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▬ The Only Exception
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▬ The Only Exception

The Only Exception
1x1 | CS: Percy Jackson | Romance
Año 2021.
Han pasado años desde que Percy y sus amigos se han enfrentado a la amenaza que representaba el alzamiento de Cronos, y han salido impunes a ello, o eso es lo que todos piensan. Percy ahora reside en Nueva Roma, y luego de salvar Nueva York, exigió que todos los hijos de los dioses fuesen reconocidos, tanto de los 3 grandes como de los dioses menores, y así fue hecho. Para la sorpresa de muchos, Percy no era el único hijo del dios del Mar, ni tampoco sería el último.
La vida de Maia Brooks parecía ser color de rosa, pero luego de que su madre muriese a causa del cáncer, llegó al campamento mestizo para quedarse. Insegura, dinámica y algunas veces lógica son unas de las cosas que diferencian a Maia del resto de sus amigos, y aun así, no es demasiado impresionante. Theo Stevens nunca sintió lo que era ser querido en un lugar, por lo que cuando tuvo la oportunidad de escapar, lo hizo. Ser hijo del guardián del inframundo no es fácil, de hecho, nada lo es, pero para él, es especialmente distinto. Víctima del ritual de la cabaña de afrodita, Theo se ve en la necesidad de negarse a sentirse enamorado de nuevo, por lo que cuando Maia aparece y las cosas se complican, es más fácil irse que arrastrarla con él.
Muchas cosas han pasado en un año, y ahora la amenaza no es Cronos, sino Gea. La madre tierra está despertando, y con ella, semidioses y criaturas que deberían estar muertas, reviven. Los semidioses se están volviendo en contra de los dioses, hartos de ser ignorados, y más importante, hartos de ser solo una diversión para ellos. ¿Lograrán salvarse de esta?
PERSONAJES
Maia R. Brooks | 19 años | Olivia Brower | Wonderland | Theo D. Stevens | 19 años | Chris Overgaard | Carterbury |
Cronología
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Última edición por Wonderland el Sáb 14 Nov - 19:57, editado 4 veces
you should've seen the way he was looking at you

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Re: ▬ The Only Exception
1. Too much too soon.

Calor, calor y más calor. ¿Dónde estaba el frío prometido? Oh, quizá fuera de las barreras del campamento con micro clima propio, seguramente cortesía del señor del rayo. Theo se había despertado y había decidido salir a correr, mantenerse en forma era una de sus aficiones y adoraba poder correr por los bosques que rodeaban el campamento. Le daba igual hacerlo solo o acompañado aunque, eso sí, rara vez alguien se apuntaba. Y es que a pesar de su padre era un chico extremadamente activo, como la mayoría allí. Terminó el recorrido en el lago y se acercó a este para coger agua y refrescarse la cara. Al final decidió que lo mejor que podía hacer era quitarse la camiseta, las bambas y tirarse al lago.
Joder, que bien se estaba.
Salió cinco minutos después y se sentó en la arena. Poco le importó como fueran a quedar sus pantalones o terminar con media espalda rebozada. Se sentía bien y punto. Fue entonces cuando el sonido de algo parecido a un silbido llamó su atención, nereidas. Sonrió de medio lado y se acercó a ellas, o al menos en eso estaba cuando otra rubia apareció en su campo de visión. No pensó, aunque de haberlo hecho seguramente habría actuado de forma parecida — ¡Rubia, ven! — llamó, sin respuesta alguna. Frunció el ceño, pensando que tal vez no lo había escuchado, haciendo caso omiso a las negaciones de sus compañeras — ¡Maia, anda, vente! — insistió, esperando a que la hija de Poseidón diera media vuelta y se uniera al descamisado y su séquito.
Con Maia | Lago | 10 Agosto
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Re: ▬ The Only Exception
1. Too much, too soon.

Despertar en la cabaña y no tener nada que hacer en el día realmente apestaba. Solían tener una especie de día libre – más que todo los domingos – y ella se aburría hasta las lágrimas. Luego de arreglar su cama, limpiar la cabaña y darse una buena ducha, Maia se decidió que había pasado demasiado tiempo sin pasearse por el lago. Pensó en invitar a Callie, pero la verdad era que no sabía que tenía que hacer la rubia hija de Afrodita, más que todo porque su cabaña estaba mucho más poblada que la de Poseidón, por lo que no le extrañaba que tardasen más en limpiarla. Cogió una toalla, se colocó un bañador de color rojo de dos piezas y luego se colocó un par de shorts y sus sandalias.
Se amarró una pequeña coleta antes de estirar el paño y sentarse sobre este, cubriendo la arena debajo de su cuerpo, pero no lo suficiente para tapar sus pies, por lo que los metió dentro de la arena. Estaba tan relajada como alguna vez se iba a encontrar, sus pies en la arena, y estaba tranquila ante el sonido de las olas, entonces un grito llamó su atención, solo para encontrarse a Theo a unos metros de ella junto con las Nereidas. Su mirada se clavó en su pecho desnudo y luego negó, no podía verle de esa manera, sin embargo él tomo aquel movimiento como una negativa e insistió. Quería negarse realmente, pero lo conocía, él seguiría y seguiría hasta que accediera. Se movió lentamente, arrastrando los pies con una sonrisa tímida en los labios — Hola Theo — Murmuró, mordisqueando sus labios antes de fijarse en el montón de risitas que soltaban las Nereidas, entonces su sonrisa fue reemplazada por un ceño fruncido y negaba continuamente — ¿Qué haces aquí? — Preguntó, su voz sonaba un poco más dura de lo que esperaba y con un matiz que no reconocía. — No te he visto en el desayuno — Dijo, pero claro, ella se lo había saltado.
Con Theo | Lago | Agosto 10
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Re: ▬ The Only Exception
1. Too much too soon.

La hija de Poseidón era, sin lugar a duda, su mejor amiga. Por más que la molestara, que se divirtiera haciéndola enfadar de mil maneras distintas. Era la persona en la que más confiaba dentro del campamento mestizo, seguramente por eso le dieron igual las miradas airadas de las nereidas hacia ella e insistió al ver que ella no le hacía caso. Además, iba en bañador, o al menos la parte de arriba. Theo no había esperado verla de esa guisa pero apartó su mirada del color rojo tan rápido como pudo hacerlo. Por más que él le dijera que había subido de peso no podía negar que Maia tenía poco (o nada) a envidiar de las hijas de Afrodita.
Conocía lo suficiente a su amiga para saber que algo ocurría, seguramente se pensaba que se había saltado el desayuno por andar coqueteando con las nereidas, algo que no era cierto, aunque si posible. Después de todo comer podía hacerlo a casi todas las horas. —He ido a correr, así me mantengo en forma — contestó dándose un golpe en la barriga plana. Aquel gesto ocasionó una ola de risitas por parte de las marinas y él no pudo evitar una sonrisa de orgullo por haberlo logrado. Era muy tonto pero le gustaba llamar la atención, le gustaba el juego del coqueteo, y ellas solían proporcionárselo. — ¿Llevabas mucho rato allí tumbada? — se atrevió a preguntar, él era perfectamente capaz de haberse centrado en el calor que sentía y lo fresca que estaría el agua y no haberla visto. — Porque sigues igual de blanca que ayer —su tono de piel siempre había sido más moreno que el de Maia, incluso en invierno. —Anda, siéntate a mi lado — añadió golpeando la arena de su lado, las palmas de sus manos ya estaban secas, así que fue poca la arena que se le pegó.
Con Maia | Lago | 10 Agosto
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Re: ▬ The Only Exception
1. Too much, too soon.

