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I. Do you Wanna be my First Friend?
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I. Do you Wanna be my First Friend?
Do You Wanna be My first friend?
-Era increíble lo mucho que le estaba agradando la escuela, porque todo era maravilloso, todo era tan distinto a lo que él conocía. Su vida siempre se había limitado a la casa, la escuela de artes y el estudio de diseño de sus padres. Sin embargo, ahora se despertaba apenas esclarecía el alba, se duchaba y se peinaba, todo con un claro propósito: Acudir a la escuela. El asunto es que la escuela era de lo más peculiar, estaba llena de chicos más grandes que él, todos molestos y muertos de sueño, pero lo más raro… era que todos ellos eran amigos, y aun así no estaban felices de estar ahí. Lo que era él, el rubio amaba asistir, porque aunque aún no conocía a nadie, se sentía parte de ese universo, de esa vida tan peculiar, pero tan normal a la vez. Su maestro, el profesor Carstairs, era un hombre grasiosísimo, y sin dudas, un genio en cuanto a literatura se trataba; siempre lucía alegre, disfrutaba lo que hacía, y lo más impresionante era que aunque él conociera todos los autores, y todos los poemas que se exponían en clases, gozaba como si estuviera acudiendo a la mejor sinfónica del mundo. Sus padres estaban tan orgullosos de él, y eso sin dudas, era lo mejor. Louis y Anna estaban asustados, aun lo consideraba un niño, un bebé que asistía a su último año de instituto, pero Thomas hacía un buen trabajo calmándolos: Él estaba listo para enfrentarse al mundo, aun cuando ni siquiera hubiera podido mantener una conversación fluida con al menos uno de sus compañeros. No obstante, esa tarde, la señora Archiers, una mujer muy amable que impartía la asignatura de Física, le había pedido expresamente que instruyera a un chico de su curso. El chico se llamaba Ethan Winchester, y estaba a punto de reprobar el semestre. Liam no podía menos que sentir algo de tristeza e incomprensión por aquel chico. La física era muy sencilla, y no comprender algo sencillo debe ser muy duro para alguien que espera terminar la escuela con honores y luego acceder a la universidad con el mismo título.
No conocía a Ethan, no había podido presenciar la clase de presentación de su grado, así que no conocía a nadie más que de vista, pero sabía que la cita había sido en la biblioteca. Llevaba al menos una semana preparando la clase, solo tratarían cosas sencillas como formulas memorizables de velocidad/tiempo, y reacciones de palancas y péndulos. Ethan debía ser muy inteligente, solo que no lo sabía: Comprendería todo en una sola clase, y él haría su primer amigo. Sonrió para sí mismo mientras ingresaba a la silenciosa habitación que era la biblioteca, se giró en dirección a la dulce anciana que era la bibliotecaria y la saludó con amabilidad.- Buenos días señora Penélope James, un gusto, soy Liam Hiddleston.- La mujer pareció algo sorprendida ante el saludo, pero le respondió de la misma manera.- Adelante, cariño…- Indicó la anciana.- Muchas gracias… Estoy esperando a Ethan Winchester ¿lo conoce? Si llega ¿Sería tan amable de decirle que estaré esperando en esa mesa? Gracias.- Se despidió con una sutil reverencia y se dirigió a la mesa indicada.
Observaba su reloj una y otra vez, ya había leído doscientas páginas de La Fiesta del Chivo, el libro que Anna le había regalado días atrás. Debía encontrarse con el chico a las cuatro… ya eran las cuatro cuarenta y no había rastro ¿Lo habría olvidado? Alzaba la mirada cada cinco minutos, esperando encontrarse al chico. No sabía cómo imaginarlo ¿Sería alto, bajo, rubio, castaño? Estaba muy contento en un comienzo, pero debía admitir que ese entusiasmo había sido reemplazado en gran medida por nerviosismo y decepción.-
No conocía a Ethan, no había podido presenciar la clase de presentación de su grado, así que no conocía a nadie más que de vista, pero sabía que la cita había sido en la biblioteca. Llevaba al menos una semana preparando la clase, solo tratarían cosas sencillas como formulas memorizables de velocidad/tiempo, y reacciones de palancas y péndulos. Ethan debía ser muy inteligente, solo que no lo sabía: Comprendería todo en una sola clase, y él haría su primer amigo. Sonrió para sí mismo mientras ingresaba a la silenciosa habitación que era la biblioteca, se giró en dirección a la dulce anciana que era la bibliotecaria y la saludó con amabilidad.- Buenos días señora Penélope James, un gusto, soy Liam Hiddleston.- La mujer pareció algo sorprendida ante el saludo, pero le respondió de la misma manera.- Adelante, cariño…- Indicó la anciana.- Muchas gracias… Estoy esperando a Ethan Winchester ¿lo conoce? Si llega ¿Sería tan amable de decirle que estaré esperando en esa mesa? Gracias.- Se despidió con una sutil reverencia y se dirigió a la mesa indicada.
