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— Your Hands Are Cold

Mensaje por Jaegar el Sáb Mayo 28, 2016 1:30 am


1x1 | CRAKSHIP | MOVIE PRIDE & PREJUDICE
Es verdad universalmente admitida que los recién casados poseedores de un ardiente amor y de más de diez mil libras de renta anual, necesitan alejarse de los familiares molestos por un tiempo.

Quizá, cuatro años... ¿O más?

Comienzos del siglo XVIII. Pemberley, Derbyshire. Mr. Darcy y Mrs. Darcy están a semanas de celebrar su cuarto aniversario de sus esponsales. Durante esos años, la pareja ha vivido feliz en su mansión en Pemberley, pero también han pasado por momentos dolorosos como la misteriosa muerte de Mr. Bennet.  Ese hecho ha desatado una ola de disensiones entre los Darcy, enardecidas por las cada vez más frecuentes visitas prolongadas por parte de Mrs. Bennet y Lydia Wickham, así como también el inminente compromiso de Georgiana Darcy con un hombre al cual no ama. Elizabeth aún no lima asperezas con Lady Catherine de Bourgh quien últimamente se ha vuelto muy cercana de Caroline Bingley, haciendo un dueto perfecto contra la forma en que Mrs. Darcy lleva adelante su hogar.

Los Darcy están en la búsqueda de su primer heredero ¿Serán el orgullo y los problemas familiares un obstáculo para conseguir uno de sus sueños más anhelados? Georgiana y los Bingley estarían dichosos de celebrar no solo cuatro sino muchos aniversarios más, muchos. Pero...

ELIZABETH DARCY | 24 AÑOS | KEIRA KNIGHTLEY | QUEEN OF FAIRIES
FITZWILLIAM DARCY | 32 AÑOS | MATTHEW MACFADYEN | JAEGAR
© by Farah.


I WANNA RUIN OUR FRIENDSHIP, WE SHOULD BE LOVERS INSTEAD

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Re: — Your Hands Are Cold

Mensaje por Queen of Fairies el Sáb Mayo 28, 2016 4:25 pm




Your hands are cold

S
Sus ojos recorrieron por tercera vez la línea del libro que se suponía que estaba leyendo y, por tercera vez, no leyó absolutamente nada. Con un suspiro, dejo el libro a un lado después de ponerle una señal. Estaba sola en su salita, por lo que no debía fingir que estaba ocupada. Se levantó y comprobó que la puerta estaba cerrada, por lo que cuando volvió al diván donde había estado sentada, se quitó las chinelas y subió las piernas, para poder abrazarlas y pensar con claridad.

Tenía demasiadas cosas en la cabeza, y todas acababan entrecruzándose. Pero lo que le preocupaba en ese momento era ser consciente de que estaba siendo el blanco de las habladurías de dos de las mujeres que más la odiaban en este mundo. Eso no le importaba, porque era consciente de que hiciera lo que hiciera, jamás lograría ganarse la aprobación de Lady Catherine, y el hecho de que hubiera hecho de la señorita Bingley su confidente y protegida se lo había confirmado de forma taxativa. Procuraba estar por encima de eso, porque realmente, ella tenía la felicidad a su lado. La felicidad se llamaba Fitzwillian Darcy, y era su esposo. Eso debería bastarle, pero esa mañana no le bastaba. No después de lo que había escuchado la noche anterior.

Oh, Lady Catherine y la señorita Bingley sabían perfectamente que ella escucharía su conversación. Afortunadamente, había sido ella, y nadie más. Pero le dolía que hablaran así de un asunto tan íntimo para su matrimonio como era la concepción de un heredero. No era porque no lo intentaran, y desde luego, no era como había dicho la venenosa señorita Bingley, porque ella se encargara de que no sucediera. Una fugaz sonrisa adorno su rostro cuando recordó la cara de mortificación de ambas cuando se había preguntado, en voz suficientemente alta como para que ellas la escucharan, pero lo suficientemente baja como para que no lo hicieran los demás, como una señorita respetable, como la señorita Bingley, era capaz de hablar con tanta soltura sobre algo que solo las damas de dudosa reputación tenían tan amplio conocimiento. Había logrado callar a ambas, pero el dardo había dado en la diana, aunque se hubiera encargado de que ellas no lo supieran.

Ella deseaba un hijo. Deseaba darle a su esposo un heredero, deseaba que los hijos de ambos corretearan por la finca. Pero después de cuatro años de matrimonio, los tan ansiados hijos no habían llegado, y eso la frustraba de sobremanera. Y aunque era un tema del que no solía hablar con él, sabía que a Fitzwilliam también le frustraba. Incluso Georgiana esperaba con ansía la llegada de esos bebés, aunque su cuñada tenía otros motivos para que eso sucediera. Sabía que si los hijos llegaban, su hermano no estaría tan pendiente de ella y de que encontrara un buen marido, algo que también la tenía preocupada a ella. Suspiro de nuevo mientras miraba por la ventana, intentando encontrar una solución a algo que le parecía imposible de solucionar

Pemberley | 28 de mayo de 1804 | Elizabeth Darcy

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