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× It breaks their heart just to look at you.
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× It breaks their heart just to look at you.
Mickey Milkovich 20 | Noel Fisher | Youngsinner | Tras las aventuras de Ian en el ejército, éste decidió desertar y llevar una vida alejada de su familia: se hospedó con uno de sus antiguos novios, con su madre, etc., hasta acabar trabajando en un club como bailarín. Ni siquiera la presencia de Mickey podía traerle de vuelta a su antigua vida; cómo imaginarse, tanto los Gallagher como los Milkovich, que todo eran pequeñas muestras de la bipolaridad que heredó de su madre. Poco a poco la relación entre ambos empezó a mejorar, algo también influenciado por la cada vez mayor aceptación por parte de Mickey de lo que era y lo que sentía por Ian. Aun así, mientras su relación mejoraba, la bipolaridad de Ian se hacía cada vez más latente, preguntándose Mickey si éste estaba consumiendo drogas. Todo terminó de asentarse cuando Mickey reconoció en público que Ian era su pareja, aunque los días que siguieron no fueron los más felices del mundo. Ian apenas salía de la cama y no respondía ni a las muestras de afecto que Ian le ofrecía. Los Gallagher reconocieron al instante los síntomas de bipolaridad, igual que los de su madre. A pesar de la testarudez de Ian, acabaron internándole en un hospital para que se mejorase; cuando mostró síntomas de recuperación volvió a salir, obligado a tomar la medicación para que su estado no empeorase. Aun así no siempre la toma, por lo que hace decisiones que no contentan a ninguno y, más importante aún, le ponen en peligro. Mickey se encuentra desesperado, sin saber bien cómo tratar con él. Lo único que tiene claro es que no le abandonará. 1x1 | SHAMELESS | AU | Ian Gallagher 19 | Cameron Monaghan | Kerouac |

- All hail, Macbeth:

- The fastest man alive:

I. Happy is overrated
HAPPY IS OVERRATED
La casa le ahogaba. Necesitaba salir, tomar un poco de aire; incluso tenía el impulso de llamar a su madre y hablar con ella a pesar de todo lo que les había hecho. Se encontraba despierto cuando el sol apenas empezaba a iluminar Chicago, con la vista fija en el techo que cada vez se le antojaba más cercano, como si la casa estuviese realmente cayéndose sobre ellos. Se puso en pie con cuidado, intentando no despertar a Mickey, y en la habitación apenas iluminada se vistió con lo primero que vio. Observó a Mickey antes de cerrar la puerta, negando con la cabeza; no sería necesario despedirse de él. Tras hacerse con unas cuantas provisiones de comida, todo ello en silencio para no despertar a nadie, cogió las llaves del coche de Lip.
Condujo por toda la ciudad antes de salir de ésta, sin pensar un destino fijo. Tenía las cuatro ventanillas abiertas, dejando que el viento invadiese su coche; aquello era la libertad. Cantaba todas las canciones que pasaban en la radio, incluso aunque no la conociese. Iba a más velocidad de la permitida, sin importarle demasiado que pudiesen multarle; sería Lip el responsable al ser su coche. Lo importante era que no le pillase ningún coche patrulla y le obligasen a parar.
Cerca del mediodía empezó a detenerse, atraído por el paisaje que ofrecía Long Beach, unos cuantos kilómetros más allá de Chicago. Se preguntó si Mickey se habría levantado ya, y si habría empezado a buscarle y seguir su rastro. ¿Le costaría mucho encontrarle? Una sonrisa traviesa iluminó su rostro ante la idea que acababa de tener; sacó su teléfono móvil y se grabó tanto a él como el sitio en el que se encontraba, aún desde dentro del coche, un vídeo que envió a Mickey. —No me esperes despierto, creo que voy a quedarme aquí por una temporada larga. ¿Reconoces el sitio? Si es así, disimula y haz que no. Esto es libertad. —. Era lo que decía en el vídeo mientras grababa la playa que daba nombre al sitio.
Lo envió antes de ponerse a comer las provisiones que cogió de casa, snacks casi caducados y un refresco ya caliente, y según pasaba el tiempo empezó a llorar, sin motivo aparente, para después golpear el volante con todas sus fueras. El no haberse tomado las pastillas esa mañana ni la noche anterior empezaba a hacer efecto en él.
