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❃ Surrender to Me
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❃ Surrender to Me
SURRENDER TO ME
Había una vez un reino perfecto. Un reino que lo tenía todo. Hermosas y nevadas montañas lo rodeaban por el suroeste, llenas de cuevas que ocultaban riquezas inimaginables, piedras preciosas de un valor incalculable. Un frondoso y grueso bosque lo separaba por el sudeste del reino vecino, un bosque poblado de animales, de árboles frutales y e incontables ríos y lagos. Al norte se encontraba el vasto desierto del Yunque del Diablo, temido por todo mortal, separado de los terrenos del reino por una gigantesca muralla construida al inicio de los tiempos por los primeros reyes.
Aquel pródigo y grandioso reino fue llamado Avonlea.
Pero muchos de sus actuales habitantes dirían que aquellos tiempos de prosperidad no eran más que gestas. Cuentos de hadas para calmar a los más pequeños. Trolas para dar esperanza en tiempos de guerra. Y bien cierto era que, ya nadie quedaba en el reino capaz de saber a ciencia cierta si alguna vez habían tenido tiempos de paz y felicidad.
La guerra con los troles había comenzado décadas atrás, aunque ni siquiera los reyes eran conscientes de quién desencadenó la ruptura del acuerdo entre humanos y troles. El reino más afectado y deseado había sido el de Avonlea. Que llevaba sufriendo el intento de conquista desde poco después del ascenso al trono del Rey Maurice y la Reina Colette. Como consecuencia de la constante guerra, todos los terrenos habían quedado prácticamente arrasados por los despiadados troles. Pocos pueblos quedaban aún en pie, pocos soldados eran capaces de luchar.
No había esperanza alguna en el reino. Menos aún cuando el Rey quedó herido de muerte en la última gran batalla, dejando el reino en manos de su única hija ¿Sería capaz la Princesa Belle de salvar a su pueblo de la imparable invasión? ¿Qué pasará cuando descubra los secretos de su padre? ¿O cuando descubra qué hay oculto en las mazmorras?
Aquel pródigo y grandioso reino fue llamado Avonlea.
Pero muchos de sus actuales habitantes dirían que aquellos tiempos de prosperidad no eran más que gestas. Cuentos de hadas para calmar a los más pequeños. Trolas para dar esperanza en tiempos de guerra. Y bien cierto era que, ya nadie quedaba en el reino capaz de saber a ciencia cierta si alguna vez habían tenido tiempos de paz y felicidad.
La guerra con los troles había comenzado décadas atrás, aunque ni siquiera los reyes eran conscientes de quién desencadenó la ruptura del acuerdo entre humanos y troles. El reino más afectado y deseado había sido el de Avonlea. Que llevaba sufriendo el intento de conquista desde poco después del ascenso al trono del Rey Maurice y la Reina Colette. Como consecuencia de la constante guerra, todos los terrenos habían quedado prácticamente arrasados por los despiadados troles. Pocos pueblos quedaban aún en pie, pocos soldados eran capaces de luchar.
No había esperanza alguna en el reino. Menos aún cuando el Rey quedó herido de muerte en la última gran batalla, dejando el reino en manos de su única hija ¿Sería capaz la Princesa Belle de salvar a su pueblo de la imparable invasión? ¿Qué pasará cuando descubra los secretos de su padre? ¿O cuando descubra qué hay oculto en las mazmorras?
Robert Carlyle +300 años MeryWeee | RUMPLESTILTSKIN Mago Oscuro de edad indefinida. Poco se sabe de su vida salvo las leyendas que de él se cuentan. Capturado y encerrado en las mazmorras del Castillo de Avonlea, El Oscuro espera su oportunidad para volver a ser libre. Lo que no se imagina es que lo que él considera 'libertad' nunca se le será devuelto. |
BELLE Hija del Rey Maurice y única heredera del Trono de Avonlea. Es joven pero con caracter. Ha vivido el sufrimiento de su pueblo y de su propia familia. No dudará en sacrificarse a sí misma por la salvación de éstos. | Emilie de Ravin 19 años Lyra |
- CRONOLOGÍA:
Última edición por MeryWeee el Mar 31 Mayo - 21:35, editado 1 vez
Re: ❃ Surrender to Me
Surrender to me
Palacio real. Medianoche.
