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Mensaje por Nyadeh el Jue Feb 18, 2016 12:39 pm

Like a gun loves bullets
Realista — Drama — Angst — +18
Noviembre de 1997.

Grand Island, Nebraska.


Siempre hay un renglón en cada crónica, tan torcido como deshonesto. Uno sobre el que escribir con caligrafía inteligible aquello que esperas jamás llegue a cambiar.

Tal vez nadie te dijera que no deberías tratar de borrarlo.
Que existen cosas indelebles.

Fingir es el primer código de un agente de la Central de Inteligencia. Fingir, simular, tergiversar. Que el gobierno solo te preocupa el día que hay elecciones, que no empleas tu tiempo desempeñando ese cargo en ocasiones tan ingrato, que vives despreocupado. Que estás casado. ¿Sencillo, verdad? No lo sería tanto, si ya lo hubieras estado. Casado. Con la misma persona con la que te ves forzado a trabajar, años después y continuar fingiendo, que nada se rompió entonces.

Norman Markham
42 — CIA — David Duchovny — Nyadeh
Amelia morgan
37 — CIA — Gillian Anderson — Hellcat
Cronología


Última edición por Nyadeh el Sáb Abr 16, 2016 4:53 am, editado 3 veces
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Jue Feb 18, 2016 3:15 pm


1. Welcome to Fakeland
En casa — Mediodía — Con Norman
El taxi se paró dócilmente junto a la acera, justo delante del bonito chalet blanco que tendrían que compartir. El nido de amor de una pareja supuestamente recién casada, que irónico, que había decidido mudarse a la privada urbanización para comenzar una nueva vida. Más bien fingir tener la vida que perdieron, que se marchitó como cualquier rosa a la que no riegas lo suficiente. Al menos Norman había tenido la decencia de sentarse en el asiento delantero junto al conductor, había tenido suficiente con tener que viajar a su lado en el avión fingiendo estar de lo más interesada en su libro o fingiendo dormir. Cualquier cosa era mejor que dirigirle la palabra a su ex marido, habían sido muy profesionales en la reunión con sus respectivos fejes. Habían asegurado que no habría ningún problema en aquella nueva misión porque ambos eran profesionales pero ¡Já! Amelia dudaba muy mucho de la profesionalidad de Norman, y aún más que pudiesen llevar acabo aquella misión sin tirarse la nueva vajilla a la cabeza.

Abierta la puerta del taxi se apresuró a bajarse del vehículo, que pagase Norman. Pasó las manos por la tela del vestido azul claro que le daba aquel aspecto dulce, maternal. La perfecta ama de casa con pequeñas perlas rodeando su cuello y la corta melena pelirroja perfectamente peinada, como recién salida de la peluquería. Es lo que se esperaba de ella.

Un par de camiones de la mudanza estaban estacionados unos metros más adelante e iban descargando ordenadamente las cajas de la mudanza. Amelia no se podía creer que estuviera haciendo aquello por segunda vez y con el mismo hombre que era lo peor. Los recuerdos de su mudanza, antes de casarse por supuesto, aún eran nítidos en su memoria, o más bien la repetición de la jugada los estaba despertando todos uno a uno. La pelirroja colocó la mano sobre sus ojos, paradas en mitad del camino que partía su pequeño jardín delantero, para poder echar un vistazo al vecindario, parecía tranquilo y de lo más común. Ciertamente era un buen lugar donde esconder uranio y donde organizar la venta del mismo. Amelia no creía que le fuese a costar demasiado encontrar a un ruso en una urbanización tan pija de Estados Unidos, el problema sería localizar a su comprador e interrumpir la venta.

En aquel vistazo general sus ojos terminaron por caer inevitablemente sobre la figura de su ex marido ya fuera del taxi y no pudo evitar rodar los ojos. Tuvo que contener una mueca que transformó rápidamente en una resplandeciente sonrisa ¿Quién diría que no estaban enamorados?—Cariño—Su voz era lo suficiente alta, dada su distancia, para que alguno de los vecinos pudiera oírla, eso serviría para asentar su tapadera—¿No deberías echarle una mano a esos hombres?—Probablemente no, no debería pero sería de lo más divertido para ella perderlo de vista mientras cargaba cajas.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Vie Feb 19, 2016 11:24 am


1. Welcome to Fakeland
En casa — Mediodía — Con Amy
Aquella no era la vida que había llegado a idealizar, las noches en las que encontraba expresamente ardua su ocupación y reconsideraba si todo sacrificio merecía la pena, no importaba que obrase por un bien mayor. Ni siquiera cuando aún no se hallaba solo y Amy yacía a su lado.

Resultaba inverosímil, tras tantos años no pensar en ella como Amy, en lugar de Amelia o la señorita Morgan. Y esa formalidad restallaba en su lengua, hipócrita, siempre que se dirigía a ella como una agente más.

No solía disfrutar de compañía femenina, no en su trabajo; pese a la popular convicción de que la era moderna, renovada, se había liberado de cualquier estigma del pasado no muchas mujeres lograban obtener la confianza del gobierno. De manera que, cuando su dirigente colocó sobre la mesa la posibilidad de manejar esa misión en pareja, un estremecimiento en la cúspide de su columna vertebral fue la nítida señal de que se refería a ella.

El distrito se componía de hileras de avenidas paralelas, idénticas entre sí. Cada vivienda lucía la misma gama de pintura y barniz en su fachada, cada jardín destacaba adornado hasta el más ínfimo de los detalles y en todos ellos, sin excepción, columpios y cachivaches infantiles ponían de manifiesto la presencia de algún que otro niño. Los que ellos no tenían. Los que, aunque su matrimonio no se hubiese deteriorado, no tendrían. Demasiado arriesgado.

Se le antojaba anómala, esa visión de Amy pulcramente acicalada como cualquier consorte anodina que no vivía para más que su esposo y hogar; quien frente a la senda de tenue ocre que llevaba a la cancela de su nuevo domicilio, parecía la versión adulta de Dorothy Gale. La recordaba diferente, más arañazos en la piel y pólvora en las manos y menos carmín en los labios.

No lo manifestó a viva voz, como hubiera hecho en otro tiempo, cuando solía burlarse con ese deje de afecto improbable de ocultar.

Reparó en la sonrisa de esos mismos labios, preguntándose cuantos además de él comprenderían que era ficticia, todavía más que aquella pose de ama de casa que no le hacía favor alguno. Nadie. No por nada habían malgastado toda su vida fingiendo.

Extraño, que lo único que no tuvieran que simular entonces, era quererse.
Antes de que todo estallase como dinamita conectada a un contador.

Claro, cariño. Puedes pasar a ver nuestra nueva casa, estoy seguro de que será todo de tu gusto. —Decidió imitarla, una octava por debajo de su acento tradicional. Por el bien de su trabajo y porque encontraba más satisfactorio machacarse la espalda en una mudanza que aparentar también en su propio domicilio.

Minutos después, las cajas ya estaban en la entrada y previsiblemente, a Norman le dolían los músculos. Mejor poder concentrarse en eso y no en el aguijonazo a la altura de las costillas.
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Última edición por Nyadeh el Jue Mar 17, 2016 10:41 am, editado 1 vez
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Sáb Feb 20, 2016 7:08 am


1. Welcome to Fakeland
En casa — Mediodía — Con Norman
La aceptación tan sumisa de Norman era el claro reflejo del poco tiempo que ambos agentes querían compartir, mantenerse alejados y ocupados sería el único tablón a la deriva que podía salvar toda aquella situación. Amy se preguntaba una y otra vez en qué momento le había parecido buena idea aceptar aquello. Una lamentable voz del pasado le aseguró que había sido la nostalgia, y quizás los celos, los culpables de hacerle aceptar aquel descabellado plan que podría terminar con varios platos sobre la cabeza del otro agente. La idea de otra agente, quizás más joven, compartiendo aquella ficción idílica, de alguna forma, le había sentado como un puñetazo en la boca del estómago. No es como si en todos esos años Amelia no hubiese confraternizado con el seo contrario, sinceramente ni tiempo ni ganas había tenido para enfrascarse en una relación real a largo plazo, pero tampoco había estado apegada al celibato. Y en su concepto de los hombres Norman tampoco encajaba demasiado con el celibato.

Sin embargo, era el resquemor de pensar que quizás en otra vida, y con otros trabajos, podrían haber tenido ese tipo de vida anodina y quién sabe si funcionado de verdad. Eran posibilidades en las que la pelirroja no podía centrase porque tenía una misión que completar con éxito, como todas incluida la que había provocado la ruptura de su matrimonio.

Echándole un último vistazo a su ex marido Amelia terminó de recorrer aquel camino de baldosas –por suerte no amarillas- hasta la puerta de su nuevo hogar. Las cajas amontonándose en la amplia entrada que daba a un amplio salón comedor donde los muebles más grandes –sofá, un sillón, mesa, estanterías, sillas y la televisión- ya estaban colocados. Los chicos habían hecho un buen trabajo ordenando los muebles, a falta solo de desembalar las cajas con la típica vajilla, sábanas y libros. Desde luego aquella operación no había regateado en gastos y detalles para darle realismo a todo aquello.

