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— The pride of the District One.

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— The pride of the District One.

Mensaje por Psychonaut el Lun Abr 25, 2016 5:19 pm

The pride of the district one
Los cinucuagésimo segundos juegos del hambre están a punto de comenzar, y Panem se está preparando para este evento de tal calibre. En el distrito uno, como es de esperar, el acontecimiento anual se espera con gran expectación. Las familias con hijos en edad de la cosecha alardean fervientemente sobre los mismos y éstos también se pasan el día diciendo con la boca bien llena que serán los primeros en presentarse como tributo para así poder llegar a estos juegos y ganarlos.

Y, sin embargo, aunque sí la mayoría, no todos son así. Hay niños y niñas en edad de cosecha que por muy del Distrito Uno que sea, les gustaría no tener que verse involucrados en los juegos...mucho menos cuando saben que este año el Mentor será Eliah Slaighton, cuya fama asciende a demasiado duro, incluso tratándose del Distrito 1. Entre estas personitas se encuentra Tanzanite, una chica que se encuentra en su último año de cosecha, de la que no se podrá librar, porque el destino que le quede en casa o será mucho mejor si no es capaz de levantar la mano a tiempo para entrar en la arena.

Sin embargo, esto aún está por decidirse en el Día de la Cosecha.
Eliah Slaighton
28 | mentor | Travis Fimmel | Artisaweapon
Ganó los 42 Juegos del hambre, ambientados con un clima desértico que dificultaba el bienestar físico de los tributos pero que proporcionaba numerosos escondites gracias a las múltiples ruinas que se encontraban repartidas por la Arena.
Eliah no trató de ocultar en ningún momento su personalidad agresiva y confiada, después de todo, no dejaba de ser un tributo del orgulloso Distrito 1. Sin embargo, a diferencia de lo que se esperaba de él, no formó alianza con el resto de tributos profesionales, ni siquiera con su compañera de distrito. Acabó con ella tan pronto como se la encontró, pues ambos habían seguido la misma estrategia y con la destreza propia de un profesional; una saeta de la ballesta que había conseguido en la Cornucopia atravesó con facilidad su garganta, haciendo que la fémina se ahogara en su propia sangre. Aquello le había costado algunos patrocinadores, pero el chico Slaighton estaba convencido a ganar por su cuenta e ignoraba la mayor parte de los regalos de los patrocinadores, menos la comida y el agua, pues ésta era casi imposible de conseguir en aquel en torno y muchos tributos habían muerto ya de inanición y deshidratación y aquello fue lo que le dio la idea de fingir su muerte cuando solo quedaba una persona en pie; otro de los profesionales.
Tras una persecución, se dejó caer al suelo, fingiendo haber perdido el conocimiento por un golpe de calor y cuando el otro tributo se cernió sobre él, lo derribó y hundió sus dedos en los globos oculares de éste, ofreciéndoles un macabro espectáculo a todos los habitantes de Panem; un espectáculo en el cual no dejó de sonreír en ningún momento. Cuando aquel último tributo dejó de moverse, fue coronado vencedor con 18 años.
Como la mayoría de vencedores de distritos profesionales, fue colmado de toda clase de lujos en el Capitolio donde la pequeña estancia que tuvo allí aunque en algunas ocasiones no a cambio de nada, por supuesto. Sin embargo, no era algo que le molestara, después de todo, había nacido para aquel momento...Y a decir verdad, no le habría importado regresar a la arena. La relación con la gente del 1 se complicó un poco tras haber matado a su propia compañera, pero era profesionales después de todo, así que pronto fue olvidado. Había tenido pocos tributos a los que servir de mentor, pues normalmente lo dejaban como la última opción al haber estado a punto de matar a varios de ellos por no haber sido lo suficientemente buenos en los entrenamientos o no superar sus expectativas. Y si se era sincero, no entendía por qué, ¿acaso no estaban preparados para ir a los Juegos y llevar honor al distrito? Y si no lo estaban, era mejor que murieran a que dejaran en ridículo los esfuerzos realizados por los anteriores vencedores. Los esfuerzos realizados por él.
Tanzanite Gurts
18 | tributo | Ebba Zingmark | Psychonaut
Tanzanite es hija de dos famosos joyeros que trabajan haciendo piezas de diseño único para las familias más ricas del capitolio. Es la mayor de tres hijos, y la única niña de la casa, pues sus hermanos pequeños son ambos varones. A pesar de que ha sido riada bajo los ideales y creencias del Distrituo 1, Tanzanite jamás entendió ni vio con orgullo la práctica que supone tal evento como Los Juegos del Hambre. De hecho y aunque jamás lo haya dicho en voz alta a nadie, está en contra, lo ve completamente una masacre. Pero, como buena hija del Distrito 1, siempre fue presionada por sus padres para entrar en la academia de entrenamiento y conseguir convertirse en toda una profesional que fuese capaz de ganar los juegos.
Incapaz de no decir la realidad que suponían los juegos para ella, siempre se escondió tras una máscara de introspección. Por eso es una chica que realmente no tiene muchos amigos. No quería ir a la academia, pero fue, y al mismo tiempo que aprendía a tallar piedras preciosas, también aprendía a correr, a utilizar la fuerza del contrincante (teniendo en cuenta que ella siempre fue una enclenque, por lo que sus instructores decidieron que por ahí podía sacar buena ventaja) y a utilizar armas poco pesadas como dagas o cuchillos con la rapidez y destreza que fuesen implacables y mortales. Simplemente le faltó siempre ese instinto asesino que en su distrito parece venirles de serie.
A pesar de llevar prácticamente toda la vida preparándose para ello, realmente no quiere ir a los juegos. Pero la presión que ejercen sus padres en ella es tal, que sabe que si no consigue llegar a tributo será la deshonra de la familia y las torturas en el mismo distrito podrían ser peores que encontrar la muerte en la Arena. Por eso está dispuesta a llegar a tributo femenino de su distrito, sea como sea. Y lo que pase después...ya poco le importa.
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Re: — The pride of the District One.