La princesa despertó en medio de un horrible dolor, como si mil dagas se le clavaran en la columna. Asustada, dolorida y cansada, miró alrededor. Estaba en su dormitorio, arropada en sábanas suaves, y todo estaba en calma. Demasiada calma.
Se levantó con dificultad, llamando a su doncella. Nadie acudió. Eso era extraño. Su doncella rara vez se ausentaba de su lugar, si no estaba, si todo estaba tan tranquilo dadas las circunstancias... sólo podía ser porque había pasado algo. Algo muy, muy malo. Lo sentía, entre los pinchazos de dolor que sentía en el cuerpo podía notar un escalofrío oscuro que le decía que algo estaba terriblemente mal, y no sólo por la guerra que amenazaba su reino.
Sentía un frío extraño que no se correspondía con la época del año. Se envolvió en una bata, buscando un calentarse, y recorrió temblorosa los pasillos, extrañamente desiertos. Incluso a altas horas de la noche debería encontrar un sirviente, un guardia, alguien. Pero no, esa noche parecía que todo el mundo se había esfumado. De modo que puso rumbo a los aposentos de su padre, esperando encontrarle ahí y recibir una explicación.
Al llegar, su mundo se derrumbó.
Su padre se hallaba herido de muerte, rodeado por los sirvientes más fieles y sus principales consejeros. Entre ellos, un mago en el que ella apenas confiaba y al que no conocía bien. Fue éste el único que se apartó del rey y se dirigió a la princesa.
- Vuestro padre posiblemente no pase de esta noche - anunció, sin ceremonias ni delicadezas - Pronto seréis reina, mi señora - ella fue incapaz de replicar nada, tan impactada por la noticia que, de no haber sido sujeta por el mago con una mano que más bien parecía una garra, se hubiese caído al suelo - Venid conmigo, es hora de que conozcáis el mayor secreto de vuestro padre. Quizá vos tengáis el valor que él no tenía y consigáis salvar el reino
Prácticamente la arrastró por los pasillos, lejos de la habitación donde agonizaba su padre. Tardó en reaccionar, pero cuando finalmente lo hizo, empezó a gritar, pidiendo explicaciones y exigiendo que la dejara volver con su padre. Pero el mago, argumentando que no había tiempo, siguió tirando de ella, ignorando sus protestas.
No se dio cuenta de que se dirigían a las mazmorras hasta estar inmersa en una oscuridad fría y húmeda que le erizó el cuerpo entero.
Se levantó con dificultad, llamando a su doncella. Nadie acudió. Eso era extraño. Su doncella rara vez se ausentaba de su lugar, si no estaba, si todo estaba tan tranquilo dadas las circunstancias... sólo podía ser porque había pasado algo. Algo muy, muy malo. Lo sentía, entre los pinchazos de dolor que sentía en el cuerpo podía notar un escalofrío oscuro que le decía que algo estaba terriblemente mal, y no sólo por la guerra que amenazaba su reino.
Sentía un frío extraño que no se correspondía con la época del año. Se envolvió en una bata, buscando un calentarse, y recorrió temblorosa los pasillos, extrañamente desiertos. Incluso a altas horas de la noche debería encontrar un sirviente, un guardia, alguien. Pero no, esa noche parecía que todo el mundo se había esfumado. De modo que puso rumbo a los aposentos de su padre, esperando encontrarle ahí y recibir una explicación.
Al llegar, su mundo se derrumbó.
Su padre se hallaba herido de muerte, rodeado por los sirvientes más fieles y sus principales consejeros. Entre ellos, un mago en el que ella apenas confiaba y al que no conocía bien. Fue éste el único que se apartó del rey y se dirigió a la princesa.
