Últimos temas
Afiliados
|
Directorios
|
Créditos
La idea y fundación de Skipping Stone es de la antigua usuaria y administradora Aqua. Diseño de gráficos y redacción de normas, guías, etc, corre por parte del Staff. El skin, el tablón de anuncios, los perfiles y el tablón de afiliados han sido diseñados y cedidos al foro por Oswald. Las imágenes no nos pertenecen, han sido recolectadas en Deviantart en especial de faestock, So-ghislaine (dados) y webvilla (medallas), moon0727 (png Sherlock Holmes), andie-mikaelson (png Raven Reyes), Tube danimage (png Lagertha) y el tumblr fandomtransparents (png Sansa Stark). Damos también un agradecimiento en especial a los foros de recursos Glintz y Serendepity cuyos tutoriales han ayudado a crear las tablillas.
|
|
Hermanos
|
Élite
× Hearts on fire {+18}
Página 2 de 3. • Comparte •
Página 2 de 3. •
1, 2, 3 
× Hearts on fire {+18}
Recuerdo del primer mensaje :
HEARTS ON FIRE | 1x1 | FANTASÍA/CDHYF | AU En la región aparentemente pacífica de las Tierras del Oeste, multitud de sucesos tienen lugar mientras el resto del reino, poco a poco, se desmorona: noviazgos fugaces, noviazgos longevos, muertes, matrimonios, infidelidades, nacimientos, asesinatos... No hace muchas lunas el emblema del unicornio púrpura sobre fondo plateado ondeaba con orgullo en Valdecuerno y el septo más cercano. Lord Gerold Brax, hijo del fallecido Rupert Brax, llevó al altar a lady Ely Crakehall; era un enlace apenas sustentado en el amor y más con el ojo puesto en el futuro de las Tierras del Oeste. Una unión entre dos casas vasallas de los Lannister era un signo de lealtad aún mayor que el hincar una rodilla en el suelo. A vistas de los demás, el matrimonio funcionaba y prometía un futuro estable entre ambas familias. Internamente, sin embargo, era un caos. Ambos, Gerold y Ely, no estaban de acuerdo con la idea de casarse de tal forma. Si bien era cierto que entre ambos había una cierta química, algo que hacía la unión posible, no se amaban. Pero sabían que en los tiempos que corrían y a pesar de que la casa a la que son leales parecía tener el trono asegurado, era mejor prevenir que curar. A las pocas lunas del matrimonio, del que no hace ni siquiera un año, Gerold empezó a pasar menos tiempo en Valdecuerno. Cuando no salía a cazar o a entrenar en el patio de armas –cabe decir que era un gran luchador–, estaba en la aldea. Conocía caminos que le permitían pasar desapercibido para acabar en un burdel, aunque no en uno que visitaba cualquier aldeano de poca monta. Allí conoció a Rowena, la única a la que aceptaba visitar. Era irónica la idea de ser fiel para con la prostituta dentro de una infidelidad en lugar de para con su mujer Ely. Pero lo necesitaba, sobre todo cuando Rowena resultó ser una gran habladora y mejor escuchadora. Como siempre, lo prohibido terminará abriéndose paso, de una forma u otra, hacia la superficie. | GEROLD BRAX | 30 | TOM HIDDLESTON | KEROUAC ROWENA BELMORE | 27 | ELIZABETH OLSEN | PHOENIX |
© by Farah.
Última edición por Kerouac el Sáb 13 Feb - 19:39, editado 4 veces

- All hail, Macbeth:

- The fastest man alive:

Re: × Hearts on fire {+18}
"my body trembles around you" |
Su propio cuerpo parecía fuego, sin embargo, no sabía como pero la fisionomía ajena le parecía un ardor aún más potente que el propio y ello convertía en la escena ahí frente a sus ojos como algo no simplemente carnal, no era algo sin más, no era algo vacío y quizá era ello lo que tanto le había llegado a complicar a la muchacha en un principio, había mucho más ahí en la profundidad de sus emociones que sus cuerpos no podían expresar mediante palabras sino que mediante contactos, mediante actos, mediante miradas cómplices que se arrebataban entre suspiros ante las caricias ajenas, sus labios, sus besos, el modo tan vehemente con el que sus labios se apoderaban de su cuerpo y creaban en el interior de la muchacha una tensión indudable, una espera impasible, una llama que sentía, jamás se apagaría.
Ahogó un suspiro cuando sintió que su ímpetu podría más que su control, aquel que caótico incitó a llevar sus manos por su espalda, por su cuello, por su cabello. Los dedos de Rowena Belmore se aferraban en momentos con parsimonia, en momentos con virulencia, a veces tierna, a veces salvaje, pero no había inspección ni autoridad propia en ello, su cuerpo reaccionaba como el de un animal en caza de una presa y sabía que el ajeno que en ese momento sentía propio, tenía la misma sensación sin pertinencia pero absoluta pertenencia por ella. — Oh, joder. — susurró sin mesura.
Sus labios se desplazaron ambiciosos desde el vacío del aire hasta el cuello ajeno, su cuerpo se curvó ligeramente para poder sostener el rostro ajeno, aferrando el cabello ajeno como si demandara su atención ahí, frente a ella, delante de su rostro cuando en realidad la ansiedad reclamaba saborear su compostura, aquello que corroía sus venas como una lumbre de pasión y barullo. Una vez que consiguió tener su rostro en frente, sus dedos volvieron a jalar su cabello esta vez para tirar de su rostro a un costado y así poder deslizar sus labios por su cuello, su clavícula y la extensión alta de su pecho en donde se dejó probar, anhelar y soñar con que aquello era totalmente normal, soñar con que sus cuerpos pertenecían en completa complaciencia, de que no había entre medio de ellos un límite, un deber o un obstáculo, mucho menos una brecha social que les apartara. Se sentía perteneciente a él, al menos por aquella noche y eso era todo lo que valía como así también lo sentía a él de ella, porque él era de ella, o eso quería creer.
Le besó como lo hacen los enamorados, los apasionados, los poéticos que tachan en piedra un romance furtivo pero verdadero, ascendió desde su cuello el cual mordió son preocupación para dedicarse a sus labios, a su boca, aquella que adoraba pero que su interior le convencía no era propia. Dolía claro que dolía, pero nada podía ser sanado ante sus caricias, le urgía tenerlo no solo ahí, entre sus manos, sino que completo y quizá era aquello lo que arrullaban sus gemidos que intentaba acallar al besarle, porque no era solo su cuerpo lo que le hacía sentir de tal modo y jadear como si no hubiese un mañana, era él completo y lo que le hacía sentir hasta en el alma.
Ahogó un suspiro cuando sintió que su ímpetu podría más que su control, aquel que caótico incitó a llevar sus manos por su espalda, por su cuello, por su cabello. Los dedos de Rowena Belmore se aferraban en momentos con parsimonia, en momentos con virulencia, a veces tierna, a veces salvaje, pero no había inspección ni autoridad propia en ello, su cuerpo reaccionaba como el de un animal en caza de una presa y sabía que el ajeno que en ese momento sentía propio, tenía la misma sensación sin pertinencia pero absoluta pertenencia por ella. — Oh, joder. — susurró sin mesura.
Sus labios se desplazaron ambiciosos desde el vacío del aire hasta el cuello ajeno, su cuerpo se curvó ligeramente para poder sostener el rostro ajeno, aferrando el cabello ajeno como si demandara su atención ahí, frente a ella, delante de su rostro cuando en realidad la ansiedad reclamaba saborear su compostura, aquello que corroía sus venas como una lumbre de pasión y barullo. Una vez que consiguió tener su rostro en frente, sus dedos volvieron a jalar su cabello esta vez para tirar de su rostro a un costado y así poder deslizar sus labios por su cuello, su clavícula y la extensión alta de su pecho en donde se dejó probar, anhelar y soñar con que aquello era totalmente normal, soñar con que sus cuerpos pertenecían en completa complaciencia, de que no había entre medio de ellos un límite, un deber o un obstáculo, mucho menos una brecha social que les apartara. Se sentía perteneciente a él, al menos por aquella noche y eso era todo lo que valía como así también lo sentía a él de ella, porque él era de ella, o eso quería creer.
Le besó como lo hacen los enamorados, los apasionados, los poéticos que tachan en piedra un romance furtivo pero verdadero, ascendió desde su cuello el cual mordió son preocupación para dedicarse a sus labios, a su boca, aquella que adoraba pero que su interior le convencía no era propia. Dolía claro que dolía, pero nada podía ser sanado ante sus caricias, le urgía tenerlo no solo ahí, entre sus manos, sino que completo y quizá era aquello lo que arrullaban sus gemidos que intentaba acallar al besarle, porque no era solo su cuerpo lo que le hacía sentir de tal modo y jadear como si no hubiese un mañana, era él completo y lo que le hacía sentir hasta en el alma.
Valdecuerno | 00:05 pm | con Gerold Brax
ah...those two. In a fight they're lethal but when they are around each other...they melt.
Re: × Hearts on fire {+18}
"my body trembles around you" |
El mayor sentía ganas de poseer en todos los sentidos posibles a Rowena: con besos, caricias, mordiscos, palabras, actos que antaño practicaban en la cama del burdel, miradas... y sin embargo sus encuentros eran tan cortos, relativamente hablando, que siempre tenía que seleccionar métodos para poseerla, hacerla suya, de algún modo, durante esas horas. Cuando le tiró del pelo alzó el rostro y la cabeza de nuevo, jadeando ante sus besos y mordiscos. Sus manos subieron de sus muslos a sus pechos, que acarició y masajeó con ambas manos como si intentase amoldar éstas a su pecho, como si nunca antes lo hubiese tocado.
—Oh, maldición... —susurró contra sus labios entre beso y beso antes de devorarlos con la misma pasión con que ella había iniciado el beso. Pronto soltó sus senos sólo para, con rapidez y casi nerviosismo, desabrocharse el fino cinturón que usaba y desatarse el cordel del pantalón que, por los anteriores tirones de Rowena, ya estaba casi caído. En cuanto deshizo el nudo su pantalón cayó al suelo por sí solo y tardó apenas segundos en sacar las piernas de éste. No llevaba más ropajes.
Tras introducirse todo cuanto pudo entre las piernas de Rowena de nuevo, rodeó su cintura y la atrajo hacia sí, al máximo, hasta tal punto que ambos torsos y ambos sexos se rozaban sin milímetros de espacio entre ambas zonas. De vez en cuando varios jadeos escapaban contra la boca de la joven, por suerte jadeos que eran acallados por los besos y nadie podía oír. —Aún me pregunto cómo puedes mirar a mi mujer a la cara... después de noches como ésta. —. Rió, divertido. Era un comentario sin maldad, un comentario que le parecía curioso. Lo que realmente se preguntaba era cómo veía Rowena a Ely; ¿como una enemiga?, ¿como un obstáculo entre ambos?, ¿como su señora y nada más?
Sin duda Gerold había sido estúpido al traer al enemigo a su propia casa, pero merecía la pena por encuentros como aquel. Antes de que la joven pudiese responderle, cortó el beso y se humedeció dos dedos que más tarde llevó a la entrepierna de Rowena. Lentamente, dejando besos por su cuello mientras tanto, comenzó a estimularla, dando suaves caricias por la zona, caricias que poco a poco iba aumentando la velocidad con que las hacía para más adelante empezar a entrar en ella aún con sus falanges. ¿Sería Rowena capaz de contestarle tras haber comenzado a darla placer tan rápido, sin avisarla? Sin duda Gerold era lo que muchos definirían como cabrón, o, más burdamente, hijo de puta. Le recordaba a Rowena que estaba casado mientras, sin duda alguna, la hacía disfrutar más, mucho más, que a Ely. Alzó el rostro, separándose así de su cuello, para mirar fijamente a la joven mientras esperaba su respuesta y sus dedos se movían con más rapidez, incluyendo además un tercero. Contéstame, le pedían, le suplicaban sus ojos verdes.
—Oh, maldición... —susurró contra sus labios entre beso y beso antes de devorarlos con la misma pasión con que ella había iniciado el beso. Pronto soltó sus senos sólo para, con rapidez y casi nerviosismo, desabrocharse el fino cinturón que usaba y desatarse el cordel del pantalón que, por los anteriores tirones de Rowena, ya estaba casi caído. En cuanto deshizo el nudo su pantalón cayó al suelo por sí solo y tardó apenas segundos en sacar las piernas de éste. No llevaba más ropajes.
Tras introducirse todo cuanto pudo entre las piernas de Rowena de nuevo, rodeó su cintura y la atrajo hacia sí, al máximo, hasta tal punto que ambos torsos y ambos sexos se rozaban sin milímetros de espacio entre ambas zonas. De vez en cuando varios jadeos escapaban contra la boca de la joven, por suerte jadeos que eran acallados por los besos y nadie podía oír. —Aún me pregunto cómo puedes mirar a mi mujer a la cara... después de noches como ésta. —. Rió, divertido. Era un comentario sin maldad, un comentario que le parecía curioso. Lo que realmente se preguntaba era cómo veía Rowena a Ely; ¿como una enemiga?, ¿como un obstáculo entre ambos?, ¿como su señora y nada más?
Sin duda Gerold había sido estúpido al traer al enemigo a su propia casa, pero merecía la pena por encuentros como aquel. Antes de que la joven pudiese responderle, cortó el beso y se humedeció dos dedos que más tarde llevó a la entrepierna de Rowena. Lentamente, dejando besos por su cuello mientras tanto, comenzó a estimularla, dando suaves caricias por la zona, caricias que poco a poco iba aumentando la velocidad con que las hacía para más adelante empezar a entrar en ella aún con sus falanges. ¿Sería Rowena capaz de contestarle tras haber comenzado a darla placer tan rápido, sin avisarla? Sin duda Gerold era lo que muchos definirían como cabrón, o, más burdamente, hijo de puta. Le recordaba a Rowena que estaba casado mientras, sin duda alguna, la hacía disfrutar más, mucho más, que a Ely. Alzó el rostro, separándose así de su cuello, para mirar fijamente a la joven mientras esperaba su respuesta y sus dedos se movían con más rapidez, incluyendo además un tercero. Contéstame, le pedían, le suplicaban sus ojos verdes.
Valdecuerno | 00:05 am | con Rowena Belmore

- All hail, Macbeth:

- The fastest man alive:

