién no lo sería con un desconocido que tiene el descaro de esperar en la puerta de su propio hogar? Nuevamente no pasó desapercibido el descaro de él ante sus orbes jades, lo cual, nuevamente consiguió que arqueara una ceja. ¿Acaso estaba intentando seducirla con un movimiento tan mediocre? Con ella esas cosas no servían.
A pesar de su frialdad, no podía negar que tanto su virtud como su defecto era la sensatez de ser una persona altruista. No estaba dispuesta a dejarlo entrar a su casa pero tampoco le negaría un vaso con agua al pobre, eso no se lo negaría ni al peor de sus enemigos. Con un suspiro de cansancio desistió de escuchar su patética excusa. Tanto ella como él sabían que eso no era cierto, por más que ella quisiese no se marcharía. El hecho de que se encontrara esperándola marcaba ese indicio — . Supongo que eso si puedo ofrecérselo — decretó. Se movió a un lado para que este entrase al edificio.
Definitivamente la sensación negativa parecía apoderarse de ella, como si el bajar la guardia fuese lo peor que hubiera podido hacer jamás. Mientras que una vocecita negaba aquello, alegando que siempre yacía con la guardia en alto, solamente estaba siendo correcta con alguien que actuó de modo muy poco caballero. Decidió que, tal vez, eran solo cosas de su abrumada mente por tanto cambio abrupto, por lo que simplemente se encaminó por el estrecho pasillo hasta llegar al ascensor, ingresar allí a la espera de que su acompañante la siguiese como su sombra; que a juzgar por sus hábitos de acosador, dudaba que no lo hiciese.
Tras llegar a su piso, la puerta se abrió dejando que la libertad de tan estrecho compartimiento golpeara su cara. Caminó los pocos pasos que la separaban de su hogar y con un par de vueltas de llave la morada la recibió con su pulcritud habitual. Al ingresar dejó la puerta abierta sin importarle mucho, pero debía admitir que el estar en su ambiente «privado» la hacía sentirse desnuda y vulnerable ante los oscuros ojos ajenos. Como si eso la pusiese en completa desventaja.
Dejando las llaves en la pequeña mesa de mitad del comedor, que permanecía rodeado de cómodos sillones. Su bolso lo depositó en el perchero a la izquierda de la puerta y sin más miramientos volteó sobre sí para encontrarse con la mirada carbón —. Iré por el agua — comentó, mientras se marchaba a la habitación continua en busca de un vaso para su invitado. Desconociendo que había invitado involuntariamente a ingresar al demonio a la privacidad de su vida, la cual más pronto que tarde se convertiría en un infierno.
Si no concurrió a ella con el propósito de cobrarse la camisa dañada, y habiendo sido rechazado en sus insistentes suplicas por compartir unas cuantas copas, ¿qué lo hacía regresar a sus pies, con esa ferviente insistencia? ¿Es que no le había quedado claro ya que ella no estaba interesada en nada con él? Tal vez necesitaba ser un poco más directa sin importarle nada, aunque a decir verdad… Observó con atención, estudiándolo calmadamente, al hombre frente a sus ojos. No tenía ningún indicio de que fuese alguien capaz de poder sentirse herido ante palabras tan verídicas y destructivas.
Aclaró su garganta, como si por un momento su voz se evaporara de su ser luego de observarlo —Abrumador. Demasiado. ¿No le parece un poco psicótico ir por la vida consiguiendo información privada ajena? — indagó con seriedad. Estaba claro que no, puesto que lo hizo a pesar de todo— . Aun a sabiendas que le he dejado en claro no estaba dispuesta a pasar tiempo con usted — enarcó una ceja ante el comentario— ¿Terco? Creo que esa palabra queda muy corta teniendo en cuenta sus esfuerzos por llegar a mí a cualquier precio — habló con seriedad, no iba a dejar su postura y mucho menos con un completo desconocido que apenas si sabía su nombre. Por qué lo sabía, ¿cierto? Myler. Milles. ¿Miles? No estaba del todo segura recordar algo que no conseguía captar su atención; y él, no formaba parte de ese mundo.