Amelia echó un vistazo rápido en la planta baja desde el salón, pasando por la cocina y el pequeño baño hasta el pequeño despacho. Desde la cocina podía verse el jardín trasero con piscina lo que demostraba el lujo de todas aquellas casas, lujos que Amelia jamás había pensado que tendría. De vuelta a la entrada Amelia comprobó como los hombres ya se retiraban en sus camiones, se dispuso entonces a tomar una de esas cajas dejando de lado la apariencia frágil cuando vio, de reojo, que una mujer se acercaba por el camino de losas hasta la entrada principal.

Y era el momento de empezar. Con suavidad se acercó a Norman pasando un brazo por su cintura y alzándose sobre la punta de sus pies para tratar de alcanzar su oído, algo complicado sin un poco de colaboración de parte del más alto—Tenemos visita—Murmuró dejando un beso sobre su mejilla para su espectador. Espectadora a decir verdad que llamó con los nudillos a la puerta abierta. Amelia se giró apartándose con la vergüenza típica de cualquier recién casada pillada entre los brazos de su marido y sonrió a la mujer de mediana edad que parecía tener una tarta entre las manos—Hola vecinos, soy Molly Stuart vivo un par de casas más allá y, bueno, venía a daros la bienvenida al vecindario—Explicó la mujer con tal punto de amabilidad que Amy desestimó en el acto querer tener una vida ligeramente semejante a eso.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Miér Feb 24, 2016 6:58 pm


1. Welcome to Fakeland
En casa — Mediodía — Con Amy
Siempre había vivido de sus manías.

Había a quien le ayudaba dejarse los dedos en el gatillo, disparando a una diana sin objetivo y a Norman tan solo le templaba el sonido de su recopilación de vinilos y el repaso de aquella enciclopedia de tomos que comprendían peculiaridades sobre el mundo submarino.

Amy también había logrado que dejara de cuestionarse su ocupación, durante una temporada, pero demasiado había acaecido desde entonces y aunque jamás lo hubiera admitido en su presencia, trabajar con ella a la larga había resultado igual que tener la espada de Damocles suspendida sobre su nuca, acerada, cuando sus misiones se habían prolongado más de lo indispensable y cada segundo que pasaba sin ella le oprimía con obstinación los pulmones.

La había querido por encima de todo cargo, de cualquier cometido. Y tal vez ella no. Y tal vez eso había sido lo que había terminado por quebrar algo que debían haber presentido, no funcionaría.

Su súbita obsesión por clasificar en la estantería de la sala de estar por orden de lanzamiento aquella caja de vinilos, se debía a la misma razón por la que dedicaba su tiempo también a ello antes de tener que empuñar un arma y que nunca le asaltase la incertidumbre cuando la vida de alguien dependía de su seguridad y la bala de su revólver. Solo que entonces no había misión alguna que pudiese abatirlo y no corría más riesgo que el de naufragar, de nuevo, en la marea de la mirada endiabladamente insondable de Amy.

Argumento suficiente para permanecer lejos de su lado, tanto como fuera necesario.

Y motivo por el cual únicamente atinó a tensarse, igual que las cuerdas de un bajo en un solo de rock, al percibir el roce de la figura de su ex mujer junto a su costado. La estela de carmín que ella esbozó sobre la mejilla sería más sencilla de borrar que la genuina caricia de sus labios, aquellos que todavía recordaba levemente esponjosos.

Tentado se halló de consentir que su propia boca partiera al encuentro de la de Amy, que aún entonces conseguía golpearle el pecho de aquella manera nada satisfactoria. Le retuvo el aparente rubor que ella lucía en su cuello, tan simulado como su sonrisa y cualquier amago de trato entre ellos.

Señora Stuart, es un placer. —Se forzó a resultar entusiasta, sosteniendo a su esposa contra el torso, una mano enroscada alrededor de la curva de su cintura—. Allan, Allan Hyde. Ella es mi mujer. —Le tendió la mano a la presente no esperada, despojándole de su obsequio de acogida no sin delicadeza—. No debía haberse molestado. Tenemos la casa aún desorganizada pero pase, pase. —Tuvo que hablar, antes de que ella asegurase que no había sido molestia alguna. Porque el calor que desprendía el cuerpo de Amy, comenzaba a agobiarlo.

Debo ir a colocar el resto de estas cajas. Si su marido hubiera venido con usted, me hubiese venido bien su ayuda. Cuatro manos pueden más que dos. —No era otra cosa sino un pretexto para distanciarse de ambas, cumpliendo con la representación modelo del hombre que se ocupaba de arreglar todo en una mudanza. Que no toleraría que su mujer se implicase en semejante faena.

Como si alguna vez hubiera podido controlar a Amelia Morgan.
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Última edición por Nyadeh el Vie Feb 26, 2016 5:39 am, editado 1 vez
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Jue Feb 25, 2016 5:07 am


1. Welcome to Fakeland
En casa — Mediodía — Con Norman
Amelia no podía ignorar la sensación de ardor que el brazo de Norman provocaba alrededor de su cintura, el calor sofocante que irradiaba su cuerpo como un veneno lento que deseaba arrastrarla a recuerdos del ayer. Momento en los que había gozado de felicidad, de sonrisas y bromas compartidas. Por mucho que ahora el resentimiento escupiese bilis con cada palabra o gesto, había algo que Amy no podía negar: Se había enamorado de él. No había sido un juego o una farsa –como Norman seguro que pensaba- para ella, sino verdadero amor incondicional que se había ahogado en la sangre de su deber para con su país.

No fue hasta ese momento, completamente falso, que cayó en la cuenta de como de dura iba a ser aquella misión. Fingir que eran una pareja feliz cuando estaban tan rotos por dentro. Se fuerte y profesional se repetía una y otra vez la agente Morgan para sus adentros. Era lo único que mantenía aquella luminosa sonrisa sobre sus labios ligeramente coloreados en un tono rosado y el brillo de felicidad en sus ojos claros. Amy comenzaba a pensar que habría sido más fácil fingir si, de verdad, el cien por cien de su actuación hubiese sido ficticia.

Teresa—Se presentó a continuación de su marido, estrechando la mano de la mujer con delicadeza. Quizás lo correcto habría sido los dos besos de rigor pero, ni siquiera fingiendo, Amelia iba a acercarse tanto al afecto ante una completa desconocida. Cuando llevabas años en ese trabajo aprendías a no acercar tu cuello demasiado a nadie que pudiese ser un potencial enemigo.—Es lo mínimo, con lo cansadas que son las mudanzas seguro que necesitan reponer fuerzas en algún momento—Respondió inmediatamente la mujer. A la pelirroja no le pasó desapercibidos los vistazos casuales que la dama iba a echando a cada rincón de su entrada. Obviamente pura curiosidad, no había mejor excusa que una bienvenida para intentar colarse en la intimidad de los nuevos vecinos y, así, poder empezar la cadena de rumores y chismes tan típica de aquellos vecindarios. Amelia vivía en el espanto continuo de ser invitada a esas tradicionales tardes de té y pastas.

Allan no está bien poner a los vecinos a cargar cajas—Le recriminó en un tono tranquilo, divertido. Una broma que hizo reír a su visitante y a ella misma. Desaparecida la fuente de todas sus preocupaciones –la segunda fuente puesto que la primera era su misión- Amelia se relajó un poco permitiéndose entrar de lleno en aquel papel a la hora de encarar a su vecina. La conversación no debió durar más de quince minutos y los temas fueron tan banales como insulsos: la tranquilidad del vecindario, cuando llevaban casados, la adorable pareja que hacían y poco más.

Amelia cerró, al fin, la puerta de su supuesto hogar casi exhausta por aquel ejercicio social tan agotador sobretodo para sus mejillas que dolían de tanto sonreír. Había sido una mujer risueña en otro tiempo, cuando aún estaba casada con Norman y se le hacía imposible no echarse a reír cual colegiala tan solo con mirarlo a los ojos.

Sin preocuparse en donde estaba o dejaba de estar Norman, buscó entre las cajas –moviendo algunas con algo de esfuerzo- hasta encontrar una en la que rezaban las palabras: Cristalería muy frágil. Sin demasiado cariño por sus uñas levantó la cinta adhesiva de uno de los costados tirando de ella para descubrir que dentro había de todo menos cristales. El equipo completo de vigilancia, que era lo primero que pensaba instalar en una de las habitaciones superiores.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Vie Feb 26, 2016 7:05 am


1. Welcome to Fakeland
En casa — Mediodía — Con Amy
Maldijo que el empapelado de aquella casa de muñecas no fuera lo suficientemente voluminoso como para dificultarle el poder escuchar el incesante murmullo que se escabullía de los rollizos labios de su actual vecina. En términos de una persona ajena a todo lo que había supuesto su vida con Amy, no resultaba placentero ser considerados un matrimonio modélico.