Re: × Hearts on fire {+18}
"my body trembles around you" |
Sus labios, casi por inercia se retraían en un gesto travieso al notar su cuerpo desnudo. Rowena Belmore con el paso de los días, las semanas y los meses a su lado, había aprendido a ver algo más de lo que normalmente hacía con sus demás clientes, en quien valía decir el acto carnal poca relevancia tomaba y el recuerdo pasaba a resguardarse entre el olvido. Con él, por el contrario, era muy distinto. Apreciaba la forma particular en la que su cuerpo se movía, el modo en el que sus dedos le acariciaban y como sus palabras parecían intercambiar tonalidades dependiendo siempre de la situación en la que se encontraban. Gerold podía ser meloso en el momento preciso, podía comportarse con esa naturalidad agradable para sus oídos cuando le confiaba sus secretos y el más seductor si así lo requería el instante, ese en el que las palabras sobraban y las miradas lo podían esclarecer todo.
Un jadeo suave que desprendieron sus labios se vieron de pronto truncados al oír sus palabras. Le miró con recelo, aquel que podía percibirse gracioso si denotabas la verdadera gestación de sus expresiones, la cual esa por su parte, infantil, corroía con una ira graciosa por sus venas que podría reclamarle pero que se silenció de pronto al sentir sus dedos, el recorrido de éstos y la manera particular con la cual parecía querer tentarle y no fallaba en ello, por supuesto que no lo hacía, jamás lo haría. Entreabrió sus labios ahogando un jadeo que en su potencia parecía reflejar todo el fulgor que recorría en aquel entonces su interior. Negó con su cabeza, en un movimiento tenue, débil, un movimiento que reflejaba todo lo que en ese entonces le estaba estremeciendo el cuerpo, lo que le estaba haciendo sucumbir, una vez más a sus encantos, a sus manos, a sus dedos.
Caricias que parecían agonía al oírse los quejidos apagados de Rowena, quejidos que estaban muy lejos de llegar a ser precisamente eso, ahogando en ellos gemidos que debía coartar, que debía acallar para no llamar la atención de nadie en el perímetro. El recelo no abandonaban las facciones de la castaña, quien deslizó sus manos hasta su espalda para arañar ésta casi sin control, sin mesura y sin intentar imponérselo tampoco. Existía una riña interior en aquel momento con el hombre que invadía sus sueños por las noches, no solo por su pregunta, sino que también por el hecho de que nadie le hacía sentir del modo que él precisamente lo hacía y aquello creaba una disyuntiva suprema para sus sentimientos con él. Un gruñido se escapó entre medio de sus gemidos, sus ojos apenas le miraban en realidad, sus ojos se entrecerraban debido a la rápida pasión que había aguardado tanto por llevarse a cabo y le recorría completamente.
— Del mismo modo que tocas sus labios luego de besar los míos. — entre ajetreados suspiros le respondió con un gesto travieso, y luego calló, prefirió no hablar, no solo porque no podía debido a que sus ansias de vociferar sus jadeos era algo que les arriesgaría la armonía ahí conformada, sino que porque simplemente quería dejarse llevar. Mordió sus labios con premura, esos que probablemente como bien había remarcado, besarían en la mañana siguiente unos ajenos, unos a los que les prometería haber descansado a su lado durante toda la noche cuando la verdad era que lo había pasado con ella, dentro de ella. Saboreó éstos como si se les fuese la vida en ellos sin calmar su de pronta ansiedad, esa con la que deslizó sus uñas por su espalda para luego rodear su cadera sin importarle dejar marca, sabiendo a que su vez cometía un error en ello. Había perdido la técnica de su trabajo, probablemente porque él jamás había sido un mero trabajo en donde podía enfocar el camino de su concentración para el placer exclusivamente ajeno, con él, en su acto carnal, los dos disfrutaban y una vez que la lujuria le invadía no había vuelta atrás. Recorrió con las mismas marcas su cadera una vez que llegó abajo, deslizó sus manos inquietas a través de su desnudez la cual aprovechó para tocar, manosear, recorrer y disfrutar mientras apresaba en un gruñido juguetón su miembro viril con sus manos, las cuales cálidas le acariciaron, sostuvieron y estimularon.
Un jadeo suave que desprendieron sus labios se vieron de pronto truncados al oír sus palabras. Le miró con recelo, aquel que podía percibirse gracioso si denotabas la verdadera gestación de sus expresiones, la cual esa por su parte, infantil, corroía con una ira graciosa por sus venas que podría reclamarle pero que se silenció de pronto al sentir sus dedos, el recorrido de éstos y la manera particular con la cual parecía querer tentarle y no fallaba en ello, por supuesto que no lo hacía, jamás lo haría. Entreabrió sus labios ahogando un jadeo que en su potencia parecía reflejar todo el fulgor que recorría en aquel entonces su interior. Negó con su cabeza, en un movimiento tenue, débil, un movimiento que reflejaba todo lo que en ese entonces le estaba estremeciendo el cuerpo, lo que le estaba haciendo sucumbir, una vez más a sus encantos, a sus manos, a sus dedos.
Caricias que parecían agonía al oírse los quejidos apagados de Rowena, quejidos que estaban muy lejos de llegar a ser precisamente eso, ahogando en ellos gemidos que debía coartar, que debía acallar para no llamar la atención de nadie en el perímetro. El recelo no abandonaban las facciones de la castaña, quien deslizó sus manos hasta su espalda para arañar ésta casi sin control, sin mesura y sin intentar imponérselo tampoco. Existía una riña interior en aquel momento con el hombre que invadía sus sueños por las noches, no solo por su pregunta, sino que también por el hecho de que nadie le hacía sentir del modo que él precisamente lo hacía y aquello creaba una disyuntiva suprema para sus sentimientos con él. Un gruñido se escapó entre medio de sus gemidos, sus ojos apenas le miraban en realidad, sus ojos se entrecerraban debido a la rápida pasión que había aguardado tanto por llevarse a cabo y le recorría completamente.
— Del mismo modo que tocas sus labios luego de besar los míos. — entre ajetreados suspiros le respondió con un gesto travieso, y luego calló, prefirió no hablar, no solo porque no podía debido a que sus ansias de vociferar sus jadeos era algo que les arriesgaría la armonía ahí conformada, sino que porque simplemente quería dejarse llevar. Mordió sus labios con premura, esos que probablemente como bien había remarcado, besarían en la mañana siguiente unos ajenos, unos a los que les prometería haber descansado a su lado durante toda la noche cuando la verdad era que lo había pasado con ella, dentro de ella. Saboreó éstos como si se les fuese la vida en ellos sin calmar su de pronta ansiedad, esa con la que deslizó sus uñas por su espalda para luego rodear su cadera sin importarle dejar marca, sabiendo a que su vez cometía un error en ello. Había perdido la técnica de su trabajo, probablemente porque él jamás había sido un mero trabajo en donde podía enfocar el camino de su concentración para el placer exclusivamente ajeno, con él, en su acto carnal, los dos disfrutaban y una vez que la lujuria le invadía no había vuelta atrás. Recorrió con las mismas marcas su cadera una vez que llegó abajo, deslizó sus manos inquietas a través de su desnudez la cual aprovechó para tocar, manosear, recorrer y disfrutar mientras apresaba en un gruñido juguetón su miembro viril con sus manos, las cuales cálidas le acariciaron, sostuvieron y estimularon.
Valdecuerno | 00:20 pm | con Gerold Brax
ah...those two. In a fight they're lethal but when they are around each other...they melt.
Re: × Hearts on fire {+18}
"my body trembles around you" |
Lo cierto era que no esperaba tal respuesta. Sus labios se quedaron entreabiertos y una de sus cejas se alzó levemente; incluso sus dedos dejaron de darla placer por un instante. En cuanto entendió sus palabras, en cuanto entendió que el juego le había salido mal, sonrió y volvió al ataque, besando su cuello con lentitud. Sus dedos volvieron a moverse, dando caricias en su zona íntima para, de vez en cuando, entrar en ella con ellos. —Eso es jugar sucio, ¿lo sabías? Esa respuesta... —rió y subió a besar sus labios, aunque todo quedó en un simple amago pues un jadeo escapó de sus labios al sentir cómo empezaba a estimularle el miembro. Una vez se acostumbró a sus manos, de nuevo como si fuese la primera vez que se tocaban, movió los labios para besarla, lenta pero pasionalmente.
En cuanto se cansó de usar los dedos, entre pequeños jadeos y gemidos que se obligaban a acallar, llevó las manos al vientre de Rowena y poco a poco la fue inclinando hacia atrás, hasta “obligarla” a quedar tumbada en aquella superficie sobre la que estaban apoyados. Se echó un poco sobre ella y tras besar sus labios la dedicó una sonrisa y comenzó a bajar. Su lengua se detuvo a jugar con sus pechos y sus pezones antes de seguir bajando, besando toda su piel. —Ojalá te tuviese en mi cama en lugar de a Ely... —. Y no sólo se refería a lo que ya habían empezado a hacer sino a todo el matrimonio en general.
Continuó bajando, hasta encontrarse entre sus piernas. Acarició sus muslos y repartió varios besos por estos antes de alzar la vista. A pesar de la oscuridad distinguía todos sus rasgos perfectamente. Esperó su aprobación, algún gesto que le indicase que podía seguir. Ambos estaban excitados y ya no habría marcha atrás, pero aun así Gerold prefería pisar sobre seguro. Cuando recibió esa señal, o lo que él interpretó como señal de que continuase, siguió besando sus muslos, cada vez más cerca de su sexo.
Apenas segundos después se encontraba dándola placer con la lengua, con sus manos rodeando sus muslos en un gesto que de nuevo indicaba posesividad. Posesividad y pasión. Su lengua recorría toda su zona íntima y pronto sus manos empezaron a subir, acariciando su vientre, sus pechos y sus labios, hasta donde podía llegar. No tardó mucho en parar, pues si seguía aumentando la velocidad y la pasión que ponía en tal acto, usando sólo su lengua, los gemidos de la joven se oirían pronto por todos los patios. Se levantó y volvió a su rostro dejando besos de nuevo por todo su torso y pecho. Tras un suave beso en sus labios una de sus manos viajó hasta su propio miembro para dirigirlo al sexo de Rowena, y mirándola a los ojos esperó. Esta vez esperaría de verdad; es decir, dejaría que ella le empujase y le atrayese hacia sí para poder entrar en su interior a pesar de que Gerold ardía en deseos de hacerlo ya.
En cuanto se cansó de usar los dedos, entre pequeños jadeos y gemidos que se obligaban a acallar, llevó las manos al vientre de Rowena y poco a poco la fue inclinando hacia atrás, hasta “obligarla” a quedar tumbada en aquella superficie sobre la que estaban apoyados. Se echó un poco sobre ella y tras besar sus labios la dedicó una sonrisa y comenzó a bajar. Su lengua se detuvo a jugar con sus pechos y sus pezones antes de seguir bajando, besando toda su piel. —Ojalá te tuviese en mi cama en lugar de a Ely... —. Y no sólo se refería a lo que ya habían empezado a hacer sino a todo el matrimonio en general.
Continuó bajando, hasta encontrarse entre sus piernas. Acarició sus muslos y repartió varios besos por estos antes de alzar la vista. A pesar de la oscuridad distinguía todos sus rasgos perfectamente. Esperó su aprobación, algún gesto que le indicase que podía seguir. Ambos estaban excitados y ya no habría marcha atrás, pero aun así Gerold prefería pisar sobre seguro. Cuando recibió esa señal, o lo que él interpretó como señal de que continuase, siguió besando sus muslos, cada vez más cerca de su sexo.
Apenas segundos después se encontraba dándola placer con la lengua, con sus manos rodeando sus muslos en un gesto que de nuevo indicaba posesividad. Posesividad y pasión. Su lengua recorría toda su zona íntima y pronto sus manos empezaron a subir, acariciando su vientre, sus pechos y sus labios, hasta donde podía llegar. No tardó mucho en parar, pues si seguía aumentando la velocidad y la pasión que ponía en tal acto, usando sólo su lengua, los gemidos de la joven se oirían pronto por todos los patios. Se levantó y volvió a su rostro dejando besos de nuevo por todo su torso y pecho. Tras un suave beso en sus labios una de sus manos viajó hasta su propio miembro para dirigirlo al sexo de Rowena, y mirándola a los ojos esperó. Esta vez esperaría de verdad; es decir, dejaría que ella le empujase y le atrayese hacia sí para poder entrar en su interior a pesar de que Gerold ardía en deseos de hacerlo ya.
Valdecuerno | 00:05 am | con Rowena Belmore

- All hail, Macbeth:

- The fastest man alive:

Re: × Hearts on fire {+18}
"my body trembles around you" |
Rowena sonrió. Jugaba sucio y lo sabía, es más, lo había concebido como algo claro y normal en su vida desde que había a comenzado a trabajar en su mismo hogar, sino jugaba sucio, ¿cómo pretendía sino llamar su atención?. Sin embargo, si ella jugaba sucio, él lo hacía cien mil veces peor. No quería resistirse a lo que él demandaba pero su cuerpo ante la expectación parecía reaccionar de forma contraria a sus pensamientos, los cuales cedían pero sus manos renegaban, las cuales parecieron enredarse en su cabello buscando alejar la acción pecaminosa que sabía llevaría a su descenso. Oh, claro que él jugaba sucio, porque para cuando sus palabras fueron expuestas en sus oídos un estremecimiento recorrió no solo su fisionomía sino que su consenso completo, sus pensamientos y sentimientos parecieron ya de pronto entregarse a todo ello que segundos atrás se negaba.
Las manos que se negaban en ese momento se desprendieron de su cabello, dejando todo fluir, sus ojos se entrecerraron y de pronto, percibiéndolo anticipadamente pero sin llegar a creer que fuera tal el reflejo de su cuerpo, una ola de placer le invadió sin dejar espacio a dudas cuando un sonoro jadeo se escapó de sus labios con tal potencia que se sorprendió de si misma, se mordió a si misma y gruñó prácticamente en silencio en cuanto su pecho parecía adquirir un ritmo inusual elevándose para volver a bajar en aquel irregular son de la lujuria, esa con la cual no podía callar ni disimular. Su cuerpo completo le deseaba de una manera que a ella misma le costaba comprender pero que en ese entonces lucía tan claro como indudable. Ese hombre, tocándola o apenas estimulándola era capaz de llevarla al cielo para traerla de vuelta una y cien mil veces, quizá fue eso precisamente, quizá fue esa ansiedad exacerbada lo que le llevó a gruñir con aún más recelo que la vez pasada al notar cuanto tardaba en poseerla.
Odiaba que aguardara por aprobaciones del mismo modo que lo adoraba, también adoraba el modo que sus manos recorrían su cuerpo a escondidas durante las tardes entre los pasillos del castillo... en esos instantes solo quería que le poseyera y en ese instante que lo tenían, el hecho que tardara le enojaba, no de otra manera que posesiva, actitud con la cual rodeó su cadera como si sus movimientos fuesen propios. — Tómame. — le susurró pero no pudo aguardar, jamás podría medir su espera cuando de Gerold se trataba, a quien alcanzó al arquear un tanto su espalda hasta tocar su cuerpo con sus manos en donde ella misma le tomó, aprisionó y adentró en su interior sin dejar lugar a esperas o meditaciones, esa noche o al menos esas horas, eran solo ellos y nadie más.
Junto a Gerold, a Rowena le corroía la ansiedad, la apropiación y el deseo carnal de consumar siempre aquel sentimiento de imposible catálogo, sin embargo, una vez que ello se concretaba jamás esperaba que se sintiera de cien mil maneras distintas a las experimentadas o imaginadas. Un jadeo en el que ahogó un fuerte quejido se logró retener al morder la comisura de sus labios, el cual retuvo como método de impedir que sus sonidos se incrementaran por todos los patios. Cerró sus ojos y en aquel instante no hubo espacio a dudas, adoraba a Gerold de todas las maneras posibles y adoraba aún más sentirle dentro de ella, sentir que se pertenecían y fusionaban en todos los medios posibles por lo que sus movimientos no se hicieron esperar. La cadera de Rowena Belmore buscó profundidad, movimiento, celeridad, no tardó en concertarlo al ejercer presión y moverse en su dirección, suavizando quejidos por el dolor que quedaban en el olvido cuando se daba paso a la excitación.
Las manos que se negaban en ese momento se desprendieron de su cabello, dejando todo fluir, sus ojos se entrecerraron y de pronto, percibiéndolo anticipadamente pero sin llegar a creer que fuera tal el reflejo de su cuerpo, una ola de placer le invadió sin dejar espacio a dudas cuando un sonoro jadeo se escapó de sus labios con tal potencia que se sorprendió de si misma, se mordió a si misma y gruñó prácticamente en silencio en cuanto su pecho parecía adquirir un ritmo inusual elevándose para volver a bajar en aquel irregular son de la lujuria, esa con la cual no podía callar ni disimular. Su cuerpo completo le deseaba de una manera que a ella misma le costaba comprender pero que en ese entonces lucía tan claro como indudable. Ese hombre, tocándola o apenas estimulándola era capaz de llevarla al cielo para traerla de vuelta una y cien mil veces, quizá fue eso precisamente, quizá fue esa ansiedad exacerbada lo que le llevó a gruñir con aún más recelo que la vez pasada al notar cuanto tardaba en poseerla.
Odiaba que aguardara por aprobaciones del mismo modo que lo adoraba, también adoraba el modo que sus manos recorrían su cuerpo a escondidas durante las tardes entre los pasillos del castillo... en esos instantes solo quería que le poseyera y en ese instante que lo tenían, el hecho que tardara le enojaba, no de otra manera que posesiva, actitud con la cual rodeó su cadera como si sus movimientos fuesen propios. — Tómame. — le susurró pero no pudo aguardar, jamás podría medir su espera cuando de Gerold se trataba, a quien alcanzó al arquear un tanto su espalda hasta tocar su cuerpo con sus manos en donde ella misma le tomó, aprisionó y adentró en su interior sin dejar lugar a esperas o meditaciones, esa noche o al menos esas horas, eran solo ellos y nadie más.
Junto a Gerold, a Rowena le corroía la ansiedad, la apropiación y el deseo carnal de consumar siempre aquel sentimiento de imposible catálogo, sin embargo, una vez que ello se concretaba jamás esperaba que se sintiera de cien mil maneras distintas a las experimentadas o imaginadas. Un jadeo en el que ahogó un fuerte quejido se logró retener al morder la comisura de sus labios, el cual retuvo como método de impedir que sus sonidos se incrementaran por todos los patios. Cerró sus ojos y en aquel instante no hubo espacio a dudas, adoraba a Gerold de todas las maneras posibles y adoraba aún más sentirle dentro de ella, sentir que se pertenecían y fusionaban en todos los medios posibles por lo que sus movimientos no se hicieron esperar. La cadera de Rowena Belmore buscó profundidad, movimiento, celeridad, no tardó en concertarlo al ejercer presión y moverse en su dirección, suavizando quejidos por el dolor que quedaban en el olvido cuando se daba paso a la excitación.
Valdecuerno | 00:20 am | con Gerold Brax
ah...those two. In a fight they're lethal but when they are around each other...they melt.
Re: × Hearts on fire {+18}
"my body trembles around you" |
Esbozó una sonrisa cuando escuchó aquella orden, aquella petición, aquel ruego, pero siguió esperando. Aguardó hasta que la propia Rowena le instó a entrar en su interior. Cuando lo hizo, un gemido escapó de los labios de Gerold y se vio obligado a morderse el labio inferior para acallarlo. Llevó las manos a aquella especie de mesa sobre la que estaban y terminó lo que Rowena empezó, dando una suave estocada contra ella para entrar del todo en su interior. Buscó sus labios y empezó a besarlos, jadeando contra éstos; la excitación y el morbo del lugar aumentaban en gran cantidad su placer y los gemidos cada vez eran más difíciles de esconder.
Pronto se fue acostumbrando a los movimientos que la joven hacía, que sin duda también quería contribuir. Su cadera se movía de atrás adelante a un ritmo constante, cada vez más rápido, como si Gerold abandonase su cuerpo para que una fuerza superior le controlase, una fuerza tales como el placer y la excitación. Besuqueó su cuello y su mandíbula antes de volver a sus labios, gimiendo contra ellos de forma que sus gemidos no eran más que suaves sonidos amortiguados. Poco a poco iba aumentando el ritmo, consiguiendo así que su cuerpo empezase a cubrirse de una fina y brillante capa de sudor a la vez que su respiración se componía más de jadeos que de otra cosa.
Tras un par de besos más en los labios de su amante, la rodeó la cintura y bajó las manos a sus nalgas para levantarla de donde estaba tumbada. Dio un par de pasos, sin salir de su interior, como si rompiendo tal contacto volverían a la realidad, hasta llegar a una zona de césped. Esta seguía escondida, oculta en aquella esquina que era su pequeño escondite, pero le llegaba menos luz. A Gerold no le importaba, pues tampoco la necesitaban. Con cuidado, viéndose ya obligado a salir de ella, la tumbó en el césped y se echó sobre ella, abriéndola un poco las piernas para poder entrar entre ellas. Esta vez su miembro la invadió sin problema alguno, con un gemido más placentero aún que los anteriores.
Allí, ambos echados sobre el césped, continuó su tarea, cada vez más rápido. No le faltaba mucho para terminar y sin embargo ansiaba alargar ese momento de por vida. Se recostó un poco sobre su pecho, por si quería rodearle el cuerpo con los brazos, y se dedicó a besar sus pechos y su cuello mientras tanto, amortiguando los gemidos de placer contra su piel.
Pronto se fue acostumbrando a los movimientos que la joven hacía, que sin duda también quería contribuir. Su cadera se movía de atrás adelante a un ritmo constante, cada vez más rápido, como si Gerold abandonase su cuerpo para que una fuerza superior le controlase, una fuerza tales como el placer y la excitación. Besuqueó su cuello y su mandíbula antes de volver a sus labios, gimiendo contra ellos de forma que sus gemidos no eran más que suaves sonidos amortiguados. Poco a poco iba aumentando el ritmo, consiguiendo así que su cuerpo empezase a cubrirse de una fina y brillante capa de sudor a la vez que su respiración se componía más de jadeos que de otra cosa.
Tras un par de besos más en los labios de su amante, la rodeó la cintura y bajó las manos a sus nalgas para levantarla de donde estaba tumbada. Dio un par de pasos, sin salir de su interior, como si rompiendo tal contacto volverían a la realidad, hasta llegar a una zona de césped. Esta seguía escondida, oculta en aquella esquina que era su pequeño escondite, pero le llegaba menos luz. A Gerold no le importaba, pues tampoco la necesitaban. Con cuidado, viéndose ya obligado a salir de ella, la tumbó en el césped y se echó sobre ella, abriéndola un poco las piernas para poder entrar entre ellas. Esta vez su miembro la invadió sin problema alguno, con un gemido más placentero aún que los anteriores.
Allí, ambos echados sobre el césped, continuó su tarea, cada vez más rápido. No le faltaba mucho para terminar y sin embargo ansiaba alargar ese momento de por vida. Se recostó un poco sobre su pecho, por si quería rodearle el cuerpo con los brazos, y se dedicó a besar sus pechos y su cuello mientras tanto, amortiguando los gemidos de placer contra su piel.
Valdecuerno | 00:05 am | con Rowena Belmore