Observaba su reloj una y otra vez, ya había leído doscientas páginas de La Fiesta del Chivo, el libro que Anna le había regalado días atrás. Debía encontrarse con el chico a las cuatro… ya eran las cuatro cuarenta y no había rastro ¿Lo habría olvidado? Alzaba la mirada cada cinco minutos, esperando encontrarse al chico. No sabía cómo imaginarlo ¿Sería alto, bajo, rubio, castaño? Estaba muy contento en un comienzo, pero debía admitir que ese entusiasmo había sido reemplazado en gran medida por nerviosismo y decepción.-
Whitman School | 16:40 | Biblioteca | Ethan x Liam|
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Re: I. Do you Wanna be my First Friend?
Do You Wanna be My first friend?
—Uhm...—. Ronroneó mientras los labios de aquella chica de la cuál no recordaba el nombre recorrían su cuello. Apretó una de sus nalgas con fuerza cuando notó un mordisco y rió sin remedio, porque le hacían cosquillas aquellas cosas. Alzó su mano derecha, la que llevaba el reloj de pulsera, y sus ojos se abrieron de golpe al ver la hora. —¡Hostia!—. Exclamó, apartando a la rubia con suavidad. Ante la cara de asombro de la muchacha Ethan sonrió y encogió ambos hombros. —¿Qué? Tengo tutoría y ya llego como cuarenta minutos tarde, los profesores se han empeñado en que necesito ayuda para aprobar y todo eso. Venga, ya nos vemos—. Se despidió con una de sus manos y echó a correr, saliendo del baño rumbo a la biblioteca. No tenía ni idea de quién era el que iba a darle aquellas clases, pero tampoco importaba. Llegaba demasido tarde como para ponerse a pensar en ello en ese momento.
Pocos minutos después irrumpió en el lugar haciendo que las puertas chocasen contra la pared y una mueca de disculpa se dibujó en su rostro. Una disculpa falsa, obviamente. Se mordisqueó el aro del labio, cerrando con exagerada precaución, y caminó hacia la bibliotecaria componiendo una de sus sonrisas más inocentes; esas que en lugar de calmar a los demás les ponía más nerviosos porque dejaban ver que no era un chico bueno realmente. —Hola, señora. Soy Ethan Winchester y...—. La mujer le miró de mala gana y alzó uno de sus dedos para callarle. "Sé quién eres, te están esperando en aquella mesa" señaló, y el rubio asintió reprimiendo una risa. No se sorprendía de que supiera quién era, pues todos en aquel instituto habían oído hablar de los gemelos terremoto, los Zipi y Zape de la institución, y la gran mayoría temían encontrarse con uno de ellos en su lugar de trabajo. Estaba condenado al fracaso. Se despidió con un gesto militar y caminó con soltura hacia la mesa que había señalado, quedándose parado a escasos centímetros.
—¿Tú eres mi tutor? ¡Pero si eres un mocoso!—. Y esta vez no reprimió la risilla divertida que escapó de sus finos labios sin que le diera tiempo a acallarla. Algunos "shhh" llenaron el lugar, pero se limitó a hacer oídos sordos, tomando una de las sillas y dejándose caer en ésta como si el cuerpo le pesara demasiado. Torció su cabeza, escudriñando con la mirada al muchacho, y apretó los labios. —¿Qué tienes, 13 años?—. Preguntó. De verdad que parecía pequeño, aunque era guapo, eso estaba claro. Un niño mono. Soltó un pequeño suspiro y se frotó un ojo; ya estaba aburriéndose. Quizá era el lugar, que tenía ese aura de tranquilidad, silencio y paz que no iban con él. —Soy Ethan, supongo que ya lo habrás deducido. ¿Y tú eres...?—. Quiso saber. Apoyó los codos sobre la mesa, inclinándose hacia delante para quedar más cerca de él, y rió bajito. —¿Te han dicho alguna vez que tienes cara de ratón? Creo que te voy a llamar así, ratón—.
Pocos minutos después irrumpió en el lugar haciendo que las puertas chocasen contra la pared y una mueca de disculpa se dibujó en su rostro. Una disculpa falsa, obviamente. Se mordisqueó el aro del labio, cerrando con exagerada precaución, y caminó hacia la bibliotecaria componiendo una de sus sonrisas más inocentes; esas que en lugar de calmar a los demás les ponía más nerviosos porque dejaban ver que no era un chico bueno realmente. —Hola, señora. Soy Ethan Winchester y...—. La mujer le miró de mala gana y alzó uno de sus dedos para callarle. "Sé quién eres, te están esperando en aquella mesa" señaló, y el rubio asintió reprimiendo una risa. No se sorprendía de que supiera quién era, pues todos en aquel instituto habían oído hablar de los gemelos terremoto, los Zipi y Zape de la institución, y la gran mayoría temían encontrarse con uno de ellos en su lugar de trabajo. Estaba condenado al fracaso. Se despidió con un gesto militar y caminó con soltura hacia la mesa que había señalado, quedándose parado a escasos centímetros.
