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― We will resolve it
Skipping Stone :: Zona de rol :: Zona de Rol Libre :: Plots
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― We will resolve it
We will resolve it
Plot | Siglo XIX: Sobrenatural/Fanstástico | Drama | 1x1
Rose, la mejor cazadora de hombres lobo para su edad. Llegó a ser líder de un escuadrón de cazadores nuevos cuando apenas tenía quince años, nadie dudaría de su fidelidad y su entrega a su labor ¿Pero siempre será así? ¿O siempre ha sido así? Una cara confiable y la entrega de una vida haría que nadie dudase de las intenciones de esta, y la misma creyó que jamás traicionaría a los suyos ¿Entonces, qué pasó?
Henry, el mejor amigo de ella es un periodista que conoció años atrás. La confianza entre ellos no tardó en llegar, la amistad nació casi tan natural como lo era hablar.
En una tarde pudieron resumir sus vidas, contarse cosas que quizá jamás habían contado a nadie ¿Y por qué no? Uno que otro secreto, donde terminaron sabiendo varias cosas: Henry supo que aquella chica de aspecto frágil era una fuerte cazadora de hombres lobo; mientras que Rose se enteró de un plan a futuro del chico, que quería escribir una crónica acerca de los suyos ¿Por qué no concretar eso entonces?
Pasaron un par de años hablando acerca de la importancia de la lealtad a los cazadores, ella tuvo que informarle de variadas situaciones antes de que conociera al resto de cazadores para poder hacer su crónica. Por ese momento, todo parecía ir de maravilla.
Entre las paradas que debían hacer antes de llegar al lugar donde se reunían todos aquellos que cazaban a los hijos de la luna, tuvieron que detenerse en un pueblo plagado de los mismos ¿Y qué sucedió en su visita temporal? Un ataque, ella pudo defenderse con prolijidad, pero su amigo no tuvo tanta suerte.
Henry fue atacado por uno de los lobos, adquiriendo la maldición de los hijos de la luna: sería un hombre lobo.
Rose estaba hecha un lío, el sagrado código de los cazadores le dictaba eliminar al nuevo licántropo ¡Pero era su amigo! Ella, contrariada por lo que siempre defendió y la amistad con el joven, optó por algo que jamás pensó hacer: faltar al código.
Muy por el contrario de lo que todos pensarían de una cazadora como ella, la morena decidió ayudar a Henry; ambos encontrarían la cura, debían encontrarla antes de la próxima luna nueva.
Porque si algo bien sabían los cazadores es que: un licántropo neófito es mucho más peligroso que un escuadrón completo del ejercito. Y ella no va a permitir que algún compañero cazador localice a su amigo, no si lo puede impedir.
Henry, el mejor amigo de ella es un periodista que conoció años atrás. La confianza entre ellos no tardó en llegar, la amistad nació casi tan natural como lo era hablar.
En una tarde pudieron resumir sus vidas, contarse cosas que quizá jamás habían contado a nadie ¿Y por qué no? Uno que otro secreto, donde terminaron sabiendo varias cosas: Henry supo que aquella chica de aspecto frágil era una fuerte cazadora de hombres lobo; mientras que Rose se enteró de un plan a futuro del chico, que quería escribir una crónica acerca de los suyos ¿Por qué no concretar eso entonces?
Pasaron un par de años hablando acerca de la importancia de la lealtad a los cazadores, ella tuvo que informarle de variadas situaciones antes de que conociera al resto de cazadores para poder hacer su crónica. Por ese momento, todo parecía ir de maravilla.
Entre las paradas que debían hacer antes de llegar al lugar donde se reunían todos aquellos que cazaban a los hijos de la luna, tuvieron que detenerse en un pueblo plagado de los mismos ¿Y qué sucedió en su visita temporal? Un ataque, ella pudo defenderse con prolijidad, pero su amigo no tuvo tanta suerte.