- All hail, Macbeth:

- The fastest man alive:

Re: × Hearts on fire {+18}
"my body trembles around you" |
Los gemidos eran imposible de apaciguar en su totalidad cuando su ritmo parecía aumentar a medida que los minutos pasaban y la pasión se engrandecía. Una vez que Gerold se adentró a su interior, a Rowena poco le importaba en donde se encontraban o si la maldición pudiese caer sobre ella debido a que lo que ahí se cometía más que ser una falta de respeto en general parecía consolidarse como un pecado, porque en cuanto su amante le poseía, nada importaba más que él, con sus movimientos, con sus jadeos y permanencia.
Rowena se sostuvo con firmeza de él cuando éste le decidió trasladar, dejándose por completo pues cuando de él se trataba, la castaña se entregaba sin dejar espacio a dudas o intimidaciones y no fue hasta que su cuerpo se apoyó en la fina capa de pasto que reaccionó casi por instinto a su necesidad de atraerle nuevamente a ella. No sentirle dolía más que el simple hecho de tenerle completamente, su propia anatomía parecía haber creado una necesidad de cotidianidad a él que no se satisfacía hasta ver su rostro extasiado y sus cuerpos entregándose placer en mutua sincronía. Sintiendo sus besos a lo largo de su cuerpo y el impacto incesante de sus intimidades, a Rowena le era imposible controlar sus gemidos. Su rostro parecía adquirir una celeridad en sus expresiones que atinaba a ocultar entre sonidos chocantes con sus labios, los cuales se fruncían de a instantes para volver a mordisquear su interior provocando heridas que de seguro tardarían en sanar si constantemente se enfrentaba a esa necesidad de silencio que quería hacer desaparecer. De algún modo, el morbo incentivaba su ánimo al esconderse entre los confines del edificio para llevar a cabo su acto carnal, pero al mismo tiempo, la menor de los Belmore tenía la necesidad de vociferar su pasión, exclamar la lujuria que su cuerpo le propiciaba y aunque una de sus manos intentaba ocultar su frustración al deslizar sus uñas por la parte alta de su espalda, la otra se aferraba a los pastos de su rededor, tirando de éstos como si de las sábanas del burdel se tratara, ladeando su rostro para acallar sus jadeos en las matas que imitaba con las almohadas de su habitación. La excitación recorría por completo su cuerpo, pero aunque deseaba gritar no podía hacerlo y pese a que ansiaba poseerle en todos los sentidos posibles la negatividad de ésto también era imposible.
De pronto, Rowena Belmore olvidaba que se trataba de su amante en vez de su romance furtivo y pasional, sus gemidos comenzaron a notarse más marcados y su cuerpo en esencia se revolcaba en la medida de lo posible por las estocadas cargadas de lujuria que Gerold le propiciaba y acentuaba a medida que los minutos corrían y la explosión en el interior de Ro se aproximaba. No había exageración en sus deslices, mucho menos en los sonidos propiciados de su garganta, notaba como su cuerpo llegaba al punto culmine de la fogosidad, y el ardor imperturbable de su interior ansió satisfacer su orgasmo con un espasmo suave que recorrió toda su fisionomía en tiempo récord. El clímax que tanto temía se refugió contra su hombro, el cual mordió tenuemente intentando esconder ahí la resonancia inquietante de su estímulo que le estremeció por completo y que sin embargo, aún así, no pudo acabar con su necesidad de él. Hubo un lapsus en el que Belmore se dejó llevar por la exaltación gloriosa que le propiciaba el sexo ajeno para un par de segundos después querer corresponder a todo aquello que él tanto le atribuía.
Arqueó la posición constante de su espalda para impulsar con sus brazos en un desliz rápido su cuerpo atraído al ajeno, obligando así a Gerold a sentarse para reposarse así ella sobre él en una posición posesiva con la cual arrimó sus brazos a su espalda y sus piernas rodearon en parte su cadera incrementando de pronto el ritmo calmo que adquirió el acto al llegar su punto de excitación. La amante se sentó sin premura sobre él, como si el tiempo y la confianza de un lugar propicio fuesen aptos para ello, una de sus manos guió su barbilla hasta sus labios los cuales besó mientras sus caderas, su cintura se movía en un son enigmático, pasional, lleno de lujuria que a ella le había traído nuevamente a la vida. ¿Por qué adoraba tanto pasar tiempo con él?, por ello precisamente. Junto a Gerold podía ascender al cielo para volver a la tierra y sin siquiera predecirlo volver a subir una y otra vez en un acto lascivo que conservaría en su memoria por la eternidad.
Rowena se sostuvo con firmeza de él cuando éste le decidió trasladar, dejándose por completo pues cuando de él se trataba, la castaña se entregaba sin dejar espacio a dudas o intimidaciones y no fue hasta que su cuerpo se apoyó en la fina capa de pasto que reaccionó casi por instinto a su necesidad de atraerle nuevamente a ella. No sentirle dolía más que el simple hecho de tenerle completamente, su propia anatomía parecía haber creado una necesidad de cotidianidad a él que no se satisfacía hasta ver su rostro extasiado y sus cuerpos entregándose placer en mutua sincronía. Sintiendo sus besos a lo largo de su cuerpo y el impacto incesante de sus intimidades, a Rowena le era imposible controlar sus gemidos. Su rostro parecía adquirir una celeridad en sus expresiones que atinaba a ocultar entre sonidos chocantes con sus labios, los cuales se fruncían de a instantes para volver a mordisquear su interior provocando heridas que de seguro tardarían en sanar si constantemente se enfrentaba a esa necesidad de silencio que quería hacer desaparecer. De algún modo, el morbo incentivaba su ánimo al esconderse entre los confines del edificio para llevar a cabo su acto carnal, pero al mismo tiempo, la menor de los Belmore tenía la necesidad de vociferar su pasión, exclamar la lujuria que su cuerpo le propiciaba y aunque una de sus manos intentaba ocultar su frustración al deslizar sus uñas por la parte alta de su espalda, la otra se aferraba a los pastos de su rededor, tirando de éstos como si de las sábanas del burdel se tratara, ladeando su rostro para acallar sus jadeos en las matas que imitaba con las almohadas de su habitación. La excitación recorría por completo su cuerpo, pero aunque deseaba gritar no podía hacerlo y pese a que ansiaba poseerle en todos los sentidos posibles la negatividad de ésto también era imposible.
De pronto, Rowena Belmore olvidaba que se trataba de su amante en vez de su romance furtivo y pasional, sus gemidos comenzaron a notarse más marcados y su cuerpo en esencia se revolcaba en la medida de lo posible por las estocadas cargadas de lujuria que Gerold le propiciaba y acentuaba a medida que los minutos corrían y la explosión en el interior de Ro se aproximaba. No había exageración en sus deslices, mucho menos en los sonidos propiciados de su garganta, notaba como su cuerpo llegaba al punto culmine de la fogosidad, y el ardor imperturbable de su interior ansió satisfacer su orgasmo con un espasmo suave que recorrió toda su fisionomía en tiempo récord. El clímax que tanto temía se refugió contra su hombro, el cual mordió tenuemente intentando esconder ahí la resonancia inquietante de su estímulo que le estremeció por completo y que sin embargo, aún así, no pudo acabar con su necesidad de él. Hubo un lapsus en el que Belmore se dejó llevar por la exaltación gloriosa que le propiciaba el sexo ajeno para un par de segundos después querer corresponder a todo aquello que él tanto le atribuía.
Arqueó la posición constante de su espalda para impulsar con sus brazos en un desliz rápido su cuerpo atraído al ajeno, obligando así a Gerold a sentarse para reposarse así ella sobre él en una posición posesiva con la cual arrimó sus brazos a su espalda y sus piernas rodearon en parte su cadera incrementando de pronto el ritmo calmo que adquirió el acto al llegar su punto de excitación. La amante se sentó sin premura sobre él, como si el tiempo y la confianza de un lugar propicio fuesen aptos para ello, una de sus manos guió su barbilla hasta sus labios los cuales besó mientras sus caderas, su cintura se movía en un son enigmático, pasional, lleno de lujuria que a ella le había traído nuevamente a la vida. ¿Por qué adoraba tanto pasar tiempo con él?, por ello precisamente. Junto a Gerold podía ascender al cielo para volver a la tierra y sin siquiera predecirlo volver a subir una y otra vez en un acto lascivo que conservaría en su memoria por la eternidad.
Valdecuerno | 00:23 am | con Gerold Brax
ah...those two. In a fight they're lethal but when they are around each other...they melt.
Re: × Hearts on fire {+18}
"my body trembles around you" |
Gerold no hacía más que alargar el momento de clímax, intentando que el alargue del final acabase siendo más placentero para ambos. Se detenía y esperaba unos segundos antes de continuar con las embestidas, algo más rápidas. Los arañazos en su espalda le hacían soltar pequeños gemidos por el escozor que le provocaban, pero sin duda eran mayores los gemidos de placer; sin poder evitarlo estaba alzando la voz y las paredes entre las que se encontraban creaban algo de reverberación.
Sintió a la joven estremecerse bajo él y se detuvo un instante, apenas un segundo, para no acabar él. Quería disfrutar un poco más. Al instante siguió, deslizando su cadera de atrás adelante, y bajó el rostro a jugar con uno de sus pezones en su boca aprovechando el clímax que Rowena habría alcanzado, en el que suponía Gerold que todo lo sentiría mejor. Con más intensidad. Además, estimulando así sus pechos acallaba sus propios gemidos. Sentía el cosquilleo de su abdomen cada vez más presente, con las ganas de seguir embistiendo hasta terminar cada vez más fuertes. Sin embargo, la joven parecía querer cambiar de postura y el menor de los Brax aceptó sin rechistar.
Quedó sentado en el suelo, con las piernas flexionadas y apoyado en sus rodillas. La joven empezó a moverse antes siquiera de darle tiempo a sujetarla o acariciarla. Los gemidos acallados con su beso eran ya algo habitual en él, como si éstos fuesen su respiración. Bajó las manos a sus nalgas para impulsarla, instarla a que subiese y bajase más rápido. Sintió un escalofrío y en cuanto hundió el rostro en su cuello, habiendo cortado el beso para ello, eyaculó. Se vio obligado a morder sin mucha fuerza el cuello de Rowena para amortiguar el orgasmo que de él escapó. Su semilla inundó con fuerza y rapidez el interior de Rowena, sabiendo Gerold que tomaría el té de la luna o haría uso de cualquier otro método anticonceptivo. Poco a poco subió las manos a las caderas de la joven para sostenerla quieta y que dejase de moverse.
Su respiración estaba acelerada, su abdomen subía y bajaba con rapidez por el ritmo al que respiraba y todo su cuerpo, de pies a cabeza, brillaba por el sudor. Había sido un arrebato de pasión que le había dejado más que satisfecho. Soltó su cintura para retirar varios mechones de pelo del rostro de Rowena y tras echarlos hacia atrás sujetó su cara para besarla, lentamente, con una pequeña sonrisa dibujando sus labios. No necesitaban hablar para saber que habían quedado satisfechos.
Sintió a la joven estremecerse bajo él y se detuvo un instante, apenas un segundo, para no acabar él. Quería disfrutar un poco más. Al instante siguió, deslizando su cadera de atrás adelante, y bajó el rostro a jugar con uno de sus pezones en su boca aprovechando el clímax que Rowena habría alcanzado, en el que suponía Gerold que todo lo sentiría mejor. Con más intensidad. Además, estimulando así sus pechos acallaba sus propios gemidos. Sentía el cosquilleo de su abdomen cada vez más presente, con las ganas de seguir embistiendo hasta terminar cada vez más fuertes. Sin embargo, la joven parecía querer cambiar de postura y el menor de los Brax aceptó sin rechistar.
Quedó sentado en el suelo, con las piernas flexionadas y apoyado en sus rodillas. La joven empezó a moverse antes siquiera de darle tiempo a sujetarla o acariciarla. Los gemidos acallados con su beso eran ya algo habitual en él, como si éstos fuesen su respiración. Bajó las manos a sus nalgas para impulsarla, instarla a que subiese y bajase más rápido. Sintió un escalofrío y en cuanto hundió el rostro en su cuello, habiendo cortado el beso para ello, eyaculó. Se vio obligado a morder sin mucha fuerza el cuello de Rowena para amortiguar el orgasmo que de él escapó. Su semilla inundó con fuerza y rapidez el interior de Rowena, sabiendo Gerold que tomaría el té de la luna o haría uso de cualquier otro método anticonceptivo. Poco a poco subió las manos a las caderas de la joven para sostenerla quieta y que dejase de moverse.
Su respiración estaba acelerada, su abdomen subía y bajaba con rapidez por el ritmo al que respiraba y todo su cuerpo, de pies a cabeza, brillaba por el sudor. Había sido un arrebato de pasión que le había dejado más que satisfecho. Soltó su cintura para retirar varios mechones de pelo del rostro de Rowena y tras echarlos hacia atrás sujetó su cara para besarla, lentamente, con una pequeña sonrisa dibujando sus labios. No necesitaban hablar para saber que habían quedado satisfechos.
Valdecuerno | 00:25 am | con Rowena Belmore