Lo estaba intentando, realmente lo hacía, como, realmente lo intentaba. Odiaba sentirse incómoda alrededor de alguien, sobre todo un potencial mejor amigo nuevo, necesitaba amigos, Zeus sabía que era demasiado torpe para mantenerlos. Su mirada había quedado prendada a su pecho, por lo que cuando el muchacho volvió a hablar, sus mejillas se encendieron en un rojo suave. Tenía demasiada mala suerte — Lo recuerdo — Dijo, mordiendo el interior de su mejilla, mientras revolvía sus dedos rápidamente. Entonces recordó a las Nereidas, odiaba que fuesen tan coquetas, y más que todo, le molestaba que coqueteasen con él pero ¿Por qué lo hacía? Se mordió el labio una vez más y jadeó cuando escuchó aquellas risitas. Las odiaba, realmente las odiaba.
Su atención volvió al muchacho y asintió, aunque no quería decirle realmente, entonces recordó la poca ropa que llevaba y con el paño, se tapó tanto como podía. — No demasiado, acababa de llegar al lago… — Negó, entonces su ceño se frunció — Oh vaya, no me lo creo, sesos de niebla — Espetó en tono juguetón, se veía renuente a sentarse a su lado ¿Y qué si molestaba a las Nereidas? Eso no sería bueno — Yo… uhm… realmente no quiero entorpecer… lo que sea que está sucediendo aquí — Dijo con todo aburrido, escondiendo aquellos sentimientos ridículos que sentía, él nunca se fijaría en ella, al igual que Liam, siempre se fijaban en Callie, pero ella no los culpaba, era hermosa. — Igual creo que debo ir a ayudar a Virgo a organizar la cabaña — Mentiras y patrañas, lo había hecho durante la mañana, entonces vio a Virgo caminar por detrás de ella y maldijo por lo bajo — Vale, me quedaré — Murmuró con las mejillas coloradas, odiaba ser pillada en una mentira, porque pocas veces las usaba, entonces se sentó a su lado, cubriendo la parte de arriba de su cuerpo con sus piernas — No me vas a empujar ¿verdad? — Pidió, le gustaba el agua, pero no estaba de humor para que la lanzasen de cabeza en ella.
Con Theo | Lago | Agosto 10
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Re: ▬ The Only Exception
1. Too much too soon.

Él sabía que Maia no era la persona más sociable del campamento, igual que sabía que a las nereidas no solía gustarles la compañía de las campistas, pero poco le importaban esos detalles. Eran pequeñeces. Él era feliz así, por una parte estaban los halagos y las risas de las criaturas marinas y, por otro, los comentarios y las molestias que podía causarle a su mejor amiga. Lo que más le gustaba todo junto. En aquellos momentos Theo solía sentirse más bien afortunado. Aunque aquel sentir duraba lo que tardaba Maia en levantarse indignada por el comentario de una de las nereidas y lo que tardaba él en levantarse detrás de ella para que la hija de Poseidón no mandara a ejecutar a nadie.
— ¿Sesos de niebla? Ese es nuevo, aunque sé que realmente no crees eso de mí, Alga — bromeó, aunque decir esa broma delante de ellas era contraproducente. ¿Se reirían a pesar de que también podría ser usada contra ellas? Pues sí. Lo hicieron, una incluso llegó un poco más lejos y dijo lo agudo que podía llegar a ser Theo. Él solo acertó a hinchar su pecho con falso orgullo. Frunció el ceño al escucharla y miró automáticamente hacia atrás, justo cuando Virgo pasaba. No hacía falta ser la persona más inteligente del mundo para ver que estaba dando largas, quería irse. ¿Tan insoportable lo encontraba? — ¿Estás celosa y no quieres ver como otras me piropean? — preguntó sonriendo de lado, sabía que no, tan solo quería molestarla, Maia siempre caía en la misma trampa, una y otra vez, era fácil lograr que se sonrojara. — No voy a ti... — ni siquiera pudo acabar la frase cuando el cuerpo de la griega impactó contra el agua. No había sido él, desde luego que no, pero una de las nereidas parecía haberse hartado de verla sentada allí y decidió actuar. Theo también lo hizo, lo peor que pudo, solo acertó a reír.
Con Maia | Lago | 10 Agosto
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Re: ▬ The Only Exception
1. Too much, too soon.

Si le hubiesen dicho esa mañana que estaría sentada en el lago con Theo y su club de fansella le habría dicho que estaban locos y que se fueran a pedirles más cosas a los hijos de Hermes. Ella estaba en negación, probablemente era porque las Nereidas eran una de las pocas criaturas marinas que no le simpatizaban. Bueno, lo hacían, realmente le gustaban, pero no demasiado cuando estas venían directamente a coquetearle a alguien que a ella le gustaba. Lo odiaba. — Te queda bien, mejor que a mí lo de alga — Dijo con una pequeña sonrisa. Si… no estaba tan mal.
— No estoy celo… — Ni siquiera termino de decir la réplica, porque había terminado en el agua. Si antes había tenido algo en contra las Nereidas, ahora lo tenía absolutamente más, las quería eliminar de la faz de la tierra. En un arrebato de enojo, Maia sintió un pequeño tirón en su estómago, seguido de un chorro de agua que salió a la superficie empapando a las Nereidas y un poco a Theo. Salió del agua frunciendo el ceño, sin estar del todo mojada, entonces rodó los ojos y se cruzó de brazos — ¿No tenéis nada mejor que hacer? Vamos, lárguense — Pidió, observando a las criaturas irse — Ahora… ¿En dónde estaba? — Se tocó la barbilla y luego lo miró — Ah, verdad, no estoy celosa, sesos de niebla, no necesito estarlo — Mentira, ella las odiaba, pero ¿Qué daño hacía si con ellas podía bajarle los humos al chico Stevens? — Eres idiota por reírte en vez de ayudarme — Dijo, volviendo a tirar un poco de agua sobre él, no quería salirse, al menos, no en ese momento.
Con Theo | Lago | Agosto 10
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Re: ▬ The Only Exception
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Supo que la había cagado en cuanto vio la cara de la rubia. Estaba enfadada sí, con las nereidas y probablemente también con él por reírles la broma. ¡Pero había tenido gracia! Al menos desde su punto de vista, que situaba a las criaturas marinas como inocentes que solo querían un rato de diversión. Algo que probablemente estaba alejado de la realidad, las nereidas no eran precisamente inocentes, Theo era consciente de ello, todos en el campamento lo eran. Algunos lo aprovechaban más que otros. Otro error que cometió fue no apartar la vista de la enfurecida rubia en cuanto esta se asomó fuera del agua. ¿Cómo hacerlo? Le estaba hablando, aquella excusa era más que suficiente, aunque la lucha en los ojos de Theo era silenciosa y medio evidente, tanto que llegó al punto de ponerle su camiseta por la cabeza en silencio.
¿Por qué la de ella tenía que trasparentar tanto el pequeño bikini rojo? ¿Por qué se lo había comprado rojo? Theo siempre había sido sensible a ese maldito color, aunque durante un instante pensó que habría sido lo mismo aunque llevara el horripilante morado de la camiseta de los romanos. —Hervías de celos — siguió con lo suyo, como si no le hubiera afectado en nada el espectáculo ofrecido. — ¿Qué daño puede hacerte un poco de agua? — bromeó mientras él mismo se ponía de pie y se tiraba al lago. Sacó la cabeza y la sacudió de lado a lado cuál perro intentando, en vano, que su cabello volviera a su estado natural en vez de estar aplastado. —Admítelo de una vez, estás loca y perdidamente enamorada de mi, Alga — dijo mientras se sentaba en el borde, de nuevo a su lado. Empapado de pies a cabeza, en el mismo estado que ella para que no pudiera quejarse.
Con Maia | Lago | 10 Agosto
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Re: ▬ The Only Exception
1. Too much, too soon.