Henry fue atacado por uno de los lobos, adquiriendo la maldición de los hijos de la luna: sería un hombre lobo.
Rose estaba hecha un lío, el sagrado código de los cazadores le dictaba eliminar al nuevo licántropo ¡Pero era su amigo! Ella, contrariada por lo que siempre defendió y la amistad con el joven, optó por algo que jamás pensó hacer: faltar al código.
Muy por el contrario de lo que todos pensarían de una cazadora como ella, la morena decidió ayudar a Henry; ambos encontrarían la cura, debían encontrarla antes de la próxima luna nueva.
Porque si algo bien sabían los cazadores es que: un licántropo neófito es mucho más peligroso que un escuadrón completo del ejercito. Y ella no va a permitir que algún compañero cazador localice a su amigo, no si lo puede impedir.
Personajes
Henry Lang | Daniel Henney | 32 años | Hombre lobo | Tanis | Rose Hanington | Dakota Johnson | 28 años | Cazadora | Snowflake |
Cronología

- ♡:




- Thanks Sunshine ☀:

- MPAS:

1. Fugitivo
1. Fugitivo
Henry Lang
Afueras de Londres. Anochecer
Con Rose
Afueras de Londres. Anochecer
Con Rose
17 de febrero de 1878.
Londres.
Se cumple una semana desde que me mordieron. La herida se ha cerrado del todo y ya he pasado por los delirios y la fiebre del que se debate entre la muerte y la vida de un monstruo. Rose ha asegurado por quincuagésimo segunda vez que no debo preocuparme, que he pasado lo peor y que va a encontrar la manera de curarme la licantropía. No sé si quiere convencerme más a mí o quiere convencerse más a sí misma. Ambos sabemos que no existe cura. Nunca nadie ha conseguido revertir la condición de un hombre-lobo a la de su anterior yo. Algunos teóricos especularon sobre la posibilidad de matar la enfermedad antes de que se consumara la primera transformación.
Si esa es mi única esperanza aún no sabemos con qué debemos hacerlo y me quedan tres semanas más antes de la próxima luna. No sé qué voy a hacer. Por fortuna ningún otro cazador sabe aún de mi problema. Si lo supieran me cortaría en trozos y a Rose le quitarían el título como mínimo. No puedo permitir que eso pase. Rose es la mejor, es su vida, no puedo dejar que se lo quiten.
No sé qué hacer.
Henry cerró el diario y lo guardó en el morral junto con la estilográfica y algunos otros papeles que había desperdigado por la mesa de la habitación. Rose y él se habían medio escondido en una casa abandonada a las afueras de la gran Londres. Una de las células más importantes de cazadores de lobos se encontraba allí y aunque a simple vista Henry no tenía por qué alertar a nadie, no quería correr riesgos. Sólo había pasado una semana y ya era incapaz de coger nada que tuviera plata porque enseguida se le quemaba la piel. Así allí, sentado al escritorio de ese cuartucho silencioso, únicamente iluminado con una vela a medio consumir, el hombre pensó en lo que le quedaba de existencia pacífica y humana.
¿Era así como se sentían todos los futuros convertidos, desolados, desesperados y resignados? ¿Se estaba rindiendo él ya tan rápido sólo porque sabía que, en el fondo, nada podía salvarlo?
«Quiero vivir», pensaba, pensó. Quiero vivir, esa era la máxima.
Despacio, Henry se tocó la herida sobre la ropa, una herida que ya estaba cerrada pero que cuya marca delataba que un hombre-lobo le había mordido. Por suerte para él había sido en la parte superior del brazo y era fácil de ocultar mientras no tuviera que desnudarse frente a nadie. Con la otra mano, libre, sacó del morral el volumen donde apuntaba sus notas sobre las criaturas de la luna. Allí, a principios del cuaderno, se encontraban las anotaciones sobre la naturaleza biológica del hombre-lobo, que casi, casi, podrían haber pasado por las de un científico. Henry, meticuloso como él solo, lo anotaba todo y lo dibujaba todo, pero lo que él quería, lo que él necesitaba, no estaba allí escrito, ni lo estaba en ninguna otra parte.
