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♛ The sweet far thing
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♛ The sweet far thing
the sweet far thing 1x1 | Crackship | Libros Gemma Doyle nunca fue una muchacha común. Poseedora de la magia, Dama de la Esperanza, revolucionó los reinos y los cambió para siempre. Sin embargo, pagó un alto precio por sus acciones, pues el otrora amor de su vida tuvo que sacrificar su vida para proteger la de ella y la del resto de criaturas de los reinos. Así, con la desazón en el corazón y rotas las cadenas de servidumbre a las que estaba sujeta, Gemma marchó en busca de libertad y, sobre todo, de un lugar en el que rehacer su vida. Atrás quedó la Academia Spencer y los reinos, atrás quedo Londres, su familia y las que habían sido sus amigas y confidentes durante tanto tiempo. Estados Unidos era el país de la libertad, o al menos eso era lo que se decía, mas sobre todo era lo que ella esperaba. Sola y desamparada en el nuevo continente, Gemma mostró que era una superviviente y fue capaz de forjarse una vida allí. Encontró trabajo en una pequeña librería, arrendó una buhardilla… consiguió la libertad e independencia con las que tanto había soñado y que Londres nunca habría podido brindarle, pero siempre sola. Pero el vació en su corazón nunca disminuyó, pues siempre le faltó algo. Precisamente por eso cuando una misteriosa mujer se acercó a ella en mitad de la calle para leerle la mano y ofrecerle promesas imposibles no la creyó, al menos al principio. Mas Gemma sabía que existía la magia y que todo era posible, pero que también podía ser peligrosa y oscura. Quiso negarse, pero años de noches enteras soñando con él, su amor de juventud y probablemente el único, le hicieron imposible negarse al intento de traerlo de vuelta. Se aferro a la esperanza y aceptó el trato, pero nada pareció suceder. Pasados días y semanas enteras, cuando la llamad e la esperanza que tan repentinamente se encendió parecía extinguida, volvió a recuperar su fuerza incendiando todo su corazón al volver a reencontrarlo. Sin embargo, las cosas para ellos nunca fueron fáciles, no sólo deberán enfrentarse a una sociedad restrictiva que no acabará de ver con buenos ojos su relación, sino también a los fantasmas del pasado y a la oscuridad de las tierras invernales que intentaran, una vez más, acabar con ellos. En un mundo donde cada vez cuesta identificar qué es real y qué no son más que fantasías de la magia la supervivencia dependerá de que permanezcan unidos. | Kartik ▬ Jesse Williams ▬ Stolen Girl Gemma Doyle ▬ Karen Gillan ▬ Red |
© by Farah.
Última edición por Red el Jue Feb 25, 2016 12:58 pm, editado 3 veces
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Calles de New York | Por la mañana, cerca del mediodía | Con Gemma Doyle
« Niño...vamos despierta —La voz de la mujer taladraba sus oídos ¿quién era esa voz qué no conocía? Sus manos golpeaban debilmente las mejillas del mucho más él solo percibía un ligero picos como si un papel de lija pasase por su rostro como si llevara una capa de tela en su rostro que le raspase cuando lo tocaban —¿Gemma? — Preguntó en un hilo de voz mientras intentó abrir sus ojos por primera vez más la luz le cegaba de modo que volvió a cerrarlos con fuerza, no sabía de donde había salido ese nombre — Me temo que no niño, mi nombre es Tamsin Blight —»
Todo lo que le rodeaba era de colores oscuros, y rojizos como si hubiesen bañado las paredes con sangre las cortinas y las lámparas aunque era un tono agradable pues no entendía porque le gustaba ese color es cierto que le parecía demasiado más pronto se acostumbraría. La mujer caminaba de un lado al otro de la habitación en ocasiones se acercaba a él y ponía sus manos en sus mejillas o su frente, había observado que lo hacía con todos los niños que vivían en esa casa, había observado como los cuidaba como se preocupaba por ello aunque no fuesen sus propios familiares y así había sido con él desde que despertó en ese bosque en Londres, rodeado de naturaleza con apenas un pequeños hilos de recuerdos, pequeñas y cortas escenas. Recordaba escenas de su infancia los juegos con su hermano mayor, con malabares y cintas de muchos colores recuerda haber corrido durante horas en el bosque en un juego que no recuerda como se jugaba, más recuerda las sensaciones todo un mundo de sensaciones y ni un solo recuerdo, sensaciones de ver esas escenas de nostalgia, de euforia más, ña más confusa de todas ellas se repetía cada noche, cada vez que cerraba sus ojos.
Más había una escena que no sabía diferenciar entre recuerdo sueño, una mujer con el cabello rojizo se colocaba frente a él y el estiraba su mano para alcanzarla, más nunca llegaba tocarla somo si fuera inalcanzable para él y la sensación de agobio se presentaba en su interior, atormentándolo, volviéndolo loco ¿por qué con un simple recuerdo quién era esa mujer? – Se que estas despeirto niños, vamos levantate – Dijo con alegría en su voz tras acercarse a la ventana y correr las cortinas dejando que entrase la luz de golpe en la habitación y Kartik permaneciese con los ojos cerrados hasta que sus párpados aún insensibles a la luz se adaptasen – Arriba vamos, has de desayunar antes de que nos marchemos – Se acercó a una de las camas recogiendo la ropa sucia de las camas y haciéndo de ellas un ovillo lo sostuvo entre sus brazos – ¡Vamos perezoso! Hoy es el día – Y tras esas palabras, una amplia y confidente sonrisa, guiñó su ojo y se marcho a la sala de al lado donde los gritos eran más audibles que en la habitación. Suspiró con pesadez pues durante semanas las respuestas, así como las explicaciones habían ido acompañadas de un gran misterioso "-¿Gran día para qué?-"
Sentado en una mesa redonda, rodeado de niñas y de un solo niño el cual nunca hablaba, decían que había decidido no hablar desde que un día, hablando, su boca se quedó seca y al no gustarle la sensación dejó de hablar. El resto de las niñas eran particulares, más Kartik con el paso de las semanas había aprendido a tenerlas cariñosa al igual que a Tamsin, la cual le debía la vida o eso era lo que había prendido o esperaba haberlo hecho con su sin fin de acertijos. Aunque no tenía hambre, no derrocharía una comida que no sobraba en esa casa de modo que comiendo ligeramente terminó por repartir el resto en los platos de los niños y con una sonrisa confidencial les guiñó el ojo a todos lo que les hizo sonreír – Voy a prepararme Tamsin y podremos irnos – Dijo tras levantarse de la mesa y regresar a la habitación.
« Tranquilo, estas a salvo...no...no hagas esfuerzos —Su espalda volvió a tocar la hierba húmeda cuando la mujer lo empujó desde los hombros con facilidad—¿Pero donde estoy...qué ha pasado, dónde esta Gemma? — Llevó su mano a sus ojos cuando se dio cuenta que no podía abrirlos por mucho que lo intentase es como si no los hubiese abierto nunca en toda su vida.»
Caminaban por las calles de New York, una ciudad que nunca había visitado o eso le había dicho Tamsin. Aún no la recordaba en su vida aunque la verdad era que recordaba pocas cosas de modo que nunca le preguntó que era para él, simplemente se limitó a dejar que lo cuidase como había hecho con los otros niños en su hogar, se lo permitiría hasta que pudiera devolvérselo o cuidar de ellos – ¿Falta mucho? ¡Me prometiste ese dulce Tamsin! – Se quedó Brigette mientras agarraba la mano de Kendrik por las calles de New York, él no las prestaba atención cuando comenzaron a hablar, más bien a discutir entre ellas pues una especie de zumbido taladraba los oídos de Kendrik haciendo que solo escuchase los leves murmullos de las personas – ¡KENDRIK! – Gritó Tamsin tras tirar del brazo del muchacho que sorprendido hizo un movimiento brusco para girarse con la mirada interrogante – Quedaos aquí, he de hacer unos recados...Tomad, comprale el dulce a Brigette no tardaré – Asintió cogiendo las moendas de las manos de la mujer y mirando a la pequeña sonrió de lado ¿Quieres ese dulce con todo tu corazón? Pues vamos a por el brujita –
Tamsin no fue muy lejos, solo un par de calles hasta llegar a una pequeña plaza donde una hermosa niña de rojos cabellos se sentaba mirando a las personas pasar, se acercó a ella y se sentó a su lado Un hermoso día ¿no crees? Gemma –
« Vamos, respira tranquilo..Ella esta bien y tu pequeño niño... —Aguardó unos instantes mientras observaba como abría levemente sus ojos hasta que pudo abrirlos del todo con ligera pesadez y lágrimas en sus ojos debido al escozor producido por el sol —Tu....tu has vuelto a la vida, Kartik — »
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Calles de New York | Por la mañana, cerca del mediodía | Con Kartik
Bajo sus ojos siempre podían verse unas permanentes ojeras, la mayoría de los que se fijasen podrían pensar que eran causa de dormir poco, pero ella sabía la verdadera respuesta. Aquellas ojeras no eran por falta de sueño, pues muchas veces dormía incluso más horas de las necesarias, eran por sus pesadillas. Estas, al contrario que las de muchos otros no se trataban sobre monstruos o desgracias, sus pesadillas eran simple y eterno vacío y aquello era lo que realmente le daba miedo, temía a no poder volver a verle, a no poder volver a soñar con él. Por eso mismo le gustaba sentarse en uno de los bancos de la calle principal y entretenerse mirando a las personas pasar, aquello la relajaba, la ayudaba a evadirse de sus problemas y preocupaciones. A veces, disfrutaba a su vez de una buena lectura o, si podía, de un buen té. Pues había costumbres que no se perdían y Gemma Doyle, como toda una Lady inglesa, estaba acostumbrada al té de las tres. Sin embargo, aquel té nunca le sabría cómo el de su casa, ni sería acompañado por las deliciosas pastas compradas en la mejor pastelería de todo Londres. Aquello era América y allí todo era más tosco aunque, también, más exagerado. A su llegada al continente se había sentido abrumada, pero con el tiempo se había adaptado y, antes de darse cuenta, había acabado gozando de todas aquellas cosas que el nuevo continente guardaba para sí. Hacía muchos años que había dejado de ser la joven dama inglesa recién salida de la academia para señoritas que tan poco parecía saber de la vida pero que tantas ganas tenía de aprender.
- ¡El diario! ¡Compren el diario de hoy! –un muchachito pasó junto a ella vociferando su mercancía. Gemma lo conocía bien, pues a menudo le compraba el periódico cuando no tenía otra lectura, más aquel día el libro en su regazo le indicó al niño que no compraría nada. No cruzó la calle para acercarse a ella, pero la saludó desde la otra acera y Gemma le correspondió al gesto con una sonrisa justo en el momento en que pretendía volver a su lectura, más una voz femenina se deslizó hasta su oído y le impidió continuar. Aunque su voz se le hacía extrañamente conocida, podría haber creído que no era más que una amable anciana que habría decidido sentarse a su lado y empezar una agradable conversación. Pero era imposible que creyese eso porque la mujer había pronunciado su nombre y porque, en el instante mismo en que volteó su confuso rostro hacia ella la reconoció.- Señorita Tamsin –parpadeó, intentando recomponerse de su incredulidad mientras forzaba a sus labios a componer una sonrisa educada.- Yo… Hace mucho tiempo desde la última vez que nos vimos… –y no pensaba que volveríamos a vernos, debería de haber añadido al final mas, por educación, se mordió la lengua. Se acomodó en el banco de tosca madera para tener un mejor ángulo de visión y miró a la mujer de arriba abajo. ¿Qué hacía allí?
En un instante recordó la última vez que la había visto así cómo recordó también su última conversación. Gemma había estado cegada por la pena, pues acababa de recibir la noticia de la muerte de su anciano padre justo cuando se cumplía la muerte de otro ser querido, la muerte de él. Habían dicho cosas que no debería de haber pronunciado jamás, igual que había hecho un trato que era sencillamente imposible. Al día siguiente se había arrepentido de su comportamiento y había decidido ignorarlo. Incluso había llegado a creer que lo había soñado. Recordarlo le trajo de nuevo una oleada de dolor y malos sentimientos. Pero los depuso haciendo gala, una vez más, de todos los conocimientos que extrajo de su tiempo en la academia. Al fin y al cabo, ninguna de las alumnas de la Academia Spence había salido de la misma sabiendo sólo servir el té. Intentó controlar sus expresiones mientras ordenaba sus ideas, Tamsin Blight estaba allí, lo que significaba que era real.- Es un placer volver a verla. Pero, si no me permite la indiscreción, ¿qué hace aquí? Tenía entendido que iba a volver al viejo continente. -sus dedos recubrían nerviosos las letras en relieve de la cubierta de cuero del libro. Sin darse cuenta un claro gesto de nerviosismo se hizo presente cuando se mordisqueó el labio inferior. No le gustaba la presencia de aquella mujer porque esta estaba demasiado relacionada con la magia, algo ella creía haber dejado atrás cuando dejó Inglaterra. La magia le había hecho perder al hombre al que quería, porque así como podía ser hermosa, también podía ser traicionera y oscura. Se había prometido que se alejaría de ella y que lo único que conservaría de la misma serían sus sueños para poder verlo a él. Sin embargo, aquella mujer le había hecho promesas que Gemma sabía que eran, además de imposibles de cumplir, extremadamente peligrosas pero, aun así, había aceptado en un momento de debilidad. Ahora, más recompuesta la presencia de la mujer la incomodaba y, por muy maleducado que sonara, lo que quería es que se marchara.
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La niña agarraba su mano como si fuera a desaparecer en cualquier momento, como si temiese que Kartik fuese a huir dejándola sola. Conocía las historias de aquellas niñas, de donde habían salido porque Tamsin las retenía a su lado y aunque podía parecer un gesto dulce, agradable de buena persona, Kartik que parecía muchas cosas excepto tonto o poco observador se daba cuenta que había oscuros detalles bajo las intenciones de aquella mujer, una mujer de madura edad que sabía vivir en el mundo, que sabía sobrevivir.
Alguien que no le había explicado nada, prefiriendo que fuese otra quien le contase los detalles, aquella mujer que llamaba en sueños que no sabía que significaba para él, quien era o quien había sido, pero si como se sentía ante su recuerdo y no dejaba de ser confuso – ¡Kartik! Hemos llegado a la tienda deja de tirar de mi mano que no te vas a librar de comprarme ese dulce ¡Vamos! – Y tiró de él con tal fuerza que Kartik solo pudo embozar una amplia sonrisa ante su insistencia, solo había estado con ellas unos meses y ya los tenía el aprecio que se tiene a unos hermanos menores – Disculpame ¿Crees que nos llegará para dos dulces? –
Tamsin se acomodó en el banco de madera mientras sacaba de su bolsillo una bolsa de tela con pan en su interior y como quien acude al parque a dar de comer a las palomas se puso a tirar el pan a sus pies y no tardaron apenas unos segundos en el que un grupo de doce palomas se pusieron a comer a sus pies haciendo un ruido propio de ellas, así nadie pondría atención en ellas, pues solo parecían una anciana y una joven que se habían encontrado de forma causal en el parque y no dos brujas poderosas que hacían temblar las paredes de los mundos, aunque Tamsin era mayor, no se había retirado del todo, no aún.
Su sonrisa se hizo amplia mientras observaba de reojo a la muchacha – Oh si, hace meses, muchos meses. Recuerdo que parecías un fantasma, aunque no te veo mejoría ¿Siguen siendo las pesadillas lo que atormenta tu alma? – Lanzando un puñado de pan a las palomas, torció sus labios en una mueca, no soportaba las personas débiles, una bruja sumida en el dolor, solo era una mujer débil.
Reían mientras salían de la tienda, Kartik siempre bromeaba guardando caramelos en sus bolsillos mientras la niña amenazaba con entregarlo y él los dejaba en su sitio. Podía permitirse reír, aunque las preguntas golpeasen su mente, con aquellos niños solo podía reír, hacerles de reír. Teniendo, sintiendo la sensación de haber necesitado en otra vida el sonido de una risa sincera, alegre y tierna como la de aquella niña.
Escuchaba a la señorita y su sonrisa se hacía amplia mostrando su dentadura descuidada – Tranquila muchacha, pareces incómoda. Te comenté que me marcharía si no encontraba solución a tu problema. Para ver si mis familiares podían ayudarme – Un puñado más y aterrizó sobre las patas de las palomas mientras las personas que pasaban a su lado las miraban con una mirada tierna como si fueran abuela y nieta – Dime ¿Sigue ese coranzoncito tuyo soñando por ese muchacho? – Alzó su mirada hacía ella, clavando su mirada en ella tras lanzar otro puñado de pan sobre las patas de las palomas.
– Kartik ¿Por qué Tamsin te llamo Kendrik antes? – Comentaba la niña mientras sujetaba el palo de madera saboreando su dulce y su otra mano estrechando la mano de Kartik – Supongo que lo haría para llamar mi atención. Dijo que en público no me llamaría así – Alzó sus hombros para responder a siguientes preguntas como ¿Y por qué? sabía lo curiosa que era la niña – Mmmm, Tamsin es muy misteriosa ¿Quieres? – Dijo extendiendo su caramelo hacía él haciendo que el negase con la cabeza mientras continuaban caminando calle abajo, a paso tranquilo mientras Kartik observaba a las damas del lugar, con sus peinados sus palabras y sus risas, era como si hubiera visto ese ambiente con anterioridad pero no pudiese especificar cual ni donde.
La mujer aguardaba su respuesta mientras sus manos continuaban lanzando pan a las palomas, con delicadeza cayendo sobre sus finas patas y ellas sin cesar de comer, al igual que el resto de personas, no imaginaban lo que se cocía entre ellas, lo que estaba a punto de suceder.
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Calles de New York | Por la mañana, cerca del mediodía | Con Kartik
Verla sonreír le produjo un escalofrío que le recorrió toda la espina dorsal. A Gemma no le gustó aquella sonrisa descuidada pues tras ella parecían ocultarse motivos y secretos oscuros de los que, estaba segura, no quería formar parte. Sin embargo se mantuvo firme y no apartó la mirada del rostro de la anciana. Pese a ello, contra más palabras salían de la boca de la mujer, más nerviosa se sentía ella y más y más ganas tenía de levantarse y marcharse. Pero aquello habría sido un desplante y ella había sido educada con unos modales que no pensaba quebrantar. Además, y aunque no quisiera reconocérselo, cierta parte de ella guardaba todavía la curiosidad y el amor por la magia que tuviera antaño y necesitaba quedarse allí y escuchar. Necesitaba sentir que seguía perteneciendo a ese mundo místico y secreto, donde era poderosa y admirada.
Cuando Tamsin dejó ir su pregunta las mejillas pálidas y llenas de pecas de la chica se colorearon tenuemente. La boca se le secó y durante un momento no pudo hacer más que observar a la mujer con sus ojos verdes y asustados.- ¿Qué? –carraspeó, intentando recuperar la compostura de nuevo. Parpadeó un par de veces, se irguió un poco más en su postura y agarró el libro con fuerza entre las manos.- No... No creo que eso sea asunto suyo. –sus palabras salieron con cierta brusquedad, como sólo una verdadera Neoyorkina podría pronunciarlas. Quizás, ya no conservaba sus impolutos modales ingleses tan intachables como quería recordar.- Lo que sucedió, ha quedado ya en el pasado. –aunque intentó sonar dura y fría ni si quiera ella se creyó sus propias palabras. Era imposible. ¿Cómo iba a olvidarse de él cuando cada noche se acostaba rezando y suplicando por poder soñar de nuevo con él?- Acudí a usted en un momento de debilidad y me arrepiento, hay cosas que no se pueden cambiar. Ya debería de haberlo sabido.