Mensaje por artisaweapon el Miér Abr 27, 2016 1:43 pm


Eliah Slaighton | Distrito 1 | Mañana
Con un gruñido, el vencedor de los 42º Juegos del Hambre se dio la vuelta en la cama. Sabía qué día era aquel, básicamente porque oía el bullicio de las calles de la Aldea de los Vencedores. Y también sabía que, después de al menos dos años, le habían permitido volver a ejercer como mentor. Qué molestia.

Se incorporó en la cama con obvia pereza y fulminó con la mirada al chico avox que se estaba encargando de abrir las cortinas de su amplia habitación, pero tras eso, se dejó arreglar y trenzar el rubio cabello mientras devoraba el desayuno que se habían encargado de prepararle y posteriormente, dejó que le recortaran la descuidada barba. Sin duda, su aspecto era de las cosas que menos le importaban ya que pocas personas en el 1 se relacionaban con él. En realidad, había sido así siempre. Después de todo, siempre había sido raro por no tener nombre de piedra preciosa. ¡Cómo si hubiera necesitado de la compañía de aquellos imbéciles que habían sido sus compañeros de escuela y de academia! Ya lo había demostrado al asesinar a Ruby, su compañera de distrito en los Juegos.

Durante aquellos días, había visitado la academia para ver qué clase de tributos se podría encontrar en la Cosecha, y si bien la mayoría eran los perfectos asesinos, había otros que aún dejaban que desear. Como fuera. Con él como mentor, era imposible que el Distrito 1 no obtuviese la victoria aquel año.

Amante del lujo como era, no rechazó las vistosas ropas capitolinas que los vencedores vestían en días especiales como aquel y cuando estuvo listo, abandonó la espaciosa casa, tirando al suelo de un empujón a un avox que se chocó contra él por accidente cuando fue a poner un pie fuera y una vez en el exterior, alzó la vista al cielo, que estaba completamente despejado.

- ¡Eh! ¡Eliah! – una voz femenina se alzó a la izquierda de donde se encontraba el susodicho.

Slaighton ignoró la llamada de atención y echó a andar, aún a sabiendas de que la mujer que lo había llamado lo seguiría. Ella había sido la otra opción como mentora aquel año. Miró de soslayo a la rubia cuando ésta llegó a su lado y chasqueó la lengua con evidente molestia al escucharla preguntar cuántos huesos le rompería a los tributos en el tren de ida al Capitolio. No era la única que le recordaba con demasiada frecuencia cómo le había roto un brazo a su primer tributo masculino. Él no lo veía para tanto. ¿Para qué quería un brazo con el que era más torpe que un gato sin cola o sin bigotes?