Si, hervía de los celos como cualquier persona lo haría si viese a esas criaturas coquetear con su… su… ni siquiera sabía lo que era Theo porque ella misma se negaba a aceptar que fuese su amigo. Sus mejillas se habían puesto de todos los tonos de rojo que hubiese sido posible, desde el suave tono rosa del sonrojo usual por el sol, hasta el carmesí que dejaba en claro una cosa: ella estaba furiosa. El tirón de su estómago había sido solo el principio, porque tan pronto como Theo estuvo dentro del agua sintió la tentación de sumergirlo más hasta que no pudiese respirar. La furia hervía dentro de ella, aunque era una mezcla de emociones distinta, una que ella no conocía del todo.
— ¡Ni se te ocurra abrir la boca, Stevens! — Espetó, entonces la respuesta vino como si ella nunca hubiese hablado — ¡El mismo que te hará mi pie en tu trasero! — Si, estaba amenazando con patearle el trasero, aunque, a decir verdad, era algo realmente gracioso, considerando que ella nunca había hecho demasiado daño, no mientras pudiese evitarlo, lo suyo era la evasión y de vez en cuando, la persuasión, aunque claro, en eso las hijas de afrodita le ganaban. — Protagonizas mis pesadillas, Niebla, pesadillas — Dijo, entonces su furia se redujo tan rápido como había llegado. Quizás tenía el SPM o algo así, porque no se explicaba semejantes cambios de ánimo. —Tenemos que hablar de algo ahora que tú club de fans se ha ido — Dijo, cruzando sus brazos sobre su pecho, entonces rodó los ojos — Y antes de que digas algo, no estoy celosa, estoy realmente enojada contigo por dejar que esas cosas me empujasen al agua — Negó, entonces respiró profundamente, como si decir aquello le costase demasiado — ¿Has pensado en que viene después? — Preguntó, necesitaba saber si solo era ella o alguien más.
Con Theo | Lago | Agosto 10
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Re: ▬ The Only Exception
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Mentiría si dijera que la reacción de Maia no le había sorprendido, lo había hecho, mucho, demasiado para tratarse de alguien que se jactaba de conocerla. ¿Por qué se habría puesto tan furiosa? Ella, entre todas, era la que menos debía temer a aquel elemento. Era por ese motivo que él se había reído, también por eso había dicho lo de los celos. La rubia era altamente sonrojable y él adoraba verla de esa manera, especialmente si era él quien lograba ponerla de aquel modo. Quedó a cuadros tras escucharla, tras oír aquello. Agradeció internamente que las nereidas se hubieran ido después de la furia mostrada por su amiga. Porque para él, eso era ella, su mejor amiga.
— Pensé que no te importaría demasiado, ya saber, con eso de que tu padre es Poseidón y que puedes controlar el agua y demás — contestó sin pensar demasiado, interrumpiéndola antes de que pudiera seguir hablando. —¿Después de que decidas admitir que te vuelvo loca? — preguntó todavía bromeando, él sabía que ella no hablaba en serio, que era un juego. Aquello le mostraba que ya no estaba cabreada por no haberla ayudado antes. — Pues está claro ¿no? Nos fugamos de aquí, empezamos una vida nueva con nuevas identidades, somos felices y comemos pollo, que eso de las perdices nunca me ha gustado demasiado — contestó con seguridad absoluta, como si no fuera una broma aunque ambos supieran que lo era. ¿Por qué irse con ella no le parecía tan mala idea? Porque era su amiga, sí, era por eso. Si tenía que escoger a alguna chica para viajar sería Maia, sin duda alguna. — A no ser que prefieras hacer otra cosa después de eso, soy todo oídos, rubia— añadió, quizá ella tuviera otro fantasioso plan en mente.
Con Maia | Lago | 10 Agosto
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Re: ▬ The Only Exception
1. Too much, too soon.

Necesitaba una opinión de alguien más, de urgencia, porque no sabía cómo sentirse con respecto al resto de las cosas que pasaban a su alrededor. Ella sabía que algo pasaba, o al menos, sus sueños así se lo decían, porque sí, soñaba y se despertaba en medio de la noche con la respiración entrecortada y con su corazón martillando con tanta fuerza en su pecho que amenazaba con salírsele. Maia estaba nerviosa. Abría y cerraba las manos con tanta frecuencia que sentía el agua escapársele entre los dedos, haciéndola sentir desolada, como si nadie más la comprendiese, por eso le necesitaba, aun cuando no lo admitiera.
Las palabras de Theo entraron por sus oídos y detuvo su respiración por unos momentos, lo suficiente para que ella quisiera sumergirse de nuevo en el agua y quedarse allí abajo jugueteando con los hipocampos. —Concéntrate — Pidió, porque necesitaba que fuese algo serio sobre aquellas cosas, pero claro, era Theo de quien hablaban — No me refiero a eso… me refiero a, después del campamento — Dijo, rascando su mejilla con nerviosismo. El agua goteaba de su bañador y también se marcaba en el pecho de Theo, haciendo que se concentrara por un momento en ello luego volvió su mirada hacia arriba y mordió sus labios —Es que… no creo que vaya a quedarme todo el tiempo aquí ¿No? Quiero decir… quiero ir a la universidad, y tener una vida, y quizás… no sé, otras cosas — No quería decir en voz alta a lo que se refería con otras cosas, ya bastante tenía con decir todas las cosas que tenía en la cabeza.
Con Theo | Lago | Agosto 10
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Re: ▬ The Only Exception
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La situación parecía estarse tornando más sería de lo que él había previsto en un inicio. Y es que tan solo había querido tomarle el pelo, sacarle los colores y bromear un rato. No quería ponerse a pensar en un futuro que él veía tan incierto, uno que no podía prever. Él quería marcharse ya, no quería quedarse más tiempo allí. — Vivir sin monstruos acechándonos día y noche, sin tener que preocuparnos por si nos mandan a misiones imposibles, la verdad es que no suena nada mal — pero era algo casi imposible de lograr a no ser que hicieran algo. Y eran muy pocos los que estaban dispuesto a hacerlo, él mismo dudaba. ¿Y si lo que venía después era peor?
— ¿Qué estudiarías? — preguntó, a él la idea de la universidad se le antojaba lejana e imposible. No tenía dinero para pagarla así que sus sueños se limitaban a verla por fuera, nada más. — Si mañana me fuera a ir ¿vendrías conmigo? — le preguntó, no era una proposición, ni mucho menos una declaración de intenciones. Todavía tenía que planear su fuga, algo tendría que hacer para que no lo buscaran demasiado. Allí no era como decían que era con los romanos, allí casi nadie buscaba a nadie con intensidad. Todos asumían que los que abandonaban terminaban muriendo. La vida de los semidioses no estaba hecha para ser solitaria, no cuando tenían que empuñar una arma a todas partes y te veías involucrado en peleas casi a diario. — Aunque puedes ir, podrías ir por la mañana y estar de vuelta por la noche, o asistir y venir de vuelta en verano — sugirió, como si lo que antes había dicho no fuera más que fantasías extrañas. Maia lo entendería si se iba sin ella. No quería arriesgarla.
Con Maia | Lago | 10 Agosto
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Re: ▬ The Only Exception
1. Too much, too soon.