Condujo por toda la ciudad antes de salir de ésta, sin pensar un destino fijo. Tenía las cuatro ventanillas abiertas, dejando que el viento invadiese su coche; aquello era la libertad. Cantaba todas las canciones que pasaban en la radio, incluso aunque no la conociese. Iba a más velocidad de la permitida, sin importarle demasiado que pudiesen multarle; sería Lip el responsable al ser su coche. Lo importante era que no le pillase ningún coche patrulla y le obligasen a parar.
Cerca del mediodía empezó a detenerse, atraído por el paisaje que ofrecía Long Beach, unos cuantos kilómetros más allá de Chicago. Se preguntó si Mickey se habría levantado ya, y si habría empezado a buscarle y seguir su rastro. ¿Le costaría mucho encontrarle? Una sonrisa traviesa iluminó su rostro ante la idea que acababa de tener; sacó su teléfono móvil y se grabó tanto a él como el sitio en el que se encontraba, aún desde dentro del coche, un vídeo que envió a Mickey. —No me esperes despierto, creo que voy a quedarme aquí por una temporada larga. ¿Reconoces el sitio? Si es así, disimula y haz que no. Esto es libertad. —. Era lo que decía en el vídeo mientras grababa la playa que daba nombre al sitio.
Lo envió antes de ponerse a comer las provisiones que cogió de casa, snacks casi caducados y un refresco ya caliente, y según pasaba el tiempo empezó a llorar, sin motivo aparente, para después golpear el volante con todas sus fueras. El no haberse tomado las pastillas esa mañana ni la noche anterior empezaba a hacer efecto en él.

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Re: × It breaks their heart just to look at you.
HAPPY IS OVERRATED
Remoloneo en la cama durante un rato; hasta que un hueco a mi lado me hace abrir los ojos. Palpo con la mano el lugar en el que debería yacer Ian, pero está vacío. Si está hasta frío. ¿Dónde te has metido esta vez? Me pregunto frotándome los ojos. Entonces aparece el tema en mi cabeza, con carteles de neón y payasos anunciándolo a viva voz. Bipolaridad. Tú le cuidarías. Dijiste que lo harías. Peligro. Con un pequeño nudo en la garganta, me levanto de la cama y me visto. Nadie le ha visto salir. Eso no es buena señal.
— Estate pendiente por si le ves. Si ha cogido tu coche... Yo iré a buscarle. — Planeo con Lip antes de cerrar la puerta de su casa. Apenas unos segundos más tarde el móvil vibra en el bolsillo y suspiro de alivio al ver el nombre del emisor del mensaje. Un vídeo en el que aparece, enfocando una playa. Claro que lo reconozco, capullo. No necesito más. Cojo algo de dinero, el coche y pongo rumbo hacia su posición.
Por el camino he parado para hacerme con provisiones. No sé si se habrá llevado algo de comida... Mi ruta por Long Beach me lleva más rato del que había previsto. Hasta que por fin, no muy lejos, veo un coche parado. Es el coche de Lip. — Más te vale estar bien. Por favor... — Pido en la soledad del vehículo. Aparco tras el del otro y salgo aprisa. Pero una vez fuera, el camino hacia el asiento del piloto ajeno se torna lento. Quizá por miedo a equivocarme; a que no sea él. Un mechón pelirrojo por encima del... ¿Reposacabezas? ¿Cómo cojones se llama eso? Qué más da. El caso es que es él. Cuando por fin me paro al lado de la ventanilla bajada, clavo la mirada en él con una mezcla de sensaciones muy diversas.
— ¿Se puede saber qué coño te pasa? — Pregunto algo tosco, dejando escapar ese gen característico de los Milkovich. Sin embargo, la alegría de verle bien me impide regañarle como debería. Además, yo no soy su madre. — ¿Estás... Estás bien? Vamos, sal del coche de una maldita vez. He traído algo para comer. — Aseguro, alejándome un poco de manera que tenga espacio para salir.