—¿Tú eres mi tutor? ¡Pero si eres un mocoso!—. Y esta vez no reprimió la risilla divertida que escapó de sus finos labios sin que le diera tiempo a acallarla. Algunos "shhh" llenaron el lugar, pero se limitó a hacer oídos sordos, tomando una de las sillas y dejándose caer en ésta como si el cuerpo le pesara demasiado. Torció su cabeza, escudriñando con la mirada al muchacho, y apretó los labios. —¿Qué tienes, 13 años?—. Preguntó. De verdad que parecía pequeño, aunque era guapo, eso estaba claro. Un niño mono. Soltó un pequeño suspiro y se frotó un ojo; ya estaba aburriéndose. Quizá era el lugar, que tenía ese aura de tranquilidad, silencio y paz que no iban con él. —Soy Ethan, supongo que ya lo habrás deducido. ¿Y tú eres...?—. Quiso saber. Apoyó los codos sobre la mesa, inclinándose hacia delante para quedar más cerca de él, y rió bajito. —¿Te han dicho alguna vez que tienes cara de ratón? Creo que te voy a llamar así, ratón—.
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do u love me? can u love mine?
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- Jonnor FTW:
Re: I. Do you Wanna be my First Friend?
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-La dictadura en República Dominicana fue una locura, si alguien se lo preguntaba, le estaba gustando mucho el libro, aunque debía decir que ya comenzaba a sentirse algo molesto, el ejemplar tenía cerca de cuatrocientas páginas, y con toda la espera, solo le quedaban cuarenta para acabar. Ahora entendía por qué Ethan estaba reprobando física ¿Qué persona responsable llega más de media hora tarde? Frunció leve el ceño, no debía juzgarlo, él sería su amigo, de seguro había tenido un percance de camino allí. Sí, eso debía ser. Alzó la cabeza por millonésima vez, encontrándose a la señora James con los ojos clavados en la pantalla del monitor, el movimiento de sus orbes le indicaban que leía algo, de seguro un libro digital. Y aún no había rastro Ethan. Mordió su labio inferior mientras sacaba su celular del bolsillo trasero, era un Iphone 6, Thomas había insistido en regalárselo para navidad, pero él no creía necesitarlo. Con el índice apartó la foto de cuatro personas de traje sonriendo que bloqueaba el aparato. Tenía tres recordatorios de las clases de oboe de las cinco treinta, cuatro mensajes de Anna, y dos de Louis. Tenía una estricta política con respecto a los teléfonos en los templos educativos, pero en serio que comenzaba a inquietarse, no quería decepcionar a la señora Archiers, tampoco estaba acostumbrado a que las cosas no salieran como lo esperado. Abrió el primer mensaje de Anna “Cariño, recuerda almorzar en calma, no queremos que la comida te haga daño”, su madre era tan dulce. Estaba a punto de activar el teclado para responder, cuando un increíble golpe interrumpió la inigualable paz de la biblioteca. Como acto reflejo se puso de pie de un salto, dejando caer el teléfono y un par de hojas que estaba utilizando para armar anagramas ¿¡Qué estaba pasando?! Miró en dirección al estrépito y se encontró inmediatamente con un chico rubio que con su simple presencia acaparaba toda la biblioteca. Se quedó pasmado mirándolo, tenía pinta de malo, llevaba un pendiente en el labio, el cabello de punta y la ropa descolocada ¿Y si ese era el chico Winchester? Tragó con pesadez al ver que la señora James le indicaba su mesa. Sí, era él.
Regresó a su asiento con algo más que incomodidad, estaba decepcionado, no sabía muy bien cómo eran los chicos de su edad, y menos aun los que le pasaban por un par de años, pero sinceramente, no esperaba que fuera así. Abrió su libro con rapidez, intentando pasar desapercibido, fingiría leer hasta que el chico llegase a su lado ¿Acaso la señora Archiers quería que le dieran una golpiza? Posiblemente… Y él que había pensado que le caía bien a la mujer. Miraba de un lado a otro por el rabillo del ojo, no tenía amigos, había vivido toda su infancia y adolescencia en una burbuja, pero conocía a un par de chicos y chicas de la escuela de música, ninguno era ni asomo de lo que se erguía frente a sus ojos. Presionó un poco los labios y los ojos al notar la arrolladora presencia del rubio a su izquierda, quien no tardó demasiado en echarse a reír sonoramente, demasiado sonoramente para estar en una biblioteca. Frunció leve el ceño al escuchar que lo llamaba mocoso ¿Mocoso? Pero si ya tenía quince… Sí, era muy bajo para su edad, y aun no lograba utilizar la afeitadora de su padre, pero…Mordió su labio inferior resignado, alzando la mirada para encontrarse con esos cristalinos ojos que lo miraban con burla.- Buenos días Ethan, me alegro de que hayas llegado.- Su acento británico y sus bien pronunciadas palabras lo hacían sentir más fuera de lugar aún, porque la irreverencia americana se reflejaba en cada pequeño gesto de Ethan. Estaba molesto, pero él lo intimidaba, además, de seguro así eran las cosas para los adolescentes. Después de todo, quizás no le gustaría mucho ser uno de ellos.- ¡No soy un mocoso!- Reclamó de inmediato para luego acomodar el puño de su camisa escocesa perfectamente planchada.- Tengo quince años, y seré tu tutor, tengo excelentes calificaciones en física, y voy adelantado.- Solía tener fama de presumir, pero en su casa nunca le habían inculcado que ser excepcional debía ocultarse, sino que todo lo contrario.