Norman recelaba de si en algún tiempo lo habían sido.

Trató de abstraerse, centrando su interés en lo único que podía considerar suyo, verdaderamente suyo en ese espacio cercado de ochenta metros cuadrados. Soplaba la lámina de polvareda acumulada sobre las carátulas antes de distribuirlas a su deseo en cada hueco desierto del estante. 1975, 1980, 1989. Algunos habían sido regalo de Amy, inclusive de cuando aún no se habían prometido. Durante años los había conservado en una caja forrada en el desván, obstinado en no querer rememorar los gratos momentos porque, ¿de qué hubiera servido hacerlo? Se había esmerado, quizá de modo desmedido, en simular que nunca se había casado.

Motivo por el cual le inquietaba no ser capaz de sacar adelante su trabajo. No con ella allí.

No pudo reprimir la exhalación de genuino alivio cuando el sonido de la puerta principal alcanzó sus oídos, había sido persuadido de que debía adoptar un papel, tal y como había hecho desde que comenzó a trabajar para el gobierno. Se había convencido de ello. No obstante, todavía era pronto, no había pasado un solo instante con la única compañía de Amy y se le antojaba ineludible habituarse a eso, antes de nada. A su compañía.

La admiró exiguos segundos, reclinado en el marco de la puerta. Más agente que persona, como era usual en ella. —Siempre fuiste buena actriz. —No sabía si trataba de halagarla, tal vez de iniciar una conversación con ella. La cual, lejos de parecer inofensiva, rebosaba de implicaciones que no habían tenido ocasión de ser clarificadas. Ni tan siquiera pudo Norman encubrir el deje de acritud que había creído sepultado en el pasado.

Hay una cama, en nuestro cuarto. —Había atisbado un esbozo de cada una de las habitaciones al entrar, con esa habilidad tan suya de recordar con cierta precisión todo cuando su mirada ágil fuese capaz de percibir.

Le dio la espalda, para no tener que observarla, fingiendo dedicarse a otro de los tantos paquetes que aguardaban por ser desembalados. —Me quedaré con el sillón. —Aquellos años a su lado le habían concedido la cualidad de intuir cuando tomaba aire, en una inspiración casi inaudible, dispuesta a refutar cualquier razonamiento. De manera que se atrevió a disminuir peso de la importancia tanto de la misión, como de sus circunstancias—. Ambos sabemos que he estado en lugares peores.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Jue Mar 03, 2016 11:24 am


1. Welcome to Fakeland
En casa — Mediodía — Con Norman
La verdadera actuación comenzó cuando el telón cayó. Fingir amabilidad, fingir felicidad frente a curiosos vecinos probablemente era sencillo, era un papel que debían seguir sin pensar o fingir. Sin embargo, encerrados entre las paredes cubiertas de –en opinión de Amy horrible- papel estampado la realidad era muy distinta. Sus ojos se enfrentaban al pasado y al rencor, a las heridas que ahora estaban siendo regadas con sal y limón. Hervía la sangre quemando la piel. Mentirle a Norman mirándolo a los ojos era lo más difícil que había hecho nunca, porque él la conocía mejor que nadie, y fue lo más difícil que se le había pedido hacer cuando atrapados en aquel piso franco en Moscú ella aseguró que bajaba a comprar pan caliente para el desayuno y jamás regresó. Accedió a vender a Norman, su posición para que sirviese de distracción y pudieran sacarla a ella del país con la información necesaria.

Le sonrió y besó sus labios antes de dejar aquella casa. Para cuando sus ojos volvieron a encontrarse semanas después, ambos a salvo, no importó cuantas veces Amelia le pidiese perdón, no importó la forma angustiada en la que se arrojó a sus brazos cubriendo sus mejillas de besos en el alivio de verlo sano y salvo. Su matrimonio murió en Moscú porque ella jamás admitiría su culpa y él jamás se lo perdonaría, su confianza fue lo único que murió en aquella misión. Pisoteada y torturada el divorcio fue la lápida impuesta sobre la tumba unos pocos meses después.

Y como si Norman hubiese seguido el hilo de sus recuerdos mientras la pelirroja sacaba un par de cámaras y el trípode de la caja, ahí estaba el primer dardo. Bien apuntado, bien afilado y dando de lleno en el blanco. Sus ojos azules se alzaron con desgana es busca de la espalda de su ex marido, si tan solo fuera un poco más infantil le habría lanzado una de aquellas cámaras.—Gracias, a uno de los dos se le tenía que dar bien este trabajo. Y entenderlo—Respondió con tanta acidez que un limón a su lado habría sido la fruta más dulce del planeta.

Con el trípode haciendo equilibrio bajo su brazo y una cámara en cada mano Amelia se dirigió hacia las escaleras, prefería encargarse ella misma de instalar todo el equipo. Además, así tenía una excusa para huir de la presencia de Norman y, de paso, dejar de discutir. Sin embargo, era imposible que se quedase callada, deteniéndose en el primer escalón ladeó la cabeza en su dirección con una perfecta sonrisa—Que caballeroso Norman—Sus labios carnosos acariciaban palabras amables mientras sus ojos escupían métete la caballerosidad por el culo NormanPero haremos turnos, un agente a medias no le será de utilidad a nadie—Añadió sin dar cabida a al debate. Dijo “haremos” y no “podríamos”. Salirse con la suya a toda costa era su ley más absoluta.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Jue Mar 17, 2016 12:27 pm


1. Welcome to Fakeland
En casa — Mediodía — Con Amy
Había rechazado utilizar de nuevo el anillo, el de su matrimonio, grabado en oro bruñido en un idioma que ahora se le antojaba foráneo en los oídos y acre en el cielo de la boca, el que todavía conservaba en un cajón de su escritorio, junto a una anticuada acreditación y algunas instantáneas acartonadas que no había querido volver a mirar. No había poseído la aspereza suficiente para venderlo, o fundirlo en otra pieza de la que poder aprovecharse. En unos eslabones para el reloj de muñeca, hacía tiempo que los necesitaba.

El metal que rodaba entre las yemas de sus dedos era reciente, exclusivo para esa misión y no resultaba grato sentirlo en la piel. Era extraño, después de haber malgastado meses en procurar borrar la huella de ese otro anillo sobre la carne y años en lograr que se desvaneciera la que había albergado en el pecho.

Quizá ella fuera la reflexiva, la comedida. Quizá hubiese sido mejor agente, mejor de lo que él había sido al tenerla a su lado, convirtiendo cada promesa murmurada en las tinieblas contra su piel sudada en algo más importante que el deber jurado a su nación. Quizá, mas Norman no era capaz de tolerar que aspirase a justificarse eternamente, amparándose en el compromiso que adquirían con la república al involucrarse en programas del gobierno. Como si el culpable, fuese él.

Lo único que yo entendía entonces, era que te quería. —Quería. Siempre en pasado, como un guión no improvisado. Sonaba lejano, distante, un recuerdo extraviado en el tiempo y así, dolía un poco menos.

Quizá, hubiera sido ese el único desacierto. Querer a Amelia Morgan, más cordura que sentimiento.

Por fortuna, ella se había ocupado de delinear las rectas no franqueables y hacerlas visibles para ambos. Por fortuna, nada quedaba ya que pudiera obstaculizar su trabajo.

Examinó la posición de su nuevo domicilio tras las cortinas corridas, la avenida que se extendía ante sus ojos y el balance de viviendas que podían ser controladas desde allí sin necesidad de desplazarse arriba y abajo de la comunidad. Y solo encauzó su mirada hacia ella, al advertir la acidez en su entonación.

Sus sonrisas seguían perfilándole esos pliegues en las mejillas. No importaba cuanta animosidad desprendieran. —Preferiría no dormir mientras tú trabajas. —Se adelantó a ella, arrebatándole las cámaras que cargaba en sus manos, enfilando primero la escalera. Comprendía que sortear su presencia podía ser una alternativa, pero una incoherente si iban a dejar pasar la mayor parte de su tiempo aislados en aquel edificio, demasiado menudo para los dos y el orgullo, que terminaría colisionando—. La próxima vez que me despierte con una bala en el abdomen, podría ser tuya.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Sáb Mar 19, 2016 4:03 pm


1. Welcome to Fakeland
En casa — Mediodía — Con Norman
Una mujer con menos entrenamiento y experiencia que ella habría dejado caer las cámaras al suelo, así como su mandíbula. Por suerte mantuvo el rostro inexpresivo, tan solo los ojos ligeramente abiertos y los dedos apretando el plástico con algo más de fuerza. Aquella frase había sido como si Norman le hubiese dado un puñetazo, que puestos a decir habría preferido pasearse con un ojo morado que con el agujero en el pecho que acababa de hacerle. Recordar sus días felices y el terrible desenlace era una cosa, enfrentarse a la perspectiva de tener que vivir juntos de nuevo otra pero, escuchar de nuevo de sus labios conjugado el verbo querer simplemente era demasiado.