— Estate pendiente por si le ves. Si ha cogido tu coche... Yo iré a buscarle. — Planeo con Lip antes de cerrar la puerta de su casa. Apenas unos segundos más tarde el móvil vibra en el bolsillo y suspiro de alivio al ver el nombre del emisor del mensaje. Un vídeo en el que aparece, enfocando una playa. Claro que lo reconozco, capullo. No necesito más. Cojo algo de dinero, el coche y pongo rumbo hacia su posición.
Por el camino he parado para hacerme con provisiones. No sé si se habrá llevado algo de comida... Mi ruta por Long Beach me lleva más rato del que había previsto. Hasta que por fin, no muy lejos, veo un coche parado. Es el coche de Lip. — Más te vale estar bien. Por favor... — Pido en la soledad del vehículo. Aparco tras el del otro y salgo aprisa. Pero una vez fuera, el camino hacia el asiento del piloto ajeno se torna lento. Quizá por miedo a equivocarme; a que no sea él. Un mechón pelirrojo por encima del... ¿Reposacabezas? ¿Cómo cojones se llama eso? Qué más da. El caso es que es él. Cuando por fin me paro al lado de la ventanilla bajada, clavo la mirada en él con una mezcla de sensaciones muy diversas.
— ¿Se puede saber qué coño te pasa? — Pregunto algo tosco, dejando escapar ese gen característico de los Milkovich. Sin embargo, la alegría de verle bien me impide regañarle como debería. Además, yo no soy su madre. — ¿Estás... Estás bien? Vamos, sal del coche de una maldita vez. He traído algo para comer. — Aseguro, alejándome un poco de manera que tenga espacio para salir.
Re: × It breaks their heart just to look at you.
HAPPY IS OVERRATED
Cuando Mickey llegó junto al coche, la rabieta de Ian ya se había pasado y la única prueba de ello eran sus ojos, ahora algo rojos y aún brillantes. A pesar de haberle escuchado, no salió del coche. De hecho parecía ajeno a todo lo que le rodeaba, con la vista fija en la playa, en el lago Míchigan, pensando en la libertad que le ofrecía. Tenía ganas de bañarse en él, desnudo si era necesario, pero seguía encerrado en el coche, sujetando el volante con fuerza. —Quiero estar solo —dijo de repente, negando con la cabeza.
Poco a poco volvió en sí, y observó a ambos lados y a través del espejo retrovisor. No había ni rastro de los Gallagher, cosa que agradecía. Observó a Mickey y le dedicó una gran sonrisa mientras negaba con la cabeza. —No te preocupes, Mickey, ya he comido. ¿Por qué no subes? —le pidió retirando la bolsa de snacks y la lata de refresco vacía del asiento del copiloto para dejarlo sobre la guantera del coche. Cuando le obedeció volvió a sonreírle y entonces se recostó hacia alante, hasta apoyar una mejilla en el volante. De un modo u otro le reconfortaba ver allí al moreno, prueba de que seguía preocupándose por él.
—¿Qué, has venido a darme mis pastillas? —bromeó antes de suspirar y señalar la luna del coche para que mirase a través de ella—. He descubierto que me da mucha paz y tranquilidad, ¿sabes? Deberíamos bañarnos. ¡O mejor aún, quedarnos a vivir aquí! A la mierda Chicago, a la mierda los Gallagher y a la mierda las pastillas. ¿No ves que no necesito medicación, que todo es culpa de... la ciudad? —. Por supuesto era otra de sus excusas para no tomarse la medicación. Rompió aquella postura para apoyarse sobre Mickey, reposando su cabeza en uno de sus hombros para así poder mirar mejor el agua y la playa que se extendía ante ellos. Le preocupaba terminar siendo tan desagradable y despreciable como su madre, pero tampoco quería estar todos los días medicándose o en un hospital.
Poco a poco volvió en sí, y observó a ambos lados y a través del espejo retrovisor. No había ni rastro de los Gallagher, cosa que agradecía. Observó a Mickey y le dedicó una gran sonrisa mientras negaba con la cabeza. —No te preocupes, Mickey, ya he comido. ¿Por qué no subes? —le pidió retirando la bolsa de snacks y la lata de refresco vacía del asiento del copiloto para dejarlo sobre la guantera del coche. Cuando le obedeció volvió a sonreírle y entonces se recostó hacia alante, hasta apoyar una mejilla en el volante. De un modo u otro le reconfortaba ver allí al moreno, prueba de que seguía preocupándose por él.
