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Crónica de una Muerte Anunciada
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Crónica de una Muerte Anunciada
Crónica de Una muerte anunciada.
Regina/Alexia ৹ Blancanieves/ MISTLETOE ৹ Castillo de Leopoldo.
Nos situamos después de la muerte del padre de Blancanieves, Leopoldo. Lo que parece una victoria para Regina realmente es un suplicio, pues viva está Blancanieves. El genio convertido en espejo y la primera noche para Blancanieves y Regina solas en ese inmenso castillo, comienzan los cambios y la retorcida transformación de la Reina Malvada. Después del velatorio, la Reina y Blancanieves se disponen a cenar.
Regina Mills 37 ৹ Lana Parrilla ৹ Alexia Winston Hija de Cora Mills, y ahora madrastra de Blancanieves, viuda por segunda vez. Ha engañado a Sidney el genio para asesinar a Leopoldo. |
Blancanieves 18 ৹ Ginnifer Goodwin ৹ MISTLETOE Hija de Leopoldo y de Eva, la muchacha es dulce y quiere llevarse bien con Regina, aun no sabe que por su culpa murió el amor verdadero de Regina. |
Re: Crónica de una Muerte Anunciada
Crónica de una Muerte anunciada
DATOS SOBRE EL TEMA LUGAR HORA COMPAÑIA
Regina Mills Edad: 37 Viuda Rango: Furtura Reina About: Su amor verdadero murió gracias a que Blancanieves contó un secreto , el secreto de que Regina amaba a su profesor de equitación. Obligada a casarse con Leopoldo, y soportar a Blancanieves. | Habían pasado un par de horas desde el frío entierro de Leopoldo, bajo la primera mirada impávida de Regina. Estaba realmente agotada de fingir que su primer triunfo le podía generar algo de tristeza. No era así, de ningún modo. Regina rebosaba de alegría en su interior, pero bajo su rostro se veía acongojada por la misteriosa muerte del Rey. Durante su existencia, Leopoldo había estado lo menos posible con la Reina Malvada, pero cuando estaba con ella puertas para dentro las cosas eran bastante duras. La primera noche de bodas, de ambos era y prometía ser algo diferente. Cada uno en una esquina de una cama sentados de lado contrario de espaldas al uno al otro. L- Tengo que hacerlo ¿ Lo sabes verdad?- Ante aquellas palabras Regina derramó una lágrima en absoluto silencio, primero por la ausencia de Daniel, y segundo por que la única y primera vez había sido tan hermosa que no deseaba ensuciar su cuerpo por un absurdo contrato. Y aun así lo que decía el hombre... era lo que decía el hombre. Deslizó el cuchillo por el pollo, suavemente y lentamente disfrutando del manjar de la cena. Se situaba en un extremo de una mesa larga de madera, bajo un salón señorial. Iba de negro por respeto, y tradición, pero no lamentaba para nada la muerte del Rey. - Debéis comer un poco más querida - Mencióno a Blanca mientras limpiaba sus labios suavemente con una servilleta. Inclinó la cabeza un poco para observar a su hijastra, con una mirada triste afectada por la muerte. Ella más que nada sabía lo que era la muerte de un ser querido. ¿Qué menos que hacer que ella misma lo viera de primera mano? Para Regina su labor era enseñar, y sobre todo darle todo lo que se merece a su nueva hija , de la cual se iba a preocupar en que aprendiera de los errores y de la vida de la manera más cruel posible. Empezaba a darle lo mismo, y a querer mostrar el porqué de su amargura, ya era mayor para no ocultarle más las durezas que había tenido que sufrir por su culpa. |
Be O'hazard playin' Necart
Re: Crónica de una Muerte Anunciada
Crónica de una muerte anunciada

No recordaba un día tan triste y devastador. No solo había perdido a un padre, también a un rey, a un amigo, a un protector. El difunto Leopoldo había amado a su hija por encima de todo y hasta su último aliento. Si tan solo le hubiera dicho que lo quería la última vez que habló con él... Posiblemente era eso lo queperturbaba al ser humano cuando la muerte le arrebataba a un ser querido; el no haber tenido la oportunidad de despedirse. Qué cierto era el dicho que aseguraba que uno no valoraba lo que tenía hasta que lo perdía. Pero Blanca ya había pasado por eso, pues había que recordar que cuando era una chiquilla perdió a su madre. ¿Qué haría ahora? Se había quedado huérfana y desamparada, con tan solo dieciocho años y sin experiencia alguna sobre lo que era la vida. El mundo parecía caérsele encima.