Podría haberle lanzado una de esas cámaras solo para dejarle claro, otra vez, que ella no había dejado de quererle hasta que no se puso gilipollas y comenzó a desconfiar de cada una de sus palabras. Jamás superaron aquella traición obligada y, sinceramente, era algo que la pelirroja habría preferido dejar enterrado pero no. Norman tenía que sacarlo a relucir tan claro como el agua corriente. Ambos eran plenamente consciente de cómo se había roto su matrimonio ¿Era estrictamente necesario que se lo recordase así?

¿Qué tienes 15 años? Llora en tu diario princesitas—Replicó con tanta hostilidad que bien podría estar ante los compradores de uranio que estaban buscando. Probablemente, ahora mismo, tenía hasta más ganas de pegarle a Norman que a ellos. Cualquier cosa mejor que sentir aquel vacío en el estómago y la bilis en su garganta que había dejado su comentario. Detrás de su carita de niño bueno el agente sabía muy bien cómo hacer daño, Amy era consciente de que era de los mejores por mucho que, fruto del rencor, quisiera desprestigiarlo pero aquello había sido un golpe bajo. Muy bajo. Aquella convivencia no iba a ser fácil, era imposible que llegasen a la cena –o la comida- sin matarse.

Y por supuesto que las cosas no se quedarían ahí. Dejó ir las cámaras con un suspiro de resignación, ladeando la cabeza al verlo subir las escaleras.—No seas gilipollas Norman—Espetó cansada, y eso que no llevaban más de veinte minutos a solas, de sus acusaciones y falta de absoluta confianza.—Si quisiera matarte uno ya estarías muerto y dos preferiría que te marchases al Infierno con mi rostro en tus pupilas ¡Madura!—Su voz se elevó con aquella exclamación pero no lo suficiente para ser un grito.

En un intento de distraerse cogió el resto de material de vigilancia pero, eso, solo significó tener que seguir los pasos de su ex marido unos minutos después hasta la habitación que destinarían a alojar todo el carísimo equipo.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Sáb Mar 19, 2016 8:52 pm


1. Welcome to Fakeland
En casa — Mediodía — Con Amy
Cínica.

El improperio se disparó sin más estímulo, el cierre de seguridad al descubierto, pero solo en su cerebro. Agente Morgan, no es más que una cínica.

Ella no debía superar los veintipocos cuando la conoció, todo convicción en sí misma y entereza ya solo en la mirada. Y la curva de unas clavículas por las que hubiera emprendido la Ruta 66 con los dedos y la lengua, hasta el último de sus días, si la realidad se lo hubiese permitido. Varias jornadas abrumadoras, algunas noches bulliciosas y un par de copas después, se encontraba examinando la piel tersa de su busto bajo la ropa, en un corredor desierto. La madrugada le sorprendió en el centro de sus piernas y tuvo que dejar el tiempo transcurrir para comprender que necesitaba uno o dos veranos más entre ellas. Jamás le preguntó cuánto demoró en advertirlo ella; que esas horas, no sabían a nada.

Ella no debía superar los treinta cuando se casaron, una mano en su menuda cintura y los dedos de la otra, húmedos por el brindis del champán, enmarañados con los suyos en una caricia poco sutil. Se reía, con la espalda levemente combada y él se vio obligado a batallar por no esbozar una travesía a lo largo de su cuello con los dientes. Y por los altavoces, se reprodujo el himno de los Estados Unidos de América, antes de que la empujara a bailar.

Actuaba como si no hubieran tenido significado alguno, esos años de matrimonio y el —ineludible— declive que terminó por extinguirlo, por extinguirlos a ellos. Le ardía, en algo más que su amor propio.

No deberías preocuparte. Dejé de comportarme como un gilipollas hace una larga temporada.Enhorabuena. Porque exclusivamente ella había logrado que lo fuera y ahora no. Porque él se hubiera inmolado entonces, si tan solo hubiese presagiado que su seguridad pendía de un quebradizo alambre pero la vida de nadie más había alcanzado a importar tanto.

Era mejor sin Amy. Él lo sabía, sus superiores también. Hábil, metódico, eficiente.

No vislumbraba el por qué, forzarle a trabajar de nuevo a su lado. Tal vez alguien, arriba, consideró que el tiempo sí suturaba las cicatrices. Erradamente.

Él preferiría enviarla al infierno resistiendo también su mirada, solo con las manos sobre su piel desnuda. Pero posiblemente ella no lo recordara, los vehementes sonidos que transpiraban de esos labios tiernos únicamente extirpados por el roce de su cuerpo. No encontraba sentido en rememorarlo.

No lo creo, Amy. —La gradación en su voz menos condescendiente hasta entonces. Incertidumbre no cabía en ese espacio entre los dos, de que si ella deseara su muerte, Norman ya la hubiera encontrado. ¿De su propia mano? Ni en un millar de ocasiones—. ¿Sabes qué creo? —Que cerca estuvo de ello y aún podía sentir el corazón de Amy, palpitando con urgencia contra su torso, por haberlo siquiera imaginado—. Creo que nunca tuviste suficiente coraje.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Dom Mar 20, 2016 12:47 pm


1. Welcome to Fakeland
En casa — Mediodía — Con Norman
Trabajar. De verdad que la pelirroja quería concentrarse en trabajar. Montar el equipo y, probablemente, echar a Norman de allí. Que se entretuviese contando el gotéele de la pared y la dejase a ella trabajar, así ambos podrían encontrar algo de paz en aquel infierno que les había tocado vivir. Había sido tan sencillo cuando habían tenido espectadores, solo tenían que fingir que todo estaba bien y eso, para Amy al menos, era relativamente sencillo. Un papel más que interpretar, algo en lo que concentrarse pero ahora lo único en lo que podía pensar era en Norman. En sus palabras y lo extraño que era estar ambos en la misma habitación, solos, una vez más. Años atrás su sangre hervía por arrancarle la ropa, ahora solo por darle un puñetazo y cerrarle la boca de una vez.

Amy quiso recordarle que comenzó a ser un gilipollas hacía unos cuantos años, antes solo había sido un idiota adorable. Obviamente se mordió la lengua por el bien de su temperamento, resopló y se puso manos a la obra. Revolotear alrededor de Norman conectando cables y demás parafernalia no era lo que se decía precisamente sencillo y, aún menos, subida a aquellos estúpidos tacones y con aquel vestido azul claro ciñéndose a su cuerpo de forma tan rígida. En algún punto los tacones terminaron descansando de mala manera junto a la puerta y sus pies cubiertos por aquellas finas medias dejaron de hacer ruido sobre el suelo de parqué.

Norman evidentemente no tenía la misma capacidad que la pelirroja para morderse la lengua y, pronto, su voz volvió a romper el silencio. No le quedó otra a agente que girarse, encararlo ahora desde varios centímetros más abajo pero sin perder la autoridad y la ferocidad habitual. Era bajita, pero jamás se había dejado intimidar por ello.

¿Coraje para qué?—Una de sus cejas se elevó hasta casi unirse con el inicio de su cabellera de fuego. No se podía creer que estuvieran teniendo aquella discusión, después de tantos años seguía empeñado en la misma ridícula idea: Ella jamás había querido hacerle daño.— Norman, en contra de todas las horribles acciones que te encanta escupirme, yo nunca he querido hacerte daño—Y no había rastro de rencor en su voz, solo honestidad y hasta dolor porque él no era capaz de confiar en ella. Él se había empeñado en ver un monstruo en la mujer que juró amar, dolía. Dolía porque, en el fondo, solo era un monstruo que seguía amándolo con la intensidad del primer día. Y lo odiaba por ello a la vez.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Dom Mar 20, 2016 6:02 pm


1. Welcome to Fakeland
En casa — Mediodía — Con Amy
No era reconocido por ser un compañero mortificante, ni con el que resultara arduo trabajar, igual que transitar bajo el sol de un páramo desértico sin ápice de agua con el que humidificar los labios agostados. Aguardaba, a menudo estudiando cada circunstancia reservado tras los cristales de las gafas y meditaba, ponderando una alternativa tras otra hasta inclinarse por la que aparentaba apropiada, casi reticente. Siempre había detestado cerrar una puerta y arrojar a lo lejos la llave. Y cuando se precisaba una resolución inminente, tal vez era ligeramente más pausado de lo requerido, pero no fracasaba.

De un tiempo a esta parte, el reconocimiento por sus operaciones había prosperado notablemente. Accedía a trabajar más, persuadido por la idea de agotarse a sí mismo para así pensar menos en la vida fuera de de los cuarteles, cuando no era un agente. Lo felicitaban, pero todos procuraban ignorar el enorme elefante en la habitación. Amy.

No se encontraba capaz de ser indulgente con Amy. Poco importaba cuánto se hubiese excusado ella, los meses posteriores a lo que Norman había estimado una lacerante fisura en su relación.