Sentía las lágrimas pinchando en la parte trasera de sus ojos, más que todo porque estaba nerviosa, ella quería acabar con eso rápidamente, pero de la nada, ante la mención de sus planes, el rostro de su madre se reprodujo tan rápido que creyó que estaba frente a ella. Reprimió un sollozo en sus labios, pensando que, en algún momento le habría gustado ser mortal. Una simple mortal que podía quedarse tranquila en un solo sitio sin tener que mudarse, sin tener que enfrentarse a monstruos, sin tener que hacer nada más. Algunas veces envidiaba a los mortales por su capacidad de inhibirse tanto en sus vidas que no se fijaban de lo que les rodeaba. Ella apestaba, según le habían dicho los sátiros, ella tenía un olor dulce, todos los semidioses lo hacían, pero ella olía un poco más fuerte. Gracias por nada, papi.
— ¿Uh? — Dijo, volviendo su vista hasta él, entonces despejó su mirada borrosa por las lágrimas y negó — No estoy segura, probablemente fotografía, o quizás, algo referente a la medicina — Dijo, siempre le había gustado aquello — O criminología, no lo sé, es un mundo de posibilidades — Uno que ella no tenía, y lo odiaba. — ¿Theo? — Dijo en un pequeño susurró. Su voz se había quedado atrapada en su garganta cuando hizo aquella proposición — ¿Hablas…? ¿Hablas de fugarnos? — Quería admitir que aquella idea era cualquier cosa menos atractiva, pero la rodeaba con tal fuerza que se sentía como Eva en el jardín del edén de nuevo. — No es mala idea, pero, no quiero quedarme aquí dentro, siento que mi vida será limitada a esto. No quiero que mi vida sea como la de mi madre, Theo, quisiera… — Apretó los labios — A veces me gustaría ser una simple mortal con problemas de autoestima y llorando porque no puede ir al concierto de cualquier idiota que esté de moda ahora mismo — Aquello era verdad — Pero no, por otro lado tengo que cargar con el peso de ser una semidiosa, y tener que enfrentarme a cuando monstruo se antoje de atacarme — Quería enfurruñarse y gritar — Perdón, estoy siendo pesimista — Negó con la cabeza, entonces, sin razón de hacerlo, simplemente le rodeo con sus brazos a su torso, descansando su rostro sobre su hombro, le necesitaba ahora más que nunca.
Con Theo | Lago | Agosto 10
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Re: ▬ The Only Exception
1. Too much too soon.

Conocía a Maia lo suficiente para saber que su afirmación la había afectado, mas no se sentía culpable por ello. Ambos sabían que esa era la realidad, que sus vidas nunca sería como las del resto. — También es verdad que si no fuéramos lo que somos tampoco nos conoceríamos — añadió tratando de ver algo positivo en todo eso — ¿Y qué haría yo sin poder molestarte? Me aburriría demasiado — admitió, era una verdad a media, lo que le divertía de estar con ella no era molestarla, no solo eso al menos. Y, obviamente, podía hacer otras cosas para no aburrirse además de eso, pero el objetivo principal era que su ánimo subiera. Por el tono de la conversación lo veía difícil.
— Puedes tomarme fotografías a mí, posaré para ti, de verdad — no podía decirle que lo prometía algo que sabía que no podría cumplir. Estaba más harto que nunca y dudaba que llegara a durar un año más en el Campamento Mestizo. Si había aguantado había sido por lo que tenía allí dentro, pero cada vez la discrepancia con los que mandaban pesaba más y más. — ¿Por qué no? Quiero decir, seríamos dos al menos, no estaríamos solos contra lo que nos esté esperando — y la perspectiva de no escapar de todo solo era algo bastante mejor que la de hacerlo sin compañía. Theo siempre se había mostrado alegre y sin miedos, pero había cosas que le aterraban. La soledad entre ellas. Se sorprendió al notar el abrazo, al sentir la necesidad en ella. No podía simplemente apartarla, le daba igual que estuviera mojada por el agua del lago y que estuviera acabando de empaparlo a él, necesitaba un abrazo y eso sería lo que le daría. La rodeó con ambos brazos, como si la estuviera protegiendo de algo que ninguno podía ver —Estás siendo tu misma, no te preocupes por eso ¿vale? — murmuró casi en su oído. — Somos lo que somos, mestizos, y tenemos que luchar porque, bueno, porque a los monstruos esos les gusta perseguirnos, pero te prometo que un día de estos iremos a un concierto de un grupo de moda solo para que hayas podido hacer eso — la promesa salió de sus labios antes de que pudiera evitarlo. Podía hacerlo, podía comprar las entradas y dejarle las dos encima de su cama antes de irse, ella podría ir con quien quisiera.
Con Maia | Lago | 10 Agosto
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Re: ▬ The Only Exception
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Mordía sus labios mientras seguía presionada contra su pecho. No era la idea de aquella mañana, de hecho, había planeado las cosas de manera totalmente diferente, ella solo había pensado en meterse en el agua o quizás, solo tomar el sol, las cosas habían sido completamente diferente y lo odiaba, en parte. Sorbió lentamente, dejando salir un suspiro que golpeó directamente en el pecho del chico, solo en ese momento fue cuando se dio cuenta de en dónde estaba y lo que estaba haciendo. Sus brazos se aflojaron a su alrededor y le soltó, mirándole con cuidado — Tienes un buen punto allí — Dijo, probablemente tendría los ojos enrojecidos por contener las lágrimas, pero eso era lo único que haría, reprimirlas, no lloraría frente a Theo.
— Cállate — Dijo, dándole un pequeño empujón en su pecho, pero no había tenido la fuerza suficiente para dejarle en el suelo, simplemente le había movido un poco — Uhm… no, estarías distrayéndome todo el rato, no sería bueno — Además, aquello tenía más de lo que quería admitir, pensar en tomarle fotos a Theo se sentía de alguna manera, muy íntimo. — No lo sé — Dijo, la idea le había pasado por la cabeza más veces de las que quería contar, pero no se lo iba a decir ¿qué si se lo creía y se iba? O peor ¿Qué si la dejaba? Liam estaba desaparecido, y Callie brillaba por su ausencia, solo tenía a Theo, y aunque ella dijera que no, lo necesitaba, él le mantenía con los pies sobre la tierra. Se mordió los labios de nuevo y acomodo su cabello detrás de sus orejas, sintiendo el contacto de sus uñas contra su piel. Una pequeña brisa sopló y ella se estremeció, comenzaba a odiar estar mojada, pero las Nereidas le habían tomado con la guardia baja, así que no había podido evitarlo — Algunos parecemos gustarle más que otros — Admitió, porque sentía que solo bastaba con poner un pie fuera del pino de Thalia para que toda clase de monstruos fuesen tras ella. Había tenido bastante con la sirena. — No seas tonto, eso del concierto era una broma, pero no estaría mal, he escuchado que son bastante geniales — Una idea que le gustaba, y la quería. — Debería volver a la cabaña — Dijo, mirando alrededor por sus cosas — ¿Te veré esta noche en la cena? — Preguntó, necesitaba saberlo.
Con Theo | Lago | Agosto 10
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Re: ▬ The Only Exception
1. Too much too soon.