—¿Qué, has venido a darme mis pastillas? —bromeó antes de suspirar y señalar la luna del coche para que mirase a través de ella—. He descubierto que me da mucha paz y tranquilidad, ¿sabes? Deberíamos bañarnos. ¡O mejor aún, quedarnos a vivir aquí! A la mierda Chicago, a la mierda los Gallagher y a la mierda las pastillas. ¿No ves que no necesito medicación, que todo es culpa de... la ciudad? —. Por supuesto era otra de sus excusas para no tomarse la medicación. Rompió aquella postura para apoyarse sobre Mickey, reposando su cabeza en uno de sus hombros para así poder mirar mejor el agua y la playa que se extendía ante ellos. Le preocupaba terminar siendo tan desagradable y despreciable como su madre, pero tampoco quería estar todos los días medicándose o en un hospital.

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Re: × It breaks their heart just to look at you.
HAPPY IS OVERRATED
"Quiero estar solo." Lamento joderte el plan, pero no voy a dejarte ahí. Pienso, pero me muerdo la lengua. Ian ha demostrado tener un lado lo suficientemente impulsivo como para que en ocasiones medite las cosas dos veces antes de decir nada. Sin embargo, poco después me invita a subir con una sonrisa. Suspiro negando con la cabeza; pero cedo. Rodeo el coche por delante y me siento al lado, en el lugar del copiloto. A tiempo de ver cómo coloca una bolsa de snacks y un refresco en la guantera. — ¿Eso es lo que has comido? — Ruedo los ojos, sonriendo ligeramente.
Le miro cuando me pregunta, desviando la atención más allá de la luna del coche poco después, sin perder una de sus palabras. Una parte de mí se derrumba poco a poco ante su enumeración sobre las cosas que se pueden ir a la mierda a cambio de vivir aquí, viendo que quizá no haya remedio. Y una mierda. Por otra parte, me gusta de alguna manera pensar que en esos alocados planes que flotan dentro de esa cabeza pelirroja tengo un hueco.
Un silencio pronto invade el vehículo, pero no uno de esos incómodos. Él reposa sobre mi hombro y tras dejarle un beso en la frente, miro al horizonte. — No, no he venido a eso. Pero que estés aquí, con tu familia buscándote en casa, preocupada, es una señal de que las necesitas, Ian. Y eso no es malo, es solo algo... Necesario. — No ahondo mucho en el tema tampoco, quiero disfrutar de este rato con él. Además, entiendo que la ciudad le ahogue en cierta manera, pues a mí a veces me pasa; pero no cojo la puerta y me largo sin ninguna explicación.
De repente, un plan disparatado pero que tal vez le guste se coloca en frente de cualquier otra idea. — Escucha, haremos una cosa. Podemos darnos un baño aquí hasta que se nos haga de noche. Y luego iremos a algún motel apartado de todo unos días, ¿Quieres? Vamos, sé que sí. — Digo risueño picándole en uno de los costados con el índice para hacerle cosquillas, y sin previo aviso, aprovechando que se incorpora, salgo del coche a la carrera. — ¡Marica el último! — Grito entre risas, casi seguro de que me acompañará. Casi.
Le miro cuando me pregunta, desviando la atención más allá de la luna del coche poco después, sin perder una de sus palabras. Una parte de mí se derrumba poco a poco ante su enumeración sobre las cosas que se pueden ir a la mierda a cambio de vivir aquí, viendo que quizá no haya remedio. Y una mierda. Por otra parte, me gusta de alguna manera pensar que en esos alocados planes que flotan dentro de esa cabeza pelirroja tengo un hueco.
Un silencio pronto invade el vehículo, pero no uno de esos incómodos. Él reposa sobre mi hombro y tras dejarle un beso en la frente, miro al horizonte. — No, no he venido a eso. Pero que estés aquí, con tu familia buscándote en casa, preocupada, es una señal de que las necesitas, Ian. Y eso no es malo, es solo algo... Necesario. — No ahondo mucho en el tema tampoco, quiero disfrutar de este rato con él. Además, entiendo que la ciudad le ahogue en cierta manera, pues a mí a veces me pasa; pero no cojo la puerta y me largo sin ninguna explicación.