- Vuestro padre posiblemente no pase de esta noche - anunció, sin ceremonias ni delicadezas - Pronto seréis reina, mi señora - ella fue incapaz de replicar nada, tan impactada por la noticia que, de no haber sido sujeta por el mago con una mano que más bien parecía una garra, se hubiese caído al suelo - Venid conmigo, es hora de que conozcáis el mayor secreto de vuestro padre. Quizá vos tengáis el valor que él no tenía y consigáis salvar el reino
Prácticamente la arrastró por los pasillos, lejos de la habitación donde agonizaba su padre. Tardó en reaccionar, pero cuando finalmente lo hizo, empezó a gritar, pidiendo explicaciones y exigiendo que la dejara volver con su padre. Pero el mago, argumentando que no había tiempo, siguió tirando de ella, ignorando sus protestas.
No se dio cuenta de que se dirigían a las mazmorras hasta estar inmersa en una oscuridad fría y húmeda que le erizó el cuerpo entero.
Re: ❃ Surrender to Me
1.- Linked to the Monster
Palacio real. Medianoche.
Rumplestiltskin echaba de menos su rueca. Ver aquel hilo dorado deslizarse entre la yema de sus dedos, el ruido de la vieja madera crujiendo al girar, el olor de la paja y el metal. Pero sobretodo, echaba de menos la facilidad con la que de su mente se escapaban los pensamientos, dejándola en blanco, en paz. En aquella oscura celda, rodeado de tan solo el olor de la humedad, de su sangre reseca y de la suciedad que lo envolvía todo. En esa mazmorra, lo único que lo acompañaban eran sus pensamientos o sus pesadillas o ambas cosas a la vez. Había perdido la capacidad de saber cuándo estaba despierto o cuándo estaba dormido, cuándo las voces que escuchaba eran producto de sus sueños o producto de su locura.
Al inicio de su encierro había comenzado a contar los días gracias a las visitas diarias del joven guardia que se encargaba de darle su ración de comida -si es que a aquella sopa aguada y ese trozo de pan duro podía llamarse comida-. Pero desde que el joven se había acercado demasiado a las rejas y el Oscuro le había roto el cuello con la misma facilidad con la que podría haber roto una fina rama de árbol, su ración diaria se había reducido a cero. Aquella había sido la primera y última vez que había visto el rostro del Rey Maurice, mientras era obligado a mantenerse quieto para ser encadenado a la pared y durante el tiempo en el que sus guardias se entretuvieron marcando su escamosa piel con el látigo. Las visitas de los guardias no terminaron, pero le fue imposible contar el tiempo con éstas, podían venir varias veces al día o solo una en una semana. El monarca nunca volvió a aparecer. Pero si su mago. Y su daga.
Fue precisamente la presencia de ambos la que le hizo enfocar su cabeza de vuelta a la realidad. Podía sentir la magia de aquel patético intento de mago, podía sentir la oscuridad de su daga y otra presencia que nunca había sentido hasta ahora. Rumplestiltskin no se movió hasta que los tuvo frente a su celda, la vaga luz de la antorcha apenas siendo capaz de alumbrar nada dentro de ésta. El ruido de las cadenas resonó con eco en las profundidades de las mazmorras y lentamente el hechicero se hizo ver. Su mirada reptiliana automáticamente se clavó en la de la joven desconocida y no supo por qué su cuerpo entero se estremeció al hacerlo. Aquella muchacha no era nadie, se la veía joven e inexperta, probablemente una princesa -a juzgar por sus ropajes-. Sin embargo, había algo en ella que le hizo sentir nervioso y aprensivo.
— ¿Quién eres? — Su voz sonó ronca, lejos quedaba aquel tono cantarín que el mago había usado en sus años de libertad. El encierro no solo lo había vuelto loco, sino más sediento de sangre y venganza. La oscuridad había consumido al hombre que alguna vez había yacido bajo los pantalones de cuero y las camisas de seda. Ahora tan solo quedaba el monstruo, cubierto con una andrajosa tela llena de polvo y sangre.