No sabía qué decirle, estaba claro que llorar la ayudaría pero él no quería verla de esa manera. No quería quedarse con aquel recuerdo de ella, destrozada por tener una vida que ninguno había pedido. ¿Cuántas personas más se quejaban por cosas parecidas? Seguro que un montón,, cada quién tenía sus problemas, sus sueños y pesadillas. Las de ellos eran corpóreas, reales y te perseguían para darte caza. — El mejor de todos, y lo sabes — contestó sin dejar de abrazarla, como si tuviera toda la razón del mundo por haber dicho esa frase apenas segundos atrás. Para él era inconcebible pensar en el campamento sin todos aquellos con los que había convivido. Era lo único positivo que había sacado de aquel lugar, eso y el no tener que volver al lugar del que había escapado.
— Te distraerías porque estoy buenísimo, lo sé, lo sé — contestó negando con la cabeza, ignorando el golpe que ella le había dado en el pecho por proponer semejante idea. Venga ya, ni que fuera a posar desnudo o algo así. — Siempre he dicho que hueles bien— admitió, tratando de distorsionar el sentido que ella le daba a la frase y acercándose para olerla. La verdad era que el olor de Maia le daba sensación de familiaridad, seguramente porque había pasado muchas horas muertas con ella al lado. — No sé si tanto como para comerte, pero oye, podría ser peor — ¿Qué culpa tenía ella de que los hijos de los tres grandes fueran más olorosos que el resto para los monstruos? Ninguna, por eso él trataba de distraerla con esas pequeñas tonterías. Theo no era tan tonto como aparentaba, aunque si que tenía la capacidad emocional de una cucharilla (ninguna). — Entonces te compraré entradas e iremos — propuso, aunque no sabía con qué dinero podría comprarlas. Quizá los hijos de Hermes supieran como sacarlas más baratas, nunca debía perder la fe. —¿Desde cuándo me he perdido yo una cena? — contestó guiñándole el ojo mientras veía como la rubia se levantaba para irse. No apartó la mirada de la silueta, cada vez más lejana a él.
Ninguno sabía que sería una de las últimas veces.
Con Maia | Lago | 10 Agosto
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Re: ▬ The Only Exception
2. Fire, meet gasoline.

Sus ojos se abrieron de golpe, recibiendo el aroma a tierra mojada, y a madera quemada. Su corazón martillaba con tal fuerza en su pecho que no sabía si era por lo solitaria de aquella misión, o porque tenía los nervios de punta. Etheon estaba con ella, y aunque ya habían hecho una misión juntos, no se sentía cómoda. Por otro lado, London estaba en una carpa totalmente alejada de ellos, algo referente a no querer que le picasen los mosquitos, pero ella aún estaba congelada y los nervios de punta. El sueño siempre era el mismo, lo veía como su fuese una especie de visión, solo que no lo sabía a ciencia cierta. Estaba en la cabaña 003, Virgo dormía profundamente y no había nadie más, ella estaba dormida, y Theo entraba como si quisiera decirle algo, pero nunca supo que era, aquello había sido todo.
***
La mañana siguiente habían sido levantados solo para encontrarse con que tenían que volver a América. Aquello habría sido más fácil de no ser porque sus intenciones habían sido dobles. Ella quería encontrar a Theo, porque luego de haber estado en el Lago, le había visto pocas veces en el campamento. Quirón le había asegurado que estaba en una misión, y que por eso no se había puesto en contacto con ella, pero ni siquiera respondía a sus mensajes Iris ¿Qué debía pensar? Estaba comenzando a perder la cordura y su propia sanidad mental. Se había colocado unos pantalones cortos, unas botas de combate y una camisa a rayas, dejando atrás el naranja del campamento, incluso se había amarrado una coleta en lo alto de su cabeza para que su cabello no le estorbase.
Todo había pasado demasiado rápido. Una explosión llegó desde atrás, haciéndola caer sobre la tierra, entonces el látigo ya se había desplegado sobre su mano y el resto había sido historia. Un minotauro había asomado la cabeza para buscarles problemas, y ella estaba en el piso, con la visión borrosa mientras Theo y London se defendían. Maia se levantó como pudo, llamando la atención de la esfinge, solo entonces se fijó por primera vez que, detrás de este, había más monstruos. Corrió a todo lo que daba, indicándoles a los demás que se verían en Quebec, si es que llegaban. Sus piernas flaquearon y cayó al suelo, tenía sueños por cumplir, pero ahora no podía recordar ninguno.
Sus brazos se movieron, lanzando al animal lejos, la bestia se apoyó en sus patas y se levantó, rugiendo, volviendo a la carga. Se arrastró por el suelo hasta lograr correr, solo en ese momento dio el golpe de gracia, pero antes de que su látigo lo aniquilara por completo, la esfinge hundió sus garras en su pierna, gritó con fuerza, solo para tirar de sus alas y verla desaparecer con un brillo dorado. Estaba agotada, entonces cerró los ojos, dejando que la oscuridad volviese a ella, no sin antes ver una sombra a lo lejos, esperaba que lo hubiese encontrado, o en su defecto, que él la hubiese encontrado a ella.
Con Theo | Canadá | Septiembre, 20
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Re: ▬ The Only Exception
2. Fire, meet gasoline.

Día del juego de la bandera, pasada la medianoche.
Tenía que irse, había tomado la decisión de hacerlo, lo tenía todo preparado, absolutamente todo. La mochila, las rutas, la comida y el agua. Había cogido todos sus ahorros (tanto en dólares como en dracmas) para partir y sobrevivir allí fuera. Sin embargo sus pies no lo dirigían hacia la salida del campamento, sus pies lo estaban llevando hasta la cabaña de Poseidón. Entró, silencioso, intentando no interrumpir los sueños de los otros tres que compartían techo con Maia y se acercó a ella para despertarla. O al menos esa había sido su intención inicial. Porque fue entonces cuando entendió que si ella hablaba y le pedía que se quedara lo haría. Y no podía posponer aquello, no podía. Cerró los ojos e inspiró profundamente. Acercó su rostro al ajeno y besó su frente y sus labios, los que estaba seguro de que no volvería a probar jamás. Fue rápido, superficial, era un adiós no una confesión de algo que ni él entendía. Salió, tan silencioso como había entrado. Sin saber que unos ojos lo veían marchar. Sin saber que ella creería que nada de eso había sido real.
20 de setiembre, Canadá.
Había visto el campamento la noche antes, había estado tentado de aparecerse pero al final la cordura le ganó y se dedicó a observar desde lejos como el grupo de campistas se preparaba para pasar la noche. Un suspiro melancólico escapó de sus labios antes de dar media vuelta y regresar al hostal en el que se hospedaba. El sueño que tuvo fue movido, despertó demasiado temprano y algo, seguramente el hecho de que en él hubiera aparecido el campamento de sus amigos destrozado, lo hizo ir hasta allí. Llegó a tiempo para ver las explosiones y usó el viaje sombra para llegar al lugar, a tiempo para interponer su espada entre London y un minotauro.
Luchó como nunca antes había hecho, le había prometido a Az que no se metería en problemas, pero no podía dejarlas tiradas, no a ellas. No a ella. El brillo dorado del minotauro le indicó que había un monstruo menos, London se fue, él se quedó. Sabía que Maia no habría llegado a Quebec, ella seguiría allí. La visión le heló la sangre, estaba desmayada, inconsciente, sin sentido — como quisieran decirlo — en el suelo. Visiblemente herida. ¿Y si no había llegado a tiempo? No, no. Estaba viva, lo estaba. Usó sus fuerzas para regresar al hostal, entró a su habitación haciendo un pequeño viaje en el que gastó gran parte de su energía y dejó a Maia en la cama que él había ocupado. Az lo mataría por retrasarse sobre los planes pero no podía dejarla sola, no en ese estado.
No sabía que le habría dicho Quirón ¿La verdad? Había estado tentado de enviarle un mensaje Iris para disculparse, pero al final había comprendido que lo mejor era dejarla ir. Y ahora que se había hecho la idea, que lo estaba logrando, poco a poco, ella entraba sin avisar de nuevo. Curó las heridas de la rubia lo mejor que pudo y se sentó en la butaca, la única butaca, de la habitación. Dejando caer la gorra por encima de sus ojos y tratando de no cerrar los ojos y dormir. Parte de él quería evitar el enfrentamiento, dejar una nota e irse, huir de nuevo. La otra ansiaba demasiado pasar aunque fueran unos minutos con ella.
Quería robarle tiempo al tiempo, como si fuera posible hacerlo sin dar nada a cambio.
Con Maia | Canadá | Septiembre, 20
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Re: ▬ The Only Exception
2. Fire, meet gasoline.