La voz de Regina rompió el silencio, ahuyentando por un momento a los fantasmas que la martirizaban. Sus pupilas abandonaron el vacío en el que se había perdido desde hacía rato. Se sorprendió al identificar un plato con pavo delante de ella. Ni siquiera se había dado cuenta de que lo habían servido.
-No tengo hambre.- Su voz sonó débil y algo ronca a causa del tiempo que llevaba sin hablar. Blancanieves, la jovencita risueña y feliz, la que hablaba hasta por los codos, había enmudecido y estaba completamente apagada. -Mi corazón está roto.- Hablar solo acrecentaba sus ganas de llorar. Reprimió un sollozo sin dejar de contemplar a su madrastra, ahora viuda y aún tan joven.
-Pero... estoy siendo egoísta. Ando tan sumida en mi propia desolación que no os he preguntado cómo estáis vos. Disculpadme, Regina.- La miró apenada y con cierto sentimiento de culpa. -Tampoco debe ser fácil para vos. Sabed que no estáis sola, pues me tenéis a mí.- Ambas habían perdido a alguien importante, a alguien amado, y ambas se habían quedado solas de alguna manera. Podrían apoyarse mutuamente. -¿Qué haremos ahora, Regina?- ¿Estaban preparadas para asumir el papel de Leopoldo? ¿Cómo debían actuar a partir de ese momento? No podían fallar a su pueblo, mas no contaban con la experiencia necesaria para tan importante encomienda. Podría parecer frívolo que tan solo un par de horas después de enterrar al rey ya estuvieran haciendo planes, pero lo único que Blanca quería era actuar con la cabeza, hacer que su padre, allá donde estuviera, se sintiera orgulloso de ella y supiera que su reino estaba en buenas manos. Era su destino y no podía defraudar a quienes tuvieran puestas las esperanzas en ella.
La voz de Regina rompió el silencio, ahuyentando por un momento a los fantasmas que la martirizaban. Sus pupilas abandonaron el vacío en el que se había perdido desde hacía rato. Se sorprendió al identificar un plato con pavo delante de ella. Ni siquiera se había dado cuenta de que lo habían servido.
-No tengo hambre.- Su voz sonó débil y algo ronca a causa del tiempo que llevaba sin hablar. Blancanieves, la jovencita risueña y feliz, la que hablaba hasta por los codos, había enmudecido y estaba completamente apagada. -Mi corazón está roto.- Hablar solo acrecentaba sus ganas de llorar. Reprimió un sollozo sin dejar de contemplar a su madrastra, ahora viuda y aún tan joven.
-Pero... estoy siendo egoísta. Ando tan sumida en mi propia desolación que no os he preguntado cómo estáis vos. Disculpadme, Regina.- La miró apenada y con cierto sentimiento de culpa. -Tampoco debe ser fácil para vos. Sabed que no estáis sola, pues me tenéis a mí.- Ambas habían perdido a alguien importante, a alguien amado, y ambas se habían quedado solas de alguna manera. Podrían apoyarse mutuamente. -¿Qué haremos ahora, Regina?- ¿Estaban preparadas para asumir el papel de Leopoldo? ¿Cómo debían actuar a partir de ese momento? No podían fallar a su pueblo, mas no contaban con la experiencia necesaria para tan importante encomienda. Podría parecer frívolo que tan solo un par de horas después de enterrar al rey ya estuvieran haciendo planes, pero lo único que Blanca quería era actuar con la cabeza, hacer que su padre, allá donde estuviera, se sintiera orgulloso de ella y supiera que su reino estaba en buenas manos. Era su destino y no podía defraudar a quienes tuvieran puestas las esperanzas en ella.
❄ thanks winter!