—. Lo ha hecho por capricho propio — afirmó tajante. Estaba siendo dura y distante, ¿pero quién no lo sería con un desconocido que tiene el descaro de esperar en la puerta de su propio hogar? Nuevamente no pasó desapercibido el descaro de él ante sus orbes jades, lo cual, nuevamente consiguió que arqueara una ceja. ¿Acaso estaba intentando seducirla con un movimiento tan mediocre? Con ella esas cosas no servían.
A pesar de su frialdad, no podía negar que tanto su virtud como su defecto era la sensatez de ser una persona altruista. No estaba dispuesta a dejarlo entrar a su casa pero tampoco le negaría un vaso con agua al pobre, eso no se lo negaría ni al peor de sus enemigos. Con un suspiro de cansancio desistió de escuchar su patética excusa. Tanto ella como él sabían que eso no era cierto, por más que ella quisiese no se marcharía. El hecho de que se encontrara esperándola marcaba ese indicio — . Supongo que eso si puedo ofrecérselo — decretó. Se movió a un lado para que este entrase al edificio.
Definitivamente la sensación negativa parecía apoderarse de ella, como si el bajar la guardia fuese lo peor que hubiera podido hacer jamás. Mientras que una vocecita negaba aquello, alegando que siempre yacía con la guardia en alto, solamente estaba siendo correcta con alguien que actuó de modo muy poco caballero. Decidió que, tal vez, eran solo cosas de su abrumada mente por tanto cambio abrupto, por lo que simplemente se encaminó por el estrecho pasillo hasta llegar al ascensor, ingresar allí a la espera de que su acompañante la siguiese como su sombra; que a juzgar por sus hábitos de acosador, dudaba que no lo hiciese.
Tras llegar a su piso, la puerta se abrió dejando que la libertad de tan estrecho compartimiento golpeara su cara. Caminó los pocos pasos que la separaban de su hogar y con un par de vueltas de llave la morada la recibió con su pulcritud habitual. Al ingresar dejó la puerta abierta sin importarle mucho, pero debía admitir que el estar en su ambiente «privado» la hacía sentirse desnuda y vulnerable ante los oscuros ojos ajenos. Como si eso la pusiese en completa desventaja.
Dejando las llaves en la pequeña mesa de mitad del comedor, que permanecía rodeado de cómodos sillones. Su bolso lo depositó en el perchero a la izquierda de la puerta y sin más miramientos volteó sobre sí para encontrarse con la mirada carbón —. Iré por el agua — comentó, mientras se marchaba a la habitación continua en busca de un vaso para su invitado. Desconociendo que había invitado involuntariamente a ingresar al demonio a la privacidad de su vida, la cual más pronto que tarde se convertiría en un infierno.
EN CASA DE EMERALD, con Miles, UNA TARDE DE MAYO.

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Re: —Follow me to the dark
1. You better run to survive.
Dejo escapar una suave y sincera risa ante el comentario de la de cabello rosa. —¿Nunca has seguido un impulso? —preguntó con una pizca de curiosidad. —No esperaba que alguien que se animara a subir al escenario a bailar en frente de una bar repleto de hombres fuera tan aburrida, Emerald. ¿O es que acaso escogí a la amiga equivocada? —dijo aquello aunque sabia perfectamente que no había escogido mal. Las mujeres en su vida iban y venían, sin ninguna resaltar mas que la otra. Por eso la curiosidad en él nació en cuanto vio que ella le resultaba distinta. No tenia una figura especialmente atrayente, y su carácter hasta ahora no era encantador tampoco. Era una chica común y corriente, entonces, ¿por qué?