Cierto, había cosas que no se podían cambiar la muerte era una de ellas, por supuesto, pero tampoco sabía que se pudieran empeorar. Desde que acudió a aquella hechicera con esperanzas banas y el corazón en la mano había aprendido una dura lección. Había cosas que no se tenían que remover, desde que había acudido a Tamsin no había podido volver a verle, ya no soñaba con él, en sus sueños todo era soledad y oscuridad. Probablemente era un castigo, había querido engañar a la muerte y su castigo había sido perderlo completamente. Sabía que ella tenía la culpa, pero infantilmente le gustaba creer que la culpa era de aquella mujer. Tamsin la había engañado, le había hecho promesas que después no había podido cumplir, pero el castigo lo había recibido Gemma y no la anciana. No era justo.
- Sin embargo, y aunque siento decirle esto, me parece una falta respeto que se presente aquí después de todo este tiempo para hacerme preguntas de carácter tan personal. –la miró con ojos fieros, ocultando los nervios y la desazón que su presencia le ocasionaba. Verla a ella le recordaba irremediablemente al chico que había perdido y, al recordarlo a él, el dolor en su pecho la atacaba de nuevo con fuerza. El silencio las rodeó de nuevo durante unos cortos instantes y, antes de que se diera cuenta empezó a escupir palabras con furia dejando entrever todo el dolor y el rencor que sentía.- ¿Quiere volver a engañarme? –esta vez no iba a caer en sus mentiras, se dijo, esta vez no.- Lo que me prometió es imposible, estoy segura de que usted en su día lo sabía y aun así me dejó creer en mentiras, fue cruel. -aunque quería hacerse la fuerte y la valiente, fue inevitable que empezar a notar el escozor en los ojos propio de las lágrimas dándose primer aviso antes de aparecer. Apretó tanto la tapa del libro que sus nudillos se volvieron blancos e incluso se mordió el labio inferior sin darse cuenta.- Él no va a volver nunca y ni si quiera me queda el consuelo de poder verlo en sueños. Así que no, no sueño con él porque ya no puedo, a cambio me paso todo el tiempo que me queda despierta pensando en él.-en las cartas que intercambiaba con Felicity esta le había dicho que era lo mejor que le podía pasar, dejando de soñar con él podría rehacer su vida, pero Gemma era incapaz de rehacer su vida, conocer a alguien más. Pero eso nunca pasaría, porque además de Kartik no había, ni habría, nadie más para ella.
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Calles de New York | Por la mañana, cerca del mediodía | Con Gemma Doyle
La moneda pasaba de uno de sus dedos a otro, brillando cuando la luz del sol tocaba una de sus caras, no hacía ningún ruido, no era como los niños le habían dicho, que sonaba como si miles de monedas chocasen entre sus dedos, era un ruido sordo. Y aunque nunca había hecho eso con sus manos, tenía la sensación de haberlo hecho muchas veces mientras que los otros niños lo intentaban todo el tiempo a él le salía innato. La niña continuaba comiendo su dulce como si se le fuera la vida en ello, los dulces que había en casa de Tamsin eran caseros y parecía no gustarles, Kartik no saboreaba la comida, con que le llenase y le diese energía le bastaba, otro pensamiento innato. Tienes que relajarte, Tamsin dijo que irían apareciendo ¿Crees que te mentiría?, la voz de su conciencia lo golpeaba, claro que los recuerdos llegarían pero si ella le conocía, si sabía quien era ¿Por qué no le ahorraba esa intriga, por qué demonios no le dice quien es y de donde es? ¿Por qué no le dice quien es Gemma y por qué ese nombre le golpea la cabeza y por qué su pecho se infla al escucharlo? ¿Por qué demonios le sonaba tan importante? No, no podía confiar en ella, no del todo al menos, notaba que algo le ocultaba y que algo buscaba fuese de él o no lo fuese, sabía que Kartik era su medio para conseguir algo, podía notarlo como si lo desease en sus ojos.
Un puñado de pan tras otro, la anciana podía sentir y escuchar los latidos de aquella muchacha como si fuesen los suyos propios y eso, la hizo sonreír con tranquilidad. Tamsin había sido una anciana muy poderosa, de esas brujas que con orgullo y un poco de talento se habrían comido el mundo y aunque ahora no tuviera mucho poder, la Naturaleza era sabía y mientras unas cosas crecen otras disminuyen, su inteligencia seguía siendo la misma, no dependía de la magia para ello – No te alteres muchacha, deberías de estar aliviada de verme. Si no tuviera noticias ni nada que decir ¿Crees que habría perdido mi tiempo en buscarte para hablar contigo? – La miró alzando sus ojos hacía la muchacha, resultando y quedando ella como la ofendida, su orgullo se hacía mayor como ella.
– Debería haberme cogido el de fresa, aunque el de manzana está rico, el de fresa me empalaga antes y así guardo para luego y les doy a todos envidia con el caramelo ¿Tienes más monedas Kartik? Y te daré este – Kartik miró el camarero chupado por la niña y se le presentó no lo menos apetitoso, puede que no tuviese mucho paladar que no disfrutase de las comidas, tampoco había probado delicatessen por lo menos en casa de Tamsin, pero si algo le había dicho la anciana es que no debían de tirar el dinero, no eran ricos ni señoritos. De modo que contando las monedas en sus manos alargó su mano – Está bien, pero compra el más pequeño ¿De acuerdo? Porque si te dejas el siguiente como este – Dijo cogiendo el caramelo con cuidado sonriendo ampliamente – Te lo pondré de pendiente – Ante so fue la niña quien sonrió ampliamente y sacando su lengua comenzó a correr hacía la tienda siendo seguida por Kartik que le entregó el caramelo a un niño sentado en la acera que sin dudarlo lo saludó y se metió el caramelo en la boca.
Volvieron a caminar de la mano, esa vez continuaron bajando por la calle irían a buscar a Tamsin porque se había entretenido y la niña comenzaba a desesperarse, podían ser pobres pero esa niña era caprichosa. Kartik, sujetando la mano de la niña con seguridad caminaba pensativo ¿Cómo podía seguir con Tamsin si no confiaba del todo en ella? ¿A donde iría y si volvía a...a morir si la abandonaba? Aunque su pregunta giraba en torno a porqué lo había resucitado ¿Se lo había pedido alguien o es que lo necesitaba? Aunque no creía ser importante, necesitaba muchas respuestas, demasiadas respuestas. Doblaron la esquina y pronto comenzó a ver la plaza en donde Tamsin dijo que se encontraría y la pequeña soltó la mano de Kartik y comenzó a correr hacía la mujer sin darle tiempo a Kartik de sujetarla.
Continuaba mirándola a los ojos, tras lanzar otro puñado de pan con algo más de fuerza – Los jóvenes ricos de hoy en día se creen tan importantes. Piensan que las personas no tienen nada mejor que hacer que perder su tiempo con ellos. Dime niña ¿Mereces que gastase mi magia en traer a ese hombre para ti? – No esperó una respuesta si no que continuó hablando, comenzando a ver las lágrimas en los ojos de la niña e interiormente sonrió – Nada es imposible niña, no en el mundo en donde vivimos, no con lo que podemos hacer. Tu deberías de saberlo, fuiste muy poderosa allí arriba ¿Por qué pondrías límites a la magia? – Se vieron interrumpidas pues una niña aterrizó sobre las piernas de Tamsin colocando sus manos en sus rodillas sin espantar a una sola paloma – ¡Tamsin! Has tardado mucho, Kar...Kendrik y yo estábamos preocupados. Dijo que nos habías abandonado y que él lo haría si tenía que ocuparse de nosotros, es cruel – La niña sostenía el caramelo de fresa en su mano y miró de reojo a la muchacha mientras la anciana pasaba la mano por los cabellos dorados de la niña – Nada es imposible Señorita Doyle, no para nosotras – Y alzando su mirada señaló hacía adelante, al otro lado de la plaza.
Se había detenido un instante, un cuadro llamó su atención un grupo de muchachas en círculo, rodeadas de naturaleza parecían felices y relajadas había visto eso en sus sueños, había sentido esa sensación de tranquilidad como si estuviesen protegidas. Alargó su mano y toco el cabello rojizo de una de ellas y volvió a suspirar ¿Qué demonios le pasaba? Negó con su cabeza y volvió a reanudar la marcha cuando todo su cuerpo se quedó estático, petrificado, congelado cuando un cabello rojizo llegó hasta sus ojos, el rostro de aquella muchacha que miraba a Tamsin hizo que no pudiese continuar y su pecho sintió un golpe y no volvió a entrar aire en sus pulmones y mientras su mirada buscaba esa mirada que no había visto nunca antes pero que había visto tantas veces solo pudo susurrar sin saber todo lo que significaba – Gemma –
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Cada nueva palabra de la anciana era como una daga lanzada de lleno a su pecho. Quería pedirle que se callase, que se marchara y no volviera nunca más. Pero aquello no habría sido educado y, además, se veía incapaz de hacerlo. Mientras aquella mujer estuviese allí la diminuta llama de esperanza que se había encendido en lo más hondo de su corazón cuando, tiempo atrás, realizó aquel trato, todavía prendería. Una vez apagada del todo, cualquier esperanza se habría evaporado y sabría así con absoluta certeza que él nunca regresaría. Tal vez por eso nunca le había dado un final a aquella historia, nunca había ido a buscarla, pese a saber dónde podía encontrarla, porque finalizar con Tamsin significaba finalizar también con Kartik y aquello no podía hacerlo. ¿Era tal vez por eso que no podía enfrentarla y pedirle que se marchara?- Yo no… –su contestación quedó poco más que a medias pues una pequeña niña la interrumpió de lleno.
Por un momento Gemma sintió deseos de echar a correr, de perderse entre la marabunta de gente que recorría las calles de Nueva York y no mirar nunca atrás aprovechando que Tamsin había dejado de prestarle atención. Pero marcharse sin decir adiós habría sido muy cobarde. Mas se puso en pie, de hecho, dispuesta a despedirse de buenas maneras y educación a causa de la presencia de la pequeña niña. Pero entonces la anciana volvió a ejecutar uno de aquellos actos que tanto la desconcertaban. Por pura inercia siguió la dirección que marcaban los ojos de la anciana y, de pronto, sintió que el corazón se le paraba y que el alma escapaba de su cuerpo.- No puede… no puede… no… -las palabras se atoraban en su boca y acabó balbuceando frases inconexas que no tenían sentido alguno. Eran negaciones claras, incredulidad pura, imposibilidad de creer lo que sus ojos estaban viendo.
Los segundos pasaban hasta transformarse en minutos enteros y él seguía allí, frente a ella, mirándola con aquellos ojos oscuros y exóticos tan confusos como debían de estar los suyos propios. El tiempo transcurría, pero él no desaparecía, no era un espejismo, no era una mala broma, era él, era él de verdad y estaba allí, justo al otro lado de la calle, a meros metros de ella. La sacudida que tal revelación causó en ella que sus ojos se llenasen de lágrimas que pronto rodaron mejillas abajo sin control alguno. Las manos empezaron a temblarle y el libro que había sostenido firmemente entre estas cayó al suelo con un ruido sordo cuando las alzó para acallar un mudo grito que murió tan pronto nació en su garganta, pero Gemma ni si quiera reparó en ese hecho. Cuando empezó a andar, con pasos torpes y mecánicos en dirección a él todo lo que podía ver era a Kartik. Le pareció chocarse contra alguien, tuvo la sensación que alguien la insultaba, pero ni si quiera volteó a mirar. Todo lo que podía hacer era avanzar, avanzar y avanzar hasta que, al fin, se detuvo justo frente a él.
Lo observó de arriba abajo, hasta que sus ojos entraron en contacto directo con lo de él. Las lágrimas eran imposibles de detener, mas no eran lágrimas de tristeza o dolor, eran lágrimas de absoluta felicidad. Estaba allí, era él de verdad quien le devolvía la mirada.- Kartik… –el nombre salió en un susurro de entre sus labios y, antes de pensar en lo que estaba haciendo, abrió los brazos y se abalanzó hacia él para envolverlo en un abrazo.- Eres, tú, eres tú... –empezó a repetir sin tregua mientras hundía la cara en su pecho y se dejaba llevar por la absoluta felicidad que sentía.
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Calles de New York | Por la mañana, cerca del mediodía | Con Gemma Doyle
Sus pies se habían detenido tan de golpe que muchas personas lo miraron, pues de verlo animado con la pequeña bajando por la calle en busca de Tamsin a que de pronto se quedara helado, mirando hacía el horizonte mientras sus ojos se bañaban en ese color rojizo que había visto entre sus dedos en tantos sueños, ondeándose mientras corría, ocultando el rostro de esa muchacha que poseía un nombre. Sus ojos ni siquiera pestañeaban como si por miedo, fuera a desaparecer, como en sus sueños soñando que la alcanzaba y esta se desvanecía en la luz de un fuerte y brillante sol, un sol que no se parecía al suyo.
Su respiración, el aire volvió a sus pulmones aunque fue una bocanada muy grande de aire, tanto que hizo daño en su pecho, como si su alma hubiera vuelto a su sitio y de pronto, supiera como moverse, como actuar incluso como sentirse. No era felicidad ¿debería de sentir felicidad? Era un alivio, en su pecho así lo sentía, como si de pronto hubiera recuperado algo que había perdido. Sabía quien era ella, solo con verla lo sabía y de pronto se enfrentaba a esos sueños que no llegaban a ninguna parte, si, era alivio lo que sentía en su pecho y algo más, algo que no podría identificar, sin saber quien era aquella muchacha.
Sus pies comenzaron a moverse de nuevo caminaba hacía ella, igual que ella caminaba hacía él, atrás dejaba la pintura de aquellas muchachas, atrás dejaba todos los pensamientos pues ahora nada tenía más importancia que ese momento, igual de importante que de intenso y que de confuso ¿Cómo podía serlo? Pero apartó esa pregunta de su mente pues de algo si estaba seguro. Necesitaba tenerla en sus brazos, como si un sentimiento de protección se alzase sobre él, necesitaba, por alguna razón, sentirla cerca de él, sentir su calor, su olor, ese olor con el que soñaba que no reconocía en ningún lado y necesitaba olerlo en ella, para terminar de enloquecer.
Mientras los veía acercarse la niña se sentó en el banco comiendo su dulce con tranquilidad mientras Tamsin interiormente, maldecía a los cielos que la niña no se hubiera quedado quieta junto con Kartik en donde los había dejado y viendo como ellos se acercaban solo pudo suspirar con pesar y negando con su cabeza dejó la bolsa de pan sobre el banco y caminar hacía ellos.
Sus ojos se encontraron y cuando los brazos de ella le envolvieron, sintió como si se cayese de espaldas, era ella. Era su tacto, su calor y cuando Kartik acercó el rostro a su cabello, al hueco de su cuello se permitió olerla y cerró los ojos con total placer, sintiéndose aliviado e inseguro. Alzó sus hombros y la abrazó colocando una mano sobre su cabello y la otra en su espalda para acercarla a él – Gemma – Volvió a susurrar sobre su cabello apartándose levemente y bajando las manos a cada una de las mejillas de él – Gemma ¿Cómo es posible... – Antes de que pudiera terminar la pregunta Tamsin apareció junto a Gemma y lo apartó de él casi con brusquedad poniéndose delante de él – Como ves niña, nada es imposible y aunque ha sido antes de tiempo si, es Kartik y como puedes ver es real – Se giró a él que la miraba confundido ante su acción de apartarla de esa forma pero Tamsin prosiguió – Pero no recuerda nada, si, sabe quien eres digamos que tu recuerdo vuestra historia hace que por alguna razón te recuerde vagamente. Más es como un vaso vacío sin nada – Kartik se puso al lado de Tamsin y la miró casi con fiereza – Tamsin ¿Por qué no me dijiste que sabías quien era Gemma? Llevo eses soñando con ella y siempre me has dicho que eran locuras – Tamsin alzó su mano para hacerla callar antes de que continuase – Pero no sueñes querida porque el trato sigue en pie. Aún no he obtenido lo que te pedi acambio de traerlo de vuelta, así que...Hasta que no me des lo que quiero... – Chasqueó sus dedos y Kartik se quedo erguido y sus ojos adquirieron una tonalidad más oscura y su expresión se volvió fría como el mármol – ...Bueno, no será completamente Kartik –
Los dedos de ella volvieron a chasquear antes de darse la vuelta tras llamar a la muchacha – Os dejaré esta tarde para que...recordéis viejos tiempos. Kartik ya sabes donde vivimos, regresa en la noche. Oh y Gemma, no tardes con tu parte del trato, porque puedo deshacer lo que hice – Y comenzó a caminar de nuevo agarrando la mano de la muchacha. Kartik se quedó mirándola, su cabeza comenzaba a dolerle ¿Por qué Tamsin no le había dicho que la conocía? ¿Por qué la guardaba en su interior, solo a ella? ¿Qué historia, qué trato? Kartik necesitaba respuestas, pero en el fondo de su ser, sabía que no perdería esa tarde haciendo preguntas. En el fondo de su ser sabía que otra persona, lo aprovecharía. Se volteó para mirarla y aunque una pequeña sonrisa asomó sus labios solo pudo alzar su mano hasta la mejilla de ella y poarla suavemente sobre su piel.
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Calles de New York | Por la mañana, cerca del mediodía | Con Kartik
Cuando lo escuchó pronunciar su nombre todo se hizo todavía más real. Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas una tras otra, sin control, sin vergüenza. Asintió una, dos, tres veces como queriendo constatar que era ella, que era él, que todo aquello era real, no estaban soñando, era real, era real.- No lo sé. –murmulló, mientras elevaba el rostro para mirarlo fijamente a él. En sus labios, de pronto, se posó una sonrisa de pura felicidad. Elevó las manos, temblorosas, para posarlas con cuidado sobre su rostro y asegurarse una vez más de que no se trataba de ningún espejismo.- No sé cómo puede ser… pero sé que es cierto. Estás aquí, has vuelto, has vuelto conmigo. Has… –pero no pudo acabar su frase, no pudo disfrutar más del rencuentro, pues Kartik fue apartado de ella con brusquedad y crueldad.
Iba a quejarse en un pleno exabrupto, mostrando sin pudor ese carácter tan suyo y tan salvaje como podía ser sólo cuando ella quería. Pero no pudo emitir queja alguna. Cuando sus ojos verdes se posaron de nuevo sobre la anciana, esta ya estaba hablando y sus palabras, si bien no sonaron como un amenaza real, Gemma sabía que bajo ellas había cierta coacción velada que sólo ella sería capaz de entender. La muchacha restó callada, sin saber qué decir, Kartik, en cambio, sí que la enfrentó, pero con un extraño movimiento de mano las palabras del chico murieron de pronto en sus labios y sus ojos se volvieron de un negro tan profundo que la asustaron.- ¿Kartik? –lo llamó en un hilillo de voz, pero él no le dio respuesta alguna. Tamsin, en cambio, le dio todas las respuestas que necesitaba.