De repente, un plan disparatado pero que tal vez le guste se coloca en frente de cualquier otra idea. — Escucha, haremos una cosa. Podemos darnos un baño aquí hasta que se nos haga de noche. Y luego iremos a algún motel apartado de todo unos días, ¿Quieres? Vamos, sé que sí. — Digo risueño picándole en uno de los costados con el índice para hacerle cosquillas, y sin previo aviso, aprovechando que se incorpora, salgo del coche a la carrera. — ¡Marica el último! — Grito entre risas, casi seguro de que me acompañará. Casi.
Re: × It breaks their heart just to look at you.
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Tragó saliva ante sus palabras, incapaz de responderle. Sí, puede que su familia se preocupase aquellos meses por él, pero acabarían haciendo con él lo que hicieron con Monica; lo que hizo Frank con Monica. Volvería al hospital, esta vez de forma definitiva. Negó con la cabeza, sin más, antes de escuchar el plan de Mickey. Lo cierto es que no sonaba tan mal en el esquema de libertad que se había hecho en su mente. Si Mickey le aguantaría, si era capaz de soportarle, por supuesto que tenía cabida en sus planes. Lo importante sería, a fin de cuentas, que estaría lejos de la casa y de Chicago durante unos días.
Aquel dedo en el costado le hizo sobresaltarse con una pequeña carcajada y cuando se quiso dar cuenta Mickey corría hacia la playa. Durante un momento le observó fijamente, pensando en arrancar el coche y seguir huyendo. Aun así, era Mickey. Aquel que había mostrado verdadera preocupación desde casi el principio de su relación de forma seria. Salió del coche y echó a correr, alcanzándole poco antes de la orilla, donde le dio una palmada en una de las nalgas. —¡Marica! —le gritó, siguiendo su juego, al adelantarle. Aun así, se vio obligado a reducir la velocidad para quitarse la ropa.
Se quedó en ropa interior, simplemente por si alguien aparecía en esa zona de la playa; su locura no llegaba al punto de desnudarse en público. Se metió en el agua, esperando al moreno, y cuando lo hizo se acercó a él, rodeó su cintura con las piernas y empezó a besarle, con pasión. Sin duda, la bipolaridad era jodida, pues ahora estaba eufórico. —Esto ha sido una idea terrible, que lo sepas. No pienso salir del motel, te ataré a la cama y te estaré dando todo el sexo que no te he dado estos días —rió con ganas antes de volver a besarle. Hasta él mismo sabía que aquello no era posible. Nadie le garantizaba que dentro de dos segundos no sufriese una recaída. De ahí que tuviese que aprovechar el momento.
—Gracias por venir. Yo... joder, esto es duro. Mi familia acabará tratándome como a Monica, por eso quiero irme. Deberías venirte conmigo y mandar Chicago a la mierda, Mick. —. Acarició sus hombros, mirándole fijamente.
Aquel dedo en el costado le hizo sobresaltarse con una pequeña carcajada y cuando se quiso dar cuenta Mickey corría hacia la playa. Durante un momento le observó fijamente, pensando en arrancar el coche y seguir huyendo. Aun así, era Mickey. Aquel que había mostrado verdadera preocupación desde casi el principio de su relación de forma seria. Salió del coche y echó a correr, alcanzándole poco antes de la orilla, donde le dio una palmada en una de las nalgas. —¡Marica! —le gritó, siguiendo su juego, al adelantarle. Aun así, se vio obligado a reducir la velocidad para quitarse la ropa.
Se quedó en ropa interior, simplemente por si alguien aparecía en esa zona de la playa; su locura no llegaba al punto de desnudarse en público. Se metió en el agua, esperando al moreno, y cuando lo hizo se acercó a él, rodeó su cintura con las piernas y empezó a besarle, con pasión. Sin duda, la bipolaridad era jodida, pues ahora estaba eufórico. —Esto ha sido una idea terrible, que lo sepas. No pienso salir del motel, te ataré a la cama y te estaré dando todo el sexo que no te he dado estos días —rió con ganas antes de volver a besarle. Hasta él mismo sabía que aquello no era posible. Nadie le garantizaba que dentro de dos segundos no sufriese una recaída. De ahí que tuviese que aprovechar el momento.
