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Our souls are knit.

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Our souls are knit.

Mensaje por artisaweapon el Miér Mayo 18, 2016 5:00 pm

Our souls are knit.


El reino de Zaissan, después de la más reciente guerra en la que su rey ha fallecido, se ve obligado a, después de semanas de luto, comprometer al príncipe heredero con una de las princesas del reino vecino, a la que nunca ha visto y en la que ni siquiera tiene interés.

En vista de que las hostilidades de la guerra siguen tangentes, al príncipe le es asignado un caballero personal que deberá escoltarlo hasta el reino de Meirei y durante el camino, ambos deberán hacerse pasar por plebeyos para evitar posibles peligros que atenten contra la vida del heredero del trono de Zaissan.

Acostumbrado a una vida de lujos y caprichos, el trayecto no será fácil para el chico de sangre real, y mucho menos con la compañía de un caballero al que apenas conoce y al que en primer término, apenas soporta debido a que sus personalidades chocan por ser, tal vez, demasiado parecidas en algunos aspectos.

Ambos superarán juntos un largo y arduo trayecto lleno de adversidades que pondrán a prueba sus límites tanto mentales como físicos y que los harán evolucionar a mejor o a peor hasta que llegue el momento en que ambos deban separarse y volver a seguir sus caminos...A no ser que el destino de ambos cambie.
Kuroo Tetsurō
23 años | Caballero | Edel Rose
Tetsuro no siempre había sido uno de los caballeros preferidos del Rey. A decir verdad, al comienzo estaba muy lejos de siquiera llegar a formar parte de la Orden Militar real.

Es hijo de una campesina y un guardia del palacio, y fue justamente gracias a esa conexión que logró ingresar sin demasiados problemas a trabajar también allí. Comenzó simplemente ayudando un poco en cada lado, cuidando de los caballos y llevando las espadas o equipos a reparar o mejorar. A veces le mandaban de mensajero dentro del pueblo e incluso cuando ya ganó algo de confianza, le confiaban quizás el llevar algún paquete fuera de él también.

Nunca fue una de las personas con más iniciativa de todas, muchas veces se le veía haciendo el vago por ahí, pero pese a eso jamás defraudó a ninguno de sus superiores en nada, y es por eso que jamas le hicieron demasiado problema.

Es una persona bastante extrovertida la mayor parte del tiempo, no tiene ningún inconveniente en salir con sus compañeros una noche y pasarla bien, aunque sí tiene un carácter fuerte si es necesario. Le gusta molestar a quienes no le agradan, y también a los qué sí. Sabe usar sus palabras y darte justo en donde sabe que te picará y seguramente te hará reaccionar aunque no quieras.

Actualmente es el segundo al mando en la guardia real. Un caballero respetado tanto por sus compañeros, como por sus protegidos. Kuroo siempre a demostrado tener los ideales del reino siempre presentes, así como también los propios de su oficio. Ha cuidado a cada uno de sus compañeros en batalla, y hasta ahora no ha tenido ninguna derrota memorable, pero sí muchas victorias.

Sabe obedecer, y también alzar la voz si algo no le convence. Que sea tan obediente no le hace ciego ante las órdenes infundadas. Él no tiene ningún problema en matar en nombre del Rey, pero sí espera saber el motivo por la cuál llevara esa muerte en su consciencia.
Tsukishima Kei
18 años | Príncipe | Artisaweapon
Tsukishima pasa la mayor parte de su tiempo en soledad, leyendo o estudiando. Es muy tranquilo y disfruta del silencio. Es muy cortante y tiene hábito de irritar a la gente que le desagrada, aunque llega incluso a ser grosero con aquellas personas más cercanas a él.

Sin duda, su infancia fue lo que podría denominarse perfecta, aunque como la vida de todo hijo de la realeza, fue estricta, con lecciones de clase y etiqueta día sí y día también, siendo entrenado para ser el perfecto rey para cuando llegara el momento, y el perfecto esposo también, a pesar de que la perspectiva de casarse por conveniencia, aunque la tenía aceptada, no encajaba con el concepto que durante un tiempo había tenido de lo que le hubiera gustado que fuera su vida.

A pesar de haberse entrenado en el arte de la espada casi desde que tiene memoria, nunca se preocupó demasiado por aprender de verdad, por lo que si bien puede defenderse, en un combate de espadas probablemente acabaría muerto antes de que pudiera infligir algo de daño a su contrincante.

Su personalidad hace que muchas veces se dirija a los sirvientes y caballeros de mala manera, aunque la mayoría ya estás acostumbrados, otros creen que cuando llegue el momento de que Kei se convierta en rey, el país se verá sumido en la miseria por las aparentes nulas dotes de empatía que posee el príncipe.