Re: Crónica de una Muerte Anunciada
Crónica de una Muerte anunciada
DATOS SOBRE EL TEMA LUGAR HORA COMPAÑIA
Regina Mills Edad: 37 Viuda Rango: Furtura Reina About: Su amor verdadero murió gracias a que Blancanieves contó un secreto , el secreto de que Regina amaba a su profesor de equitación. Obligada a casarse con Leopoldo, y soportar a Blancanieves. | Estaba muy lejos de ser quien había sido cuando de manera dulce la había salvado la vida cuando Blanca calló de aquél caballo. Estaba muy lejos de ser aquella mujer que con ternura le enseño a Blanca que el amor era lo más importante en la vida, y que debía comprender que ella no amaba a su padre. Cuando vio sus ojos teñidos de dolor ese dolor que una vez ella misma sintió se mordió el labio observando la suculenta imagen de la joven. Por lo visto no era idiota más ya pensaba en tomar las riendas de su padre. Regina con su falsa congoja la miró poniendo su propia mano en el pecho en señal de asombro - No sé como podéis pensar siquiera tomar las riendas- hizo un gesto alzando una ceja como si estuviera ofendida. - Vuelvo a estar viuda, parece como si mi sino fuera no poder... - se quedó callada sin pronunciar la palabra amor. Era un dolor muy fingido, pero el hecho de que la cría quisiera tomar cartas en el asunto la ofendía de tal manera que parecía llorar por la muerte de Leopoldo. - Creo que deberíais dejarme eso a mi, es lo menos que puedo hacer por vuestro padre querida- La miró a los ojos con una amargura profunda ¡ Ahí estaba la asesina de su amor verdadero! llorando como una desperada, ignorando lo cretino que había sido su propio padre con Regina, pero aun ella quería jugar un poco más. |
Be O'hazard playin' Necart
Re: Crónica de una Muerte Anunciada
Crónica de una muerte anunciada

La respuesta de su madrastra la dejó algo desorientada y sin saber qué decir a continuación. Quizás Regina había malinterpretado sus palabras y esta pensaba que Blanca quería quitarla del medio como si su nueva condición de viuda se equiparara a la de una piedra en su zapato. ¿Pensaría eso realmente? Y si lo hacía... ¿cómo podía pensar tal cosa? Regina era la viuda de su padre, la mujer con el que este había pasado el final de su vida, y eso no podía ser obviado. Antes de abrir la boca, Blanca seleccionó las palabras adecuadas para que no volviera a darse una situación incómoda o que su acompañante se sintiera atacada.
—Regina, vos os casasteis con mi padre, vos alegrasteis sus últimos días, vos habéis servido a este reino desde el principio, vos... sois la reina. No quisiera que pensarais que la muerte de mi padre representa vuestra anulación. Ahora sois la única familia que me queda. Quizá no nos una la sangre, pero nuestras vidas se entrelazaron desde el momento en que aceptasteis desposaros con el rey. No voy a dejaros sola. Ambas haremos resurgir este reino, lo mejoraremos cada día y podremos sentirnos orgullosas habiendo cumplido nuestra labor. Debemos estar más unidas que nunca. Estoy segura de que mi padre así lo habría deseado.—
Vertió un poco de agua en el interior de una fina y pulcra copa de cristal. De repente tuvo la necesidad de humedecer sus labios y suavizar su garganta.
—Mi padre me informó de todo.— De hecho, durante los últimos dos meses había insistido más que nunca en que Blanca conociese todo sobre su reino, los problemas que provocaban la inestabilidad y los posibles remedios para solventarlos y que todos estuvieran contentos. Como si el propio Leopoldo hubiera intuido que su final estaba cerca. —Sé sobre las finanzas y la situación económica, así como las propiedades y tierras más provechosas de las que sacar partido. También tengo información sobre los terratenientes más conflictivos, a algunos hasta los he visto embravecidos contra mi padre. Debemos tener cuidado e intentar que los más ambiciosos no sigan enriqueciéndose a costa de los que menos tienen. ¿Sabéis que algunos jornaleros son explotados sin compasión? Me ocuparé de que dejen de aprovecharse de esa pobre gente.—
Guardó silencio. Justo entonces se preguntó si era apropiado tratar esos asuntos en aquel momento. La respuesta fue sencilla. No, no lo era.
—Pero no quiero preocuparos con estas cuestiones ahora mismo. Tendremos tiempo de ponernos al día con los asuntos del reino. Ahora hay que respetar nuestro duelo y nuestra pérdida. Estáis muy pálida. ¿Puedo hacer algo por vos para eximiros de la tristeza que os acongoja?— Pese al dolor que reflejaba su rostro, Regina seguía viéndose tan resistente y hermosa como siempre. En eso se parecían bastante las dos; ambas eran mujeres de carácter y de mucha fuerza.