Al inicio de su encierro había comenzado a contar los días gracias a las visitas diarias del joven guardia que se encargaba de darle su ración de comida -si es que a aquella sopa aguada y ese trozo de pan duro podía llamarse comida-. Pero desde que el joven se había acercado demasiado a las rejas y el Oscuro le había roto el cuello con la misma facilidad con la que podría haber roto una fina rama de árbol, su ración diaria se había reducido a cero. Aquella había sido la primera y última vez que había visto el rostro del Rey Maurice, mientras era obligado a mantenerse quieto para ser encadenado a la pared y durante el tiempo en el que sus guardias se entretuvieron marcando su escamosa piel con el látigo. Las visitas de los guardias no terminaron, pero le fue imposible contar el tiempo con éstas, podían venir varias veces al día o solo una en una semana. El monarca nunca volvió a aparecer. Pero si su mago. Y su daga.
Fue precisamente la presencia de ambos la que le hizo enfocar su cabeza de vuelta a la realidad. Podía sentir la magia de aquel patético intento de mago, podía sentir la oscuridad de su daga y otra presencia que nunca había sentido hasta ahora. Rumplestiltskin no se movió hasta que los tuvo frente a su celda, la vaga luz de la antorcha apenas siendo capaz de alumbrar nada dentro de ésta. El ruido de las cadenas resonó con eco en las profundidades de las mazmorras y lentamente el hechicero se hizo ver. Su mirada reptiliana automáticamente se clavó en la de la joven desconocida y no supo por qué su cuerpo entero se estremeció al hacerlo. Aquella muchacha no era nadie, se la veía joven e inexperta, probablemente una princesa -a juzgar por sus ropajes-. Sin embargo, había algo en ella que le hizo sentir nervioso y aprensivo.
— ¿Quién eres? — Su voz sonó ronca, lejos quedaba aquel tono cantarín que el mago había usado en sus años de libertad. El encierro no solo lo había vuelto loco, sino más sediento de sangre y venganza. La oscuridad había consumido al hombre que alguna vez había yacido bajo los pantalones de cuero y las camisas de seda. Ahora tan solo quedaba el monstruo, cubierto con una andrajosa tela llena de polvo y sangre.
Re: ❃ Surrender to Me
1.- Linked to the Monster
Palacio real. Medianoche.
Se dejó guiar por la mazmorra, temblando de frio y notando cómo el suelo irregular le hería los pies descalzos. Se arrebujó como pudo en la bata que cubria su camisón. Ambas prendas eran demasiado finas para protegerla de la fría humedad de aquel lugar.
Intentó distinguir al ocupante de aquella celda oscura, pero apenas pudo ver nada. Lo que sí hizo fue escuchar el ruido de las cadenas, que la hizo estremecerse.
- ¿Quién es? - preguntó al mago, con un susurro
- Vuestra herencia, princesa
La respuesta la dejó aún más confusa. El mago negó con la cabeza al ver su mirada inquisitiva, negándose a dar más detalles.
- ¿Por qué está encadenado?
El mago debía haberse quedado mudo, porque tampoco respondió. Belle empezó a desesperarse. Estaba helada, dolorida, y por lo visto iba a quedarse huérfana. Y en lugar de estar junto a su padre estaba ahi, viendo... ¿qué estaba viendo? ¿Una sombra que alguna vez fue un hombre encadenada a una pared?
- Liberadle
- Princesa, no es buena id...
- ¡LIBERADLE! Quiero verle de cerca.
Su acompañante no se movió, y en aquel lugar no había guardias que obedecieran. De modo que decidió hacerlo ella misma. Mientras abría la puerta de la celda, tras hacerse con las llaves, pensó que debería dejar a aquel hombre para después, que debería estar junto a su padre. Pero una pulsión oscura le hizo sentir la necesidad de ver qué demonios se ocultaba en las sombras. Desconocía la existencia de ese prisionero. A juzgar por su voz y por lo poco que podía ver de él, no parecía especialmente peligroso
- ¿Quién sois y por qué estáis aquí? - preguntó, mientras le liberaba - ¿Por qué sois tan importante que debo veros en lugar de estar junto a mi padre?