Continuó haciendo caso omiso del intento de conversación amistosa – y falsa – por parte de fémina, soltando tan solo algunos comentarios ofensivos de cuando en cuando para intentar ahuyentarla, aunque no diera sus frutos. Cuando llegaron a la plaza principal del distrito, que estaba lujosamente engalanada con motivo de la Cosecha, ambos tomaron caminos distintos, ya que él debía tomar asiento en el escenario y una vez allí, sus azules orbes otearon a los grupos de chicos y chicas, en busca de aquellos que le habían gustado en sus visitas a la academia y cuando los localizó, sonrió para sí mismo. Había hablado con ellos – más bien amenazado – para que se presentaran voluntarios, aunque ya de por sí hubieran tenido la idea de hacerlo.

Sus divagaciones internas se vieron interrumpidas cuando la extravagante azafata del Capitolio subió al escenario con un traje que parecía estar hecho de pompas de jabón y una peluca de varios tonos de azules y una cantidad exagerada de purpurina. Como todos los años, se proyectó el vídeo del Capitolio para recordar el porqué de los juegos y finalizado éste, la mujer capitolina dio un pequeño discurso que sin duda, fue tan aburrido y repetitivo como siempre. Incluso lo hizo revolverse en la mullida silla debido a la impaciencia.

- …Y como siempre, ¡las damas primero! – canturreó la mujer, dirigiéndose hacia la enorme urna donde todos los nombres de los jóvenes de entre 12 y 18 años se encontraban.

La azafata introdujo la mano en el cristalino contenedor y extrajo un papel perfectamente sellado. El vencedor volvió a revolverse en la silla, haciéndose incluso un poco hacia delante, expectante mientras por su mente cruzaba el nombre de la chica que quería que fuera su tributo aquel año. Tal vez la suerte estuviera de su parte aquel año.

- ¡Sapphire Hayden! – exclamó la mujer con una gran sonrisa mientras sus ojos buscaban a la susodicha, que no fue muy difícil de localizar debido al coro de vítores mientras la joven morena empezaba a dirigirse al escenario.

Bueno, no está mal. No pudo evitar pensar aquello, aunque en el fondo sabía que aquella joven no sería la que iría a los Juegos, pues antes de que llegara al escenario, habría una avalancha de voluntarios, pero solo la más rápida podría hacerse con el puesto.




Última edición por artisaweapon el Lun Mayo 02, 2016 12:38 pm, editado 1 vez
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Re: — The pride of the District One.

Mensaje por Psychonaut el Sáb Abr 30, 2016 10:45 pm


Tanzanite Gurts | Distrito 1 | Mañana
Aquella mañana se levantó como cada mañana, una cualquiera. Justo antes de que su madre pudiese entrar y gritarle por vaga, ella ya se ponía en pie. Pero aquella no era una mañana cualquiera. Cuando su madre entró en la habitación, abriendo la puerta sin ningún miramiento, se quedó mirando a la rubia seriamente, directa a los ojos, sin pestañear. No hacían falta palabras, lo habían dicho tantas veces que ambas sabían que aquél no era el momento. Era el momento en el que ella simplemente tenía que aceptar su destino o acatar las consecuencias.

Abrió las cortinas de su ventana cuando su progenitora salió del cuarto de nuevo para dejar entrar el sol. En aquél momento le parecía un bien demasiado preciado. Con un refunfuño se acerco al vestido exclusivamente preparado para hoy. Se quitó el pijama (una camiseta vieja y la ropa interior de abajo), se enrolló en una toalla y se metió en la ducha. Salió minutos después, con el pelo enredado en otra toalla, para ponerse aquellas ropas. Un auténtico asco. Lo único que le gustaba de la academia era el chandall sencillo que utilizaban para entrenar. Así estaba cómoda. Lo demás era todo una pomposidad que veía absurda.

Fue a desayunar con la familia. Cuando se sentó en la mesa, su padre ya la miraba, juzgándola severamente. — Hoy es un día muy importante, Tanzanite.  — Comentó su padre, con aquél típico deje de autoridad. — Sí, padre.  — Contestó, algo desganada, pero aguantando la mirada. Habían sido 18 años de desprecios y un poco de malos tratos, a aquellas alturas tenía más que aceptado su destino. — Espero que estés preparada para ser la más rápida...o te aseguro que no te dedicarás a tallar piedras preciosas toda la vida.  — Sus hermanos pequeños soltaron una risita. — Sí, padre.  — Respondió, en modo automático. Como si no lo supiera. Como si no estuviera segura de que él mismo se encargaría de eliminar a su propia hija si no representaba a la familia Gurts como era merecedora. Por lo menos en la arena tendría la oportunidad de morir con algo de dignidad. O por lo menos intentarlo.