—Regina, vos os casasteis con mi padre, vos alegrasteis sus últimos días, vos habéis servido a este reino desde el principio, vos... sois la reina. No quisiera que pensarais que la muerte de mi padre representa vuestra anulación. Ahora sois la única familia que me queda. Quizá no nos una la sangre, pero nuestras vidas se entrelazaron desde el momento en que aceptasteis desposaros con el rey. No voy a dejaros sola. Ambas haremos resurgir este reino, lo mejoraremos cada día y podremos sentirnos orgullosas habiendo cumplido nuestra labor. Debemos estar más unidas que nunca. Estoy segura de que mi padre así lo habría deseado.—
Vertió un poco de agua en el interior de una fina y pulcra copa de cristal. De repente tuvo la necesidad de humedecer sus labios y suavizar su garganta.
—Mi padre me informó de todo.— De hecho, durante los últimos dos meses había insistido más que nunca en que Blanca conociese todo sobre su reino, los problemas que provocaban la inestabilidad y los posibles remedios para solventarlos y que todos estuvieran contentos. Como si el propio Leopoldo hubiera intuido que su final estaba cerca. —Sé sobre las finanzas y la situación económica, así como las propiedades y tierras más provechosas de las que sacar partido. También tengo información sobre los terratenientes más conflictivos, a algunos hasta los he visto embravecidos contra mi padre. Debemos tener cuidado e intentar que los más ambiciosos no sigan enriqueciéndose a costa de los que menos tienen. ¿Sabéis que algunos jornaleros son explotados sin compasión? Me ocuparé de que dejen de aprovecharse de esa pobre gente.—
Guardó silencio. Justo entonces se preguntó si era apropiado tratar esos asuntos en aquel momento. La respuesta fue sencilla. No, no lo era.
—Pero no quiero preocuparos con estas cuestiones ahora mismo. Tendremos tiempo de ponernos al día con los asuntos del reino. Ahora hay que respetar nuestro duelo y nuestra pérdida. Estáis muy pálida. ¿Puedo hacer algo por vos para eximiros de la tristeza que os acongoja?— Pese al dolor que reflejaba su rostro, Regina seguía viéndose tan resistente y hermosa como siempre. En eso se parecían bastante las dos; ambas eran mujeres de carácter y de mucha fuerza.
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Re: Crónica de una Muerte Anunciada
Crónica de una Muerte anunciada
DATOS SOBRE EL TEMA LUGAR HORA COMPAÑIA
Regina Mills Edad: 37 Viuda Rango: Furtura Reina About: Su amor verdadero murió gracias a que Blancanieves contó un secreto , el secreto de que Regina amaba a su profesor de equitación. Obligada a casarse con Leopoldo, y soportar a Blancanieves. | Ya se lo había dicho su madre más de una vez. Los problemas de alcoba eran siempre los problemas de alcoba. Era verdad que la joven Blancanieves desconocía las hazañas de su padre, y que ella la propia Regina ya la había protegido demasiado durante mucho tiempo. - Me alegra que tengáis claro que soy la Reina ahora- Se acarició la cara levemente observándose en uno de los espejos y se mordió el labio - Estoy Blanca por que vuestro padre en vida no me dejaba ver la luz del sol. Tantas idas y venidas... dejándonos solas a las dos - Tomó sus manos y las besó - Mi querida Blancanieves, nos ha dejado un legado de plebeyos que se sublevan porque ahora pueden hacer lo que les de la gana. Más yo no dejaré que eso ocurra. Acarició su rostro con una mano sin apartar la mirada de la de la muchacha, reprimiendo de nuevo esos instintos que habían nacido debido al dolor que la propia Blancanieves la había formado. Hizo un silencio pronunciado - Yo no amaba a tu padre, ni tu padre me amaba a mi - dijo Regina de una manera fría sin apartar la mirada de la muchacha. Durante esa ausencia de Leopoldo, cuando el no estaba había conocido a un poderoso hechicero. El le había enseñado ha hacer los primeros gestos de magia , y poco a poco su fuerza iba aumentando, según pasaba los días. Ya estaba pensando como deshacerse de Blancanieves pues su odio no había mermado en absoluto. |
Be O'hazard playin' Necart
Re: Crónica de una Muerte Anunciada
Crónica de una muerte anunciada

La voz de Regina sonó imperante en un principio. Luego, con ese contacto físico entre ambas, se tornó gélida y punzante como una daga afilada. Un escalofrío había brotado desde su nuca hasta sus pies. La actitud de su madrastra estaba siendo extraña, y aunque podía deberse al shock y la inestable condición emocional por la que estaban atravesando, algo hacía que Blanca frunciera el ceño con preocupación y la mirara con detenimiento. Parecía que la reina recordaba con angustia y pesar aquellos momentos en los que el rey abandonaba las tierras del reino por un periodo determinado. Además, hacía mención a algún trauma ocasionado por su posible encierro constante en el palacio. Blanca siempre había pensado que Regina era una mujer que disfrutaba de la soledad, que prefería guarecerse en sus aposentos a merodear por el exterior. Lo último que imaginaba era que se sintiera presa entre aquellas paredes.