—Gracias por venir. Yo... joder, esto es duro. Mi familia acabará tratándome como a Monica, por eso quiero irme. Deberías venirte conmigo y mandar Chicago a la mierda, Mick. —. Acarició sus hombros, mirándole fijamente.

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Re: × It breaks their heart just to look at you.
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— Cabrón... — Maldigo risueño al notar la nalgada con su posterior comentario. Él se queda en ropa interior y yo me aseguro de dejar el móvil en el coche, pero cuando quiero darme cuenta ya estoy en el agua, completamente vestido y con Ian rodeando mi cintura con sus piernas. Suelto una carcajada sincera al escuchar su plan para el motel y le robo un beso furtivo. — ¿Acaso te crees que te dejaría salir sin hacerlo, polla de fuego? — Bromeo divertido, mordiéndome el labio inferior en un gesto lascivo a la par que divertido.
Luego aparto los mechones rojos de su frente. Aún no me reconozco. Si tan solo hace dos años alguien me dijera que algún día iba a estar como estoy ahora con un chico, probablemente le habría enterrado. ¡Y mucho menos con un Gallagher! Pero aquí está. Pegado a mi cintura con el brillo de la euforia en su mirada. Con él puedo ser yo, yo de verdad. Y aún no sé cómo voy a agradecérselo...
Niego con la cabeza. — No digas tonterías. Tú no eres Mónica, por mucho que creas que la bipolaridad os hace iguales, no es así. Y no, no podemos mandar todo a la mierda. Tenemos que hacerle frente. Pero ahora... — Tomo algo de aire y lo dejo escapar en un suspiro, notando esa sensación de tener la ropa pegada al cuerpo como una enorme pesa enrollada al pie. — Vivamos esto. Durante nuestras "vacaciones" olvidaremos todo sobre Mónica, la bipolaridad, tu familia y nos centraremos en nosotros, ¿Eh? Sólo por unos días. — Sí, eso estaría bien. Sé que probablemente nunca estemos de acuerdo, así que prefiero dejarlo de lado, de momento.
Acomodo el rostro en su cuello, repartiendo besos a lo largo y ancho de este. — Ahora, deberías apartarte. Tu paquete pegado a mí me está poniendo cachondo. — Río, pues como él ha dicho, ha pasado un tiempo desde la última vez, Y ahora no creo que sea el mejor momento, así que... Sin embargo, me limito a rodearle con los brazos y apoyar el mentón sobre su hombro, contemplando allí donde el mar se funde en una línea contra el cielo. — Te quiero, Ian. Y voy a quedarme contigo... — Murmuro, más en una reafirmación propia que en un comentario hacia él.
Luego aparto los mechones rojos de su frente. Aún no me reconozco. Si tan solo hace dos años alguien me dijera que algún día iba a estar como estoy ahora con un chico, probablemente le habría enterrado. ¡Y mucho menos con un Gallagher! Pero aquí está. Pegado a mi cintura con el brillo de la euforia en su mirada. Con él puedo ser yo, yo de verdad. Y aún no sé cómo voy a agradecérselo...
Niego con la cabeza. — No digas tonterías. Tú no eres Mónica, por mucho que creas que la bipolaridad os hace iguales, no es así. Y no, no podemos mandar todo a la mierda. Tenemos que hacerle frente. Pero ahora... — Tomo algo de aire y lo dejo escapar en un suspiro, notando esa sensación de tener la ropa pegada al cuerpo como una enorme pesa enrollada al pie. — Vivamos esto. Durante nuestras "vacaciones" olvidaremos todo sobre Mónica, la bipolaridad, tu familia y nos centraremos en nosotros, ¿Eh? Sólo por unos días. — Sí, eso estaría bien. Sé que probablemente nunca estemos de acuerdo, así que prefiero dejarlo de lado, de momento.