No sabía cuál de las dos era peor perspectiva.

Todos se reunirían en la plaza central del Distrito 1. Tanzanite no era ni odiada, ni amada. Se la conocía como rápida y eficaz, pero tampoco como destacable. Esa era su fama según las cosas que había tenido la oportunidad de leer en alguna ocasión. Nadie se aterrorizaría de que ella fuese la primera en levantar la mano, aunque tampoco la propondrían como favorita, al menos no al principio. Pero ella no esperaba gustar, sólo librarse de aquella familia vacía y distante, cruel.

Por regla general, los mayores iban los últimos, pero debido a como los chicos se entrenaban para ser los mejores de los Juegos, como tributos profesionales, en este caso dejaban a los de último año al inicio de las filas para que sus gritos se escucharan mejor, con más claridad, para poder determinar al ganador. Tanzanite se aseguró de estar en buena posición, cerca de donde la viese la azafata del Distrito 1, que a su vez hacía de juez en aquél juicio.

Sólo había una manera de salir de aquél embrollo victoriosa, y era que su nombre saliese de la urna. En ese caso no iría a los juegos ni podrían culparla por ello. Pero oh, claro que no. La azafata canturreó el nombre de Sapphire Hayden. Tanzanite dejó de respirar al instante.

— ¡Me presento voluntaria como tributo!  — Lo dijo tan rápido que ni si quiera fue capaz de pensar en lo que estaba haciendo en ese momento. Se había repetido tantas veces en su cabeza que era lo que tenía que hacer que su mano se movió automáticamente y su voz se alzó en el momento perfecto, justo antes de que nadie pudiese repetir de nuevo aquella frase. Obviamente, justo momentos después de la suya, otras voces femeninas gritaron con la misma rabia que ella.

Pero ya era demasiado tarde. Demasiado tarde para todos.

La azafata la miró, con los ojos brillantes. Aquél espectáculo en su distrito y en el 2 debía ser genial para la gente del Capitolio. Tanzanite miró desafiante hacia adelante cuando ella dijo un "Acércate, muchacha rubia, sube" sobre el micrófono, y hacía un movimiento serpenteante con su mano. La chica avanzó decidida hacia adelante, subiendo al escenario. — ¿Cómo te llamas?  — Preguntó la azafata, inquiriosa. — Tanzanite Gurts.  — La rubia se dio cuenta de que de repente se había hecho un silencio, y que empezaba a ser interrumpido por murmullo. — Muy bien, muy bien, Tanzanite, bonita, ven por aquí.  — La llevó a un lugar unos pasos más atrás al escenario y volvió al micrófono. — Y ahora, los caballeros.  — Tanzanite tenía su visión ahora desde el escenario. Buscó a su familia, para encontrarse con los rostros, por primera vez sonrientes, de sus padres. Sonrientes porque se iba a la carnicería anual. Le daba asco estar allí. Y ya no había vuelta atrás. Fue como si un reloj hubiese comenzado a contar sus últimos tics.


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Re: — The pride of the District One.

Mensaje por artisaweapon el Lun Mayo 09, 2016 12:39 am


Eliah Slaighton | Distrito 1 | Mañana
Sus ojos no tardaron en localizar a la chica que había conseguido presentarse voluntaria en primer lugar y una oleada de decepción le recorrió el cuerpo al percatarse de que no se trataba de una de las chicas en las que más se había fijado en la academia. Es más, ni siquiera la recordaba. ¿Sería aquello bueno o malo? Esperaba que al menos no fuera una completa inútil o habría consecuencias para ella, desde luego.

Escuchó con atención el pequeño intercambio verbal entre ambas mujeres una vez la chica llamada Tanzanite hubo subido al escenario, y tras unos segundos más de observación, sus ojos azules siguieron el breve camino de la azafata de vuelta a donde se encontraban las urnas, siendo esta vez la de los varones en la que introdujo la mano.

- ¡Diamond Nightray! – exclamó la mujer con aquella cantarina voz que poseía mientras escaneaba la multitud con la mirada, esperando el primer grito de ofrecimiento de voluntario, que no tardó en llegar de boca de un tal “Silver Penhallow”.