Tras la muerte de su padre en la más reciente guerra, su madre, la reina regente hasta que Tsukishima se desposara con alguna princesa, decidió que había llegado el momento de comprometerlo con la princesa del reino vecino, en un intento de que el joven aprendiera a preocuparse por la que sería su futura mujer y que además, ésta le ablandara un poco el corazón y le hiciese ver más allá de sí mismo y su egoísmo.

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Re: Our souls are knit.

Mensaje por Edel Rose el Lun Mayo 23, 2016 8:45 pm


1. if you keep your mouth shut...
Con Tsukshima,  . Casa del General . Por la mañana, Día 1.

La hora de reunión ya estaba cerca. Medio a regañadientes, el pelinegro se levantó de la cama para alistarse y finalmente salir al lugar que habían acordado. Le habían dado aquellos últimos dos días libres para que preparase todo lo que tuviera que preparar, y lo había hecho, pero no contaba con que la noche previa acabaría desvelado a causa de unas malas pero divertidas amistades, que no lo dejaron volverse temprano de la taberna.

Se lavó la cara y aseo un poco su cuerpo antes de vestirse. Una camisa blanca y por encima una túnica amarronada que hacia juego con sus gastados, pero todavía útiles, pantalones, fue lo que eligió para comenzar aquel largo viaje que se acercaba. Ajusto sus botas ya cuando no tenía mucho mas que hacer allí, agarro su bolso de viaje y salió.

Hechó una última mirada a la pequeña casita que su mismo señor le había prestado mientras estuviera en aquel cargo, sin saber cuándo volvería de nuevo.

Un bostezo escapo de su boca, que no se molestó en cubrir. El sol ya estaba saliendo, había un leve frescor por ser de mañana pero nada preocupante. Aún faltaba para la época más fría del año, y para ese entonces ya pensaba que estarían de nuevo.

La realidad es que moría de sueño, no tenía ni las más mínimas ganas de caminar, pero se había comprometido a cumplir aquella misión y lo haría. No era de las personas que rompieran su palabra, además de que tampoco tenía intenciones de perder el trabajo, y con él varias comodidades que ningún campesino común tendría.

El barrio donde estaban hechas las casas designadas para aquellos que servían al reino estaban a corta distancia del palacio. Casi a la misma altura en donde habitaban los nobles, solo que sus viviendas eran considerablemente más grandes. Caminar una de estas casas que fue designada como "base" para aquello le llevo unos pocos minutos, pero no los suficientes como para espabilarse por completo.

Entro a aquella morada sin pedir permiso siquiera, dando otro sonoro bostezo que alerto a los presentes.

Su superior estaba sentado en la mesa de una gran sala, bebiendo un tazón con un líquido amarronado que aun desprendía algo de vapor.

A ver si te retiras de una buena vez y me dejas esta para mí, viejo —dijo jugando, tomando asiento a su lado, en una de las sillas vacías.

El hombre rio con ganas ante el comentario, dejando en claro que la relación entre ambos hombres era casi familiar. —Tu compañero aún no ha llegado -menciono el mayor, levantándose y yendo hacia a la habitación conjunta a preparar otro te. —¿Tienes alguna duda de todo esto? Es un buen momento para hablar.

Kuroo tenía bastante claro que era exactamente lo que tenía que hacer, pero aun así hizo una que otra pregunta mientras bebía la infusión que acababan de prepararle. Las órdenes habían sido simples, llevar al príncipe al reino vecino sano y salvo, lo antes posible. Claro que simple era solo un decir, ya que no creía que fuera tan así. En parte por los peligros que representaban aquellos caminos en los que ninguna ley valía, tan solo la propia. Y por otra parte porque su compañero no era precisamente el que preferiría para realizar un viaje tan largo.

Y hablando de compañero, ¿por qué demonios no había llegado aún? El caballero no podía obviar el hecho de que ambos tazones ya estaban vacíos y aun no había rastros del "principito".

¿Estás seguro que no terminó huyendo? —Preguntó, un poco fastidiado ante la idea de haber madrugado en vano. —No sería raro, no es precisamente el modelo de Rey ejemplar que se preocupe por su gente antes que sí mismo, ¿no? —preguntó, sin recibir ninguna respuesta del mayor.

Bufó, ahora un poco molesto por el silencio contrario. Era de saber popular que el príncipe no se parecía ni por asomo a su difunto padre, o si lo hacía, sabía ocultarlo muy bien bajo sus malos modos. No conocía a nadie que trabajase en el castillo que no se haya quejado alguna vez del rubio. Y aunque Kuroo no había tenido realmente mucho traro con el chico, sabía que los rumores cierta parte de verdad tenían. —Vamos, viejo, si tu también sabes que-- —se interrumpió a sí mismo cuando al alzar la vista, se encontró con la mirada severa de su superior.