Acomodo el rostro en su cuello, repartiendo besos a lo largo y ancho de este. — Ahora, deberías apartarte. Tu paquete pegado a mí me está poniendo cachondo. — Río, pues como él ha dicho, ha pasado un tiempo desde la última vez, Y ahora no creo que sea el mejor momento, así que... Sin embargo, me limito a rodearle con los brazos y apoyar el mentón sobre su hombro, contemplando allí donde el mar se funde en una línea contra el cielo. — Te quiero, Ian. Y voy a quedarme contigo... — Murmuro, más en una reafirmación propia que en un comentario hacia él.
Re: × It breaks their heart just to look at you.
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Sentía miedo por Mickey, por si alguna vez, por culpa de su enfermedad, Ian se acostaba con otro en un arrebato de pasión. Sentía miedo por si le fallaba, por si de repente le abandonaba de verdad, no como esta vez. Lejos, y sin dar pistas de su paradero. Y sin embargo, en el momento de lucidez en el que se encontraba aquella escapada que resultó ser romántica le iba a encantar. Lo cierto es que en el fondo apreciaba la forma en que Fiona y el resto se preocupaban por él, pero aun así, ¿y si todo iba a peor? Dejó de reflexionar cuando escuchó su consejo de apartarse, ante lo que soltó una carcajada y se acercó más a él.
Dejó un beso en el lateral de su cabeza, callando ante su murmullo. Cerró los ojos y apoyó también la barbilla en uno de sus hombros, cerrando los ojos. —Gracias, Mickey. Yo... yo también te quiero. —. Se lo decían poco, a decir verdad. Cuando no estaban follando se estaban rompiendo la cara a puñetazos, durmiendo, discutiendo o simplemente viendo pasar el tiempo tirados en la cama. Pasados unos minutos volvió a abrir la boca, moviéndose un poco entre sus brazos. —Deberías haberte quitado la ropa, ahora irás empapado. Bueno, ¿conoces algún motel por aquí? ¿Y llevas dinero encima?
Frunció el ceño, preguntándose cómo pagarían la habitación. Incluso aunque fuese un motel con cucarachas, Ian apenas llevaba unos dólares encima que probablemente no les diesen ni para una noche. Poco a poco se soltó de sus brazos y tras darle un beso se dirigió a la orilla, como si no le interesase su respuesta. Salió del agua y se sentó en la arena, con la espuma de las pequeñas olas que había en esa zona acariciando sus pies, para observar a Mickey. ¿Quién le iba a decir a Mickey que seguiría con aquel chico que abusaba de él pero al que luego se tiraba en la tienda en la que trabajaba? Una suave y tímida sonrisa iluminó su rostro al recordar aquellas aventuras que parecían haber vivido cien años atrás.
Dejó un beso en el lateral de su cabeza, callando ante su murmullo. Cerró los ojos y apoyó también la barbilla en uno de sus hombros, cerrando los ojos. —Gracias, Mickey. Yo... yo también te quiero. —. Se lo decían poco, a decir verdad. Cuando no estaban follando se estaban rompiendo la cara a puñetazos, durmiendo, discutiendo o simplemente viendo pasar el tiempo tirados en la cama. Pasados unos minutos volvió a abrir la boca, moviéndose un poco entre sus brazos. —Deberías haberte quitado la ropa, ahora irás empapado. Bueno, ¿conoces algún motel por aquí? ¿Y llevas dinero encima?
Frunció el ceño, preguntándose cómo pagarían la habitación. Incluso aunque fuese un motel con cucarachas, Ian apenas llevaba unos dólares encima que probablemente no les diesen ni para una noche. Poco a poco se soltó de sus brazos y tras darle un beso se dirigió a la orilla, como si no le interesase su respuesta. Salió del agua y se sentó en la arena, con la espuma de las pequeñas olas que había en esa zona acariciando sus pies, para observar a Mickey. ¿Quién le iba a decir a Mickey que seguiría con aquel chico que abusaba de él pero al que luego se tiraba en la tienda en la que trabajaba? Una suave y tímida sonrisa iluminó su rostro al recordar aquellas aventuras que parecían haber vivido cien años atrás.

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