Soy tu tutor, te estoy esperando hace cuarenta y cinco minutos y treinta y siete segundos, deduzco que eres Ethan Winchester, y supongo que acierto.-Asintió dejando a relucir su sutil petulancia, estaba molesto y avergonzado a partes iguales, pero aquello era difícil de manejar.- Mi nombre es Liam Hiddleston, un gusto, Ethan.- Tendió su diestra esperando que el mayor la cogiera a forma de saludo, pero este no tardó en inclinarse buscando su rostro, irrumpiendo en su espacio personal olímpicamente. Se quedó de piedra al sentir el aliento del chico directo en su rostro; olía a humo, a caramelos… un poco a perfume de chica. Pasó saliva con mucha dificultad sintiéndose ahogado, para luego alejarse de un salto.- Deberías respetar mi espacio privado, por favor… No puedes acercarte tanto a la gente.- Acomodó sus gafas sobre el puente de su nariz nervioso mientras desviaba la mirada.- Además, no… no soy un ratón, preferiría que me llamases Liam.- Rascó su nuca mientras intentaba coger el libro, que incómodo era todo eso.- Ahora, estudiemos ¿sí? Tengo clases de oboe a las diecisiete con quince, y debo llegar a las diecinueve a casa para la hora del té.- Agachó la mirada evitando aquellas orbes azulosas, eran perturbadoras, pero hipnotizantes ¿Qué diría Louis si lo veía en compañía de un tipo como aquel? De todos los chicos de la escuela ¿Por qué le habían asignado a ese?-
Regresó a su asiento con algo más que incomodidad, estaba decepcionado, no sabía muy bien cómo eran los chicos de su edad, y menos aun los que le pasaban por un par de años, pero sinceramente, no esperaba que fuera así. Abrió su libro con rapidez, intentando pasar desapercibido, fingiría leer hasta que el chico llegase a su lado ¿Acaso la señora Archiers quería que le dieran una golpiza? Posiblemente… Y él que había pensado que le caía bien a la mujer. Miraba de un lado a otro por el rabillo del ojo, no tenía amigos, había vivido toda su infancia y adolescencia en una burbuja, pero conocía a un par de chicos y chicas de la escuela de música, ninguno era ni asomo de lo que se erguía frente a sus ojos. Presionó un poco los labios y los ojos al notar la arrolladora presencia del rubio a su izquierda, quien no tardó demasiado en echarse a reír sonoramente, demasiado sonoramente para estar en una biblioteca. Frunció leve el ceño al escuchar que lo llamaba mocoso ¿Mocoso? Pero si ya tenía quince… Sí, era muy bajo para su edad, y aun no lograba utilizar la afeitadora de su padre, pero…Mordió su labio inferior resignado, alzando la mirada para encontrarse con esos cristalinos ojos que lo miraban con burla.- Buenos días Ethan, me alegro de que hayas llegado.- Su acento británico y sus bien pronunciadas palabras lo hacían sentir más fuera de lugar aún, porque la irreverencia americana se reflejaba en cada pequeño gesto de Ethan. Estaba molesto, pero él lo intimidaba, además, de seguro así eran las cosas para los adolescentes. Después de todo, quizás no le gustaría mucho ser uno de ellos.- ¡No soy un mocoso!- Reclamó de inmediato para luego acomodar el puño de su camisa escocesa perfectamente planchada.- Tengo quince años, y seré tu tutor, tengo excelentes calificaciones en física, y voy adelantado.- Solía tener fama de presumir, pero en su casa nunca le habían inculcado que ser excepcional debía ocultarse, sino que todo lo contrario.
Soy tu tutor, te estoy esperando hace cuarenta y cinco minutos y treinta y siete segundos, deduzco que eres Ethan Winchester, y supongo que acierto.-Asintió dejando a relucir su sutil petulancia, estaba molesto y avergonzado a partes iguales, pero aquello era difícil de manejar.- Mi nombre es Liam Hiddleston, un gusto, Ethan.- Tendió su diestra esperando que el mayor la cogiera a forma de saludo, pero este no tardó en inclinarse buscando su rostro, irrumpiendo en su espacio personal olímpicamente. Se quedó de piedra al sentir el aliento del chico directo en su rostro; olía a humo, a caramelos… un poco a perfume de chica. Pasó saliva con mucha dificultad sintiéndose ahogado, para luego alejarse de un salto.- Deberías respetar mi espacio privado, por favor… No puedes acercarte tanto a la gente.- Acomodó sus gafas sobre el puente de su nariz nervioso mientras desviaba la mirada.- Además, no… no soy un ratón, preferiría que me llamases Liam.- Rascó su nuca mientras intentaba coger el libro, que incómodo era todo eso.- Ahora, estudiemos ¿sí? Tengo clases de oboe a las diecisiete con quince, y debo llegar a las diecinueve a casa para la hora del té.- Agachó la mirada evitando aquellas orbes azulosas, eran perturbadoras, pero hipnotizantes ¿Qué diría Louis si lo veía en compañía de un tipo como aquel? De todos los chicos de la escuela ¿Por qué le habían asignado a ese?-
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Re: I. Do you Wanna be my First Friend?