- All hail, Macbeth:

- The fastest man alive:

Re: × Hearts on fire {+18}
"my body trembles around you" |
La pasión había rendido sus frutos y no fue hasta el punto exacto en el que Gerold se estremeció entre el abrazo improvisado que le propiciaban sus manos que Rowena ralentizó suavemente sus movimientos y fue su mordida la que comenzó a su vez, aquel arrebato de lujuria que le recorrió cuando sintió como parte de él llenaba su interior y consternaba por completo la calma momentánea de su fisionomía.
Un gemido ahogado por la furtiva emoción se deslizó por su cuerpo al notar la polución del cuerpo ajeno, aquel derrame que le hizo sonreír con la travesura marcada en sus facciones. Su respiración tardó en consolidarse como calma, en el proceso de ello, acomodó un tanto su ya alborotado cabello y besó suavemente sus labios a modo de respuesta en esa montonera de caricias que no hacían más que acentuar su evidente regocijo y complacencia, aquella satisfacción que solo Gerold Brax podía otorgarle del modo más saciable posible. Correspondió a su sonrisa con el terso sonido de su risa, besando sus labios sin abandonar de pronto aquel jolgorio que le invadía y con el cual lentamente abandonó su cuerpo.
Se sentía llena y no solo literalmente, la plenitud era algo que junto a Brax, Rowena siempre agradecía. Se soltó de su cuerpo para dejarse caer en un impacto suave sobre el césped que les rodeaba, aquel en donde luego de despegarse de él, le tomó de la mano para tirarle a su lado, para al menos por unos segundos, reposar. Su sonrisa se acentuó con una particularidad que a escasos instantes después, se esfumó.
¿Qué hacer para aquel entonces?, era una pregunta que siempre merodeaba el seso de la muchacha cuando el acto acababa, a fin de cuentas aquel no era el burdel, no se trataba de una visita que él le pudiese dar para luego de toda la pasión reposar con tranquilidad,sabiendo que nadie les encontraría ahí, sabiendo que podían descansar sobre la litera sin problema alguno por toda la noche si así lo querían para que antes del alba, el hombre abandonara sus aposentos y se retirara luego de una velada de calidad, pero en ese lugar, en aquel momento, ¿qué se podía hacer?. Su opción era yacer ahí, conversar a como normalmente lo hacían pero la expectación e incomodidad de ser descubiertos no se los permitía. Rowena Belmore suspiró al cabo de unos minutos en silencio para luego acercarse a él, depositando un suave beso en su mejilla con el cual pretendía tener su cercanía con una excusa al menos un periquete más.
Lentamente se sentó, para luego buscar su estabilidad y colocarse de pie, sus manos se estiraron hasta la mesa contigua donde en la parte baja sus ropajes se hallaban y luego dar un par de pasos más hasta donde su vestido había sido soltado. No fue hasta cuando volvió en la oscuridad donde se encontraban que comenzó por colocarse cada prenda con una parsimonia casual, sonriéndole de vez en cuando con tribulación al chocar su mirada con la de él en el proceso de su vestidura. De pronto se sintió como en el pasado, como cuando recién se habían conocido en aquel burdel e iban estableciendo su relación, terminando su cometido para luego arroparse y retirarse, ¿no era aquello algo similar?. Se lamentó ligeramente con ello entre un suspiro, jalando de los tirantes de su vestido hasta sentir por completo la presión y más tarde dar vueltas en si buscando el modo de amarrarlo. No sabía si retirarse o permanecer ahí, en aquel instante la disyuntiva era perceptible pues sentía que de una u otra manera, cualquiera podía ser un error.
Un gemido ahogado por la furtiva emoción se deslizó por su cuerpo al notar la polución del cuerpo ajeno, aquel derrame que le hizo sonreír con la travesura marcada en sus facciones. Su respiración tardó en consolidarse como calma, en el proceso de ello, acomodó un tanto su ya alborotado cabello y besó suavemente sus labios a modo de respuesta en esa montonera de caricias que no hacían más que acentuar su evidente regocijo y complacencia, aquella satisfacción que solo Gerold Brax podía otorgarle del modo más saciable posible. Correspondió a su sonrisa con el terso sonido de su risa, besando sus labios sin abandonar de pronto aquel jolgorio que le invadía y con el cual lentamente abandonó su cuerpo.
Se sentía llena y no solo literalmente, la plenitud era algo que junto a Brax, Rowena siempre agradecía. Se soltó de su cuerpo para dejarse caer en un impacto suave sobre el césped que les rodeaba, aquel en donde luego de despegarse de él, le tomó de la mano para tirarle a su lado, para al menos por unos segundos, reposar. Su sonrisa se acentuó con una particularidad que a escasos instantes después, se esfumó.
¿Qué hacer para aquel entonces?, era una pregunta que siempre merodeaba el seso de la muchacha cuando el acto acababa, a fin de cuentas aquel no era el burdel, no se trataba de una visita que él le pudiese dar para luego de toda la pasión reposar con tranquilidad,sabiendo que nadie les encontraría ahí, sabiendo que podían descansar sobre la litera sin problema alguno por toda la noche si así lo querían para que antes del alba, el hombre abandonara sus aposentos y se retirara luego de una velada de calidad, pero en ese lugar, en aquel momento, ¿qué se podía hacer?. Su opción era yacer ahí, conversar a como normalmente lo hacían pero la expectación e incomodidad de ser descubiertos no se los permitía. Rowena Belmore suspiró al cabo de unos minutos en silencio para luego acercarse a él, depositando un suave beso en su mejilla con el cual pretendía tener su cercanía con una excusa al menos un periquete más.
Lentamente se sentó, para luego buscar su estabilidad y colocarse de pie, sus manos se estiraron hasta la mesa contigua donde en la parte baja sus ropajes se hallaban y luego dar un par de pasos más hasta donde su vestido había sido soltado. No fue hasta cuando volvió en la oscuridad donde se encontraban que comenzó por colocarse cada prenda con una parsimonia casual, sonriéndole de vez en cuando con tribulación al chocar su mirada con la de él en el proceso de su vestidura. De pronto se sintió como en el pasado, como cuando recién se habían conocido en aquel burdel e iban estableciendo su relación, terminando su cometido para luego arroparse y retirarse, ¿no era aquello algo similar?. Se lamentó ligeramente con ello entre un suspiro, jalando de los tirantes de su vestido hasta sentir por completo la presión y más tarde dar vueltas en si buscando el modo de amarrarlo. No sabía si retirarse o permanecer ahí, en aquel instante la disyuntiva era perceptible pues sentía que de una u otra manera, cualquiera podía ser un error.
Valdecuerno | 00:30 am | con Gerold Brax
ah...those two. In a fight they're lethal but when they are around each other...they melt.
Re: × Hearts on fire {+18}
"my body trembles around you" |
Su respiración era acelerada, una respiración que recibía la piel de la joven mientras todo su cuerpo volvía a la normalidad. Sus músculos dejaron de estar tensos, calmándose; su corazón comenzó a bombear sangre a un ritmo normal; y sus pulmones dejaban de exigir oxígeno al haber dejado de hacer esfuerzo físico alguno, al haber abandonado la excitación que hasta hacía poco sentía. Tragó saliva y dejó de rodear el cuerpo de Rowena cuando ésta se separó de Gerold para tumbarse en el césped y tras notar cómo le cogía la mano, la siguió.
Se echó junto a ella, de lado, es decir, apoyado en un costado y un codo. Su respiración aún estaba acelerada, parecía que le costaba respirar, pero la forma en que miraba a la menor y la sonrisa de sus labios dejaban claro que le había encantado. Como siempre. Movió el rostro al sentir el beso en la mejilla para encontrarse con sus labios, pero lo hizo demasiado tarde, pues ya se alejó para levantarse y vestirse. Él se tumbó del todo en el césped y llevó ambas manos bajo la nuca, suspirando. Con su vista admiró cómo Rowena se vestía, sin ocultar él su desnudez por ahora ni sentirse incómodo por ello.
—Deberías no vestir nada, estás más guapa —bromeó antes de dejar de usar las manos a modo de apoyo para su cabeza y levantarse, con un ligero quejido. No es que estuviese agotadísimo, pero lo que menos le apetecía tras ese gran momento con Rowena era levantarse y echar a andar a sus aposentos, con todas las escaleras que le precedían. Poco a poco se fue vistiendo, sin prisa; cuanto más despacio lo hiciese, más tardaría en irse—. Es broma, estás preciosa con lo que te pongas.
La dedicó otra sonrisa y con la camisa en la mano besó sus labios, con algo de pasión pero algo más suave que anteriormente. Tras separarse empezó a cubrirse el torso con la prenda, con la misma lentitud con la que cubrió la parte inferior de su cuerpo. —¿Y ahora qué? —preguntó como siempre preguntaba cuando su pasión se consumaba en los muros del castillo. La traducción de tal pregunta era un no quiero dejarte tan pronto.
Se echó junto a ella, de lado, es decir, apoyado en un costado y un codo. Su respiración aún estaba acelerada, parecía que le costaba respirar, pero la forma en que miraba a la menor y la sonrisa de sus labios dejaban claro que le había encantado. Como siempre. Movió el rostro al sentir el beso en la mejilla para encontrarse con sus labios, pero lo hizo demasiado tarde, pues ya se alejó para levantarse y vestirse. Él se tumbó del todo en el césped y llevó ambas manos bajo la nuca, suspirando. Con su vista admiró cómo Rowena se vestía, sin ocultar él su desnudez por ahora ni sentirse incómodo por ello.
—Deberías no vestir nada, estás más guapa —bromeó antes de dejar de usar las manos a modo de apoyo para su cabeza y levantarse, con un ligero quejido. No es que estuviese agotadísimo, pero lo que menos le apetecía tras ese gran momento con Rowena era levantarse y echar a andar a sus aposentos, con todas las escaleras que le precedían. Poco a poco se fue vistiendo, sin prisa; cuanto más despacio lo hiciese, más tardaría en irse—. Es broma, estás preciosa con lo que te pongas.
La dedicó otra sonrisa y con la camisa en la mano besó sus labios, con algo de pasión pero algo más suave que anteriormente. Tras separarse empezó a cubrirse el torso con la prenda, con la misma lentitud con la que cubrió la parte inferior de su cuerpo. —¿Y ahora qué? —preguntó como siempre preguntaba cuando su pasión se consumaba en los muros del castillo. La traducción de tal pregunta era un no quiero dejarte tan pronto.
Valdecuerno | 00:25 am | con Rowena Belmore

- All hail, Macbeth:

- The fastest man alive:

Re: × Hearts on fire {+18}
"my body trembles around you" |
Una suave y melodiosa risa se escapó de sus labios al oír sus palabras, como sugiriéndole de pronto que la desnudez le sentaba mucho mejor de lo que le hacía la ropa cubriéndole. La mirada de Rowena se deslizó desde los tirantes que aún mantenía en sus manos jalando la parte baja de su espalda y le miró con un leve toque de picardía — ¿Estás diciéndome a que me prefieres desnuda por los pasillos de tu hogar para que todos los demás me vean así? — consultó con un tono sugerente mientras revoloteaba suavemente sus pestañas, volviendo a soltar una leve carcajada con la que se disponía a si misma a continuar con su ropaje.
Correspondió su beso con necesidad, con esa que siempre le corroía cuando sus cuerpos volvían a tocarse inclusive a pasar apenas unos segundos de concretar un acto en su conjunto, era esa una de las razones por la cual su necesidad de alargarlo se hizo notar, pero no lo acentuó, se separó al mismo tiempo que le veía cubrirse con la tela de su camisa y sonrió, de aquel modo constante que acarreaba por las noches y el día siguiente luego de pasar un instante apenas con él, de algún modo a su vez sentía que siempre sería así.
Su pregunta, por otro lado y como siempre, una vez más, llamó su atención. Rowena Belmore se acercó todos aquellos pasos que segundos atrás había distanciado para mirarle con una sonrisa traviesa, un tanto más pícara que la anterior, dejando una de sus manos deslizarse nuevamente bajo la tela de la camiseta, anticipándose a que se arropara por completo como si se tratara de algo que no estaba permitido. — Puedo abusar de ti si así lo deseas. — masculló mientras sus pies se colocaban suavemente de puntillas y su boca trazó un dulce camino desde su pecho hasta su cuello, concentrándose ahí con suaves besos que llevó hasta sus labios, saboreando éstos en un enlace fugaz. No sabía que seguía luego de éso pero separarse tampoco era su opción predilecta.
Correspondió su beso con necesidad, con esa que siempre le corroía cuando sus cuerpos volvían a tocarse inclusive a pasar apenas unos segundos de concretar un acto en su conjunto, era esa una de las razones por la cual su necesidad de alargarlo se hizo notar, pero no lo acentuó, se separó al mismo tiempo que le veía cubrirse con la tela de su camisa y sonrió, de aquel modo constante que acarreaba por las noches y el día siguiente luego de pasar un instante apenas con él, de algún modo a su vez sentía que siempre sería así.
Su pregunta, por otro lado y como siempre, una vez más, llamó su atención. Rowena Belmore se acercó todos aquellos pasos que segundos atrás había distanciado para mirarle con una sonrisa traviesa, un tanto más pícara que la anterior, dejando una de sus manos deslizarse nuevamente bajo la tela de la camiseta, anticipándose a que se arropara por completo como si se tratara de algo que no estaba permitido. — Puedo abusar de ti si así lo deseas. — masculló mientras sus pies se colocaban suavemente de puntillas y su boca trazó un dulce camino desde su pecho hasta su cuello, concentrándose ahí con suaves besos que llevó hasta sus labios, saboreando éstos en un enlace fugaz. No sabía que seguía luego de éso pero separarse tampoco era su opción predilecta.
Valdecuerno | 00:36 am | con Gerold Brax
ah...those two. In a fight they're lethal but when they are around each other...they melt.
Re: × Hearts on fire {+18}
"my body trembles around you" |
Nada más ver las intenciones de la joven dejó de abrocharse la camisa, como si de hecho la estuviese animando a que le acariciase, a que le tentase a volver a tomarla allí mismo, con ropa incluida. Bajó las manos a sus costados y luego, poco a poco, las fue llevando a la cintura de Rowena, atrayéndola un poco más hacia sí. —Bueno... —jadeó, y cuando quiso seguir hablando se topó con sus labios. Besó éstos con una mezcla de pasión y dulzura que sólo conseguía con Rowena. Cuando el beso terminó dejó un pequeño pico sobre la boca de la chica y luego dejó varios besos por su nariz, su frente y su mandíbula.
—Sabes que no me quejaría, y es parte de tu trabajo... pero, eh, sólo conmigo —sonrió, pasando las manos a su trasero y alzándola del suelo. Cuando Rowena se enganchó a él, la llevó de nuevo hasta la superficie que hacía pocos minutos recibió su pasión y la sentó en ella, con cuidado, como si fuese una reina. Su reina. Volvió a besar sus labios, mientras se abrochaba y ataba los cordones de la camisa para cubrir su torso. Si por él fuese repetiría la experiencia hasta el amanecer, hasta el mediodía mismo, pero tenían que conocer sus limitaciones y no presionar nada.
Gerold solía pensar en su situación. Era el menor de los Brax, si escapaba no sería una pérdida grande para su familia y estaba seguro de que la relación con los Crackehall no se vería dañada; no heredaría nada, a menos que a sus hermanos les cediesen otras cosas y Valdecuerno recayese en él, cosa que dudaba bastante. Entonces, ¿por qué no huir con Rowena? Lejos del castillo, lejos de Occidente, al norte o cerca de la capital, donde el menor de los Brax y una prostituta, ahora doncella en elcastillo, no serán reconocidos. Por su moralidad. Por su lealtad a su padre; también se preguntaba dónde quedaba su lealtad a su familia cuando entre sus propios muros consumaba la infidelidad con más pasión de la que hasta sus amantes antes de casarse le vieron. Era todo tan confuso que ni él mismo sabía cómo empezar a planteárselo a Rowena, así que simplemente se dedicaba a besarla, hacerla suya y disfrutarla en general todo el tiempo que podía.
—Sabes que no me quejaría, y es parte de tu trabajo... pero, eh, sólo conmigo —sonrió, pasando las manos a su trasero y alzándola del suelo. Cuando Rowena se enganchó a él, la llevó de nuevo hasta la superficie que hacía pocos minutos recibió su pasión y la sentó en ella, con cuidado, como si fuese una reina. Su reina. Volvió a besar sus labios, mientras se abrochaba y ataba los cordones de la camisa para cubrir su torso. Si por él fuese repetiría la experiencia hasta el amanecer, hasta el mediodía mismo, pero tenían que conocer sus limitaciones y no presionar nada.
Gerold solía pensar en su situación. Era el menor de los Brax, si escapaba no sería una pérdida grande para su familia y estaba seguro de que la relación con los Crackehall no se vería dañada; no heredaría nada, a menos que a sus hermanos les cediesen otras cosas y Valdecuerno recayese en él, cosa que dudaba bastante. Entonces, ¿por qué no huir con Rowena? Lejos del castillo, lejos de Occidente, al norte o cerca de la capital, donde el menor de los Brax y una prostituta, ahora doncella en elcastillo, no serán reconocidos. Por su moralidad. Por su lealtad a su padre; también se preguntaba dónde quedaba su lealtad a su familia cuando entre sus propios muros consumaba la infidelidad con más pasión de la que hasta sus amantes antes de casarse le vieron. Era todo tan confuso que ni él mismo sabía cómo empezar a planteárselo a Rowena, así que simplemente se dedicaba a besarla, hacerla suya y disfrutarla en general todo el tiempo que podía.
Valdecuerno | 00:40 am | con Rowena Belmore