Eliah se acomodó contra el respaldo del asiento mientras observaba al corpulento chico rubio subir, sintiéndose satisfecho, pues al menos sabía que aquel chico era diestro en el manejo de armas de corta distancia y que era un experto en combate cuerpo a cuerpo. Si la chica, Tanzanite, resultaba ser un estorbo, se ocuparía él mismo de ordenarle a Silver que la asesinara durante la primera noche en la Arena. No habría miramientos entre sus tributos por ser simplemente del mismo equipo, o al menos, él no pensaba permitirlo, y vetaría a los patrocinadores de aquel que no siguiera sus órdenes. Las cosas se harían a su manera.

Cuando finalmente toda aquella pantomima capitoliense se acabó cuando ambos tributos se estrecharon las manos y los condujeron al tren. Eliah sabía que debía tener cuidado con lo que hacía, porque era consciente de que los Agentes de la Paz del tren estaban avisados de que tenían que tener un ojo en él, y aquello no le hacía la menor gracia al vencedor. Tras subir al tren, acudió al vagón principal, donde ambos tributos ya se encontraban sentados en sus respectivas butacas, y se apoyó contra el marco de la puerta, analizándolos desde aquella posición sin mostrar ninguna clase de expresión mientras lo hacía. Sabía que ellos ya lo conocerían, pues su fama no era poca a pesar de no ser, en absoluto, positiva.

- Soy Eliah Slaighton, vuestro mentor. – se presentó, empezando a caminar hacia la butaca libre en frente de ambos adolescentes, donde se dejó caer sin ceremonias y cruzó una pierna, apoyando los codos en los reposabrazos. – Y este año el Distrito 1 ganará. Me da igual cuál de vosotros sea, pero uno será coronado vencedor de los Juegos del Hambre de este año.

Se quedó callado durante unos segundos, estudiando las reacciones de sus tributos, analizando si parecían estar demasiado nerviosos o estaba seguros, como todos los tributos profesionales solían estar por su nivel y por las facilidades que obtenían del Capitolio. Eran escasos los años en los que no había ganado un profesional, y aquel año no sería distinto.

- Tú. - señaló a la joven rubia con la barbilla, apoyando la mejilla en el dorso de una de sus manos con actitud casi desinteresada. - ¿Qué sabes hacer? No recuerdo haberte visto en las pantallas de ranking de la academia, rubia.


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Re: — The pride of the District One.

Mensaje por Psychonaut el Miér Mayo 11, 2016 1:19 pm


Tanzanite Gurts | Distrito 1 | Mañana
No pudo darse cuenta de lo real de la situación hasta que la azafata del Capitolio dejó de hacerle caso para elegir al Tributo masculino que no iría a los juegos, y que sería reemplazado por el más rápido...como había pasado con ella. Menos mal que tenía la velocidad de su lado, tanto en la palabra como en el acto. No quería seguir mirando a su familia, por lo que volvió el rostro a sus compañeras de edad del Distrito, que la miraban con una mezcla de srpresa, rabia, y envidia. Estaba segura de que ninguna de ellas se esperaba aquello, pues Tanzanite jamás expresó sus ganas de ir a los juegos...por que no las tenía.

Un tal Silver Penhallow subió al escenario junto a la azafata y se presentó, con un gesto mucho más orgulloso que el de la, cabía reconocer. Fue entonces cuando Tanzanite se acercó para saludar al que sería su Tributo compañero y seguramente otro enemigo más en la arena. Tal vez no los primeros días, pero sí eventualmente. Era más corpulento, y parecía claramente más violento que Tanzanite. Lo que la rubia no entendía del todo, es por que precisamente ahora comenzaba a medir sus posibilidades de salir de la arena...cuando era algo en lo que no había pensado nunca anteriormente.

Después de aquello, una muy breve despedida con la familia. El revuelo e hizo más presente cuando el resto de personas pudieron volver a sus casas excepto Tanzanite y Silver, y las familias que se quedaron para despedirse de ellos allí mismo, pues en breves partirían hacia el tren que los llevaba al Capitolio. Teniendo en cuenta que era el distrito más cercano al mismo, el viaje no era muy largo. Los tributos del Distrito 1 eran los que antes llegaban, y por tanto los que más tiempo pasaban en la ciudad principal de Panem antes de que comenzaran Los Juegos...lo que sólo suponía unas pocas horas de ventaja en las que realmente no tenías más que hacer que regocijarte en el lujo.