Intentó distinguir al ocupante de aquella celda oscura, pero apenas pudo ver nada. Lo que sí hizo fue escuchar el ruido de las cadenas, que la hizo estremecerse.
- ¿Quién es? - preguntó al mago, con un susurro
- Vuestra herencia, princesa
La respuesta la dejó aún más confusa. El mago negó con la cabeza al ver su mirada inquisitiva, negándose a dar más detalles.
- ¿Por qué está encadenado?
El mago debía haberse quedado mudo, porque tampoco respondió. Belle empezó a desesperarse. Estaba helada, dolorida, y por lo visto iba a quedarse huérfana. Y en lugar de estar junto a su padre estaba ahi, viendo... ¿qué estaba viendo? ¿Una sombra que alguna vez fue un hombre encadenada a una pared?
- Liberadle
- Princesa, no es buena id...
- ¡LIBERADLE! Quiero verle de cerca.
Su acompañante no se movió, y en aquel lugar no había guardias que obedecieran. De modo que decidió hacerlo ella misma. Mientras abría la puerta de la celda, tras hacerse con las llaves, pensó que debería dejar a aquel hombre para después, que debería estar junto a su padre. Pero una pulsión oscura le hizo sentir la necesidad de ver qué demonios se ocultaba en las sombras. Desconocía la existencia de ese prisionero. A juzgar por su voz y por lo poco que podía ver de él, no parecía especialmente peligroso
- ¿Quién sois y por qué estáis aquí? - preguntó, mientras le liberaba - ¿Por qué sois tan importante que debo veros en lugar de estar junto a mi padre?
Re: ❃ Surrender to Me
1.- Linked to the Monster
Palacio real. Medianoche.
Su pregunta fue respondida de forma indirecta. Como se había supuesto, aquella joven era la hija del Rey Maurice, heredera del trono dado que el monarca no había tenido un hijo varón. Rumplestiltskin nunca había visto a la joven hasta ahora y, sinceramente, se había esperado algo diferente. No se había esperado una mujer tan hermosa y radiante de aquella extraña fuerza que lo había dejado tan confuso y trastornado.
El Oscuro observó fascinado la disputa entre el mago y la princesa. Y más fascinado aún cuando la vio abrir la puerta de su prisión, entrar y acercarse a él sin temor alguno de lo que pudiese hacerle ¿Era inconsciente o simplemente demasiado benevolente?
Sus manos y pies quedaron libres y de forma automática una de sus garras se envolvió firmemente al rededor del cuello de la princesa. Con una fuerza sobrehumana, la presionó contra la pared de donde ella le acababa de liberar, su rostro tan cercano al de la joven que podía sentir su aliento entremezclarse con el suyo. Podía oler su aroma a flores, algodón y lágrimas ¿A qué debía oler él después de tanto tiempo en aquella mazmorra?
— Soy El Oscuro, tu padre me capturó. — Se escuchó a si mismo respondiéndole, sin poder pararse. De la misma manera que no pudo romper el cuello de la joven por mucho que le apeteciese, así que se limitó a clavar sus garras en la suave piel, sin llegar a rasgarla. — ¿Dónde guardas la daga? — Preguntó dándole la vuelta de forma repentina, pegando su rostro contra la sucia pared de piedra. El hechicero pegó su cuerpo al de ella, soltando una risa oscura contra su oreja. — Tsk, tsk, dearie... Deberías haberle hecho caso a tu hechicero. — Podía sentir la daga cerca, tan cerca que las voces de su cabeza gritaban todas a la vez ¿Cómo podía haber sido tan estúpida de meterse en su celda con su daga? Iba a disfrutar enormemente de despedazarla lentamente.
El Oscuro observó fascinado la disputa entre el mago y la princesa. Y más fascinado aún cuando la vio abrir la puerta de su prisión, entrar y acercarse a él sin temor alguno de lo que pudiese hacerle ¿Era inconsciente o simplemente demasiado benevolente?