El entrecejo se le arrugó aún más. ¿Los plebeyos eran el problema? Regina no había entendido muy bien lo que Blancanieves le había dicho. Estaba dispuesta a replicar, a corregir a Regina para asegurarle que el problema radicaba en aquellos que explotaban día a día a los jornaleros y campesinos. Pero no tuvo tiempo de enzarzarse en esa disputa, pues las siguientes palabras de su madrastras la dejaron completamente helada.
—Pero...— Entrecerró los ojos en busca de las palabras que expresaran su desconcierto. Su rostro sí mostraba lo confusa que estaba al respecto. No esperaba que Leopoldo y Regina se amaran y desearan cual adolescentes novatos, pero sí había confiado en que había cariño y respeto entre ellos. Blanca nunca oyó una queja de Regina, un reproche o una palabra mal sonante hacia su padre. —Re... Regina. Miradme, miradme por favor.— Adoptó una postura más directa hacia su interlocutora. —¿Por qué decís eso? ¿Erais infeliz en vuestro matrimonio?— De verdad que le preocupaba la respuesta. Como hija no tenía ninguna queja de Leopoldo, sin embargo no podía saber si con su esposa ocurría lo mismo. —¿Por qué pensáis que mi padre no os amaba? Vos sois hermosa, joven, educada y siempre habéis sido dulce y buena. ¿Cómo no iba a amaros mi padre?—
El entrecejo se le arrugó aún más. ¿Los plebeyos eran el problema? Regina no había entendido muy bien lo que Blancanieves le había dicho. Estaba dispuesta a replicar, a corregir a Regina para asegurarle que el problema radicaba en aquellos que explotaban día a día a los jornaleros y campesinos. Pero no tuvo tiempo de enzarzarse en esa disputa, pues las siguientes palabras de su madrastras la dejaron completamente helada.
—Pero...— Entrecerró los ojos en busca de las palabras que expresaran su desconcierto. Su rostro sí mostraba lo confusa que estaba al respecto. No esperaba que Leopoldo y Regina se amaran y desearan cual adolescentes novatos, pero sí había confiado en que había cariño y respeto entre ellos. Blanca nunca oyó una queja de Regina, un reproche o una palabra mal sonante hacia su padre. —Re... Regina. Miradme, miradme por favor.— Adoptó una postura más directa hacia su interlocutora. —¿Por qué decís eso? ¿Erais infeliz en vuestro matrimonio?— De verdad que le preocupaba la respuesta. Como hija no tenía ninguna queja de Leopoldo, sin embargo no podía saber si con su esposa ocurría lo mismo. —¿Por qué pensáis que mi padre no os amaba? Vos sois hermosa, joven, educada y siempre habéis sido dulce y buena. ¿Cómo no iba a amaros mi padre?—
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Re: Crónica de una Muerte Anunciada
Crónica de una Muerte anunciada
DATOS SOBRE EL TEMA LUGAR HORA COMPAÑIA
Regina Mills Edad: 37 Viuda Rango: Furtura Reina About: Su amor verdadero murió gracias a que Blancanieves contó un secreto , el secreto de que Regina amaba a su profesor de equitación. Obligada a casarse con Leopoldo, y soportar a Blancanieves. | Había sentido el amor, no había durado lo que ella deseaba pero estaba profundamente enamorada, muy enamorada a decir verdad. Le parecía inviable las parejas que casaban por un contrato y de manera extraña había terminado de esa manera. Leopoldo no era como Blancanieves creía, no era un buen hombre sobre todo cuando una noche la comparó con su propia madre, como si aquello fuera malo. Y lo era pues Cora le había empujado a un matrimonio que no se iba a consumir jamás. Por un momento la morena se quedó callada observando hablar a Blancanieves, y en aquel momento fantaseo con posar sus manos a su cuello, como si fuera un colgante humano y apretar levemente ejerciendo la presión correcta para que no respirara ni siquiera un poco. Se mordió un poco el labio tras aquella fantasía. - Es algo complicado- respondió