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En cuanto las primeras palabras del chico llegaron a oídos de Ethan, éste compuso una mueca confusa y sorprendida a la vez. ¿Es que acaso un anciano se había metido en el cuerpecito de aquel mocoso? Hablaba con tanta educación y de forma tan pedante que, si cerraba los ojos, el rubio podía imaginarse hablando con un viejo con voz de crío. ¡Era imposible! Se cruzó de brazos con lentitud, escudriñando al chico con la mirada, y torció la cabeza después, asintiendo sin prisa alguna. —Vale, me retracto, eres un viejo encerrado en el cuerpo de un mocoso—. Rectificó, convencido de ello. Nadie a su edad, quince años según había dicho, hablaba de aquel modo. Ni siquiera uno de esos chicos de buena familia. ¿Es que se había criado en una burbuja real? Real de realeza, no de realidad. Como fuera, a Ethan no le gustaba aquello, se las vería canutas para que el chico fuera flexible con él. —Trece, quince... tampoco hay mucha diferencia—. Zanjó, encogiendo ambos hombros. Le robó uno de los cuadernos, porque no había traído nada, y un bolígrafo. Abriéndolo por una página cualquiera comenzó a dibujar de forma distraída. A dibujarle a él.
Le escuchaba hablar, pero realmente no le estaba prestando mucha atención. Su forma de decir las cosas le aburría. ¿Qué era eso de "las diecisiete con quince"? Era, claramente, las cinco y cuarto de la tarde, por el amor de Eminem. Le miró durante algunos segundos, como si estuviera loco, y finalmente suspiró. —A ver, ratón, vamos a dejar las cosas claras. Tú eres un mocoso que habla muy raro. Me da igual si tienes matrícula de honor en física, dudo mucho que con esa forma de explicarte yo consiga entenderte. Llámame tonto, o lo que te dé la gana, pero vas a tener que buscarte otro alumno a quien dar tutoría si no cambias esa forma pedante de hablar. Se dice siete de la tarde. ¿Y quién demonios toma té?—. Estaba confundido, demasiado confundido. Observó alrededor, buscando la cámara oculta, y al no encontrarla clavó sus azules de nuevo en él. Tenía los ojos azules también, y una nariz muy divertida. —¿Qué tienes contra la gente que no respeta el espacio personal de los demás? Somos chavales. Estamos irrumpiendo en el espacio personal de los demás a diario. Deberías... no sé, relajarte. Te veo demasiado tieso. Eres demasiado tieso—.
Resopló, a sabiendas de que necesitaba aquellas clases para aprobar y no repetir, y alzó ambas manos, pidiendo calma. —A ver, espera. No te busques a otro, necesito aprobar física—. Se retractó una vez más. Colocó ambas palmas sobre la mesa y, finalmente, le hizo una señal. —Puedes empezar a explicar... prometo intentar entender ese acento tuyo tan sumamente raro—. Agregó, volviendo al dibujo que estaba haciendo. Era una caricatura muy acertada del niño ratón de quince años. Aunque, aun siendo caricatura, se le veía muy lindo. Cuando lo terminó -no había tardado ni dos minutos- cambió de hoja y esperó a que comenzara la clase para ir escribiendo apuntes.
Le escuchaba hablar, pero realmente no le estaba prestando mucha atención. Su forma de decir las cosas le aburría. ¿Qué era eso de "las diecisiete con quince"? Era, claramente, las cinco y cuarto de la tarde, por el amor de Eminem. Le miró durante algunos segundos, como si estuviera loco, y finalmente suspiró. —A ver, ratón, vamos a dejar las cosas claras. Tú eres un mocoso que habla muy raro. Me da igual si tienes matrícula de honor en física, dudo mucho que con esa forma de explicarte yo consiga entenderte. Llámame tonto, o lo que te dé la gana, pero vas a tener que buscarte otro alumno a quien dar tutoría si no cambias esa forma pedante de hablar. Se dice siete de la tarde. ¿Y quién demonios toma té?—. Estaba confundido, demasiado confundido. Observó alrededor, buscando la cámara oculta, y al no encontrarla clavó sus azules de nuevo en él. Tenía los ojos azules también, y una nariz muy divertida. —¿Qué tienes contra la gente que no respeta el espacio personal de los demás? Somos chavales. Estamos irrumpiendo en el espacio personal de los demás a diario. Deberías... no sé, relajarte. Te veo demasiado tieso. Eres demasiado tieso—.
Resopló, a sabiendas de que necesitaba aquellas clases para aprobar y no repetir, y alzó ambas manos, pidiendo calma. —A ver, espera. No te busques a otro, necesito aprobar física—. Se retractó una vez más. Colocó ambas palmas sobre la mesa y, finalmente, le hizo una señal. —Puedes empezar a explicar... prometo intentar entender ese acento tuyo tan sumamente raro—. Agregó, volviendo al dibujo que estaba haciendo. Era una caricatura muy acertada del niño ratón de quince años. Aunque, aun siendo caricatura, se le veía muy lindo. Cuando lo terminó -no había tardado ni dos minutos- cambió de hoja y esperó a que comenzara la clase para ir escribiendo apuntes.
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Re: I. Do you Wanna be my First Friend?