Se le cerraron las manos acaso con inmoderada firmeza en torno a los frascos de revelado instantáneo que ubicaba en la estantería superior, al advertir el ingrávido eco de sus pasos sobre el suelo. Sonaba como habían sonado entonces sus pies descalzos de madrugada, cuando se confinaba con ella bajo la ducha. La necesidad de contemplarla le oprimía en el tórax, acuciante, obsesiva y siquiera reparó en sus nudillos macilentos, o nada que no fueran aquellas piernas revestidas en medias traslúcidas. Parecían incomodarle y deseó despojarle de ellas. Y alzar la falda de su vestido hasta la cintura por saber qué llevaba debajo. Mejor, que lo hicieran sus manos femeninas por él, para él.

Manifestó una carcajada estrangulada, al ver a Amy encararlo. Era más sencillo mofarse que permitirle indagar en las sombras de sus pupilas, aunque presentía que ella había apreciado ya cómo la observaba.

No lo sé. Para aceptar tu culpa al menos. No fui yo quien te jodió, Amy. —O sí, en ocasiones sí, pero no de esa manera.

Ahora, se sentía el causante él, porque no le pasó inadvertido el matiz de pesar en su entonación y no necesitaba eso. No necesitaba considerar si lo era y si la estaba lastimando, porque entonces cerca se encontraría de disculparse y no quería ceder. Ni siquiera ante ella.

Ya, bueno... curiosa forma la tuya de demostrarlo. —Declaró entre dientes, depositando los envases sobre la colcha—. Creo que acabas de colgarte una medalla a la hipocresía. —Ella a la hipocresía y él a la irracional habilidad que aún tenía de posibilitar que le hiciera daño.

¿Mereció la pena? No, déjalo. —Prefería no conocer la respuesta. Intuía que sí, que su trabajo había merecido la pena, por encima de él. Se le hizo imposible respirar en esa habitación a su lado, así que bajó de nuevo al vestíbulo, considerando desertar, salir a conversar con cualquier vecino y dejarla allí.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Dom Mar 20, 2016 7:01 pm

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Salón — por la tarde — ¿Sola?
Sus labios habían musitado un no cuando ya no había nadie para escuchar su arrepentimiento, lo mucho que le pesaba que su matrimonio se hubiese roto a causa de su trabajo. Amelia no había dejado de quererle, en ningún momento, simplemente en aquel momento pensó que sería lo mejor para terminar su misión con éxito. Estaba segura de que él conseguiría salir igualmente del país y se podrían reunir en casa, de nuevo juntos. Cuando aquello había pasado ambos estaban a años luz de distancia ya, un mar embravecido había entre ambos y no hubo puente posible para alcanzar el otro lado. Al principio Amy trató de nadar pero las olas habían sido demasiado fuertes y, finalmente, se hundió.

Por eso mismo ahora prefería estar lo más alejada posible de él. Recordar los buenos momentos dolía aún más que recordar los malos, recordar aquello que había perdido al estar de nuevo encerrados en aquella casa que sería de ensueño para algunos. No para ellos. Al menos Norman tuvo la decencia de irse a dar un paseo, o por la pelirroja como si había ido a tirarse desde un puente, tan largo que incluso tuvo que comer sola. Tampoco es que tuviese mucha hambre así que su comida se limitó a tomar un pedazo de la tarta que su vecina amablemente les había dejado aquella mañana.

Aprovechando que Norman seguía sin aparecer decidió que sería buena idea darse una ducha que calmase sus ideas y sus nervios. El agua caliente corriendo por su piel desnuda, pequeñas gotas de cristal que se helaron cuando Amelia fue consciente de que se había olvidado buscar las toallas. Suerte que ni siquiera se había enjabonado el pelo. Cerró el agua caliente y puso el oído, seguía estando sola. En compañía de la soledad se salió de la ducha, piel desnuda y húmeda erizándose por el contraste de temperatura. Sus dientes castañetearon un par de veces y sus pasos dejaron un rastro de gotas de agua por el pasillo. Con lo primero que tropezó, para su desgracia, fue con una caja de ropa de Norman. A grandes males, grandes remedios. Tomó una de las anchas camisetas de deportes de su ex marido y se la puso. Rápidamente el algodón se pegó a su cuerpo desnudo, los surcos oscuros revelando más de lo que ocultaba.

Solo sería un momento el bajar al salón y buscar las dichosas toallas. Y era mucho más recomendable pasear con una camiseta pegada que completamente desnuda por aquella casa.

Inclinada estaba por encima del respaldo del sofá, abriendo una caja en la que rezaba toallas, cuando oyó la puerta y sus ojos se cerraron al instante.—Mierda—pronunciaron sus labios en voz baja. La camiseta pegada a su espalda, apenas ocultando la curvatura de su trasero debido a la posición ¿No podía haber llegado 5 minutos más tarde?
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Lun Mar 21, 2016 7:28 am

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Salón — por la tarde — con Amy
El pulso le latía en cada zona vital de su cuerpo, más presión de la usual porque él mismo se había guiado hasta el límite de su resistencia, en la arteria prominente de los costados de su cuello, en el corazón resonante contra la celda de su caja torácica, alrededor de su cabeza de modo que cualquier sonido, por tenue que fuera resultase estruendoso. Transpiraba por cada poro de su piel, el tejido de la sudadera se le adhería al torso y a los brazos, si los puños no hubieran estado ya por encima del codo. Le dolían los músculos a pesar de estar habituado al adiestramiento más agotador, pues su caminata inicial había tomado velocidad hasta mudar en una carrera sin meta o destino, que tan solo había detenido al tropezar con el cartel de bienvenida de la urbanización.

Sondeó en los bolsillos que parecían no tener fondo en busca de las llaves, inspirando no sin dificultad, creyendo que al menos la extenuación de sus nervios y en parte, su cerebro, les concedería una tregua al impedirle replicar con la diligencia de unos reflejos descansados. Debía exponerle lo que había sido capaz de atisbar en el vecindario, pese a su reciente irritación casi cegadora continuaba teniendo una memoria convenientemente eficaz. Debía hablarle de su conversación con el director de la oficina inmobiliaria, dichosa casualidad. No suponía nada que Norman aún se viera reacio a creer en ella, no podía afectar a su trabajo, el que ahora compartían.

No vas a imaginar... —El tono se atenuó hasta alterar en un murmullo que terminó por agonizar en los labios que, de pronto, sentía marchitos. Hubiera dejado caer el llavero, si no estuviera incrustado en su palma—. Esa camiseta es mía. —Lo único capaz de articular, como si su mirada no se hallara inmóvil en cada región de su silueta que la prenda no escondía.

Por consideración a la verdad, siempre había sido más suya que de él. Y había preservado su fragancia tiempo después de que ya no residieran en el mismo domicilio. Pero el aroma también terminaba por desvanecerse, como todo.

Le sorprendió que la intensidad de sus retinas no le hubiera abrasado ya la piel, bañada y sutilmente  enrojecida y todavía más que se encontrara capaz de desviar su atención de ese placentero espejismo para reparar en qué exploraban sus manos menudas. —No, no es... —Mas sí era un pretexto para aproximarse a Amy y reclinarse sobre su espalda. Y rozarle con los dedos tras las rodillas, acompañando el curso de las insignificantes gotas que por sus curvas serpenteaban. Le había gustado besarla en todos esos lugares que ni siquiera los rayos de sol infiltrados a través de las cortinas alcanzaban; los pliegues de las articulaciones, el interior de sus muñecas, la piel tierna de la nuca, por debajo del cabello.

Las tuyas están aquí. —Aunque indicó qué caja buscaba, no se movió. Pudo haberlo hecho, extender el brazo y acercarle una de las toallas inmaculada, pero tal vez si ella se elevaba un poco más, se encontraría aprisionada por su cuerpo.

Se cuestionó fugazmente cuánto tardaría en lograr que maldijese si la empujaba contra el sofá, así. Las manos sobre su pelvis y un separa las piernas, Amy junto a su oído.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Lun Mar 21, 2016 8:33 am

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Salón — por la tarde — ¿Sola?
Sintió su mirada fija en su cuerpo, el ambiente se cargó con el deseo y el anhelo de lo que una vez tuvo y ahora había perdido quizás para siempre, o quizás solo hasta que al fin Moisés pudiese abrir las aguas. Una comparación que a su madre le habría encantado, mas habría desaprobado completamente aquella situación. Nuevamente Amy resultaba una decepción pero no sería una novedad su total falta de actitud hacia las viejas costumbres católicas de su familia. Perdóname padre porque esto es pecado de omisión pensó con sorna ante el creciente calor y deseo que rápidamente la embargó por culpa de un único hombre: Norman.

La piel húmeda, evaporizándose bajo aquel calor inmediato que la rodeó de forma sofocante. Ni tiempo tuvo a prepararse para la proximidad del cuerpo fuerte y ardiente de Norman prácticamente pegado a su silueta. Sus dedos taciturnos arrancaron chispas de su piel y las gotas pesadas que resbalaban entre sus piernas no fueron capaces de distraer la atención del roce de su cuerpo. Los dedos del brazo que no buscaban con ansias aquella toalla se crisparon sobre el sofá, buscando estabilidad o solo el desahogo trasformado en nodillos blancos como el techo. La respiración se atascó en su garganta y sus labios se secaron—Norman…—Murmuró sonando a menos reproche del que había planeado.