- All hail, Macbeth:

- The fastest man alive:

Re: × Hearts on fire {+18}
"my body trembles around you" |
Nuevamente, le adoró y en aquel preciso instante no existía duda alguna de ello, de lo que afloraban sus emociones cada vez que le sentía entre sus manos como cuando sus labios le besaban del modo que en ese entonces no hacía más que provocar leves risas promulgadas desde ese sentimentalismo que desde que la desgracia había tocado su puerta, se propuso acallar, ocultar, resguardar bajo siete llaves, entre miles de paredes y que él, de la nada, como si de otro asunto se tratase, volvía a sacar, volvía a reposar en su consciencia como algo inevitable que le hacía vociferar entre susurros, una gracia particular.
Una vez que su cuerpo reposó en calma sobre la superficie que él le había llevado, una de sus piernas, casi de manera automática, se elevó hasta las ajenas, ascendiendo en un tramo de tortuosa lentitud hasta su cadera en donde se aferró. ¿Había sido saciada?, si, por supuesto que lo había sido. Gerold Brax de una manera u otra, aunque fuese con un ínfimo roce dejaba satisfecha a una mujer que con el tiempo se había adaptado a pocas necesidades, sin embargo, ¿él?, oh, él siempre sería su mayor necesidad.
Relamió sus labios con parsimonia mientras éste parecía volver a arroparse y para aquel segundo el ceño de Rowena ya se mostraba ligeramente fruncido. Un gruñido infantil se le escapó antes de llevar sus manos a las ajenas, negando con un movimiento de cabeza, deteniendo de pronto aquel proceso que iba hilando con sus dedos. — No te vistas... — susurró — ... no aún. — suavemente tiró de los cordones que él volvía a atar, deteniendo el paso de sus cruces con un beso tenue sobre su torso, en el cual ascendió para llegar prósperamente a sus labios. Una vez ahí, se detuvo, sonriéndole con aquel tenaz estremecimiento que recorrió sus brazos al rodear el cuello ajeno, buscando acercarle un poco más, como si aquello fuese posible.
Se mantuvo así, en una prudente distancia, apenas rozando sus labios y acariciando con el roce de su nariz la ajena sin apartar la sonrisa de sus comisuras. En aquel instante solo les quedaba guardar silencio, contener aquello que circulaba en sus cabezas ansiosas y disfrutar, plenamente a como lo hacía ella, pensando tan solo en el presente, porque el pasado no hacía más que traerle difíciles recuerdos de lo que había sido una próspera vida, una que si hubiese seguido su curso natural, probablemente, ¿quién sabía?, lo suyo hubiese sido permitido, admitido y no criticado ni inimaginable para quienes pudieran observarle, porque cualquiera que les viera en ése instante juraría que estaban hechos el uno para el otro, cuando lo cierto era que sus destinos se habían encontrado para traer alegrías a sus vidas que no sabían, si durarían por toda la extensión de éstas.
Una vez que su cuerpo reposó en calma sobre la superficie que él le había llevado, una de sus piernas, casi de manera automática, se elevó hasta las ajenas, ascendiendo en un tramo de tortuosa lentitud hasta su cadera en donde se aferró. ¿Había sido saciada?, si, por supuesto que lo había sido. Gerold Brax de una manera u otra, aunque fuese con un ínfimo roce dejaba satisfecha a una mujer que con el tiempo se había adaptado a pocas necesidades, sin embargo, ¿él?, oh, él siempre sería su mayor necesidad.
Relamió sus labios con parsimonia mientras éste parecía volver a arroparse y para aquel segundo el ceño de Rowena ya se mostraba ligeramente fruncido. Un gruñido infantil se le escapó antes de llevar sus manos a las ajenas, negando con un movimiento de cabeza, deteniendo de pronto aquel proceso que iba hilando con sus dedos. — No te vistas... — susurró — ... no aún. — suavemente tiró de los cordones que él volvía a atar, deteniendo el paso de sus cruces con un beso tenue sobre su torso, en el cual ascendió para llegar prósperamente a sus labios. Una vez ahí, se detuvo, sonriéndole con aquel tenaz estremecimiento que recorrió sus brazos al rodear el cuello ajeno, buscando acercarle un poco más, como si aquello fuese posible.
Se mantuvo así, en una prudente distancia, apenas rozando sus labios y acariciando con el roce de su nariz la ajena sin apartar la sonrisa de sus comisuras. En aquel instante solo les quedaba guardar silencio, contener aquello que circulaba en sus cabezas ansiosas y disfrutar, plenamente a como lo hacía ella, pensando tan solo en el presente, porque el pasado no hacía más que traerle difíciles recuerdos de lo que había sido una próspera vida, una que si hubiese seguido su curso natural, probablemente, ¿quién sabía?, lo suyo hubiese sido permitido, admitido y no criticado ni inimaginable para quienes pudieran observarle, porque cualquiera que les viera en ése instante juraría que estaban hechos el uno para el otro, cuando lo cierto era que sus destinos se habían encontrado para traer alegrías a sus vidas que no sabían, si durarían por toda la extensión de éstas.
Valdecuerno | 00:44 am | con Gerold Brax
ah...those two. In a fight they're lethal but when they are around each other...they melt.
Re: × Hearts on fire {+18}
"my body trembles around you" |
Una sonrisa pícara inundó sus labios cuando la joven le desabrochó los cordeles con rapidez; Gerold echó los brazos hacia atrás y dejó que, por sí sola, la camisa se deslizase al suelo. Quedó desnudo de cintura para arriba de nuevo, y llevó ambas manos a la cintura de la chica mientras sentía el beso en su pecho y más tarde en sus labios. Jugó con éstos y su lengua, saboreó a la joven, la volvió a poseer como antes pero con besos. Poco a poco se separó y la dedicó otra sonrisa, con una ceja ligeramente alzada.
—¿Vas a estar así toda la noche? Porque no sé si podré satisfacerte como antes después de unas cuantas veces seguidas... —broméo riendo, besando sus labios varias veces, antes de subir los brazos. Ahora rodeó sus costados con éstos y la estrechó contra sí. Gerold sabía que no tenían por qué hacerlo de nuevo, que a Rowena –y a él, aunque se lo callase alguna que otra vez– le bastaba con besos y caricias. Era otro modo de decirse que eran el uno del otro, por falso que eso fuese—. ¿Sabes? Ahora que tienes una nueva vida, por así decirlo... ¿por qué no buscas a alguien? Por supuesto, seguirías siendo mía por las noches... —besó sus labios, lentamente, antes de seguir—, pero tal vez sea lo mejor. Podrías disimular, nadie sospecharía el por qué estás aquí realmente...
Hizo una pausa en la que se relamió ligeramente los labios y acarició los costados de la joven por encima de la ropa, estrechándola un poco más contra sí. —Claro que no soportaría la idea de hacerte mía cuando horas antes lo habría hecho uno de los mozos de los establos... pero sé que no lo haría tan bien como yo —bromeó antes de pasar a besar y mordisquear su cuello. Siguió hablando, pero sin mover la cabeza de allí, casi apoyándola contra uno de sus hombros—. Es sólo una idea, claro. Tampoco quiero obligarte a nada. De día sólo eres una doncella más para hacer lo que te digan.
Exhaló un pequeño suspiro y contuvo las ganas de desnudarla de nuevo. Lo duro de sus encuentros no sólo eran la brevedad, sino el que Gerold se reservaba para los siguientes. Es decir, por más que se conociesen el uno al otro –aparentemente–, el Brax prefería no agotar todas sus opciones en una noche. Era cierto que en el burdel, en alguna ocasión, apenas habían hablado de lo ocupados que estaban dándose placer, pero Gerold no quería eso. Quería una relación que fuese más allá del desfogue, de usar a la joven para aquello que su mujer no le ofrecía, o que él era incapaz de ofrecerle.
—¿Vas a estar así toda la noche? Porque no sé si podré satisfacerte como antes después de unas cuantas veces seguidas... —broméo riendo, besando sus labios varias veces, antes de subir los brazos. Ahora rodeó sus costados con éstos y la estrechó contra sí. Gerold sabía que no tenían por qué hacerlo de nuevo, que a Rowena –y a él, aunque se lo callase alguna que otra vez– le bastaba con besos y caricias. Era otro modo de decirse que eran el uno del otro, por falso que eso fuese—. ¿Sabes? Ahora que tienes una nueva vida, por así decirlo... ¿por qué no buscas a alguien? Por supuesto, seguirías siendo mía por las noches... —besó sus labios, lentamente, antes de seguir—, pero tal vez sea lo mejor. Podrías disimular, nadie sospecharía el por qué estás aquí realmente...
Hizo una pausa en la que se relamió ligeramente los labios y acarició los costados de la joven por encima de la ropa, estrechándola un poco más contra sí. —Claro que no soportaría la idea de hacerte mía cuando horas antes lo habría hecho uno de los mozos de los establos... pero sé que no lo haría tan bien como yo —bromeó antes de pasar a besar y mordisquear su cuello. Siguió hablando, pero sin mover la cabeza de allí, casi apoyándola contra uno de sus hombros—. Es sólo una idea, claro. Tampoco quiero obligarte a nada. De día sólo eres una doncella más para hacer lo que te digan.
Exhaló un pequeño suspiro y contuvo las ganas de desnudarla de nuevo. Lo duro de sus encuentros no sólo eran la brevedad, sino el que Gerold se reservaba para los siguientes. Es decir, por más que se conociesen el uno al otro –aparentemente–, el Brax prefería no agotar todas sus opciones en una noche. Era cierto que en el burdel, en alguna ocasión, apenas habían hablado de lo ocupados que estaban dándose placer, pero Gerold no quería eso. Quería una relación que fuese más allá del desfogue, de usar a la joven para aquello que su mujer no le ofrecía, o que él era incapaz de ofrecerle.
Valdecuerno | Madrugada | con Rowena Belmore

- All hail, Macbeth:

- The fastest man alive:

Re: × Hearts on fire {+18}
"my body trembles around you" |
— Sabes que si puedes hacerlo, no seas modesto. — pellizcó suavemente la piel que sus manos rodeaban en la parte alta de sus costillas mientras correspondía a sus besos con una sonrisa suave, ése tipo de sonrisas algo agotadas pero felices que solo podía esbozar luego de cometer actos apasionados junto a él y solo con él.
'¿Por qué no buscas a alguien?', dijo él y en la mirada de Rowena se esbozó una expresión de clara confusión, una con la que se quedó por largos segundos antes de lograr comprender por completo a lo que se refería, eso que le costó entrar en su raciocinio pero que al cabo de un rato concibió como algo que inclusive entendiéndolo, se le dificultó discernir en su completa claridad. — ¿Cómo?. — consultó, correspondiendo una vez más a sus labios en un amago débil de sonrisa. Rió suavemente ante una broma que no le pareció completamente como tal pues a fin de cuentas, no mentía en su conclusión. Rowena Belmore, gracias a su trabajo había aprendido a diferenciar en su perfección a lo que los hombres le podían dar y Gerold Brax era difícil de superar, sin embargo, asintió ante lo dicho. Le perturbaba asimilarlo, eso no lo negaría, a fin de cuentas, se sentía tan de él que cambiar aquello supondría un gran cambio y eso lo sabía pero... ¿solo era una máscara no?, nada más que ello. — Lo haré. — contestó, mirándole con confidencia y casi en un acto reflejo sus hombros se elevaron — Ya tengo a alguien en la mira. — rió.
Bastaban apenas un par de segundos después para que un ruido se asomara por sus oídos, esos que perspicaces le incitaron a moverse con rapidez para apartar suavemente su cuerpo del propio e intentar removerse en silencio. — Es mejor que nos vayamos. — musitó mientras besaba fugazmente sus labios para luego terminar de arroparse, para sin aguardar respuesta alguna marchar, temiendo a que alguien les encontrara y descubriera todo lo que allí sucedería, pues ahí sí que no podrían siquiera intentar esconderlo entre apariencias.
'¿Por qué no buscas a alguien?', dijo él y en la mirada de Rowena se esbozó una expresión de clara confusión, una con la que se quedó por largos segundos antes de lograr comprender por completo a lo que se refería, eso que le costó entrar en su raciocinio pero que al cabo de un rato concibió como algo que inclusive entendiéndolo, se le dificultó discernir en su completa claridad. — ¿Cómo?. — consultó, correspondiendo una vez más a sus labios en un amago débil de sonrisa. Rió suavemente ante una broma que no le pareció completamente como tal pues a fin de cuentas, no mentía en su conclusión. Rowena Belmore, gracias a su trabajo había aprendido a diferenciar en su perfección a lo que los hombres le podían dar y Gerold Brax era difícil de superar, sin embargo, asintió ante lo dicho. Le perturbaba asimilarlo, eso no lo negaría, a fin de cuentas, se sentía tan de él que cambiar aquello supondría un gran cambio y eso lo sabía pero... ¿solo era una máscara no?, nada más que ello. — Lo haré. — contestó, mirándole con confidencia y casi en un acto reflejo sus hombros se elevaron — Ya tengo a alguien en la mira. — rió.
Bastaban apenas un par de segundos después para que un ruido se asomara por sus oídos, esos que perspicaces le incitaron a moverse con rapidez para apartar suavemente su cuerpo del propio e intentar removerse en silencio. — Es mejor que nos vayamos. — musitó mientras besaba fugazmente sus labios para luego terminar de arroparse, para sin aguardar respuesta alguna marchar, temiendo a que alguien les encontrara y descubriera todo lo que allí sucedería, pues ahí sí que no podrían siquiera intentar esconderlo entre apariencias.
Valdecuerno | 00:44 am | con Gerold Brax
ah...those two. In a fight they're lethal but when they are around each other...they melt.
Re: × Hearts on fire {+18}
"song for the dead" |
Un funeral. Ciertamente, lo último que necesitaba Gerold en su vida. El fallecido había sido uno de sus primos lejanos, aquellos que tenían muy poco de Brax en la sangre pero seguían considerándoseles familia. Y la “fiesta” de después, el banquete de despedida del muerto, fue realizado en Valdecuerno y no en el pequeño castillo en el que esa parte de su familia lejana vivía. En el castillo reinaba un silencio inquietante, y quien hablaba lo hacía en susurros, como si hacerlo más alto fuese a despertar al muerto que descansaba en el septón que había a unas cuantas leguas del castillo y de donde los Brax acababan de llegar. Gerold apenas había llorado, apenas había sufrido, mientras que Ely había dejado derramar lágrimas –de cocodrilo, por supuesto–, para que la familia del fallecido viesen que ambos lo sentían. Lo cierto era que tanta falsedad empezaba a sacarle de sus casillas.
No, su sufrimiento era por él y sólo por él, por egoísta que quedase. Ely cada día le evitaba más por no ser capaz de fecundarla; su padre parecía odiarle, pues era el único hijo que no había dejado embazarada a una mujer aún; sus hermanos mayores preferían ignorarle, fingiendo estar demasiado ocupados en sus asuntos políticos y militares como para prestar atención a su hermano menor; y Rowena... Rowena era Rowena. Había pasado casi una semana desde su última noche de pasión, y sus palabras de despedida seguían grabadas a fuego en su memoria. Ya tengo a alguien en la mira. ¿Y si era alguien mejor que él?
Tales horribles pensamientos volaban por su mente mientras, en silencio, ascendía a sus aposentos. Estaban vacíos, así que Gerold hizo llamar a dos doncellas para que le ayudasen a cambiarse: Rowena y cualquier otra. A la segunda la ordenó bajar a comprobar que todo estuviese en orden en el comedor, donde los comensales y familiares estarían llegando para el banquete de despedida del muerto; donde hasta los familiares más lejanos de Gerold estarían. Cuando se quedaron solos, sus ojos verdes se fijaron en los de la joven. —¿Cómo va tu coartada?
Era mejor llamarlo así, coartada; de algún modo confirmaba la idea de que su relación con el otro tipo no iba a ser real. ¿En qué convertía eso en su relación? ¿Sería irreal también, por el hecho de que Gerold estaba casado y a ojos de otros sería una simple infidelidad con una antigua prostituta? Se empezó a despojar de sus ropas para entregárselas a Rowena y que las doblase y colocase en su sitio y que así luego le pasase las que tenía preparadas en la cama: eran ropas oscuras, pero menos formales que las que había usado para ir al septón. La forma en que se quitaba la ropa dejaba muy claro que no protagonizarían un rápido momento íntimo, y en cierto modo no tenía los ánimos para ello.
No, su sufrimiento era por él y sólo por él, por egoísta que quedase. Ely cada día le evitaba más por no ser capaz de fecundarla; su padre parecía odiarle, pues era el único hijo que no había dejado embazarada a una mujer aún; sus hermanos mayores preferían ignorarle, fingiendo estar demasiado ocupados en sus asuntos políticos y militares como para prestar atención a su hermano menor; y Rowena... Rowena era Rowena. Había pasado casi una semana desde su última noche de pasión, y sus palabras de despedida seguían grabadas a fuego en su memoria. Ya tengo a alguien en la mira. ¿Y si era alguien mejor que él?
Tales horribles pensamientos volaban por su mente mientras, en silencio, ascendía a sus aposentos. Estaban vacíos, así que Gerold hizo llamar a dos doncellas para que le ayudasen a cambiarse: Rowena y cualquier otra. A la segunda la ordenó bajar a comprobar que todo estuviese en orden en el comedor, donde los comensales y familiares estarían llegando para el banquete de despedida del muerto; donde hasta los familiares más lejanos de Gerold estarían. Cuando se quedaron solos, sus ojos verdes se fijaron en los de la joven. —¿Cómo va tu coartada?
Era mejor llamarlo así, coartada; de algún modo confirmaba la idea de que su relación con el otro tipo no iba a ser real. ¿En qué convertía eso en su relación? ¿Sería irreal también, por el hecho de que Gerold estaba casado y a ojos de otros sería una simple infidelidad con una antigua prostituta? Se empezó a despojar de sus ropas para entregárselas a Rowena y que las doblase y colocase en su sitio y que así luego le pasase las que tenía preparadas en la cama: eran ropas oscuras, pero menos formales que las que había usado para ir al septón. La forma en que se quitaba la ropa dejaba muy claro que no protagonizarían un rápido momento íntimo, y en cierto modo no tenía los ánimos para ello.
Valdecuerno | Tarde-noche | con Rowena Belmore