No sabía en donde estaba, pero podía sentir su cuerpo sobre una superficie lisa y suave, nada comparado a lo que había sentido antes de desmayarse, porque se había desmayado ¿no era así? Su pierna ardía de manera ridícula, pero no podía recordar porque. Un gemido se escapó de sus labios cuando intentó moverse, sintiendo su estómago retorcerse, como si le hubiesen administrado penicilina, y realmente esperaba que ese no fuera el caso, porque entonces entraría en algún colapso nervioso. Se sentía febril, su temperatura corporal probablemente estaba más alta de lo usual, necesitaba algo de ambrosía, o probablemente un poco de néctar, si tan solo pudiese llegar a su mochila… abrió los ojos con una mirada perdida, no tenía idea de en donde estaba y no estaba segura si quería saberlo. Sentía un tic tac detrás de ella, junto con un suave sonido de una canción que no conocía, o al menos no lograba registrar.
Sus ojos estaban nublados, pero tenía una cosa clara, aquello no era su campamento y menos era el campamento mestizo. Entonces fue cuando le golpeó todo como un flash: el campamento, la misión, su llegada a Canadá, el campamento durante la noche, la explosión, el minotauro, la arpía, Etheon y London, oh, por los dioses, no sabía si ellos estaban bien. Se levantó tan rápido como pudo, sintiendo una punzada de dolor recorrerle la espalda. Entonces afincó la pierna en el suelo y casi se cayó, casi, porque se había sujetado de la mesa de noche. Su corazón latía desbocado en su pecho cuando su visión se aclaró y reconoció la pequeña gorra en la butaca.
Theo.
Había olvidado respirar, incluso se había olvidado de caminar bien. Dio un traspiés y un jadeo, entonces apartó el cabello de su rostro — Theo — Jadeó. Las lágrimas se abnegaron en sus ojos y sintió una punzada de dolor. Estaba vivo. Relamió sus labios e hizo lo que menos esperaba, se fue contra él y golpeó su pecho con tanta fuerza que sus oídos habían empezado a pitar — ¡Idiota! ¿En dónde estabas? ¿Sabes lo que me has hecho pasar? — ¿Sabes lo que me has hecho sufrir? ¿Sabes lo preocupada que estaba por ti? ¿Siquiera te importa? Las preguntas se arremolinaron todas y cada una en su mente, pero no las podía decir en voz alta, no todavía, no en ese estado.
Con Theo | Canadá | Septiembre, 20
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Re: ▬ The Only Exception
2. Fire, meet gasoline.

Había curado sus heridas pero no se había atrevido con la ambrosia. Sabía que aquello que les curaba y daba fuerzas podía ser tan beneficioso como perjudicial y no pensaba arriesgarse, no con ella. Era por eso que todavía no se había ido, el único motivo por el que no había usado uno de sus dracmas para mandar un mensaje Iris a London o a Etheon y decirles donde la había dejado antes de marcharse. Necesitaba asegurarse de que estaba bien, por sí mismo. Y había aprendido algo durante aquel mes, que si querías las cosas bien hechas tenías que hacerlas tu mismo. Había rentado la habitación para un día más y bajado a buscar un poco de comida, tanto para ella como para él. No era la gran cosa, pero era mucho más seguro que usar el teléfono de la habitación. Complicaciones de ser mestizo.
Se había quedado traspuesto — que no dormido — y no se percató de que la rubia tendida en la cama despertaba y observaba todo a su alrededor. De haberlo hecho se habría acercado para que se quedara en la cama. Necesitaba descansar y no alterarse. No pensó que su presencia lograría precisamente lo contrario. Se despejó de golpe al sentir un golpe en el pecho y la vio. Con el cabello sucio, los ojos brillado y las preguntas en la boca. Saliendo de ella. Cogió sus manos con fuerza por si se le ocurría volver a golpearlo.
¿Sabía ella por lo que había pasado él? Pero no tenía excusa, claro que no, había sido su elección el irse del campamento. La había dejado sola, había ido a avisarla pero la realidad le golpeó tan de cerca que ni siquiera fue capaz de despedirse siendo ella consciente. Aunque él lo era, recordaba perfectamente lo que había hecho antes de irse. — ¿Y tú? ¡Tendrías que ir con cuidado, joder! — exclamó, no era lo que tenía que decir, debería haberse disculpado, sí, pero el verla de esa manera, tan frágil, desprotegida. Eso podía con él. — Sabes que estás en peligro cada vez que sales, lo sabes, y... ¡Mierda! — continuó — ¿Sabes el miedo que he pasado al verte allí tirada? — miedo, pánico. Había sido puro terror lo que había sentido al pensar que ella estaba muerta (porque ese había sido su primer pensamiento), uno que solo se había disipado (a medias) al ver como su pecho subía y bajaba por la débil respiración.
La obligó a ir hasta la cama y la sentó sobre el colchón — ¿Dónde tienes la ambrosia? — ella siempre había dominado lo de las dosis mejor que él y Theo había cogido una bolsa que había tirada en el suelo, cerca del lugar en el que había encontrado a la rubia. Se la acercó, esperando que fuera la correcta. — ¿Estás mejor? — preguntó de forma tosca, seguía cabreado. Con ella por salir, consigo mismo por no haber sido capaz de protegerla.
¿Cómo iba a hacerlo cuando estaban a kilómetros de distancia?
Con Maia | Canadá | Septiembre, 20
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Re: ▬ The Only Exception
2. Fire, meet gasoline.