La despedida no fue muy emotiva, la chica casi tenía ganas de que finalizara. Su padre no paraba de repetirle lo orgulloso que estaba. Todo patrañas, ella lo sabía. Se habían querido librar de ella desde que nación ¿Por ser mujer? La verdad es que no tenía ni idea, pero era lo que había. Así que cuando se subió al tren que los llevaba al Capitolio. Se sentó en uno de los sillones de los Tributos, al lado de Silver, que le dedicó na mirada decepcionante. — Pensé que Rubby sería mi compañera...¿cómo lo has hecho?.  — Le preguntó con desdé, pero a Tanzanite no le dio tiempo de contestar, pues en ese momento, irrumpió el que iba a ser su mentor.

Y cuando le observó acercarse a ellos, casi pensó que mejor destino habría sido morir a manos de su padre. Le conocía, sabia quién era. Lo que había hecho durante sus juegos diez años atrás y lo que hizo después con los tributos que se suponía que tenía que cuidar hasta que llegaran a la arena.

Estaba perdida.

Se tensó cuando se dirigió hacia ella, haciendo mención de que no tenía ni idea de quién era. Eso era malo. ¿La elegiría como saco de palo aquél año? Probablemente. Tnzanite ya estaba acostumbrada a ser un saco de palos.

— Soy lo suficientemente rápida como para clavarte una daga en el ojo, y por consiguiente en el cerebro, antes de que puedas decir arena.  — Le dijo, mirándole directamente a los ojos...y con absolutamente ningún tipo de convencimiento. Técnicamente, pensando en los años de entrenamiento que había recibido, y en sus puntos fuertes, sí que podía hacerlo. Otra cosa es el mal sentimiento que le venía sólo con el hecho de pensar que tenía que matar a alguien. Pero debía mostrarse fuerte ante aquél hombre o ella sí que no llegaría si quiera a la arena. El problema era...que no era fuerte. Ni agresiva, ni tenía instinto asesino. ¿Cuánto podría fingir que sí era así? La iba a descubrir...seguro.


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Re: — The pride of the District One.

Mensaje por artisaweapon el Vie Mayo 13, 2016 5:00 pm


Eliah Slaighton | Tren | Mañana
Una carcajada se escapó de entre los labios del mentor antes aquella respuesta, que sin duda, no había esperado. ¿La chica quería jugar? Jugarían entonces. Con parsimonia, se levantó de la butaca y se acercó a la mesa cercana, en donde reposaba lo que fácilmente podría haber sido llamado un banquete y de donde cogió un cuchillo de sierra, el cual giró en su mano diestramente y se acercó a la butaca de la fémina.

Agarró con brusquedad la muñeca de Tanzanite, tanta que probablemente de haber hecho algo más de fuerza tal vez podría habérsela dislocado si tiraba con fuerza, y le puso el cuchillo en la mano, guiándola entonces tan cerca de su ojo, que al parpadear, la punta del cuchillo rozaba con sus pestañas, más en ningún momento desvió la mirada de los ojos ajenos.

- La gata saca las uñas, pero, ¿será capaz de usarlas? – preguntó arrastrando las palabras de un modo que podría haberse considerado amenazador. – Puedo sobrevivir sin un ojo, la cuestión es si eres tan valiente como afirmas ser como para sacármelo, niña.

No habían pasado ni cinco minutos desde que había subido al tren y ya estaba en medio de una situación comprometida, pero aquel era el momento de probar de qué pasta estaba aquella joven, pues sabía que había personas que trabajaban mejor bajo presión, y si era necesario, la presionaría hasta que se volviera loca si con aquello conseguía otro potencial ganador para su distrito.

Estudió el rostro de la joven ahora que la tenía más cerca y no pudo evitar encontrar ciertas similitudes con la que había sido su compañera de distrito y a la que había hecho ahogarse con su propia sangre tras dispararle una saeta en el cuello. ¿Había perdido la poca humanidad que le quedaba tras haber estado en la Arena? Tal vez. O tal vez nunca había tenido de aquello por la educación que había recibido de sus padres; lo que estaba claro que era que la empatía y la compasión no estaban ni habían estado nunca en el diccionario personal de Eliah.

- Ah, Silver. – miró de reojo al tributo masculino, dirigiéndole una sonrisa que incluso podría haberse calificado de amable, aunque era más que obvio que se trataba de una curvatura de labios falsa. – Quédate junto a la puerta y vigila si viene algún Agente de la Paz.