Gemma contrajo ambas manos en dos puños apretados, notando como las uñas se clavaron en la carne tierna de sus palmas y como sus nudillos se tornaron blancos. La mirada que lanzó a la anciana lo decía todo por ella pero, aun así, encontró que las palabras acabaron precipitándose de su boca con voz acerada y falsamente confiada.- Sé bien que es lo que quiere. ¿Pero cómo puedo fiarme de que no le hará nada después de que se lo haya se lo dé? –intentando disimular el sentimiento de asombro contempló como la vieja bruja devolvía a Kartik a su estado natural. ¿Cómo podía hacer todo aquello? ¿En qué consistían exactamente los poderes de aquella anciana? Todo eran preguntas una tras otra, mas no formuló ninguna en alto dado que sabía que no recibiría nunca las respuestas. La conversación había acabado.
No le agradeció su gesto, sencillamente la contempló en estoico silencio. La anciana no tardó en marcharse, agarrando la pequeña mano de la niña tiró de ella obligándola a marcharse también. La niña, pero, durante un largo tramo miró hacia atrás para despedirse de Kartik y, tal vez, también de ella. Gemma podría haberse despedido de ella con un educado movimiento de mano, pero no lo hizo. Estaba demasiado metida en sus pensamientos, demasiado concentrada en no desfallecer de puros nervios al saberlo de nuevo allí junto a ella. Así, cuando la niña y la anciana desaparecieron tragadas por la muchedumbre y las calles de Nueva York, Gemma todavía tardó unos instantes en voltear poco a poco para volver a mirarlo, como si temiese que él también se hubiese marchado con ellas. Pero no, seguía allí. De pie en mitad de la calle, a su lado, de cuerpo presente, real.
La emoción volvió a recorrerla al verlo, se tambaleó ligeramente unos instantes, como si fuese a perder las fuerzas. Por acto reflejó alargó una de sus manos y se apoyó en él para volver a recuperar el equilibrio. Presentaban una imagen extraña allí en mitad de la calle los dos. Pero incluso en una ciudad tan moderna como Nueva York el color de la piel seguía siendo algo tremendamente importante. Llamarían la atención tarde o temprano, si no la había llamado ya. Pero a Gemma, en aquel momento, nada podía importarle, nada excepto él.
Le sonrió, incómoda, de pronto no sabía qué decir. Quería volver a abrazarlo, decirle cuanto lo había echado de menos, besarlo, abrazarlo todavía más fuerte, quería que le prometiese que no volvería a dejarla. Quería muchas cosas y aunque había imaginado el momento durante largo tiempo, ahora no sabía por dónde empezar.
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Calles de New York | Por la mañana, cerca del mediodía | Con Gemma Doyle
Era extraño como pueden dos personas tan diferentes enamorarse, Kartik jamás había creído en los cuentos de hadas, ni mucho menos en el destino, en que hubiese alguien con el que estabas destinado a encontrar a ser parte de esa persona, no. Pero era extraño, incluso Kartik sin ningún recuerdo más que el de ese tiempo conviviendo con Tamsin, él como la mano de Kartik se posaba en la mejilla de Gemma, como si supiera exactamente como poner su mano sobre su rostro, para que no la agobiase pero para que sintiera que está con ella, para que sintiera que era una caricia que le daba con todo su ser, también un control de sí mismo, pues Kartik no había sido un príncipe ni mucho menos, sentía el impulso de acercarla a él de acortar la distancia que los separaba, aún así ese gesto no le resultó extraño, ni siquiera el tacto de su piel, suave como porcelana, como si se fuera a romper en cualquier momento. Lo que más le extrañó e incluso lo que más le hizo pararse a pensar, a recordar, era el contraste de sus pieles, la de ella como si el sol no le estuviera permitido destacando por lo blanca y suave que podía ser, un tono puramente burgués de alguien que se mueve bajo sombrillas y música de violines, mientras que la piel de Kartik era bronceada, de sus horas de trabajo bajo el sol, sus manos rasposas por el duro trabajo que no lograba recordar, su piel y la de ella, destacaban la de ella por su belleza y la de él por su esfuerzo, sin embargo no sentía como eso fuera algo correcto, algo bonito.
« Los gitanos trabajan detrás del colegio, donde no se les pueda ver —Gemma lo miraba alzando su cabeza orgullosa, como si el que llevase un libro en una mano significase que era mejor que él, tendría que darle una herramienta de trabajo y ver su podía alzarla — Siento haber interrumpido tu paseo, niña mimada. Solo que tu piel es tan blanca que pensé que estaba viendo un fantasma — A Kartik no se le daban bien las palabras, él era más de acciones — ¡Eres un grosero Kartik! ¡Márchate ya y no me molestes! —»
Él mismo se habría sentado el suelo, pero solo cerro sus ojos por un momento y juntó su entrecejo mientras el dolor de cabeza se hacía presente durante esa imagen y cuando volvió en si, sintió mano de Gemma apoyándose en él y en un acto reflejo, llevó sus manos a los antebrazos de ella sosteniéndola y terminando por pegar su cuerpo al de él, mientras llevaba una mano a su espalda y la otra continuaba en su rostro – Gemma ¿estas bien? – Le preguntó, una pregunta absurda pues ni siquiera él lo estaba, probablemente necesitaría un litro de agua para poder refresca sus ideas, su cabeza que continuaba bombeando desde que sus ojos se encontraron por primera vez.
Desvió su mirada a sus ojos y la sostuvo un instante, aún sosteniéndola en sus brazos y sintió, un impulso tan familiar como nuevo, sintió el impulso de abrazarla hasta quedarse sin respiración, sintió el impulso de cogerla en brazos y salir corriendo de ahí, escapar, una promesa que tantas veces se habían dicho, ninguna se había cumplido y ninguna de ellas las recordaba.
Con sus ojos sobre los de ella, cogió aire con su pecho y se acercó lentamente a su rostro, acortando la distancia más y más entre ellos, con su mano en su espalda que paso a ser su brazo, pegándola a su pecho, cerró sus ojos y poso sus labios sobre la mejilla de ella, como si esperase a tener su aprobación, como si pidiese permiso, esa necesidad se hizo fuerte con él, como si anhelase algo que no recuerda, algo que siempre había deseado, algo que no pudo disfrutar por mucho tiempo, algo que no recordaba, que aún no recordaba. Pero incluso antes de pedir permiso se atrevió a acercarse más, hasta que rozo sus labios con los de ella, pero fue un grito, un carraspeo el que hizo que Kartik abriese los ojos suavemente y viese a diferentes miradas mirándolos, juzgándolo como si la estuviese forzando. Y ese instante, rompió la sensación, pues Kartik a regañadientes de separó de ella, lentamente llevando sus brazos a sus antebrazos, sin soltarla, sin apartarse mucho de ella como si estuviese apunto de atarla a su muñeca – ¿Quieres sentarte? Tal vez sería mejor si... – Podía notarse los nervios en sus palabras.
Pues lo quería todo al mismo tiempo, quería escucharla, quería hablar con ella, quería tocarla abrazarla, sentir que estaba ahí, aunque fuese una sensación extraña, no le asustaba lo que veía en sus sueños más bien lo deseaba y ahora, lo tenía frente a él y solo perdían el tiempo – Creo que tenemos que hablar...Necesito saber cosas, muchas cosas – Mordió su labio inferior nervioso mirándola a los ojos – Hasta hoy no sabía que podías ser real y...necesito saber...antes de... – No, incluso ahora no se le daban bien las palabras, jamás había sido de hablar y eso jamás cambiaría. Solo esperaba no sentir esas miradas mirándolo o no terminarían bien, pues si no era de hablar, si que era tajante incluso ahora y podía hacer que todos dejaran de mirarlo o que lo llevaran esposado.
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Calles de New York | Por la mañana, cerca del mediodía | Con Kartik
El contacto de los brazos y los labios de Kartik sobre su piel la sumió al instante en una especie de sopor. La tranquilidad la envolvió y un aparte de ella le dijo que podría quedarse así para siempre. Se encontraba en casa, otra vez, aquel lugar que tanto había echado de menos y que tan poco tiempo había podido disfrutar. Pero Kartik se alejó y, aunque lo hiciera lentamente, Gemma sintió como si le hubiesen arrancado algo. Abrió los ojos de nuevo e intentó superar su momentáneo atontamiento. Asintió con fuerza ante la propuesta del hombre, estaba más que claro que tenían mucho de lo que hablar. Pero aquella transitada calle llena de gente y de miradas escandalizadas y acusadoras no era el lugar indicado. Tenían que buscar un lugar más privado, más íntimo y, como si se tratase de una iluminación divina, la idea acudió a su mente a la velocidad del rayo: la librería.
Sonrió levemente y agarró la mano de Kartik entrelazando sus dedos, creando un lazo simbólico pero, para ella, irrompible. La piel morena de él contrastaba con fuerza contra la piel tan blanca de ella, sabía que era aquella clase de cosas las que la sociedad no permitía pero, aun así, no le soltó la mano en ningún momento.- Vamos. –murmulló sin dar más explicación antes de comenzar a andar. Atrás quedó Tamsin y la niña, atrás quedó su libro y los viandantes curiosos. Su destino era claro, la librería. Allí podrían gozar de la tranquilidad que necesitaban, podría hablar tranquilamente con él, besarlo incluso si quería, sin que escándalo alguno los envolviese.- Conozco un sitio donde podremos hablar con tranquilidad.- y no tardaron en llegar.
La librería era un establecimiento más bien pequeño inundado por el olor a tonta y al cuero de las tapas. Desde afuera, a través de la vitrina de cristal, la estancia se veía a oscuras. No era para menos, en la puerta estaba colgado el cartel de cerrado. Una vez dentro Gemma no le dio la vuelta, como le habría correspondido hacer tras su descanso. Su jefe se enfadaría, pero eso sería después y sólo si llegaba a enterarse. Avanzó con cuidado por la estancia en penumbras, todavía reteniendo al mano de Kartik entre la suya, se sabía el camino de memoria, no necesitaba luz o guía alguna. Lo llevaba a la trastienda. Allí sí que encendió la luz, para ello tuvo que soltar la mano de Kartik y, aun con reticencias, lo dejó ir.
- Aquí estaremos tranquilos, al menos durante un rato. –explicó mientras acababa de ajustar la luz y la depositaba sobre la mesa repleta de libros y cajas en el centro de la sala.- Adelante, siéntate y pregunta todo lo que necesites saber.- sonrió para otorgarle cierta confianza y, aunque en el fondo ella se moría de ganas por hacer muchas preguntas también sentía que, primero, debía hacerlas él. A fin de cuentas, era Kartik quien había vuelto del más allá y era, por tanto, el que más confundido tenía que estar de los dos.
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Sentía como si se repitiese algo anterior, aunque no siente que fuese así. Ella no tiraba de él, ni tampoco corrían para hablar tranquilamente, ni era New York. Era más de noche, en calles donde la muerte tenía olor propio y se pegaba a tu piel y se quedaba el sabor en la boca, y Kartik lejos de sentirse incómodo, ante esa sensación esa escena anterior, siente nostalgia de un mundo que conocía, un mundo en que había sabido manejarse toda su vida, un mundo del que ahora tenía que aprender, volver a aprender.
La siguió, sin molestarse mucho en preguntar a donde irían ¿serviría de algo? poco o nada conocía esa ciudad, las calles que estaban cerca de la casa de Tamsin y el lugar donde había despertado, pero nada más, si había estado alguna vez en esa ciudad no la reconocía. Tampoco se molestó en ver si alguien los miraba o si alguien avisaba de lo que estaba ocurriendo, aunque no podría decir que él la secuestraba, porque no era él quien tiraba de ella. Sin embargo si miró hacía atrás en contadas ocasiones para ver si alguien los seguía, para comprobar que ni un guardia, una persona o la misma Tamsin los seguía hasta donde quisiere que fuera a llevarlo.
Entraron en el interior del local y tenía poca luz, quizás porque ahora ahora había estado cerrado. Pero cuando sus ojos se adaptaron a la suave luz que entraba por las ventanas y el escaparate, pudo ver el interior. Libros y más libros. No recordaba haber leído un libro nunca, Tamsin no tenía libros y si los tenía, solo podría leerlos ella. A Gemma, deberían de encantarle los libros, si tenía un lugar así, pequeño pero terriblemente acogedor, aunque Kartik sintió más bien pavor, como si se estuviese esperando que alguien saliese de la esquina y lo atacase, como si fuera a aparecer Tamsin en cualquier momento. Aunque con cada paso, la sensación se hacía más fuerte, más presente en su interior, junto con la sensación de que, al sostener la mano de Gemma, entrelazada con la suya, era como si ese tacto fuese lo único que le impedía salir de ese local, con miedo a romper el lazo, continuó sosteniendo la mano de Gemma.
Por ello, cuando soltó su mano, dejó su brazo extendido, con su mano abierta, como si esperase que en algún momento volviese a recoger su mano, pero jamás llegó. Y solo pudo cerrar su mano en un puño y dejar caer su brazo hasta su costado volviendo a observar el lugar, la nueva estancia mientras adaptaba la luz al interior. Y había más libros, estanterías con libros, pilas de libros, cajas con libros, bolsas de tela con libros. Kartik se equivocaba, a Gemma no le encantaban los libros, le apasionaban, vivía por ellos ¿Por qué tenía la impresión de que no le sorprendía? – Con permiso – Susurró con suavidad, adentrándose más en la sala. Se sentía demasiado grande, como si fuese a tirar algo en cualquier momento – Vaya... – Comentó mientras daba otro paso, buscando un sitio que no estuviera hecho por libros.
Terminó sentándose en una caja de madera y alzando su mirada a ella, volvió a levantarse, prefería estar de pie daba la sensación que había estado descansando mucho tiempo cada vez que se sentaba o se tumbaba – ...No se por donde empezar... – Llevó sus manos a su nuca – Verás..Tamsin me ha explicado que...bueno, que estaba muerto y que me revivió...¿Es cierto que morí salvándote? Tamsin no me ha contado mucho pero...es una sensación que tengo... – Porque, aunque había estado apunto de besarla en la calle, necesitaba saber quien era y quienes eran.
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La primera pregunta de Kartik fue, sin duda, la que más se temía Gemma. Se mordisqueó el labio inferior, encontrándose de pronto sin palabras, y lo observó en silencio durante largos segundos, con sus ojos verdes fijos en el rostro masculino de aspecto confuso. Si estuviera allí Felicity ya le habría soltado la verdad sin filtro o preocupación ninguna. Por un momento deseó que su vieja amiga se encontrase allí y no en Paris viviendo su sueño de una vida bohemia donde poder mostrarse tal cual era sin tapujo alguno. Felicity se habría reído de su indecisión, la habría llamado tonta. Pero Gemma no tenía el arrojo de la joven rubia, ella no podía evitar preguntarse cómo se sentiría ante sus palabras. ¿Le dolería? ¿Se arrepentiría de lo que hizo?
- Sí. –respondió al fin con sinceridad a falta de otra cosa que darle.- Siempre has sido un cabezota y lo hiciste sin consultármelo. –cerró los ojos, recordando de pronto el momento en que Kartik se interpuso en su camino sufriendo el destino que le per tocaba a ella. No fue justo, no se lo dijo, lo hizo sólo, sin pedir permiso y, lo peor, dejándola sola. Estuvo enfadada con él durante un tiempo, fue un enfado irracional, cierto, pero el dolor la había hecho actuar de manera impulsiva. Con el tiempo lo había olvidado, sabía que realmente no estaba enfadada con él por hacerse el héroe, a fin de cuentas era lo mismo que iba a hacer ella. Con el tiempo advirtió que lo que sentía no era enfado, si no simple y pura tristeza. Lo echaba de menos.- Lo hiciste para salvarme, para que yo pudiera vivir una vida.
Sintió de pronto como las ganas de llorar volvían, se puso en pie y empezó a recorrer la pequeña estancia- Lo hiciste por mí, pero no pensante en que la vida que viviría no valdría la pena si tú no estabas en ella. porque sí, había sido duro dejar atrás Londres y a todos los que conocía. Pero más duro había sido darse cuenta que el dolor de su pérdida no podría dejarlo atrás jamás, siempre lo recordaría, siempre lo vería en sueños como una burla de lo que podrían haber sido y no fueron nunca. Pero entonces llegó Tamsin y todas sus promesas… No se dejó nada en el tintero por contarle, incluso cosas que no le preguntó fueron sacadas a la luz y explicadas también. Gemma quería que lo supiera todo, quería que recordara lo que eran, lo que habían sido y, ante todo, quería asegurarse que se quedaría con ella para siempre.
Pero las agujas del reloj no dejaron de moverse, el tiempo pasó inexorable y, al final, tuvieron que despedirse.- Prométeme que volveremos a vernos. –le imploró ella aunque, en el fondo sabía que tal decisión no dependía de él, si no de la anciana bruja.
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II. Our first breath
II. Our first breath |
Sus pies se movían con una rapidez que hacía tiempo que no sentía o esa era su impresión, pues corría. Corría como si huyese de algo en lugar de correr hacía un lugar con su respiración acelerada y su garganta tapada por el aire que entraba en su boca, pero sonreía, no solo por la libertad que correr le proporcionaba pues hacía tiempo, desde que despertó, que no se sentía tan libre, si no porque acudiría a verla, esa noche sin el permiso de Tamsin, sin el permiso de nadie como cree recordar en otra vida. Sus pies daban largas zancadas, en ocasiones saltaba un poco y aterrizaba con agilidad sobre el suelo, como si de un felino se tratase y casi lo parecía si no fuera porque andaba a dos patas y apenas se le veía en la noche por su tono de piel.
Aquél abrazo, aún podía sentir el calor de Gemma en su cuerpo, su respiración acelerada como si hubiese deseado abrazarla hace mucho tiempo y su cuerpo, en tensión por miedo a hacerla daño y a la vez controlándose para no excederse en su comportamiento y primer encuentro.
Pasó por delante de la pastelería de esa mañana y sonrió ampliamente dando otro pequeño salto hasta llegar a la plaza donde había visto a Gemma por primera vez en persona y sus pies se detuvieron. Sintió de golpe el aire golpeando su pecho, el aire entrando en sus pulmones y tuvo que doblar su espalda y respirar entrecortadamente —Uff...— Suspiró apoyando las manos en sus rodillas alzando la mirada hacía el lugar donde había visto aquellos cuadros y continuó caminando hacía la tienda, hacía la...librería con tranquilidad, recuperando el aliento que había perdido hace unos segundos en esa carrera.
Se asomó en la librería, intentando ver movimiento detrás del cristal pero sin ver nada e su interior —Como imaginaba— Se dijó a sí mismo, de modo que, sentándose en el suelo apoyando su cuerpo aún respirando entrecortadamente cerró sus ojos un instante antes de abrir los ojos y mirar las estrellas. Quedó enmudecido unos instantes mientras unas imágenes llegaban a él, un cielo estrellado, Gemma dando vueltas a un árbol con Kartik detrás de ella « Esa constelación...separece a un erizo — Decía Gemma mientras caminaba acariciando al árbol —¿A un erizo? Mmmm...Parece más una piedra — Ella se quedó quieta y se giró bruscamente mirándoles a los ojos — Bésame — Kartik se rió» —¿Solo por que tú lo pidas?— Sonrió abiertamente mientras miraba al cielo estrellado, pero su erizo no estaba ahí.