—La plata me quema —murmuró para sí—. Sólo ha pasado una semana y la plata ya me quema y se me está agudizando el olfato...
El olfato y el resto de sentidos y eso, aunque útil en algunas ocasiones, le recordaba que se le estaba acabando el tiempo.
Londres.
Se cumple una semana desde que me mordieron. La herida se ha cerrado del todo y ya he pasado por los delirios y la fiebre del que se debate entre la muerte y la vida de un monstruo. Rose ha asegurado por quincuagésimo segunda vez que no debo preocuparme, que he pasado lo peor y que va a encontrar la manera de curarme la licantropía. No sé si quiere convencerme más a mí o quiere convencerse más a sí misma. Ambos sabemos que no existe cura. Nunca nadie ha conseguido revertir la condición de un hombre-lobo a la de su anterior yo. Algunos teóricos especularon sobre la posibilidad de matar la enfermedad antes de que se consumara la primera transformación.
Si esa es mi única esperanza aún no sabemos con qué debemos hacerlo y me quedan tres semanas más antes de la próxima luna. No sé qué voy a hacer. Por fortuna ningún otro cazador sabe aún de mi problema. Si lo supieran me cortaría en trozos y a Rose le quitarían el título como mínimo. No puedo permitir que eso pase. Rose es la mejor, es su vida, no puedo dejar que se lo quiten.
No sé qué hacer.
Henry cerró el diario y lo guardó en el morral junto con la estilográfica y algunos otros papeles que había desperdigado por la mesa de la habitación. Rose y él se habían medio escondido en una casa abandonada a las afueras de la gran Londres. Una de las células más importantes de cazadores de lobos se encontraba allí y aunque a simple vista Henry no tenía por qué alertar a nadie, no quería correr riesgos. Sólo había pasado una semana y ya era incapaz de coger nada que tuviera plata porque enseguida se le quemaba la piel. Así allí, sentado al escritorio de ese cuartucho silencioso, únicamente iluminado con una vela a medio consumir, el hombre pensó en lo que le quedaba de existencia pacífica y humana.
¿Era así como se sentían todos los futuros convertidos, desolados, desesperados y resignados? ¿Se estaba rindiendo él ya tan rápido sólo porque sabía que, en el fondo, nada podía salvarlo?
«Quiero vivir», pensaba, pensó. Quiero vivir, esa era la máxima.
Despacio, Henry se tocó la herida sobre la ropa, una herida que ya estaba cerrada pero que cuya marca delataba que un hombre-lobo le había mordido. Por suerte para él había sido en la parte superior del brazo y era fácil de ocultar mientras no tuviera que desnudarse frente a nadie. Con la otra mano, libre, sacó del morral el volumen donde apuntaba sus notas sobre las criaturas de la luna. Allí, a principios del cuaderno, se encontraban las anotaciones sobre la naturaleza biológica del hombre-lobo, que casi, casi, podrían haber pasado por las de un científico. Henry, meticuloso como él solo, lo anotaba todo y lo dibujaba todo, pero lo que él quería, lo que él necesitaba, no estaba allí escrito, ni lo estaba en ninguna otra parte.
—La plata me quema —murmuró para sí—. Sólo ha pasado una semana y la plata ya me quema y se me está agudizando el olfato...
El olfato y el resto de sentidos y eso, aunque útil en algunas ocasiones, le recordaba que se le estaba acabando el tiempo.