No tardó en darse cuenta del por qué, ya que si le sumaba a la falta de respuestas quedaba bastante claro. Suspiró, sabiendo que si el día había comenzado así, ya estaba destinado al fracaso. Se giró sobre la silla, sólo para confirmar que tras de sí se encontraría con cierta persona que seguramente no estaría demasiado alegre de verle. Sonrió a pesar de todo, y alzando la mano en un leve gesto de saludo, agregó: —¡Hey, compañero…! ¿Listo para el viaje? —No, no se le había ocurrido nada mejor que eso. Tan sólo esperaba que aquello no fuera motivo suficiente para que le asignen la misión a otra persona…




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Re: Our souls are knit.

Mensaje por artisaweapon el Sáb Mayo 28, 2016 1:05 am


If you keep your mouth shut
Con Kuroo. Casa del general. Día 1, por la mañana.

Lo habían levantado de buena mañana para hacerle probarle infinidad de prendas traídas expresamente de una aldea de campesinos donde aquella tela rugosa que en aquellos momentos rozaba la delicada piel del príncipe era lo máximo a lo que se podía aspirar para vestir. Le habían conseguido mudas de sobra, sí, ¿pero a qué precio? Estaba increíblemente incómodo, pues el áspero material parecía haber sido sacado de un saco de hortalizas, aunque a ciencia cierta, fuera ropa normal y corriente que no picaba tanto pero…Estaba en la naturaleza del joven príncipe quejarse incluso en aquella situación.

Observó sentado al borde de la cama con las sirvientas metían en los sacos los montones de ropa, pulcramente doblada – lo que era una pérdida de tiempo, porque dudaba que en aquellos sacos fueran aguantar sin arrugarse – y cuando estuvo todo dispuesto, le fue permitido bajar al comedor principal donde lo esperaban su madre, la reina regente, y su hermana, la princesa. Ambas lo miraron con la desaprobación marcada en el rostro, no por ser él exactamente, sino por su apariencia. ¡Cómo si hubiera sido su decisión que lo comprometieran con una princesa desconocida! No tenía el más mínimo interés en aquel casamiento, y mucho menos sabía cómo lidiar con mujeres más allá de las formalidades de la corte y de las cosas que le habían enseñado, la mayoría de ellas orientadas al matrimonio.

Tras haber intercambiado algunas palabras de saludo, ocupó su asiento en la enorme mesa del comedor y esperó a que sirvieran el desayuno. La última comida decente que probaré en semanas, pensó, aguantándose una mueca de asco al pensarlo. Odiaba todo en aquella situación, y además le habían asignado un guardia con el que no había hablado nunca, aunque sí que lo había visto entrenar en el patio del cuartel de la guardia y si bien tenía que admitir que era bueno en el manejo de la espada, no le hacía ninguna gracia que fuera tan…Él.

Cuando su madre dio por finalizado el desayuno, en el que no se habló más de lo justo y necesario, Tsukishima se levantó de la mesa y tras dirigir una última mirada a su progenitora y su hermana, salió de la estancia sin ni siquiera despedirse. No lo veía necesario, además de que nunca había tenido una relación demasiado cercana con ninguna de ellas. Tal vez cuando había sido más pequeño, pero ya no más, no después de la muerte de su padre, que había empeorado aún más la relación entre ellos.

Se reunió con uno de los mayordomos que lo acompañaría hasta la casa del general de la guardia, donde supuestamente debía esperarlo su escolta y anduvo tras él, seguido por algunos sirvientes que cargaban con su ropa para dejarla en el carro que utilizarían para transportarse. Al llegar, el mayordomo pasó primero, pues la puerta estaba abierta y el príncipe lo siguió, sin variar en absoluto su expresión, más a medida que iba escuchando la conversación – o más bien monólogo – del que sería su guardia personal, su ceño se fue frunciendo, más hizo un esfuerzo por no apretar los puños. Sus dorados orbes se entornaron al encontrarse con los ajenos, estrechándose aún más al escuchar cómo lo había llamado y antes de que su mayordomo pudiese decir algo por él, alzó la mano para hacerlo callar.

- No me importa que vayamos a ser compañeros de viaje, soldado, soy tu príncipe, y como tal, seguirás llamándome alteza. – sentenció sin relajar la expresión de su rostro mientras utilizaba el tono más neutro del que fue capaz. – Al menos mientras estemos solos. No soy, ni seré tu amigo.

Y con esas palabras, se dio la vuelta para salir de la caseta y dirigirse hacia el carro que estaba estacionado no demasiado lejos, y en el cual ocupó su lugar con cara de pocos amigos. Iba a ser un viaje muy largo.





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Re: Our souls are knit.