Pasaron las horas y por allí no aparecía nadie, de modo que y como esperaba. Se puso de pie, había descansado lo suficiente y no tendría que volver corriendo aunque era mejor no arriesgarse. Introdujo el sobre entre la verja y el cristal con el nombre de "Gemma" en él, pues sabía que ella lo recogería. Después de colocarlo bien para que no se cayese, sonrió de nuevo y dándose la vuelta, dio la primera zancada y después una detrás de otra, volviendo a casa de Tamsin.
« Gemma.
He pasado por la librería y no estabas ahí, supongo que no duermes sobre ella como Tamsin me había dicho, al imaginarlo le he pedido a una amiguita que me ayudase a encontrar papel y tinta para poder escribirte esta carta. Se que te verás con Tamsin mañana y que yo iré con vosotras, no me ha dicho a que y tampoco quiero saberlo, me ha prometido que nos dejará solos unos momentos y eso solo hace que no quiera hacer más preguntas por el momento.
Se que puedo confiar en tí y que me ayudarás a recordar todo aquello que ahora mismo, no está en mi mente y que pueda volver a ser el de antes, ese, del que me has hablado brevemente esta mañana.
Nos veremos dentro de un rato, pero hay algo que se me había olvidado decirte.
Ha sido un placer volver a conocerte de nuevo, Gemma. Aunque siento que te conocía de antes, no solo en mis sueños, ha sido un placer.
Nos vemos a la salida del sol.
Kartik.»
Aquél abrazo, aún podía sentir el calor de Gemma en su cuerpo, su respiración acelerada como si hubiese deseado abrazarla hace mucho tiempo y su cuerpo, en tensión por miedo a hacerla daño y a la vez controlándose para no excederse en su comportamiento y primer encuentro.
Pasó por delante de la pastelería de esa mañana y sonrió ampliamente dando otro pequeño salto hasta llegar a la plaza donde había visto a Gemma por primera vez en persona y sus pies se detuvieron. Sintió de golpe el aire golpeando su pecho, el aire entrando en sus pulmones y tuvo que doblar su espalda y respirar entrecortadamente —Uff...— Suspiró apoyando las manos en sus rodillas alzando la mirada hacía el lugar donde había visto aquellos cuadros y continuó caminando hacía la tienda, hacía la...librería con tranquilidad, recuperando el aliento que había perdido hace unos segundos en esa carrera.
Se asomó en la librería, intentando ver movimiento detrás del cristal pero sin ver nada e su interior —Como imaginaba— Se dijó a sí mismo, de modo que, sentándose en el suelo apoyando su cuerpo aún respirando entrecortadamente cerró sus ojos un instante antes de abrir los ojos y mirar las estrellas. Quedó enmudecido unos instantes mientras unas imágenes llegaban a él, un cielo estrellado, Gemma dando vueltas a un árbol con Kartik detrás de ella « Esa constelación...separece a un erizo — Decía Gemma mientras caminaba acariciando al árbol —¿A un erizo? Mmmm...Parece más una piedra — Ella se quedó quieta y se giró bruscamente mirándoles a los ojos — Bésame — Kartik se rió» —¿Solo por que tú lo pidas?— Sonrió abiertamente mientras miraba al cielo estrellado, pero su erizo no estaba ahí.
Pasaron las horas y por allí no aparecía nadie, de modo que y como esperaba. Se puso de pie, había descansado lo suficiente y no tendría que volver corriendo aunque era mejor no arriesgarse. Introdujo el sobre entre la verja y el cristal con el nombre de "Gemma" en él, pues sabía que ella lo recogería. Después de colocarlo bien para que no se cayese, sonrió de nuevo y dándose la vuelta, dio la primera zancada y después una detrás de otra, volviendo a casa de Tamsin.
« Gemma.
He pasado por la librería y no estabas ahí, supongo que no duermes sobre ella como Tamsin me había dicho, al imaginarlo le he pedido a una amiguita que me ayudase a encontrar papel y tinta para poder escribirte esta carta. Se que te verás con Tamsin mañana y que yo iré con vosotras, no me ha dicho a que y tampoco quiero saberlo, me ha prometido que nos dejará solos unos momentos y eso solo hace que no quiera hacer más preguntas por el momento.
Se que puedo confiar en tí y que me ayudarás a recordar todo aquello que ahora mismo, no está en mi mente y que pueda volver a ser el de antes, ese, del que me has hablado brevemente esta mañana.
Nos veremos dentro de un rato, pero hay algo que se me había olvidado decirte.
Ha sido un placer volver a conocerte de nuevo, Gemma. Aunque siento que te conocía de antes, no solo en mis sueños, ha sido un placer.
Nos vemos a la salida del sol.
Kartik.»
De noche, frente a la tienda de Gemma | Solo | |
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Horario completo en el Daily Planet, defendiendo Rohan de la amenaza de Mordor, Capitaneando un barco lleno de pirtas y una Princesa orgullosa, Huyendo de grounders y de mi acosador. Encerrada en Invernalia, Domesticando a un esclavo, hablando con reyes de Goblins y lechuzas parlantes, Disparando a todo lo que se mueve, salvando a Skyrim de Alduin y ayudando a la Dama de la Mano Brillante.
Re: ♛ The sweet far thing
II. OUR FIRST BREATH |
La ciudad amaneció entre espejismos de bruma y el eco lejano de los barcos al atracar en puerto. Una buena chica como ella no debería de estar en la calle a aquellas horas. Todavía no era una hora decente y las calles todavía se veían pobladas por mujeres de virtud cuestionable y hombres de mala calaña que miraban con ojos rojos de pecado a través del humo azul de sus cigarros.
Gemma Doyle era una dama y, como tal, a aquellas horas debería de estar en su modesta residencia, acostada todavía en la cama o empezando recién a despertar para abrir la librería pero, aquella noche, se había visto obligada a partir en una pequeña búsqueda que le había acabado llevando más tiempo del esperado. Mas no habían sido, en absoluto, una pérdida de tiempo. Así lo atestiguaba la bolsita de papel marrón que aferraba con fuerza contra su pecho como si se tratasen de las joyas de la corona real. Aunque estaba segura de poder valérselas por sí misma, ya se lo había demostrado a un malintencionado maleante que había querido pillarla desprevenida, estaba deseosa de llegar a su casa. Por eso mismo, en cuanto vio la puerta de la librería en la lejanía recortada contra la fachada de ladrillos rojos una sonrisa instantánea curvó sus labios. Aceleró el paso, ya casi podía tocar el pomo pero, justo a unos milímetros de contactar contra la superficie de frio metal se fijó en la carta.
Observó el trozo de papel con el ceño fruncido, ¿debería cogerlo? Acabó resolviendo que sí, que debía cogerlo pues, si estaba allí, debía de ser para ella. Desdobló una a una las dobleces y en una rápida pasada sus ojos descendieron hasta el final del escrito. El nombre de Kartik parecía refulgir con su caligrafía rápida. Volvió a sonreír sin darse ni cuenta y, casi haciendo malabarismos, se las arregló para abrir la puerta. El interior de la librería estaba oscuro y frío, pero Gemma ni se inmutó. Sorteó las estanterías y las pilas de libros por ordenar hasta que no tardó en dar con la puerta que daba al piso superior. Subió los escalones de dos en dos y no tardó en encontrarse en su propia habitación. Era un lugar pequeño: una cama, un escritorio pegado contra la pared bajo la ventana, una pequeña estufa de carbón, una cocina casi más pequeña que la estufa y una mesa en el otro extremo de la habitación era prácticamente todo lo que contenía el cuarto. Era pequeño, sí, una caja de zapatos, también. Pero era su hogar.
Dejó la misteriosa bolsita de papel sobre la mesa y se sentó en la cama para leer la carta. Las palabras de Kartik la hicieron sonreír sin parar durante toda la mañana. Cuando abrió la librería, pocas horas después, ni si quiera había dormido, pero sonreía y sonreía sin parar por lo que más de un cliente le comentó lo contenta que se veía aquel día.- Es que hoy voy a encontrarme con un conocido al que no veo desde hace mucho tiempo. –les respondía ella con voz cantaría y enigmática sin dar más detalles de quién, dónde o por qué. Las horas le pasaron lentas, como una agonía, su mirada se desplazaba a menudo hacia las agujas del reloj con una insistencia que, durante la última hora, empezó a rayar en la locura..
Tamsin le había dicho exactamente dónde debían reunirse, así que cuando despachó al último cliente, el señor Blanchard que tenía por costumbre contarles todas las aventuras y desventuras de sus cinco nietos de los que estaba profundamente orgulloso, Gemma casi saltó sobre el mostrador para apresurarse a cerrar antes de que entrara alguien más. Se puso su abrigo a la carrera y colgó el cartel de cerrado casi olvidando echar la llave.
Había anochecido ya cuando emprendió camino, a paso apresurado no pudo dejar de martirizarse por llegar tarde pese a que había estado calculando el tiempo perfectamente. Por suerte la plaza donde se encontraron aquel anterior día no estaba lejos y, al llegar, ya vio sus siluetas recortadas por la luz amarillenta de las farolas. La anciana tenía aquella sonrisilla burlona, como la de quien sabe un secreto sobre ti pero que no piensa decírtelo hasta que lo averigües por ti mismo y Kartik… Kartik era todo lo que Gemma podía contemplar en ese momento.
Gemma Doyle era una dama y, como tal, a aquellas horas debería de estar en su modesta residencia, acostada todavía en la cama o empezando recién a despertar para abrir la librería pero, aquella noche, se había visto obligada a partir en una pequeña búsqueda que le había acabado llevando más tiempo del esperado. Mas no habían sido, en absoluto, una pérdida de tiempo. Así lo atestiguaba la bolsita de papel marrón que aferraba con fuerza contra su pecho como si se tratasen de las joyas de la corona real. Aunque estaba segura de poder valérselas por sí misma, ya se lo había demostrado a un malintencionado maleante que había querido pillarla desprevenida, estaba deseosa de llegar a su casa. Por eso mismo, en cuanto vio la puerta de la librería en la lejanía recortada contra la fachada de ladrillos rojos una sonrisa instantánea curvó sus labios. Aceleró el paso, ya casi podía tocar el pomo pero, justo a unos milímetros de contactar contra la superficie de frio metal se fijó en la carta.
Observó el trozo de papel con el ceño fruncido, ¿debería cogerlo? Acabó resolviendo que sí, que debía cogerlo pues, si estaba allí, debía de ser para ella. Desdobló una a una las dobleces y en una rápida pasada sus ojos descendieron hasta el final del escrito. El nombre de Kartik parecía refulgir con su caligrafía rápida. Volvió a sonreír sin darse ni cuenta y, casi haciendo malabarismos, se las arregló para abrir la puerta. El interior de la librería estaba oscuro y frío, pero Gemma ni se inmutó. Sorteó las estanterías y las pilas de libros por ordenar hasta que no tardó en dar con la puerta que daba al piso superior. Subió los escalones de dos en dos y no tardó en encontrarse en su propia habitación. Era un lugar pequeño: una cama, un escritorio pegado contra la pared bajo la ventana, una pequeña estufa de carbón, una cocina casi más pequeña que la estufa y una mesa en el otro extremo de la habitación era prácticamente todo lo que contenía el cuarto. Era pequeño, sí, una caja de zapatos, también. Pero era su hogar.
Dejó la misteriosa bolsita de papel sobre la mesa y se sentó en la cama para leer la carta. Las palabras de Kartik la hicieron sonreír sin parar durante toda la mañana. Cuando abrió la librería, pocas horas después, ni si quiera había dormido, pero sonreía y sonreía sin parar por lo que más de un cliente le comentó lo contenta que se veía aquel día.- Es que hoy voy a encontrarme con un conocido al que no veo desde hace mucho tiempo. –les respondía ella con voz cantaría y enigmática sin dar más detalles de quién, dónde o por qué. Las horas le pasaron lentas, como una agonía, su mirada se desplazaba a menudo hacia las agujas del reloj con una insistencia que, durante la última hora, empezó a rayar en la locura..
Tamsin le había dicho exactamente dónde debían reunirse, así que cuando despachó al último cliente, el señor Blanchard que tenía por costumbre contarles todas las aventuras y desventuras de sus cinco nietos de los que estaba profundamente orgulloso, Gemma casi saltó sobre el mostrador para apresurarse a cerrar antes de que entrara alguien más. Se puso su abrigo a la carrera y colgó el cartel de cerrado casi olvidando echar la llave.
Había anochecido ya cuando emprendió camino, a paso apresurado no pudo dejar de martirizarse por llegar tarde pese a que había estado calculando el tiempo perfectamente. Por suerte la plaza donde se encontraron aquel anterior día no estaba lejos y, al llegar, ya vio sus siluetas recortadas por la luz amarillenta de las farolas. La anciana tenía aquella sonrisilla burlona, como la de quien sabe un secreto sobre ti pero que no piensa decírtelo hasta que lo averigües por ti mismo y Kartik… Kartik era todo lo que Gemma podía contemplar en ese momento.
La librería | Sola (por ahora) |
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Re: ♛ The sweet far thing
II. Our first breath |
Las niñas continuaban durmiendo cuando Kartik llegó por la noche a la casa de Tamsin. Por suerte, sabía moverse con sigilo, aunque él no recordaba haberlo hecho antes al parecer su cuerpo lo recordaba a la perfección. Pues había entrado desde una ventana, subiendo por las bajas terrazas hasta llegar a la ventana donde las niñas dormían, de la misma forma en la que había salido. Así evitaba pasar por la habitación de Tamsin y arriesgarse a que lo descubriese.
No es que le mandase, pero tenía suficiente respeto por ella para molestarse en escapar y no salir descaradamente. Aunque había muchas preguntas que necesitaba que le contestase, preguntas que ni siquiera Gemma podía responder. Pero conocía a Tamsin, la había conocido en esas semanas que estuvieron juntos y sabía que no abría forma de que hablase antes de conseguir algo. Así era con sus clientes, primero el pago, después las palabras y así serían con él y sus preguntas.
Aterrizó en el suelo sin hacer mucho ruido, el de sus zapatos posarse en el suelo. Y caminando casi de puntillas, logró llegar a su cama en la que, si tenía suerte, dormía solo. Se sentó sobre el mullido colchón y se agachó para quitase las botas que llevaba puestas, la camisa de botones con otra debajo y dejarlo todo a un lado. Mañana lo recogería antes de desayunar, le ahorraba trabajo a las muchachas y a Tamsin haciendo todo lo que podía en la casa.
Se tumbó boca arriba, con el brazo detrás de su cabeza y su mano abierta al lado de su oreja. Sin taparse con la sábana suspiro, había corrido mucho para que nadie notase su ausencia, sin embargo no estaba nada cansado. Bostezó abriendo ampliamente la boca y cerró sus ojos. Al menos esa noche dormiría sabiendo que soñaría con recuerdos, con recuerdos que algún día regresarían a él.
Había conciliado el sueño, pero no soñaba con nada, como si imaginase que algo fuera a despertarle y no tardó mucho tiempo en el que una de las pequeñas, la más pequeña de todas, con su cabello rizado y suelto se acercase, gateando por las camas, hasta la cama de él y se tumbase a su lado, en un principio a su lado y después apoyándose en él. No pudo evitar sonreír, antes de cubrirse, a él y a ella, con la sábana para que no tuviera frío —Buenas noches— Se dijo a sí mismo antes de cerrar los ojos.
Caminaba por una estación de tren, pero no iba solo. A su lado, un hombre más alto que él, se notaba que era más mayor por su compresión y por los rasgos de su cara, casi podía ver algunos de sus propios rasgos en el rostro de él, como si se mirase en un espejo dentro de unos años.
Caminaban entre un montón de gente y su hermano buscaba algo. Kartik sin embargo, iba cansado de buscarla, era una misión un tanto agotadora, hacer de buscadores como perros sabuesos. Él decía que era su destino estas ahí ¿Cómo podía saber eso? Solo era un sueño. De modo que continuó siguiéndolo, bostezando de vez en cuando y siendo golpeado por el hombre cada vez.
Le decía que estuviera atento, y él le contestaba con total confianza y afecto mientras caminaban. Pero él se detuvo, pues logró visualizar lo que buscaban. Dos mujeres, llevaban lindos vestidos mientras se abanicaban pues el África hacía mucho calor, caminaban alegres sonriendo ampliamente. Tenían que llegar a ellas y terminar con su misión, comenzaron a andar, acercándose a ellas y de pronto, algo hizo que lo perdiese de vista y se girase bruscamente, buscándolo. Pues no el importaban ellas, por alguna razón ese hombre era más importante.
Y su corazón se puso palpitante, buscándolo con los ojos y volviendo en sus pasos. Lo llamaba ¿cómo sabía su nombre? Lo buscaba y cuando lo vio tendido en el suelo, se agachó hacía él, cogiéndolo en brazos y sintiendo su sangre en sus manos, pecho y brazos —No...no...¡Hermano no!—
Se despertó sobresaltado. Con la respiración agitada y el cuerpo empapado en sudor. Miró a su alrededor y continuaban todos durmiendo, él sol apenas estaba saliendo por el horizonte. Kartik llevó una mano a su frente, bajando por su rostro ¿Qué sueña había sido ese? ¿Hermano? Cubrió su boca con su mano, sin comprender nada.
Un nuevo misterio, una nueva pregunta y Kartik comenzaba a sentir que una tras otra, ninguna tendría la respuesta que buscaba, necesitaba recordar, necesitaba recuperar lo que era suyo —Joder— Susurró en bajo, llevando ambas manos a su rostro, apretando con fuerza su mandíbula. Su respiración aún estaba agitada y su mente daba vueltas.
Si ese sueño tenía respuesta, significaba que, tal y como esperaba, no le quedaba nada en el mundo. Ni una familia, ni una vida y que todo lo que había tenido, lo había perdido. Necesitaba esos recuerdos, necesitaba recordarlos.
El resto del día fue mera costumbre. Ayudaron con la casa y con la comida, participando todos juntos. Y observando la escena, intentaba imaginar un ápice de maldad en Tamsin, algo que la hicese ser oscura y ambiciosa. Pero solo veía a una anciana, cuidando a los niños que necesitaban un hogar, mientras ellos la ayudaban y la daban ese cariño maternal que no podía tener. Ella los cuidaba y mimaba ¿Cómo podía tener un ápice de oscuridad? Pero anda es lo que parece.
Kartik pensaba eso mientras comían y la veía sentada con un niño en sus rodillas, sonriendo abiertamente para él mientras ambos comían juntos. Después estuvieron en casa, hablando de todo y de nada mientras los niños jugaban. Recogiendo el correo y por la tarde Kartik acudió a ayudar al vecino de abajo a reparar una de las cañerías. Por esos trabajos en el vecindario ganaba lo suficiente para poner algo más de comida en la mesa, más dinero que Tamsin necesitaba para alimentar a tantas bocas. Y aunque estuvo todo el día ocupado de aquí para allá, haciendo esto y lo otro. No dejaba de pensar en Gemma y de como esta tarde volvería a verla, aunque no sabía bien a donde irían pues Tamsin, como con todo, había obviado detalles.