"In brightest day, in blackest night "
Re: ― We will resolve it
1. Fugitivo
Rose Hanington
Afueras de Londres. Anochecer
Con Henry
Afueras de Londres. Anochecer
Con Henry
Una semana, siete días completos habían pasado desde que un hombre lobo había mordido a su amigo, exactamente el mismo tiempo en que había roto el código de todo cazador al no haberle matado en ese preciso momento ¿Y cómo lo haría después de todo? Ella no podía deshacerse de Henry, y mucho menos permitir que alguno de sus compañeros lo encontrase ¡Esa no era una opción! Y ella era muy perseverante cuando quería algo ¿Y qué era en ese momento? Salvar a aquel hombre antes de la próxima luna, y lo haría como fuera.
Ese día había decido ir por la cena ella sola, el pueblo de noche podía ser mucho más peligroso que el mismísimo día y ello sólo consistía en la eterna vigilancia que los de su tipo daban a la ciudad. Debía ser cuidadosa si es que no quería que encontrasen a su compañero, además que necesitaba un tiempo a solas para ordenar sus propias ideas y tratar de rememorar en algún título de un viejo libro que le dijera como podía ayudar a Henry en no convertirse para siempre en un hombre lobo.
Aún contaba con tiempo, era cierto, pero no por ello se relajaría o no daría vueltas al asunto cada segundo del día; necesitaban respuestas y las necesitaban en el menor período de tiempo que se pudiese.
Saludó con un suave movimiento de cabeza a aquellos cazadores que saldrían a patrullar la noche que se aproximaba y caminó con paso firme por el centro de la ciudad, en busca de una taberna o algo; donde sabía servían comida para todos aquellos ebrios u otros individuos que estarían molestando más entrada la madrugada.
No tardó mucho en hacer sus compras y pagar con un par de monedas de plata que aún conservaba en su abrigo. En la última semana se había estado deshaciendo de todos los artículos de plata que pudiese cargar consigo, salvo sus armas; pero eso claramente lo mantenía alejado de Henry.
Caminó a un paso apretado y raudo de vuelta a la pequeña casa abandonada a las afueras de la ciudad, entrando por el umbral de la misma un par de minutos después.
Estuvo a punto de abrir la misma, cuando escuchó los murmullos ahogados del otro dentro de la pequeña habitación, soltó un suspiro sin poder evitarlo y evidenció su presencia en el lugar terminando por abrir la puerta "—Son reacciones normales, eres un licántropo en potencia...—" Comentó en un tono suave, con una pequeña sonrisa para transmitirle un poco de tranquilidad "—¡Venga! Deja de pensar en ello y vamos a comer, debo comentarte un par de cosas—" Dijo, el gran plato que traía en sus manos, cubierto con otro plato encima para que la comida no se enfriase tan deprisa.
Ese día se había estado acordando de unas lecciones cuando era pequeña, y juraba haber accedido al nombre de un libro muy antiguo y poco comentado entre los cazadores. Quizá, esa podría ser su clave: rogaba en su interior porque así fuera o al menos que aquello les entregase una pista un poco más fidedigna.
Ese día había decido ir por la cena ella sola, el pueblo de noche podía ser mucho más peligroso que el mismísimo día y ello sólo consistía en la eterna vigilancia que los de su tipo daban a la ciudad. Debía ser cuidadosa si es que no quería que encontrasen a su compañero, además que necesitaba un tiempo a solas para ordenar sus propias ideas y tratar de rememorar en algún título de un viejo libro que le dijera como podía ayudar a Henry en no convertirse para siempre en un hombre lobo.
Aún contaba con tiempo, era cierto, pero no por ello se relajaría o no daría vueltas al asunto cada segundo del día; necesitaban respuestas y las necesitaban en el menor período de tiempo que se pudiese.
Saludó con un suave movimiento de cabeza a aquellos cazadores que saldrían a patrullar la noche que se aproximaba y caminó con paso firme por el centro de la ciudad, en busca de una taberna o algo; donde sabía servían comida para todos aquellos ebrios u otros individuos que estarían molestando más entrada la madrugada.
No tardó mucho en hacer sus compras y pagar con un par de monedas de plata que aún conservaba en su abrigo. En la última semana se había estado deshaciendo de todos los artículos de plata que pudiese cargar consigo, salvo sus armas; pero eso claramente lo mantenía alejado de Henry.