Mensaje por Edel Rose el Sáb Mayo 28, 2016 5:59 am


1. if you keep your mouth shut...
Con Tsukshima,  . Afueras del Zaissan . Casi mediodía, Día 1.

Vale, había hablado de más, lo sabía. ¿Pero eso justificaba la actitud del rubio? Definitivamente no, o al menos el caballero no lo veía así. —Tampoco es mi intención hacer amigos en el viaje, no te preocupes —habló, sin si quiera molestarse en cambiar su actitud. Era un trabajo más después de todo, si lo hacía bien, sería bien recompensado y punto. Caerle bien o no no era algo que fuera a importar mucho, sólo necesitaba mantenerlo con vida. Claro que ahora ese niño rico sería su más alto mando, pero lejos estaba de llevarse el respeto que el castaño le había regalado a su difunto padre. Mientras no la liara demasiado, podía estar tranquilo de que su puesto no le sería quitado por ningún capricho.

Será un agradable viaje, viejo. ¿Estás seguro que no quieres intercambiar? —le preguntó al mayor, que para su satisfacción, le devolvió una sonrisa como respuesta. Ese pequeño gesto le fue suficiente para darse la razón en todo lo que había dicho antes.

Siguió los pasos del menor, subiendo y sentándose a su lado. El viaje demoraría casi dos semanas si tenía suerte e iban según el plan. Claro que en los caminos que había entre pueblo y pueblo, podía suceder cualquier cosa que los demore o desvíe de la ruta prevista. Espera que no fuera así, pero lo mejor era no descartar la posibilidad, mientras más atento estuviera mejor podría reaccionar.

El carro que habían preparado para ellos era más bien una carreta techada con un banquillo dentro, y obviamente los bolsos de su viaje con ropas, algo de comida, y demás cosas que podían llegar a necesitar en el corto plazo. A decir verdad, podían haberse esmerado y armar algo un poco más lujoso, si total nadie debería mirar por dentro, pero no era el momento de quejarse.

Tetsurō, cuídate, cuídalo —dijo el mayor, acercándose hasta la parte trasera de la carreta para despedirles—. El reino depende de que esto salga bien, no te lo tomes a la ligera.

El caballero suspiró, ¿alguna vez no se había tomado su trabajo en serio? Bueno, quizás un par de veces, pero ninguna de las verdaderamente importantes.

Por favor, alteza, no es el hombre más agradable de la milicia, pero le aseguro que puede confiar en él completamente —Kuroo observaba al mayor sin terminar de entender si aquello era más un halago que un reproche, pero no dijo nada más. Le hizo una seña al conductor, quien iba adelante a cargo de los caballos y a los segundos se escuchó el relincho de los animales, y luego sus pasos lentos pero firmes sobre el camino de piedras perteneciente a aquél sector.

El pueblito más cercano estaba a menos de un día de distancia. Era pequeño, principalmente compuesto por posadas de paso y un par de tabernas de esas que nadie pregunta procedencia ni motivos. Era un pueblo que vivía de los viajeros que hacían una ultima parada antes de llegar a Zaissan, no tenía mucho para ofrecer pero sí lo necesario.

La idea era dejar al chofer allí, dormir una noche y al otro día seguir el viaje ya los dos solos. Todo para que nadie les viera salir, ni siquiera su propia gente debía enterarse de todo aquello, sólo los más cercanos a la familia real. Nunca se sabia si en las calles hubiese algún enemigo disfrazado a la espera de enterarse de alguna cosa que pudiera usar en contra del reino. Y saber que el heredero al trono estaba camino a un viaje sólo con un escolta era definitivamente una de esas cosas.

Ya lo has oído, “alteza”, puedes confiar en mí. Cuidaré bien de ti~—repitió una vez la carreta llevara unos minutos marchando. Su tono era burlón, acompañado con una expresión del mismo estilo.

Dicho aquello, estiró su brazo diestro en busca de uno de los sacos que tenía más cerca, y tras revolver un poco acabó por sacar un pan envuelto en un trapo medio amarillento. Lo partió a la mitad y ofreció una parte a su compañero sólo por “educación”. Más no espero una respuesta antes de darle un buen mordisco al suyo. Sólo una infusión no había sido suficiente para comenzar el día.

El tiempo pasaba y pocas habían sido las palabras que ambos cruzaron. No es que le interesara entablar una relación, pero la idea de no poder hablar con nadie por dos semanas no era nada atractiva.

Uhm... Me han dicho que la princesa del otro reino es bastante atractiva —comentó, ahora sí sin intención de molestar de momento—. ¿La has visto ya? —Él no, pero sí había oído hablar de ella, y eso era lo que decían. No es que importara realmente el como se vería, pero ya que era algo arreglado y no había mucha elección, al menos si era bella sería un poco más fácil todo, ¿no?




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Re: Our souls are knit.

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