La esperaban, tranquilos en una de las plazas. Donde se habían "conocido" el día anterior. Amos hablaban tranquilamente cuando Tamsin la vio y la señaló con su cabeza para que Kartik la viese. Sonrió abiertamente y mirando a Tamsin, para después volver a voltearse hasta Gemma. Sintió la mano de Tamsin rodeando su brazo y poniendo su mano sobre la de ella, avanzaron hacía Gemma embozando una pequeña sonrisa. Ya a su altura la miraron a los ojos —Gemma— La saludó de manera cortés, frente a Tamsin había elegido el respeto —Muy bien niña, estamos listos. Esperemos que hacernos esperar haya merecido la pena.— Con tono burlón, Tamsin carraspeó su garganta antes de volver a hablar —¿Necesitas algún lugar especial? En la escuela tenías una cueva de la amistad ¿No es cierto?—
Kartik la miró y apretó su mandíbula, antes de que la anciana embozase una sonrisa, burlona. Como si a pesar de todo, intentara ser amable sin cosneguirlo demasiado.
No es que le mandase, pero tenía suficiente respeto por ella para molestarse en escapar y no salir descaradamente. Aunque había muchas preguntas que necesitaba que le contestase, preguntas que ni siquiera Gemma podía responder. Pero conocía a Tamsin, la había conocido en esas semanas que estuvieron juntos y sabía que no abría forma de que hablase antes de conseguir algo. Así era con sus clientes, primero el pago, después las palabras y así serían con él y sus preguntas.
Aterrizó en el suelo sin hacer mucho ruido, el de sus zapatos posarse en el suelo. Y caminando casi de puntillas, logró llegar a su cama en la que, si tenía suerte, dormía solo. Se sentó sobre el mullido colchón y se agachó para quitase las botas que llevaba puestas, la camisa de botones con otra debajo y dejarlo todo a un lado. Mañana lo recogería antes de desayunar, le ahorraba trabajo a las muchachas y a Tamsin haciendo todo lo que podía en la casa.
Se tumbó boca arriba, con el brazo detrás de su cabeza y su mano abierta al lado de su oreja. Sin taparse con la sábana suspiro, había corrido mucho para que nadie notase su ausencia, sin embargo no estaba nada cansado. Bostezó abriendo ampliamente la boca y cerró sus ojos. Al menos esa noche dormiría sabiendo que soñaría con recuerdos, con recuerdos que algún día regresarían a él.
Había conciliado el sueño, pero no soñaba con nada, como si imaginase que algo fuera a despertarle y no tardó mucho tiempo en el que una de las pequeñas, la más pequeña de todas, con su cabello rizado y suelto se acercase, gateando por las camas, hasta la cama de él y se tumbase a su lado, en un principio a su lado y después apoyándose en él. No pudo evitar sonreír, antes de cubrirse, a él y a ella, con la sábana para que no tuviera frío —Buenas noches— Se dijo a sí mismo antes de cerrar los ojos.
Caminaba por una estación de tren, pero no iba solo. A su lado, un hombre más alto que él, se notaba que era más mayor por su compresión y por los rasgos de su cara, casi podía ver algunos de sus propios rasgos en el rostro de él, como si se mirase en un espejo dentro de unos años.
Caminaban entre un montón de gente y su hermano buscaba algo. Kartik sin embargo, iba cansado de buscarla, era una misión un tanto agotadora, hacer de buscadores como perros sabuesos. Él decía que era su destino estas ahí ¿Cómo podía saber eso? Solo era un sueño. De modo que continuó siguiéndolo, bostezando de vez en cuando y siendo golpeado por el hombre cada vez.
Le decía que estuviera atento, y él le contestaba con total confianza y afecto mientras caminaban. Pero él se detuvo, pues logró visualizar lo que buscaban. Dos mujeres, llevaban lindos vestidos mientras se abanicaban pues el África hacía mucho calor, caminaban alegres sonriendo ampliamente. Tenían que llegar a ellas y terminar con su misión, comenzaron a andar, acercándose a ellas y de pronto, algo hizo que lo perdiese de vista y se girase bruscamente, buscándolo. Pues no el importaban ellas, por alguna razón ese hombre era más importante.
Y su corazón se puso palpitante, buscándolo con los ojos y volviendo en sus pasos. Lo llamaba ¿cómo sabía su nombre? Lo buscaba y cuando lo vio tendido en el suelo, se agachó hacía él, cogiéndolo en brazos y sintiendo su sangre en sus manos, pecho y brazos —No...no...¡Hermano no!—
Se despertó sobresaltado. Con la respiración agitada y el cuerpo empapado en sudor. Miró a su alrededor y continuaban todos durmiendo, él sol apenas estaba saliendo por el horizonte. Kartik llevó una mano a su frente, bajando por su rostro ¿Qué sueña había sido ese? ¿Hermano? Cubrió su boca con su mano, sin comprender nada.
Un nuevo misterio, una nueva pregunta y Kartik comenzaba a sentir que una tras otra, ninguna tendría la respuesta que buscaba, necesitaba recordar, necesitaba recuperar lo que era suyo —Joder— Susurró en bajo, llevando ambas manos a su rostro, apretando con fuerza su mandíbula. Su respiración aún estaba agitada y su mente daba vueltas.
Si ese sueño tenía respuesta, significaba que, tal y como esperaba, no le quedaba nada en el mundo. Ni una familia, ni una vida y que todo lo que había tenido, lo había perdido. Necesitaba esos recuerdos, necesitaba recordarlos.
El resto del día fue mera costumbre. Ayudaron con la casa y con la comida, participando todos juntos. Y observando la escena, intentaba imaginar un ápice de maldad en Tamsin, algo que la hicese ser oscura y ambiciosa. Pero solo veía a una anciana, cuidando a los niños que necesitaban un hogar, mientras ellos la ayudaban y la daban ese cariño maternal que no podía tener. Ella los cuidaba y mimaba ¿Cómo podía tener un ápice de oscuridad? Pero anda es lo que parece.
Kartik pensaba eso mientras comían y la veía sentada con un niño en sus rodillas, sonriendo abiertamente para él mientras ambos comían juntos. Después estuvieron en casa, hablando de todo y de nada mientras los niños jugaban. Recogiendo el correo y por la tarde Kartik acudió a ayudar al vecino de abajo a reparar una de las cañerías. Por esos trabajos en el vecindario ganaba lo suficiente para poner algo más de comida en la mesa, más dinero que Tamsin necesitaba para alimentar a tantas bocas. Y aunque estuvo todo el día ocupado de aquí para allá, haciendo esto y lo otro. No dejaba de pensar en Gemma y de como esta tarde volvería a verla, aunque no sabía bien a donde irían pues Tamsin, como con todo, había obviado detalles.
La esperaban, tranquilos en una de las plazas. Donde se habían "conocido" el día anterior. Amos hablaban tranquilamente cuando Tamsin la vio y la señaló con su cabeza para que Kartik la viese. Sonrió abiertamente y mirando a Tamsin, para después volver a voltearse hasta Gemma. Sintió la mano de Tamsin rodeando su brazo y poniendo su mano sobre la de ella, avanzaron hacía Gemma embozando una pequeña sonrisa. Ya a su altura la miraron a los ojos —Gemma— La saludó de manera cortés, frente a Tamsin había elegido el respeto —Muy bien niña, estamos listos. Esperemos que hacernos esperar haya merecido la pena.— Con tono burlón, Tamsin carraspeó su garganta antes de volver a hablar —¿Necesitas algún lugar especial? En la escuela tenías una cueva de la amistad ¿No es cierto?—
Kartik la miró y apretó su mandíbula, antes de que la anciana embozase una sonrisa, burlona. Como si a pesar de todo, intentara ser amable sin cosneguirlo demasiado.
De noche, frente a la tienda de Gemma | Solo | |
How you can love me like this?
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Horario completo en el Daily Planet, defendiendo Rohan de la amenaza de Mordor, Capitaneando un barco lleno de pirtas y una Princesa orgullosa, Huyendo de grounders y de mi acosador. Encerrada en Invernalia, Domesticando a un esclavo, hablando con reyes de Goblins y lechuzas parlantes, Disparando a todo lo que se mueve, salvando a Skyrim de Alduin y ayudando a la Dama de la Mano Brillante.
Re: ♛ The sweet far thing
II. OUR FIRST BREATH |
Su saludo fue escueto, pero escucharlo pronunciar su nombre ay era todo un mundo para ella. Cuando uno cree haber perdido para siempre la persona amada, al recuperarla, cualquier cosa que haga o diga es sencillamente increíble. A Kartik no lo había recuperado totalmente, no al menos en los términos que a Gemma le gustaría. Sí, era cierto, estaba vivo y caminaba una vez más pro el mundo, pero no eran libres para poder estar juntos. Nunca lo habían sido en realidad. Antaño fueron un chico indio y una señorita inglesa, casi parecía un chiste, que ni si quiera tuvieron la oportunidad de intentarlo. Ahora no tenía muy claro qué eran, ella ya no era una señorita y él tal vez ni si quiera era humano. SI antes las cosas habían sido difíciles entre ellos, ahora lo serían todavía más, pero Gemma estaba dispuesta a intentarlo y a luchar por ellos.
Tamsin no tardó en empezar a dictar las órdenes y a Gemma, de alguna manera, le recordó irremediablemente a Felicity. Pero la cara arrugada de la anciana no tenía nada que ver con la tersa piel de la amiga que conservaba en sus recuerdos.- No es necesario, cualquier lugar donde no se encuentren ojos indiscretos nos servirá. –la entrada a un oportuno callejón les sirvió. Gemma señaló el lugar con un discreto golpe de cabeza y, sin esperar por la respuesta de la anciana, empezó a caminar. No le gustaba aquella mujer, se lo había repetido una y mil veces, pero el sentimiento no había mejorado lo más mínimo, todo lo contrario, más bien había empeorado.
El callejón estaba oscuro como la boca de un lobo y apestaba a orín. Gemma no pudo evitar fruncir el ceño y apresurarse a taparse la nariz para no vomitar. Por un momento casi pensó que, de concentrarse, podría escuchar a los mendigos del barro cantar a lo lejos. Miró de reojo a Kartik, intentando vislumbrar entre las sombras si él también lo recordaba, si recordaba aquella noche años atrás en que se había sumergido en el oscuro Londres de su mano. Pero no fue capaz de ver nada en su expresión y aquello la descorazonó. Pero se recompuso pronto, se tragó su orgullo y se posicionó. En el fondo del callejón, entre basura y porquería diversa Gemma Doyle cerró los ojos, inspiró profundamente y se concentró. Llevaba años sin usarla pero, como el montar en bicicleta, no tardó en sentirla. La magia se remolinó en su interior, espirales de magia pura corriendo por su cuerpo y pugnando por salir. Después de tanto conteniéndola la magia salió como un poderoso torrente. Le costó dominarla, le costó centrarla y dominarla hasta lograr formar la puerta de luz.
Pero lo consiguió, como ya lo había conseguido otras veces. La puerta se abrió de par en par para ellos y, aun sintiendo el subidón de poder a causa de la magia Gemma pudo controlarse lo suficiente como para girarse hasta sus acompañantes e indicarles que pasaran. El pasadizo se hizo corto, casi inexistente, Gemma entró la última pero, cuando los jardines finalmente aparecieron ante sus ojos creyó que nunca se había ido de allí, todo estaba tal y como lo recordaba, perfección y belleza mística se unían para formar aquel mágico reino que, una vez, había compartido con sus amigas. Todavía era renuente a la visita de extraños allí, sentimiento que recaía claramente en la anciana. Pero debái hacerlo, se dijo una vez más, debía hacerlo por él.- Bienvenidos a los reinos, tal y como prometí –no quería, pero sonrió, aquel lugar le traía recuerdos tanto buenos como malos pero, sobre todo, le traía recuerdos de aquellas personas que habían significado algo para ella: su madre, Ann, Pippa, Felicity, Kartik… incluso Tom tenía cabida en sus pensamientos allí.
Avanzó despacio, deseando quitarse los zapatos y sentir una vez más la caricia de la hierba sobre la planta de sus pies desnudos justo como hacía de joven. Mas no lo hizo, no había ido allí para jugar, no sabía exactamente para qué habían ido allí, pero sabía que debía vigilarla. Ya una vez habían estado a punto de ser destruidos por su culpa y no permitiría que volviese a pasar. Sin embargo, enceguecida pro al presencia de Kartik, no pudo evitar acercarse a él lo suficiente para darle un pequeño toque sutil y suave, algo que le asegurase que seguía allí, que todo aquel riesgo valía la pena.
Tamsin no tardó en empezar a dictar las órdenes y a Gemma, de alguna manera, le recordó irremediablemente a Felicity. Pero la cara arrugada de la anciana no tenía nada que ver con la tersa piel de la amiga que conservaba en sus recuerdos.- No es necesario, cualquier lugar donde no se encuentren ojos indiscretos nos servirá. –la entrada a un oportuno callejón les sirvió. Gemma señaló el lugar con un discreto golpe de cabeza y, sin esperar por la respuesta de la anciana, empezó a caminar. No le gustaba aquella mujer, se lo había repetido una y mil veces, pero el sentimiento no había mejorado lo más mínimo, todo lo contrario, más bien había empeorado.
El callejón estaba oscuro como la boca de un lobo y apestaba a orín. Gemma no pudo evitar fruncir el ceño y apresurarse a taparse la nariz para no vomitar. Por un momento casi pensó que, de concentrarse, podría escuchar a los mendigos del barro cantar a lo lejos. Miró de reojo a Kartik, intentando vislumbrar entre las sombras si él también lo recordaba, si recordaba aquella noche años atrás en que se había sumergido en el oscuro Londres de su mano. Pero no fue capaz de ver nada en su expresión y aquello la descorazonó. Pero se recompuso pronto, se tragó su orgullo y se posicionó. En el fondo del callejón, entre basura y porquería diversa Gemma Doyle cerró los ojos, inspiró profundamente y se concentró. Llevaba años sin usarla pero, como el montar en bicicleta, no tardó en sentirla. La magia se remolinó en su interior, espirales de magia pura corriendo por su cuerpo y pugnando por salir. Después de tanto conteniéndola la magia salió como un poderoso torrente. Le costó dominarla, le costó centrarla y dominarla hasta lograr formar la puerta de luz.
Pero lo consiguió, como ya lo había conseguido otras veces. La puerta se abrió de par en par para ellos y, aun sintiendo el subidón de poder a causa de la magia Gemma pudo controlarse lo suficiente como para girarse hasta sus acompañantes e indicarles que pasaran. El pasadizo se hizo corto, casi inexistente, Gemma entró la última pero, cuando los jardines finalmente aparecieron ante sus ojos creyó que nunca se había ido de allí, todo estaba tal y como lo recordaba, perfección y belleza mística se unían para formar aquel mágico reino que, una vez, había compartido con sus amigas. Todavía era renuente a la visita de extraños allí, sentimiento que recaía claramente en la anciana. Pero debái hacerlo, se dijo una vez más, debía hacerlo por él.- Bienvenidos a los reinos, tal y como prometí –no quería, pero sonrió, aquel lugar le traía recuerdos tanto buenos como malos pero, sobre todo, le traía recuerdos de aquellas personas que habían significado algo para ella: su madre, Ann, Pippa, Felicity, Kartik… incluso Tom tenía cabida en sus pensamientos allí.
Avanzó despacio, deseando quitarse los zapatos y sentir una vez más la caricia de la hierba sobre la planta de sus pies desnudos justo como hacía de joven. Mas no lo hizo, no había ido allí para jugar, no sabía exactamente para qué habían ido allí, pero sabía que debía vigilarla. Ya una vez habían estado a punto de ser destruidos por su culpa y no permitiría que volviese a pasar. Sin embargo, enceguecida pro al presencia de Kartik, no pudo evitar acercarse a él lo suficiente para darle un pequeño toque sutil y suave, algo que le asegurase que seguía allí, que todo aquel riesgo valía la pena.
La librería | Sola (por ahora) |
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Re: ♛ The sweet far thing
II. Our first breath |
Ambos asintieron a sus palabras. Aunque Kartik no entendía muy bien a donde iban, Tamsin poca o nada información le había dado de ella, explicándola por encima que eran "los reinos" Siempre eludía esa pregunta como si fuera algo que Kartik no tuviese porque saber, a pesar de que él era la moneda de cambio para que ella pudiera acceder a los reinos ¿No lo había traído a la vida por eso? ¿Tan importante era Kartik para Gemma para traerlo de la mismísima muerte? No podía evitar quedarse platónico ante ese pensamiento, sabía que lo que sentía por Gemma no era normal. Sentir algo tan fuerte por una persona que no has visto nunca resultaba extraño, sin embargo, en cada ocasión en la que pensaba en ella su cuerpo reaccionaba, su corazón palpitaba. Con miedo. Como si temiese perder algo por ello. La noche anterior lo había percibido, mientras hablaban en esa tienda de unas cosas y de otras, brevemente dado que no tenían el tiempo suficiente como para detenerse a hablar. Al igual que Tamsin, ni tampoco Gemma le habían dicho como y porqué había muerto ¿Habría tenido Gemma que ver con su muerte?
Pensar en ello no le ayudaba. Solo hacía que acumulase mas y más preguntas. De modo que por ahora, se limitó a seguir a Gemma, sujetando aún el brazo de Tamsin, ayudándola a caminar al ritmo de Gemma para que no se despistasen, aunque Tamsin seguro que no lo haría, era una mujer muy avispada.
La siguieron por el callejón y nadie habló. Como si temiesen que alguien los viese, que alguien los siguiese. Pero si Kartik lo había comprendido bien, no todo el mundo podía entrar en esos reinos. No al menos sin el consentimiento de Gemma ¿No? Tampoco pensaba en ello. Todo el asunto de la magia era algo que no comprendía y que por el momento no le importaba entenderlo. Solo quería respuestas. Recuerdos.
La siguieron en silencio, lo que hizo que en ocasiones bajase su rostro hasta Tamsin, viendo la seriedad en su rostro, para dirigir su vista hacía Gemma. Andaba recta, no andaba como recordaba en sus sueños. Era una mujer, podía notarlo incluso sin recordarlo. En sus sueños, su cabello caía suelto, con flores en su cabello y riendo, su postura no era tan recta y siempre dejaba caer su cabeza cuando hablaba. Eso era, lo que él soñaba.
Cuando llegaron al callejón y vio como Gemma se detuvo ambos lo hicieron. La anciana apretó su mano sobre el brazo de Kartik lo que hizo que se alarmase de inmediato —¿Estas bien Tamsin?— Le preguntó suavemente en su oído. Sabía de la salud delicada de la anciana y de como podía decaer en cualquier momento. A pesar de ser una mujer fuerte, no dejaba de ser una anciana. Pero ella no le respondió, no con palabras la menos, se limitó a asentir con al cabeza y a observar a Gemma.
Cuando la luz salió de sus manos, de manera instintiva Kartik dio un paso hacía atrás, arrastrando a Tamsin consigo. Jamás había visto algo como eso, al menos no lo recordaba. Sus ojos se posaron en Gemma, en sus movimientos y una sensación lo invadió. Aunque no podría explicarla ¿Miedo, de Gemma? No, no era lo que sentía, no al menos porque pudiera desprender luz de sus manos. Pero si que sus ojos, así como su respiración se aceleró, no dejaban de viajar de la nuca de Gemma hasta sus manos y cuando esta se giró indicándoles que pasarán Kartik vaciló un instante. Pero Tamsin empujaba de él y él se dejaba guiar "Puedo hacerlo por ti si deseas" le dijo al anciana antes de salir. Amenazándolo. Y Kartik no quería perder más minutos de su conciencia. Suficiente era que no recordase nada de su vida, solo pequeños fragmentos. De modo que, casi arrastrando los pies fue hacía el círculo de luz. Y esta no tardó en envolverlo.