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-Había vivido tan pocos años en América, que le era complicado recordar que en aquel lugar la gente solía usar palabras extrañas para referirse a las cosas, además de pronunciar muy extraño la T y la R. Anna era estadounidense, pero llevaba tanto tiempo conviviendo con Thomas y Louis en Londres que ya ni siquiera se le notaba el acento. Según le habían contado, su madre provenía del Bronx, uno de los peores barrios de Nueva York, pero ahora no veía nada de eso en ella. Era pelirroja, hermosa y muy refinada. Amaba a sus padres, a los tres por igual, pero debía admitir que ahora que estaba luchando contra la naturaleza humana para convertirse en un chico medianamente corriente, ser refinado y educado no le servía de nada, sino que todo lo contrario. Podía verlo en el rostro del recién llegado, estaba casi tan horrorizado como lo estarían sus padres de verlo a él. Suponía que esta situación se asimilaba a la que vive un aracnofóbico, contemplada desde dos puntos de vista objetivos 1)Desde el punto de vista del aracnofóbico, un tipo sumamente temeroso, asustado de que aquel diminuto artrópodo se le lance encima-aunque muy pocas especies de arácnidos saltan- y lo dañe 2) Y desde el punto de vista del animal. Las arañas son fuertes, su cuerpo resiste grandes presiones y golpes. Sin embargo, y por razón obvia, recelan espantosamente de los seres humanos. Después de todo, es como estar en presencia de un coloso de la era jurásica, pero con inteligencia, pesticidas y zapatos enormes. En pocas palabras, el asunto era que no tenía claro si él estaba más asustado de Ethan, que Ethan de él. Aunque posiblemente, la alternativa era la primera. El rubio no paraba de atacarlo con ingeniosos comentarios. Aspiró por la nariz largamente, aguantando el aire largo rato.- ¡No soy un viejo, Ethan! Técnicamente, nos separan tres años, lo que te situaría a ti en un puesto mucho más cercano a la edad madura que a mí.- Sonrió con suficiencia, esperando que el contrario dejara de molestarlo, o al menos que se diera por pillado.
Percibía claramente la mirada ajena clavada en su rostro, no se atrevía a mirarlo de frente, pues sus azulinas iris lo intimidaban de gran manera, por no mencionar el pendiente en su labio, y su gesto de permanente arrogancia. Debía admitirlo, el chico le causaba temor, pero a la vez admiración y algo de envidia sana, aunque Thomas decía que eso no existía. Él era pequeño, asustadizo, y sentía no haber vivido ni la cuarta parte de lo que aquel chico a quien pretendía enseñarle había hecho. Podría comerse el mundo entero si quisiera, mientras que él, con suerte lograba comerse un paquete de galletas. Tragó pesado y frunció leve el ceño mientras acomodaba sus lentes una vez más ¿Lo había llamado Ratón?- No me llames Ratón, por favor, no soy un roedor, soy un chico, y me llamo Liam…- Murmuró sintiéndose claramente agobiado. Que cansador era tratar con adolescentes, ahora entendía por qué sus padres lo tenían encerrado en casa, y por qué en ocasiones se molestaban con él. Debía dejar de llegar tarde a las lecciones de piano, tanta rebeldía podría con la paciencia de sus dulces progenitores.- No hablo de manera pedante, Ethan, yo hablo correctamente. Además, soy británico, por eso puede que no comprendas mi acento. Debo decir que tu acento también es un poco confuso, deberías modular un poco más las palabras.- Confesó sintiendo como la sangre subía a sus mejillas. Estaba acostumbrado a corregir a la gente, pero no sabía cómo reaccionaría el mayor ante eso.- De hecho, en teoría… un día cuenta con veintitrés horas con cincuentaiseis minutos, por lo tanto, decir las diecinueve horas es correcto.- Pestañeó un par de veces, preguntándose si en Estados Unidos no conocían aquel sistema de horarios.- Mis padres y yo tomamos el té. En Inglaterra es muy común tomar el té, es una antigua tradición; ya sé que aquí en América el té es muy poco apreciado, tienen vidas muy atareadas y no se dan el momento, pero deberías intentarlo, es bueno para la salud, tiene antioxidantes, beneficia la digestión… - Amaba el té, y se sabía de memoría las cualidades que este tenía, pero por ahora, se concentraría en la física.- Y no estoy tenso, lo que sucede, es que los chicos no debemos hablarnos de tan cerca, es incómodo. Existe un espacio proxémico que fluctua entre los tetentaicinco y cientoveinte centímetros de distancia, para conversar con un recién conocido ¿Hablas así de cerca con todos tus amigos, incluso con las chicas? Tu novia de seguro se molestará.- Alzó su pluma en el aire para puntualizar. No sabía si el chico tenía novia, pero parecía ser de aquellos que las tienen, era guapo, y mordaz, a las féminas eso les gusta, o al menos eso aprendió en las películas superficiales que Anna ve.