El chico lo miró con cierta confusión, pero no queriendo hacer que Eliah lo pagara también con él, se levantó de la butaca y se acercó  hasta la puerta del vagón para observar por el pequeño cristal de la puerta corredera. A diferencia de cómo estaba tratando a la chica, que llamara al chico por su nombre significaba que de una forma o de otra lo estaba reconociendo como tributo y protegido, cosa que por el momento, no había hecho con Tanzanite, y tal como se presentaban los acontecimientos a los ojos del vencedor, no pasaría en mucho tiempo. Tal vez si la chica ganaba la Arena. Aquel pensamiento le dio ganas de volver a reírse, ya que con aquel cuerpo tan escuchimizado, lo veía casi imposible…Pero si lo pensaba, peores cuerpos se habían visto de los tributos de los distritos más pobres y sin saber cómo, había al menos un vencedor en cada uno de ellos. Pura suerte, sin duda.


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Re: — The pride of the District One.

Mensaje por Psychonaut el Dom Mayo 22, 2016 12:33 pm


Tanzanite Gurts | Tren dirección Capitolio | Mañana
Se arrepintió de sus palabras desde el primer momento que las escuchó salir de su boca. Pero ya era demasiado tarde para echarse atrás. Desde que había conseguido salir como tributo femenino del distrito uno, en el fondo, ya daba igual arrepentirse o no. Su final iba a acabar siendo desagradable, le esperase el que le esperase, tenía que aceptarlo ya o iba a ser más doloroso todavía. Tal vez no era una sanguinaria, pero sí tenía el orgullo de su distrito, y aunque muriera con dolor, no pensaba dejar que se enterara nadie, costase lo que costase.

La risa de su mentor le ponía los pelos de punta, se dio cuenta en ese mismo momento. Observó sus movimientos sin perder detalle alguno, acojonándose más a cada segundo que se sucedía. Su corazón comenzó a palpitar con cierta irregularidad cuando vio al hombre coger un cuchillo de sierra, sacado de la mesa en la cual había comida para alimentar a treinta personas, y no a tres, que eran las totales de las que se encontraban en ese vagón, en ese momento. Y entonces se acercó a ella.

Y su gesto la pilló completamente por sorpresa. No podía ser presa del pánico o no duraría con vida ni los próximos veinte minutos. Y no tenía ni idea de cómo controlarse en una situación así, porque jamás había vivido nada parecido.

Tenía que pensar, tenía que salir del paso, porque por la situación, por sus palabras, estaba claro que la estaba probando. Seguramente había notado el poco convencimiento con el que había dicho su frase anterior, la chica estaba cada vez más segura de ello. Tragó saliva, notando el mango del cuchillo mal puesto dentro de la palma de su mano, la posición incómoda frente al mentor. Así no iba a sacarle un ojo, así le haría un boquete en la cara que ni el mejor cirujano plástico del capitolio podría arreglar.

La única manera de sobrevivir a aquél mentor era enfrentarse a él. Aunque ni de coña estaba cerca de ser capaz, de tener el valor de sacarle un ojo allí mismo. Pero sí que podía mostrar algo, aprovechando que él estaba inclinado hacia ella en la butaca, utilizó su poca fuerza e inercia, aunque de una manera muy acertada, para libarse del agarre del mentor de una patada y, sin soltar el cuchillo, ni alejarlo de su rostro ponerse tras él y poner la hoja de metal en la posición correcta. De haber seguido maniobrando, abría sacado el ojo del mentor como si de un corcho se tratase. Pero se quedó ahí.

— Moviendo la mano dos centímetros, ya o tendrías ojo...pero no le quiero sacar el ojo a mi mentor, de verdad.  — Comentó, pensando que sería una muy buena excusa. — Aunque sé que si dudo en la arena, con alguien, aunque sea, con la mitad de fuerza que usted, a estas alturas la muerta sería yo.  — Comentó, haciendo ver que también era consciente de los fallos de su táctica, de que sabía que si no se movía con rapidez, poder meterte un cuchillo hasta el cerebro no le serviría de mucho.

Y sin embargo, el corazón le iba a mil en aquellos momentos, porque no estaba en absoluto segura de haber convencido a Eliah con ese movimiento, pues al fin y al cabo no había acatado del todo sus órdenes.

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Re: — The pride of the District One.

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