Lo que vio, fue algo que no esperaba, pero que sin embargo le resultaba familiar.
Era como introducirse en medio de un bosque. El sol bañó su cuerpo y el verde le cegó. Podía escuchar el sonido del agua correr cerca de ellos, el calor en su cuerpo, el olor de la tierra mojada y todo lo que pudiese imaginar. Apartando la mano de sus ojos que había alzado en algún momento pudo contemplarlo claramente. La hierba mojaba sus zapatos, mariposas y pájaros pasaron cerca de él y a su nariz llegaban un millar de olores de diferentes flores ¿De donde había salido tal maravilla y cómo podía ser peligroso?
Tamsin se soltó del brazo de él caminando dos pasos, maravillada, aunque sin mostrarlo mucho. Él se giró hacía Gemma, como si lo hubiera estado reprimiendo —Gemma, es hermoso— Susurró cogiendo una de las manos de ella con las suyas y estrechándola con fuerza. Sonriendo abiertamente la miró a los ojos antes de que Tamsin hiciese soltar sus manos —Bien. Gracias por traernos a los reinos. Pero aún falta tu otra parte del contrato ¿Recuerdas niña?— Sonrió de lado mientras Kartik se giró para mirar a la anciana —Daré una vuelta por los alrededores. Seguro que sabrás en donde me encuentro en todo momento ¿Tienes ese poder aquí no es cierto? Cuando te necesite, silbaré. Y Kartik, no te alejes mucho, tu y yo tenemos que visitar a cierto árbol— Y dejándolo caer, se giró, abriendo su bolso y alejándose de ellos.
Él se giró hacía Gemma, extrañado y más confuso de lo que podía estar —¿A qué se refería con lo del árbol?— Porque nunca le contaba nada. Pero imaginaba que Gemma no sabría nada de eso, de modo que girándose para ver si Tamsin no estaba cerca, terminó acercándose a ella y abrazándola contra su pecho, apoyando la mejilla sobre su cabello susurró suavemente —¿Leíste mi nota?—
Pensar en ello no le ayudaba. Solo hacía que acumulase mas y más preguntas. De modo que por ahora, se limitó a seguir a Gemma, sujetando aún el brazo de Tamsin, ayudándola a caminar al ritmo de Gemma para que no se despistasen, aunque Tamsin seguro que no lo haría, era una mujer muy avispada.
La siguieron por el callejón y nadie habló. Como si temiesen que alguien los viese, que alguien los siguiese. Pero si Kartik lo había comprendido bien, no todo el mundo podía entrar en esos reinos. No al menos sin el consentimiento de Gemma ¿No? Tampoco pensaba en ello. Todo el asunto de la magia era algo que no comprendía y que por el momento no le importaba entenderlo. Solo quería respuestas. Recuerdos.
La siguieron en silencio, lo que hizo que en ocasiones bajase su rostro hasta Tamsin, viendo la seriedad en su rostro, para dirigir su vista hacía Gemma. Andaba recta, no andaba como recordaba en sus sueños. Era una mujer, podía notarlo incluso sin recordarlo. En sus sueños, su cabello caía suelto, con flores en su cabello y riendo, su postura no era tan recta y siempre dejaba caer su cabeza cuando hablaba. Eso era, lo que él soñaba.
Cuando llegaron al callejón y vio como Gemma se detuvo ambos lo hicieron. La anciana apretó su mano sobre el brazo de Kartik lo que hizo que se alarmase de inmediato —¿Estas bien Tamsin?— Le preguntó suavemente en su oído. Sabía de la salud delicada de la anciana y de como podía decaer en cualquier momento. A pesar de ser una mujer fuerte, no dejaba de ser una anciana. Pero ella no le respondió, no con palabras la menos, se limitó a asentir con al cabeza y a observar a Gemma.
Cuando la luz salió de sus manos, de manera instintiva Kartik dio un paso hacía atrás, arrastrando a Tamsin consigo. Jamás había visto algo como eso, al menos no lo recordaba. Sus ojos se posaron en Gemma, en sus movimientos y una sensación lo invadió. Aunque no podría explicarla ¿Miedo, de Gemma? No, no era lo que sentía, no al menos porque pudiera desprender luz de sus manos. Pero si que sus ojos, así como su respiración se aceleró, no dejaban de viajar de la nuca de Gemma hasta sus manos y cuando esta se giró indicándoles que pasarán Kartik vaciló un instante. Pero Tamsin empujaba de él y él se dejaba guiar "Puedo hacerlo por ti si deseas" le dijo al anciana antes de salir. Amenazándolo. Y Kartik no quería perder más minutos de su conciencia. Suficiente era que no recordase nada de su vida, solo pequeños fragmentos. De modo que, casi arrastrando los pies fue hacía el círculo de luz. Y esta no tardó en envolverlo.
Lo que vio, fue algo que no esperaba, pero que sin embargo le resultaba familiar.
Era como introducirse en medio de un bosque. El sol bañó su cuerpo y el verde le cegó. Podía escuchar el sonido del agua correr cerca de ellos, el calor en su cuerpo, el olor de la tierra mojada y todo lo que pudiese imaginar. Apartando la mano de sus ojos que había alzado en algún momento pudo contemplarlo claramente. La hierba mojaba sus zapatos, mariposas y pájaros pasaron cerca de él y a su nariz llegaban un millar de olores de diferentes flores ¿De donde había salido tal maravilla y cómo podía ser peligroso?
Tamsin se soltó del brazo de él caminando dos pasos, maravillada, aunque sin mostrarlo mucho. Él se giró hacía Gemma, como si lo hubiera estado reprimiendo —Gemma, es hermoso— Susurró cogiendo una de las manos de ella con las suyas y estrechándola con fuerza. Sonriendo abiertamente la miró a los ojos antes de que Tamsin hiciese soltar sus manos —Bien. Gracias por traernos a los reinos. Pero aún falta tu otra parte del contrato ¿Recuerdas niña?— Sonrió de lado mientras Kartik se giró para mirar a la anciana —Daré una vuelta por los alrededores. Seguro que sabrás en donde me encuentro en todo momento ¿Tienes ese poder aquí no es cierto? Cuando te necesite, silbaré. Y Kartik, no te alejes mucho, tu y yo tenemos que visitar a cierto árbol— Y dejándolo caer, se giró, abriendo su bolso y alejándose de ellos.
Él se giró hacía Gemma, extrañado y más confuso de lo que podía estar —¿A qué se refería con lo del árbol?— Porque nunca le contaba nada. Pero imaginaba que Gemma no sabría nada de eso, de modo que girándose para ver si Tamsin no estaba cerca, terminó acercándose a ella y abrazándola contra su pecho, apoyando la mejilla sobre su cabello susurró suavemente —¿Leíste mi nota?—
De noche, frente a la tienda de Gemma | Solo | |
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Re: ♛ The sweet far thing
II. OUR FIRST BREATH |
La anciana no dio si quiera las gracias, aunque Gemma no se esperó en ningún momento tal gesto por su parte. Tamsin se dedico a observarlo todo y, de pronto, a excusarse de malas formas para dejarlos solos. La mención del árbol puso nerviosa a la joven que no acababa de entender por qué querría ir hasta allí. Su mirada se deslizó, sin darse cuenta, en dirección a las tierras invernales, hacia aquella planicie desolada más allá de bosques, ríos y cuevas donde descansaba el árbol que, una vez, había retenido a Kartik. Si lo pensaba bien, Gemma todavía no podía comprender cómo había podido Tamsin liberarlo. Por lo que sabía era imposible o si no ella misma se habría encargado de hacerlo. Sin embargo, allí estaba él como una prueba viviente de que, en efecto, era posible.
Una parte de ella no quería perderla de vista, pero la otra se alegró enormemente de poder encontrarse de nuevo a solas con Kartik. Cuando la abrazó todas sus inquietudes desaparecieron. Él preguntó por el árbol pero Gemma no le respondió, se encogió de hombros, no le mentía, pero tampoco le decía la verdad. Sabía bien de qué árbol se trataba, pero no tenía ni una pequeña idea de por qué querría Tamsin ir hasta allí. Por suerte él no hizo demasiado hincapié en el tema del árbol, parecía querer disfrutar también de su tiempo a solas que ninguno de so dos podía saber si duraría mucho o no por lo que debía de querer desperdiciarlo.- La he visto, siento no haber podido estar allí para verte. –y aquello sí que era pura verdad.- Al cerrar la librería tuve que ir a comprar algo pero me costó mucho encontrarlo. –el señor Wei le había asegurado que lo tenía en su tienda pero, al final, resultó que tenía que traérselo un conocido que no pudo y… para resumir, la habían tenido de una tienda a otra hasta que por fin lo encontró.- Cuando volvamos te lo podría enseñar.. Se aventuró con cuidado esperando que Kartik no le dijera que no.- Es algo para ti.
Elevó el rostro buscando sus ojos y le sonrió con cariño. Si miraba ahora hacia atrás le parecía increíble pensar que hubo un tiempo en que lo detestaba. ¿Cómo había podido preferir al estirado Simon antes que a Kartik? Porque eso era lo que se suponía que debía de hacer una señorita, se recordó, una señorita estaría interesada en alguien de su nivel, alguien con quien estuviera bien visto estar. Lo suyo con Kartik siempre había sido imposible pero, conforme más y más lo conocía, fue imposible para ella no enamorarse del encantador y desesperante chico indio que decidió que debía que sería su protector hasta el día de su muerte. Algo que, para desgracia de ambos, no tardó demasiado en pasar.
- ¿Quieres que vayamos a dar una vuelta? –le ofreció de pronto pero sin hacer movimiento alguno por moverse.- Este lugar está lleno de magia y de cosas extraordinarias. –una vez ya lo había llevado hasta allí para que disfrutara con las mieles y delicias de los reinos. La misma vez en que habían tenido el mismo sueño y en el que se habían descubierto por completo el uno al otro.- Tú ya habías venido antes aquí, ¿Sabes? –no sabía si era prudente confesárselo, no sabía cuando recordaba Kartik pero, a la desesperada, pensó que tal vez si conseguía hacer que recordase algo estaría menos sujeto al yugo de Tamsin.- Te traje aquí y te enseñé esto, el jardín. También te llevé a las ruinas… –sus mejillas se colorearon de un tono carmín al recordar una vez más lo que había sucedido en las ruinas.- Incluso te di algo de magia, te dije que podías hacer lo que quisieras con ella, podías tener diamantes o convertirte en un Lord o… cualquier cosa... Pero tú no al quisiste, tú sólo querías una cosa. –besarla, lo único que Kartik había querido es que le dejara besarlo, que le dejara perderse entre sus labios y obsequiarla con sus caricias. ¿Cómo podía haber tardado tanto en enamorarse de él?- ¿Lo recuerdas, Kartik? –su voz estaba plagada de esperanza pero en su rostro podía notarse al desesperación y la tristeza ante la amnesia del hombre.
Una parte de ella no quería perderla de vista, pero la otra se alegró enormemente de poder encontrarse de nuevo a solas con Kartik. Cuando la abrazó todas sus inquietudes desaparecieron. Él preguntó por el árbol pero Gemma no le respondió, se encogió de hombros, no le mentía, pero tampoco le decía la verdad. Sabía bien de qué árbol se trataba, pero no tenía ni una pequeña idea de por qué querría Tamsin ir hasta allí. Por suerte él no hizo demasiado hincapié en el tema del árbol, parecía querer disfrutar también de su tiempo a solas que ninguno de so dos podía saber si duraría mucho o no por lo que debía de querer desperdiciarlo.- La he visto, siento no haber podido estar allí para verte. –y aquello sí que era pura verdad.- Al cerrar la librería tuve que ir a comprar algo pero me costó mucho encontrarlo. –el señor Wei le había asegurado que lo tenía en su tienda pero, al final, resultó que tenía que traérselo un conocido que no pudo y… para resumir, la habían tenido de una tienda a otra hasta que por fin lo encontró.- Cuando volvamos te lo podría enseñar.. Se aventuró con cuidado esperando que Kartik no le dijera que no.- Es algo para ti.
Elevó el rostro buscando sus ojos y le sonrió con cariño. Si miraba ahora hacia atrás le parecía increíble pensar que hubo un tiempo en que lo detestaba. ¿Cómo había podido preferir al estirado Simon antes que a Kartik? Porque eso era lo que se suponía que debía de hacer una señorita, se recordó, una señorita estaría interesada en alguien de su nivel, alguien con quien estuviera bien visto estar. Lo suyo con Kartik siempre había sido imposible pero, conforme más y más lo conocía, fue imposible para ella no enamorarse del encantador y desesperante chico indio que decidió que debía que sería su protector hasta el día de su muerte. Algo que, para desgracia de ambos, no tardó demasiado en pasar.
- ¿Quieres que vayamos a dar una vuelta? –le ofreció de pronto pero sin hacer movimiento alguno por moverse.- Este lugar está lleno de magia y de cosas extraordinarias. –una vez ya lo había llevado hasta allí para que disfrutara con las mieles y delicias de los reinos. La misma vez en que habían tenido el mismo sueño y en el que se habían descubierto por completo el uno al otro.- Tú ya habías venido antes aquí, ¿Sabes? –no sabía si era prudente confesárselo, no sabía cuando recordaba Kartik pero, a la desesperada, pensó que tal vez si conseguía hacer que recordase algo estaría menos sujeto al yugo de Tamsin.- Te traje aquí y te enseñé esto, el jardín. También te llevé a las ruinas… –sus mejillas se colorearon de un tono carmín al recordar una vez más lo que había sucedido en las ruinas.- Incluso te di algo de magia, te dije que podías hacer lo que quisieras con ella, podías tener diamantes o convertirte en un Lord o… cualquier cosa... Pero tú no al quisiste, tú sólo querías una cosa. –besarla, lo único que Kartik había querido es que le dejara besarlo, que le dejara perderse entre sus labios y obsequiarla con sus caricias. ¿Cómo podía haber tardado tanto en enamorarse de él?- ¿Lo recuerdas, Kartik? –su voz estaba plagada de esperanza pero en su rostro podía notarse al desesperación y la tristeza ante la amnesia del hombre.
En los reinos | Con Kartik (y la zorra traicionera de Tamsin) |
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Re: ♛ The sweet far thing
II. Our first breath |
Sintió el impulso de caminar junto a Tamsin, por si la anciana se caía y se hiciese daño. Pero era fuerte como un roble y solo parecía torpe y delicada cuando ella lo deseaba, cuando era el momento de parecer una anciana y no una mujer que podía controlar el cerebro y el cuerpo de Kartik. Algo que, lejos de agradarle le hacía desconfiar en aquella anciana, creyendo que lo había traído de la muerte por su bondad a que lo usaría para obtener algo a cambio. En tan solo unos días Kartik había descubierto esa faceta de la anciana, no era débil, solo que le gustaba parecerlo pues así, obtenía todo lo que deseaba.
Como se había ganado el cariño de Kartik, un cariño que ahora temblaba sobre un fino hilo por todo lo que había descubierto de ella.Y es que Kartik, por lo que veía, no se podía fiar de ella, de la persona que la había traído de vuelta, pasando de ser su invitado a su moneda de cambio.
Mentiría si decía que eso no le afectaba ¿Estaba tan solo? Porque recordaba a ese hermano con el que había soñado, había visto ráfagas de una infancia feliz y oscura, llena de secretos y de advertencias, con un destino planificado para ellos ¿Recordaría a Gemma, todo lo que habían vivido? Pues, no dudaba que fuera importante, por la forma en la que se sentía con ella, como su cuerpo reaccionaba. Siempre maravillado, siempre asustado y desconfiado.
Pero sus pensamientos se dividieron cuando dejó que sus brazos se apartasen del cuerpo menudo de Gemma, pues, por un instante la había envuelto en sus brazos, siendo tan pequeña y delgada podía esconderla tras estos, protegerla y eso, le gustaba —No estaba seguro que aguantase ahí— Porque no la había dejado en un lugar seguro, ni lejos de que un viento la empujase ni nada por el estilo. Y mira que había pensado en forzar la puerta para dejar la nota dentro, pero se limitó a ir a lo sencillo, a lo que no provocase problemas para nadie, comenzando con Gemma y terminando en él —Me alegra que hayas podido leerla— Embozó una pequeña sonrisa, mientras sus brazos, como si estuviesen pegados a su cuerpo, se apartaban de ella volviendo a caer a cada lado de sus costados.
Arqueó una ceja cuando escuchó que había comprado algo para el. Unos segundos después dejo caer su mirada a sus pies ¿No había un protocolo para ello? Probablemente debería decir cosas como "No tenías que haberte molestado" o alguna frase ingeniosa propia de señoritos, pero si de algo estaba seguro es que él nunca había sido, no era ni sería un señorito adinerado. Sería Kartik, siempre.
De modo, y a través de un impulso propio de él volvió a acercarse a ella, cogiendo sus manos entre las de él y tirando de ella suavemente pegó sus cuerpos volviendo a posar sus labios sobre su mejilla sonriendo suavemente —Estoy deseando ver que es— Susurró para después acariciar con su nariz la mejilla de esta al apartarse de su rostro —Yo también tengo algo para ti, pero me lo reservaré— Comentó como si nada, sosteniendo las manos de ella sobre las de él antes de soltarlas suavemente y girándose al escuchar a Tamsin, creyendo que algo la pasaba y comprobando que hablaba consigo mismo.
Negó para sí mismo mientras volvía a girarse a ella, escuchándola atentamente. Escuchaba sus palabras, su relato mientras sus ojos iban de los de ella a todo lo que le rodeaba. Una mueca de dolor apareció en su rostro, como si hubiese recordado algo, aunque solo era una sensación —Si, de hecho— Dijo suavemente, girando su cuerpo hacía el norte, hacía unas tierras que desde luego no conocía o no recordaba —Siento que he estado aquí durante mucho tiempo— Como si su cuerpo sintiese un hilo que aferraba su muñeca, aunque no había dicho nada al entrar, pensando que sería la emoción, tras las palabras de ella comenzaba a verlo más claro —Recuerdo pequeñas cosas, recuerdo...— Apartó la mirada de esa dirección mirando a otros lados mientras su cuerpo dio un paso hacía el de Gemma casi de manera inconsciente, casi —Recuerdo una flor púrpura, frutos rojos creciendo en el suelo. Un río cristalino y barcas navegando en él. Recuerdo, unos grabados, unos dibujos en piedra...Aunque con poca claridad— Volvió a mirar hacía el norte —Algo es algo ¿no?—
Dio medio paso, haciendo que sus cuerpos se tocasen suavemente tras sus ropas y deslizando sus dedos por la palma de ella, entrelazando sus dedos suavemente, agachando su cabeza la miró a los ojos embozando una pequeña sonrisa —Guíame— Mantuvo la mirada y su sonrisa —Ahora, soy todo tuyo—
Como se había ganado el cariño de Kartik, un cariño que ahora temblaba sobre un fino hilo por todo lo que había descubierto de ella.Y es que Kartik, por lo que veía, no se podía fiar de ella, de la persona que la había traído de vuelta, pasando de ser su invitado a su moneda de cambio.