Dio un respingo al sentir como uno de sus cuadernos y uno de sus bolis era arrebatado, Ethan comenzó a garabatear inmediatamente en uno.- ¿Qué haces, Ethan? No es correcto utilizar las cosas de otras personas…- Suspiró ligeramente, mejor lo dejaría estar, al menos ya estaba cediendo a tomar atención a la clase. Él no necesitaba los créditos, solo lo hacía porque la señora Archiers había sido muy amable con él. Alzó una vez más la vista y logró divisar un par de trazos ¿estaba dibujando?- Me parece una decisión muy sensata de tu parte, yo te enseñaré de manera sencilla para que apruebes.- Asintió inclinándose hacia adelante buscando un cuaderno libre donde hacer anotaciones.- Pero… Quiero pedirte un favor a cambio.- Apretó los labios sentándose tenso en el lugar. Nunca había sido bueno para pedir favores, y tampoco sabía si los chicos de su edad pedían esta clase de cosas. Sin embargo, él lo deseaba, y no conocía a nadie más que pudiese ayudarlo.- Sé que no es sano pedir cosas a cambio de algo que realmente necesitas, pero… Vi en la televisión un deporte muy interesante, en el que los chicos suben a una tabla con cuatro rodados abajo, leí acerca de eso y se llama skate boarding.- Asintió sumamente seguro.- ¿Tu sabes andar en skate boarding? Si sabes ¿Podrías enseñarme? – Sabía esgrima, natación y ajedrez, pero ninguno de aquellos deportes era como el skate boarding, ninguno despertaba en el interior de las personas la adrenalina que esa tabla de fibra de vidrio o madera dibujaba en el rostro de los chicos punks de la tele. Deseaba convertirse en un adolescente normal, todos parecían tan felices, él también quería serlo. –Hasta podría suspender mi clase de Oboe de hoy para enseñarte más, y que tengas una A en tu exámen.-No sabía si Ethan tenía conocimientos al respecto, pero a simple vista, parecía que sí.-
Percibía claramente la mirada ajena clavada en su rostro, no se atrevía a mirarlo de frente, pues sus azulinas iris lo intimidaban de gran manera, por no mencionar el pendiente en su labio, y su gesto de permanente arrogancia. Debía admitirlo, el chico le causaba temor, pero a la vez admiración y algo de envidia sana, aunque Thomas decía que eso no existía. Él era pequeño, asustadizo, y sentía no haber vivido ni la cuarta parte de lo que aquel chico a quien pretendía enseñarle había hecho. Podría comerse el mundo entero si quisiera, mientras que él, con suerte lograba comerse un paquete de galletas. Tragó pesado y frunció leve el ceño mientras acomodaba sus lentes una vez más ¿Lo había llamado Ratón?- No me llames Ratón, por favor, no soy un roedor, soy un chico, y me llamo Liam…- Murmuró sintiéndose claramente agobiado. Que cansador era tratar con adolescentes, ahora entendía por qué sus padres lo tenían encerrado en casa, y por qué en ocasiones se molestaban con él. Debía dejar de llegar tarde a las lecciones de piano, tanta rebeldía podría con la paciencia de sus dulces progenitores.- No hablo de manera pedante, Ethan, yo hablo correctamente. Además, soy británico, por eso puede que no comprendas mi acento. Debo decir que tu acento también es un poco confuso, deberías modular un poco más las palabras.- Confesó sintiendo como la sangre subía a sus mejillas. Estaba acostumbrado a corregir a la gente, pero no sabía cómo reaccionaría el mayor ante eso.- De hecho, en teoría… un día cuenta con veintitrés horas con cincuentaiseis minutos, por lo tanto, decir las diecinueve horas es correcto.- Pestañeó un par de veces, preguntándose si en Estados Unidos no conocían aquel sistema de horarios.- Mis padres y yo tomamos el té. En Inglaterra es muy común tomar el té, es una antigua tradición; ya sé que aquí en América el té es muy poco apreciado, tienen vidas muy atareadas y no se dan el momento, pero deberías intentarlo, es bueno para la salud, tiene antioxidantes, beneficia la digestión… - Amaba el té, y se sabía de memoría las cualidades que este tenía, pero por ahora, se concentraría en la física.- Y no estoy tenso, lo que sucede, es que los chicos no debemos hablarnos de tan cerca, es incómodo. Existe un espacio proxémico que fluctua entre los tetentaicinco y cientoveinte centímetros de distancia, para conversar con un recién conocido ¿Hablas así de cerca con todos tus amigos, incluso con las chicas? Tu novia de seguro se molestará.- Alzó su pluma en el aire para puntualizar. No sabía si el chico tenía novia, pero parecía ser de aquellos que las tienen, era guapo, y mordaz, a las féminas eso les gusta, o al menos eso aprendió en las películas superficiales que Anna ve.
Dio un respingo al sentir como uno de sus cuadernos y uno de sus bolis era arrebatado, Ethan comenzó a garabatear inmediatamente en uno.- ¿Qué haces, Ethan? No es correcto utilizar las cosas de otras personas…- Suspiró ligeramente, mejor lo dejaría estar, al menos ya estaba cediendo a tomar atención a la clase. Él no necesitaba los créditos, solo lo hacía porque la señora Archiers había sido muy amable con él. Alzó una vez más la vista y logró divisar un par de trazos ¿estaba dibujando?- Me parece una decisión muy sensata de tu parte, yo te enseñaré de manera sencilla para que apruebes.- Asintió inclinándose hacia adelante buscando un cuaderno libre donde hacer anotaciones.- Pero… Quiero pedirte un favor a cambio.- Apretó los labios sentándose tenso en el lugar. Nunca había sido bueno para pedir favores, y tampoco sabía si los chicos de su edad pedían esta clase de cosas. Sin embargo, él lo deseaba, y no conocía a nadie más que pudiese ayudarlo.- Sé que no es sano pedir cosas a cambio de algo que realmente necesitas, pero… Vi en la televisión un deporte muy interesante, en el que los chicos suben a una tabla con cuatro rodados abajo, leí acerca de eso y se llama skate boarding.- Asintió sumamente seguro.- ¿Tu sabes andar en skate boarding? Si sabes ¿Podrías enseñarme? – Sabía esgrima, natación y ajedrez, pero ninguno de aquellos deportes era como el skate boarding, ninguno despertaba en el interior de las personas la adrenalina que esa tabla de fibra de vidrio o madera dibujaba en el rostro de los chicos punks de la tele. Deseaba convertirse en un adolescente normal, todos parecían tan felices, él también quería serlo. –Hasta podría suspender mi clase de Oboe de hoy para enseñarte más, y que tengas una A en tu exámen.-No sabía si Ethan tenía conocimientos al respecto, pero a simple vista, parecía que sí.-
Whitman School | 16:40 | Biblioteca | Ethan x Liam|
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Don't you Wanna be very very good at being bad? When You're Evil Doing less is Doing More~
Re: I. Do you Wanna be my First Friend?