- All hail, Macbeth:

- The fastest man alive:

Re: × Hearts on fire {+18}
"song for the dead" |
Lúgubre, la palabra perfecta para lograr definir lo que en realidad sucedía ahí, dentro de aquella estructura que en sus cimientos había consolidado una desdicha en particular, una de la que Rowena Belmore formaba parte desde el momento que sus pies habían repiqueteado el tic tac constante en los pasillos y se había integrado poco a poco en una vida que no era propia desde las bajas esferas pero que con el paso del tiempo se había acostumbrado llevar, hasta tal punto que cada vez que llamaban a su nombre era porque de sus servicios requerían y casi como un acto reflejo su cuerpo se arqueaba para prestar atención, solo que aquel día las atenciones estaban siendo mucho más acalladas, mucho más sosegadas, mucho más inclinadas hacia a aquel taciturno ambiente del cual decidió apropiarse al subir hasta la habitación de Gerold Brax, quien le había llamado junto a una acompañante más que le daba indicios de que las cosas no tomarían otro rumbo y del cual, por su parte, comprendía.
Ejercía movimientos casi de manera automática, su cuerpo se movía de un lado a otro en la habitación como si de un robot se tratara que solo cumplía funciones básicas, las cuales una vez que quedaron solos y su voz llamó su atención, casi de manera casual, siguieron, como si aquello no le inmutara, más que nada por las apariencias. — Bien. — susurró mirando con detenimiento la puerta a medida que doblaba sus ropas y se atrevía a admirarle de reojo. No habían sido pocas las veces que solos habían estado y que por unos instantes la pareja de amantes había bajado la guardia, siendo asustados con ligereza por parte otros sirvientes o hasta a veces, por su propia esposa, esa que bastante riña le había tomado desde el principio pero que con el paso de los días parecía aumentar en demasía. ¿Sospechaba algo?, lo dudaba, al fin y al cabo, Gerold Brax y Rowena Belmore eran una imposibilidad dentro de un ajuste matemático, excepto para ellos que pendían de a instantes su vida en el otro.
— El y yo estamos... intentando cosas, desde hace un par de días. — no sabía como decirlo, ¿cómo hablar de ello con quien compartía de algún modo su corazón?, 'haciéndolo sin más', le decía su mente, esa que de cuando en cuanto le practicaba jugarretas en las que Ro simplemente suspiraba y miraba al hombre como cualquier otro, cuando en el fondo su corazón latía irregular y aquello debía aparentarlo delante de un chico que al menos, le estaba comenzando a agradar. ¿No había comenzado todo así también con Gerold?, al menos si al muchacho en cuestión le miraba con adoración no cometía un delito en ello. Soltó un suspiro prolongado en lo que terminaba de enfundar las prendas sobre una de las estancias para así tomar las demás en las que se acercó por su espalda y subió de a poco por sus brazos para colar. Una vez le rodeó para quedar en frente descendió su mirada y comenzó a abotonar con calma aquello que acostumbrada estaba a quitar.
A medida que ascendía con sus dedos encubriendo los botones con los agujeros, ladeó un tanto su rostro. La altura de Rowena no superaba la de los hombros ajenos, esos que besaba y mordía cuando el otro se apoderaba de su completa anatomía y que en esos instantes, entre suspiros, escondía mordisqueando con insistencia su labio inferior. — Su nombre es Philles, trabajamos juntos, codo a codo, la apariencia perfecta ante los demás todos los minutos del día, ¿no?. — y lo sabía, aquello quizá era lo mejor, aparentar su vida completa para esconder secretos, algo que con las circunstancias de su vida completa había aprendido a hacer.
Ejercía movimientos casi de manera automática, su cuerpo se movía de un lado a otro en la habitación como si de un robot se tratara que solo cumplía funciones básicas, las cuales una vez que quedaron solos y su voz llamó su atención, casi de manera casual, siguieron, como si aquello no le inmutara, más que nada por las apariencias. — Bien. — susurró mirando con detenimiento la puerta a medida que doblaba sus ropas y se atrevía a admirarle de reojo. No habían sido pocas las veces que solos habían estado y que por unos instantes la pareja de amantes había bajado la guardia, siendo asustados con ligereza por parte otros sirvientes o hasta a veces, por su propia esposa, esa que bastante riña le había tomado desde el principio pero que con el paso de los días parecía aumentar en demasía. ¿Sospechaba algo?, lo dudaba, al fin y al cabo, Gerold Brax y Rowena Belmore eran una imposibilidad dentro de un ajuste matemático, excepto para ellos que pendían de a instantes su vida en el otro.
— El y yo estamos... intentando cosas, desde hace un par de días. — no sabía como decirlo, ¿cómo hablar de ello con quien compartía de algún modo su corazón?, 'haciéndolo sin más', le decía su mente, esa que de cuando en cuanto le practicaba jugarretas en las que Ro simplemente suspiraba y miraba al hombre como cualquier otro, cuando en el fondo su corazón latía irregular y aquello debía aparentarlo delante de un chico que al menos, le estaba comenzando a agradar. ¿No había comenzado todo así también con Gerold?, al menos si al muchacho en cuestión le miraba con adoración no cometía un delito en ello. Soltó un suspiro prolongado en lo que terminaba de enfundar las prendas sobre una de las estancias para así tomar las demás en las que se acercó por su espalda y subió de a poco por sus brazos para colar. Una vez le rodeó para quedar en frente descendió su mirada y comenzó a abotonar con calma aquello que acostumbrada estaba a quitar.
A medida que ascendía con sus dedos encubriendo los botones con los agujeros, ladeó un tanto su rostro. La altura de Rowena no superaba la de los hombros ajenos, esos que besaba y mordía cuando el otro se apoderaba de su completa anatomía y que en esos instantes, entre suspiros, escondía mordisqueando con insistencia su labio inferior. — Su nombre es Philles, trabajamos juntos, codo a codo, la apariencia perfecta ante los demás todos los minutos del día, ¿no?. — y lo sabía, aquello quizá era lo mejor, aparentar su vida completa para esconder secretos, algo que con las circunstancias de su vida completa había aprendido a hacer.
Valdecuerno | Tarde-noche | con Gerold Brax
ah...those two. In a fight they're lethal but when they are around each other...they melt.
Re: × Hearts on fire {+18}
"song for the dead" |
Con lentitud, se puso el nuevo pantalón, mientras observaba a Rowena musitar aquel bien y guardar la ropa que acababa de quitarse y prepararle la camisa y el jubón que más tarde se pondría. Toda su nueva vestimenta era de color marrón oscuro, casi negro; tampoco quería destacar en el banquete por llevar verdes, azules o colores semejantes. Se ató bien las lazadas del pantalón antes de separar un poco los brazos de sus costados para que Rowena pudiese meterle bien la camisa por éstos. —¿Intentando algo? —preguntó con algo de sarcasmo en la voz antes de soltar una carcajada.
Entonces calló, escuchando el nombre del tipo. Creía saber quién era, pero no conseguía ponerle cara del todo. —Siempre y cuando no estéis todo el día dándoos besos por los rincones del castillo, sí, es la apariencia perfecta. No por nada, sino porque si os ve quien no debería, podríais perder el trabajo. Y que pierdas lo que yo te he conseguido no me haría muy feliz, ¿no crees? —preguntó, con tono serio. No estaba cabreado, ni reprimiéndola, aunque... ¿por qué le había hecho caso? ¿Por qué estaba llevando a cabo esa loca idea de salir con alguien? En fin, suspiró para sí mismo, no podía reprochárselo, él mismo la dio la idea.
Cuando terminó de ponerle el jubón se ajustó las arrugas de éste, estirando ligeramente hacia abajo, y sujetó el rostro de Rowena por la barbilla. Un escueto, suave pero cariñoso beso en los labios dejaba claro que, en el fondo, la entendía y sabía que estaba haciendo lo mejor para ella. Para ellos, a fin de cuentas. Pero seguía doliendo. En cierto modo, en lo más hondo de su corazón, allí donde Rowena empezaba a ganar terreno a su favor y Ely lo iba perdiendo, dolía. Sobre todo si el chico acababa enamorándose de ella o, peor aún, enterándose de la verdad. Jugaban con fuego, pero para cuando querían darse cuenta, ya se habían quemado los dedos, las manos, los brazos enteros. —Hoy va a estar toda la familia presente, hasta aquellos que apenas comparte sangre con nosotros, así que nada de cambios inesperados de turno. Si te toca servir, estarás sirviendo hasta que todo acabe, ¿vale? Sin importar qué ocurra. —. Es decir, sin importar que acaricie sus muslos, o que aproveche la confusión del gentío y la “celebración” para acariciar sus pechos o su zona más íntima, incluso. ¿Sería Gerold tan descarado de hacerlo tras un funeral? Lo peor es que él sabía que sí.
Entonces calló, escuchando el nombre del tipo. Creía saber quién era, pero no conseguía ponerle cara del todo. —Siempre y cuando no estéis todo el día dándoos besos por los rincones del castillo, sí, es la apariencia perfecta. No por nada, sino porque si os ve quien no debería, podríais perder el trabajo. Y que pierdas lo que yo te he conseguido no me haría muy feliz, ¿no crees? —preguntó, con tono serio. No estaba cabreado, ni reprimiéndola, aunque... ¿por qué le había hecho caso? ¿Por qué estaba llevando a cabo esa loca idea de salir con alguien? En fin, suspiró para sí mismo, no podía reprochárselo, él mismo la dio la idea.
Cuando terminó de ponerle el jubón se ajustó las arrugas de éste, estirando ligeramente hacia abajo, y sujetó el rostro de Rowena por la barbilla. Un escueto, suave pero cariñoso beso en los labios dejaba claro que, en el fondo, la entendía y sabía que estaba haciendo lo mejor para ella. Para ellos, a fin de cuentas. Pero seguía doliendo. En cierto modo, en lo más hondo de su corazón, allí donde Rowena empezaba a ganar terreno a su favor y Ely lo iba perdiendo, dolía. Sobre todo si el chico acababa enamorándose de ella o, peor aún, enterándose de la verdad. Jugaban con fuego, pero para cuando querían darse cuenta, ya se habían quemado los dedos, las manos, los brazos enteros. —Hoy va a estar toda la familia presente, hasta aquellos que apenas comparte sangre con nosotros, así que nada de cambios inesperados de turno. Si te toca servir, estarás sirviendo hasta que todo acabe, ¿vale? Sin importar qué ocurra. —. Es decir, sin importar que acaricie sus muslos, o que aproveche la confusión del gentío y la “celebración” para acariciar sus pechos o su zona más íntima, incluso. ¿Sería Gerold tan descarado de hacerlo tras un funeral? Lo peor es que él sabía que sí.
Valdecuerno | Tarde-noche | con Rowena Belmore

- All hail, Macbeth:

- The fastest man alive:

Re: × Hearts on fire {+18}
"song for the dead" |
Rodó sus ojos casi de manera automática al oír las palabras ajenas, no en un gesto descortés ni nada por el estilo, pero claro estaba que Rowena Belmore con el paso de los años se había vuelto una mujer más mordaz de lo que su mismo padre hubiese esperado de la dulce castaña que crió entre sus brazos y el lado indomable de sus actitudes seguían intactas, sin embargo, un tanto más sosegada para aquellos a los que les servía y a los que debía de esbozar constantes sonrisas como si en todo estuviese de acuerdo, pese a que las ideas de los demás no le sentaran e inclusive si la de él, jamás le sentó como propicia.
— No lo estropearé Gerold. — aclaró entrecerrando un tanto su mirada mientras terminaba de acomodar las prendas sobre su cuerpo con una naturalidad casual. Jamás había trabajado en aquellos tipos de servicios pero aún así se notaba que todo parecía conocerlo a la perfección y el recuerdo latente de su padre nuevamente inundó sus pensamientos, los que alejó al negar con un fugaz movimiento de cabeza, movimiento que de pronto se detuvo al sentir el tacto y los labios ajenos sobre los propios invadiendo en sus sentidos toda la calma que nuevamente le atiborraba un acto tan veloz como aquel. Podía, en aquel instante, envolver su cuerpo, desatar todo lo que segundos atrás había amarrado y deshacerse de aquello que tanto parecía incomodar su vista y calma, pero no lo haría porque primordialmente su beso, lejos de atiborrar espasmos leves de calor sobre su cuerpo, más había tocado su fibra sensible mientras asentía con naturalidad a sus palabras. Lo cometido hacía un tiempo había sido un error y ella lo sabía, tanto que aquel día, pese a no haberle designado a ella el reparto de los banquetes, se había ofrecido para ella. Ocultarse en la cocina no haría más que despertar la furia de su esposa, la indecisión constante de Gerold y probablemente aumentaría un romance impertinente con ella y su compañero de trabajo, lo que no sabía si terminaría bien o estrepitosamente mal. El chico era bueno al fin y al cabo, ¿cuanto le costaría romperle el corazón?, probablemente, más de lo que ella misma desearía. Rowena no era la niña buena de los cuentos pero mucho menos era la arpía, ella simplemente se mantenía en un margen que aquel instante alejó como lo hizo su cuerpo del ajeno al oír el chirrido habitual de la llegada terciaria. Ante sus ojos apareció la misma muchacha que minutos atrás había estado ayudando y la mente vivaz de Ro hizo lucir tal cercanía como algo normal al acomodar el cuello de sus ropajes para luego plisar lo demás y asentir con un movimiento fugaz.
Informó su retirada a las cocinas para cuando Gerold lucía bien, aunque siempre luciera bien, con o sin sus ropajes.
Un par de cuartos de horas más tardes, el movimiento en la casa parecía ser aún mayor del que habían tenido rato atrás considerando que lo lúgubre aún se mantenía, pero la vivacidad de los pasos eran constantes. Mucha gente había llegado al hogar y podía asumir que poco a poco tendría que ir adaptándose a aquel ritmo alocado que requerían las visitas. De vez en vez, aparecían superiores en la estancia, un par de éstas se sumió la misma esposa de Gerold a la cocina y a él le veía merodear por los pasillos que daban con la entrada recibiendo gente y más gente de la cual ella simplemente pasaba. No conocía a nadie o al menos eso quería creer, siendo distraída de a ratos con el tacto y miradas fugaces de su nuevo romance, ese al que le correspondía de manera disimulada y más aún cuando se asomaba alguien hasta donde ellos estaban. No fue hasta que el llamado fue inminente que las cosas comenzaron a acomodarse para que los sirvientes por así decirlo pasaran a dejar las cosas, entre ellos, ella, quien sostenía una de las jarras de vino con calma habituándose a pasos de una esquina en la mesa sin mirar a nadie realmente, tan solo buscando detectar a Gerold entre la masa de población familiar que de pronto invadía todo el terreno.
Cuando a Rowena Belmore le dieron aviso para pasar a cumplir su función de servir el licor, no distó de su función acercándose sin titubear siquiera de puesto en puesto, hasta que la mención de su nombre llamó su atención, no por el hecho de que no se tratase el volumen antipático de Ely ni el oculto complaciente de Gerold, sino que porque era uno aparentemente desconocido, pero que aún así, le hacía vibrar con indecisión. Su mirada se alzó hasta el cuerpo que se reposaba a un costado, del cual había provenido la voz y que le quitó el respiro, las palabras y toda la tranquilidad de su interior. 'Es él', pensó. — ¿Rowena? — dijo éste apenas en un susurro audible para ellos y la muchacha retrocedió endeble un paso. Solo ellos y la ruina envolvía el ambiente. Necesitaba huir de ese lugar para no volver ni mirar atrás.
— No lo estropearé Gerold. — aclaró entrecerrando un tanto su mirada mientras terminaba de acomodar las prendas sobre su cuerpo con una naturalidad casual. Jamás había trabajado en aquellos tipos de servicios pero aún así se notaba que todo parecía conocerlo a la perfección y el recuerdo latente de su padre nuevamente inundó sus pensamientos, los que alejó al negar con un fugaz movimiento de cabeza, movimiento que de pronto se detuvo al sentir el tacto y los labios ajenos sobre los propios invadiendo en sus sentidos toda la calma que nuevamente le atiborraba un acto tan veloz como aquel. Podía, en aquel instante, envolver su cuerpo, desatar todo lo que segundos atrás había amarrado y deshacerse de aquello que tanto parecía incomodar su vista y calma, pero no lo haría porque primordialmente su beso, lejos de atiborrar espasmos leves de calor sobre su cuerpo, más había tocado su fibra sensible mientras asentía con naturalidad a sus palabras. Lo cometido hacía un tiempo había sido un error y ella lo sabía, tanto que aquel día, pese a no haberle designado a ella el reparto de los banquetes, se había ofrecido para ella. Ocultarse en la cocina no haría más que despertar la furia de su esposa, la indecisión constante de Gerold y probablemente aumentaría un romance impertinente con ella y su compañero de trabajo, lo que no sabía si terminaría bien o estrepitosamente mal. El chico era bueno al fin y al cabo, ¿cuanto le costaría romperle el corazón?, probablemente, más de lo que ella misma desearía. Rowena no era la niña buena de los cuentos pero mucho menos era la arpía, ella simplemente se mantenía en un margen que aquel instante alejó como lo hizo su cuerpo del ajeno al oír el chirrido habitual de la llegada terciaria. Ante sus ojos apareció la misma muchacha que minutos atrás había estado ayudando y la mente vivaz de Ro hizo lucir tal cercanía como algo normal al acomodar el cuello de sus ropajes para luego plisar lo demás y asentir con un movimiento fugaz.
Informó su retirada a las cocinas para cuando Gerold lucía bien, aunque siempre luciera bien, con o sin sus ropajes.
Un par de cuartos de horas más tardes, el movimiento en la casa parecía ser aún mayor del que habían tenido rato atrás considerando que lo lúgubre aún se mantenía, pero la vivacidad de los pasos eran constantes. Mucha gente había llegado al hogar y podía asumir que poco a poco tendría que ir adaptándose a aquel ritmo alocado que requerían las visitas. De vez en vez, aparecían superiores en la estancia, un par de éstas se sumió la misma esposa de Gerold a la cocina y a él le veía merodear por los pasillos que daban con la entrada recibiendo gente y más gente de la cual ella simplemente pasaba. No conocía a nadie o al menos eso quería creer, siendo distraída de a ratos con el tacto y miradas fugaces de su nuevo romance, ese al que le correspondía de manera disimulada y más aún cuando se asomaba alguien hasta donde ellos estaban. No fue hasta que el llamado fue inminente que las cosas comenzaron a acomodarse para que los sirvientes por así decirlo pasaran a dejar las cosas, entre ellos, ella, quien sostenía una de las jarras de vino con calma habituándose a pasos de una esquina en la mesa sin mirar a nadie realmente, tan solo buscando detectar a Gerold entre la masa de población familiar que de pronto invadía todo el terreno.
Cuando a Rowena Belmore le dieron aviso para pasar a cumplir su función de servir el licor, no distó de su función acercándose sin titubear siquiera de puesto en puesto, hasta que la mención de su nombre llamó su atención, no por el hecho de que no se tratase el volumen antipático de Ely ni el oculto complaciente de Gerold, sino que porque era uno aparentemente desconocido, pero que aún así, le hacía vibrar con indecisión. Su mirada se alzó hasta el cuerpo que se reposaba a un costado, del cual había provenido la voz y que le quitó el respiro, las palabras y toda la tranquilidad de su interior. 'Es él', pensó. — ¿Rowena? — dijo éste apenas en un susurro audible para ellos y la muchacha retrocedió endeble un paso. Solo ellos y la ruina envolvía el ambiente. Necesitaba huir de ese lugar para no volver ni mirar atrás.
Valdecuerno | Tarde-noche | con Gerold Brax
ah...those two. In a fight they're lethal but when they are around each other...they melt.
Re: × Hearts on fire {+18}
"song for the dead" |
No lo estropearía, había dicho. ¿Por qué, entonces, huyó aquel día a las cocinas? Decidió no añadir nada y dejar que Rowena terminase de colocar su ropa. Al fin y al cabo la pagaba para ello, independientemente de su relación extraoficial. Cuando marchó su retirada asintió con una ligera sonrisa y Gerold se acercó a un espejo algo desgastado para acabar de retocarse él, como peinarse los cabellos dorados hacia atrás y asegurarse de quitar toda arruga de su vestimenta. Luego se sentó en la cama, a esperar a Ely, y cuando ésta fue a cambiarse observó todo el proceso. Su cuerpo le gustaba, no era nada fea, y sabía usar las palabras, pero seguía sin ser Rowena. El silencio reinó hasta que su esposa estuvo lista, y entonces Gerold se levantó y, dejando que cogiese su brazo, bajaron al comedor.
El ambiente parecía más festivo que fúnebre, pero siempre ocurría eso en las cenas y comidas que había tras un funeral, al menos en su castillo, en su zona. Gerold estaba atiborrado de comida, pero tenía que seguir comiendo tanto por cortesía como para no decepcionar ni a su padre ni a las cocineras. Desde pequeño fue educado así. Con la vista, ignorando a Ely y respondiéndola con monosílabos, buscaba a Rowena. Cuando por fin dio con ella, la observó hablando con un hombre. O, mejor dicho, al hombre intentando hablar con ella. No pudo evitar fruncir el ceño y dejar que la situación pasase. Entrecerró los ojos, para focalizar mejor al individuo; lo cierto es que no era la primera vez que acudía al castillo. Era uno de esos primos lejanos suyos con quien apenas tenía confianza más allá de los saludos corteses.
Ahora vengo, querida, voy al servicio, le comunicó a Ely, levantándose y tras frotarse los labios con la servilleta para limpiarse, recorrió el comedor pegado a las paredes, fingiendo tomar el camino más largo. —Te espero en le pasillo —dijo con rapidez pero de forma inteligible cuando pasó como un rayo, veloz, junto a Rowena. Salió al pasillo y se refugió entre dos pilares, esperando. Cuando la joven salió, Gerold la miró con el ceño fruncido. Decidió que sería mejor ir directo al grano. —¿Quién era ese, y qué te dijo? Quiero decir, ningún comensal hasta ahora te había retenido tanto tiempo. Si te ha dicho algo impropio dímelo sin problemas, Ro. —. Y al decir esto último, acarició el mango de la daga que colgaba de su cinto. La amenaza hacia su primo era clara, y no le importaba en absoluto que el otro apenas tuviese un porcentaje bajísimo de Brax en la sangre. Rowena era de él y sólo de él.
El ambiente parecía más festivo que fúnebre, pero siempre ocurría eso en las cenas y comidas que había tras un funeral, al menos en su castillo, en su zona. Gerold estaba atiborrado de comida, pero tenía que seguir comiendo tanto por cortesía como para no decepcionar ni a su padre ni a las cocineras. Desde pequeño fue educado así. Con la vista, ignorando a Ely y respondiéndola con monosílabos, buscaba a Rowena. Cuando por fin dio con ella, la observó hablando con un hombre. O, mejor dicho, al hombre intentando hablar con ella. No pudo evitar fruncir el ceño y dejar que la situación pasase. Entrecerró los ojos, para focalizar mejor al individuo; lo cierto es que no era la primera vez que acudía al castillo. Era uno de esos primos lejanos suyos con quien apenas tenía confianza más allá de los saludos corteses.
Ahora vengo, querida, voy al servicio, le comunicó a Ely, levantándose y tras frotarse los labios con la servilleta para limpiarse, recorrió el comedor pegado a las paredes, fingiendo tomar el camino más largo. —Te espero en le pasillo —dijo con rapidez pero de forma inteligible cuando pasó como un rayo, veloz, junto a Rowena. Salió al pasillo y se refugió entre dos pilares, esperando. Cuando la joven salió, Gerold la miró con el ceño fruncido. Decidió que sería mejor ir directo al grano. —¿Quién era ese, y qué te dijo? Quiero decir, ningún comensal hasta ahora te había retenido tanto tiempo. Si te ha dicho algo impropio dímelo sin problemas, Ro. —. Y al decir esto último, acarició el mango de la daga que colgaba de su cinto. La amenaza hacia su primo era clara, y no le importaba en absoluto que el otro apenas tuviese un porcentaje bajísimo de Brax en la sangre. Rowena era de él y sólo de él.
Valdecuerno | Tarde-noche | con Rowena Belmore

- All hail, Macbeth:

- The fastest man alive:

Re: × Hearts on fire {+18}
"song for the dead" |
Él parecía seguir hablando pero los ojos de la mujer solo llegaban a captar con una celeridad poco común, sus labios moverse y sus ojos parpadear igual de perplejos a como estaban los propios de una joven que se sumía en tan solo un par de segundos en el infierno y parecía no reaccionar con una anticipación propia de su juicio.
Fue su voz, aquella voz, la mención simple del hombre que adoraba lo que pudo traerle a la vida luego de aquel trance que se decidió a detener todo su movimiento y como si su llamado fuese una guía clara del camino, aguardó unos segundos, apartando rapidamente sus pasos del hombre del cual no podía quitar la mirada y solo para guardar apariencias se mantuvo en una esquina contraria de la mesa y así a los segundos, salir para aquel encuentro fugaz de los pasillos que en aquel entonces estaría fuertemente influenciado por su completa discordancia de lo recién acontecido. Ésta vez, solo podía oír el sonido de su voz, el esclarecimiento de sus menciones pero no así sus palabras. — No puedo volver a entrar ahí. — balbuceó apenas en un deje confuso mientras desviaba su mirada a sus pies, al calzado que parecí también juzgarle por sus palabras luego de prometer que no cometería el error de escapar como lo había hecho, delante de él.
El hecho de que lo recién sucedido fuese real parecía de pronto acelerar el ritmo normal de su respiración. ¿Cómo era posible que quien había sido su todo estuviese ahí para volver a destacar su pasado en una actualidad sumamente distinta?, ¿cómo es que él estaba en ese castillo?... podía ser que... joder, no podían ser familia. Sacudió su cabeza mientras sus dedos parecían acomodar los ligeros ropajes que envolvían su cuerpo. — ¿Qué es él de ti?, ¿qué hace aquí?. — la mirada urgente de Rowena recién ahí se elevó hasta los orbes ajenos, contestando a sus preguntas con aún más interrogantes. De pronto, todo lo que había armado, toda la vida que había conformado en una estabilidad disimulada, se desmoronaba... ése hombre la desmoronaba.
Fue su voz, aquella voz, la mención simple del hombre que adoraba lo que pudo traerle a la vida luego de aquel trance que se decidió a detener todo su movimiento y como si su llamado fuese una guía clara del camino, aguardó unos segundos, apartando rapidamente sus pasos del hombre del cual no podía quitar la mirada y solo para guardar apariencias se mantuvo en una esquina contraria de la mesa y así a los segundos, salir para aquel encuentro fugaz de los pasillos que en aquel entonces estaría fuertemente influenciado por su completa discordancia de lo recién acontecido. Ésta vez, solo podía oír el sonido de su voz, el esclarecimiento de sus menciones pero no así sus palabras. — No puedo volver a entrar ahí. — balbuceó apenas en un deje confuso mientras desviaba su mirada a sus pies, al calzado que parecí también juzgarle por sus palabras luego de prometer que no cometería el error de escapar como lo había hecho, delante de él.
El hecho de que lo recién sucedido fuese real parecía de pronto acelerar el ritmo normal de su respiración. ¿Cómo era posible que quien había sido su todo estuviese ahí para volver a destacar su pasado en una actualidad sumamente distinta?, ¿cómo es que él estaba en ese castillo?... podía ser que... joder, no podían ser familia. Sacudió su cabeza mientras sus dedos parecían acomodar los ligeros ropajes que envolvían su cuerpo. — ¿Qué es él de ti?, ¿qué hace aquí?. — la mirada urgente de Rowena recién ahí se elevó hasta los orbes ajenos, contestando a sus preguntas con aún más interrogantes. De pronto, todo lo que había armado, toda la vida que había conformado en una estabilidad disimulada, se desmoronaba... ése hombre la desmoronaba.
Valdecuerno | Tarde-noche | con Gerold Brax
ah...those two. In a fight they're lethal but when they are around each other...they melt.
Re: × Hearts on fire {+18}
"song for the dead" |
Su rostro no hacía más que denotar extrañeza, desconocimiento, frustración e incluso algo de cabreo. ¿Cómo que no podía volver ahí dentro? Gerold esta vez no la dejaría hacer eso; se negaría a que se fuese de nuevo a las cocinas y hubiese un forzado cambio de turno. Una cena tras un funeral era algo más serio que lo de la otra noche, sin duda. —¿Qué...? —preguntó, con su rostro dibujando una mueca confusa más que nunca.
Tomó aire para relajarse y concentrarse y cerrando los ojos consiguió rememorar en su mente el rostro del hombre al que Rowena hacía referencia. Luego la miró con una ceja alzada. ¿Acaso sentía algo por él? ¿Atracción, por mínima que fuese? No se conocían, era imposible... ¿Tal vez era uno de sus antiguos clientes? Eso complicaba mucho más las cosas. Cogió aire y encogió los hombros antes de contestar. —No lo sé, un primo mío, seguramente. Algún hermano lejano, incluso diría bastardo, de mi padre le tendría. Apenas compartimos sangre, pero sí lazos familiares. ¿Qué ocurre, Rowena? Y más vale que contestes rápido. No importa que tú te ausentes varios minutos, pero si lo hago yo... sospecharán. Habla.
El sonido de sus palabras era duro, pero la calidez de sus ojos verdes indicaban todo lo contrario. Siendo realistas, Gerold no golpearía a Rowena porque le dijese la verdad, porque esa verdad le doliese más que mil espadas atravesándole. Lo suyo era algo prohibido y aunque hubiese entre ambos algún sentimiento más que la mera pasión de dos amantes, no se podía permitir el dolor. No con ella. Ely sospecharía, y sería el fin de todo.
Cruzó los brazos y se apoyó en un pilar, aguardando.
Tomó aire para relajarse y concentrarse y cerrando los ojos consiguió rememorar en su mente el rostro del hombre al que Rowena hacía referencia. Luego la miró con una ceja alzada. ¿Acaso sentía algo por él? ¿Atracción, por mínima que fuese? No se conocían, era imposible... ¿Tal vez era uno de sus antiguos clientes? Eso complicaba mucho más las cosas. Cogió aire y encogió los hombros antes de contestar. —No lo sé, un primo mío, seguramente. Algún hermano lejano, incluso diría bastardo, de mi padre le tendría. Apenas compartimos sangre, pero sí lazos familiares. ¿Qué ocurre, Rowena? Y más vale que contestes rápido. No importa que tú te ausentes varios minutos, pero si lo hago yo... sospecharán. Habla.
El sonido de sus palabras era duro, pero la calidez de sus ojos verdes indicaban todo lo contrario. Siendo realistas, Gerold no golpearía a Rowena porque le dijese la verdad, porque esa verdad le doliese más que mil espadas atravesándole. Lo suyo era algo prohibido y aunque hubiese entre ambos algún sentimiento más que la mera pasión de dos amantes, no se podía permitir el dolor. No con ella. Ely sospecharía, y sería el fin de todo.
Cruzó los brazos y se apoyó en un pilar, aguardando.
Valdecuerno | Tarde-noche | con Rowena Belmore