Ladeó la cabeza, tratando de encontrar su mirada por encima de su hombro y supo que si se movía estaría definitivamente perdida ¿Cuánto tiempo había pasado? No el suficiente para olvidar el cosquilleo en la boca del estómago y el fuego que provocaba su lengua recorriendo cada rincón de su cuerpo—Por favor—Aquello fue un ruego del pasado o una petición exigente. Amy no sabría ponerle nombre al suspiro que escapó entre sus carnosos labios. Cuanto habría deseado perderse entre los brazos de aquel hombre, algo que no habría tenido que fingir, que no podía hacerle daño. El lugar seguro en el que tantas veces se había refugiado cuando ninguno de los dos quería pensar, cuando solo querían el consuelo de los cuerpos desnudos siendo uno.

Apártate, puedo yo sola—El aliento contenido tras sus palabras, un temblor liviano que arrebataba a sus palabras toda la seguridad y la autoridad. Su mano cazó la toalla blanca, sus caderas se ciñeron al sofá en un intento desesperado por huir del contacto con Norman. Tenía que huir antes de perderse del todo.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Lun Mar 21, 2016 4:25 pm

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Salón — por la tarde — con Amy
Tiempo había transcurrido desde la última vez que alguien había vocalizado así su nombre; espeso, intrincado, de una frondosidad que la luz eclipsara, singularmente enardecido. Una prolongada estación invernal, una insólita temporada de borrascas y un par de primaveras; más de cuatro asfixiantes veranos. Un centenar de cuartillas en un calendario.

Había habido otras mujeres después de Amy, no existía razón para desmentirlo. Frecuentemente más esbeltas, no tan menudas. Menos perspicaces, menos irónicas. Menos agotadoras. Confiadas y optimistas y de las que no sabían enfilar un arma. Con empleos sencillos, de los que no te despertaban de madrugada o te conducían al hospital más próximo una vez cada dos semanas y particularmente, con empleos diferentes al suyo. Alguna de ellas más que noches en vela, más que amigas; duraderas hasta que dejaban de serlo y no podía inculpar a nadie más que a sí mismo, si ninguna sonaba como ella, entre sus piernas, bajo su cuerpo.

Lo había echado de menos, ese eco exhalado de su boca. Suficiente para exigirle que lo dijera de nuevo, si permanecían así mientras el segundero del reloj de pared se aceleraba.

Las yemas de sus dedos obstinados resbalaron por la piel humedecida hasta tropezar con la curva del desenlace de sus nalgas, cimas en el mapamundi de su cuerpo. Joder. Estaba desnuda debajo de su camiseta y que suplicara sin discernir ella misma el por qué, no ayudaba. Aún así se alejó de su roce, rehuyendo el toque de su mano que se aventuraba osadamente al eje de sus piernas y el resuello que le acariciaba la orilla de su cuello y la senda de su mandíbula, al rotar el rostro hacia el suyo. Igual que una presa de caza atemorizada.

La piel le escocía por mantenerse junto a la de Amy y todo lo que no fue su sensatez se rebeló contra la atmósfera que dejó entre ellos, al moverse en zancadas pausadas en sentido contrario a la figura femenina.

Separó los labios pero no emitió vocablo alguno, tan solo una exaltada espiración. No sabía qué podía decirle, excepto que se la quedara. La camiseta. No deseaba tener que pensar en ella ceñida en su ropa siempre que la viera suspendida de una percha en su armario. —No me la devuelvas. —Si Amy persistía, quizá tuviera que considerar quemarla.

Arriba, en el dormitorio, pareció recobrar la voz aún sutilmente alterada, insondable de alguna manera. —Vamos a cenar con el encargado de la inmobiliaria que se ocupa de estas viviendas por aquí. Y su esposa. Supongo que quieren ser buenos convecinos con los nuevos. —Alzó el tono para hacerse escuchar en el piso de abajo, disponiéndose para su propia ducha. La necesitaba. Ahora—. Creo que podemos sacar algo.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Lun Mar 21, 2016 6:53 pm

2
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Salón — por la tarde — ¿Sola?
Y aquel suspiro agudo escapó de sus carnosos labios sin permiso alguno. La yema de sus dedos sobre su piel sensible y expuesta fue más de lo que la agente pudo controlar en aquel momento. Más de lo que esperaba que Norman se atreviese a hacer. Un chispazo de irracional deseo corriendo por su espalda y la necesidad imperiosa de apartarlo de su cuerpo antes de que fuese ella misma quien terminase separando sus piernas y rogando que enterrase aquellos dedos en ella como habría hecho antaño. Ya no era antaño. Ahora ese amor que se habían profesado tan fuerte como ardiente se había marchitado, lo habían olvidado o trataban de hacerlo. Su mejor expresión siempre había sido la cama, o quizás no pero Amy no recordaba a ningún hombre anterior o posterior que la desbocase y saciase como había hecho Norman.

No la quiero—Respondió con afilada lengua en cuanto su sofocante presencia le permitió respirar. Tuvo que tomarse sus minutos, largos, para relajar el incesante bombeo de su corazón y volver a atar sus ideas en corto. Su pecho subiendo y bajando algo más acelerado y sus ojos firmemente cerrados. Increíble pero cierto, Norman conseguía hacerla perder el aliento de forma tan sencilla que hasta enfurecía a la pelirroja. Se recriminaba su obvia debilidad, lo vulnerable que se había mostrado pegándose a aquel sofá como un ratón asustado buscando un agujero en el que meterse.

Su voz llegó lejana y no impidió que sus pies descalzos volvieran a ascender aquellos peldaños, esta vez toalla en mano, para concluir con su ducha. Por si no había quedado claro, porque tenía que dejarlo grabado a fuego tanto en Norman como en sí misma. Se quitó aquella camiseta mojada en la misma puerta del baño, no completamente fuera de su campo de visión, y la dejó tirada en el suelo. Como su relación, algo inútil relegado a un rincón. Él lo había querido así, no ella. Ella habría seguido a su lado hasta el final de los tiempos pero Norman había elegido ser un mártir y convertirla en un monstruo.

Estupendo—Murmuró dejando la toalla sobre el lavabo. A sabiendas de que no la había oído asomó tan solo la cabeza por el marco de la puerta.—Estupendo cariño estaba deseando que me sacases a cenar, sabes que siempre estoy encantada de hacer amigos nuevos—Y tras esas falsas palabras cargadas de sarcasmo podría haber vaciado el contenido de su estómago. Puso los ojos en blanco murmurando algo entre dientes y se dispuso a cerrar la puerta del baño—Voy a terminar de ducharme—Anunció dejando entornado, solo por si acaso.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Mar Mar 22, 2016 4:24 am

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Salón — por la tarde — con Amy
Resultaba absurdo, algo jocoso, con esa clase de carcajada mordaz y áspera al tacto a la que le faltaban un par de terrones de azúcar, que ambicionara encontrar la solución a toda una escabrosa tesitura debajo de un chorro de agua abrasadora. Alivio, en el mejor de los casos, para los ligamentos maltratados y los rígidos nervios de su espalda. Para su pensamiento, que acostumbraban a enfatizar como excepcional y en ese instante no era más que tupida neblina frente a sus pupilas. Para su invención, la última gota que siempre se precisara para desbordar una presa atestada de resquicios.

Efecto placebo. Todo parecía terapéutico, si deseabas que lo fuera.

La ropa se le desprendió —al fin— de la ligera lámina de transpiración en su piel, en el torso y parte de los brazos, hasta la articulación del codo y a causa de alguna constante paralela universal que la física todavía no hubiera estudiado, ella se despojó de la suya a exiguos —ínfimos— pasos de la puerta abierta, concediendo un atisbo de su desnudez, de las veredas de su figura acertadamente perfiladas. Podían compartir algo más que menciones amargas e incisivas saetas que nunca erraban en su diana, o feroces recuerdos que terminarían por engendrar un monstruo en aquella vivienda, vigilante tras cada esquina. O podía, sencillamente, dejarlo estar. No alterar aún más la atmósfera.

Esa camiseta le calcinaba los dedos, al recogerla del suelo y arrojarla a través del corredor, acertando en la caja de desechos del cuarto. Su cuarto. Mejor le vendría comenzar a adaptarse. No había mentido al declarar que ya no la quería entre sus pertenencias, años junto a Amy le confirmaban que olería a ella.

Amy, solo... —Recostado contra el marco de la entrada, fue capaz de advertir el rumor del agua fluir, el vaho sofocante que la elevada temperatura emanaba y el aroma a gel nuevo, recién comprado—. Solo tienes que priorizar este trabajo. —Cerró la puerta a sus espaldas. Tampoco era su representación de velada ideal volver a simular frente a diversos desconocidos que seguía afortunadamente casado con ella—. Estoy seguro de que no será un esfuerzo, es lo que has hecho siempre. —Dar prioridad a su carrera sobre todo lo demás. Debió haber sido como ella y entonces, se martirizaría menos.