Mentiría si decía que eso no le afectaba ¿Estaba tan solo? Porque recordaba a ese hermano con el que había soñado, había visto ráfagas de una infancia feliz y oscura, llena de secretos y de advertencias, con un destino planificado para ellos ¿Recordaría a Gemma, todo lo que habían vivido? Pues, no dudaba que fuera importante, por la forma en la que se sentía con ella, como su cuerpo reaccionaba. Siempre maravillado, siempre asustado y desconfiado.
Pero sus pensamientos se dividieron cuando dejó que sus brazos se apartasen del cuerpo menudo de Gemma, pues, por un instante la había envuelto en sus brazos, siendo tan pequeña y delgada podía esconderla tras estos, protegerla y eso, le gustaba —No estaba seguro que aguantase ahí— Porque no la había dejado en un lugar seguro, ni lejos de que un viento la empujase ni nada por el estilo. Y mira que había pensado en forzar la puerta para dejar la nota dentro, pero se limitó a ir a lo sencillo, a lo que no provocase problemas para nadie, comenzando con Gemma y terminando en él —Me alegra que hayas podido leerla— Embozó una pequeña sonrisa, mientras sus brazos, como si estuviesen pegados a su cuerpo, se apartaban de ella volviendo a caer a cada lado de sus costados.
Arqueó una ceja cuando escuchó que había comprado algo para el. Unos segundos después dejo caer su mirada a sus pies ¿No había un protocolo para ello? Probablemente debería decir cosas como "No tenías que haberte molestado" o alguna frase ingeniosa propia de señoritos, pero si de algo estaba seguro es que él nunca había sido, no era ni sería un señorito adinerado. Sería Kartik, siempre.
De modo, y a través de un impulso propio de él volvió a acercarse a ella, cogiendo sus manos entre las de él y tirando de ella suavemente pegó sus cuerpos volviendo a posar sus labios sobre su mejilla sonriendo suavemente —Estoy deseando ver que es— Susurró para después acariciar con su nariz la mejilla de esta al apartarse de su rostro —Yo también tengo algo para ti, pero me lo reservaré— Comentó como si nada, sosteniendo las manos de ella sobre las de él antes de soltarlas suavemente y girándose al escuchar a Tamsin, creyendo que algo la pasaba y comprobando que hablaba consigo mismo.
Negó para sí mismo mientras volvía a girarse a ella, escuchándola atentamente. Escuchaba sus palabras, su relato mientras sus ojos iban de los de ella a todo lo que le rodeaba. Una mueca de dolor apareció en su rostro, como si hubiese recordado algo, aunque solo era una sensación —Si, de hecho— Dijo suavemente, girando su cuerpo hacía el norte, hacía unas tierras que desde luego no conocía o no recordaba —Siento que he estado aquí durante mucho tiempo— Como si su cuerpo sintiese un hilo que aferraba su muñeca, aunque no había dicho nada al entrar, pensando que sería la emoción, tras las palabras de ella comenzaba a verlo más claro —Recuerdo pequeñas cosas, recuerdo...— Apartó la mirada de esa dirección mirando a otros lados mientras su cuerpo dio un paso hacía el de Gemma casi de manera inconsciente, casi —Recuerdo una flor púrpura, frutos rojos creciendo en el suelo. Un río cristalino y barcas navegando en él. Recuerdo, unos grabados, unos dibujos en piedra...Aunque con poca claridad— Volvió a mirar hacía el norte —Algo es algo ¿no?—
Dio medio paso, haciendo que sus cuerpos se tocasen suavemente tras sus ropas y deslizando sus dedos por la palma de ella, entrelazando sus dedos suavemente, agachando su cabeza la miró a los ojos embozando una pequeña sonrisa —Guíame— Mantuvo la mirada y su sonrisa —Ahora, soy todo tuyo—
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Re: ♛ The sweet far thing
II. OUR FIRST BREATH |
Cuando la besó el corazón le dio un vuelco. Fue un simple y casto beso en la mejilla pero fue más que suficiente para revolver todo su interior. Gemma había conocido las maravillas de la magia, había disfrutado con ella y las había utilizado para llevar a cabo las más extraordinarias acciones. Sin embargo, la magia que Kartik obraba en ella era una magia diferente, algo que los reinos nunca podrían brindarle. Un solo beso de Kartik podía ahogarla en el más sublime de los placeres y atontarla hasta decir basta. Kartik podría hacer lo que quisiera con ella, cualquier cosa que le pidiera se la daría, lo que fuera, todo para que no volviese a dejarla. Si se detenía a pensarlo sonaba patético hasta decir basta, no era propio de la mujer moderna que se consideraba ser pero, aun así, era inevitable.
- ¿Tienes algo para mí? –preguntó cuando el efecto del beso empezó a difuminarse.- Vaya, y yo que pensaba que iba a ser la única que te sorprendería hoy. –las comisuras de sus labios se elevaron en una sonrisa coqueta. Sin embargo, su pequeño momento se rompió de súbito en cuanto la voz lejana de la anciana los interrumpió. Kartik se giró al instante para buscarla con ojos preocupados y Gemma, en un alarde de puro infantilismo, puso los suyos en blanco justo antes de atrapar de nuevo una de las manos de Kartik y entrelazar sus dedos. Quería su atención, quería todo lo que pudiera tener de él y, ni aun así, podría tener suficiente. ¿Cuándo se había vuelto tan acaparadora? Pensó alarmada durante un momento, pero la respuesta acudió a ella rápidamente. Durante todos aquellos años a solas echándolo de menos, durante la fracción de segundo que volvió a verlo en mitad de la calle, vivo y a su lado.
Escucharlo decir que sí que se acordaba, aunque fuera remotamente, aunque fuera solo la sensación de ya haber pisado aquellas tierras antes, la llenó de euforia. Los recuerdos estaban allí tal y como se había imaginado, no podía recordar tal vez por tránsito hacia la vida o, quizás, era la propia Tamsin la que le impedía recordar. Pero si estaban allí Gemma tenía la esperanza de poder hacerlos salir de su encierro y traer con ellos a un Kartik completo. Kartik entrelazó sus manos con más fuerza, le sonrió y le pidió que lo guiara. Ella sólo tuvo ganas de besarlo, besarlo otra vez con fuerza y pasión y, sobre todo no soltarlo jamás. Pero no lo hizo, con Tamsin tan cerca temía ser interrumpida así que hizo algo mucho mejor.- Ven. –susurró a escasos centímetros de sus labios. Su sonrisa había adquirido tintes misteriosos. No reveló información alguna mientras empezaba a tirar de él y lo conducía por el camino que llevaba tanto tiempo sin pisar pero que recordaba a la perfección.- Ella estará bien. – no era su intención velar por Tamsin, pero si a Kartik le importaba aquella mujer no quería que estuviera preocupado.
Lo condujo a través de los campos de amapolas bajo el templo y señaló allí los latos riscos que se elevaban por encima de ellos. Grabados a ambos lados se hallaban las sensuales esculturas de mujeres medio desnudas que tanto la hicieron sonrojar la primera vez que las vio, cuando no era más que una cría, pero que ahora sólo la hicieron sonreír al traerle recuerdos de su infancia en la India.- Una vez dijiste que te recordaban a la India. –le recordó como si estuviera tratando de rememorarle cada pequeño suceso de aquel viaje tantos años atrás.- Voy a enseñarte un lugar al que llaman las Cuevas de los suspiros. –tiró de nuevo de su mano y lo llevó por el estrecho pasadizo en la tierra, a lo alto del desfiladero, entre los incensarios que arrojaban su humo de colores hasta la cima. Antes aquel camino había estado lleno de Hajin, ahora, al parecer, ya no quedaba nadie. Lo prefirió así, no habría sabido qué explicaciones dar para su vuelta a los reinos.- Ten cuidado, el terreno es algo irregular. –le previno mientras le enseñaba el lugar, las paredes estaban llenas de gravados distintos, pero ella buscaba uno de particular.- La primera vez que te traje aquí fue la primera vez que nosotros… –sus mejillas se colorearon de un brillante color rojo justo en el momento en que sus ojos encontraba el ansiado símbolo en la pared. Dos manos estrechadas dentro de un círculo, era un símbolo Rakshana, se lo había explicado él mismo tiempo atrás.- Bueno, creo que fue la primera vez que confesamos lo que sentíamos él uno por el otro.
Lo observó, expectante, esperando que él asintiera y le dijera que lo recordaba todo aunque Gemma ya sabía que aquella era una ilusión vana. Su mano se deslizó sobre la piedra, tanteó el símbolo, pero no metió la mano dentro. ¿Debería contarle qué más había pasado allí? ¿Lo que habían hecho? ¿Tenía sentido hacerlo si él no podía recordarlo?
- ¿Tienes algo para mí? –preguntó cuando el efecto del beso empezó a difuminarse.- Vaya, y yo que pensaba que iba a ser la única que te sorprendería hoy. –las comisuras de sus labios se elevaron en una sonrisa coqueta. Sin embargo, su pequeño momento se rompió de súbito en cuanto la voz lejana de la anciana los interrumpió. Kartik se giró al instante para buscarla con ojos preocupados y Gemma, en un alarde de puro infantilismo, puso los suyos en blanco justo antes de atrapar de nuevo una de las manos de Kartik y entrelazar sus dedos. Quería su atención, quería todo lo que pudiera tener de él y, ni aun así, podría tener suficiente. ¿Cuándo se había vuelto tan acaparadora? Pensó alarmada durante un momento, pero la respuesta acudió a ella rápidamente. Durante todos aquellos años a solas echándolo de menos, durante la fracción de segundo que volvió a verlo en mitad de la calle, vivo y a su lado.
Escucharlo decir que sí que se acordaba, aunque fuera remotamente, aunque fuera solo la sensación de ya haber pisado aquellas tierras antes, la llenó de euforia. Los recuerdos estaban allí tal y como se había imaginado, no podía recordar tal vez por tránsito hacia la vida o, quizás, era la propia Tamsin la que le impedía recordar. Pero si estaban allí Gemma tenía la esperanza de poder hacerlos salir de su encierro y traer con ellos a un Kartik completo. Kartik entrelazó sus manos con más fuerza, le sonrió y le pidió que lo guiara. Ella sólo tuvo ganas de besarlo, besarlo otra vez con fuerza y pasión y, sobre todo no soltarlo jamás. Pero no lo hizo, con Tamsin tan cerca temía ser interrumpida así que hizo algo mucho mejor.- Ven. –susurró a escasos centímetros de sus labios. Su sonrisa había adquirido tintes misteriosos. No reveló información alguna mientras empezaba a tirar de él y lo conducía por el camino que llevaba tanto tiempo sin pisar pero que recordaba a la perfección.- Ella estará bien. – no era su intención velar por Tamsin, pero si a Kartik le importaba aquella mujer no quería que estuviera preocupado.
Lo condujo a través de los campos de amapolas bajo el templo y señaló allí los latos riscos que se elevaban por encima de ellos. Grabados a ambos lados se hallaban las sensuales esculturas de mujeres medio desnudas que tanto la hicieron sonrojar la primera vez que las vio, cuando no era más que una cría, pero que ahora sólo la hicieron sonreír al traerle recuerdos de su infancia en la India.- Una vez dijiste que te recordaban a la India. –le recordó como si estuviera tratando de rememorarle cada pequeño suceso de aquel viaje tantos años atrás.- Voy a enseñarte un lugar al que llaman las Cuevas de los suspiros. –tiró de nuevo de su mano y lo llevó por el estrecho pasadizo en la tierra, a lo alto del desfiladero, entre los incensarios que arrojaban su humo de colores hasta la cima. Antes aquel camino había estado lleno de Hajin, ahora, al parecer, ya no quedaba nadie. Lo prefirió así, no habría sabido qué explicaciones dar para su vuelta a los reinos.- Ten cuidado, el terreno es algo irregular. –le previno mientras le enseñaba el lugar, las paredes estaban llenas de gravados distintos, pero ella buscaba uno de particular.- La primera vez que te traje aquí fue la primera vez que nosotros… –sus mejillas se colorearon de un brillante color rojo justo en el momento en que sus ojos encontraba el ansiado símbolo en la pared. Dos manos estrechadas dentro de un círculo, era un símbolo Rakshana, se lo había explicado él mismo tiempo atrás.- Bueno, creo que fue la primera vez que confesamos lo que sentíamos él uno por el otro.
Lo observó, expectante, esperando que él asintiera y le dijera que lo recordaba todo aunque Gemma ya sabía que aquella era una ilusión vana. Su mano se deslizó sobre la piedra, tanteó el símbolo, pero no metió la mano dentro. ¿Debería contarle qué más había pasado allí? ¿Lo que habían hecho? ¿Tenía sentido hacerlo si él no podía recordarlo?
En los reinos | Con Kartik (y la zorra traicionera de Tamsin) |
Última edición por Red el Miér Nov 19, 2014 12:20 am, editado 1 vez
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Re: ♛ The sweet far thing
II. Our first breath |
Sintió un cosquilleo en su boca cuando los labios de ella rozaron con los de él, con ese ven, como si comenzase a hacerle un sin fin de promesas. Y Kartik solo pudo sonreír ampliamente y sentir la necesidad de tomar esos labios con todas sus ganas, porque Kartik no era cuidadoso, o creía no serlo, pero si esperaba serlo con ella, no espantarla aunque si no lo había hecho antes cuando era él por completo ¿Cómo la espantaría algo tan vacío con apenas recuerdos como él? Gemma era fuerte, podía percibirlo solo con mirarla a los ojos, sabía que era una luchadora que si alguien se dejaba vencer, ella jamás. Más fuerte que él, eso podía percibirlo, podía notarlo. Porque Kartik no había tenido muchas cosas en su vida o eso creía él y, con sus sueños de por medio, sabe que cuando poseía algo todo su mundo giraba en torno a él. Recordaba a su hermano y como su mundo era ser como él, recuerda como lo perdió. Y ahora, con Gemma entrelazando sus dedos podía notar como si alguien estuviese cosiendo ambas manos, castigándole, condenando a su corazón a esa costura eterna, pero Kartik no se asustaba, si no que rogaba que fuera más deprisa, antes de que esta se le escapase de entre sus dedos.
Llegaron a una zona construido en roca. Tras pasar un hermoso paisaje del que no apartaba los ojos, tan distinto a los que podía ver en las calles de New York, en las calles que recordaba. Aunque todo, el paisaje, el río, las zonas verdes e incluso las flores le resultaban tan vistas, como si hubiese sido parte de ese mundo. Pero esa era Gemma, él estaría equivocado, una percepción errónea —De eso, no me cabe la menor duda— Sobre que Tamsin estaría bien, era una mujer de armas tomar a pesar de su edad.
Alargó la mano tocó la piedra. Sobre uno de los dibujos que había en la pared, eran dibujos tan extraños y a su vez tan hermosos, tan conocidos ¿Cómo era posible, por qué recordaba esas coas con más nitidad qué otras? Los dibujos de las mujeres que podía reconocer, solo Kartik se quedó mirándolas más tiempo asombrados mientras escenas venían a él. Ellos, no se tocaban por aquél entonces, el cosquilleo nunca le gustó por aquél entonces. Ella hablaba y él solo escuchaba, maravillado y asustado pues allí todos habían perecido ¿El qué? Las cosas que Kartik pensaba, las cosas que recordaba era como si alguien le fuese escribiendo notas y el, poco a poco, las juntase hasta darle un sentido. La siguió en silencio. Sin romper su enlace, sus manos unidas —¿Por qué la cueva de los suspiros?— Aunque de una manera que no entendía, era como si ya conociese la respuesta, lo que hizo que mirase a los ojos de Gemma por unos instantes. Subió el terreno escabroso sin ningún problema, vigilando que ella no se fuese a caer. La seguía confuso, consternado, pues tenía respuestas a preguntas que ni el mismo había asimilado. Tenía imágenes que veía con claridad y otras que era imposible de reconocer —No— Susurró con suavidad, mientras su mano se apoya en una columna que tenía otro grabado diferente al que Gemma estaba tocando.
Se acercó a ella deslizando su palma por las rocas, por los dibujos hasta que se colocó a su lado —Me trajiste aquí, querías....querías saber si yo deseaba tu poder y no a ti— Lo dijo con claridad, ese recuerdo sería el más reciente de todos ellos pues lo recordaba como si fuese ese mismo día, como si hubiese ocurrido hace un instante. Se acercó a ella de nuevo, apoyando su mano sobre la de ella —Y te besé tantas veces fuera de este mundo— Susurró rozando su nariz con la de ella —Que besarte aquí, fue la mayor magia que conocí nunca— Volvió a susurrar acercando más su rostro al de ella, mientras su mano se deslizaba de su brazo a su cintura atrayendo su cuerpo al de ella —Gemma ¿qué eres para mi?— Susurró sobre su boca —¿Cómo es qué te recuerdo con tanta nitidez? ¿Cómo puedo quererte, desearte si no te conozco?— Apoyó la espalda de ella sobre la roca, juntando sus cuerpos y rozando sus labios con cada palabra —¿Estás segura que no me hechizaste, pequeña Gemma?— Sonrió sobre su boca.
Y la besó, suavemente al principio, uniendo sus labios y al separarse de ella, volvió a unirlos incrementando la fuerza de sus labios sobre los de ella, haciendo que abriese su boca y que pudiese saborearla por completo. Con una mano en su cintura pegando su cuerpo al de él, la otra se dirigió a su cuello, a su nuca. La saboreaba como hacía tiempo que no hacía ¿Cómo podía saberlo, cuanto tiempo había pasado? Continuó besándola, hasta que su boca se separó de la de ella para mirar a los ojos, con su respiración agitada y el deseo corriendo por todo su cuerpo —Gemma— Susurró sobre su boca, rozando sus labios hinchados por su beso manteniendo la postura y sus manos quietas, sin moverse un ápice.
Llegaron a una zona construido en roca. Tras pasar un hermoso paisaje del que no apartaba los ojos, tan distinto a los que podía ver en las calles de New York, en las calles que recordaba. Aunque todo, el paisaje, el río, las zonas verdes e incluso las flores le resultaban tan vistas, como si hubiese sido parte de ese mundo. Pero esa era Gemma, él estaría equivocado, una percepción errónea —De eso, no me cabe la menor duda— Sobre que Tamsin estaría bien, era una mujer de armas tomar a pesar de su edad.
Alargó la mano tocó la piedra. Sobre uno de los dibujos que había en la pared, eran dibujos tan extraños y a su vez tan hermosos, tan conocidos ¿Cómo era posible, por qué recordaba esas coas con más nitidad qué otras? Los dibujos de las mujeres que podía reconocer, solo Kartik se quedó mirándolas más tiempo asombrados mientras escenas venían a él. Ellos, no se tocaban por aquél entonces, el cosquilleo nunca le gustó por aquél entonces. Ella hablaba y él solo escuchaba, maravillado y asustado pues allí todos habían perecido ¿El qué? Las cosas que Kartik pensaba, las cosas que recordaba era como si alguien le fuese escribiendo notas y el, poco a poco, las juntase hasta darle un sentido. La siguió en silencio. Sin romper su enlace, sus manos unidas —¿Por qué la cueva de los suspiros?— Aunque de una manera que no entendía, era como si ya conociese la respuesta, lo que hizo que mirase a los ojos de Gemma por unos instantes. Subió el terreno escabroso sin ningún problema, vigilando que ella no se fuese a caer. La seguía confuso, consternado, pues tenía respuestas a preguntas que ni el mismo había asimilado. Tenía imágenes que veía con claridad y otras que era imposible de reconocer —No— Susurró con suavidad, mientras su mano se apoya en una columna que tenía otro grabado diferente al que Gemma estaba tocando.