Su boca se abrió y se cerró varias veces mientras él hablaba. No sabía que decirle, en parte porque se había quedado sin palabras. Sus manos estaban contra las suyas y sentía una suave electricidad recorrerle la espalda, estaba flipando. Sin embargo, sus palabras no hacían más que enfurecerla mucho más que antes. Bien, ella había estado enojada porque le había dejado sola, ¿Ahora? Ahora estaba furiosa, estaba casi segura de que podría empezar a mover el agua de las tuberías a tal nivel que explotarían si no se controlaban — ¿Yo? ¡No me tomes el pelo, Stevens! — Soltó, quería decirle todo en su cara, decirle que dejara de fingir que estaba preocupado por ella cuando era más que obvio que no lo hacía — ¡Fue una emboscada! — Tiró, porque era verdad, ellos habían estado quietos hasta que la explosión llegó y las arpías, junto al Minotauro aparecieron, no había planeado aquello. — No fue mi culpa… habían demasiados… — Su voz se fue apagando a medida que recordaba todo. La pelea, la mirada desconcertada de todos, sus heridas…
Miró sus piernas y alzó una ceja en dirección a Theo. Él la había curado. Sus pantaloncitos estaban hechos girones, y su camisa estaba sucia — ¿Miedo? ¡¿Miedo, dices?! ¿Sabes lo escalofriante que fue preguntarle a Quirón en donde estabas y ver su mirada perdida mientras me decía que estabas en una misión? ¡Me dejaste, imbécil de…! — Soltó, intentando soltarse de su agarre, pero había sido inútil, ahora solo estaba sentada en la cama de nuevo, mirando la espalda del chico como si buscara un punto débil para atacarlo.
— En la bolsa rosada — Aquello había sido idea de London, el néctar en la bolsa verde, la ambrosía en la rosada, o algo así. — Pequeñas cantidades, con un poco alcanzará — Dijo. Le quitó de mala gana la ambrosía y mordió un poco, sintiéndola disolverse en su lengua. Se sintió mejor de inmediato, como si una ola de energía le acabase de golpear, era fantástico. — Sí, estoy bien — Refunfuño como una cría que 3 años. Entonces volvió su mirada a su muñeca desnuda, entonces entró en pánico — ¿Dónde está mi brazalete? — Preguntó, no podía perderlo, si lo hacía, bueno, ni quería saber que haría si no lo tenía. — ¿Dónde está mi brazalete, Stevens? No preguntaré de nuevo — Podría estar cansada, pero aún tenía algo de energía para atacarlo y dejarlo en el suelo si quería.
Con Theo | Canadá | Septiembre, 20
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Re: ▬ The Only Exception
2. Fire, meet gasoline.

Estaba soltando toda la verdad por la boca, su enfado no le dejaba ver más allá, no le dejaba ver la razón real tras el mismo. Estaba más enfadado con él que con ella. Había pensado que yéndose sin avisar ella se quedaría quieta cuando en realidad sabía que no lo haría. Había pensado que ella estaría a salvo cuando dudaba que hubiera alguien que la protegiera tanto como él. Había pasado tantas cosas por alto que quería golpearse a sí mismo. Se merecía sus insultos y reclamos, cada uno de sus golpes. Pero estaba demasiado furioso para verlo. Porque había estado tan cerca de ver una de sus pesadillas hechas realidad. Tan cerca. Todavía estaba asustado. Estaba claro que sus palabras la habían hecho enfurecer a ella también, pero no se retractaba de ellas — Siempre alerta, Maia, siempre — no entendía porque nadie se había quedado montando guardia. Como si estuvieran durmiendo en el campamento. Como si fueran mortales corrientes acampando cerca de la ciudad. — ¿Es que queríais que os mataran o qué? — preguntó mientras se giraba. No quería verla, no podía, no ahora. Tenía ganas de abrazarla, de estrecharla contra él. Tenía ganas de seguir regañándola por no haberse cuidado lo suficiente. Tenía ganas de decirle lo mucho que la había echado de menos. De tirar por la borda todo el progreso que había conseguido aquel último mes lejos de ella. De todos.
— ¿Qué querías que hiciera? Me lo habrías impedido, Maia, sé realista, tú no puedes salir de allí y era lo que yo más quería — aquello le dolería, lo sabía. Porque ella también había querido salir, pero su olor era demasiado tentador para los monstruos, viajar con ella era arriesgado, para él, sí, pero lo era más para ella. Ambos sabían a quién perseguirían en caso de que se separaran. No sería a Theo. Él no podía arriesgarse a perderla, prefería alejarla antes. Cerró la boca antes de decir algo más, antes de que charlara demasiado y confesara haberla ido a buscar y haberse largado sin tener el valor para despertarla. Buscó la bolsa rosa con la mirada, no estaba demasiado lejos pero aun así se tomó su tiempo para cogerla y dársela.
Se sentó a su lado, en el borde de la cama. Era la primera vez que no sabía cómo actuar frente a ella y todo le parecía extremadamente extraño. — ¿La pulsera? ¿No la tienes? — y es que él tampoco la tenía, de hecho estaba seguro de habérsela visto puesta cuando la había cargado en brazos hasta la habitación. Lo que no se esperaba era que ella lo llamara por el apellido con aquella voz y cara de querer asesinarlo, no, eso hizo al antiguo Theo aflorar — ¿Por qué no la buscas si tanto la quieres? — preguntó burlón, como si la hubiera escondido cuando en realidad no tenía ni idea de donde estaba. Pero había reaccionado como un niño pequeño, se había picado por algo por lo que hacía años que no se picaba y había hablado de más. — Puedo darte pistas, ya sabes, el juego de frío y caliente — añadió, porque si la cagaba no podía conformarse con meter la pata en la superficie, no, eso era para aficionados. Theo solía meter ambas hasta el fondo.
Con Maia | Canadá | Septiembre, 20
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Re: ▬ The Only Exception
2. Fire, meet gasoline.

No sabía que más decir. En su boca, restos de la ambrosía la recorrían junto con el sabor de las fresas. Limpió las comisuras de sus labios justo antes de mirarlo como si quisiera que se extinguiera. Ella lo sabía. Siempre alerta, siempre, no importaba nada. El último mes lo había experimentado más veces de lo que ella quería aceptar. Aun le costaba respirar de todos los golpes y magulladuras que tenía alrededor de su cuerpo. Tragó con fuerza y frunció el ceño, mordiendo el interior de su mejilla — No… — Susurró, manteniendo un tono de voz bajo en comparación a lo que habían usado antes. Sabía que tenían que haber estado alerta, pero no estaban dormidos, simplemente… no tenía excusa para ello, realmente era estúpido. London era buena luchadora, y a Etheon lo había vencido en el entrenamiento, pero no importaba cuantas veces ella entrenara, fuera del campamento, nunca estabas preparado. Su cabeza fue a tener entre sus piernas, sintiéndose repentinamente inútil. Su cuerpo estaba a punto de convulsionar por exceso de información. Flipaba. Lo odiaba. Quería que se callara y si seguía hablando, le iba a hacer daño.
— ¡Hubiese ido contigo! — Chilló, sorprendida. Nunca lo había admitido en voz alta, pero ella quería irse con él, se hubiese marchado ella con él de habérselo pedido, pero en parte, entendía porque no lo había hecho, porque su olor era más fuerte, era una buena luchadora, y podía dominar el agua a su antojo, pero era demasiado arriesgado salir del campamento. Ella quería huir, pero su olor – esperaba que fuese algo parecido a brisa marina o galletas de chocolate, porque de otra manera no se explicaba que tanto jaleo por ellos. — Habría ido contigo… yo no quería… no podía… — Balbuceaba, algo no tan diferente para ella, simplemente nunca había balbuceado con él frente a ella.
Por un momento, consideró la posibilidad de ser hija de Hades, o incluso de Ares, o quizás tenía la presencia del dios de la guerra por allí, porque lo único que sentía en aquellos momentos eran ganas de arrancarle la cabeza al muchacho y jugar fútbol con ella. — No me digas… ¿Cuándo te has fijado? ¿Ha sido antes o después de que me arrastrases a este sitio?— Preguntó, sarcasmo escurriendo por su voz como el veneno de una serpiente. Escuchó su broma y casi sonrió, casi, porque no podía olvidarse de aquello — ¡No, Theodore! No me hagas reír cuando estoy enojada contigo— Soltó. Para su sorpresa, se había subido sobre él y lo había dejado contra la cama. Sus ojos azules estaban clavados en los suyos, y repentinamente, lo último que estaba en su cabeza era su enojo. Relamió sus labios y se bajó, soltando sus manos. — Perdón — Murmuró con las mejillas sonrojadas, entonces se levantó de la cama y apartó su cabello desarreglado de su rostro — ¿Dónde- dónde está el baño? — Preguntó, necesitaba esconderse en algún lado y el baño parecía una buena idea.
Con Theo | Canadá | Septiembre, 20
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Re: ▬ The Only Exception
2. Fire, meet gasoline.