¿Sabes que la cortina no es opaca y puedo verte desde aquí, verdad? —No podía, no quería más que enervarla porque así, al menos, se encontrarían en la misma posición. Ni siquiera la miraba. Cuando lo hizo, reparó en que sí podía. Vislumbrar el contorno del cuerpo que hubiese sido capaz de delinear incluso sin ayuda de la mirada.  
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Mar Mar 22, 2016 1:42 pm

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Salón — por la tarde — ¿Sola?
De nuevo en la ducha. El agua cálida envolviendo su cuerpo y el vaho comenzando a pegarse una vez más en el espejo. Las gotas arrastrando el recuerdo del tacto de las manos de Norman, su flaqueza deslizándose por el desagüe y la claridad de su ordenada mente volviendo poco a poco. Solo había sido un instante, apenas más de tres minutos en la que sus cuerpos habían entrado en colisión y, si algo tenía claro Amy, es que no era el mejor momento para unir ambas melodías. Como asteroides debían seguir rutas diferentes en pos de conseguir el uranio, no quería ni pensar cuanto podría afectar a la misión que chocasen de nuevo. Demoledor, barrerían con todo y la agente Morgan era muy consciente de ello. Después de tantos años aquello podía poner en peligro la misión porque Amy volvería a verse atrapada en el fuego de su mirada, y las emociones que peleaban por abrirse paso y volver a salir a la superficie harían añicos su corazón y templanza. Mente fría Amelia se recordó.

Estaba claro que tener un poco de paz no estaba en los planes de Norman y Amy tuvo que reprimir las ganas de abrir la cortina traslucida y gritarle que saliese del baño. Tiempo atrás lo habría invitado, ahora no podía permitirse ese lujo y Norman debía aprender a respetar las distancias entre ellos. Soltó un resoplido amortiguado por el sonido del agua que caía y enterró los dedos entre sus cabellos mojados, masajeando su cuero cabelludo con ojos cerrados en un intento de encontrar la paz mientras se enjabonaba el pelo—No necesito que me digas cómo hacer mi trabajo Norman—Respondió más cansada que cortante. Ella era quién se estaba tomando aquello en serio, él quien estaba convirtiendo casa segundo en una horrible pesadilla de recuerdos y sentimientos enterrados. Ella era la profesional, no Don me cuelo en la ducha.

Y toda su tranquilidad, su paciencia se fue al traste porque ahí estaban de nuevo los dardos envenenados. Escupía veneno más que hablaba y estaba comenzando a hacer un charco de ácido sobre su pecho que iba a hundirla más lo que el agente podía suponer. La cortina se abrió agresivamente, lo justo para ocultar su desnudez en la medida de lo posible mientras su brazo lanzaba con cierta fuerza la esponja empapada contra su cara—¡Sal de aquí Norman!—Rugió la pelirroja. El enfado ardiendo en el fondo de sus azulados ojos—Lárgate a darte cabezazos contra la pared si tantas ganas tienes de hacerte el mártir pero ¡Deja que me duche tranquila!—Tanta agresividad en sus palabras y la ausencia de gritos, no le hacían falta para hacerse entender.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Mar Mar 22, 2016 4:31 pm

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Salón — por la tarde — con Amy
Irónico. La genuina paradoja que se cernía sobre ellos, cíclica, indeleble por más años que hubieran acontecido y tantas misiones arriesgadas como proyectiles se podían contar en el tambor de sus armas, era aquella. Que Norman siempre había interferido en su trabajo; por irritar a la eternamente estoica Amelia Morgan, primero y lograr que le crepitaran las mejillas a través de la bruma de cólera que solía tensarle los labios en tal ademán que había deseado evaporar con la lengua, por inquietud, después, porque tal vez no lo hubiese manifestado con frecuencia y debiera haberlo hecho, pero el continuar respirando se hallaba supeditado a verla regresar a su lado. Exhausta, no obstante a salvo.

Se propuso, contra sus deseos, disculparse de ese modo tan suyo que consistía en un soplido exasperado y la promesa entre dientes de que no tenía por qué alarmarse, de que iban a retornar al cuartel con un elogio más que conservar en los colmados archivos de su estudio. No sería un borrón en su carrera. Ella no había querido que lo fuera.

Antes de que Amy despedazase el pacto que su razón ya estaba acordando, haciéndolo trizas con su retahíla y la nebulosidad reflejada en sus retinas. Se equivocaba, no había sido nunca su antojo el de convertirse en la víctima, ni a ella en el verdugo. No era más que su manera de declarar que dolía no haber sido lo más importante. —¿Crees que quiero fustigarte por todo esto? Por favor, Amy, solo dejé de confiar en ti.Eso era todo. Y la primera vez que lo admitía frente a ella, acerado, tanto que se escuchó a sí mismo guillotinar cualquier vestigio de armonía que todavía ondease en el ambiente vaporoso.

No... —¿No quería decir eso? Sí, había sido su propósito. Un poco de sinceridad no los sepultaría, no más de lo que ya estaban.

Apartó de su rostro enardecido las hebras de su cabello que hacían inalcanzable el afán de mirarle a los ojos y entonces, los dedos resbalando por la piel húmeda de su mandíbula y el aliento opresivo de su boca inflamada, advirtió que se había precipitado hacia ella sin tan siquiera razonar. Que su fragancia no era la que recordaba y eso lo mortificaba. Y que quizá sí pudiera hacer que, por unos instantes, se impregnase de él.

La palma de una mano extendida sobre el vientre desnudo lo abarcaba plenamente, las yemas casi rozando esa llanura en mitad de sus piernas y el pulgar de la otra acariciaba lánguido su labio inferior. Flexible al tacto y sedoso, tanto que la necesidad de capturarlo con los dientes y saborearlo a dentelladas resultó abrumadora de un modo exorbitante, improbable de ignorar.   
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Miér Mar 23, 2016 11:35 am

2
moist
Salón — por la tarde — ¿Sola?
Y la simpleza con la que sus palabras abandonaron sus labios golpearon la mejilla de Amelia como un bofetón. De hecho, una vez más, habría preferido el golpe físico. Sabía que no confiaba en ella, siempre lo había sabido pero oírlo de sus labios dolió. Dolió tanto que se olvidó de respirar, se olvidó del agua caliente y de que estaban en una misión. La mano aferrada a la cortina se apretó contra su pecho y agradeció que el vaho y el agua camuflasen cualquier señal de dolor o tristeza que sus ojos pudieran dejar ver. Tenía que recuperarse rápido, tenía que centrarse en la cena de aquella noche y en encontrar el dichoso uranio y a su comprador, cuanto antes terminase con eso antes volvería a casa. No tendría que volver a enfrentarse a los fantasmas del pasado que arañaban su espalda dejando heridas en carne viva.

A pesar de todos sus reflejos y de sus años de experiencia fue incapaz de detener a Norman, fue incapaz de zafarse de sus manos que la hicieron temblar de pies a cabeza una vez más. Sus manos se aferraron con tal fuerza a la cortina que las primeras arandelas saltaron y la mitad de la tela se descolgó pero a ninguno de los dos pareció importarle. Sus manos ardían contra su piel, su respiración se volvió pesada y no era precisamente por el vapor de agua — ¡Norman!— Exclamó más por la sorpresa de su arrebato que por la molestia del mismo. Debería molestarle y ella lo sabía, debería apartarlo y en su lugar sus manos traicioneras tan solo se posaron sobre su pecho, expectantes sin llegar a alejarlo pero tampoco acercarlo.

Luchó arduamente contra el impulso de morder aquel dedo e invitarlo definitivamente a la ducha, luchó contra las ganas de devorar su boca y hacerle pagar todo el daño que le había hecho.—¿Norman qué quieres de mi?—Y su voz perdió toda hostilidad, perdió el aplomo y el veneno habitual. Era una pregunta sincera, una pregunta desnuda más allá de estarlo literalmente. Sus dedos ascendiendo por su cuello hasta sostener sus mejillas con un reflejo del cariño de antaño. Quería ceder, quería doblegarse ante su tacto y olvidar que una vez se hicieron daño, olvidar que ahora la odiaba. Olvidar que era la culpable de haber hecho pedazos su corazón.

Una vez más ese hombre era su perdición, era quien descolocaba todos sus esquemas y la empujaba a la irracionalidad, a dejarse guiar por unos sentimientos que quería esconder y no podía. Con Norman siempre había sido todo tan intenso, tan real que su ausencia dolía como si se hubiese despertado en otro mundo y no encontrase la forma de volver a su vida, a su cuerpo.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Jue Mar 24, 2016 1:52 pm

2
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Salón — por la tarde — con Amy
Pequeña y cubierta de gotas que perfilaban trazos sobre su su piel, aparentaba ser más joven. Joven y principiante, molesta en ocasiones pero siempre incansable. La misma visión delirante que se dejó acariciar inclusive las arterias de las muñecas en un ruinoso motel extraviado en la nada, años atrás; cuando la desnudó al compás del parpadeo de un rótulo de neón y no supo ver que una noche sería insuficiente.