Fue difícil resistir la tentación de no usar como excusa la pequeñez del ascensor para acercarse un poco mas a ella, pero lo logró. En no más de cinco minutos ya estaba en el pequeño pero aceptable apartamento de la mujer. Allí estaba todo perfectamente ordenado como esperaba encontrarlo, cada cosa parecía tener su lugar menos él, quien desencajaba un poco con la decoración.
—Eres una buena chica —dijo con amabilidad, aunque no pensara realmente que eso fuera una virtud. Acababa de abrirle la puerta a un desconocido, del que no sabia absolutamente y quien había tenido una actitud por demás sospechosa. Definitivamente era un acto bueno pero estúpido para cualquiera que lo viera. —No deberías dejar entrar a cualquier extraño a tu casa, hay mucha gente peligrosa en las calles, ¿sabes? —Era una advertencia que perdía sentido al salir de sus labios, pero aun así lo dijo.
Como no le invitó a sentarse no lo hizo, mas no se quedo completamente quieto. Dio algunos pasos por la sala, mirando los pocos libros que tenia en el librero, notando que no tenia demasiadas cosas personales que le pudiesen decir algo que él no supiera. Por lo que había investigado, ella había llegado a aquella ciudad hacia poco tiempo, tras estudiar en el extranjero por unos años. Era lógico que no tuviera aún un "hogar" con todas las letras.
Cuando vio que ya no había mucho mas a la vista que pudiera inspeccionar, siguió los pasos de la mujer, llegando hasta el marco que dividía la sala de la cocina. —¿Te gusta la comida italiana, Emerald? —pregunto, dejando a sus ojos vagar por aquel pequeño cuarto antes de posarse en el recipiente de cristal que la chica ya tenia en su mano. —Conozco uno particularmente bueno que seguramente te gustaría.
Se acercó a ella para tomar el vaso con delicadeza. No había tenido sed cuando lo pidió antes, pero beber aquello realmente le refrescó. A veces él mismo se olvidaba que pese a lo que creía que era, no dejaba de ser un humano común y corriente, con las necesidades básicas de cualquiera.
Caminó los últimos pasos que los separaban, y con cuidado apoyó el vaso en la mesada, justo al lado de la mujer. Dejó a su brazo permanecer así estirado, como una barrera que la mantenía de un lado, a la que debía romper si quería pasar e irse nuevamente a la sala. Estaban muy cerca, Miles lo podía sentir, cómo su corazón nuevamente volvía a latir por el simple hecho de tenerla allí.
Todo lo que había estado pensando sobre jugar un poco al gato y al ratón se esfumó en aquél instante. ¿Para qué esforzarse en agradarle? ¿Por qué no simplemente tomar lo que ya era de él y dejar de perder el tiempo? Su otra mano se alzó por el costado de Emerald, sin tocarla, pero delineando en el aire su silueta. Llegó hasta la altura de su mejilla, la cual antes de darse cuenta ya estaba acariciando, rozándola apenas con algunos de sus dedos por unos segundos.
—¿Te gustan los cuentos infantiles, Emerald? —preguntó, con una sonrisa que ni él mismo sabía que estaba teniendo. Su mano ya había roto el contacto con su piel, entretenida ahora con un pequeño mechón de cabello que colgaba al costado del rostro ajeno. —¿Conoces el de la Bella y la Bestia? Un padre que tras cometer un error muy grande, acaba de alguna manera enviando a su hija para que pague por sus pecados a las garras de una criatura, que aunque al final sea un principe encantado, en ese momento no era más que un ser con odio en su interior —dijo todo aquello sin apartar su vista de la chica, sus ojos oscuros estaban fijos en las esmeraldas contrarias, intentando ver un poco más allá de la expresión de seriedad que hasta el momento había tratado de mantener frente a él. —Al Sr. Jewell le queda perfecto el papel de ese padre. ¿Por qué no tratas de adivinar en qué rol nos encontramos tú y yo? —Sí, ya lo había dicho, al demonio el plan de ir despacio sin hablar de más.
casa de Emerald, con Emerald, una tarde de Mayo.
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