- All hail, Macbeth:

- The fastest man alive:

Re: × Hearts on fire {+18}
"song for the dead" |
¿Podía confiar en él?, la respuesta era obvia, claro que podía, a fin de cuentas él había sido el único hombre a parte de su padre en quien Rowena Belmore había logrado depositar toda su confianza y plenitud absoluta, esa con la cual podía corroborar una felicidad inconclusa y que sabía no tendría buen fin si seguían las cosas tal como iban pero... no suponía ni en sus pesadillas más nítidas que se arruinarían tanto como para aquel entonces y entonces la pregunta se acentuaba aún más... sabía que podía confiar en él pero la gran disyuntiva era, ¿podía confiar en que él seguiría confiando en ella?.
Rowena se arrepentía en aquel instante de no haberle dicho toda la verdad pues a fin de cuentas no era como si le hubiese mentido rotundamente, todo lo que le había dicho de su vida era completa verdad pero ocultando un par de datos que sabía podían ser determinantes en su relación, ... había ocultado demasiada información valiosa que al menos en ese instante le estaba jugando tan en contra que sabía lo podía destruir todo pues él se había armado una imagen de ella inferior cuando en realidad la castaña en algún momento de su vida había llegado ser tanto como él... hasta que por supuesto, su padre había muerto. — Él y yo... — joder, ¿cómo decirlo?, ¿cómo siquiera empezar una historia de la cual él no tenía idea y que jamás en la vida había llegado a comentarle a alguien?.
Tenían poco tiempo, casi nada, como él había mencionado pues sabía que notarían su ausencia, la de ella no importaba, al menos hasta ese día no había importado, casi podía sentir la llegada del hombre con el cual había compartido parte de su juventud para delatar una verdad que aún no profesaba. Habían pasado varios segundos desde que la castaña se había atrevido a abrir la boca y el nerviosismo corroía por completo sus sentidos, casi podía sentir que sus manos temblaban y de paso también sus piernas lo hacían, sin embargo de manera muy distinta a como lo hacía junto a él en los oscuros escondites del castillo.
Sintió la urgencia en la mirada de Gerold, ese hombre que exigía la verdad y de algún modo lo merecía pero... ¿cómo decirle algo que ella tanto se había esmerado en ocultar?... sintió su insistencia y las palabras salieron como una catapulta en la que movió sus manos con celeridad y desesperación, como sacando por fin de adentro un secreto que debía de mantener oculto. — Él y yo nos íbamos a casar. — urgió a declarar mientras le miraba por largos, eternos y efímeros segundos en los que solo se sentía decepcionada de si misma, de no ser suficiente. Así fue como descendió su vista desde los ocelos ajenos hasta el suelo, queriendo que al menos en aquel instante le tragara la minúscula porción de tierras y polvos que se arrinconaban en las esquinas del castillo para no volver a salir.
Rowena se arrepentía en aquel instante de no haberle dicho toda la verdad pues a fin de cuentas no era como si le hubiese mentido rotundamente, todo lo que le había dicho de su vida era completa verdad pero ocultando un par de datos que sabía podían ser determinantes en su relación, ... había ocultado demasiada información valiosa que al menos en ese instante le estaba jugando tan en contra que sabía lo podía destruir todo pues él se había armado una imagen de ella inferior cuando en realidad la castaña en algún momento de su vida había llegado ser tanto como él... hasta que por supuesto, su padre había muerto. — Él y yo... — joder, ¿cómo decirlo?, ¿cómo siquiera empezar una historia de la cual él no tenía idea y que jamás en la vida había llegado a comentarle a alguien?.
Tenían poco tiempo, casi nada, como él había mencionado pues sabía que notarían su ausencia, la de ella no importaba, al menos hasta ese día no había importado, casi podía sentir la llegada del hombre con el cual había compartido parte de su juventud para delatar una verdad que aún no profesaba. Habían pasado varios segundos desde que la castaña se había atrevido a abrir la boca y el nerviosismo corroía por completo sus sentidos, casi podía sentir que sus manos temblaban y de paso también sus piernas lo hacían, sin embargo de manera muy distinta a como lo hacía junto a él en los oscuros escondites del castillo.
Sintió la urgencia en la mirada de Gerold, ese hombre que exigía la verdad y de algún modo lo merecía pero... ¿cómo decirle algo que ella tanto se había esmerado en ocultar?... sintió su insistencia y las palabras salieron como una catapulta en la que movió sus manos con celeridad y desesperación, como sacando por fin de adentro un secreto que debía de mantener oculto. — Él y yo nos íbamos a casar. — urgió a declarar mientras le miraba por largos, eternos y efímeros segundos en los que solo se sentía decepcionada de si misma, de no ser suficiente. Así fue como descendió su vista desde los ocelos ajenos hasta el suelo, queriendo que al menos en aquel instante le tragara la minúscula porción de tierras y polvos que se arrinconaban en las esquinas del castillo para no volver a salir.
Valdecuerno | Tarde-noche | con Gerold Brax
ah...those two. In a fight they're lethal but when they are around each other...they melt.
Re: × Hearts on fire {+18}
"song for the dead" |
El ceño de Gerold era cada vez más pronunciado, y sus ojos parecían a punto de estallar en llamas. ¿Por qué Rowena no hablaba? ¿Tan importante era lo que tenía que decirle? Lo peor de todo es que no se hacía ni la más remota idea de que sí, lo era. Cuando por fin abrió los labios, relajó su ceño: confiaba en ella, así que dijese lo que dijese, tenía que actuar con normalidad. Como siempre.
Cuando escuchó la verdad, sintió que perdía el equilibrio. De no haber estado apoyado en la pared, se habría caído. Sintió cómo alguien le echaba varios cubos de agua fría encima para luego golpearle en todas las zonas posibles; los pasillos se movieron durante apenas unos instantes, pero parpadeó para evitar marearse y recomponerse. Se limpió la garganta, y sus ojos brillaron sin poder evitarlo. Hasta su mundo prohibido, el supuestamente perfecto, parecía a punto de desmoronarse. Se frotó los ojos, como si acabase de despertarse, y suspiró.
—Y pensabas informarme de algo así... ¿cuándo, cuándo ese tío te haya dejado en ridículo delante de todo el comedor? No creo que mi familia se tome bien saber quién eres. Sí, es un primo tan lejano que apenas concemos a su familia... pero quién sabe si mi padre está al tanto de su vida amorosa. Esto es... dios, es como una pesadilla... los Siete me odian —suspiró, no estaba enfadado, sino decepcionado. Alzó la vista y miró a Rowena, colocando las manos en sus hombros; sin embargo, no había rastro de cariño o aprecio en tal gesto—. Será mejor que vuelva ahí dentro, tú espera unos segundos. Cuando la cena acabe... cuando todos estén dormidos... ve donde siempre. Y más vale que me expliques todo.
Había estado lunas y ciclos enteros queriendo y adorando en secreto a alguien que le había mentido. Ely también le mentía, sí, pero no era una mentira de la misma envergadura. ¿Cómo alguien que iba a casarse con un señor más o menos rico de las tierras del Oeste acababa siendo prostituta para luego ser rescatada por otro noble que la colocaría de sirvienta y doncella en su castillo? Algo tuvo que pasarla, y eso era lo que le preocupaba, lo que le asustaba: la pieza restante del puzzle. La soltó, en un gesto que se acercaba a un empujón, y volvió adentro, como si realmente volviese del servicio y no de haberse enterado de que su amante, a la que realmente quería, le había mentido durante tanto tiempo. Ni siquiera tenía más hambre.
Cuando escuchó la verdad, sintió que perdía el equilibrio. De no haber estado apoyado en la pared, se habría caído. Sintió cómo alguien le echaba varios cubos de agua fría encima para luego golpearle en todas las zonas posibles; los pasillos se movieron durante apenas unos instantes, pero parpadeó para evitar marearse y recomponerse. Se limpió la garganta, y sus ojos brillaron sin poder evitarlo. Hasta su mundo prohibido, el supuestamente perfecto, parecía a punto de desmoronarse. Se frotó los ojos, como si acabase de despertarse, y suspiró.
—Y pensabas informarme de algo así... ¿cuándo, cuándo ese tío te haya dejado en ridículo delante de todo el comedor? No creo que mi familia se tome bien saber quién eres. Sí, es un primo tan lejano que apenas concemos a su familia... pero quién sabe si mi padre está al tanto de su vida amorosa. Esto es... dios, es como una pesadilla... los Siete me odian —suspiró, no estaba enfadado, sino decepcionado. Alzó la vista y miró a Rowena, colocando las manos en sus hombros; sin embargo, no había rastro de cariño o aprecio en tal gesto—. Será mejor que vuelva ahí dentro, tú espera unos segundos. Cuando la cena acabe... cuando todos estén dormidos... ve donde siempre. Y más vale que me expliques todo.
Había estado lunas y ciclos enteros queriendo y adorando en secreto a alguien que le había mentido. Ely también le mentía, sí, pero no era una mentira de la misma envergadura. ¿Cómo alguien que iba a casarse con un señor más o menos rico de las tierras del Oeste acababa siendo prostituta para luego ser rescatada por otro noble que la colocaría de sirvienta y doncella en su castillo? Algo tuvo que pasarla, y eso era lo que le preocupaba, lo que le asustaba: la pieza restante del puzzle. La soltó, en un gesto que se acercaba a un empujón, y volvió adentro, como si realmente volviese del servicio y no de haberse enterado de que su amante, a la que realmente quería, le había mentido durante tanto tiempo. Ni siquiera tenía más hambre.
Valdecuerno | Tarde-noche | con Rowena Belmore

- All hail, Macbeth:

- The fastest man alive:

Re: × Hearts on fire {+18}
"song for the dead" |
Cuando Gerold se encargó de quitarla del camino de tal forma, sintió como de pronto toda la culpabilidad invadía su sentimentalismo de una manera poco común a lo que realmente estaba acostumbrada a sentir y es que Rowena Belmore era una persona de la cual siempre se había esperado una desligación absoluta de la culpa, de la tragedia del sumo dramatismo que se dirigía como redundante en una situación de paranoias, a como lo definía ella, sin embargo, en ése instante y solo en ése instante, por primera vez en mucho tiempo, una acidez recorrió por completo el camino tranquilo de su saliva en lo que asumía que la había cagado. Culpa, eso se llamaba culpa.
Asintió con un veloz movimiento en lo que removía su cabello hacia un costado como si esperase que por ello, por aquel movimiento de desprendimiento y soltura, toda su vida de pronto mejorara cuando lo cierto era que ya desde hacía mucho tiempo venía cagando hasta los más efímero de las profundidades y en eso pensaba cuando aguardó un par de minutos para volver a asistir en el gran comedor a servir los siguientes platos y servicios que restaban y que sus impulsos por otra parte habían determinado a segundos atrás en no seguir, pero es que, ¿cómo hacerlo con él ahí?, y con 'él' no se refería en lo absoluto a Gerold, muy por el contrario toda su atención al menos por esa velada estuvo totalmente desconcentrada del hombre que le había llevado hasta tal castillo pretendiendo enfundar en ella una buena vida. Sus ojos divagaban terminando siempre en el mismo rostro, ése con el cual siempre que conectaba sus miradas le pillaba mirándole, casi escudriñando con el cuestionamiento marcado en su rostro. Quizá se preguntaba, ¿qué hacía ella ahí?, ¿cómo es que había terminado sirviendo platos?, ¿cómo es que luego de que todos sus planes se desmoronaran ella había terminado por caer en la miseria?. Pues, la respuesta ni ella la sabía.
Las horas pasaron lentas, tanto que su desconcierto se acrecentaba al notar que no tan solo él se concentraba en ella sino que también lo hacían quienes notaban esa tensión inminente en el aire. Por eso precisamente, cuando llegó la hora de marchar, Rowena se enfundó entre los pasillos, se escondió entre los pliegues de las sombras aguardando a que no quedara vestigio de aquel sujeto, lográndolo, eventualmente. Las siguientes horas pasaron tranquilas en lo que terminaba la rutina de su día en el trabajo y solo para cuando la gran mayoría se fue a dormir, Belmore dirigió sus pasos hasta ése lugar en un repiqueteo tembloroso e insolado por el terror. No fue hasta cuando llegó allí que todos sus fantasmas se presentaron con ironías terribles de por medio, ¿no había ocultado eso toda su vida?, pues ahora debía revelarlo y aguardar a por que sus peores pesadillas terminaran con su dicha.
Asintió con un veloz movimiento en lo que removía su cabello hacia un costado como si esperase que por ello, por aquel movimiento de desprendimiento y soltura, toda su vida de pronto mejorara cuando lo cierto era que ya desde hacía mucho tiempo venía cagando hasta los más efímero de las profundidades y en eso pensaba cuando aguardó un par de minutos para volver a asistir en el gran comedor a servir los siguientes platos y servicios que restaban y que sus impulsos por otra parte habían determinado a segundos atrás en no seguir, pero es que, ¿cómo hacerlo con él ahí?, y con 'él' no se refería en lo absoluto a Gerold, muy por el contrario toda su atención al menos por esa velada estuvo totalmente desconcentrada del hombre que le había llevado hasta tal castillo pretendiendo enfundar en ella una buena vida. Sus ojos divagaban terminando siempre en el mismo rostro, ése con el cual siempre que conectaba sus miradas le pillaba mirándole, casi escudriñando con el cuestionamiento marcado en su rostro. Quizá se preguntaba, ¿qué hacía ella ahí?, ¿cómo es que había terminado sirviendo platos?, ¿cómo es que luego de que todos sus planes se desmoronaran ella había terminado por caer en la miseria?. Pues, la respuesta ni ella la sabía.
Las horas pasaron lentas, tanto que su desconcierto se acrecentaba al notar que no tan solo él se concentraba en ella sino que también lo hacían quienes notaban esa tensión inminente en el aire. Por eso precisamente, cuando llegó la hora de marchar, Rowena se enfundó entre los pasillos, se escondió entre los pliegues de las sombras aguardando a que no quedara vestigio de aquel sujeto, lográndolo, eventualmente. Las siguientes horas pasaron tranquilas en lo que terminaba la rutina de su día en el trabajo y solo para cuando la gran mayoría se fue a dormir, Belmore dirigió sus pasos hasta ése lugar en un repiqueteo tembloroso e insolado por el terror. No fue hasta cuando llegó allí que todos sus fantasmas se presentaron con ironías terribles de por medio, ¿no había ocultado eso toda su vida?, pues ahora debía revelarlo y aguardar a por que sus peores pesadillas terminaran con su dicha.
Valdecuerno | Noche | con Gerold Brax
ah...those two. In a fight they're lethal but when they are around each other...they melt.
Página 2 de 3. •
1, 2, 3 
Temas similares» Hearts on fire {élite}
» Hearts on fire {élite}
» [XP] Tilesets de Kingdom Hearts Chain of Memories
» KH [Kingdom Hearts] Fan Club
» ¿Ordeal of Fire en Nickelodeon?
» Hearts on fire {élite}
» [XP] Tilesets de Kingdom Hearts Chain of Memories
» KH [Kingdom Hearts] Fan Club
» ¿Ordeal of Fire en Nickelodeon?
Página 2 de 3.
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.





































































» —Howling at the moon
» Ausencias y Bajadas de actividad
» — Stairway to Hell
» —No music, no life
» 2. Keep calm, it's shopping day!
» ✘ Magnet
» — There's no guarantee, that this will be easy
» — You can cut all the flowers, but you can't stop spring from coming
» Pedido de afiliaciones Normales
» ▬ Carnivale
» ♠ By no one more than me.
» Time Of Rocks
» Show me how it feels to be loved. [Buzón]
» A work for soviets