Do You Wanna be My first friend?
—Nadie está hablando de que seas un viejo en apariencia. Tan solo eres un viejo por dentro. Solo los viejos hablan del modo en que tú hablas—. Murmuró irritado, frunciendo ligeramente el ceño. Poco a poco aquel mocoso empezaba a caerle mal. No podía evitar que la gente pedante le resultara demasiado empalagosa, demasiado pesada. Y aquel pequeño ratón se estaba llevando la palma. O hacía algo por cambiarle un poco y hacer de él un chico de la edad que tenía, o se podía ir olvidando de aprobar aquel año. No quería seguir recibiendo clases de un adulto encerrado en el cuerpo de un compañero de clase. Era demasiado agobiante. Se rascó la nuca con lentitud y decidió desconectar los oídos por un rato. A fin de cuentas no le interesaba en demasía aquello que le estaba diciendo entonces. Dejó que siguieta con la retaíla de cosas que le importaban bien poco y su mente voló lejos de allí. En aquel momento disfrutando de aquella chica tan divertida en el baño de hombres en lugar de recibiendo charlas de moral de un mocoso con cara de roedor. Su vida no podía empeorar. Luego, después de imaginarse la de cosas que haría, comenzó a tararear una de esas canciones pegadizas de la tele mientras meneaba la cabeza de lado a lado.
Tras varios minutos en los que ni siquiera estaba prestando atención al muchacho, escuchó la palabra "skate" salir de sus labios y, como por arte de magia, sus ojos se clavaron en el rostro del muchacho. —¿Uhm?—. Preguntó, abriendo de nuevo los oídos para escuchar mejor. Se sorprendió por la petición. ¿Quién le iba a decir a él que aquel chico querría montar en skate? —¿Me lo estás diciendo en serio?—. Torció su cabeza, pensativo. En realidad tan solo estaba calculando si merecía la pena lo que le estaba diciendo. Sacar una A en su examen resolvería sus problemas y seguramente la profesora decidiera que no tenía que seguir recibiendo clases de aquel chico. Y eso ayudaría al muchacho a ser un poco más... muchacho, en lugar de hombre con cara de niño. —Eh... supongo que vale. Pero ni de coña voy a recibir más horas de clase hoy. Tengo la cabeza como un bombo. Pero puedes saltarte tus clases de... ese chisme y venir conmigo al parque. Puede comenzar allí tu sesión de aprendizaje—. Estaba seguro de que el muchacho no estaba acostumbrado a ser el que recibiera clases. Seguro que estaba más acostumbrado a darlas. Encogió ambos hombros y pegó varias veces con el bolígrafo sobre el cuaderno, llamando la atención del chico. —¿Comienzas con la charla o qué?—. Aunque esta vez solo le dedicó una suave sonrisa.
Tras varios minutos en los que ni siquiera estaba prestando atención al muchacho, escuchó la palabra "skate" salir de sus labios y, como por arte de magia, sus ojos se clavaron en el rostro del muchacho. —¿Uhm?—. Preguntó, abriendo de nuevo los oídos para escuchar mejor. Se sorprendió por la petición. ¿Quién le iba a decir a él que aquel chico querría montar en skate? —¿Me lo estás diciendo en serio?—. Torció su cabeza, pensativo. En realidad tan solo estaba calculando si merecía la pena lo que le estaba diciendo. Sacar una A en su examen resolvería sus problemas y seguramente la profesora decidiera que no tenía que seguir recibiendo clases de aquel chico. Y eso ayudaría al muchacho a ser un poco más... muchacho, en lugar de hombre con cara de niño. —Eh... supongo que vale. Pero ni de coña voy a recibir más horas de clase hoy. Tengo la cabeza como un bombo. Pero puedes saltarte tus clases de... ese chisme y venir conmigo al parque. Puede comenzar allí tu sesión de aprendizaje—. Estaba seguro de que el muchacho no estaba acostumbrado a ser el que recibiera clases. Seguro que estaba más acostumbrado a darlas. Encogió ambos hombros y pegó varias veces con el bolígrafo sobre el cuaderno, llamando la atención del chico. —¿Comienzas con la charla o qué?—. Aunque esta vez solo le dedicó una suave sonrisa.
Whitman School | 16:40 | Biblioteca | Ethan x Liam
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