La incertidumbre en su voz era una suave brizna que amagaba con quebrarse y se le ocurrió, ebrio en la tonalidad apacible de sus ojos, que quizás no fuera la confianza lo único que se marchitó entonces y quizás no lo hubiese consumido exclusivamente a él. Tal vez, ella se hubiera roto un poco también. —A ti. —Nadie podía tener los ojos tan azules. No debía ser lícito—. Solo… a ti. —Certeza descarnada, extirpada a base de vanos desafíos por boca de ambos. No había nada más, en millas a la redonda hasta comprender todo el condenado globo, que quisiera.

Se dejó enviciar en sus labios, cómo no hacerlo. En la tersura de los mismos y la osadía de su lengua al entreabrir el umbral de su boca con los incisivos sublevados, consintiendo el paso a cualquier recodo que su memoria pudiera evocar. Sabía cómo besarla, más de lo que sabía cómo sobrellevar el peso de su mirada sin abdicar de su dignidad.

Los dedos, eternamente indómitos, no hallaron reposo o armonía en región alguna de su cuerpo, pasajeros de todas ellas con un roce impetuoso que parecía no encontrar desenlace propicio. En ese espacio de su mente que había arrojado al baúl de las alusiones perdidas, conservaba el atlas de la piel de Amy, todo estepas de aroma salino y prominentes cordilleras; y una docena de deleitables imperfecciones en las que había derrochado horas solícitas de su boca. El cartógrafo que habitaba en su interior, las conocía todas.  

No todas.

Se benefició de ese instante, tan solo uno en el que sus pulmones clamaron por un soplo de aire que no compartieran también los besos de Amy, para sondear sus trazos en busca de la cicatriz que sus yemas habían acariciado. Le separó las piernas con manos firmes, a la altura de los muslos, la mirada inmóvil en la ceñida estría levemente más afilada, dañando el ideal de su piel marmórea. —¿De dónde es? —Siguió la ruta con los labios, arriba, más arriba, casi hasta el fin de su pierna y después abajo, con la lengua. Te he echado de menos, vocalizado contra su cuerpo de manera cobarde, a sabiendas de que no podría escucharlo.

Íntimo, quizá demasiado para soportarlo, selló los dientes en la herida ya cerrada. Aquellas señales solían recordarle que poseía más determinación que todo el cuartel, que estaba viva y que era suya.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Hellcat el Vie Mar 25, 2016 2:24 pm

2
moist [+18]
Ducha — tarde — Con Norman
Las palabras se extinguieron en sus labios húmedos. No supo que responder, no supo cómo responder. Las cartas de aquel castillo de naipes caían sin control, volando en todas direcciones y provocando pequeñas heridas, cortes del desgaste de una relación que no había encontrado el descanso ni tras la sepultura. Amy no estaba segura de si quería abofetearlo por ser tan egoísta o arrancarle la ropa e igualar sus condiciones, tampoco pudo pensarlo cuando sus labios volvieron a fundirse con los propios y no pudo más que ahogar un pequeño gemido de sorpresa en su boca. Casi había olvidado la última vez que había cerrado los ojos para perderse en el delirio de su lengua, la última vez que habían compartido saliva y mordiscos. Era inútil seguir hablando cuando podían desgastarse con la fricción de sus cuerpos y, en contra de lo que su mente y corazón demandaban, su cuerpo quería volver a sentir a Norman como parte de ella. Un consuelo de bobos.

Una de sus manos firmemente anclada a su cuello, aferrando sus dedos a su cabello como si temiese que al perder su boca fuera a perder su único medio para seguir respirando. La otra tiró de la cintura de su pantalón metiéndolo bajo el agua caliente, acercándolo a su cuerpo. Su espalda desnuda chocó contra la fría pared ganando la estabilidad suficiente para elevar su pierna izquierda hasta su cadera. El pantalón, áspero rozando contra su piel desnuda y ardiente le arrancó un gemido que murió en la garganta del que fue su amante, del que fue el dueño de su corazón. Si era posible que algo saliese mal en aquella misión empezaba por tener sexo con su ex marido en la ducha por un arrebato, pero no había nada en aquel mundo que pudieran apartar sus manos del cuerpo de Norman que tanto había echado de menos. Sus dedos expertos recorriendo la musculatura conocida de sus abdominales, sus costados. El intercambio de saludos entre sus pieles, tan impunes como tímidos.

Su pierna esbelta abandonó su cintura volviendo a tomar el suelo como punto de apoyo y boqueó en busca del oxígeno perdido en aquellos labios encarnados por la violencia y la necesidad de sus besos. Enrojecidos y aún demasiado necesitados de su atención. Al igual que Norman bajó la vista, ya conocía aquella cicatriz. La más reciente, una completa desconocida para él y un motivo para sonreír de forma amarga para ella. Habían cambiado, ya no eran los que fueron y la pelirroja no sabría decir si aquello sería buena o mala señal, tampoco quiso pensarlo mientras rodaran sus labios por su piel enviando placer a través de todos sus nervios hasta su espina dorsal. El calor acumulándose entre sus piernas sin remedio alguno y la razón terminando por abandonar su cuerpo en pos de la lujuria.

Texas, hace unos meses. Fue una simple pelea de bar—Mencionó echando la cabeza hacia atrás, solo había sido un altercado después de que un novato hiciese saltar su tapadera por lo alto y la arrastre a ella en el caos de la contienda—Tenemos una cena Norman—Le recordó arrastrando sus uñas por sus hombros, ascendiendo por su nuca en una petición silenciosa de que aquellos besos no terminasen. Controladora, provocativa y segura de qué quería. Ya que la había arrastrado hasta ese punto se dejaría hundir en los recuerdos del ayer un poco, desear sus manos, sus besos y su cuerpo. Jamás había dejado de hacerlo, solo no se daba ese lujo.
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Re: Like a gun loves bullets

Mensaje por Nyadeh el Sáb Mar 26, 2016 8:52 am

2
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Salón — por la tarde — con Amy
Sus dedos acariciaban la delicada huella sobre la piel sin tregua, pues no poseían una que ofrecer, describiendo órbitas que la misma Vía Láctea envidiaría. Como si ambicionara revocar así esa reciente incisión que no sentía suya, pulir la porcelana de su cuerpo hasta ocultar dicha fisura. Tal vez así fuera, tal vez no deseara que alguna superficie de la silueta de Amy le resultara irreconocible, de ese modo egoísta con el que aún pensaba en ella. Debió haber sido él; en Texas, en cada territorio al que fuese asignada y quizá lo sería, si no hubiera rehusado trabajar con ella, reduciendo su relación a tropiezos en corredores atestados en Virginia. Alzó la mirada sin indicio de humor y casi, casi pudo garantizar que su voz se estremeció tenuemente —Algún día, Agente Morgan, este trabajo va a acabar contigo. —Y después, con él.

Se permitió una sonrisa libre de recelo, de nimios remordimientos que no tenían cabida en un espacio en el que ella aguardaba por él, desnuda y empapada, los ojos y la epidermis y las entrañas al descubierto. La aproximó hacia su boca, todavía más, las manos sobre las curvas idílicas de tacto sedoso y una de las extremidades femeninas terminó reposada sobre su hombro, exhibiendo todo lo que atesoraba entre los muslos de alabastro. Gotas templadas reptaban por su vientre, prosiguiendo el curso natural de la gravedad y las retuvo con el vértice de su lengua, dispersándolas sobre la piel en la que se hubiera afincado hasta el último milenio. Descendió, todo lo que fue capaz sin rozarla donde la carne era más cálida y la cualidad más íntima de Amy, recóndita; las uñas exigentes firmaron muescas en sus ligamentos, arrancaron graves siseos de sus labios y solo entonces, la abrió para él. Norman era el nómada de un paraje asolado y ella el único alivio, por cómo su boca ávida buscaba los gemidos extraviados en el centro de su menudo cuerpo, sembrando temblores con la lengua y estelas con los dientes.

La presión pulsante en los músculos de ella era semejante a la que latía en sus sienes, inmoderada, imposible de tolerar. Mordió junto a los salientes huesos de sus caderas, iniciando un rumbo serpenteante cimentado en livianas dentelladas sobre su abdomen, el torso y los hombros crispados. Cubrió su pecho con las manos, carencia de suavidad bajo la tiranía de sus dedos largos.

Date la vuelta, Amy. —No recordaba su propia voz de aquella forma, áspera, algo descompuesta y de una densidad tal que pudiera enterrarlos a ambos.

Succionó en el nervio tenso de su cuello, afán de sellar su nombre también ahí. —Por favor, date la vuelta. —Murmurado en el desvío de su mandíbula, más imposición que ruego en esencia.
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