Sus manos y pies quedaron libres y de forma automática una de sus garras se envolvió firmemente al rededor del cuello de la princesa. Con una fuerza sobrehumana, la presionó contra la pared de donde ella le acababa de liberar, su rostro tan cercano al de la joven que podía sentir su aliento entremezclarse con el suyo. Podía oler su aroma a flores, algodón y lágrimas ¿A qué debía oler él después de tanto tiempo en aquella mazmorra?
— Soy El Oscuro, tu padre me capturó. — Se escuchó a si mismo respondiéndole, sin poder pararse. De la misma manera que no pudo romper el cuello de la joven por mucho que le apeteciese, así que se limitó a clavar sus garras en la suave piel, sin llegar a rasgarla. — ¿Dónde guardas la daga? — Preguntó dándole la vuelta de forma repentina, pegando su rostro contra la sucia pared de piedra. El hechicero pegó su cuerpo al de ella, soltando una risa oscura contra su oreja. — Tsk, tsk, dearie... Deberías haberle hecho caso a tu hechicero. — Podía sentir la daga cerca, tan cerca que las voces de su cabeza gritaban todas a la vez ¿Cómo podía haber sido tan estúpida de meterse en su celda con su daga? Iba a disfrutar enormemente de despedazarla lentamente.
Re: ❃ Surrender to Me
1.- Linked to the Monster
Palacio real. Medianoche.
No esperaba esa reacción. De hecho, no esperaba reacción alguna, no se había parado a pensar en cómo reaccionaria ese ser (ahora estaba segura de que no era un hombre) al verse libre. Estaba asustada, preocupada y molesta, y no se había parado a pensar en las consecuencias de sus acciones.
Se le empañaron los ojos al verse contra la pared, con aquella cosa tan cerca manejándola como una muñeca. Pero se forzó a mantenerse firme, al menos todo lo que pudiera.
Había oido hablar del Oscuro. Pero creía que era una criatura de cuento, una leyenda pensada para alertar sobre los peligros de jugar con la magia o algo así. Jamás imaginó que esa criatura (que por cierto, poco se parecía a la imagen mental que había construido a partir de las historias) estaría encerrada en sus mazmorras. Jamás imaginó que lo liberaría. Jamás imaginó que acabaría entre él y una pared, con tan poca ropa que podía sentir perfectamente la piedra contra la que la mantenía presa. Jamás imaginó que le hablaría al oido, haciendo que se estremeciera.
- No... no sé de qué me hablas - quiso que su voz sonara firme, pero le temblaba - No sé nada de una daga
Quiso gritar pidiendo ayuda, pero el grito se quedó en su garganta. ¿Por qué el mago que la había arrastrado hasta allí no hacía nada? La princesa no sabía si se había quedado ahi, mirando la escena como si fuese de piedra o si había salido corriendo, ya fuese para buscar ayuda, ya fuese para huir. Cuanto sabía era que estaba sola, en manos de aquella criatura.
Se le empañaron los ojos al verse contra la pared, con aquella cosa tan cerca manejándola como una muñeca. Pero se forzó a mantenerse firme, al menos todo lo que pudiera.
Había oido hablar del Oscuro. Pero creía que era una criatura de cuento, una leyenda pensada para alertar sobre los peligros de jugar con la magia o algo así. Jamás imaginó que esa criatura (que por cierto, poco se parecía a la imagen mental que había construido a partir de las historias) estaría encerrada en sus mazmorras. Jamás imaginó que lo liberaría. Jamás imaginó que acabaría entre él y una pared, con tan poca ropa que podía sentir perfectamente la piedra contra la que la mantenía presa. Jamás imaginó que le hablaría al oido, haciendo que se estremeciera.
- No... no sé de qué me hablas - quiso que su voz sonara firme, pero le temblaba - No sé nada de una daga
Quiso gritar pidiendo ayuda, pero el grito se quedó en su garganta. ¿Por qué el mago que la había arrastrado hasta allí no hacía nada? La princesa no sabía si se había quedado ahi, mirando la escena como si fuese de piedra o si había salido corriendo, ya fuese para buscar ayuda, ya fuese para huir. Cuanto sabía era que estaba sola, en manos de aquella criatura.
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