volviendo en sí y se puso de pié. - En un matrimonio por intereses y por papeleo jamás hay amor, ni cariño- Dudaba que esa noche pudiera dormir así que se sentó en el sillón en frente del fuego esperando que Blanca también lo hiciera, aunque no le apeteciera tener que explicarle estas cosas a Blancanieves, pues era de seguro que no lo entendería ni lo crería. Para una hija, un padre era importante, como lo había sido el suyo porpió. Una vez sentada se apoyó en un lado de aquel aterciopelado sofá mirándo el fuego deseando de nuevo en otra oscura fantasía meterla dentro. Su pesar era demasiado profundo, pues estaba viuda desde hace mucho tiempo. Acarició con delicadeza su anilló, el que su prometido Daniel le había regalado alguna vez. Ante aquel acto los ojos de Regina brillaron de emoción y recuerdo. |
Be O'hazard playin' Necart
Re: Crónica de una Muerte Anunciada
Crónica de una muerte anunciada

Después de lo ocurrido, se había esperado una cena silenciosa, aburrida, lejos de cualquier atisbo de ajetreo o gestión, pero la realidad estaba siendo bien distinta. ¿Desde cuándo no tenía una conversación profunda y sincera con su madrastra? Desde hacía mucho tiempo. Blanca recordaba a la Regina aventurara, a la afable, la que siempre estaba dispuesta a bendecirte con una sonrisa jovial y llena de vida, una Regina que se había perdido tiempo atrás. Las razones las desconocía, y en ese momento Blancanieves se sintió ligeramente culpable por no haber mostrado mayor atención a la mujer. ¿Se habría sentido sola? Cora, su madre, la había acompañado y apoyado siempre, pero quizás no era suficiente para ella.
En su rostro se dibujó la decepción y el desasosiego. ¿Matrimonio por intereses? ¿Por papeleo? No había nada más horrible en el mundo. Las princesas bien sabían que su vida quedaba vinculada a los intereses de la corona, algunas incluso eran prometidas nada más nacer, pero ella siempre tuvo clara una cosa, y es que jamás se casaría con alguien impuesto, con alguien a quien no amara. El silencio la observó, pasó por su lado y se sentó en un sillón cercano al fuego. Como un imán, la joven Blanca se dirigió hacia ella. Medio arrodillada ante Regina, en el suelo, la contempló desde allí. —Regina...— Blanca estaba preocupada, además sus ojillos brillaban en ese momento. —¿Por qué lo hicisteis? Quiero decir... ¿por qué os casasteis con mi padre si no existía amor alguno entre ambos?— No sonaba a reproche, sino todo lo contrario. Su tono de voz era sutil y tranquilo, comprensiva e interesada en atender a Regina.
Dada la cercanía, Blanca vislumbró el anillo que brillaba en su delgado dedo. —Este anillo no te lo dio mi padre ¿verdad?—
En su rostro se dibujó la decepción y el desasosiego. ¿Matrimonio por intereses? ¿Por papeleo? No había nada más horrible en el mundo. Las princesas bien sabían que su vida quedaba vinculada a los intereses de la corona, algunas incluso eran prometidas nada más nacer, pero ella siempre tuvo clara una cosa, y es que jamás se casaría con alguien impuesto, con alguien a quien no amara. El silencio la observó, pasó por su lado y se sentó en un sillón cercano al fuego. Como un imán, la joven Blanca se dirigió hacia ella. Medio arrodillada ante Regina, en el suelo, la contempló desde allí. —Regina...— Blanca estaba preocupada, además sus ojillos brillaban en ese momento. —¿Por qué lo hicisteis? Quiero decir... ¿por qué os casasteis con mi padre si no existía amor alguno entre ambos?— No sonaba a reproche, sino todo lo contrario. Su tono de voz era sutil y tranquilo, comprensiva e interesada en atender a Regina.
Dada la cercanía, Blanca vislumbró el anillo que brillaba en su delgado dedo. —Este anillo no te lo dio mi padre ¿verdad?—
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