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Meeting point.
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Meeting point.
MEETING POINT.
CHAPTER I| MAÑANA | SEDE CENTRAL
La agente Higgs no estaba teniendo un buen día y eso que tan solo eran las 10 de la mañana. Su jornada había empezado hacía tres horas y en ese lapso de tiempo una de las misiones de un agente se había ido al garete. El hombre había sido delatado por uns espía doble y ahora estaba en paradero desconocido.
Conocía las normas, todos conocían las normas. Si te cogían en mitad de una misión, el gobierno negaría cualquier relación y el contacto con la central se cortaba. Algunos muy buenos agentes conseguían escapar por sus propios medios pero no era muy habitual así que lo más común era darle por muerto.
No llevaba mucho tiempo trabajando tras la seguridad de esos muros pero no creyó que pudiera acostumbrarse a perder la comunicación con uno de esos agentes y, simplemente, olvidarse de él. Su mente imaginaba los finales más atroces. Era más fácil ser uno de ellos. Seguramente las atrocidades eran las mismas, pero vivirlas en primera persona no dejaba que tu mente imaginara cosas incluso peores. No hay peor tortura que la incertidumbre. Pero había tomado la decisión de dejar el trabajo de campo para ser una analista y debería aprender a aceptar los contras, al igual que se había acomodado a los pros.
Se levantó de su mesa y cruzó la sala haciendo resonar sus zapatos contra el suelo. Se tomaría un café y volvería a su sitio con energías renovadas. La sala de descanso era bastante tosca. Una máquina de café, un pequeño frigorífico y algunas mesas que, por lo que había visto desde que llegó, solían estar siempre vacías. No había mucho tiempo libre para socializar y el ambiente frío de la sala tampoco invitaba a sentarse en ella para descansar. Su nombre no le hacía ninguna justicia, pensó. Pero el café era bueno. La vida de mucha gente dependía de la calidad de ese café. Sonrió para si misma por la tontería que acababa de pensar y negó un poco. Suspiró y recogió su taza con su café humeante recién hecho y salió de allí para volver a su sitio.
Aquel día iba a llegar un agente nuevo. Revisó sus datos para refrescar su memoria. Una de sus tareas en su nuevo puesto era recibir a los recién llegados, enseñarles las instalaciones, evaluar su condición física y psicológica y asegurarse de que habían encontrado alojamiento en la ciudad y no necesitaban nada. Se sentía un poco como su niñera, pero no le incomodaba. Cuando ella empezaba en un sitio nuevo, la figura del analista que le recibía era de muy agradecer. Era común volver de una misión complicada y tener una sonrisa amiga la hacía sentir, al fin, en casa, sana y salva.
Miró la hora en el ordenador. 10:30. Debería estar al caer. Escuchó unos pasos y levantó la mirada. Acababa de entrar en la sala un hombre, le reconoció enseguida por las fotografías. Se puso en pie y esperó a que se acercara a ella. – ¿Thomson? Soy la agente Higgs, me voy a encargar de su llegada. – dijo al tiempo que le tendía la mano. Aunque allí casi todos eran militares, dejaban los saludos oficiales para actos especiales. – Bienvenido. – sonrió amablemente.
Conocía las normas, todos conocían las normas. Si te cogían en mitad de una misión, el gobierno negaría cualquier relación y el contacto con la central se cortaba. Algunos muy buenos agentes conseguían escapar por sus propios medios pero no era muy habitual así que lo más común era darle por muerto.
No llevaba mucho tiempo trabajando tras la seguridad de esos muros pero no creyó que pudiera acostumbrarse a perder la comunicación con uno de esos agentes y, simplemente, olvidarse de él. Su mente imaginaba los finales más atroces. Era más fácil ser uno de ellos. Seguramente las atrocidades eran las mismas, pero vivirlas en primera persona no dejaba que tu mente imaginara cosas incluso peores. No hay peor tortura que la incertidumbre. Pero había tomado la decisión de dejar el trabajo de campo para ser una analista y debería aprender a aceptar los contras, al igual que se había acomodado a los pros.
Se levantó de su mesa y cruzó la sala haciendo resonar sus zapatos contra el suelo. Se tomaría un café y volvería a su sitio con energías renovadas. La sala de descanso era bastante tosca. Una máquina de café, un pequeño frigorífico y algunas mesas que, por lo que había visto desde que llegó, solían estar siempre vacías. No había mucho tiempo libre para socializar y el ambiente frío de la sala tampoco invitaba a sentarse en ella para descansar. Su nombre no le hacía ninguna justicia, pensó. Pero el café era bueno. La vida de mucha gente dependía de la calidad de ese café. Sonrió para si misma por la tontería que acababa de pensar y negó un poco. Suspiró y recogió su taza con su café humeante recién hecho y salió de allí para volver a su sitio.
Aquel día iba a llegar un agente nuevo. Revisó sus datos para refrescar su memoria. Una de sus tareas en su nuevo puesto era recibir a los recién llegados, enseñarles las instalaciones, evaluar su condición física y psicológica y asegurarse de que habían encontrado alojamiento en la ciudad y no necesitaban nada. Se sentía un poco como su niñera, pero no le incomodaba. Cuando ella empezaba en un sitio nuevo, la figura del analista que le recibía era de muy agradecer. Era común volver de una misión complicada y tener una sonrisa amiga la hacía sentir, al fin, en casa, sana y salva.
Miró la hora en el ordenador. 10:30. Debería estar al caer. Escuchó unos pasos y levantó la mirada. Acababa de entrar en la sala un hombre, le reconoció enseguida por las fotografías. Se puso en pie y esperó a que se acercara a ella. – ¿Thomson? Soy la agente Higgs, me voy a encargar de su llegada. – dijo al tiempo que le tendía la mano. Aunque allí casi todos eran militares, dejaban los saludos oficiales para actos especiales. – Bienvenido. – sonrió amablemente.
© by Farah.
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