— ¿Q-qué? — su respuesta fue automática, un balbuceo errático y continuas negaciones de cabeza. Dentro de él la frase repetía, como si no hubiera tenido suficiente escuchándola una vez. Se torturaba con ella, y sabía que no saldría de allí en mucho tiempo. ¿Qué habría pasado si la hubiera despertado? ¿Si se lo hubiera preguntado? ¿Si se hubiera atrevido a pedírselo? Ahora tenía la respuesta, ella habría ido, o eso decía. Lo habría acompañado. Habría dejado todo atrás para irse con él. Maia, su mejor amiga, la persona que más le importaba a pesar de todo. Porque seguía siendo ella quien ocupaba gran parte de sus pensamientos, incluso de sus sueños, por más que él solo se hubiera dado cuenta de ello al partir. Y había intentado superarlo, creía tenerlo hecho. Que idiota había sido. —Estuve a punto de despedirme — admitió, no le dijo que lo había hecho, que lo que no se había atrevido había sido a decírselo con palabras. Que se había acercado y la había visto dormir. Que había robado un beso que no le pertenecía solo porque no concebía no tenerlo. Porque era el último que podría robarle.
Qué ingenuo había sido al creer que los dioses no jugarían con ellos otra vez.
Porque no entendía la necesidad de decir todo aquello, o mejor sí, lo hacía, lo entendía porque él habría hecho lo mismo. Tenía ganas de estrecharla y no soltarla, de apartarla y no verla más. Necesitaba sacarla de dentro de su cabeza pero ella solo excavaba más adentro. Todo, sus balbuceos, sus respuestas, sus dudas. Todo estaba dentro de él. ¿Por qué lo recordaba todo? ¿Por qué era capaz de visualizarla dormida en su cama? Todavía con la tranquilidad del que no sabe nada, de que cree que nada cambiará y la mañana siguiente será un día normal. No supo en que momento ella se abalanzó sobre él, no se dio cuenta hasta que notó el colchón en su espalda y a ella sentada encima. Tenía que ser una puta broma, una de muy mal gusto. Porque él desconectó de inmediato. Tratar de mantener la mente en blanco en una situación así era más complicado de lo que parecía en un primer momento — No disimules, si lo que quieres es tirarte encima mío me avisas de antes y me mentalizo, un mes sin verte y ya has subido de peso — mentía como un bellaco, estaba bastante más delgada que antes y eso le preocupaba también. ¿Dónde había quedado su mejor amiga?
— La única puerta que hay en la habitación sin contar la entrada— contestó todavía con la espalda sobre el colchón. Ella no era la única que necesitaba esconderse durante un rato, él mismo estaba alterado. Porque aquella situación empezaba a sobrepasarlo. Se suponía que sería un viaje de un par de días y regresaba a Alaska, no solo se retrasaba por ayudarla, encima ella le decía todo aquello. Estaba siendo demasiado. Tendría que haberse ido cuando había podido. Podía irse ahora, largarse mientras estaba en el baño y dejarle una nota. Por más que la idea rondaba su mente su cuerpo estaba quieto, clavado en aquel colchón sin intención alguna de moverse hasta que la rubia regresara. Quería más minutos con ella, aunque fuera discutiendo, aunque fuera de aquella forma tan rara.
No se había dado cuenta de que tanto la necesitaba hasta ahora.
Con Maia | Canadá | Septiembre, 20
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Re: ▬ The Only Exception
2. Fire, meet gasoline.

Ni siquiera había esperado la respuesta, se había levantado caminando con las piernas trémulas hasta la única puerta que podría ser el baño. La chica que le devolvía la mirada no era aquella cascara que ella había visto hacía días atrás. Sus mejillas estaban encendidas, y aunque seguía más delgada que antes, se veía mejor. Aún tenía bolsas bajo sus ojos y la ropa le quedaba demasiado holgada pero se sentía bien, probablemente por culpa de la ambrosía. Tuvo la repentina necesidad de comprobar que, en efecto, Theo estaba sentado en la cama mientras ella estaba en el baño. Abrió la puerta con cuidado, dejando que sus ojos viajaran hasta la cama en donde el muchacho aún estaba sentado. Ella parpadeó un par de veces y luego la volvió a cerrar con cuidado. Se sacó las botas de combate y se echó agua en la cara, para luego tomar una toalla y secarse. Sus labios estaban pálidos, pero ella seguía teniendo el pulso acelerado, con la sangre bombeándole con tanta fuerza que era lo único que escuchaba.
El brilló plateado llamó su atención justo cuando iba a salir del baño, justo al lado del retrete, un brazalete con una forma de serpiente brillaba con tal intensidad que era capaz de dejarle aturdido por un rato. Maia tomó el brazalete entre dos de sus dedos y se lo volvió a colocar, no dejaría que se le escapase de nuevo. Los labios le ardían, los sentía como si acabase de besar una botella de picante y eso que ni siquiera tenía picante cerca, de hecho, nunca lo había comido. Salió del baño retorciendo su camiseta con cuidado, con el cabello más cuidado, se fijó en Theo y entonces mordió sus labios. — No he querido lanzarme sobre ti, no seas idiota, yo solo… no me he fijado — Era una pobre excusa, pero para ella era suficiente, o eso decía.
— No estoy gorda — Dijo, más bien había perdido peso, se había limitado a comer lo mínimo para mantener las energías, recortando porciones y siempre marchándose incluso antes de comer el postre. Virgo había estado preocupada por ella, o eso manifestaba, tanto que ella simplemente se quedaba callada y se largaba al lago a pensar. Fue entonces cuando sintió la repentina necesidad de decirle las cosas — ¿Sabes qué me he desvelado un montón de noches esperando que regresaras? — Preguntó, sus labios temblaban, sus manos se meneaban y seguían revolviendo la tela de la camisa — Cuando no te estaba esperando, estaba entrenando, pero siempre estaba esperando, hasta que finalmente me di cuenta de que la mirada perdida en el rostro de Quirón solo significaba una cosa… no volverías… — Dijo y entonces caminó un poco más lejos, volviendo solo para ubicar su cintillo rojo —Entonces solo entrené, entrené porque quería volverme mejor, porque quería ser mejor y aun así no ha funcionado de nada — Dijo, buscando sus botas con la mirada — En estos momentos me debato sobre abrir esa puerta y marcharme, o quedarme aquí y llorar — Las lágrimas estaban detrás de sus ojos, esperando para asomarse por ellos — Solo… ¿Por qué? — Preguntó, de todas las cosas que tenía en la cabeza, esa era la única pregunta que valía la pena pronunciar.
Necesitaba respuestas casi tanto como lo necesitaba a él.
Con Theo | Canadá | Septiembre, 20
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