Se acercó a ella deslizando su palma por las rocas, por los dibujos hasta que se colocó a su lado —Me trajiste aquí, querías....querías saber si yo deseaba tu poder y no a ti— Lo dijo con claridad, ese recuerdo sería el más reciente de todos ellos pues lo recordaba como si fuese ese mismo día, como si hubiese ocurrido hace un instante. Se acercó a ella de nuevo, apoyando su mano sobre la de ella —Y te besé tantas veces fuera de este mundo— Susurró rozando su nariz con la de ella —Que besarte aquí, fue la mayor magia que conocí nunca— Volvió a susurrar acercando más su rostro al de ella, mientras su mano se deslizaba de su brazo a su cintura atrayendo su cuerpo al de ella —Gemma ¿qué eres para mi?— Susurró sobre su boca —¿Cómo es qué te recuerdo con tanta nitidez? ¿Cómo puedo quererte, desearte si no te conozco?— Apoyó la espalda de ella sobre la roca, juntando sus cuerpos y rozando sus labios con cada palabra —¿Estás segura que no me hechizaste, pequeña Gemma?— Sonrió sobre su boca.
Y la besó, suavemente al principio, uniendo sus labios y al separarse de ella, volvió a unirlos incrementando la fuerza de sus labios sobre los de ella, haciendo que abriese su boca y que pudiese saborearla por completo. Con una mano en su cintura pegando su cuerpo al de él, la otra se dirigió a su cuello, a su nuca. La saboreaba como hacía tiempo que no hacía ¿Cómo podía saberlo, cuanto tiempo había pasado? Continuó besándola, hasta que su boca se separó de la de ella para mirar a los ojos, con su respiración agitada y el deseo corriendo por todo su cuerpo —Gemma— Susurró sobre su boca, rozando sus labios hinchados por su beso manteniendo la postura y sus manos quietas, sin moverse un ápice.
En lo que ellas llaman reinos | con Gemma y Tamsin, lejos | |
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Horario completo en el Daily Planet, defendiendo Rohan de la amenaza de Mordor, Capitaneando un barco lleno de pirtas y una Princesa orgullosa, Huyendo de grounders y de mi acosador. Encerrada en Invernalia, Domesticando a un esclavo, hablando con reyes de Goblins y lechuzas parlantes, Disparando a todo lo que se mueve, salvando a Skyrim de Alduin y ayudando a la Dama de la Mano Brillante.
Re: ♛ The sweet far thing
II. OUR FIRST BREATH |
Que Kartik no recordara el lugar no la sorprendió aunque, ciertamente, la entristeció. Sus banas esperanzas se habían roto de repente en cuando el pronunció aquella sencilla palabra. Una sola sílaba, dos simples letras: No. Lo observó en silencio y asintió mientras se tragaba las lágrimas que ya picaban tras sus ojos y amenazaban con empezar a caer. No era momento de llorar, se dijo, tenía unos preciosos minutos junto a Kartik y tenía que disfrutar de ellos al máximo, no podía estropearlos con lágrimas ni llantos. Podría llorar al volver a casa, a solas en su habitación, hasta quedarse sin lágrimas. Eso era lo que se decía, pero desde luego no es lo mismo decir algo que hacerlo y se vio incapaz de retener el llanto.
Tuvo que apartar los ojos de él, desvió la mirada hacia el suelo y con las manos se rascó los ojos con violencia. No funcionó más que para ponérselos más rojos todavía. Iba a pedirle perdón por un comportamiento que le pareció de lo más tonto, él probablemente pensaría que estaba loca. Sin embargo, antes de que pudiera abrir la boca lo sintió a su lado. Su voz llenó la cueva y sus palabras calentaron su corazón. Ella volteó el rostro para poder mirarlo, sus narices se rozaron y los labios empezaron a demandarle besarlo, estaba tan cerca…- Sí, nos besamos. –murmuró ella con voz ronca como si lo que Kartik hubiese dicho fuera una pregunta y no una clara afirmación. No fue realmente consciente del momento en que sus cuerpos buscaron de nuevo el contacto. Fue él quien lo inició, siempre era él, pero ella se lo concedió y lo siguió de buena gana.
Gemma se encontró pronto en una prisión hecha de roa a su espalda y de terso cuerpo delante de ella. Sus manos se movieron hasta descansar contra el pecho masculino y su rostro volvió a alzarse para buscar los ojos oscuros del hombre. La sonrisa de Kartik fue rápidamente contagiosa. Pero no duró demasiado en sus labios antes de que él acortara completamente al distancia que los separaba y los uniera en un beso por más deseado. Al principio fue tan delicado como siempre pero, poco a poco, la intensidad del acto fue aumentando. Cada vez necesitaban más y más contacto, las manso de Gemma ascendieron y acabaron envueltas en el cuello de Kartik forzando a que se acercara más a ella y, cuando ya no podían estar más cerca sus cuerpos, siguió ejerciendo presión como si así, por arte de magia fuera a conseguir eliminar un inexistente milímetro más.
No habría sabido decir cuánto rato pasaron besándose. Hubo un momento en que empezó a sentir cierto malestar en los labios pero alejando la sensación a un lado continuó besándolo pidiéndole más y más.- Kartik, no sabes… no sabes bien cuánto tiempo he pasado echándote de menos. -no quería separarse de sus labios pero, a la vez, sentía que debía de parar un momento, recuperar el aliento, descansar la piel sensible de los mismos un instante.- Cada noche te veía en sueños sonriendo desde el otro lado de la orilla pero no podía hablarte, ni tocarte… solo podía verte y echarte todavía más de menos. –escondió el rostro en el hueco de su cuello besando en el proceso al piel morena que quedaba al descubierto.- Cuando hice aquel trato con Tamsin estaba desesperada, no pensé que realmente fuera a funcionar. Pero ahora estás aquí, has vuelto, pero bajo el yugo de esa mujer. Tú vida habría sido mucho más fácil si nunca me hubieses conocido o seguido hasta Londres. –no le faltaba razón, si Kartik no la hubiera conocido seguiría en la India viviendo una vida tranquila y apacible, no habría muerto para regresar después convertido en una especie de esclavo de aquella extraña mujer que era Tamsin.
Tuvo que apartar los ojos de él, desvió la mirada hacia el suelo y con las manos se rascó los ojos con violencia. No funcionó más que para ponérselos más rojos todavía. Iba a pedirle perdón por un comportamiento que le pareció de lo más tonto, él probablemente pensaría que estaba loca. Sin embargo, antes de que pudiera abrir la boca lo sintió a su lado. Su voz llenó la cueva y sus palabras calentaron su corazón. Ella volteó el rostro para poder mirarlo, sus narices se rozaron y los labios empezaron a demandarle besarlo, estaba tan cerca…- Sí, nos besamos. –murmuró ella con voz ronca como si lo que Kartik hubiese dicho fuera una pregunta y no una clara afirmación. No fue realmente consciente del momento en que sus cuerpos buscaron de nuevo el contacto. Fue él quien lo inició, siempre era él, pero ella se lo concedió y lo siguió de buena gana.
Gemma se encontró pronto en una prisión hecha de roa a su espalda y de terso cuerpo delante de ella. Sus manos se movieron hasta descansar contra el pecho masculino y su rostro volvió a alzarse para buscar los ojos oscuros del hombre. La sonrisa de Kartik fue rápidamente contagiosa. Pero no duró demasiado en sus labios antes de que él acortara completamente al distancia que los separaba y los uniera en un beso por más deseado. Al principio fue tan delicado como siempre pero, poco a poco, la intensidad del acto fue aumentando. Cada vez necesitaban más y más contacto, las manso de Gemma ascendieron y acabaron envueltas en el cuello de Kartik forzando a que se acercara más a ella y, cuando ya no podían estar más cerca sus cuerpos, siguió ejerciendo presión como si así, por arte de magia fuera a conseguir eliminar un inexistente milímetro más.
No habría sabido decir cuánto rato pasaron besándose. Hubo un momento en que empezó a sentir cierto malestar en los labios pero alejando la sensación a un lado continuó besándolo pidiéndole más y más.- Kartik, no sabes… no sabes bien cuánto tiempo he pasado echándote de menos. -no quería separarse de sus labios pero, a la vez, sentía que debía de parar un momento, recuperar el aliento, descansar la piel sensible de los mismos un instante.- Cada noche te veía en sueños sonriendo desde el otro lado de la orilla pero no podía hablarte, ni tocarte… solo podía verte y echarte todavía más de menos. –escondió el rostro en el hueco de su cuello besando en el proceso al piel morena que quedaba al descubierto.- Cuando hice aquel trato con Tamsin estaba desesperada, no pensé que realmente fuera a funcionar. Pero ahora estás aquí, has vuelto, pero bajo el yugo de esa mujer. Tú vida habría sido mucho más fácil si nunca me hubieses conocido o seguido hasta Londres. –no le faltaba razón, si Kartik no la hubiera conocido seguiría en la India viviendo una vida tranquila y apacible, no habría muerto para regresar después convertido en una especie de esclavo de aquella extraña mujer que era Tamsin.
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Re: ♛ The sweet far thing
II. Our first breath |
Ella correspondió a ese beso, incluso permitió que Kartik apoyase su espalda sobre la dura roca de esa cueva y que la dejase sin escapatoria con su cuerpo. Kartik sentía la falda de Gemma acomodarse a sus piernas y las manos de ella sobre su pecho haciendo que sus respiraciones fueran percibidas por las yemas de sus dedos. Mientras tanto, Kartik continuaba con la mano en su cuello echándolo hacía atrás con suavidad mientras sus labios se fundían con los de ella, su otra mano, en su cintura, ascendía por su costado hasta bordear su espalda, tirando de ella hacía él con suavidad, la apartó de la pared haciendo que su brazo quedase tras el hueco, pero Kartik no separó sus cuerpos.
Así, mientras la escuchaba hablar, pudo echar hacía atrás su cuello con suavidad y besar su barbilla, bajar hasta su garganta y cuello y besar con suavidad su clavícula ¿Cuanto había esperado para saborearla de ese modo?
Podía sentir su deseo corriendo por su cuerpo y era algo que ni él mismo podía detener ¿Qué le ocurría, de donde había nacido todo ese deseo? Sintió como si ya hubiese ocurrido, como si no hubiese podido controlar su deseo en esos terrenos, rodeados de esa naturaleza y al igual que ahora, Gemma no se apartaba de él, no lo temía, si no que rogaba por su tacto ¿Cómo podía recordar, conocer esos detalles, serían los más cercanos a sus últimos recuerdos, cuando había desaparecido de ese mundo?
La miró a los ojos, escuchándola y alzó su mano hasta que la posó sobre sus labios, con suavidad haciéndola callar. Cierto era que Tamsin lo controlaba, incluso él podía entender el poder de aquella anciana, como si de una dulce anciana se tratase, él vivía en sus carnes ese desconocimiento sobre ella ¿Tan poderosa era que Gemma la temía? ¿Debía de temerla él, olvidar los meses en los que la veía como la persona que lo había ayudado? —Ahora estoy aquí Gemma, de nuevo y a tu lado. No se cuanto tardaré en recordarlo todo, en recordar lo que hayamos vivido— Cogió una de sus manos y la apoyó sobre su pecho, sobre su corazón —Pero esto es real, lo siento aquí, bajo el pecho. Y no me voy a ir a ningún lado— Negó con suavidad embozando una pequeña sonrisa mirándola a los ojos —Haremos que el rumbo cambie, lo haremos juntos Gemma. Todo saldrá bien— Continuaba mirándola a los ojos cuando posó sus labios con suavidad sobre los de ella antes de volver a separarse.
Pero no se separó de su cuerpo, se quedó quieto sobre el de ella, apoyando su frente sobre la de ella y sosteniendo su mano aún sobre su pecho con suavidad, dejó que sus respiraciones se mezclase y que el silencio de aquél lugar los envolviese —Gemma— Volvió a susurrar sintiendo como el deseo lo empujaba a volver a besarla y así hizo, volviendo a unir sus labios comenzó a llevar la mano que sostenía su espalda hasta enredarla en sus cabellos pegándola más a él si cabía —¡Kartik, Señorita Doyle!— Gritó Tamsin entrando en el interior de la cueva haciendo que Kartik soltase a Gemma, no con brusquedad pero si que deslizó sus manos por el cuerpo de ella hasta que la abandonaron por completo —Espero que tengáis la ropa puesta. Los jóvenes de hoy en día son unos irresponsables ¿Dónde estáis? ¡Salid de ahí inmediatamente!—
Así, mientras la escuchaba hablar, pudo echar hacía atrás su cuello con suavidad y besar su barbilla, bajar hasta su garganta y cuello y besar con suavidad su clavícula ¿Cuanto había esperado para saborearla de ese modo?
Podía sentir su deseo corriendo por su cuerpo y era algo que ni él mismo podía detener ¿Qué le ocurría, de donde había nacido todo ese deseo? Sintió como si ya hubiese ocurrido, como si no hubiese podido controlar su deseo en esos terrenos, rodeados de esa naturaleza y al igual que ahora, Gemma no se apartaba de él, no lo temía, si no que rogaba por su tacto ¿Cómo podía recordar, conocer esos detalles, serían los más cercanos a sus últimos recuerdos, cuando había desaparecido de ese mundo?
La miró a los ojos, escuchándola y alzó su mano hasta que la posó sobre sus labios, con suavidad haciéndola callar. Cierto era que Tamsin lo controlaba, incluso él podía entender el poder de aquella anciana, como si de una dulce anciana se tratase, él vivía en sus carnes ese desconocimiento sobre ella ¿Tan poderosa era que Gemma la temía? ¿Debía de temerla él, olvidar los meses en los que la veía como la persona que lo había ayudado? —Ahora estoy aquí Gemma, de nuevo y a tu lado. No se cuanto tardaré en recordarlo todo, en recordar lo que hayamos vivido— Cogió una de sus manos y la apoyó sobre su pecho, sobre su corazón —Pero esto es real, lo siento aquí, bajo el pecho. Y no me voy a ir a ningún lado— Negó con suavidad embozando una pequeña sonrisa mirándola a los ojos —Haremos que el rumbo cambie, lo haremos juntos Gemma. Todo saldrá bien— Continuaba mirándola a los ojos cuando posó sus labios con suavidad sobre los de ella antes de volver a separarse.
Pero no se separó de su cuerpo, se quedó quieto sobre el de ella, apoyando su frente sobre la de ella y sosteniendo su mano aún sobre su pecho con suavidad, dejó que sus respiraciones se mezclase y que el silencio de aquél lugar los envolviese —Gemma— Volvió a susurrar sintiendo como el deseo lo empujaba a volver a besarla y así hizo, volviendo a unir sus labios comenzó a llevar la mano que sostenía su espalda hasta enredarla en sus cabellos pegándola más a él si cabía —¡Kartik, Señorita Doyle!— Gritó Tamsin entrando en el interior de la cueva haciendo que Kartik soltase a Gemma, no con brusquedad pero si que deslizó sus manos por el cuerpo de ella hasta que la abandonaron por completo —Espero que tengáis la ropa puesta. Los jóvenes de hoy en día son unos irresponsables ¿Dónde estáis? ¡Salid de ahí inmediatamente!—
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Re: ♛ The sweet far thing
II. OUR FIRST BREATH |
Estar así, con él, era todo lo que había deseado durante años y años. Había sido duro tener que contemplarlo a lo lejos, incapaz de tocarlo por mucho que alargara la mano, había tenido que conformarse con contemplar su sonrisa agridulce. Ella también había sonreído del mismo modo, durante mucho tiempo, de hecho, era la única sonrisa que había tenido para todo el mundo. Pero ahora Kartik estaba de nuevo allí y todo lo que quería hacer era reír, llorar y gritar de pura felicidad. Sabía que no estaba todo hecho, sabía que Tamsin todavía estaba allí amenazando la felicidad que podían construir juntos pero por un momento Gemma se permitió ser positiva, se permitió pensar que era posible.
El pecho de Kartik era cálido y duro y, a través de su palma, Gemma podía sentir el latido de su corazón. Este era rápido y fuerte, ¿sonaría su propio corazón igual? Se preguntó. Pero no tuvo tiempo de pensar mucho en ello o, incluso, de comprobarlo, pues el chico volvió a besarla y, de nuevo, Gemma fue incapaz de pensar en nada más que no fuera las sensaciones que sus besos le provocaban. ¿Estaba bien que tuviera tantas gansa de sentir el pecho del hombre sin la tela de la camisa que tan molesta se le hacía de pronto? No, sus profesoras de la academia le dirían que no, pero ya no estaban en Spence y, desde luego, Gemma ya no era aquella niña, ahora era una mujer hecha y derecha con los deseos de cualquier mujer de carne y hueso.
Ni si quiera se dio cuenta como su espalda se arqueaba buscando más y más contacto con el cuerpo masculino. Sentía un remolido de emoción en el estómago, un calor abrasador que, poco a poco, poseía un centímetro más de su cuerpo. Su mente no sabía exactamente que buscaba, su cuerpo sí. Pero, entonces, cuando sus manos empezaban a descender buscando el borde de la camisa de él, la voz de Tamsin resonó en la cueva, sorprendiéndolos. Kartik se apartó inmediatamente y, aunque la soltó con cuidado, Gemma continuó algo aturdida durante unos segundos más. Cuando la anciana entró en la cueva Gemma vio su silueta recortándose contra la luz que entraba desde la entrada de la cueva. ¿Por qué tenía que interrumpirlos siempre? Parecía que lo hiciera a propósito y, muy probablemente, así era.
- ¡Estamos aquí! -su voz resonó a través de las paredes de la cueva, aprovechó los momentos que Tamsin tardó en llegar hasta ellos para arreglarse un poco la falda arrugada y los mechones de pelo fuera de su sitio. Cuando Tamsin los alcanzó s respiración ya se había normalizado, pero el sonrojo de sus mejillas al ser pillada in fraganti en una acción como aquella no había desaparecido. Aun así ella hizo todo lo posible por aparentar normalidad.- ¿Ya podemos irnos? –preguntó algo más tajante de lo que pretendía mientras que sus ojos se deslizaban por encima de la anciana intentando hallar algo diferente en ella. La muejr había querido ir a los reinos a por algo, pero no había abierto la boca para explicar qué era. Gemma sabía que no debería de haber accedido, pero había sido muy difícil decir no sabiendo que la vida de Kartik estaba en manos de aquella mujer.- ¿O todavía no ha encontrado aquello que venía buscando? –era una pregunta trampa pero si Tamsin caía tal vez ella pudiera saber qué era ese precio que había tenido que pagar por proteger a Kartik.
En los reinos | Con Kartik (y la zorra traicionera de Tamsin) |
Dreams are all I have ever truly owned.

Our lives are not our own. From womb to tomb, we are bound to others. I believe there is another world waiting for us. A better world. And I’ll be waiting for you there ☁
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