Caminó a un paso apretado y raudo de vuelta a la pequeña casa abandonada a las afueras de la ciudad, entrando por el umbral de la misma un par de minutos después.
Estuvo a punto de abrir la misma, cuando escuchó los murmullos ahogados del otro dentro de la pequeña habitación, soltó un suspiro sin poder evitarlo y evidenció su presencia en el lugar terminando por abrir la puerta "—Son reacciones normales, eres un licántropo en potencia...—" Comentó en un tono suave, con una pequeña sonrisa para transmitirle un poco de tranquilidad "—¡Venga! Deja de pensar en ello y vamos a comer, debo comentarte un par de cosas—" Dijo, el gran plato que traía en sus manos, cubierto con otro plato encima para que la comida no se enfriase tan deprisa.
Ese día se había estado acordando de unas lecciones cuando era pequeña, y juraba haber accedido al nombre de un libro muy antiguo y poco comentado entre los cazadores. Quizá, esa podría ser su clave: rogaba en su interior porque así fuera o al menos que aquello les entregase una pista un poco más fidedigna.

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Re: ― We will resolve it
1. Fugitivo
Henry Lang
Afueras de Londres. Anochecer
Con Rose
Afueras de Londres. Anochecer
Con Rose
Estaba a punto de agachar la cabeza y golpearse la frente contra la superficie de la mesa cuando oyó los pasos. Inmediatamente después la puerta se abrió y Rose entró a la habitación. El débil aroma de su amiga, una extraña mezcla de pólvora y lavanda, le hizo cosquillas en la nariz. Hacía pocos días que empezaba a poder diferenciar su olor de otras cosas, como si fuera una marca de distinción. Muchos científicos habían especulado sobre que cada persona poseía un olor propio. Henry les creía después del mordisco.
Claro que el olor de la comida tiró más de él e hizo que emitiera un gruñido muy ligero en lugar de replicar, y sonriese con resignación. Rose era la única que sabía de su secreto, su más apreciada amiga, su única salvación, si es que existía salvación. Nunca llegaría a entender por qué le había dejado vivo, pero jamás lo olvidaría mientras viviese.
—¿Ah, sí? —preguntó levantándose del escritorio y arrastrando la silla junto a la mesa más grande del cuarto. Después trajo la vela que iluminaba sus cuadernos, esparcidos por el escritorio—. ¿Has... Has descubierto algo?
La idea de que la cazadora pudiera haber encontrado alguna pista sobre una posible cura a la licantropía que no incluyese la muerte le puso en tensión. No fue sólo por la emoción si no también por la terrible sensación de que no existía ninguna pista y todo caería en saco roto. Henry se dijo que Rose parecía bastante animada con lo que le rondara por la cabeza, así que debía de ser algo bueno, ¿verdad?
¿Verdad?
Claro que el olor de la comida tiró más de él e hizo que emitiera un gruñido muy ligero en lugar de replicar, y sonriese con resignación. Rose era la única que sabía de su secreto, su más apreciada amiga, su única salvación, si es que existía salvación. Nunca llegaría a entender por qué le había dejado vivo, pero jamás lo olvidaría mientras viviese.
—¿Ah, sí? —preguntó levantándose del escritorio y arrastrando la silla junto a la mesa más grande del cuarto. Después trajo la vela que iluminaba sus cuadernos, esparcidos por el escritorio—. ¿Has... Has descubierto algo?
La idea de que la cazadora pudiera haber encontrado alguna pista sobre una posible cura a la licantropía que no incluyese la muerte le puso en tensión. No fue sólo por la emoción si no también por la terrible sensación de que no existía ninguna pista y todo caería en saco roto. Henry se dijo que Rose parecía bastante animada con lo que le rondara por la cabeza, así que debía de ser algo bueno, ¿verdad?
¿Verdad?
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